Así decían nuestros mayores para referirse a algo mal hecho, desordenado, incompleto, sin pies ni cabeza. Si por ejemplo la mamá nos mandaba a arreglar el cuarto o la cocina porque no había empleada doméstica, y para salir del paso simplemente maquillábamos las cosas para que parecieran organizadas, ella de inmediato notaban el truco y recurrían a la mencionada frase. Cuando en mi casa uno aceptaba la trampa y se disponía a repetir la tarea, mi papá aconsejaba ponerle fundamento al asunto para que resultara satisfactorio.
Pues ahora que lo pienso en nuestro país la mayoría de las cosas se hacen manga por hombro. La sinrazón, el desorden, el desgreño administrativo y la improvisación son el común denominador en la mayoría de las entidades públicas, donde muchas veces no encuentra uno siquiera quién le de razón ante cualquier inquietud. Nadie sabe nada, nadie entiende, nadie responde, nadie acepta que hay un error, y lo que es peor, a nadie le importa. Entonces sale uno descorazonado y ante tanta desidia se pregunta, ¿cómo puede funcionar un país así? ¿Cómo es posible que no hagan nada para solucionarlo, que pasen los años y todo siga igual, que la maquinaria del estado se mantenga a flote a pesar de semejante despelote?
Uno de los tantos absurdos que vemos a diario en nuestro país es el relativo a los controladores aéreos. Mientras que el resto de empleados debe recurrir a métodos extremos para exigir a sus patronos un arreglo laboral acorde a sus pretensiones, a ellos les basta con ceñirse al reglamento de su trabajo para crear un caos en el tráfico aéreo que semiparaliza al país. En un principio para cualquier ciudadano es difícil entender este galimatías, pero la realidad es simplemente ésa.
Veamos: si los trabajadores de una empresa cualquiera, o de alguna dependencia del gobierno diferente a los controladores, deciden suspender actividades para obligar a sus patronos a mejorarles las condiciones salariales, se verán obligados a duras pruebas y sacrificios que deberán soportar con estoicismo para lograr su cometido. Paros, mítines, saboteo de máquinas o equipos, toma de instalaciones, enfrentamientos con dirigentes y negociadores, renuncia al salario durante el tiempo que dure la huelga, encontrones con la fuerza pública, detenciones, posibles despidos y muchas otras situaciones desagradables, además de que los insultos proferidos durante las discusiones dejan huella y crean una atmosfera pesada para el futuro.
En cambio los controladores aéreos llegan un día al trabajo y simplemente exigen el cumplimiento de las normas tal y como dice el reglamento. Por ejemplo que el aeropuerto Eldorado de Bogotá sólo puede atender 28 vuelos por hora; si está despejado los aviones deben mantener en el aire una distancia entre ellos de 10 millas y si hay restricción en la visibilidad esa distancia aumenta a 16 millas; para el carreteo también deben respetar distancias determinadas; y muchas otras condiciones que aumentan los tiempos de vuelo y congestionan la operación aérea de manera considerable. Lo que nos deja abismados, y que se confirma cada que estos señores recurren a dicha presión, es que la mayoría del tiempo el control de los cielos en Colombia funciona manga por hombro. Ellos mismos aceptan, tácitamente, que laboran por fuera del reglamento y que son flexibles con las empresas aéreas para que estas puedan obtener mejores rendimientos. ¿Cómo es que ningún congresista cita al Director de la Aeronáutica Civil para que explique semejante despropósito?
Al compararnos con sociedades desarrolladas vemos con angustia que países como el nuestro no pueden ser viables. Porque mientras en otras latitudes los dirigentes renuncian a sus cargos por asuntos que para nosotros parecen baladíes, como que fumaron mariguana durante su juventud, o un Ministro inglés a quien pillaron en una mentirilla menor, o a otros dos congresistas de ese mismo país que fueron grabados en plena sesión mientras veían viejas en pelota en un teléfono de esos que tienen internet, aquí es muy trabajoso que un infractor acepte su culpa. Qué podemos esperar después de que un Presidente financió su campaña con dineros de la mafia, luego su propio Ministro de Defensa lo denunció, los bandidos implicados confirmaron el trato con pelos y señales, y sin embargo el tipo sigue como si nada, opina, participa en política y es tratado con reverencia en virtud al cargo que desempeñó. Y a su fiel escudero, igual de cínico y marrullero, lo eligieron Gobernador y ahí sigue en la política como si la cosa no fuera con él.
Durante el gobierno anterior el Presidente Uribe y el magistrado Valencia Copete, entonces Presidente de la Corte Suprema de Justicia, se acusaron mutuamente de mentirosos por un enojoso asunto que no cabe mencionar. Pues ahora se repite el caso entre el doctor Santos y Vivian Morales, la Fiscal General de la Nación, y sin entrar a discutir quienes tienen la razón, en ambos casos uno de los dos es un mentiroso. La situación es gravísima y sin embargo aquí no pasa nada, no hay quién exija una aclaración o insista en descubrir la verdad.
Si nos aterra lo que sucede en nuestro país, qué tal si nos enteramos de lo que disimulan por debajo de la mesa, aquello que ocultan para no pisarse la manguera, esas artimañas que nunca salen a la luz pública. Mejor dicho: ¡apague y vámonos!
pamear@telmex.net.co
martes, febrero 28, 2012
martes, febrero 21, 2012
La lucha diaria.
Puede ser un asunto de percepción o que uno con la edad se entera de mucha cosa, conoce más gente o se preocupa por asuntos diferentes a los que lo desvelaban durante la juventud, pero hoy en día al ser humano lo atacan una cantidad de enfermedades que superan con creces a las que conocíamos en nuestros primeros años. Otras razones válidas son que los avances de la tecnología permiten a los galenos diagnosticar con mayor exactitud los diferentes males que nos agobian o que el daño que le hemos infligido al planeta se refleja en el deterioro que presenta la raza humana en las últimas décadas.
Un ejemplo de dicho incremento puede notarse con la proliferación del cáncer. Durante mi infancia esa palabra era casi desconocida y rara vez nos enterábamos de alguien que padeciera la enfermedad; además no existían los tratamientos que hay ahora y los pacientes tenían pocas expectativas de vida. Años después la dolencia se volvió más común hasta llegar a lo que es hoy, cuando casi todos los días sabemos de algún conocido que lucha contra el temido mal. Insisto en que las técnicas modernas, los sofisticados equipos para imágenes diagnósticas, los exámenes avanzados y tantas otras herramientas que tienen los especialistas en la actualidad, allanan el camino para detectar y combatir la enfermedad.
Lo jarto es que la reiterada aparición del terrible padecimiento ha creado una paranoia que no da respiro, porque cada que alguien siente un dolorcito por aquí, una jodita por allá, cierto malestar recurrente o una fiebre sin razón, lo primero que piensa es que le van a encontrar un cáncer. Y como ahora cada que uno va a donde el médico le saca una biopsia de algo, un lunar, un mordisquito en la endoscopia, un esputo, la costra de una peladura o lo que sea que pueda mandar al laboratorio, el paciente queda en una capilla insoportable durante las dos o tres semanas que demoran en dar los resultados del estudio. Ni hablar de la terronera que mantenemos quienes ya pasamos por la dura prueba, porque basta con tener un uñero o un gas encajado para suponer que ya nos retoñó la porquería esa. Como decía mi tío Guillermo: “no pregunte de qué murió sino dónde lo tenía”.
Pero sin duda la lucha diaria de los seres humanos en los últimos años es contra la temida depresión. Ella a cogernos y nosotros a no dejarnos, como cuando jugábamos “la lleva” durante nuestra niñez. Porque sin importar la situación económica, la salud, los problemas personales o cualquier otra condición, la angustia del diario vivir es un monstruo que debemos neutralizar a punta de control mental y actitud positiva. Ansiedad, desasosiego, intranquilidad, nervios y demás mortificaciones por el estilo se encargan de amargarnos la vida a los seres humanos, situaciones que debemos envolatar con pensamientos agradables y sobre todo no dejarnos agobiar por el existencialismo. Toca vivir el día sin pensar siquiera en un mañana.
Sin duda el instinto de conservación es algo muy poderoso en los seres vivos, porque de lo contrario quedaría muy poquita gente en este amarradero. Está comprobado que quien atenta contra su propia vida pasa por un momento de locura, porque mientras le quede algo de lucidez ese instinto innato se va a interponer al momento de tomar la desesperada decisión. Muchas personas han pensado auto eliminarse en algún momento de su existencia, cuando los problemas del diario vivir y las angustias acumuladas no les dejan ver una salida a su atormentada situación. Claro que muchos de esos supuestos suicidas lo que quieren es llamar la atención, como el que sube a una torre a amenazar con aventarse y nunca lo hace; o quien ingiere una sobredosis de pastillas pero llama a un amigo para contarle, confiado en que él se encargará de llevarlo al hospital.
Una medida sana es apartar los pensamientos negativos y lograr encausar la mente hacia temas amables y relajados. Quien se despierta a media noche y empieza a darle vueltas a los problemas cotidianos, y se pregunta acerca del futuro de sus hijos, qué pasaría en caso de quedar desempleado, cómo enfrentaría una separación de su mujer, cuál de los miembros de la familia será el primero en enfrentar una enfermedad grave o en qué momento se le volteará el Cristo, seguro amanece angustiado y durante el día no podrá concentrarse. Importante tener presente que nada gana uno con adelantarse a los acontecimientos, que es absurdo angustiarse por algo que no ha sucedido, y que lo más sensato es agradecer el día que logró superarse y rogar por sobrevivir al siguiente.
En todo caso es impresionante el sinnúmero de males y afecciones físicas y mentales que nos agobian en el presente. Se enferma alguien y empiezan los médicos a buscarle por medio de exámenes y pruebas de todo tipo, mientras que familiares y amigos se dedican a especular con posibles diagnósticos. Poco después el cuento se riega y empieza a pasar de boca en boca, con un tris de morbo adicionado por cada uno de los interlocutores, hasta que terminan resumidas todas las hipótesis con un dictamen muy nuestro, que puede oírsele a alguien cuando le preguntan qué es lo que tiene fulanito, y simplemente responde: “una güevonada toda rara”.
pamear@telmex.net.co
Un ejemplo de dicho incremento puede notarse con la proliferación del cáncer. Durante mi infancia esa palabra era casi desconocida y rara vez nos enterábamos de alguien que padeciera la enfermedad; además no existían los tratamientos que hay ahora y los pacientes tenían pocas expectativas de vida. Años después la dolencia se volvió más común hasta llegar a lo que es hoy, cuando casi todos los días sabemos de algún conocido que lucha contra el temido mal. Insisto en que las técnicas modernas, los sofisticados equipos para imágenes diagnósticas, los exámenes avanzados y tantas otras herramientas que tienen los especialistas en la actualidad, allanan el camino para detectar y combatir la enfermedad.
Lo jarto es que la reiterada aparición del terrible padecimiento ha creado una paranoia que no da respiro, porque cada que alguien siente un dolorcito por aquí, una jodita por allá, cierto malestar recurrente o una fiebre sin razón, lo primero que piensa es que le van a encontrar un cáncer. Y como ahora cada que uno va a donde el médico le saca una biopsia de algo, un lunar, un mordisquito en la endoscopia, un esputo, la costra de una peladura o lo que sea que pueda mandar al laboratorio, el paciente queda en una capilla insoportable durante las dos o tres semanas que demoran en dar los resultados del estudio. Ni hablar de la terronera que mantenemos quienes ya pasamos por la dura prueba, porque basta con tener un uñero o un gas encajado para suponer que ya nos retoñó la porquería esa. Como decía mi tío Guillermo: “no pregunte de qué murió sino dónde lo tenía”.
Pero sin duda la lucha diaria de los seres humanos en los últimos años es contra la temida depresión. Ella a cogernos y nosotros a no dejarnos, como cuando jugábamos “la lleva” durante nuestra niñez. Porque sin importar la situación económica, la salud, los problemas personales o cualquier otra condición, la angustia del diario vivir es un monstruo que debemos neutralizar a punta de control mental y actitud positiva. Ansiedad, desasosiego, intranquilidad, nervios y demás mortificaciones por el estilo se encargan de amargarnos la vida a los seres humanos, situaciones que debemos envolatar con pensamientos agradables y sobre todo no dejarnos agobiar por el existencialismo. Toca vivir el día sin pensar siquiera en un mañana.
Sin duda el instinto de conservación es algo muy poderoso en los seres vivos, porque de lo contrario quedaría muy poquita gente en este amarradero. Está comprobado que quien atenta contra su propia vida pasa por un momento de locura, porque mientras le quede algo de lucidez ese instinto innato se va a interponer al momento de tomar la desesperada decisión. Muchas personas han pensado auto eliminarse en algún momento de su existencia, cuando los problemas del diario vivir y las angustias acumuladas no les dejan ver una salida a su atormentada situación. Claro que muchos de esos supuestos suicidas lo que quieren es llamar la atención, como el que sube a una torre a amenazar con aventarse y nunca lo hace; o quien ingiere una sobredosis de pastillas pero llama a un amigo para contarle, confiado en que él se encargará de llevarlo al hospital.
Una medida sana es apartar los pensamientos negativos y lograr encausar la mente hacia temas amables y relajados. Quien se despierta a media noche y empieza a darle vueltas a los problemas cotidianos, y se pregunta acerca del futuro de sus hijos, qué pasaría en caso de quedar desempleado, cómo enfrentaría una separación de su mujer, cuál de los miembros de la familia será el primero en enfrentar una enfermedad grave o en qué momento se le volteará el Cristo, seguro amanece angustiado y durante el día no podrá concentrarse. Importante tener presente que nada gana uno con adelantarse a los acontecimientos, que es absurdo angustiarse por algo que no ha sucedido, y que lo más sensato es agradecer el día que logró superarse y rogar por sobrevivir al siguiente.
En todo caso es impresionante el sinnúmero de males y afecciones físicas y mentales que nos agobian en el presente. Se enferma alguien y empiezan los médicos a buscarle por medio de exámenes y pruebas de todo tipo, mientras que familiares y amigos se dedican a especular con posibles diagnósticos. Poco después el cuento se riega y empieza a pasar de boca en boca, con un tris de morbo adicionado por cada uno de los interlocutores, hasta que terminan resumidas todas las hipótesis con un dictamen muy nuestro, que puede oírsele a alguien cuando le preguntan qué es lo que tiene fulanito, y simplemente responde: “una güevonada toda rara”.
pamear@telmex.net.co
jueves, febrero 16, 2012
Reglas de comportamiento.
Insisto en que nuestro país debería incluir en los programas educativos, desde la primaria hasta el último semestre de la educación superior, un curso de buen comportamiento donde se inculquen al educando principios, ética, moral, honorabilidad, respeto a las normas y todo lo que tenga que ver con hacerlos excelentes ciudadanos. Pero que no sea de esas materias consideradas costuras y en cambio se constituya en una de las más importantes para aprobar un curso, con varias clases a la semana y que sea dictada por profesores de reconocida idoneidad. Porque definitivamente nuestra sociedad seguirá por mal camino mientras todo el mundo haga lo que le provoque, nadie acate las reglas y la consigna sea que el más avispado se lleva la mejor tajada.
Claro que dicha educación debe iniciarse desde la cuna, en el hogar, donde infortunadamente cada vez es menor el cuidado que se tiene de una buena formación de la prole. Cada uno de nosotros aplica lo que vivió durante su niñez al momento de educar a los hijos, y basados en esas enseñanzas procedemos muchas veces a criticar la forma como algunos manejan el asunto en sus propios hogares, porque produce desazón ver que en la actualidad son muchos los infantes que se mandan y hacen lo que les da la gana. La forma como manipulan a los papás; el desconocimiento absoluto que tienen del respeto a las personas, sin importar edad, sexo o condición; esa manera displicente de tratar de “guisos” a todos aquellos que estén por debajo de su estatus social; y la modita que han cogido de exigir derechos, pero sin cumplir sus deberes.
Mi generación creció en hogares donde el papá decía la última palabra, sin tener que llegar a gritar o a repartir correa entre los hijos. Algunos padres eran violentos y cascarrabias, pero la mayoría ejercía su autoridad de una manera civilizada y ecuánime, con el buen ejemplo como herramienta de enseñanza; mi papá ni siquiera alzaba la voz, pero todos sabíamos que las reglas eran para cumplirlas. Por fortuna en aquella época las amas de casa podían permanecer en el hogar, porque aunque parezca increíble con uno que trabajara era suficiente para conseguir el sustento, y la madre pasaba el día advirtiéndoles a los muchachitos que le pondría las quejas al papá cuando llegara.
Mi mamá no pasaba de amenazarnos con una chancleta o de meterle un pellizco al que estuviera muy cansón, y para la educación recurría a la sicología. Si alguno resolvía al almuerzo que no se tomaba la sopa, ella muy tranquila la guardaba en una alacena y a la hora del algo, cuando servían chocolate con arepa y parva, le ponía al renegado su plato de sopa al frente con la consigna que no podía probar nada más hasta que se la tomara. Si el zambo resultaba muy gallito y tampoco la recibía, entonces a la hora de la comida se repetía el procedimiento. En ese tire y afloje mi madre siempre salía vencedora, porque uno se desesperaba al ver a los otros comer bien sabroso y mejor resolvía zamparse esa vaina, y de una vez debía tragarse el orgullo.
A la hora de pedir un permiso la mejor táctica era decirle a mi papá cuando estaba concentrado haciendo el crucigrama del periódico, porque el hombre para salir de uno le decía que hablara con la mamá, y es bien sabido que ellas siempre han sido más fáciles de convencer. El caso es que cuando decían a algo que no, era no, a diferencia de los mocosos de ahora que al negarles cualquier cosa empiezan con una cantaleta desesperante, a repetir hasta el cansancio su petición, hasta que los papás les dan el visto bueno con tal de quitárselos de encima. Entonces los muchachitos crecen acostumbrados a que todo se puede alcanzar y durante su existencia, donde seguro van a toparse con obstáculos y privaciones, van a sufrir muchos desengaños y la vida se les tornará difícil.
Los principios y la buena educación deben inculcarse desde la primera infancia, y por ello pienso que la actitud de los colombianos va a demorarse en cambiar. Tendrá que producirse un relevo generacional porque los que ya tienen vicios de comportamiento no van a cambiar después de viejos, y así el corrupto lo será por siempre, lo mismo que el ladrón, el pícaro y el ventajoso. Creo que es muy trabajoso convencer a quien ha sido torcido para que enderece el rumbo de su vida. Aquel que no respeta normas, que aprovecha cualquier oportunidad para tumbar al prójimo, pisotea los derechos de los demás, no acata órdenes ni advertencias y se basa en la ley del menor esfuerzo, mantendrá su manera de comportarse hasta el final de sus días; y lo que es peor, dejará el mal ejemplo.
Muchos padres de familia se desvelan y preocupan porque sus hijos sean profesionales exitosos, consigan plata y se hagan a un espacio en la sociedad, pero olvidan inculcarles buenos principios. El ser humano debe ser ante todo buena persona, ciudadano ejemplar, respetuoso de las leyes y de los derechos de los demás. Mucho ojo con parecerse al antioqueño aquel que le repetía a su prole: Hijos, hagan plata honradamente. Si no se puede honradamente, hagan plata.
pamear@telmex.net.co
Claro que dicha educación debe iniciarse desde la cuna, en el hogar, donde infortunadamente cada vez es menor el cuidado que se tiene de una buena formación de la prole. Cada uno de nosotros aplica lo que vivió durante su niñez al momento de educar a los hijos, y basados en esas enseñanzas procedemos muchas veces a criticar la forma como algunos manejan el asunto en sus propios hogares, porque produce desazón ver que en la actualidad son muchos los infantes que se mandan y hacen lo que les da la gana. La forma como manipulan a los papás; el desconocimiento absoluto que tienen del respeto a las personas, sin importar edad, sexo o condición; esa manera displicente de tratar de “guisos” a todos aquellos que estén por debajo de su estatus social; y la modita que han cogido de exigir derechos, pero sin cumplir sus deberes.
Mi generación creció en hogares donde el papá decía la última palabra, sin tener que llegar a gritar o a repartir correa entre los hijos. Algunos padres eran violentos y cascarrabias, pero la mayoría ejercía su autoridad de una manera civilizada y ecuánime, con el buen ejemplo como herramienta de enseñanza; mi papá ni siquiera alzaba la voz, pero todos sabíamos que las reglas eran para cumplirlas. Por fortuna en aquella época las amas de casa podían permanecer en el hogar, porque aunque parezca increíble con uno que trabajara era suficiente para conseguir el sustento, y la madre pasaba el día advirtiéndoles a los muchachitos que le pondría las quejas al papá cuando llegara.
Mi mamá no pasaba de amenazarnos con una chancleta o de meterle un pellizco al que estuviera muy cansón, y para la educación recurría a la sicología. Si alguno resolvía al almuerzo que no se tomaba la sopa, ella muy tranquila la guardaba en una alacena y a la hora del algo, cuando servían chocolate con arepa y parva, le ponía al renegado su plato de sopa al frente con la consigna que no podía probar nada más hasta que se la tomara. Si el zambo resultaba muy gallito y tampoco la recibía, entonces a la hora de la comida se repetía el procedimiento. En ese tire y afloje mi madre siempre salía vencedora, porque uno se desesperaba al ver a los otros comer bien sabroso y mejor resolvía zamparse esa vaina, y de una vez debía tragarse el orgullo.
A la hora de pedir un permiso la mejor táctica era decirle a mi papá cuando estaba concentrado haciendo el crucigrama del periódico, porque el hombre para salir de uno le decía que hablara con la mamá, y es bien sabido que ellas siempre han sido más fáciles de convencer. El caso es que cuando decían a algo que no, era no, a diferencia de los mocosos de ahora que al negarles cualquier cosa empiezan con una cantaleta desesperante, a repetir hasta el cansancio su petición, hasta que los papás les dan el visto bueno con tal de quitárselos de encima. Entonces los muchachitos crecen acostumbrados a que todo se puede alcanzar y durante su existencia, donde seguro van a toparse con obstáculos y privaciones, van a sufrir muchos desengaños y la vida se les tornará difícil.
