lunes, abril 20, 2009

Que venga el diablo y escoja.

Hace unos días cuando en un escrito me referí a las plagas que asolan a nuestra sociedad, un amigo me hizo ver que en la lista faltó la más importante de todas: la corrupción. Aunque la lista que presenté era solo un muestrario por encimita que se me ocurrió en ese momento, porque las plagas son muchas y de todo tipo, debí darle la razón a quién hizo la observación porque sin duda esa modalidad de bandidaje es la madre de todos los problemas de la humanidad. Porque no es solo en nuestro país o en el tercer mundo donde se practica esta costumbre repudiada y odiosa, sino en los cinco continentes y en todos los niveles de la sociedad. La diferencia está en los montos que se manejan y la forma en que la ejecutan.

Por las noticias nos enteramos a diario de diferentes formas de robar y desfalcar que manejan mafias y carteles que dominan todo tipo de artilugios delictivos, y se queda uno aterrado de la habilidad de quienes se inventan ese tipo de argucias para engañar a los demás. Cómo carajo se les ocurren semejantes marrullas, dignas de una cabeza muy bien puesta y una sangre fría impresionante para llevar a cabo sus tropelías. Todo tipo de modalidades y en todos los niveles, presentan un abanico de ejemplos interminables que no dejan por fuera ningún renglón del acontecer diario, y por ello nadie debe confiarse porque se siente blindado contra este delito.

El primer ejemplo que se le ocurre a cualquiera cuando le preguntan sobre la corrupción es el del billete que le ofrecen al policía para evitar un comparendo. Sin duda es el más simple y común porque se presenta con mucha regularidad, aunque ahora los conductores que acostumbran ese arreglo deben abrir el ojo, porque muchos agentes de tránsito rechazan el ofrecimiento y acusan al infractor de soborno; tremendo problema judicial en el que se mete quien comete esta contravención de la ley y varios años de cárcel debe purgar para cancelar la deuda con la sociedad. De manera que a pensarlo dos veces antes de meter un billete entre los documentos que le pasan al policía.

Para donde usted mire va a encontrar corrupción. Y lo grave es que en nuestra sociedad son muchas las personas que ven este delito como una opción válida para conseguir recursos, y en su medio quienes lo practican son admirados por comportarse de esa manera. El que es capaz de tumbar al jefe es el chacho, el más avispado, el digno de imitar. Quien monta el desfalco es un astro que envidian muchos por su astucia e inteligencia. Ese que se mueve como pez en el agua entre mordidas, serruchos, paladas, comisiones y tajadas es un ser privilegiado que nunca en la vida se va a tener que matar trabajando. Lo malo es que mientras nuestra gente piense de esta manera las cosas nunca van a enderezarse, y todo indica que dicho cambio debe ser generacional y por lo tanto no será pronto. Es necesario educar a los menores con otras prioridades y principios para que en el futuro las cosas al fin empiecen a mejorar.

Casos de corrupción que han hecho historia en este país permanecen en nuestra memoria y a largo plazo recuerdo el giro que hizo aquel personaje de apellidos Soto Prieto, cuando todavía no se oía hablar de computadoras ni de transacciones virtuales, y que le birló al país la suma de trece millones y medio de dólares, que para la época era toda la plata del mundo. El asunto de la represa del Guavio y su gestor el doctor Puyo; o las pensiones de los trabajadores de los puertos con las que hicieron un chanchullo de película; y casos como el de las barcazas para generar energía que contrataron durante el apagón y que nunca prestaron el servicio. En la alta Guajira, cuando falta poco para llegar al Cabo de la Vela, se observa en la lejanía una línea de postes interminable que no tienen ningún tipo de cables, y en medio del desierto las bases en concreto para siete puentes donde no hay ríos ni carreteras. Más abajo, en la costa, por los lados de Dibulla, una inmensa termoeléctrica de carbón que no funciona porque no es rentable, así tenga la mina más grande del mundo ahí a la vuelta. Igual a la que tenemos en La Dorada que vive apagada.

Enterarnos de que el hermano del Ministro de Gobierno, quién se desempeñaba como jefe de la fiscalía de la segunda ciudad más importante del país borraba gente de los computadores por plata; o que un almirante de la armada está acusado de colaborar con el narcotráfico; o que algunos jefes del DAS también se vendieron a los paramilitares, es algo que aterra y descompone. Claro que siempre me pregunto cuántos habrán querido ser honestos y se vieron obligados a delinquir; cada uno es dueño de su propio miedo y una amenaza de muerte contra el individuo o su familia puede llevarlo a obrar contra sus principios.

A todas estas, por qué será que a un hotel nuevo que abrieron en el sector del coliseo lo llaman dizque el “Hotel Vacuna”.
pmejiama1@une.net.co

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Si don Pablo. Pero olvidas a los HIJOS DEL EJECUTIVO, siglo XX y ahora a los de los inicios del XXI.
Ya veremos, saludos,
begow

Anónimo dijo...

Que tal este caso. Conocí de primera mano que unos agentes del ente que regula la entrada de mercancías al país, le pagaban a su jefe, para que éste no los fuera a remover del aeropuerto donde trabajaban. ¿que tal?
El Lobato