jueves, octubre 16, 2014

Lista de mandados (I).

Uno de los mayores sueños de cualquier adolescente es llegar a la edad en que pueda tramitar su licencia de conducción. Es común que los infantes pidan al papá que les deje llevar el timón cuando recorren una vía terciaria, después quieren meter los cambios y por último se acomodan con un cojín y estirándose al máximo tratan de manejar el carro, así sea por unos pocos metros. Mientras se presenta el chance de dar una palomita al timón el muchachito pregunta todo lo referente al funcionamiento del vehículo, por qué necesita gasolina, cómo opera la caja de cambios, cuánta velocidad puede alcanzar, dónde se enfría el aire acondicionado y demás inquietudes por el estilo.

Ahora la ley exige adelantar un curso de conducción donde deben cumplirse cierta cantidad de horas al volante, para después recibir la licencia así el aspirante esté runcho en la materia; y como todo lo nuestro, le dicen al novel conductor que debe volver después para recibir las clases teóricas. Como es lógico ninguno acata esa orden y por ello se quedan sin saber acerca de señales de tránsito, normas en las vías, responsabilidades del conductor y demás minucias. En cambio nosotros aprendimos desde la pubertad porque mi mamá necesitaba ayuda con la cantidad de mandados que resultaban a diario en la casa; entonces no había tecnología y electrodomésticos, muebles y demás trebejos se dañaban con regularidad.

Recuerdo que aprendimos en el viejo DeSoto por las noches, yo apenas alcanzaba los pedales, acolitados por mi mamá y aprovechando que mi papá llamaba a decir que se demoraba. Con mi hermano Felipe, un año mayor, cogíamos la Paralela que entonces era una vía ancha con frondosos Urapanes a los costados; nos turnábamos al timón mientras el acompañante hacía críticas y correctivos. Los policías de tránsito eran muy pocos y solo operaban de día y en el centro, y un permiso de conducción se conseguía por unos pocos pesos en la oficina del Tránsito que quedaba en el Edificio de La Licorera, por la carrera 20. En cuanto a mandados cada familia tenía sus preferencias, y hago una lista de los más comunes que se ofrecían en mi casa; además la forma como mi madre hacía las recomendaciones del caso.

A ver mijo, lo primero es que cambie este cheque porque estoy sin un peso. Vaya a la bomba Palogrande y le dice a Manuelito; si le pone pereque, entre a la oficina que Mercedes Ángel le hace el favor. Si es verdad que no tienen, le toca ir primero al centro y arrimar a La Colmena, que ahí Toño y Josefina siempre mantienen efectivo. Espere ma, le digo una cosa, cuando termine de hacer los mandados me presta el carro porque… Ya le dije que sí, no friegue más y arranque de una vez. Pero es que después sale uno de mis hermanos con que mi apá se lo había prometido a él y… Que no, es que no entiende o qué; el carro es para usted pero primero me hace las vueltas. Listo, pero me da paladita porque uno con carro pero sin plata…

Bueno, como va a empezar por el centro vaya al almacén Artístico y le dice a Evelio que si está listo un trabajito que le encargó su papá hace días. Seguro él no se acuerda, por lo que le toca entrar hasta el taller de marquetería y buscar dos acuarelas de Teodoro Jaramillo; ¿se acuerda?, unas que estaban colgadas en el corredor. Fíjese que estén bien enmarcadas y se las trae, y a Evelio que después arregle con su papá. Y no se demore allá, porque me parece verlo embobado en esa vitrina antojándose de lo que vendan.

Después le lleva este paño a don Carlos Aldaz, pero acuérdese que él ya no está al lado del edificio San Vicente; desde hace días cerró La Quinta Avenida y ahora tiene la sastrería en la casa. Busque usted en el cuaderno las medidas que le tomó a su hermanito y dígale que es para el pantalón que le va a hacer para la Primera Comunión; él ya está muy turulato y después quién sabe con qué me sale. Y adviértale que lo necesito para el otro sábado. Amá, pero es que me da tentación de risa desde que fui allá chiquito y como el viejo tiene ese tic que parece negando a toda hora, le pregunté por qué no me quería hacer el uniforme; a usted también le dio un ataque de risa y nos tuvimos que ir para La Ecuatoriana. No mijito, deje la bobada que usted ya está muy grande; haga la vuelta que yo no tengo tiempo de ir hasta allá.

Espere ma, recuérdeme dónde es que vive ese cucho. Ponga cuidado: por la carrera 25, media cuadra antes del colegio Nuestra Señora. Sí, ya me acuerdo, al frente del cenadero de Chila. Exacto; luego arrime donde Ovidio y le dice que lo quiero ahorcar. Que si es que la plata mía no vale o qué; desde hace seis meses le mandé a pintar dos mesas de noche y esta es la hora en que no las tiene listas. Adviértale que la semana entrante voy por ellas y que más le vale cumplirme, porque no respondo.

viernes, septiembre 05, 2014

Seguro se confundió.

En la Grecia antigua los actores de teatro utilizaban máscaras, llamadas entonces personas, para reflejar la característica del rol que representaban: tristeza, alegría, ferocidad, asombro, malicia y demás estados anímicos. Después la palabra pasó a referirse a los ciudadanos con derechos, contrario a los esclavos que no eran considerados personas. Del mismo vocablo viene personalidad, que identifica las características de cada ser humano en su forma de pensar y de comportarse; así como en lo físico cada persona es única e irremplazable, la personalidad cumple con esa misma condición. Durante nuestra existencia sufrimos algunos cambios conductuales, pero al llegar a la madurez lo normal es que tengamos definido cómo somos y cómo nos comportamos.

Para mayor claridad cada quien puede exponer ciertas conductas que no van con su forma de ser o sus gustos, sin decirlo de una manera definitiva, porque es prudente tener claro que la vida es larga y nunca se sabe qué puede suceder. En mi caso refiero algunos patrones de lo que definitivamente no me gusta, para que si alguien sospecha haberme visto en una situación determinada, sepa que me confundió con otro porque son mínimas las posibilidades de que yo estuviera en tal escenario.

Por ejemplo si creen reconocerme en las afueras de un restaurante mientras hago fila para esperar que desocupen una mesa, no hay peligro de que sea yo. Es de las cosas que más detesto cuando visito Bogotá, donde es común ver el fenómeno, porque opino que fila para comer se hace en la cárcel o en un hospicio, pero mientras sea pagando no me le mido a esa humillación; con el mal genio que produce el hambre, para prestarse uno a semejante absurdo. Menos todavía si esa persona asegura que yo, para matar el tiempo durante la espera, leía concentrado un libro de Paulo Coelho; no le jalo a esas lecturas espirituales o de ayuda personal porque solo dicen cosas que la gente quiere oír, las mismas que no logran deducir por mantener el cerebro en vacaciones.

No existe posibilidad de que alguien se tope conmigo en la sala de espera de una bruja de esas que adivinan el futuro o donde un astrólogo de los que hacen la Carta Astral. Nunca podrá un fulano convencerme de que Marte o Saturno influyen en mi personalidad y suerte futura; con lo lejos que están esos planetas. Tampoco le como cuento a sanadores, quirománticos y demás vividores; si esos personajillos tuvieran ese don maravilloso, no trabajarían de sol a sol atendiendo incautos. Es fácil deducir que si alguien sabe lo que sucederá mañana, se gana el Baloto y a rascarse la barriga.

Me confunden con otro si creen verme en unos retiros espirituales o en trance con los brazos en alto mientras entono salmos en una celebración religiosa. Hace mucho tiempo descubrí que no necesito intermediarios para manejar mi espiritualidad, cuando fui consciente de que ella está en la mente de cada ser humano y por lo tanto es única y personal. Tampoco hay riesgo de toparse conmigo en un coctel político o cualquier otro evento donde pululen los lagartos; no me atan intereses económicos con nadie, ni debo favores y tampoco tengo compromisos de ningún tipo.  

Está equivocado quien asegure haberme visto pasear un perrito faldero, mientras espero que haga popó para recogerle la caca. ¡Ni muerto! Mucho menos si el chandoso tiene moños en las orejas y está vestido con pinta dominguera. O el que jure que yo estaba en una tienda de discos en la sección de pop latino y que no podía decidirme entre Ricky Martin y Enrique Iglesias. Tampoco me verán nunca en un velorio o en el entierro de alguien, porque he dicho reiteradamente que al único que pienso ir es al mío, y eso porque toca.      

Es remota la posibilidad de que me vean en un concierto de cualquier tipo, y menos aún si es de música del despecho, regetón o salsa; o en un centro comercial mirando vitrinas a ver de qué me antojo; o en un Mac Donalds enfrentado a un súper combo con hamburguesa doble carne, papas fritas y un litro de gaseosa; o en una película del estilo de Sherk, El Hombre Araña, Avatar, Robocop, Transformers y demás pendejadas. Me confunden si quien creen que soy está reunido con otras personas y se dedica a chatear o a hacer y recibir llamadas por el teléfono celular; para eso los aparatos modernos guardan la información de quién nos solicita, para llamarlo apenas nos desocupemos.

Conmigo es más fácil que se topen un domingo por la tarde en Chipre, mientras disfruto del paisaje y veo desfilar gente de todos los pelambres; o en el restaurante Mogollón a punto de despachar una chuleta de cerdo; y pueden confirmar mi identidad si en una fiesta me oyen comentarle al mesero que reparte copas de champaña, que si tendrá mejor un aguardientico por ahí. Soy de lavar y planchar, sencillo y sangriliviano, poco asiduo a sitios elegantes y en cambio disfruto pasear en carro y visitar los mecatiaderos de Manizales y sus alrededores. Y si alguien asegura que yo estaba dándole vueltas a la cancha del estadio al trote a las cinco de la mañana, ese sí que se pifió. Yo nunca madrugo.

Excelente opción, pero…

Desde que Bogotá optó por Transmilenio muchas ciudades del país siguieron el ejemplo, porque definitivamente la congestión vehicular es un mal general. El desorden vial representa demoras en el desplazamiento de los ciudadanos, lo que además les causa perjuicios, estrés y mal genio. Ni qué decir de la contaminación, el ruido intenso, desorden, anarquía de conductores irresponsables, peligro para los peatones, depravados y ladrones que aprovechan los tumultos, y tantos factores que convierten el traslado diario en una pesadilla para los usuarios.

