Acostumbrábamos reunirnos los hermanos en la casa de mi mamá, hace ya muchos años, para ver los miércoles en horas de la noche un programa en la Cadena 3, hoy Señal Colombia, en el cual el periodista Andrés Salcedo presentaba un partido de fútbol alemán. El narrador colombiano vivió muchos años en ese país europeo, donde se convirtió en narrador estrella del torneo de primera división, y por lo tanto conocía al dedillo a jugadores, entrenadores y demás personajes relacionados con el mundillo del fútbol teutón.
En ese entonces el canal institucional era transmitido por una frecuencia diferente a la de las dos cadenas nacionales, por lo que era necesaria una antena especial para sintonizarlo. Vendían para tal fin una pequeña antenita, en forma de corbatín, que se pegaba a la del televisor y de esa manera algo podía verse del aún incipiente canal. Aparte de eso, la televisión en colores apenas había llegado a nuestro país a mediados de 1978, durante la transmisión del Mundial de fútbol de Argentina, y por lo tanto en la mayoría de los hogares todavía se veía la televisión en blanco y negro. De manera que el tan esperado programa, donde podíamos ver tal vez el único partido de fútbol que trasmitían durante la semana, era con una imagen lluviosa, mal sintonizada y en blanco y negro.
Hoy en día prende uno el televisor a cualquier hora y encuentra fútbol argentino, mejicano, español, la semifinal del torneo suramericano, un clásico del fútbol italiano, todos en colores, alta definición y en pantalla gigante, y sin embargo muchas veces apaga el aparato molesto dizque porque no hay nada para ver. Ahí cabe perfecto aquello que tanto gordo empalaga. Porque entre más tenemos, más queremos; así somos los seres humanos. Por ello siempre que pienso así, rememoro aquellos partidos transmitidos por Salcedo y a todos apretujados en un cuarto para no perdernos jugada de lo poco que alcanzábamos a ver.
La televisión por cable nos permite asistir, en primera fila, a los más importantes eventos deportivos del mundo entero. Ya depende a qué disciplinas sea uno aficionado, porque hay para todos los gustos, y basta con programarse para disfrutar de los torneos y competencias que se realizan durante todo el año. A quien le interese por ejemplo la velocidad tiene para escoger entre todo tipo de carreras y categorías en los más variados vehículos, desde los modernos F-1 hasta camiones y carros de playa, además de motocicletas de todos los estilos. Otra disciplina con muchos seguidores es el tenis profesional, deporte que reúne a los mejores exponentes en diferentes torneos de interés alrededor del planeta.
Somos amigos a aficionarnos al deporte en el que algún colombiano se destaque y por ello muchos nos volvimos seguidores del automovilismo cuando Montoya fue figura; lo mismo sucedió con Lucho Herrera en el ciclismo, Asprilla en el fútbol, Rentería en el béisbol, Camilo Villegas en el golf, etc. El problema está en que nuestros representantes deportivos en el ámbito mundial son flor de un día, razón por la cual uno se olvida de la disciplina en la que el fulano figuró y nunca le vuelve a parar bolas.
Otra situación que se presenta es que después de deleitarse por ejemplo con el torneo de tenis de Wimbledon, ya no podrá encontrarle gracia al de Colsanitas en Bogotá y con seguridad le parecerá jartísimo. Lo mismo nos sucede con el fútbol. Recientemente disfrutamos la Eurocopa, torneo futbolero que reúne las mejores selecciones de ese continente, donde el buen fútbol impera porque son técnicos, hábiles, aplicados, serios y comprometidos con su camiseta, además de poseer una excelente preparación física. El juego limpio se impone y la casi totalidad de jugadores son caballerosos, buenos camaradas, honestos y profesionales.
Unas semanas después vemos la final del torneo colombiano entre Santa Fe y Deportivo Pasto y nos dan ganas de llorar. Qué pobreza futbolística, qué falta de técnica, qué espectáculo tan deplorable; un partido en el que cada que alguien recibe el balón es blanco de patadas y empujones. Y los futbolistas son marrulleros, irresponsables, volean garra sin compasión, engañan al árbitro, se insultan, pelean y en general son unos troncos monumentales. Después de ver un partido como el que jugaron Italia e Inglaterra en la Eurocopa no queda sino aceptar que lo que practican aquí se llama igual, pero no tiene nada que ver. La diferencia es como la que hay entre los técnicos Sir Álex Ferguson, del Manchester United, y Alberto Gamero, del Boyacá Chicó.
La televisión nos trae espectáculos como el Tour de Francia o los Juegos Olímpicos de invierno; deportes elegantes como la equitación, recios como el rugbi, brutales como el boxeo, perfectos como la gimnasia, técnicos como el billar, aburridos como los piques de velocidad, emocionantes como el fútbol, lentos como el baloncesto cuando reiteradamente piden tiempo, eternos como el béisbol y con tantas variables que hasta nos transmiten un campeonato mundial de póker.
Ahora vienen los juegos olímpicos de Londres y quedaremos con los ojos cuadrados de ver a los mejores deportistas del planeta enfrentados para lograr subirse a lo más alto del podio. Y que les quede claro a las señoras que durante el próximo mes no soltaremos el control remoto del televisor ni para ir al baño.
pamear@telmex.net.co
martes, julio 31, 2012
martes, julio 24, 2012
Bombas de tiempo.
El otro día compartí con algunos contactos del correo electrónico un archivo que mostraba la barbarie cometida por los nazis a finales de la segunda guerra mundial, cuando por retaliación a una incursión de la resistencia procedieron a arrasar una población al norte de Francia, y de sus casi setecientos habitantes sólo una mujer logró escapar con vida para denunciar el atroz crimen. El general De Gaulle ordenó que no tocaran las ruinas y que el lugar permaneciera así para que la gente pudiera ver con sus propios ojos lo allí ocurrido, porque él como muchos otros predijeron que en el futuro habría quienes desmintieran dichos acontecimientos.
Acompañé el correo con una nota en la que me preguntaba dónde fue que se equivocó el Creador al darle vida al ser humano, porque después de leer ese texto me di cuenta de que definitivamente le quedó muy mal hecho. Poco tiempo después compartí otro correo, ya con un grupo más escogido, donde aparecía una lolita de una belleza deslumbrante, la cual dejaba ver todos sus atributos porque modelaba tal cual y como llegó al mundo. Entonces un amigo me escribió, con cierta ironía y haciendo alusión al otro correo, que a él no le parecía que el ser humano hubiera quedado tan mal diseñado.
Ante semejante raciocinio no me quedó sino darle la razón y además rectificar que la falla se presentó fue al momento de formatearnos el disco duro. Y es que a diario nos enteramos de hechos que dejan ver una faceta del ser humano que no es fácil de entender por absurda, porque son acciones de una estupidez abismal, formas de comportarse irracionales, a veces con una sevicia y una brutalidad que no son comunes en ningún otro ser vivo. Parece increíble que la mente humana, la más perfecta creación de la naturaleza, pueda llegar a torcerse hasta esos niveles.
Pero aparte de los casos individuales que vemos a diario, donde cada hecho supera en maldad o aberración al anterior, en conjunto el ser humano actúa de una manera irresponsable e inadmisible que no es fácil de asimilar. Nuestro futuro en el planeta se ve amenazado de diversas maneras, mientras todos somos consientes de que se trata de bombas de tiempo que acumulan energía sin tregua para que el día que revienten no quede títere con cabeza. Pasan años, lustros y décadas mientras el hombre advierte, pronostica, se lamenta, prende las alarmas y difunde sus temores, pero nadie hace nada al respecto. Optamos mejor por actuar como el avestruz.
Un ejemplo claro es la superpoblación. Los estudios hablan de las dificultades que habrá a mediano plazo para proveer a la humanidad de alimentos y de la disminución paulatina de las fuentes hídricas, ambos recursos imprescindibles para la continuidad de la especie. Da horror enterarse de que en cincuenta años las guerras serán para arrebatarse la comida y el agua, lo que sin duda pronostica que en un principio el destino de los países más pobres será tenebroso. Aunque es cuestión de tiempo para que todos sufran similar condición.
Nos asombramos al conocer las medidas que tomaron los dirigentes comunistas chinos en su momento para controlar la tasa de natalidad, porque sin duda se trató de un atropello a la libertad, pero ahora pienso que de no haber sido así, ¿cuál sería hoy la población de ese gigante asiático? Qué tal que allá, en vez de contar las parejas con autorización para procrear uno o dos hijos, se hubieran multiplicado como conejos igual a como sucedía por estas tierras hasta hace muy poco, cuando las familias pequeñas eran las que sólo tenían media docena de muchachitos.
Otro asunto inaudito es que los Estados Unidos, el imperio que en las últimas décadas ha manejado las riendas del mundo, hayan dejado crecer el problema de la obesidad en su población hasta niveles inmanejables. Apenas ahora empiezan a tomar medidas tibias para enfrentar la crisis sanitaria generada por los quince millones de habitantes con sobrepeso, aparte de tres millones de obesos mórbidos cuyos pesos promedian los 250 kilos, lo que genera enfermedades como diabetes, hipertensión, insuficiencia cardíaca, etc. Vi en un programa de televisión a una mujer negra a quien debían hospitalizar debido a su casi media tonelada de peso, y para movilizarla fue necesario tumbar paredes y utilizar una grúa. De las hijas de la enferma la más liviana pesaba unos 120 kilos y la alimentación en esa familia se basaba en comida chatarra pedida a domicilio; mostraron a un nieto, de unos 3 años, enfrentado a una hamburguesa del tamaño de su cabeza. ¡Qué ignorancia!
La acumulación de basuras que produce el ser humano es otro problema que crece sin medida, aunque algunos traten de convencernos de que la solución es hacer como el gato: enterrar la porquería. El porcentaje que reciclamos es mínimo y en cambio las montañas de desperdicios ahogan al planeta, con el agravante ahora de los desechos electrónicos, que contaminan el ambiente en forma considerable. La polución, el esmog, la tala indiscriminada, la disminución de la capa de ozono y tantas otras calamidades, son apenas una muestra del manejo irresponsable que le da el ser humano a su hábitat.
Podrá sonar egoísta, pero me alegra sobremanera saber que no me tocará vivir el desenlace de semejante despelote.
pamear@telmex.net.co
Acompañé el correo con una nota en la que me preguntaba dónde fue que se equivocó el Creador al darle vida al ser humano, porque después de leer ese texto me di cuenta de que definitivamente le quedó muy mal hecho. Poco tiempo después compartí otro correo, ya con un grupo más escogido, donde aparecía una lolita de una belleza deslumbrante, la cual dejaba ver todos sus atributos porque modelaba tal cual y como llegó al mundo. Entonces un amigo me escribió, con cierta ironía y haciendo alusión al otro correo, que a él no le parecía que el ser humano hubiera quedado tan mal diseñado.
Ante semejante raciocinio no me quedó sino darle la razón y además rectificar que la falla se presentó fue al momento de formatearnos el disco duro. Y es que a diario nos enteramos de hechos que dejan ver una faceta del ser humano que no es fácil de entender por absurda, porque son acciones de una estupidez abismal, formas de comportarse irracionales, a veces con una sevicia y una brutalidad que no son comunes en ningún otro ser vivo. Parece increíble que la mente humana, la más perfecta creación de la naturaleza, pueda llegar a torcerse hasta esos niveles.
Pero aparte de los casos individuales que vemos a diario, donde cada hecho supera en maldad o aberración al anterior, en conjunto el ser humano actúa de una manera irresponsable e inadmisible que no es fácil de asimilar. Nuestro futuro en el planeta se ve amenazado de diversas maneras, mientras todos somos consientes de que se trata de bombas de tiempo que acumulan energía sin tregua para que el día que revienten no quede títere con cabeza. Pasan años, lustros y décadas mientras el hombre advierte, pronostica, se lamenta, prende las alarmas y difunde sus temores, pero nadie hace nada al respecto. Optamos mejor por actuar como el avestruz.
Un ejemplo claro es la superpoblación. Los estudios hablan de las dificultades que habrá a mediano plazo para proveer a la humanidad de alimentos y de la disminución paulatina de las fuentes hídricas, ambos recursos imprescindibles para la continuidad de la especie. Da horror enterarse de que en cincuenta años las guerras serán para arrebatarse la comida y el agua, lo que sin duda pronostica que en un principio el destino de los países más pobres será tenebroso. Aunque es cuestión de tiempo para que todos sufran similar condición.
Nos asombramos al conocer las medidas que tomaron los dirigentes comunistas chinos en su momento para controlar la tasa de natalidad, porque sin duda se trató de un atropello a la libertad, pero ahora pienso que de no haber sido así, ¿cuál sería hoy la población de ese gigante asiático? Qué tal que allá, en vez de contar las parejas con autorización para procrear uno o dos hijos, se hubieran multiplicado como conejos igual a como sucedía por estas tierras hasta hace muy poco, cuando las familias pequeñas eran las que sólo tenían media docena de muchachitos.
Otro asunto inaudito es que los Estados Unidos, el imperio que en las últimas décadas ha manejado las riendas del mundo, hayan dejado crecer el problema de la obesidad en su población hasta niveles inmanejables. Apenas ahora empiezan a tomar medidas tibias para enfrentar la crisis sanitaria generada por los quince millones de habitantes con sobrepeso, aparte de tres millones de obesos mórbidos cuyos pesos promedian los 250 kilos, lo que genera enfermedades como diabetes, hipertensión, insuficiencia cardíaca, etc. Vi en un programa de televisión a una mujer negra a quien debían hospitalizar debido a su casi media tonelada de peso, y para movilizarla fue necesario tumbar paredes y utilizar una grúa. De las hijas de la enferma la más liviana pesaba unos 120 kilos y la alimentación en esa familia se basaba en comida chatarra pedida a domicilio; mostraron a un nieto, de unos 3 años, enfrentado a una hamburguesa del tamaño de su cabeza. ¡Qué ignorancia!
La acumulación de basuras que produce el ser humano es otro problema que crece sin medida, aunque algunos traten de convencernos de que la solución es hacer como el gato: enterrar la porquería. El porcentaje que reciclamos es mínimo y en cambio las montañas de desperdicios ahogan al planeta, con el agravante ahora de los desechos electrónicos, que contaminan el ambiente en forma considerable. La polución, el esmog, la tala indiscriminada, la disminución de la capa de ozono y tantas otras calamidades, son apenas una muestra del manejo irresponsable que le da el ser humano a su hábitat.
Podrá sonar egoísta, pero me alegra sobremanera saber que no me tocará vivir el desenlace de semejante despelote.
pamear@telmex.net.co
martes, julio 17, 2012
Metamorfosis urbana.
Si uno entra a Manizales por la avenida Centenario y viene acompañado de un foráneo, al llegar al parque Olaya Herrera debe pensar muy bien por dónde va a cruzar el centro de la ciudad, porque el viajero va a toparse con esa primera imagen que es tan importante. Puede seguir por la avenida del centro, pero debe entretenerlo para que no detalle ambos costados de esa vía porque en ese tramo inicial, hasta la plaza Alfonso López, presenta un estado lamentable. Aunque la avenida tiene muchos años de construida, varios edificios de los que levantaron entonces en las culatas que resultaron alrededor de la vía permanecen en obra gris. Son esperpentos sin ningún estilo, nunca les dieron siquiera una capa de pintura y en su interior funcionan chuzos y cuchitriles de todo tipo.
Unos metros más arriba de la iglesia de los Agustinos hay un edificio al que se le cayó hasta el letrero donde antes podía leerse su nombre, encima de la puerta principal; el inmueble presenta un estado ruinoso y su deterioro abisma, por lo que la alcaldía debe conminar a sus propietarios a hacer algo al respecto. Inadmisible que esa sea la cara que presenta la ciudad en una de sus puertas de ingreso.
La otra opción es seguir por la carrera 23 para atravesar el centro, pero creo que por ahí es peor. Sin duda el tramo que lleva de la calle 15 a la 19 es uno de los más deprimidos de toda la ruta, porque los talleres de motos, almacenes de repuestos, cascos, chalecos, morrales y demás aditamentos para motociclistas invaden gran parte del sector. Asaderos de pollo con vitrinas donde la grasa chorrea a raudales y muchos cafetines de mala muerte que muelen música del despecho a todo timbal. Hoteluchos y pensiones hacen suponer que las bandidas andan por ahí, y en la esquina de la calle 18 hay uno en cuya puerta un anuncio ofrece pasar la noche allí por la módica suma de ocho mil pesitos, ¡negociables!
Unos metros antes de llegar a la esquina de la 18 un pendón promociona jugos afrodisíacos y vitamínicos, con precios que van desde los mil pesitos por el de chontaduro hasta los veinte mil que cobran por el cinco tiros; con precios intermedios están el de borojó, el jugo del amor prohibido, el tumba catres, el polvorete, kamasutra, levántate Lázaro, dinamita y el rompe colchones. No deben dar abasto los hospedajes del sector para atender a los clientes del incitante negocio. Una cuadra después, diagonal al Palacio Arzobispal, el andén de un supermercado está invadido por vendedores informales que ofrecen frutas y verduras de una calidad infame.
Hasta allí el visitante pensará que lo metieron por el sector de la plaza de mercado, pero al observar las construcciones a ambos lados de la calzada caerá en cuenta de que se trata del centro de la ciudad. Sin embargo, en los amplios espacios que están destinados a los peatones va a encontrar todo tipo de personas que buscan la forma de conseguir unos pesos para tener algo qué llevar a sus casas.
La arquitectura republicana se intercala con construcciones comerciales improvisadas sin ningún estilo y destinadas sólo a dar cabida a la mayor cantidad de cacharros posibles. Como en el antiguo edificio de la Caja Agraria, donde en el espacio que ocupaba el banco improvisaron varios locales que están abiertos todos los días de la semana y en cuyo interior los arrumes de mercancía llegan al techo. En los andenes los vendedores informales mantienen su botellita de licor camuflada en un talego y a cada momento la pasan de mano en mano para echarse un trago; otros juegan partidas de ajedrez o dominó para entretenerse.
No falta el limosnero que genera lástima al exhibir heridas o malformaciones, o la viejita que tirada en el piso le arranca notas destempladas a una guitarra para que le den una moneda. En la esquina de la catedral un hombre consiguió conectarse de manera fraudulenta a un poste de la energía para encender un televisor y el reproductor de video, para que quienes le compren películas piratas puedan ensayarlas antes de adquirirlas; porque de suceder, cuestan más los pasajes para ir a cambiarlas que el producto en sí.
Todo evoluciona y supongo que los negocios tradicionales que le dieron lustre a este sector de la ciudad ya no son rentables, pero esos almacenes de ropa que mantienen en la puerta un equipo de sonido a todo volumen mientras un locutor anima a los peatones a entrar, presentan una imagen deprimente; y los baratillos que ofrecen “todo a dos mil”; almacenes de chancletas y chucherías; vendedores de minutos, frutas, jugos recién exprimidos, de fritangas y demás porquerías. Y más casinos, restaurantes chinos, asaderos de pollo, cafetines y metederos. Y atracadores, travestis y fufurufas.
Soy consciente del problema social que genera el desempleo y de que la gente debe rebuscarse como sea, pero el desorden y la mala imagen que presenta nuestra vía central, columna vertebral de la ciudad, no son aceptables. Algo tiene que hacer la administración municipal para solucionarlo, para que ojalá muy pronto podamos sentirnos orgullosos nuevamente de nuestra antigua carrera de La Esponsión. Porque al menos yo, prefiero no llevar al turista por allá para no pasar vergüenzas.
pamear@telmex.net.co
Unos metros más arriba de la iglesia de los Agustinos hay un edificio al que se le cayó hasta el letrero donde antes podía leerse su nombre, encima de la puerta principal; el inmueble presenta un estado ruinoso y su deterioro abisma, por lo que la alcaldía debe conminar a sus propietarios a hacer algo al respecto. Inadmisible que esa sea la cara que presenta la ciudad en una de sus puertas de ingreso.
La otra opción es seguir por la carrera 23 para atravesar el centro, pero creo que por ahí es peor. Sin duda el tramo que lleva de la calle 15 a la 19 es uno de los más deprimidos de toda la ruta, porque los talleres de motos, almacenes de repuestos, cascos, chalecos, morrales y demás aditamentos para motociclistas invaden gran parte del sector. Asaderos de pollo con vitrinas donde la grasa chorrea a raudales y muchos cafetines de mala muerte que muelen música del despecho a todo timbal. Hoteluchos y pensiones hacen suponer que las bandidas andan por ahí, y en la esquina de la calle 18 hay uno en cuya puerta un anuncio ofrece pasar la noche allí por la módica suma de ocho mil pesitos, ¡negociables!
