miércoles, octubre 09, 2013

Evolución del matrimonio.


Me da golpe cuando oigo a una señora decir que su marido es machista porque no recoge la ropa sucia ni ayuda a lavar los platos. Tal comportamiento tiene que ver más con la forma como lo criaron, porque la mamá es la encargada de inculcarnos esas cosas desde chiquitos: tender la cama, poner la mesa, hacer mandados y ayudar en la cocina. Algunos mayores creen que exigirle a un niño ese tipo de responsabilidades es un abuso y entre los campesinos es común que el hijo varón no haga ningún tipo de oficio en la casa, porque puede volverse afeminado. Lo increíble es que hoy en día los muchachitos, de ambos sexos, crecen sin saber preparar un huevo frito.

Las que se quejan del machismo ignoran la historia, no han leído, ni se interesan por otras culturas y costumbres. Porque después de conocer cómo se ha subyugado a la mujer a través de los siglos, que un hombre deje los calzoncillos tirados en el baño es una minucia insignificante. Claro que todavía se acostumbra golpear a las mujeres, abusar de ellas y menospreciarlas, práctica arraigada en los estratos bajos y el campesinado, pero a la mayoría nos tocó una generación donde la mujer exige igualdad de condiciones; sin duda la posibilidad de educarse y trabajar les da independencia, a diferencia de antes que muy pocas podían separarse del marido porque se las tragaba la tierra. Qué decir de otras religiones y tradiciones tribales, donde la mujer es propiedad del esposo.

En épocas pasadas el papel de la consorte era secundario y estaba confinada al hogar. Debía administrar la casa, educar los hijos, acudir a la iglesia, coser, preparar viandas y delicias, controlar al servicio y estar dispuesta a complacer al marido cuando este lo dispusiera; nada de dolor de cabeza ni demás disculpas. Salía de un embarazo, pasaba la dieta y arrancaba para el próximo. Muchos señores tenían amante, con quien daban rienda suelta a su fogosidad, y acostumbraban rematar las tertulias de amigos en una casa de citas.

Ahora los jóvenes no necesitan recurrir a prepagos ni guarichas porque las amigas lo aflojan sin misterios, y lo mejor, no necesitan estar enamoradas. Para ellos el sexo no es tabú y abordan el tema sin tapujos ni malicia. Muy diferente a como nos tocó a nosotros, que ni en el colegio ni en la casa nos nombraban el tema; aprendíamos con los amigos mientras se nos salían los ojos ante una revista Playboy. Después, a calmar la naturaleza con la mano o donde las mujeres de la vida. Otra costumbre actual es convivir en pareja durante un tiempo antes de tomar la determinación de casarse y tener hijos, lo que resulta práctico y efectivo, porque ambos pueden evidenciar si escogieron a la persona ideal y están preparados para comprometerse.

Aunque unas por otras, porque mientras un marido de antaño podía llegar a la casa al amanecer, jincho de la perra y con el pelo revolcado, y la mujer ni siquiera se atrevía a preguntar dónde andaba porque era el señor de la casa y por lo tanto podía hacer lo que le provocara, ahora los mantienen controlados al minuto y darse una escapada para echar una cana al aire es prácticamente imposible. Para no ir muy lejos, nosotros podíamos perdérnosle a la novia e inventar cualquier disculpa, y a ellas les tocaba tragar entero porque no tenían manera de confirmarlo. Ahora los avances en las comunicaciones tienen jodido a más de uno, porque una mujer celosa no se contenta sólo con que responda el teléfono, sino que exige que el fulano se conecte a la red y muestre el entorno donde se encuentra. Ya no pueden contestar desde el amoblado y decir que están en la oficina.

Una justificación para la infidelidad de los hombres puede ser que hay mucha diferencia en la calentura de ambos cónyuges después de unos años de matrimonio; mientras el marido siempre está con ganas y no desperdicia oportunidad para entucar, la señora busca disculpas e inconvenientes para evadir el encuentro. Conozco a una pareja muy querida que enfrentó una crisis por un desliz del marido, y ella quiso superar lo sucedido al planear una celebración inolvidable del aniversario de bodas que estaba próximo. El día señalado llegó el hombre cansado del trabajo y cuando se disponía a recostarse para ver el noticiero, la mujer le dijo que no se acomodara porque saldrían a comer afuera; sin los niños.

Mientras disfrutaban la velada él no veía la hora de irse porque el sueño le podía. Camino a casa la mujer lo hizo desviar y después de algunas señas, fueron a parar a un amoblado en las afueras de la ciudad. El tipo trataba de mostrar entusiasmo y después de parquear, ella lo hizo esperar un momento; luego lo llamó y al entrar en la habitación, la encontró en medio de un ambiente cubierto de pétalos de rosa y envuelta en un abrigo de piel que dejaba entrever que no llevaba nada debajo. Entonces ella, en un gesto como si quisiera abrirse el abrigo de un tirón, lo instó a que adivinara cuál era la sorpresa que le tenía. Él no pudo disimular su estupor y por responder algo dijo: Eeeeeh… ¿Las chicas águila?
pablomejiaarango.blogspot.com

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