lunes, marzo 12, 2007

EXPRESIONES UNIVERSALES.

Una forma de saber cómo habla la gente del común en los diferentes países es ver sus producciones cinematográficas. De un tiempo para acá el cine independiente ha resurgido y por fortuna nos hemos sacudido ese monopolio que por tantas décadas ostentó el llamado séptimo arte desde Hollywood, su meca. Una industria que mide el éxito de sus producciones por el dinero recaudado en taquilla, y cuyas películas se encasillan en roles repetidos y fácilmente predecibles. Nunca he sido amigo de ese tipo de cintas, donde los efectos especiales son el atractivo y el derroche la constante. No le jalo a éso de ejércitos de robots, guerras espaciales, dinosaurios modernos, aterradores tiburones, un hombre araña maromero, tiernos marcianos, y otras tantas pendejadas que parecen muy reales pero que no pasan de ser mercantilismo barato.

En cambio ahora hay buen cine producido en diferentes latitudes y con formatos novedosos. El europeo muestra un estilo muy diferente al que conocíamos, y ahora aparece el latinoamericano con propuestas maravillosas. Sobre todo el mejicano que rompe esquemas y atrae la atención del mundo. Inclusive en nuestro país, aunque trabajan con las uñas, la calidad cinematográfica va en ascenso continuo.

Lo cierto es que en esta industria el lenguaje coloquial coincide, en todos los casos, en la forma vulgar y tosca como habla la gente. Sin importar el lugar donde se desarrolle la historia, es común que las personas utilicen palabras soeces, dichos ordinarios y explícitos, y exclamaciones bruscas. Hay que oír a los españoles cuando vociferan groserías; a los argentinos y sus muletillas subidas de tono; o a los gringos con sus dichos característicos.

Por ello nadie debe escandalizarse cuando en el cine colombiano se utiliza un lenguaje fuerte y ordinario. Porque la realidad es que la gente habla así, y puedo asegurar que la mayoría de las veces se quedan cortos los directores; tal vez por recato. La costumbre puede variar un poco según el estrato o la región del país, pero es una constante que solo tiene excepciones entre algunos aristócratas que viven de la imagen. Claro que les sacan la piedra y parecen verduleras.

Existen palabras que coinciden en todas las culturas, como aquella que se refiere a los desechos fisiológicos o el insulto a la madre. Mentar la madre no tiene fronteras, así varíe la forma. En cuanto a lo otro, hay que ver cómo se acude a dicho vocablo para insultar o enfatizar un hecho. ¡Shit!, dice el anglo parlante cuando quiere maldecir. En cambio nosotros la utilizamos prácticamente para todo. Lo mismo con “la grande”, como le dice mi madre a la otra palabrota.

Antes para referirnos a algo muy lejano, comentábamos que quedaba en los infiernos, en la Cochinchina o en la quinta porra. Ahora basta con decir que queda en la eme. Si alguien no sabe nada, no sabe ni eme; si huele mal, huele a eme; si habla mucha paja, lo que habla es eme. Ya no lo mandan a uno para el carajo, sino para la eme; no lo tildan de hosco sino de eme; y lo despachan cuando lo mandan a comer eme (un tarrao o una volquetada). Si está ofuscado manda todo a la eme; si es miope no ve ni eme; y si la comida está maluca sabe a eme. Recuerdo que cuando estábamos chiquitos, mi papá, para no decir malas palabras delante de los niños, comentaba que la laguna del Otún quedaba en la ñola.

Otra herramienta de la gramática que pasó a calificar servicios es la de los aumentativos. Grandotote, lejísimos, corridonón o piliculasa, era la forma de referirnos a algo de gran tamaño, un sitio muy retirado, una corrida de toros antológica o una película muy buena, respectivamente. En cambio ahora basta con agregar “la grande” a cualquier frase y queda todo dicho. El edificio es el hp de grande; éso queda más lejos que el hp; vimos una corrida la hp; y si viera que hp película tan genial.

La queja más común es: ¡vida hp! Para celebrar optamos por: ¡qué hp dicha! Al que cae en desgracia se lo lleva el hp. Si gana la lotería tiene una suerte la hp. Es tan manoseada la expresión, que cuando un perro ataca a alguien éste no dice que lo mordió un chandoso hijo de perra, sino un gozque hp. Ahí no cabe aquello que una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa.

Y como estamos convencidos de que entre más énfasis le pongamos a la expresión mejor cala en el interlocutor, es menester combinar las dos manidas palabrejas para que no queden dudas. Ya dije cómo nos referimos a un sitio lejano, pero si la distancia es mucha, entonces le damos vehemencia al asegurar que queda en la hp eme. Esa vaina sí es lejos.

La costumbre evoluciona con el paso del tiempo porque en mi infancia uno respondía, al ser reprendido por hacer algo indebido, que había actuado de ésa manera porque le daba la gana. Más grandecito le ponía energía al decir la puerca gana. Después la cochina gana, para remachar con la hp gana. Recuerdo que mi mamá, cuando algún mocoso estaba chinchoso, le metía un pellizco y lo mandaba a “comer de lo que dijo un viejo”. Eso debe saber a eme.
pmejiama1@une.net.co

jueves, marzo 08, 2007

CONMIGO TACARON BURRO.

Por qué será que vivir cuesta tanta plata. Aunque las personas de diferente nivel social sobreviven con presupuestos muy desiguales, es curioso ver a un alto ejecutivo que recibe un salario sustancioso quejándose a toda hora porque con sus ingresos no puede sostener el ritmo de vida que acostumbra. Ventilaron hace poco la diferencia que hay en Colombia entre los emolumentos que reciben un yupie y un obrero raso, los cuales van desde un cheque con varios ceros a la derecha el primero, hasta el modesto salario mínimo que recibe el lungo proletario. Y sin embargo ambos saltan matones al final de mes, y es una paradoja que casi sin excepción quien recibe mejores ingresos vive más estresado.

Dice la sabiduría popular que siempre hay una vida mejor, pero que es muy costosa. Por ello uno debe amoldarse a lo que tiene y sin renunciar a las ambiciones naturales, nunca envidiar el estatus de los demás. Basta con tasar en forma responsable el ingreso mensual, programando un presupuesto y siguiéndolo al pie de la letra, porque el error más común es que gastan más de lo que reciben. Y así no aguanta ni el más guapo.

Una platica bien manejada hace milagros y con juicio puede alcanzar hasta para ahorrar. No me cabe duda de que el truco está en no dejarse permear por la sociedad de consumo, que lo único que busca es exprimir al consumidor hasta dejarlo sin un peso. La publicidad se encarga de antojarnos de cuanta pendejada inventan y si caemos en la trampa, podemos llegar a convertirnos en esclavos de miles de productos sin los cuales podemos vivir perfectamente.

A diario vemos el lanzamiento de innovaciones que buscan clientes potenciales –conocidos como marranos-, los cuales es muy posible que se envicien al producto de moda y queden abrochados de por vida a consumirlo. Un ejemplo tangible es un sobrecito con un aliño especial que publicitan ahora dizque para preparar el arroz. Toda la vida hemos cocinado el grano con agua, un tris de aceite y sal al gusto, el cual queda delicioso para acompañar cualquier plato; también se acostumbra agregarle yerbas, verduras, un caldo o una bebida cola para variar su preparación, pero nunca ha sido necesario comprar aditivos. Que es muy barato y el gasto no vale la pena argumentan quienes lo ofrecen, pero definitivamente ese no es el punto. Porque con seguridad en un futuro próximo empiezan a subirle el precio, y quien se acostumbre a utilizarlo le va a hacer falta tenerlo a mano.

Puedo asegurar que la sociedad de consumo tacó burro conmigo. Que agradezcan que no todos somos iguales, porque si al menos la mitad de la población pensara como yo, tendrían que ir a buscar nuevos mercados al espacio exterior. Ese cuentico que para todo hay que llamar a un número de celular para votar, opinar, hacer apuestas, escoger opciones, dar marcadores y demás perendengues, no me lo trago ni a palo. Con esos ingresos sostienen los programas decadentes y hasta las transmisiones deportivas desde el exterior, y los premios que ofrecen no pasan de ser nimiedades que producen rabia.

En este mundo nadie regala nada y cuando vemos en las promociones que ofrecen dos productos por el pago de uno, quiere decir que la utilidad es mucho mayor de lo que imaginamos y que hasta con semejantes descuentos obtienen ganancias. O se trata de los grandes almacenes que presionan a los proveedores para que regalen sus productos a cambio de seguir con las puertas abiertas en sus puntos de venta; lo que se llama ganar jaculatorias con padrenuestros ajenos.

Ahora cogieron la modalidad de dar puntos o millas por todo tipo de consumo. Los supermercados buscan amarrar los clientes poniéndolos a coleccionar etiquetas especiales que entregan por cierto monto consumido. Los bancos incitan a sus clientes a meterse en cuanto plan implementan para que acumulen puntos que luego verán reflejados en una cafetera o en un juego de ollas, pendejadas que uno casi nunca necesita porque son de uso diario y con seguridad ya las tiene; y más finas.

El día que me vean en un centro comercial buscando “qué comprar”, pueden proceder a meterme al psiquiátrico. La moda me importa un pito, y me visto por costumbre y porque si salgo en pelota voy a parar al mismo manicomio. No le jalo a comprar basura que no necesito, basado en la absurda justificación de que está muy barata. No doy regalos inútiles ni me gusta recibirlos. Me choca sobre manera la oferta de boletas o bonos para obras de caridad, sobre todo cuando aprovechan situaciones comprometedoras que obligan a la gente a comprarlas.

Durante una feria fui a dar una vuelta por el centro de la ciudad para ver los ríos de gente que recorren las calles, y a los vendedores ambulantes que ofrecen de todo. Un tipo tenía un muestrario de una gran variedad de relojes, todos los cuales tenían un costo de tres mil pesos la unidad. La romería no se hizo esperar y en esas un pato gritó desde el anonimato:
- ¿A tres mil pesitos? ¡Hum!, ¿y entonces dónde está la utilidad?

El rebuscado vendedor no se dejó amilanar y respondió:
- ¡La utilidad es toda porque son robados!
pmejiama1@une.net.co

martes, febrero 27, 2007

VIVE COLOMBIA.

Pienso que los colombianos debemos dejar a un lado el apasionamiento y ser más sensatos al momento de exponer nuestros puntos de vista. Es derecho de cada uno criticar lo que le parece mal, pero al mismo tiempo es sano reconocer cuando existen cosas dignas de resaltar. Maniqueísta llaman al seguidor de un pensador persa del siglo III, Manes, quien solo admitía dos principios creadores: el del bien y el del mal. Nada de medias tintas, grises o tibios. Es así o asá; blanco o negro; frío o caliente. Preferible discutir cualquier asunto, oír opiniones, analizar, discernir, defender sus razones y argumentos, pero al mismo tiempo escuchar otros puntos de vista y así no esté de acuerdo con ellos, respetarlos.

Un ejemplo claro de esto puede verse cuando algunos contertulios tocan el tema del gobierno o la actualidad nacional. El que odia el régimen del momento lo ataca sin tregua y no afloja en nada, mientras que el seguidor del mismo defiende hasta lo indefendible. Y así pasan horas, discuten y esgrimen razones, y no es raro que al final rompan una amistad de mucho tiempo. Oigo dispares opiniones acerca de un asunto que crea controversia, y se refiere al programa del gobierno actual de blindar las carreteras para que los ciudadanos puedan transitarlas.

Muchos apoyamos ese plan, y lo disfrutamos, pero muchos otros insisten que es una medida elitista que beneficia solo a los ricos. Pues aquí van mis argumentos y de una vez aclaro que respeto cualquier opinión diferente a la mía. Pienso que los ricos no se montan en un carro durante horas interminables a recorrer unas vías estrechas y peligrosas, porque prefieren hacerlo en avión y a destinos turísticos en el exterior o en sitios privilegiados. Tuve la oportunidad de recorrer las carreteras en la temporada de fin de año y esto pude observar.

El flujo de viajeros por vía terrestre se ha incrementado en forma considerable, y si miramos unos años atrás podemos recordar cuando al final del gobierno de Andrés Pastrana llegamos al colmo que era peligroso viajar a la vecina ciudad de Pereira. Ni pensar en visitar Medellín o Bogotá, porque la excursión se convertía en un suicidio. Estábamos secuestrados en nuestros domicilios porque las fincas y lugares de recreo también estaban vetados. A nadie se le ocurría programar un paseo de olla a un río o una caminata por la montaña.

