martes, agosto 28, 2012

Balance de actualidad (II).


Ante la animada charla que sostenía con el cuidandero de carros en el centro de la ciudad, que parecía mejor un monólogo porque el tipo no soltaba la palabra, decidí no subir la ventanilla cuando debió ausentarse un momento para cobrarle a un cliente que salía en ese momento. Y es que llamó mi atención el hecho que un personaje como ese, que a primera vista califiqué de analfabeto, resultara alguien tan enterado del acontecer diario, un hombre que sabe expresarse a su manera y ávido de informarse a toda hora. Le bastó aprender lo básico en la escuela elemental para defenderse y adquirir algo de cultura por medio de periódicos y demás medios escritos, además de interesarse en aprenderle a la gente. De manera que decidí seguirle la corriente y apenas regresó, le pregunté por qué se daba la bendición tres veces seguidas.

Fue que ese dotor me dejó buena propina y así le agradezco al Divino Niño; siempre que me dan una liguita me santiguo tres veces. Pero estaba por preguntale a usté cómo le ha parecido el gobierno del dotor Santos; porque yo en un principio estaba satisfecho, aunque el presidente Uribe me gustaba bastante, pero ahora estoy algo desilucionao. Con ambos. El primero porque resultó como muy populachero y el segundo por esa friega que mantiene a toda hora, que parece no quererse desprender del poder. Jode porque sí y jode porque no. Además se empareja con el coronel vecino y parecen un par de verduleras.

Porque fíjese su mercé que el dotor Santos empezó bien, aunque muchos lo criticaron desde el principio por prendele una vela a dios y otra al diablo, pero al menos arregló el problema con los vecinos que estaba bien fregao. De ahí en adelante no ha hecho sino embarrala y eso puede verse en las encuestas; y remató con el cuento ese de la reforma a la justicia, el cual lo dejó más caído que teta de gitana. Porque ese cuentico que en el Gobierno no sabían nada de los tales micos no se lo cree es nadies. Lo más grave es que el hombre ya empezó a trabajale a su releción y eso se logra es a punta de populismo; mire no más el cuento de las cien mil viviendas gratis, y fuera de eso nombra a Vargas Lleras Ministro de vivienda pa que el hombre ponga a sonar su propia candidatura y así pueda sucedelo a él después de sus dos períodos. Esa gente no da puntada sin dedal.

Ahora sigue el proceso de comprar el apoyo de los congresistas porque sin ese respaldo no consigue la releción, y como usté sabe ese gremio no se mueve si no le dan algo a cambio. Y volvemos a las épocas del dotor Uribe cuando se disparó la corrución al querer comprarle el voto a todos esos vergajos del Congreso. Lo que más piedra me da es que el Presidente, como ha perdido popularidá en Antioquia por esa garrotera que mantiene con Uribe, entoes resolvió alcagüetiar la enguanda esa de las Autopistas de la prosperidá; el proyeto cuesta la bobaita de 13 billones de pesos, ojo a eso, billones con b de burro, y aunque dicen a boca llena que piensan hacelo entre el Gobierno nacional, la Gobernación de Antioquia y la Alcaldía de Medellín, vaya mire pues cómo son los porcentajes. La nación pone más del noventa por ciento y terminaremos pagando eso entre todos los colombianos, como pasó con el bendito Metro. 

Leí una entrevista que le hicieron a un dotor Federico Restrepo, gerente de ese proyeto, donde me enteré del costo y de las obras tan verriondas que piensan adelantar. Cómo le parece, no sé cuantos kilómetros de vías nuevas, muchas en doble calzada, algo así como setecientos viadutos y ciento treinta túneles, y el tipo dice muy serio que en cinco años tendrán todo listo. Usté me perdona la espresión, pero esa vaina me suena como a pajazo mental. Porque conociendo lo que se demoran para levantar cualquier puentecito en este país…

Además, deberían dedicase a terminar tantas obras que llevan décadas de costrución, en vez de zapotiar más. No más aquí en Caldas tenemos, así por encimita, el aeropuerto de Palestina, el ferrocarril de ocidente y la Autopista del café. Y qué me dice del túnel de La línea, que al paso que va no alcanzaremos a velo terminao. Allá mismo en Medellín llevan varios años trabajándole a la doble calzada de la variante de Caldas y no está ni tibia, y hay que ver el tráfico tan verriondo que circula por esa vía.    

Supe además que el dotor Germán Cardona, al salir del Ministerio, dejó muy bastiao el proyeto para una nueva vía que nos comunique con el valle del Magdalena; pa ese y otros proyetos de interés pal departamento aseguró algo así como setecientos mil millones de pesos. Ojalá el Gobierno no nos embolate ese billetico, porque usté sabe cómo son de complicaos esos trámites. Le digo la verdá, soy pesimista porque en la reciente visita el Presidente no se comprometió con nada; del aeropuerto de Palestina dijo lo mismo que todo mundo, que esa obra hay que terminarla. Pero no dijo ni cómo, ni cuándo, ni con qué.
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jueves, agosto 23, 2012

Mecatos tradicionales.



La mayoría de poblaciones tienen un producto alimenticio que las distingue y es común que las visiten sólo por el placer de paladearlo. Piononos en Supía, chorizos en Villamaría, corchos en Neira, quesillos en Guarinocito, aguapanela con queso en Letras y morcilla en Maracas, son muestra de la diversidad gastronómica de nuestra región. Quien vive lejos de su terruño añora con regresar para darse gusto con esos mecatos que tanto le gustan y por ello muchos manizaleños suspiran por los pasteles de La Suiza, las albóndigas de Míster Albóndiga, los pandebonos de La Ricura o las gafitas de La Victoria.

De mi primera infancia recuerdo que nos llevaban a comer empanadas al drive-in Los Arrayanes, en Chipre; chorizos de Ramonhoyos en la Quiebra de Vélez, por la carretera vieja hacia Arauca; en Chinchiná vendían unos pandeyucas muy buenos en El Venado de oro y en el parque principal los famosos helados de Los Pavos. Otros chorizos muy apetecidos los vendía un viejo mal encarado en la bomba Centenario. En vista de que en mi casa éramos tantos hijos, cada dos meses a quienes cumplían años en ese lapso los llevaban a un restaurante; preferíamos La Cayana, en el Parque Fundadores, o la parrillada de El Dorado Español, en la salida para Chinchiná.

Mecatos que merecen reconocimiento son por ejemplo los pasteles de La Suiza, que venían en una cajita surtida y había que ver el problema para repartirlos, porque varios querían el conito relleno de crema, otros el pastel con forma de sapo o de pollito, las milhojas, el acordeón o el rollo de chocolate. Y qué tal los turrones Supercoco que elaboraba entonces don Roberto Muñoz y que menudeaban en los carritos de dulces a dos por cinco; el señor era vecino nuestro y de vez en cuando nos regalaba una caja de esas deliciosas golosinas. Hoy, casi cincuenta años después, los turrones saben igual, conservan su envoltura y son el producto estrella de una importante empresa local. También perdura en el tiempo la parva de las monjas del convento de La Visitación, en la Paralela con calle 54; y tienen fama internacional las obleas y los helados de Chipre, lugar de visita obligada para propios y visitantes.

Durante la adolescencia y juventud el centro de la ciudad fue nuestro lugar de encuentro. A la hora de tomar el algo podíamos comer empanadas en La Canoa; visitar Las Torres del Centro, en la carrera 22 con Pasaje de la Beneficencia; disfrutar los chuzos de La Tuna; hamburguesas de Domo; albóndigas o salchichas suizas en Míster Albóndiga o pasteles de pollo en Kuqui. Al salir de cine en el teatro Cumanday era obligatorio entrar a La Ecuatoriana, donde ofrecían variedad de viandas. Muy apetecidos eran también los pasteles de piña del restaurante chino Toy San y las génovas que vendían en El Incendio, frente al colegio Nuestra Señora. 

Como en esa época no había hora zanahoria la rumba muchas veces duraba hasta el amanecer y era costumbre buscar dónde comer algo antes de irnos a dormir. En el barrio Arenales quedaba el restaurante La Rueda, atendido por doña Chila, su propietaria, una vieja querendona y amable que recorría las mesas con la olla del arroz y una cuchara para “retacarle” a quien lo pidiera; allí sólo ofrecían sudado de pollo y después de semejante “golpe” quedaba uno despachado. Por esos lados también era conocido el cenadero de la gorda Julia, heredado después por su hijo Careplato que hizo famoso el “caldo peligroso”. Ni qué decir del recordado Petaca, negocio en el cual podía rasparse la grasa de las paredes y cuyo eslogan decía: “Se alivia el guayabo sin cantaleta”.

Otras opciones para el remate de la noche fueron la olla de la Beneficencia, cuyo dueño engarzaba las yucas cocinadas con la uña del dedo pulgar, guarnición que acompañaba la trompa, oreja o papada de marrano; lengua sudada, albóndigas con caldo y pedazos grandes de mondongo también hacían parte de la carta. Después apareció la olla del Banco de la República y ahí, a una cuadra, La Guaca del pollo donde servían caldo con huevo duro adentro, siempre a la temperatura que se derrite el plomo. En la puerta del Club Manizales El Gitano ofrecía cabanos y frente a la Plaza de toros la Barra del Dividivi atendía los borrachos que salían de las discotecas. La chuleta del café La Bahía y la “carta internacional” de El Pilón también hicieron historia. Cuando nos cogía el día buscábamos desayuno en la cafetería Los luchadores, en la carrera 21 con calle 17, donde servían unos huevos fritos que nadaban en mantequilla, pan recién horneado, arepa con queso y chocolate.

A desayunar a El Parnaso, cerca al parque Fundadores por la carrera 23, llegó cierto amanecer un grupo de amigos, entre ellos uno de mis hermanos. Ya acomodados en la mesa se reían porque venían de insultar a unos tombos que se toparon varias cuadras atrás, pero cuál sería el susto cuando en esas apareció la patrulla con los ofendidos. En medio del tropel, uno de ellos logró escabullirse detrás de la barra, se puso un delantal y empezó a lavar loza en el lavaplatos. Todos fueron a parar a la guandoca, menos el avispado que salió tranquilo para su casa a dormir el guayabo. ¡Ah tiempos aquellos!
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miércoles, agosto 22, 2012

Balance de actualidad (I).


La mínima oportunidad que debe dársele a una persona es que tenga acceso a los estudios básicos, porque leer y escribir es sin duda una herramienta fundamental para defenderse en la vida. Así quien sólo pudo completar la primaria, al menos tiene la capacidad de enterarse de lo que sucede a su alrededor a través de periódicos y medios escritos, y si el individuo es inquieto e interesado, puede llegar a adquirir más cultura que el profesional con muchos títulos. Para la muestra un personaje que cuida carros en el centro de la ciudad y a quien conocí hace poco mientras esperaba a que mi acompañante hiciera una diligencia.

Noooo dotor, aquí logrando el veranito, respondió al preguntarle cómo estaba. Este fogaje siempre es muy tenaz, pero es pior cuando se larga a llover y toca andar con un paraguas a toda hora; en esta época lo más jodido es a medio día cuando el resisterio está en la fina. Yo me entretengo con la letura de estos pedriódicos, que aunque sean viejos no dejan de informalo a uno; me los regalan los dotores dueños de los carros que parquean en la cuadra. Además yo le entablo conversa a todo mundo.