El alcalde Peñaloza implementó los buses articulados para descongestionar la capital, pero la inoperancia de posteriores administraciones que no siguieron el plan establecido de crecimiento causó la saturación del sistema y por ello está a punto de colapsar, ya que no da abasto ante la alta demanda de pasajeros. En otras ciudades como Pereira metieron el carril exclusivo para el transporte masivo a las malas, porque no cabía, y por ello el tránsito del resto de vehículos es aún más caótico debido a que el espacio para transitar es mínimo; supe que en Bucaramanga sucede algo similar.

En nuestra ciudad empiezan a prenderse las alarmas por el asunto de la congestión vehicular, sobre todo a ciertas horas y en determinadas zonas donde los atascos son cada vez más comunes. Circulan demasiados vehículos y las vías son obsoletas e insuficientes; y el solo hecho de buscar un sitio para parquear es toda una odisea. La solución para muchos es que la gente no use el vehículo particular y se desplace en transporte público, pero son pocos los que optan por dejar el carro entre el garaje para irse a una esquina a esperar la buseta que los lleve a su destino, la que además debe tener cupo disponible. Oscuro panorama para una ciudad como la nuestra que no tiene posibilidad a la vista de contar con un sistema de transporte masivo.

Porque mientras en otras capitales implementan esa modalidad, en unas mejor que en otras, aquí es imposible sacarle a cualquier avenida un carril exclusivo para el transporte masivo; ninguna puede darse el lujo de ceder siquiera un metro de espacio. Pensar en un sistema de metro es utópico, porque tendría que ser aéreo o subterráneo y la topografía de la ciudad demandaría una inversión inalcanzable para nuestro presupuesto. Sin embargo, ahí está la solución a la vista y parece que a nadie le interesara implementarla para el resto de la ciudad. Me refiero al cable aéreo que nos comunica con el vecino municipio.

Acostumbro ir a comer chorizos a Villamaría y ahora descubrí una forma deliciosa de desplazarme hasta allá. Con un grupo de amigos dejamos el carro en un parqueadero a media cuadra de la estación del cable de Fundadores, procedemos a comprar en la taquilla los tiquetes de ida y regreso de una vez, hacemos la fila y en pocos minutos abordamos la góndola que nos lleva hasta la estación de Los Cámbulos. Allí hacemos trasbordo a otra góndola que en pocos minutos nos deja en el parque central del pueblo. Es viernes al caer la tarde y las calles están llenas de gente, chalanes que pasean en sus caballos, venta de mazorcas asadas, en un jeep Willis improvisado como café ofrecen deliciosas variedades de la bebida, ventorrillos y demás atractivos hacen que el ambiente parezca de feria.

Escogemos mesa en un bar localizado en el marco de la plaza, en la parte exterior para poder ver todo lo que sucede alrededor. Música maravillosa, Ron Viejo de Caldas y buena atención, hacen del momento algo inolvidable. Al rato pedimos que nos guarden la mesa, con botella incluida, mientras vamos a comer chorizos en un negocio familiar localizado a cuadra y media de la plaza, donde además venden unas empanadas deliciosas. De regreso al bar, satisfechos y alegres, nos preguntamos por qué hemos viajado a pueblos lejanos a hacer ese mismo programa, con los costos que ello representa, si tenemos a la mano uno de idénticas características.

Al regresar en el cable comentamos por qué Manizales no implementa el servicio para las diferentes zonas, si lo único que tiene son ventajas. Rápido, cómodo, no produce contaminación, silencioso, sin congestiones, con una vista espectacular, atrae turismo y muchos otros beneficios. Qué tal una red con estaciones en diferentes sectores de la ciudad, con ramales que sirvan además a lugares retirados como La Enea, El Tablazo, La Linda, Morrogacho o La Florida. Eso sí, deben implementar el sistema de buses alimentadores porque me dicen personas que viven en Villamaría en sectores como La Pradera, alejados del centro, que mientras no existan esos buses ellos no pueden usar el cable por la imposibilidad de pagar dos pasajes.

Por alguna razón el tema no está siquiera sobre la mesa y he oído decir que se trata de los transportadores, quienes patrocinan las campañas para el Concejo Municipal y de esa manera se aseguran de que la iniciativa no tenga futuro. Nos queda la opción de votar por el candidato a la alcaldía que se comprometa a construir siquiera dos líneas nuevas, y así en adelante hasta que la red cubra toda la ciudad. Muchos me tildarán de soñador y no les falta razón, porque si no funciona el de Los Yarumos con toda esa infraestructura sin estrenar…

Historia de muerte y destrucción.

Se cumplen cien años del inicio de la llamada Gran guerra, un conflicto que involucró a muchos países y cuyas consecuencias se sintieron en todo el planeta. A pesar de la hecatombe vivida, veintiún años después estalla la Segunda guerra mundial, una confrontación con actores similares pero con las aparición de Adolfo Hitler, un hombre que marcó la historia de la humanidad; obsesionado por vengar la humillación sufrida por Alemania al firmar el Armisticio que puso punto final a la Primera guerra, creó El tercer Reich, un imperio que dominaría al mundo durante mil años.

Mucho se ha escrito sobre las guerras mundiales, existen infinidad de películas y documentales, entre ellos una serie de History Channel con motivo del aniversario, donde de una manera sencilla resume lo sucedido en ambos conflictos. Respecto a la Gran guerra leí el libro ¨La caída de los gigantes¨, de Ken Follett, en el que en un estilo novelado involucra personajes de los países que participaron en ella y de una manera magistral entrelaza sus vidas al final de la confrontación; militares, obreros rasos, políticos, espías, mandatarios, aristócratas y gentes del común lo protagonizan.

El relato se remonta a unos años antes de iniciar la conflagración y así pone al lector en contexto de lo que sucedía en cada uno de los países en ese momento de la historia. En Inglaterra los mineros exigían derechos y empezaban los amagos de rebelión, ante la mirada indolente de unos pocos privilegiados que habían disfrutado por derecho propio durante siglos las rentas de extensos territorios; las mujeres luchaban por el derecho al voto, pues aspiraban a tener salarios justos y mejores oportunidades. Los Estados Unidos enfrentaban una guerra limítrofe con México, al que por cierto robaron gran parte de su territorio. Los rusos vivían en un polvorín a punto de explotar debido a la desigualdad, mientras el zar y su corte gozaban de unas prerrogativas absurdas. En Alemania el espíritu guerrerista hacía prever una movilización inminente, mientras los franceses expectantes observaban el desarrollo de los acontecimientos.

Esa gran hecatombe se caracterizó por la guerra de trincheras y fue en territorio francés donde se enfrentaron durante años ambos ejércitos en una lucha irracional y desgastante, en la cual murieron miles de jóvenes bajo el fuego de obuses y ametralladoras; además aparecieron las primeras armas químicas. Las trincheras eran trampas mortales infectadas de ratas, en unas condiciones infrahumanas por el barro, el frío y la inminencia de la muerte. En el frente occidental los rusos combatían mientras en ese país se fraguaba la revolución que llevó a los bolcheviques al poder antes de que terminara la guerra. También hubo enfrentamientos en el norte de África, el Cáucaso, en medio Oriente y muchos otros países de Europa, y cuatro imperios desaparecieron al finalizar el conflicto: el alemán, el ruso, el austrohúngaro y el otomano.  

De la segunda guerra mundial conocía algo de lo sucedido en Europa occidental, pero al leer el libro ¨Tierras de sangre¨ de Timothy Snyder supe que la mayor carnicería sucedió al este, donde Stalin y Hitler causaron la muerte de catorce millones de personas entre 1933 y 1945. Polonia, Bielorrusia, Ucrania y los países bálticos vivieron una pesadilla difícil de imaginar, primero por las hambrunas causadas por la implantación del comunismo en la naciente Unión Soviética, los gulags y las purgas estalinistas. Después por el pacto Molotov-Ribbentrop, el cuál rompieron los alemanes dando inicio a una confrontación que narra con detalle el escritor en su libro.

Entendí un poco lo que sucede con el conflicto entre palestinos e israelitas al leer ¨Dispara, yo ya estoy muerto¨, de Julia Navarro, un ameno relato que muestra a varias generaciones de personajes de ambos pueblos que compartieron en armonía ese territorio durante mucho tiempo. Allí llegaron judíos que huyeron de tantas persecuciones sufridas en Europa y Asia a través de los siglos, donde los estigmatizaron, humillaron y despojaron de sus bienes, además de aniquilarlos; un ejemplo fueron los temibles pogromos. Terminada la segunda guerra mundial muchos sobrevivientes judíos decidieron radicarse en Palestina, donde gracias a su poder económico compraron tierras para instalarse.

A principios del siglo XX el territorio estaba bajo dominio otomano, pero después de la primera guerra pasó a manos de los ingleses. Aproximadamente en 1920 se presentan las primeras escaramuzas de un conflicto que no parece tener solución. Ambos pueblos ocupan esas tierras desde hace milenios, pero con la declaración del Estado de Israel por la ONU en 1947 los judíos del mundo por fin encontraron un territorio propio. Palestinos y árabes en general recibieron esa decisión como una afrenta y desde entonces los han combatido sin descanso, pero encontraron un pueblo aguerrido que defiende su derecho con ahínco; varias guerras los han enfrentado y siempre ganaron los israelitas, a pesar de una descomunal desventaja numérica.  

Es innato en el ser humano unirse a la causa del débil, en este caso los palestinos, pero detrás del conflicto existe una larga historia de odios, terrorismo y muerte. La guerra es abominable y nadie quiere ver niños destrozados por las bombas, pero el Hamás acosó a sus vecinos hasta que las circunstancias no les dejaron otra opción. El mundo entero espera que ambos bandos entren en razón y pongan fin a esa demencial carnicería.

Recomendaciones.