A pesar de que las vías son angostas, presentan mal estado en muchos tramos y el tráfico pesado las hace peligrosas y estresantes, es mejor correr ese riesgo que quedarse encerrado en la casa. Miles de familias emigran en busca de descanso y al detallar esos viajeros es cuando uno se pregunta a quiénes están tildando de ricos. Un empleado cualquiera, que ahorra todo el año y aprovecha la prima navideña para llevar la familia a pasear, después de darle una manito al carro consigue alquilar una cabaña en la costa donde pueden disfrutar del mar y del paisaje. Una clase media que hace un gran esfuerzo para compartir durante las vacaciones y que si no pudieran hacerlo por carretera, no tendrían otra opción.

Ni hablar de la gran cantidad de gente que consigue el sustento diario de ese turismo. El que vende mecato en los peajes, las estaciones de servicio, los restaurantes y paraderos, hoteles y hospedajes, y cualquiera que ofrezca algo al borde de la carretera. Por ejemplo en Santa Marta saltaron matones en la época que menciono porque nadie asomaba por allá en temporada de vacaciones, y hay que ver lo que es ahora. Parece un hervidero humano. Como la gente físicamente no cabe en las playas, arrancan en sus carros a buscar cupo en lugares como Bahía Concha, Parque Tayrona, Mendihuaca, Quebrada Valencia o Buritaca, todos en la vía que va hacia La Guajira.

Cuando desemboca en el mar el río Buritaca, que baja cristalino y helado procedente de la Sierra nevada, forma una lengua de playa espectacular donde los turistas disfrutan a sus anchas de lo más bello que puede ofrecer la naturaleza. En ese lugar iban a construir un complejo turístico pero la sociedad se quebró y al no poder indemnizar a los trabajadores, estos se apropiaron de los terrenos y hay que ver la maravilla de cooperativa que crearon. Es un pequeño poblado donde todas las personas tienen una labor definida. Los hombres controlan el parqueadero, cruzan el río en sus canoas para llevar los visitantes a la playa, alquilan las carpas con sus sillas, ofrecen kayacs, neumáticos y otras entretenciones. Las mujeres cocinan para los improvisados restaurantes, atienden la venta de artesanías, hacen trenzas y masajes, asan plátanos y fritan arepas de huevo, pican frutas y demás viandas que a su vez son vendidas por los menores. Todos van identificados con su nombre en la camiseta y nadie atosiga al turista; con mucha prudencia ofrecen sus servicios de lejitos. Puede usted antojarse de cualquier cosa y se la consiguen.

Allá encuentra uno colombianos de todo tipo y puedo asegurar que muy pocos son ricos. Gente común y corriente. Y esa cantidad de personas que obtienen el sustento diario gracias al flujo turístico. Basta con sacar los militares del cuartel y hacer presencia con ellos en las vías, y muchos podemos disfrutar de una opción económica y reconfortante.pmejiama1@une.net.co

jueves, febrero 22, 2007

AL PAN PAN...

No me explico por qué les ha dado por cambiarle el nombre a las cosas. Serán ganas de innovar, pues no creo que se trate de evolucionar el idioma porque reemplazan palabras que hemos utilizado toda la vida y que hasta ahora nos han servido de maravilla. Hablar como nuestros antepasados, en muchos casos, se ha vuelto un irrespeto y no falta el que se torea porque nombran su profesión o condición con un vocablo determinado. A cuenta de qué una palabra pierde su estatus y debe cederle el turno a otra que han impuesto, sin ninguna causa o razón justificada.

Una cosa es que un escritor, profesor, científico o cualquier persona con cierto bagaje intelectual aproveche sus conocimientos del lenguaje para adornar, o simplemente para describir con precisión cuando escribe o en una disertación, y otra muy distinta que la gente del común empiece a utilizar terminachos rebuscados para expresar lo que siempre ha dicho de una manera simple y sencilla. Mientras que en una novela se menciona, por ejemplo, un personaje esmirriado, de rostro enjuto, cabello hirsuto y andar desgarbado, para un ciudadano común es un tipo flacuchento, carichupao, mechudo y que camina como chencha la gamba.

De cuándo acá es pecado decirle negro a un negro; puede ser un corroncho de esos que parece embetunado, y ahora cogieron por referirse a él como de color, morocho o afro descendiente. Igual como le decimos mono al rubio o amarillo al oriental. Para mí un tipo es alto, no espigado; enano, en vez de chaparro, paturro o canijo; prefiero gordo a robusto, y churrusco en vez de ensortijado. Al cabello le digo pelo, a la tez cara, al rictus carantoña, a las vistas ojos y al trasero fundillo.

Nadie está libre de sufrir alguna malformación o enfermedad que lo incapacite, la cual puede ser de nacimiento o por un desafortunado accidente, lo que conlleva a que lo llamen de una manera determinada que describe su condición. Peor para el que se ponga como un tigre porque le dicen inválido en vez de minusválido; boquineto cuando tiene labio leporino; chapín si nace con los pies deformes; o garetas porque tiene las piernas como paréntesis. Es común que le digan sordo al que es como una tapia; si el sujeto no ve ni por la familia, o parece un topo, se conoce como ciego, aunque ahora les dio por llamarlo invidente; y el que tiene estrabismo es tan bizco que cuando llora se le moja la espalda.

La persona de escasos recursos es simple y llanamente más pobre que las ratas y no tiene ni con qué pasar una maluquera. Lo que ahora se conoce como un habitante de la calle, en mi infancia se llamaba chinche; en el intervalo le han dicho gamín o ñero. Nada más común que comentar que a fulanito se le corrió la teja y que por ello lo enchiqueraron en el manicomio. Válgame dios semejante irrespeto, porque la sociedad ahora exige referirse al loco como desequilibrado mental y la institución que lo acoge es la clínica siquiátrica. No me explico a qué hora el preso se convirtió en interno; el embolador en lustrabotas; el cotero en estibador; la guaricha en trabajadora sexual; el policía en patrullero (antes era tombo) y la de los tintos en asistente de oficios varios.

El diccionario dice que chofer es quien se desempeña laboralmente como conductor de un vehículo, por lo que no entiendo a los que se enfurecen porque los llaman de esa forma, y exigen que los traten de conductores o profesionales del volante. De manera que quien maneje taxi, bus, colectivo, buseta o carro particular, es un chofer así le pique y le rasque. Cualquier ser humano, si no estira la pata antes, llega a la vejez indefectiblemente. Ahí pasa a ser un viejo, palabra utilizada desde siempre para referirse al anciano, aunque se puso de moda decirles adultos mayores o personas de la tercera edad. Si uno es viejo es viejo y por más apelativos que inventen nadie lo salva de los achaques, chocheras y decrepitudes que acumula con el paso de los años, y lo seguirán llamando chuchumeco, vejestorio, cucho o catano. No sobra recordar que al ancianato ahora le dicen geriátrico.

Diferente cuando alguien habla en público, o publica un escrito, y hecha mano de expresiones más suaves y sonoras que las que acostumbra el vulgo. Como cuando al futbolista le dan un puntapié dizque en las partes nobles, según el narrador de turno (¿por qué le dirán nobles a esas partes?) En cambio nadie necesita aclaración si oye decir que a fulano le zamparon una patada en las pelotas y lo dejaron p’a tío. O al que recibió una cachetada que le causó un fuerte moretón, lo que en lenguaje popular quiere decir que le dieron en la jeta y quedó con un ojo picho.

Más fastidiosos aún son los extranjerismos, utilizados por aquellos que creen ser mejores por hacerlo. Hay que oír hablar a un ejecutivo joven de esos que acomoda una palabra importada en cada frase que pronuncia. Sí, de los que no dicen compras sino shopping y speech en vez de discurso o presentación. Y para rematar reemplazaron un simple no por el empalagoso nada que ver.
pmejiama1@une.net.co

jueves, febrero 15, 2007

CAMBIO DE CANAL.

CAMBIO DE CANAL.
Los canales privados de televisión de nuestro país lograron, al menos conmigo, algo que definitivamente no debe estar en sus metas: que rechace el 99% de su programación. La verdad es que acostumbro sintonizar el noticiero del medio día, al menos hasta que empiezan las supuestas noticias deportivas; y digo supuestas porque al menos en el canal que prefiero, se trata de una sección dedicada a comentar todo lo que sucede alrededor de los equipos de fútbol de Bogotá. De resto no le dedico ni un minuto a los canales colombianos. Y en vista de que las cadenas nacionales agonizan, sobra aclarar que me refiero a los dos canales privados.

A cada rato me insisten para que vea una telenovela o un programa determinado, y aducen que seguro me van a gustar porque tienen mucho humor, son costumbristas, retratan perfectamente nuestra gente y la realidad que vivimos, y en otros casos son artísticos o interesantes. Estoy seguro de que muchas de esas emisiones pueden agradarme, pero la negativa a verlos es por otra razón. Porque me ofende que después de estar enganchado a un espacio cualquiera empiecen a manipularme y a abusar de mi paciencia. Que cambien el horario a su antojo, que metan un programa nuevo que quieren promocionar en medio del que estoy viendo, que abusen de la pauta publicitaria, que repitan gran parte de la emisión anterior y muchas otras argucias que acostumbran para ordeñar al consumidor.

Pues no señor, no me les presto para ese jueguito. Desde hace mucho tiempo no caigo en ninguna de sus carnadas, así las promocionen en forma exagerada y muchas veces llamativa. Cómo es posible que empiecen a emitir una telenovela a las 9 de la noche y según la audiencia que marque, proceden a correrla y sus seguidores deben esperar hasta las 11 de la noche para poder verla. Porque siempre están lanzando un nuevo programa y como el otro ya tiene su clientela amarrada, entonces lo dejan para más tardecito y ceden el mejor horario al que apenas comienza.

Recibí una información acerca de los abusos en la franja publicitaria de dichos canales. Dice quien lo remite que procedió con la tarea de contar los comerciales de uno de esos canales durante un programa en el mejor horario y se aterró al ver que fueron 28, los cuales se comieron más de 10 minutos de la emisión. Luego sumó el tiempo que gastaron en repetir las escenas del capitulo anterior y las del siguiente, para comprobar que el tiempo dedicado al programa como tal fue mínimo. Con razón cualquier programita dura eternidades. En la Unión Europea permiten 12 minutos de publicidad por hora, los que se incrementan a 17 con las autopromociones. En Gran Bretaña limitan a 7 minutos la publicidad en una hora durante el día y 7.5 en los horarios estrella de la noche. Las multas por el no cumplimiento de la norma corresponden a 10 veces el valor del segundo de publicidad.

A todas estas la pregunta del millón es para qué carajo sirve la tal Comisión nacional de televisión. ¿Será que los comisionados nunca ven dichos canales y nadie les comenta acerca del asunto? Como no conozco las normas vigentes en nuestro país para estos casos a lo mejor el equivocado soy yo, aunque no puedo creer que actúen conforme a la ley. Parece inaudito que puedan hacer lo que les dé la gana sin que nada ni nadie pueda ponerles el tatequieto. Solo queda esperar a ver si acatan las condiciones que la dichosa Comisión impuso hace poco respecto al movimiento de horarios y otras marrullas.

Los medios de comunicación en Colombia se han convertido en empresas cuyo único objetivo es atrapar audiencia sin importar el cómo. Pasan por encima de quien sea y hacen hasta lo imposible por desacreditar la competencia. Un ejemplo claro se puede ver en los canales privados de televisión. Cómo es posible que por ejemplo en Caracol compren los derechos para trasmitir un campeonato juvenil de fútbol, y en RCN ignoren por completo la noticia por no ser ellos quienes difunden el evento. Para colmo, los periodistas encargados de la transmisión maquillan la realidad y a pesar de la mala presentación de nuestra selección, buscan la manera de hacerle creer al televidente que la situación no es tan grave. Me parece ver a los de RCN haciendo fuerza para que los muchachos pierdan todos los partidos y así la competencia fracase en cuanto a la audiencia de sus transmisiones. Como la vaina es recíproca, en el canal Caracol ni siquiera mencionaron el pasado Hay festival en Cartagena por contar el evento con el patrocinio del rival.

Esas mañas también se ven en la radio y fue vergonzosa la manera como el Combo taurino de Caracol, bajo la dirección del ególatra Iván Parra, ignoró olímpicamente la dedicatoria de un toro que le hizo el maestro César Rincón a don Ramón Ospina con motivo de su retiro como narrador taurino. Todo por viejas rencillas y chismografía de sirvientas. No me explico cómo un periodista serio y culto como Guillermo Rodríguez acepta tan ruin proceder sin chistar. Será por necesidad.

