Mucho ha cambiado el pensum escolar con el paso de los años y aunque estoy muy desactualizado en ese tema porque mi hijo hace ya mucho tiempo salió del colegio, presumo que así como a él no le dictaron las mismas materias que me tocaron a mí, mucho menos las van a enseñar ahora que todo ha cambiado tanto. En mi época las materias estaban divididas en dos grandes grupos que incluía, el primero, aquellas asignaturas que requerían estudio, eran complicadas y no se les podía perder el hilo, mientras el otro paquete estaba conformado de todas aquellas que eran consideradas fáciles y de relleno; a estas últimas las llamábamos costuras. Escritura, ortografía, artes manuales, educación física, religión, comportamiento y salud, urbanidad y civismo, eran algunas que se pasaban con solo asistir a las clases.
Yo sí quiero saber por qué dejaron de dictarle a los educandos asignaturas tan importantes como algunas de las mencionadas. La juventud escribe con una letra ininteligible y de ortografía conoce muy poco; las reglas de urbanidad les son desconocidas y acerca de la cívica no saben nada. Después, en la universidad, los preparan muy bien en sus respectivas carreras pero no se preocupan por enseñarles a ser ciudadanos ejemplares. La ética debería ser obligatoria en todas las facultades y durante varios semestres, porque no importa qué tan buen profesional llegue a ser un alumno mientras que por encima de ello lo reconozcan como una mala ficha. Antes de ser el primero en cualquier modalidad, disciplina, competencia, ciencia o habilidad, el ser humano debe tomar conciencia de que lo más importante es ser buena persona.
Recuerdo que a nosotros en la clase de cívica nos ahondaban más en los intríngulis del gobierno municipal, departamental y nacional, que en la forma como debíamos valorar nuestro terruño y cuáles eran los deberes que teníamos como ciudadanos. Pues si ahora el Ministerio de educación no considera necesario incluir la enseñanza de la cívica a los estudiantes de primaria y bachillerato, que sea la administración municipal la encargada de emprender una campaña para que en escuelas, colegios y demás instituciones educativas, le inculquen a los alumnos los principios del civismo y el buen comportamiento.
Claro que la campaña también debe comprometer a padres y acudientes, porque en el núcleo de la familia es donde el niño adquiere sus buenos principios; que nadie piense que la formación de los muchachitos es exclusiva del colegio. A los adultos se nos olvida que el mal ejemplo enseña más que cualquier instrucción y cuando un papá va en el carro con la familia y se pasa un semáforo en rojo, parquea en sitio prohibido “un segundito” mientras hace una vuelta, le arrea la madre a todo el que se atraviesa y viola otras tantas normas de tránsito, los niños, que todo lo absorben como esponjas, asimilan esas conductas como normas de comportamiento.
Qué bueno iniciar una cruzada desde la Alcaldía, apoyada por los educadores, los gremios, la Iglesia, entidades públicas y privadas, etc., para revivir entre la ciudadanía la importancia del civismo. Que entre todos nos dediquemos a machacarle a los menores que nunca deben tirar un papel a la calle, que respeten los parques y zonas verdes, que las normas y reglas son para cumplirlas, que en la calle deben ser educados y amables, que la solidaridad es importante, que nunca pasen por encima de los derechos de los demás, que todos somos responsables por el buen funcionamiento de la ciudad.
Maravilloso interesarlos en conocer la historia de la ciudad; llevarlos a recorrer las diferentes zonas y conocer los barrios; salir de paseo a las veredas y mostrarles cuáles son los límites del municipio; hablarles de las riquezas y falencias que tenemos. Enseñarles fotografías de tiempos pasados, explicarles los cambios que ha sufrido la ciudad, contarles de las vicisitudes vividas por nuestros antepasados, relatarles quienes fueron esos ancestros.
Los adultos deben cuidarse de que los hijos los oigan hablar mal de la ciudad, de sacarle pero a todo, de comparar con otras capitales y menospreciar lo nuestro. Que más bien les enseñen a admirar a quienes en el pasado osaron levantar una ciudad en un terreno agreste y empinado; a disfrutar el paisaje que desde aquí se observa; que sepan valorar el patrimonio arquitectónico del centro histórico; y que aprendan el origen del nombre de algunos sitios tradicionales de la capital.
Claro que también debemos hablarles de las falencias que tiene la ciudad, de sus problemas y debilidades, pero al mismo tiempo explicarles que no solo debemos despotricar y maldecir, sino que hay que participar con crítica constructiva, proponer soluciones y aportar nuestro granito de arena. Tal vez así logremos que en el futuro nuestros jóvenes no sueñen todos con alzar el vuelo hacia otras latitudes para buscar su destino; porque al paso que vamos, en 30 años aquí no habrá sino abuelitos que disfrutarán de sus nietos por algún medio virtual.
Inculquemos civismo a los menores. Y que no se enteren por ejemplo que ahora a algunos manizaleños les ha dado dizque por preferir el aguardiente de otros departamentos. Lo que faltaba, con la Licorera bien jodida por sus problemas de corrupción y malos manejos, y ahora su clientela cautiva le voltea el… ¡Mejor no digo más!
pmejiama1@une.net.co
martes, noviembre 02, 2010
miércoles, octubre 27, 2010
Humor cotidiano.
El humor es una condición genética y así como hay personas que se caracterizan por su actitud alegre, la agilidad mental para las salidas geniales, la chispa innata y una sonrisa siempre a flor de labios, hay otras que son diametralmente opuestas; calladas y un poco hoscas, prefieren la soledad y el silencio. No confundir el llamado buen humor con aquel cuenta chistes tan común, que muchas veces empalaga a los presentes porque quiere lucirse con su repertorio sin buscar el momento indicado, el ambiente propicio y una audiencia que muestre interés. Sin duda el mejor humor es el que resulta de una situación cualquiera, de una conversación casual.
Un amigo viaja una vez a la semana a atender consulta en una ciudad vecina y aprovecha para visitar al tío que vive allá. Ambos disfrutan del encuentro porque durante ese rato, aparte de saborear un delicioso almuerzo, se ponen al día en los sucesos más recientes, hablan de la familia, comentan sus problemas y demás asuntos. En una de esas tertulias le cuenta el tío, médico ya jubilado, que vino a visitarlo un amigo de toda la vida para hacerle una consulta muy particular. Resulta que el preocupado compañero había tenido problemas de próstata desde hacía algún tiempo y después de muchos exámenes, tratamientos y visitas a diferentes especialistas, se reunió una junta médica y concluyó que la única solución a su problema era la castración.
Entonces ante lo delicado del asunto optó por consultarle a él, quien como galeno, tendría un mejor panorama de la situación y podría ayudarle a tomar una decisión. Como es de suponer, el pobre hombre andaba en una depresión la más espantosa porque para cualquier varón el solo hecho de mencionar esa probabilidad produce terronera y por ello acudió al amigo a ver si con él encontraba algún consuelo. El consultado pensó que antes de darle explicaciones fisiológicas o anatómicas, lo que debía era recurrir a la sicología para menguar en algo la angustia de su amigo, y entonces le comentó: Hombre fulanito, no te preocupes más por esa vaina que a la edad nuestra las pelotas no nos sirven sino para aporreárnoslas.
********************
Muchos de quienes siguen carreras relacionadas con la salud prestan un servicio social al terminar sus estudios; lo llaman año rural. Donde sean destinados laboran en el hospital o el puesto de salud, y aprovechan ese lapso para coger algo de experiencia y amoldarse a su nueva profesión. Un amigo odontólogo fue a cumplir con ese requisito a Aranzazu, al norte de Caldas, y allí vivió enriquecedoras experiencias. El trato con los campesinos es muy particular porque ellos tienen sus creencias y costumbres, y a veces convencerlos de las bondades de un tratamiento es complicado. Cierta vez llegó a la consulta un montañero con una infección en una muela y el dentista le dijo que no había nada para hacerle a la pieza dental, y que lo mejor era sacarla. El tipo se veía muy reticente y presentaba diferentes disculpas para evitar la extracción, hasta que el profesional le dijo que no diera más rodeos y dijera de una vez cuál era su temor. Entonces el otro explicó que no debían operarlo porque tenía la sangre caliente. Aterrado ante tal aseveración, el dentista pidió más claridad y el asustado hombre comentó: Vea dotor, resulta de que tengo la sangre caliente porque anoche hice uso de mujer.
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El doctor Alberto Mendoza Hoyos fue un manizaleño a carta cabal. Sus conciudadanos reconocieron en él a una persona ejemplar, cívica, emprendedora y capaz, además de probo, cultivado y de maneras exquisitas; parecía un lord inglés. Participó en política en el ámbito local y nacional, ejerció diferentes cargos en el alto gobierno y se desempeñó como gobernador de nuestro departamento. Ahora pienso que ojalá nuestros actuales dirigentes políticos y gobernantes hubieran heredado siquiera un poquito de esa rectitud y honorabilidad.
Resulta que cuando el doctor Mendoza se desempeñaba como Gobernador, se enteró por casualidad de que un miembro de su gabinete tenía ciertas inclinaciones sexuales non sanctas, pero debido a su prudencia y caballerosidad no encontraba la manera de confirmar el asunto. Sobra decir que en aquella época, a diferencia de ahora que el homosexualismo es tan común, un hecho como ese podría generar un escándalo social y por lo tanto el mandatario debía solucionarlo de inmediato. Entonces se le ocurrió recurrir a otro de los Secretarios, el doctor Mario Humberto Gómez Upegui, quien se caracterizaba por ser un tipo dicharachero, francote y desinhibido, y por lo tanto podía hacerle esa averiguación sin problema.
Mandó llamar al subalterno a su despacho y en un principio le comentó algunos asuntos menores, hasta que decidió plantearle el asunto con ese tacto y circunspección que acostumbraba: Mire doctor Gómez, le dijo, resulta que por ahí me enteré, de pura casualidad, que un miembro de nuestro equipo presenta un comportamiento que no es bien visto por la sociedad ni por la iglesia católica; soy consciente de que se trata de su vida privada, pero usted sabe que cuando uno desempeña un cargo público debe ceñirse a ciertas normas de comportamiento y temo que esto pueda acarrearnos pro… Ahí lo interrumpe Mario Humberto y con ese desparpajo suyo le dice: ¿Usted se refiere a fulanito? ¡cacorrísimo mi doctor! pmejiama1@une.net.co
Un amigo viaja una vez a la semana a atender consulta en una ciudad vecina y aprovecha para visitar al tío que vive allá. Ambos disfrutan del encuentro porque durante ese rato, aparte de saborear un delicioso almuerzo, se ponen al día en los sucesos más recientes, hablan de la familia, comentan sus problemas y demás asuntos. En una de esas tertulias le cuenta el tío, médico ya jubilado, que vino a visitarlo un amigo de toda la vida para hacerle una consulta muy particular. Resulta que el preocupado compañero había tenido problemas de próstata desde hacía algún tiempo y después de muchos exámenes, tratamientos y visitas a diferentes especialistas, se reunió una junta médica y concluyó que la única solución a su problema era la castración.
Entonces ante lo delicado del asunto optó por consultarle a él, quien como galeno, tendría un mejor panorama de la situación y podría ayudarle a tomar una decisión. Como es de suponer, el pobre hombre andaba en una depresión la más espantosa porque para cualquier varón el solo hecho de mencionar esa probabilidad produce terronera y por ello acudió al amigo a ver si con él encontraba algún consuelo. El consultado pensó que antes de darle explicaciones fisiológicas o anatómicas, lo que debía era recurrir a la sicología para menguar en algo la angustia de su amigo, y entonces le comentó: Hombre fulanito, no te preocupes más por esa vaina que a la edad nuestra las pelotas no nos sirven sino para aporreárnoslas.
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Muchos de quienes siguen carreras relacionadas con la salud prestan un servicio social al terminar sus estudios; lo llaman año rural. Donde sean destinados laboran en el hospital o el puesto de salud, y aprovechan ese lapso para coger algo de experiencia y amoldarse a su nueva profesión. Un amigo odontólogo fue a cumplir con ese requisito a Aranzazu, al norte de Caldas, y allí vivió enriquecedoras experiencias. El trato con los campesinos es muy particular porque ellos tienen sus creencias y costumbres, y a veces convencerlos de las bondades de un tratamiento es complicado. Cierta vez llegó a la consulta un montañero con una infección en una muela y el dentista le dijo que no había nada para hacerle a la pieza dental, y que lo mejor era sacarla. El tipo se veía muy reticente y presentaba diferentes disculpas para evitar la extracción, hasta que el profesional le dijo que no diera más rodeos y dijera de una vez cuál era su temor. Entonces el otro explicó que no debían operarlo porque tenía la sangre caliente. Aterrado ante tal aseveración, el dentista pidió más claridad y el asustado hombre comentó: Vea dotor, resulta de que tengo la sangre caliente porque anoche hice uso de mujer.
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El doctor Alberto Mendoza Hoyos fue un manizaleño a carta cabal. Sus conciudadanos reconocieron en él a una persona ejemplar, cívica, emprendedora y capaz, además de probo, cultivado y de maneras exquisitas; parecía un lord inglés. Participó en política en el ámbito local y nacional, ejerció diferentes cargos en el alto gobierno y se desempeñó como gobernador de nuestro departamento. Ahora pienso que ojalá nuestros actuales dirigentes políticos y gobernantes hubieran heredado siquiera un poquito de esa rectitud y honorabilidad.
Resulta que cuando el doctor Mendoza se desempeñaba como Gobernador, se enteró por casualidad de que un miembro de su gabinete tenía ciertas inclinaciones sexuales non sanctas, pero debido a su prudencia y caballerosidad no encontraba la manera de confirmar el asunto. Sobra decir que en aquella época, a diferencia de ahora que el homosexualismo es tan común, un hecho como ese podría generar un escándalo social y por lo tanto el mandatario debía solucionarlo de inmediato. Entonces se le ocurrió recurrir a otro de los Secretarios, el doctor Mario Humberto Gómez Upegui, quien se caracterizaba por ser un tipo dicharachero, francote y desinhibido, y por lo tanto podía hacerle esa averiguación sin problema.
Mandó llamar al subalterno a su despacho y en un principio le comentó algunos asuntos menores, hasta que decidió plantearle el asunto con ese tacto y circunspección que acostumbraba: Mire doctor Gómez, le dijo, resulta que por ahí me enteré, de pura casualidad, que un miembro de nuestro equipo presenta un comportamiento que no es bien visto por la sociedad ni por la iglesia católica; soy consciente de que se trata de su vida privada, pero usted sabe que cuando uno desempeña un cargo público debe ceñirse a ciertas normas de comportamiento y temo que esto pueda acarrearnos pro… Ahí lo interrumpe Mario Humberto y con ese desparpajo suyo le dice: ¿Usted se refiere a fulanito? ¡cacorrísimo mi doctor! pmejiama1@une.net.co
miércoles, octubre 20, 2010
Compendio noticioso.
Lo primero que hago al levantarme es recoger el ejemplar de La Patria que meten por debajo de mi puerta. Acariciar el papel periódico, así quede untado de tinta, es un placer irremplazable. Y si el presupuesto no alcanza para más suscripciones, por fortuna existe internet para navegar por periódicos y revistas sin restricción. Como además veo el telenoticiero del medio día y oigo mucho radio, en la prensa sólo leo a fondo las columnas de opinión porque de la mayoría de titulares ya estoy informado. Resulta que al ojear dichos encabezados siempre hago un comentario mental de cada uno, e invito a los lectores a practicar esa modalidad que es bien entretenida. Como muestra presento un recorrido que hice por la prensa en días pasados (cavilaciones entre paréntesis):
Mujer australiana quemó el pene a su marido (al menos no se lo arrancó a mordiscos, como la ecuatoriana aquella). El profesor Moncayo dice que aún no recibe protección del estado (¿hasta cuándo tendremos que aguantarnos a este viejo tan cansón?). Una prótesis hizo ver estrellas a la presentadora Laura Acuña (éso fue que el novio se lo mandó alargar). ¿Su vivienda es capaz de resistir un terremoto? (¡ahí está la virgen!). Entidades financieras ganaron $6,18 billones entre enero y agosto (¡qué vagabundería!). Encargan grupo de forenses para estudiar computadores de Jojoy (¿y que la autopsia la hagan unos técnicos en electrónica?).
Casi 5 millones de bogotanos participaron en ejercicio de evacuación (de edificios; que de intestinos colapsan las cañerías). Piedad Córdova dice: “Asumo que me quieren lapidar” (no asuma, cuente con ello). Actor más joven de “Two and a half man” gana U$300.000 por episodio (el caguetas se acuesta todas las noches con ese billete consignado en su cuenta). Video de hombre que tumba a mujer en Transmilenio ronda por internet (si subimos a todos los tumbados en este país, saturamos la red).
Vicepresidente de Paraguay acusa a Lugo de violar la Constitución (¿a esa también?).
¿Quién está ganando la batalla de los teléfonos inteligentes? (que les hagan pruebas del Icfes). Chaves le dice a Evo que a nadie debe apenar que le digan indio (fíjese que a él le resbala que lo llamen negro hijue…). Camilo Villegas se desnudó para la revista ESPN (y uno se empelota y lo enchiqueran). Shakira lanza la versión en español de ´Loca´ (loca, Juan Gabriel). Discapacitado muere al derribar puertas de ascensor y caer al vacío (cada quien se suicida como le provoque). Dice Ingrid que los colombianos se debaten, con respecto a ella, entre el amor y el odio (me late que es más de lo segundo).
Polémico nuevo Código de Policía propone rehabilitación de la prostitución y prohibición de la pólvora (ahora se equivocan, prohíben las putas y rehabilitan la pólvora). Teófilo Gutiérrez comandará el ataque frente a Ecuador (por fortuna estoy en la sección de deportes). Crean un software para adelgazar actores en la pantalla (que lo inventen para todos y se forran). Vicepresidente Angelino Garzón pide a Obama que presione para ratificar el TLC (cómo habrá sido el susto del moreno). ¡Ni se le ocurra enfermarse! (siquiera me advirtieron). Cinco años de prisión para ex directora de la DIAN en Manizales (más de uno sentirá un fresquito). Los avivatos del Congreso (¡qué pecaito!; ahí debe haber un error).
Uribe habló en Guatemala sobre cómo acabar con la pobreza (y qué tal si nos enseña a nosotros). Mininterior en pleno simulacro (¿cómo?, ahora sí nos jodimos). Redes sociales ¿prohibir o educar? (donde las prohíban, a mi mujer le da un yeyo). La prostitución también es un trabajo: Corte Constitucional (y pensar que les dicen dizque mujeres de vida fácil). Andrea Serna irá al altar por segunda vez (quien ve el pollo y lo que chilla). Vendedores de carros siguen de fiesta (mientras que quienes los compran lloran en los trancones). Ex Ministro Andrés Felipe Arias declina embajada en Italia (hubiera dicho antes). Muertos 96 colombianos por ola invernal (sin contar los que vivimos muertos del frío). Un jugador de fútbol es un animal muy especial: Jose Mourinho (si viera los especímenes que tenemos por aquí). Minusválido abusaba de sus nietas y de una vecina (alentadito de la bragueta, el bellaco). Hombre lanza libro a Obama (noticia, el que va a lanzar Vargas Llosa).
Muerto en combate cabecilla de la cuadrilla “Alfonso Castellanos” de Las FARC (guerrillero abatido que no es cabecilla, es jefe de finanzas). 18 muertos en Brasil por bacteria KPC (que nombre tan tenebroso). Nuevo Código de Policía sancionará a quien se cuele en una fila (me río de janeiro). Diez cosas absurdas de Bogotá (¿diez no más?). Concejo de Bogotá salió a semana de receso, como los colegios (¡sinvergüenzas!). España celebra su primer campeonato nacional de siesta (me apunto). Once de las veinte mujeres más ricas del mundo son chinas (aclaren: ricas o adineradas; que no es lo mismo). Abren investigación preliminar contra ex presidente Uribe (cero y va una). Jugadores del Once Caldas, incómodos porque no les pagan (¿pagarles qué?). El ciclismo, sin plata, pero con ganas de medallas (igual yo, que mantengo ganas de ir a Europa). El futuro de los mineros, luego del rescate (conferencistas, presentadores de televisión, novelistas, congresistas o modelos de Playboy). Agricultores advierten sobre posible ‘estanflación’ en el sector (¿estanflaquéééé?).
pmejiama1@une.net.co
Mujer australiana quemó el pene a su marido (al menos no se lo arrancó a mordiscos, como la ecuatoriana aquella). El profesor Moncayo dice que aún no recibe protección del estado (¿hasta cuándo tendremos que aguantarnos a este viejo tan cansón?). Una prótesis hizo ver estrellas a la presentadora Laura Acuña (éso fue que el novio se lo mandó alargar). ¿Su vivienda es capaz de resistir un terremoto? (¡ahí está la virgen!). Entidades financieras ganaron $6,18 billones entre enero y agosto (¡qué vagabundería!). Encargan grupo de forenses para estudiar computadores de Jojoy (¿y que la autopsia la hagan unos técnicos en electrónica?).
Casi 5 millones de bogotanos participaron en ejercicio de evacuación (de edificios; que de intestinos colapsan las cañerías). Piedad Córdova dice: “Asumo que me quieren lapidar” (no asuma, cuente con ello). Actor más joven de “Two and a half man” gana U$300.000 por episodio (el caguetas se acuesta todas las noches con ese billete consignado en su cuenta). Video de hombre que tumba a mujer en Transmilenio ronda por internet (si subimos a todos los tumbados en este país, saturamos la red).
Vicepresidente de Paraguay acusa a Lugo de violar la Constitución (¿a esa también?).
¿Quién está ganando la batalla de los teléfonos inteligentes? (que les hagan pruebas del Icfes). Chaves le dice a Evo que a nadie debe apenar que le digan indio (fíjese que a él le resbala que lo llamen negro hijue…). Camilo Villegas se desnudó para la revista ESPN (y uno se empelota y lo enchiqueran). Shakira lanza la versión en español de ´Loca´ (loca, Juan Gabriel). Discapacitado muere al derribar puertas de ascensor y caer al vacío (cada quien se suicida como le provoque). Dice Ingrid que los colombianos se debaten, con respecto a ella, entre el amor y el odio (me late que es más de lo segundo).
Polémico nuevo Código de Policía propone rehabilitación de la prostitución y prohibición de la pólvora (ahora se equivocan, prohíben las putas y rehabilitan la pólvora). Teófilo Gutiérrez comandará el ataque frente a Ecuador (por fortuna estoy en la sección de deportes). Crean un software para adelgazar actores en la pantalla (que lo inventen para todos y se forran). Vicepresidente Angelino Garzón pide a Obama que presione para ratificar el TLC (cómo habrá sido el susto del moreno). ¡Ni se le ocurra enfermarse! (siquiera me advirtieron). Cinco años de prisión para ex directora de la DIAN en Manizales (más de uno sentirá un fresquito). Los avivatos del Congreso (¡qué pecaito!; ahí debe haber un error).