Unos metros antes de llegar a la esquina de la 18 un pendón promociona jugos afrodisíacos y vitamínicos, con precios que van desde los mil pesitos por el de chontaduro hasta los veinte mil que cobran por el cinco tiros; con precios intermedios están el de borojó, el jugo del amor prohibido, el tumba catres, el polvorete, kamasutra, levántate Lázaro, dinamita y el rompe colchones. No deben dar abasto los hospedajes del sector para atender a los clientes del incitante negocio. Una cuadra después, diagonal al Palacio Arzobispal, el andén de un supermercado está invadido por vendedores informales que ofrecen frutas y verduras de una calidad infame.
Hasta allí el visitante pensará que lo metieron por el sector de la plaza de mercado, pero al observar las construcciones a ambos lados de la calzada caerá en cuenta de que se trata del centro de la ciudad. Sin embargo, en los amplios espacios que están destinados a los peatones va a encontrar todo tipo de personas que buscan la forma de conseguir unos pesos para tener algo qué llevar a sus casas.
La arquitectura republicana se intercala con construcciones comerciales improvisadas sin ningún estilo y destinadas sólo a dar cabida a la mayor cantidad de cacharros posibles. Como en el antiguo edificio de la Caja Agraria, donde en el espacio que ocupaba el banco improvisaron varios locales que están abiertos todos los días de la semana y en cuyo interior los arrumes de mercancía llegan al techo. En los andenes los vendedores informales mantienen su botellita de licor camuflada en un talego y a cada momento la pasan de mano en mano para echarse un trago; otros juegan partidas de ajedrez o dominó para entretenerse.
No falta el limosnero que genera lástima al exhibir heridas o malformaciones, o la viejita que tirada en el piso le arranca notas destempladas a una guitarra para que le den una moneda. En la esquina de la catedral un hombre consiguió conectarse de manera fraudulenta a un poste de la energía para encender un televisor y el reproductor de video, para que quienes le compren películas piratas puedan ensayarlas antes de adquirirlas; porque de suceder, cuestan más los pasajes para ir a cambiarlas que el producto en sí.
Todo evoluciona y supongo que los negocios tradicionales que le dieron lustre a este sector de la ciudad ya no son rentables, pero esos almacenes de ropa que mantienen en la puerta un equipo de sonido a todo volumen mientras un locutor anima a los peatones a entrar, presentan una imagen deprimente; y los baratillos que ofrecen “todo a dos mil”; almacenes de chancletas y chucherías; vendedores de minutos, frutas, jugos recién exprimidos, de fritangas y demás porquerías. Y más casinos, restaurantes chinos, asaderos de pollo, cafetines y metederos. Y atracadores, travestis y fufurufas.
Soy consciente del problema social que genera el desempleo y de que la gente debe rebuscarse como sea, pero el desorden y la mala imagen que presenta nuestra vía central, columna vertebral de la ciudad, no son aceptables. Algo tiene que hacer la administración municipal para solucionarlo, para que ojalá muy pronto podamos sentirnos orgullosos nuevamente de nuestra antigua carrera de La Esponsión. Porque al menos yo, prefiero no llevar al turista por allá para no pasar vergüenzas.
pamear@telmex.net.co
martes, julio 10, 2012
¿Distintos nosotros?
Algunas adolescentes que apenas empiezan a ejercer en los tejemanejes del amor se quejan porque el noviecito de turno es muy distinto a ellas. Es que no nos parecemos en nada, dicen angustiadas, convencidas tal vez de que el escogido sería algo así como su alma gemela, con gustos idénticos y sueños paralelos a los suyos. Claro que las niñas a esa edad deberían saber, por crecer en familia, que pocas cosas son tan diferentes en este mundo como el comportamiento de hombres y mujeres. Porque aunque está claro que mi Dios sabe cómo hace sus cosas, en situaciones como estas nos preguntamos si se descachó, debido a algunas discrepancias que nos complican un poco la convivencia a los humanos.
Sin duda las diferencias se notan desde los primeros años de vida porque la mayoría de los niños son inquietos, ladinos, dañinos y traviesos, mientras las nenas se distinguen por su ternura, suavidad y dulzura. Al crecer un poco ellas juegan a las muñecas, al doctor o al papá y a la mamá, mientras los zambos buscan qué maldad hacer, cómo mortificar a las muchachitas, o en muchos casos participan en sus juegos con el único fin de meterle malicia al asunto. Sin duda las féminas maduran primero que los varones, lo que puede verse cuando púberes ellas empiezan a mirarlos con interés, mientras a los mocosos no se las pueden siquiera nombrar. ¡Gas!, dicen los culicagaos.
Entonces llega la adolescencia y los papeles se invierten. No sé cómo será ahora, porque estoy desactualizado, pero aunque cambien las costumbres la forma de pensar y de comportarse son muy similares. Entiendo que hoy, como dicen, son dos cucharadas de caldo y mano a la presa, mientras que a nosotros nos tocaba trabajarle más al galanteo. En las primeras visitas de novio, o marcadas de tarjeta, tocaba ser prudente y recatado para que ella lo tildara de tierno, divino y detallista, cuando en realidad por la mente del machucante pasaban pensamientos ardientes y su imaginación volaba entre la lujuria y el deseo. Era común ir a cine el sábado por la tarde con varias parejas amigas, programa que era esperado por ambos sexos con disímiles expectativas: mientras ellas se preguntaban si la película sería tierna y de llorar, los zambos sólo pensaban en el momento en que apagaban las luces para poderse lanzar al ataque.
En las fiestas y reuniones también se notaban ciertos contrastes, como que los muchachitos estaban pendientes de tomar trago a escondidas, entre otras cosas para tener el valor de cuadrársele a la pretendida o siquiera sacarla a bailar. El que supiera bailar y además no le diera pena era calificado de mariquetas (igual si era educado, tuteaba, no decía groserías, era caballeroso, etc.), y en cambio la mayoría debíamos esperar a estar copetones para animarnos a hacer semejante oso. Ni pensar en esa época en tomar clases de baile porque si los amigos se enteraban no quedaba sino irse del país, de manera que para las mujeres era una gran decepción no tener con quién revolotear por la pista. Eso sí, sonaba un bolero y salíamos todos en patota, porque ese ritmo es muy fácil de llevar y además le permite al parejo arrimársele a la muchacha. Lo que llamábamos rastrillarlo.
A las mujeres siempre les ha gustado participar en fiestas de disfraces, mientras a la mayoría de los hombres el asunto nos parece ridículo y enguandoso. Claro que eso tiene que ver con la personalidad, que en ellas es más definida, porque nosotros le empezamos a encontrar gracia al disfraz cuando tenemos varios tragos entre pecho y espalda. Luego viene el tema de las fotos. En cualquier fiesta, paseo, reunión, celebración o donde quiera que estén, ellas tienen que tomar cientos de fotografías; a las mismas personas, en poses similares, sin variables ni sorpresas. Luego se sientan a verlas en grupo, comentan una por una, las repasan, critican a fulano, detallan el peinado de aquella, y aprovechan para alabarse mutuamente: cómo sales de bonita, te sienta muy bien ese vestido, tienes el pelo divino… En cambio le muestran a uno las fotos, las mira a la velocidad del rayo y por compromiso comenta: muy buenas.
Esto es apenas una muestra de las miles de diferencias que hay en la forma de comportarse y de pensar de ambos sexos, situación que deben tener muy clara las personas antes de decidirse a convivir con una pareja. Porque ahí es donde aparecen los contrastes: en el orden, los gustos al momento de ver televisión, el cuidado del carro familiar, los horarios, la cuerda para la rumba, la tomadita de trago, la educación de los hijos… Aunque tal vez la diferencia más marcada está en la calentura, que en los varones dura varias décadas mientras que ellas empiezan a perder el entusiasmo a las pocas semanas de cohabitar; para ello echan mano de las consabidas disculpas: el período, dolor de cabeza, los niños, que de pronto llama mi mamá, que los vecinos oyen, que qué calor, que mejor mañana temprano…
Claro que estas situaciones dejarán de tener vigencia muy pronto porque si en el pasado la mariconería era algo inusual, en el presente se ve con frecuencia y al paso que vamos mucho me temo que puede llegar a volverse obligatoria.
pamear@telmex.net.co
Sin duda las diferencias se notan desde los primeros años de vida porque la mayoría de los niños son inquietos, ladinos, dañinos y traviesos, mientras las nenas se distinguen por su ternura, suavidad y dulzura. Al crecer un poco ellas juegan a las muñecas, al doctor o al papá y a la mamá, mientras los zambos buscan qué maldad hacer, cómo mortificar a las muchachitas, o en muchos casos participan en sus juegos con el único fin de meterle malicia al asunto. Sin duda las féminas maduran primero que los varones, lo que puede verse cuando púberes ellas empiezan a mirarlos con interés, mientras a los mocosos no se las pueden siquiera nombrar. ¡Gas!, dicen los culicagaos.
Entonces llega la adolescencia y los papeles se invierten. No sé cómo será ahora, porque estoy desactualizado, pero aunque cambien las costumbres la forma de pensar y de comportarse son muy similares. Entiendo que hoy, como dicen, son dos cucharadas de caldo y mano a la presa, mientras que a nosotros nos tocaba trabajarle más al galanteo. En las primeras visitas de novio, o marcadas de tarjeta, tocaba ser prudente y recatado para que ella lo tildara de tierno, divino y detallista, cuando en realidad por la mente del machucante pasaban pensamientos ardientes y su imaginación volaba entre la lujuria y el deseo. Era común ir a cine el sábado por la tarde con varias parejas amigas, programa que era esperado por ambos sexos con disímiles expectativas: mientras ellas se preguntaban si la película sería tierna y de llorar, los zambos sólo pensaban en el momento en que apagaban las luces para poderse lanzar al ataque.
En las fiestas y reuniones también se notaban ciertos contrastes, como que los muchachitos estaban pendientes de tomar trago a escondidas, entre otras cosas para tener el valor de cuadrársele a la pretendida o siquiera sacarla a bailar. El que supiera bailar y además no le diera pena era calificado de mariquetas (igual si era educado, tuteaba, no decía groserías, era caballeroso, etc.), y en cambio la mayoría debíamos esperar a estar copetones para animarnos a hacer semejante oso. Ni pensar en esa época en tomar clases de baile porque si los amigos se enteraban no quedaba sino irse del país, de manera que para las mujeres era una gran decepción no tener con quién revolotear por la pista. Eso sí, sonaba un bolero y salíamos todos en patota, porque ese ritmo es muy fácil de llevar y además le permite al parejo arrimársele a la muchacha. Lo que llamábamos rastrillarlo.
A las mujeres siempre les ha gustado participar en fiestas de disfraces, mientras a la mayoría de los hombres el asunto nos parece ridículo y enguandoso. Claro que eso tiene que ver con la personalidad, que en ellas es más definida, porque nosotros le empezamos a encontrar gracia al disfraz cuando tenemos varios tragos entre pecho y espalda. Luego viene el tema de las fotos. En cualquier fiesta, paseo, reunión, celebración o donde quiera que estén, ellas tienen que tomar cientos de fotografías; a las mismas personas, en poses similares, sin variables ni sorpresas. Luego se sientan a verlas en grupo, comentan una por una, las repasan, critican a fulano, detallan el peinado de aquella, y aprovechan para alabarse mutuamente: cómo sales de bonita, te sienta muy bien ese vestido, tienes el pelo divino… En cambio le muestran a uno las fotos, las mira a la velocidad del rayo y por compromiso comenta: muy buenas.
Esto es apenas una muestra de las miles de diferencias que hay en la forma de comportarse y de pensar de ambos sexos, situación que deben tener muy clara las personas antes de decidirse a convivir con una pareja. Porque ahí es donde aparecen los contrastes: en el orden, los gustos al momento de ver televisión, el cuidado del carro familiar, los horarios, la cuerda para la rumba, la tomadita de trago, la educación de los hijos… Aunque tal vez la diferencia más marcada está en la calentura, que en los varones dura varias décadas mientras que ellas empiezan a perder el entusiasmo a las pocas semanas de cohabitar; para ello echan mano de las consabidas disculpas: el período, dolor de cabeza, los niños, que de pronto llama mi mamá, que los vecinos oyen, que qué calor, que mejor mañana temprano…
Claro que estas situaciones dejarán de tener vigencia muy pronto porque si en el pasado la mariconería era algo inusual, en el presente se ve con frecuencia y al paso que vamos mucho me temo que puede llegar a volverse obligatoria.
pamear@telmex.net.co
miércoles, julio 04, 2012
Absurda alcaldada.
Cormanizales debe lanzar una campaña publicitaria en Bogotá para invitar a los amantes de los toros a que vengan a la próxima feria taurina de nuestra ciudad. El alcalde Petro encontró el apoyo popular necesario para tomar una medida que se veía venir, sin importar el derecho de quienes gustan de esa fiesta centenaria. Porque si estamos en una democracia lo justo es respetar el libre albedrío de todos los ciudadanos y que una actividad que ha sido tradicional en muchos países, una cultura ancestral heredada de nuestros antepasados, pueda ejercerse con las condiciones que ha tenido hasta hoy.
En cualquier encuesta puede notarse un apoyo mayoritario a suspender las corridas de toros, pero en realidad muy pocos de los consultados han asistido alguna vez a ese tipo de espectáculo, porque sin duda es costoso y elitista. Por lo tanto es fácil solidarizarse con los defensores de los animales, pero pocos piensan en el sufrimiento que soportan los pollos en los criaderos, el estrés de reses y cerdos desde que los embarcan en un camión para llevarlos al matadero o la forma cruel como atrapan los peces para convertirlos en filetes. Todos ellos componentes de la dieta diaria que la gente consume sin ningún remordimiento.
También ignorarán muchos encuestados que la lucha entre el hombre y el toro se remonta a la Edad de Bronce, actividad que está registrada en pinturas rupestres y demás expresiones artísticas. En la Edad Media Carlomagno era aficionado a lancear toros y hace mil años en España los nobles celebraban sus triunfos bélicos y demás acontecimientos con espectáculos taurinos en las plazas públicas. Que no crean que fue inventada hace poco tiempo para el disfrute de unos privilegiados, porque se trata de una tradición que ha sobrevivido a muchas generaciones. Otra cosa es que el toro de lidia se cría para morir en la arena y desaparecidas las corridas, él también dejará de existir. Porque un animal que cuesta entre diez y quince millones de pesos no puede venderse por kilos, ya que saldría muy costoso el bocado.
Hace muchos años perdí el interés por los toros, ya ni por televisión los veo, pero defiendo el derecho de quienes gustan de la fiesta brava. Es un espectáculo privado en el que solo participan los interesados, tributa al fisco, mueve la economía, genera empleo y congrega una minoría que vive durante todo el año alrededor de esa actividad. Le oí decir a Mario Vargas Llosa algo muy sensato: “así como no obligan a nadie a asistir a las corridas de toros, que tampoco le prohíban a nadie disfrutarlas”. Ese cuento de convertir la plaza de toros en un escenario para la poesía y la cultura me parece como disparatado, porque nos arriesgamos a que en el fututo otro alcalde salga con que va a programar corralejas en la tarima del Teatro Colón. ¡Válgame dios!
Pues ahora la dirigencia antioqueña se antojó de la idea, sin duda porque genera dividendos electorales, y empiezan a hacer propuestas para modificar la fiesta taurina en Medellín. El alcalde Gaviria propone intercalar corridas cruenta e incruentas, y desde ya puedo asegurar que ningún aficionado serio asistirá a las segundas; a lo mejor irán algunos noveleros, pero es muy posible que prefieran a los Enanitos toreros o a Superman y su cuadrilla. Por algo la muerte del toro se llama suerte suprema, en el arte de Cúchares, y sin ella la lidia pierde el sentido. Es como un partido de fútbol sin goles.
Espero que en Manizales no se les ocurra siquiera plantear el tema, porque sería darle la estocada a la feria anual. En las dos principales ciudades del país la temporada taurina se desarrolla los fines de semana, pero en nuestro caso se trata de la espina dorsal de la fiesta más importante del año; la que nos proyecta al resto del país y al mundo, de la que viven muchas familias durante algún tiempo, la semana en que se reactiva el turismo y los visitantes disfrutan de nuestra hospitalidad. Por fortuna rolos y paisas saben que aquí los esperamos con los brazos abiertos y que mientras llegan a sus ciudades mandatarios sensatos que reversen la medida, pueden contar con la feria taurina de Manizales.
A Cormanizales le queda la responsabilidad de lucirse con carteles y ganaderías, como siempre lo ha hecho, porque en las ferias de Cali y Manizales estarán puestas todas las expectativas; mientras tanto el alcalde de Cartagena anunció que reactivará las corridas de toros para la próxima temporada, pero es sabido que esa feria no tiene tradición y quienes asisten son en su mayoría turistas que vacacionan por esa época en La Heroica. Sin duda es la oportunidad para lucirnos ante el mundo taurino y reafirmar que nuestra plaza de toros es una de las más importantes de América.
De imponerse esa prohibición qué camino cogerán toreros y cuadrillas; los empleados de las empresas taurinas; los que venden botas, ponchos y sombreros; quienes tocan clarines y timbales; aquellos que manejan el ganado bravo en las dehesas; y tantas personas que viven de la fiesta de los toros. Ahí los únicos que podrían quedarse en la plaza son los monosabios, para que le den la vuelta al ruedo al poeta que se faje un buen recital.
pamear@telmex.net.co
En cualquier encuesta puede notarse un apoyo mayoritario a suspender las corridas de toros, pero en realidad muy pocos de los consultados han asistido alguna vez a ese tipo de espectáculo, porque sin duda es costoso y elitista. Por lo tanto es fácil solidarizarse con los defensores de los animales, pero pocos piensan en el sufrimiento que soportan los pollos en los criaderos, el estrés de reses y cerdos desde que los embarcan en un camión para llevarlos al matadero o la forma cruel como atrapan los peces para convertirlos en filetes. Todos ellos componentes de la dieta diaria que la gente consume sin ningún remordimiento.
También ignorarán muchos encuestados que la lucha entre el hombre y el toro se remonta a la Edad de Bronce, actividad que está registrada en pinturas rupestres y demás expresiones artísticas. En la Edad Media Carlomagno era aficionado a lancear toros y hace mil años en España los nobles celebraban sus triunfos bélicos y demás acontecimientos con espectáculos taurinos en las plazas públicas. Que no crean que fue inventada hace poco tiempo para el disfrute de unos privilegiados, porque se trata de una tradición que ha sobrevivido a muchas generaciones. Otra cosa es que el toro de lidia se cría para morir en la arena y desaparecidas las corridas, él también dejará de existir. Porque un animal que cuesta entre diez y quince millones de pesos no puede venderse por kilos, ya que saldría muy costoso el bocado.
Hace muchos años perdí el interés por los toros, ya ni por televisión los veo, pero defiendo el derecho de quienes gustan de la fiesta brava. Es un espectáculo privado en el que solo participan los interesados, tributa al fisco, mueve la economía, genera empleo y congrega una minoría que vive durante todo el año alrededor de esa actividad. Le oí decir a Mario Vargas Llosa algo muy sensato: “así como no obligan a nadie a asistir a las corridas de toros, que tampoco le prohíban a nadie disfrutarlas”. Ese cuento de convertir la plaza de toros en un escenario para la poesía y la cultura me parece como disparatado, porque nos arriesgamos a que en el fututo otro alcalde salga con que va a programar corralejas en la tarima del Teatro Colón. ¡Válgame dios!
Pues ahora la dirigencia antioqueña se antojó de la idea, sin duda porque genera dividendos electorales, y empiezan a hacer propuestas para modificar la fiesta taurina en Medellín. El alcalde Gaviria propone intercalar corridas cruenta e incruentas, y desde ya puedo asegurar que ningún aficionado serio asistirá a las segundas; a lo mejor irán algunos noveleros, pero es muy posible que prefieran a los Enanitos toreros o a Superman y su cuadrilla. Por algo la muerte del toro se llama suerte suprema, en el arte de Cúchares, y sin ella la lidia pierde el sentido. Es como un partido de fútbol sin goles.
Espero que en Manizales no se les ocurra siquiera plantear el tema, porque sería darle la estocada a la feria anual. En las dos principales ciudades del país la temporada taurina se desarrolla los fines de semana, pero en nuestro caso se trata de la espina dorsal de la fiesta más importante del año; la que nos proyecta al resto del país y al mundo, de la que viven muchas familias durante algún tiempo, la semana en que se reactiva el turismo y los visitantes disfrutan de nuestra hospitalidad. Por fortuna rolos y paisas saben que aquí los esperamos con los brazos abiertos y que mientras llegan a sus ciudades mandatarios sensatos que reversen la medida, pueden contar con la feria taurina de Manizales.