En todo caso al que le gusten los programas decadentes y las películas gringas de policías y karatecas, está hecho con los canales privados.
pmejiama1@une.net.co

lunes, febrero 05, 2007

OCIOSIDADES DE AHORA.

La gente ya no sabe qué inventarse. Hay qué ver la cantidad de adornos y perendengues que acostumbran en la actualidad algunas personas, con el agravante que muchas veces atentan contra su integridad por seguir una moda o calmar una gana. A través de los tiempos el hombre ha sido amigo de adornar su cuerpo con pinturas, aditamentos, dibujos y tatuajes, pero en la mayoría de los casos se trataba de ornamentos pasajeros con motivo de una celebración o ceremonia en particular, y bastaba con bañarse muy bien en el río para quedar otra vez como el modelo original. Al remontarnos en la historia encontramos que la mujer del faraón, en el antiguo Egipto, solo tenía pelo en la cabeza y para tal menester utilizaba grasa de hipopótamo; pero como ese animal es tan arisco, experimentaron hasta lograr reemplazarlo con un preparado de agua, azúcar y limón. De manera que a tener cuidado con la limonada, porque al evacuarla puede pelarnos el caño.

El culto al cuerpo perfecto se convierte en una manía para algunos y basta ver esos personajillos que presentan casi la totalidad de la piel tatuada con infinidad de grabados artísticos y estrafalarios. Porque desde siempre los marinos han acostumbrado una sirena con una dedicatoria en el bíceps, los presos un corazón con las iniciales de la amada en el pecho y quienes pertenecen a cierta pandilla se distinguen por un tatuaje localizado en un lugar determinado. Los jóvenes también optan por un pequeño tatuaje, casi siempre discreto y de buen gusto, disimulado en un lugar sugestivo.

De un tiempo para acá se impusieron de nuevo los aretes, narigueras y cocianfirulos de metal llamados “piercing”, los cuales son rechazados por médicos y profesionales de la salud, pero que los muchachos se chantan a como dé lugar. Sin duda algunos aritos quedan muy sexapilosos en un ombligo bien puesto, pero atravesar la lengua con un trozo de metal me parece una salvajada. Si brotan lágrimas cuando uno se muerde ese órgano al mascar un alimento, cómo será al momento de instalar el incómodo adminículo. No quiero imaginar siquiera lo que estorban y duelen los que se ponen, hombres y mujeres, en los lugares más íntimos y recónditos que pueda imaginarse.

Nunca escandalizarse porque un hijo adolescente llega con el cuento que quiere ponerse un chuflí de esos, aunque debe abrir el ojo si empieza a llenarse el cuerpo con signos y marcas. Porque es tradición que sectas satánicas y demás camarillas dañinas acostumbren ese tipo de prácticas, además de lavar el cerebro de muchachos que a cierta edad andan en busca de innovaciones. Conocí el video donde un joven paga para que le disparen en el hombro con un revólver, y así poder ufanarse al mostrar la cicatriz a todo el mundo.

Pero la tapa del congolo es la moda de depilarse hasta el último rincón de la anatomía, a excepción de la cabeza. En nuestra cultura por ejemplo se acostumbra que la mujer erradique el vello que aparece en las axilas, controle la aparición del mismo en la cara y otros lugares, y debido a que los vestidos de baño son cada vez más pequeños, se ocupe de que no se asomen pelos indiscretos. Muchas modalidades aparecen al ritmo de la tecnología, aunque todo inició usufructuando la maquinilla de afeitar que mantiene el marido en la regadera. Luego aparecieron diferentes técnicas, como la cera, que hace poner los pelos de punta antes de arrancarlos de raíz. Las más pudientes recurren a depilación con láser u otras modalidades sofisticadas que sin duda son más efectivas.

Mi Dios sabe cómo hace sus cosas y por algo le acomodó al ser humano vello en algunas zonas del cuerpo. Por lo tanto es curioso que ahora se afeiten hasta el último pelo y presenten la horqueta como bola de billar, y surgen estilistas especializados en depilar, con una oferta para el cliente que lo requiera, que consiste en hacer figuras en rincones antaño vetados. Sobra advertir que estas ociosidades son costosas, y hasta se acostumbra que el compañero de la clienta dibuje a mano alzada el monicongo diseñado por él; no falta el que opta por el escudo de su equipo de fútbol o el logotipo del carro preferido. Hay mujeres que no tienen siquiera para comprar una prestobarba, ahora para meterle un dineral a un trabajo de este tipo. Y éso que dizque para la parte de atrás se sube la tarifa, lo que me parece muy raro, ya que por ese lado todo es más chiquito.

Estas prácticas no son comunes entre los hombres, porque imagino que pocos se le miden a que les forren el racimo en cera hirviendo para jalarlo de un tirón y arrancar de un tajo toda la melena. En el recuerdo quedó pues el famoso “gato echao” y relato la experiencia que vivió cierta vez una de mis primas. Se fue al salón de belleza para que le hicieran el bikini, que consiste en depilar los lados del pubis para evitar cachumbos indiscretos, recomendó muy bien al estilista que fuera cuidadoso y se entretuvo con una revista. Pero cual sería el disgusto cuando miró hacia abajo, y solo le quedó exclamar:
-¡Brutas!, este mariquetas me dejó como el Palomo Usurriaga.
pmejiama1@une.net.co

miércoles, enero 31, 2007

TODOS A VALIDAR

Con tal de que ahora no vayan a salir con el cuento que quienes hicimos el bachillerato hace más de 20 años debemos validar para de esa forma actualizarlo, debido a que casi todo lo que aprendimos en ese entonces está mandado a recoger. Después de que nos torturaron con las matemáticas, donde había que hacer las operaciones a mano porque no se conocían las calculadoras electrónicas, y para colmo los profesores ni siquiera se fijaban en el procedimiento, sino que miraban a ver si la respuesta coincidía; de manera que si el alumno se equivocaba al poner un punto o una coma perdía el examen, y punto. No hay derecho. Porque había que ver lo que era resolver una multiplicación o una división de cinco cifras, operación que se gastaba toda una hoja del cuaderno cuadriculado, y por un simple desliz se iba todo al carajo.

Ahora cuando los menores estudian esa materia utilizan un lenguaje que no está en nuestro léxico y al querer ayudarles con una tarea nos quedamos viendo un chispero. Conjuntos y fraccionarios reemplazaron las cuatro operaciones tradicionales, aunque algunas mortificaciones persisten como las benditas tablas de multiplicar. Qué joda con éso, sobre todo ahora que enciman una calculadora por comprar un detergente o las mismas hacen parte de las muchas funciones que ofrece un reloj ordinario. Es que yo sí le digo lo que es aprenderse por ejemplo la tabla del nueve.

No estamos libres de que digan que todo aquel que haya recurrido a la regla de cálculo como ayuda de consulta, debe repetir las materias que la requerían porque ese hermoso instrumento, elaborado con madera de bambú finamente tallada, dejaba una ínfima posibilidad de error y que ahora con la tecnología ese albur puede evitarse. Pero fíjese que los chinos utilizaron el ábaco y los incas el quipu para dichos menesteres, y a ninguno le hizo falta la electrónica para saber cuánto le debía un vecino. En el colegio siempre fui negado para las matemáticas, y ni hablar cuando en tercero de bachillerato me topo con el algebra y de súbito lo que había logrado asimilar se fue todo al basurero, porque las operaciones ya no eran con números sino con letras. Ahí sí quedé poposiao y el agua lejos.

La religión nos la metieron a punta de amenazas y promesas que hasta hace poco tiempo mantuvieron su vigencia, porque grande fue la sorpresa cuando el mismo Papa Juan Pablo II reconoció que el cielo y el infierno no existen como los pintaban en el colegio. A toda hora muertos del susto porque habíamos roto uno de los mandamientos y a hacer fuerza para que no nos llamaran de arriba antes de que alcanzáramos a confesarnos. Después de hacer la primera comunión el muchachito debía pensar a ver que pecados le confiaba al cura para no salir con el cuento que no tenía nada de qué arrepentirse, y entonces no quedaba sino recurrir a confesar que había jurado en vano, tenido malos pensamientos o peleado con los hermanitos. Porque la única forma de que le creyeran los amigos cualquier cosa era sentenciar, mientras cruzaba el dedo pulgar con los demás: Por este puñao de cruces; o p’a mi Dios bendito; o por Chuchito santo.

Y éso que a tan tierna edad todavía no codiciábamos la mujer del prójimo, porque al muy poco tiempo nos empezaban a gustar todas. A la larga nada de malo tiene que uno se relama viendo tongonear a una vecina o a la novia de fulanito, mientras respete a las compañeras sentimentales de familiares y amigos. Claro que estoy muy desactualizado de cómo será ahora la catequesis porque si sigue vigente aquello de que es pecado fornicar, la juventud moderna desde la misma pubertad, poco le jala a respetar dicho precepto.

Qué tal lo que nos jodieron con la ortografía y la gramática para que en la actualidad con las comunicaciones electrónicas todo quede en ceros, porque es triste ver cómo escriben las nuevas generaciones. Y haga planas y raye hojas del cuaderno de doble línea, para que ahora de tanto teclear en una computadora se nos olvide hasta firmar. Solo queda la satisfacción personal de pulirse al garrapatear aunque sea una línea, porque muy pocos se fijan en esas minucias.

Pero las sorpresas siguen y el más reciente descache se refiere a que el famoso Plutón ya no hace parte del sistema solar. Después de 76 años vienen a darse cuenta de que ese peladero es muy chiquito y por lo tanto no clasifica para hacer parte del combo planetario. Viéndolo bien, por fortuna en épocas pasadas no había forma de mirar con detalle esas lejanías, porque ahora me entero que ese moridero forma parte del cinturón de Kuiper, donde está acompañada de otros 100 mil que tienen características similares. Y póngale la firma que de haberse sabido, nos los hubieran hecho aprender todos de memoria. Además, para qué soban tanto con una vaina que queda a 12500 millones de años luz de aquí. Puedo decir, sin ponerme colorado, que éso queda en la mismísima eme.

Estamos pasados de instaurar una demanda contra quien nos reprobó en un examen porque olvidamos mencionar a Plutón. Y no faltará el que perdió el año por la misma pendejada. Qué plutería.
pmejiama1@epm.net.co

jueves, enero 18, 2007

NO ESTA NI TIBIO.

Bien equivocado es afirmar que alguien domina perfectamente un idioma diferente al suyo, cuando lo aprende en la academia o por intermedio de profesores particulares. Otra cosa es que la persona haya vivido durante mucho tiempo en la tierra donde hablan ese idioma en particular, porque solo practicándolo a diario y con personas de diferentes estratos y regiones, puede llegarse a conocer una lengua a la perfección. Que fulanito es “full inglés”, dicen cuando alguien se defiende muy bien en la lengua anglosajona; que aquel se peina parlando italiano; o que mengano habla francés mejor que cualquier descendiente de Balzac. Y lo mismo afirma un gringo cuando conversa en español como un hispano parlante, pero de ahí a dominar la lengua hay mucho trecho.

Porque un idioma es mucho más que lo que está relacionado en sus diccionarios, lo que enseñan en el aula de clases, lo que dictan sus reglas y todo lo que esté escrito al respecto. Una lengua es sobre todo la forma como la gente del común se entiende entre sí, con sus dichos, expresiones, modismos, apuntes y esas novedades que quienes la utilizan le incorporan a diario. Por ejemplo en nuestro país cambia el significado de una palabra de una región a otra, y es así como los costeños le dicen foco al bombillo; en Medellín llaman perico al café con leche que nosotros denominamos pintado; en Bogotá se refieren a nuestro “algo” como las onces; y en los llanos orientales le dicen camarita al amigo o compañero.

De manera que si conozco por ejemplo a un alemán que asegure conocer al dedillo nuestro idioma, puedo decirle que no está ni tibio y para la muestra le hago algunas pruebas con el fin de comprobarle que para ello debe convivir primero con la gente del común por mucho tiempo y de esa manera cogerle el tiro al asunto. Y ni así, porque uno mismo se queda muchas veces viendo un chispero cuando oye hablar a un adolescente o a un habitante de la calle, porque no entiende ni la mitad de lo que dicen.