Uribe habló en Guatemala sobre cómo acabar con la pobreza (y qué tal si nos enseña a nosotros). Mininterior en pleno simulacro (¿cómo?, ahora sí nos jodimos). Redes sociales ¿prohibir o educar? (donde las prohíban, a mi mujer le da un yeyo). La prostitución también es un trabajo: Corte Constitucional (y pensar que les dicen dizque mujeres de vida fácil). Andrea Serna irá al altar por segunda vez (quien ve el pollo y lo que chilla). Vendedores de carros siguen de fiesta (mientras que quienes los compran lloran en los trancones). Ex Ministro Andrés Felipe Arias declina embajada en Italia (hubiera dicho antes). Muertos 96 colombianos por ola invernal (sin contar los que vivimos muertos del frío). Un jugador de fútbol es un animal muy especial: Jose Mourinho (si viera los especímenes que tenemos por aquí). Minusválido abusaba de sus nietas y de una vecina (alentadito de la bragueta, el bellaco). Hombre lanza libro a Obama (noticia, el que va a lanzar Vargas Llosa).
Muerto en combate cabecilla de la cuadrilla “Alfonso Castellanos” de Las FARC (guerrillero abatido que no es cabecilla, es jefe de finanzas). 18 muertos en Brasil por bacteria KPC (que nombre tan tenebroso). Nuevo Código de Policía sancionará a quien se cuele en una fila (me río de janeiro). Diez cosas absurdas de Bogotá (¿diez no más?). Concejo de Bogotá salió a semana de receso, como los colegios (¡sinvergüenzas!). España celebra su primer campeonato nacional de siesta (me apunto). Once de las veinte mujeres más ricas del mundo son chinas (aclaren: ricas o adineradas; que no es lo mismo). Abren investigación preliminar contra ex presidente Uribe (cero y va una). Jugadores del Once Caldas, incómodos porque no les pagan (¿pagarles qué?). El ciclismo, sin plata, pero con ganas de medallas (igual yo, que mantengo ganas de ir a Europa). El futuro de los mineros, luego del rescate (conferencistas, presentadores de televisión, novelistas, congresistas o modelos de Playboy). Agricultores advierten sobre posible ‘estanflación’ en el sector (¿estanflaquéééé?).
pmejiama1@une.net.co
martes, octubre 12, 2010
El consumismo.
A qué hora el ser humano se convirtió en una máquina de consumir. Inventan pendejadas a diario y las sacan al mercado convencidos de que no dan un brinco en estanterías y vitrinas, porque ahora la gente compra es por comprar; no importa que el producto sea ordinario, absolutamente innecesario o muy costoso, el consumidor se lo lleva así sea de novelero y ocioso. Por ello cuando uno va a un gran almacén a adquirir algo que necesita, lo mejor es no pasearse por entre las góndolas porque termina con el carrito de compras lleno de chucherías; y de las mujeres ni hablemos, porque está en su genética irse al centro comercial a ver de qué se antojan.
Hay que ver la avalancha de mercancías que nos ofrecen por televisión y la extensión de los espacios publicitarios que utilizan para promocionar dichos productos, que mientras un comercial cualquiera dura veinte o treinta segundos, los de tele ventas pueden alcanzar los cinco minutos; tienen tiempo de antojar al desprevenido consumidor con pruebas del producto, ofertas y declaraciones de clientes satisfechos. Cómo será ese negocio de rentable que se dan el lujo de ofrecer la mercancía sólo con el sistema de tele venta, donde los interesados deben llamar de inmediato desde los diferentes países, pagan su producto con la tarjeta de crédito y a los pocos días reciben el encargo por correo. Todos esos trastos terminan en el cuarto de san alejo y no falta que alguno de ellos no llene las expectativas del ansioso comprador, situación en la que no le queda sino comprar un tarro de vaselina porque la plata no se la devuelven.
Leí un texto, dicen que es del escritor uruguayo Eduardo Galeano, donde se lamenta de esta nueva sociedad que rinde culto a todo lo desechable. Yo, igual que él, crecí en un hogar donde todo se reutilizaba: los pañales y lo pañuelos, los envases, los tarros de galletas, los periódicos se guardaban para lavar vidrios, las cajas de cartón para empacar algo que se ocurriera. Debo reconocer también que cuando conocí las cervezas y gaseosas en lata me dio trabajo desprenderme del novedoso empaque, y que en la cocina siempre había varios cubiertos de plástico que sobraron por ahí de algún paseo.
A lo mejor me impresiona ese gusto que tienen mis semejantes por adquirir ociosidades debido a que soy desapegado a las cosas materiales. No puedo entender por ejemplo que alguien tenga dentro de la caja fuerte una colección de relojes costosos, y que cada que se ponga alguno para lucirlo, no encuentre tranquilidad por estar a toda hora pendiente de que no se lo roben. El último reloj que utilicé era un pelle de veinte mil pesos y cumplía la misma función del Rólex más costoso: daba la hora. Desde que se le acabó la pila lo abandoné y nunca más volví a usar reloj, porque esa vaina me estorba; y aunque soy de los que procuro no llegar retrasado ni un minuto a una cita o compromiso, no tengo inconveniente porque en donde me encuentre hay un reloj a la vista: en la pantalla del computador, en la mesa de noche, el del VHS, en la pantalla del televisor, en el tablero de los carros, en la pared de cualquier oficina o dependencia, el de la cocina de mi casa, en el microondas, en el celular.
Otro día un amigo me mostró unas gafas costosísimas que lucía, aunque al momento confesó que eran chiviadas y que las originales las tenía a buen recaudo; ¿Quién puede explicarme para qué sirven unas gafas en una caja de seguridad? Yo habría comprado media docena de las piratas para que me importe un carajo si alguien se sienta en ellas, se pierden o se las roban. No puedo entender esa manía de coleccionar objetos costosos y joyas para mantenerlas guardadas en una caja fuerte, y lo único que logran con ello es que los asalten y carguen con todo. Porque puedo asegurar que los cacos no dan puntada sin dedal, y que cuando se meten a una casa, es porque saben exactamente a lo que van.
Vi en un supermercado unas naranjas importadas a un costo de $2.250 la unidad, mientras las nuestras se pudren en los árboles porque es más costoso cogerlas que lo que pagan por ellas. Y no me vengan a decir que las extranjeras son mejores. Es como con las cervezas, que no falta el fantoche que paga altísimos precios por marcas importadas mientras que las que producimos en el país son inmejorables; e igual sucede con infinidad de productos. Definitivamente hay gente muy pendeja y ahí sí cabe decir que en este país se acaba primero el helecho que los marranos.
Que sigan comprando ociosidades que la vida es muy larga y da muchas vueltas, y nadie sabe si el día de mañana va a saltar matones; porque debe ser muy tenaz el remordimiento de haber derrochado el dinero en banalidades. En alguna parte leí que el próximo año va a ser el del consumismo. Sí, con la situación como está de jodida, todo el mundo va a tener que seguir con su mismo salario, con su mismo carro, con su mismo apartamento, con su mismo televisor, con su mismo matrimonio. ¡Quedan advertidos!
pmejiama1@une.net.co
Hay que ver la avalancha de mercancías que nos ofrecen por televisión y la extensión de los espacios publicitarios que utilizan para promocionar dichos productos, que mientras un comercial cualquiera dura veinte o treinta segundos, los de tele ventas pueden alcanzar los cinco minutos; tienen tiempo de antojar al desprevenido consumidor con pruebas del producto, ofertas y declaraciones de clientes satisfechos. Cómo será ese negocio de rentable que se dan el lujo de ofrecer la mercancía sólo con el sistema de tele venta, donde los interesados deben llamar de inmediato desde los diferentes países, pagan su producto con la tarjeta de crédito y a los pocos días reciben el encargo por correo. Todos esos trastos terminan en el cuarto de san alejo y no falta que alguno de ellos no llene las expectativas del ansioso comprador, situación en la que no le queda sino comprar un tarro de vaselina porque la plata no se la devuelven.
Leí un texto, dicen que es del escritor uruguayo Eduardo Galeano, donde se lamenta de esta nueva sociedad que rinde culto a todo lo desechable. Yo, igual que él, crecí en un hogar donde todo se reutilizaba: los pañales y lo pañuelos, los envases, los tarros de galletas, los periódicos se guardaban para lavar vidrios, las cajas de cartón para empacar algo que se ocurriera. Debo reconocer también que cuando conocí las cervezas y gaseosas en lata me dio trabajo desprenderme del novedoso empaque, y que en la cocina siempre había varios cubiertos de plástico que sobraron por ahí de algún paseo.
A lo mejor me impresiona ese gusto que tienen mis semejantes por adquirir ociosidades debido a que soy desapegado a las cosas materiales. No puedo entender por ejemplo que alguien tenga dentro de la caja fuerte una colección de relojes costosos, y que cada que se ponga alguno para lucirlo, no encuentre tranquilidad por estar a toda hora pendiente de que no se lo roben. El último reloj que utilicé era un pelle de veinte mil pesos y cumplía la misma función del Rólex más costoso: daba la hora. Desde que se le acabó la pila lo abandoné y nunca más volví a usar reloj, porque esa vaina me estorba; y aunque soy de los que procuro no llegar retrasado ni un minuto a una cita o compromiso, no tengo inconveniente porque en donde me encuentre hay un reloj a la vista: en la pantalla del computador, en la mesa de noche, el del VHS, en la pantalla del televisor, en el tablero de los carros, en la pared de cualquier oficina o dependencia, el de la cocina de mi casa, en el microondas, en el celular.
Otro día un amigo me mostró unas gafas costosísimas que lucía, aunque al momento confesó que eran chiviadas y que las originales las tenía a buen recaudo; ¿Quién puede explicarme para qué sirven unas gafas en una caja de seguridad? Yo habría comprado media docena de las piratas para que me importe un carajo si alguien se sienta en ellas, se pierden o se las roban. No puedo entender esa manía de coleccionar objetos costosos y joyas para mantenerlas guardadas en una caja fuerte, y lo único que logran con ello es que los asalten y carguen con todo. Porque puedo asegurar que los cacos no dan puntada sin dedal, y que cuando se meten a una casa, es porque saben exactamente a lo que van.
Vi en un supermercado unas naranjas importadas a un costo de $2.250 la unidad, mientras las nuestras se pudren en los árboles porque es más costoso cogerlas que lo que pagan por ellas. Y no me vengan a decir que las extranjeras son mejores. Es como con las cervezas, que no falta el fantoche que paga altísimos precios por marcas importadas mientras que las que producimos en el país son inmejorables; e igual sucede con infinidad de productos. Definitivamente hay gente muy pendeja y ahí sí cabe decir que en este país se acaba primero el helecho que los marranos.
Que sigan comprando ociosidades que la vida es muy larga y da muchas vueltas, y nadie sabe si el día de mañana va a saltar matones; porque debe ser muy tenaz el remordimiento de haber derrochado el dinero en banalidades. En alguna parte leí que el próximo año va a ser el del consumismo. Sí, con la situación como está de jodida, todo el mundo va a tener que seguir con su mismo salario, con su mismo carro, con su mismo apartamento, con su mismo televisor, con su mismo matrimonio. ¡Quedan advertidos!
pmejiama1@une.net.co
martes, octubre 05, 2010
Un pajarito sin cola…
Así le decían a un niño ahora años cuando le iban a tomar una foto y el zambo no quería mirar a la cámara. Entonces, cuando el infante se interesaba por el cuento del tal pajarito y por fin dirigía sus ojos al punto indicado, el fotógrafo remataba la frase con un: Chito matola. La expresión la repetía el desesperado operador desde detrás de la cámara, en compañía de la mamá del infante, quienes buscaban la forma de llamar la atención del improvisado modelo a ver si podían dar por terminada la sesión. Y ahora pienso que se recurría a ese animal para tal fin porque la ilusión de los muchachitos de entonces era tener pajaritos en una jaula o si era posible, adiestrarlos para que volaran por toda la casa.
Infortunadamente no existía la cultura del respeto a los animales. Durante las vacaciones y días de asueto nos entreteníamos en potreros, lotes de engorde y nacientes urbanizaciones que ocupaban grandes zonas alrededor de la ciudad, y uno de los programas favoritos era cazar pajaritos. Conocíamos a la perfección la técnica para fabricar caucheras, para lo cual sólo debíamos comprar el caucho que vendían en las tiendas de barrio; la horqueta, ojalá de guayabo, se conseguía en cualquier monte, y el resto era un pedazo de cuero que sacábamos de un zapato viejo y unas pocas tachuelas para armar el adminículo. Tiempo después aparecieron los rifles de aire, para disparar balines o diábolos de plomo, y ahí sí fue la debacle para los indefensos plumíferos.
Y como si el daño no fuera suficiente, buscábamos con cuidado en los árboles los nidos de los pájaros para subirnos a ver si había huevos o pichones. Entonces visitábamos el lugar cada cierto tiempo para tratar de robarnos las crías cuando emplumaran y llevarlas para la casa a ver si crecían con nosotros. A diferencia de los canarios u otras aves que venden en las tiendas de mascotas y que están acostumbradas a esa vida porque no conocen otra, nosotros pretendíamos que un animalito salvaje se amañara en semejante encierro; seguro todos morían a las pocas horas de física tristeza. Era tal el salvajismo de los infantes, que si el nido no era asequible lo tumbábamos a las pedradas para conocer su contenido.
Repito, tan abominable proceder era algo cultural, aceptado por todos, normal y corriente. Ni en la casa, el colegio o el vecindario nos enseñaron acerca del respeto por los animales o por el medio ambiente. Todos los niños andaban con una cauchera en el bolsillo de atrás y nadie les decía nada, y la idea era coleccionar “pechitos” de pájaros de diferentes colores. Después de tumbar el animalito procedíamos a cortarle un trozo de piel del pecho, con sus respectivas plumas, y después de hacerle un tratamiento al cuero con ceniza para evitar que se pudriera, guardábamos el trofeo con mucho orgullo. Como los indios norteamericanos que arrancaban la cabellera de sus enemigos.
En alguna historieta o en un programa gringo empezamos a oír hablar de los clubes de observadores de aves y nos parecía algo absurdo, porque para nosotros los pajaritos estaban ahí, a la mano y en todas partes. Con el paso del tiempo y el daño que hemos infligido al planeta los animales han disminuido en forma considerable; por fortuna en nuestro país, y en especial esta región andina, existe una variedad de especies de aves que llama la atención de quienes son aficionados a observarlos. Disfruto conversar sobre el tema con Sergio Ocampo, Presidente de la Red Nacional de Observadores de Aves, quien me asegura que desde la ventana del apartamento puedo ver hasta 40 especies diferentes de aves. Sergio es un ornitólogo, o pajarólogo, comprometido y apasionado.
A eso de las 5 de la tarde empiezan a cruzar las bandadas de garzas que vienen del sur a buscar sus nidos en la zona de Monteleón, al norte; al otro día muy temprano en la mañana hacen el recorrido contrario. Llamamos caravanas a unas aves del mismo tamaño de las garzas pero con pintas blancas y negras, como de cebra, que se caracterizan por el ruido que hacen cuando atacan a cualquier animal o persona que ose arrimarse al nido; a pesar de que vivo enser un sector copado de edificaciones hay gran cantidad de caravanas que animan con sus graznidos el ambiente. Palomas collarejas y abuelitas pululan, y los copetones, pinches o afrecheros son muy comunes. También veo golondrinas, halcones, toches, azulejos, chamones, mayos y muchas otras especies.
Los que más disfruto son los colibríes. Les ofrecemos agua con azúcar en un bebedero especial para que arrimen a la ventana y podemos observarlos a pocos centímetros de distancia desde el otro lado del vidrio. Llegan varios tipos de tominejos, de diferentes tamaños y colores, y es fácil diferenciarlos unos de otros por sus características. Entre ellos hay peleas, cortejos, intimidaciones y de tanto observarlos los sentimos como de la familia.
Una mañana vimos una garza que hacía el recorrido contrario al de las demás y le aseguré a mi mujer que se trataba de una hembra. Ella muy extrañada dijo que cómo iba a saberlo desde tan lejos, y le respondí que lo deduje porque si se devolvió fue debido a que dejó las gafas o el celular.
pmejiama1@une.net.co
Infortunadamente no existía la cultura del respeto a los animales. Durante las vacaciones y días de asueto nos entreteníamos en potreros, lotes de engorde y nacientes urbanizaciones que ocupaban grandes zonas alrededor de la ciudad, y uno de los programas favoritos era cazar pajaritos. Conocíamos a la perfección la técnica para fabricar caucheras, para lo cual sólo debíamos comprar el caucho que vendían en las tiendas de barrio; la horqueta, ojalá de guayabo, se conseguía en cualquier monte, y el resto era un pedazo de cuero que sacábamos de un zapato viejo y unas pocas tachuelas para armar el adminículo. Tiempo después aparecieron los rifles de aire, para disparar balines o diábolos de plomo, y ahí sí fue la debacle para los indefensos plumíferos.
Y como si el daño no fuera suficiente, buscábamos con cuidado en los árboles los nidos de los pájaros para subirnos a ver si había huevos o pichones. Entonces visitábamos el lugar cada cierto tiempo para tratar de robarnos las crías cuando emplumaran y llevarlas para la casa a ver si crecían con nosotros. A diferencia de los canarios u otras aves que venden en las tiendas de mascotas y que están acostumbradas a esa vida porque no conocen otra, nosotros pretendíamos que un animalito salvaje se amañara en semejante encierro; seguro todos morían a las pocas horas de física tristeza. Era tal el salvajismo de los infantes, que si el nido no era asequible lo tumbábamos a las pedradas para conocer su contenido.
Repito, tan abominable proceder era algo cultural, aceptado por todos, normal y corriente. Ni en la casa, el colegio o el vecindario nos enseñaron acerca del respeto por los animales o por el medio ambiente. Todos los niños andaban con una cauchera en el bolsillo de atrás y nadie les decía nada, y la idea era coleccionar “pechitos” de pájaros de diferentes colores. Después de tumbar el animalito procedíamos a cortarle un trozo de piel del pecho, con sus respectivas plumas, y después de hacerle un tratamiento al cuero con ceniza para evitar que se pudriera, guardábamos el trofeo con mucho orgullo. Como los indios norteamericanos que arrancaban la cabellera de sus enemigos.
En alguna historieta o en un programa gringo empezamos a oír hablar de los clubes de observadores de aves y nos parecía algo absurdo, porque para nosotros los pajaritos estaban ahí, a la mano y en todas partes. Con el paso del tiempo y el daño que hemos infligido al planeta los animales han disminuido en forma considerable; por fortuna en nuestro país, y en especial esta región andina, existe una variedad de especies de aves que llama la atención de quienes son aficionados a observarlos. Disfruto conversar sobre el tema con Sergio Ocampo, Presidente de la Red Nacional de Observadores de Aves, quien me asegura que desde la ventana del apartamento puedo ver hasta 40 especies diferentes de aves. Sergio es un ornitólogo, o pajarólogo, comprometido y apasionado.
A eso de las 5 de la tarde empiezan a cruzar las bandadas de garzas que vienen del sur a buscar sus nidos en la zona de Monteleón, al norte; al otro día muy temprano en la mañana hacen el recorrido contrario. Llamamos caravanas a unas aves del mismo tamaño de las garzas pero con pintas blancas y negras, como de cebra, que se caracterizan por el ruido que hacen cuando atacan a cualquier animal o persona que ose arrimarse al nido; a pesar de que vivo enser un sector copado de edificaciones hay gran cantidad de caravanas que animan con sus graznidos el ambiente. Palomas collarejas y abuelitas pululan, y los copetones, pinches o afrecheros son muy comunes. También veo golondrinas, halcones, toches, azulejos, chamones, mayos y muchas otras especies.
Los que más disfruto son los colibríes. Les ofrecemos agua con azúcar en un bebedero especial para que arrimen a la ventana y podemos observarlos a pocos centímetros de distancia desde el otro lado del vidrio. Llegan varios tipos de tominejos, de diferentes tamaños y colores, y es fácil diferenciarlos unos de otros por sus características. Entre ellos hay peleas, cortejos, intimidaciones y de tanto observarlos los sentimos como de la familia.
Una mañana vimos una garza que hacía el recorrido contrario al de las demás y le aseguré a mi mujer que se trataba de una hembra. Ella muy extrañada dijo que cómo iba a saberlo desde tan lejos, y le respondí que lo deduje porque si se devolvió fue debido a que dejó las gafas o el celular.
pmejiama1@une.net.co
jueves, septiembre 23, 2010
Mañana le pago.
Existen comportamientos entre nuestra gente francamente chocantes y repudiables. Uno de ellos es el incumplimiento, que para quienes respetamos esa condición de vida es una afrenta y un irrespeto. Citarse con alguien en fecha y lugar determinados y dejarlo allí esperando sin avisarle ni tener una explicación valedera, es algo que no debe tolerarse. Y cuando me refiero a dar una explicación tiene que ser algo de verdad urgente, no como la mayoría de la gente que sale con el cuento que se envolató o que se le presentó un asunto de último momento.
Hay otro tipo de incumplimiento y es el del que llaman mala paga. La cultura del no pago hace carrera en la actualidad y la gente se tranquiliza porque nuestra legislatura es laxa en ese tema; son pocos los que van a templar a la cárcel por una deuda. Existen trámites legales para hacer cumplir al deudor, aunque la demora de la justicia y algunos abogados expertos en enredar casos hacen que pasen muchos años antes de que una persona deba enfrentar una sanción por dicha causa. Lo triste es que muchas personas viven al debe, no les da pena enfrentar al desesperado cobrador y tienen el descaro de ponerse bravos cuando les cobran. Pasan la vida en función de abrir un hueco para tapar otro.
Claro que los bancos, los grandes almacenes de cadena y demás comercios reparten tarjetas de crédito o de afiliación a todo aquel que demuestre un ingreso, por mínimo que sea, para antojarlo de cuanta promoción exista. En dichos almacenes, por ejemplo, anuncian por el sonido interno las grandes ofertas pero advierten que sólo son válidas para quienes posean la credencial correspondiente; y los consumidores hacen fila para que les den… la tarjeta de marras.
Hay que ver a un obrero raso, que devenga el salario mínimo, cómo hace maromas para sacar a crédito muebles, electrodomésticos, una motocicleta y mil artículos más, para proceder a los pocos meses a enfrentar la ira de quien le sirvió de fiador y que por derecha quedó engrampado. O quienes cumplen el sueño de tener vivienda propia pero la compran, como decimos coloquialmente, con la cédula, y con el paso de los años el pago de la mensualidad se vuelve imposible. Ahí viene el pleito legal, la angustia y al final el desalojo, que es uno de los procedimientos judiciales más tristes y traumáticos para una familia.