Ahorita no más estaba charlando con un cliente que me esplicó el chicharrón en el que anda metido el Gobernador. Parece mentira que una persona tan estudiada y con esperiencia como el dotor Guido haga una bobada de esas. Porque no me diga pues que no sabía que estaba inhabilitao, ya que él ha sido profesor de esas vainas de la costitución y demás yerbas; que le pase a uno que es inorante, vaya y venga, pero a un abogao con recorrido en cargos públicos… El caso es que esa joda nos va a perjudicar porque ahora el dotor Guido pierde poder y si de verdá lo destituyen, quedamos pailas.

Imagine otra vez eleciones, qué pereza, y con el billete que cuesta esa enguanda. Otra cosa es que no va a ser fácil conseguir candidatos que se le midan a semejante desgaste pa gobernar menos de dos años, que sería lo que resta del período. No faltó quien saliera con que el dotor Germán Cardona estaba interesao en ese cargo, como si fuera tan pendejo de despreciar una embajada en las Europas pa venise a toriar semejante avispero. Además él dijo muy clarito en una carta al diretor de La Patria, que le parece un irrespeto que le quieran correr la silla al Gobernador sin haber sido destituido.  

El alcalde también anda como enredao, porque fíjese que pasa el tiempo y no se ve como que arranque su ministración. Es muy raro eso de que los secretarios y demás empliaos le renuncian de seguido, y hasta dice la gente que el hombre como que es muy negrero y malgeniao. También le achacan la culpa a la dotora esa gerente de Infimanizales, que según parece es bastante jodida, aunque sospecho que por ser una funcionaria honrada y trabajadora no le gusta a mucha gente. Usté sabe que los empliaos públicos están enseñaos a mamar gallo y a hacer lo que les da la gana, y entoes cuando se topan con un jefe tallador, prefieren abrirse antes de que los pongan a camellar. En todo caso lo del TIM sí es como muy sospechoso, porque gerente que se posesiona, gerente que renuncia a los pocos días; será que les da miedo quedarse ahí porque de pronto van a templar a la guandoca.

Y eso de irse los viernes quisque a gobernar desde los barrios y las veredas me suena a pura copia de aquellos consejos comunales que hizo famosos el dotor Uribe, cuando visitaba todos los rincones del país supuestamente solucionando los problemas de la gente del común. Aquí es la misma vaina, el alcalde recorre las calles y ordena tapar un güeco en una esquina, reponer unas bombillas que faltan en el alumbrao público, que le arreglen el contador del agua a una vecina que hace el reclamo, que nombren más maestros pa la escuela, que le paren bolas al cura párroco y mil vainas por el estilo.

A este paso lo único que va a tener el alcalde pa mostrar al finalizar su mandato va a ser el puente peatonal de la Terminal de transporte, porque de resto no se ve nada. Fíjese que el proyecto ese verriondo de San José quedó suspendido, la doble calzada por los laos de Lusitania está más demorada que la Autopista del café y hasta la continuación del cable aéreo hacia Villamaría se enredó. Lo único que han puesto a funcionar en los últimos tiempos es el bendito cable de Los Yarumos, que sirve pa lo que sirven las tetas de los hombres: pa nada. Porque muchos creímos que el parque se iba a disparar con la puesta en funcionamiento del cable para ir hasta allá, pero qué va, eso lo dejaron caer y esta es la hora que no han resuelto siquiera quién lo va a ministrar.

Aguarde dotor voy a despachar aquel cliente y regreso pa que sigamos con la conversa, aunque le cuento que ando desatualizao porque me pasé veinte días pegao de aquella vitrina pa no perdeme detalle de los juegos olímpicos. ¡Qué vaina tan eselente!
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martes, agosto 14, 2012

Los agáchese.


Antes de que se implementaran en las ciudades los llamados Sanandresitos era muy difícil conseguir artículos y productos extranjeros. Por fortuna vivíamos muy bien con lo que ofrecía el mercado nacional y en ese entonces la sociedad de consumo no se parecía en nada a lo que es hoy. En Manizales las damas más pudientes recurrían a una señora que vivía en el barrio Chipre y que traía ropa, perfumes, accesorios y demás chucherías del exterior, por lo que en las fiestas de sociedad las mejor vestidas eran las clientas de la reconocida matutera; ya después otras copiaron la idea y aún existen personas dedicadas a traer maletas llenas de mercancía del exterior.

Si uno quería comprar cualquier artículo novedoso, salido de lo tradicional, se desplazaba a la calle 19 entre carreras 19 y 21, donde se asentaban unos comerciantes informales en los andenes y ofrecían sus mercancías en aquellos tradicionales catres de lona que se armaban muy fácil y que fueron tan comunes en casas y fincas para acomodar muchachitos. La gente empezó a llamar esos puestos los agáchese por la necesidad del cliente de doblarse por la cintura para alcanzar algún artículo que llamara su atención y la zona se volvió de visita obligada para propios y visitantes.

Quien quisiera mercarse una loción Brut o Pino Silvestre; unas gafas Ray-ban; si buscaba una candela de gas o el tarrito de combustible para recargarla; si tenía antojo de unos chicles gringos o quería darse el ancho con una chocolatina Milky way; o buscaba ponerse a la moda con unas camiseticas chinas que eran baratísimas, arrimaba allí y después de regatear un poco calmaba el antojo. También vendían casetes extranjeros cuando estos se pusieron de moda, Maxell, BASF, Sony o TDK,  pues los fabricados en el país eran ordinarios y tiro por zambo se enredaban dentro de grabadoras y pasa cintas.

Luego aparecieron los famosos Sanandresitos, primero en ciudades de la costa atlántica, y quien los visitara no podía regresar a casa sin algunos regalos que eran tradicionales: un paquete de turrones Craft, uno de galleticas de higo, un frasco grande de Tang de naranja, que no era nada diferente a esas bebidas en polvo que venden ahora a precios módicos; y otras cuantas baratijas con empaques raros y novedosos. El viajero llegaba además estrenando gafas y reloj, chiviados ambos pero muy aparentadores; compraba algunas cervezas extranjeras en lata para chicaniar; un cartón de cigarrillos Marlboro; y un flamante radio reloj para la mesa de noche. No faltaba el que también traía un potecito de la famosa pomada china, la cual según recomendaba el negro vendedor debía aplicarse en la herramienta al momento de entrar a matar dizque para volver locas a las muchachas.

Durante muchos años la gente no tuvo claro si comprar en Sanandresito era legal, porque así las autoridades permitieran su existencia, después de salir uno del lugar con su electrodoméstico lo podían parar en la esquina y quitárselo dizque porque era mercancía ilícita. Un comerciante de Pereira era el zar del matute en los inicios de esa modalidad de negocios y los manizaleños bajaban a comprar allí sus televisores, equipos de sonido, el betamax o el novedoso exprimidor de naranjas, pero tenía que hacer fuerza para que no lo fueran a detener en un retén de las Rentas departamentales que había en La Batea, cerca a Chinchiná, porque allá le quitaban lo que trajera.

Lo mismo sucedía a quienes llegaban de San Andrés por el aeropuerto Matecaña, porque aunque el pasajero tenía derecho a traer un cupo determinado, vaya pues explíquele esa vaina a un guarda de la aduana a media noche y en plena carretera. El tipo, seguro necesitado de plata, insistía en que era contrabando y procedía a confiscar botellas de licor y cigarrillos extranjeros, cualquier electrodoméstico o mercancía que trajera, por lo que fueron muchos los que debieron llegar a la casa sin los encargos y además trinando de la ira.

Todavía siento pena ajena al recordar algo que me sucedió cuando trabajaba en el aeropuerto a mediados de la década de 1980. La Industria Licorera de Caldas organizó una convención en San Andrés y entre los viajeros estaba el gobernador, un señor de esos de antes, correcto, serio y de una honorabilidad sin tacha. Y como la ley de Murphy nunca falla, cuando regresaron fue al mandatario a quien le embolataron el equipaje.

Personalmente atendí la queja del ilustre personaje, quien además era amable y sencillo, y me puse en la tarea de rescatar la maleta. Cuando al fin apareció me dio mala espina porque venía sin candado y como supuse, al revisarla el doctor Jaime descubrió que faltaban dos botellas de whiskey, un cartón de cigarrillos y otras regalitos que traía para la familia. Yo no sabía qué decir ante semejante situación tan embarazosa y procedí a disculparme mientras le prometía que la queja iría directamente a la presidencia de la compañía, y que haríamos todo lo posible por dar con los responsables. Entonces me palmeó la espalda y debí prometerle que el asunto quedaba entre nosotros, pues arguyó que con seguridad se enteraban los periodistas y mínimo le armaban un escándalo por contrabandista, y que él no estaba dispuesto a enlodar su buen nombre por un par de chucherías.
pamear@telmex.net.co

martes, agosto 07, 2012

¡Hasta que ya!

Las mamás de ahora no se parecen en nada a las que nos tocaron a nosotros. Todo ha cambiado de manera considerable y sin duda las costumbres y el número de miembros de las familias son muy diferentes, lo que les da mucha libertad a las madres modernas que pueden estudiar, desempeñarse profesionalmente y tener una vida social activa. Porque las matronas de antaño vivían sólo para atender a la prole, administrar la casa, complacer al marido y mantener la armonía en el hogar. Y es que una señora con diez o quince hijos no debía tener tiempo ni para bañarse, lo que se deduce al pensar en las labores que debía realizar a diario.


No se parecen en nada a las de ahora que son ejecutivas exitosas, por motivos de trabajo viajan con regularidad, asisten religiosamente al costurero, acuden al gimnasio, al salón de belleza, a que les hagan masaje, participan en fiestas y reuniones sociales, salen con las amigas, van a cine, hacen visitas, almuerzan por fuera y muchas se meten a clases de cocina, pintura o yoga. La liberación femenina acabó con aquellas mujeres abnegadas que dedicaban su existencia al bienestar de su familia. Viejas pendejas, pensarán hoy en día.

Sobra decir que debido al agite diario a aquellas mujeres se les saltaba la piedra a cada momento, porque con tantos muchachitos por ahí dedicados a hacer daños y pilatunas no habría paz en el hogar, además de las peleas entre hermanos que existen desde Caín y Abel. O las rabias que les producían las sirvientas, que como eran varias e internas, a toda hora estaban con el chisme, la queja, el lleve y traiga, los celos y las chambonadas de rigor: que le chafaron el vestido nuevo al marido, se tiraron la ropa de color con límpido, dañaron la brilladora o la cocinera manidura que rompía un plato diario.

Algo que recordamos con nostalgia quienes nos criamos en familias numerosas son las frases típicas que toda mamá repetía sin tregua en el diario quehacer, muchas de las cuales eran para quejarse por el agotamiento que mantenían y por la desconsideración que sentían hacia ellas. ¡Con ustedes todo es una lucha!, decían desesperadas cuando los hijos no acataban sus órdenes y por lo tanto debían repetirlas hasta el cansancio. Y entonces venían las amenazas con frases como: ¿qué van a hacer el día que me les muera, quién les va a hacer todo?; o cuando desesperadas miraban al cielo, se agarraban la cabeza y con voz angustiada exclamaban: ¡ustedes me van a enloquecer!