El pensionado que deja de trabajar enfrenta una situación difícil de manejar, porque después de tantos años de mantener una rutina diaria con horarios y responsabilidades se encuentra de un momento a otro sin nada para hacer, y así el día se le hace eterno. Aunque cuente con recursos económicos para dedicarse a viajar, a visitar propiedades o a cualquier otra ocupación, siempre le sobrará tiempo y en muchos casos ese cambio brusco de actividad va a generarle angustia y depresión. Ahí es cuando el sujeto se convierte en el mandadero de la familia y todas las mañanas le encargan algo del supermercado para que se largue y no estorbe mientras arreglan la casa; por la tarde a pagar facturas, cobrar la pensión, buscar un repuesto para el inodoro y que de una vez se quede en algún café entretenido con los amigos. Lo que sea con tal de no tenerlo que aguantar en la casa poniendo pereque.

En cambio quien tiene la sana costumbre de leer cuenta con la mejor compañía, además de que el tiempo pasa sin apenas notarlo. En la fila interminable del banco o mientras espera horas en un aeropuerto la lectura es la solución, porque mientras uno esté inmerso en las páginas de un libro no se entera siquiera de lo que sucede a su alrededor; una desvelada se vuelve programa si tenemos lectura en la mesa de noche. No existe la soledad si contamos con un buen texto a mano, con la ventaja que a diferencia de la televisión, la radio u otro tipo de pasatiempos, una lectura entretenida nunca cansa o empalaga. Por ello debemos inculcarle a nuestros hijos el cariño por lo libros, ya que esa costumbre debe cultivarse desde los primeros años porque no es fácil adquirirla después de viejo.

Otra opción para ocupar el tiempo es el cine, aunque muchas personas no encontramos títulos interesantes en las carteleras de las salas tradicionales; filmes que no aportan nada al espectador y cuyo éxito se mide basado en el monto de las taquillas. Por fortuna ahora contamos en Manizales con una opción que debemos apoyar y si es de nuestro agrado, ayudar a divulgarla. Se trata de Cinespiral, una casa vecina al colegio Santa Inés adecuada con tres salas de cine para una selecta audiencia, donde el común denominador son las películas de cine independiente. Una cinematografía diferente a la que ofrecen la mayoría de las salas, porque allí lo que presentan son filmes ganadores en festivales como La Berlinale, San Sebastian, Sundance, Premios Goya o Cannes.

En la página web de Cinespiral encontramos la información de cartelera, los próximos estrenos, ciclos de cine con precios promocionales para abonados, comentarios y noticias. También hay foros con los asistentes que quieran participar y en general se respira un ambiente dedicado al séptimo arte. Tienen una programación exclusiva para las diferentes edades y por ello en Cinespiral cualquier persona encuentra una película que se acomoda a su gusto.

Aunque la televisión por cable ofrece gran cantidad de canales que presentan películas y series gringas, encuentro dificultad para escoger una digerible. Por ello desde hace algún tiempo decidí buscar cine por internet, en tantas páginas que hay disponibles en la red; con la ventaja que pueden verse clásicos y películas del pasado. Basta escoger el filme, conectar la computadora al televisor y con el sonido del teatro casero, se improvisa una sala de cine en la habitación. Soy enemigo del cine comercial y en cambio disfruto el que hacen en Europa, el nuevo cine latinoamericano, interesantes producciones Indias, canadienses, chinas, japonesas, sudafricanas y en general de todos los rincones del planeta. El hecho de que la película no tenga el formato gringo ya es un aval para mí; mejor todavía cuando los actores no son estrellas rutilantes del jet set.

Ahora existe otra opción maravillosa para ocupar el tiempo, internet. Los viejos son reacios a aprender e insisten en que eso no es para ellos, pero hay que insistirles y apoyarlos para que le cojan gusto al asunto y puedan disfrutar de la magia de tener el mundo a su alcance a través de una pantalla. Muchos se ven obligados a conseguir un dispositivo electrónico para comunicarse con hijos y nietos que viven lejos de casa, ya que es la forma de sentirlos cerca al verlos en el monitor mientras conversan durante horas sin la angustia de controlar el tiempo; porque además es gratis.

Natalia convenció a la mamá de que la tecnología es primordial para su negocio de finca raíz y así logró que aprendiera a manejar un teléfono inteligente y la computadora personal. Como es lógico le costó mucho trabajo adaptarse y cierta vez que tuvieron problemas con la conexión, llamaron al servicio de asistencia telefónica del prestador del servicio de internet. La señora adaptó el cuarto de la empleada como oficina y como no tenía dónde conectar un teléfono, la hija debió trasmitir desde otra habitación las instrucciones que daba el técnico. La primera orden fue que cerrara todas las ventanas (se refería a las de Windows) y la señora se levantó, revisó en varias habitaciones que estuvieran bien ajustadas y respondió con notable molestia: Dígale que todas están cerradas, pero que yo francamente no entiendo eso qué tiene qué ver.

viernes, julio 25, 2014

Las pasiones.


No deja de deslumbrarnos la perfección del organismo humano, con esa cantidad de sistemas y de órganos que lo conforman, y todos trabajan de manera sincronizada para que las personas lleven una vida normal. Claro que mientras estamos aliviados nunca nos interesamos por saber cómo funciona esa máquina asombrosa, pero apenas presenta una falla empiezan las preguntas, el interés, el querer saber más acerca del origen de las dolencias. Es difícil determinar cuál órgano o sistema es el más perfecto, porque sería imposible decidirse entre los sistemas circulatorio, endocrino, digestivo o respiratorio; ni hablar del esqueleto y los músculos, la piel, el sistema reproductor, el linfático o el nervioso. Y qué tal los órganos de los sentidos o las maravillas que hace el hombre con sus manos.

Sin embargo el organismo de cualquier animal es igual de perfecto y ahí puede apreciarse que la capacidad de razonar nos da a los humanos la supremacía. La diferencia de nuestro ADN con el de los chimpancés es apenas del 1%, y esa pequeña ventaja está representada en la inteligencia humana. Un detalle que nos hace dueños del mundo, capaces de alcanzar unos logros que a nosotros mismos nos deslumbran. Y cualquier ser humano, si tuvo una adecuada alimentación durante sus primeros años, tiene ese don que la mayoría no aprovechamos por descuido o desidia. ¿Por qué si alguien aprendió varios idiomas, por ejemplo, no puedo hacerlo yo? Por falta de disciplina, de interés, de compromiso.

Lo grave es que utilizamos esa herramienta maravillosa de la inteligencia para cosas negativas y así aparecen las guerras, la destrucción del medio ambiente, la manipulación de los pueblos, el armamentismo, las mafias, la injusticia social, el abuso del poder, la corrupción y tantas lacras que sería imposible enumerar. Por eso los animales, a pesar de su desventaja, nos dan ejemplo con su comportamiento netamente instintivo; lealtad, solidaridad, nobleza, disciplina, obediencia. Una realidad indiscutible es que el hombre por naturaleza es bueno, pero la sociedad lo corrompe; y en los niños confundimos nobleza, honestidad, desprendimiento o ternura con inocencia.

Algo que no controlamos los humanos son las pasiones. Aunque innatas en nosotros, sin duda podemos aprovecharlas en su justa medida sin apasionamientos ni obsesiones. Cada persona tiene derecho a escoger una religión, un equipo de fútbol, un movimiento político, el nombre de sus hijos o la manera de preparar los frijoles. Lo increíble es que creemos que nuestra elección es la acertada y no toleramos que alguien piense diferente. Por ello es común que  alguien diga por ejemplo que le encanta el plátano maduro y salte otro a insistir en que es mejor el verde; y se enfrascan en una discusión interminable porque cada uno cree tener la razón, y son tan ilusos que esperan que el otro cambie de opinión al escuchar sus argumentos.

Existen temas determinados que avivan las pasiones y por lo tanto enfrentan a las personas hasta llegar al extremo de agredirse; el colmo de la insensatez, perder la vida por el fútbol, la política o la religión. En los tres casos los individuos asumen que son dueños de la razón y se olvidan de que los demás pueden preferir cosas diferentes. En la religión se presenta una intolerancia absurda porque es común que la mayoría de seguidores de un culto piensen que no existe una opción diferente a la suya y que quienes profesen otra están condenados al fuego eterno. Al menos en nuestro medio muchos se empeñan en convencer a los demás de las bondades de su fe y buscan la forma de agregarlos al redil, sin detenerse a pensar que muchos tenemos un concepto muy diferente de la espiritualidad.

Con la política sí que es espinoso el asunto. En nuestra larga violencia política han muerto miles de personas por el simple hecho de preferir un partido determinado. Por cierto, quedé preocupado en la reciente campaña presidencial porque muchos de los seguidores de uno de los candidatos no aceptaban que alguien prefiriera al otro y de inmediato lo tachaban de comunista, amigo de la guerrilla, apátrida y además imbécil. Algunos dirigentes de dicha causa le echaban china al debate, mientras los energúmenos seguidores aprovechaban las redes sociales para dar rienda suelta a su parcialidad. Me trajo a la memoria la Alemania de la década de 1930, cuando Hitler embelesó a todo un pueblo con un discurso incendiario y su nacionalsocialismo a ultranza.  

Y falta la peor de las pasiones: el fútbol. Cómo es posible que un muchacho salga para el estadio vestido con la camiseta de su equipo, y sin importar que este gane, pierda o empate, termine en la morgue. Quién puede entender ese absurdo, esa estupidez, semejante sinsentido. Ahora con las alegrías que nos dio la selección por su exitosa participación en el Mundial pudimos ver a toda una nación unida por el mismo sentimiento, algo imposible de lograr en cualquier otra circunstancia. Sin embargo al momento de celebrar la gente se enardece, pierde el sentido de la realidad, se desboca y deja aflorar su instinto salvaje. Es la estulticia es su máxima expresión.
Cuándo aprenderemos a respetar el gusto de los demás y a decir: me gusta así, prefiero aquello, escojo aquel, profeso, resuelvo, difiero, respaldo… pero sin menospreciar la escogencia de los demás. Es fácil.

Cultura general.


Imagino poder asomarme por un huequito dentro de cuatro o cinco décadas para ver cómo se comporta la sociedad de entonces. Porque sin duda estas nuevas generaciones tendrán que mostrar un comportamiento muy diferente a lo conocido hasta ahora, cuando todos sobrepasen los cincuenta años, ya que hasta la actualidad a nadie le había tocado criarse en un mundo basado en la tecnología. Hoy muchos jóvenes son sedentarios, cusumbosolos, huraños y poco sociables, porque a través de sus dispositivos electrónicos encuentran la manera de interactuar con sus semejantes. Seguro se notarán cambios significativos en la conducta de esas personas del futuro.