Los principios y la buena educación deben inculcarse desde la primera infancia, y por ello pienso que la actitud de los colombianos va a demorarse en cambiar. Tendrá que producirse un relevo generacional porque los que ya tienen vicios de comportamiento no van a cambiar después de viejos, y así el corrupto lo será por siempre, lo mismo que el ladrón, el pícaro y el ventajoso. Creo que es muy trabajoso convencer a quien ha sido torcido para que enderece el rumbo de su vida. Aquel que no respeta normas, que aprovecha cualquier oportunidad para tumbar al prójimo, pisotea los derechos de los demás, no acata órdenes ni advertencias y se basa en la ley del menor esfuerzo, mantendrá su manera de comportarse hasta el final de sus días; y lo que es peor, dejará el mal ejemplo.
Muchos padres de familia se desvelan y preocupan porque sus hijos sean profesionales exitosos, consigan plata y se hagan a un espacio en la sociedad, pero olvidan inculcarles buenos principios. El ser humano debe ser ante todo buena persona, ciudadano ejemplar, respetuoso de las leyes y de los derechos de los demás. Mucho ojo con parecerse al antioqueño aquel que le repetía a su prole: Hijos, hagan plata honradamente. Si no se puede honradamente, hagan plata.
pamear@telmex.net.co
miércoles, febrero 08, 2012
Si nace en diciembre…
He visto en televisión, en Señal Colombia, un programa español que convoca una gran cantidad de infantes de ambos sexos, con edades aproximadas entre los 3 y los 8 años. Se llama el Conciertazo y sin duda es lo más interesante que he visto en la programación dirigida a los menores. El presentador, Fernando Argenta, de una manera extraordinaria interesa a los pequeños en la música clásica de todos los tiempos y logra hacer del espacio un momento muy agradable para grandes y chicos; porque sin duda los adultos también lo disfrutamos.
En un gran auditorio colmado de pequeñines y con una orquesta sinfónica en el escenario, el presentador explica a los menores la obra que van a escuchar (sólo tocan los apartes más agradables y alegres para no aburrirlos) y después invita a varios niños a que pasen a los camerinos, donde los disfrazan con atuendos relacionados al tema que trata la melodía. Además, por una falsa ventana aparecen marionetas que personifican a los grandes compositores de la historia, con quienes el señor Argenta sostiene diálogos agradables y graciosos. Es sin duda un espacio didáctico, entretenido, cultural y muy enriquecedor.
Todo este cuento para resaltar algo que llama mi atención. Resulta que el programa se graba en España y cuando los niños que son escogidos para la representación suben al escenario, lo primero que les preguntan es el nombre y la edad. Todos tienen nombres tradicionales de nuestro idioma, como Augusto, Pedro, Manuel, Antonio o Alberto, y las niñas se llaman Carmen, Juana, Manuela, Elvira o Amelia. Pero de pronto sale un muchachito que se llama Yeison, Estiven, John Jairo o Wilder y no falla: el zambo es colombiano o ecuatoriano. Lo mismo pasa con las niñas que responden a Yamile, Leidi Yohana, Katerine o Dayana.
Entonces me pregunto de dónde viene esa manía de nuestras gentes más humildes de ponerle a sus hijos nombres extranjeros, los cuales copian tal cual y como les suenan, y entonces resultan unos híbridos que no son de aquí ni son de allá. Lo único que se me ocurre es que dichas personas, en medio de su ignorancia y del desespero por salir de la inopia, creen que los hijos con un nombre foráneo podrán mejorar su estatus y tendrán más oportunidades en la vida. Porque es muy entendible cuando la familia viene de ancestros inmigrantes y alguien quiere bautizar un retoño con el nombre del bisabuelo o de la abuela, pero sí quisiera preguntarle por ejemplo a una pareja de negros oriundos del litoral pacífico, que vivan en la extrema pobreza y alejados de la civilización, de dónde les nació la inspiración para llamar al recién nacido Maicol o Elizabé.
Es cierto que el gusto por los nombres, como todo, cambia según la época y en el caso de mi generación era común que los padres de familia escogieran nombres bíblicos para su prole. En cambio de la época de nuestros abuelos había nombres que ya nadie quería para sus hijos, como Eleuterio, Carlina, Ildefonso, Lucila, Melitón, Concepción, Marcelino, Dolores o Gratiniano. Luego nos tocó a nosotros escoger el nombre de la descendencia y se impusieron Mateo, Valentina, Lucas, Mariana, Tomás o Camila. Por ello en nuestro país es posible, basado sólo en el nombre, calcularle la edad y el estrato social a una persona.
Esto de los nombres rebuscados se me ocurrió al ver la nómina de los equipos del fútbol profesional de nuestro país para este año, y así por encima encontré que en Atlético Nacional jugarán Alexis, Stefan, Stephen, Alexander, Jherson, Jonathan, Avilés, Macnelly, Dorlan, Wilder, Johan y Stiwar. Millonarios tendrá en su nómina a Lewis, Leonard, Jarold, Jefferson, Jhonny, Mayer, Harrison, Wilberto y Yovanni. En Atletico Junior están Jáider, Bréinner, Sherman, Braynner, Jossymar, Giovanni, Vladimir, Maicol y Norbey. Y en Independiente Santa Fe Emerson, Yulián, Didier, Jonathan, Osnéider, Edwin y Yexton.
Juegan en el Deportivo Cali Jáiber, Jefferson, Danny, Helibelton, Yerson, Bryan y Junior; mientras que defenderán los colores del Independiente Medellín Breiner, Brayan, Leiton, Jefferson, Yohn Geiller, Jonathan, Yorley y Danny. En Cúcuta veo a Jimmy, Edwin, Geovanni, Jonathan, Dayron y Tommy; con el Deportes Pasto Wilson, Arbey, Eder y Arlington; y son Pijaos con el Tolima Anthony, Janer, Dávinson, Breiner, Eduard, Yair, Mike, Danobis, Jimmy, Wilmer, Wilson, Onel, Darwin y Robin. En Envigado veremos a Jefferson, Frank, Eder, Yeison, Yilmar, Johnny, Neider, Yulián, Benson y Wilson. El Boyacá Chicó fichó a Wilder, Elvis, Jhonny, Edwin, Yeison, Winston y Charles; Real Cartagena cuenta con Walter, Marlon, Háyder, Donald, Yesus y Anuar; y en Atlético Huila militan Eider, Jhonnier, John Harold, Ervin, Ormedis, Walden, Jeison, Jean Carlo y Edinson.
En Equidad juegan John, Darwin, Wilmer, Elvis, Frank, Dager, Dawling, Stalin y Ervin; Itagüí tiene a Robinson, Edigson, Arled, Joe, Marlon, Anderson, Johnny, Cléider, Yonaider, Yessi y Edwards; y Deportes Quindio escogió a Eder, Steven, Fainer, Hilton, Brian, Hamerly, Aldaír, Hámilton, Olmes y Jonhatan. Patriotas se estrena con Jhon Alex, Heber, Jonathan, Wéimar, Norbey, Wilson, Jhoján, Harol, Edward y André; y nuestro equipo del alma, el Once Caldas, presenta en su nómina a Jamell, Yedinson, Jesinger, Avimeleth, Harrison, Jean, Anthony, Ayron, Jefferson y John Eduard.
Recuerdo que en nuestra época, al oír un nombre muy rebuscado, la gente comentaba: ¡Hum!, si nace en diciembre lo ponen papeleta.
pamear@telmex.net.co
En un gran auditorio colmado de pequeñines y con una orquesta sinfónica en el escenario, el presentador explica a los menores la obra que van a escuchar (sólo tocan los apartes más agradables y alegres para no aburrirlos) y después invita a varios niños a que pasen a los camerinos, donde los disfrazan con atuendos relacionados al tema que trata la melodía. Además, por una falsa ventana aparecen marionetas que personifican a los grandes compositores de la historia, con quienes el señor Argenta sostiene diálogos agradables y graciosos. Es sin duda un espacio didáctico, entretenido, cultural y muy enriquecedor.
Todo este cuento para resaltar algo que llama mi atención. Resulta que el programa se graba en España y cuando los niños que son escogidos para la representación suben al escenario, lo primero que les preguntan es el nombre y la edad. Todos tienen nombres tradicionales de nuestro idioma, como Augusto, Pedro, Manuel, Antonio o Alberto, y las niñas se llaman Carmen, Juana, Manuela, Elvira o Amelia. Pero de pronto sale un muchachito que se llama Yeison, Estiven, John Jairo o Wilder y no falla: el zambo es colombiano o ecuatoriano. Lo mismo pasa con las niñas que responden a Yamile, Leidi Yohana, Katerine o Dayana.
Entonces me pregunto de dónde viene esa manía de nuestras gentes más humildes de ponerle a sus hijos nombres extranjeros, los cuales copian tal cual y como les suenan, y entonces resultan unos híbridos que no son de aquí ni son de allá. Lo único que se me ocurre es que dichas personas, en medio de su ignorancia y del desespero por salir de la inopia, creen que los hijos con un nombre foráneo podrán mejorar su estatus y tendrán más oportunidades en la vida. Porque es muy entendible cuando la familia viene de ancestros inmigrantes y alguien quiere bautizar un retoño con el nombre del bisabuelo o de la abuela, pero sí quisiera preguntarle por ejemplo a una pareja de negros oriundos del litoral pacífico, que vivan en la extrema pobreza y alejados de la civilización, de dónde les nació la inspiración para llamar al recién nacido Maicol o Elizabé.
Es cierto que el gusto por los nombres, como todo, cambia según la época y en el caso de mi generación era común que los padres de familia escogieran nombres bíblicos para su prole. En cambio de la época de nuestros abuelos había nombres que ya nadie quería para sus hijos, como Eleuterio, Carlina, Ildefonso, Lucila, Melitón, Concepción, Marcelino, Dolores o Gratiniano. Luego nos tocó a nosotros escoger el nombre de la descendencia y se impusieron Mateo, Valentina, Lucas, Mariana, Tomás o Camila. Por ello en nuestro país es posible, basado sólo en el nombre, calcularle la edad y el estrato social a una persona.
Esto de los nombres rebuscados se me ocurrió al ver la nómina de los equipos del fútbol profesional de nuestro país para este año, y así por encima encontré que en Atlético Nacional jugarán Alexis, Stefan, Stephen, Alexander, Jherson, Jonathan, Avilés, Macnelly, Dorlan, Wilder, Johan y Stiwar. Millonarios tendrá en su nómina a Lewis, Leonard, Jarold, Jefferson, Jhonny, Mayer, Harrison, Wilberto y Yovanni. En Atletico Junior están Jáider, Bréinner, Sherman, Braynner, Jossymar, Giovanni, Vladimir, Maicol y Norbey. Y en Independiente Santa Fe Emerson, Yulián, Didier, Jonathan, Osnéider, Edwin y Yexton.
Juegan en el Deportivo Cali Jáiber, Jefferson, Danny, Helibelton, Yerson, Bryan y Junior; mientras que defenderán los colores del Independiente Medellín Breiner, Brayan, Leiton, Jefferson, Yohn Geiller, Jonathan, Yorley y Danny. En Cúcuta veo a Jimmy, Edwin, Geovanni, Jonathan, Dayron y Tommy; con el Deportes Pasto Wilson, Arbey, Eder y Arlington; y son Pijaos con el Tolima Anthony, Janer, Dávinson, Breiner, Eduard, Yair, Mike, Danobis, Jimmy, Wilmer, Wilson, Onel, Darwin y Robin. En Envigado veremos a Jefferson, Frank, Eder, Yeison, Yilmar, Johnny, Neider, Yulián, Benson y Wilson. El Boyacá Chicó fichó a Wilder, Elvis, Jhonny, Edwin, Yeison, Winston y Charles; Real Cartagena cuenta con Walter, Marlon, Háyder, Donald, Yesus y Anuar; y en Atlético Huila militan Eider, Jhonnier, John Harold, Ervin, Ormedis, Walden, Jeison, Jean Carlo y Edinson.
En Equidad juegan John, Darwin, Wilmer, Elvis, Frank, Dager, Dawling, Stalin y Ervin; Itagüí tiene a Robinson, Edigson, Arled, Joe, Marlon, Anderson, Johnny, Cléider, Yonaider, Yessi y Edwards; y Deportes Quindio escogió a Eder, Steven, Fainer, Hilton, Brian, Hamerly, Aldaír, Hámilton, Olmes y Jonhatan. Patriotas se estrena con Jhon Alex, Heber, Jonathan, Wéimar, Norbey, Wilson, Jhoján, Harol, Edward y André; y nuestro equipo del alma, el Once Caldas, presenta en su nómina a Jamell, Yedinson, Jesinger, Avimeleth, Harrison, Jean, Anthony, Ayron, Jefferson y John Eduard.
Recuerdo que en nuestra época, al oír un nombre muy rebuscado, la gente comentaba: ¡Hum!, si nace en diciembre lo ponen papeleta.
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miércoles, febrero 01, 2012
Televisión decadente.
Me da risa cuando oigo a legisladores y políticos hablar acerca del tercer canal de televisión privada que están desde hace tiempos por adjudicar en nuestro país, y dicen que se tratará de un espacio dedicado más a la cultura y la educación. Alguno se atrevió a prometer un canal como Discovery o Nathional Geographic, con documentales que ocupen la mayor parte de la programación. Morirán engañados quienes sueñen con algo así, porque en este país, igual que en la mayoría, lo único que convoca televidentes son las novelas rosas e insulsas, los concursos cursis, esos realitis que sacan a flote toda la bajeza del ser humano, los programas de chismes faranduleros y demás mugre por el estilo. Que se atrevan a implantar algo que valga la pena y con seguridad no les da un brinco.
Da tristeza ver cómo ha cambiado el estilo de la televisión en las últimas décadas. Pensar que antes debíamos contentarnos con dos canales nacionales, en blanco y negro, y sin embargo encontrábamos variada oferta para todos los gustos. En horas de la noche podíamos ver programas de concurso, periodísticos, musicales, una sola telenovela, humorísticos, noticieros, espacios educativos, comedias, etc., y hasta entretenidos enlatados gringos. El periodismo y la cultura tenían una franja importante y recuerdo las entrevistas de Pacheco, Margarita Vidal o Darío Arizmendi; los de variedades como Panorama o el de José Fernández Gómez; de contenido histórico recuerdo El pasado en presente, con Abelardo Forero Benavidez y Ramón de Zubiría, o aquel magnífico programa, Vida del siglo XX, presentado y dirigido por Alberto Dangond Uribe.
El talento colombiano podía verse en maravillosas comedias costumbristas como Yo y tú, Don Chinche, Romeo y buseta o NN (Nerón Navarrete), etc., donde estampaban a la perfección nuestra idiosincrasia y personificaban a los habitantes de las diferentes regiones de Colombia. Por fortuna las telenovelas eran pocas y escogidas, y casi todas trataban temas regionales y folclóricos. Los domingos por la noche presentaban por capítulos unas grandes producciones nacionales con historias maravillosas y contenidos valiosos, como La casa de las dos palmas o La vorágine. También podíamos ver series internacionales como Marco Polo, Los reyes malditos, Gengis Khan o Los Poldark.
Lo mejor es que en los hogares no había sino un televisor, en el hall de alcobas o en la habitación principal, donde se reunía toda la familia a disfrutar esa única entretención. En el caso de la televisión es muy cierto aquello que tanto gordo empalaga, porque antes con tan reducida oferta de programación siempre teníamos algo para ver, mientras que ahora con canales nacionales, regionales, privados y otros ochenta o noventa en el servicio por cable, muchas veces renegamos porque no encontramos nada que nos satisfaga. Nuestra televisión se volvió un asunto netamente comercial, vacío, estúpido, sin una pisca de respeto por el televidente, a quien manipulan a su antojo con los horarios de la programación.
Lo único que veo de televisión nacional son las transmisiones de fútbol y el telenoticiero Caracol del medio día. Y no es que me guste el canal sino que RCN me choca más, debido a que el amarillismo de ambos es vergonzoso, ya que se dedican a enumerar hechos de sangre sucedidos en las principales ciudades del país. Destinan un reportero a que trasnoche y registre accidentes y delitos que se cometen durante la noche en la capital, y así abren el informativo con la noticia que se chocaron un taxi y una buseta en el sur de Bogotá; eso debe presentarse en canales regionales o comunitarios. Con todo lo que sucede a diario en Colombia y el mundo podrían trasmitir noticias más relevantes, y un ejemplo de que sí se puede es el noticiero CM&, que empieza todas las noches a la misma hora y ofrece un formato mucho más agradable e interesante. Lo paradójico es que tiene muy pocos seguidores porque a esa hora presentan “telebobelas” en los canales privados. Qué triste realidad.
Durante muchos años encontré la solución en la televisión por cable, donde podía ver excelentes películas, documentales y otros temas de interés. Pero resolvieron doblar las películas y además las suspenden varias veces para meter publicidad. Otros canales que eran excelentes, como Discovery, Natgeo, History o Animal Planet, se dedicaron exclusivamente a temas como el de las prisiones (condenados a muerte, parejas asesinas, preso en el extranjero, pandillas salvajes, grandes escapes, etc.); o programas de supervivencia con unos pendejos que producen rabia; otros tipos recorren Estados Unidos para comprar chatarra y mugre; y a toda hora en Animal Planet aparece un baboso que funge de sicólogo canino. En resumidas cuentas, lo que les gusta a los gringos. ¡Estamos jodidos!
Ante semejante pobreza de programación queda la opción de conectar la computadora al televisor, que acondicionado a un teatro casero, nos ofrece una excelente opción para disfrutar de series famosas y todo tipo de películas subtituladas. Con la ventaja de verlas cuando le provoque, sin interrupciones ni publicidad. Claro que como no pueden ver a un pobre acomodado, ahora se inventaron unas leyes que buscan frenar este tipo de entretenimiento. Queda la esperanza que la unión de los internautas del mundo sea lo suficientemente poderosa para frenar a quienes quieren ponerle talanqueras al internet, porque de lo contrario quedaremos otra vez viendo un chispero.
pamear@telmex.net.co
Da tristeza ver cómo ha cambiado el estilo de la televisión en las últimas décadas. Pensar que antes debíamos contentarnos con dos canales nacionales, en blanco y negro, y sin embargo encontrábamos variada oferta para todos los gustos. En horas de la noche podíamos ver programas de concurso, periodísticos, musicales, una sola telenovela, humorísticos, noticieros, espacios educativos, comedias, etc., y hasta entretenidos enlatados gringos. El periodismo y la cultura tenían una franja importante y recuerdo las entrevistas de Pacheco, Margarita Vidal o Darío Arizmendi; los de variedades como Panorama o el de José Fernández Gómez; de contenido histórico recuerdo El pasado en presente, con Abelardo Forero Benavidez y Ramón de Zubiría, o aquel magnífico programa, Vida del siglo XX, presentado y dirigido por Alberto Dangond Uribe.
El talento colombiano podía verse en maravillosas comedias costumbristas como Yo y tú, Don Chinche, Romeo y buseta o NN (Nerón Navarrete), etc., donde estampaban a la perfección nuestra idiosincrasia y personificaban a los habitantes de las diferentes regiones de Colombia. Por fortuna las telenovelas eran pocas y escogidas, y casi todas trataban temas regionales y folclóricos. Los domingos por la noche presentaban por capítulos unas grandes producciones nacionales con historias maravillosas y contenidos valiosos, como La casa de las dos palmas o La vorágine. También podíamos ver series internacionales como Marco Polo, Los reyes malditos, Gengis Khan o Los Poldark.
Lo mejor es que en los hogares no había sino un televisor, en el hall de alcobas o en la habitación principal, donde se reunía toda la familia a disfrutar esa única entretención. En el caso de la televisión es muy cierto aquello que tanto gordo empalaga, porque antes con tan reducida oferta de programación siempre teníamos algo para ver, mientras que ahora con canales nacionales, regionales, privados y otros ochenta o noventa en el servicio por cable, muchas veces renegamos porque no encontramos nada que nos satisfaga. Nuestra televisión se volvió un asunto netamente comercial, vacío, estúpido, sin una pisca de respeto por el televidente, a quien manipulan a su antojo con los horarios de la programación.
Lo único que veo de televisión nacional son las transmisiones de fútbol y el telenoticiero Caracol del medio día. Y no es que me guste el canal sino que RCN me choca más, debido a que el amarillismo de ambos es vergonzoso, ya que se dedican a enumerar hechos de sangre sucedidos en las principales ciudades del país. Destinan un reportero a que trasnoche y registre accidentes y delitos que se cometen durante la noche en la capital, y así abren el informativo con la noticia que se chocaron un taxi y una buseta en el sur de Bogotá; eso debe presentarse en canales regionales o comunitarios. Con todo lo que sucede a diario en Colombia y el mundo podrían trasmitir noticias más relevantes, y un ejemplo de que sí se puede es el noticiero CM&, que empieza todas las noches a la misma hora y ofrece un formato mucho más agradable e interesante. Lo paradójico es que tiene muy pocos seguidores porque a esa hora presentan “telebobelas” en los canales privados. Qué triste realidad.
Durante muchos años encontré la solución en la televisión por cable, donde podía ver excelentes películas, documentales y otros temas de interés. Pero resolvieron doblar las películas y además las suspenden varias veces para meter publicidad. Otros canales que eran excelentes, como Discovery, Natgeo, History o Animal Planet, se dedicaron exclusivamente a temas como el de las prisiones (condenados a muerte, parejas asesinas, preso en el extranjero, pandillas salvajes, grandes escapes, etc.); o programas de supervivencia con unos pendejos que producen rabia; otros tipos recorren Estados Unidos para comprar chatarra y mugre; y a toda hora en Animal Planet aparece un baboso que funge de sicólogo canino. En resumidas cuentas, lo que les gusta a los gringos. ¡Estamos jodidos!
Ante semejante pobreza de programación queda la opción de conectar la computadora al televisor, que acondicionado a un teatro casero, nos ofrece una excelente opción para disfrutar de series famosas y todo tipo de películas subtituladas. Con la ventaja de verlas cuando le provoque, sin interrupciones ni publicidad. Claro que como no pueden ver a un pobre acomodado, ahora se inventaron unas leyes que buscan frenar este tipo de entretenimiento. Queda la esperanza que la unión de los internautas del mundo sea lo suficientemente poderosa para frenar a quienes quieren ponerle talanqueras al internet, porque de lo contrario quedaremos otra vez viendo un chispero.
pamear@telmex.net.co
viernes, enero 27, 2012
Lunes depresivo.
