A pesar de todos ser latinoamericanos, la mayoría hablar el mismo idioma, proceder de ancestros comunes, ser colonizados por las mismas gentes, habitar regiones similares e identificarnos hasta en lo cultural y gastronómico, cómo somos de distintos quienes habitamos centro y sur América. Sin ir muy lejos, en nuestro país pueden notarse diferencias muy marcadas entre habitantes de las distintas provincias; los acentos, dichos, costumbres, gustos culinarios, la actitud de las personas, la arquitectura, el clima, la topografía y tantas otras particularidades que distinguen a las regiones.
En un canal de televisión promocionan una telenovela en la que cierta familia de bogotanos debe radicarse en la costa atlántica, circunstancia que los obligan a hacerse pasar por costeños, algo que de verdad parece imposible porque un habitante de esa región los descubriría con solo verlos. Sin oírlos hablar siquiera porque la pinta, sus gestos, la reacción al calor y a las plagas, el modo de caminar, la forma de comportarse y muchos otros detalles van a desenmascararlos. Es posible con práctica llegar a imitar el acento, pero quedan pendientes la cantidad de modismos, términos, dichos, expresiones y ese léxico tan particular de la región. Por ejemplo familiarizarse con el recurrido ajá, interjección que con solo tres letras llega a reemplazar un porcentaje muy grande del léxico en esas tierras; un costeño echa un cuento y en el momento en que se queda sin qué decir, simplemente recurre al ajá y todo queda resuelto. Funciona como fórmula mágica para que el interlocutor deduzca lo que faltó expresar.
Los paisas somos muy parecidos en todos esos aspectos y sin embargo se enreda uno cuando está en Medellín y le ofrecen un fresco, cuando en realidad se refieren es a una bebida gaseosa, o un perico en vez de un café con leche; más, si por aquí se le dice así a la cocaína. En cambio en la zona cafetera nunca he encontrado diferencias y las gentes de Caldas, Quindío y Risaralda tenemos idéntico comportamiento; por algo procedemos todos del mismo departamento. A la región del antiguo Caldas la separa del Valle del Cauca el río La Vieja, el cual basta cruzar para encontrar a Cartago, una población donde la gente ya es diferente; entre otras cosas cambian el acento y algunas costumbres. Por ejemplo allí le sirven a usted un sancocho de gallina sin papa y acompañado de tostadas de plátano (patacones) con hogao. Pequeños detalles que hacen las diferencias.
Cuando conocí a mi mujer, hace ya bastantes años, su familia procedía de Bogotá y llevaban poco tiempo en Manizales. Hasta entonces no había tenido vínculos con la capital y la visité en escasas ocasiones, por lo que me pareció novedoso el acento y algunas expresiones que utilizaban. Sobre todo la abuela, a quien llamábamos cariñosamente Meneca, quien a pesar de tener ancestros paisas y santandereanos era una bogotana de pura cepa; conversadora sin igual, de humor fino y oportuno, práctica, auténtica y de una inteligencia admirable, relataba anécdotas e historia con ese hablar propio de los bogotanos de antaño. De ella recuerdo un vocablo que está en desuso: enantes (antes). Hoy la capital es una mescolanza de razas, colores, acentos y personajes de toda laya, mientras los cachacos tradicionales cada vez son más escasos. Quién más bogotano que el Presidente Santos y su familia, y sin embargo no tienen el acento propio del rolo chapineruno.
Como mi madre vivió en Bogotá cuando era una niña, disfrutaba al recordar algunas palabras que su nuera mencionaba en cualquier conversación. El resto de mi familia le hacía bromas por su acento, pero sin duda el qué más lo celebraba era mi papá que siempre le pedía que dijera toalla, palabra que ella pronuncia tualla. Nos causó gracia que dijera apuntar en vez de abotonar; al partido que hacemos al peinarnos ella lo llama carrera; nosotros decimos comedido y ella acomedido; acobijarse en vez de cobijarse; y cuando se golpea el pie contra la pata de la cama, exclama: ¡Uch, me estrompé un dedo!
De mi familia política aprendí que al mecato le dicen galguerías, al fiambre comiso, a la devuelta de un billete vueltas, las promociones son chisgas, la persona distinguida es chirriada; así mismo le dicen a un bombón colombina, al sacapuntas tajalápiz, al lapicero esfero, a las sinvergüenzas guarichas, a la torta ponqué, y el zapato viejo que nosotros llamamos garra, ellos prefieren chagualo. Además los bogotanos llaman zuros a las palomas, guales a los gallinazos, zorras a las carretillas, rellena a la morcilla, al algo le dicen onces, al puré naco, a las crispetas maíz totiao y lo desagradable es frondio.