A Cormanizales le queda la responsabilidad de lucirse con carteles y ganaderías, como siempre lo ha hecho, porque en las ferias de Cali y Manizales estarán puestas todas las expectativas; mientras tanto el alcalde de Cartagena anunció que reactivará las corridas de toros para la próxima temporada, pero es sabido que esa feria no tiene tradición y quienes asisten son en su mayoría turistas que vacacionan por esa época en La Heroica. Sin duda es la oportunidad para lucirnos ante el mundo taurino y reafirmar que nuestra plaza de toros es una de las más importantes de América.
De imponerse esa prohibición qué camino cogerán toreros y cuadrillas; los empleados de las empresas taurinas; los que venden botas, ponchos y sombreros; quienes tocan clarines y timbales; aquellos que manejan el ganado bravo en las dehesas; y tantas personas que viven de la fiesta de los toros. Ahí los únicos que podrían quedarse en la plaza son los monosabios, para que le den la vuelta al ruedo al poeta que se faje un buen recital.
pamear@telmex.net.co
miércoles, junio 27, 2012
Caracas in situ (II).
Nada como poder ir a un sitio, recorrerlo, hablar con la gente y experimentar algo de lo que se vive allá. La ciudad de Santiago de León de Caracas está conformada por el Distrito Capital y los municipios de Baruta, Chacao, El Hatillo, Sucre y Libertador (el más grande, pobre y chavista), localidades todas absorbidas por la urbe. Los diferentes municipios son gobiernistas u opositores, y esa polarización puede sentirse en el ambiente; mientras en unos la propaganda del gobierno agobia, en los otros se impone la publicidad que promueve al candidato opositor. También es notorio que en zonas afines al gobierno el mantenimiento de la malla vial es superior.
En las llamadas urbanizaciones, donde viven las personas de mayor poder adquisitivo, el odio hacia el gobierno de Chávez es absoluto. Lo llaman el “Mico-mandante” y llegan al extremo de mirar con malos ojos a la persona que posea un vehículo de color rojo, y ni hablar de los malos momentos que debe enfrentar quien por descuido vista prendas de ese color. Ellos están convencidos de que en las próximas elecciones de octubre ganará el candidato Capriles, quien representa a la oposición, aunque me quedan serias dudas porque está muy claro que “el que cuenta es el que gana”.
Del otro lado está el pueblo raso, los pobres, a quienes entregan un subsidio en metálico para que lo gasten como quieran; es tal la irresponsabilidad, que el gobierno ha llegado a repartir esa ayuda económica acompañada de algún alimento para las mujeres, como harina o arroz, mientras que a los hombres les entregan el dinero con una cajita de licor. Calcule cuántos de ellos terminarán en bares, cantinas y casas de citas. Otra forma de comprar respaldo popular es nombrar a las personas en cargos que no tienen que ejercer. Una empleada del servicio doméstico que trabajó en casa de unos amigos era a su vez maestra y recibía un salario mensual equivalente a quinientos mil pesos colombianos, con el agravante que la mujer no sabía leer ni escribir. Simplemente reclamaba su cheque quincenal y por lo tanto renunciaba a su empleo como doméstica por cualquier disgusto menor con la patrona.
Los empresarios, comerciantes, industriales, etc., viven en la incertidumbre porque bien es sabido que el Presidente cambia de parecer con mucha facilidad y en busca del apoyo popular toma medidas francamente peligrosas para los inversionistas. Supe de una multinacional que tuvo planta de producción en Venezuela y hace una década generaba dos mil quinientos empleos, personal que en la actualidad no llega a los cien porque prefirieron cerrar la fábrica y dedicarse sólo a comercializar lo que produce la empresa en países vecinos. Otra cosa es que el Gobierno Bolivariano con mucha regularidad les pide grandes cantidades de mercancía y el valor de la misma debe anotarse en el libro de pérdidas.
En Caracas actualmente hay que andarse con cuidado. El gobierno envía funcionarios para que visiten residencias particulares con la disculpa que van a contar cuántas bombillas utilizan, y si tienen ahorradoras, con el único fin de ver si en los hogares sobra espacio. De ser así, son obligados a recibir personas que el gobierno destina para ser alojadas; y ante eso no hay tutía. También pueden verse muchos inmuebles expropiados, desde el emblemático hotel Hilton, hoy transformado en hotel Alba, hasta la mayoría de moteles que están convertidos en centros de refugio para damnificados del invierno. El desabastecimiento de ciertos productos también es notorio, hasta el punto que nuestra anfitriona pidió como regalo desde Colombia una buena provisión de papel higiénico y servilletas. Claro que a su vez los medicamentos son, para nosotros, a precios irrisorios.
Caracas es encantadora, cosmopolita y pintoresca. En sus amplias calles y avenidas pululan los árboles, además de muchos parques que invitan al recogimiento. Al recorrerla se entrelazan la arquitectura tradicional con la moderna y en las colinas circundantes una maraña de vías conduce al visitante a una gran diversidad de paisajes y experiencias. Sus gentes amables y alegres, de sangre Caribe, me hicieron sentir como en casa. Lástima que tantos han debido abandonar el país debido a la situación, pues el gobierno irresponsable dilapida los recursos de un territorio privilegiado. Por fortuna en nuestras ciudades muchos de ellos han encontrado un acogedor refugio donde soportar su pasajero exilio.
La comida típica de Venezuela se basa en las arepas rellenas: la reina pepiada, con pollo y aguacate; pelúa, con queso y carne desmechada; dominó, con caraota y queso; y la tradicional cachapa, arepa de chócolo rellena de pernil y queso telita o de mano. También existe una especie de bandeja paisa que llaman pabellón.
Algunas expresiones llamaron mi atención, como que al maracuyá le dicen parchita; a la granadilla, parchita colombiana; al banano, cambur; al plátano maduro, cambur amarillo; a la papaya, lechosa; y a la panela, papelón. Las camionetas son gandolas; los corotos, macundales; la encerrona, guarimba; currucutear es chismosear y echarle pichón es ponerle ganas. Allá no se soborna, se matraquea; en vez de enguayabado, enratonao; el tacaño es pichirre y el pinchado sifrino. Le dicen pana al amigo, catire al rubio y niche al ordinario.
Gracias a la generosidad de unos buenos amigos Caracas perdurará en mi recuerdo, aunque espero regresar algún día porque faltó tanto por conocer…
pamear@telmex.net.co
En las llamadas urbanizaciones, donde viven las personas de mayor poder adquisitivo, el odio hacia el gobierno de Chávez es absoluto. Lo llaman el “Mico-mandante” y llegan al extremo de mirar con malos ojos a la persona que posea un vehículo de color rojo, y ni hablar de los malos momentos que debe enfrentar quien por descuido vista prendas de ese color. Ellos están convencidos de que en las próximas elecciones de octubre ganará el candidato Capriles, quien representa a la oposición, aunque me quedan serias dudas porque está muy claro que “el que cuenta es el que gana”.
Del otro lado está el pueblo raso, los pobres, a quienes entregan un subsidio en metálico para que lo gasten como quieran; es tal la irresponsabilidad, que el gobierno ha llegado a repartir esa ayuda económica acompañada de algún alimento para las mujeres, como harina o arroz, mientras que a los hombres les entregan el dinero con una cajita de licor. Calcule cuántos de ellos terminarán en bares, cantinas y casas de citas. Otra forma de comprar respaldo popular es nombrar a las personas en cargos que no tienen que ejercer. Una empleada del servicio doméstico que trabajó en casa de unos amigos era a su vez maestra y recibía un salario mensual equivalente a quinientos mil pesos colombianos, con el agravante que la mujer no sabía leer ni escribir. Simplemente reclamaba su cheque quincenal y por lo tanto renunciaba a su empleo como doméstica por cualquier disgusto menor con la patrona.
Los empresarios, comerciantes, industriales, etc., viven en la incertidumbre porque bien es sabido que el Presidente cambia de parecer con mucha facilidad y en busca del apoyo popular toma medidas francamente peligrosas para los inversionistas. Supe de una multinacional que tuvo planta de producción en Venezuela y hace una década generaba dos mil quinientos empleos, personal que en la actualidad no llega a los cien porque prefirieron cerrar la fábrica y dedicarse sólo a comercializar lo que produce la empresa en países vecinos. Otra cosa es que el Gobierno Bolivariano con mucha regularidad les pide grandes cantidades de mercancía y el valor de la misma debe anotarse en el libro de pérdidas.
En Caracas actualmente hay que andarse con cuidado. El gobierno envía funcionarios para que visiten residencias particulares con la disculpa que van a contar cuántas bombillas utilizan, y si tienen ahorradoras, con el único fin de ver si en los hogares sobra espacio. De ser así, son obligados a recibir personas que el gobierno destina para ser alojadas; y ante eso no hay tutía. También pueden verse muchos inmuebles expropiados, desde el emblemático hotel Hilton, hoy transformado en hotel Alba, hasta la mayoría de moteles que están convertidos en centros de refugio para damnificados del invierno. El desabastecimiento de ciertos productos también es notorio, hasta el punto que nuestra anfitriona pidió como regalo desde Colombia una buena provisión de papel higiénico y servilletas. Claro que a su vez los medicamentos son, para nosotros, a precios irrisorios.
Caracas es encantadora, cosmopolita y pintoresca. En sus amplias calles y avenidas pululan los árboles, además de muchos parques que invitan al recogimiento. Al recorrerla se entrelazan la arquitectura tradicional con la moderna y en las colinas circundantes una maraña de vías conduce al visitante a una gran diversidad de paisajes y experiencias. Sus gentes amables y alegres, de sangre Caribe, me hicieron sentir como en casa. Lástima que tantos han debido abandonar el país debido a la situación, pues el gobierno irresponsable dilapida los recursos de un territorio privilegiado. Por fortuna en nuestras ciudades muchos de ellos han encontrado un acogedor refugio donde soportar su pasajero exilio.
La comida típica de Venezuela se basa en las arepas rellenas: la reina pepiada, con pollo y aguacate; pelúa, con queso y carne desmechada; dominó, con caraota y queso; y la tradicional cachapa, arepa de chócolo rellena de pernil y queso telita o de mano. También existe una especie de bandeja paisa que llaman pabellón.
Algunas expresiones llamaron mi atención, como que al maracuyá le dicen parchita; a la granadilla, parchita colombiana; al banano, cambur; al plátano maduro, cambur amarillo; a la papaya, lechosa; y a la panela, papelón. Las camionetas son gandolas; los corotos, macundales; la encerrona, guarimba; currucutear es chismosear y echarle pichón es ponerle ganas. Allá no se soborna, se matraquea; en vez de enguayabado, enratonao; el tacaño es pichirre y el pinchado sifrino. Le dicen pana al amigo, catire al rubio y niche al ordinario.
Gracias a la generosidad de unos buenos amigos Caracas perdurará en mi recuerdo, aunque espero regresar algún día porque faltó tanto por conocer…
pamear@telmex.net.co
viernes, junio 22, 2012
Caracas in situ (I).
Sucede a menudo que uno se entera de algo por medio de diferentes opiniones y puntos de vista, según quien lo relate. Me ha pasado por ejemplo con Cuba, isla que no conozco, pero que me interesan su historia y condición actual. Entonces siempre que hablo con alguien que ha estado allá indago por sus experiencias, la opinión que tiene de la dictadura, cómo vio a la gente, qué les oyó decir, cómo es el ambiente y muchos otros detalles relativos a la situación que se vive en ese controvertido país caribeño. Lo mismo ha sucedido durante la última década con Venezuela, que bajo el gobierno de Chávez crea mucha polémica y son diversas las opiniones que se conocen al respecto. Por fortuna tuve la oportunidad de viajar allí durante unos días y conocer de cerca algo de la realidad del país hermano.
Desde la llegada al aeropuerto de Maiquetía puede notarse en los empleados y funcionarios una actitud arrogante y displicente, todos uniformados con camisa roja. Ya en la autopista que comunica a la costa con Caracas, distante unos 45 minutos y que asciende de los cero a los novecientos metros sobre el nivel del mar, pueden verse infinidad de vallas, carteles y demás propaganda gobiernista, donde la figura de Chávez aparece repetida, las frases bolivarianas empalagan y todo forma una gran contaminación visual; hasta las piedras de la orilla están pintadas con los colores de la bandera.
Al llegar a la capital por el norte lo primero que puede verse son barrios populares, parecidos a las favelas de Río o a las comunas de Medellín, pero ya al ingresar en el valle de Caracas la ciudad se torna bien interesante. La infraestructura vial es envidiable, y eso que fue construida en buena parte durante la dictadura de Pérez Jiménez, por allá en la década de 1950; repartidores viales como El pulpo y La araña que hizo famosos Piero con su canción, viaductos, autopistas de dos pisos, puentes, avenidas y demás obras que a pesar del número exagerado de vehículos que transitan, el tráfico no llega a ser tan pesado como al que estamos acostumbrados en las principales ciudades de nuestro país; además nadie pita. Las principales vías están en excelente estado, pero muchas calles en los barrios y algunas carreteras secundarias dejan mucho qué desear.
El metro de Caracas cubre sólo unas zonas de la gran metrópoli y algo que llama la atención es que en las calles, a excepción del centro de la ciudad, el servicio de transporte público es muy escaso. Casi no se ven buses, taxis o colectivos, porque como ya dije, mucha gente tiene carro propio. Y la razón para esto es muy simple: que la gasolina es regalada. Y digo que regalada porque lo que cobran en las estaciones de servicio, todas ellas de PDV (antes PDVSA), es un precio simbólico.
Salimos de paseo con la persona que nos invitó y al llegar a la bomba me dispuse a pagar la tanqueada de la camioneta, y no podía entender cuando el dependiente me dijo que debía 4.50 bolívares por los 50 litros de gasolina que registró el surtidor. Eso corresponde a $900 de los nuestros porque el cambio oficial es de 4.30 bolívares por dólar, pero en el mercado paralelo los pagan al doble, casi a 9 bolívares por dólar. Increíble, la propina que le dimos al tipo fue más de lo que pagué por el combustible. Lo paradójico es que a pesar de esa condición favorable, cualquier tipo de transporte, de pasajeros o de carga, es muy costoso.
Allá cualquiera convierte su carro particular en taxi; basta ponerle un aviso y a trabajar, mientras la autoridad hace la vista gorda. Quien compra vehículo nuevo es común que deba esperar uno o dos años para recibirlo, y quienes reniegan en Colombia por el caos que forman los motociclistas es porque no han visitado Caracas; son una plaga, no respetan normas ni leyes, transitan a toda velocidad por los callejones entre los vehículos en las autopistas y ¡ay! de quien ose agredirlos o siquiera atravesarse: pueden llegar a lincharlo.
Caracas es una ciudad de contrastes. En los llamados barrios viven los estratos bajos y en las urbanizaciones los ricos y poderosos. Muchas veces simples calles separan a la pobreza y a un boato que deslumbra. Aunque recorrimos muchas zonas de la ciudad no pude ver barrios de clase media como los de nuestras ciudades, porque todas son mansiones y en muchas de ellas solo puede verse un muro con una gran puerta, todo monitoreado con cámaras de seguridad, alarmas electrónicas y blindaje con alambres de púas.
La inseguridad es tal que muchos caraqueños visitan Bogotá y se sienten tranquilos y confiados. Los edificios tienen rejas en las ventanas hasta el último piso, así sean treinta, porque existen bandas de hombres araña que escalan paredes e ingresan a los apartamentos. De noche la gente pudiente sale únicamente en carro blindado; el secuestro exprés es pan de todos los días; y en el centro es mejor no abrir las ventanas del carro. Además, si la Guardia Bolivariana lo pilla tomando fotos en los alrededores de Miraflores u otros edificios gubernamentales, puede meterse en líos.
Dejo para la próxima entrega otros datos que pueden ser de interés.
pamear@telmex.net.co
Desde la llegada al aeropuerto de Maiquetía puede notarse en los empleados y funcionarios una actitud arrogante y displicente, todos uniformados con camisa roja. Ya en la autopista que comunica a la costa con Caracas, distante unos 45 minutos y que asciende de los cero a los novecientos metros sobre el nivel del mar, pueden verse infinidad de vallas, carteles y demás propaganda gobiernista, donde la figura de Chávez aparece repetida, las frases bolivarianas empalagan y todo forma una gran contaminación visual; hasta las piedras de la orilla están pintadas con los colores de la bandera.
Al llegar a la capital por el norte lo primero que puede verse son barrios populares, parecidos a las favelas de Río o a las comunas de Medellín, pero ya al ingresar en el valle de Caracas la ciudad se torna bien interesante. La infraestructura vial es envidiable, y eso que fue construida en buena parte durante la dictadura de Pérez Jiménez, por allá en la década de 1950; repartidores viales como El pulpo y La araña que hizo famosos Piero con su canción, viaductos, autopistas de dos pisos, puentes, avenidas y demás obras que a pesar del número exagerado de vehículos que transitan, el tráfico no llega a ser tan pesado como al que estamos acostumbrados en las principales ciudades de nuestro país; además nadie pita. Las principales vías están en excelente estado, pero muchas calles en los barrios y algunas carreteras secundarias dejan mucho qué desear.
El metro de Caracas cubre sólo unas zonas de la gran metrópoli y algo que llama la atención es que en las calles, a excepción del centro de la ciudad, el servicio de transporte público es muy escaso. Casi no se ven buses, taxis o colectivos, porque como ya dije, mucha gente tiene carro propio. Y la razón para esto es muy simple: que la gasolina es regalada. Y digo que regalada porque lo que cobran en las estaciones de servicio, todas ellas de PDV (antes PDVSA), es un precio simbólico.
Salimos de paseo con la persona que nos invitó y al llegar a la bomba me dispuse a pagar la tanqueada de la camioneta, y no podía entender cuando el dependiente me dijo que debía 4.50 bolívares por los 50 litros de gasolina que registró el surtidor. Eso corresponde a $900 de los nuestros porque el cambio oficial es de 4.30 bolívares por dólar, pero en el mercado paralelo los pagan al doble, casi a 9 bolívares por dólar. Increíble, la propina que le dimos al tipo fue más de lo que pagué por el combustible. Lo paradójico es que a pesar de esa condición favorable, cualquier tipo de transporte, de pasajeros o de carga, es muy costoso.
Allá cualquiera convierte su carro particular en taxi; basta ponerle un aviso y a trabajar, mientras la autoridad hace la vista gorda. Quien compra vehículo nuevo es común que deba esperar uno o dos años para recibirlo, y quienes reniegan en Colombia por el caos que forman los motociclistas es porque no han visitado Caracas; son una plaga, no respetan normas ni leyes, transitan a toda velocidad por los callejones entre los vehículos en las autopistas y ¡ay! de quien ose agredirlos o siquiera atravesarse: pueden llegar a lincharlo.
Caracas es una ciudad de contrastes. En los llamados barrios viven los estratos bajos y en las urbanizaciones los ricos y poderosos. Muchas veces simples calles separan a la pobreza y a un boato que deslumbra. Aunque recorrimos muchas zonas de la ciudad no pude ver barrios de clase media como los de nuestras ciudades, porque todas son mansiones y en muchas de ellas solo puede verse un muro con una gran puerta, todo monitoreado con cámaras de seguridad, alarmas electrónicas y blindaje con alambres de púas.
La inseguridad es tal que muchos caraqueños visitan Bogotá y se sienten tranquilos y confiados. Los edificios tienen rejas en las ventanas hasta el último piso, así sean treinta, porque existen bandas de hombres araña que escalan paredes e ingresan a los apartamentos. De noche la gente pudiente sale únicamente en carro blindado; el secuestro exprés es pan de todos los días; y en el centro es mejor no abrir las ventanas del carro. Además, si la Guardia Bolivariana lo pilla tomando fotos en los alrededores de Miraflores u otros edificios gubernamentales, puede meterse en líos.
Dejo para la próxima entrega otros datos que pueden ser de interés.
pamear@telmex.net.co
jueves, junio 14, 2012
Salidas oportunas.
Cómo es de trabajoso comunicarse e interactuar con un sujeto que carece del sentido del humor. Es necesario hilar delgado y tener mucho cuidado con lo que se dice, porque ellos acostumbran tomar las cosas al pie de la letra y nunca le encuentran la malicia o el doble sentido a cualquier expresión. Al percatarse uno de que su interlocutor cumple con dicha condición es mejor no hacer bromas, chanzas o chascarrillos, porque con seguridad va a incomodarlo. En cambio otras personas son graciosas sin necesidad de contar chistes, hacer payasadas o morisquetas, y basta oírlas hablar para captar la magia que llevan adentro; esos a quienes los demás comparan con una cajita de música. Mientras tanto otros le encontramos gracia a cualquier salida oportuna, a un comentario atinado y mordaz o a una respuesta genial.