Aquellas madres vivían pendientes de las amistades que frecuentaban sus hijos y en eso eran muy celosas, porque si alguien no les gustaba no había forma de hacerlas cambiar de parecer. Entonces no perdían oportunidad para echarle puyas al amigo indeseado, y si por ejemplo el hombre llamaba a la casa después de las nueve de la noche, ella le contestaba con voz de pocos amigos: ¡esta no es hora de llamar a una casa decente!; tampoco cejaban en su empeño al recordarnos: mijo, ese amigo no le conviene. Y si era un pretendiente de alguna de las niñas y al llegar a recogerla no se bajaba del carro sino que pitaba, se enfurruscaban e insistían a la hija para que le dijera al zambo que respetara, que eso no era un hotel y que se dispusiera a timbrar como la gente normal.

Si algo enfurecía a una mamá era que un mocoso le contestara de mala manera y para esos casos tenían a mano expresiones como: ¡es que me provoca ahorcarlo!; y si el zambo estaba muy envalentonado, la amenaza era más contundente: ¡siga así culicagao y le volteo el mascadero! Cuando el muchacho ya estaba crecidito e insistía en tener autonomía, ellas apelaban a la lógica de la vida para desarmarlo: ¡mientras usted viva en esta casa, se hace lo que yo diga! Y para que no quedaran dudas, le remachaba: ¡acuérdese que usted no se manda solo!

Aquellos mayores se esforzaron por mantener nuestra fe y devoción cristiana, por lo que era común que la mamá recomendara a los hijos que rezaran una oración antes de irse a la cama; era típico que dijeran: no se vayan a acostar como unos animalitos. Además ellas no decían que algo les parecía muy raro, sino muy particular; para resaltar cualquier cosa preferían el ¡hasta que ya!; si se trataba de describir algo imposible acudían al ¡no hay poder humano!; y si algún mocoso estaba muy resabiado o ponía mucho pereque, no dejaban de echarle un vainazo al marido al comentar: ¡está igualito a su papá!

Como la madre eran más fácil de convencer recurríamos a ella para pedir los permisos, responsabilidad de la que se libraba con el consabido: vaya pregúntele a su papá primero a ver qué dice. Entonces uno aprovechaba que el cucho estuviera concentrado con alguna lectura, resolviera el crucigrama o sintonizara el noticiero, momento en que se desconectaba del mundo, porque seguro a modo de respuesta apenas rezongaría, señal que uno asumía como una autorización. Claro que si la mamá no estaba de acuerdo no había forma de convencerla, y cuando ella se quedaba sin argumentos para defender su causa, cancelaba así la discusión: ¡porque yo soy su mamá, y punto!

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martes, julio 31, 2012

Deportes a la carta.

Acostumbrábamos reunirnos los hermanos en la casa de mi mamá, hace ya muchos años, para ver los miércoles en horas de la noche un programa en la Cadena 3, hoy Señal Colombia, en el cual el periodista Andrés Salcedo presentaba un partido de fútbol alemán. El narrador colombiano vivió muchos años en ese país europeo, donde se convirtió en narrador estrella del torneo de primera división, y por lo tanto conocía al dedillo a jugadores, entrenadores y demás personajes relacionados con el mundillo del fútbol teutón.


En ese entonces el canal institucional era transmitido por una frecuencia diferente a la de las dos cadenas nacionales, por lo que era necesaria una antena especial para sintonizarlo. Vendían para tal fin una pequeña antenita, en forma de corbatín, que se pegaba a la del televisor y de esa manera algo podía verse del aún incipiente canal. Aparte de eso, la televisión en colores apenas había llegado a nuestro país a mediados de 1978, durante la transmisión del Mundial de fútbol de Argentina, y por lo tanto en la mayoría de los hogares todavía se veía la televisión en blanco y negro. De manera que el tan esperado programa, donde podíamos ver tal vez el único partido de fútbol que trasmitían durante la semana, era con una imagen lluviosa, mal sintonizada y en blanco y negro.

Hoy en día prende uno el televisor a cualquier hora y encuentra fútbol argentino, mejicano, español, la semifinal del torneo suramericano, un clásico del fútbol italiano, todos en colores, alta definición y en pantalla gigante, y sin embargo muchas veces apaga el aparato molesto dizque porque no hay nada para ver. Ahí cabe perfecto aquello que tanto gordo empalaga. Porque entre más tenemos, más queremos; así somos los seres humanos. Por ello siempre que pienso así, rememoro aquellos partidos transmitidos por Salcedo y a todos apretujados en un cuarto para no perdernos jugada de lo poco que alcanzábamos a ver.

La televisión por cable nos permite asistir, en primera fila, a los más importantes eventos deportivos del mundo entero. Ya depende a qué disciplinas sea uno aficionado, porque hay para todos los gustos, y basta con programarse para disfrutar de los torneos y competencias que se realizan durante todo el año. A quien le interese por ejemplo la velocidad tiene para escoger entre todo tipo de carreras y categorías en los más variados vehículos, desde los modernos F-1 hasta camiones y carros de playa, además de motocicletas de todos los estilos. Otra disciplina con muchos seguidores es el tenis profesional, deporte que reúne a los mejores exponentes en diferentes torneos de interés alrededor del planeta.

Somos amigos a aficionarnos al deporte en el que algún colombiano se destaque y por ello muchos nos volvimos seguidores del automovilismo cuando Montoya fue figura; lo mismo sucedió con Lucho Herrera en el ciclismo, Asprilla en el fútbol, Rentería en el béisbol, Camilo Villegas en el golf, etc. El problema está en que nuestros representantes deportivos en el ámbito mundial son flor de un día, razón por la cual uno se olvida de la disciplina en la que el fulano figuró y nunca le vuelve a parar bolas.

Otra situación que se presenta es que después de deleitarse por ejemplo con el torneo de tenis de Wimbledon, ya no podrá encontrarle gracia al de Colsanitas en Bogotá y con seguridad le parecerá jartísimo. Lo mismo nos sucede con el fútbol. Recientemente disfrutamos la Eurocopa, torneo futbolero que reúne las mejores selecciones de ese continente, donde el buen fútbol impera porque son técnicos, hábiles, aplicados, serios y comprometidos con su camiseta, además de poseer una excelente preparación física. El juego limpio se impone y la casi totalidad de jugadores son caballerosos, buenos camaradas, honestos y profesionales.

Unas semanas después vemos la final del torneo colombiano entre Santa Fe y Deportivo Pasto y nos dan ganas de llorar. Qué pobreza futbolística, qué falta de técnica, qué espectáculo tan deplorable; un partido en el que cada que alguien recibe el balón es blanco de patadas y empujones. Y los futbolistas son marrulleros, irresponsables, volean garra sin compasión, engañan al árbitro, se insultan, pelean y en general son unos troncos monumentales. Después de ver un partido como el que jugaron Italia e Inglaterra en la Eurocopa no queda sino aceptar que lo que practican aquí se llama igual, pero no tiene nada que ver. La diferencia es como la que hay entre los técnicos Sir Álex Ferguson, del Manchester United, y Alberto Gamero, del Boyacá Chicó.

La televisión nos trae espectáculos como el Tour de Francia o los Juegos Olímpicos de invierno; deportes elegantes como la equitación, recios como el rugbi, brutales como el boxeo, perfectos como la gimnasia, técnicos como el billar, aburridos como los piques de velocidad, emocionantes como el fútbol, lentos como el baloncesto cuando reiteradamente piden tiempo, eternos como el béisbol y con tantas variables que hasta nos transmiten un campeonato mundial de póker.

Ahora vienen los juegos olímpicos de Londres y quedaremos con los ojos cuadrados de ver a los mejores deportistas del planeta enfrentados para lograr subirse a lo más alto del podio. Y que les quede claro a las señoras que durante el próximo mes no soltaremos el control remoto del televisor ni para ir al baño.

pamear@telmex.net.co

martes, julio 24, 2012

Bombas de tiempo.

El otro día compartí con algunos contactos del correo electrónico un archivo que mostraba la barbarie cometida por los nazis a finales de la segunda guerra mundial, cuando por retaliación a una incursión de la resistencia procedieron a arrasar una población al norte de Francia, y de sus casi setecientos habitantes sólo una mujer logró escapar con vida para denunciar el atroz crimen. El general De Gaulle ordenó que no tocaran las ruinas y que el lugar permaneciera así para que la gente pudiera ver con sus propios ojos lo allí ocurrido, porque él como muchos otros predijeron que en el futuro habría quienes desmintieran dichos acontecimientos.


Acompañé el correo con una nota en la que me preguntaba dónde fue que se equivocó el Creador al darle vida al ser humano, porque después de leer ese texto me di cuenta de que definitivamente le quedó muy mal hecho. Poco tiempo después compartí otro correo, ya con un grupo más escogido, donde aparecía una lolita de una belleza deslumbrante, la cual dejaba ver todos sus atributos porque modelaba tal cual y como llegó al mundo. Entonces un amigo me escribió, con cierta ironía y haciendo alusión al otro correo, que a él no le parecía que el ser humano hubiera quedado tan mal diseñado.

Ante semejante raciocinio no me quedó sino darle la razón y además rectificar que la falla se presentó fue al momento de formatearnos el disco duro. Y es que a diario nos enteramos de hechos que dejan ver una faceta del ser humano que no es fácil de entender por absurda, porque son acciones de una estupidez abismal, formas de comportarse irracionales, a veces con una sevicia y una brutalidad que no son comunes en ningún otro ser vivo. Parece increíble que la mente humana, la más perfecta creación de la naturaleza, pueda llegar a torcerse hasta esos niveles.

Pero aparte de los casos individuales que vemos a diario, donde cada hecho supera en maldad o aberración al anterior, en conjunto el ser humano actúa de una manera irresponsable e inadmisible que no es fácil de asimilar. Nuestro futuro en el planeta se ve amenazado de diversas maneras, mientras todos somos consientes de que se trata de bombas de tiempo que acumulan energía sin tregua para que el día que revienten no quede títere con cabeza. Pasan años, lustros y décadas mientras el hombre advierte, pronostica, se lamenta, prende las alarmas y difunde sus temores, pero nadie hace nada al respecto. Optamos mejor por actuar como el avestruz.

Un ejemplo claro es la superpoblación. Los estudios hablan de las dificultades que habrá a mediano plazo para proveer a la humanidad de alimentos y de la disminución paulatina de las fuentes hídricas, ambos recursos imprescindibles para la continuidad de la especie. Da horror enterarse de que en cincuenta años las guerras serán para arrebatarse la comida y el agua, lo que sin duda pronostica que en un principio el destino de los países más pobres será tenebroso. Aunque es cuestión de tiempo para que todos sufran similar condición.

Nos asombramos al conocer las medidas que tomaron los dirigentes comunistas chinos en su momento para controlar la tasa de natalidad, porque sin duda se trató de un atropello a la libertad, pero ahora pienso que de no haber sido así, ¿cuál sería hoy la población de ese gigante asiático? Qué tal que allá, en vez de contar las parejas con autorización para procrear uno o dos hijos, se hubieran multiplicado como conejos igual a como sucedía por estas tierras hasta hace muy poco, cuando las familias pequeñas eran las que sólo tenían media docena de muchachitos.

Otro asunto inaudito es que los Estados Unidos, el imperio que en las últimas décadas ha manejado las riendas del mundo, hayan dejado crecer el problema de la obesidad en su población hasta niveles inmanejables. Apenas ahora empiezan a tomar medidas tibias para enfrentar la crisis sanitaria generada por los quince millones de habitantes con sobrepeso, aparte de tres millones de obesos mórbidos cuyos pesos promedian los 250 kilos, lo que genera enfermedades como diabetes, hipertensión, insuficiencia cardíaca, etc. Vi en un programa de televisión a una mujer negra a quien debían hospitalizar debido a su casi media tonelada de peso, y para movilizarla fue necesario tumbar paredes y utilizar una grúa. De las hijas de la enferma la más liviana pesaba unos 120 kilos y la alimentación en esa familia se basaba en comida chatarra pedida a domicilio; mostraron a un nieto, de unos 3 años, enfrentado a una hamburguesa del tamaño de su cabeza. ¡Qué ignorancia!