Hace poco tiempo viví la experiencia de vender un inmueble por medio de agencias inmobiliarias y anuncios clasificados, que son el modo más expedito de promocionar cualquier cosa. Lo que aprende uno al recibir las llamadas para preguntar por el aviso es a reconocer cuáles son los verdaderos clientes potenciales, porque la mayoría llaman de noveleros o con la esperanza de encontrarse un verdadero “chisgononón”, como dicen los rolos. Cierto día resultó un cliente muy interesado, llamó varias veces, preguntó todo lo relativo al negocio, hasta que al fin hizo su oferta; entonces vino la etapa del “barequeo”: que no le puedo dar ni un peso más, y yo que no de ahí no me bajo, hasta que llegamos a un acuerdo. Quedamos en que el tipo ultimaba un detalle y se comunicaba pronto, y como no repuntó, opté por llamarlo para saber si suspendía los avisos de venta o qué, a lo que respondió que definitivamente ese era el apartamento que ellos necesitaban, que la mujer estaba güete, pero que había un pequeño inconveniente: que no tenía plata. No falta tampoco el que después de ver las especificaciones del aviso y el precio, que dejan claro que se trata de un apartamentico pequeño y sencillo, y sin embargo pregunta si es un penthouse, si tiene balcón y buena panorámica, si el edificio cuenta con ascensor y planta eléctrica; aparte de eso se escandaliza porque hay que pagar administración.
Ahora el gobierno vecino cogió la maña del no pago. Porque el importador venezolano quiere hacer su compra con el dólar Cadivi, debido a que es tres veces más barato que el otro, pero no puede negociar directamente sino que debe pagarle al gobierno y este a su vez le cancela al proveedor. Y ahí viene el problema, porque por resabio del orate chafarote los pagos están congelados; ahí está la virgen que con el mejoramiento de las relaciones las cosas cambien y por fin suelten ese billete que tiene a más de uno colgado de la brocha.
El caso es que el mala paga se conoce desde chiquito, cuando en el colegio se dedica durante el recreo a pedir un pedacito de pan, un traguito de gaseosa o que le presten mil pesitos, que mañana los paga; lo que llaman un cagalástimas. Ese personaje de adulto no cancela a tiempo sino los servicios públicos, y eso porque los cortan, pero de resto bananea a todo el mundo con el cuentico que él no niega las deudas, pero que está ilíquido.
Otra modita bien abusiva es la del pago a 90 días. Hágame el favor; presta usted un servicio, vende un producto, realiza un trabajo, y puede pasar por el cheque dentro de tres meses. Un trimestre entero, el 25% de un año trabajan con la plata de uno como si nada. ¿Será eso lo que llaman capitalismo salvaje?
pmejiama1@une.net.co
Hay otro tipo de incumplimiento y es el del que llaman mala paga. La cultura del no pago hace carrera en la actualidad y la gente se tranquiliza porque nuestra legislatura es laxa en ese tema; son pocos los que van a templar a la cárcel por una deuda. Existen trámites legales para hacer cumplir al deudor, aunque la demora de la justicia y algunos abogados expertos en enredar casos hacen que pasen muchos años antes de que una persona deba enfrentar una sanción por dicha causa. Lo triste es que muchas personas viven al debe, no les da pena enfrentar al desesperado cobrador y tienen el descaro de ponerse bravos cuando les cobran. Pasan la vida en función de abrir un hueco para tapar otro.
Claro que los bancos, los grandes almacenes de cadena y demás comercios reparten tarjetas de crédito o de afiliación a todo aquel que demuestre un ingreso, por mínimo que sea, para antojarlo de cuanta promoción exista. En dichos almacenes, por ejemplo, anuncian por el sonido interno las grandes ofertas pero advierten que sólo son válidas para quienes posean la credencial correspondiente; y los consumidores hacen fila para que les den… la tarjeta de marras.
Hay que ver a un obrero raso, que devenga el salario mínimo, cómo hace maromas para sacar a crédito muebles, electrodomésticos, una motocicleta y mil artículos más, para proceder a los pocos meses a enfrentar la ira de quien le sirvió de fiador y que por derecha quedó engrampado. O quienes cumplen el sueño de tener vivienda propia pero la compran, como decimos coloquialmente, con la cédula, y con el paso de los años el pago de la mensualidad se vuelve imposible. Ahí viene el pleito legal, la angustia y al final el desalojo, que es uno de los procedimientos judiciales más tristes y traumáticos para una familia.
Hace poco tiempo viví la experiencia de vender un inmueble por medio de agencias inmobiliarias y anuncios clasificados, que son el modo más expedito de promocionar cualquier cosa. Lo que aprende uno al recibir las llamadas para preguntar por el aviso es a reconocer cuáles son los verdaderos clientes potenciales, porque la mayoría llaman de noveleros o con la esperanza de encontrarse un verdadero “chisgononón”, como dicen los rolos. Cierto día resultó un cliente muy interesado, llamó varias veces, preguntó todo lo relativo al negocio, hasta que al fin hizo su oferta; entonces vino la etapa del “barequeo”: que no le puedo dar ni un peso más, y yo que no de ahí no me bajo, hasta que llegamos a un acuerdo. Quedamos en que el tipo ultimaba un detalle y se comunicaba pronto, y como no repuntó, opté por llamarlo para saber si suspendía los avisos de venta o qué, a lo que respondió que definitivamente ese era el apartamento que ellos necesitaban, que la mujer estaba güete, pero que había un pequeño inconveniente: que no tenía plata. No falta tampoco el que después de ver las especificaciones del aviso y el precio, que dejan claro que se trata de un apartamentico pequeño y sencillo, y sin embargo pregunta si es un penthouse, si tiene balcón y buena panorámica, si el edificio cuenta con ascensor y planta eléctrica; aparte de eso se escandaliza porque hay que pagar administración.
Ahora el gobierno vecino cogió la maña del no pago. Porque el importador venezolano quiere hacer su compra con el dólar Cadivi, debido a que es tres veces más barato que el otro, pero no puede negociar directamente sino que debe pagarle al gobierno y este a su vez le cancela al proveedor. Y ahí viene el problema, porque por resabio del orate chafarote los pagos están congelados; ahí está la virgen que con el mejoramiento de las relaciones las cosas cambien y por fin suelten ese billete que tiene a más de uno colgado de la brocha.
El caso es que el mala paga se conoce desde chiquito, cuando en el colegio se dedica durante el recreo a pedir un pedacito de pan, un traguito de gaseosa o que le presten mil pesitos, que mañana los paga; lo que llaman un cagalástimas. Ese personaje de adulto no cancela a tiempo sino los servicios públicos, y eso porque los cortan, pero de resto bananea a todo el mundo con el cuentico que él no niega las deudas, pero que está ilíquido.
Otra modita bien abusiva es la del pago a 90 días. Hágame el favor; presta usted un servicio, vende un producto, realiza un trabajo, y puede pasar por el cheque dentro de tres meses. Un trimestre entero, el 25% de un año trabajan con la plata de uno como si nada. ¿Será eso lo que llaman capitalismo salvaje?
pmejiama1@une.net.co
martes, septiembre 07, 2010
Un paisaje majestuoso.
Es increíble que existan manizaleños que nunca han subido al nevado del Ruiz. O que haya otros que digan que a qué van a ir por allá a ver piedras, arena y a aguantar frío. Por fortuna disfruto las cosas simples de la vida, tengo sensibilidad y aprecio la naturaleza en todos sus aspectos; me deleitan los amaneceres y atardeceres, me dejo hipnotizar por un cielo estrellado y me asombra la salida de la luna. Para mí cada árbol es una monumento, cada río un santuario, cada montaña un universo. Admiro los animales silvestres, los matorrales, las tierras de labor, el bosque y las flores.
En Manizales tenemos el privilegio de encontrar tierra caliente a media hora de recorrido hacia el occidente o visitar el ecosistema del páramo a unos 35 kilómetros de distancia, si viajamos al oriente. Durante mi infancia y juventud visité muchas veces al nevado, pasé por allí otras tantas para dirigirme a la Laguna del Otún, además de paseos a los termales del Ruiz y los alrededores. Cuando estábamos pequeños no existían los arbolitos de Navidad sintéticos y por lo tanto a principios de diciembre era paseo obligado subir todos en familia, con fiambre incluido, a cortar un chamizo para el árbol y recoger musgo para el pesebre en la vegetación del páramo. Entonces no existía la cultura de cuidar el ecosistema y nadie controlaba un proceder que hoy en día es inaceptable; subir al nevado era un programa común, sin ningún costo pero sin los controles y servicios que presta en la actualidad la administración del Parque.
La ruta es la siguiente: a 23 kilómetros por la vía al Magdalena encontramos la desviación hacia el nevado, donde inauguraron hace poco un estadero moderno y funcional para que el visitante pueda detenerse y aclimatar su organismo para que enfrente la altura sin contratiempos de salud. Empieza desde ahí el ascenso hacia el Parque por una carretera asfaltada rodeada de fértiles potreros, arboles florecidos y una que otra casa campesina típica de la región.
A los pocos minutos aparece la vegetación del páramo que nos hace sentir en el país de Liliput, porque debido al clima y a la altura los árboles y rastrojos son enanos. Chamizos centenarios, helechos, líquenes y matorrales conforman una selva en miniatura, única e irrepetible. Luego el paisaje es de pajonales, los imponentes frailejones y flores de colores que adornan la vera del camino. La vía está pavimentada hasta el cerro Gualí, donde están las antenas repetidoras de televisión, y en ese punto se divide en la que va para Líbano y Murillo, en el Tolima, y la que sigue hacia la cumbre nevada. Desde ahí la carretera es destapada y en regulares condiciones, aunque parece que empezarán pronto a trabajarle porque hay estacas y mediciones en el recorrido, que es de algo más de un kilómetro hasta el sitio conocido como Brisas, lugar de entrada al Parque Natural de los Nevados. Allí se imparten las instrucciones al visitante, cobran por el ingreso y asignan los guías.
Sigue la vía destapada y podemos observar dónde nace el agua que disfrutamos en esta región. Los colchones de musgo en los barrancos gotean profusamente y empiezan a formarse arroyos de agua cristalina; en el territorio del Parque, de casi 60 mil hectáreas de extensión, nacen los ríos Chinchiná, Campoalegre, Otún, Quindío, Gualí, Frío, Coello, Lagunillas, Recio, Totare y Combeima, además hay una docena de lagunas de diferentes tamaños. A los pocos minutos de recorrido el visitante se topa con los arenales y en ese punto el paisaje es idéntico al de la luna. Paredes de roca, valles de arena, imponentes cañones y dunas, y en el ambiente un silencio y una soledad que solo rompen el ulular del viento y el raudo paso de la neblina.
Transitar por la arena es una dicha por la suavidad del terreno y el ascenso por el famosos zigzag, localizado a un costado del cráter La Olleta, es una experiencia única por el paisaje que desde allí se observa. Al llegar al final de la trepada se divide la carretera: a la izquierda nos lleva al nevado y a la derecha sigue hacia el Centro de visitantes El Cisne, con alojamientos y servicios, y a la Laguna del Otún.
Desde esa bifurcación hasta el lugar donde quedaba el antiguo refugio, que fue presa de las llamas el 13 de noviembre de 1985 cuando hizo erupción el volcán Arenas, el recorrido es muy corto. Allí sólo queda una pared de piedra como recuerdo y en su reemplazo hay una pequeña edificación para atender al visitante, prestarle servicios sanitarios, de cafetería y primeros auxilios a quien lo requiera. Hasta el sitio llegan todo tipo de vehículos, incluidos automóviles, y un letrero informa que el altímetro marca los 4.800 metros sobre el nivel del mar.
Visitar ese paradisíaco lugar es como conocer el mar. Así de majestuosa es la montaña a esas alturas. Ideal visitarlo en invierno para ver nevar y jugar con la nieve como si estuviera en otras latitudes. Por fortuna el Parque tiene ahora un doliente que presta los servicios correspondientes, controla los visitantes para que respeten la flora y la fauna, y evita accidentes. Quedan muchas cosas por hacer para mejorarlo pero como vamos, vamos bien.
pmejiama1@une.net.co
En Manizales tenemos el privilegio de encontrar tierra caliente a media hora de recorrido hacia el occidente o visitar el ecosistema del páramo a unos 35 kilómetros de distancia, si viajamos al oriente. Durante mi infancia y juventud visité muchas veces al nevado, pasé por allí otras tantas para dirigirme a la Laguna del Otún, además de paseos a los termales del Ruiz y los alrededores. Cuando estábamos pequeños no existían los arbolitos de Navidad sintéticos y por lo tanto a principios de diciembre era paseo obligado subir todos en familia, con fiambre incluido, a cortar un chamizo para el árbol y recoger musgo para el pesebre en la vegetación del páramo. Entonces no existía la cultura de cuidar el ecosistema y nadie controlaba un proceder que hoy en día es inaceptable; subir al nevado era un programa común, sin ningún costo pero sin los controles y servicios que presta en la actualidad la administración del Parque.
La ruta es la siguiente: a 23 kilómetros por la vía al Magdalena encontramos la desviación hacia el nevado, donde inauguraron hace poco un estadero moderno y funcional para que el visitante pueda detenerse y aclimatar su organismo para que enfrente la altura sin contratiempos de salud. Empieza desde ahí el ascenso hacia el Parque por una carretera asfaltada rodeada de fértiles potreros, arboles florecidos y una que otra casa campesina típica de la región.
A los pocos minutos aparece la vegetación del páramo que nos hace sentir en el país de Liliput, porque debido al clima y a la altura los árboles y rastrojos son enanos. Chamizos centenarios, helechos, líquenes y matorrales conforman una selva en miniatura, única e irrepetible. Luego el paisaje es de pajonales, los imponentes frailejones y flores de colores que adornan la vera del camino. La vía está pavimentada hasta el cerro Gualí, donde están las antenas repetidoras de televisión, y en ese punto se divide en la que va para Líbano y Murillo, en el Tolima, y la que sigue hacia la cumbre nevada. Desde ahí la carretera es destapada y en regulares condiciones, aunque parece que empezarán pronto a trabajarle porque hay estacas y mediciones en el recorrido, que es de algo más de un kilómetro hasta el sitio conocido como Brisas, lugar de entrada al Parque Natural de los Nevados. Allí se imparten las instrucciones al visitante, cobran por el ingreso y asignan los guías.
Sigue la vía destapada y podemos observar dónde nace el agua que disfrutamos en esta región. Los colchones de musgo en los barrancos gotean profusamente y empiezan a formarse arroyos de agua cristalina; en el territorio del Parque, de casi 60 mil hectáreas de extensión, nacen los ríos Chinchiná, Campoalegre, Otún, Quindío, Gualí, Frío, Coello, Lagunillas, Recio, Totare y Combeima, además hay una docena de lagunas de diferentes tamaños. A los pocos minutos de recorrido el visitante se topa con los arenales y en ese punto el paisaje es idéntico al de la luna. Paredes de roca, valles de arena, imponentes cañones y dunas, y en el ambiente un silencio y una soledad que solo rompen el ulular del viento y el raudo paso de la neblina.
Transitar por la arena es una dicha por la suavidad del terreno y el ascenso por el famosos zigzag, localizado a un costado del cráter La Olleta, es una experiencia única por el paisaje que desde allí se observa. Al llegar al final de la trepada se divide la carretera: a la izquierda nos lleva al nevado y a la derecha sigue hacia el Centro de visitantes El Cisne, con alojamientos y servicios, y a la Laguna del Otún.
Desde esa bifurcación hasta el lugar donde quedaba el antiguo refugio, que fue presa de las llamas el 13 de noviembre de 1985 cuando hizo erupción el volcán Arenas, el recorrido es muy corto. Allí sólo queda una pared de piedra como recuerdo y en su reemplazo hay una pequeña edificación para atender al visitante, prestarle servicios sanitarios, de cafetería y primeros auxilios a quien lo requiera. Hasta el sitio llegan todo tipo de vehículos, incluidos automóviles, y un letrero informa que el altímetro marca los 4.800 metros sobre el nivel del mar.
Visitar ese paradisíaco lugar es como conocer el mar. Así de majestuosa es la montaña a esas alturas. Ideal visitarlo en invierno para ver nevar y jugar con la nieve como si estuviera en otras latitudes. Por fortuna el Parque tiene ahora un doliente que presta los servicios correspondientes, controla los visitantes para que respeten la flora y la fauna, y evita accidentes. Quedan muchas cosas por hacer para mejorarlo pero como vamos, vamos bien.
pmejiama1@une.net.co
martes, agosto 31, 2010
Medicina popular.
Gentes humildes y campesinos no se desprenden de sus recetas tradicionales, esos remedios caseros recibidos como legado de los mayores, y son reacios a someterse a tratamientos de medicina tradicional; además, puyados por familiares y conocidos se niegan definitivamente a que un especialista les meta mano. Yerbas, ungüentos, emplastos, bebedizos, sobos, rezos, baños y demás procedimientos en los que creen a pie juntillas, aunque quienes preferimos la medicina ortodoxa también debemos reconocer el poder curativo de la naturaleza.
Un buen amigo médico pediatra me enseñó los apuntes que ha recopilado durante su ejercicio profesional y empiezo por transcribir el reporte que le hizo una partera al entregarle un recién nacido para su evaluación; puede notarse que la mujercita apenas si sabía escribir: “nace niño hora 8/30 noche peso 6 libras y media Talla 46 cc cefalico 40 cc Torax 42 cc llanto juerte piel rosada la voca morada por que es de una rasa mora Todos son haci yo le e atendío 3 partos Todos son aci moraos pero están vivos Parto normal Atendido por (el nombre de la partera)”.
Otro día, al hacerle a un campesino algunas recomendaciones para su esposa que acababa de tener un bebé, el tipo le expuso los tratamientos precisos para ese caso (las recetas son textuales y acomodo al personaje su lenguaje particular):
Vea dotor, usté podrá ser muy estudiao pero yo aplico la jormula que me enseñó mi abuela y eso es como con la mano. Póngale cuidao: recién parida la mujer hay que metela en una pieza con todo cerrao, hasta las rendijas, y alimentala con caldito de pollo y una que otra presa. Al cumplir los 40 días de la dieta, el último día hay que arropar a la mujer con 5 cobijas y ahí le pasan una chocolatera con una bebida caliente preparada a base de canela y manzanilla. Tiene que pasar toda la noche bien abrigada, con todo cerrao como ya le dije y algo muy importante, que nadies le hable porque entoes no se produce el sudor.
Al otro día puede destaparse solo la cara y ahí mismito se queman dentro de la pieza 3 hojas de las que se utilizan para envolver la panela, y se rezan tres credos. La madre permanece así otras 24 horas y los alimentos hay que lleváselos en recipientes y cubiertos calientes para que no se infrie; lo mismo con el pato, que debe ir tibiecito para que no le dentre un viento por allá por onde sabemos… Pasado ese tiempo ya puede lavarse las manos con agüita tibia… y a trabajar mijita porque se le acabó el reinao.
Lo reto dotor pa´ que ensaye mis tratamientos a ver cómo le va. Fíjese que al pelaito recién nació lo cogió un dolor el verriondo como en el oído y de una mandé a conseguir un gurre, le metí la cola del animal en la oreja y santo remedio. También le aplicamos un ungüento que se hace con gurresitas, que se encuentran debajo de las matas, y enjundia de gallina. Eso también es bendito. Pal dolor de barriga nada como hervir barba de chivo con leche de cabra, malva, yarumo y orégano blanco. Si usté sufre de una hernia en la horqueta… ¿cómo dice?... bueno, inguinal o como se llame esa vaina, tiene que arrimar el pie del lao del mal al tronco de un palo de aguacate y dejalo ahí media hora. Con una navaja pinta como una plantilla en la cáscara del palo, retira ese pedazo de corteza y resulta que a medida que sana el aguacate usté también se alienta.
Es que nosotros tenemos nuestras mañas. A quien pique una raya que le arrime el jarrete a los genitales de una vieja que esté… cómo le dijiera yo… con eso que llaman la ruler; si la picadura es de avispa póngale una ramita de naranjo detrás de la oreja, y el que se pare encima de un erizo tiene que buscar una vieja pa´ que se le mee encima.
Póngale cuidao a esto: si alguien quiere adelgazar se mete un ajo en el ombligo y lo deja ahí; si un pelao no quiere soltar la lengua hay que dale sobrao de lora con vino blanco; y pa´ la tosferina lo mejor es colgale una moneda del cuello. A la mamá que seque los pañales del culicagao al sol se le seca la leche; y si al zambo le hacen mal de ojo, que el pior es el del negro oji zarco, toca colgale al cuello un ojo de venao o un coral, ojalá con dos huesos de pata de gallinazo. Si un barrigón tiene pujo es porque lo cargó una mujer preñada que espera una niña, y entoes toca vestilo con la ropa de la vieja sin lavala hasta que el pelao se mee en ella; y si la madre recién parida queda con manchas en la cara, que se fuague bien con la orina del recién nacido, siempre y cuando este no haya recibido comida de sal.
Y oiga pues pa´ que se aterre. Las mujeres guardan el cordón umbilical del bebé, lo dejan secar y lo muelen pa´ echáselo a la comida del marido, quisque pa´ que no se le pare sino en la casa. ¡Cómo le quedó el ojo!
pmejiama1@une.net.co
Un buen amigo médico pediatra me enseñó los apuntes que ha recopilado durante su ejercicio profesional y empiezo por transcribir el reporte que le hizo una partera al entregarle un recién nacido para su evaluación; puede notarse que la mujercita apenas si sabía escribir: “nace niño hora 8/30 noche peso 6 libras y media Talla 46 cc cefalico 40 cc Torax 42 cc llanto juerte piel rosada la voca morada por que es de una rasa mora Todos son haci yo le e atendío 3 partos Todos son aci moraos pero están vivos Parto normal Atendido por (el nombre de la partera)”.
Otro día, al hacerle a un campesino algunas recomendaciones para su esposa que acababa de tener un bebé, el tipo le expuso los tratamientos precisos para ese caso (las recetas son textuales y acomodo al personaje su lenguaje particular):
Vea dotor, usté podrá ser muy estudiao pero yo aplico la jormula que me enseñó mi abuela y eso es como con la mano. Póngale cuidao: recién parida la mujer hay que metela en una pieza con todo cerrao, hasta las rendijas, y alimentala con caldito de pollo y una que otra presa. Al cumplir los 40 días de la dieta, el último día hay que arropar a la mujer con 5 cobijas y ahí le pasan una chocolatera con una bebida caliente preparada a base de canela y manzanilla. Tiene que pasar toda la noche bien abrigada, con todo cerrao como ya le dije y algo muy importante, que nadies le hable porque entoes no se produce el sudor.