Supe por mi hijo que una amiga suya tenía la intención de vender el carro y llamó a un hermano a preguntarle cuál era el procedimiento para hacer el negocio. El hombre le dijo que eso era muy fácil, que bastaba poner un aviso en alguna de las páginas especializadas de la red, y acto seguido le advirtió que cuando resultara un posible cliente no lo fuera a mostrar sola porque puede ser muy peligroso, que él la acompañaba con mucho gusto. Entonces ella adujo que no tenía ni idea de cómo redactar el aviso, pues se declaraba ignorante del tema y de su vehículo sólo sabía que debía echarle gasolina y de vez en cuando mandarlo lavar. El hermano con mucha paciencia le sugirió que simplemente leyera lo que ponían en otros avisos, consultara el modelo, cilindraje, marca y demás datos de su carro en la tarjeta de propiedad, y con esa información redactara el clasificado.
Pues a los pocos días debió llamarla a decirle que por curiosidad había visto el aviso y que no entendía por qué decía dizque: “vendo vehículo 4x2, marca tal, etc.”, a lo que ella muy segura respondió que en muchos de los avisos la gente ponía que su carro era un 4x4, y que como el de ella tenía cuatro llantas pero sólo dos puertas…
Siempre he sido muy tradicional en lo que se refiere a tratamientos médicos y medicamentos, pero reconozco que la medicina natural es muy valiosa y sin duda de ella procede toda forma de alivio para el ser humano. Basta pensar que en medio de la amazonia no existen farmacias para que los nativos adquieran las medicinas y por ello deben recurrir a los secretos de la selva para solucionar sus problemas de salud. Además, con los precios actuales de los medicamentos, debido a esa mafia que rige a laboratorios farmacéuticos y demás participantes del negocio, no le queda a uno sino tener fe en yerbas, menjurjes, ungüentos, bebedizos y hasta en los rezos de un chamán.
Hace poco invitaron a una pareja de buenos amigos a una finca en el Valle del Cauca y en el camino se antojaron de entrar a un vivero muy provocativo que vieron al borde de la carretera. Siempre es que al visitar otra región encuentra uno cosas diferentes y novedosas, y en el vivero se toparon con plantas desconocidas que llamaron su atención. Cuando vieron unas maticas marcadas con el nombre de Noni, y en vista de que habían oído hablar muchas veces de esa especie y de sus múltiples propiedades curativas, Liliana procedió a llamar a la encargada para que les diera información al respecto. Ella, con esa forma de ser que la caracteriza, dicharachera, auténtica y de una gracia maravillosa, empezó a conversarle a la humilde mujercita encargada de las ventas y la instó para que enumerara las propiedades de la planta. La campesina, quien supongo le aplica a su marido una ración diaria de Noni, quiso resumir el asunto con esta respuesta:
-Pues yo no sabría hacele la lista completa, misiá, pero sí puedo decile que es buenísimo pa la “rempujadera”.
Hace unos diez años mi tío Eduardo debió enfrentar una intervención quirúrgica muy delicada, de donde salió derechito para cuidados intensivos mientras se estabilizaba. Al despertar de la anestesia recibió la visita de uno de los médicos que lo atendieron quien le preguntó si había sentido algún movimiento en los intestinos, ya que la operación había afectado en particular a ese órgano. Aunque el enfermo respondió que no sentía nada, durante la tarde la visita se repitió, con la misma pregunta, cuando los demás galenos que participaron en la operación pasaron a darle vuelta.
Ya al finalizar el día se reunieron todos alrededor de su cama, gastroenterólogo, anestesista, intensivista, cirujano, etc., para evaluarlo, le preguntaron otra vez si durante la tarde había sentido algún movimiento o sonido en el abdomen, ya que para ellos era muy importante saber cuándo empezaba a funcionar de nuevo el intestino. Don Eduardo por fin entendió a qué venía tanto interés y con esa chispa que lo caracteriza, preguntó qué contenía la bolsa que colgaba a un lado de la cama y de la cual goteaba un líquido incoloro que ingresaba por su vena. Cuando le respondieron que era suero, o solución salina, les salió con esta perla para zanjar el asunto:
-Les propongo una cosa: cámbienle el contenido por tinta de frijoles y vuelvan en una hora.
pamear@telmex.net.co
Supe por mi hijo que una amiga suya tenía la intención de vender el carro y llamó a un hermano a preguntarle cuál era el procedimiento para hacer el negocio. El hombre le dijo que eso era muy fácil, que bastaba poner un aviso en alguna de las páginas especializadas de la red, y acto seguido le advirtió que cuando resultara un posible cliente no lo fuera a mostrar sola porque puede ser muy peligroso, que él la acompañaba con mucho gusto. Entonces ella adujo que no tenía ni idea de cómo redactar el aviso, pues se declaraba ignorante del tema y de su vehículo sólo sabía que debía echarle gasolina y de vez en cuando mandarlo lavar. El hermano con mucha paciencia le sugirió que simplemente leyera lo que ponían en otros avisos, consultara el modelo, cilindraje, marca y demás datos de su carro en la tarjeta de propiedad, y con esa información redactara el clasificado.
Pues a los pocos días debió llamarla a decirle que por curiosidad había visto el aviso y que no entendía por qué decía dizque: “vendo vehículo 4x2, marca tal, etc.”, a lo que ella muy segura respondió que en muchos de los avisos la gente ponía que su carro era un 4x4, y que como el de ella tenía cuatro llantas pero sólo dos puertas…
Siempre he sido muy tradicional en lo que se refiere a tratamientos médicos y medicamentos, pero reconozco que la medicina natural es muy valiosa y sin duda de ella procede toda forma de alivio para el ser humano. Basta pensar que en medio de la amazonia no existen farmacias para que los nativos adquieran las medicinas y por ello deben recurrir a los secretos de la selva para solucionar sus problemas de salud. Además, con los precios actuales de los medicamentos, debido a esa mafia que rige a laboratorios farmacéuticos y demás participantes del negocio, no le queda a uno sino tener fe en yerbas, menjurjes, ungüentos, bebedizos y hasta en los rezos de un chamán.
Hace poco invitaron a una pareja de buenos amigos a una finca en el Valle del Cauca y en el camino se antojaron de entrar a un vivero muy provocativo que vieron al borde de la carretera. Siempre es que al visitar otra región encuentra uno cosas diferentes y novedosas, y en el vivero se toparon con plantas desconocidas que llamaron su atención. Cuando vieron unas maticas marcadas con el nombre de Noni, y en vista de que habían oído hablar muchas veces de esa especie y de sus múltiples propiedades curativas, Liliana procedió a llamar a la encargada para que les diera información al respecto. Ella, con esa forma de ser que la caracteriza, dicharachera, auténtica y de una gracia maravillosa, empezó a conversarle a la humilde mujercita encargada de las ventas y la instó para que enumerara las propiedades de la planta. La campesina, quien supongo le aplica a su marido una ración diaria de Noni, quiso resumir el asunto con esta respuesta:
-Pues yo no sabría hacele la lista completa, misiá, pero sí puedo decile que es buenísimo pa la “rempujadera”.
Hace unos diez años mi tío Eduardo debió enfrentar una intervención quirúrgica muy delicada, de donde salió derechito para cuidados intensivos mientras se estabilizaba. Al despertar de la anestesia recibió la visita de uno de los médicos que lo atendieron quien le preguntó si había sentido algún movimiento en los intestinos, ya que la operación había afectado en particular a ese órgano. Aunque el enfermo respondió que no sentía nada, durante la tarde la visita se repitió, con la misma pregunta, cuando los demás galenos que participaron en la operación pasaron a darle vuelta.
Ya al finalizar el día se reunieron todos alrededor de su cama, gastroenterólogo, anestesista, intensivista, cirujano, etc., para evaluarlo, le preguntaron otra vez si durante la tarde había sentido algún movimiento o sonido en el abdomen, ya que para ellos era muy importante saber cuándo empezaba a funcionar de nuevo el intestino. Don Eduardo por fin entendió a qué venía tanto interés y con esa chispa que lo caracteriza, preguntó qué contenía la bolsa que colgaba a un lado de la cama y de la cual goteaba un líquido incoloro que ingresaba por su vena. Cuando le respondieron que era suero, o solución salina, les salió con esta perla para zanjar el asunto:
-Les propongo una cosa: cámbienle el contenido por tinta de frijoles y vuelvan en una hora.
pamear@telmex.net.co
jueves, junio 07, 2012
Rolos, paisas, costeños...
A pesar de todos ser latinoamericanos, la mayoría hablar el mismo idioma, proceder de ancestros comunes, ser colonizados por las mismas gentes, habitar regiones similares e identificarnos hasta en lo cultural y gastronómico, cómo somos de distintos quienes habitamos centro y sur América. Sin ir muy lejos, en nuestro país pueden notarse diferencias muy marcadas entre habitantes de las distintas provincias; los acentos, dichos, costumbres, gustos culinarios, la actitud de las personas, la arquitectura, el clima, la topografía y tantas otras particularidades que distinguen a las regiones.
En un canal de televisión promocionan una telenovela en la que cierta familia de bogotanos debe radicarse en la costa atlántica, circunstancia que los obligan a hacerse pasar por costeños, algo que de verdad parece imposible porque un habitante de esa región los descubriría con solo verlos. Sin oírlos hablar siquiera porque la pinta, sus gestos, la reacción al calor y a las plagas, el modo de caminar, la forma de comportarse y muchos otros detalles van a desenmascararlos. Es posible con práctica llegar a imitar el acento, pero quedan pendientes la cantidad de modismos, términos, dichos, expresiones y ese léxico tan particular de la región. Por ejemplo familiarizarse con el recurrido ajá, interjección que con solo tres letras llega a reemplazar un porcentaje muy grande del léxico en esas tierras; un costeño echa un cuento y en el momento en que se queda sin qué decir, simplemente recurre al ajá y todo queda resuelto. Funciona como fórmula mágica para que el interlocutor deduzca lo que faltó expresar.
Los paisas somos muy parecidos en todos esos aspectos y sin embargo se enreda uno cuando está en Medellín y le ofrecen un fresco, cuando en realidad se refieren es a una bebida gaseosa, o un perico en vez de un café con leche; más, si por aquí se le dice así a la cocaína. En cambio en la zona cafetera nunca he encontrado diferencias y las gentes de Caldas, Quindío y Risaralda tenemos idéntico comportamiento; por algo procedemos todos del mismo departamento. A la región del antiguo Caldas la separa del Valle del Cauca el río La Vieja, el cual basta cruzar para encontrar a Cartago, una población donde la gente ya es diferente; entre otras cosas cambian el acento y algunas costumbres. Por ejemplo allí le sirven a usted un sancocho de gallina sin papa y acompañado de tostadas de plátano (patacones) con hogao. Pequeños detalles que hacen las diferencias.
Cuando conocí a mi mujer, hace ya bastantes años, su familia procedía de Bogotá y llevaban poco tiempo en Manizales. Hasta entonces no había tenido vínculos con la capital y la visité en escasas ocasiones, por lo que me pareció novedoso el acento y algunas expresiones que utilizaban. Sobre todo la abuela, a quien llamábamos cariñosamente Meneca, quien a pesar de tener ancestros paisas y santandereanos era una bogotana de pura cepa; conversadora sin igual, de humor fino y oportuno, práctica, auténtica y de una inteligencia admirable, relataba anécdotas e historia con ese hablar propio de los bogotanos de antaño. De ella recuerdo un vocablo que está en desuso: enantes (antes). Hoy la capital es una mescolanza de razas, colores, acentos y personajes de toda laya, mientras los cachacos tradicionales cada vez son más escasos. Quién más bogotano que el Presidente Santos y su familia, y sin embargo no tienen el acento propio del rolo chapineruno.
Como mi madre vivió en Bogotá cuando era una niña, disfrutaba al recordar algunas palabras que su nuera mencionaba en cualquier conversación. El resto de mi familia le hacía bromas por su acento, pero sin duda el qué más lo celebraba era mi papá que siempre le pedía que dijera toalla, palabra que ella pronuncia tualla. Nos causó gracia que dijera apuntar en vez de abotonar; al partido que hacemos al peinarnos ella lo llama carrera; nosotros decimos comedido y ella acomedido; acobijarse en vez de cobijarse; y cuando se golpea el pie contra la pata de la cama, exclama: ¡Uch, me estrompé un dedo!
De mi familia política aprendí que al mecato le dicen galguerías, al fiambre comiso, a la devuelta de un billete vueltas, las promociones son chisgas, la persona distinguida es chirriada; así mismo le dicen a un bombón colombina, al sacapuntas tajalápiz, al lapicero esfero, a las sinvergüenzas guarichas, a la torta ponqué, y el zapato viejo que nosotros llamamos garra, ellos prefieren chagualo. Además los bogotanos llaman zuros a las palomas, guales a los gallinazos, zorras a las carretillas, rellena a la morcilla, al algo le dicen onces, al puré naco, a las crispetas maíz totiao y lo desagradable es frondio.
Con ellos conocí el piquete, una especie de sudao presentado sobre hojas de plátano, generoso hogao encima de carne, papas, yucas y plátano maduro hervido, y caldo con cilantro servido en pocillo. Probé changua al desayuno, disfruté el típico ajiaco santafereño, la sopa de mute, el peto (que es la mazamorra nuestra, porque allá mazamorra es una sopa) y le cogí gusto al cocido, un estofado de origen chibcha que lleva carne de res, papa criolla, frijoles verdes, habas y unos tubérculos propios de la sabana, cubios y chuguas.
Idénticas experiencias tendrá todo aquel que comparta su vida con una persona de otra región del país, o del mundo.
pamear@telmex.net.co
En un canal de televisión promocionan una telenovela en la que cierta familia de bogotanos debe radicarse en la costa atlántica, circunstancia que los obligan a hacerse pasar por costeños, algo que de verdad parece imposible porque un habitante de esa región los descubriría con solo verlos. Sin oírlos hablar siquiera porque la pinta, sus gestos, la reacción al calor y a las plagas, el modo de caminar, la forma de comportarse y muchos otros detalles van a desenmascararlos. Es posible con práctica llegar a imitar el acento, pero quedan pendientes la cantidad de modismos, términos, dichos, expresiones y ese léxico tan particular de la región. Por ejemplo familiarizarse con el recurrido ajá, interjección que con solo tres letras llega a reemplazar un porcentaje muy grande del léxico en esas tierras; un costeño echa un cuento y en el momento en que se queda sin qué decir, simplemente recurre al ajá y todo queda resuelto. Funciona como fórmula mágica para que el interlocutor deduzca lo que faltó expresar.
Los paisas somos muy parecidos en todos esos aspectos y sin embargo se enreda uno cuando está en Medellín y le ofrecen un fresco, cuando en realidad se refieren es a una bebida gaseosa, o un perico en vez de un café con leche; más, si por aquí se le dice así a la cocaína. En cambio en la zona cafetera nunca he encontrado diferencias y las gentes de Caldas, Quindío y Risaralda tenemos idéntico comportamiento; por algo procedemos todos del mismo departamento. A la región del antiguo Caldas la separa del Valle del Cauca el río La Vieja, el cual basta cruzar para encontrar a Cartago, una población donde la gente ya es diferente; entre otras cosas cambian el acento y algunas costumbres. Por ejemplo allí le sirven a usted un sancocho de gallina sin papa y acompañado de tostadas de plátano (patacones) con hogao. Pequeños detalles que hacen las diferencias.
Cuando conocí a mi mujer, hace ya bastantes años, su familia procedía de Bogotá y llevaban poco tiempo en Manizales. Hasta entonces no había tenido vínculos con la capital y la visité en escasas ocasiones, por lo que me pareció novedoso el acento y algunas expresiones que utilizaban. Sobre todo la abuela, a quien llamábamos cariñosamente Meneca, quien a pesar de tener ancestros paisas y santandereanos era una bogotana de pura cepa; conversadora sin igual, de humor fino y oportuno, práctica, auténtica y de una inteligencia admirable, relataba anécdotas e historia con ese hablar propio de los bogotanos de antaño. De ella recuerdo un vocablo que está en desuso: enantes (antes). Hoy la capital es una mescolanza de razas, colores, acentos y personajes de toda laya, mientras los cachacos tradicionales cada vez son más escasos. Quién más bogotano que el Presidente Santos y su familia, y sin embargo no tienen el acento propio del rolo chapineruno.
Como mi madre vivió en Bogotá cuando era una niña, disfrutaba al recordar algunas palabras que su nuera mencionaba en cualquier conversación. El resto de mi familia le hacía bromas por su acento, pero sin duda el qué más lo celebraba era mi papá que siempre le pedía que dijera toalla, palabra que ella pronuncia tualla. Nos causó gracia que dijera apuntar en vez de abotonar; al partido que hacemos al peinarnos ella lo llama carrera; nosotros decimos comedido y ella acomedido; acobijarse en vez de cobijarse; y cuando se golpea el pie contra la pata de la cama, exclama: ¡Uch, me estrompé un dedo!
De mi familia política aprendí que al mecato le dicen galguerías, al fiambre comiso, a la devuelta de un billete vueltas, las promociones son chisgas, la persona distinguida es chirriada; así mismo le dicen a un bombón colombina, al sacapuntas tajalápiz, al lapicero esfero, a las sinvergüenzas guarichas, a la torta ponqué, y el zapato viejo que nosotros llamamos garra, ellos prefieren chagualo. Además los bogotanos llaman zuros a las palomas, guales a los gallinazos, zorras a las carretillas, rellena a la morcilla, al algo le dicen onces, al puré naco, a las crispetas maíz totiao y lo desagradable es frondio.
Con ellos conocí el piquete, una especie de sudao presentado sobre hojas de plátano, generoso hogao encima de carne, papas, yucas y plátano maduro hervido, y caldo con cilantro servido en pocillo. Probé changua al desayuno, disfruté el típico ajiaco santafereño, la sopa de mute, el peto (que es la mazamorra nuestra, porque allá mazamorra es una sopa) y le cogí gusto al cocido, un estofado de origen chibcha que lleva carne de res, papa criolla, frijoles verdes, habas y unos tubérculos propios de la sabana, cubios y chuguas.
Idénticas experiencias tendrá todo aquel que comparta su vida con una persona de otra región del país, o del mundo.
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miércoles, mayo 23, 2012
Temas de ciudad.
Hace cuatro o cinco décadas el capitán Jaime Duque Grisales quiso construir un parque gigantesco en su natal Villamaría y hasta alcanzó a hacer movimientos de tierra en terrenos que ahora ocupan el barrio La Floresta y algunas empresas importantes. Una inmensa explanación con lago central prometía un lugar de recreo que traería mucho turismo al municipio, pero los políticos de entonces se atravesaron y el proyecto fue cancelado. Tiempo después construyó el parque cerca al municipio de Sopó, en Cundinamarca, y hay que ver la magnitud de esas instalaciones y la cantidad de gente que las visita.
Pues ahora parece que se repite la historia. Porque iniciaron obras en el sector de Los Cámbulos para continuar la línea del cable aéreo hasta la plaza central del vecino municipio, pero allí frenaron el proyecto debido a obstáculos legales que impiden demoler la edificación en cuyo lote está planeado construir la estación. Sin ser experto en el tema, así por encima no le veo mucho valor arquitectónico a la casa del conflicto y a sus vecinas de cuadra.
Una gran fuerza laboral de Villamaría trabaja en Manizales y está claro que es más rápido, fácil, ágil y agradable montarse en una cabina que lo lleva en pocos minutos al sector de Fundadores, que venirse apretujado en un bus en medio del caos vehicular. Más si se tiene en cuenta que la idea es prolongar el cable hasta el sector de La Floresta, donde vive un gran porcentaje de esa población. Y aunque en la actualidad el servicio del cable le sirve sólo a quienes tienen por destino el centro de Manizales, en un futuro el transporte integrado permitirá al pasajero utilizar el mismo pasaje del cable para hacer conexión con un bus, buseta o colectivo que lo traslade al sector que requiera.
Segundo tema: el sentido común se impone por encima de cualquier cosa y por ello no es necesario ser experto en urbanismo para darse cuenta de que haber montado un call center en las bodegas donde funcionó hasta hace poco la empresa Sontec, es absolutamente descabellado. Porque si existen en la ciudad tantas edificaciones que han sido evacuadas por estar en zonas de riesgo, e infinidad de lotes donde no puede construirse por la misma razón, qué puede decirse de un edificio que ya fue afectado por una avalancha y por ello debieron desocuparlo. En la quebrada La Castrillona han adelantado trabajos de mitigación de riesgo, pero en cualquier momento se desprende otro derrumbe y ya está claro por dónde es el desfogue de ese cauce.