Con ellos conocí el piquete, una especie de sudao presentado sobre hojas de plátano, generoso hogao encima de carne, papas, yucas y plátano maduro hervido, y caldo con cilantro servido en pocillo. Probé changua al desayuno, disfruté el típico ajiaco santafereño, la sopa de mute, el peto (que es la mazamorra nuestra, porque allá mazamorra es una sopa) y le cogí gusto al cocido, un estofado de origen chibcha que lleva carne de res, papa criolla, frijoles verdes, habas y unos tubérculos propios de la sabana, cubios y chuguas.
Idénticas experiencias tendrá todo aquel que comparta su vida con una persona de otra región del país, o del mundo.
pamear@telmex.net.co
jueves, junio 07, 2012
miércoles, mayo 23, 2012
Temas de ciudad.
Hace cuatro o cinco décadas el capitán Jaime Duque Grisales quiso construir un parque gigantesco en su natal Villamaría y hasta alcanzó a hacer movimientos de tierra en terrenos que ahora ocupan el barrio La Floresta y algunas empresas importantes. Una inmensa explanación con lago central prometía un lugar de recreo que traería mucho turismo al municipio, pero los políticos de entonces se atravesaron y el proyecto fue cancelado. Tiempo después construyó el parque cerca al municipio de Sopó, en Cundinamarca, y hay que ver la magnitud de esas instalaciones y la cantidad de gente que las visita.
Pues ahora parece que se repite la historia. Porque iniciaron obras en el sector de Los Cámbulos para continuar la línea del cable aéreo hasta la plaza central del vecino municipio, pero allí frenaron el proyecto debido a obstáculos legales que impiden demoler la edificación en cuyo lote está planeado construir la estación. Sin ser experto en el tema, así por encima no le veo mucho valor arquitectónico a la casa del conflicto y a sus vecinas de cuadra.
Una gran fuerza laboral de Villamaría trabaja en Manizales y está claro que es más rápido, fácil, ágil y agradable montarse en una cabina que lo lleva en pocos minutos al sector de Fundadores, que venirse apretujado en un bus en medio del caos vehicular. Más si se tiene en cuenta que la idea es prolongar el cable hasta el sector de La Floresta, donde vive un gran porcentaje de esa población. Y aunque en la actualidad el servicio del cable le sirve sólo a quienes tienen por destino el centro de Manizales, en un futuro el transporte integrado permitirá al pasajero utilizar el mismo pasaje del cable para hacer conexión con un bus, buseta o colectivo que lo traslade al sector que requiera.
Segundo tema: el sentido común se impone por encima de cualquier cosa y por ello no es necesario ser experto en urbanismo para darse cuenta de que haber montado un call center en las bodegas donde funcionó hasta hace poco la empresa Sontec, es absolutamente descabellado. Porque si existen en la ciudad tantas edificaciones que han sido evacuadas por estar en zonas de riesgo, e infinidad de lotes donde no puede construirse por la misma razón, qué puede decirse de un edificio que ya fue afectado por una avalancha y por ello debieron desocuparlo. En la quebrada La Castrillona han adelantado trabajos de mitigación de riesgo, pero en cualquier momento se desprende otro derrumbe y ya está claro por dónde es el desfogue de ese cauce.
De milagro no debimos lamentar una tragedia cuando la avalancha derrumbó las paredes e invadió el interior de la fábrica que allí funcionaba, lo que obligó a sus dueños a abandonarla y recurrir a los seguros para salvar su inversión. Ahora me entero, por información publicada en La Patria, que el nuevo propietario adquirió el inmueble en un remate de la compañía de seguros, imagino que a muy buen precio, y ahora lo arrienda para una actividad comercial que requiere gran cantidad de empleados; porque un call center parece un panal. Entonces se pregunta uno qué entidades concedieron los permisos para remodelar ese edificio; quién autorizó que pueda destinarse a ese negocio; cómo es posible que ningún organismo de control se haya percatado de semejante despropósito; dónde está la oficina de prevención de riesgos; qué dicen Planeación, la Curaduría respectiva y en general la administración municipal. Porque se viene otra avalancha como la anterior y toca ir a recoger cadáveres a todo lo largo del cauce del río Chinchiná.