Como a todos los días del año les tiene que inventar algo, ahora salieron con que el lunes 16 de enero es el día más depresivo de todo el calendario. Pues viéndolo bien hasta razón tienen y produce algo de tranquilidad saber que es general esa gusanera o malestar que se siente por tener que enfrentarse a un futuro incierto, con el agravante que durante las festividades de fin de año, que aquí empatan con la semana ferial, muchas personas abusan del bolsillo y descuadran el presupuesto. Eso de empezar el primer mes en rojo produce depresión a cualquiera, porque la situación tiende a empeorarse ahora que viene la consabida avalancha de alzas.
Por fortuna el clima ha mejorado y desde unos días antes de Nochebuena amainaron las lluvias y el sol volvió a brillar, con excepción de la semana ferial cuando no fallan los aguaceros a la hora que empiezan las corridas de toros. Ya estoy por creer que no es que San Pedro nos tenga bronca a los manizaleños, sino que el tipo es abiertamente anti taurino. Porque puedo asegurar que el sonar de clarines y timbales para anunciar la salida del primer toro de la tarde, sirve además para que el custodio de las puertas celestiales abra los grifos, con el claro propósito de torpedear la matoniada que les meten a los cornúpetas de turno. O sino cómo puede explicarse que desde que terminó la última corrida, el 8 de enero, no volvió a llover por las tardes en los siguientes nueve días. De manera que la recomendación para el año entrante, así se suba un poco el costo de las entradas, es que contraten al chamán tolimense para que con sus péndulos ayude a evitar los inoportunos aguaceros; recordemos que la peor diligencia es la que no se hace.
Ahí me parece que los amantes de la tauromaquia tienen un enemigo peor que Petro, porque bien es sabido que el santo de marras es el más influyente del combo de los doce. Por cierto, soy de la opinión que las corridas de toros tienen los días contados por varias razones: porque aumenta el número de enemigos y contradictores; la afición joven es cada vez más reducida; los altos costos del espectáculo alejan a muchos aficionados; y lo peor es que la política empezó a meter basa en el asunto. Ni hablar de permitir la corrida pero prohibir la muerte del astado en la arena, porque eso así es más aburrido que una pelea de boxeo sin nocaut, un partido de béisbol sin jonrón, o un clásico futbolero sin goles.
Me parece que el espectáculo de los toros es una tradición cultural con mucha historia, quienes participan en dicha fiesta la disfrutan y valoran, pagan altos costos por una boleta y todo se realiza en un recinto cerrado. Los toros de lidia son criados para tal fin y si llegaren a prohibir las corridas, esa raza también desaparecería. Me preocupa es lo que puede pasar en un futuro con nuestra feria anual, porque sin duda la temporada taurina es la atracción principal del evento, la que convoca turistas de alto poder adquisitivo que son los que consumen y mueven la economía de la ciudad.
Pero vuelvo al cuento de la escogencia del tercer lunes de enero como el día de la malparidéz generalizada, el desasosiego, un complejo de pobreza absoluta, el desubique y un no sé qué no sé dónde. Porque se acabó la guachafita, el levantarse tarde, el desorden en las comidas y la gastadera de plata. Ahora sí a lo que vinimos, a cerrar el pico para perder los kilos de más, a camellar y a empezar a cumplir esas promesas que hicimos con tanta devoción (advierto que al hacerlas yo estaba copetón y no me acuerdo de nada). Por fortuna en esta oportunidad tenemos un atenuante para sobrellevar la deprimente fecha y es la expectativa que existe entre la ciudadanía por estrenar alcalde y gobernador.
Lástima que en nuestro municipio se haya visto opacado el inicio de la nueva administración por la actitud reprochable de dos gerentes que decidieron atornillarse a sus cargos, lo que impide al alcalde Rojas nombrar personas de su confianza en organismos de tanta importancia. Ahora me pregunto por qué les firmaron contratos hasta fechas muy posteriores a la finalización de la anterior administración municipal, lo que les da herramientas legales para exigir una indemnización en caso de que los tengan que sacar a sombrerazos.
Cómo es posible que dos ejecutivos jóvenes, que tienen toda una vida por delante, que recibieron unos salarios que envidiaría cualquiera durante la anterior alcaldía, salgan ahora con que quieren acabar de escurrir las arcas del municipio para embolsillarse varios cientos de millones de pesos. Dicho proceder ha generado repudio entre la ciudadanía porque demuestra malicia y mala fe, porque al raspar la olla del erario nos afectan a todos. Qué falta de elegancia y decoro, qué proceder tan ruin, qué bajeza, qué marrullería.
Ojalá recapaciten y den un paso al costado, porque de lo contrario quedarán señalados y el escándalo salpicará a sus familiares y allegados. Y que el señor Cardona no se preocupe que reemplazo le conseguimos, así toque contratar una empresa caza talentos. De pronto Bill Gates… pues, digo yo…
pamear@telmex.net.co
Por fortuna el clima ha mejorado y desde unos días antes de Nochebuena amainaron las lluvias y el sol volvió a brillar, con excepción de la semana ferial cuando no fallan los aguaceros a la hora que empiezan las corridas de toros. Ya estoy por creer que no es que San Pedro nos tenga bronca a los manizaleños, sino que el tipo es abiertamente anti taurino. Porque puedo asegurar que el sonar de clarines y timbales para anunciar la salida del primer toro de la tarde, sirve además para que el custodio de las puertas celestiales abra los grifos, con el claro propósito de torpedear la matoniada que les meten a los cornúpetas de turno. O sino cómo puede explicarse que desde que terminó la última corrida, el 8 de enero, no volvió a llover por las tardes en los siguientes nueve días. De manera que la recomendación para el año entrante, así se suba un poco el costo de las entradas, es que contraten al chamán tolimense para que con sus péndulos ayude a evitar los inoportunos aguaceros; recordemos que la peor diligencia es la que no se hace.
Ahí me parece que los amantes de la tauromaquia tienen un enemigo peor que Petro, porque bien es sabido que el santo de marras es el más influyente del combo de los doce. Por cierto, soy de la opinión que las corridas de toros tienen los días contados por varias razones: porque aumenta el número de enemigos y contradictores; la afición joven es cada vez más reducida; los altos costos del espectáculo alejan a muchos aficionados; y lo peor es que la política empezó a meter basa en el asunto. Ni hablar de permitir la corrida pero prohibir la muerte del astado en la arena, porque eso así es más aburrido que una pelea de boxeo sin nocaut, un partido de béisbol sin jonrón, o un clásico futbolero sin goles.
Me parece que el espectáculo de los toros es una tradición cultural con mucha historia, quienes participan en dicha fiesta la disfrutan y valoran, pagan altos costos por una boleta y todo se realiza en un recinto cerrado. Los toros de lidia son criados para tal fin y si llegaren a prohibir las corridas, esa raza también desaparecería. Me preocupa es lo que puede pasar en un futuro con nuestra feria anual, porque sin duda la temporada taurina es la atracción principal del evento, la que convoca turistas de alto poder adquisitivo que son los que consumen y mueven la economía de la ciudad.
Pero vuelvo al cuento de la escogencia del tercer lunes de enero como el día de la malparidéz generalizada, el desasosiego, un complejo de pobreza absoluta, el desubique y un no sé qué no sé dónde. Porque se acabó la guachafita, el levantarse tarde, el desorden en las comidas y la gastadera de plata. Ahora sí a lo que vinimos, a cerrar el pico para perder los kilos de más, a camellar y a empezar a cumplir esas promesas que hicimos con tanta devoción (advierto que al hacerlas yo estaba copetón y no me acuerdo de nada). Por fortuna en esta oportunidad tenemos un atenuante para sobrellevar la deprimente fecha y es la expectativa que existe entre la ciudadanía por estrenar alcalde y gobernador.
Lástima que en nuestro municipio se haya visto opacado el inicio de la nueva administración por la actitud reprochable de dos gerentes que decidieron atornillarse a sus cargos, lo que impide al alcalde Rojas nombrar personas de su confianza en organismos de tanta importancia. Ahora me pregunto por qué les firmaron contratos hasta fechas muy posteriores a la finalización de la anterior administración municipal, lo que les da herramientas legales para exigir una indemnización en caso de que los tengan que sacar a sombrerazos.
Cómo es posible que dos ejecutivos jóvenes, que tienen toda una vida por delante, que recibieron unos salarios que envidiaría cualquiera durante la anterior alcaldía, salgan ahora con que quieren acabar de escurrir las arcas del municipio para embolsillarse varios cientos de millones de pesos. Dicho proceder ha generado repudio entre la ciudadanía porque demuestra malicia y mala fe, porque al raspar la olla del erario nos afectan a todos. Qué falta de elegancia y decoro, qué proceder tan ruin, qué bajeza, qué marrullería.
Ojalá recapaciten y den un paso al costado, porque de lo contrario quedarán señalados y el escándalo salpicará a sus familiares y allegados. Y que el señor Cardona no se preocupe que reemplazo le conseguimos, así toque contratar una empresa caza talentos. De pronto Bill Gates… pues, digo yo…
pamear@telmex.net.co
miércoles, enero 18, 2012
Oportunidades futuras.
Esperanzadoras las noticias que recibimos últimamente con respecto a las cifras del desempleo. Algo que parecía lejano empieza a ser realidad, aunque no faltan los críticos que aseguran que en este país cuentan como empleado al fulano que vende chicles en un semáforo. Pienso que al gobierno hay que creerle y aceptar que las cosas empiezan a mejorar, además en el ambiente flota una sensación de optimismo y seguridad. Otros opinan que las condiciones de empleo actuales son una modalidad de esclavitud.
Las personas con tal de tener una coloca se aguantan que les firmen contratos a tres meses, que los afilien a cooperativas, les paguen por honorarios o pisoteen sus derechos laborales. Y como los patrones aprovechan cualquier disculpa para recortar personal, es común que a un empleado le engrampen el trabajo del compañero despedido. Los asalariados permanecen aterrorizados ante la posibilidad que los boten y por ello nadie se atreve a preguntar por las horas extras o el dominical que les deben.
Ahora existe la inquietud por lo que sucederá con la entrada en vigencia del manido TLC. Porque oímos diferentes opiniones al respecto y cuando estamos persuadidos de sus bondades, leemos un artículo que nos convence de que definitivamente se trata del acabose; basta hablar con un floricultor y un avicultor para notar las diferencias. De lo que no tengo duda es que si los gringos firmaron ese convenio, es porque llevan las de ganar; bien es sabido que no dan puntada sin dedal. Claro que mientras a nosotros también nos convenga, así sea en desventaja, bienvenido sea. Lo grave es que Colombia debió empezar con tiempo a preparar su infraestructura, porque muy pronto empieza el intercambio comercial y nos va a coger con los calzones abajo. Y aquí que se demoran veinte o treinta años para construir cualquier obra…
Ahora nos queda esperar a ver cómo se pone el asunto de las visas, porque harto se gana un empresario que consigue mercado para sus productos en el país del norte, pero no le dan autorización para viajar a concretar negocios; en cambio de allá para acá viajan en coche. Otra cosa es que debemos ofrecerles productos a menores precios que los importados de China y ahí sí se nos pone el dulce a mordiscos. El éxito será para aquellos que comercialicen servicios y productos exclusivos y desde ya se empiezan a gestionar solicitudes para ingresar a ese apetitoso mercado. Aquí van unos ejemplos de lo que recibirán en un futuro próximo los colosos del norte:
Grande será la sorpresa de quienes habitan los barrios residenciales en los Estados Unidos, esos condominios en los que no vuela una mosca, cuando aparezca un personaje que empuja un carro de balineras con una olla de mazamorra encima, mientras promociona su producto al hacer sonar una corneta con insistencia. Detrás vendrá el ambulante zapatero remendón, el pisco que arregla ollas pitadoras, el que remienda paraguas, otro que vende aguacates maduros y el que compra chatarra de todo tipo. También verán una camioneta R-12que trastea un mini mercado de revuelto, frutas y verduras, y que usa un altoparlante para anunciar su mercancía.
El desfile de San Patricio, la celebración del 4 de julio y demás fiestas tradicionales serán muy diferentes cuando puedan disfrutar del vendedor de forcha y avena helada; en las esquinas habrá carretas donde ofrecen chontaduro con miel, guayaba manzana, mango biche y salpicón. El dueño del puesto que vende dedos de queso tramita franquicias y desde ya veo a las voluminosas gringas en extensas filas para probar eso de “dedo a mil”. Y que empiecen a producir seda dental en cantidades industriales porque la mazorca asada invadirá sus calles.
Desde ya los empresarios colombianos estudian las autopistas donde esperan ofrecer merengón en destartalados R-4, zapotes, racimos de chontaduros, cajas de mangos, guamas, madroños, chachafrutos y demás frutas exóticas. En los peajes gestionan permisos para la venta de galleta costeña, agua fría y gaseosa, mini pandebonos rellenos de bocadillo, maní dulce y salado, corchos y demás galguerías. Otra atracción que sorprenderá a los estadounidenses, además de entretenerlos mientras esperan, son los maromeros, payasos, saltimbanquis, estatuas humanas e infinidad de presentaciones que verán en los semáforos. Allí también podrán adquirir, sin bajarse del carro, aguacates, limpiones, manos libres, juguetes, plumeros, libros piratas, encendedores, chicles, forros para el celular, Almanaques Bristol y mil productos diferentes.
Sabrán lo que es bueno en gringolandia cuando incluyan en su dieta chorizos, morcillas, empanadas con pique, arepas variadas, fritangas, lechonas, mamonas, tamales, butifarras, chicharrones, patacón con todo, sierra frita, arroz con coco, huesos de marrano y demás delicias. Para beber tendrán, aparte de malteadas y coca cola, jugo de tamarindo, lulo, guayaba, mora, zapote, mandarina y otros tantos sabores tropicales. En vez de cerveza podrán ingerir chicha, masato, guarapo, tapetusa, chirrinche o pipo. A la hora del algo pueden reemplazar las donas y los panqueques, con un kumis acompañado de pandebonos, roscas, almojábanas, mogollas o polvorosas.
Causarán sensación en esas latitudes mecatos como los tiraos, cocadas, blanquiaos, veleños, manjar blanco, bananos pasos, cholados, luladas, solteritas, obleas con arequipe, brevas caladas, etc., y van a delirar con nuestros famosos “casaos”: bocadillo con queso, cucas con mantequilla, postrera con plátano asado, natilla con buñuelo, salchichón con pan y chocolate parviao.
Lo dicho: los gananciosos serán ellos.
pamear@telmex.net.co
Las personas con tal de tener una coloca se aguantan que les firmen contratos a tres meses, que los afilien a cooperativas, les paguen por honorarios o pisoteen sus derechos laborales. Y como los patrones aprovechan cualquier disculpa para recortar personal, es común que a un empleado le engrampen el trabajo del compañero despedido. Los asalariados permanecen aterrorizados ante la posibilidad que los boten y por ello nadie se atreve a preguntar por las horas extras o el dominical que les deben.
Ahora existe la inquietud por lo que sucederá con la entrada en vigencia del manido TLC. Porque oímos diferentes opiniones al respecto y cuando estamos persuadidos de sus bondades, leemos un artículo que nos convence de que definitivamente se trata del acabose; basta hablar con un floricultor y un avicultor para notar las diferencias. De lo que no tengo duda es que si los gringos firmaron ese convenio, es porque llevan las de ganar; bien es sabido que no dan puntada sin dedal. Claro que mientras a nosotros también nos convenga, así sea en desventaja, bienvenido sea. Lo grave es que Colombia debió empezar con tiempo a preparar su infraestructura, porque muy pronto empieza el intercambio comercial y nos va a coger con los calzones abajo. Y aquí que se demoran veinte o treinta años para construir cualquier obra…
Ahora nos queda esperar a ver cómo se pone el asunto de las visas, porque harto se gana un empresario que consigue mercado para sus productos en el país del norte, pero no le dan autorización para viajar a concretar negocios; en cambio de allá para acá viajan en coche. Otra cosa es que debemos ofrecerles productos a menores precios que los importados de China y ahí sí se nos pone el dulce a mordiscos. El éxito será para aquellos que comercialicen servicios y productos exclusivos y desde ya se empiezan a gestionar solicitudes para ingresar a ese apetitoso mercado. Aquí van unos ejemplos de lo que recibirán en un futuro próximo los colosos del norte:
Grande será la sorpresa de quienes habitan los barrios residenciales en los Estados Unidos, esos condominios en los que no vuela una mosca, cuando aparezca un personaje que empuja un carro de balineras con una olla de mazamorra encima, mientras promociona su producto al hacer sonar una corneta con insistencia. Detrás vendrá el ambulante zapatero remendón, el pisco que arregla ollas pitadoras, el que remienda paraguas, otro que vende aguacates maduros y el que compra chatarra de todo tipo. También verán una camioneta R-12que trastea un mini mercado de revuelto, frutas y verduras, y que usa un altoparlante para anunciar su mercancía.
El desfile de San Patricio, la celebración del 4 de julio y demás fiestas tradicionales serán muy diferentes cuando puedan disfrutar del vendedor de forcha y avena helada; en las esquinas habrá carretas donde ofrecen chontaduro con miel, guayaba manzana, mango biche y salpicón. El dueño del puesto que vende dedos de queso tramita franquicias y desde ya veo a las voluminosas gringas en extensas filas para probar eso de “dedo a mil”. Y que empiecen a producir seda dental en cantidades industriales porque la mazorca asada invadirá sus calles.
Desde ya los empresarios colombianos estudian las autopistas donde esperan ofrecer merengón en destartalados R-4, zapotes, racimos de chontaduros, cajas de mangos, guamas, madroños, chachafrutos y demás frutas exóticas. En los peajes gestionan permisos para la venta de galleta costeña, agua fría y gaseosa, mini pandebonos rellenos de bocadillo, maní dulce y salado, corchos y demás galguerías. Otra atracción que sorprenderá a los estadounidenses, además de entretenerlos mientras esperan, son los maromeros, payasos, saltimbanquis, estatuas humanas e infinidad de presentaciones que verán en los semáforos. Allí también podrán adquirir, sin bajarse del carro, aguacates, limpiones, manos libres, juguetes, plumeros, libros piratas, encendedores, chicles, forros para el celular, Almanaques Bristol y mil productos diferentes.
Sabrán lo que es bueno en gringolandia cuando incluyan en su dieta chorizos, morcillas, empanadas con pique, arepas variadas, fritangas, lechonas, mamonas, tamales, butifarras, chicharrones, patacón con todo, sierra frita, arroz con coco, huesos de marrano y demás delicias. Para beber tendrán, aparte de malteadas y coca cola, jugo de tamarindo, lulo, guayaba, mora, zapote, mandarina y otros tantos sabores tropicales. En vez de cerveza podrán ingerir chicha, masato, guarapo, tapetusa, chirrinche o pipo. A la hora del algo pueden reemplazar las donas y los panqueques, con un kumis acompañado de pandebonos, roscas, almojábanas, mogollas o polvorosas.
Causarán sensación en esas latitudes mecatos como los tiraos, cocadas, blanquiaos, veleños, manjar blanco, bananos pasos, cholados, luladas, solteritas, obleas con arequipe, brevas caladas, etc., y van a delirar con nuestros famosos “casaos”: bocadillo con queso, cucas con mantequilla, postrera con plátano asado, natilla con buñuelo, salchichón con pan y chocolate parviao.
Lo dicho: los gananciosos serán ellos.
pamear@telmex.net.co
martes, enero 10, 2012
Mis primeras ferias.
Desde siempre lo que más me ha gustado de la semana ferial es ver cómo la gente se vuelca a las calles sin importar edad, condición social o económica, sin reparar en la hora o en las inclemencias del clima. Las vías se convierten en ríos humanos donde personas de todo tipo disfrutan del ambiente festivo y de las curiosidades que pueden verse en cualquier esquina, mientras los vendedores ambulantes hacen su agosto, en enero, porque a pesar de estar apenas superada una época de consumos y compromisos, todo el mundo gasta algo de dinero en su diario deambular. Y aunque ahora ya no acostumbro ir a toros, a exposiciones y espectáculos, y mucho menos a las parrandas nocturnas, disfruto dar una vuelta por la ciudad y comprobar que la feria no pierde su espíritu.
Entonces revivo aquellas primeras ferias y noto que la gran diferencia radica en que en esa época todo el jolgorio y la programación se desarrollaban exclusivamente en el centro de la ciudad; fue con el tiempo que empezaron a llevar la diversión a barrios periféricos y veredas cercanas, con los concurridos tablados populares, y que la actividad se trasladó a sectores como El Cable o Chipre. Algo que recordamos con añoranza es la seguridad que reinaba en Manizales, pues siendo apenas unos niños nos dejaban ir en bus para el centro a gozar con la gran variedad de espectáculos que se presentaban durante esa semana en la ciudad.
De lo primero que me acuerdo fue una vez cuando yo tendría unos seis años y nos dio la culequera por visitar algo muy novedoso que promocionaban y que tenía el atractivo nombre de Los monstruos de Hollywood. Acondicionaron un local en los bajos del antiguo Club Los Andes, por la calle 24, y el asunto se trataba de un corredor oscuro donde en medio de un ambiente tenebroso y lúgubre, se le aparecían al visitante cadáveres ambulantes, hombres sin cabeza, esqueletos y demás personajes grotescos. Llegamos allá todos los hermanitos, compramos las boletas e ingresamos, pero apenas apareció el primer espanto nos aterrorizamos y a pesar de los regaños del portero, quien decía que debíamos seguir hacia adelante, nos pasamos en cuatro patas por debajo de la registradora mientras berreábamos en coro y llamábamos a nuestra madre, que había quedado de recogernos en un ratico.
Una atracción tradicional de aquellas ferias fue el Zoológico Amazonas, que funcionaba en una caseta prefabricada de láminas de metal y albergaba la muestra más deprimente de animales que pudiera existir. En jaulas de unos pocos metros cuadrados podía verse un león que apenas lograba caminar en su interior; el cóndor de los andes parecía embalsamado porque sólo podía parpadear; la cebra semejaba un burro pintado a mano; y así por el estilo varios ejemplares en las peores condiciones imaginables. Enseguida había que hacer fila para entrar a la Finca del Quindío, una maqueta inmensa que recreaba la gran hacienda cafetera con su beneficiadero, los extensos cultivos, el “yipao”, un aserrador que cortaba leña, etc., con el atractivo que algunos mecanismos tenían movimiento.