El mundo moderno ha encausado a los seres humanos a buscar el éxito profesional como la única meta a alcanzar, sin preocuparse de ningún otro tipo de conocimientos ni habilidades. Los jóvenes estudian hasta el cansancio y el triunfador es aquel que recibe el salario más abultado, sin importar que sea una persona vacía e ignorante en cualquier otra disciplina que no tenga que ver son su especialidad. Impresiona ver a un yupi que desempeña un alto cargo ejecutivo y ni siquiera sabe escribir; desconoce la ortografía y aún más la redacción, puntuación o sintaxis. El léxico que maneja da grima y no sabe lo que es cultura general, porque nunca ha leído un libro diferente a los que exige su profesión.

Un ejemplo de ese cambio puede verse en los médicos. Hoy, debido a los desbocados avances en ciencia y tecnología solo les queda tiempo para mantenerse al día en conocimientos, porque a diario aparecen nuevos medicamentos, prácticas quirúrgicas, protocolos y avances en radiología que facilitan los diagnósticos, todo lo cual deben estudiar y aprender a interpretar; también reciben avalanchas de información desde todos los rincones del planeta. Muy diferentes aquellos galenos de antaño que acudían todos a los mismos textos, con algunas excepciones de revistas y publicaciones que llegaban del exterior, y por lo tanto basaban sus diagnósticos en el trato directo con el paciente, el tacto, los síntomas, la experiencia; lo que llaman ojo clínico.

Además esos facultativos tenían tiempo para la lectura y muchos fueron verdaderos científicos, reconocidos escritores, intelectuales, investigadores; algunos dominaban varios idiomas, que aprendían por su cuenta, y otros eran además artistas -músicos, cantantes, escultores, pintores-, y les quedaba tiempo para otras distracciones. Regentaban familias numerosas, poseían finca y la manejaban ellos mismos, pertenecían a obras de beneficencia, tenían una vida social activa, eran cívicos y algunos le jalaban a la política. Lo más increíble es que al terminar el día hacían visitas a domicilio y en todas partes les ofrecían comida y trago; de manera que con regularidad llegaban a la casa jinchos de la perra y era común la obesidad entre ellos.

En cambio ahora son mayoría los que nunca ojean un periódico, no se interesan por la actualidad, les resbala cualquier manifestación artística o cultural, son ajenos al acontecer diario y solo les interesan los chismes, tener un buen carro, hablar de plata y mantenerse pegados a toda hora del teléfono móvil. Son ignorantes absolutos y lo peor es que no les importa, y muchos aducen que para qué sirve saber tantas vainas si cuando frunzan se les borra el casete. Pues no importa cuántos títulos tenga, en qué universidades del mundo haya estudiado o cuál sea su hoja de vida, mientras una persona no lea literatura nunca tendrá una mente cultivada. Todos los libros, unos más que otros, dejan alguna enseñanza. Por ello es común que al buen lector que acumula información en su cabeza, le pregunten con cierta regularidad cuando se refiere a algún tema: ¿Y usted cómo sabe? Porque sí, es la única respuesta posible.

Pero como quien no tiene la costumbre de leer es difícil que adquiera ese gusto cuando ya es adulto, hay otras opciones de adquirir conocimientos. Por ejemplo en la televisión está el canal Señal Colombia, donde pueden verse documentales, programas culturales, de arte, ciencia, tecnología y demás temas de interés; en la televisión por cable hay canales culturales que ofrecen una programación variada e interesante. En el correo electrónico y las redes sociales circula mucha basura, pero también se encuentran cosas maravillosas que ilustran y abren la mente a temas apasionantes; artículos de prensa recomendados, noticias sobre investigaciones y descubrimientos, asuntos de ecología y medio ambiente, tradiciones y costumbres de diferentes pueblos, etc. Y que nadie diga que no le queda tiempo para esas lecturas, porque si puede pasarse varias horas al día pegado del chat y de las redes sociales…           
A propósito de los médicos de antes a quienes les alcanzaba el tiempo para todo, recordé un hecho que causó revuelo en Manizales hace varias décadas cuando un organismo de control gubernamental llegó a la ciudad para revisar los horarios de diferentes galenos que, al hacer un balance de los contratos laborales que tenían vigentes, presentaban una agenda prácticamente imposible de cumplir por cualquier profesional. Uno de los médicos cuestionados fue el doctor Raúl Vallejo y cuando alguna vez comenté el asunto con su hijo –del mismo nombre y profesión-, dijo con mucha gracia que después de ese informe en su familia no podían entender cómo su papá, con semejante carga laboral, podía llegar todos los días a las seis de la tarde a joder a la casa.

Mundial en vitrina.


Sin duda el evento con más seguidores en el planeta es el Mundial de fútbol que se celebra cada cuatro años, porque hasta en los rincones más apartados de los cinco continentes hay aficionados que siguen el certamen en televisores y demás dispositivos electrónicos. Aún en países donde el fútbol no es popular, como Australia, durante el mes que dura el campeonato la gente se interesa por los resultados y las noticias que tengan que ver con la justa mundialista; con más veras ahora que su selección consiguió un cupo entre los clasificados, sin importar que ellos prefieran el rugbi y otros deportes. En nuestro medio la tricolor nacional despierta una pasión fuera de serie y son pocos los que no se interesan por los partidos; así pude comprobarlo con el pisco que cuida carros en el centro de la ciudad.

Quiubo dotor –me saludó apenas parqueamos-, cuente pues cómo ha visto el mundial. Porque le digo que no me he perdido ni un solo partido; por fortuna cuando hay júlbol la gente sale poquito y por lo tanto el voleo disminuye. De todas maneras yo les echo un ojito a los carros, aunque la verdá cuando juega Colombia ni rateros hay en las calles. ¿Qué cómo hago pa velos? Sencillo dotor, allí en la esquina hay un almacén de eletrodomésticos y en la vitrina tienen tremendo televisor, de esos que compran los ricos, y le cuento pues que esa vaina se ve como si uno estuviera en el estadio. Como lo mantienen sin sonido, un compañero trae una grabadora lo más de chévere y escuchamos la trasmisión de radio.

El administrador que había en ese almacén era muy zalamero y jodía quisque porque hacíamos mucha bulla, le ensuciábamos el vidrio y no dejábamos dentrar a la clientela por la pelotera, pero ahora hay un man muy bacano que colabora y hasta nos regala cualesquier refrigerio de vez en cuando. Ahí me junto con vendedores ambulantes y demás personajes que trabajan en la calle, y si el partido lo merece hasta nos chupamos una amarga. También apostamos unos pesitos en una polla, porque eso le da más emoción a la vaina. Lo único es que cuando gana Colombia hay que frentiar a más de uno, porque la chusma se enloquece y quieren acabar con todo; con decile que un día me tocó rastrillar la peinilla pa espantar a unos babosos que empezaron a maquiar los carros.  

¿Cómo dice? ¡Uf!, a mí el mundial me ha parecido eselente; muchos goles y la mayoría de partidos muy emocionantes. Claro que hay que reconocer que los equipos han estao flojos, pero los salvan las figuras; porque pa qué que hay unos pelaos que son unos verriondos. O quítele usté al James, al Messi, al Neymar, al Robben o a ese tal Chaquiro a sus respetivos equipos y verá que quedan medios. En cambio el picaito del Cristiano sí no salió fue con nada; y bien mal que me cae ese zambo, que no ve la hora de meter un gol pa quitase la camiseta y mostrar la musculatura. Él sabe que las muchachas se babean, y seguro muchos dañaos también tragan saliva.   

Pero un asunto que sí no me ha gustao es la vanidá de los julbolistas. Qué tal todos preocupaos por el motilao, tatuaos hasta las orejas y con gomina en las mechas pa no despeinase. Creo que los estilistas no dan abasto porque esos vergajos deben madrugar a que les hagan el corte de moda; y a cuál más eséntrico con esas crestas espantosas, las trencitas de los negros, el pelo pintao y unos dibujos que les hacen cuando los tusan. Y dígame algo de los guayos que siempre han sido de cuero negro, todos igualitos, pero ahora les dio por una modita como muy maricona: que uno azul cielo y el otro rosaito, y el resto de unos colores que chillan de lo llamativos. Por eso debe ser que muchos no dan pie con bola, porque se preocupan más por la pinta que por el rendimiento.

En todo caso da envidia de la buena ver a esa gente allá en las tribunas, en semejante fiesta tan sobrada; y muestran disfraces muy galletas y unas viejas buenísimas. Le digo pues que a veces no sabe uno pa dónde mirar. Claro que por ahí escuché en un noticiero cuánto pagan por dentrar a un estadio y la verdá me pareció una ociosidá; yo tengo que camellar aquí al sol y al agua por lo menos seis meses pa comprame una boleta de´sas. Por fortuna ahora con la tenología puede uno patiase los partidos de muchas maneras; ayer no más había un cliente viéndolo en el cedular. ¡Hágame el favor!  
Aguarde le cuento de la polla: cómo le parece que una pinta puso quisque a Colombia entre los finalistas, pa más piedra de campeón, y usté no sabe lo que nos burlamos d´él; pues pa que lo sepa nos hizo tragar la risa, porque nadies pensó que esos pelaos jueran a llegar tan lejos. Ahora a esperar que no le metan pito a los partidos, porque tengo fresquito lo que pasó con Argentina en el 78. La Fifa es una mafia y usté sabe que el que manda manda, aunque mande mal.

Símbolos patrios.


Una de las primeras cosas que aprendimos al ingresar al kínder fue todo lo relacionado con los símbolos patrios; después, en bachillerato, la cívica era materia obligatoria en el pensum escolar. No sé cómo será en la actualidad, pero si todavía existe, a los alumnos les entra por un oído y les sale por el otro. El espíritu del civismo debe inculcarse a las personas desde sus primeros años y ante el descuido en esa materia ahora se ven unos zambos que parecen criados sin dios ni ley. Por ejemplo los desadaptados esos de las barras bravas, quienes a un equipo de fútbol le rinden la pleitesía que debería estar destinada a la tierra que los vio nacer, a sus raíces, al ancestro familiar.