Para hacerle la prueba al extranjero de marras, basta con preguntarle por ejemplo si sabe definir qué es un chichipato. Si el tipo pone cara de que no tiene ni malicia, se le puede explicar que es un faltón, que se distingue por agonía y calceto, que es una garra, una pichurria, una garulla, una chucha, que no da pie con bola y que no tiene en qué caerse muerto. Luego le cuento que por chichipato lo quebraron, y si no entiende, le digo que lo levantaron, lo quiñaron, le dieron chumbimba, amaneció con la boca llena de hormigas, le hicieron la vuelta, lo pusieron a chupar gladiolo, a mirar p’a dentro, quedó muñeco, tuqui tuqui lulú, chao pescao. Y todo porque le gustaba andar metido en tropeles, bonches, peloteras y bochinches.

O saco a colación el cuento de otro pato que se abrió del parche, o como quien dice se pisó, se dio el ancho, puso pies en polvorosa, se evaporó, adiós pues.
Y qué tal mencionar que debido a la situación de la vida actual, mucha gente anda de mala vuelta, con el mico al hombro, llevados, con la malparidéz alborotada, enfurruñados, friquiados, bajos de nota y con el carriel caído. O que muchos otros andan vaciados, sin cinco, más pelados que sobaco de rana, nadando y empujando la maleta, en la física olla, pilando por el afrecho, varados y a tiro de robar gallinas.

A ver si entiende cuando le cuente que la parejita aquella anda entrepiernada y que a toda hora revientan cariño, chupan piña, que es lo mismo que parchar o jalar trompa, y que de tanto maniculiteteo y amacice terminaron voliando chuzo, tupiéndole al miriñaque, cascándole al peluche o como quien dice tirando. Y que por lo tanto están güetes, mataos de la dicha, felices de la pelota, transportados y radiantes. Porque aunque dicen que el pirobo es buchepluma, metelagómez y machucho, la verdad es que el pelao es piloso, metelón, camellador, aventado y entucador. En cambio la sardina que se las da de mucho café con leche, no llega ni a mantecotaquígrafa.

Y esa otra pinta que iba con unos parceros en la llaga de pichirilo que tiene, y como viajaban encocaos o a culo alzao, se pegaron un lamparazo que ni le cuento. Salieron pelotiando por una manga y fueron a dar a una chamba; por andar chupando y soplando acabaron marcando cruz y calavera, y tuvieron que seguir la rumba en la güandoca después de pasar por donde el matasanos. Lo peor es que la tomba los tiene pillaos y por dar papaya se les va a ir hondo.

Claro que si está tan convencido de su conocimiento, entonces que traduzca a su lengua expresiones como: ñuco, joto, chispún, angurria, parcero, colmeniar, susquiniao, ñola, atembao, cagalástimas, patrasiar, fufurufa, pelle, desjetao, chuflí, cocianfirulo, pichurrio, copisoliar, raniar o sobremesiar. O si sabe qué quiere decir revolver guadua, estripar el tomate, quedar pagando, gato enmochilao, ponerse mosca, meter el hombro, llevar del bulto, ser mucha gente, hacer conejo, por la pica, caranga resucitada o bajar de pinta.

Si da pie con bola y le suena la flauta, me le quito el sombrero.
pmejiama1@une.net.co

lunes, enero 15, 2007

PILAS CON LA DEPRE.

Desde mediados de año venimos con la cantinela que esta vaina ya se fue así, como quien dice que se acabó, pero ahora el asunto sí es en serio. Mañana fenece este 2006, de lo que no hay vuelta de hoja. El tiempo pasa de forma irremediable; basta con mirar el segundero de un reloj y pensar que cada que ese palito pega un salto, es el tiempo que sigue de largo y sin retorno. Dichosos los pequeñines que no entienden de relojes o calendarios, por lo que viven su existencia sin afanes ni medidas. El agite actual hace que las personas se convierten en esclavas del tiempo y algunos añoran días con más horas para lograr hacer todo lo que tienen pendiente.

Una pregunta muy común es por qué cuando estábamos chiquitos el año era tan largo y en cambio ahora pasa volando. Las vacaciones se convertían en una prolongada temporada que disfrutábamos en toda su extensión, y los meses dedicados al estudio eran eternos y solo queríamos despacharlos con prontitud. La época de navidad se repetía después de un extenso lapso, y la anterior estaba en el recuerdo de los niños como algo remoto. Tal vez por ello nos la gozábamos, además que se desarrollaba en la fecha correspondiente. Como quien dice, diciembre era cada doce meses. La respuesta a este interrogante, según algunos, es que con el paso de los años el individuo tiene más con qué comparar y por ello cada vez el tiempo corre con más velocidad. Sin duda es un asunto que puede masticarse y hasta para filosofar se presta.

Es común que a muchos les entre la depresión por estas calendas, porque los coge la pensadera y esa vaina desespera a cualquiera. Que si voy a sobrevivir hasta el final del nuevo año; qué va a suceder con mis seres queridos; cuáles sorpresas me depara el futuro próximo; cuántas cosas deje de hacer en los doce meses pasados; cómo voy a enfrentar las situaciones adversas que se atraviesen en el camino; qué irá a pasar en el mundo con tanto despelote; dónde voy a estar en estas fechas dentro de un año y mil preguntas estúpidas que por más que tratemos, nunca les encontraremos respuesta.

De manera que mi consejo es que la tomen suave, sin angustias ni preocupaciones, porque el destino está escrito y es impajaritable. El tiempo discurre a como dé lugar y lo único importante es el momento. Si estoy vivo y bien en el presente, lo que puede suceder en el futuro no debe desvelarme. Preocuparse por lo que viene es un desgaste innecesario y solo deja zozobra y desazón. Hay que dejar a un lado los pensamientos negativos y pesimistas, e insistir en ponerle al mal tiempo buena cara. Basta con vivir el momento y tratar de hacerlo agradable. Nunca dejar de hacer nada que nos provoque y aprovechar las oportunidades que se presenten.

Por eso me parece una pendejada ponerse en la noche del 31 de diciembre a hacer promesas y a fijar metas difíciles de cumplir, porque después va a recordar todo el año esas intenciones y el no cumplimiento de las mismas solo trae mortificaciones. Claro que el optimismo es provechoso y hacer planes no le hace daño a nadie, pero que no sean compromisos ineludibles. Lo mejor, pienso, es no hacerlos en público para que después no esté nadie recordándole esa cantidad de asuntos que acumula en la carpeta de pendientes. Una solución práctica es que la media noche lo coja copetón y verá que no le da por berrear, ni por echarle cabeza a la existencia.

Lo grave del asunto es que la depresión viene acompañada de angustia existencial, la cual genera más interrogantes: que si me va a alcanzar la plata; que los hijos qué; y si me echan del trabajo; y que tal que me aparezca una enfermedad grave; o que me caiga la administración de impuestos; o que se incendie la casa. ¡Huy!, y estamos pasados de un buen terremoto; o va y me secuestran; y donde se me dañe el matrimonio… Todas vainas que pueden suceder, pero que lo más seguro es que no. De manera que para qué desgastarse con problemas virtuales, si con los reales hay para dar y convidar. Que nadie le gaste cacumen a pensamientos negativos y en cambio se dedique a disfrutar lo que tiene, y en la noche de san silvestre nada de ponerse trascendental. Que sea como cualquier otra, o preferible, si la dedica a la fiesta, la buena comida y a compartir con personas de su agrado.

No haga sino mirar el calendario a ver cuándo es el primer puente, para empezar a planear los paseos que espera realizar. Porque a ese programa sí se le puede botar corriente, ya que mejor que el paseo como tal es la planeación del mismo, las reuniones con los participantes, hablar de lo que piensan comer, beber o los paisajes nuevos que conocerán. Lo mejor es que para salir de viaje no hay que ser rico, porque ese plan abarca cualquier tipo de excursión y no discrimina a nadie. ¡Ah!, y recomiendo no tener en cuenta el primer puente de enero, porque para entonces apenas estaremos como a 38 de diciembre.
pmejiama1@une.net.co

PILAS CON LA DEPRE.

Desde mediados de año venimos con la cantinela que esta vaina ya se fue así, como quien dice que se acabó, pero ahora el asunto sí es en serio. Mañana fenece este 2006, de lo que no hay vuelta de hoja. El tiempo pasa de forma irremediable; basta con mirar el segundero de un reloj y pensar que cada que ese palito pega un salto, es el tiempo que sigue de largo y sin retorno. Dichosos los pequeñines que no entienden de relojes o calendarios, por lo que viven su existencia sin afanes ni medidas. El agite actual hace que las personas se convierten en esclavas del tiempo y algunos añoran días con más horas para lograr hacer todo lo que tienen pendiente.

Una pregunta muy común es por qué cuando estábamos chiquitos el año era tan largo y en cambio ahora pasa volando. Las vacaciones se convertían en una prolongada temporada que disfrutábamos en toda su extensión, y los meses dedicados al estudio eran eternos y solo queríamos despacharlos con prontitud. La época de navidad se repetía después de un extenso lapso, y la anterior estaba en el recuerdo de los niños como algo remoto. Tal vez por ello nos la gozábamos, además que se desarrollaba en la fecha correspondiente. Como quien dice, diciembre era cada doce meses. La respuesta a este interrogante, según algunos, es que con el paso de los años el individuo tiene más con qué comparar y por ello cada vez el tiempo corre con más velocidad. Sin duda es un asunto que puede masticarse y hasta para filosofar se presta.

Es común que a muchos les entre la depresión por estas calendas, porque los coge la pensadera y esa vaina desespera a cualquiera. Que si voy a sobrevivir hasta el final del nuevo año; qué va a suceder con mis seres queridos; cuáles sorpresas me depara el futuro próximo; cuántas cosas deje de hacer en los doce meses pasados; cómo voy a enfrentar las situaciones adversas que se atraviesen en el camino; qué irá a pasar en el mundo con tanto despelote; dónde voy a estar en estas fechas dentro de un año y mil preguntas estúpidas que por más que tratemos, nunca les encontraremos respuesta.

De manera que mi consejo es que la tomen suave, sin angustias ni preocupaciones, porque el destino está escrito y es impajaritable. El tiempo discurre a como dé lugar y lo único importante es el momento. Si estoy vivo y bien en el presente, lo que puede suceder en el futuro no debe desvelarme. Preocuparse por lo que viene es un desgaste innecesario y solo deja zozobra y desazón. Hay que dejar a un lado los pensamientos negativos y pesimistas, e insistir en ponerle al mal tiempo buena cara. Basta con vivir el momento y tratar de hacerlo agradable. Nunca dejar de hacer nada que nos provoque y aprovechar las oportunidades que se presenten.

Por eso me parece una pendejada ponerse en la noche del 31 de diciembre a hacer promesas y a fijar metas difíciles de cumplir, porque después va a recordar todo el año esas intenciones y el no cumplimiento de las mismas solo trae mortificaciones. Claro que el optimismo es provechoso y hacer planes no le hace daño a nadie, pero que no sean compromisos ineludibles. Lo mejor, pienso, es no hacerlos en público para que después no esté nadie recordándole esa cantidad de asuntos que acumula en la carpeta de pendientes. Una solución práctica es que la media noche lo coja copetón y verá que no le da por berrear, ni por echarle cabeza a la existencia.

Lo grave del asunto es que la depresión viene acompañada de angustia existencial, la cual genera más interrogantes: que si me va a alcanzar la plata; que los hijos qué; y si me echan del trabajo; y que tal que me aparezca una enfermedad grave; o que me caiga la administración de impuestos; o que se incendie la casa. ¡Huy!, y estamos pasados de un buen terremoto; o va y me secuestran; y donde se me dañe el matrimonio… Todas vainas que pueden suceder, pero que lo más seguro es que no. De manera que para qué desgastarse con problemas virtuales, si con los reales hay para dar y convidar. Que nadie le gaste cacumen a pensamientos negativos y en cambio se dedique a disfrutar lo que tiene, y en la noche de san silvestre nada de ponerse trascendental. Que sea como cualquier otra, o preferible, si la dedica a la fiesta, la buena comida y a compartir con personas de su agrado.

No haga sino mirar el calendario a ver cuándo es el primer puente, para empezar a planear los paseos que espera realizar. Porque a ese programa sí se le puede botar corriente, ya que mejor que el paseo como tal es la planeación del mismo, las reuniones con los participantes, hablar de lo que piensan comer, beber o los paisajes nuevos que conocerán. Lo mejor es que para salir de viaje no hay que ser rico, porque ese plan abarca cualquier tipo de excursión y no discrimina a nadie. ¡Ah!, y recomiendo no tener en cuenta el primer puente de enero, porque para entonces apenas estaremos como a 38 de diciembre.
pmejiama1@une.net.co

QUE LE DAMOS A...