La verdad es que nosotros gozábamos con cualquier pendejada, porque pagábamos por ingresar a una atracción llamada El salón de los espejos. En diferentes espacios había espejos que distorsionaban la imagen y hacían ver a las personas enanas o gigantes, flacas o rechonchas, gorobetas y deformes. En otro zaguán invitaban a conocer a un monstruo humano y después de que el público entraba, corrían una cortina y detrás de una reja había un personaje contrahecho a quien se le notaba a la legua que allevaba máscara y mucho maquillaje.
En la parte baja de Fundadores había un parquecito infantil y allí montaban la ciudad de hierro, con distracciones tales como el tiro al blanco con rifles de corcho, lanzamiento de aros y otros desafíos que premiaban al ganador con cualquier chuchería. El circo Egred Hermanos armaba su carpa en el parque Liborio, luego en un lote en la carrera 21entre calles 24 y 25, y por último en la avenida Santander, donde quedaba el orfanato; el circo después cerró sus puertas cuando dos de los hermanos se suicidaron y además un incendio consumió la carpa. El coliseo cubierto servía de sede al Holliday on ice, un espectáculo de patinaje sobre el hielo que llegaba del exterior.
Una costumbre aún vigente es la de adornar bares y cantinas con matas de plátano y caña brava, además de cubrir el piso con viruta de madera para poder recoger con pala cuando los borrachos devuelven atenciones. En cambio desaparecieron las tradicionales casetas, como la Italian Jazz que funcionaba en el patio del Instituto Universitario, o la que montaba don Rafael Jaramillo en las Torres de Chipre. En aquellas casetas no existían los estratos sociales y el incómodo mobiliario era igual para todos, y como no había restricción nocturna para los establecimientos, la parranda duraba hasta bien entrada la madrugada. Allí se codeaban en la pista de baile, bajo el ritmo de Los Graduados, Fruko y sus tesos, Los 8 de Colombia y los Black Stars, los más jailosos y encopetados con las empleadas del servicio, los trabajadores de la finca, el cajero del banco, la manicurista, el mecánico del taller y las fufurufas de Arenales y La Avanzada.
pamear@telmex.net.co
Entonces revivo aquellas primeras ferias y noto que la gran diferencia radica en que en esa época todo el jolgorio y la programación se desarrollaban exclusivamente en el centro de la ciudad; fue con el tiempo que empezaron a llevar la diversión a barrios periféricos y veredas cercanas, con los concurridos tablados populares, y que la actividad se trasladó a sectores como El Cable o Chipre. Algo que recordamos con añoranza es la seguridad que reinaba en Manizales, pues siendo apenas unos niños nos dejaban ir en bus para el centro a gozar con la gran variedad de espectáculos que se presentaban durante esa semana en la ciudad.
De lo primero que me acuerdo fue una vez cuando yo tendría unos seis años y nos dio la culequera por visitar algo muy novedoso que promocionaban y que tenía el atractivo nombre de Los monstruos de Hollywood. Acondicionaron un local en los bajos del antiguo Club Los Andes, por la calle 24, y el asunto se trataba de un corredor oscuro donde en medio de un ambiente tenebroso y lúgubre, se le aparecían al visitante cadáveres ambulantes, hombres sin cabeza, esqueletos y demás personajes grotescos. Llegamos allá todos los hermanitos, compramos las boletas e ingresamos, pero apenas apareció el primer espanto nos aterrorizamos y a pesar de los regaños del portero, quien decía que debíamos seguir hacia adelante, nos pasamos en cuatro patas por debajo de la registradora mientras berreábamos en coro y llamábamos a nuestra madre, que había quedado de recogernos en un ratico.
Una atracción tradicional de aquellas ferias fue el Zoológico Amazonas, que funcionaba en una caseta prefabricada de láminas de metal y albergaba la muestra más deprimente de animales que pudiera existir. En jaulas de unos pocos metros cuadrados podía verse un león que apenas lograba caminar en su interior; el cóndor de los andes parecía embalsamado porque sólo podía parpadear; la cebra semejaba un burro pintado a mano; y así por el estilo varios ejemplares en las peores condiciones imaginables. Enseguida había que hacer fila para entrar a la Finca del Quindío, una maqueta inmensa que recreaba la gran hacienda cafetera con su beneficiadero, los extensos cultivos, el “yipao”, un aserrador que cortaba leña, etc., con el atractivo que algunos mecanismos tenían movimiento.
La verdad es que nosotros gozábamos con cualquier pendejada, porque pagábamos por ingresar a una atracción llamada El salón de los espejos. En diferentes espacios había espejos que distorsionaban la imagen y hacían ver a las personas enanas o gigantes, flacas o rechonchas, gorobetas y deformes. En otro zaguán invitaban a conocer a un monstruo humano y después de que el público entraba, corrían una cortina y detrás de una reja había un personaje contrahecho a quien se le notaba a la legua que allevaba máscara y mucho maquillaje.
En la parte baja de Fundadores había un parquecito infantil y allí montaban la ciudad de hierro, con distracciones tales como el tiro al blanco con rifles de corcho, lanzamiento de aros y otros desafíos que premiaban al ganador con cualquier chuchería. El circo Egred Hermanos armaba su carpa en el parque Liborio, luego en un lote en la carrera 21entre calles 24 y 25, y por último en la avenida Santander, donde quedaba el orfanato; el circo después cerró sus puertas cuando dos de los hermanos se suicidaron y además un incendio consumió la carpa. El coliseo cubierto servía de sede al Holliday on ice, un espectáculo de patinaje sobre el hielo que llegaba del exterior.
Una costumbre aún vigente es la de adornar bares y cantinas con matas de plátano y caña brava, además de cubrir el piso con viruta de madera para poder recoger con pala cuando los borrachos devuelven atenciones. En cambio desaparecieron las tradicionales casetas, como la Italian Jazz que funcionaba en el patio del Instituto Universitario, o la que montaba don Rafael Jaramillo en las Torres de Chipre. En aquellas casetas no existían los estratos sociales y el incómodo mobiliario era igual para todos, y como no había restricción nocturna para los establecimientos, la parranda duraba hasta bien entrada la madrugada. Allí se codeaban en la pista de baile, bajo el ritmo de Los Graduados, Fruko y sus tesos, Los 8 de Colombia y los Black Stars, los más jailosos y encopetados con las empleadas del servicio, los trabajadores de la finca, el cajero del banco, la manicurista, el mecánico del taller y las fufurufas de Arenales y La Avanzada.
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lunes, diciembre 26, 2011
Los gustos cambian.
No logro ubicar la época en que me dejó de interesar la Navidad. Durante mi niñez la esperada con ansias durante todo el año y de adolescente también la disfruté, porque representaba paseos, fiestas y demás celebraciones. Luego nació mi hijo y las navidades se convirtieron en momentos maravillosos, porque sin duda los padres gozamos más que los niños al momento de repartir los regalos.
Pero se impuso la herencia y ahora la Navidad me resbala. Porque durante nuestra infancia, y después cuando nacieron los primeros nietos, mis padres fueron muy entusiastas al momento de celebrar la llegada del Niño Dios; pero cuando ya esos niños crecieron ellos empezaron a pasar las fiestas de fin de año como si se tratara de días normales. En las fechas de celebración mi mamá preparaba una comida muy sabrosa, invitaba a los hijos que con sus familias estuvieran en la ciudad, pero muy temprano los despachaban para así ellos poderse acostar temprano y no cambiar la rutina.
Durante mi infancia las temporadas de fin de año las pasábamos en la finca familiar, ya que mi mamá y sus hermanas empacaban los corotos en un camioncito y arrancaban con ese mundo de muchachitos para La Graciela, donde teníamos mil maneras diferentes de entretenernos. Sin embargo, cuando yo tenía unos 8 años nos quedamos para pasar Navidad en la casa que apenas estrenábamos en el barrio La Camelia. En la urbanización había muy pocas viviendas construidas y por lo tanto disponíamos de docenas de lotes, cubiertos de malezas y arbustos, que se convirtieron en lugar de recreo para nosotros.
La casa era un sueño de mis padres que lograron construir a la medida de sus necesidades y nos pasamos cuando aún no estaba lista. Mi papá buscaba ahorrarse el arrendamiento de donde habitábamos mientras hacían la obra y por ello convivimos esas primeras semanas con los que pulían los pisos, con pintores y carpinteros, el maestro que pegaba baldosas en el patio de ropas y otros tantos obreros que se afanaban por terminar. Si mi madre no se enloqueció en aquella oportunidad fue gracias a su fortaleza, a esa actitud alegre y positiva que la caracterizaba, porque una casa todavía en obra, con unos mocosos bien inquietos, mugre y polvo por montones, y varios trabajadores deambulando por todas partes, eran razones suficientes para chiflar a cualquiera.
Debimos esperar hasta que la casa estuviera lista y todo puesto en su lugar para decirle a mi mamá que nos dejara armar el pesebre y el arbolito. Por primera vez no tuvimos que desplazarnos hacia el páramo a buscar un chamizo lleno de musgo para tal fin, ya que en la casa había un jardín interior con piedritas blanca en el piso y un tronco muy bonito que adornaba el lugar. Pues forramos ese tronco con musgo y le enredamos las guirnaldas y demás colgandejos, además de las bolas de colores y la instalación con las lucecitas. Quedó de maravilla.
Para el pesebre teníamos espacio de sobra y en un rincón del inmenso hall de alcobas acomodamos varias cajas de cartón de diferentes tamaños, para darle realismo al paisaje. Forramos con papel encerado y le pusimos musgo que trajimos de nuestra excursión al sector de Gallinazo, porque entonces no se hablaba de ecología ni nada parecido. Después acomodamos el pueblito de casas de cartón, la caravana de los reyes magos, los rebaños de ovejas, el lago y el arroyo improvisados con papel aluminio. En lo más alto un rancho con el burro, el buey y la Sagrada familia; porque nosotros no éramos de los que dejábamos al Niño Dios metido en una caja hasta el 24 de diciembre, sino que lo instalábamos en la cuna desde el principio.
Un día llegó mi papá con una caja inmensa y dijo que un amigo le había pedido el favor de guardársela, pues eran unas maletas que pensaba darle a su mujer de aguinaldo, que no tenía cómo esconderla en su casa y quería sorprenderla. Todos los años mi mamá tenía la costumbre de comprar los aguinaldos y esconderlos en la parte alta de los clósets, pero apenas salía nosotros esculcábamos hasta encontrarlos y aunque no nos atrevíamos a abrirlos, los exponíamos al tacto, los olíamos, hacíamos sonar las cajas y demás formas de averiguar qué contenían. Pero ese año nada de nada, y empezamos a creer lo que nos decían acerca de que el regalo para todos era la casa nueva.
El 24 transcurrió como cualquier otro, con rezada de novena, villancicos, pólvora (que no podía faltar) y cena navideña, hasta que mi papá dijo que podíamos abrir la misteriosa caja. Era una bicicleta Monark azul y blanca, grande, tradicional, con frenos de varilla y parrilla atrás; como las que usaban los policías. La felicidad fue indescriptible y exigimos estrenarla de inmediato, sin importar que no supiéramos montar y que la mayoría ni siquiera alcanzáramos los pedales. Mi papá acomodaba de a uno, explicaba cómo se frenaba y nos echaba a rodar, pero debido al susto ninguno reaccionaba e íbamos a parar contra un muro que había una cuadra más abajo. El cucho se revolcaba de la risa al ver semejantes costaliadas, mientras mi madre dijo que mejor se entraba porque no quería ver cómo se descalabraban los muchachitos.
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Pero se impuso la herencia y ahora la Navidad me resbala. Porque durante nuestra infancia, y después cuando nacieron los primeros nietos, mis padres fueron muy entusiastas al momento de celebrar la llegada del Niño Dios; pero cuando ya esos niños crecieron ellos empezaron a pasar las fiestas de fin de año como si se tratara de días normales. En las fechas de celebración mi mamá preparaba una comida muy sabrosa, invitaba a los hijos que con sus familias estuvieran en la ciudad, pero muy temprano los despachaban para así ellos poderse acostar temprano y no cambiar la rutina.
Durante mi infancia las temporadas de fin de año las pasábamos en la finca familiar, ya que mi mamá y sus hermanas empacaban los corotos en un camioncito y arrancaban con ese mundo de muchachitos para La Graciela, donde teníamos mil maneras diferentes de entretenernos. Sin embargo, cuando yo tenía unos 8 años nos quedamos para pasar Navidad en la casa que apenas estrenábamos en el barrio La Camelia. En la urbanización había muy pocas viviendas construidas y por lo tanto disponíamos de docenas de lotes, cubiertos de malezas y arbustos, que se convirtieron en lugar de recreo para nosotros.
La casa era un sueño de mis padres que lograron construir a la medida de sus necesidades y nos pasamos cuando aún no estaba lista. Mi papá buscaba ahorrarse el arrendamiento de donde habitábamos mientras hacían la obra y por ello convivimos esas primeras semanas con los que pulían los pisos, con pintores y carpinteros, el maestro que pegaba baldosas en el patio de ropas y otros tantos obreros que se afanaban por terminar. Si mi madre no se enloqueció en aquella oportunidad fue gracias a su fortaleza, a esa actitud alegre y positiva que la caracterizaba, porque una casa todavía en obra, con unos mocosos bien inquietos, mugre y polvo por montones, y varios trabajadores deambulando por todas partes, eran razones suficientes para chiflar a cualquiera.
Debimos esperar hasta que la casa estuviera lista y todo puesto en su lugar para decirle a mi mamá que nos dejara armar el pesebre y el arbolito. Por primera vez no tuvimos que desplazarnos hacia el páramo a buscar un chamizo lleno de musgo para tal fin, ya que en la casa había un jardín interior con piedritas blanca en el piso y un tronco muy bonito que adornaba el lugar. Pues forramos ese tronco con musgo y le enredamos las guirnaldas y demás colgandejos, además de las bolas de colores y la instalación con las lucecitas. Quedó de maravilla.
Para el pesebre teníamos espacio de sobra y en un rincón del inmenso hall de alcobas acomodamos varias cajas de cartón de diferentes tamaños, para darle realismo al paisaje. Forramos con papel encerado y le pusimos musgo que trajimos de nuestra excursión al sector de Gallinazo, porque entonces no se hablaba de ecología ni nada parecido. Después acomodamos el pueblito de casas de cartón, la caravana de los reyes magos, los rebaños de ovejas, el lago y el arroyo improvisados con papel aluminio. En lo más alto un rancho con el burro, el buey y la Sagrada familia; porque nosotros no éramos de los que dejábamos al Niño Dios metido en una caja hasta el 24 de diciembre, sino que lo instalábamos en la cuna desde el principio.
Un día llegó mi papá con una caja inmensa y dijo que un amigo le había pedido el favor de guardársela, pues eran unas maletas que pensaba darle a su mujer de aguinaldo, que no tenía cómo esconderla en su casa y quería sorprenderla. Todos los años mi mamá tenía la costumbre de comprar los aguinaldos y esconderlos en la parte alta de los clósets, pero apenas salía nosotros esculcábamos hasta encontrarlos y aunque no nos atrevíamos a abrirlos, los exponíamos al tacto, los olíamos, hacíamos sonar las cajas y demás formas de averiguar qué contenían. Pero ese año nada de nada, y empezamos a creer lo que nos decían acerca de que el regalo para todos era la casa nueva.
El 24 transcurrió como cualquier otro, con rezada de novena, villancicos, pólvora (que no podía faltar) y cena navideña, hasta que mi papá dijo que podíamos abrir la misteriosa caja. Era una bicicleta Monark azul y blanca, grande, tradicional, con frenos de varilla y parrilla atrás; como las que usaban los policías. La felicidad fue indescriptible y exigimos estrenarla de inmediato, sin importar que no supiéramos montar y que la mayoría ni siquiera alcanzáramos los pedales. Mi papá acomodaba de a uno, explicaba cómo se frenaba y nos echaba a rodar, pero debido al susto ninguno reaccionaba e íbamos a parar contra un muro que había una cuadra más abajo. El cucho se revolcaba de la risa al ver semejantes costaliadas, mientras mi madre dijo que mejor se entraba porque no quería ver cómo se descalabraban los muchachitos.
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lunes, diciembre 19, 2011
Relato bíblico (II).
Quedamos en que San José se fue para el baño y dejó a su amigo a la espera de que le rematara el cuento, que aunque un poco forzado, resultaba entretenido. Claro que el contertulio alcanzó a pensar que si el carpintero seguía jartando cerveza a ese ritmo lo mejor sería que terminara su relato en el orinal, pero no, el hombre apareció al minuto y se acomodó para continuar con su historia:
“Imagínese pues nosotros en ese moridero sin un cochino peso y el baboso ese me dice que vuelva al otro día. Pues nada, me tocó esculcame los bolsillos pa luego convencer al condutor de un yi pa que nos llevara, que yo después le pagaba el saldo de los pasajes. Por fortuna un parcero dejó acomodar a aquella en una banca, aunque yo tuve que viajar chilinguiao atrás. Y llueva mijo porque le digo pues que desde que salimos de la capital no había escampao, y esas carreteras en puro pantano y volcanes por todo lao.
Yo no dudaba que en el prósimo güeco el muchachito se iba a venir, pero eso sí pa qué, esa mujer se aguantó la brincadera sin decir palabra y así llegamos al pueblo a medio día. De una me jui a averiguar por mis familiares, con tan mala suerte que unos días antes se habían ido a temperar a una finca que tenían pa los laos de Riosucio. Eso queda en los infiernos y ni pensar en ir hasta por allá, por lo que pegamos pa´l hospital a ver si la antendían, pero qué va, el dotor ditaminó lo mismo y otra vez pa la calle.
Le digo la verdá: yo estaba paniquiao. Varaos en la plaza de´se pueblo, con la pobre mujer pa reventase y sin con qué tomanos un tinto. Por fortuna se me apareció la virgen porque nos topamos con un cliente que me reconoció de cuando chiquitos, y apenas le conté en las que andábamos, nos brindó pintao con boñuelo en una cafetería y además nos ofreció una piecita que tenía desocupada en un taller de su propiedá. Allá nos juimos y organizamos un cambuche pa pasar la noche, pero yo seguía preocupao por la mujer. La única compañía que teníamos era un perro grandote, amarrao, que cuidaba el local, y así nos acostamos a dormir a ver qué pasaba al otro día.
Pues al poco rato aquella me dispertó quisque porque había reventao fuente. Yo atortolao no sabía qué camino coger, hasta que me salí pa la calle y resolví tocar en la casa vecina, con tan buena suerte que conocían a una partera que vivía ahí no más, a media cuadra. Muy comedidos esos vecinos, pa qué, porque todo mundo se puso a colaborar en lo que juera necesario. Los unos cargaban agua, otra trajo tinto, una señora ofreció una ropita que ella tejía y así solucionamos en parte las necesidades. Pues a la media noche en punto nació el pelao y la verdá es que no se parecía a mí ni en los jarretes; como sería, que una vieja imprudente preguntó con cierta burla que quién sería el taita de semejante belleza de zambo. Porque el chino resultó zarco, muy blanco él y hasta distinguido.
Hombre, la verdá es que amanecí deprimido cuando nos vimos solos íngrimos en ese taller, acompañaos sólo por el perro y un gato, por fortuna hidráulico pa que el chandoso no se largara a ladrale, pero a la final debí acetar que la suerte nos había acompañao. El amigo del taller me dio chanfaina como ayudante, porque yo no conocía ese destino, pero ahí me defendí porque siempre he sido muy curiosito.
Pero mire cómo son las vainas. Con mi familia nos largamos de´se pueblo cuando yo estaba chiquito y después de tanto tiempo me entero que mi apá salió volao porque tuvo problemas con un cucho muy influyente. Pues el nieto del viejo ese, al que todo mundo llama Don Rey, como que es traqueto y apenas supo que estábamos en el pueblo empezó a regar el cuento que me la iba cobrar a mí. Hágame el favor, me gané la lotería sin comprala. El tipo empezó a buscar a una pareja con un pelao recién nacido y no quedó sino que nos ayudaran a conseguir un trasporte que nos sacara siquiera hasta la carretera central.
Después de ponele la mano a mucho carro por fin un camionero se apiadó de nosotros y nos recogió, con tan buena suerte que iba pa la capital. El cliente muy formal hasta nos invitó a almorzar en el camino y aunque siempre miraba mucho cuando aquella alimentaba al pelao, yo algo me inventaba pa envolatalo. Con decile que hasta me prestó el cedular y llamé a un primo que vive en el barrio Egipto, donde quedó de danos posada mientras encontrábamos dónde vivir. De manera que la güida terminó siendo en mula y no en un burro como dirían después las malas lenguas.
Hasta ahí le cuento pues lo que fue ese viaje donde nació el pelao, que entre otras cosas resultó lo más juicioso, aunque ya tiene como diez años y hasta ahora no le he visto hacer ninguna gracia. Y con lo que nos habría ayudao un milagrito…
pamear@telmex.net.co
“Imagínese pues nosotros en ese moridero sin un cochino peso y el baboso ese me dice que vuelva al otro día. Pues nada, me tocó esculcame los bolsillos pa luego convencer al condutor de un yi pa que nos llevara, que yo después le pagaba el saldo de los pasajes. Por fortuna un parcero dejó acomodar a aquella en una banca, aunque yo tuve que viajar chilinguiao atrás. Y llueva mijo porque le digo pues que desde que salimos de la capital no había escampao, y esas carreteras en puro pantano y volcanes por todo lao.
Yo no dudaba que en el prósimo güeco el muchachito se iba a venir, pero eso sí pa qué, esa mujer se aguantó la brincadera sin decir palabra y así llegamos al pueblo a medio día. De una me jui a averiguar por mis familiares, con tan mala suerte que unos días antes se habían ido a temperar a una finca que tenían pa los laos de Riosucio. Eso queda en los infiernos y ni pensar en ir hasta por allá, por lo que pegamos pa´l hospital a ver si la antendían, pero qué va, el dotor ditaminó lo mismo y otra vez pa la calle.