Otra cuestión que me inquieta también se relaciona con el urbanismo. Como advertí soy ignaro en estos temas y por ello quedé patidifuso al enterarme de un asunto que tiene que ver con el conjunto habitacional donde resido. Resulta que el condominio es una delicia, con vista privilegiada, áreas comunes amplias y agradables, escenarios deportivos y demás atractivos, pero como no hay felicidad completa tiene un defecto: la escasez de parqueaderos para visitantes. Entonces averiguamos con la Curaduría segunda, que concedió la licencia, y allí nos consiguieron copia de los planos donde puede verse el número de parqueaderos para visitantes que se planificaron y dónde están localizados. Grande fue nuestra sorpresa al percatarnos de que autorizaron seis de esos parqueaderos en una pequeña bahía que hay a un costado de la calle por donde se ingresa al condominio, por fuera del cerramiento de la propiedad.
Francamente no sabíamos que pudiera destinarse espacio público para uso exclusivo de particulares, lo que representa un inconveniente para la administración del conjunto porque los vigilantes no pueden responder por la seguridad de unos carros que están en la calle; además, con qué argumentos puede impedírsele a un ciudadano cualquiera que ocupe ese espacio. El actual Curador no desempeñaba el cargo cuando concedieron la licencia, pero según él es posible que el área en mención haya sido cedida por el constructor al municipio cuando adelantaron el trámite respectivo. Ahora la inquietud está en Planeación, a ver si es posible que certifiquen que el área pertenece al conjunto y entonces proceder con el cerramiento correspondiente, o de lo contrario tomar cartas en el asunto. Será que soy muy suspicaz, pero esa vaina no me gusta ni poquito.
pamear@telmex.net.co
miércoles, mayo 16, 2012
No al desarraigo.
Nada más cierto que lo mejor de cualquier paseo es volver a la casa. Puede ser a una finca durante el fin de semana, a unas vacaciones en Cartagena, al viaje de los sueños por Europa, un safari en África o un recorrido por el sureste asiático, pero llegar de nuevo a su querencia natural, dormir en la cama con su almohada preferida, entrar al baño propio y encontrar las cosas personales en su lugar, no tiene precio. Así se aloje en un hotel de lujo en cualquier rincón del planeta, siempre va a extrañar el cajón de su nochero con el despertador, las gafitas para ver de cerca, el libro de turno, el cortaúñas, el radio y su audífono, el control remoto del televisor, las pastillas de antes de acostarse, el lapicero para el crucigrama y demás trebejos que acumulamos.
Uno nunca debe decir de esa agua no beberé, porque la vida da muchas vueltas y no sabemos dónde iremos a parar, pero espero terminar mis días en esta tierra que me vio nacer. Sin ser regionalista ni demeritar otros lugares, porque es natural que cada persona piense igual de su terruño, encuentro mi ciudad perfecta para vivir. Otras capitales pueden ofrecer mejores oportunidades, variada oferta cultural, mayor desarrollo urbano, más restaurantes, comercios y muchos otros atractivos, pero para mi gusto nada como la tranquilidad. Aquí todo es fácil, cerquita, barato, agradable y aunque también hay bandidos y atracadores, al menos no vivimos esa paranoia tan común en otras ciudades.
Leí que en Japón experimentan un nuevo método de educación que busca preparar a los jóvenes para que sean ciudadanos del mundo, sin apegos por la tierra natal, su historia, símbolos patrios, cultura, ancestros, etc. Personas que crezcan sin un lugar que las amarren, que no conozcan la nostalgia y se sientan en casa sin importar el país que habiten. Ellos no tendrán una lengua madre y por el contrario dominarán varios idiomas, aprenderán a conocer otras culturas y costumbres, para que puedan desempeñarse con éxito en el continente donde decidan arraigarse. Además, no sentirán esa gusanera (léase nostalgia, morriña, saudade) que nos mortifica a los mortales cuando estamos lejos de la tierra que nos vio nacer.
Lo que les faltaba a los nipones. Aparte de que en la actualidad enfrentan un grave problema por la generalizada adicción al trabajo, ahora quieren desarraigar a las nuevas generaciones para que sean ciudadanos del mundo. A lo mejor se debe a que ya no caben en la estrecha isla y buscan así acomodar un buen porcentaje de su población en el exterior, donde siempre serán vistos como foráneos por su fisonomía particular y forma de ser, la cual en gran medida no se adquiere en las aulas sino que viene en la sangre, en los cromosomas. Ya quisiera ver a un japonés que se quiera hacer pasar por oriundo de Guapi o de Yarumal.
Opino que la personalidad de un individuo tiene mucho que ver con su origen, el entorno en el que creció, su prosapia, los principios que le inculcaron, la cultura, costumbres y demás características que diferencian su terruño de los demás. Por ello me preocupa la metodología aplicada en algunos colegios bilingües donde el alumnado celebra fiestas foráneas como San Valentín, el 4 de julio, acción de gracias, etc., y poco conocen las concernientes a nuestro país. Infantes que crecen influenciados por el imperio del norte, hasta llegar a decir lo que le oí a una niña de 13 años que soñaba en voz alta con pertenecer a la cultura gringa, vivir allá, comportarse como ellos. Poco le importa a esa menor conocer las regiones de Colombia, compartir con sus gentes, disfrutar los platos típicos o enterarse de las características de cada zona.