La acumulación de basuras que produce el ser humano es otro problema que crece sin medida, aunque algunos traten de convencernos de que la solución es hacer como el gato: enterrar la porquería. El porcentaje que reciclamos es mínimo y en cambio las montañas de desperdicios ahogan al planeta, con el agravante ahora de los desechos electrónicos, que contaminan el ambiente en forma considerable. La polución, el esmog, la tala indiscriminada, la disminución de la capa de ozono y tantas otras calamidades, son apenas una muestra del manejo irresponsable que le da el ser humano a su hábitat.

Podrá sonar egoísta, pero me alegra sobremanera saber que no me tocará vivir el desenlace de semejante despelote.

pamear@telmex.net.co

martes, julio 17, 2012

Metamorfosis urbana.

Si uno entra a Manizales por la avenida Centenario y viene acompañado de un foráneo, al llegar al parque Olaya Herrera debe pensar muy bien por dónde va a cruzar el centro de la ciudad, porque el viajero va a toparse con esa primera imagen que es tan importante. Puede seguir por la avenida del centro, pero debe entretenerlo para que no detalle ambos costados de esa vía porque en ese tramo inicial, hasta la plaza Alfonso López, presenta un estado lamentable. Aunque la avenida tiene muchos años de construida, varios edificios de los que levantaron entonces en las culatas que resultaron alrededor de la vía permanecen en obra gris. Son esperpentos sin ningún estilo, nunca les dieron siquiera una capa de pintura y en su interior funcionan chuzos y cuchitriles de todo tipo.


Unos metros más arriba de la iglesia de los Agustinos hay un edificio al que se le cayó hasta el letrero donde antes podía leerse su nombre, encima de la puerta principal; el inmueble presenta un estado ruinoso y su deterioro abisma, por lo que la alcaldía debe conminar a sus propietarios a hacer algo al respecto. Inadmisible que esa sea la cara que presenta la ciudad en una de sus puertas de ingreso.

La otra opción es seguir por la carrera 23 para atravesar el centro, pero creo que por ahí es peor. Sin duda el tramo que lleva de la calle 15 a la 19 es uno de los más deprimidos de toda la ruta, porque los talleres de motos, almacenes de repuestos, cascos, chalecos, morrales y demás aditamentos para motociclistas invaden gran parte del sector. Asaderos de pollo con vitrinas donde la grasa chorrea a raudales y muchos cafetines de mala muerte que muelen música del despecho a todo timbal. Hoteluchos y pensiones hacen suponer que las bandidas andan por ahí, y en la esquina de la calle 18 hay uno en cuya puerta un anuncio ofrece pasar la noche allí por la módica suma de ocho mil pesitos, ¡negociables!

Unos metros antes de llegar a la esquina de la 18 un pendón promociona jugos afrodisíacos y vitamínicos, con precios que van desde los mil pesitos por el de chontaduro hasta los veinte mil que cobran por el cinco tiros; con precios intermedios están el de borojó, el jugo del amor prohibido, el tumba catres, el polvorete, kamasutra, levántate Lázaro, dinamita y el rompe colchones. No deben dar abasto los hospedajes del sector para atender a los clientes del incitante negocio. Una cuadra después, diagonal al Palacio Arzobispal, el andén de un supermercado está invadido por vendedores informales que ofrecen frutas y verduras de una calidad infame.

Hasta allí el visitante pensará que lo metieron por el sector de la plaza de mercado, pero al observar las construcciones a ambos lados de la calzada caerá en cuenta de que se trata del centro de la ciudad. Sin embargo, en los amplios espacios que están destinados a los peatones va a encontrar todo tipo de personas que buscan la forma de conseguir unos pesos para tener algo qué llevar a sus casas.

La arquitectura republicana se intercala con construcciones comerciales improvisadas sin ningún estilo y destinadas sólo a dar cabida a la mayor cantidad de cacharros posibles. Como en el antiguo edificio de la Caja Agraria, donde en el espacio que ocupaba el banco improvisaron varios locales que están abiertos todos los días de la semana y en cuyo interior los arrumes de mercancía llegan al techo. En los andenes los vendedores informales mantienen su botellita de licor camuflada en un talego y a cada momento la pasan de mano en mano para echarse un trago; otros juegan partidas de ajedrez o dominó para entretenerse.

No falta el limosnero que genera lástima al exhibir heridas o malformaciones, o la viejita que tirada en el piso le arranca notas destempladas a una guitarra para que le den una moneda. En la esquina de la catedral un hombre consiguió conectarse de manera fraudulenta a un poste de la energía para encender un televisor y el reproductor de video, para que quienes le compren películas piratas puedan ensayarlas antes de adquirirlas; porque de suceder, cuestan más los pasajes para ir a cambiarlas que el producto en sí.

Todo evoluciona y supongo que los negocios tradicionales que le dieron lustre a este sector de la ciudad ya no son rentables, pero esos almacenes de ropa que mantienen en la puerta un equipo de sonido a todo volumen mientras un locutor anima a los peatones a entrar, presentan una imagen deprimente; y los baratillos que ofrecen “todo a dos mil”; almacenes de chancletas y chucherías; vendedores de minutos, frutas, jugos recién exprimidos, de fritangas y demás porquerías. Y más casinos, restaurantes chinos, asaderos de pollo, cafetines y metederos. Y atracadores, travestis y fufurufas.

Soy consciente del problema social que genera el desempleo y de que la gente debe rebuscarse como sea, pero el desorden y la mala imagen que presenta nuestra vía central, columna vertebral de la ciudad, no son aceptables. Algo tiene que hacer la administración municipal para solucionarlo, para que ojalá muy pronto podamos sentirnos orgullosos nuevamente de nuestra antigua carrera de La Esponsión. Porque al menos yo, prefiero no llevar al turista por allá para no pasar vergüenzas.

pamear@telmex.net.co

martes, julio 10, 2012

¿Distintos nosotros?

Algunas adolescentes que apenas empiezan a ejercer en los tejemanejes del amor se quejan porque el noviecito de turno es muy distinto a ellas. Es que no nos parecemos en nada, dicen angustiadas, convencidas tal vez de que el escogido sería algo así como su alma gemela, con gustos idénticos y sueños paralelos a los suyos. Claro que las niñas a esa edad deberían saber, por crecer en familia, que pocas cosas son tan diferentes en este mundo como el comportamiento de hombres y mujeres. Porque aunque está claro que mi Dios sabe cómo hace sus cosas, en situaciones como estas nos preguntamos si se descachó, debido a algunas discrepancias que nos complican un poco la convivencia a los humanos.


Sin duda las diferencias se notan desde los primeros años de vida porque la mayoría de los niños son inquietos, ladinos, dañinos y traviesos, mientras las nenas se distinguen por su ternura, suavidad y dulzura. Al crecer un poco ellas juegan a las muñecas, al doctor o al papá y a la mamá, mientras los zambos buscan qué maldad hacer, cómo mortificar a las muchachitas, o en muchos casos participan en sus juegos con el único fin de meterle malicia al asunto. Sin duda las féminas maduran primero que los varones, lo que puede verse cuando púberes ellas empiezan a mirarlos con interés, mientras a los mocosos no se las pueden siquiera nombrar. ¡Gas!, dicen los culicagaos.

Entonces llega la adolescencia y los papeles se invierten. No sé cómo será ahora, porque estoy desactualizado, pero aunque cambien las costumbres la forma de pensar y de comportarse son muy similares. Entiendo que hoy, como dicen, son dos cucharadas de caldo y mano a la presa, mientras que a nosotros nos tocaba trabajarle más al galanteo. En las primeras visitas de novio, o marcadas de tarjeta, tocaba ser prudente y recatado para que ella lo tildara de tierno, divino y detallista, cuando en realidad por la mente del machucante pasaban pensamientos ardientes y su imaginación volaba entre la lujuria y el deseo. Era común ir a cine el sábado por la tarde con varias parejas amigas, programa que era esperado por ambos sexos con disímiles expectativas: mientras ellas se preguntaban si la película sería tierna y de llorar, los zambos sólo pensaban en el momento en que apagaban las luces para poderse lanzar al ataque.

En las fiestas y reuniones también se notaban ciertos contrastes, como que los muchachitos estaban pendientes de tomar trago a escondidas, entre otras cosas para tener el valor de cuadrársele a la pretendida o siquiera sacarla a bailar. El que supiera bailar y además no le diera pena era calificado de mariquetas (igual si era educado, tuteaba, no decía groserías, era caballeroso, etc.), y en cambio la mayoría debíamos esperar a estar copetones para animarnos a hacer semejante oso. Ni pensar en esa época en tomar clases de baile porque si los amigos se enteraban no quedaba sino irse del país, de manera que para las mujeres era una gran decepción no tener con quién revolotear por la pista. Eso sí, sonaba un bolero y salíamos todos en patota, porque ese ritmo es muy fácil de llevar y además le permite al parejo arrimársele a la muchacha. Lo que llamábamos rastrillarlo.

A las mujeres siempre les ha gustado participar en fiestas de disfraces, mientras a la mayoría de los hombres el asunto nos parece ridículo y enguandoso. Claro que eso tiene que ver con la personalidad, que en ellas es más definida, porque nosotros le empezamos a encontrar gracia al disfraz cuando tenemos varios tragos entre pecho y espalda. Luego viene el tema de las fotos. En cualquier fiesta, paseo, reunión, celebración o donde quiera que estén, ellas tienen que tomar cientos de fotografías; a las mismas personas, en poses similares, sin variables ni sorpresas. Luego se sientan a verlas en grupo, comentan una por una, las repasan, critican a fulano, detallan el peinado de aquella, y aprovechan para alabarse mutuamente: cómo sales de bonita, te sienta muy bien ese vestido, tienes el pelo divino… En cambio le muestran a uno las fotos, las mira a la velocidad del rayo y por compromiso comenta: muy buenas.

Esto es apenas una muestra de las miles de diferencias que hay en la forma de comportarse y de pensar de ambos sexos, situación que deben tener muy clara las personas antes de decidirse a convivir con una pareja. Porque ahí es donde aparecen los contrastes: en el orden, los gustos al momento de ver televisión, el cuidado del carro familiar, los horarios, la cuerda para la rumba, la tomadita de trago, la educación de los hijos… Aunque tal vez la diferencia más marcada está en la calentura, que en los varones dura varias décadas mientras que ellas empiezan a perder el entusiasmo a las pocas semanas de cohabitar; para ello echan mano de las consabidas disculpas: el período, dolor de cabeza, los niños, que de pronto llama mi mamá, que los vecinos oyen, que qué calor, que mejor mañana temprano…

Claro que estas situaciones dejarán de tener vigencia muy pronto porque si en el pasado la mariconería era algo inusual, en el presente se ve con frecuencia y al paso que vamos mucho me temo que puede llegar a volverse obligatoria.

pamear@telmex.net.co

miércoles, julio 04, 2012

Absurda alcaldada.