Al otro día puede destaparse solo la cara y ahí mismito se queman dentro de la pieza 3 hojas de las que se utilizan para envolver la panela, y se rezan tres credos. La madre permanece así otras 24 horas y los alimentos hay que lleváselos en recipientes y cubiertos calientes para que no se infrie; lo mismo con el pato, que debe ir tibiecito para que no le dentre un viento por allá por onde sabemos… Pasado ese tiempo ya puede lavarse las manos con agüita tibia… y a trabajar mijita porque se le acabó el reinao.
Lo reto dotor pa´ que ensaye mis tratamientos a ver cómo le va. Fíjese que al pelaito recién nació lo cogió un dolor el verriondo como en el oído y de una mandé a conseguir un gurre, le metí la cola del animal en la oreja y santo remedio. También le aplicamos un ungüento que se hace con gurresitas, que se encuentran debajo de las matas, y enjundia de gallina. Eso también es bendito. Pal dolor de barriga nada como hervir barba de chivo con leche de cabra, malva, yarumo y orégano blanco. Si usté sufre de una hernia en la horqueta… ¿cómo dice?... bueno, inguinal o como se llame esa vaina, tiene que arrimar el pie del lao del mal al tronco de un palo de aguacate y dejalo ahí media hora. Con una navaja pinta como una plantilla en la cáscara del palo, retira ese pedazo de corteza y resulta que a medida que sana el aguacate usté también se alienta.
Es que nosotros tenemos nuestras mañas. A quien pique una raya que le arrime el jarrete a los genitales de una vieja que esté… cómo le dijiera yo… con eso que llaman la ruler; si la picadura es de avispa póngale una ramita de naranjo detrás de la oreja, y el que se pare encima de un erizo tiene que buscar una vieja pa´ que se le mee encima.
Póngale cuidao a esto: si alguien quiere adelgazar se mete un ajo en el ombligo y lo deja ahí; si un pelao no quiere soltar la lengua hay que dale sobrao de lora con vino blanco; y pa´ la tosferina lo mejor es colgale una moneda del cuello. A la mamá que seque los pañales del culicagao al sol se le seca la leche; y si al zambo le hacen mal de ojo, que el pior es el del negro oji zarco, toca colgale al cuello un ojo de venao o un coral, ojalá con dos huesos de pata de gallinazo. Si un barrigón tiene pujo es porque lo cargó una mujer preñada que espera una niña, y entoes toca vestilo con la ropa de la vieja sin lavala hasta que el pelao se mee en ella; y si la madre recién parida queda con manchas en la cara, que se fuague bien con la orina del recién nacido, siempre y cuando este no haya recibido comida de sal.
Y oiga pues pa´ que se aterre. Las mujeres guardan el cordón umbilical del bebé, lo dejan secar y lo muelen pa´ echáselo a la comida del marido, quisque pa´ que no se le pare sino en la casa. ¡Cómo le quedó el ojo!
pmejiama1@une.net.co
martes, agosto 24, 2010
Asuntos varios.
Celebro y aplaudo la decisión del ex presidente Álvaro Uribe de no firmar la ley que prorrogaba el plazo que teníamos los colombianos para renovar la cédula. Como aquí estamos acostumbrados a dejar todo para última hora, confiados en que al cumplirse el término estipulado siempre van a echar para atrás y a conceder más tiempo para el trámite de turno, aproximadamente dos millones de compatriotas vieron acabarse el tiempo para hacer la vuelta del nuevo documento de identidad. Y cuando todo parecía cumplirse y hasta anunciaron por radio que ampliaba el plazo cuatro meses, el mandatario se paró en la raya y no autorizó el asunto.
Puedo asegurar que de haberse dado la prórroga, el 80% de quienes hacían largas filas en las dependencias correspondientes se hubieran ido tranquilos para la casa, con la intención de hacer la vuelta “un día de estos”. Lo mismo sucede con multas y vencimientos que la gente deja acumular, confiados en que basta esperar un poco hasta que haya una amnistía y de esa manera el pago se reduce de forma considerable. Ojalá esta lección sirva para que aprendamos que los plazos son para cumplirlos, y esperemos que en los lugares donde es necesario presentar la cédula de ciudadanía para cualquier trámite cumplan la norma y castiguen al descuidado ciudadano.
*******
Gracias a la puesta en servicio del esperado puente helicoidal, por fin se redujo en forma considerable el tiempo que demoramos en viajar a Pereira y Armenia; porque ese atasco que se formaba entre el sector de La Postrera y La Romelia era un infierno para los usuarios de la carretera. Ahora debemos presionar para que se busque una solución al tramo que va de Chinchiná al Jazmín, porque aunque tenemos dos vías, el problema del tráfico no se soluciona debido a que no existe una doble calzada. No hay derecho a que debamos pagar dos peajes en un recorrido de escasos 45 minutos, entre Manizales y Pereira, y que gran parte del tramo debamos transitar detrás de una caravana de camiones que ruedan a paso de hormiga; con el agravante que la línea continua en la vía impide al sobrepaso en casi todo el trayecto. La idea es que busquen la forma de construir varios retornos en ese sector y así destinar una carretera de ida y otra de venida. La comodidad de quienes habitan el sector no puede estar por encima de los intereses del país, donde todos reclamamos vías ágiles que mejoren la movilidad vehicular.
*******
El noticiero que presenta la televisión por cable de UNE a sus usuarios es entretenido y agradable, sobre todo porque trata asuntos exclusivamente de nuestro municipio. Yo lo prefiero a los del canal regional, Telecafé, porque en estos pierdo el interés apenas empiezan a hablar de un barrio de Armenia, de un concejal de La Virginia, de la carretera que va para Pueblotapao o de un sindicalista que se crucificó en la Plaza de Bolívar de Pereira. Lo negativo del canal UNE es que pretendiera que los periodistas que trabajaban para esa empresa fueran de bolsillo y se rigieran por la línea editorial que dictaran las directivas, situación que por fortuna se solucionó cuando el noticiero pasó a manos de La Patria y su equipo de profesionales.
Fui compañero de trabajo en Caracol Radio de Carlos Ernesto González y Germán Mejía Gallo, y por lo tanto seguía con interés los programas que ellos presentaban en el canal de marras. Para mi sorpresa ambos salieron del aire y ahora me entero de las causas, las cuales me parecen arbitrarias y despreciables. Resulta que Germán, como tantos hinchas del Once Caldas, no está de acuerdo con el manejo que le dan a la institución y aprovechaba su tribuna en el canal para controvertir y denunciar.
Entonces Duván Vásquez, gerente del Once Caldas, le envía una carta al director del canal, el periodista Felipe Cardona, donde tiene la desfachatez de indicarle cómo controlar a sus colegas que laboran en el canal y las pautas que estos deben seguir al momento de informar; además, se queja de las andanadas de Germán y define su proceder como “dañino y malintencionado”. Aparte de eso le recuerda que el equipo es socio comercial de UNE; como quien dice, entre bomberos no nos pisemos la manguera. Lo que siempre he sostenido: si alguna cosa dicha por Mejía Gallo desde los micrófonos es falsa, denúncielo por injuria y calumnia y síganle el proceso que corresponda.
Con Carlos Ernesto sucedió algo parecido. Después de tener el programa con mayor sintonía del canal, y de llevar 5 años al aire, al momento de cambiar la empresa de dueño debió entrevistar al Presidente de UNE. El comunicador procedió con el profesionalismo que lo caracteriza y por ello durante le charla hizo alusión al malestar que se vivió en la ciudad por la masacre laboral que se dio al momento de la transición, y de otras políticas de esa empresa que no tuvieron buen recibimiento por parte de la ciudadanía. Pues al momento de renovar los contratos con la nueva razón social la propuesta económica hecha a Carlos Ernesto fue indigna y absurda, y de esa manera lo sacaron del baile. Definitivamente mientras existan intereses económicos de por medio ese cuento de la libertad de prensa es un espejismo, una quimera.
pmejiama1@une.net.co
Puedo asegurar que de haberse dado la prórroga, el 80% de quienes hacían largas filas en las dependencias correspondientes se hubieran ido tranquilos para la casa, con la intención de hacer la vuelta “un día de estos”. Lo mismo sucede con multas y vencimientos que la gente deja acumular, confiados en que basta esperar un poco hasta que haya una amnistía y de esa manera el pago se reduce de forma considerable. Ojalá esta lección sirva para que aprendamos que los plazos son para cumplirlos, y esperemos que en los lugares donde es necesario presentar la cédula de ciudadanía para cualquier trámite cumplan la norma y castiguen al descuidado ciudadano.
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Gracias a la puesta en servicio del esperado puente helicoidal, por fin se redujo en forma considerable el tiempo que demoramos en viajar a Pereira y Armenia; porque ese atasco que se formaba entre el sector de La Postrera y La Romelia era un infierno para los usuarios de la carretera. Ahora debemos presionar para que se busque una solución al tramo que va de Chinchiná al Jazmín, porque aunque tenemos dos vías, el problema del tráfico no se soluciona debido a que no existe una doble calzada. No hay derecho a que debamos pagar dos peajes en un recorrido de escasos 45 minutos, entre Manizales y Pereira, y que gran parte del tramo debamos transitar detrás de una caravana de camiones que ruedan a paso de hormiga; con el agravante que la línea continua en la vía impide al sobrepaso en casi todo el trayecto. La idea es que busquen la forma de construir varios retornos en ese sector y así destinar una carretera de ida y otra de venida. La comodidad de quienes habitan el sector no puede estar por encima de los intereses del país, donde todos reclamamos vías ágiles que mejoren la movilidad vehicular.
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El noticiero que presenta la televisión por cable de UNE a sus usuarios es entretenido y agradable, sobre todo porque trata asuntos exclusivamente de nuestro municipio. Yo lo prefiero a los del canal regional, Telecafé, porque en estos pierdo el interés apenas empiezan a hablar de un barrio de Armenia, de un concejal de La Virginia, de la carretera que va para Pueblotapao o de un sindicalista que se crucificó en la Plaza de Bolívar de Pereira. Lo negativo del canal UNE es que pretendiera que los periodistas que trabajaban para esa empresa fueran de bolsillo y se rigieran por la línea editorial que dictaran las directivas, situación que por fortuna se solucionó cuando el noticiero pasó a manos de La Patria y su equipo de profesionales.
Fui compañero de trabajo en Caracol Radio de Carlos Ernesto González y Germán Mejía Gallo, y por lo tanto seguía con interés los programas que ellos presentaban en el canal de marras. Para mi sorpresa ambos salieron del aire y ahora me entero de las causas, las cuales me parecen arbitrarias y despreciables. Resulta que Germán, como tantos hinchas del Once Caldas, no está de acuerdo con el manejo que le dan a la institución y aprovechaba su tribuna en el canal para controvertir y denunciar.
Entonces Duván Vásquez, gerente del Once Caldas, le envía una carta al director del canal, el periodista Felipe Cardona, donde tiene la desfachatez de indicarle cómo controlar a sus colegas que laboran en el canal y las pautas que estos deben seguir al momento de informar; además, se queja de las andanadas de Germán y define su proceder como “dañino y malintencionado”. Aparte de eso le recuerda que el equipo es socio comercial de UNE; como quien dice, entre bomberos no nos pisemos la manguera. Lo que siempre he sostenido: si alguna cosa dicha por Mejía Gallo desde los micrófonos es falsa, denúncielo por injuria y calumnia y síganle el proceso que corresponda.
Con Carlos Ernesto sucedió algo parecido. Después de tener el programa con mayor sintonía del canal, y de llevar 5 años al aire, al momento de cambiar la empresa de dueño debió entrevistar al Presidente de UNE. El comunicador procedió con el profesionalismo que lo caracteriza y por ello durante le charla hizo alusión al malestar que se vivió en la ciudad por la masacre laboral que se dio al momento de la transición, y de otras políticas de esa empresa que no tuvieron buen recibimiento por parte de la ciudadanía. Pues al momento de renovar los contratos con la nueva razón social la propuesta económica hecha a Carlos Ernesto fue indigna y absurda, y de esa manera lo sacaron del baile. Definitivamente mientras existan intereses económicos de por medio ese cuento de la libertad de prensa es un espejismo, una quimera.
pmejiama1@une.net.co
miércoles, agosto 18, 2010
Como no explican…
El columnista de opinión está expuesto a que lo critiquen, malinterpreten, discrepen de sus opiniones, lo apoyen, lo ensalcen o hablen mal de él. O todo a la vez. Pero definitivamente ahí está la gracia, porque bien cierto es que por el gusto se venden los carambolos y si todos comulgáramos con las mismas ideas, este mundo sería aburridísimo. Sin duda los temas que generan más controversia son la política y la religión, porque son asuntos que despiertan pasiones y éstas no son fáciles de controlar. En dichos casos, por lo tanto, es cuando más debemos aplicar aquello de respetar las opiniones ajenas y ser tolerantes.
Hace poco toqué el tema religioso en un escrito y como era de esperarse recibí comentarios por diferentes vías, de los cuales sólo acostumbro responder los respetuosos que tengan un soporte inteligente y valedero; a los improperios y groserías no les paro bolas. Varios sacerdotes, algunos desde el exterior, se comunicaron conmigo para exponer sus reparos, opiniones o comentarios, y uno de ellos vino en persona para que tratáramos el asunto. Después de mucho conversar, filosofar y discutir, en la mejor tónica por supuesto, llegamos a la conclusión que a la Iglesia Católica le ha faltado profundizar en sus enseñanzas.
Porque le meten en la cabeza a un niño que Adán y Eva vivieron en El Paraíso vestidos apenas con hojas de parra, en perfecta armonía con toda clase de animales, además de la culebra que conversaba, el cuento de la manzana, del desalojo, etc., pero con el pasar de los años nunca le aclaran que todo fue una metáfora, una forma sencilla de difundirlo para su fácil comprensión. Claro que quien desarrolla su inteligencia logra desenmarañar después esos misterios, pero el analfabeto e ignorante se queda con la versión original. Y se muere convencido de que Moisés separó las aguas del Mar Rojo con una varita mágica o que Jonás vivió tres días en el buche de una ballena.
La Iglesia no le habla a su grey con claridad y después se presentan los hechos bochornosos y aberrantes que dejan a la feligresía desconcertada. Imaginemos una familia de campesinos que vive apartada de la civilización, sin estudios ni conocimientos, que ven al párroco del pueblo como una figura superior, representante de Dios en la tierra, a quien confían sus secretos y temores; ese mismo que oye sus confesiones, que los casó y bautizó sus hijos, resulta que tenía mujer y con ella una preciosa niña de 7 años. Pero eso es lo de menos, porque la noticia aterradora es que cuando el reverendo se vio encartado con ellas, las mandó matar e incinerar los cadáveres para borrar cualquier huella.
O quién le explica a una comunidad devota como la de Bituima, en el departamento de Cundinamarca, que en la Semana Santa del 2006 estaba congregada en la iglesia en uno de sus actos litúrgicos y debido a un vendaval el techo del templo se les vino encima. El saldo trágico fue de 6 muertos y medio centenar de heridos, porque el techo era de guadua y zinc; que si hubiera sido de mampostería y tejas de barro no queda títere con cabeza. O el pasado 3 de mayo cuando en San Rafael, Antioquia, salieron en peregrinación hacia la cumbre de un cerro a venerar la santa cruz, en medio de un tremendo aguacero, y cuando el sacerdote oficiaba la misa cayó un rayo que fulminó 3 cristianos y dejó heridos a cien. Quisiera saber qué le responde un representante de la Iglesia a un devoto que le pregunte por qué les sucedió eso a ellos, mientras que quienes estaban en el billar, los que tomaban trago o visitaban un prostíbulo ni siquiera se mojaron. Seguro tendrá que echar mano de teorías complicadas, lecciones de teología y mucha filosofía, pero más seguro es que el otro no entenderá ni forro.
Por cierto, yo también debo explicar cómo es el ejercicio que busco los sábados con muchas de mis columnas, donde me refiero a familiares y allegados al relatar anécdotas y vivencias. En vista de que no conozco la vida y milagros de los demás, debo recurrir a mis propias experiencias y así trato de rememorar con pelos y señales cómo vivíamos en aquellas épocas de antaño. Lo que hago es proponer el tema para que cada persona traiga a la mente los recuerdos y así recree a su modo el asunto tratado. Si escribo acerca de los papás hablo de los míos; si refiero anécdotas de niños apelo a los de mi familia; si relato algo acerca del patio de las casas echo mano a los recuerdos de los que conozco; si es acerca del colegio la misma vaina y así con todos los temas. De otra forma me tocaría contactar otras personas y la columna sería de entrevistas. Además, muchos lectores me relatan sus anécdotas y si me parecen valiosas, aquí las reproduzco.
A otra que le faltó explicar que la demanda era simbólica fue a la flacuchenta Ingrid. Claro que ese cuento no se lo cree nadie y en cambio en Colombia pensamos reemplazar la palabra ingratitud por “ingridtitud”. Me queda el consuelo que no derramé una lágrima, recé una jaculatoria o fui a marchar por esa zamba, porque nunca me gustó.
pmejiama1@une.net.co
Hace poco toqué el tema religioso en un escrito y como era de esperarse recibí comentarios por diferentes vías, de los cuales sólo acostumbro responder los respetuosos que tengan un soporte inteligente y valedero; a los improperios y groserías no les paro bolas. Varios sacerdotes, algunos desde el exterior, se comunicaron conmigo para exponer sus reparos, opiniones o comentarios, y uno de ellos vino en persona para que tratáramos el asunto. Después de mucho conversar, filosofar y discutir, en la mejor tónica por supuesto, llegamos a la conclusión que a la Iglesia Católica le ha faltado profundizar en sus enseñanzas.
Porque le meten en la cabeza a un niño que Adán y Eva vivieron en El Paraíso vestidos apenas con hojas de parra, en perfecta armonía con toda clase de animales, además de la culebra que conversaba, el cuento de la manzana, del desalojo, etc., pero con el pasar de los años nunca le aclaran que todo fue una metáfora, una forma sencilla de difundirlo para su fácil comprensión. Claro que quien desarrolla su inteligencia logra desenmarañar después esos misterios, pero el analfabeto e ignorante se queda con la versión original. Y se muere convencido de que Moisés separó las aguas del Mar Rojo con una varita mágica o que Jonás vivió tres días en el buche de una ballena.
La Iglesia no le habla a su grey con claridad y después se presentan los hechos bochornosos y aberrantes que dejan a la feligresía desconcertada. Imaginemos una familia de campesinos que vive apartada de la civilización, sin estudios ni conocimientos, que ven al párroco del pueblo como una figura superior, representante de Dios en la tierra, a quien confían sus secretos y temores; ese mismo que oye sus confesiones, que los casó y bautizó sus hijos, resulta que tenía mujer y con ella una preciosa niña de 7 años. Pero eso es lo de menos, porque la noticia aterradora es que cuando el reverendo se vio encartado con ellas, las mandó matar e incinerar los cadáveres para borrar cualquier huella.
O quién le explica a una comunidad devota como la de Bituima, en el departamento de Cundinamarca, que en la Semana Santa del 2006 estaba congregada en la iglesia en uno de sus actos litúrgicos y debido a un vendaval el techo del templo se les vino encima. El saldo trágico fue de 6 muertos y medio centenar de heridos, porque el techo era de guadua y zinc; que si hubiera sido de mampostería y tejas de barro no queda títere con cabeza. O el pasado 3 de mayo cuando en San Rafael, Antioquia, salieron en peregrinación hacia la cumbre de un cerro a venerar la santa cruz, en medio de un tremendo aguacero, y cuando el sacerdote oficiaba la misa cayó un rayo que fulminó 3 cristianos y dejó heridos a cien. Quisiera saber qué le responde un representante de la Iglesia a un devoto que le pregunte por qué les sucedió eso a ellos, mientras que quienes estaban en el billar, los que tomaban trago o visitaban un prostíbulo ni siquiera se mojaron. Seguro tendrá que echar mano de teorías complicadas, lecciones de teología y mucha filosofía, pero más seguro es que el otro no entenderá ni forro.
Por cierto, yo también debo explicar cómo es el ejercicio que busco los sábados con muchas de mis columnas, donde me refiero a familiares y allegados al relatar anécdotas y vivencias. En vista de que no conozco la vida y milagros de los demás, debo recurrir a mis propias experiencias y así trato de rememorar con pelos y señales cómo vivíamos en aquellas épocas de antaño. Lo que hago es proponer el tema para que cada persona traiga a la mente los recuerdos y así recree a su modo el asunto tratado. Si escribo acerca de los papás hablo de los míos; si refiero anécdotas de niños apelo a los de mi familia; si relato algo acerca del patio de las casas echo mano a los recuerdos de los que conozco; si es acerca del colegio la misma vaina y así con todos los temas. De otra forma me tocaría contactar otras personas y la columna sería de entrevistas. Además, muchos lectores me relatan sus anécdotas y si me parecen valiosas, aquí las reproduzco.
A otra que le faltó explicar que la demanda era simbólica fue a la flacuchenta Ingrid. Claro que ese cuento no se lo cree nadie y en cambio en Colombia pensamos reemplazar la palabra ingratitud por “ingridtitud”. Me queda el consuelo que no derramé una lágrima, recé una jaculatoria o fui a marchar por esa zamba, porque nunca me gustó.
pmejiama1@une.net.co
miércoles, agosto 11, 2010
Prioridades ante todo.
Un instinto muy marcado en todos los animales es aprovecharse del más débil y existe una máxima que resume dicha realidad: el pez grande se come al pequeño. Y aunque dicen que el león es el rey de la selva, si llega a puchársele a un búfalo, un rinoceronte o un elefante lo vuelve papilla. Es así como a partir del gran paquidermo hacia abajo, hasta el más insignificante de los insectos, existe una cadena alimenticia donde cada especia reconoce muy bien de cuáles debe cuidarse y a cuáles puede cazar.
La excepción a la regla es el único animal racional, que aunque se comporta como el más irracional de todos, tiene la habilidad de defenderse del resto de los seres vivientes, además de controlarlos y dominarlos. El hombre está indefenso ante cualquier alimaña ponzoñosa, pierde la pelea contra un perro grande o un chimpancé, la patada de un caballo puede partirle el cráneo en dos y hasta un ave de rapiña de gran tamaño logra doblegarlo, pero gracias a su inteligencia tiene las herramientas para someter a cualquier tipo de animal. Tanto que la proteína, renglón importante de la nutrición de los humanos, la adquiere de infinidad de animales que hacen parte de su dieta diaria.