Me da escaramucia el solo pensar en vivir en el extranjero. Soy de los que se va a un paseo a la costa y aunque mientras esté allá prefiero los platos típicos de la región, en el viaje de regreso me babeo por una arepa con mantequilla y queso, unos frijolitos y toda esa comida casera que tanto me gusta. Qué tal entonces yo en Suecia o en Singapur, o para no ir muy lejos en Estados Unidos, donde las costumbres gastronómicas son tan diferentes a las nuestras. Imagino que a los pocos meses estaré a punto de colgarme de una lámpara, porque aunque dicen que el hombre es un animal de costumbres, la nostalgia se me va a alborotar cada que deba enfrentarme a un plato insípido y desabrido.
Aunque creo que lo que más extrañaría sería la amabilidad de nuestra gente. Aquí estamos acostumbrados a que las demás personas nos miren a la cara, nos regalen una sonrisa y un saludo. Además soy de los que le entabla conversación a quien me acompaña en el ascensor, al vecino mientras espero el turno en el banco, a quien cuida carros o a cualquier desconocido que me tope en la calle. Una gran mayoría de nuestra gente es amable, simpática, amistosa y en muchas partes lo conocen a uno por el nombre. Esa actitud y ese comportamiento no se ve en otras latitudes, donde no lo voltean a mirar a uno ni para escupirlo. De pronto para regañarlo o pordebajiarlo.
pamear@telmex.net.co
Uno nunca debe decir de esa agua no beberé, porque la vida da muchas vueltas y no sabemos dónde iremos a parar, pero espero terminar mis días en esta tierra que me vio nacer. Sin ser regionalista ni demeritar otros lugares, porque es natural que cada persona piense igual de su terruño, encuentro mi ciudad perfecta para vivir. Otras capitales pueden ofrecer mejores oportunidades, variada oferta cultural, mayor desarrollo urbano, más restaurantes, comercios y muchos otros atractivos, pero para mi gusto nada como la tranquilidad. Aquí todo es fácil, cerquita, barato, agradable y aunque también hay bandidos y atracadores, al menos no vivimos esa paranoia tan común en otras ciudades.
Leí que en Japón experimentan un nuevo método de educación que busca preparar a los jóvenes para que sean ciudadanos del mundo, sin apegos por la tierra natal, su historia, símbolos patrios, cultura, ancestros, etc. Personas que crezcan sin un lugar que las amarren, que no conozcan la nostalgia y se sientan en casa sin importar el país que habiten. Ellos no tendrán una lengua madre y por el contrario dominarán varios idiomas, aprenderán a conocer otras culturas y costumbres, para que puedan desempeñarse con éxito en el continente donde decidan arraigarse. Además, no sentirán esa gusanera (léase nostalgia, morriña, saudade) que nos mortifica a los mortales cuando estamos lejos de la tierra que nos vio nacer.
Lo que les faltaba a los nipones. Aparte de que en la actualidad enfrentan un grave problema por la generalizada adicción al trabajo, ahora quieren desarraigar a las nuevas generaciones para que sean ciudadanos del mundo. A lo mejor se debe a que ya no caben en la estrecha isla y buscan así acomodar un buen porcentaje de su población en el exterior, donde siempre serán vistos como foráneos por su fisonomía particular y forma de ser, la cual en gran medida no se adquiere en las aulas sino que viene en la sangre, en los cromosomas. Ya quisiera ver a un japonés que se quiera hacer pasar por oriundo de Guapi o de Yarumal.
Opino que la personalidad de un individuo tiene mucho que ver con su origen, el entorno en el que creció, su prosapia, los principios que le inculcaron, la cultura, costumbres y demás características que diferencian su terruño de los demás. Por ello me preocupa la metodología aplicada en algunos colegios bilingües donde el alumnado celebra fiestas foráneas como San Valentín, el 4 de julio, acción de gracias, etc., y poco conocen las concernientes a nuestro país. Infantes que crecen influenciados por el imperio del norte, hasta llegar a decir lo que le oí a una niña de 13 años que soñaba en voz alta con pertenecer a la cultura gringa, vivir allá, comportarse como ellos. Poco le importa a esa menor conocer las regiones de Colombia, compartir con sus gentes, disfrutar los platos típicos o enterarse de las características de cada zona.