A nosotros nos educaron con unos principios básicos, como el acatamiento indiscutible de la ley; el respeto a cualquier persona mayor, sin importar rango o condición; un cariño espontáneo a la ciudad y al terruño; y en general comportamientos dignos de personas de bien. El dejar de inculcar esas enseñanzas a los infantes se nota definitivamente en la sociedad actual, donde el caos y el desorden imperan; cada quien hace lo que le da la gana; todos buscan el interés personal; a muchos parece no importarles lo concerniente a la ciudad; la ley es para pasársela por la galleta; y lo único que importa es el dinero y el poder. Antes era impensable que un conductor se bajara del carro a pegarle puños al policía que lo quiere reconvenir.  

Mi primera bandera la hice con plastilina que pegaba en una cartulina, bajo las indicaciones de la profesora quien me enseñó el significado de los colores: el amarillo representa el oro que se llevaron los españoles, el azul el color de los océanos que nos rodean y el rojo rinde homenaje a la sangre que derramaron nuestros libertadores. Pues va siendo hora de replantear la distribución de las franjas porque el asunto ha cambiado significativamente. Al amarillo toca aumentarle tela, ya que ahora con la tal locomotora minera es que están sacando oro por toneladas; y de paso le hacen un daño letal al medio ambiente. También podría mezclarse esa franja dorada con un poco de púrpura, porque la extracción ilegal por parte de los paramilitares deja mucha sangre en el camino.

En cambio al azul ya se le puede morder un poquito, debido al mar que perdimos con Nicaragua después del cacareado pleito que dio tanto de qué hablar; y que dejen la tijera a la mano porque dicen que los centroamericanos no están satisfechos con lo alcanzado, sino que aspiran a un mordisco monumental que se arrima hasta Cartagena. De una vez desteñir un poco el azul en un nuevo diseño de la bandera, como muestra de lo poco que nos beneficiamos de esa inmensa riqueza que tenemos al contar con dos océanos. En Suramérica ninguna otra nación se da ese lujo y sin embargo países como Chile y Perú aprovechan al máximo los beneficios del mar.

Con el rojo se presenta un inconveniente porque si a la sangre de los héroes que dieron su vida para lograr nuestra independencia le sumamos toda la que se ha derramado durante una historia plagada de guerras, rencillas, odios y violencia en general, entonces el diseño de la bandera cambiaría de manera considerable porque esa última franja pasaría a ser la de mayor tamaño. Opino que como está ahora no alcanza a reflejar siquiera la sangre que derraman los cientos de motociclistas que se estampillan a diario, los apuñalados a la salida de fútbol o quienes se revientan las ñatas a trompadas cada que se emborrachan.

El escudo sí que necesita una reingeniería. El cóndor podemos dejarlo, aunque quedan muy poquitos, y a la cinta que tiene entre sus garras basta hacerle un pequeño cambio: “Libertad ’sin’ orden”; porque aquí todo el mundo es libre de proceder como le provoque, pero de orden más bien pocón. Luego están los cuernos de la abundancia, palabra exagerada en un país donde hay tanta miseria, a los que es hora de variarles el contenido porque montones de monedas de oro ya no se ven ni en el cine, mientras al otro no es sino meterle algo de revuelto (yuca, papa, plátano, arracacha) que es de lo que se alimenta el populacho. Remplazar el gorro frigio por un sombrero “vueltiao” y por último, sacar de una vez el istmo de Panamá porque ese territorio lo perdimos hace más de cien años.         

Nos comimos el cuento que nuestro himno nacional es el segundo más bonito del mundo, después de La Marsellesa, como si conociéramos muchos para poder comparar; además, los gustos son subjetivos e imagino que no habrá una encuesta mundial que corrobore el dato. A ver cuántos cameruneses, uruguayos, mongoles o lituanos lo conocen para que opinen al respecto. Propongo mejor que dejen solo el coro y una o dos estrofas, porque el resto no sirve sino para que los maestros mortifiquen a sus alumnos al hacérselas aprender; con decir que ni siquiera Shakira se las sabe y por eso metió las quimbas.
Nuestros símbolos patrios fueron creados en el siglo XIX y desde entonces es mucha el agua que ha pasado bajo El puente de Boyacá.

Métodos de estudio.


Ahora pienso, cuando ya para qué, que debí disculparme con mis padres por haber sido tan maqueta. Tantas rabias que pasaron cuando perdía el año, me suspendían por indisciplina, sacaba pésimas calificaciones, llamaban a decir que no había ido al colegio y otras tantas quejas por el estilo. Nunca me dictó el estudio y no encuentro otra razón diferente a que los métodos de entonces eran absurdos y antipedagógicos, con unos profesores, la mayoría, sin capacitación ni disposición para enseñar. Recuerdo uno que nos daba inglés y era tan ignorante del tema que su clase consistía en mostrarnos unos carteles elaborados por él, para que repitiéramos como autómatas la frase correspondiente a cada figura; ese era el bilingüismo de entonces.

Mitigó algo mi remordimiento por ser tan mal estudiante una frase de Bernard Shaw, donde dice que el único tiempo que perdió en su vida fue mientras asistió al colegio. Después supe que el dichoso raciocinio es atribuido a otros tantos personajes, eminentes y brillantes, pero debí aceptar que en todos los casos se trata de inteligencias superiores, muy diferentes a la mía que es la de cualquier mortal del montón. De manera que no me quedó sino echarle la culpa de nuevo al método y a los maestros.

Antaño era común que al terminar la clase el educador indicara a los alumnos cuántas páginas del libro debían leer para la próxima cita, con el agravante que ellos no se preocupaban porque entendiéramos el texto, lo analizáramos y disfrutáramos del mismo, sino que debíamos aprenderlo de memoria con todos los detalles. Como es lógico, de entrada perdíamos el interés por la lectura y nos centrábamos en fechas, nombres, situaciones determinadas y demás asuntos puntuales, los cuales anotábamos en un papelito por si el examen era escrito.  Llegaba el profesor y señalaba al escogido, quien empezaba a relatar lo que había captado del texto, pero era interrumpido para preguntarle un dato cualquiera y la respuesta tenía que ser exacta, porque de lo contrario “cero pollito”. No importaba que entendiera el tema, lo dominara y estuviera interesado en él, porque una simple falla lo descalificaba definitivamente.

A diferencia de ahora que a los jóvenes les enseñan a pensar y a desarrollar la inteligencia, el método aplicado a nosotros era el de repetir como loras el contenido de los textos y lo que enseñaban los profesores. Nada de investigación, debate o consulta, todo nos lo daban masticado y solo debíamos memorizarlo. De manera que quien estuviera mal de la memoria quedaba fregado. Muy de vez en cuando algún maestro nos ponía un trabajo como tarea, lo cual requería consultar una enciclopedia, un verdadero problema en aquella época porque no sabíamos acudir a una biblioteca y además había muy poco de dónde escoger.

En mi casa teníamos la Enciclopedia Británica, presentada en doce grandes tomos con pasta azul, papel amarillo por el paso del tiempo, ilustraciones en blanco y negro, letra diminuta y llenos de polvo debido al poco uso; ahora pienso que esa edición debía ser de principios del siglo XX, ya que muchos de los datos que buscábamos no aparecían por pertenecer a las tres o cuatro décadas anteriores. Por fortuna apareció la Enciclopedia Salvat, la cual venía en fascículos coleccionables que se mandaban a encuadernar por tomos. Fue una verdadera novedad por el colorido, la calidad del papel y la actualidad del contenido, pero si allí no encontrábamos el dato requerido nos tragaba la tierra. No quedaba sino arrancar para la Biblioteca Municipal o la del Banco de la República y si encontrábamos la información, a copiar sin descanso porque no existían fotocopiadoras, grabadoras, escáneres o demás aparatos. 

Imagino lo que será estudiar con una computadora y conexión a internet, además de poseer ese don que tienen las generaciones posteriores a la nuestra, el cual les permite entender a la perfección cualquier tipo de dispositivo electrónico; uno con esa facilidad y con Google, no necesita más. Pero deben ser ambas, porque aunque tengo acceso a la red me saco un ojo al momento de realizar una búsqueda; si quiero registrarme en algo llego hasta que me pide un código postal u otro dato por el estilo; y a diario me enredo con las claves, pasabordos, nombres de usuario y demás reseñas.  

Al finalizar el bachillerato los jóvenes reciben asesoría para determinar qué carrera seguir, visitan universidades, reciben información, investigan al respecto, etc., a diferencia de nosotros que tomábamos esa decisión reunidos en el recreo con los compañeros. Quienes tenían facilidad para las matemáticas optaban por una ingeniería; los hijos del papá finquero estudiaban agronomía o veterinaria; si tenía facilidad para el dibujo escogía arquitectura; el hijo del médico casi siempre seguía el ejemplo y así por el estilo nacían las vocaciones. Claro que entonces bastaba el paso por la universidad y el profesional salía a ejercer, a diferencia de ahora que tienen que hacer posgrados, diplomados, doctorados y cursos mil; sin olvidar que es indispensable el inglés y ojalá un tercer idioma.
Por los pelos nos libramos de este medio laboral competitivo y estresante, donde los ejecutivos son exprimidos al máximo y si no rinden, los remplazan por otro que tenga unos años menos y varios cartones más. A ese ritmo pocos llegarán a la edad de retiro.

A paso de tortuga.


Con los años me volví escéptico respecto a los anuncios que hacen sobre la construcción de cualquier tipo de obra, pública o privada, y resolví que solo creo en realidades tangibles. Ni siquiera con el proyecto en construcción porque aquí somos amigos de dejar las obras empezadas, cualquiera sea la razón para suspender los trabajos; para la muestra ahí están el macro proyecto de San José y el aeropuerto de Palestina. En el periódico anuncian cada cierto tiempo la construcción de nuevos centros comerciales, la llegada de un gran almacén o el trazado para una carretera nueva, pero pasan los años y nada de nada. Por eso prefiero esperar a que inauguren las obras para darlas por un hecho.