Quienes protestan por el abuso que comete el hombre contra los animales se refieren más que todo a los caballos carretilleros o a los perros callejeros que vemos en los países subdesarrollados, y de manera muy especial al espectáculo taurino donde los grandes damnificados son los toros de lidia. Dichos casos son los más socorridos porque los tenemos ahí, a la mano, pero existen infinidad de abusos contra los animales. Como los gansos que alimentan con embudo para desarrollarles el hígado y así obtener el “foie gras”, bocado exquisito de gourmets; o las gallinas ponedoras que pasan su existencia en un habitáculo diminuto donde no pueden siquiera pararse; o el tigre circense encerrado en su pequeña jaula, que sólo sale a la pista a hacer monerías bajo la amenaza del látigo.
Crueldad la que aún se acostumbra en las fiestas patronales o en los pueblos donde concursan a quien atrape al marrano embolado: cogen un cerdo pequeño y le raspan el pelo hasta dejarlo como bola de billar, para luego embadurnarlo con aceite. Entonces sueltan el asustado animalito y una turba enloquecida corre tras él para atraparlo, mientras recurren a todo tipo de argucias y salvajadas para tratar de dominarlo. Quien quiera ver crueldad con los animales que busque en Youtube el video de un personaje, parece mongol o siberiano, que procede a desollar vivos unos zorros para comercializar sus pieles y a los que apenas ha golpeado con un garrote en la cabeza. Las indefensas fieras se retuercen del dolor al quedar completamente peladas, o como decimos, en carne viva. Para no ir más lejos, qué puede ser más cruel que un pajarito en una jaula, un pez en su pecera, un perro amarrado o un gato entre un apartamento.
En mi juventud fui muy aficionado a los toros pero con los años me volví receloso con el espectáculo, tal vez por la sangre que derrama en la arena el agraviado animal; a lo mejor el costo de una tarde de toros ha contribuido también a espantarme del coso. Sin embargo, respeto esa afición y la veo como algo cultural que disfrutan muchas personas. El toro de lidia vive como un rey durante 4 años en su dehesa y todo ese cuidado es para que muera en manos de un torero; ese es su destino. Como el del cerdo o el pollo de criadero, con la diferencia que estos viven su corta existencia arrumados en unas condiciones espantosas.
Soy consciente de que las corridas de toros son el eje central de nuestra Feria anual y por ello me preocupo porque los carteles sean los mejores, el clima se comporte bien durante las tardes taurinas, los toros embistan y la gente disfrute de un espectáculo que hace parte de nuestra historia ciudadana. Si la corrida es buena la fiesta está asegurada, la gente consume y se mueve la economía de la región. Y gracias a una temporada taurina exitosa la próxima feria queda asegurada, lo mismo que la visita de tantos turistas nacionales y extranjeros.
Claro que debemos respetar a los animales y velar por su bienestar, pero invito a aquellos que gastan recursos y energías en su defensa que miren primero los seres humanos que requieren de cuidado. El abuso que se comete contra los niños trabajadores, que aunque reciben un salario son verdaderos esclavos, es algo que deberíamos repudiar todos. Muchas personas, incluidos inocentes pequeñines, duermen a la intemperie tapados con periódicos y cartones; cuántos compatriotas pasan el día sin probar bocado; cuántos viven en condiciones infrahumanas sin esperanzas ni ilusiones.
¿Acaso un animal merece más atención que un ser humano? Al que le produzca rabia y escozor ver cómo maltratan al toro de lidia, visite los cinturones de miseria para que vea angustia y sufrimiento. Porque el animal lastimado siente dolor, pero no tienen sentimientos; nada de tristeza, rabia, desamparo o angustia existencial.
Desazón siento yo de saber que cuesta más alimentar y sostener a una mascota que a un niño pobre. ¡Esa sí es una animalada!
pmejiama1@une.net.co
La excepción a la regla es el único animal racional, que aunque se comporta como el más irracional de todos, tiene la habilidad de defenderse del resto de los seres vivientes, además de controlarlos y dominarlos. El hombre está indefenso ante cualquier alimaña ponzoñosa, pierde la pelea contra un perro grande o un chimpancé, la patada de un caballo puede partirle el cráneo en dos y hasta un ave de rapiña de gran tamaño logra doblegarlo, pero gracias a su inteligencia tiene las herramientas para someter a cualquier tipo de animal. Tanto que la proteína, renglón importante de la nutrición de los humanos, la adquiere de infinidad de animales que hacen parte de su dieta diaria.
Quienes protestan por el abuso que comete el hombre contra los animales se refieren más que todo a los caballos carretilleros o a los perros callejeros que vemos en los países subdesarrollados, y de manera muy especial al espectáculo taurino donde los grandes damnificados son los toros de lidia. Dichos casos son los más socorridos porque los tenemos ahí, a la mano, pero existen infinidad de abusos contra los animales. Como los gansos que alimentan con embudo para desarrollarles el hígado y así obtener el “foie gras”, bocado exquisito de gourmets; o las gallinas ponedoras que pasan su existencia en un habitáculo diminuto donde no pueden siquiera pararse; o el tigre circense encerrado en su pequeña jaula, que sólo sale a la pista a hacer monerías bajo la amenaza del látigo.
Crueldad la que aún se acostumbra en las fiestas patronales o en los pueblos donde concursan a quien atrape al marrano embolado: cogen un cerdo pequeño y le raspan el pelo hasta dejarlo como bola de billar, para luego embadurnarlo con aceite. Entonces sueltan el asustado animalito y una turba enloquecida corre tras él para atraparlo, mientras recurren a todo tipo de argucias y salvajadas para tratar de dominarlo. Quien quiera ver crueldad con los animales que busque en Youtube el video de un personaje, parece mongol o siberiano, que procede a desollar vivos unos zorros para comercializar sus pieles y a los que apenas ha golpeado con un garrote en la cabeza. Las indefensas fieras se retuercen del dolor al quedar completamente peladas, o como decimos, en carne viva. Para no ir más lejos, qué puede ser más cruel que un pajarito en una jaula, un pez en su pecera, un perro amarrado o un gato entre un apartamento.
En mi juventud fui muy aficionado a los toros pero con los años me volví receloso con el espectáculo, tal vez por la sangre que derrama en la arena el agraviado animal; a lo mejor el costo de una tarde de toros ha contribuido también a espantarme del coso. Sin embargo, respeto esa afición y la veo como algo cultural que disfrutan muchas personas. El toro de lidia vive como un rey durante 4 años en su dehesa y todo ese cuidado es para que muera en manos de un torero; ese es su destino. Como el del cerdo o el pollo de criadero, con la diferencia que estos viven su corta existencia arrumados en unas condiciones espantosas.
Soy consciente de que las corridas de toros son el eje central de nuestra Feria anual y por ello me preocupo porque los carteles sean los mejores, el clima se comporte bien durante las tardes taurinas, los toros embistan y la gente disfrute de un espectáculo que hace parte de nuestra historia ciudadana. Si la corrida es buena la fiesta está asegurada, la gente consume y se mueve la economía de la región. Y gracias a una temporada taurina exitosa la próxima feria queda asegurada, lo mismo que la visita de tantos turistas nacionales y extranjeros.
Claro que debemos respetar a los animales y velar por su bienestar, pero invito a aquellos que gastan recursos y energías en su defensa que miren primero los seres humanos que requieren de cuidado. El abuso que se comete contra los niños trabajadores, que aunque reciben un salario son verdaderos esclavos, es algo que deberíamos repudiar todos. Muchas personas, incluidos inocentes pequeñines, duermen a la intemperie tapados con periódicos y cartones; cuántos compatriotas pasan el día sin probar bocado; cuántos viven en condiciones infrahumanas sin esperanzas ni ilusiones.
¿Acaso un animal merece más atención que un ser humano? Al que le produzca rabia y escozor ver cómo maltratan al toro de lidia, visite los cinturones de miseria para que vea angustia y sufrimiento. Porque el animal lastimado siente dolor, pero no tienen sentimientos; nada de tristeza, rabia, desamparo o angustia existencial.
Desazón siento yo de saber que cuesta más alimentar y sostener a una mascota que a un niño pobre. ¡Esa sí es una animalada!
pmejiama1@une.net.co
miércoles, agosto 04, 2010
Todo es posible.
Me pregunto cómo serán las cosas de las que uno nunca se entera. Cuántas conspiraciones y triquiñuelas sucederán a diario, en nuestras narices, las mismas que sólo conocen unos pocos que además se benefician de ellas. El ciudadano del común se pone al corriente de lo que sucede y como se lo dicen debe aceptarlo, así malicie y haga suposiciones que van mucho más allá de lo que informan. No cabe duda de que son los grandes conglomerados económicos, y sus mafias, los que manejan los hilos de la humanidad y que líderes políticos, religiosos y demás mandamases fungen de títeres y marionetas. Pero sin olvidar que la palabra mafia se refiere a cualquier organización ilícita clandestina, y no sólo a los tradicionales padrinos italianos, a traficantes de drogas y armas, a bandidos emergentes de la Rusia moderna, sino a quienes se mueven en los más altos círculos del poder en todo el planeta.
Esos poderosos que direccionan los acontecimientos que sacuden a la humanidad, son los mismos que ordenan tapar rapidito las posibles filtraciones que existan de su delictivo proceder. Recordemos cuando murió el Papa Juan Pablo I, quien apenas iniciaba su pontificado, y los rumores sobre un posible asesinato empezaron a difundirse, hasta que de un momento a otro no se habló más del asunto y el caso quedó archivado. Igual ha sucedido con infinidad de casos. Los autores materiales de los más sonados magnicidios casi siempre son atrapados, pero de quienes planean y ordenan nunca se sabe nada. Así como las grandes conspiraciones, las guerras y demás conflictos.
Durante la década de 1930, en Alemania, Adolfo Hitler maquinó e intrigó en la política hasta llevar a ese país a una guerra que marcó la historia de la humanidad. En el año 33, unas pocas semanas antes de las elecciones parlamentarias, un comunista holandés ingresó al Reichstag, el edificio del congreso, y le prendió fuego. El hecho fue aprovechado por los nazis para convencer al electorado de que el comunismo buscaba apoderarse del poder y que ellos eran la solución; y aunque algunos sospecharon que había sido un montaje, nunca hubo pruebas y al final el resultado fue el esperado. En 1939, cuando todo estaba dado para iniciar la invasión a los países vecinos, la pantomima se realizó en un puesto fronterizo donde miembros de la SS disfrazados con uniformes de los guardias vecinos, atacaron un destacamento alemán y así encendieron la chispa del abominable conflicto.
Sin duda los gringos han sido los campeones en eso de inventar guerras. Un conflicto armado es una de las formas más expeditas para activar la economía de un país, y durante la Segunda guerra mundial los estadounidenses no sabían cómo hacer para que los metieran al baile. Una flota de sus barcos abastecía a los ingleses, escudados en un supuesto contrato de arrendamiento, pero eso no bastaba para ellos y entonces decidieron puchar la flota del pacífico en Pearl Harbor para tentar al imperio del sol naciente. Aseguran los australianos que informaron a Estados Unidos sobre la armada japonesa, cuando esta se dirigía a Hawái a destruir la flota, y que nadie movió un dedo para repeler el ataque. Un entierro de héroes para los caídos, unos cuantos buques que se pierden y todo un pueblo que recibe con angustia la noticia del ingreso a la guerra.
A principios de los años 90 Sadam Husein dio papaya al invadir Kuwait, lo que bastó para que los gringos comprometieran a sus aliados y procedieran de inmediato a fungir de pacificadores, su papel preferido; aunque nadie entiende por qué en esa ocasión no dieron el golpe final a los iraquíes y dejaron pendiente el asunto. Años después, con la disculpa que Husein escondía armas químicas en su territorio, inventaron una novela para tener patente de corso y rematar la faena. Muchos expertos visitaron el país oriental, comisiones de la ONU, de la Unión Europea y la OTAN, pero nunca encontraron pruebas. Los gringos, con el pretexto que tenían esos arsenales muy bien escondidos, encabezaron una nueva invasión a Irak para evitar que esos demonios musulmanes acabaran con la humanidad.
No faltan quienes dudan de los ataques terroristas de Septiembre 11. Hay un documental que genera muchas dudas y aunque cuesta creer tanta maldad, vale la pena verlo porque presenta unas pruebas muy convincentes (lo encuentran en http://www.vimeo.com/8853580). Lo cierto es que los estadounidenses hacen lo que sea para apoderarse de los territorios ricos en reservas naturales, sobre todo en petróleo. Ahora, sigue Venezuela y el primer paso fue instalarse en territorio colombiano para tenerlos ahí, a tiro de escupa; el vencimiento del contrato para utilizar territorio ecuatoriano para su base de Manta, fue la disculpa perfecta para firmar un tratado con Colombia que les permita un mejor accionar en nuestro territorio.
Se reafirman mis dudas cuando oigo a un dirigente venezolano esgrimir la misma teoría, con el argumento extra que como ahora todo lo que huela a terrorismo es enemigo del imperio, después de que un juez español denunció los vínculos de ETA con Venezuela ya tienen disculpa para invadir ese nido de extremistas. Siempre he sido enemigo del intervencionismo, pero en este caso debo confesar que si de paso le callan la boca al troglodita vecino, ¡p´antier es tarde!
pmejiama1@une.net.co
Esos poderosos que direccionan los acontecimientos que sacuden a la humanidad, son los mismos que ordenan tapar rapidito las posibles filtraciones que existan de su delictivo proceder. Recordemos cuando murió el Papa Juan Pablo I, quien apenas iniciaba su pontificado, y los rumores sobre un posible asesinato empezaron a difundirse, hasta que de un momento a otro no se habló más del asunto y el caso quedó archivado. Igual ha sucedido con infinidad de casos. Los autores materiales de los más sonados magnicidios casi siempre son atrapados, pero de quienes planean y ordenan nunca se sabe nada. Así como las grandes conspiraciones, las guerras y demás conflictos.
Durante la década de 1930, en Alemania, Adolfo Hitler maquinó e intrigó en la política hasta llevar a ese país a una guerra que marcó la historia de la humanidad. En el año 33, unas pocas semanas antes de las elecciones parlamentarias, un comunista holandés ingresó al Reichstag, el edificio del congreso, y le prendió fuego. El hecho fue aprovechado por los nazis para convencer al electorado de que el comunismo buscaba apoderarse del poder y que ellos eran la solución; y aunque algunos sospecharon que había sido un montaje, nunca hubo pruebas y al final el resultado fue el esperado. En 1939, cuando todo estaba dado para iniciar la invasión a los países vecinos, la pantomima se realizó en un puesto fronterizo donde miembros de la SS disfrazados con uniformes de los guardias vecinos, atacaron un destacamento alemán y así encendieron la chispa del abominable conflicto.
Sin duda los gringos han sido los campeones en eso de inventar guerras. Un conflicto armado es una de las formas más expeditas para activar la economía de un país, y durante la Segunda guerra mundial los estadounidenses no sabían cómo hacer para que los metieran al baile. Una flota de sus barcos abastecía a los ingleses, escudados en un supuesto contrato de arrendamiento, pero eso no bastaba para ellos y entonces decidieron puchar la flota del pacífico en Pearl Harbor para tentar al imperio del sol naciente. Aseguran los australianos que informaron a Estados Unidos sobre la armada japonesa, cuando esta se dirigía a Hawái a destruir la flota, y que nadie movió un dedo para repeler el ataque. Un entierro de héroes para los caídos, unos cuantos buques que se pierden y todo un pueblo que recibe con angustia la noticia del ingreso a la guerra.
A principios de los años 90 Sadam Husein dio papaya al invadir Kuwait, lo que bastó para que los gringos comprometieran a sus aliados y procedieran de inmediato a fungir de pacificadores, su papel preferido; aunque nadie entiende por qué en esa ocasión no dieron el golpe final a los iraquíes y dejaron pendiente el asunto. Años después, con la disculpa que Husein escondía armas químicas en su territorio, inventaron una novela para tener patente de corso y rematar la faena. Muchos expertos visitaron el país oriental, comisiones de la ONU, de la Unión Europea y la OTAN, pero nunca encontraron pruebas. Los gringos, con el pretexto que tenían esos arsenales muy bien escondidos, encabezaron una nueva invasión a Irak para evitar que esos demonios musulmanes acabaran con la humanidad.
No faltan quienes dudan de los ataques terroristas de Septiembre 11. Hay un documental que genera muchas dudas y aunque cuesta creer tanta maldad, vale la pena verlo porque presenta unas pruebas muy convincentes (lo encuentran en http://www.vimeo.com/8853580). Lo cierto es que los estadounidenses hacen lo que sea para apoderarse de los territorios ricos en reservas naturales, sobre todo en petróleo. Ahora, sigue Venezuela y el primer paso fue instalarse en territorio colombiano para tenerlos ahí, a tiro de escupa; el vencimiento del contrato para utilizar territorio ecuatoriano para su base de Manta, fue la disculpa perfecta para firmar un tratado con Colombia que les permita un mejor accionar en nuestro territorio.
Se reafirman mis dudas cuando oigo a un dirigente venezolano esgrimir la misma teoría, con el argumento extra que como ahora todo lo que huela a terrorismo es enemigo del imperio, después de que un juez español denunció los vínculos de ETA con Venezuela ya tienen disculpa para invadir ese nido de extremistas. Siempre he sido enemigo del intervencionismo, pero en este caso debo confesar que si de paso le callan la boca al troglodita vecino, ¡p´antier es tarde!
pmejiama1@une.net.co
jueves, julio 29, 2010
¡Puro cuento!
Definitivamente cuando nosotros estábamos chiquitos sí fueron muchos los cuentos que nos metieron. La manera predilecta de controlar a los menores era a punta de miedo y de amenazarnos con todo tipo de castigos si infringíamos una regla; en caso de que la reprimenda verbal no funcionara, entonces procedían con el castigo físico. Los padres de familia aplicaban en su casa diferentes tipos de correctivo y había desde los castigos brutales que consistían en golpear las corvas de los niños con cables eléctricos, zurriagos, pedazos de manguera, palos de escoba o el cinturón del papá que siempre estaba a la mano, hasta los desahogos de las mamás que recurrían al pellizco, el chancletazo o el coscorrón; esto lo llamábamos una pela, aunque también se conocía como tunda, zurra o cueriza.
De manera que la pedagogía era apelar al terror, advertirle al muchachito que si hacía esto o aquello recibiría tal o cual castigo, aprovecharse de la inocencia e ignorancia para controlar la inquietud innata de los infantes. A nadie se le ocurrió que dicho proceder podía crear traumas en los niños, volverlos inseguros y asustadizos; que en la edad adulta podrían presentar conductas atípicas por las reprimendas síquicas y físicas. En cambio los mocosos de ahora no le tienen miedo a nada ni a nadie, empezando por los papás. Bien poquito que los regañan o les llaman la atención, y cuando lo hacen, los zambos levantan los hombros y siguen tan campantes; cero respeto para con los adultos, desconocimiento absoluto de la urbanidad, insolencia descarada ante cualquier amonestación.
Sin duda la iglesia tiene mucha culpa por su influencia en esos métodos de educación arcaicos, que durante tanto tiempo impuso la religión por medio del pavor que le teníamos al diablo y al infierno. En la catequesis de preparación para hacer la primera comunión le advertían al mocoso que quien muriera en pecado mortal se iba de cabezas para la paila mocha, por lo que uno corría a confesarse cada que le mentaba la madre a otro, si le guindaba los calzones a la vecina, por meter una mentira, cuando se daba en la jeta con un hermano o cualquier otra pendejada que según esos “magníficos” educadores estaba catalogado como pecado mortal. Ni hablar del susto que sentíamos al recibir esa primera hostia, en la Primera comunión, porque quien la mordiera cometía sacrilegio; tocaba adosarla al paladar, después tratar de despegarla con la lengua, con mañita para no romperla, y esperar a que se disolviera con saliva.
Otro tema de espanto era la muerte. Nos advertían que si uno molestaba a una persona y esta se moría, venía por la noche a jalarle las patas en la cama. Y cuando fallecía algún pariente o conocido y durante la noche se oían ruidos en la casa, la empleada del servicio nos aseguraba que era el ánima del difunto que había venido a deshacer los pasos; que lo primero que hacía el alma del muerto era recorrer todos los lugares que había visitado en vida.
Yo viví la niñez convencido de que si me tragaba una pepa de naranja o de mandarina, a los pocos días me iba a retoñar un palo de la misma fruta por debajo de la lengua. Que quien se arrimara a una fogata con seguridad se orinaba en la cama por la noche; pasar el río le decíamos. En la adolescencia nos dijeron que si uno está enguayabado y se larga a comer patilla, termina envenenado porque la fruta se convierte en cianuro al juntarse con el alcohol que circula todavía en la sangre. Y la peor mentira: que si un joven empezaba a acariciarse la bujía cometía un pecado espantoso, y si además se enviciaba a reventar los tacos en la mano, cuando fuera mayor y se casara le iban a hacer falta, dizque porque uno nacía con esa vaina contada. De ahí el cuento del pelo que salía en la palma de la mano.
Como nunca es tarde para rectificar, por fin unos científicos comprobaron que los fetos que crecen en el vientre materno no son más inteligentes o avispados si les ponen música clásica, les prenden luces y les conversan a toda hora. Los papás de nuestra generación mantenían a las señoras embarazadas y jamás los vimos con esas zalamerías; mucho menos salir a media noche a conseguir algo para colmarle un capricho a la mujer. De ser cierto que si un antojo no es satisfecho el muchachito nace gago o tartamudo, nosotros no desataríamos.
De un tiempo hacia acá a las madres gestantes les metieron el cuento que al bebé que crece en su barriga hay que hablarle, nunca pelear en su presencia, recitarle poesía y leerle cuentos infantiles, arrimarle luces de diferentes colores, arrullarlo, hacerle masajes y cuanta pendejada se les ocurra. Entonces llega el marido muerto del cansancio del trabajo y si no se presta para la pantomima, la vieja se enfurrusca, hace moños y pucheros, e insiste en que ya no los quiere. Es más, por la pica, obliga al pobre tipo a salir para conseguirle chachafrutos; que no ve la hora de que él mismo los cocine, les quite la cáscara y se los lleve en un plato con el salero. ¡Y no salga en bombas a hacer el mandado para que vea!
pmejiama1@une.net.co
De manera que la pedagogía era apelar al terror, advertirle al muchachito que si hacía esto o aquello recibiría tal o cual castigo, aprovecharse de la inocencia e ignorancia para controlar la inquietud innata de los infantes. A nadie se le ocurrió que dicho proceder podía crear traumas en los niños, volverlos inseguros y asustadizos; que en la edad adulta podrían presentar conductas atípicas por las reprimendas síquicas y físicas. En cambio los mocosos de ahora no le tienen miedo a nada ni a nadie, empezando por los papás. Bien poquito que los regañan o les llaman la atención, y cuando lo hacen, los zambos levantan los hombros y siguen tan campantes; cero respeto para con los adultos, desconocimiento absoluto de la urbanidad, insolencia descarada ante cualquier amonestación.