Me da escaramucia el solo pensar en vivir en el extranjero. Soy de los que se va a un paseo a la costa y aunque mientras esté allá prefiero los platos típicos de la región, en el viaje de regreso me babeo por una arepa con mantequilla y queso, unos frijolitos y toda esa comida casera que tanto me gusta. Qué tal entonces yo en Suecia o en Singapur, o para no ir muy lejos en Estados Unidos, donde las costumbres gastronómicas son tan diferentes a las nuestras. Imagino que a los pocos meses estaré a punto de colgarme de una lámpara, porque aunque dicen que el hombre es un animal de costumbres, la nostalgia se me va a alborotar cada que deba enfrentarme a un plato insípido y desabrido.
Aunque creo que lo que más extrañaría sería la amabilidad de nuestra gente. Aquí estamos acostumbrados a que las demás personas nos miren a la cara, nos regalen una sonrisa y un saludo. Además soy de los que le entabla conversación a quien me acompaña en el ascensor, al vecino mientras espero el turno en el banco, a quien cuida carros o a cualquier desconocido que me tope en la calle. Una gran mayoría de nuestra gente es amable, simpática, amistosa y en muchas partes lo conocen a uno por el nombre. Esa actitud y ese comportamiento no se ve en otras latitudes, donde no lo voltean a mirar a uno ni para escupirlo. De pronto para regañarlo o pordebajiarlo.
pamear@telmex.net.co
martes, mayo 08, 2012
Estribillos y entretenciones.
Cuando oigo las canciones de cuna modernas me pierdo, porque no se parecen en nada a las que conocí durante mi niñez o a las utilizadas con mi hijo, que como a tantos bebés había que arrullarlo para que se durmiera. Debíamos repetirle como loras tonadas que decían cucú cucú cantaba la rana, la iguana tomaba café o Samy el heladero. También estaban las canciones que le enseñaban en Experiencias, la guardería, lo cual por cierto me parecía admirable porque el muchachito llegaba todos los días con una nueva. Y además le revolvíamos algunas de nuestra época para mantenerlas vivas y vigentes, porque ellas también forman parte de la tradición oral.
En vista de que durante nuestra niñez teníamos tan pocas entretenciones, más si comparamos ahora que los infantes disponen de todo tipo de aparatos electrónicos, juguetes sofisticados, juegos de mesa, etc., debíamos recurrir a diversiones inocentes y sencillas que transcurrían muchas veces alrededor de esos estribillos que fueron tan conocidos. Una de las primeras actividades en la que participaba un bebé que recién había aprendido a caminar, era un círculo que se formaba entre varios niños y que al empezar a girar cantaban en coro: a la rueda rueda de pan y canela, tómate tú Milo y vete pa la escuela, si no quieres ir, ¡acuéstate a dormir! Y en ese momento todos se acurrucaban.
Ya más grandecitos, el programa era salir a la calle a entretenernos con los hermanos y los amigos del barrio con los diferentes juegos que se acostumbraban entonces, como chucha o la lleva, guerra libertadora, cuclí o escondidijo, estatua, trompo, balero, canicas, un picao de fútbol y muchos otros que se me escapan. Pero como para algunos juegos era necesario formar dos grupos de participantes, además de rifar para ver cuál equipo empezaba, lo que hacíamos era utilizar ciertos estribillos que servían para escoger a una persona entre varias.
Tal vez el más popular era el tin marín, pero al no poder recordar cómo decía en su totalidad, recurrí a Google y me di cuenta de que lo conocen en muchos países del continente, aunque con cambios significativos. Y la verdad es que el estribillo varía según la ciudad, el barrio y hasta el círculo familiar y de allegados de cada persona. Creo que el que conocí nació de la dificultad para descubrir al que soltaba un pedo clandestino, y entonces el líder del grupo empezaba a señalar a cada uno de los presentes mientras decía: tin marín de dos pingüé, cúcuru mácara, títere-e, ese cochino marrano fue. Y el último que enfrentaba el dedo acusador debía cargar con la culpa ajena, porque con seguridad el infractor era el mandamás de la gallada. Claro que en esos casos también era habitual que al que prendía las alarmas, le devolvían la pelota al decirle: el que primero lo siente, debajo lo tiene.
En todo caso el tin marín se utilizó por nosotros para escoger miembros de los equipos que se enfrentarían por ejemplo en una guerra libertadora, aunque había otras opciones como la que decía: Don Pepito el bandolero, se metió entre un sombrero, el sombrero era de paja, se metió entre una caja, la caja era de cartón, se metió entre un cajón, el cajón era de vino, se metió entre un pepino, el pepino maduró y don Pe-pi-to se sal-vó (las últimas sílabas se recitaba despacio, y de una en una, para darle mayor dramatismo a la escogencia).