Desde mi ventana veo las máquinas que acondicionan el lote donde se construirá el Centro Cultural de la Universidad de Caldas, un proyecto del que oigo hablar desde hace por lo menos una década; con decir que el gran arquitecto Rogelio Salmona, quien lo diseñó, murió en 2007. El anterior rector de la universidad dejó el proyecto financiado y es posible que al menos la primera etapa sea una pronta realidad. Le seguiré el ritmo a los trabajos para estar pendiente de los avances y como ya dije, el día de la inauguración hablamos.

Me pregunto cómo será en los países desarrollados el proceso de construcción de la infraestructura vial, porque aquí es un verdadero viacrucis. Desde que hacen el anuncio hasta que ponen la obra en funcionamiento pasan años, lustros, décadas. Se cansa uno de leer en la prensa los paquidérmicos pasos que deben superarse para lograr mover la primera palada de tierra; primero el Confis, el Compes, el Banco Mundial y otros tantos organismos; después el recorrido por el Congreso donde le ponen palos en las ruedas para mirar cómo le meten el diente; pasa por Presidencia para sancionar la ley; de ahí a los Ministerios de Hacienda, Obras Públicas, Medio Ambiente y hasta el de Educación, donde ejércitos de burócratas justifican su corbata al ponerle talanqueras al proyecto.

El proceso de licitación es todo un parto porque a cada convocatoria le aparece un enemigo que obliga el aplazamiento, sin hablar de serruchos y mordidas. Cuando por fin resuelven cuál consorcio es el ganador, uno de los perdedores demanda el proceso y el pleito demora varios años en resolverse. A estas alturas el ciudadano que sigue la noticia pierde el interés y piensa que no hay posibilidad de que le alcance la vida para ver la obra terminada. Como no hay mal que dure cien años algún día se firma por fin el contrato con los constructores, pero el inicio de la obra todavía está lejano porque falta socializar el proyecto, diferentes estudios ambientales, rastreo arqueológico para defender el patrimonio ancestral, estudios de suelos, localización de escombreras y otras tantas condiciones impajaritables.  

Entonces cada quince días anuncian la suspensión de los trabajos porque se toparon con el rancho de un indígena o debido a que deben cruzar un hilo de agua y los ecologistas se oponen. Sin embargo los trabajos se reanudan y después de un tiempo anuncian con bombos y platillos la inauguración de un tramo de la vía, como sucedió con la cacareada Autopista del Sol, donde dieron al servicio diez kilómetros de doble calzada, lo que corresponde al uno por ciento del total del recorrido. O como el puente helicoidal de Dosquebradas donde hubo inauguración con Ministro a bordo, echaron voladores, discursos y ruptura de cinta, y ni siquiera habían conectado los viaductos, no tenían barandas, capa asfáltica ni habían construido otros puentes menores de acceso al lugar. Será que nos creen pendejos o qué.

Hace varios años llegó con el periódico un cuadernillo donde la Gobernación anunciaba el proyecto del anillo vial para el Aeropuerto de Palestina. Esa belleza de obras, tan necesarias y esperadas, parecían un sueño hecho realidad. Ahora al menos le trabajan a los diferentes frentes, aunque el porcentaje de lo terminado es muy bajo con respecto al total de lo prometido. Y como aquí resolvieron que al tramo que espera el inicio de obras no vuelven a hacerle mantenimiento, ahí está el que comunica a Tres Puertas con Santagueda totalmente abandonado, lleno de rotos e invadido por la maleza.

Ya en La Portada empiezan los trabajos de la corta doble calzada que va hasta Maloka, obra que está adelantada aunque a retazos y por ello aún no tiene cara. Desde Santagueda hacia La Plata y Palestina a la carretera solo falta construirle varios parches en sitios de hundimientos y pérdida de la banca, pero es cuestión de que le metan mano para terminarla. La vía Chinchiná - Alto de Curazao quedó muy buena hasta Hosterías del Café, y ahí adelantico, se construye una doble calzada que según el cuadernillo de marras llega hasta la vereda Cartagena. La obra evita entrar a Chinchiná porque conecta esa doble calzada, por una nueva carretera que ya iniciaron y va por detrás del embalse de Balsora, y cae a la troncal hacia Tarapacá II en inmediaciones de la estación de servicio inaugurada recientemente.
Aunque trabajan a paso de tortuga ahí van, con la seguridad que terminarán antes de que esté listo el aeropuerto, el cual no está ni tibio.

No sobra advertir…


A pocos días del inicio del Mundial de fútbol en Brasil, es recomendable reunir la familia para establecer las condiciones que regirán durante el lapso que dura el campeonato. Y como junio es el mes dedicado a los padres, serán ellos los beneficiados con todo tipo de derechos y privilegios para disfrutar del evento con la mayor comodidad. Como esto no es sino cada cuatro años, todos los miembros de la familia pueden hacer un pequeño sacrificio para que si el progenitor es pensionado, trabaja en la casa, está convaleciente o simplemente sacó vacaciones para dedicarse a lo suyo, tenga licencia para obrar como guste. Si en cambio el señor tiene que irse a cumplir con su horario de trabajo, los ratos que pueda estar en la casa y los fines de semana son exclusivos para él.

Varias semanas antes del inicio del campeonato es necesario ver todo tipo de programas referentes al evento deportivo, con análisis, proyecciones, comentarios y demás datos de interés, además de los partidos amistosos que juegan las distintas selecciones como parte de su preparación. Toda esta información es importante para tener una idea general antes de llenar el formulario de la polla mundialista, una apuesta muy entretenida que se juega con amigos y conocidos; lo mejor de la quiniela es que debemos hacerle fuerza a todos los partidos, así no tengan importancia, porque cada marcador acertado representa puntos a favor.

Por fortuna en esta oportunidad los horarios se acomodan a los nuestros, por realizarse el evento en el mismo continente, pero quien no logre ver los partidos durante el día puede disfrutarlos por la noche cuando los repitan en los canales internacionales. En todo caso, sea a la hora que sea, el televisor es de uso exclusivo para la programación referente a la competencia mundialista; nada de telenovelas, programas de concurso, series o emisiones especiales, porque durante un mes no aceptamos que en la pantalla del televisor se vea algo diferente al fútbol. También debe quedar claro que los aficionados a este deporte siempre queremos más y por ello nos choca que pregunten por qué vemos la repetición de los goles y las mejores jugadas, si nos hemos pasado todo el día frente a la pantalla.

Reunirse con amigos para ver los partidos es primordial, para tener con quién comentar, discutir y renegar cuando nuestro equipo no rinda, o si las decisiones del árbitro no nos convienen. Si el horario lo permite puede acompañarse el programa con unas cervecitas u otro tipo de licor; y el mecato no debe faltar para entretener el buche: crispetas, maní con pasas, empanaditas, cabano con queso… Las señoras pueden compartir el espacio siempre y cuando muestren algún interés por el partido, además de tener los mínimos conocimientos de lo que sucede en la cancha. Porque eso de preguntar al cabo de media hora cuál es nuestro equipo o exigir una explicación acerca de lo que es un fuera de lugar pasivo cuando el encuentro está en su mejor momento, son situaciones que puede crear roces y malos entendidos. Tampoco deben escandalizarse con el vocabulario, el cual llega a tornarse soez en momentos álgidos del encuentro; mentadas de madre, insultos a grito pelado, groserías al por mayor y todo tipo de improperios.

En el recinto donde se ve el partido no se admiten muchachitos atravesados, que pongan perinola, jodan y pregunten mil pendejadas, y mucho menos que se coman el mecato o el pasante que nos lleven para el aguardiente. Debe quedar claro que es un espacio dedicado al fútbol, donde no se habla de un tema diferente a ese deporte; quien tenga que entrar a cualquier otra cosa que proceda con prudencia, sin estorbar, y si debe cruzar frente a la pantalla, ojalá lo haga en cuatro patas. Porque preciso se atraviesan cuando van a cobrar un tiro libre, o no lo quiera el destino, al momento de marcar un gol. Y como algunas mujeres piensan que eso es lo mismo verlo en repetición…

De todos es sabido que la armonía de cualquier hogar se basa en la tolerancia y el respeto, pero durante el mes que dura el mundial de fútbol quienes somos aficionados a ese magno evento exigimos licencia para imponer nuestro derecho y disfrutar de ciertas libertades. Después de hacerle ganas durante tanto tiempo al pitazo inicial no existe el menor riesgo de que cedamos en cualquiera de nuestros privilegios; solo esperamos que nos den gusto en todo lo relacionado con el más popular y esperado programa, que ante la imposibilidad de asistir en persona podemos disfrutar desde la comodidad de nuestra casa.      
Por fortuna con los años me he vuelto menos emotivo y a diferencia de antes, que varios días previos a un partido de nuestra selección me sentía nervioso, con desasosiego y gusanera, ahora me importa apenas lo justo. Si ganamos muy bueno, pero si no, la vida sigue y a hacerle fuerza a los equipos que tengo como ganadores en la polla. Ahora necesito que solucionen el asunto de la alta definición en los canales privados, porque me afilié a ese plan con el único fin de disfrutar el mundial con la mejor imagen; y se acostumbra uno a ver con esa nitidez y después la televisión análoga le parece una porquería.

Prensa con telarañas.


Al reunirme con Ramiro Henao para examinar documentos antiguos, le pedí prestados algunos ejemplares de esa gran cantidad de periódicos y demás publicaciones que circularon en Manizales hace aproximadamente un siglo. Por ser tanto material lo miré por encima, sin detallarlo, de manera que me traje unos pocos escogidos al azar para leerlos con calma. Y agradezco la confianza porque son documentos que por su antigüedad están deteriorados y debe manipularse con mucho cuidado, ya que el papel se rompe con solo mirarlo.

En 1899 inició la Guerra de los mil días y puedo imaginar lo que sería simpatizar con el partido liberal en una ciudad como Manizales, perteneciente entonces al Estado Soberano de Antioquia, donde la mayoría de sus ciudadanos militaban en las toldas azules. Pues de ese mismo año encuentro un periodiquito cachiporro del cual transcribo textualmente algunos apartes.