Sin duda la iglesia tiene mucha culpa por su influencia en esos métodos de educación arcaicos, que durante tanto tiempo impuso la religión por medio del pavor que le teníamos al diablo y al infierno. En la catequesis de preparación para hacer la primera comunión le advertían al mocoso que quien muriera en pecado mortal se iba de cabezas para la paila mocha, por lo que uno corría a confesarse cada que le mentaba la madre a otro, si le guindaba los calzones a la vecina, por meter una mentira, cuando se daba en la jeta con un hermano o cualquier otra pendejada que según esos “magníficos” educadores estaba catalogado como pecado mortal. Ni hablar del susto que sentíamos al recibir esa primera hostia, en la Primera comunión, porque quien la mordiera cometía sacrilegio; tocaba adosarla al paladar, después tratar de despegarla con la lengua, con mañita para no romperla, y esperar a que se disolviera con saliva.
Otro tema de espanto era la muerte. Nos advertían que si uno molestaba a una persona y esta se moría, venía por la noche a jalarle las patas en la cama. Y cuando fallecía algún pariente o conocido y durante la noche se oían ruidos en la casa, la empleada del servicio nos aseguraba que era el ánima del difunto que había venido a deshacer los pasos; que lo primero que hacía el alma del muerto era recorrer todos los lugares que había visitado en vida.
Yo viví la niñez convencido de que si me tragaba una pepa de naranja o de mandarina, a los pocos días me iba a retoñar un palo de la misma fruta por debajo de la lengua. Que quien se arrimara a una fogata con seguridad se orinaba en la cama por la noche; pasar el río le decíamos. En la adolescencia nos dijeron que si uno está enguayabado y se larga a comer patilla, termina envenenado porque la fruta se convierte en cianuro al juntarse con el alcohol que circula todavía en la sangre. Y la peor mentira: que si un joven empezaba a acariciarse la bujía cometía un pecado espantoso, y si además se enviciaba a reventar los tacos en la mano, cuando fuera mayor y se casara le iban a hacer falta, dizque porque uno nacía con esa vaina contada. De ahí el cuento del pelo que salía en la palma de la mano.
Como nunca es tarde para rectificar, por fin unos científicos comprobaron que los fetos que crecen en el vientre materno no son más inteligentes o avispados si les ponen música clásica, les prenden luces y les conversan a toda hora. Los papás de nuestra generación mantenían a las señoras embarazadas y jamás los vimos con esas zalamerías; mucho menos salir a media noche a conseguir algo para colmarle un capricho a la mujer. De ser cierto que si un antojo no es satisfecho el muchachito nace gago o tartamudo, nosotros no desataríamos.
De un tiempo hacia acá a las madres gestantes les metieron el cuento que al bebé que crece en su barriga hay que hablarle, nunca pelear en su presencia, recitarle poesía y leerle cuentos infantiles, arrimarle luces de diferentes colores, arrullarlo, hacerle masajes y cuanta pendejada se les ocurra. Entonces llega el marido muerto del cansancio del trabajo y si no se presta para la pantomima, la vieja se enfurrusca, hace moños y pucheros, e insiste en que ya no los quiere. Es más, por la pica, obliga al pobre tipo a salir para conseguirle chachafrutos; que no ve la hora de que él mismo los cocine, les quite la cáscara y se los lleve en un plato con el salero. ¡Y no salga en bombas a hacer el mandado para que vea!
pmejiama1@une.net.co
miércoles, julio 21, 2010
Preguntas sueltas.
Qué oportuno sería que los canales privados de televisión, RCN y Caracol, le explicaran a la teleaudiencia cómo carajo fue que programaron las transmisiones del Mundial de fútbol que acaba de pasar. Porque hasta ahora lo único que veo en la gente es desconcierto y rabia debido a la omisión de ciertos encuentros, que aunque sobre el papel no representaban mucho interés, el sólo hecho que estén programados en semejante torneo ya los convierte en novedad. En este caso sucede lo mismo que en una temporada de toros, que para ver la corrida buena hay que ir todas las tardes a la plaza. Hasta donde tengo entendido nadie posee la bola de cristal que predice la calidad y el resultado de un partido de fútbol.
Cómo es posible que durante la semana transmitieran 3 partidos, cuando la mayoría de las personas no podían verlos porque estaban en el trabajo u ocupados en otro menester, y apenas llegaban los sábados y todo el mundo disponía del tiempo, armaban programa con los amigos para reunirse y se frotaban las manos de la felicidad, resulta que estos mercachifles resolvían trasmitir un solo partido; e igual dosis repetían los domingos. Pero más inaudito aún es que en plena semifinal, cuando todos los encuentros tienen una importancia capital, ellos decidieran que un partido como el de Uruguay contra Ghana, que además se jugó un sábado por la tarde cuando los televidentes podían verlo, no tenía mucha importancia. Sabrá el diablo por qué. Por fortuna la tecnología nos lo permitió ver por internet, porque además resultó ser uno de los mejores partidos del mundial.
El ciudadano del común supone que si entre las dos empresas se ponen de acuerdo para repartirse los partidos, cada una debe trasmitir sólo la mitad y así les sale más económico; porque la única explicación que le vemos a semejante despropósito es que los derechos de transmisión fueran muy costosos, y con recargo los fines de semana. Pero yo creo saber por qué obraron de esa manera: porque ninguno de los dos canales se arriesga a que los partidos del otro resulten mejores que los propios. Esa competencia enfermiza por acaparar la audiencia los tiene ciegos y maniatados.
Claro que si de invertir millonadas en producciones estúpidas, telenovelas y concursos repetitivos se trata, ahí sí el billete brota como por arte de birlibirloque. Sólo en las manos de los dueños de esas empresas está la potestad de cambiar de manera radical una programación infame y dañina, con la que hipnotizan todo un pueblo y le llenan la cabeza de cucarachas. Por favor señores cacaos, ustedes y sus proles no alcanzan a gastarse la plata que tienen en lo que les resta de vida, por lo que pueden darse la pela de contribuir de forma importante en la culturización de este país. Porque de los dueños para abajo todos los empleados tienen que mostrar resultados, y como lo que más vende son las telenovelas, se quedará la televisión colombiana condenada al oscurantismo y la majadería.
Nunca había sucedido, hasta donde la memoria me alcanza, que nos quedáramos sin la transmisión por televisión abierta de varios partidos de un mundial de fútbol. Yo tenía la esperanza que sucediera como con los juegos olímpicos, que si los canales privados no los transmite el gobierno lo hace por el canal institucional porque se trata de un evento de interés nacional. El caso es que con el proceder de los canales privados se crean suspicacias y la pregunta general es qué hay detrás del asunto. Al menos yo estoy seguro de que esos vergajos algo traman, porque bien es sabido que no dan puntada sin dedal. Alguna maturranga tienen entre manos; a lo mejor existen nexos entre ellos y las empresas que venden televisión satelital, y de esa manera empiezan a ablandarnos para que en el futuro pensemos en anotarnos en un plan de esos. Y se mete usted en el embeleco y entonces le ofrecen señal en alta definición, televisión en 3D y otras arandelas que sumadas cuestan un mundo de plata.
Terminó el mundial y los amantes del torneo quedamos como huérfanos, desubicados, más desprogramados que un poste. Recuerdo que en el 2005, cuando era más probable que Costa Rica ganara el mundial de Alemania que yo alcanzara a verlo por televisión, porque los tratamientos para combatir el cáncer me tenían como sobrado de tigre, le dije al oncólogo que me trató, doctor Juan Paulo Cardona, que ante lo grave de la situación bregara al menos que yo alcanzara a disfrutar del mundial programado para el año siguiente. Ahora puedo decir que este de Sudáfrica también queda grabado en mi disco duro y aprovecho para agradecerle de nuevo al doctor Cardona, porque aparte de su especialidad fue mucha la sicología que utilizó para no dejarme tirar la toalla.
Muchos planean viajar al próximo mundial para aprovechar que el torneo se va a jugar en el vecindario, mientras yo pienso que ahora voy a tener que apelar a mi tocayo el pulpo alemán para que diga cómo la ve para el 2014; y que si el pronóstico de que también voy a disfrutarlo es positivo, que de una vez me adelante algunos datos para empezar a trabajarle al borrador de la polla.
pmejiama1@une.net.co
Cómo es posible que durante la semana transmitieran 3 partidos, cuando la mayoría de las personas no podían verlos porque estaban en el trabajo u ocupados en otro menester, y apenas llegaban los sábados y todo el mundo disponía del tiempo, armaban programa con los amigos para reunirse y se frotaban las manos de la felicidad, resulta que estos mercachifles resolvían trasmitir un solo partido; e igual dosis repetían los domingos. Pero más inaudito aún es que en plena semifinal, cuando todos los encuentros tienen una importancia capital, ellos decidieran que un partido como el de Uruguay contra Ghana, que además se jugó un sábado por la tarde cuando los televidentes podían verlo, no tenía mucha importancia. Sabrá el diablo por qué. Por fortuna la tecnología nos lo permitió ver por internet, porque además resultó ser uno de los mejores partidos del mundial.
El ciudadano del común supone que si entre las dos empresas se ponen de acuerdo para repartirse los partidos, cada una debe trasmitir sólo la mitad y así les sale más económico; porque la única explicación que le vemos a semejante despropósito es que los derechos de transmisión fueran muy costosos, y con recargo los fines de semana. Pero yo creo saber por qué obraron de esa manera: porque ninguno de los dos canales se arriesga a que los partidos del otro resulten mejores que los propios. Esa competencia enfermiza por acaparar la audiencia los tiene ciegos y maniatados.
Claro que si de invertir millonadas en producciones estúpidas, telenovelas y concursos repetitivos se trata, ahí sí el billete brota como por arte de birlibirloque. Sólo en las manos de los dueños de esas empresas está la potestad de cambiar de manera radical una programación infame y dañina, con la que hipnotizan todo un pueblo y le llenan la cabeza de cucarachas. Por favor señores cacaos, ustedes y sus proles no alcanzan a gastarse la plata que tienen en lo que les resta de vida, por lo que pueden darse la pela de contribuir de forma importante en la culturización de este país. Porque de los dueños para abajo todos los empleados tienen que mostrar resultados, y como lo que más vende son las telenovelas, se quedará la televisión colombiana condenada al oscurantismo y la majadería.
Nunca había sucedido, hasta donde la memoria me alcanza, que nos quedáramos sin la transmisión por televisión abierta de varios partidos de un mundial de fútbol. Yo tenía la esperanza que sucediera como con los juegos olímpicos, que si los canales privados no los transmite el gobierno lo hace por el canal institucional porque se trata de un evento de interés nacional. El caso es que con el proceder de los canales privados se crean suspicacias y la pregunta general es qué hay detrás del asunto. Al menos yo estoy seguro de que esos vergajos algo traman, porque bien es sabido que no dan puntada sin dedal. Alguna maturranga tienen entre manos; a lo mejor existen nexos entre ellos y las empresas que venden televisión satelital, y de esa manera empiezan a ablandarnos para que en el futuro pensemos en anotarnos en un plan de esos. Y se mete usted en el embeleco y entonces le ofrecen señal en alta definición, televisión en 3D y otras arandelas que sumadas cuestan un mundo de plata.
Terminó el mundial y los amantes del torneo quedamos como huérfanos, desubicados, más desprogramados que un poste. Recuerdo que en el 2005, cuando era más probable que Costa Rica ganara el mundial de Alemania que yo alcanzara a verlo por televisión, porque los tratamientos para combatir el cáncer me tenían como sobrado de tigre, le dije al oncólogo que me trató, doctor Juan Paulo Cardona, que ante lo grave de la situación bregara al menos que yo alcanzara a disfrutar del mundial programado para el año siguiente. Ahora puedo decir que este de Sudáfrica también queda grabado en mi disco duro y aprovecho para agradecerle de nuevo al doctor Cardona, porque aparte de su especialidad fue mucha la sicología que utilizó para no dejarme tirar la toalla.
Muchos planean viajar al próximo mundial para aprovechar que el torneo se va a jugar en el vecindario, mientras yo pienso que ahora voy a tener que apelar a mi tocayo el pulpo alemán para que diga cómo la ve para el 2014; y que si el pronóstico de que también voy a disfrutarlo es positivo, que de una vez me adelante algunos datos para empezar a trabajarle al borrador de la polla.
pmejiama1@une.net.co
martes, julio 13, 2010
Salen con unas…
Para mi papá no había mejor entretención que conversar con los campesinos y escucharles su léxico, historias, costumbres y creencias. En su finquita pasaba horas en entretenidas charlas con el agregado y su mujer, quienes lo mantenían al tanto de todo lo que sucedía en la región. Recuerdo que llegaba a las carcajadas a contarnos lo que había dicho el uno o le que relató el otro, pero no con la intención de burlarse sino de disfrutar ese lenguaje maravilloso y autóctono que utilizan; además de que los relatos son graciosos y tienen un contenido filosófico muy interesante. Otra cosa que fascinaba al viejo eran los cuentos y salidas de sus nietos. Todos adoraron al abuelo, que aunque nunca fue un hombre cariñoso ni expresivo, con los nietos se transformaba y los cargaba, dejaba que le jalaran el bigote y si había que arrullarlos o dormirlos era el mejor en ese oficio.
A mi hijo le tocó el abuelo para él solo durante varios años porque era el único nieto, además de que en ese entonces mi padre estaba aliviado y lleno de vida. No se iba para la finca sin la compañía del niño y allá recorrían los caminos y conversaban de todo lo imaginable; desde que el muchachito aprendió a caminar lo recogía el sábado muy temprano y cuando regresaban, disfrutaba al resumirnos el contenido de sus charlas. Ojalá todos los niños aprovecharan a los abuelos para aprender de ellos, disfrutar de su compañía y darles la satisfacción de contribuir a la formación de la prole. Basta conocer algo de la infancia de personajes como Gabo, Vargas Llosa o Isabel Allende, para colegir que el hecho de haberse criado en casa de los abuelos marcó definitivamente sus destinos y los inspiró para relatar semejante caudal de experiencias maravillosas.
La nieta menor de nuestro clan es Maria Antonia, una mocosa tierna e inteligente que con su carisma gana el cariño de quienes la conocen. Mis padres la alcanzaron a disfrutar unos añitos y como eran vecinos, esa niña y su hermanito pasaban mucho tiempo con los abuelos. Cuando la muchachita tenía unos 3 años llegaba de la guardería a enseñarle a mi papá cómo debía respirar para que no dependiera de una máquina productora de oxígeno, y le hacía la mímica de la inspiración y expiración. A mi madre, que tenía una infección urinaria, la mocosa le dictaba cátedra al respecto y le explicaba que los “griñones” quedaban como a mitad de la espalda. Mi papá se desternillaba de la risa y casi siempre terminaba ahogado por el esfuerzo. Entró la niña al colegio y uno de mis hermanos le preguntó si allí también le enseñarían temas de la salud, a lo que respondió con mucha seguridad:
-No tío, porque yo medicina ya sé.
Y es que la zamba siempre ha tenido dotes de profesora. Hace poco, ya con 6 años, le dijo a mi hermano que una amiguita al contar se saltaba los números del 12 al 15 y que ella se había propuesto enseñarle cómo es la cosa. Que simplemente le había dicho que al terminar de contar hasta 10, volvía a empezar con todos los números en el mismo orden pero que les tenía que poner a todos un 1 a la izquierda. Al papá le pareció muy bien pero le preguntó si ella le había explicado bien el por qué se daba ese fenómeno de repetir otra vez los números, y entonces ella expresó textualmente lo que le había dicho a su amiga:
-Mira fulanita, tú no te preocupes por esa hilera de unos, que esos los puso dios ahí. Limítate a hacer lo que te expliqué y listo.
La candidez e inocencia de los infantes son hermosas. Salen con unas cosas que provoca comérselos a besos y eso le pasó a mi hermano cuando a Maria Antonia le dio por meterse a clases de piano. De inmediato buscaron la profesora, ya que una afición como esa hay que fomentársela, y cuando el papá la llevaba a la primera clase le preguntó por qué había querido aprender a tocar ese instrumento, a lo que ella muy seria respondió:
-No papi, es que cuando yo tenga por ahí 20 años me pienso conseguir un noviecito y así puedo cantarle canciones.
Pedro Luis es el otro pequeñín de la familia y un sábado le preguntó al papá si al otro día lo llevaría a bañarse en la piscina, pero antes de que le contestara, en forma contundente le advirtió: pero ahora no me vaya a salir con que si dios quiere, según como amanezca el día, lo que diga su mamá o alguna disculpita de esas. Y hace poco, mientras iban en carro de paseo para la costa, empezaron los adultos a saborearse los manjares que esperaban disfrutar. Que pescado frito con arroz con coco, que arepa de huevo, que unas buenas butifarras, hasta que nombraron el bollo y mi hermano, como es su costumbre, le dijo a Pedro que tenía que probar de todo. El niño se quedó callado un rato mientras sopesaba la situación, consciente de que si se negaba iban a empezar las peleas, hasta que propuso:
-Está bien papá, yo pruebo el bollo pero que no sea de perro ni de gato.
pmejiama1@une.net.co
A mi hijo le tocó el abuelo para él solo durante varios años porque era el único nieto, además de que en ese entonces mi padre estaba aliviado y lleno de vida. No se iba para la finca sin la compañía del niño y allá recorrían los caminos y conversaban de todo lo imaginable; desde que el muchachito aprendió a caminar lo recogía el sábado muy temprano y cuando regresaban, disfrutaba al resumirnos el contenido de sus charlas. Ojalá todos los niños aprovecharan a los abuelos para aprender de ellos, disfrutar de su compañía y darles la satisfacción de contribuir a la formación de la prole. Basta conocer algo de la infancia de personajes como Gabo, Vargas Llosa o Isabel Allende, para colegir que el hecho de haberse criado en casa de los abuelos marcó definitivamente sus destinos y los inspiró para relatar semejante caudal de experiencias maravillosas.
La nieta menor de nuestro clan es Maria Antonia, una mocosa tierna e inteligente que con su carisma gana el cariño de quienes la conocen. Mis padres la alcanzaron a disfrutar unos añitos y como eran vecinos, esa niña y su hermanito pasaban mucho tiempo con los abuelos. Cuando la muchachita tenía unos 3 años llegaba de la guardería a enseñarle a mi papá cómo debía respirar para que no dependiera de una máquina productora de oxígeno, y le hacía la mímica de la inspiración y expiración. A mi madre, que tenía una infección urinaria, la mocosa le dictaba cátedra al respecto y le explicaba que los “griñones” quedaban como a mitad de la espalda. Mi papá se desternillaba de la risa y casi siempre terminaba ahogado por el esfuerzo. Entró la niña al colegio y uno de mis hermanos le preguntó si allí también le enseñarían temas de la salud, a lo que respondió con mucha seguridad:
-No tío, porque yo medicina ya sé.
Y es que la zamba siempre ha tenido dotes de profesora. Hace poco, ya con 6 años, le dijo a mi hermano que una amiguita al contar se saltaba los números del 12 al 15 y que ella se había propuesto enseñarle cómo es la cosa. Que simplemente le había dicho que al terminar de contar hasta 10, volvía a empezar con todos los números en el mismo orden pero que les tenía que poner a todos un 1 a la izquierda. Al papá le pareció muy bien pero le preguntó si ella le había explicado bien el por qué se daba ese fenómeno de repetir otra vez los números, y entonces ella expresó textualmente lo que le había dicho a su amiga:
-Mira fulanita, tú no te preocupes por esa hilera de unos, que esos los puso dios ahí. Limítate a hacer lo que te expliqué y listo.
La candidez e inocencia de los infantes son hermosas. Salen con unas cosas que provoca comérselos a besos y eso le pasó a mi hermano cuando a Maria Antonia le dio por meterse a clases de piano. De inmediato buscaron la profesora, ya que una afición como esa hay que fomentársela, y cuando el papá la llevaba a la primera clase le preguntó por qué había querido aprender a tocar ese instrumento, a lo que ella muy seria respondió:
-No papi, es que cuando yo tenga por ahí 20 años me pienso conseguir un noviecito y así puedo cantarle canciones.
Pedro Luis es el otro pequeñín de la familia y un sábado le preguntó al papá si al otro día lo llevaría a bañarse en la piscina, pero antes de que le contestara, en forma contundente le advirtió: pero ahora no me vaya a salir con que si dios quiere, según como amanezca el día, lo que diga su mamá o alguna disculpita de esas. Y hace poco, mientras iban en carro de paseo para la costa, empezaron los adultos a saborearse los manjares que esperaban disfrutar. Que pescado frito con arroz con coco, que arepa de huevo, que unas buenas butifarras, hasta que nombraron el bollo y mi hermano, como es su costumbre, le dijo a Pedro que tenía que probar de todo. El niño se quedó callado un rato mientras sopesaba la situación, consciente de que si se negaba iban a empezar las peleas, hasta que propuso:
-Está bien papá, yo pruebo el bollo pero que no sea de perro ni de gato.
pmejiama1@une.net.co
lunes, julio 05, 2010
El cuero, la número 5, el esférico…
No sé cuál es la pendejada ahora que a todo le tienen que meter ingeniería, cambiarlo, aplicarle tecnología de punta y modernizarlo a como dé lugar. Está bien que innoven con los teléfonos celulares, que las cámaras fotográficas sean más delgadas y sofisticadas, los vehículos evolucionen y las computadoras personales presenten infinidad de novedades, pero aplicarle tecnología espacial a un balón de fútbol sí me parece como exagerado. Jabulani, “celebrar” en lengua zulú, es el modelo de balón que lanzaron para el mundial de Sudáfrica y con el cual, para mi gusto, lo único que lograron fue confundir a los jugadores porque mientras le cogieron el tirito, pasó medio torneo sin poderle atinar a la portería.
Muy bonito el diseño de la nueva pelota, excelentes materiales y mucho trabajo de laboratorio, pero podrían haberla puesto en circulación con antelación a la cita mundialista para evitar que los futbolistas la saquen del estadio a cada momento, mientras los espectadores nos agarramos la cabeza y maldecimos con desesperación. Los únicos que han sacado provecho del cambio son algunos porteros, quienes después de cometer alguna chambonada le echan la culpa al novedoso adminículo.