Cormanizales debe lanzar una campaña publicitaria en Bogotá para invitar a los amantes de los toros a que vengan a la próxima feria taurina de nuestra ciudad. El alcalde Petro encontró el apoyo popular necesario para tomar una medida que se veía venir, sin importar el derecho de quienes gustan de esa fiesta centenaria. Porque si estamos en una democracia lo justo es respetar el libre albedrío de todos los ciudadanos y que una actividad que ha sido tradicional en muchos países, una cultura ancestral heredada de nuestros antepasados, pueda ejercerse con las condiciones que ha tenido hasta hoy.


En cualquier encuesta puede notarse un apoyo mayoritario a suspender las corridas de toros, pero en realidad muy pocos de los consultados han asistido alguna vez a ese tipo de espectáculo, porque sin duda es costoso y elitista. Por lo tanto es fácil solidarizarse con los defensores de los animales, pero pocos piensan en el sufrimiento que soportan los pollos en los criaderos, el estrés de reses y cerdos desde que los embarcan en un camión para llevarlos al matadero o la forma cruel como atrapan los peces para convertirlos en filetes. Todos ellos componentes de la dieta diaria que la gente consume sin ningún remordimiento.

También ignorarán muchos encuestados que la lucha entre el hombre y el toro se remonta a la Edad de Bronce, actividad que está registrada en pinturas rupestres y demás expresiones artísticas. En la Edad Media Carlomagno era aficionado a lancear toros y hace mil años en España los nobles celebraban sus triunfos bélicos y demás acontecimientos con espectáculos taurinos en las plazas públicas. Que no crean que fue inventada hace poco tiempo para el disfrute de unos privilegiados, porque se trata de una tradición que ha sobrevivido a muchas generaciones. Otra cosa es que el toro de lidia se cría para morir en la arena y desaparecidas las corridas, él también dejará de existir. Porque un animal que cuesta entre diez y quince millones de pesos no puede venderse por kilos, ya que saldría muy costoso el bocado.

Hace muchos años perdí el interés por los toros, ya ni por televisión los veo, pero defiendo el derecho de quienes gustan de la fiesta brava. Es un espectáculo privado en el que solo participan los interesados, tributa al fisco, mueve la economía, genera empleo y congrega una minoría que vive durante todo el año alrededor de esa actividad. Le oí decir a Mario Vargas Llosa algo muy sensato: “así como no obligan a nadie a asistir a las corridas de toros, que tampoco le prohíban a nadie disfrutarlas”. Ese cuento de convertir la plaza de toros en un escenario para la poesía y la cultura me parece como disparatado, porque nos arriesgamos a que en el fututo otro alcalde salga con que va a programar corralejas en la tarima del Teatro Colón. ¡Válgame dios!

Pues ahora la dirigencia antioqueña se antojó de la idea, sin duda porque genera dividendos electorales, y empiezan a hacer propuestas para modificar la fiesta taurina en Medellín. El alcalde Gaviria propone intercalar corridas cruenta e incruentas, y desde ya puedo asegurar que ningún aficionado serio asistirá a las segundas; a lo mejor irán algunos noveleros, pero es muy posible que prefieran a los Enanitos toreros o a Superman y su cuadrilla. Por algo la muerte del toro se llama suerte suprema, en el arte de Cúchares, y sin ella la lidia pierde el sentido. Es como un partido de fútbol sin goles.

Espero que en Manizales no se les ocurra siquiera plantear el tema, porque sería darle la estocada a la feria anual. En las dos principales ciudades del país la temporada taurina se desarrolla los fines de semana, pero en nuestro caso se trata de la espina dorsal de la fiesta más importante del año; la que nos proyecta al resto del país y al mundo, de la que viven muchas familias durante algún tiempo, la semana en que se reactiva el turismo y los visitantes disfrutan de nuestra hospitalidad. Por fortuna rolos y paisas saben que aquí los esperamos con los brazos abiertos y que mientras llegan a sus ciudades mandatarios sensatos que reversen la medida, pueden contar con la feria taurina de Manizales.

A Cormanizales le queda la responsabilidad de lucirse con carteles y ganaderías, como siempre lo ha hecho, porque en las ferias de Cali y Manizales estarán puestas todas las expectativas; mientras tanto el alcalde de Cartagena anunció que reactivará las corridas de toros para la próxima temporada, pero es sabido que esa feria no tiene tradición y quienes asisten son en su mayoría turistas que vacacionan por esa época en La Heroica. Sin duda es la oportunidad para lucirnos ante el mundo taurino y reafirmar que nuestra plaza de toros es una de las más importantes de América.

De imponerse esa prohibición qué camino cogerán toreros y cuadrillas; los empleados de las empresas taurinas; los que venden botas, ponchos y sombreros; quienes tocan clarines y timbales; aquellos que manejan el ganado bravo en las dehesas; y tantas personas que viven de la fiesta de los toros. Ahí los únicos que podrían quedarse en la plaza son los monosabios, para que le den la vuelta al ruedo al poeta que se faje un buen recital.

pamear@telmex.net.co

miércoles, junio 27, 2012

Caracas in situ (II).

Nada como poder ir a un sitio, recorrerlo, hablar con la gente y experimentar algo de lo que se vive allá. La ciudad de Santiago de León de Caracas está conformada por el Distrito Capital y los municipios de Baruta, Chacao, El Hatillo, Sucre y Libertador (el más grande, pobre y chavista), localidades todas absorbidas por la urbe. Los diferentes municipios son gobiernistas u opositores, y esa polarización puede sentirse en el ambiente; mientras en unos la propaganda del gobierno agobia, en los otros se impone la publicidad que promueve al candidato opositor. También es notorio que en zonas afines al gobierno el mantenimiento de la malla vial es superior.


En las llamadas urbanizaciones, donde viven las personas de mayor poder adquisitivo, el odio hacia el gobierno de Chávez es absoluto. Lo llaman el “Mico-mandante” y llegan al extremo de mirar con malos ojos a la persona que posea un vehículo de color rojo, y ni hablar de los malos momentos que debe enfrentar quien por descuido vista prendas de ese color. Ellos están convencidos de que en las próximas elecciones de octubre ganará el candidato Capriles, quien representa a la oposición, aunque me quedan serias dudas porque está muy claro que “el que cuenta es el que gana”.

Del otro lado está el pueblo raso, los pobres, a quienes entregan un subsidio en metálico para que lo gasten como quieran; es tal la irresponsabilidad, que el gobierno ha llegado a repartir esa ayuda económica acompañada de algún alimento para las mujeres, como harina o arroz, mientras que a los hombres les entregan el dinero con una cajita de licor. Calcule cuántos de ellos terminarán en bares, cantinas y casas de citas. Otra forma de comprar respaldo popular es nombrar a las personas en cargos que no tienen que ejercer. Una empleada del servicio doméstico que trabajó en casa de unos amigos era a su vez maestra y recibía un salario mensual equivalente a quinientos mil pesos colombianos, con el agravante que la mujer no sabía leer ni escribir. Simplemente reclamaba su cheque quincenal y por lo tanto renunciaba a su empleo como doméstica por cualquier disgusto menor con la patrona.

Los empresarios, comerciantes, industriales, etc., viven en la incertidumbre porque bien es sabido que el Presidente cambia de parecer con mucha facilidad y en busca del apoyo popular toma medidas francamente peligrosas para los inversionistas. Supe de una multinacional que tuvo planta de producción en Venezuela y hace una década generaba dos mil quinientos empleos, personal que en la actualidad no llega a los cien porque prefirieron cerrar la fábrica y dedicarse sólo a comercializar lo que produce la empresa en países vecinos. Otra cosa es que el Gobierno Bolivariano con mucha regularidad les pide grandes cantidades de mercancía y el valor de la misma debe anotarse en el libro de pérdidas.

En Caracas actualmente hay que andarse con cuidado. El gobierno envía funcionarios para que visiten residencias particulares con la disculpa que van a contar cuántas bombillas utilizan, y si tienen ahorradoras, con el único fin de ver si en los hogares sobra espacio. De ser así, son obligados a recibir personas que el gobierno destina para ser alojadas; y ante eso no hay tutía. También pueden verse muchos inmuebles expropiados, desde el emblemático hotel Hilton, hoy transformado en hotel Alba, hasta la mayoría de moteles que están convertidos en centros de refugio para damnificados del invierno. El desabastecimiento de ciertos productos también es notorio, hasta el punto que nuestra anfitriona pidió como regalo desde Colombia una buena provisión de papel higiénico y servilletas. Claro que a su vez los medicamentos son, para nosotros, a precios irrisorios.

Caracas es encantadora, cosmopolita y pintoresca. En sus amplias calles y avenidas pululan los árboles, además de muchos parques que invitan al recogimiento. Al recorrerla se entrelazan la arquitectura tradicional con la moderna y en las colinas circundantes una maraña de vías conduce al visitante a una gran diversidad de paisajes y experiencias. Sus gentes amables y alegres, de sangre Caribe, me hicieron sentir como en casa. Lástima que tantos han debido abandonar el país debido a la situación, pues el gobierno irresponsable dilapida los recursos de un territorio privilegiado. Por fortuna en nuestras ciudades muchos de ellos han encontrado un acogedor refugio donde soportar su pasajero exilio.

La comida típica de Venezuela se basa en las arepas rellenas: la reina pepiada, con pollo y aguacate; pelúa, con queso y carne desmechada; dominó, con caraota y queso; y la tradicional cachapa, arepa de chócolo rellena de pernil y queso telita o de mano. También existe una especie de bandeja paisa que llaman pabellón.

Algunas expresiones llamaron mi atención, como que al maracuyá le dicen parchita; a la granadilla, parchita colombiana; al banano, cambur; al plátano maduro, cambur amarillo; a la papaya, lechosa; y a la panela, papelón. Las camionetas son gandolas; los corotos, macundales; la encerrona, guarimba; currucutear es chismosear y echarle pichón es ponerle ganas. Allá no se soborna, se matraquea; en vez de enguayabado, enratonao; el tacaño es pichirre y el pinchado sifrino. Le dicen pana al amigo, catire al rubio y niche al ordinario.

Gracias a la generosidad de unos buenos amigos Caracas perdurará en mi recuerdo, aunque espero regresar algún día porque faltó tanto por conocer…

pamear@telmex.net.co

viernes, junio 22, 2012

Caracas in situ (I).

Sucede a menudo que uno se entera de algo por medio de diferentes opiniones y puntos de vista, según quien lo relate. Me ha pasado por ejemplo con Cuba, isla que no conozco, pero que me interesan su historia y condición actual. Entonces siempre que hablo con alguien que ha estado allá indago por sus experiencias, la opinión que tiene de la dictadura, cómo vio a la gente, qué les oyó decir, cómo es el ambiente y muchos otros detalles relativos a la situación que se vive en ese controvertido país caribeño. Lo mismo ha sucedido durante la última década con Venezuela, que bajo el gobierno de Chávez crea mucha polémica y son diversas las opiniones que se conocen al respecto. Por fortuna tuve la oportunidad de viajar allí durante unos días y conocer de cerca algo de la realidad del país hermano.


Desde la llegada al aeropuerto de Maiquetía puede notarse en los empleados y funcionarios una actitud arrogante y displicente, todos uniformados con camisa roja. Ya en la autopista que comunica a la costa con Caracas, distante unos 45 minutos y que asciende de los cero a los novecientos metros sobre el nivel del mar, pueden verse infinidad de vallas, carteles y demás propaganda gobiernista, donde la figura de Chávez aparece repetida, las frases bolivarianas empalagan y todo forma una gran contaminación visual; hasta las piedras de la orilla están pintadas con los colores de la bandera.