“El Correo del Sur. Manizales, Sábado 23 de Septiembre de 1899. DIRECTORES: Jesús M. Guingue C. Jesús Londoño Martínez. Oficina: Librería, Papelería y Agencia de Molina y Guingue. Almacén de D. Melitón Echeverri, una cuadra hacia el Sur de la plaza de Bolívar. Dirección telegráfica: CORREO. Para todo lo relativo a colaboración, remitidos, comunicados, pedido de suscripciones, contrato de anuncios y envío de fondos, dirigirse a los Directores. Todo escrito debe traer firma responsable. No se devuelven originales. Respecto a los que no se publiquen, no se explicará la causa. TIP. CALDAS. – MANIZALES”.

En vista de que los colaboradores serían pocos, por incompatibilidad ideológica, gran porcentaje del espacio está dedicado a la publicidad; además, la mayoría de avisos pertenecen a negocios de los directores. Y como era común en la época no falta el aviso en verso: “En el almacén Manuel A. Botero: Se hallan telas de seda para trajes/ y botas y coquetas zapatillas/ chales finos, magníficos encajes/ espléndidos perfumes y mantillas/. Polvo Antea, Las Gracias y Coqueta/ gasa de seda tenue y vaporosa/ calzado al escoger, y una completa/ colección de peluches asombrosa/. En adornos se encuentran maravillas:/ sutiles blondas llenas de primores/ cinturones, letines y varillas/ y tejidos de cuentas de colores/. Céfiros y corseets, linón muy fino/ franelas y boticas reductoras/ cuellos y puños de admirable lino/ y corbatas de seda encantadoras/. Medias de varias clases, superiores/ paraguas, colgaduras deliciosas/ camisas interiores y exteriores/ venid y lo veréis. ¡¡¡La mar de cosas!!!”.

Un profesional ofrece sus servicios: “Se acaban los errores si las casas de comercio de esta ciudad se desprenden de unos pocos duros, para pagar un Contador que con honradez, pulcritud y esmero les lleve sus libros. Para el efecto se ofrece el infrascrito, que tiene más de seis años de práctica como Gerente y Contador del Banco de Sonsón, del Agrícola, y actual contador del Industrial. Manizales, agosto 1899. Guillermo Robledo C.”. Los directores del periódico aprovechan una nota alarmista para mandarle el sablazo a sus deudores: “Ojo! Mucho ojo! –Según asegura el señor Rodolfo Falb, Profesor de las Universidades Astronómicas de Viena y Praga, el mundo se acabará como cosa infalible el 13 de Noviembre del presente año, de 2 a 5 de la tarde. En esta infausta fecha pasará ante nosotros el mismo gran cometa que apareció en los años de 1833 y 1866, causando horrible escándalo; vendrá rodeado de un gran número de asteroides interplanetarios. Oído, pues, el fin del mundo se aproxima y es bueno de antemano ir arreglando toda cuenta pendiente. Arregle la cuenta de su suscripción á El Correo del Sur. ó su agencia si es agente del periódico”.

Otros clasificados dicen: “Compendio de urbanidad por Carreño á cuarenta centavos venden Molina y Guingue”. “Gramática castellana por Bello, anotada por Cuervo, última edición, venden, á 4 pesos Molina y Guingue”. “De novedad al almacén de José M. Ocampo y Cia, acaba de llegar un hermoso surtido de sombreros, pavas, formas para adornar, todo de última moda y diversidad de precios. De hierro esmaltado: jarras, tazas de baño, baldes, cafeteras, jaboneras, ollas, soperas, cacerolas, tazas comunes y bandejas. ¡¡Ocurrid!! ¡¡Ocurrid!!”. “Asegure sus billetes. Se ofrecen en venta las productivas haciendas denominadas ¨La Fonda¨ situada en este municipio y ¨La América¨ en el de Neira. –Entenderse con el señor Cipriano Botero”.

Una sección para sociales: “Dn. Eduardo Jaramillo W. Murió el día 18 de este mes. Reciba toda su muy estimable familia nuestro sentido pésame”. “Azahares. –La espiritual señorita doña Sofía Arango y el laborioso joven doctor don Valerio Hoyos, recibieron la bendición nupcial el 18 de este mes. Que sea siempre feliz esta amable pareja”. “ANIVERSARIO. El de la muerte del señor don Juan B. Jaramillo A. tendrá lugar el día 25 del presente mes. Su esposa, hijos y demás familia suplican á todos sus amigos y á las demás personas piadosas se sirvan concurrir á la iglesia á rogar por el eterno descanso del alma del finado. Manizales, Sepbre. 23 de 1899”.
El envío de un corresponsal: “Cartago, 16 de Sepbre. De 1899. Me dicen de Buenaventura: ¨Prensa yanke indignada por fallo altamente injusto y soberano contra Dreyfus. Llama a los franceses bastardos. Publicaciones acremente escritas. Computándole a Dreyfus tiempo que pagó en La Isla del Diablo, quédale por sufrir quince (15) días de prisión. No obstante hay agitación en Rennes y París, llegándose á temer guerra Europea¨. Salúdolo. Fdo. Jose Jesus Montoya”.

jueves, mayo 29, 2014

Charlas con mi madre.


Cuando alguien me pregunta, al comentar alguno de mis escritos, de dónde saco las expresiones, dichos, cuentos, apuntes de doble sentido y demás gracejos que acostumbro, respondo que todo es heredado de mi mamá. Pero dejo claro que no le llego ni a los tobillos, porque ella fue genial y espontánea, con una gracia innata y una forma de enfrentar la vida excepcional. A su vez ella recibió el legado de su padre, Rafael Arango Villegas, cuya obra habla por sí sola de su genialidad y fino humor. Hace cinco años murió la vieja y a diario la recuerdo, además porque tengo como muletilla repetir “como decía mi mamá” en medio de cualquier conversación.

A mi madre no se le podía ocultar nada porque tenía el sexto sentido muy desarrollado y definitivamente se las pillaba al vuelo. Le bastaba mirarnos a los ojos para saber que algo andaba mal; y al enterarse del asunto, por grave que fuera, nunca se escandalizaba ni armaba un escándalo. Prefería taparle a mi papá ese tipo de problemas para evitar que renegara y estirara trompa, y en cambio buscaba la forma de solucionarlos de la mejor manera. Siempre nos dio libertad y cuando adolescentes salíamos de noche, nos daba la bendición y respondía a quien le preguntara dónde estábamos: En la vida. Quiero revivir cómo fueron esas charlas con ella en diferentes situaciones, no sin antes advertir que aunque escogió mi nombre, siempre me llamó Pedro; vaya uno a saber por qué.

*Pedrito, a qué hora arrancan. Después de almuerzo, amá, voy a la casa de mi amigo y de ahí nos lleva el papá. Y quién más va o qué… Yo qué voy a saber amá, nos invitaron a tres compañeros del colegio, pero de resto ni idea. Bueno, tráigame el maletín yo reviso qué lleva. No amá, qué va; ya empaqué y fresca que eché todo. Venga a ver, qué es ese desgualete… métase la camisa y pásese un peine por esa cabeza. Ahorita… acaso me voy ya. Ojo pues, bien educado y se lava los dientes después de cada comida; y por la noche rece algo antes de acostarse… que no parezca un animalito. Tranquila má, eso me lo ha dicho mil veces. Pues se lo voy a repetir así no le guste; y tráigame la cartera le ajusto lo que le dio su papá. Listo amacita. Mucho cuidadito pues y que no los coja la noche al regreso.

*Sí ve amá, se lo advertí: hoy dijo el profesor de biología que mañana no deja entrar a clase al que no lleve el libro. Si lo van a usar se lo compramos con gusto, porque cuántos libros han dejado nuevos, sin siquiera abrirlos; en todo caso le aconsejo que no le diga a sus papá hoy, porque amaneció con el mico al hombro y está inaguantable. Entonces qué hago… después pierdo la materia y que conste que no es mi culpa. Vea Pedrito, no me venga con cuentos que usted pierde las materias es por maqueta; mejor espere a que el viejo amanezca enguayabado esta semana y ahí le pide la plata, eso no falla.

*Pedro… ¿esta tarde tiene algo importante en el colegio? Qué va má, lo mismo de siempre, ningún examen ni nada parecido. Entonces quédese abajo y sube cuando su papá se vaya para la fábrica; hacemos un perrito mientras oímos a Montecristo y después me lleva a Villamaría. Listo má, de una; ¿y eso a qué? Tengo que ir a donde Carmelita a ver si me tiene listas unas costuras y a dejarle otros encargos, y de una vez tomamos el algo por allá; unos chorizos bien sabrosos. Pa lo que no hay pereza amacita, si es con mecatiada mucho mejor; eso sí, esperamos a que llamen del colegio pa que usted conteste. Tranquilo, y ahorita mismo le hago la excusa; en todo caso que no se entere su papá porque nos mata. Fresca má, y mire a ver qué más mandados necesita.

*Venga mijo, dígame la verdad… ¿ustedes hicieron fiesta el fin de semana? No amá, cómo se le ocurre… usted de dónde saca esas cosas. No se me haga el pendejo que tengo varias pruebas; de manera que desembuche de una vez. Pues… la verdad es que vinieron unas parejas de amigos, pero fiesta fiesta, no fue; una reunioncita tranquila. ¿Sí? Y dígame por qué quebraron la imagen de la Virgen de encima de mi mesa de noche; con solo verla me di cuenta de que la pegaron de afán. Eso fui yo que salí del baño a las carreras y… No me venga con cuentos mijito que si hubiera sido así, usted guarda los pedazos para mandarla a arreglar. Bueno má, está bien, pero le juro que no hicimos nada malo. Noooo, me imagino que lo que hicieron fue muy bueno; en todo caso la próxima vez me piden permiso. Y que su papá no se entere.
A mi mamá le bastaba olernos para saber de dónde veníamos. Si habíamos comido albóndigas, decía: Vaya lávese esa trompa que huele a polaco. En cambio al que llegaba copetón y despelucao de “la vida”, le ordenaba: Báñese antes de acostarse y se restriega bien por allá. Esa cucha fue única e irrepetible.

jueves, mayo 22, 2014

Empleos en extinción.