Para seleccionar los jugadores de un picadito de fútbol, en el que las porterías se demarcaban con los libros del colegio y los sacos, se acostumbraba el pico y monto. Los capitanes de ambos equipos, y seguro el dueño del balón era uno de ellos, se paraban uno frente al otro y a varios metros de distancia, y empezaban a recorrer el espacio, por turnos, al poner un pie delante del otro; además, mientras el uno decía pico, el otro respondía monto. Así, el que primero pisaba al contrincante escogía. En béisbol el sorteo era con las manos y el bate.
Para hacer un case con el compañero trabábamos los dedos meñiques, y con tres movimientos fuertes de los brazos, sellábamos el pacto así: case que case, no se descase, campanas de hierro, por un caminito, derecho al infierno (creo que se refería al castigo que recibiría quien incumpliera su palabra). También recuerdo que cuando veíamos televisión y alguno se paraba para ir al baño, de inmediato le quitaban el puesto y al hacer el reclamo, simplemente le decíamos: el que se va pa Sevilla, pierde su silla. Y al que se atravesaba ante la pantalla le preguntábamos: oiga, ¿su papá hace botellas?
En los paseos del colegio, quienes viajábamos en la banca de atrás del bus les refregábamos a los más juiciosos, que siempre iban adelante con el profesor: que canten, que canten, los burros de adelante. Al jugar chucha o la lleva, quien lograba llegar al tapo gritaba: tapo la olla con agua y cebolla; mientras que en el escondite, al que le tocaba contar, advertía antes de salir a buscar: cuclí, cuclí, al que lo vi lo vi, y al que esté detrás de mí, no se vale.
Ahora me pregunto cómo les parecerán de ridículas todas estas actividades a los muchachitos actuales.
pamear@telmex.net.co
En vista de que durante nuestra niñez teníamos tan pocas entretenciones, más si comparamos ahora que los infantes disponen de todo tipo de aparatos electrónicos, juguetes sofisticados, juegos de mesa, etc., debíamos recurrir a diversiones inocentes y sencillas que transcurrían muchas veces alrededor de esos estribillos que fueron tan conocidos. Una de las primeras actividades en la que participaba un bebé que recién había aprendido a caminar, era un círculo que se formaba entre varios niños y que al empezar a girar cantaban en coro: a la rueda rueda de pan y canela, tómate tú Milo y vete pa la escuela, si no quieres ir, ¡acuéstate a dormir! Y en ese momento todos se acurrucaban.
Ya más grandecitos, el programa era salir a la calle a entretenernos con los hermanos y los amigos del barrio con los diferentes juegos que se acostumbraban entonces, como chucha o la lleva, guerra libertadora, cuclí o escondidijo, estatua, trompo, balero, canicas, un picao de fútbol y muchos otros que se me escapan. Pero como para algunos juegos era necesario formar dos grupos de participantes, además de rifar para ver cuál equipo empezaba, lo que hacíamos era utilizar ciertos estribillos que servían para escoger a una persona entre varias.
Tal vez el más popular era el tin marín, pero al no poder recordar cómo decía en su totalidad, recurrí a Google y me di cuenta de que lo conocen en muchos países del continente, aunque con cambios significativos. Y la verdad es que el estribillo varía según la ciudad, el barrio y hasta el círculo familiar y de allegados de cada persona. Creo que el que conocí nació de la dificultad para descubrir al que soltaba un pedo clandestino, y entonces el líder del grupo empezaba a señalar a cada uno de los presentes mientras decía: tin marín de dos pingüé, cúcuru mácara, títere-e, ese cochino marrano fue. Y el último que enfrentaba el dedo acusador debía cargar con la culpa ajena, porque con seguridad el infractor era el mandamás de la gallada. Claro que en esos casos también era habitual que al que prendía las alarmas, le devolvían la pelota al decirle: el que primero lo siente, debajo lo tiene.
En todo caso el tin marín se utilizó por nosotros para escoger miembros de los equipos que se enfrentarían por ejemplo en una guerra libertadora, aunque había otras opciones como la que decía: Don Pepito el bandolero, se metió entre un sombrero, el sombrero era de paja, se metió entre una caja, la caja era de cartón, se metió entre un cajón, el cajón era de vino, se metió entre un pepino, el pepino maduró y don Pe-pi-to se sal-vó (las últimas sílabas se recitaba despacio, y de una en una, para darle mayor dramatismo a la escogencia).