Al llegar a la capital por el norte lo primero que puede verse son barrios populares, parecidos a las favelas de Río o a las comunas de Medellín, pero ya al ingresar en el valle de Caracas la ciudad se torna bien interesante. La infraestructura vial es envidiable, y eso que fue construida en buena parte durante la dictadura de Pérez Jiménez, por allá en la década de 1950; repartidores viales como El pulpo y La araña que hizo famosos Piero con su canción, viaductos, autopistas de dos pisos, puentes, avenidas y demás obras que a pesar del número exagerado de vehículos que transitan, el tráfico no llega a ser tan pesado como al que estamos acostumbrados en las principales ciudades de nuestro país; además nadie pita. Las principales vías están en excelente estado, pero muchas calles en los barrios y algunas carreteras secundarias dejan mucho qué desear.

El metro de Caracas cubre sólo unas zonas de la gran metrópoli y algo que llama la atención es que en las calles, a excepción del centro de la ciudad, el servicio de transporte público es muy escaso. Casi no se ven buses, taxis o colectivos, porque como ya dije, mucha gente tiene carro propio. Y la razón para esto es muy simple: que la gasolina es regalada. Y digo que regalada porque lo que cobran en las estaciones de servicio, todas ellas de PDV (antes PDVSA), es un precio simbólico.

Salimos de paseo con la persona que nos invitó y al llegar a la bomba me dispuse a pagar la tanqueada de la camioneta, y no podía entender cuando el dependiente me dijo que debía 4.50 bolívares por los 50 litros de gasolina que registró el surtidor. Eso corresponde a $900 de los nuestros porque el cambio oficial es de 4.30 bolívares por dólar, pero en el mercado paralelo los pagan al doble, casi a 9 bolívares por dólar. Increíble, la propina que le dimos al tipo fue más de lo que pagué por el combustible. Lo paradójico es que a pesar de esa condición favorable, cualquier tipo de transporte, de pasajeros o de carga, es muy costoso.

Allá cualquiera convierte su carro particular en taxi; basta ponerle un aviso y a trabajar, mientras la autoridad hace la vista gorda. Quien compra vehículo nuevo es común que deba esperar uno o dos años para recibirlo, y quienes reniegan en Colombia por el caos que forman los motociclistas es porque no han visitado Caracas; son una plaga, no respetan normas ni leyes, transitan a toda velocidad por los callejones entre los vehículos en las autopistas y ¡ay! de quien ose agredirlos o siquiera atravesarse: pueden llegar a lincharlo.

Caracas es una ciudad de contrastes. En los llamados barrios viven los estratos bajos y en las urbanizaciones los ricos y poderosos. Muchas veces simples calles separan a la pobreza y a un boato que deslumbra. Aunque recorrimos muchas zonas de la ciudad no pude ver barrios de clase media como los de nuestras ciudades, porque todas son mansiones y en muchas de ellas solo puede verse un muro con una gran puerta, todo monitoreado con cámaras de seguridad, alarmas electrónicas y blindaje con alambres de púas.

La inseguridad es tal que muchos caraqueños visitan Bogotá y se sienten tranquilos y confiados. Los edificios tienen rejas en las ventanas hasta el último piso, así sean treinta, porque existen bandas de hombres araña que escalan paredes e ingresan a los apartamentos. De noche la gente pudiente sale únicamente en carro blindado; el secuestro exprés es pan de todos los días; y en el centro es mejor no abrir las ventanas del carro. Además, si la Guardia Bolivariana lo pilla tomando fotos en los alrededores de Miraflores u otros edificios gubernamentales, puede meterse en líos.

Dejo para la próxima entrega otros datos que pueden ser de interés.

pamear@telmex.net.co

jueves, junio 14, 2012

Salidas oportunas.

Cómo es de trabajoso comunicarse e interactuar con un sujeto que carece del sentido del humor. Es necesario hilar delgado y tener mucho cuidado con lo que se dice, porque ellos acostumbran tomar las cosas al pie de la letra y nunca le encuentran la malicia o el doble sentido a cualquier expresión. Al percatarse uno de que su interlocutor cumple con dicha condición es mejor no hacer bromas, chanzas o chascarrillos, porque con seguridad va a incomodarlo. En cambio otras personas son graciosas sin necesidad de contar chistes, hacer payasadas o morisquetas, y basta oírlas hablar para captar la magia que llevan adentro; esos a quienes los demás comparan con una cajita de música. Mientras tanto otros le encontramos gracia a cualquier salida oportuna, a un comentario atinado y mordaz o a una respuesta genial.


Supe por mi hijo que una amiga suya tenía la intención de vender el carro y llamó a un hermano a preguntarle cuál era el procedimiento para hacer el negocio. El hombre le dijo que eso era muy fácil, que bastaba poner un aviso en alguna de las páginas especializadas de la red, y acto seguido le advirtió que cuando resultara un posible cliente no lo fuera a mostrar sola porque puede ser muy peligroso, que él la acompañaba con mucho gusto. Entonces ella adujo que no tenía ni idea de cómo redactar el aviso, pues se declaraba ignorante del tema y de su vehículo sólo sabía que debía echarle gasolina y de vez en cuando mandarlo lavar. El hermano con mucha paciencia le sugirió que simplemente leyera lo que ponían en otros avisos, consultara el modelo, cilindraje, marca y demás datos de su carro en la tarjeta de propiedad, y con esa información redactara el clasificado.

Pues a los pocos días debió llamarla a decirle que por curiosidad había visto el aviso y que no entendía por qué decía dizque: “vendo vehículo 4x2, marca tal, etc.”, a lo que ella muy segura respondió que en muchos de los avisos la gente ponía que su carro era un 4x4, y que como el de ella tenía cuatro llantas pero sólo dos puertas…

Siempre he sido muy tradicional en lo que se refiere a tratamientos médicos y medicamentos, pero reconozco que la medicina natural es muy valiosa y sin duda de ella procede toda forma de alivio para el ser humano. Basta pensar que en medio de la amazonia no existen farmacias para que los nativos adquieran las medicinas y por ello deben recurrir a los secretos de la selva para solucionar sus problemas de salud. Además, con los precios actuales de los medicamentos, debido a esa mafia que rige a laboratorios farmacéuticos y demás participantes del negocio, no le queda a uno sino tener fe en yerbas, menjurjes, ungüentos, bebedizos y hasta en los rezos de un chamán.

Hace poco invitaron a una pareja de buenos amigos a una finca en el Valle del Cauca y en el camino se antojaron de entrar a un vivero muy provocativo que vieron al borde de la carretera. Siempre es que al visitar otra región encuentra uno cosas diferentes y novedosas, y en el vivero se toparon con plantas desconocidas que llamaron su atención. Cuando vieron unas maticas marcadas con el nombre de Noni, y en vista de que habían oído hablar muchas veces de esa especie y de sus múltiples propiedades curativas, Liliana procedió a llamar a la encargada para que les diera información al respecto. Ella, con esa forma de ser que la caracteriza, dicharachera, auténtica y de una gracia maravillosa, empezó a conversarle a la humilde mujercita encargada de las ventas y la instó para que enumerara las propiedades de la planta. La campesina, quien supongo le aplica a su marido una ración diaria de Noni, quiso resumir el asunto con esta respuesta:

-Pues yo no sabría hacele la lista completa, misiá, pero sí puedo decile que es buenísimo pa la “rempujadera”.

Hace unos diez años mi tío Eduardo debió enfrentar una intervención quirúrgica muy delicada, de donde salió derechito para cuidados intensivos mientras se estabilizaba. Al despertar de la anestesia recibió la visita de uno de los médicos que lo atendieron quien le preguntó si había sentido algún movimiento en los intestinos, ya que la operación había afectado en particular a ese órgano. Aunque el enfermo respondió que no sentía nada, durante la tarde la visita se repitió, con la misma pregunta, cuando los demás galenos que participaron en la operación pasaron a darle vuelta.

Ya al finalizar el día se reunieron todos alrededor de su cama, gastroenterólogo, anestesista, intensivista, cirujano, etc., para evaluarlo, le preguntaron otra vez si durante la tarde había sentido algún movimiento o sonido en el abdomen, ya que para ellos era muy importante saber cuándo empezaba a funcionar de nuevo el intestino. Don Eduardo por fin entendió a qué venía tanto interés y con esa chispa que lo caracteriza, preguntó qué contenía la bolsa que colgaba a un lado de la cama y de la cual goteaba un líquido incoloro que ingresaba por su vena. Cuando le respondieron que era suero, o solución salina, les salió con esta perla para zanjar el asunto:

-Les propongo una cosa: cámbienle el contenido por tinta de frijoles y vuelvan en una hora.

pamear@telmex.net.co

jueves, junio 07, 2012

Rolos, paisas, costeños...

A pesar de todos ser latinoamericanos, la mayoría hablar el mismo idioma, proceder de ancestros comunes, ser colonizados por las mismas gentes, habitar regiones similares e identificarnos hasta en lo cultural y gastronómico, cómo somos de distintos quienes habitamos centro y sur América. Sin ir muy lejos, en nuestro país pueden notarse diferencias muy marcadas entre habitantes de las distintas provincias; los acentos, dichos, costumbres, gustos culinarios, la actitud de las personas, la arquitectura, el clima, la topografía y tantas otras particularidades que distinguen a las regiones.


En un canal de televisión promocionan una telenovela en la que cierta familia de bogotanos debe radicarse en la costa atlántica, circunstancia que los obligan a hacerse pasar por costeños, algo que de verdad parece imposible porque un habitante de esa región los descubriría con solo verlos. Sin oírlos hablar siquiera porque la pinta, sus gestos, la reacción al calor y a las plagas, el modo de caminar, la forma de comportarse y muchos otros detalles van a desenmascararlos. Es posible con práctica llegar a imitar el acento, pero quedan pendientes la cantidad de modismos, términos, dichos, expresiones y ese léxico tan particular de la región. Por ejemplo familiarizarse con el recurrido ajá, interjección que con solo tres letras llega a reemplazar un porcentaje muy grande del léxico en esas tierras; un costeño echa un cuento y en el momento en que se queda sin qué decir, simplemente recurre al ajá y todo queda resuelto. Funciona como fórmula mágica para que el interlocutor deduzca lo que faltó expresar.

Los paisas somos muy parecidos en todos esos aspectos y sin embargo se enreda uno cuando está en Medellín y le ofrecen un fresco, cuando en realidad se refieren es a una bebida gaseosa, o un perico en vez de un café con leche; más, si por aquí se le dice así a la cocaína. En cambio en la zona cafetera nunca he encontrado diferencias y las gentes de Caldas, Quindío y Risaralda tenemos idéntico comportamiento; por algo procedemos todos del mismo departamento. A la región del antiguo Caldas la separa del Valle del Cauca el río La Vieja, el cual basta cruzar para encontrar a Cartago, una población donde la gente ya es diferente; entre otras cosas cambian el acento y algunas costumbres. Por ejemplo allí le sirven a usted un sancocho de gallina sin papa y acompañado de tostadas de plátano (patacones) con hogao. Pequeños detalles que hacen las diferencias.