De milagro no debimos lamentar una tragedia cuando la avalancha derrumbó las paredes e invadió el interior de la fábrica que allí funcionaba, lo que obligó a sus dueños a abandonarla y recurrir a los seguros para salvar su inversión. Ahora me entero, por información publicada en La Patria, que el nuevo propietario adquirió el inmueble en un remate de la compañía de seguros, imagino que a muy buen precio, y ahora lo arrienda para una actividad comercial que requiere gran cantidad de empleados; porque un call center parece un panal. Entonces se pregunta uno qué entidades concedieron los permisos para remodelar ese edificio; quién autorizó que pueda destinarse a ese negocio; cómo es posible que ningún organismo de control se haya percatado de semejante despropósito; dónde está la oficina de prevención de riesgos; qué dicen Planeación, la Curaduría respectiva y en general la administración municipal. Porque se viene otra avalancha como la anterior y toca ir a recoger cadáveres a todo lo largo del cauce del río Chinchiná.
Otra cuestión que me inquieta también se relaciona con el urbanismo. Como advertí soy ignaro en estos temas y por ello quedé patidifuso al enterarme de un asunto que tiene que ver con el conjunto habitacional donde resido. Resulta que el condominio es una delicia, con vista privilegiada, áreas comunes amplias y agradables, escenarios deportivos y demás atractivos, pero como no hay felicidad completa tiene un defecto: la escasez de parqueaderos para visitantes. Entonces averiguamos con la Curaduría segunda, que concedió la licencia, y allí nos consiguieron copia de los planos donde puede verse el número de parqueaderos para visitantes que se planificaron y dónde están localizados. Grande fue nuestra sorpresa al percatarnos de que autorizaron seis de esos parqueaderos en una pequeña bahía que hay a un costado de la calle por donde se ingresa al condominio, por fuera del cerramiento de la propiedad.
Francamente no sabíamos que pudiera destinarse espacio público para uso exclusivo de particulares, lo que representa un inconveniente para la administración del conjunto porque los vigilantes no pueden responder por la seguridad de unos carros que están en la calle; además, con qué argumentos puede impedírsele a un ciudadano cualquiera que ocupe ese espacio. El actual Curador no desempeñaba el cargo cuando concedieron la licencia, pero según él es posible que el área en mención haya sido cedida por el constructor al municipio cuando adelantaron el trámite respectivo. Ahora la inquietud está en Planeación, a ver si es posible que certifiquen que el área pertenece al conjunto y entonces proceder con el cerramiento correspondiente, o de lo contrario tomar cartas en el asunto. Será que soy muy suspicaz, pero esa vaina no me gusta ni poquito.
pamear@telmex.net.co
miércoles, mayo 16, 2012
No al desarraigo.
Nada más cierto que lo mejor de cualquier paseo es volver a la casa. Puede ser a una finca durante el fin de semana, a unas vacaciones en Cartagena, al viaje de los sueños por Europa, un safari en África o un recorrido por el sureste asiático, pero llegar de nuevo a su querencia natural, dormir en la cama con su almohada preferida, entrar al baño propio y encontrar las cosas personales en su lugar, no tiene precio. Así se aloje en un hotel de lujo en cualquier rincón del planeta, siempre va a extrañar el cajón de su nochero con el despertador, las gafitas para ver de cerca, el libro de turno, el cortaúñas, el radio y su audífono, el control remoto del televisor, las pastillas de antes de acostarse, el lapicero para el crucigrama y demás trebejos que acumulamos.
Uno nunca debe decir de esa agua no beberé, porque la vida da muchas vueltas y no sabemos dónde iremos a parar, pero espero terminar mis días en esta tierra que me vio nacer. Sin ser regionalista ni demeritar otros lugares, porque es natural que cada persona piense igual de su terruño, encuentro mi ciudad perfecta para vivir. Otras capitales pueden ofrecer mejores oportunidades, variada oferta cultural, mayor desarrollo urbano, más restaurantes, comercios y muchos otros atractivos, pero para mi gusto nada como la tranquilidad. Aquí todo es fácil, cerquita, barato, agradable y aunque también hay bandidos y atracadores, al menos no vivimos esa paranoia tan común en otras ciudades.
Leí que en Japón experimentan un nuevo método de educación que busca preparar a los jóvenes para que sean ciudadanos del mundo, sin apegos por la tierra natal, su historia, símbolos patrios, cultura, ancestros, etc. Personas que crezcan sin un lugar que las amarren, que no conozcan la nostalgia y se sientan en casa sin importar el país que habiten. Ellos no tendrán una lengua madre y por el contrario dominarán varios idiomas, aprenderán a conocer otras culturas y costumbres, para que puedan desempeñarse con éxito en el continente donde decidan arraigarse. Además, no sentirán esa gusanera (léase nostalgia, morriña, saudade) que nos mortifica a los mortales cuando estamos lejos de la tierra que nos vio nacer.
Lo que les faltaba a los nipones. Aparte de que en la actualidad enfrentan un grave problema por la generalizada adicción al trabajo, ahora quieren desarraigar a las nuevas generaciones para que sean ciudadanos del mundo. A lo mejor se debe a que ya no caben en la estrecha isla y buscan así acomodar un buen porcentaje de su población en el exterior, donde siempre serán vistos como foráneos por su fisonomía particular y forma de ser, la cual en gran medida no se adquiere en las aulas sino que viene en la sangre, en los cromosomas. Ya quisiera ver a un japonés que se quiera hacer pasar por oriundo de Guapi o de Yarumal.
Opino que la personalidad de un individuo tiene mucho que ver con su origen, el entorno en el que creció, su prosapia, los principios que le inculcaron, la cultura, costumbres y demás características que diferencian su terruño de los demás. Por ello me preocupa la metodología aplicada en algunos colegios bilingües donde el alumnado celebra fiestas foráneas como San Valentín, el 4 de julio, acción de gracias, etc., y poco conocen las concernientes a nuestro país. Infantes que crecen influenciados por el imperio del norte, hasta llegar a decir lo que le oí a una niña de 13 años que soñaba en voz alta con pertenecer a la cultura gringa, vivir allá, comportarse como ellos. Poco le importa a esa menor conocer las regiones de Colombia, compartir con sus gentes, disfrutar los platos típicos o enterarse de las características de cada zona.
Me da escaramucia el solo pensar en vivir en el extranjero. Soy de los que se va a un paseo a la costa y aunque mientras esté allá prefiero los platos típicos de la región, en el viaje de regreso me babeo por una arepa con mantequilla y queso, unos frijolitos y toda esa comida casera que tanto me gusta. Qué tal entonces yo en Suecia o en Singapur, o para no ir muy lejos en Estados Unidos, donde las costumbres gastronómicas son tan diferentes a las nuestras. Imagino que a los pocos meses estaré a punto de colgarme de una lámpara, porque aunque dicen que el hombre es un animal de costumbres, la nostalgia se me va a alborotar cada que deba enfrentarme a un plato insípido y desabrido.
Aunque creo que lo que más extrañaría sería la amabilidad de nuestra gente. Aquí estamos acostumbrados a que las demás personas nos miren a la cara, nos regalen una sonrisa y un saludo. Además soy de los que le entabla conversación a quien me acompaña en el ascensor, al vecino mientras espero el turno en el banco, a quien cuida carros o a cualquier desconocido que me tope en la calle. Una gran mayoría de nuestra gente es amable, simpática, amistosa y en muchas partes lo conocen a uno por el nombre. Esa actitud y ese comportamiento no se ve en otras latitudes, donde no lo voltean a mirar a uno ni para escupirlo. De pronto para regañarlo o pordebajiarlo.
pamear@telmex.net.co
Uno nunca debe decir de esa agua no beberé, porque la vida da muchas vueltas y no sabemos dónde iremos a parar, pero espero terminar mis días en esta tierra que me vio nacer. Sin ser regionalista ni demeritar otros lugares, porque es natural que cada persona piense igual de su terruño, encuentro mi ciudad perfecta para vivir. Otras capitales pueden ofrecer mejores oportunidades, variada oferta cultural, mayor desarrollo urbano, más restaurantes, comercios y muchos otros atractivos, pero para mi gusto nada como la tranquilidad. Aquí todo es fácil, cerquita, barato, agradable y aunque también hay bandidos y atracadores, al menos no vivimos esa paranoia tan común en otras ciudades.
Leí que en Japón experimentan un nuevo método de educación que busca preparar a los jóvenes para que sean ciudadanos del mundo, sin apegos por la tierra natal, su historia, símbolos patrios, cultura, ancestros, etc. Personas que crezcan sin un lugar que las amarren, que no conozcan la nostalgia y se sientan en casa sin importar el país que habiten. Ellos no tendrán una lengua madre y por el contrario dominarán varios idiomas, aprenderán a conocer otras culturas y costumbres, para que puedan desempeñarse con éxito en el continente donde decidan arraigarse. Además, no sentirán esa gusanera (léase nostalgia, morriña, saudade) que nos mortifica a los mortales cuando estamos lejos de la tierra que nos vio nacer.
Lo que les faltaba a los nipones. Aparte de que en la actualidad enfrentan un grave problema por la generalizada adicción al trabajo, ahora quieren desarraigar a las nuevas generaciones para que sean ciudadanos del mundo. A lo mejor se debe a que ya no caben en la estrecha isla y buscan así acomodar un buen porcentaje de su población en el exterior, donde siempre serán vistos como foráneos por su fisonomía particular y forma de ser, la cual en gran medida no se adquiere en las aulas sino que viene en la sangre, en los cromosomas. Ya quisiera ver a un japonés que se quiera hacer pasar por oriundo de Guapi o de Yarumal.
Opino que la personalidad de un individuo tiene mucho que ver con su origen, el entorno en el que creció, su prosapia, los principios que le inculcaron, la cultura, costumbres y demás características que diferencian su terruño de los demás. Por ello me preocupa la metodología aplicada en algunos colegios bilingües donde el alumnado celebra fiestas foráneas como San Valentín, el 4 de julio, acción de gracias, etc., y poco conocen las concernientes a nuestro país. Infantes que crecen influenciados por el imperio del norte, hasta llegar a decir lo que le oí a una niña de 13 años que soñaba en voz alta con pertenecer a la cultura gringa, vivir allá, comportarse como ellos. Poco le importa a esa menor conocer las regiones de Colombia, compartir con sus gentes, disfrutar los platos típicos o enterarse de las características de cada zona.
Me da escaramucia el solo pensar en vivir en el extranjero. Soy de los que se va a un paseo a la costa y aunque mientras esté allá prefiero los platos típicos de la región, en el viaje de regreso me babeo por una arepa con mantequilla y queso, unos frijolitos y toda esa comida casera que tanto me gusta. Qué tal entonces yo en Suecia o en Singapur, o para no ir muy lejos en Estados Unidos, donde las costumbres gastronómicas son tan diferentes a las nuestras. Imagino que a los pocos meses estaré a punto de colgarme de una lámpara, porque aunque dicen que el hombre es un animal de costumbres, la nostalgia se me va a alborotar cada que deba enfrentarme a un plato insípido y desabrido.
Aunque creo que lo que más extrañaría sería la amabilidad de nuestra gente. Aquí estamos acostumbrados a que las demás personas nos miren a la cara, nos regalen una sonrisa y un saludo. Además soy de los que le entabla conversación a quien me acompaña en el ascensor, al vecino mientras espero el turno en el banco, a quien cuida carros o a cualquier desconocido que me tope en la calle. Una gran mayoría de nuestra gente es amable, simpática, amistosa y en muchas partes lo conocen a uno por el nombre. Esa actitud y ese comportamiento no se ve en otras latitudes, donde no lo voltean a mirar a uno ni para escupirlo. De pronto para regañarlo o pordebajiarlo.
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martes, mayo 08, 2012
Estribillos y entretenciones.
Cuando oigo las canciones de cuna modernas me pierdo, porque no se parecen en nada a las que conocí durante mi niñez o a las utilizadas con mi hijo, que como a tantos bebés había que arrullarlo para que se durmiera. Debíamos repetirle como loras tonadas que decían cucú cucú cantaba la rana, la iguana tomaba café o Samy el heladero. También estaban las canciones que le enseñaban en Experiencias, la guardería, lo cual por cierto me parecía admirable porque el muchachito llegaba todos los días con una nueva. Y además le revolvíamos algunas de nuestra época para mantenerlas vivas y vigentes, porque ellas también forman parte de la tradición oral.
En vista de que durante nuestra niñez teníamos tan pocas entretenciones, más si comparamos ahora que los infantes disponen de todo tipo de aparatos electrónicos, juguetes sofisticados, juegos de mesa, etc., debíamos recurrir a diversiones inocentes y sencillas que transcurrían muchas veces alrededor de esos estribillos que fueron tan conocidos. Una de las primeras actividades en la que participaba un bebé que recién había aprendido a caminar, era un círculo que se formaba entre varios niños y que al empezar a girar cantaban en coro: a la rueda rueda de pan y canela, tómate tú Milo y vete pa la escuela, si no quieres ir, ¡acuéstate a dormir! Y en ese momento todos se acurrucaban.
Ya más grandecitos, el programa era salir a la calle a entretenernos con los hermanos y los amigos del barrio con los diferentes juegos que se acostumbraban entonces, como chucha o la lleva, guerra libertadora, cuclí o escondidijo, estatua, trompo, balero, canicas, un picao de fútbol y muchos otros que se me escapan. Pero como para algunos juegos era necesario formar dos grupos de participantes, además de rifar para ver cuál equipo empezaba, lo que hacíamos era utilizar ciertos estribillos que servían para escoger a una persona entre varias.
Tal vez el más popular era el tin marín, pero al no poder recordar cómo decía en su totalidad, recurrí a Google y me di cuenta de que lo conocen en muchos países del continente, aunque con cambios significativos. Y la verdad es que el estribillo varía según la ciudad, el barrio y hasta el círculo familiar y de allegados de cada persona. Creo que el que conocí nació de la dificultad para descubrir al que soltaba un pedo clandestino, y entonces el líder del grupo empezaba a señalar a cada uno de los presentes mientras decía: tin marín de dos pingüé, cúcuru mácara, títere-e, ese cochino marrano fue. Y el último que enfrentaba el dedo acusador debía cargar con la culpa ajena, porque con seguridad el infractor era el mandamás de la gallada. Claro que en esos casos también era habitual que al que prendía las alarmas, le devolvían la pelota al decirle: el que primero lo siente, debajo lo tiene.
En todo caso el tin marín se utilizó por nosotros para escoger miembros de los equipos que se enfrentarían por ejemplo en una guerra libertadora, aunque había otras opciones como la que decía: Don Pepito el bandolero, se metió entre un sombrero, el sombrero era de paja, se metió entre una caja, la caja era de cartón, se metió entre un cajón, el cajón era de vino, se metió entre un pepino, el pepino maduró y don Pe-pi-to se sal-vó (las últimas sílabas se recitaba despacio, y de una en una, para darle mayor dramatismo a la escogencia).
Para seleccionar los jugadores de un picadito de fútbol, en el que las porterías se demarcaban con los libros del colegio y los sacos, se acostumbraba el pico y monto. Los capitanes de ambos equipos, y seguro el dueño del balón era uno de ellos, se paraban uno frente al otro y a varios metros de distancia, y empezaban a recorrer el espacio, por turnos, al poner un pie delante del otro; además, mientras el uno decía pico, el otro respondía monto. Así, el que primero pisaba al contrincante escogía. En béisbol el sorteo era con las manos y el bate.
Para hacer un case con el compañero trabábamos los dedos meñiques, y con tres movimientos fuertes de los brazos, sellábamos el pacto así: case que case, no se descase, campanas de hierro, por un caminito, derecho al infierno (creo que se refería al castigo que recibiría quien incumpliera su palabra). También recuerdo que cuando veíamos televisión y alguno se paraba para ir al baño, de inmediato le quitaban el puesto y al hacer el reclamo, simplemente le decíamos: el que se va pa Sevilla, pierde su silla. Y al que se atravesaba ante la pantalla le preguntábamos: oiga, ¿su papá hace botellas?
En los paseos del colegio, quienes viajábamos en la banca de atrás del bus les refregábamos a los más juiciosos, que siempre iban adelante con el profesor: que canten, que canten, los burros de adelante. Al jugar chucha o la lleva, quien lograba llegar al tapo gritaba: tapo la olla con agua y cebolla; mientras que en el escondite, al que le tocaba contar, advertía antes de salir a buscar: cuclí, cuclí, al que lo vi lo vi, y al que esté detrás de mí, no se vale.
Ahora me pregunto cómo les parecerán de ridículas todas estas actividades a los muchachitos actuales.
pamear@telmex.net.co
En vista de que durante nuestra niñez teníamos tan pocas entretenciones, más si comparamos ahora que los infantes disponen de todo tipo de aparatos electrónicos, juguetes sofisticados, juegos de mesa, etc., debíamos recurrir a diversiones inocentes y sencillas que transcurrían muchas veces alrededor de esos estribillos que fueron tan conocidos. Una de las primeras actividades en la que participaba un bebé que recién había aprendido a caminar, era un círculo que se formaba entre varios niños y que al empezar a girar cantaban en coro: a la rueda rueda de pan y canela, tómate tú Milo y vete pa la escuela, si no quieres ir, ¡acuéstate a dormir! Y en ese momento todos se acurrucaban.
Ya más grandecitos, el programa era salir a la calle a entretenernos con los hermanos y los amigos del barrio con los diferentes juegos que se acostumbraban entonces, como chucha o la lleva, guerra libertadora, cuclí o escondidijo, estatua, trompo, balero, canicas, un picao de fútbol y muchos otros que se me escapan. Pero como para algunos juegos era necesario formar dos grupos de participantes, además de rifar para ver cuál equipo empezaba, lo que hacíamos era utilizar ciertos estribillos que servían para escoger a una persona entre varias.
Tal vez el más popular era el tin marín, pero al no poder recordar cómo decía en su totalidad, recurrí a Google y me di cuenta de que lo conocen en muchos países del continente, aunque con cambios significativos. Y la verdad es que el estribillo varía según la ciudad, el barrio y hasta el círculo familiar y de allegados de cada persona. Creo que el que conocí nació de la dificultad para descubrir al que soltaba un pedo clandestino, y entonces el líder del grupo empezaba a señalar a cada uno de los presentes mientras decía: tin marín de dos pingüé, cúcuru mácara, títere-e, ese cochino marrano fue. Y el último que enfrentaba el dedo acusador debía cargar con la culpa ajena, porque con seguridad el infractor era el mandamás de la gallada. Claro que en esos casos también era habitual que al que prendía las alarmas, le devolvían la pelota al decirle: el que primero lo siente, debajo lo tiene.
En todo caso el tin marín se utilizó por nosotros para escoger miembros de los equipos que se enfrentarían por ejemplo en una guerra libertadora, aunque había otras opciones como la que decía: Don Pepito el bandolero, se metió entre un sombrero, el sombrero era de paja, se metió entre una caja, la caja era de cartón, se metió entre un cajón, el cajón era de vino, se metió entre un pepino, el pepino maduró y don Pe-pi-to se sal-vó (las últimas sílabas se recitaba despacio, y de una en una, para darle mayor dramatismo a la escogencia).
Para seleccionar los jugadores de un picadito de fútbol, en el que las porterías se demarcaban con los libros del colegio y los sacos, se acostumbraba el pico y monto. Los capitanes de ambos equipos, y seguro el dueño del balón era uno de ellos, se paraban uno frente al otro y a varios metros de distancia, y empezaban a recorrer el espacio, por turnos, al poner un pie delante del otro; además, mientras el uno decía pico, el otro respondía monto. Así, el que primero pisaba al contrincante escogía. En béisbol el sorteo era con las manos y el bate.
Para hacer un case con el compañero trabábamos los dedos meñiques, y con tres movimientos fuertes de los brazos, sellábamos el pacto así: case que case, no se descase, campanas de hierro, por un caminito, derecho al infierno (creo que se refería al castigo que recibiría quien incumpliera su palabra). También recuerdo que cuando veíamos televisión y alguno se paraba para ir al baño, de inmediato le quitaban el puesto y al hacer el reclamo, simplemente le decíamos: el que se va pa Sevilla, pierde su silla. Y al que se atravesaba ante la pantalla le preguntábamos: oiga, ¿su papá hace botellas?
En los paseos del colegio, quienes viajábamos en la banca de atrás del bus les refregábamos a los más juiciosos, que siempre iban adelante con el profesor: que canten, que canten, los burros de adelante. Al jugar chucha o la lleva, quien lograba llegar al tapo gritaba: tapo la olla con agua y cebolla; mientras que en el escondite, al que le tocaba contar, advertía antes de salir a buscar: cuclí, cuclí, al que lo vi lo vi, y al que esté detrás de mí, no se vale.
Ahora me pregunto cómo les parecerán de ridículas todas estas actividades a los muchachitos actuales.
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jueves, mayo 03, 2012
Angustia invernal.