Le digo la verdá: yo estaba paniquiao. Varaos en la plaza de´se pueblo, con la pobre mujer pa reventase y sin con qué tomanos un tinto. Por fortuna se me apareció la virgen porque nos topamos con un cliente que me reconoció de cuando chiquitos, y apenas le conté en las que andábamos, nos brindó pintao con boñuelo en una cafetería y además nos ofreció una piecita que tenía desocupada en un taller de su propiedá. Allá nos juimos y organizamos un cambuche pa pasar la noche, pero yo seguía preocupao por la mujer. La única compañía que teníamos era un perro grandote, amarrao, que cuidaba el local, y así nos acostamos a dormir a ver qué pasaba al otro día.
Pues al poco rato aquella me dispertó quisque porque había reventao fuente. Yo atortolao no sabía qué camino coger, hasta que me salí pa la calle y resolví tocar en la casa vecina, con tan buena suerte que conocían a una partera que vivía ahí no más, a media cuadra. Muy comedidos esos vecinos, pa qué, porque todo mundo se puso a colaborar en lo que juera necesario. Los unos cargaban agua, otra trajo tinto, una señora ofreció una ropita que ella tejía y así solucionamos en parte las necesidades. Pues a la media noche en punto nació el pelao y la verdá es que no se parecía a mí ni en los jarretes; como sería, que una vieja imprudente preguntó con cierta burla que quién sería el taita de semejante belleza de zambo. Porque el chino resultó zarco, muy blanco él y hasta distinguido.
Hombre, la verdá es que amanecí deprimido cuando nos vimos solos íngrimos en ese taller, acompañaos sólo por el perro y un gato, por fortuna hidráulico pa que el chandoso no se largara a ladrale, pero a la final debí acetar que la suerte nos había acompañao. El amigo del taller me dio chanfaina como ayudante, porque yo no conocía ese destino, pero ahí me defendí porque siempre he sido muy curiosito.
Pero mire cómo son las vainas. Con mi familia nos largamos de´se pueblo cuando yo estaba chiquito y después de tanto tiempo me entero que mi apá salió volao porque tuvo problemas con un cucho muy influyente. Pues el nieto del viejo ese, al que todo mundo llama Don Rey, como que es traqueto y apenas supo que estábamos en el pueblo empezó a regar el cuento que me la iba cobrar a mí. Hágame el favor, me gané la lotería sin comprala. El tipo empezó a buscar a una pareja con un pelao recién nacido y no quedó sino que nos ayudaran a conseguir un trasporte que nos sacara siquiera hasta la carretera central.
Después de ponele la mano a mucho carro por fin un camionero se apiadó de nosotros y nos recogió, con tan buena suerte que iba pa la capital. El cliente muy formal hasta nos invitó a almorzar en el camino y aunque siempre miraba mucho cuando aquella alimentaba al pelao, yo algo me inventaba pa envolatalo. Con decile que hasta me prestó el cedular y llamé a un primo que vive en el barrio Egipto, donde quedó de danos posada mientras encontrábamos dónde vivir. De manera que la güida terminó siendo en mula y no en un burro como dirían después las malas lenguas.
Hasta ahí le cuento pues lo que fue ese viaje donde nació el pelao, que entre otras cosas resultó lo más juicioso, aunque ya tiene como diez años y hasta ahora no le he visto hacer ninguna gracia. Y con lo que nos habría ayudao un milagrito…
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martes, diciembre 13, 2011
Relato bíblico (I).
En estos días me desvelé y en medio de la pensadera se me ocurrió que el nacimiento del Niño Jesús pudo haber ocurrido en cualquier otro momento de la historia, lo que cambiaría de manera definitiva el relato bíblico que recrea el periplo de la Sagrada Familia. Hasta imaginé que los hechos podrían haberse desarrollado en nuestro país, en la época actual, con todas las vicisitudes que enfrentan las gentes humildes de estas latitudes. Imaginé entonces a San José reunido con un amigo en la mesa de un café, echándole todo el cuento mientras se despachan unas cervecitas.
“No hermanito, es que si yo le cuento a usté lo verriondo que fue eso con seguridá me dice que no sea cañero ni esagerao. Hay cosas que yo no debía decile a nadies, pero júreme que no va a ir por ahí regando el cuento porque me pueden envainar. Póngale pues cuidao: usté sabe que toda la vida me he dedicao a la carpintería y aunque no voy a decile que soy ebanista o maestro, la esperiencia me da licencia pa medímele a lo que sea en esa materia; y póngale la firma que con el tiempo dirán que yo fui muy buena persona pero malísimo carpintero, pero usté sabe la historia cómo distorsiona las cosas.
Lo cierto es que en los últimos años la cosa ha estado muy jodida y lo único que resulta es trabajito en la costrución, pero esa gente contrata por semanas y se la pasa uno es haciendo juerza pa que lo vuelvan a enganchar.
Pues andaba yo medio varao cuando se me apareció por la casa un tal don Ángel con una razón lo más de rara, quisque a proponeme que me casara con una muchacha de un pueblo vecino, según él una pelada pisporeta y mucho menor que yo. La vaina me pareció sospechosa y entoes le pregunté que dónde estaba la trampa, porque de eso tan bueno no dan tanto, y respondió que la mujer estaba embarazada y necesitaban un tipo decente para que fuera el papá del chino. Al principio me dio piedra y le dije que respetara, que buscara uno más pendejo pa hacele semejante propuesta, pero ya un poquito más calmao me puse a pensar que yo no estaba en edad de esigir y le pedí al pisco ese que me esplicara bien cómo era la vaina, y que lo primero era saber quién era el responsable del embarazo.
La respuesta no se la voy a decir porque seguro usté me la monta, pero sí puedo adelantale que el cuento es bien rebuscao. El caso es que el cliente me aseguró que ese pelao iba a ser un man bien importante, que pasaría a la historia y que yo iba a quedar como ejemplo de buen papá y eselente marido. Pues resolví lanzame al charco y de una me fui a conocer a los suegros, un par de cuchos lo más de bacanes, don Juaco y misiá Ana, y ellos me presentaron a la muchacha que resultó ser agraciada, hacendosa y bien educadita.
El caso es que ya con obligación la cosa se puso fregada y ahí sí que menos me resultó coloca, por lo que resolvimos larganos para Belén de Umbría, un pueblo donde tengo unos parientes que prometieron ayudame. Me tocó empeñar parte de la herramienta pa los pasajes y arrancamos en medio de un invierno espantoso, y como aquella ya estaba a punto de coger la cama, se maluquió en ese bus con semejante julepe. El chofer dijo que tenía que aguantase hasta el próximo pueblo y esa pobre mujer vomitaba en cada curva, hasta que por fin paramos en un estadero. Ella se tomó una aguapanela con queso y yo me empaqué unos chorizos, a las carreras porque el chofer andaba de afán, y no fue sino que arrancáramos pa quedar atrancaos porque cayó un volcán sobre la carretera y la tapó. Y con ese frío tan hijuemadre.
Pasamos la noche entre el bus y de madrugada nos dijeron que hiciéramos trasbordo porque la vaina se demoraba. A pata pasamos por ese pantanero y al otro lao nos encaramamos en un coletivo que nos llevó hasta el pueblo, donde nos juimos derechito pa´l hospital. En urgencias había una fila la verrionda y quién dijo pues que nos dejaban pasar, hasta que por fin nos atendieron y lo primero fue pedinos el carné del Sisben. Y claro, aquella no lo encontraba: que yo sí lo traje, que lo tengo por aquí, que espérese un momentico. Y ese médico entrompao por la demora y yo sin saber qué camino coger, hasta que por fin apareció el bendito papel y la dentraron pa un consultorio.
Pasaban las horas y nadies me daba razón, hasta que salió una enfermera a decir que según el dotor a aquella le faltaba dilatar y que volviéramos al otro día. Entoes averigüé por el especialista y ella respondió que me olvidara, que en esos días de navidá todo mundo se iba de rumba o de paseo. Yo le pregunté que qué carajo era la tal navidá y ella dijo que tampoco sabía, pero que todos los años por esa misma época todo se paralizaba. Pero aguarde voy al baño y le acabo de contar”.
pamear@telmex.net.co
“No hermanito, es que si yo le cuento a usté lo verriondo que fue eso con seguridá me dice que no sea cañero ni esagerao. Hay cosas que yo no debía decile a nadies, pero júreme que no va a ir por ahí regando el cuento porque me pueden envainar. Póngale pues cuidao: usté sabe que toda la vida me he dedicao a la carpintería y aunque no voy a decile que soy ebanista o maestro, la esperiencia me da licencia pa medímele a lo que sea en esa materia; y póngale la firma que con el tiempo dirán que yo fui muy buena persona pero malísimo carpintero, pero usté sabe la historia cómo distorsiona las cosas.
Lo cierto es que en los últimos años la cosa ha estado muy jodida y lo único que resulta es trabajito en la costrución, pero esa gente contrata por semanas y se la pasa uno es haciendo juerza pa que lo vuelvan a enganchar.
Pues andaba yo medio varao cuando se me apareció por la casa un tal don Ángel con una razón lo más de rara, quisque a proponeme que me casara con una muchacha de un pueblo vecino, según él una pelada pisporeta y mucho menor que yo. La vaina me pareció sospechosa y entoes le pregunté que dónde estaba la trampa, porque de eso tan bueno no dan tanto, y respondió que la mujer estaba embarazada y necesitaban un tipo decente para que fuera el papá del chino. Al principio me dio piedra y le dije que respetara, que buscara uno más pendejo pa hacele semejante propuesta, pero ya un poquito más calmao me puse a pensar que yo no estaba en edad de esigir y le pedí al pisco ese que me esplicara bien cómo era la vaina, y que lo primero era saber quién era el responsable del embarazo.
La respuesta no se la voy a decir porque seguro usté me la monta, pero sí puedo adelantale que el cuento es bien rebuscao. El caso es que el cliente me aseguró que ese pelao iba a ser un man bien importante, que pasaría a la historia y que yo iba a quedar como ejemplo de buen papá y eselente marido. Pues resolví lanzame al charco y de una me fui a conocer a los suegros, un par de cuchos lo más de bacanes, don Juaco y misiá Ana, y ellos me presentaron a la muchacha que resultó ser agraciada, hacendosa y bien educadita.
El caso es que ya con obligación la cosa se puso fregada y ahí sí que menos me resultó coloca, por lo que resolvimos larganos para Belén de Umbría, un pueblo donde tengo unos parientes que prometieron ayudame. Me tocó empeñar parte de la herramienta pa los pasajes y arrancamos en medio de un invierno espantoso, y como aquella ya estaba a punto de coger la cama, se maluquió en ese bus con semejante julepe. El chofer dijo que tenía que aguantase hasta el próximo pueblo y esa pobre mujer vomitaba en cada curva, hasta que por fin paramos en un estadero. Ella se tomó una aguapanela con queso y yo me empaqué unos chorizos, a las carreras porque el chofer andaba de afán, y no fue sino que arrancáramos pa quedar atrancaos porque cayó un volcán sobre la carretera y la tapó. Y con ese frío tan hijuemadre.
Pasamos la noche entre el bus y de madrugada nos dijeron que hiciéramos trasbordo porque la vaina se demoraba. A pata pasamos por ese pantanero y al otro lao nos encaramamos en un coletivo que nos llevó hasta el pueblo, donde nos juimos derechito pa´l hospital. En urgencias había una fila la verrionda y quién dijo pues que nos dejaban pasar, hasta que por fin nos atendieron y lo primero fue pedinos el carné del Sisben. Y claro, aquella no lo encontraba: que yo sí lo traje, que lo tengo por aquí, que espérese un momentico. Y ese médico entrompao por la demora y yo sin saber qué camino coger, hasta que por fin apareció el bendito papel y la dentraron pa un consultorio.
Pasaban las horas y nadies me daba razón, hasta que salió una enfermera a decir que según el dotor a aquella le faltaba dilatar y que volviéramos al otro día. Entoes averigüé por el especialista y ella respondió que me olvidara, que en esos días de navidá todo mundo se iba de rumba o de paseo. Yo le pregunté que qué carajo era la tal navidá y ella dijo que tampoco sabía, pero que todos los años por esa misma época todo se paralizaba. Pero aguarde voy al baño y le acabo de contar”.
pamear@telmex.net.co
martes, diciembre 06, 2011
El guachimán.
De las cosas complicadas que había ahora años era conseguir un celador honrado, responsable y de sueño liviano. No había compañías de vigilancia privada y para dicho cargo se contrataban personas de confianza, con el agravante que tampoco existían los relojes de control y demás elementos electrónicos utilizados para monitorearlos. En cambio ahora los guardas de seguridad no pueden siquiera cabecear porque los pillan con equipos de última tecnología, los cuales son difíciles de manipular.
También era común contratar un vigilante cuando la familia se iba para la finca a temperar. Recurrían a un antiguo empleado ya jubilado o al hijo de la cocinera, a quien le hacían todas las recomendaciones del caso para entregarle semejante responsabilidad. Le tendían un colchón en el hall y le advertían que no le abriera a nadie, que recorriera la casa sólo para dar vuelta, no hablara por teléfono ni prendiera ningún aparato, y que cuidadito con ponerse a esculcar.
El tipo acataba órdenes, pero apenas se largaban los patrones pegaba para la esquina a fumar con los colegas del barrio; y cuando su mujer llegaba con el portacomidas, se acomodaban en la cama del matrimonio a ver televisión y a pegarse una revolcada. Los demás miembros de su familia lo visitaban por turnos para ducharse con agua caliente y untarse de lo que encontraran en el gabinete del baño, además de disfrutar de otras comodidades que hubiera en la casa. El empleado conocía la rutina del patrón y cuando era hora de una posible visita, se acomodaba al lado de una ventana, envuelto en la ruana y con el transistor prendido, donde lo encontraban muy juicioso.
El oficio de celador generaba mucho empleo porque no había otra forma de vigilar. En las empresas, al terminar la jornada laboral, llegaba el guachimán siempre con un cuento distinto para hacerle ver al patrón la importancia de su cargo: que anoche ladraron mucho los perros, que trataron de meterse por el techo o que enseguida se robaron un motor. Después, comprobaba que todo estuviera bien cerrado, apagaba las luces y se templaba a dormir.
El celador de cuadra también era obligado en los barrios, trabajo ingrato porque dependía de varios patrones que le pagaban una suma mensual establecida, pero sin prestaciones sociales ni afiliación a seguridad; y cada quincena, cuando recogía su pago de casa en casa, no faltaba el infeliz que no le cumplía por tener alguna queja de su trabajo o simplemente porque no le daba la gana. Ese guachimán conocía todos los chismes del barrio, pues en su relación con las empleadas domésticas se enteraba de cuanto pasaba en los hogares; además sabía a qué hora llegó don fulano caído de la perra, cómo fue la despedida de zutanita con el novio, se pateaba desde la calle las peleas del matrimonio de la esquina y conocía la situación económica de cada uno de los vecinos.
En el barrio La Camelia hizo historia El Topo, un hombrecito de baja estatura, arrugado como una pasa a pesar de su mediana edad, ñato y feo, pero con una simpatía natural. Hablaba como boquineto, sin serlo, y su indumentaria era bien particular: vestido de paño, que le regalaban las señoras de la cuadra cuando sus maridos los desechaban, botas de caucho amarillas, gabardina hasta el tobillo, ruana y bufanda. Del hombro colgaba un transistor con una cajita de madera adosada para las pilas, del cinto el machete y una linterna, y en la pretina escondía un revólver hechizo de un solo tiro, conocido como “chispún”. La cabeza iba cubierta con un casco amarillo de construcción y según él, antes de salir de la casa a enfrentar la noche y sus peligros, se mandaba un aguardiente con pólvora negra para combatir el miedo.
Todas las tardes, antes de anochecer, llegaba El Topo a la esquina de la calle 70, a una cuadra de la avenida Santander, para iniciar su recorrido por las calles que le correspondían. Ayudaba a abrir los garajes, a bajar mercados, colaboraba en matar un ratón en alguna casa, remojaba un antejardín y prestaba diferentes servicios. Ya entrada la noche, caminaba por todo el barrio y cada hora hacía sonar un pito para comprobarle al vecindario que cumplía con su deber.
Había un vecino que al llegar en su carro a la esquina de la avenida, miraba a ver si el celador le daba la espalda mientras caminaba por la mitad de la calle, como acostumbraba. Entonces apagaba motor y luces, bajaba rodado y se arrimaba hasta casi tocar al personaje, quien no lo oían porque mantenía el radio a todo volumen. En ese momento accionaba unas cornetas que tenía el carro a modo de pito y el pobre Topo pegaba un brinco que nos hacía doblar de la risa a quienes estuviéramos por ahí. Pues el celador se desquitó una noche que estábamos enfiestados en una casa del vecindario, rodeada de jardines y alejada de las demás residencias. Era media noche y había silencio porque todos estábamos reventando cariño, momento que aprovechó El Topo para hacer un tiro al aire con el fierro que cargaba. Esa vaina tronó como el cañón de un acorazado y puedo asegurar que a los varones presentes, el paro inherente a la situación casi se nos convierte en paro cardíaco.
pamear@telmex.net.co
También era común contratar un vigilante cuando la familia se iba para la finca a temperar. Recurrían a un antiguo empleado ya jubilado o al hijo de la cocinera, a quien le hacían todas las recomendaciones del caso para entregarle semejante responsabilidad. Le tendían un colchón en el hall y le advertían que no le abriera a nadie, que recorriera la casa sólo para dar vuelta, no hablara por teléfono ni prendiera ningún aparato, y que cuidadito con ponerse a esculcar.
El tipo acataba órdenes, pero apenas se largaban los patrones pegaba para la esquina a fumar con los colegas del barrio; y cuando su mujer llegaba con el portacomidas, se acomodaban en la cama del matrimonio a ver televisión y a pegarse una revolcada. Los demás miembros de su familia lo visitaban por turnos para ducharse con agua caliente y untarse de lo que encontraran en el gabinete del baño, además de disfrutar de otras comodidades que hubiera en la casa. El empleado conocía la rutina del patrón y cuando era hora de una posible visita, se acomodaba al lado de una ventana, envuelto en la ruana y con el transistor prendido, donde lo encontraban muy juicioso.
El oficio de celador generaba mucho empleo porque no había otra forma de vigilar. En las empresas, al terminar la jornada laboral, llegaba el guachimán siempre con un cuento distinto para hacerle ver al patrón la importancia de su cargo: que anoche ladraron mucho los perros, que trataron de meterse por el techo o que enseguida se robaron un motor. Después, comprobaba que todo estuviera bien cerrado, apagaba las luces y se templaba a dormir.
El celador de cuadra también era obligado en los barrios, trabajo ingrato porque dependía de varios patrones que le pagaban una suma mensual establecida, pero sin prestaciones sociales ni afiliación a seguridad; y cada quincena, cuando recogía su pago de casa en casa, no faltaba el infeliz que no le cumplía por tener alguna queja de su trabajo o simplemente porque no le daba la gana. Ese guachimán conocía todos los chismes del barrio, pues en su relación con las empleadas domésticas se enteraba de cuanto pasaba en los hogares; además sabía a qué hora llegó don fulano caído de la perra, cómo fue la despedida de zutanita con el novio, se pateaba desde la calle las peleas del matrimonio de la esquina y conocía la situación económica de cada uno de los vecinos.
En el barrio La Camelia hizo historia El Topo, un hombrecito de baja estatura, arrugado como una pasa a pesar de su mediana edad, ñato y feo, pero con una simpatía natural. Hablaba como boquineto, sin serlo, y su indumentaria era bien particular: vestido de paño, que le regalaban las señoras de la cuadra cuando sus maridos los desechaban, botas de caucho amarillas, gabardina hasta el tobillo, ruana y bufanda. Del hombro colgaba un transistor con una cajita de madera adosada para las pilas, del cinto el machete y una linterna, y en la pretina escondía un revólver hechizo de un solo tiro, conocido como “chispún”. La cabeza iba cubierta con un casco amarillo de construcción y según él, antes de salir de la casa a enfrentar la noche y sus peligros, se mandaba un aguardiente con pólvora negra para combatir el miedo.
Todas las tardes, antes de anochecer, llegaba El Topo a la esquina de la calle 70, a una cuadra de la avenida Santander, para iniciar su recorrido por las calles que le correspondían. Ayudaba a abrir los garajes, a bajar mercados, colaboraba en matar un ratón en alguna casa, remojaba un antejardín y prestaba diferentes servicios. Ya entrada la noche, caminaba por todo el barrio y cada hora hacía sonar un pito para comprobarle al vecindario que cumplía con su deber.
Había un vecino que al llegar en su carro a la esquina de la avenida, miraba a ver si el celador le daba la espalda mientras caminaba por la mitad de la calle, como acostumbraba. Entonces apagaba motor y luces, bajaba rodado y se arrimaba hasta casi tocar al personaje, quien no lo oían porque mantenía el radio a todo volumen. En ese momento accionaba unas cornetas que tenía el carro a modo de pito y el pobre Topo pegaba un brinco que nos hacía doblar de la risa a quienes estuviéramos por ahí. Pues el celador se desquitó una noche que estábamos enfiestados en una casa del vecindario, rodeada de jardines y alejada de las demás residencias. Era media noche y había silencio porque todos estábamos reventando cariño, momento que aprovechó El Topo para hacer un tiro al aire con el fierro que cargaba. Esa vaina tronó como el cañón de un acorazado y puedo asegurar que a los varones presentes, el paro inherente a la situación casi se nos convierte en paro cardíaco.
pamear@telmex.net.co
miércoles, noviembre 30, 2011
Actualidad comentada.
Con la modalidad de periódicos y revistas en línea ya no es necesario oír noticias en radio o ver telenoticieros. Basta darle varias miradas durante el día a los medios electrónicos de preferencia para estar enterado de todo lo que sucede, con la opción de acceder a videos que muestran lo más relevante. Por romanticismo puede mantenerse la suscripción a un medio impreso y así tener el gusto de madrugar a recogerlo debajo de la puerta, ojearlo mientras disfruta de un café, untarse de tinta y sobre todo llevarlo al baño para hacer el crucigrama.