Para seleccionar los jugadores de un picadito de fútbol, en el que las porterías se demarcaban con los libros del colegio y los sacos, se acostumbraba el pico y monto. Los capitanes de ambos equipos, y seguro el dueño del balón era uno de ellos, se paraban uno frente al otro y a varios metros de distancia, y empezaban a recorrer el espacio, por turnos, al poner un pie delante del otro; además, mientras el uno decía pico, el otro respondía monto. Así, el que primero pisaba al contrincante escogía. En béisbol el sorteo era con las manos y el bate.
Para hacer un case con el compañero trabábamos los dedos meñiques, y con tres movimientos fuertes de los brazos, sellábamos el pacto así: case que case, no se descase, campanas de hierro, por un caminito, derecho al infierno (creo que se refería al castigo que recibiría quien incumpliera su palabra). También recuerdo que cuando veíamos televisión y alguno se paraba para ir al baño, de inmediato le quitaban el puesto y al hacer el reclamo, simplemente le decíamos: el que se va pa Sevilla, pierde su silla. Y al que se atravesaba ante la pantalla le preguntábamos: oiga, ¿su papá hace botellas?
En los paseos del colegio, quienes viajábamos en la banca de atrás del bus les refregábamos a los más juiciosos, que siempre iban adelante con el profesor: que canten, que canten, los burros de adelante. Al jugar chucha o la lleva, quien lograba llegar al tapo gritaba: tapo la olla con agua y cebolla; mientras que en el escondite, al que le tocaba contar, advertía antes de salir a buscar: cuclí, cuclí, al que lo vi lo vi, y al que esté detrás de mí, no se vale.
Ahora me pregunto cómo les parecerán de ridículas todas estas actividades a los muchachitos actuales.
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jueves, mayo 03, 2012
Angustia invernal.
A lo mejor la memoria me falla, pero no recuerdo que en los tantos inviernos que he soportado durante mi vida, excepto el más reciente que se desarrolló a finales del año pasado y principios de este, tuviéramos que vivir en vilo ante la posibilidad de quedarnos sin algunos servicios públicos por culpa de los derrumbes y las avalanchas. Tampoco ha sido común que se produzcan cortes de agua por la turbiedad que presentan las fuentes, algo que ahora es tan frecuente. Alguien se entera de que van a cortar el agua y empieza a cundir el pánico al cruzarse las llamadas de advertencia, y uno se pregunta si fue que chorreó lo que falta de La Marmolera y arrasó con la planta del acueducto, o si la avalancha fue tan grande que subió hasta los veinte metros donde cuelgan ahora los tubos de conducción. Por otro lado hacemos fuerza para que no se friegue otra vez la tubería que nos trae el gas desde el Magdalena medio.
Apenas comienza la temporada invernal y ya las noticias no hablan de otra cosa. La zozobra y la angustia aumentan a medida que pasan los días y los aguaceros emparejan. Pueblos inundados, vías destruidas, campos anegados, diques rotos, miseria, destrucción, caos general. Mientras el clima sea variable y se intercalen los ratos de sol con las lluvias la situación es manejable, pero la cosa se complica cuando se rompe el cielo y pasan las horas y los días y no escampa. Entonces sabemos que empiezan los daños y los problemas.
Si algo logra bajarme el ánimo es el crudo invierno. No provoca salir, ni armar paseos, todo parece triste y apagado, la calle es lúgubre, la gente ensimismada y siempre de afán. Sobretodos, gabardinas, cuellos subidos, paraguas y chaquetones son el atuendo general, y al sentir el repiqueteo de la lluvia en la ventana rememoro al poeta De Greiff cuando rima en su Cancioncilla Gama: “Llueve tras de los vidrios (bogotana lluvia, si no en mi corazón): es la aburrida lluvia cotidiana, de Bacatá, de Pasto o de Sonsón. En la tarde, en la noche, en la mañana llueve con qué insistencia y qué tesón…”. El frío intenso y el mal tiempo sólo invitan a tomarse un chocolate caliente antes de meterse dentro de las cobijas a esperar que se aclimaten los pies. ¡Qué jartera!
Alcancé a viajar por carretera antes de que comenzara el invierno y quedé descorazonado al ver que ni siquiera alcanzaron a reparar los daños producidos por la anterior temporada de lluvias. En los primeros veinte kilómetros de la carretera que nos comunica con Mariquita, aunque hay muchos frentes de trabajo y se nota la inversión, la secuencia de derrumbes y de pasos restringidos hacen del recorrido una odisea, y ni hablar cuando llueve y empieza a chorrear barro por los taludes. Se le mueren las lombrices al más varón. Desde La Margarita hasta unos kilómetros después del Doce la vía fue renovada; amplia, bien demarcada y con excelentes obras civiles, mejoras que esperamos tener en un futuro próximo para todo el recorrido.