Al hacer un balance de tantos empleos que han desaparecido con el paso del tiempo, la mayoría desplazados por la tecnología, puede deducirse que es una de las principales causas de los altos índices del desempleo actual; lo extraño es que en los estudios referentes al tema nunca la mencionan. La llegada de la cibernética resultó ser el puntillazo para miles de personas que se vieron relegadas de sus oficios por máquinas que cumplen las mismas funciones, a muchísima mayor velocidad y con escaso margen de error.

Un trabajo que subsiste porque no puede ser reemplazado, al menos por ahora, es el de empleada doméstica. Claro que las condiciones han cambiado en cuanto a horarios, salarios y demás derechos y deberes. Hoy en día es un lujo tener una empleada tiempo completo, a la cual debe pagársele salario mínimo, subsidio de transporte, seguridad social, pensión, etc., mientras que es más común contratarlas por días u otros horarios establecidos, los cuales son cada vez más reducidos. Y somos privilegiados, porque en los países desarrollados son pocos quienes pueden permitirse dicho gasto.

Me da golpe ver algunas empleadas que se quejan porque el trabajo es muy duro, lo que hace recordar a aquellas mujeres que se colocaban en casas donde la familia se componía de una docena de personas, en promedio, algo muy común en nuestra cultura. Pero sobre todo porque antaño el trabajo era más exigente, debido a que no tenían la ayuda de tantos electrodomésticos y productos de aseo que existen en la actualidad. Basta recordar la rutina diaria de esas mujeres, para preguntarse cómo daban abasto. La cocinera se encargaba de su labor con esmero, mientras la entrodera era responsable de mantener la casa como una tacita de plata; además de lavar y aplanchar montañas de ropa. En un principio solo tenían libre la tarde del domingo, pero luego se impuso que salían el sábado después del almuerzo y regresaban el lunes madrugadas.

Como no existían alimentos congelados, pre cocidos o elaborados, la fámula debía preparar todo en su cocina. Antes de acostarse dejaba la olla con el maíz cocinado para madrugar a molerlo, en un molino manual que no faltaba en ningún hogar; luego armar y asar las arepas en una parrilla con resistencias eléctricas, lo que era una novedad porque había aprendido en fogón de leña. Y preparaba arepas por cantidades, porque no solo se consumían al desayuno sino que eran infaltables para acompañar las comidas, para el algo, y además gustaban mucho a deshoras. De igual manera preparaba empanadas, tamales, tortas, pasteles, dulces y demás delicias.

Aquellas empleadas no contaban con esa variedad de aparatos y productos que facilitan ahora la cocina. Las neveras formaban unos bloques de hielo en el congelador que imposibilitaba la manipulación de los alimentos allí guardados, por lo que cada cierto tiempo debían desconectarlas para despejar el espacio. Recuerdo que llegaba a mi casa los lunes a medio día y al pasar por la cocina para robarme una tajada madura o una papa frita, encontraba el piso forrado con periódicos que entrapaban el agua que chorreaba de la nevera; la puerta abierta y todo el contenido en el poyo mientras la limpiaban por dentro.

A la entrodera sí que le tocaba duro. Tendía camas, recogía ropa sucia y toallas, arreglaba baños, pasaba la escoba, sacudía el polvo, organizaba el desorden, ponía la mesa y la recogía, pasaba los platos, etc. Los pisos eran de madera y para mantenerlos relucientes, una vez a la semana dedicaba tiempo a su cuidado: primero virutiaba con un trozo de esponja metálica que restregaba con el pié mientras llevaba el ritmo como cualquier bailarina, luego aplicaba la cera y después de que secara, procedía a brillar con una trapeadora; después llegaron las brilladoras eléctricas para facilitar esa labor. Todos estábamos advertidos del día que enceraban, porque quien entrara descuidado seguro que paraba las patas al primer paso. Otro día lavaba vidrios, lo que hacía con periódicos viejos, agua y alcohol. Y pasaba las tardes en el lavadero con la ropa, la cual colgaba a secar en unas cuerdas en el patio; y cada que lloviznaba corría a recogerla.

El señor que arreglaba los prados llegaba siempre antes de medio día para lograr almuerzo. Todas las casas tenían antejardín y patio trasero, prados que recortaba el hombre con una máquina manual que producía un ruido muy particular; un machete, la lima, el rastrillo y un costal para recoger la basura completaban su herramienta de trabajo. Cada cierto tiempo iba un tipo que hacía ciertos oficios pesados como limpiar tapetes, los cuales colgaba en el patio y golpeaba con una escoba; se subía al zarzo a coger goteras, lavaba el garaje y cualquier otra cosa que resultara.
Esas labores se hacían bajo la dirección de la patrona y ella misma participaba en algunas, como cuando resolvía hacerle una policía a los clósets. En mi casa compraron un adminículo para aplicar la viruta, que consistía en una plataforma pesada debajo de la cual se acomodaba la fibra metálica, y un palo como de escoba para manipularlo. También servía para jugar, porque uno se paraba en la plataforma, se acurrucaba, se agarraba bien y un hermanito lo jalaba con el mango de madera. Otro de nuestros improvisados juguetes.

martes, mayo 06, 2014

Espías modernos.


Las nuevas generaciones no sabrán de qué se trata eso de la Guerra Fría, ahora que el término ha recobrado vigencia. Pensarán que se trata de una zaga del estilo de La Guerra de las Galaxias, de un conflicto en el Círculo Polar Ártico o de una competencia comercial entre dos multinacionales productoras de helados y paletas. En cambio para nosotros el final de ese conflicto tácito entre el bloque Soviético con los países de la Cortina de Hierro, contra Estados Unidos y sus aliados de occidente, representó que se extinguieran las novelas, películas e historietas que basaban su argumento en el tema.

Empecé a cogerle gusto a la lectura con las novelitas de vaqueros que leía en el colegio, cuando en clase ponía el libro dentro del texto de estudio para fingir que estaba concentrado en las enseñanzas del profesor; todas eran igualitas, la misma trama, idénticos personajes y un final predecible, pero hacían pasar el tiempo a las volandas. Después aparecieron las de Ian Fleming, en las que el agente secreto 007, James Bond, participaba en las más apasionantes misiones del espionaje internacional. La edición presentaba unos libritos pequeños, alargados, redactados en un estilo muy particular que nos envolvía y entretenía. Después llegaron las películas con el actor británico Sean Connery, que sin ser el primero en personificar al sofisticado espía, fue el más recordado de esa primera época.

Pues ahora parecen querer reactivar el añoso conflicto porque los eternos enemigos se muestran los colmillos a diario. La diferencia radica en que ahora tenemos criterio y poder de discernir, a diferencia de antes cuando el cine de Hollywood nos lavó el cerebro y llegó a convencernos de que nombrar a los rusos era lo mismo que referirse al mismísimo Satanás. En aquellas películas los militantes comunistas se caracterizaban por torpes e ineptos, a diferencia del guapo, un espía de occidente, quien siempre llevaba a término las más emocionantes y arriesgadas misiones.

La historia de la península de Crimea es antigua y complicada, pero sus habitantes se consideran rusos porque el territorio perteneció a esa nación hasta 1954, cuando Nikita Kruschev se lo regaló a los ucranianos. Ante la pretensión de Rusia de recuperarlo Ucrania puso el grito en el cielo y buscó apoyo de la comunidad internacional, pero al darle al pueblo la oportunidad de decidir su destino, el 95% votó por regresar a sus orígenes. Entonces los países de Europa occidental se unieron a Estados Unidos para torpedear el proceso, como si la historia de esas naciones no estuviera basada en imperialismo e intervención; qué tal, el diablo haciendo hostias. Sin duda se interesan por esa región debido a su localización estratégica, porque de lo contrario ni siquiera opinarían.

Y a pesar del pataleo del gobierno ucraniano, del respaldo del presidente Obama quien de distintas formas ha tratado de disuadir a Rusia de la intervención, la señora Merkel que amenaza y pontifica, los demás mandatarios del grupo de los 8, la OTAN, Comunidad Europea y demás organismos por el estilo, el señor Putin viajó a Crimea y Sebastopol con la plana mayor de su gobierno, y procedió a solucionar los más urgentes problemas de esa región que ha soportado una larga crisis económica. De una vez cuadraron el reloj con la misma hora de la madrecita Rusia y también rebajaron el costo de los tiquetes de avión, para que los rusos se animen a vacacionar en las hermosas playas del mar Negro.  

Por otro lado los chinos con su nadaito de perro observan desde la barrera el rifirrafe entre los fuertes de occidente, sabedores de que su opinión ante cualquier enfrentamiento será tenida en cuenta por su poderío económico y militar. Está claro que todos los que meten la cucharada en el conflicto es porque tienen intereses económicos en esa región, ya que por allí cruzan muchos de los oleoductos que abastecen a Europa de petróleo; además están ariscos porque los rusos anduvieron de bajo perfil debido a una pobreza franciscana que soportaron durante varios lustros, situación que parece haber cambiado de forma radical.   

En todo caso de llegarse a reactivar el conflicto cambia definitivamente lo referente al espionaje, porque aquellos agentes secretos que debían meterse en la boca del lobo para obtener información ya están mandados a recoger. Ahora todo se controla desde una habitación atiborrada de equipos electrónicos y señales obtenidas por satélite, mientras unos genios teclean y observan sus monitores; intervenir teléfonos y demás comunicaciones es pan de cada día. Si un simple ciudadano desde un dispositivo puede localizar una residencia en cualquier lugar del mundo y además observarla desde la calle frente al portón de la casa, qué no podrán hacer quienes cuentan con toda la tecnología moderna a su disposición. Un hacker es capaz de leerle a cualquier mortal hasta los malos pensamientos.
El espionaje físico lo realizan los miembros de delegaciones diplomáticas y consiste en parar oreja cuando asisten a fiestas, cocteles y demás reuniones sociales. No sobrevive sino el recuerdo de aquellos queridos personajes: James Bond;  Míster Solo e Illya Kuryaki; el súper agente 86 Maxwell Smart y su compañera la agente 99; Los Profesionales, Doyle y Bodie, espías del CI5; y uno más reciente: Jason Bourne. A todos los borró de un brochazo el señor Snowden. O mejor, de un clic.