Puede suponerse que los medios impresos desaparecerán en un futuro, porque aunque en la actualidad es reducido el número de personas que tienen acceso a la red, está claro que con el avance de la tecnología y la rebaja en los precios de los equipos electrónicos, llegará el día que quienes tengan capacidad económica para adquirir periódicos y revistas, puedan acceder a esos mismos medios a través de las pantallas. Además, la situación del planeta exige reducir la tala de árboles utilizados para producir papel.
Lo cierto del caso es que con tanta información que tenemos a mano no queda tiempo sino para ojear titulares y profundizar sólo en aquellas noticias que llamen nuestra atención. Pues un vicio que he cogido en ese diario trasegar por los diferentes medios electrónicos, mientras recorro las primeras páginas, es hacerme comentarios mentales acerca de cada noticia. Por cierto, nunca se me ha ocurrido hacer una encuesta entre allegados a ver si comparten conmigo esa modalidad. Lo que sí puedo asegurar es que el ejercicio es entretenido y copio ejemplos de noticias recientes publicadas en varios medios nacionales; así aparecieron redactadas y entre paréntesis van mis comentarios.
La tercera parte de los alimentos en el mundo se desperdicia, según FAO (¡qué FEO!). El portal de internet Muchoviaje ya está en la red (ojalá salga pronto Muchavieja). Lucas Papademos es el nuevo primer ministro de Grecia (debería llamarse Papadenos). “Estoy hundida” le dice Valerie Domínguez a su ex novio en correos (y acaso quién fue el que la hundió, mamita). Mujer ha visto tres asaltos en buses, en menos de mes y medio (cualquier atracador han visto más). Piedad Córdova invitó a los estudiantes a continuar con el paro (¡negra zampada y oportunista!). Manizales y el suroccidente del país sin gas (como dicen los sardinos ¡GAS!). Demi Moore anuncia que se divorciará de Ashton Kutcher (¿y a mí qué?). Las hermanas Williams se presentan en Medellín (queda más fácil, y sale más barato, ir al zoológico de Pereira).
“No me inicié sexualmente con un joven en mi adolescencia”, Pelé (lo que nos faltaba: que Pelé sea dañao). Ecuador acusa a Uribe de querer hacer ver a Correa como “concesivo” con FARC (¿y esa vaina qué es?). Fonseca tiene un millón de amigos en Twitter (el sueño de Roberto Carlos). Cantante Adele se recupera de una cirugía en las cuerdas vocales (¿se las templarían?). Alias Timochenko nuevo comandante de las FARC (ya huele maluco). Cocinero de Gadafi reveló detalles de la vida sexual del ex dictador (conocedor de todo lo que se comía). Tecnología ayuda a descubrir mentirosos a través del rostro (eso ya existía: escupa y no se ría). Chapinero, ¿el enclave gay de Bogotá? (con decir que lo llaman Gaypinero, al supermercado Gayrulla y al gimnasio Bodygay). Españoles huyen a Argentina en busca de empleo (mientras no se vengan para acá…).
Fiesta de grado de colegio siguió a pesar de muerte de estudiante (como quien dice, el muerto al hoyo…). Hace mucho debió llegar el metro a Bogotá (¿cuándo salió?). 56 personas inscritas para ser Director Administrativo de la Cámara (y dónde se inscribe uno o qué…) Fantasma se apareció en estación de policía de Bogotá (seguro lo atracaron y fue a poner el denuncio). Elecciones de Egipto podrían ser de aquí a junio de 2012 (¡larguísimas!). Un bombero amenazó durante 7 horas con suicidarse en el norte de Bogotá (ese lo que quería era llamar la atención). Gaula rescata a defensor público que llevaba tres meses secuestrado (y ahora… ¿quién podrá defendernos?). Se cayó otro asesor de Petro por tener medida de aseguramiento (¿por esa bobada?). Asaltan a vendedor de casas (cuántas se le llevarían).
Teo Gutiérrez no mete goles, pero sí la pata en Argentina (corroncho lengüilargo). Rey de España sufrió accidente doméstico que le causó hematoma en un ojo (¿no sería más bien que la reina le dio un sopapo?). Manifestaciones en Egipto para pedir la dimisión de la Junta Militar (salieron de Guatemala…). Contraloría indagará a Mintransporte por emergencia en La Línea (no falta sino que le echen la culpa al Ministro). Congresistas sí deben tener un trato especial: Juan Manuel Corso (¡Qué pecaito!). Cubanos van a descubrir los créditos bancarios (no saben lo que les sube pierna arriba). Manizales registra los dos primeros quemados con pólvora (se les dijo, se les advirtió, se les re-co-men-dó…). “Las carreteras colombianas son un monumental retraso”: prensa inglesa (descubrieron que el agua moja). George Clooney dice que perdió la virginidad demasiado joven (dónde quedaría esa cachucha). ¿Cómo escoger frutas y verduras en el supermercado? (¡con plata!). “El ladrón me perseguía con la pistola afuera” (me late que se trataba de un exhibicionista).
pamear@telmex.net.co
Puede suponerse que los medios impresos desaparecerán en un futuro, porque aunque en la actualidad es reducido el número de personas que tienen acceso a la red, está claro que con el avance de la tecnología y la rebaja en los precios de los equipos electrónicos, llegará el día que quienes tengan capacidad económica para adquirir periódicos y revistas, puedan acceder a esos mismos medios a través de las pantallas. Además, la situación del planeta exige reducir la tala de árboles utilizados para producir papel.
Lo cierto del caso es que con tanta información que tenemos a mano no queda tiempo sino para ojear titulares y profundizar sólo en aquellas noticias que llamen nuestra atención. Pues un vicio que he cogido en ese diario trasegar por los diferentes medios electrónicos, mientras recorro las primeras páginas, es hacerme comentarios mentales acerca de cada noticia. Por cierto, nunca se me ha ocurrido hacer una encuesta entre allegados a ver si comparten conmigo esa modalidad. Lo que sí puedo asegurar es que el ejercicio es entretenido y copio ejemplos de noticias recientes publicadas en varios medios nacionales; así aparecieron redactadas y entre paréntesis van mis comentarios.
La tercera parte de los alimentos en el mundo se desperdicia, según FAO (¡qué FEO!). El portal de internet Muchoviaje ya está en la red (ojalá salga pronto Muchavieja). Lucas Papademos es el nuevo primer ministro de Grecia (debería llamarse Papadenos). “Estoy hundida” le dice Valerie Domínguez a su ex novio en correos (y acaso quién fue el que la hundió, mamita). Mujer ha visto tres asaltos en buses, en menos de mes y medio (cualquier atracador han visto más). Piedad Córdova invitó a los estudiantes a continuar con el paro (¡negra zampada y oportunista!). Manizales y el suroccidente del país sin gas (como dicen los sardinos ¡GAS!). Demi Moore anuncia que se divorciará de Ashton Kutcher (¿y a mí qué?). Las hermanas Williams se presentan en Medellín (queda más fácil, y sale más barato, ir al zoológico de Pereira).
“No me inicié sexualmente con un joven en mi adolescencia”, Pelé (lo que nos faltaba: que Pelé sea dañao). Ecuador acusa a Uribe de querer hacer ver a Correa como “concesivo” con FARC (¿y esa vaina qué es?). Fonseca tiene un millón de amigos en Twitter (el sueño de Roberto Carlos). Cantante Adele se recupera de una cirugía en las cuerdas vocales (¿se las templarían?). Alias Timochenko nuevo comandante de las FARC (ya huele maluco). Cocinero de Gadafi reveló detalles de la vida sexual del ex dictador (conocedor de todo lo que se comía). Tecnología ayuda a descubrir mentirosos a través del rostro (eso ya existía: escupa y no se ría). Chapinero, ¿el enclave gay de Bogotá? (con decir que lo llaman Gaypinero, al supermercado Gayrulla y al gimnasio Bodygay). Españoles huyen a Argentina en busca de empleo (mientras no se vengan para acá…).
Fiesta de grado de colegio siguió a pesar de muerte de estudiante (como quien dice, el muerto al hoyo…). Hace mucho debió llegar el metro a Bogotá (¿cuándo salió?). 56 personas inscritas para ser Director Administrativo de la Cámara (y dónde se inscribe uno o qué…) Fantasma se apareció en estación de policía de Bogotá (seguro lo atracaron y fue a poner el denuncio). Elecciones de Egipto podrían ser de aquí a junio de 2012 (¡larguísimas!). Un bombero amenazó durante 7 horas con suicidarse en el norte de Bogotá (ese lo que quería era llamar la atención). Gaula rescata a defensor público que llevaba tres meses secuestrado (y ahora… ¿quién podrá defendernos?). Se cayó otro asesor de Petro por tener medida de aseguramiento (¿por esa bobada?). Asaltan a vendedor de casas (cuántas se le llevarían).
Teo Gutiérrez no mete goles, pero sí la pata en Argentina (corroncho lengüilargo). Rey de España sufrió accidente doméstico que le causó hematoma en un ojo (¿no sería más bien que la reina le dio un sopapo?). Manifestaciones en Egipto para pedir la dimisión de la Junta Militar (salieron de Guatemala…). Contraloría indagará a Mintransporte por emergencia en La Línea (no falta sino que le echen la culpa al Ministro). Congresistas sí deben tener un trato especial: Juan Manuel Corso (¡Qué pecaito!). Cubanos van a descubrir los créditos bancarios (no saben lo que les sube pierna arriba). Manizales registra los dos primeros quemados con pólvora (se les dijo, se les advirtió, se les re-co-men-dó…). “Las carreteras colombianas son un monumental retraso”: prensa inglesa (descubrieron que el agua moja). George Clooney dice que perdió la virginidad demasiado joven (dónde quedaría esa cachucha). ¿Cómo escoger frutas y verduras en el supermercado? (¡con plata!). “El ladrón me perseguía con la pistola afuera” (me late que se trataba de un exhibicionista).
pamear@telmex.net.co
lunes, noviembre 21, 2011
Festival del correveidile.
A muchos manizaleños les dio por decir que nos cayó una maldición y se preguntan si nos poposió un pajarito, nos levantamos con el pie izquierdo o fue que matamos un cura, dizque porque la tragedia se ensañó con nuestra ciudad. Dicha situación la aprovechan medios de comunicación y lengüilargos de todo el país para darle rienda suelta a su amarillismo desbordado, y no es sino ver la lista de “tragedias” que mencionan para demostrar que esta ciudad está a punto de colapsar.
Lo sucedido en el tubo en San Francisco fue un accidente fatal ocurrido a los empleados de una empresa contratista que realizaba trabajos para la CHEC; por más señas fue en Chinchiná, no en Manizales. El incendio del barrio El Aguacate es un hecho lamentable que sucede con cierta frecuencia en cualquier lugar donde existan improvisadas viviendas construidas con madera. Otro incendio destruyó dos bodegas de la Industria Licorera y allí se consumieron toneladas de alcohol, pero si la aseguradora responde no es mucho lo que hay que lamentar. El problema del agua fue una emergencia, una dificultad, un problema mayor, una calamidad, pero de tragedia no tuvo nada. Tragedia la del barrio Cervantes, funesto episodio que gracias a programas de prevención desde hace mucho tiempo no se presentaba en Manizales.
Por una confusión al momento de informarse, el Presidente Santos dijo a todo el país que las muertes del Cervantes pudieron evitarse porque el barrio debió ser evacuado. Si la cosa es así, pienso que el 80% de la ciudad tiene que desalojarse de inmediato para evitar otra tragedia, porque con esta forma de llover en cualquier momento se viene otro derrumbe. Parece que los manizaleños no tuviéramos memoria: busco en internet y encuentro un informe presentado por la Alcaldía de Manizales y la Universidad Nacional, relacionado con la ola invernal de 1993. Sólo en mayo hubo 20 deslizamientos, para seguir con una racha trágica entre septiembre y diciembre, mes que se recuerda especialmente por el deslizamiento del barrio La Carolita.
Durante la crisis del agua es entendible que la gente se enfurezca y que mientras hacen la fila para llenar sus baldes se dediquen a renegar de los supuestos responsables, pero con cabeza fría debemos reconocer que durante muchos años hemos tenido un excelente servicio de acueducto y alcantarillado. Un problema coyuntural causó el inmenso traumatismo, y ojalá aparezcan los responsables y paguen por ello, pero eso no puede borrar de un plumazo el trabajo de anteriores gerentes y de tantos manizaleños que laboran con responsabilidad y entrega en Aguas de Manizales. Reflexionemos y tratemos de recordad cuántas veces nos hemos quedado sin el servicio de agua en la última década.
Por culpa de nosotros mismos nos convertimos en la comidilla de todo el mundo y en el centro de burlas, puyas y señalamientos. Lo que empezó con el cruce por los medios electrónicos de algunos montajes fotográficos, caricaturas y chistes, terminó en un grotesco espectáculo de sevicia y maledicencia. Que fulano me dijo, que si supiste, que cómo te parece, que se rumora… Pero nadie tiene pruebas concretas, nadie hace denuncias puntuales, no existen movimientos de protesta serios y comprometidos; tiramos la piedra y escondemos la mano. Las redes sociales se convirtieron en herramienta para desfogar ansiedades, para que los resentidos vomiten todo su veneno, para personalizar odios y rencores.
Estamos ante un linchamiento moral contra el alcalde y el gerente de la empresa del acueducto, sin pruebas y sin darles derecho a defenderse. Ahora quieren endilgarles también la responsabilidad por lo sucedido en el barrio Cervantes, cuando los organismos de control apenas investigan los hechos; llama la atención además que todo el mundo resultó experto en ingeniería hidráulica, en geología, en manejo de taludes y demás ciencias afines. Esperemos siquiera a tener los veredictos definitivos para entrar a juzgar, porque de seguir a este paso vamos a terminar comportándonos como miembros de la Inquisición o del Ku Kux Klan.
Me duele ver al alcalde y al gerente de Aguas de Manizales convertidos en blanco de habladurías procedentes de todas partes. Si las investigaciones demuestran que tienen responsabilidad en los hechos, ambos deberán responder por sus actos y seré el primero en juzgar su proceder. Es más, dije en una columna anterior que debieron arreglar el problema de la planta de Niza con mayor celeridad, pero ahora reconozco que ignoro sus argumentos para obrar como lo hicieron y por lo tanto no tengo elementos de juicio para dar un veredicto.
Al gerente del acueducto no lo conozco, mientras que del alcalde soy amigo desde que tengo uso de razón. Nuestros padres fueron los mejores camaradas y durante mi existencia he compartido con Juan momentos inolvidables, por lo que ahora no voy a salir a negarlo como el apóstol aquel. Nunca he tenido con él tratos comerciales o contractuales y puedo decir que en los últimos 10 años nos hemos visto en muy pocas ocasiones, pero los buenos amigos no necesitan juntarse para conservar su relación. Seguramente Juan Manuel enfrentará procesos y pesquisas en el futuro próximo, y de resultar responsable reprocharé su comportamiento, pero nunca le daré la espalda. Porque los amigos son hermanos escogidos por uno y a un hermano se le apoya en las buenas y en las malas.
pamear@telmex.net.co
Lo sucedido en el tubo en San Francisco fue un accidente fatal ocurrido a los empleados de una empresa contratista que realizaba trabajos para la CHEC; por más señas fue en Chinchiná, no en Manizales. El incendio del barrio El Aguacate es un hecho lamentable que sucede con cierta frecuencia en cualquier lugar donde existan improvisadas viviendas construidas con madera. Otro incendio destruyó dos bodegas de la Industria Licorera y allí se consumieron toneladas de alcohol, pero si la aseguradora responde no es mucho lo que hay que lamentar. El problema del agua fue una emergencia, una dificultad, un problema mayor, una calamidad, pero de tragedia no tuvo nada. Tragedia la del barrio Cervantes, funesto episodio que gracias a programas de prevención desde hace mucho tiempo no se presentaba en Manizales.
Por una confusión al momento de informarse, el Presidente Santos dijo a todo el país que las muertes del Cervantes pudieron evitarse porque el barrio debió ser evacuado. Si la cosa es así, pienso que el 80% de la ciudad tiene que desalojarse de inmediato para evitar otra tragedia, porque con esta forma de llover en cualquier momento se viene otro derrumbe. Parece que los manizaleños no tuviéramos memoria: busco en internet y encuentro un informe presentado por la Alcaldía de Manizales y la Universidad Nacional, relacionado con la ola invernal de 1993. Sólo en mayo hubo 20 deslizamientos, para seguir con una racha trágica entre septiembre y diciembre, mes que se recuerda especialmente por el deslizamiento del barrio La Carolita.
Durante la crisis del agua es entendible que la gente se enfurezca y que mientras hacen la fila para llenar sus baldes se dediquen a renegar de los supuestos responsables, pero con cabeza fría debemos reconocer que durante muchos años hemos tenido un excelente servicio de acueducto y alcantarillado. Un problema coyuntural causó el inmenso traumatismo, y ojalá aparezcan los responsables y paguen por ello, pero eso no puede borrar de un plumazo el trabajo de anteriores gerentes y de tantos manizaleños que laboran con responsabilidad y entrega en Aguas de Manizales. Reflexionemos y tratemos de recordad cuántas veces nos hemos quedado sin el servicio de agua en la última década.
Por culpa de nosotros mismos nos convertimos en la comidilla de todo el mundo y en el centro de burlas, puyas y señalamientos. Lo que empezó con el cruce por los medios electrónicos de algunos montajes fotográficos, caricaturas y chistes, terminó en un grotesco espectáculo de sevicia y maledicencia. Que fulano me dijo, que si supiste, que cómo te parece, que se rumora… Pero nadie tiene pruebas concretas, nadie hace denuncias puntuales, no existen movimientos de protesta serios y comprometidos; tiramos la piedra y escondemos la mano. Las redes sociales se convirtieron en herramienta para desfogar ansiedades, para que los resentidos vomiten todo su veneno, para personalizar odios y rencores.
Estamos ante un linchamiento moral contra el alcalde y el gerente de la empresa del acueducto, sin pruebas y sin darles derecho a defenderse. Ahora quieren endilgarles también la responsabilidad por lo sucedido en el barrio Cervantes, cuando los organismos de control apenas investigan los hechos; llama la atención además que todo el mundo resultó experto en ingeniería hidráulica, en geología, en manejo de taludes y demás ciencias afines. Esperemos siquiera a tener los veredictos definitivos para entrar a juzgar, porque de seguir a este paso vamos a terminar comportándonos como miembros de la Inquisición o del Ku Kux Klan.
Me duele ver al alcalde y al gerente de Aguas de Manizales convertidos en blanco de habladurías procedentes de todas partes. Si las investigaciones demuestran que tienen responsabilidad en los hechos, ambos deberán responder por sus actos y seré el primero en juzgar su proceder. Es más, dije en una columna anterior que debieron arreglar el problema de la planta de Niza con mayor celeridad, pero ahora reconozco que ignoro sus argumentos para obrar como lo hicieron y por lo tanto no tengo elementos de juicio para dar un veredicto.
Al gerente del acueducto no lo conozco, mientras que del alcalde soy amigo desde que tengo uso de razón. Nuestros padres fueron los mejores camaradas y durante mi existencia he compartido con Juan momentos inolvidables, por lo que ahora no voy a salir a negarlo como el apóstol aquel. Nunca he tenido con él tratos comerciales o contractuales y puedo decir que en los últimos 10 años nos hemos visto en muy pocas ocasiones, pero los buenos amigos no necesitan juntarse para conservar su relación. Seguramente Juan Manuel enfrentará procesos y pesquisas en el futuro próximo, y de resultar responsable reprocharé su comportamiento, pero nunca le daré la espalda. Porque los amigos son hermanos escogidos por uno y a un hermano se le apoya en las buenas y en las malas.
pamear@telmex.net.co
viernes, noviembre 18, 2011
¿Qué no hace nada?
Una mujer debe tener un empleo formal para que los demás no digan en forma despectiva que no hace nada, ya que nadie reconoce la labor que significa administrar un hogar, con todas sus arandelas y sacrificios. Basta comparar las tareas que realiza una ejecutiva durante su jornada laboral, con las que adelanta un ama de casa después de que el marido y los hijos salen a cumplir con sus deberes. Ni hablar de aquellas que además de desempeñar un trabajo externo, deben encargarse de administrar la casa.
Al hablar de nuestro Paisaje cultural cafetero salta a relucir el duro trabajo que realizan esos campesinos que se encargan de hacer productivas las parcelas, aunque a veces ni mencionan a las mujeres, quienes cumplen una jornada laboral que pocas personas podrían resistir. Mejor dejo que una de ellas relate cómo transcurre su día, y para ello le pico la lengua al preguntarle si después de que el marido sale para el corte a sudarla y a espantar mosquitos, ella se queda en la casa dándose la gran vida. Entonces responde con algo de rabia contenida:
¡Oín a este! ¿Dándome la gran vida?, no se le dé nada pa eso. Si aquí lo que toca es camellar o sino aquel se consigue otra que le marche. Fíjese que yo tengo que abrir el ojo de primeras, antes que los piones y que´l esposo, que debe madrugar a pelar café. Lo primero que hago, después de desperezame y limpiame las lagañas, es soplar las brazas del fogón a ver si puedo revivirlas sin tener que voliar china otra vez. Entoes monto la olla con el café pa despachales los tragos a todos, antes de que peguen pal corte, y muelo el maíz pa ir armando arepas y poniéndolas en la parrilla. Después dispierto a los niños pa que se arreglen mientras les preparo el desayuno, pa luego dales la bendición y mandalos pa la escuela.
En tiempo frío, como en los julios por ejemplo, debo defendeme sola, pero en cosecha sí me toca contratar a mi amá, a una hermana o cualesquier familiar que venga a dame una mano, porque yo sí le digo lo que es despachale los tres golpes a ese mundo de piones. Y eso no es todo, aguarde le cuento. Entoes apenitas se van los pelaos, córrale a preparar desayuno pa los trabajadores; con decile que en plena cosecha pueden venir hasta cincuenta cogedores, y con lo que traga esa gente trabada. Porque la mayoría se sopla su cacho antes de arrancar la jornada, quisque pa aguantar el voltaje, pero esa porquería lo que les da es un hambre la verrionda. Por eso al contratar la lata con ellos hay que dejales claro qué se les va a ofrecer, porque después empiezan a regatiar que porque les sirvieron bajita la taza de chocolate, que la carne está ñervuda, que los huevos son de paloma y mil jodas por el estilo.