Cuando conocí a mi mujer, hace ya bastantes años, su familia procedía de Bogotá y llevaban poco tiempo en Manizales. Hasta entonces no había tenido vínculos con la capital y la visité en escasas ocasiones, por lo que me pareció novedoso el acento y algunas expresiones que utilizaban. Sobre todo la abuela, a quien llamábamos cariñosamente Meneca, quien a pesar de tener ancestros paisas y santandereanos era una bogotana de pura cepa; conversadora sin igual, de humor fino y oportuno, práctica, auténtica y de una inteligencia admirable, relataba anécdotas e historia con ese hablar propio de los bogotanos de antaño. De ella recuerdo un vocablo que está en desuso: enantes (antes). Hoy la capital es una mescolanza de razas, colores, acentos y personajes de toda laya, mientras los cachacos tradicionales cada vez son más escasos. Quién más bogotano que el Presidente Santos y su familia, y sin embargo no tienen el acento propio del rolo chapineruno.

Como mi madre vivió en Bogotá cuando era una niña, disfrutaba al recordar algunas palabras que su nuera mencionaba en cualquier conversación. El resto de mi familia le hacía bromas por su acento, pero sin duda el qué más lo celebraba era mi papá que siempre le pedía que dijera toalla, palabra que ella pronuncia tualla. Nos causó gracia que dijera apuntar en vez de abotonar; al partido que hacemos al peinarnos ella lo llama carrera; nosotros decimos comedido y ella acomedido; acobijarse en vez de cobijarse; y cuando se golpea el pie contra la pata de la cama, exclama: ¡Uch, me estrompé un dedo!

De mi familia política aprendí que al mecato le dicen galguerías, al fiambre comiso, a la devuelta de un billete vueltas, las promociones son chisgas, la persona distinguida es chirriada; así mismo le dicen a un bombón colombina, al sacapuntas tajalápiz, al lapicero esfero, a las sinvergüenzas guarichas, a la torta ponqué, y el zapato viejo que nosotros llamamos garra, ellos prefieren chagualo. Además los bogotanos llaman zuros a las palomas, guales a los gallinazos, zorras a las carretillas, rellena a la morcilla, al algo le dicen onces, al puré naco, a las crispetas maíz totiao y lo desagradable es frondio.

Con ellos conocí el piquete, una especie de sudao presentado sobre hojas de plátano, generoso hogao encima de carne, papas, yucas y plátano maduro hervido, y caldo con cilantro servido en pocillo. Probé changua al desayuno, disfruté el típico ajiaco santafereño, la sopa de mute, el peto (que es la mazamorra nuestra, porque allá mazamorra es una sopa) y le cogí gusto al cocido, un estofado de origen chibcha que lleva carne de res, papa criolla, frijoles verdes, habas y unos tubérculos propios de la sabana, cubios y chuguas.

Idénticas experiencias tendrá todo aquel que comparta su vida con una persona de otra región del país, o del mundo.

pamear@telmex.net.co

miércoles, mayo 23, 2012

Temas de ciudad.

Hace cuatro o cinco décadas el capitán Jaime Duque Grisales quiso construir un parque gigantesco en su natal Villamaría y hasta alcanzó a hacer movimientos de tierra en terrenos que ahora ocupan el barrio La Floresta y algunas empresas importantes. Una inmensa explanación con lago central prometía un lugar de recreo que traería mucho turismo al municipio, pero los políticos de entonces se atravesaron y el proyecto fue cancelado. Tiempo después construyó el parque cerca al municipio de Sopó, en Cundinamarca, y hay que ver la magnitud de esas instalaciones y la cantidad de gente que las visita.
Pues ahora parece que se repite la historia. Porque iniciaron obras en el sector de Los Cámbulos para continuar la línea del cable aéreo hasta la plaza central del vecino municipio, pero allí frenaron el proyecto debido a obstáculos legales que impiden demoler la edificación en cuyo lote está planeado construir la estación. Sin ser experto en el tema, así por encima no le veo mucho valor arquitectónico a la casa del conflicto y a sus vecinas de cuadra.
Una gran fuerza laboral de Villamaría trabaja en Manizales y está claro que es  más rápido, fácil, ágil y agradable montarse en una cabina que lo lleva en pocos minutos al sector de Fundadores, que venirse apretujado en un bus en medio del caos vehicular. Más si se tiene en cuenta que la idea es prolongar el cable hasta el sector de La Floresta, donde vive un gran porcentaje de esa población. Y aunque en la actualidad el servicio del cable le sirve sólo a quienes tienen por destino el centro de Manizales, en un futuro el transporte integrado permitirá al pasajero utilizar el mismo pasaje del cable para hacer conexión con un bus, buseta o colectivo que lo traslade al sector que requiera.
Segundo tema: el sentido común se impone por encima de cualquier cosa y por ello no es necesario ser experto en urbanismo para darse cuenta de que haber montado un call center en las bodegas donde funcionó hasta hace poco la empresa Sontec, es absolutamente descabellado. Porque si existen en la ciudad tantas edificaciones que han sido evacuadas por estar en zonas de riesgo, e infinidad de lotes donde no puede construirse por la misma razón, qué puede decirse de un edificio que ya fue afectado por una avalancha y por ello debieron desocuparlo. En la quebrada La Castrillona han adelantado trabajos de mitigación de riesgo, pero en cualquier momento se desprende otro derrumbe y ya está claro por dónde es el desfogue de ese cauce.
De milagro no debimos lamentar una tragedia cuando la avalancha derrumbó las paredes e invadió el interior de la fábrica que allí funcionaba, lo que obligó a sus dueños a abandonarla y recurrir a los seguros para salvar su inversión. Ahora me entero, por información publicada en La Patria, que el nuevo propietario adquirió el inmueble en un remate de la compañía de seguros, imagino que a muy buen precio, y ahora lo arrienda para una actividad comercial que requiere gran cantidad de empleados; porque un call center parece un panal. Entonces se pregunta uno qué entidades concedieron los permisos para remodelar ese edificio; quién autorizó que pueda destinarse a ese negocio; cómo es posible que ningún organismo de control se haya percatado de semejante despropósito; dónde está la oficina de prevención de riesgos; qué dicen Planeación, la Curaduría respectiva y en general la administración municipal. Porque se viene otra avalancha como la anterior y toca ir a recoger cadáveres a todo lo largo del cauce del río Chinchiná.
Otra cuestión que me inquieta también se relaciona con el urbanismo. Como advertí soy ignaro en estos temas y por ello quedé patidifuso al enterarme de un asunto que tiene que ver con el conjunto habitacional donde resido. Resulta que el condominio es una delicia, con vista privilegiada, áreas comunes amplias y agradables, escenarios deportivos y demás atractivos, pero como no hay felicidad completa tiene un defecto: la escasez de parqueaderos para visitantes. Entonces averiguamos con la Curaduría segunda, que concedió la licencia, y allí nos consiguieron copia de los planos donde puede verse el número de parqueaderos para visitantes que se planificaron y dónde están localizados. Grande fue nuestra sorpresa al percatarnos de que autorizaron seis de esos parqueaderos en una pequeña bahía que hay a un costado de la calle por donde se ingresa al condominio, por fuera del cerramiento de la propiedad.
Francamente no sabíamos que pudiera destinarse espacio público para uso exclusivo de particulares, lo que representa un inconveniente para la administración del conjunto porque los vigilantes no pueden responder por la seguridad de unos carros que están en la calle; además, con qué argumentos puede impedírsele a un ciudadano cualquiera que ocupe ese espacio. El actual Curador no desempeñaba el cargo cuando concedieron la licencia, pero según él es posible que el área en mención haya sido cedida por el constructor al municipio cuando adelantaron el trámite respectivo. Ahora la inquietud está en Planeación, a ver si es posible que certifiquen que el área pertenece al conjunto y entonces proceder con el cerramiento correspondiente, o de lo contrario tomar cartas en el asunto. Será que soy muy suspicaz, pero esa vaina no me gusta ni poquito.
pamear@telmex.net.co

miércoles, mayo 16, 2012

No al desarraigo.

Nada más cierto que lo mejor de cualquier paseo es volver a la casa. Puede ser a una finca durante el fin de semana, a unas vacaciones en Cartagena, al viaje de los sueños por Europa, un safari en África o un recorrido por el sureste asiático, pero llegar de nuevo a su querencia natural, dormir en la cama con su almohada preferida, entrar al baño propio y encontrar las cosas personales en su lugar, no tiene precio. Así se aloje en un hotel de lujo en cualquier rincón del planeta, siempre va a extrañar el cajón de su nochero con el despertador, las gafitas para ver de cerca, el libro de turno, el cortaúñas, el radio y su audífono, el control remoto del televisor, las pastillas de antes de acostarse, el lapicero para el crucigrama y demás trebejos que acumulamos.


Uno nunca debe decir de esa agua no beberé, porque la vida da muchas vueltas y no sabemos dónde iremos a parar, pero espero terminar mis días en esta tierra que me vio nacer. Sin ser regionalista ni demeritar otros lugares, porque es natural que cada persona piense igual de su terruño, encuentro mi ciudad perfecta para vivir. Otras capitales pueden ofrecer mejores oportunidades, variada oferta cultural, mayor desarrollo urbano, más restaurantes, comercios y muchos otros atractivos, pero para mi gusto nada como la tranquilidad. Aquí todo es fácil, cerquita, barato, agradable y aunque también hay bandidos y atracadores, al menos no vivimos esa paranoia tan común en otras ciudades.

Leí que en Japón experimentan un nuevo método de educación que busca preparar a los jóvenes para que sean ciudadanos del mundo, sin apegos por la tierra natal, su historia, símbolos patrios, cultura, ancestros, etc. Personas que crezcan sin un lugar que las amarren, que no conozcan la nostalgia y se sientan en casa sin importar el país que habiten. Ellos no tendrán una lengua madre y por el contrario dominarán varios idiomas, aprenderán a conocer otras culturas y costumbres, para que puedan desempeñarse con éxito en el continente donde decidan arraigarse. Además, no sentirán esa gusanera (léase nostalgia, morriña, saudade) que nos mortifica a los mortales cuando estamos lejos de la tierra que nos vio nacer.

Lo que les faltaba a los nipones. Aparte de que en la actualidad enfrentan un grave problema por la generalizada adicción al trabajo, ahora quieren desarraigar a las nuevas generaciones para que sean ciudadanos del mundo. A lo mejor se debe a que ya no caben en la estrecha isla y buscan así acomodar un buen porcentaje de su población en el exterior, donde siempre serán vistos como foráneos por su fisonomía particular y forma de ser, la cual en gran medida no se adquiere en las aulas sino que viene en la sangre, en los cromosomas. Ya quisiera ver a un japonés que se quiera hacer pasar por oriundo de Guapi o de Yarumal.

Opino que la personalidad de un individuo tiene mucho que ver con su origen, el entorno en el que creció, su prosapia, los principios que le inculcaron, la cultura, costumbres y demás características que diferencian su terruño de los demás. Por ello me preocupa la metodología aplicada en algunos colegios bilingües donde el alumnado celebra fiestas foráneas como San Valentín, el 4 de julio, acción de gracias, etc., y poco conocen las concernientes a nuestro país. Infantes que crecen influenciados por el imperio del norte, hasta llegar a decir lo que le oí a una niña de 13 años que soñaba en voz alta con pertenecer a la cultura gringa, vivir allá, comportarse como ellos. Poco le importa a esa menor conocer las regiones de Colombia, compartir con sus gentes, disfrutar los platos típicos o enterarse de las características de cada zona.