En todo caso la diferencia que existe entre un balón de los que usábamos en nuestra niñez para entretenernos y las maravillas que se inventan ahora, es tan grande como la que hay entre la mula y el jet. Durante mi infancia el mayor sueño de cualquier mocoso era recibir como regalo un balón de fútbol nuevo, aunque ese presente sólo era posible cuando uno hacía la Primera Comunión, porque como cuelga de cumpleaños o aguinaldo no clasificaba debido a que era muy costoso. De manera que no quedaba sino hacerle ganas y cada que visitábamos el centro arrimábamos al almacén Paniza Deportes, el negocio de los Llano Betancur que quedaba en la falda de la carrera 22, antecitos de llegar a la Catedral, para observar con envidia los lustrosos balones que colgaban en la vitrina. “La número 5” le decíamos al ansiado juguete.
Por fin se llegaba el momento esperado y uno recibía su balón propio. Venía lustroso con sus cascos hexagonales pintados de blanco y negro, enfundado en una malla especial que servía para guardarlo, y nadie quería estrenarlo porque sabíamos que de inmediato se borraba la pintura y perdía la magia. De todas maneras tocaba ponerlo a rodar y al poco rato ya era una pelota de cuero sin ningún atractivo, que cuando llovía se entrapaba y recogía mugre hasta convertirse en un peligroso proyectil. Porque cabecear un balón en esas condiciones, que después del impacto lo dejaba a uno turulato y bañado en arena, era un verdadero atentado contra la salud.
Los pinos y arrayanes que hay en la parte baja del Parque del Cable fueron sembrados allí hace 40 años para que nosotros no jugáramos fútbol. Por más que Alfonso, el parquero, nos regañara porque le manteníamos el prado achilado y pelado en algunos sectores, no perdíamos oportunidad para improvisar dos porterías, con los útiles del colegio y los sacos, y disputar un picadito bien entretenido.
Al que fuera muy maleta para el fútbol no lo escogían en ninguno de los equipos, sorteo que se hacía con un pico y monto para ver quién elegía primero, y la única manera de poder jugar era ser dueño del balón. Claro que había unos muy zalameros que jodían por todo y cada que alguien pateaba fuerte, el otro empezaba con la cantaleta que no le diera punta porque lo dejaba huevito; y si pasaba un carro y en esas el balón rodaba a la calle, había que ver el escándalo porque de pronto lo apachurraba. Los balones tenían en su interior una vejiga de goma con válvula y antes del picado íbamos a la bomba Palogrande, de doña Mercedes Ángel, para echarle aire hasta que quedara bien inflado; lo que llamábamos campanita.
Antes vivimos en el barrio La Camelia y allá también improvisamos un sitio para jugar. La calle 70 baja cuadra y media desde la Avenida Santander, y allí termina en un espacio circular para que los vehículos puedan voltear. Entonces marcamos una portería en un murito que hay en la entrada a la casa de mi tío Eduardo, con la ventaja que en el área chica quedaba un espacio con piso de tierra para que el portero pudiera revolcarse; el resto de la cancha era en pavimento. Ahí jugábamos herraduras y nos entreteníamos al cobrar penaltis.
Un día estaba mi hermano Daniel, que tendría 7 años y era un verdadero chinche, entretenido con el cuero de un balón roto al que le dio por rellenar con piedras y luego ponerlo en el punto de los cobros. En esas vio que Cajiao, un vecinito muy fantoche, se bajó del bus en la esquina y de inmediato lo invitó a que pateara, mientras le mostraba el balón que ya estaba acomodado. El otro zambo aceptó sin dudarlo, dejó los cuadernos y demás pertenencias en el andén, y cogió impulso desde la mitad de la cuadra para fusilar al improvisado portero. Cuenta mi hermano que el mocoso reventó el zapato y salió disparado de cabezas cuando su pie se encontró con semejante mojón. 45 años después todavía me rio al imaginar la escena.
pmejiama1@une.net.co
Muy bonito el diseño de la nueva pelota, excelentes materiales y mucho trabajo de laboratorio, pero podrían haberla puesto en circulación con antelación a la cita mundialista para evitar que los futbolistas la saquen del estadio a cada momento, mientras los espectadores nos agarramos la cabeza y maldecimos con desesperación. Los únicos que han sacado provecho del cambio son algunos porteros, quienes después de cometer alguna chambonada le echan la culpa al novedoso adminículo.
En todo caso la diferencia que existe entre un balón de los que usábamos en nuestra niñez para entretenernos y las maravillas que se inventan ahora, es tan grande como la que hay entre la mula y el jet. Durante mi infancia el mayor sueño de cualquier mocoso era recibir como regalo un balón de fútbol nuevo, aunque ese presente sólo era posible cuando uno hacía la Primera Comunión, porque como cuelga de cumpleaños o aguinaldo no clasificaba debido a que era muy costoso. De manera que no quedaba sino hacerle ganas y cada que visitábamos el centro arrimábamos al almacén Paniza Deportes, el negocio de los Llano Betancur que quedaba en la falda de la carrera 22, antecitos de llegar a la Catedral, para observar con envidia los lustrosos balones que colgaban en la vitrina. “La número 5” le decíamos al ansiado juguete.
Por fin se llegaba el momento esperado y uno recibía su balón propio. Venía lustroso con sus cascos hexagonales pintados de blanco y negro, enfundado en una malla especial que servía para guardarlo, y nadie quería estrenarlo porque sabíamos que de inmediato se borraba la pintura y perdía la magia. De todas maneras tocaba ponerlo a rodar y al poco rato ya era una pelota de cuero sin ningún atractivo, que cuando llovía se entrapaba y recogía mugre hasta convertirse en un peligroso proyectil. Porque cabecear un balón en esas condiciones, que después del impacto lo dejaba a uno turulato y bañado en arena, era un verdadero atentado contra la salud.
Los pinos y arrayanes que hay en la parte baja del Parque del Cable fueron sembrados allí hace 40 años para que nosotros no jugáramos fútbol. Por más que Alfonso, el parquero, nos regañara porque le manteníamos el prado achilado y pelado en algunos sectores, no perdíamos oportunidad para improvisar dos porterías, con los útiles del colegio y los sacos, y disputar un picadito bien entretenido.
Al que fuera muy maleta para el fútbol no lo escogían en ninguno de los equipos, sorteo que se hacía con un pico y monto para ver quién elegía primero, y la única manera de poder jugar era ser dueño del balón. Claro que había unos muy zalameros que jodían por todo y cada que alguien pateaba fuerte, el otro empezaba con la cantaleta que no le diera punta porque lo dejaba huevito; y si pasaba un carro y en esas el balón rodaba a la calle, había que ver el escándalo porque de pronto lo apachurraba. Los balones tenían en su interior una vejiga de goma con válvula y antes del picado íbamos a la bomba Palogrande, de doña Mercedes Ángel, para echarle aire hasta que quedara bien inflado; lo que llamábamos campanita.
Antes vivimos en el barrio La Camelia y allá también improvisamos un sitio para jugar. La calle 70 baja cuadra y media desde la Avenida Santander, y allí termina en un espacio circular para que los vehículos puedan voltear. Entonces marcamos una portería en un murito que hay en la entrada a la casa de mi tío Eduardo, con la ventaja que en el área chica quedaba un espacio con piso de tierra para que el portero pudiera revolcarse; el resto de la cancha era en pavimento. Ahí jugábamos herraduras y nos entreteníamos al cobrar penaltis.
Un día estaba mi hermano Daniel, que tendría 7 años y era un verdadero chinche, entretenido con el cuero de un balón roto al que le dio por rellenar con piedras y luego ponerlo en el punto de los cobros. En esas vio que Cajiao, un vecinito muy fantoche, se bajó del bus en la esquina y de inmediato lo invitó a que pateara, mientras le mostraba el balón que ya estaba acomodado. El otro zambo aceptó sin dudarlo, dejó los cuadernos y demás pertenencias en el andén, y cogió impulso desde la mitad de la cuadra para fusilar al improvisado portero. Cuenta mi hermano que el mocoso reventó el zapato y salió disparado de cabezas cuando su pie se encontró con semejante mojón. 45 años después todavía me rio al imaginar la escena.
pmejiama1@une.net.co
miércoles, junio 30, 2010
Sólo sé que nada sé.
A ver si quienes presentan a diario avances en la tecnología y nos aturden con avalanchas de adelantos científicos, son capaces de meterle el diente a un asunto que me ronda la cabeza desde hace días: que se inventen una conexión de internet para el cerebro humano. Con la acumulación de calendarios la memoria empieza a flaquear y es común que olvidemos nimiedades que aunque estamos seguros de saber su respuesta, por más que tratemos es imposible traerlas a la memoria. Uno pretende olvidar el asunto pero en la mente el subconsciente sigue con la búsqueda, hasta que en medio de otra conversación cualquiera salta la respuesta; cuando ya para qué. El caso es que mientras tengamos a mano una conexión a internet el asunto se soluciona, porque basta teclear la inquietud en Google y en un parpadeo tenemos la solución. Entonces, para no depender de aparatos electrónicos, lo ideal sería contar con línea directa entre nuestro “diminuto hórrido abismo”, como dijo el poeta, y la red cibernética. Así tendríamos acceso a toda la información, no ignoraríamos nada, pareceríamos el libro gordo de Petete.
Porque entre más cosas aprende uno en la vida, más se aterra de la cantidad que desconoce. Nuestro cúmulo de saberes puede compararse con un grano de arena en el Sahara; una gota de agua en el océano; una estrella en el firmamento. Morimos con el cerebro sin estrenar porque dicen los entendidos que a ese disco duro le cabe muchísima información, y se atreven a diagnosticar que un personaje como Einstein, que fue un tipo bien pepa, solo utilizó un 10% de su capacidad cerebral. Qué puede esperarse entonces de un simple mortal como uno: ignorante al cuadrado, por quince de fondo.
El filósofo griego Sócrates fue el que se dejó venir con la frase que titulo este escrito y eso que el cliente pertenecía al combo de los que había para mostrar en esa época. La máxima resume el convencimiento de su ignorancia, aparte de una modestia muy loable. Claro que pensándolo bien, si entonces no contaban siquiera con un transistor para enterarse de los acontecimientos, el tipo no debía saber tanto como lo hacen creer sus biógrafos. Me late que aquellos filósofos se destacaron porque dedicaron algo de tiempo al raciocinio, mientras sus paisanos se gastaban la existencia en cazar peleas, jartar vino, perseguir muchachas y construir templos y palacios. No les quedaba minuto para dedicarse a hacer dibujitos en la arena.
Un ejemplo sencillo de lo amplio que es cualquier tema y lo poco que lo conocemos, puede verse en el lenguaje. Dicen los estudios que una persona ilustrada, amante de la lectura e interesada en el buen manejo del idioma, al final de sus días cuenta con un léxico aproximado a cinco mil palabras; si se trata de un erudito el número puede llegar a siete mil. Póngale pues que el hombre sea un sabio, un lingüista de cartel, el non plus ultra de las letras y que acumule el doble: catorce mil palabras. Eso no es nada comparado con el total que tiene nuestro idioma, que según dicen son ciento cincuenta mil; aunque algunos aseguran que con los vocablos en desuso y otras arandelas la cifra es mucho mayor.
Al que se crea muy salsita en conocimientos del idioma basta hacerle una prueba para bajarlo de la nube: abra un diccionario en cualquier página y empiece a preguntarle el significado de palabras escogidas al azar. Seguro que muy pronto va a pedir cacao y a reconocer que su léxico no es tan rico como creía. A quienes nos gusta la lectura hemos despachado libros de todo tipo y sin embargo cada que leemos uno nuevo, encontramos palabras desconocidas que muchas veces nos hacen consultar el diccionario; por fortuna la mayoría pueden deducirse por el sentido de la frase y así ahorramos mucho tiempo. Hace poco leí un libro sobre la vida de Jorge Eliecer Gaitán, escrito por J. A. Osorio Lizarazo, copartidario del caudillo y cuyo lenguaje, asumo que por ser escrito en esa época, me pareció almibarado y rebuscado; en todas las páginas hay vocablos desconocidos para mí, como simonía, proditorio, hebdomadario, ditirambo, ácrata, preterir o tropo, que de una me mandaron al diccionario, y otras que aunque creo haberlas visto alguna vez, por su poco uso tampoco es fácil recordar su definición: molicie, malbaratar, contumelia, mendaz, morralla, hiperestesia, inverecundo o preterir.
Lo mismo pasa con escritores y poetas, que cuando uno cree conocer algo del tema, ligerito se convence de su ignorancia. En el libro Los detectives salvajes, del chileno Roberto Bolaño, y en Barba Jacob el mensajero, de Fernando Vallejo, nombran varios cientos de poetas, literatos, intelectuales y hombres de letras, y al menos en mi caso los reconocibles pueden contarse en los dedos de las manos. O en el poema Son, del magistral León De Greiff, debí recurrir al Larousse para entenderlo porque no conocía el significado de zampoña, sacabuche, arpegio, daifa, adufe, vozne, bandurria, murria, cornamusa o zote.
Alguna vez Pato Restrepo conversaba con un señor y al despedirse el tipo comentó que él le parecía un hombre muy conspicuo. Pato queda con una espinita y no lo deja ir sin decirle: ¡Pues mientras averiguo qué es esa vaina usted es un hijueputa!
Pmejiama1@une.net.co
Porque entre más cosas aprende uno en la vida, más se aterra de la cantidad que desconoce. Nuestro cúmulo de saberes puede compararse con un grano de arena en el Sahara; una gota de agua en el océano; una estrella en el firmamento. Morimos con el cerebro sin estrenar porque dicen los entendidos que a ese disco duro le cabe muchísima información, y se atreven a diagnosticar que un personaje como Einstein, que fue un tipo bien pepa, solo utilizó un 10% de su capacidad cerebral. Qué puede esperarse entonces de un simple mortal como uno: ignorante al cuadrado, por quince de fondo.
El filósofo griego Sócrates fue el que se dejó venir con la frase que titulo este escrito y eso que el cliente pertenecía al combo de los que había para mostrar en esa época. La máxima resume el convencimiento de su ignorancia, aparte de una modestia muy loable. Claro que pensándolo bien, si entonces no contaban siquiera con un transistor para enterarse de los acontecimientos, el tipo no debía saber tanto como lo hacen creer sus biógrafos. Me late que aquellos filósofos se destacaron porque dedicaron algo de tiempo al raciocinio, mientras sus paisanos se gastaban la existencia en cazar peleas, jartar vino, perseguir muchachas y construir templos y palacios. No les quedaba minuto para dedicarse a hacer dibujitos en la arena.
Un ejemplo sencillo de lo amplio que es cualquier tema y lo poco que lo conocemos, puede verse en el lenguaje. Dicen los estudios que una persona ilustrada, amante de la lectura e interesada en el buen manejo del idioma, al final de sus días cuenta con un léxico aproximado a cinco mil palabras; si se trata de un erudito el número puede llegar a siete mil. Póngale pues que el hombre sea un sabio, un lingüista de cartel, el non plus ultra de las letras y que acumule el doble: catorce mil palabras. Eso no es nada comparado con el total que tiene nuestro idioma, que según dicen son ciento cincuenta mil; aunque algunos aseguran que con los vocablos en desuso y otras arandelas la cifra es mucho mayor.
Al que se crea muy salsita en conocimientos del idioma basta hacerle una prueba para bajarlo de la nube: abra un diccionario en cualquier página y empiece a preguntarle el significado de palabras escogidas al azar. Seguro que muy pronto va a pedir cacao y a reconocer que su léxico no es tan rico como creía. A quienes nos gusta la lectura hemos despachado libros de todo tipo y sin embargo cada que leemos uno nuevo, encontramos palabras desconocidas que muchas veces nos hacen consultar el diccionario; por fortuna la mayoría pueden deducirse por el sentido de la frase y así ahorramos mucho tiempo. Hace poco leí un libro sobre la vida de Jorge Eliecer Gaitán, escrito por J. A. Osorio Lizarazo, copartidario del caudillo y cuyo lenguaje, asumo que por ser escrito en esa época, me pareció almibarado y rebuscado; en todas las páginas hay vocablos desconocidos para mí, como simonía, proditorio, hebdomadario, ditirambo, ácrata, preterir o tropo, que de una me mandaron al diccionario, y otras que aunque creo haberlas visto alguna vez, por su poco uso tampoco es fácil recordar su definición: molicie, malbaratar, contumelia, mendaz, morralla, hiperestesia, inverecundo o preterir.
Lo mismo pasa con escritores y poetas, que cuando uno cree conocer algo del tema, ligerito se convence de su ignorancia. En el libro Los detectives salvajes, del chileno Roberto Bolaño, y en Barba Jacob el mensajero, de Fernando Vallejo, nombran varios cientos de poetas, literatos, intelectuales y hombres de letras, y al menos en mi caso los reconocibles pueden contarse en los dedos de las manos. O en el poema Son, del magistral León De Greiff, debí recurrir al Larousse para entenderlo porque no conocía el significado de zampoña, sacabuche, arpegio, daifa, adufe, vozne, bandurria, murria, cornamusa o zote.
Alguna vez Pato Restrepo conversaba con un señor y al despedirse el tipo comentó que él le parecía un hombre muy conspicuo. Pato queda con una espinita y no lo deja ir sin decirle: ¡Pues mientras averiguo qué es esa vaina usted es un hijueputa!
Pmejiama1@une.net.co
miércoles, junio 23, 2010
Oficios nobles en extinción.
La modernización de la ciudad con el paso del tiempo genera cambios que traen beneficios económicos, bienestar para quienes la habitamos, confort y aprovechamiento de la tecnología. Sin embargo, la memoria se niega a borrar todas esas costumbres, hechos y personajes que escribieron páginas muy importantes en el devenir del terruño. Circula en internet un archivo fotográfico de Manizales de ayer y produce nostalgia recordar aquellos lugares que recorrimos durante nuestra infancia y juventud. Recordar por ejemplo la carrera 23, en el centro de la ciudad, que en ese entonces congregaba los almacenes tradicionales atendidos por aquellos egregios comerciantes; por esa arteria transitaba la gente cómodamente y era común ver los personajes típicos que hicieron historia. Muy distinto a la pelotera de ahora, que a toda hora parece un carnaval, y cuyos locales comerciales están ocupados por tenderetes que ofrecen todo tipo de baratijas a precios de ocasión.
También pierde la ciudad al crecer a esos artesanos que cumplían sus nobles funciones de servicio a la comunidad, y a quienes la tecnología desbancó definitivamente del mercado. Recuerdo por ejemplo las camionetas que recorrer los barrios para ofrecer leche cruda; las señoras salían con la cantina, recipiente utilizado para tal fin, y el vendedor vertía la cantidad solicitada con asombrosa habilidad. No faltaba el regateo porque la medida no satisfacía, la leche estaba demasiado clarita o los residuos sólidos eran muy notorios. Puedo imaginar cuántas consultas por dolores de estómago, diarreas e infecciones intestinales generaría un mercado que tenía muy poco control sanitario.
Además caminaban las calles los ropavejeros con sus carretas cargadas de mercancía, quienes compraban cualquier cachivache que sobrara en los hogares. Cuando con mis hermanos llegamos a la adolescencia, la edad en la que uno siempre se ve corto de fondos para dedicarse a sus andanzas, descubrimos esa maravillosa fuente de ingresos. Mi padre guardaba con mucho cariño unos discos de música clásica, de 75 revoluciones y gruesos como platos, los cuales nunca oía porque ya el tocadiscos de la casa no reproducía esa clase de discos. Entonces poco a poco empezamos a feriarlos, hasta llegar al colmo de vender el “tripitorio” de la vieja radiola que tampoco funcionaba desde hacía mucho tiempo. Sólo en el próximo trasteo, cuando fueron a levantar el mueble, se dieron cuenta de que no pesaba nada y al revisarlo encontraron el coco vacío.
El afán de las mamás para que los hijos aprendieran a manejar carro lo más pronto posible era para que les ayudaran con la carga diaria de hacer los mandados. Y una de esas diligencias semanales era mandar a remallar las medias de seda al convento de Las Adoratrices, en donde empieza la bajada hacia el barrio Fátima; también zurcían las religiosas las prendas que sufrían algún desgarro. Al llegar al claustro y tocar varias veces en el portalón, había que esperar un buen rato hasta que por fin una venerable monjita abría y recibía el encargo; pocas veces dejaban ver a las novicias, convencidas de que les iban a tirar la llave a unas muchachas que casi siempre eran bigotudas y bien feítas.
Otro oficio que desapareció del entorno es el de zapatero remendón, aunque hasta hace poco todavía se escuchaban los gritos de quienes ofrecían ese servicio puerta a puerta. En mi casa había que ir al menos una vez a la semana a donde el remendón para que le pusiera tapas a los tacones de mi mamá, o a remontar varios pares de zapatos; para uno estrenar botines tenían que acabarse primero por encima, porque la suela se la reponían cuantas veces fuera necesario. El último zapatero que recuerdo se llamaba Baltasar, un viejito que tenía su negocio en el barrio Lleras y que se mantenía a medio pelo, y en cuyo negocio, que parecía una ratonera, a toda hora había un grupo de vejestorios dedicados a la tertulia y a chupar aguardiente. A don Balta había que hablarle durito para que oyera, y como respuesta, señalaba con la trompa un cerro de chagualos para que cada quien buscara los suyos; y no contestaba porque siempre tenía la boca llena de tachuelas. Ahora el único negocio que conozco cerca a mi casa se llama dizque “Clínica del calzado”.
Pocas personas utilizan en la actualidad el servicio del sastre. La ropa se compra lista, aunque las señoras todavía los aprovechan para mandarle a subir el ruedo a los pantalones o cambiar una cremallera. Pero sastres como don Carlos Aldas o don Luis Montero, el de La Ecuatoriana, ya no se ven. Antes todo el mundo mandaba a hacer el flux donde un sastre, por lo que era común regalar en fechas especiales un corte de paño. El negocio les rebajó notablemente a estos profesionales de la aguja cuando aparecieron los vestidos Valher y Everfit, y desde entonces el fuerte de su negocio consistió en voltear el traje cuando después de usarlo el papá, se lo legaba al hijo. Ahora parece que quienes se dedican a ese oficio reniegan de sus antecesores, porque conocí hace poco uno que en vez de sastre se anunciaba como modisto.
Ya no hacen parva en las tiendas de barrio; nadie compra frascos y botellas; no hay amoladores en las calles; y todo empezó a cambiar cuando reemplazaron la forcha por el yogur.
pmejiama1@une.net.co
También pierde la ciudad al crecer a esos artesanos que cumplían sus nobles funciones de servicio a la comunidad, y a quienes la tecnología desbancó definitivamente del mercado. Recuerdo por ejemplo las camionetas que recorrer los barrios para ofrecer leche cruda; las señoras salían con la cantina, recipiente utilizado para tal fin, y el vendedor vertía la cantidad solicitada con asombrosa habilidad. No faltaba el regateo porque la medida no satisfacía, la leche estaba demasiado clarita o los residuos sólidos eran muy notorios. Puedo imaginar cuántas consultas por dolores de estómago, diarreas e infecciones intestinales generaría un mercado que tenía muy poco control sanitario.