Queda muy poco tiempo para la nochebuena y es hora de resolver qué vamos a regalar a esas personas que por una u otra razón merecen un detallito de nuestra parte. Quienes tienen hijos pequeños se divierten por esta época comprándoles chucherías y empacándoles un mundo de paquetes, porque a la larga es más lo que gozan los papás mientras planean las compras e imaginan la reacción de los menores, que lo que en realidad disfrutan ellos con los presentes. Aunque se trata de una utopía, a uno se le ocurre pensar qué le regalaría a ciertos personajes reconocidos de la vida pública en caso de tener algún compromiso con ellos.

Se me antoja por ejemplo que al Presidente Uribe le podría mandar un sombrero bien titino, acompañado de un tradicional poncho colorido como los que se consiguen en cualquier feria de pueblo; y puedo encimarle cinco galones de valeriana para que bogue, a ver si aguanta los nervios que debe sentir ante el despelote político que vive el país. Para el Ministro Andrés “Carriel” nada más apropiado que un rosario con las cuentas de metal, porque dicen que ese hombre cuando no está trabajando se dedica a voliar camándula sin descanso; parece que es más zanahorio que seminarista recién desempacado.

Al fiscal Iguarán sí está muy fácil regalarle, porque no es sino ir a una tienda de esas donde venden sahumerios, pirámides, budas barrigones, velas de colores y demás pendejadas esotéricas, y con seguridad allá encuentro algún trebejo que satisfaga sus gustos quirománticos. En cambio con los Santos, el ministro y el vicepresidente, igual que con Vargas Lleras, mejor me hago el pendejo porque esa gente es de dedo parao y tocaría darles algo bien cachaco o al menos aparentador. Todo lo contrario debe suceder con un tipo sencillote y descomplicado como Carlos Gaviria, quien seguramente va a quedar güete con cualquier baratija. Pero mejor no sigo con políticos, congresistas y funcionarios del gobierno, porque la mayoría lo que anhela recibir es un buen escondedero.

Ahora con el correo puerta a puerta puede enviarse un paquete a cualquier rincón del planeta, y lo mejor es que lo entregan en tiempo record; el único inconveniente es que en muchos casos puede costar más el envío que el mismo regalo. En todo caso puedo mandarle a George Bush un juego de video para que pase las tardes entretenido con los cañones, los bombarderos y los grandes submarinos nucleares, desde donde envíe los misiles teledirigidos a impactar edificios, centrales eléctricas, puentes y demás puntos estratégicos. Que goce al acumular los puntos que resultan por la cantidad de víctimas civiles y militares que dejan los ataques, porque bien es sabido que su pasatiempo favorito es disponer de la vida de los ciudadanos del tercer mundo.

Al chafarote vecino quiero ofrendarlo con un estuche para su ego, pero de tamaño “king size”; y una réplica del uniforme militar que utilizaba el Libertador, para que cambie esa pinta de cotero que mantiene y se presente estrenando hebra a cuanto acto oficial lo inviten. Lo que sí está muy complicado es la escogencia de presentes para dos personajes que, aunque por causas diferentes, andan en situación muy similar. Me refiero al comandante Fidel y a quien fuera su igual en Irak; porque mientras el líder cubano aparece esporádicamente en la televisión, con una apariencia que puede decirse que se han visto muertos de mejor color, el sátrapa Husseín hace fila para subir al cadalso. No cabe duda de que ambos tienen una pata en el cajón y por ello la escogencia debe ser muy bien pensada para no incomodar a nadie; lo único seguro es que al condenado a la horca no le voy a mandar una corbata.

Al cardenal López Trujillo le cae como anillo al dedo un libro que enseñe a controlar la soberbia, para que se convenza de que los demás tienen derecho a pensar como les provoque, y que no es bien vista la táctica de ponerse furioso y regañar al interlocutor cuando no esté de acuerdo con sus apreciaciones. Para todos los ex presidentes de nuestro país un regalo similar: pastillas para la memoria, a ver si recuerdan las embarradas que hicieron en su momento y dejan de una vez por todas la jodentina. Sobre todo el viejito gagá que ya nos tiene hasta la coronilla.

Nada más apropiado que un buen espejo de cuerpo entero para la cantante Marbelle, con el fin que se mire bien por todas partes y acepte que eso de aparecer en pelota en revistas de circulación nacional no es para todo el mundo. A Juanes y a Chaquira basta con una tarjeta de felicitación y el agradecimiento por hacer quedar bien el nombre de nuestro país en todas las latitudes; y que sigan con esa seriedad, carisma y honestidad con que han sabido manejar sus respectivas carreras.

Y para quienes lo requieran, que por desgracia en este sufrido país van desde los más altos funcionarios y dirigentes hasta el ciudadano del común, puede repartirse un manual de ética, moral y decencia. Porque es urgente aclarar de una vez por todas que no todo lo legal necesariamente está bien hecho, pues se volvió costumbre escudarse en los códigos para justificar marrullas, trapisondas y cochinadas.
pmejiama1@une.net.co

lunes, diciembre 18, 2006

COMO QUE COMO NATILLA.

Llega otro diciembre y sigo dando guerra. Ya son tres las navidades que corono después del diagnóstico de un melanoma en agosto de 2004. Claro que si a cualquiera se le enfría hasta la pajarilla al recibir la noticia, es peor cuando aparece la temida metástasis; por lo tanto después de sacar el tumor de la cara, fue necesario un vaciamiento lateral de cuello y el pescuezo me quedó como el de Frankenstein, pero sin tornillo. Por fortuna la limpieza quedó como muy bien jalada, porque hasta el momento no ha retoñado la porquería ésa. De manera que contrario a lo que creíamos muchos, como que como natilla otra vez. Bueno, esto es un decir, porque me empalaga ese mazacote re-dulce que reparten en esta época por poncheradas.

El optimismo y la actitud positiva son indispensables para una buena recuperación del cáncer, pero hay otras cosas muy importantes para lograr salir incólume de la dura prueba (aunque incólume quiere decir sano, sin lesión ni menoscabo, y por bien que le vaya a uno en este parto siempre le persisten secuelas y problemillas). El apoyo de los familiares y amigos es primordial para que el enfermo soporte los diferentes tratamientos, ya que es común que la difícil situación torne al paciente impaciente y por lo tanto los allegados deben armarse de paciencia. Un médico amable, sincero, optimista y con buen humor representa medio tratamiento; muchas veces llegué a donde el doctor Juan Paulo Cardona dispuesto a tirar la toalla, pero él sutilmente me convenció de persistir.

Lo que no hay derecho es que un ciudadano deba enfrentar, aparte de la angustia que genera padecer la enfermedad, los trámites, papeleos, requisitos, inconvenientes, filas, turnos, viajes perdidos, esperas, incomodidades, malos entendidos y todo ese caos que representa la salud en Colombia. No hablo en nombre propio porque gracias a buenos amigos, a la suerte y a que mi Dios no me desamparó, la atención ha sido inmejorable y la EPS cumplió con la entrega de los medicamentos más costosos. Sin embargo hubo trabas y complicaciones, pero comparado con los casos que conocí no cabe duda de que puedo darme por muy bien servido.

Un ejemplo conciso: debido a la quimioterapia cada mes se presentaba una disminución importante de las defensas y por lo tanto debía proceder con un tratamiento consistente en 5 inyecciones, una diaria, cuyo costo unitario era de 250 mil pesos. El médico recomendaba categóricamente que la primera dosis había que aplicarla al salir de la consulta y por fortuna pude conseguirlo prestado en todas las oportunidades, porque la EPS lo entregaba un mes después de hecha la solicitud. La mayoría de la gente no tiene recursos para comprar ese medicamento (reitero que esto es cada mes), y cuando le pregunté al doctor cual es el riesgo si no es aplicado de inmediato, respondió que la posibilidad de morir es muy alta. Siempre que recibía la primera inyección, que por cierto me ponía más maluco que un “pocillao” de babas, no pensaba en lo que me subía pierna arriba sino en aquellos que en ese preciso instante estarían desesperados en busca de la plata prestada, o empeñando hasta los calzones para levantarse más de un millón de pesos que costaban las cinco diminutas ampolletas.

Lo fregado del asunto, es que igual al ejemplo anterior son muchos los males que se derivan de la enfermedad central, porque los diferentes tratamientos descuadran el funcionamiento del organismo y empiezan a aparecer achaques en seguidilla. Un remedio cualquiera produce estreñimiento y esto repercute en unas hemorroides bien espantosas; la tiroides se jode y los síntomas son muchos, por lo que toca agregar otra pastilla a la larga lista; la piel reseca hay que tratarla con cremas y pomadas; échese aquello para evitar la caída del pelo; haga buches con esto para la resequedad en la boca; tome esta pastica para que pueda dormir; ingiera potasio para combatir el desaliento; ojo con la tensión arterial; y puedo seguir con una lista interminable de medicamentos, la mayoría de los cuales no los cubre el POS o simplemente están agotados. De manera que la platica que antes destinaba a la parranda del fin de semana, se iba completica en la compra de medicinas.

En estos casos no queda sino hacer de tripas corazón y pensar que así como llegan las cosas, igual pasan. Ser muy positivo pero sin desconocer la realidad; siempre tener presente que la situación es delicada y en cualquier momento puede complicarse. Un día llegué del chequeo mensual muy contento y casualmente en la televisión el doctor Cardona participaba en un programa de opinión. Ante una pregunta del entrevistador, respondió que la estadística de éxito en tratamientos cancerológicos es del 51%. Mi mujer quiso que le explicara y le expuse que de 1000 enfermos sobreviven 510, cifra que le pareció positiva; sin embargo, agregué, de 100 se salvan 51 y lo más tenaz, de 2 solo uno salva pellis.

En cierta ocasión, mientras conversaba con unos amigos, expresé que esta experiencia cambia la vida y que en muchos casos hasta empieza uno a cumplir años otra vez. Todos se extrañaron y cuando exigieron explicación, les dije que es común que dentro de un tiempo alguien comente:
-Oíste, fue hace 2 o 3 años que se murió fulanito.
pmejiama1@une.net.co

sábado, diciembre 16, 2006

COMO QUE COMO NATILLA.

Llega otro diciembre y sigo dando guerra. Ya son tres las navidades que corono después del diagnóstico de un melanoma en agosto de 2004. Claro que si a cualquiera se le enfría hasta la pajarilla al recibir la noticia, es peor cuando aparece la temida metástasis; por lo tanto después de sacar el tumor de la cara, fue necesario un vaciamiento lateral de cuello y el pescuezo me quedó como el de Frankenstein, pero sin tornillo. Por fortuna la limpieza quedó como muy bien jalada, porque hasta el momento no ha retoñado la porquería ésa. De manera que contrario a lo que creíamos muchos, como que como natilla otra vez. Bueno, esto es un decir, porque me empalaga ese mazacote re-dulce que reparten en esta época por poncheradas.

El optimismo y la actitud positiva son indispensables para una buena recuperación del cáncer, pero hay otras cosas muy importantes para lograr salir incólume de la dura prueba (aunque incólume quiere decir sano, sin lesión ni menoscabo, y por bien que le vaya a uno en este parto siempre le persisten secuelas y problemillas). El apoyo de los familiares y amigos es primordial para que el enfermo soporte los diferentes tratamientos, ya que es común que la difícil situación torne al paciente impaciente y por lo tanto los allegados deben armarse de paciencia. Un médico amable, sincero, optimista y con buen humor representa medio tratamiento; muchas veces llegué a donde el doctor Juan Paulo Cardona dispuesto a tirar la toalla, pero él sutilmente me convenció de persistir.

Lo que no hay derecho es que un ciudadano deba enfrentar, aparte de la angustia que genera padecer la enfermedad, los trámites, papeleos, requisitos, inconvenientes, filas, turnos, viajes perdidos, esperas, incomodidades, malos entendidos y todo ese caos que representa la salud en Colombia. No hablo en nombre propio porque gracias a buenos amigos, a la suerte y a que mi Dios no me desamparó, la atención ha sido inmejorable y la EPS cumplió con la entrega de los medicamentos más costosos. Sin embargo hubo trabas y complicaciones, pero comparado con los casos que conocí no cabe duda de que puedo darme por muy bien servido.