Me da escaramucia el solo pensar en vivir en el extranjero. Soy de los que se va a un paseo a la costa y aunque mientras esté allá prefiero los platos típicos de la región, en el viaje de regreso me babeo por una arepa con mantequilla y queso, unos frijolitos y toda esa comida casera que tanto me gusta. Qué tal entonces yo en Suecia o en Singapur, o para no ir muy lejos en Estados Unidos, donde las costumbres gastronómicas son tan diferentes a las nuestras. Imagino que a los pocos meses estaré a punto de colgarme de una lámpara, porque aunque dicen que el hombre es un animal de costumbres, la nostalgia se me va a alborotar cada que deba enfrentarme a un plato insípido y desabrido.

Aunque creo que lo que más extrañaría sería la amabilidad de nuestra gente. Aquí estamos acostumbrados a que las demás personas nos miren a la cara, nos regalen una sonrisa y un saludo. Además soy de los que le entabla conversación a quien me acompaña en el ascensor, al vecino mientras espero el turno en el banco, a quien cuida carros o a cualquier desconocido que me tope en la calle. Una gran mayoría de nuestra gente es amable, simpática, amistosa y en muchas partes lo conocen a uno por el nombre. Esa actitud y ese comportamiento no se ve en otras latitudes, donde no lo voltean a mirar a uno ni para escupirlo. De pronto para regañarlo o pordebajiarlo.

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martes, mayo 08, 2012

Estribillos y entretenciones.

Cuando oigo las canciones de cuna modernas me pierdo, porque no se parecen en nada a las que conocí durante mi niñez o a las utilizadas con mi hijo, que como a tantos bebés había que arrullarlo para que se durmiera. Debíamos repetirle como loras tonadas que decían cucú cucú cantaba la rana, la iguana tomaba café o Samy el heladero. También estaban las canciones que le enseñaban en Experiencias, la guardería, lo cual por cierto me parecía admirable porque el muchachito llegaba todos los días con una nueva. Y además le revolvíamos algunas de nuestra época para mantenerlas vivas y vigentes, porque ellas también forman parte de la tradición oral.


En vista de que durante nuestra niñez teníamos tan pocas entretenciones, más si comparamos ahora que los infantes disponen de todo tipo de aparatos electrónicos, juguetes sofisticados, juegos de mesa, etc., debíamos recurrir a diversiones inocentes y sencillas que transcurrían muchas veces alrededor de esos estribillos que fueron tan conocidos. Una de las primeras actividades en la que participaba un bebé que recién había aprendido a caminar, era un círculo que se formaba entre varios niños y que al empezar a girar cantaban en coro: a la rueda rueda de pan y canela, tómate tú Milo y vete pa la escuela, si no quieres ir, ¡acuéstate a dormir! Y en ese momento todos se acurrucaban.

Ya más grandecitos, el programa era salir a la calle a entretenernos con los hermanos y los amigos del barrio con los diferentes juegos que se acostumbraban entonces, como chucha o la lleva, guerra libertadora, cuclí o escondidijo, estatua, trompo, balero, canicas, un picao de fútbol y muchos otros que se me escapan. Pero como para algunos juegos era necesario formar dos grupos de participantes, además de rifar para ver cuál equipo empezaba, lo que hacíamos era utilizar ciertos estribillos que servían para escoger a una persona entre varias.

Tal vez el más popular era el tin marín, pero al no poder recordar cómo decía en su totalidad, recurrí a Google y me di cuenta de que lo conocen en muchos países del continente, aunque con cambios significativos. Y la verdad es que el estribillo varía según la ciudad, el barrio y hasta el círculo familiar y de allegados de cada persona. Creo que el que conocí nació de la dificultad para descubrir al que soltaba un pedo clandestino, y entonces el líder del grupo empezaba a señalar a cada uno de los presentes mientras decía: tin marín de dos pingüé, cúcuru mácara, títere-e, ese cochino marrano fue. Y el último que enfrentaba el dedo acusador debía cargar con la culpa ajena, porque con seguridad el infractor era el mandamás de la gallada. Claro que en esos casos también era habitual que al que prendía las alarmas, le devolvían la pelota al decirle: el que primero lo siente, debajo lo tiene.

En todo caso el tin marín se utilizó por nosotros para escoger miembros de los equipos que se enfrentarían por ejemplo en una guerra libertadora, aunque había otras opciones como la que decía: Don Pepito el bandolero, se metió entre un sombrero, el sombrero era de paja, se metió entre una caja, la caja era de cartón, se metió entre un cajón, el cajón era de vino, se metió entre un pepino, el pepino maduró y don Pe-pi-to se sal-vó (las últimas sílabas se recitaba despacio, y de una en una, para darle mayor dramatismo a la escogencia).

Para seleccionar los jugadores de un picadito de fútbol, en el que las porterías se demarcaban con los libros del colegio y los sacos, se acostumbraba el pico y monto. Los capitanes de ambos equipos, y seguro el dueño del balón era uno de ellos, se paraban uno frente al otro y a varios metros de distancia, y empezaban a recorrer el espacio, por turnos, al poner un pie delante del otro; además, mientras el uno decía pico, el otro respondía monto. Así, el que primero pisaba al contrincante escogía. En béisbol el sorteo era con las manos y el bate.

Para hacer un case con el compañero trabábamos los dedos meñiques, y con tres movimientos fuertes de los brazos, sellábamos el pacto así: case que case, no se descase, campanas de hierro, por un caminito, derecho al infierno (creo que se refería al castigo que recibiría quien incumpliera su palabra). También recuerdo que cuando veíamos televisión y alguno se paraba para ir al baño, de inmediato le quitaban el puesto y al hacer el reclamo, simplemente le decíamos: el que se va pa Sevilla, pierde su silla. Y al que se atravesaba ante la pantalla le preguntábamos: oiga, ¿su papá hace botellas?

En los paseos del colegio, quienes viajábamos en la banca de atrás del bus les refregábamos a los más juiciosos, que siempre iban adelante con el profesor: que canten, que canten, los burros de adelante. Al jugar chucha o la lleva, quien lograba llegar al tapo gritaba: tapo la olla con agua y cebolla; mientras que en el escondite, al que le tocaba contar, advertía antes de salir a buscar: cuclí, cuclí, al que lo vi lo vi, y al que esté detrás de mí, no se vale.

Ahora me pregunto cómo les parecerán de ridículas todas estas actividades a los muchachitos actuales.

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jueves, mayo 03, 2012

Angustia invernal.

A lo mejor la memoria me falla, pero no recuerdo que en los tantos inviernos que he soportado durante mi vida, excepto el más reciente que se desarrolló a finales del año pasado y principios de este, tuviéramos que vivir en vilo ante la posibilidad de quedarnos sin algunos servicios públicos por culpa de los derrumbes y las avalanchas. Tampoco ha sido común que se produzcan cortes de agua por la turbiedad que presentan las fuentes, algo que ahora es tan frecuente. Alguien se entera de que van a cortar el agua y empieza a cundir el pánico al cruzarse las llamadas de advertencia, y uno se pregunta si fue que chorreó lo que falta de La Marmolera y arrasó con la planta del acueducto, o si la avalancha fue tan grande que subió hasta los veinte metros donde cuelgan ahora los tubos de conducción. Por otro lado hacemos fuerza para que no se friegue otra vez la tubería que nos trae el gas desde el Magdalena medio.
Apenas comienza la temporada invernal y ya las noticias no hablan de otra cosa. La zozobra y la angustia aumentan a medida que pasan los días y los aguaceros emparejan. Pueblos inundados, vías destruidas, campos anegados, diques rotos, miseria, destrucción, caos general. Mientras el clima sea variable y se intercalen los ratos de sol con las lluvias la situación es manejable, pero la cosa se complica cuando se rompe el cielo y pasan las horas y los días y no escampa. Entonces sabemos que empiezan los daños y los problemas.
Si algo logra bajarme el ánimo es el crudo invierno. No provoca salir, ni armar paseos, todo parece triste y apagado, la calle es lúgubre, la gente ensimismada y siempre de afán. Sobretodos, gabardinas, cuellos subidos, paraguas y chaquetones son el atuendo general, y al sentir el repiqueteo de la lluvia en la ventana rememoro al poeta De Greiff cuando rima en su Cancioncilla Gama: “Llueve tras de los vidrios (bogotana lluvia, si no en mi corazón): es la aburrida lluvia cotidiana, de Bacatá, de Pasto o de Sonsón. En la tarde, en la noche, en la mañana llueve con qué insistencia y qué tesón…”. El frío intenso y el mal tiempo sólo invitan a tomarse un chocolate caliente antes de meterse dentro de las cobijas a esperar que se aclimaten los pies. ¡Qué jartera!
Alcancé a viajar por carretera antes de que comenzara el invierno y quedé descorazonado al ver que ni siquiera alcanzaron a reparar los daños producidos por la anterior temporada de lluvias. En los primeros veinte kilómetros de la carretera que nos comunica con Mariquita, aunque hay muchos frentes de trabajo y se nota la inversión, la secuencia de derrumbes y de pasos restringidos hacen del recorrido una odisea, y ni hablar cuando llueve y empieza a chorrear barro por los taludes. Se le mueren las lombrices al más varón. Desde La Margarita hasta unos kilómetros después del Doce la vía fue renovada; amplia, bien demarcada y con excelentes obras civiles, mejoras que esperamos tener en un futuro próximo para todo el recorrido.
La carretera Honda-Guaduas parece que no tiene solución, aunque desde hace varios años prefiero viajar por Cambao para ir a Bogotá. Claro que cruzar del antiguo Armero a Cambao es un viacrucis por la cantidad y el tamaño de los huecos; es una vía rápida por estar en el valle, pero si el vehículo cae a un cráter de ésos se destruyen las llantas y la suspensión. Después de Cambao empieza el ascenso a Vianí por una calzada sinuosa y estrecha, pero sin tráfico pesado, lo que evita el estrés de perseguir tractomulas y el peligro que representa adelantarlas. La carretera sigue por Bituima, Guayabal de Síquima y llega hasta Albán, muy cerca ya de la sabana, y puedo decir que a esa vía le quedan meses de vida. No alcanzaron a hacer nada después del anterior invierno y los negativos, fallas geológicas, derrumbes sin evacuar, etc., son incontables, y al transitarla queda uno convencido de que al gobierno nunca le va a alcanzar la plata para arreglarla. Más si se trata de una vía secundaria.
También alcanzamos a visitar la ciénaga de Ayapel durante la Semana Santa y ya empieza el río Cauca a entrar con fuerza por los caños. En las casas del pueblo puede verse la marca que dejó la recién superada inundación y por ejemplo en donde se aprovisionan de combustible los vehículos acuáticos, debieron subir los surtidores en unas especies de bases de por lo menos un metro de altura para enfrentar lo que se viene. Muchos lugareños viven del turismo y cuando el agua invade la región quedan desamparados; todo tipo de comercios, pescadores, empleados de las casas de recreo, artesanos, lancheros, etc., derivan el sustento diario de los diversos servicios que prestan a los visitantes.
Algo que impacta es el daño ecológico que representa la cantidad de árboles que sufrieron por la inundación. Por lo menos el 80% quedaron convertidos en chamizos, la mayoría muertos, lo que obliga a viajar muy lejos para lograr ver los micos y demás especies salvajes que abunda en ese paradisíaco lugar. Ojalá el Fenómeno de la Niña nos dé un respiro y el clima se normalice, porque si no…
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