Ahí pongo a mantequiar a la ayudante, pa poder dedicame un rato a tener todo bien arreglao en la casa; porque aquel parece muy buena papa, pero ni le cuento lo fregao que es. Con decile que apenas amanece dentra a fuagarse al servicio, después de pelar café, y como me toca encerrar pollos, gallinas y piscos todas las noches ahí pa que no se los roben ni se los coma el animal, ay de que se tope ese hombre con una rila porque se sale de los chiros. Por eso entre un oficio y otro toca limpiar el escusao hasta dejalo reluciente y así evitame esa cantaleta tan hijuemadre.
A las ocho de la mañana está el desayuno despachao, entoes dígase a pelar revuelto pa´l sancocho del almuerzo. Mientras tanto toca echale cuido a los marranos, desgranale unas mazorcas a las gallinas y a los perros les doy cualesquier bocao que sobre del desayuno. Por fortuna en cosecha el patrón contrata un muchacho al que llaman patiero, pa que colabore con los destinos que se ocurran cerca a la casa y lleve la bogadera al corte. A medio día toco una campana y se viene toda esa tropa a mandase la segunda curva, como dicen ellos.
Después de arreglar cocina dejo a la ayudante adelantando lo de la comida y me voy pa´l lavadero. Ahí restrego primero la ropa de la familia y después la de algunos piones a los que les cobro por pieza lavada y planchada; claro que eso es otra peliadera, porque los jediondos quieren que les queden esos trapos como recién compraos. Luego recojo la ropa que esté seca en las cuerdas, la plancho y me voy a despachar comida. Después ellos se quedan por ahí recochando, aunque debo abrir el ojo porque tengo dos niñas y en cualquier descuido un vergajo de esos es capaz de perjudicalas.
Antes de metese al cuartel algunos me compran gaseosa, tajada de torta, arepa con queso o plátano maduro y leche. Cuando por fin puedo acostame toca atender a aquel, que como buen pobre, no le faltan el hambre ni la gana de pegarse su culumpiada todas las noches. Y al otro día vuelve y juega, pa que venga usté a decir que yo me quedo aquí rascándome la barriga. ¡Va la madre!
pamear@telmex.net.co
Al hablar de nuestro Paisaje cultural cafetero salta a relucir el duro trabajo que realizan esos campesinos que se encargan de hacer productivas las parcelas, aunque a veces ni mencionan a las mujeres, quienes cumplen una jornada laboral que pocas personas podrían resistir. Mejor dejo que una de ellas relate cómo transcurre su día, y para ello le pico la lengua al preguntarle si después de que el marido sale para el corte a sudarla y a espantar mosquitos, ella se queda en la casa dándose la gran vida. Entonces responde con algo de rabia contenida:
¡Oín a este! ¿Dándome la gran vida?, no se le dé nada pa eso. Si aquí lo que toca es camellar o sino aquel se consigue otra que le marche. Fíjese que yo tengo que abrir el ojo de primeras, antes que los piones y que´l esposo, que debe madrugar a pelar café. Lo primero que hago, después de desperezame y limpiame las lagañas, es soplar las brazas del fogón a ver si puedo revivirlas sin tener que voliar china otra vez. Entoes monto la olla con el café pa despachales los tragos a todos, antes de que peguen pal corte, y muelo el maíz pa ir armando arepas y poniéndolas en la parrilla. Después dispierto a los niños pa que se arreglen mientras les preparo el desayuno, pa luego dales la bendición y mandalos pa la escuela.
En tiempo frío, como en los julios por ejemplo, debo defendeme sola, pero en cosecha sí me toca contratar a mi amá, a una hermana o cualesquier familiar que venga a dame una mano, porque yo sí le digo lo que es despachale los tres golpes a ese mundo de piones. Y eso no es todo, aguarde le cuento. Entoes apenitas se van los pelaos, córrale a preparar desayuno pa los trabajadores; con decile que en plena cosecha pueden venir hasta cincuenta cogedores, y con lo que traga esa gente trabada. Porque la mayoría se sopla su cacho antes de arrancar la jornada, quisque pa aguantar el voltaje, pero esa porquería lo que les da es un hambre la verrionda. Por eso al contratar la lata con ellos hay que dejales claro qué se les va a ofrecer, porque después empiezan a regatiar que porque les sirvieron bajita la taza de chocolate, que la carne está ñervuda, que los huevos son de paloma y mil jodas por el estilo.
Ahí pongo a mantequiar a la ayudante, pa poder dedicame un rato a tener todo bien arreglao en la casa; porque aquel parece muy buena papa, pero ni le cuento lo fregao que es. Con decile que apenas amanece dentra a fuagarse al servicio, después de pelar café, y como me toca encerrar pollos, gallinas y piscos todas las noches ahí pa que no se los roben ni se los coma el animal, ay de que se tope ese hombre con una rila porque se sale de los chiros. Por eso entre un oficio y otro toca limpiar el escusao hasta dejalo reluciente y así evitame esa cantaleta tan hijuemadre.
A las ocho de la mañana está el desayuno despachao, entoes dígase a pelar revuelto pa´l sancocho del almuerzo. Mientras tanto toca echale cuido a los marranos, desgranale unas mazorcas a las gallinas y a los perros les doy cualesquier bocao que sobre del desayuno. Por fortuna en cosecha el patrón contrata un muchacho al que llaman patiero, pa que colabore con los destinos que se ocurran cerca a la casa y lleve la bogadera al corte. A medio día toco una campana y se viene toda esa tropa a mandase la segunda curva, como dicen ellos.
Después de arreglar cocina dejo a la ayudante adelantando lo de la comida y me voy pa´l lavadero. Ahí restrego primero la ropa de la familia y después la de algunos piones a los que les cobro por pieza lavada y planchada; claro que eso es otra peliadera, porque los jediondos quieren que les queden esos trapos como recién compraos. Luego recojo la ropa que esté seca en las cuerdas, la plancho y me voy a despachar comida. Después ellos se quedan por ahí recochando, aunque debo abrir el ojo porque tengo dos niñas y en cualquier descuido un vergajo de esos es capaz de perjudicalas.
Antes de metese al cuartel algunos me compran gaseosa, tajada de torta, arepa con queso o plátano maduro y leche. Cuando por fin puedo acostame toca atender a aquel, que como buen pobre, no le faltan el hambre ni la gana de pegarse su culumpiada todas las noches. Y al otro día vuelve y juega, pa que venga usté a decir que yo me quedo aquí rascándome la barriga. ¡Va la madre!
pamear@telmex.net.co
miércoles, noviembre 09, 2011
Baño tipo traqueto.
Es de no creerse que en pleno siglo XXI una ciudad de casi 400 mil habitantes se quede sin suministro de agua durante tanto tiempo. Lo vemos a diario en barrios marginados del sur de Bogotá o en municipios alejados, pero que suceda en la capital de un departamento, una ciudad activa, próspera y pujante, es inaudito. Y lo paradójico es que siempre nos hemos ufanado de contar con una de las aguas más puras del mundo. Pero el problema no radica en la calidad de nuestro recurso hídrico, sino en el manejo que debe dársele para que llegue a todos los usuarios del municipio, incluidas veredas y viviendas rurales.
Ahora pienso que hemos tenido mucha suerte, porque desde hace varios años las temporadas invernales son cada vez más intensas y los “chorriaderos” se ven por todas partes. Y como los tubos que conducen el agua desde la planta de tratamiento de Gallinazo recorren varios kilómetros a través de potreros, laderas y bosques, además de atravesar ríos y quebradas, es casi un milagro que un tramo tan extenso no se haya visto afectado por ninguno de los tantos derrumbes o las avalanchas que han bajado por esos cauces.
Empiezan a aparecer documentos que demuestran las advertencias hechas por expertos sobre el peligro que amenazaba al acueducto, pruebas que ahora deberán investigar las autoridades para señalar responsables. Lo cierto es que el derrumbe ocurrió, la avalancha bajó por el río y destruyó los tubos, pero lo imperdonable es que la planta alterna estuviera fuera de servicio desde hace un año. Porque por más que quieran justificar la demora para realizar esa reparación, para el ciudadano del común es claro que debieron hacerla de inmediato con plata de la empresa, del municipio, del gobierno central o de donde fuera necesario conseguirla. Así nos hubiera tocado empeñar la catedral. Uno supone que pueden hacer un remiendo provisional, aunque sea con babas, para después proceder con tiempo a solucionar el problema de forma definitiva. Es de simple sentido común.
El caso es que la indignación de los manizaleños va “in crescendo” a medida que pasan los días y el agua no fluye por los grifos. Ni qué decir de la piedra que sentimos todos cuando, preciso en medio del corte, llegó la factura del agua. Cierto que los carros tanque recorren la ciudad, que la solidaridad de los bomberos de municipios y departamentos vecinos es oportuna, que las diferentes autoridades nacionales están pendientes y dispuestas, pero ese tipo de ayuda soluciona el problema apenas por encimita. Basta pensar qué soluciona una madre de familia que logra llenar un par de baldes con agua, después de perder medio día por hacer una fila interminable al sol y al agua, para que al llegar a su casa con el cargamento note que después de tanto esfuerzo, los recipientes perdieron buena parte de su contenido. Mayor será su desencanto al percatarse de que el remanente le alcanza para vaciar el inodoro, preparar una sopa y después lavarse los dientes.
Otra vaina bien jarta es tener que recurrir a diario al ahora famoso baño tipo traqueto: a punta de coca. Debido al clima de Manizales toca poner a calentar un poquito de agua, para después mezclarla con fría en un recipiente más grande. Sale uno bien despacio hacia el baño, para no regarla, y mientras busca la toalla y se empelota, el agua ya está destemplada. Entonces procede a echarse de a poquitos con una coca, por partes, para jabonarse cara, sobacos y horqueta; ahí empieza a tantear con los ojos cerrados a ver dónde está el recipiente para dosificar el agua y quitarse por completo el jabón, labor que siempre requiere más cantidad de la disponible. Mientras tirita de frío coge la toalla y al secarse, repara que le quedó espuma en una oreja, en las corvas y la espalda. Aquí la diferencia con la ducha es que mientras en ella uno canta y tararea, en este caso echa madres, reniega y despotrica.
Ahora debemos hacer fuerza para que el invierno no arrecie, porque pasaremos las noches en vela preocupados por la posibilidad que amanezcamos sin agua. Que el alcalde electo se comprometa a blindarnos contra semejante amenaza, porque aunque tenemos un agua excelente, no contamos con reservas. Para ello podría revivir el proyecto de represar la quebrada Olivares, en cercanías a la bocatoma de Río Blanco, y contar con un reservorio que además puede aprovecharse como sitio de recreo para la ciudadanía. Y que los dos conductos que traen el agua de Gallinazo recorran rutas diferentes para reducir el riesgo. Así, cuando el derrumbe se lleve un tubo, queda el otro.
De los tantos líos que deberá enfrentar Aguas de Manizales después de esta emergencia, hay uno que me intriga. Resulta que muchos edificios y conjuntos residenciales han gestionado el trasporte de agua para surtir sus tanques de reserva, líquido que es destinado a suplir las necesidades básicas. Pero como al ingresar el agua a las viviendas marca en los contadores, ¿cómo van a calcular ese consumo para descontarlo en las facturas? Porque si dicho servicio es sufragado con recursos particulares, no faltaría sino que además la empresa se lucrara al cobrar lo que se consiguió por otros medios. Ahí les dejo ese trompo en l´uña.
pamear@telmex.net.co
Ahora pienso que hemos tenido mucha suerte, porque desde hace varios años las temporadas invernales son cada vez más intensas y los “chorriaderos” se ven por todas partes. Y como los tubos que conducen el agua desde la planta de tratamiento de Gallinazo recorren varios kilómetros a través de potreros, laderas y bosques, además de atravesar ríos y quebradas, es casi un milagro que un tramo tan extenso no se haya visto afectado por ninguno de los tantos derrumbes o las avalanchas que han bajado por esos cauces.
Empiezan a aparecer documentos que demuestran las advertencias hechas por expertos sobre el peligro que amenazaba al acueducto, pruebas que ahora deberán investigar las autoridades para señalar responsables. Lo cierto es que el derrumbe ocurrió, la avalancha bajó por el río y destruyó los tubos, pero lo imperdonable es que la planta alterna estuviera fuera de servicio desde hace un año. Porque por más que quieran justificar la demora para realizar esa reparación, para el ciudadano del común es claro que debieron hacerla de inmediato con plata de la empresa, del municipio, del gobierno central o de donde fuera necesario conseguirla. Así nos hubiera tocado empeñar la catedral. Uno supone que pueden hacer un remiendo provisional, aunque sea con babas, para después proceder con tiempo a solucionar el problema de forma definitiva. Es de simple sentido común.
El caso es que la indignación de los manizaleños va “in crescendo” a medida que pasan los días y el agua no fluye por los grifos. Ni qué decir de la piedra que sentimos todos cuando, preciso en medio del corte, llegó la factura del agua. Cierto que los carros tanque recorren la ciudad, que la solidaridad de los bomberos de municipios y departamentos vecinos es oportuna, que las diferentes autoridades nacionales están pendientes y dispuestas, pero ese tipo de ayuda soluciona el problema apenas por encimita. Basta pensar qué soluciona una madre de familia que logra llenar un par de baldes con agua, después de perder medio día por hacer una fila interminable al sol y al agua, para que al llegar a su casa con el cargamento note que después de tanto esfuerzo, los recipientes perdieron buena parte de su contenido. Mayor será su desencanto al percatarse de que el remanente le alcanza para vaciar el inodoro, preparar una sopa y después lavarse los dientes.
Otra vaina bien jarta es tener que recurrir a diario al ahora famoso baño tipo traqueto: a punta de coca. Debido al clima de Manizales toca poner a calentar un poquito de agua, para después mezclarla con fría en un recipiente más grande. Sale uno bien despacio hacia el baño, para no regarla, y mientras busca la toalla y se empelota, el agua ya está destemplada. Entonces procede a echarse de a poquitos con una coca, por partes, para jabonarse cara, sobacos y horqueta; ahí empieza a tantear con los ojos cerrados a ver dónde está el recipiente para dosificar el agua y quitarse por completo el jabón, labor que siempre requiere más cantidad de la disponible. Mientras tirita de frío coge la toalla y al secarse, repara que le quedó espuma en una oreja, en las corvas y la espalda. Aquí la diferencia con la ducha es que mientras en ella uno canta y tararea, en este caso echa madres, reniega y despotrica.
Ahora debemos hacer fuerza para que el invierno no arrecie, porque pasaremos las noches en vela preocupados por la posibilidad que amanezcamos sin agua. Que el alcalde electo se comprometa a blindarnos contra semejante amenaza, porque aunque tenemos un agua excelente, no contamos con reservas. Para ello podría revivir el proyecto de represar la quebrada Olivares, en cercanías a la bocatoma de Río Blanco, y contar con un reservorio que además puede aprovecharse como sitio de recreo para la ciudadanía. Y que los dos conductos que traen el agua de Gallinazo recorran rutas diferentes para reducir el riesgo. Así, cuando el derrumbe se lleve un tubo, queda el otro.
De los tantos líos que deberá enfrentar Aguas de Manizales después de esta emergencia, hay uno que me intriga. Resulta que muchos edificios y conjuntos residenciales han gestionado el trasporte de agua para surtir sus tanques de reserva, líquido que es destinado a suplir las necesidades básicas. Pero como al ingresar el agua a las viviendas marca en los contadores, ¿cómo van a calcular ese consumo para descontarlo en las facturas? Porque si dicho servicio es sufragado con recursos particulares, no faltaría sino que además la empresa se lucrara al cobrar lo que se consiguió por otros medios. Ahí les dejo ese trompo en l´uña.
pamear@telmex.net.co
miércoles, noviembre 02, 2011
Palabras, dichos y expresiones.
El idioma evoluciona y cada generación aporta nuevas palabras, las cuales en un principio aparecen en boca de unos pocos pero con el paso del tiempo se generalizan en los diferentes estratos de la población. Un ejemplo claro en la actualidad es “parce”, que viene de “parcero”, vocablo utilizado inicialmente entre sicarios y jíbaros de las comunas de Medellín, pero que por alguna razón le gustó a la juventud y llegó a convertirse en una manera común de trato entre ellos. Ahora los muchachos, e incluso muchas niñas, no se dirigen al amigo con el apelativo de compa, llave, pana, socio, pinta o amistad, sino que utilizan la mencionada palabreja. Algunas de esas expresiones tienen su cuarto de hora y después desaparecen en el olvido, mientras otras hacen carrera y al cabo del tiempo encuentran cabida en el diccionario de la academia.
Lo que produce tristeza es ver cómo muchas de las palabras, dichos y expresiones que utilizaban nuestros mayores son desconocidas para los jóvenes y niños actuales, quienes muchas veces ponen cara de extrañeza al oírnos pronunciarlas. Vocablos agradables, sonoros y expresivos que se pierden en la bruma del tiempo, son una herencia cultural que no debemos abandonar; basta con utilizarlos en casa, explicarlos a quienes los desconozcan, repetirlos e inculcarlos entre nuestra descendencia, porque de esa manera fue como los conocimos nosotros. En nuestras manos está evitar que muchas de esas expresiones mueran con nuestra generación. Van algunos ejemplos:
Tengo entendido que Mirús fue un personaje que asaltaba a los viajeros en los antiguos caminos de herradura, y quien debido a su audacia se convirtió en una leyenda de su época. Durante mucho tiempo, cuando alguien se enfrentaba con algo difícil de realizar, decía: ¡lo hará Mirús!; o al desconocer una respuesta: ¡sabrá Mirús! El diablo también era muy recurrido para este tipo de comparaciones, pero con el apelativo de “el patas”: ¡sabrá el patas! En cambio ahora le cambiaron una letra a este último y “el putas” desplazó a todos los anteriores. Para referirnos a un lugar apartado decíamos queda en la porra, y si la distancia era mucha lo aumentábamos a la quinta porra. Al hablar de algo que causaba extrañeza o curiosidad decíamos que nos daba golpe; y al preguntar por el camino que había tomado alguien preferíamos decir ¿para dónde pegó? Nuestros mayores, para referirse a una joven que no fuera bonita pero que se destacara por su distinción, inteligencia y carisma, decían que era una muchacha muy célebre.
No me tocó la época en que usaban las palabras flux o encapillado para referirse al vestido elegante, y en cambio acostumbrábamos decirle a quien estaba muy cachaco que se había puesto el baúl y la tapa. Cuando un mocoso tenía mal semblante por enfermedad, nuestras madres decían que estaba traspillao; si tenían una preocupación la llamaban entripao o capilla; no sentían nervios sino pensión; y si uno hablaba mal de alguien o se burlaba de algo, ellas simplemente rogaban: muchachitos, ¡tengan caridad! Observar o mirar era atisbar y a los púberes les decían pollos y pollas; ñurido a lo insignificante, pelle a lo muy gastado o de mal gusto, atembao o temba al muy pendejo, cargazón a la mercancía ordinaria y cagalástimas a quien se quejaba mucho.
Los gamines de ahora se llamaban chinches; los indigentes, que también nombran despectivamente desechables, eran limosneros; al celador le decíamos guachimán; a los policías polochos, la patrulla en la que hacían redadas la bola y los detenidos iban a parar al permanente o permanencia. Algo muy fácil era mamey o pilao; lo que producía cualquier negocio en un día se llamaba realíz; la cuelga era el regalo de cumpleaños; las señoras se patoniaban cuando caminaban mucho; se ponían güetes de la felicidad; no les daba rabia sino soberbia; y a un tipo bien plantado le decían pispo. Lo que ahora llaman un viejo gagá era un chuchumeco y los amigos se reunían a raniar en sus tertulias.
Al muchachito que estaba flaco y enclenque le decían langaruto o entelerido, y lo ponían a dieta de engorde a ver si embarnecía. Al introvertido lo llamaban cusumbosolo, a hurgarse la nariz colmeniar, a las pataletas berrinche, al muy mimado tata, a la guachafita patanería, enguanda era algo complicado y de mucho trabajo, a estar muy atareadas le decían julepe, a los calores de la menopausia resisterio, a los órganos sexuales “las partes”, y otra forma de referirse a ellos era decir por ejemplo: a fulanita la operaron de “por allá”. Cuando alguien quedaba muy bien retratado en una pintura decían: ¡está que habla!; y cuando la mamá requería que uno le pasara alguna cosa y se le olvidaba el nombre del objeto, después de tratar de acordarse y en medio del ofusque, pedía el cocianfirulo o el chuflí.
Recuerdo que mi mamá, siempre que iba a salir, se miraba en el espejo para retocarse el maquillaje, observar el estado de su vestimenta y mientras se daba la vuelta, le preguntaba a alguno de los hijos que estuviera a mano: mijo, ¿se me ve la combinación? Y como en aquella época al dinero necesario para emprender cualquier aventura comercial se le llamaba principal, ella decía con malicia: El matrimonio es un negocio donde el marido pone “el principal”.
pamear@telmex.net.co
Lo que produce tristeza es ver cómo muchas de las palabras, dichos y expresiones que utilizaban nuestros mayores son desconocidas para los jóvenes y niños actuales, quienes muchas veces ponen cara de extrañeza al oírnos pronunciarlas. Vocablos agradables, sonoros y expresivos que se pierden en la bruma del tiempo, son una herencia cultural que no debemos abandonar; basta con utilizarlos en casa, explicarlos a quienes los desconozcan, repetirlos e inculcarlos entre nuestra descendencia, porque de esa manera fue como los conocimos nosotros. En nuestras manos está evitar que muchas de esas expresiones mueran con nuestra generación. Van algunos ejemplos:
Tengo entendido que Mirús fue un personaje que asaltaba a los viajeros en los antiguos caminos de herradura, y quien debido a su audacia se convirtió en una leyenda de su época. Durante mucho tiempo, cuando alguien se enfrentaba con algo difícil de realizar, decía: ¡lo hará Mirús!; o al desconocer una respuesta: ¡sabrá Mirús! El diablo también era muy recurrido para este tipo de comparaciones, pero con el apelativo de “el patas”: ¡sabrá el patas! En cambio ahora le cambiaron una letra a este último y “el putas” desplazó a todos los anteriores. Para referirnos a un lugar apartado decíamos queda en la porra, y si la distancia era mucha lo aumentábamos a la quinta porra. Al hablar de algo que causaba extrañeza o curiosidad decíamos que nos daba golpe; y al preguntar por el camino que había tomado alguien preferíamos decir ¿para dónde pegó? Nuestros mayores, para referirse a una joven que no fuera bonita pero que se destacara por su distinción, inteligencia y carisma, decían que era una muchacha muy célebre.