Además caminaban las calles los ropavejeros con sus carretas cargadas de mercancía, quienes compraban cualquier cachivache que sobrara en los hogares. Cuando con mis hermanos llegamos a la adolescencia, la edad en la que uno siempre se ve corto de fondos para dedicarse a sus andanzas, descubrimos esa maravillosa fuente de ingresos. Mi padre guardaba con mucho cariño unos discos de música clásica, de 75 revoluciones y gruesos como platos, los cuales nunca oía porque ya el tocadiscos de la casa no reproducía esa clase de discos. Entonces poco a poco empezamos a feriarlos, hasta llegar al colmo de vender el “tripitorio” de la vieja radiola que tampoco funcionaba desde hacía mucho tiempo. Sólo en el próximo trasteo, cuando fueron a levantar el mueble, se dieron cuenta de que no pesaba nada y al revisarlo encontraron el coco vacío.
El afán de las mamás para que los hijos aprendieran a manejar carro lo más pronto posible era para que les ayudaran con la carga diaria de hacer los mandados. Y una de esas diligencias semanales era mandar a remallar las medias de seda al convento de Las Adoratrices, en donde empieza la bajada hacia el barrio Fátima; también zurcían las religiosas las prendas que sufrían algún desgarro. Al llegar al claustro y tocar varias veces en el portalón, había que esperar un buen rato hasta que por fin una venerable monjita abría y recibía el encargo; pocas veces dejaban ver a las novicias, convencidas de que les iban a tirar la llave a unas muchachas que casi siempre eran bigotudas y bien feítas.
Otro oficio que desapareció del entorno es el de zapatero remendón, aunque hasta hace poco todavía se escuchaban los gritos de quienes ofrecían ese servicio puerta a puerta. En mi casa había que ir al menos una vez a la semana a donde el remendón para que le pusiera tapas a los tacones de mi mamá, o a remontar varios pares de zapatos; para uno estrenar botines tenían que acabarse primero por encima, porque la suela se la reponían cuantas veces fuera necesario. El último zapatero que recuerdo se llamaba Baltasar, un viejito que tenía su negocio en el barrio Lleras y que se mantenía a medio pelo, y en cuyo negocio, que parecía una ratonera, a toda hora había un grupo de vejestorios dedicados a la tertulia y a chupar aguardiente. A don Balta había que hablarle durito para que oyera, y como respuesta, señalaba con la trompa un cerro de chagualos para que cada quien buscara los suyos; y no contestaba porque siempre tenía la boca llena de tachuelas. Ahora el único negocio que conozco cerca a mi casa se llama dizque “Clínica del calzado”.
Pocas personas utilizan en la actualidad el servicio del sastre. La ropa se compra lista, aunque las señoras todavía los aprovechan para mandarle a subir el ruedo a los pantalones o cambiar una cremallera. Pero sastres como don Carlos Aldas o don Luis Montero, el de La Ecuatoriana, ya no se ven. Antes todo el mundo mandaba a hacer el flux donde un sastre, por lo que era común regalar en fechas especiales un corte de paño. El negocio les rebajó notablemente a estos profesionales de la aguja cuando aparecieron los vestidos Valher y Everfit, y desde entonces el fuerte de su negocio consistió en voltear el traje cuando después de usarlo el papá, se lo legaba al hijo. Ahora parece que quienes se dedican a ese oficio reniegan de sus antecesores, porque conocí hace poco uno que en vez de sastre se anunciaba como modisto.
Ya no hacen parva en las tiendas de barrio; nadie compra frascos y botellas; no hay amoladores en las calles; y todo empezó a cambiar cuando reemplazaron la forcha por el yogur.
pmejiama1@une.net.co
lunes, junio 07, 2010
El opio del pueblo.
No le como cuento a las tales profecías de Nostradamus ni de ningún otro quiromántico por el estilo. Se trata de textos acomodados, escritos con mucha habilidad, para que sean interpretados de diferentes maneras según el acontecimiento histórico al que se le quieran adaptar. Le veo más gracia a Julio Verne, quien en el siglo XVIII escribió novelas que fueron ficción para la época, pero que con el paso del tiempo se hicieron realidad; quien podría imaginar entonces que algún día el hombre lograría recorrer las profundidades del océano en un submarino, o más increíble aún, llegar a la luna en una nave espacial.
En cambio me interesó un video que encuentro en internet titulado Zeitgeist, que en alemán quiere decir “espíritu de una época”, donde presentan argumentos para exponer otra visión de ciertos acontecimientos de la historia que hemos aceptado sin detenernos a cavilar acerca de ellos. El primer tema que toca el programa versa acerca de las religiones, y en especial la católica, un asunto que se presta para discusiones y enfrentamientos por la manera como las personas defienden su devoción. Sin duda las tesis esgrimidas en el video dan mucho qué pensar, pero tampoco es como para aceptarlas como ciertas y verdaderas porque a la larga también son interpretaciones de dichos sucesos.
A mí, igual que a la mayoría, me matricularon en el catolicismo sin preguntarme. Bautizo, primera comunión, confirmación, misa los domingos, comunión el primer viernes del mes con el consabido susto por la confesada, vigilia los viernes de cuaresma, procesiones y visita a monumentos en Semana Santa, novenas en navidad, celebración de la semana Mariana, matrimonio por la iglesia y todos los ritos que nos impusieron por ser católicos, apostólicos y romanos. Nació mi hijo y no dudé en alinearlo en la misma creencia, sin detenerme a pensar lo que ahora me inquieta. Porque yo de pequeño también creía que Dios es un señor que está en el cielo y que puede ver todo lo que sucede en la tierra, así uno se encierre con llave y baje las persianas. Que vivía en el paraíso con María Santísima, ambos en cuerpo y alma como nos lo enseñaron en clase de religión, mientras las almas de los mortales tenían el privilegio de acompañarlos por haberse manejado bien en la tierra.
Por qué nunca nos hablaron de que nuestra religión coincide con otras en muchos aspectos. Que 3000 años antes de Cristo los egipcios adoraron a un dios solar representado en Horus, quien nació de una virgen un 25 de diciembre y que ésta debió huir porque querían asesinar a su hijo recién nacido. Horus tuvo 12 discípulos que correspondían a las constelaciones y durante el invierno, ese dios representado en el sol, se desplazaba hacia el sur hasta detenerse el 22 de diciembre, día del solsticio de invierno, en la constelación de la cruz del sur. Allí se quedaba estático durante 3 días, para nacer de nuevo e iniciar su regreso al norte el 25 de diciembre. Ese día el cinturón de Orión, conocido como “Las 3 Marías” o “los 3 Reyes Magos”, señalaba el lugar del nacimiento. Otra deidad, Sobk, caminó sobre las aguas y ofreció panes y peces a sus seguidores.
Ya con los años acaté que el catolicismo basa su enseñanza en la fe, que en pocas palabras quiere decir que debemos aceptar sus preceptos sin discutirlos, echarles cabeza o ahondar en ellos; lo que llaman tragar entero. Pero mi intelecto se negó a pasar de agache e insistió en desmenuzar los hechos, en investigar y controvertir, para toparme con infinidad de dudas y cuestionamientos. Luego viene la iglesia como intermediaria entre el Ser Supremo y su grey, y se encarga con sus desaciertos a través de la historia de espantar a muchos fieles.
Después de comparar el catolicismo con otras religiones, de leer algo acerca de ellas y sopesar sus pros y sus contras, encuentro un relato que al fin me identificó con una doctrina valedera. Resulta que un teólogo brasileño le preguntó al Dalai Lama cuál es la religión ideal, y cuando esperaba como respuesta que el budismo u otro culto oriental, el monje respondió que es aquella en la que cada uno crea. Que para él, la religión debe enseñar al hombre a distinguir entre el bien del mal, a respetar a los demás y comportase de forma irreprochable. A ser honesto, recto, ético y moral. Tolerante, comprensivo, responsable y generoso. Una religión que ante todo nos exija ser buenas personas.
Carlos Marx dijo con sabiduría que la religión es el opio del pueblo, frase valedera durante mucho tiempo, pero que en la actualidad ha perdido fuerza. Porque al menos en el catolicismo el dominio de la iglesia duró hasta nuestra generación, aunque muchos en la edad adulta nos declaramos “independientes” y optamos por una comunicación directa con Dios, sin mediadores. En cambio la juventud, que ya no logran manipular con el miedo al diablo y al castigo eterno, no le come cuento a nada. Sólo les quedan las masas ignorantes y obtusas que se aferran a la religión como náufragos a una tabla y que no controvierte ni objetan. Resta decir que toda religión tiene seguidores moderados, extremistas, fervientes, convencionales, independientes, apasionados, disidentes y los del montón, que son mayoría.
pmejiama1@une.net.co
En cambio me interesó un video que encuentro en internet titulado Zeitgeist, que en alemán quiere decir “espíritu de una época”, donde presentan argumentos para exponer otra visión de ciertos acontecimientos de la historia que hemos aceptado sin detenernos a cavilar acerca de ellos. El primer tema que toca el programa versa acerca de las religiones, y en especial la católica, un asunto que se presta para discusiones y enfrentamientos por la manera como las personas defienden su devoción. Sin duda las tesis esgrimidas en el video dan mucho qué pensar, pero tampoco es como para aceptarlas como ciertas y verdaderas porque a la larga también son interpretaciones de dichos sucesos.
A mí, igual que a la mayoría, me matricularon en el catolicismo sin preguntarme. Bautizo, primera comunión, confirmación, misa los domingos, comunión el primer viernes del mes con el consabido susto por la confesada, vigilia los viernes de cuaresma, procesiones y visita a monumentos en Semana Santa, novenas en navidad, celebración de la semana Mariana, matrimonio por la iglesia y todos los ritos que nos impusieron por ser católicos, apostólicos y romanos. Nació mi hijo y no dudé en alinearlo en la misma creencia, sin detenerme a pensar lo que ahora me inquieta. Porque yo de pequeño también creía que Dios es un señor que está en el cielo y que puede ver todo lo que sucede en la tierra, así uno se encierre con llave y baje las persianas. Que vivía en el paraíso con María Santísima, ambos en cuerpo y alma como nos lo enseñaron en clase de religión, mientras las almas de los mortales tenían el privilegio de acompañarlos por haberse manejado bien en la tierra.
Por qué nunca nos hablaron de que nuestra religión coincide con otras en muchos aspectos. Que 3000 años antes de Cristo los egipcios adoraron a un dios solar representado en Horus, quien nació de una virgen un 25 de diciembre y que ésta debió huir porque querían asesinar a su hijo recién nacido. Horus tuvo 12 discípulos que correspondían a las constelaciones y durante el invierno, ese dios representado en el sol, se desplazaba hacia el sur hasta detenerse el 22 de diciembre, día del solsticio de invierno, en la constelación de la cruz del sur. Allí se quedaba estático durante 3 días, para nacer de nuevo e iniciar su regreso al norte el 25 de diciembre. Ese día el cinturón de Orión, conocido como “Las 3 Marías” o “los 3 Reyes Magos”, señalaba el lugar del nacimiento. Otra deidad, Sobk, caminó sobre las aguas y ofreció panes y peces a sus seguidores.
Ya con los años acaté que el catolicismo basa su enseñanza en la fe, que en pocas palabras quiere decir que debemos aceptar sus preceptos sin discutirlos, echarles cabeza o ahondar en ellos; lo que llaman tragar entero. Pero mi intelecto se negó a pasar de agache e insistió en desmenuzar los hechos, en investigar y controvertir, para toparme con infinidad de dudas y cuestionamientos. Luego viene la iglesia como intermediaria entre el Ser Supremo y su grey, y se encarga con sus desaciertos a través de la historia de espantar a muchos fieles.
Después de comparar el catolicismo con otras religiones, de leer algo acerca de ellas y sopesar sus pros y sus contras, encuentro un relato que al fin me identificó con una doctrina valedera. Resulta que un teólogo brasileño le preguntó al Dalai Lama cuál es la religión ideal, y cuando esperaba como respuesta que el budismo u otro culto oriental, el monje respondió que es aquella en la que cada uno crea. Que para él, la religión debe enseñar al hombre a distinguir entre el bien del mal, a respetar a los demás y comportase de forma irreprochable. A ser honesto, recto, ético y moral. Tolerante, comprensivo, responsable y generoso. Una religión que ante todo nos exija ser buenas personas.
Carlos Marx dijo con sabiduría que la religión es el opio del pueblo, frase valedera durante mucho tiempo, pero que en la actualidad ha perdido fuerza. Porque al menos en el catolicismo el dominio de la iglesia duró hasta nuestra generación, aunque muchos en la edad adulta nos declaramos “independientes” y optamos por una comunicación directa con Dios, sin mediadores. En cambio la juventud, que ya no logran manipular con el miedo al diablo y al castigo eterno, no le come cuento a nada. Sólo les quedan las masas ignorantes y obtusas que se aferran a la religión como náufragos a una tabla y que no controvierte ni objetan. Resta decir que toda religión tiene seguidores moderados, extremistas, fervientes, convencionales, independientes, apasionados, disidentes y los del montón, que son mayoría.
pmejiama1@une.net.co
martes, junio 01, 2010
Un mes sabático.
No cabe duda de que las cosas escasas son las más apetecidas. Por ello disfrutamos tanto del mundial de fútbol, porque debemos esperar 4 años entre uno y otro. Los millones de aficionados al balompié del planeta, que los hay por todos los rincones, esperamos con ansias la fecha de inicio de un evento que reúne las 32 selecciones clasificadas; es lógico que quienes pertenecen a los países invitados tienen un aliciente extra, aunque a los eliminados nos queda el consuelo que al menos no vamos a herniarnos de hacer fuerza. Ahí sí, que gane el mejor.
Debido a los horarios en que veremos los partidos en nuestro país, se complica la situación para los asalariados y para quienes aunque son independientes, no se pueden sentar todo un mes a ver fútbol durante buena parte del día. Sólo cuando el mundial se desarrolla en un país americano el horario se acomoda a nuestra rutina diaria; aunque nos queda el consuelo que si el horario de África y Europa es inconveniente, el de Asia es mucho peor. Ahora nos toca madrugar a las 6:30 para ver el primer partido; pausa para el desayuno y arranca el segundo a las 9 de la mañana; ahí queda un espacio para almorzar, echarse un motoso y alistarse porque a la 1:30 de la tarde empieza el último encuentro del día. Los fines de semana, a este horario de la tarde podemos revolverle almuerzo con los amigos para comentar, pronosticar, discutir y compartir alrededor de unas cervecitas.
En todo caso queda la opción, para el muy aficionado que por compromisos laborales no pueda disfrutar del mundial, de sacar vacaciones, pedir una licencia no remunerada, contagiarse de hepatitis o inventar cualquier escusa para no ir a trabajar. Si es desempleado, deje de mandar hojas de vida mientras dura el evento porque seguro es tan salado que le resulta una chanfa; fíjese que si lleva varios años varado, qué carajo unas semanitas más. Si algunos se toman un año sabático para descubrirse a sí mismos, hacer catarsis, especializarse en algo o escribir un libro, no va a tener uno derecho a desconectarse durante 4 semanas.
A veces envidio a la mayoría de las mujeres que no les interesa el mundial en lo más mínimo; lógico que se enteran, porque ahora no se habla de otra cosa, pero las tiene sin cuidado quiénes juegan, a qué horas, dónde, cuáles selecciones son las favoritas, quiénes son las estrellas, etc. Lo único que les llama la atención es cuando aparece en el noticiero un jugador de esos al que se refieren como a un papacito. Aunque parezca increíble, también hay varones que poco se interesan en el tema; claro que ellos sí deben tener cuidado porque no faltarán quienes duden de su hombría. Porque la vaina no deja de ser sospechosa…
Sin duda el fútbol es una pasión que nos transforma a muchos; mi mujer se ríe cuando me ve un domingo por la tarde, íngrimo ante el televisor, mientras reniego, hablo solo, insulto, regaño, grito, me desespero y es más el desgaste mental que lo que disfruto. Entre la Selección Colombia y el Once Caldas me han sacado canas, pero ella no puede entender cuando me ve al borde de un colapso y al preguntar quiénes juegan, le hablo de un partido de la liga alemana; entonces se coge la cabeza y comenta que ahora sí me enloquecí. Un amigo costeño se refiere a la edad de las personas basado en el ciclo de los mundiales. Por ejemplo conoce a un muchachito de 12 años y dice: “Ajá, ese pelao tiene tre mundiale”.
Además nos idiotizamos con el álbum, leemos cuanto artículo publiquen, oímos programas radiales y seguimos en la televisión todo lo relacionado con el mundial. Y quienes estén próximos a tener un hijo, de ser varón, querrán bautizarlo Mario Lionel, Cristiano Elías, Jorge Webó, Pedro Ballack o Luis Kaká. Ahora nos disponemos a competir para ganar la quiniela mundialista; por cierto, debemos invitar a novias y esposas a participar en el concurso para que se interesen en el tema. Es más, ¡estamos dispuestos a mostrarles la polla!
Cómo será la pasión que despierta el fútbol que a veces hasta locutores y comentaristas son contagiados y se van de la lengua. Me cuenta el doctor Gilberto Echeverry que a finales de los años 40 hubo un clásico regional en el estadio Libaré de Pereira, entre el equipo de esa ciudad y el Once Deportivo. El portero de los matecañas, el ñato Oliden Ángel, tenía fama de hampón y decían que jugaba con una puñaleta escondida entre la media. En el equipo de Manizales había un delantero muy hábil que protagonizaba unos contragolpes mortales y desde que empezó el partido el locutor se empeñó en advertirle al Ñato que debía tener cuidado. En una de esas se desbocó el muchacho y empieza ese hombre a gritar por el micrófono los consejos pertinentes: “Salile Ñato que te fusila, salile, salile Ñato…”. Pero de nada valió porque el portero se quedó estático, el delantero le metió un riflazo que ni siquiera lo vio entrar y el locutor en vez de cantar el gol, sólo atinó comentar al aire:
- ¡Ñato hijueputa!, ¿no te dije que te iba a fusilar?
pmejiama1@une.net.co
Debido a los horarios en que veremos los partidos en nuestro país, se complica la situación para los asalariados y para quienes aunque son independientes, no se pueden sentar todo un mes a ver fútbol durante buena parte del día. Sólo cuando el mundial se desarrolla en un país americano el horario se acomoda a nuestra rutina diaria; aunque nos queda el consuelo que si el horario de África y Europa es inconveniente, el de Asia es mucho peor. Ahora nos toca madrugar a las 6:30 para ver el primer partido; pausa para el desayuno y arranca el segundo a las 9 de la mañana; ahí queda un espacio para almorzar, echarse un motoso y alistarse porque a la 1:30 de la tarde empieza el último encuentro del día. Los fines de semana, a este horario de la tarde podemos revolverle almuerzo con los amigos para comentar, pronosticar, discutir y compartir alrededor de unas cervecitas.
En todo caso queda la opción, para el muy aficionado que por compromisos laborales no pueda disfrutar del mundial, de sacar vacaciones, pedir una licencia no remunerada, contagiarse de hepatitis o inventar cualquier escusa para no ir a trabajar. Si es desempleado, deje de mandar hojas de vida mientras dura el evento porque seguro es tan salado que le resulta una chanfa; fíjese que si lleva varios años varado, qué carajo unas semanitas más. Si algunos se toman un año sabático para descubrirse a sí mismos, hacer catarsis, especializarse en algo o escribir un libro, no va a tener uno derecho a desconectarse durante 4 semanas.
A veces envidio a la mayoría de las mujeres que no les interesa el mundial en lo más mínimo; lógico que se enteran, porque ahora no se habla de otra cosa, pero las tiene sin cuidado quiénes juegan, a qué horas, dónde, cuáles selecciones son las favoritas, quiénes son las estrellas, etc. Lo único que les llama la atención es cuando aparece en el noticiero un jugador de esos al que se refieren como a un papacito. Aunque parezca increíble, también hay varones que poco se interesan en el tema; claro que ellos sí deben tener cuidado porque no faltarán quienes duden de su hombría. Porque la vaina no deja de ser sospechosa…
Sin duda el fútbol es una pasión que nos transforma a muchos; mi mujer se ríe cuando me ve un domingo por la tarde, íngrimo ante el televisor, mientras reniego, hablo solo, insulto, regaño, grito, me desespero y es más el desgaste mental que lo que disfruto. Entre la Selección Colombia y el Once Caldas me han sacado canas, pero ella no puede entender cuando me ve al borde de un colapso y al preguntar quiénes juegan, le hablo de un partido de la liga alemana; entonces se coge la cabeza y comenta que ahora sí me enloquecí. Un amigo costeño se refiere a la edad de las personas basado en el ciclo de los mundiales. Por ejemplo conoce a un muchachito de 12 años y dice: “Ajá, ese pelao tiene tre mundiale”.
Además nos idiotizamos con el álbum, leemos cuanto artículo publiquen, oímos programas radiales y seguimos en la televisión todo lo relacionado con el mundial. Y quienes estén próximos a tener un hijo, de ser varón, querrán bautizarlo Mario Lionel, Cristiano Elías, Jorge Webó, Pedro Ballack o Luis Kaká. Ahora nos disponemos a competir para ganar la quiniela mundialista; por cierto, debemos invitar a novias y esposas a participar en el concurso para que se interesen en el tema. Es más, ¡estamos dispuestos a mostrarles la polla!
Cómo será la pasión que despierta el fútbol que a veces hasta locutores y comentaristas son contagiados y se van de la lengua. Me cuenta el doctor Gilberto Echeverry que a finales de los años 40 hubo un clásico regional en el estadio Libaré de Pereira, entre el equipo de esa ciudad y el Once Deportivo. El portero de los matecañas, el ñato Oliden Ángel, tenía fama de hampón y decían que jugaba con una puñaleta escondida entre la media. En el equipo de Manizales había un delantero muy hábil que protagonizaba unos contragolpes mortales y desde que empezó el partido el locutor se empeñó en advertirle al Ñato que debía tener cuidado. En una de esas se desbocó el muchacho y empieza ese hombre a gritar por el micrófono los consejos pertinentes: “Salile Ñato que te fusila, salile, salile Ñato…”. Pero de nada valió porque el portero se quedó estático, el delantero le metió un riflazo que ni siquiera lo vio entrar y el locutor en vez de cantar el gol, sólo atinó comentar al aire:
- ¡Ñato hijueputa!, ¿no te dije que te iba a fusilar?
pmejiama1@une.net.co
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