Un ejemplo conciso: debido a la quimioterapia cada mes se presentaba una disminución importante de las defensas y por lo tanto debía proceder con un tratamiento consistente en 5 inyecciones, una diaria, cuyo costo unitario era de 250 mil pesos. El médico recomendaba categóricamente que la primera dosis había que aplicarla al salir de la consulta y por fortuna pude conseguirlo prestado en todas las oportunidades, porque la EPS lo entregaba un mes después de hecha la solicitud. La mayoría de la gente no tiene recursos para comprar ese medicamento (reitero que esto es cada mes), y cuando le pregunté al doctor cual es el riesgo si no es aplicado de inmediato, respondió que la posibilidad de morir es muy alta. Siempre que recibía la primera inyección, que por cierto me ponía más maluco que un “pocillao” de babas, no pensaba en lo que me subía pierna arriba sino en aquellos que en ese preciso instante estarían desesperados en busca de la plata prestada, o empeñando hasta los calzones para levantarse más de un millón de pesos que costaban las cinco diminutas ampolletas.

Lo fregado del asunto, es que igual al ejemplo anterior son muchos los males que se derivan de la enfermedad central, porque los diferentes tratamientos descuadran el funcionamiento del organismo y empiezan a aparecer achaques en seguidilla. Un remedio cualquiera produce estreñimiento y esto repercute en unas hemorroides bien espantosas; la tiroides se jode y los síntomas son muchos, por lo que toca agregar otra pastilla a la larga lista; la piel reseca hay que tratarla con cremas y pomadas; échese aquello para evitar la caída del pelo; haga buches con esto para la resequedad en la boca; tome esta pastica para que pueda dormir; ingiera potasio para combatir el desaliento; ojo con la tensión arterial; y puedo seguir con una lista interminable de medicamentos, la mayoría de los cuales no los cubre el POS o simplemente están agotados. De manera que la platica que antes destinaba a la parranda del fin de semana, se iba completica en la compra de medicinas.

En estos casos no queda sino hacer de tripas corazón y pensar que así como llegan las cosas, igual pasan. Ser muy positivo pero sin desconocer la realidad; siempre tener presente que la situación es delicada y en cualquier momento puede complicarse. Un día llegué del chequeo mensual muy contento y casualmente en la televisión el doctor Cardona participaba en un programa de opinión. Ante una pregunta del entrevistador, respondió que la estadística de éxito en tratamientos cancerológicos es del 51%. Mi mujer quiso que le explicara y le expuse que de 1000 enfermos sobreviven 510, cifra que le pareció positiva; sin embargo, agregué, de 100 se salvan 51 y lo más tenaz, de 2 solo uno salva pellis.

En cierta ocasión, mientras conversaba con unos amigos, expresé que esta experiencia cambia la vida y que en muchos casos hasta empieza uno a cumplir años otra vez. Todos se extrañaron y cuando exigieron explicación, les dije que es común que dentro de un tiempo alguien comente:
-Oíste, fue hace 2 o 3 años que se murió fulanito.
pmejiama1@une.net.co

miércoles, diciembre 13, 2006

EL PESEBRE PUEDE CON TODO.

EL PESEBRE PUEDE CON TODO.
Lo mejor del pesebre es que en él se pierden todas las normas de proporción, lógica, medida, profundidad, afinidad o cualquier otra regla por el estilo. Pero hablo de los pesebres que se arman para darle gusto a los niños, y en los cuales ellos pueden meter mano en todo lo relacionado con su decoración y mantenimiento. Porque existen otros en donde la artesanía y el decoro son sus principales ingredientes, por lo que están hechos para el disfrute de quienes los detallan y admiran; montajes espectaculares con mil detalles y miniaturas que llaman la atención, y que son comunes en manos de coleccionistas, aficionados, o para adornar una vitrina o una sala de espera.

En cambio el que arman para los niños desde finales de octubre, cuando empiezan a acosar porque ya en la televisión y la radio se adelantaron con las cuñas navideñas, es un pesebre de combate y ante todo de entretenimiento. Al muchachito no se le debe negar ningún capricho en ese aspecto y mal hacen los adultos que tratan por todos los medios de explicarle a un mocoso que en la época del nacimiento de Jesús no había “transformers” ni tortugas ninjas, y que por ello dichos muñecos no deben hacer parte del paisaje. O tratar de convencer al zambo de que quite el helicóptero que acomodó a un lado del establo, con el argumento que lo deja a disposición de la sagrada familia por si es necesario llevar al recién nacido de urgencia al hospital.

Porque si el muchachito llega a salir muy entendido, va a dejar al adulto que reprocha sus gustos sin qué responder cuando le haga ver algunas inconsistencias que son bien difíciles de explicar. Qué va a responder el papá cuando el chiquitín le pregunte por qué hay un marrano mucho más grande que las casas del pueblito; o a cuenta de qué una de las ovejas es de porcelana y gran tamaño, mientras el resto son de plástico y tan pequeñas que le cabrían todas en el buche a la primera; y cuál es la razón para que el pato que flota plácido encima del espejo, sea del tamaño del buey que le hace guardia a la improvisada cuna.

Otro asunto bien complicado es tratar de convencer a los menores de que el recién nacido no se puede acomodar en su lugar sino el 24 de diciembre a la media noche, hora en que supuestamente llegó al mundo, porque hasta ese momento no existía y por lo tanto no puede estar presente. Entonces los muchachitos arguyen, y con toda la razón, que no se aguantan las ganas de acostarlo y que valiente gracia el Niño dios metido entre una caja mientras el resto de figuras disfrutan de las novenas y las festividades navideñas, y que para sacarlo después de la nochebuena mejor lo dejan ahí, ya que hasta ese día tiene gracia el pesebre.

Como a los pequeños hay que explicarles muy bien, y de una manera didáctica y lúdica cómo fue la historia del nacimiento del niño, es mejor no entrar en mucho detalle en asuntos como el del rey Herodes que mandó a pasar al papayo a todos los infantes recién nacidos para de esa forma hacer desaparecer del mapa al Mesías, porque a los niños les entra terronera y no es fácil que comprendan tan absurdo proceder. Mucho menos ahondar en el cuento de los tres reyes magos, ya que hasta para los adultos es complicado entender por qué se aparecieron esos personajes en semejantes fachas, cómo dieron con el humilde establo y todavía más enredado el tema de los regalos que llevaron.

Tampoco mencionen lo de la estrella de Belén, y mucho menos traten de explicar cómo es la cosa de María sin pecado concebida; y hay que estar preparados, porque con el avispe de los párvulos de ahora no va a faltar el que indague sobre el asunto de la virginidad de la santa Madre. Por lo tanto es mejor meterle ficción a la historia e insistir más en los animales que adornan el pesebre, en los pastorcitos que acudieron a felicitar a los nuevos padres, ponerle nombres chistosos al burro y al buey, y animar a los hijos para que reacomoden a diario los objetos del entorno.

Un pesebre puede con todo y no importa si al frente del modesto hospedaje está parqueado un carro de fórmula uno; o si le acondicionan unos parlantes para acompañar la escena con música moderna; si acomodan un muñeco de nieve al lado de San José; o si ponen al rey león a pastorear el rebaño de ovejas. Los niños tienen sus preferencias y por lo tanto no es raro ver un descomunal balón de fútbol en medio del desierto, la barby patinadora bajando enflechada por el papel aluminio que simula el manantial, o un inmenso osito de peluche a la mano para que el recién nacido se entretenga.

Es importante mantener nuestras tradiciones y hacer énfasis en el nacimiento del Niño dios por encima del papá Noel y demás importaciones. Y que de una vez las mamás sepan que nadie les va a ayudar a desbaratar el pesebre, para que después no empiecen con la cantaleta.
pmejiama1@une.net.co

miércoles, diciembre 06, 2006

OJO AL TURISMO.

Es triste que muchos solo tengan en cuenta los destinos turísticos en el exterior cuando de viajar se trata, y no opten por tantos lugares hermosos y paradisíacos que tenemos aquí a la mano. Viajar es un placer para la mayoría de las personas, y una bendición cuando el paseante disfruta igual la visita a un lugar cercano que un recorrido por Europa. En las vísperas de un viaje cualquiera siente una excitación y una ansiedad difíciles de definir, y es común que las personas no puedan conciliar el sueño la noche anterior al paseo.

El turismo es una industria que repunta, entre otras cosas porque es algo que le gusta a todo el mundo. Por ello la demanda es mucha y cada día son más los países que buscan en la industria sin chimeneas un renglón importante de su economía. En Colombia tenemos la materia prima principal para explotar este negocio porque contamos con diferentes culturas, sitios paradisíacos, selvas, páramos, costas, montañas, valles y todo tipo de ofertas para colmar las expectativas del visitante. Claro que también enfrentamos un conflicto interno que impide el ingreso masivo de turistas, quienes además tienen toda la razón en no jalarle a venir, porque nadie se le mide ahora por ejemplo a irse de vacaciones a Chechenia.

Otra cosa es que los pocos que se atreven a visitarnos en muchos casos son espantados por la falta de infraestructura adecuada, y porque la ansiedad del colombiano por esquilmar al que dé papaya no respeta raza ni edad. Tal vez el destino turístico más apetecido, y del que nos sentimos orgullosos, es Cartagena de indias. La ciudad tiene magia y recorrer las calles del centro amurallado es una experiencia inolvidable que deja embelesado a quien la visita con sus calles estrechas, balcones, portales, plazas, monumentos y edificaciones centenarias. Eso sí, que el paseante no se desvíe ni una cuadra de la zona turística porque se encuentra con la realidad de la pobreza, la basura y los malos olores que aparecen en todas partes.

La zona de Bocagrande, El Laguito y Castillogrande, que siempre ha sido escogida para construir hoteles y edificios de apartamentos, está en muy mal estado y recorrer sus vías y andenes es complicado. Parece increíble que no hayan adelantado proyectos de obras públicas como bulevares para los peatones, con las comodidades y el espacio necesarios, en una ciudad donde los turistas recorren las calles en todas direcciones. Cuando llueve las alcantarillas se rebosan y hay que ver los charcos que se forman en las vías, los cuales emanan olores nauseabundos. Es triste oír al taxista o al vendedor de frutas asegurar que los políticos se roban el presupuesto y por ello no existe ningún tipo de inversión.

Otro lunar que exaspera al turista es el azote de los vendedores ambulantes. Porque es tal la cantidad que parece una plaga que atosiga al veraneante hasta hacerlo desesperar; en todas partes existe este tipo de mercado, pero con la diferencia que están localizados en lugares específicos donde llega el interesado a buscar qué comprar. Visitar Cartagena en baja temporada es una delicia porque los taxis están disponibles a toda hora, en los restaurantes no es necesario hacer fila, las tiendas y almacenes no presentan congestión, y en general el ambiente es tranquilo y relajado. Claro que por la falta de visitantes el que se asome por la playa es presa fácil para ofrecerle la infinidad de artículos y servicios que comercializan a diestra y siniestra.

Tuve la oportunidad reciente de vivir esa experiencia y hay que ver la horda de personajes que aparecen cuando un grupo de cachacos llega a su carpa a disfrutar del sol y la playa. Es lógico que por la poca demanda ellos recurran a los escasos “marranos” que andan de vacaciones, pero es importante que les controlen la forma en que ofrecen su mercancía. Porque una cosa es que pase un vendedor y pregunte si alguien está interesado, y otra muy distinta que se parquee a insistir hasta el cansancio, que ponga muestras encima de los clientes potenciales, que no ceje en su empeño y sea necesario hablarle duro para que entienda que nadie quiere comprar.

O la que hace masajes que llega y lo embadurna a uno con un pegote dizque para una muestra gratis, y hay que ver el problema para detenerla; lo peor es que se pone furiosa por el rechazo. Claro que es triste ver tanta pobreza y desesperación, pero si uno quiere solucionar el problema a todos los que buscan el sustento en la playa, mejor se queda en la casa y dona lo que pensaba gastar en el paseo a una obra de caridad.

Una señora empeñada en que quería leerme la mano, a mí, que no creo ni en los rejos de la campana. Un músico le pide a uno de mis amigos que escoja una canción, y este le pregunta muy serio si conoce “me equivoqué contigo”. El prestidigitador empieza a desaparecer objetos, y con mucha habilidad por cierto, hasta que anuncia la mejor maroma. Entonces otro compañero comenta:
¡No me diga que se va a desaparecer usted!

Y esté preparado porque si le pregunta a alguien la hora, con gusto le responde pero hay que darle mil pesos.
pmejiama1@une.net.co

martes, noviembre 28, 2006

ASUNTOS VARIOS

En ocasiones se vienen a la cabeza un mundo de temas que no tienen nada en común, pero que hacen picar la lengua de las ganas de meter la cucharada. En medio de un frío que cala los huesos, mitigado a ratos por el solecito que aparece tímido gracias a que el tal fenómeno del niño lo deja participar para evitar que los aguaceros bíblicos arrasen con todo, la gente disfruta mientras bota corriente acerca del acontecer diario.