A lo mejor la memoria me falla, pero no recuerdo que en los tantos inviernos que he soportado durante mi vida, excepto el más reciente que se desarrolló a finales del año pasado y principios de este, tuviéramos que vivir en vilo ante la posibilidad de quedarnos sin algunos servicios públicos por culpa de los derrumbes y las avalanchas. Tampoco ha sido común que se produzcan cortes de agua por la turbiedad que presentan las fuentes, algo que ahora es tan frecuente. Alguien se entera de que van a cortar el agua y empieza a cundir el pánico al cruzarse las llamadas de advertencia, y uno se pregunta si fue que chorreó lo que falta de La Marmolera y arrasó con la planta del acueducto, o si la avalancha fue tan grande que subió hasta los veinte metros donde cuelgan ahora los tubos de conducción. Por otro lado hacemos fuerza para que no se friegue otra vez la tubería que nos trae el gas desde el Magdalena medio.
Apenas comienza la temporada invernal y ya las noticias no hablan de otra cosa. La zozobra y la angustia aumentan a medida que pasan los días y los aguaceros emparejan. Pueblos inundados, vías destruidas, campos anegados, diques rotos, miseria, destrucción, caos general. Mientras el clima sea variable y se intercalen los ratos de sol con las lluvias la situación es manejable, pero la cosa se complica cuando se rompe el cielo y pasan las horas y los días y no escampa. Entonces sabemos que empiezan los daños y los problemas.
Si algo logra bajarme el ánimo es el crudo invierno. No provoca salir, ni armar paseos, todo parece triste y apagado, la calle es lúgubre, la gente ensimismada y siempre de afán. Sobretodos, gabardinas, cuellos subidos, paraguas y chaquetones son el atuendo general, y al sentir el repiqueteo de la lluvia en la ventana rememoro al poeta De Greiff cuando rima en su Cancioncilla Gama: “Llueve tras de los vidrios (bogotana lluvia, si no en mi corazón): es la aburrida lluvia cotidiana, de Bacatá, de Pasto o de Sonsón. En la tarde, en la noche, en la mañana llueve con qué insistencia y qué tesón…”. El frío intenso y el mal tiempo sólo invitan a tomarse un chocolate caliente antes de meterse dentro de las cobijas a esperar que se aclimaten los pies. ¡Qué jartera!
Alcancé a viajar por carretera antes de que comenzara el invierno y quedé descorazonado al ver que ni siquiera alcanzaron a reparar los daños producidos por la anterior temporada de lluvias. En los primeros veinte kilómetros de la carretera que nos comunica con Mariquita, aunque hay muchos frentes de trabajo y se nota la inversión, la secuencia de derrumbes y de pasos restringidos hacen del recorrido una odisea, y ni hablar cuando llueve y empieza a chorrear barro por los taludes. Se le mueren las lombrices al más varón. Desde La Margarita hasta unos kilómetros después del Doce la vía fue renovada; amplia, bien demarcada y con excelentes obras civiles, mejoras que esperamos tener en un futuro próximo para todo el recorrido.
La carretera Honda-Guaduas parece que no tiene solución, aunque desde hace varios años prefiero viajar por Cambao para ir a Bogotá. Claro que cruzar del antiguo Armero a Cambao es un viacrucis por la cantidad y el tamaño de los huecos; es una vía rápida por estar en el valle, pero si el vehículo cae a un cráter de ésos se destruyen las llantas y la suspensión. Después de Cambao empieza el ascenso a Vianí por una calzada sinuosa y estrecha, pero sin tráfico pesado, lo que evita el estrés de perseguir tractomulas y el peligro que representa adelantarlas. La carretera sigue por Bituima, Guayabal de Síquima y llega hasta Albán, muy cerca ya de la sabana, y puedo decir que a esa vía le quedan meses de vida. No alcanzaron a hacer nada después del anterior invierno y los negativos, fallas geológicas, derrumbes sin evacuar, etc., son incontables, y al transitarla queda uno convencido de que al gobierno nunca le va a alcanzar la plata para arreglarla. Más si se trata de una vía secundaria.
También alcanzamos a visitar la ciénaga de Ayapel durante la Semana Santa y ya empieza el río Cauca a entrar con fuerza por los caños. En las casas del pueblo puede verse la marca que dejó la recién superada inundación y por ejemplo en donde se aprovisionan de combustible los vehículos acuáticos, debieron subir los surtidores en unas especies de bases de por lo menos un metro de altura para enfrentar lo que se viene. Muchos lugareños viven del turismo y cuando el agua invade la región quedan desamparados; todo tipo de comercios, pescadores, empleados de las casas de recreo, artesanos, lancheros, etc., derivan el sustento diario de los diversos servicios que prestan a los visitantes.
Algo que impacta es el daño ecológico que representa la cantidad de árboles que sufrieron por la inundación. Por lo menos el 80% quedaron convertidos en chamizos, la mayoría muertos, lo que obliga a viajar muy lejos para lograr ver los micos y demás especies salvajes que abunda en ese paradisíaco lugar. Ojalá el Fenómeno de la Niña nos dé un respiro y el clima se normalice, porque si no…
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martes, abril 24, 2012
Mojigatería.
Después del esfuerzo que hizo nuestro gobierno para que la Cumbre de las Américas fuera un éxito, de lograr que Obama pernoctara dos noches en Cartagena, que el Presidente Santos y Mariángela consiguieron minimizar el escándalo por la no asistencia de Cuba, y que el tonto hermoso de Ecuador no logró el protagonismo que buscaba por su negativa a participar, todo el show se lo robó el desliz de unos agentes del servicio secreto que quisieron echarse una canita al aire durante su periplo caribeño. El escándalo mediático de las fufurufas criollas ni siquiera fue opacado por las patadas de ahogado del chafarote vecino, quien quiso desviar la atención del pueblo venezolano para que no se percate de que anda en las últimas; dizque él no le jalaba a reunirse con Barack, cuando en realidad sus médicos le aconsejaron hospitalizarse de urgencia.
El caso es que ahora los más importantes medios de comunicación del mundo, andan detrás de cualquier pista que ayude a aclarar lo que pasó en el Hotel Caribe entre los agentes especiales y las furtivas damas que metieron a sus habitaciones. Pues yo también me puse en la tarea de investigar y logré tener acceso a algunas pesquisas que se adelantan, como intervenciones telefónicas, entrevistas con algunos protagonistas, testigos presenciales y demás involucrados. Para la muestra empiezo con una llamada que les chuzaron a dos viejas de esas cuando comentaban el suceso unos días después:
-Aló/ Quiubo Yeny, como amanecites querida/ Ole parcera, cuente a ver qué hay pa´hacer/ No mamita, después de ese escándalo que armó usté en ese hotel me tocó abrirme por unos días, porque le cuento pues que se calentó la plaza/ Me importa un chocho mija, yo no me voy a dejar conejiar de un gringo de esos; podrá ser muy importante o lo que quiera, pero a mí nadie me tumba/ Pues sí, tenés razón Yeny, pero nos hubieras avisado y seguro que entre todas te ayudamos/ Vea Sandra, la verdá es que yo estaba más trabada que el patas. Eso pirobos hicieron un revoltijo de trago con pepas, maracahcafa y perico que le digo pues que me mandó pa la luna. Además el calvo que me tocó, aunque feito, parecía un conejo pa tirar. Qué forma de meter riñones; con decirle que me dejó en carne viva por allá/ Todas salimos igual, querida, esos rambos descaderan una vaca. Y vi en la televisión quisque nosotras les íbamos a meter unos micrófonos, cuando los únicos micrófonos de la noche los pusieron ellos. En todo caso pilas mija, que nos andan buscando; mejor te vas pa otra ciudad mientras se calma la vaina/ Listo parcera, entonces aprovecho pa ir a darle vuelta a la cucha a Medallo. Chaito pues.
También conseguí fragmentos de la declaración de un taxista:
-Ajá cuadro, yo recogí a doj hembrita que salían del hotel como a laj nueve de la mañana. Estaban buena, pa qué. Apena se montaron al carro pidieron que lej pusiera champeta y armaron severa rumba. Te digo pué que andaban volando y todo el recorrido no hicieron sino hablar cagá. Comentaban del zaperoco que le armaron a unoj gringo porque no lej querían pagá, y ademá hablaban de una orgía la má tesa que se formó en ese hotel. Eja vaina como que ejtuvo de alquilá balcón. Yo laj pistiaba por el retrovisó y ellaj contaban dólare, fumaban mariguana y decían una vulgaridade que hacen poné colorao a sataná. Laj dejé en un metedero en el centro y te digo pué que tenían cuerda pa rato. Ajá, hajta me provocó quedame.
Esto dijo un botones boyaco que estaba de turno cuando sucedieron los hechos:
-Fíjese su mercé que ellos dentraron con las damas de gancho y uno qué les iba a decir; qué tal que fueran las esposas o las novias. Unas muchachas lo más elegantes y distinguidas, y como yo apenas estoy en periodo de prueba, qué iba a saber que son guarichas. El caso es que a eso de las cinco de la mañana se apareció una vieja de esas en el lobby y armó un bochinche el jijuemama; estaba medio viringa y gritaba que si lo le pagaban iba a cobrarle a Obama o a Santos. Mentaba madres y pegaba unos berridos espantosos, y aunque las otras trataban de calmarla, decía que ni por el… usté entiende. Que pa darles clavo toda la noche sí estaban listos, pero que a la hora de pagar se hacían los gringos. Hasta chistosa la boba esa. El caso fue que nos tocó llamar a seguridá y esos manes la sacaron a los empujones. Después aparecían gringos y viejas por todas partes, alegaban, se reían, algunos les mandaban la mano y varias parejas hasta se volvieron pa la pieza. Ni pa qué le cuento más…
Ahí está pintada la prensa: amarillismo y morbo es lo que vende. Armar semejante lío por algo que debe haber pasado miles de veces, pero que en esta ocasión se supo por casualidad. Y ahora quieren estigmatizar a Cartagena, como si fuera la única ciudad del mundo donde suceden estas cosas. A un huésped en Ciudad del Vaticano, si tiene con qué pagar, le consiguen lo que quiera. Como dice un amigo: Putas hay, lo que no hay es plata. pamear@telmex.net.co
El caso es que ahora los más importantes medios de comunicación del mundo, andan detrás de cualquier pista que ayude a aclarar lo que pasó en el Hotel Caribe entre los agentes especiales y las furtivas damas que metieron a sus habitaciones. Pues yo también me puse en la tarea de investigar y logré tener acceso a algunas pesquisas que se adelantan, como intervenciones telefónicas, entrevistas con algunos protagonistas, testigos presenciales y demás involucrados. Para la muestra empiezo con una llamada que les chuzaron a dos viejas de esas cuando comentaban el suceso unos días después:
-Aló/ Quiubo Yeny, como amanecites querida/ Ole parcera, cuente a ver qué hay pa´hacer/ No mamita, después de ese escándalo que armó usté en ese hotel me tocó abrirme por unos días, porque le cuento pues que se calentó la plaza/ Me importa un chocho mija, yo no me voy a dejar conejiar de un gringo de esos; podrá ser muy importante o lo que quiera, pero a mí nadie me tumba/ Pues sí, tenés razón Yeny, pero nos hubieras avisado y seguro que entre todas te ayudamos/ Vea Sandra, la verdá es que yo estaba más trabada que el patas. Eso pirobos hicieron un revoltijo de trago con pepas, maracahcafa y perico que le digo pues que me mandó pa la luna. Además el calvo que me tocó, aunque feito, parecía un conejo pa tirar. Qué forma de meter riñones; con decirle que me dejó en carne viva por allá/ Todas salimos igual, querida, esos rambos descaderan una vaca. Y vi en la televisión quisque nosotras les íbamos a meter unos micrófonos, cuando los únicos micrófonos de la noche los pusieron ellos. En todo caso pilas mija, que nos andan buscando; mejor te vas pa otra ciudad mientras se calma la vaina/ Listo parcera, entonces aprovecho pa ir a darle vuelta a la cucha a Medallo. Chaito pues.
También conseguí fragmentos de la declaración de un taxista:
-Ajá cuadro, yo recogí a doj hembrita que salían del hotel como a laj nueve de la mañana. Estaban buena, pa qué. Apena se montaron al carro pidieron que lej pusiera champeta y armaron severa rumba. Te digo pué que andaban volando y todo el recorrido no hicieron sino hablar cagá. Comentaban del zaperoco que le armaron a unoj gringo porque no lej querían pagá, y ademá hablaban de una orgía la má tesa que se formó en ese hotel. Eja vaina como que ejtuvo de alquilá balcón. Yo laj pistiaba por el retrovisó y ellaj contaban dólare, fumaban mariguana y decían una vulgaridade que hacen poné colorao a sataná. Laj dejé en un metedero en el centro y te digo pué que tenían cuerda pa rato. Ajá, hajta me provocó quedame.
Esto dijo un botones boyaco que estaba de turno cuando sucedieron los hechos:
-Fíjese su mercé que ellos dentraron con las damas de gancho y uno qué les iba a decir; qué tal que fueran las esposas o las novias. Unas muchachas lo más elegantes y distinguidas, y como yo apenas estoy en periodo de prueba, qué iba a saber que son guarichas. El caso es que a eso de las cinco de la mañana se apareció una vieja de esas en el lobby y armó un bochinche el jijuemama; estaba medio viringa y gritaba que si lo le pagaban iba a cobrarle a Obama o a Santos. Mentaba madres y pegaba unos berridos espantosos, y aunque las otras trataban de calmarla, decía que ni por el… usté entiende. Que pa darles clavo toda la noche sí estaban listos, pero que a la hora de pagar se hacían los gringos. Hasta chistosa la boba esa. El caso fue que nos tocó llamar a seguridá y esos manes la sacaron a los empujones. Después aparecían gringos y viejas por todas partes, alegaban, se reían, algunos les mandaban la mano y varias parejas hasta se volvieron pa la pieza. Ni pa qué le cuento más…
Ahí está pintada la prensa: amarillismo y morbo es lo que vende. Armar semejante lío por algo que debe haber pasado miles de veces, pero que en esta ocasión se supo por casualidad. Y ahora quieren estigmatizar a Cartagena, como si fuera la única ciudad del mundo donde suceden estas cosas. A un huésped en Ciudad del Vaticano, si tiene con qué pagar, le consiguen lo que quiera. Como dice un amigo: Putas hay, lo que no hay es plata. pamear@telmex.net.co
miércoles, abril 18, 2012
Turismo en pañales.
Pasan los años, pasan alcaldes, gobernadores, dirigentes cívicos y gremiales, pasan las generaciones y nuestra región sigue en pañales en cuanto a turismo se refiere. En las últimas décadas el Eje cafetero se impuso como destino turístico y llegó a ocupar el segundo lugar en el país después de la costa atlántica, pero la desidia general dejó pasar la oportunidad de posicionar a nuestro departamento en tan importante renglón de la economía. Con la inauguración en 1995 del Parque del café, en Montenegro (Quindío), los ojos del país se volvieron hacia el viejo Caldas y descubrieron una tierra hermosa y acogedora, ideal para disfrutar en puentes festivos y vacaciones.
Debemos reconocer que nunca aprovechamos esa coyuntura y aunque en un principio hubo entusiasmo para convertir haciendas y casas de veraneo en hoteles, acondicionar otras para alquilarlas y adelantar proyectos de turismo en diferentes zonas rurales, todo quedó en palabrería y actualmente son escasos los sitios que pueden ofrecerse al mercado turístico. Aunque las comparaciones son odiosas, vale la pena navegar en internet y ver cómo promocionan sus atractivos y las variables que ofrecen los departamentos vecinos, y luego mirar lo que hay respecto a Caldas. Un enlace dice que Manizales es una ciudad de 986.740 habitantes, cuando en el reporte del DANE de 2011no llega al medio millón. Luego se refiere a nuestro departamento, creado en 1905 por el presidente Rafael Reyes: “El departamento de Caldas fue fundado por J. Osorio en 1849”. En ese punto me desanimé y dejé de escarbar.
De verdad es penoso recorrer con un foráneo nuestros atractivos turísticos. La carretera que conduce al Parque de los nevados está plagada de derrumbes y chorriaderos, y al llegar a la Esperanza y querer entrar al baño o tomarse un refrigerio en el parador recientemente inaugurado, se encuentra con que está cerrado sin ninguna explicación; inaudito que después de semejante inversión no haya voluntad política para ponerlo a funcionar. La ruta sigue en buenas condiciones, con un paisaje único y arrobador, hasta llegar a la entrada del parque donde casi siempre hay congestión para ingresar. Ahí comienza un recorrido alucinante que nos lleva hasta donde quedaba el antiguo refugio, el cual después de más de 25 años no ha sido reemplazado y en su lugar hay una caseta provisional que da grima. Allí la carta del restaurante es muy variada: aguapanela con queso y arepa con mantequilla.
Nunca fue posible que le metieran mano a los Termales del Ruiz; qué desperdicio. Hoy la carretera es una trocha sólo apta para vehículos de doble tracción y el vetusto edificio no se ha caído de puro milagro. Queda la opción del nuevo parque termal ubicado en El Otoño, aunque me pregunto por qué no atrae suficientes visitantes de otros municipios y departamentos como sucede con los de Santa Rosa de Cabal, donde los fines de semana no encuentran dónde parquear la cantidad de buses y demás transportes que llegan hasta allí.
El Parque los Yarumos no despega a pesar de su temática ecológica y de algunos deportes extremos, tan de moda entre la juventud. Se hizo una millonaria inversión para solucionarle el problema del transporte, con el cable aéreo, y sin embargo sus instalaciones no convencen por la pobre oferta gastronómica y la falta de un ambiente acogedor. Qué tal si después de las seis de la tarde lo voltean para la rumba y atraen así a tantas personas que ya no caben en las inmediaciones del Parque del Cable. Bares y restaurantes, en semejante sitio tan espectacular, donde los clientes puedan tomarse unos tragos con tranquilidad porque tienen el transporte de regreso asegurado, por lo menos hasta un sitio donde fácilmente encuentran taxi.
En cambio el Recinto del pensamiento, que por fortuna no depende del manejo oficial, saca la cara por la región y ofrece al turista un lugar mágico y acogedor. La zona de Santágueda, el 41, El Rosario, los alrededores de Chinchiná y Palestina, etc., deberían estar plagados de opciones de alojamiento, pero no es así. En parte, porque la malla vial está destruida y además no existen ayudas oficiales para quien quiera hacer inversión turística. Hace poco visité esa joya arquitectónica que es Salamina, un domingo después de medio día, y parecía un pueblo fantasma: ni un alma en las calles, puertas y ventanas cerradas, sin un lugar dónde tomarse un tinto.
En Manizales uno lleva el turista a Chipre (sin subir al mirador porque también está cerrado), luego recorre el centro y su arquitectura republicana, la catedral y a las dos horas está de regreso en casa. La ciudad es bella, agradable y acogedora, pero carece de atractivos turísticos. El Festival de teatro, que atraía personalidades del mundo entero y era noticia en los medios nacionales, ahora pasa desapercibido hasta para la mayoría de lugareños. La exposición equina no es ni sombra de lo que fue, cuando parecía una feria de mitaca por la calidad y cantidad de participantes, además de los muchos visitantes. Nos queda la feria anual que tiene al invierno como su peor enemigo, aparte del negro futuro que enfrenta la tauromaquia. A ver qué vamos a inventar cuando los toros desaparezcan por gracia de sus enemigos, los altos costos y la falta de aficionados. De pronto los enanitos toreros…
pamear@telmex.net.co
Debemos reconocer que nunca aprovechamos esa coyuntura y aunque en un principio hubo entusiasmo para convertir haciendas y casas de veraneo en hoteles, acondicionar otras para alquilarlas y adelantar proyectos de turismo en diferentes zonas rurales, todo quedó en palabrería y actualmente son escasos los sitios que pueden ofrecerse al mercado turístico. Aunque las comparaciones son odiosas, vale la pena navegar en internet y ver cómo promocionan sus atractivos y las variables que ofrecen los departamentos vecinos, y luego mirar lo que hay respecto a Caldas. Un enlace dice que Manizales es una ciudad de 986.740 habitantes, cuando en el reporte del DANE de 2011no llega al medio millón. Luego se refiere a nuestro departamento, creado en 1905 por el presidente Rafael Reyes: “El departamento de Caldas fue fundado por J. Osorio en 1849”. En ese punto me desanimé y dejé de escarbar.