No me tocó la época en que usaban las palabras flux o encapillado para referirse al vestido elegante, y en cambio acostumbrábamos decirle a quien estaba muy cachaco que se había puesto el baúl y la tapa. Cuando un mocoso tenía mal semblante por enfermedad, nuestras madres decían que estaba traspillao; si tenían una preocupación la llamaban entripao o capilla; no sentían nervios sino pensión; y si uno hablaba mal de alguien o se burlaba de algo, ellas simplemente rogaban: muchachitos, ¡tengan caridad! Observar o mirar era atisbar y a los púberes les decían pollos y pollas; ñurido a lo insignificante, pelle a lo muy gastado o de mal gusto, atembao o temba al muy pendejo, cargazón a la mercancía ordinaria y cagalástimas a quien se quejaba mucho.
Los gamines de ahora se llamaban chinches; los indigentes, que también nombran despectivamente desechables, eran limosneros; al celador le decíamos guachimán; a los policías polochos, la patrulla en la que hacían redadas la bola y los detenidos iban a parar al permanente o permanencia. Algo muy fácil era mamey o pilao; lo que producía cualquier negocio en un día se llamaba realíz; la cuelga era el regalo de cumpleaños; las señoras se patoniaban cuando caminaban mucho; se ponían güetes de la felicidad; no les daba rabia sino soberbia; y a un tipo bien plantado le decían pispo. Lo que ahora llaman un viejo gagá era un chuchumeco y los amigos se reunían a raniar en sus tertulias.
Al muchachito que estaba flaco y enclenque le decían langaruto o entelerido, y lo ponían a dieta de engorde a ver si embarnecía. Al introvertido lo llamaban cusumbosolo, a hurgarse la nariz colmeniar, a las pataletas berrinche, al muy mimado tata, a la guachafita patanería, enguanda era algo complicado y de mucho trabajo, a estar muy atareadas le decían julepe, a los calores de la menopausia resisterio, a los órganos sexuales “las partes”, y otra forma de referirse a ellos era decir por ejemplo: a fulanita la operaron de “por allá”. Cuando alguien quedaba muy bien retratado en una pintura decían: ¡está que habla!; y cuando la mamá requería que uno le pasara alguna cosa y se le olvidaba el nombre del objeto, después de tratar de acordarse y en medio del ofusque, pedía el cocianfirulo o el chuflí.
Recuerdo que mi mamá, siempre que iba a salir, se miraba en el espejo para retocarse el maquillaje, observar el estado de su vestimenta y mientras se daba la vuelta, le preguntaba a alguno de los hijos que estuviera a mano: mijo, ¿se me ve la combinación? Y como en aquella época al dinero necesario para emprender cualquier aventura comercial se le llamaba principal, ella decía con malicia: El matrimonio es un negocio donde el marido pone “el principal”.
pamear@telmex.net.co
jueves, octubre 27, 2011
Dos asunticos.
Primer asunto: por fortuna el Senado de la República hundió el proyecto de ley que proponía condenar de nuevo el aborto en las tres modalidades que la Corte Constitucional despenalizó anteriormente. Una comisión compuesta por 18 congresistas, entre los que había una sola mujer, discutió la iniciativa presentada por el partido conservador; por cierto, algunos integrantes del partido azul parecen haber regresado a tiempos de la inquisición.
Todo indica que detrás del andamiaje está el Procurador Ordoñez, un rezandero consumado que no ofrece garantías de imparcialidad; absurdo que unos pocos decidan por todo un pueblo, sin tener en cuenta la opinión de los millones de personas que pueden verse afectadas por un asunto tan delicado. Oír las declaraciones de Enrique Gómez Hurtado produce rabia e indignación, por la forma como defendió la controversial iniciativa; decir que ahora todas las mujeres que quieran suspender un embarazo alegarán haber sido violadas bajo la amenaza de una pistola en sus cabezas, es un acto de cinismo y desconsideración. Torquemada se quedó en palotes.
Nuestra carta magna dice que somos un estado laico, aunque eso sólo parece cumplirse sobre el papel porque la realidad es que aquí dan por supuesto que todos somos católicos, apostólicos y romanos, y además practicantes. Los jerarcas de la iglesia meten basa en los asuntos de estado y pontifican como si tuvieran la última palabra, sin tener en cuenta que entre la población hay ateos, agnósticos, practicantes de otras religiones, satanistas, indecisos, libres pensadores, impíos, nihilistas, etc. Ahora propone la “godarria” derrotada un referendo nacional para definir la política a seguir en el caso del aborto, que es lo que debieron pensar desde un principio para que decidamos entre todos.
Cómo le parece, en el siglo XXI y que una niña menor de edad sea obligada a llevar a término un embarazo no deseado para que al final entregue su hijo en adopción; aparte del trauma de la violación, sufrir la gestación a una temprana edad y rematar con el dolor de desprenderse del bebé recién nacido. Y qué tal una pareja joven obligada a recibir un hijo con malformaciones, lo que hará muy difícil la existencia para todo el grupo familiar, sin contar los costos económicos que ello representa. O una madre saludable, a lo mejor con varios hijos ya, que no pueda suspender un embarazo que pone en riesgo su vida y el porvenir de su familia. Pretendían castigar además métodos anticonceptivos como la píldora del día después, o tratamientos de fertilidad para quienes tienen dificultad de engendrar hijos. Sólo les faltó amenazar con el sambenito, el potro y la hoguera.
En estos casos quienes salen perjudicadas son las personas de escasos recursos económicos, porque el rico consigue quién le practique el aborto en condiciones de seguridad o viaja al exterior donde el procedimiento sea permitido. Mientras tanto la muchacha humilde que es violada y obligada a parir, terminará sus días de empleada del servicio para conseguir con qué pagar una persona que le cuide el muchachito. Que la iglesia amenace con excomulgar a quienes no cumplan sus normas, que les prometa el fuego eterno, que los expulse de sus templos, pero ante todo que respete el libre albedrío.
Segundo asunto: elegimos pronto gobernador, alcaldes, concejales y diputados, quienes tendrán la responsabilidad de iniciar el rescate del buen nombre de nuestro terruño, ese que durante tanto tiempo ostentamos ante el resto del país. El departamento modelo; de gente honesta, trabajadora y señorial; meridiano cultural; pueblo de principios y convicciones; seguidor de buenas costumbres, amable y ancestral. Así nos veían antes de quedar señalados como nido de ratas, foco de corrupción y sinónimo de desgreño administrativo.
Y debemos asumirlo porque somos nosotros quienes hemos elegido a esos que nos han hecho quedar tan mal; los que buscaron el beneficio propio antes que el general, que desfalcaron las arcas públicas y acabaron con lo más sagrado que teníamos: el buen nombre. Cambiar esa percepción llevará tiempo, sudor y lágrimas, pero algún día hay que dar el primer paso y esta es la oportunidad. Cada ciudadano debe tomar conciencia de la responsabilidad que tiene, porque después sólo nos quedará llorar sobre la leche derramada.
Desde un principio me gustó Héctor Jaime Pinilla para alcalde. Lástima que las cosas no han dado como esperábamos sus seguidores, e imagino que fue por falta de tiempo para convencer y asegurar ese voto cívico e independiente que tanta falta hace a la democracia. Siempre tuve claro que enfrentarse a candidatos que reciben apoyo de coaliciones políticas es arriesgado, porque la competencia es muy desigual. Mientras el candidato independiente debe empezar de cero, en cuanto a número de seguidores se refiere, los otros cuentan con una gran cantidad de votos amarrados que aportan quienes los avalan.
Para gobernador creo que el indicado es Gabriel Vallejo. Miembro de una distinguida familia manizaleña, estudioso y con amplio recorrido en el campo ejecutivo, ha desempeñado con éxito diferentes cargos en varios países y además le pasan al teléfono los poderosos en Bogotá, algo muy importante al momento de ejercer un cargo público. Conocí a Rojas y me pareció un joven comprometido y emprendedor; Guido Echeverry es reconocido como persona honorable; y de Mancera no tengo información. Los que no me gustan son algunos de quienes los respaldan.
Todo indica que detrás del andamiaje está el Procurador Ordoñez, un rezandero consumado que no ofrece garantías de imparcialidad; absurdo que unos pocos decidan por todo un pueblo, sin tener en cuenta la opinión de los millones de personas que pueden verse afectadas por un asunto tan delicado. Oír las declaraciones de Enrique Gómez Hurtado produce rabia e indignación, por la forma como defendió la controversial iniciativa; decir que ahora todas las mujeres que quieran suspender un embarazo alegarán haber sido violadas bajo la amenaza de una pistola en sus cabezas, es un acto de cinismo y desconsideración. Torquemada se quedó en palotes.
Nuestra carta magna dice que somos un estado laico, aunque eso sólo parece cumplirse sobre el papel porque la realidad es que aquí dan por supuesto que todos somos católicos, apostólicos y romanos, y además practicantes. Los jerarcas de la iglesia meten basa en los asuntos de estado y pontifican como si tuvieran la última palabra, sin tener en cuenta que entre la población hay ateos, agnósticos, practicantes de otras religiones, satanistas, indecisos, libres pensadores, impíos, nihilistas, etc. Ahora propone la “godarria” derrotada un referendo nacional para definir la política a seguir en el caso del aborto, que es lo que debieron pensar desde un principio para que decidamos entre todos.
Cómo le parece, en el siglo XXI y que una niña menor de edad sea obligada a llevar a término un embarazo no deseado para que al final entregue su hijo en adopción; aparte del trauma de la violación, sufrir la gestación a una temprana edad y rematar con el dolor de desprenderse del bebé recién nacido. Y qué tal una pareja joven obligada a recibir un hijo con malformaciones, lo que hará muy difícil la existencia para todo el grupo familiar, sin contar los costos económicos que ello representa. O una madre saludable, a lo mejor con varios hijos ya, que no pueda suspender un embarazo que pone en riesgo su vida y el porvenir de su familia. Pretendían castigar además métodos anticonceptivos como la píldora del día después, o tratamientos de fertilidad para quienes tienen dificultad de engendrar hijos. Sólo les faltó amenazar con el sambenito, el potro y la hoguera.
En estos casos quienes salen perjudicadas son las personas de escasos recursos económicos, porque el rico consigue quién le practique el aborto en condiciones de seguridad o viaja al exterior donde el procedimiento sea permitido. Mientras tanto la muchacha humilde que es violada y obligada a parir, terminará sus días de empleada del servicio para conseguir con qué pagar una persona que le cuide el muchachito. Que la iglesia amenace con excomulgar a quienes no cumplan sus normas, que les prometa el fuego eterno, que los expulse de sus templos, pero ante todo que respete el libre albedrío.
Segundo asunto: elegimos pronto gobernador, alcaldes, concejales y diputados, quienes tendrán la responsabilidad de iniciar el rescate del buen nombre de nuestro terruño, ese que durante tanto tiempo ostentamos ante el resto del país. El departamento modelo; de gente honesta, trabajadora y señorial; meridiano cultural; pueblo de principios y convicciones; seguidor de buenas costumbres, amable y ancestral. Así nos veían antes de quedar señalados como nido de ratas, foco de corrupción y sinónimo de desgreño administrativo.
Y debemos asumirlo porque somos nosotros quienes hemos elegido a esos que nos han hecho quedar tan mal; los que buscaron el beneficio propio antes que el general, que desfalcaron las arcas públicas y acabaron con lo más sagrado que teníamos: el buen nombre. Cambiar esa percepción llevará tiempo, sudor y lágrimas, pero algún día hay que dar el primer paso y esta es la oportunidad. Cada ciudadano debe tomar conciencia de la responsabilidad que tiene, porque después sólo nos quedará llorar sobre la leche derramada.
Desde un principio me gustó Héctor Jaime Pinilla para alcalde. Lástima que las cosas no han dado como esperábamos sus seguidores, e imagino que fue por falta de tiempo para convencer y asegurar ese voto cívico e independiente que tanta falta hace a la democracia. Siempre tuve claro que enfrentarse a candidatos que reciben apoyo de coaliciones políticas es arriesgado, porque la competencia es muy desigual. Mientras el candidato independiente debe empezar de cero, en cuanto a número de seguidores se refiere, los otros cuentan con una gran cantidad de votos amarrados que aportan quienes los avalan.
Para gobernador creo que el indicado es Gabriel Vallejo. Miembro de una distinguida familia manizaleña, estudioso y con amplio recorrido en el campo ejecutivo, ha desempeñado con éxito diferentes cargos en varios países y además le pasan al teléfono los poderosos en Bogotá, algo muy importante al momento de ejercer un cargo público. Conocí a Rojas y me pareció un joven comprometido y emprendedor; Guido Echeverry es reconocido como persona honorable; y de Mancera no tengo información. Los que no me gustan son algunos de quienes los respaldan.
miércoles, octubre 19, 2011
Marranos per sécula.
Qué habrá más desalentador que oír decir que nuestro electrodoméstico no tiene remedio y que lo mejor es comprar uno nuevo. Crecí en una sociedad donde las cosas se arreglaban y por ello en mi casa muchos aparatos no fueron al taller; el secador del pelo, la plancha, la licuadora o el transistor, en la mayoría de los casos se arreglaban al corregirles una soldadura o cambiarles el suiche. Lo triste es que ahora los aparatos duran muy poco y añoramos aquellos electrodomésticos que nos prestaron servicio durante varias décadas, con sólo hacerles mantenimiento preventivo o cambiarles alguna pieza.
Cada vez nos parecemos más a los consumidores del primer mundo que practican aquello de comprar, usar y botar, ya que en dicha práctica radica el éxito de la economía mundial, que con el consumismo como herramienta principal pone a la gente a comprar por comprar. Y aunque siempre hemos sospechado que los productos tienen un tiempo determinado de uso, produce indignación ver un documental en internet donde personas calificadas explican cómo es la historia de la obsolescencia programada, que nació de la mano de la revolución industrial, la producción en masa y la sociedad de consumo. Ya en 1928 un artículo de prensa alertó sobre los productos de larga duración, catalogados como una tragedia para los industriales. Pero que sean los ejemplos que presenta el video los encargados de contarnos cómo funciona el asunto (ver en Youtube: “comprar, tirar, comprar”; duración, 52 minutos).
En 1879 Tomas Edison inventa la bombilla eléctrica y promete una duración de 1500 horas de uso; en la década de 1920 los fabricantes aumentaron el ciclo a 2500 horas y por la misma época se crea en Ginebra una sociedad llamada Phoebus, con el fin de controlar el ciclo de vida de las bombillas. Nace además el “Comité regulador de horas”, encargado de multar a las compañías que excedan los límites de duración establecidos. De todo esto existen pruebas porque un historiador alemán encontró en un archivo copias de actas de juntas, listas de compañías multadas, montos de las sanciones, etc. Lo peor es que conocedores del tema aseguran que Phoebus aún existe, aunque el nombre ha sido cambiado en varias ocasiones para ocultar su rastro.
La prueba de lo que puede durar una bombilla está en un cuartel de bomberos de una población en California, donde descubrieron en 1971 una bombilla instalada en 1901 y que desde entonces estuvo encendida. Procedieron a monitorearla con cámara web y en 2001, cuando cumplió 100 años de funcionamiento, ya iba por la tercera cámara porque las anteriores se fundieron. Los seguidores del artefacto celebraron su centenario con fiesta, torta y velitas, y el lugar es ahora un santuario para los enemigos de la obsolescencia programada.
En 1940 la Dupont presenta el nailon, una fibra sintética usada entre otras cosas para fabricar medias de mujer. En un principio la publicidad mostraba cómo se utilizaban varias medias amarradas entre sí para remolcar un carro; así eran de resistentes. Poco tiempo pasó para que las directivas de la empresa ordenaran a ingenieros y diseñadores producir una fibra mucho menos duradera, a pesar del orgullo que sentían todos por haber descubierto un producto tan maravilloso.
Afortunadamente este abuso se topó ahora con una juventud inquieta y conocedora de la tecnología, que no se deja engañar. La impresora de un joven español deja de funcionar un día cualquiera, sin causa aparente. Después de buscar quién la arregle y de que le digan en repetidas ocasiones que lo mejor es comprar una nueva, el tipo, que entiende del tema, escudriña en internet hasta enterarse de que a esos aparatos les montan un chip encargado de contar las impresiones y que al llegar a cierto número, dejan de funcionar. Siguió con su investigación y encontró en la red a un ruso que le ofreció un software para reiniciar el contador, lo instaló, y la máquina empezó a operar de nuevo.
En Estados Unidos un adolescente compra un iPod con sus ahorros y a los tres meses el aparato se queda sin batería. Quiere reponerla pero le informan que no la venden y que debe adquirir un equipo completo, por lo que decide recorrer las calles con una plantilla y pintura, para plasmar su denuncia encima de la publicidad que promociona dichos adminículos. Acto seguido produce un video con la historia y lo monta en Youtube, el cual reporta tres millones de visitas en un mes. Una abogada se interesa por el tema, reúne a un grupo de inconformes y demanda a la empresa Apple, la cual debe aumentar la garantía y pagar las demandas económicas correspondientes.
La obsolescencia programada perdurará mientras existamos marranos que le sigamos el juego, porque está claro que entre los consumidores son muy poquitos los que proceden como los jóvenes mencionados. Los demás nos quedamos viendo un chispero y no encontramos otra opción diferente a reponer el aparato dañado, mientras la basura electrónica inunda a países como Ghana, que recibe al año miles de toneladas de equipos que reportan como de segunda mano, pero que en realidad sólo unos pocos son recuperables.
Y mientras el planeta se intoxica, la gente hace fila y acude al crédito de ser necesario, para comprar lo que le ofrezcan sin siquiera preguntarse si de verdad lo necesita.
pamear@telmex.net.co
Cada vez nos parecemos más a los consumidores del primer mundo que practican aquello de comprar, usar y botar, ya que en dicha práctica radica el éxito de la economía mundial, que con el consumismo como herramienta principal pone a la gente a comprar por comprar. Y aunque siempre hemos sospechado que los productos tienen un tiempo determinado de uso, produce indignación ver un documental en internet donde personas calificadas explican cómo es la historia de la obsolescencia programada, que nació de la mano de la revolución industrial, la producción en masa y la sociedad de consumo. Ya en 1928 un artículo de prensa alertó sobre los productos de larga duración, catalogados como una tragedia para los industriales. Pero que sean los ejemplos que presenta el video los encargados de contarnos cómo funciona el asunto (ver en Youtube: “comprar, tirar, comprar”; duración, 52 minutos).
En 1879 Tomas Edison inventa la bombilla eléctrica y promete una duración de 1500 horas de uso; en la década de 1920 los fabricantes aumentaron el ciclo a 2500 horas y por la misma época se crea en Ginebra una sociedad llamada Phoebus, con el fin de controlar el ciclo de vida de las bombillas. Nace además el “Comité regulador de horas”, encargado de multar a las compañías que excedan los límites de duración establecidos. De todo esto existen pruebas porque un historiador alemán encontró en un archivo copias de actas de juntas, listas de compañías multadas, montos de las sanciones, etc. Lo peor es que conocedores del tema aseguran que Phoebus aún existe, aunque el nombre ha sido cambiado en varias ocasiones para ocultar su rastro.
La prueba de lo que puede durar una bombilla está en un cuartel de bomberos de una población en California, donde descubrieron en 1971 una bombilla instalada en 1901 y que desde entonces estuvo encendida. Procedieron a monitorearla con cámara web y en 2001, cuando cumplió 100 años de funcionamiento, ya iba por la tercera cámara porque las anteriores se fundieron. Los seguidores del artefacto celebraron su centenario con fiesta, torta y velitas, y el lugar es ahora un santuario para los enemigos de la obsolescencia programada.
En 1940 la Dupont presenta el nailon, una fibra sintética usada entre otras cosas para fabricar medias de mujer. En un principio la publicidad mostraba cómo se utilizaban varias medias amarradas entre sí para remolcar un carro; así eran de resistentes. Poco tiempo pasó para que las directivas de la empresa ordenaran a ingenieros y diseñadores producir una fibra mucho menos duradera, a pesar del orgullo que sentían todos por haber descubierto un producto tan maravilloso.
Afortunadamente este abuso se topó ahora con una juventud inquieta y conocedora de la tecnología, que no se deja engañar. La impresora de un joven español deja de funcionar un día cualquiera, sin causa aparente. Después de buscar quién la arregle y de que le digan en repetidas ocasiones que lo mejor es comprar una nueva, el tipo, que entiende del tema, escudriña en internet hasta enterarse de que a esos aparatos les montan un chip encargado de contar las impresiones y que al llegar a cierto número, dejan de funcionar. Siguió con su investigación y encontró en la red a un ruso que le ofreció un software para reiniciar el contador, lo instaló, y la máquina empezó a operar de nuevo.
En Estados Unidos un adolescente compra un iPod con sus ahorros y a los tres meses el aparato se queda sin batería. Quiere reponerla pero le informan que no la venden y que debe adquirir un equipo completo, por lo que decide recorrer las calles con una plantilla y pintura, para plasmar su denuncia encima de la publicidad que promociona dichos adminículos. Acto seguido produce un video con la historia y lo monta en Youtube, el cual reporta tres millones de visitas en un mes. Una abogada se interesa por el tema, reúne a un grupo de inconformes y demanda a la empresa Apple, la cual debe aumentar la garantía y pagar las demandas económicas correspondientes.
La obsolescencia programada perdurará mientras existamos marranos que le sigamos el juego, porque está claro que entre los consumidores son muy poquitos los que proceden como los jóvenes mencionados. Los demás nos quedamos viendo un chispero y no encontramos otra opción diferente a reponer el aparato dañado, mientras la basura electrónica inunda a países como Ghana, que recibe al año miles de toneladas de equipos que reportan como de segunda mano, pero que en realidad sólo unos pocos son recuperables.
Y mientras el planeta se intoxica, la gente hace fila y acude al crédito de ser necesario, para comprar lo que le ofrezcan sin siquiera preguntarse si de verdad lo necesita.
pamear@telmex.net.co
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