Es común la crítica a la iglesia católica por una negativa, mantenida hasta la terquedad, de no querer evolucionar a la par de los cambios que presenta la sociedad, sobre todo en temas como el celibato. Desde que tengo memoria se discute entre la feligresía la insistencia por parte de la cúpula católica de sostener este voto de castidad, y al fin me entero de que en el Vaticano, con el Papa Benedicto XVI a la cabeza, se reúnen para tocar el tema. Cómo evitarían de escándalos y malos entendidos si le permitieran a los curas contraer matrimonio, porque de esa forma no deben recurrir a la mentira y a la trampa para satisfacer ese impulso natural que siente cualquier mortal.

La sexualidad es una función fisiológica y vetarla es como prohibirle a alguien que orine o respire. En casi todas las religiones permiten que sus pastores y representantes formen una familia, lo cual es muy sano porque además tienen más autoridad y conocimiento para aconsejar en muchos temas relacionados. Sin esa represión el cura párroco será reconocido por la comunidad como un padre de familia responsable, marido fiel y miembro distinguido de la sociedad, y puede evitarse que mucha gente ande preguntándose con malicia si el presbítero fulano es del otro equipo. Claro que habrá sacerdotes pederastas, homosexuales y aberrados; otros conformarán su familia pero querrán tener una sucursal; no faltarán los que quieran divorciarse y volverse a casar, pero con seguridad muchos otros vivirán felices en compañía de esposa e hijos. Lástima que todo quede en veremos, porque de nuevo les dicen que se olviden del asunto y aproximadamente cien mil sacerdotes casados esperan que les autoricen retomar su apostolado.

Pasemos al tercio de pica. El reinado nacional en Cartagena está en franca decadencia, para fortuna de quienes vemos en él un derroche innecesario de tiempo y dinero. Basta con ver la poca trascendencia que al evento dedican los medios de comunicación, los cuales hace unos años atosigaban con la avalancha de información procedente del reinado. Unos pocos chismosos, lagartos, traquetos de media petaca, decenas de peinadores y maquilladores a cuál más afeminado, faranduleros, artistas en promoción y muchos periodistas, se reúnen a chismosear y a intrigar para manipular el fallo del jurado. Las comitivas departamentales están conformadas por reducidos grupos que solo hacen bulla y dan lora cuando están copetones, y la realidad es que las críticas aumentan a diario y el interés merma a pasos agigantados.

Timbales y trompetas anuncian cambio de tercio. Conminan a quienes todavía habitan el Palacio Nacional en Manizales, para que en una fecha determinada lo desocupen y tomen de una vez la determinación de si lo demuelen o le hacen refuerzo estructural y mejoran su aspecto. Que informen a la comunidad cuánto cuestan las diferentes opciones, porque no cabe duda de que aunque la edificación es muy cómoda y funcional, según dicen personas que a él acuden con regularidad, para quien lo observa desde afuera es un esperpento que solo produce vergüenza ante el visitante. Con seguridad gana el premio al edificio más feo del centro de la ciudad, y la posibilidad de derribarlo y aprovechar el espacio para un parque que sirva de pulmón es llamativa para cualquier ciudadano. De todos es sabido que en muchos casos es más costoso arreglar y remodelar que construir nuevo, y solo queda esperar que en caso de optar por la segunda opción, no se vayan a demorar 20 años edificándolo como sucedió con este armatoste.

Para Ripley lo que sucede con la vía que comunica las vecinas poblaciones de Chinchiná y Santa Rosa de Cabal. Es inaudito que debamos esperar once años para disfrutar de una obra que según los estimativos al iniciarla debía ejecutarse en dos años, pero más increíble aún que al fin terminada, la mantengan cerrada porque no se les ocurrió planear su funcionamiento. La nueva carretera, que presenta un trazado más cómodo porque facilita el sobrepaso de camiones y un tránsito a mayor velocidad, estuvo lista hace unos meses pero no la abren porque no saben quien debe operar el peaje. INVIAS, INCO y Autopistas del café se pasan la pelota para no hacerse cargo de los gastos que genera la nueva caseta, pero no se les ocurrió solucionar el asunto durante los casi 150 meses que demoraron en finiquitarla.

Claro que lo del sobrepaso es posible si no está presente la policía de carreteras en la zona, porque según la línea ininterrumpida que marca el centro de nuestras vías, está prohibido que un vehículo adelante a otro durante trayectos muy extensos. Basta con analizar en el tramo entre Manizales y Mariquita cuántas posibilidades legales hay de sobrepaso, por lo que supuestamente quien maneje un carro particular debe irse a paso de hormiga, y chupando humo, detrás de un camión por kilómetros y kilómetros.

miércoles, noviembre 22, 2006

LA MOCOSOCRACIA

LA MOCOSOCRACIA.
Está bien. Reconozco que soy intransigente con los muchachitos de ahora, pero nadie me quita de la cabeza que a muchos padres de familia que tienen hijos pequeños o adolescentes éstos se les están saliendo de las manos. Es inmensa la diferencia en el comportamiento actual de los menores de edad a como nos tocó a nosotros, porque en muchos casos aquello podía compararse con una dictadura. Claro que no cabe duda de que el derecho es aquél estilo de educación, comparado a la forma como los “mal educan” hoy en día.

A través de la historia muchos pueblos respetaron la opinión de los ancianos para tomar cualquier determinación, sociedades conocidas como gerontocracias. Los viejos mandaban y el resto, sobre todo los menores, obedecía. En otras culturas fueron las mujeres o los hombres los encargados de llevar las riendas, hasta llegar a lo más generalizado y que conocemos como democracia, donde supuestamente el pueblo rige los destinos de una nación. En nuestro país se puso de moda la tal meritocracia, modalidad que se basa en los méritos de cada persona para acceder a un cargo. Claro que la cosa no funciona como debe ser, porque aunque escogen al más idóneo, el candidato debe cumplir con ciertas condiciones tales como pertenecer a un determinado grupo político, y que ojalá sea recomendado por un congresista o un gamonal. Es lo que conocemos como dedocracia.

Ahora en los hogares los que mandan son los hijos. Esta nueva modalidad puede llamarse “mocosocracia” y crece a pasos agigantados porque como los padres no tienen tiempo para compartir con la familia, la forma de mitigar el remordimiento que esto les produce es dándole gusto a los infantes en todo lo que quieran. La manipulación a la que recurren los niños es impresionante y si los adultos se detienen un segundo a analizar la situación, van a aceptar que los tienen completamente ensillados. Al menos yo me quedo abismado cuando veo a una pareja de amigos que está de visita en otra casa y en cierto momento resuelven que quieren irse a acostar porque están rendidos; o simplemente porque ya es hora. Entonces el mocoso, que juega feliz con el niño de la casa, dispone que no salen todavía. Y se amangualan ambos zambos mientras los papás bostezan y hacen fuerza, pero aceptan que sea el culicagao el que resuelva a qué hora pueden despedirse. Parece inaudito pero así funciona.

Las comparaciones son odiosas pero el derecho de las cosas es que los menores respeten y acaten las normas implantadas por los mayores. Cómo es posible que en muchos hogares coman únicamente lo que los niños prefieren. Lo peor es que ellos disponen a diario que esto o aquello no les gusta, por la simple razón que oyeron a fulanito decir que cierto alimento es muy maluco. Sin haber siquiera probado muchos sabores resuelven que no los comen, además que tampoco los dejan comprar en el mercado. Muchos comen a deshoras, prefieren la comida chatarra, para cualquier preparación exigen mil requisitos, cambian sus gustos a diario, inventan las enguandas más rebuscadas y solo consumen bebidas artificiales las cuales desplazan los jugos naturales y la leche.

En la actualidad los niños son muy aprensivos y le tienen terror a perder los padres. Por ello no admiten que la mamá prenda un cigarrillo y les da patatús cuando el papá se toma unos aguardientes. Arman unas pataletas de película y como muchos adultos acatan esas muestras de rechazo, ellos aprovechan para dirigir el comportamiento de los mayores a su gusto y parecer. Joden porque alguien se come un chicharrón y empiezan con la cantaleta que eso produce infarto y otros males por el estilo.

Como los caguetas prefieren quedarse en la casa a cualquier otro programa, no se pierden ninguna tertulia de los mayores y quieren saber acerca de todo lo que se hable en ella. Preguntan más que un perdido y no permiten que la conversación fluya. Meten la cucharada en todos los temas y por ello hay que tener mucho cuidado con lo que se dice delante de ellos.

En muchos colegios existen programas extracurriculares y las criaturas deciden cada año cambiar de modalidad. Escogen el fútbol y cuando ya les han comprado guayos, balón, canilleras y el uniforme completo, resuelven que mejor se dedican al patinaje. Vuelve y juega a aperarlos con el equipo necesario para que al poco tiempo cambien nuevamente de parecer. Además se antojan de tomar clases de baile, pintura, cerámica, cocina y mil pendejadas que abandonan sin siquiera cogerle el gusto al asunto.

Es común que no quieran ir a ninguna parte si no los dejan invitar varios amiguitos, así los padres aduzcan que para qué quiere más compañía si tiene muchos primos y familiares con los cuales compartir. Cuando los niños están solos casi siempre son muy juiciosos, pero no los junte con otros menores porque se enloquecen y arman unas patanerías que provoca es darles una pela.

Mi mujer dice que yo tengo mucho de Herodes y no lo niego, porque solo me gustan los muchachitos educados y obedientes. No resisto un zambo grosero, manipulador, resabiado, melindroso, tata, malicioso o como decían los viejos: de mala índole. ¡Ah!, y si está enmelotado que ni se me arrime.
pmejiama1@une.net.co

jueves, noviembre 16, 2006

VOLVAMOS A LO SIMPLE.

El planeta que habitamos es una olla a presión con la válvula taponada, y es cuestión de tiempo para que no le quepa más vapor y en átomos volemos. Y es en todos los aspectos. En lo económico, ecológico, social, religioso o en cualquier campo que escojamos. La gente, rica, acomodada o pobre, no sabe qué camino coger. Asegura la filosofía popular que la riqueza no hace la felicidad, y eso puede corroborarse al ver las angustias y los conflictos de los multimillonarios. La sociedad actual está contaminada por la ansiedad y el estrés, y aterra ver hasta a los niños visitando al terapeuta.

Mientras más nos remontemos en la historia comprobamos que el hombre ha vivido épocas agradables y tranquilas. Claro que a partir del invento de ciertas comodidades, porque tampoco voy a envidiar a quienes habitaban una caverna y a la hora de comer debían ruñirse un trozo de carroña. Siempre han existido los conflictos entre diferentes bandos y los desastres naturales acompañan al planeta desde sus principios, pero a medida que el hombre tecnifica la guerra es más lamentable el resultado de los enfrentamientos. Y es un hecho que la naturaleza cada vez reacciona con mayor agresividad porque a ella también nos hemos encargado de trastocarla.

Son muchos los aspectos en los que la mayoría de las personas de cierta edad prefieren, si fuera posible, dar unos pasos atrás y retomar costumbres ya guardadas en el archivo del tiempo. El ritmo de vida de los individuos en la actualidad no permite labores que requieran demasiado tiempo y por ello los actividades deben ser ágiles y efectivas para ahorrar esfuerzos y demoras, aspectos que para la maquinaria del capitalismo salvaje valen oro.

Escojo un ejemplo para diferenciar las épocas y el mismo ejercicio puede aplicarse a cualquier tema. Pongo en la balanza las costumbres gastronómicas y la modalidad de adquirir los productos de la canasta familiar en tiempos de nuestra niñez, comparado a como sucede ahora. Lo primero es que los grandes supermercados y almacenes de cadena permiten al consumidor conseguir cualquier tipo de producto listo para ser utilizado, después de unos pocos minutos de preparación. Por ello cuando le preguntan a alguien qué ha hecho, frase común para saludar en nuestro medio, el otro responde que nada porque todo lo compra hecho.