De verdad es penoso recorrer con un foráneo nuestros atractivos turísticos. La carretera que conduce al Parque de los nevados está plagada de derrumbes y chorriaderos, y al llegar a la Esperanza y querer entrar al baño o tomarse un refrigerio en el parador recientemente inaugurado, se encuentra con que está cerrado sin ninguna explicación; inaudito que después de semejante inversión no haya voluntad política para ponerlo a funcionar. La ruta sigue en buenas condiciones, con un paisaje único y arrobador, hasta llegar a la entrada del parque donde casi siempre hay congestión para ingresar. Ahí comienza un recorrido alucinante que nos lleva hasta donde quedaba el antiguo refugio, el cual después de más de 25 años no ha sido reemplazado y en su lugar hay una caseta provisional que da grima. Allí la carta del restaurante es muy variada: aguapanela con queso y arepa con mantequilla.
Nunca fue posible que le metieran mano a los Termales del Ruiz; qué desperdicio. Hoy la carretera es una trocha sólo apta para vehículos de doble tracción y el vetusto edificio no se ha caído de puro milagro. Queda la opción del nuevo parque termal ubicado en El Otoño, aunque me pregunto por qué no atrae suficientes visitantes de otros municipios y departamentos como sucede con los de Santa Rosa de Cabal, donde los fines de semana no encuentran dónde parquear la cantidad de buses y demás transportes que llegan hasta allí.
El Parque los Yarumos no despega a pesar de su temática ecológica y de algunos deportes extremos, tan de moda entre la juventud. Se hizo una millonaria inversión para solucionarle el problema del transporte, con el cable aéreo, y sin embargo sus instalaciones no convencen por la pobre oferta gastronómica y la falta de un ambiente acogedor. Qué tal si después de las seis de la tarde lo voltean para la rumba y atraen así a tantas personas que ya no caben en las inmediaciones del Parque del Cable. Bares y restaurantes, en semejante sitio tan espectacular, donde los clientes puedan tomarse unos tragos con tranquilidad porque tienen el transporte de regreso asegurado, por lo menos hasta un sitio donde fácilmente encuentran taxi.
En cambio el Recinto del pensamiento, que por fortuna no depende del manejo oficial, saca la cara por la región y ofrece al turista un lugar mágico y acogedor. La zona de Santágueda, el 41, El Rosario, los alrededores de Chinchiná y Palestina, etc., deberían estar plagados de opciones de alojamiento, pero no es así. En parte, porque la malla vial está destruida y además no existen ayudas oficiales para quien quiera hacer inversión turística. Hace poco visité esa joya arquitectónica que es Salamina, un domingo después de medio día, y parecía un pueblo fantasma: ni un alma en las calles, puertas y ventanas cerradas, sin un lugar dónde tomarse un tinto.
En Manizales uno lleva el turista a Chipre (sin subir al mirador porque también está cerrado), luego recorre el centro y su arquitectura republicana, la catedral y a las dos horas está de regreso en casa. La ciudad es bella, agradable y acogedora, pero carece de atractivos turísticos. El Festival de teatro, que atraía personalidades del mundo entero y era noticia en los medios nacionales, ahora pasa desapercibido hasta para la mayoría de lugareños. La exposición equina no es ni sombra de lo que fue, cuando parecía una feria de mitaca por la calidad y cantidad de participantes, además de los muchos visitantes. Nos queda la feria anual que tiene al invierno como su peor enemigo, aparte del negro futuro que enfrenta la tauromaquia. A ver qué vamos a inventar cuando los toros desaparezcan por gracia de sus enemigos, los altos costos y la falta de aficionados. De pronto los enanitos toreros…
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miércoles, marzo 28, 2012
Obligatorio texto de consulta (II)
Es menester tener a mano el Diccionario Aristizabal de frases colombianas (http://www.diccionarioaristizabal.com/), para recurrir a él cada que recordemos algún autor o protagonista de nuestro país del cual queramos conocer más. Porque con solo leer las frases allí recopiladas puede darse una idea del estilo o de la personalidad del elegido. Claro que al recorrer sus páginas se encuentran nombres desconocidos, los cuales al consultarlos enganchan al lector desde los primeros renglones. Sigo entonces con algunos personajes que no necesitan presentación.
Quienes no vivimos el 9 de abril de 1948 recurrimos a textos, fotografías y testimonios para conocer ese trágico episodio y saber más acerca de Jorge Eliecer Gaitán, un caudillo que por sus ejecutorias dejó huella en la historia del país. La arenga de su carrera política fue “¡A la carga!”, y en sus discursos pronunciaba frases que enardecían al populacho: “Cercano está el momento en que veremos si el pueblo manda, si el pueblo ordena, si el pueblo es el pueblo y no una multitud anónima de siervos”; “Si avanzo, seguidme; si retrocedo, empujadme; si me matan, ¡vengadme!”. También decía verdades que no pierden vigencia: “El maridaje inadmisible de la política y los negocios”. Al amigo que le aconsejó cuidarse, le respondió: “A mí qué me va a pasar, ¡fíjate como me quiere esta gente!” Y esto le dijo a Plinio Mendoza Neira cuando lo invitó a almorzar, minutos antes de caer acribillado: “Aceptado. Pero te advierto, Plinio, que yo cuesto caro”.
Cómo no recordar a Lucas Caballero Calderón, Klim, tal vez el columnista más exitoso y genial de los últimos tiempos. Vivía sólo en su apartamento y pasaba el tiempo en bata levantadora dedicado a la lectura y a recibir sus pocos y escogidos amigos, condición que puede verse reflejada en sus escritos: “El ocio es tener aptitud económica para ejercitar a todas horas la pereza”; “Sin necesidad de ser millonario ni levantarme a la madrugada, desde hace años vengo haciendo lo que me da la real gana”; “Uno sólo debe trabajar cuando le hace falta plata”. Del matrimonio opinaba: “Son contados los maridos a quienes no les da pena salir a la calle con esos ochenta kilos de abnegación, de bondad y de esferas que es la esposa”.
Klim fue coqueto hasta viejo: “Era el tipo de muchacha que justifica la existencia de las vespertinas y los pecados capitales”; “Lo importante es llegar a cierta edad con el ánimo enhiesto”; “En los barcos, las fiestas de primera se hacen con las pasajeras de segunda”; “Cuando uno llega a cierta edad y le siguen gustando los buenos cuadros, es que tiene sensibilidad artística; si le sigue gustando la buena comida, es un gastrónomo exquisito; pero si le siguen gustando las mujeres, es un viejo verde”.
Ironía y fino humor lo caracterizaban: “Una de las ventajas de haber nacido colombiano consiste en que el placer de viajar se multiplica por mil”; “La manera más efectiva de pescar una apoplejía es hacer el tránsito directo de la plaza de Bolívar de Tunja a la de la Concordia de París”; “La Radiodifusora Nacional pretende difundir la cultura a nivel popular, pero arranca con un Opus no sé qué de Bach, que es como enseñar cálculo infinitesimal en un colegio antes de dar aritmética”; “Mi hermano Eduardo, cuando está sin tema para escribir, se faja una novela sobre Tipacoque”; “¡Gaitán fue el que se tiró a toda esta gente, hip!”.
El escritor Fernando Vallejo es un hombre de amores y de odios. Y tiene tantos malquerientes por la forma sarcástica e irreverente como se refiere a sus coterráneos. De los paisas dice “El antioqueño ha tenido que marcharse siempre en busca de otras tierras donde tumbar los árboles; es la ‘colonización’ antioqueña...”; “Mi raza antioqueña, mezcla de blanco con negro, con indio, con tarado, con loco, es como el sancocho que lleva papa, yuca, plátano, maíz, arracacha, hueso, carne, infame mezcolanza de sangres mal batidas en agua caliente con sal”; “La Universidad de Antioquia que para el pueblo es gratis, que es del pueblo y para el pueblo, por el pueblo vive en huelga desde hace veinte años”. Pero al resto nos va peor: “Somos un país de puesteros legalistas y de lambecuras irredentos”; “Bogotá en 1927 tenía doscientos veinte mil habitantes y era una ciudad de ladrones. Hoy tiene cinco millones, camino de seis, y es una ciudad de ladrones: la capital de un país de ladrones”; “Y aunque Antioquia no es Colombia, como ya expliqué, debería serlo: el resto es un país de zambos, de zánganos y tinterillos que no trabajan ni dejan trabajar”.
Frases de su magín: “En Colombia a los cines los llaman teatros, y a los teatros nada porque no hay teatro”; “Ausente de pecado mortal, la niñez es la época más tediosa de la vida”; “¿Por qué en Colombia el cielo sólo castiga a los que rezan?”. Comentarios típicos suyos: “Sé que hay hambre en el mundo y que existe Biafra, pero me importa un bledo la humana especie”; “La pobreza cohabita con la ignorancia; duermen amancebadas en profusión de olores bajo el mismo techo, sobre el mismo lecho; y se multiplican por diez”. En todo caso a quienes eviten leer a Vallejo por desagradable y repelente, les recomiendo, no se lo pierdan.
pamear@telmex.net.co
Quienes no vivimos el 9 de abril de 1948 recurrimos a textos, fotografías y testimonios para conocer ese trágico episodio y saber más acerca de Jorge Eliecer Gaitán, un caudillo que por sus ejecutorias dejó huella en la historia del país. La arenga de su carrera política fue “¡A la carga!”, y en sus discursos pronunciaba frases que enardecían al populacho: “Cercano está el momento en que veremos si el pueblo manda, si el pueblo ordena, si el pueblo es el pueblo y no una multitud anónima de siervos”; “Si avanzo, seguidme; si retrocedo, empujadme; si me matan, ¡vengadme!”. También decía verdades que no pierden vigencia: “El maridaje inadmisible de la política y los negocios”. Al amigo que le aconsejó cuidarse, le respondió: “A mí qué me va a pasar, ¡fíjate como me quiere esta gente!” Y esto le dijo a Plinio Mendoza Neira cuando lo invitó a almorzar, minutos antes de caer acribillado: “Aceptado. Pero te advierto, Plinio, que yo cuesto caro”.
Cómo no recordar a Lucas Caballero Calderón, Klim, tal vez el columnista más exitoso y genial de los últimos tiempos. Vivía sólo en su apartamento y pasaba el tiempo en bata levantadora dedicado a la lectura y a recibir sus pocos y escogidos amigos, condición que puede verse reflejada en sus escritos: “El ocio es tener aptitud económica para ejercitar a todas horas la pereza”; “Sin necesidad de ser millonario ni levantarme a la madrugada, desde hace años vengo haciendo lo que me da la real gana”; “Uno sólo debe trabajar cuando le hace falta plata”. Del matrimonio opinaba: “Son contados los maridos a quienes no les da pena salir a la calle con esos ochenta kilos de abnegación, de bondad y de esferas que es la esposa”.
Klim fue coqueto hasta viejo: “Era el tipo de muchacha que justifica la existencia de las vespertinas y los pecados capitales”; “Lo importante es llegar a cierta edad con el ánimo enhiesto”; “En los barcos, las fiestas de primera se hacen con las pasajeras de segunda”; “Cuando uno llega a cierta edad y le siguen gustando los buenos cuadros, es que tiene sensibilidad artística; si le sigue gustando la buena comida, es un gastrónomo exquisito; pero si le siguen gustando las mujeres, es un viejo verde”.
Ironía y fino humor lo caracterizaban: “Una de las ventajas de haber nacido colombiano consiste en que el placer de viajar se multiplica por mil”; “La manera más efectiva de pescar una apoplejía es hacer el tránsito directo de la plaza de Bolívar de Tunja a la de la Concordia de París”; “La Radiodifusora Nacional pretende difundir la cultura a nivel popular, pero arranca con un Opus no sé qué de Bach, que es como enseñar cálculo infinitesimal en un colegio antes de dar aritmética”; “Mi hermano Eduardo, cuando está sin tema para escribir, se faja una novela sobre Tipacoque”; “¡Gaitán fue el que se tiró a toda esta gente, hip!”.
El escritor Fernando Vallejo es un hombre de amores y de odios. Y tiene tantos malquerientes por la forma sarcástica e irreverente como se refiere a sus coterráneos. De los paisas dice “El antioqueño ha tenido que marcharse siempre en busca de otras tierras donde tumbar los árboles; es la ‘colonización’ antioqueña...”; “Mi raza antioqueña, mezcla de blanco con negro, con indio, con tarado, con loco, es como el sancocho que lleva papa, yuca, plátano, maíz, arracacha, hueso, carne, infame mezcolanza de sangres mal batidas en agua caliente con sal”; “La Universidad de Antioquia que para el pueblo es gratis, que es del pueblo y para el pueblo, por el pueblo vive en huelga desde hace veinte años”. Pero al resto nos va peor: “Somos un país de puesteros legalistas y de lambecuras irredentos”; “Bogotá en 1927 tenía doscientos veinte mil habitantes y era una ciudad de ladrones. Hoy tiene cinco millones, camino de seis, y es una ciudad de ladrones: la capital de un país de ladrones”; “Y aunque Antioquia no es Colombia, como ya expliqué, debería serlo: el resto es un país de zambos, de zánganos y tinterillos que no trabajan ni dejan trabajar”.
Frases de su magín: “En Colombia a los cines los llaman teatros, y a los teatros nada porque no hay teatro”; “Ausente de pecado mortal, la niñez es la época más tediosa de la vida”; “¿Por qué en Colombia el cielo sólo castiga a los que rezan?”. Comentarios típicos suyos: “Sé que hay hambre en el mundo y que existe Biafra, pero me importa un bledo la humana especie”; “La pobreza cohabita con la ignorancia; duermen amancebadas en profusión de olores bajo el mismo techo, sobre el mismo lecho; y se multiplican por diez”. En todo caso a quienes eviten leer a Vallejo por desagradable y repelente, les recomiendo, no se lo pierdan.
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miércoles, marzo 21, 2012
Obligatorio texto de consulta (I)
Circulan innumerables textos con frases célebres de algunos personajes que han sido muy fecundos en producirlas, como Marx, Confucio, Sor Juana Inés, Benjamín Franklin, Balzac o Frida Kahlo. Pues ahora encuentro en la red el Diccionario Aristizabal de frases colombianas, una recopilación de unas quince mil sentencias, dichos, máximas, refranes y apotegmas escogidos de todo tipo de publicaciones de nuestro país por el escritor bogotano Luis H. Aristizabal. Por orden alfabético se busca entre más de mil doscientos autores para disfrutar de frases sesudas, graciosas, genialidades, sarcasmos, ironías, verdades ocultas y muchas otras expresiones que nos ponen a pensar, además de que reflejan a la perfección a cada uno de los autores. Procedo a compartir algunas que encontré de personajes que llaman mi atención.
Del primer presidente colombiano que tengo conciencia es Alberto Lleras Camargo (en su segundo período, 1958-1962), pero como a tan tierna edad uno no se interesa por esas cosas, con el paso de los años me enteré de su trayectoria, honestidad y rectitud. Y basta con leer algunas frases del diccionario que menciono para conocer un poco de su personalidad, como cuando dice “Nadie podrá obligarme a proceder contra mi conciencia”. O esta otra: “No tengo con el liberalismo ningún compromiso que salga del territorio intelectual”. Y qué tal esta sentencia: “El poder absoluto engendra absoluta corrupción”. Esta es como para dedicársela a Julito Sánchez: “Un país mal informado no tiene opinión, tiene prejuicios”. Una que debería ser obligatoria: “Ministro que se equivoca, debe renunciar”. Así se refería a sus colegas de antaño: “La poesía era el primer escalón de la vida pública y se podía llegar hasta la presidencia por una escalera de alejandrinos pareados”. Y aquí el fiel reflejo de su probidad: “Si fuera rico, si tuviera renta, viviría en un campo, alejado de todo, frente a la naturaleza, rodeado de libros”.
Después llegó al Palacio de San Carlos el Presidente Guillermo León Valencia (1962-1966), de quien se hablaba mucho en la época porque era amigo del traguito, algo imprudente y mete patas. Pero sin duda tenía una agilidad mental y una agudeza que desarmaban a sus enemigos y dejaban en ridículo a quien osaba criticarlo. A un impertinente concejal de cierto pueblo, le salió con esta perla: “Algún día, gallardo amigo, usted estará en el Senado de la República... Porque en un país donde la mitad es analfabeta es justo que tenga su representante”. En otra oportunidad un Congresista le dijo que entre ambos había un enorme abismo moral, y Valencia le respondió: “Yo sé eso desde hace tiempo pero me había dado pena decírselo”. Cuando se indispuso antes de dar un discurso y alguien insinuó que lo que hacía era esperar órdenes de su padre, expresó esta genialidad: “Esa es una sospecha de la que sólo se libran los hijos de los imbéciles”. Su fino humor y esa chispa innata pueden verse reflejada en lo que respondió cuando le propusieron que se casara con una mujer que había enviudado tres veces: “Yo soy muy mal cuarto”. Inolvidable la embarrada, que nunca se supo si fue por despistado o porque ya estaba copetón, cuando al hacer un brindis por el general Charles De Gaulle gritó a todo pulmón: “¡Viva España!” Por último, las palabras que le dijo a su hijo Ignacio mientras agonizaba en Nueva York en 1971: “Dígales que me dejen solo. Yo no me quiero morir delante de la gente”.
Como con el Frente Nacional la vaina era turnadita, en 1966 le tocó el turno a un liberal que gobernó hasta 1970, Carlos Lleras Restrepo. Con este mandatario podía decirse que a pesar de su baja estatura no era un presidente de bolsillo, porque si algo lo caracterizó fueron su férreo carácter y capacidad de mando. Un claro ejemplo, que recordamos muchos colombianos, es la alocución televisiva en la que se dirigió al país el 21 de abril de 1970, para frenar de una vez los levantamientos populares protagonizados por los seguidores de Rojas Pinilla que protestaban por el evidente fraude electoral.
Así se expresó el Presidente: “Aquí se sostendrá la Constitución y yo permaneceré en el mando hasta el 7 de agosto. No saldré antes de Palacio sino muerto, y de ésto deben quedar notificados tanto los que quieren promover desórdenes como los que resuelvan acompañarme en la guarda de la paz y de la Constitución Nacional”. Y a tantos periodistas que confunden la libertad con el libertinaje: “Desde ahora le notifico a la radio que cualquier estación que intente propagar órdenes de subversión o causar alarma, será clausurada definitivamente; perderá para siempre los canales que tenga adjudicados”. Los bogotanos también quedaron notificados esa noche: “En cuanto hace al caso de Bogotá, advierto lo siguiente: son las ocho de la noche. A las nueve de la noche no debe haber gentes en las calles. El toque de queda se hará cumplir de manera rigurosa, y quien salga a la calle lo hará por su cuenta y riesgo, con todos los azares que corre el que viola en estado de guerra una prescripción militar”. Y las reglas eran para cumplirlas: “Decretaré el reclutamiento obligatorio de quienes se declaren en paro, y quien no obedezca el llamamiento a filas, será considerado como desertor y juzgado en consejo de guerra”.
pamear@telmex.net.co
Del primer presidente colombiano que tengo conciencia es Alberto Lleras Camargo (en su segundo período, 1958-1962), pero como a tan tierna edad uno no se interesa por esas cosas, con el paso de los años me enteré de su trayectoria, honestidad y rectitud. Y basta con leer algunas frases del diccionario que menciono para conocer un poco de su personalidad, como cuando dice “Nadie podrá obligarme a proceder contra mi conciencia”. O esta otra: “No tengo con el liberalismo ningún compromiso que salga del territorio intelectual”. Y qué tal esta sentencia: “El poder absoluto engendra absoluta corrupción”. Esta es como para dedicársela a Julito Sánchez: “Un país mal informado no tiene opinión, tiene prejuicios”. Una que debería ser obligatoria: “Ministro que se equivoca, debe renunciar”. Así se refería a sus colegas de antaño: “La poesía era el primer escalón de la vida pública y se podía llegar hasta la presidencia por una escalera de alejandrinos pareados”. Y aquí el fiel reflejo de su probidad: “Si fuera rico, si tuviera renta, viviría en un campo, alejado de todo, frente a la naturaleza, rodeado de libros”.
Después llegó al Palacio de San Carlos el Presidente Guillermo León Valencia (1962-1966), de quien se hablaba mucho en la época porque era amigo del traguito, algo imprudente y mete patas. Pero sin duda tenía una agilidad mental y una agudeza que desarmaban a sus enemigos y dejaban en ridículo a quien osaba criticarlo. A un impertinente concejal de cierto pueblo, le salió con esta perla: “Algún día, gallardo amigo, usted estará en el Senado de la República... Porque en un país donde la mitad es analfabeta es justo que tenga su representante”. En otra oportunidad un Congresista le dijo que entre ambos había un enorme abismo moral, y Valencia le respondió: “Yo sé eso desde hace tiempo pero me había dado pena decírselo”. Cuando se indispuso antes de dar un discurso y alguien insinuó que lo que hacía era esperar órdenes de su padre, expresó esta genialidad: “Esa es una sospecha de la que sólo se libran los hijos de los imbéciles”. Su fino humor y esa chispa innata pueden verse reflejada en lo que respondió cuando le propusieron que se casara con una mujer que había enviudado tres veces: “Yo soy muy mal cuarto”. Inolvidable la embarrada, que nunca se supo si fue por despistado o porque ya estaba copetón, cuando al hacer un brindis por el general Charles De Gaulle gritó a todo pulmón: “¡Viva España!” Por último, las palabras que le dijo a su hijo Ignacio mientras agonizaba en Nueva York en 1971: “Dígales que me dejen solo. Yo no me quiero morir delante de la gente”.