No puede negarse que los productos y las técnicas utilizadas son modernas, y hasta apetitosas, pero es una alimentación artificial, insípida y monótona. En cambio la ida a la plaza de mercado era todo un programa y la gente dejó de visitarla porque el supermercado es más seguro, más sencillo, tiene donde parquear el carro, puede pagar con tarjeta débito, le regalan puntos acumulables por cada compra y encuentra variedad y calidad certificada. Pero la magia del mercado popular es única y recordar cuando el señor de las frutas compartía unas uvas con los niños que acompañaban la comitiva, el de la verdura les guardaba un costal con hojas de repollo y redrojo de zanahoria para alimentar los conejos, el carnicero les regalaba una moneda de 20 centavos, el del queso una pruebita de cuajada y la señora de los dulces un bastón de menta o un puñado de corozos garrapiñados.

La mamá regañaba los hijos para que no tocaran nada, mientras el viejito que cargaba el canasto colgado de una cincha lo reacomodaba cada rato en la sudorosa frente, y una gallina colgada de las patas a un costado del canasto agitaba las alas a modo de protesta. Cuando llegaban con el mercado a la casa, quienes no habían clasificado para ir en esa oportunidad buscaban con afán qué sorpresa les traían, mientras esperaban con ansias la semana en que les tocara el turno de participar en el recorrido.

Luego se daban las instrucciones a la empleada encargada de la cocina para que procediera con ciertas preparaciones. Una cosa que ya casi no se ve en los hogares son los dulces de fruta que nunca faltaban a la hora de la sobremesa en las comidas. Un vaso de leche con dulce de moras; el de tomate de árbol que se comía cogiendo la fruta en almíbar del tallo, como si fuera la cola de un ratón; el de mamey o el de piña, el de cocas de guayaba, o la jalea y el cernido de la misma fruta. La torta casera, el arroz con leche, el postre de natas, las grosellas caladas, las brevas con queso, los duraznos en almíbar y tantos manjares cuyos aromas invadían cada rincón de la casa.

Además la cocinera preparaba empanadas, tamales, solteritas y hojuelas; en una parrilla asaba arepas planchas y de las redonditas para acompañar las sopas caseras. Mi mamá hacía el vinagre con cáscaras de piña, preparaba mistelas con jugo de mora fermentado y reforzado con un poco de aguardiente, y tuvimos una empleada que hacía panes para el “algo” cuando llegábamos del colegio. Con el hambre que tiene un muchacho a esa hora y encontrar el delicioso olor del pan recién horneado.

A lo mejor soy muy montañero y ordinario, pero prefiero aquellos manjares a los pai, creps, braunis, mufets, donas, wafles y demás innovaciones, que por ser copiados del extranjero no se escriben así, pero definitivamente con esos nombres los conocemos.
pmejiama1@une.net.co

miércoles, noviembre 08, 2006

LISTA DE MANDADOS.

Es primordial aprender desde pequeño, o al menos cuando la edad lo permita, a nadar y a manejar carro. Nadie disfruta tranquilo la estadía en una finca donde hay piscina mientras algún niño no sepa defenderse en el agua. Porque donde no existe la alberca el muchachito puede quebrarse un brazo, abrirse la cabeza o apachurrarse un dedo, todos accidentes que tienen remedio. En cambio de la piscina ni hablemos.

Tener la oportunidad de manejar un vehículo es la ilusión de cualquier menor, desde cuando lo dejan llevar el timón o meter los cambios acomodado encima de las piernas del improvisado profesor. No importa si la persona no cuenta con un carro de alguien cercano, porque conocer ese oficio facilita las cosas en el campo laboral. Dicen que ambos aprendizajes nunca se olvidan y que quien conduce un vehículo pequeño, puede hacerlo con cualquier otro después de una corta adaptación. Para manejar un carro basta con observar a otro y preguntar algunas cosas, y luego esperar a alcanzar los pedales para que le den una palomita. Eso sí, para conducir bien hay que ejercitarse desde joven, porque ahí se aplica aquello que loro viejo no aprende a hablar. Chofer otoñal se queda runcho de por vida.

A nadar aprendí, como todos mis primos Mejía, cuando el tío Fabio nos llevaba a termales de Santa Rosa y después de una pequeña instrucción en la piscina bajita a los que no sabíamos, nos aventaba uno por uno a la mitad de la más profunda con la absoluta certeza que el muchachito salía nadando como cualquier cachorro.

En mi casa había un Desoto modelo 55. Era un carro grande, muy fino, con palanca en el timón y un asiento adelante y otro atrás en forma de banca, sin cinturones de seguridad, ergonomía o diseño especial, y un radio con teclas para cambiar de emisora. Mi mamá siempre ha sido muy cuarta y cuando el cucho se demoraba en llegar, ella nos dejaba salir a aprender a manejar el carro. Sentados en el borde de la silla, para alcanzar, nos íbamos a zonas deshabitadas a cogerle el tiro. Ya con cancha, uno acomodaba el brazo en la ventanilla abierta y cuando le mandaba la directa, con cierto ademán entre despectivo y fantoche, empezaba a disfrutar el programa.

En cualquier casa se requería hacer mandados a diario y seguro por ello mi madre se daba la pela de dejarnos aprender como fuera, para tener quien le hiciera las vueltas. Siempre el más reciente aprendiz se prestaba para lo que fuera, mientras los mayores preferían sacar la novia a pasear o cocacoliar con los amigos. Había mandados que ya eran tradicionales.

Con semejante trajín todo lo del hogar se dañaba con regularidad y por ejemplo semanalmente un electrodoméstico sacaba la mano. Entonces había que llevarlo a La Licuadora, abajito del edificio San Vicente de Paúl, donde arreglaban cualquier gallo. Al frente quedaba la carpintería de Ovidio, y ahí siempre había que recoger un nochero, una silla u otro mueble que habían reparado o simplemente le habían echado tapón. Las poltronas y sofás se dejaban en Sancotolengo, donde Hernán Vélez, el tapicero, se encargaba de cambiarles el forro y reconstruirles el relleno; por cierto, el hombre no cumplía ni años.

La ida donde la costurera era a diario, y mi madre tenía el palito para conseguirlas en los lugares más apartados. Claro que si uno estaba calmando fiebre, entre más lejos mejor. La ropa de cama la lavaban y planchaban en el Hogar Santa María, en una casona campestre cerca de la fabrica de jabones Hada. El hombre para solucionar cualquier problema relacionado con aparatos como la parrilla y el horno que funcionaban con resistencias eléctricas, era Madrigal, quien tenía el taller en la calle 24 frente al Club Los Andes. El radio, el teléfono o el tocadiscos los reparaba Carlos Arenas, también en el centro de la ciudad.

Además había que comprar algunos encargos en El Málaga, donde Emiliano; El Tiempo para mi papá en un carrito de dulces ahí enseguida; la parva en La Victoria; gelatinas y galletas donde las monjas de La Visitación; cambiar un cheque donde Mercedes Ángel, en la bomba Palogrande; recoger la remesa donde mi tía Lucy; pagar la cuota de un “club” (ahora lo llaman compra por separado) en el almacén Vanidades o en El Cónsul; y llevar un par de zapatos a remontar donde don Baltasar, el zapatero del barrio Lleras, que vivía a medio pelo y no había forma de que entendiera a qué iba uno.

A medio día mis padres iban, acompañados por mi hermanita menor, a visitar a la abuela paterna que residía en el hospital geriátrico y siempre le llevaban un caldito de pollo muy sustancioso. Arrancaban a esa hora con un hambre tenaz y a medio camino mi papá no aguantaba más el olor, y le decía a la niña que le diera una pruebita del caldo. Entonces todos se antojaban y más adelante paraban a darle un mordisco a la presa de pollo, hasta que el hueso quedaba pelado y la olla limpia. Mi padre trataba de justificar el hecho al decir que la viejita estaba muy perdida y que con seguridad ni cuenta se daba, razonamiento que eliminaba el remordimiento de los tres.
pmejiama1@epm.net.co

jueves, noviembre 02, 2006

UNO DE POBRE.

El campesino de nuestra región cafetera es distinguido y bien plantado. La mayoría son blancos, altos, de buena estampa y hasta oji claros, y a pesar de que a veces la pobreza los agobia, los niños son limpios y simpáticos. La gente del campo es amable y generosa, y quienes habitan las zonas altas de la cordillera llegan a ser hasta incautos e inocentes. Son personas sencillas y sanas, porque esas tierras son poco pobladas y por ello la maldad de la civilización no los ha perneado en forma considerable. Lo contrario sucede en los pueblos cafeteros, donde la violencia ha hecho presencia gracias a que los cosechadores llegan de todas partes y entre esas masas ambulantes no faltan las malas fichas. Casi todos nuestros campesinos se comportan de forma parecida, porque son muy apegados a sus costumbres y al entablarles conversa es fácil enterarse de su modo de vida. Así se expresa un agregado de finca cafetera en una conversación cotidiana:

*Vea patrón, yo sí le digo una cosa: esta región ha sido muy sana pero ahora han cogido los apaches por hacer de las suyas. Por fortuna nos reunimos entre los vecinos p’a hacer un convite y montales la perseguidora, porque nos cogen ventaja y después no los ataja es nadies. Yo antes mandaba las peladas p’a la escuela sin preocupame, pero ya me da como verriondera despachalas solas. No falta el vergajo corrompido que me les hace el mandao y ahí sí me hago restiar. Otra cosa es que se roban hasta un mojao y le toca a uno dentrar los animalitos por la noche y encerralos entre el escusao p’a que no alcen con ellos. Como se demora uno levantando marranos y metiéndoles plata, p’a que venga un hijuemama y los pele en un rato.

Es cierto que aunque en el campo no se consigue plata con una coloca como la mía, de agregao, poco a poco puede uno comprar los eletrodomésticos p’a vivir a lo bien; y si es juicioso hasta p’a ahorrar alguito le alcanza. Porque aunque esto es muy amañador, el televisor es importante p’a que la familia y hasta los trabajadores que duermen en la jinca se entretengan un rato antes de ise a dormir. Y el sonido también es indispensable, porque el domingo es muy sabroso escuchar música; y cuando hay alguna reunión, puede uno complacer a la visita con los temas de moda. A la mujer le toca moler duro con los destinos de la cocina, por lo que es mucho lo que ayuda digamos una licuadora.

Hombre, y hablando de las mujeres le digo pues que a veces no hay quien las entienda. Cómo le parece que a aquella se le metió hace días quizque por comprar una nevera; que p’a que la carne no se le dañe, que p’a hacer helaos y vendele a los piones, mantener la bogadera fría y mil razones más. Entoes les dije que en la cosecha nos poníamos todos a coger y al final hacíamos una vaca p’a colaborar con el aparato ése, hasta que llegó el momento de comprala. Fuera de todo tocó pagar carrera en un yí p’a traela. Pues la vieja ésta empezó a usala y claro, como siempre ha vivido sin necesidá de ese embeleco, ahora salió conque no le gusta y la tiene de escaparate. Mire y verá que está llena de ropa y de trebejos.

Y no es que uno sea amarrao, sino que no me gusta comprar pendejadas que no se van a usar. Recuerdo cuando bautizamos al Ancisar que le hicimos una fiesta la macha. Lo mismo jue la celebración cuando nacieron la Yurladis y Eunice; ni hablar de cuando hicieron la primera comunión. Se les compró estrén y tal, y aquella preparó un sudao que hizo historia. En navidá tampoco falta la polvorita, la natilla y los boñuelos, y cualesquier aguinaldo p’a los de la casa. Vea que hasta estoy pagando la pedorrita, que aunque está un poquito amasada, me lleva al pueblo y vuelve y me trae. Por lo mismo es que les digo a las muchachas cuando les da la ventolera de ise a vivir al pueblo, que es mejor en la finca porque siempre es mucho lo que consigue usté en la huerta p’a rendir la lata.

Con respecto a la comida, esa tampoco nos ha faltao. Eso sí p’a qué. Mire que el sábado cuando llego con la remesa hay qué ver los banquetes que nos trancamos; y aunque digan que uno no debe tragase todo el mercao el primer día, nosotros ya estamos enseñaos a pasanos después a punta de sancocho y frijoles; y aguapanela p’a sobremesiar. El caso es que aquí nadies está flacuchento o debilucho, y solo debo las culebritas normales.

Ahí tengo palabriao un ranchito en el pueblo p’a cuando esté viejo y ya no me den coloca. Porque se casan las muchachas y se abren, y el zambo ya está buscando p’a onde coger. Es una casita muy titina, con dos piezas, el servicio, una buena cocina y solarcito. Y tiene plancha p’a sacale otra pieza. De manera que usté puede ver que aunque no soy ningún potentao, tampoco paso trabajos como tanta gente en la ciudá. Porque éso sí: uno es pobre pero honrao.
pmejiama1@une.net.co