Como con el Frente Nacional la vaina era turnadita, en 1966 le tocó el turno a un liberal que gobernó hasta 1970, Carlos Lleras Restrepo. Con este mandatario podía decirse que a pesar de su baja estatura no era un presidente de bolsillo, porque si algo lo caracterizó fueron su férreo carácter y capacidad de mando. Un claro ejemplo, que recordamos muchos colombianos, es la alocución televisiva en la que se dirigió al país el 21 de abril de 1970, para frenar de una vez los levantamientos populares protagonizados por los seguidores de Rojas Pinilla que protestaban por el evidente fraude electoral.
Así se expresó el Presidente: “Aquí se sostendrá la Constitución y yo permaneceré en el mando hasta el 7 de agosto. No saldré antes de Palacio sino muerto, y de ésto deben quedar notificados tanto los que quieren promover desórdenes como los que resuelvan acompañarme en la guarda de la paz y de la Constitución Nacional”. Y a tantos periodistas que confunden la libertad con el libertinaje: “Desde ahora le notifico a la radio que cualquier estación que intente propagar órdenes de subversión o causar alarma, será clausurada definitivamente; perderá para siempre los canales que tenga adjudicados”. Los bogotanos también quedaron notificados esa noche: “En cuanto hace al caso de Bogotá, advierto lo siguiente: son las ocho de la noche. A las nueve de la noche no debe haber gentes en las calles. El toque de queda se hará cumplir de manera rigurosa, y quien salga a la calle lo hará por su cuenta y riesgo, con todos los azares que corre el que viola en estado de guerra una prescripción militar”. Y las reglas eran para cumplirlas: “Decretaré el reclutamiento obligatorio de quienes se declaren en paro, y quien no obedezca el llamamiento a filas, será considerado como desertor y juzgado en consejo de guerra”.
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jueves, marzo 15, 2012
Disertaciones comerciales.
La nuestra es una ciudad que no se ha destacado por su comercio, mientras que la industria ha tenido un desarrollo importante y ello puede verse reflejado en los volúmenes de carga que desde aquí salen para el exterior. Por ello debemos enfocar todo nuestro esfuerzo en la infraestructura vial, porque sin carreteras aptas para el tráfico pesado es muy trabajoso ser competitivos. Qué tal un gringo que quiera aprovechar el TLC y resuelva hacer negocio con una de nuestras industrias, y el primer envío se retrase porque las vías están bloqueadas debido a los derrumbes. Poco después se repite el problema cuando la guerrilla queme unos camiones en la carretera que va hacia Buenaventura, luego sucede lo mismo por el habitual paro de camioneros y por último el envío no puede pasar por Chinchiná, pueblo donde suelen armar tremendas trifulcas cuando de protestar se trata.
Seguramente el míster llamará desesperado a decir que manden el cargamento por una vía alterna, y se jalará los pelos cuando le respondan que no hay más carreteras aptas para tráfico pesado. Entonces en transporte fluvial o férreo, propondrá, a lo que tocará decirle que los ríos aquí sólo sirven de cloacas y que a pesar de que hace varios lustros iniciaron los trabajos para recuperar los rieles, ha sido imposible lograr que pongan a funcionar de nuevo los ferrocarriles. Todo esto puede suceder si el importador gringo no averigua con anticipación cómo estamos en materia de infraestructura, porque de enterarse seguro va a preferir hacer negocios con otro país donde puedan responder a sus expectativas. Y éso que falta comentarle al inversionista el riesgo que existe en el puerto, donde pueden camuflarle en los contenedores alijos de drogas ilícitas.
Nuestras carreteras son obsoletas, incómodas, estrechas, sinuosas, inseguras, mal señalizadas, plagadas de resaltos y huecos, peligrosas y estresantes de recorrer. Y si renegamos quienes las utilizamos de vez en cuando, en carro particular y con el único fin de pasear, qué dirán los transportadores que debe sufrirlas a diario, con el agravante que muchos conducen vehículos que no caben por las angostas vías. Siempre que los veo trasegar por esas trochas imagino lo que será viajar de Manizales a Mariquita y tener que coger todas las curvas por el carril contrario, y cuando el giro es para el otro lado el remolque del camión es el que se atraviesa peligrosamente. Es un verdadero milagro que no resulten siquiera media docena de carros estampillados contra la trompa o las llantas traseras del “borrador”.
Esa falencia que tiene la ciudad en vías de comunicación puede notarse en el comercio, ya que en algún momento todos nos hemos visto perjudicados al no poder conseguir un producto y la disculpa siempre es la misma: paros, derrumbes, bloqueos, asonadas, etc. Otra cosa es que por no estar en la ruta de las grandes troncales los fletes son más costosos y por ende los precios al consumidor aumentan. Claro que los comerciantes se aprovechan de la situación y si por ejemplo el precio de la gasolina sube cincuenta pesos por galón, el que comercializa plátanos quiere aplicarle dicho aumento a cada plátano que vende; como si los transportaran por unidades.
El comercio de Manizales siempre ha sido criticado por no ofrecer horarios extendidos, por su limitada oferta de mercancías, algunos productos son más costosos que en otras ciudades y son muchos los establecimientos donde están quedados en aquello del servicio al cliente. Como todo, el comercio evoluciona y ello puede verse al recordar que ahora años todos los almacenes importantes estaban localizados en el centro de la ciudad, regentados por ciudadanos ejemplares que le dieron lustre al gremio. Hoy existen diferentes zonas comerciales y algunos barrios, como La Enea, presentan infinidad de negocios donde puede encontrarse lo que uno necesite.
Ahora se imponen los centros comerciales y los almacenes de grandes superficies, donde las personas encuentran variedad de opciones en mercancías, bancos, plazoletas de comida, juegos para niños, cines, etc. Respecto a estas nuevas modalidades, un amigo me contó lo que le sucedió con una hija suya que estudia arquitectura en Bogotá y vino de vacaciones. Resulta que al pasar por el sector de San Rafael le mostró orgulloso esa maravilla de mega almacén que inauguraron hace pocos meses y ella sin titubear le dijo que no le parecía nada bueno, porque ese tipo de comercio no compagina con la cultura de una ciudad intermedia como la nuestra.
El hombre no comprendió en un principio la reacción de la muchacha, hasta que ella argumentó que seguro muchas ferreterías y almacenes relacionados con el ramo se verán obligados a cerrar por la fuerte competencia, y que esos comerciantes locales son quienes van a su consultorio a buscar tratamientos para ellos y sus familias; esos mismos que compran vivienda aquí, cambian el carro, pagan colegios para sus hijos y en general consumen en Manizales. Que las utilidades del gran almacén salen para el exterior, de donde procede, y a nuestra ciudad sólo la beneficia por los puestos de trabajo que genera, que a la larga son los mismos que generaban los negocios que sucumbieron a la competencia.
A la muchacha se le nota su paso por la academia y al papá, igual que a mí, nos dejó pensativos.
pamear@telmex.net.co
Seguramente el míster llamará desesperado a decir que manden el cargamento por una vía alterna, y se jalará los pelos cuando le respondan que no hay más carreteras aptas para tráfico pesado. Entonces en transporte fluvial o férreo, propondrá, a lo que tocará decirle que los ríos aquí sólo sirven de cloacas y que a pesar de que hace varios lustros iniciaron los trabajos para recuperar los rieles, ha sido imposible lograr que pongan a funcionar de nuevo los ferrocarriles. Todo esto puede suceder si el importador gringo no averigua con anticipación cómo estamos en materia de infraestructura, porque de enterarse seguro va a preferir hacer negocios con otro país donde puedan responder a sus expectativas. Y éso que falta comentarle al inversionista el riesgo que existe en el puerto, donde pueden camuflarle en los contenedores alijos de drogas ilícitas.
Nuestras carreteras son obsoletas, incómodas, estrechas, sinuosas, inseguras, mal señalizadas, plagadas de resaltos y huecos, peligrosas y estresantes de recorrer. Y si renegamos quienes las utilizamos de vez en cuando, en carro particular y con el único fin de pasear, qué dirán los transportadores que debe sufrirlas a diario, con el agravante que muchos conducen vehículos que no caben por las angostas vías. Siempre que los veo trasegar por esas trochas imagino lo que será viajar de Manizales a Mariquita y tener que coger todas las curvas por el carril contrario, y cuando el giro es para el otro lado el remolque del camión es el que se atraviesa peligrosamente. Es un verdadero milagro que no resulten siquiera media docena de carros estampillados contra la trompa o las llantas traseras del “borrador”.
Esa falencia que tiene la ciudad en vías de comunicación puede notarse en el comercio, ya que en algún momento todos nos hemos visto perjudicados al no poder conseguir un producto y la disculpa siempre es la misma: paros, derrumbes, bloqueos, asonadas, etc. Otra cosa es que por no estar en la ruta de las grandes troncales los fletes son más costosos y por ende los precios al consumidor aumentan. Claro que los comerciantes se aprovechan de la situación y si por ejemplo el precio de la gasolina sube cincuenta pesos por galón, el que comercializa plátanos quiere aplicarle dicho aumento a cada plátano que vende; como si los transportaran por unidades.
El comercio de Manizales siempre ha sido criticado por no ofrecer horarios extendidos, por su limitada oferta de mercancías, algunos productos son más costosos que en otras ciudades y son muchos los establecimientos donde están quedados en aquello del servicio al cliente. Como todo, el comercio evoluciona y ello puede verse al recordar que ahora años todos los almacenes importantes estaban localizados en el centro de la ciudad, regentados por ciudadanos ejemplares que le dieron lustre al gremio. Hoy existen diferentes zonas comerciales y algunos barrios, como La Enea, presentan infinidad de negocios donde puede encontrarse lo que uno necesite.
Ahora se imponen los centros comerciales y los almacenes de grandes superficies, donde las personas encuentran variedad de opciones en mercancías, bancos, plazoletas de comida, juegos para niños, cines, etc. Respecto a estas nuevas modalidades, un amigo me contó lo que le sucedió con una hija suya que estudia arquitectura en Bogotá y vino de vacaciones. Resulta que al pasar por el sector de San Rafael le mostró orgulloso esa maravilla de mega almacén que inauguraron hace pocos meses y ella sin titubear le dijo que no le parecía nada bueno, porque ese tipo de comercio no compagina con la cultura de una ciudad intermedia como la nuestra.
El hombre no comprendió en un principio la reacción de la muchacha, hasta que ella argumentó que seguro muchas ferreterías y almacenes relacionados con el ramo se verán obligados a cerrar por la fuerte competencia, y que esos comerciantes locales son quienes van a su consultorio a buscar tratamientos para ellos y sus familias; esos mismos que compran vivienda aquí, cambian el carro, pagan colegios para sus hijos y en general consumen en Manizales. Que las utilidades del gran almacén salen para el exterior, de donde procede, y a nuestra ciudad sólo la beneficia por los puestos de trabajo que genera, que a la larga son los mismos que generaban los negocios que sucumbieron a la competencia.
A la muchacha se le nota su paso por la academia y al papá, igual que a mí, nos dejó pensativos.
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jueves, marzo 08, 2012
¡Guácalas!
Es normal que cada generación aporte palabras nuevas al idioma mientras otras desaparecen por falta de uso, pero llama la atención que la juventud de ahora le haya cambiado el significado a un vocablo que antes utilizábamos de manera diferente. Me refiero a la expresión ¡gas!, la cual surgía al pararnos en un bollo de perro, por una mosca en la leche, al sentir cierto olorcillo indiscreto o si encontrábamos un pelo en una empanada. En cambio ahora los adolescentes la usan para referirse al profesor que no les gusta, para decir que una película es mala, cuando algo les incomoda o cualquier otra pendejada por el estilo.
También era habitual reemplazarla por ¡gaquis!, de donde resultó otra más gomela y distinguida, ¡guácalas! Cualquiera de ellas se utiliza, después de hacer un gesto de contrariedad, para reaccionar ante algo desagradable, fastidioso, repulsivo o asqueroso. En todo caso quienes más las acostumbran son las personas escrupulosas y prevenidas, mientras que el contrario a esas manías era llamado sangriliviano por nuestros mayores. La condición de asquiento se hereda de padres a hijos y no hay duda de que quienes son exagerados en dichos melindres viven mortificados, porque en el mundo estamos y son muchas las porquerías que nos topamos a diario.
Hay que ver lo que sufre el escrupuloso en un baño público. Normalmente uno entra desprevenido, procede con su cometido y por último se lava bien las manos, mientras el otro empuja puertas con los codos, abre la tapa del inodoro y activa el mecanismo para vaciar con el zapato, sortea cualquier humedad que haya en el piso y mira a todos lados para evitar el mínimo roce. Para las mujeres es peor porque al menos nosotros orinamos parados y a distancia, sin tener contacto con ninguna superficie, mientras ellas deben posar su anatomía en el contaminado biscocho; algunas lo forran con pañuelos de papel, pero la mayoría aprenden desde chiquitas a hacer maromas para proceder a eliminar “sin tocar aro”.
En el supermercado se reconoce al quisquilloso porque escarba en los estantes de frutas y verduras para coger los productos que están debajo, debido a que se pregunta cuánta gente habrá manoseado los que están encima, cuántas veces los habrán pegado a la nariz para olerlos, además de los que habrán estornudado ahí frente a la góndola. Al llegar a casa proceden a lavar todos los productos con desinfectante y además los pelan antes de usarlos, porque no resisten pensar que alguien más los haya manipulado. Si uno piensa en las bacterias que hay en billetes y monedas, en las barandas del centro comercial, en las agarraderas de los buses, etc., no tendrá más remedio que meterse en una burbuja que lo aísle del exterior.
Poco disfrutan los aprensivos en un restaurante porque no dejan de pensar que su comida puede venir contaminada de la cocina, que el mesero metió un dedo en la sopa o que puede haber un ingrediente pasado, y su mortificación será mayor cuando se pregunten cuántos labios se habrán posado antes en el borde del vaso y a cuántas bocas habrá ingresado el tenedor y la cuchara, adminículos que están próximos a utilizar. El escrupuloso es amigo de poner pereque en dichos negocios, requerimientos que los empleados atienden con amabilidad y resignación, mientras se desquitan del personaje al echarle escupas en el agua o licuarle una cucaracha con la vinagreta.
Son muchos quienes evitan los restaurantes chinos porque les da asco, mientras los demás disfrutamos esas delicias sin dedicar un solo segundo a pensar en cómo las prepararon. Recuerdo que ahora años en el centro de la ciudad vendían empanadas y papas rellenas, las cuales ofrecían en una olla que tenía un frasquito con pique amarrado a un lado, el cual se servía con una misma cucharita para todos los clientes. Qué tal un asquiento en el cenadero del café La Bahía a las cuatro de la mañana, enfrentado a una chuleta de aquellas; o en la olla de la Beneficencia, donde el dueño sacaba las yucas sudadas engarzadas con la uña del dedo pulgar. Dejar crecer esa uña es habitual en el vulgo y la llaman naranjera.
Tengo un amigo amante de la comida de mar pero sumamente escrupuloso. Cierto día la mujer lo convenció de que fueran a un negocio nuevo donde vendían un delicioso coctel de camarones y al llegar al sitio, en vez de acomodarse en una mesa como todo el mundo a esperar su pedido, el hombre se quedó poniendo cuidado a ver cómo lo preparaban. La encargada era una morocha, mueca y mal presentada, que añadía ingredientes y revolvía sin cesar para darle el punto al preparado. En cierto momento se detuvo, probó un poquito, se mostró satisfecha con el resultado y siguió muy campante revolviendo con la misma cuchara. Al cliente no le faltó sino pegarle a esa pobre negrita y desde entonces sí que se ha vuelto desconfiado.
Mugre que no mata engorda, decíamos de niños cuando se nos caía el bombón al piso y procedíamos a limpiarlo en el bluyín, para chuparlo de nuevo. También era común en esos casos expresar que no hay que darle gusto al diablo, pero sin duda el refrán más apropiado para estos casos es el que dice: ojos que no ven…
pamear@telmex.net.co
También era habitual reemplazarla por ¡gaquis!, de donde resultó otra más gomela y distinguida, ¡guácalas! Cualquiera de ellas se utiliza, después de hacer un gesto de contrariedad, para reaccionar ante algo desagradable, fastidioso, repulsivo o asqueroso. En todo caso quienes más las acostumbran son las personas escrupulosas y prevenidas, mientras que el contrario a esas manías era llamado sangriliviano por nuestros mayores. La condición de asquiento se hereda de padres a hijos y no hay duda de que quienes son exagerados en dichos melindres viven mortificados, porque en el mundo estamos y son muchas las porquerías que nos topamos a diario.
Hay que ver lo que sufre el escrupuloso en un baño público. Normalmente uno entra desprevenido, procede con su cometido y por último se lava bien las manos, mientras el otro empuja puertas con los codos, abre la tapa del inodoro y activa el mecanismo para vaciar con el zapato, sortea cualquier humedad que haya en el piso y mira a todos lados para evitar el mínimo roce. Para las mujeres es peor porque al menos nosotros orinamos parados y a distancia, sin tener contacto con ninguna superficie, mientras ellas deben posar su anatomía en el contaminado biscocho; algunas lo forran con pañuelos de papel, pero la mayoría aprenden desde chiquitas a hacer maromas para proceder a eliminar “sin tocar aro”.
En el supermercado se reconoce al quisquilloso porque escarba en los estantes de frutas y verduras para coger los productos que están debajo, debido a que se pregunta cuánta gente habrá manoseado los que están encima, cuántas veces los habrán pegado a la nariz para olerlos, además de los que habrán estornudado ahí frente a la góndola. Al llegar a casa proceden a lavar todos los productos con desinfectante y además los pelan antes de usarlos, porque no resisten pensar que alguien más los haya manipulado. Si uno piensa en las bacterias que hay en billetes y monedas, en las barandas del centro comercial, en las agarraderas de los buses, etc., no tendrá más remedio que meterse en una burbuja que lo aísle del exterior.
Poco disfrutan los aprensivos en un restaurante porque no dejan de pensar que su comida puede venir contaminada de la cocina, que el mesero metió un dedo en la sopa o que puede haber un ingrediente pasado, y su mortificación será mayor cuando se pregunten cuántos labios se habrán posado antes en el borde del vaso y a cuántas bocas habrá ingresado el tenedor y la cuchara, adminículos que están próximos a utilizar. El escrupuloso es amigo de poner pereque en dichos negocios, requerimientos que los empleados atienden con amabilidad y resignación, mientras se desquitan del personaje al echarle escupas en el agua o licuarle una cucaracha con la vinagreta.
Son muchos quienes evitan los restaurantes chinos porque les da asco, mientras los demás disfrutamos esas delicias sin dedicar un solo segundo a pensar en cómo las prepararon. Recuerdo que ahora años en el centro de la ciudad vendían empanadas y papas rellenas, las cuales ofrecían en una olla que tenía un frasquito con pique amarrado a un lado, el cual se servía con una misma cucharita para todos los clientes. Qué tal un asquiento en el cenadero del café La Bahía a las cuatro de la mañana, enfrentado a una chuleta de aquellas; o en la olla de la Beneficencia, donde el dueño sacaba las yucas sudadas engarzadas con la uña del dedo pulgar. Dejar crecer esa uña es habitual en el vulgo y la llaman naranjera.
Tengo un amigo amante de la comida de mar pero sumamente escrupuloso. Cierto día la mujer lo convenció de que fueran a un negocio nuevo donde vendían un delicioso coctel de camarones y al llegar al sitio, en vez de acomodarse en una mesa como todo el mundo a esperar su pedido, el hombre se quedó poniendo cuidado a ver cómo lo preparaban. La encargada era una morocha, mueca y mal presentada, que añadía ingredientes y revolvía sin cesar para darle el punto al preparado. En cierto momento se detuvo, probó un poquito, se mostró satisfecha con el resultado y siguió muy campante revolviendo con la misma cuchara. Al cliente no le faltó sino pegarle a esa pobre negrita y desde entonces sí que se ha vuelto desconfiado.
Mugre que no mata engorda, decíamos de niños cuando se nos caía el bombón al piso y procedíamos a limpiarlo en el bluyín, para chuparlo de nuevo. También era común en esos casos expresar que no hay que darle gusto al diablo, pero sin duda el refrán más apropiado para estos casos es el que dice: ojos que no ven…
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