La carretera Honda-Guaduas parece que no tiene solución, aunque desde hace varios años prefiero viajar por Cambao para ir a Bogotá. Claro que cruzar del antiguo Armero a Cambao es un viacrucis por la cantidad y el tamaño de los huecos; es una vía rápida por estar en el valle, pero si el vehículo cae a un cráter de ésos se destruyen las llantas y la suspensión. Después de Cambao empieza el ascenso a Vianí por una calzada sinuosa y estrecha, pero sin tráfico pesado, lo que evita el estrés de perseguir tractomulas y el peligro que representa adelantarlas. La carretera sigue por Bituima, Guayabal de Síquima y llega hasta Albán, muy cerca ya de la sabana, y puedo decir que a esa vía le quedan meses de vida. No alcanzaron a hacer nada después del anterior invierno y los negativos, fallas geológicas, derrumbes sin evacuar, etc., son incontables, y al transitarla queda uno convencido de que al gobierno nunca le va a alcanzar la plata para arreglarla. Más si se trata de una vía secundaria.
También alcanzamos a visitar la ciénaga de Ayapel durante la Semana Santa y ya empieza el río Cauca a entrar con fuerza por los caños. En las casas del pueblo puede verse la marca que dejó la recién superada inundación y por ejemplo en donde se aprovisionan de combustible los vehículos acuáticos, debieron subir los surtidores en unas especies de bases de por lo menos un metro de altura para enfrentar lo que se viene. Muchos lugareños viven del turismo y cuando el agua invade la región quedan desamparados; todo tipo de comercios, pescadores, empleados de las casas de recreo, artesanos, lancheros, etc., derivan el sustento diario de los diversos servicios que prestan a los visitantes.
Algo que impacta es el daño ecológico que representa la cantidad de árboles que sufrieron por la inundación. Por lo menos el 80% quedaron convertidos en chamizos, la mayoría muertos, lo que obliga a viajar muy lejos para lograr ver los micos y demás especies salvajes que abunda en ese paradisíaco lugar. Ojalá el Fenómeno de la Niña nos dé un respiro y el clima se normalice, porque si no…
pamear@telmex.net.co
martes, abril 24, 2012
Mojigatería.
Después del esfuerzo que hizo nuestro gobierno para que la Cumbre de las Américas fuera un éxito, de lograr que Obama pernoctara dos noches en Cartagena, que el Presidente Santos y Mariángela consiguieron minimizar el escándalo por la no asistencia de Cuba, y que el tonto hermoso de Ecuador no logró el protagonismo que buscaba por su negativa a participar, todo el show se lo robó el desliz de unos agentes del servicio secreto que quisieron echarse una canita al aire durante su periplo caribeño. El escándalo mediático de las fufurufas criollas ni siquiera fue opacado por las patadas de ahogado del chafarote vecino, quien quiso desviar la atención del pueblo venezolano para que no se percate de que anda en las últimas; dizque él no le jalaba a reunirse con Barack, cuando en realidad sus médicos le aconsejaron hospitalizarse de urgencia.
El caso es que ahora los más importantes medios de comunicación del mundo, andan detrás de cualquier pista que ayude a aclarar lo que pasó en el Hotel Caribe entre los agentes especiales y las furtivas damas que metieron a sus habitaciones. Pues yo también me puse en la tarea de investigar y logré tener acceso a algunas pesquisas que se adelantan, como intervenciones telefónicas, entrevistas con algunos protagonistas, testigos presenciales y demás involucrados. Para la muestra empiezo con una llamada que les chuzaron a dos viejas de esas cuando comentaban el suceso unos días después:
-Aló/ Quiubo Yeny, como amanecites querida/ Ole parcera, cuente a ver qué hay pa´hacer/ No mamita, después de ese escándalo que armó usté en ese hotel me tocó abrirme por unos días, porque le cuento pues que se calentó la plaza/ Me importa un chocho mija, yo no me voy a dejar conejiar de un gringo de esos; podrá ser muy importante o lo que quiera, pero a mí nadie me tumba/ Pues sí, tenés razón Yeny, pero nos hubieras avisado y seguro que entre todas te ayudamos/ Vea Sandra, la verdá es que yo estaba más trabada que el patas. Eso pirobos hicieron un revoltijo de trago con pepas, maracahcafa y perico que le digo pues que me mandó pa la luna. Además el calvo que me tocó, aunque feito, parecía un conejo pa tirar. Qué forma de meter riñones; con decirle que me dejó en carne viva por allá/ Todas salimos igual, querida, esos rambos descaderan una vaca. Y vi en la televisión quisque nosotras les íbamos a meter unos micrófonos, cuando los únicos micrófonos de la noche los pusieron ellos. En todo caso pilas mija, que nos andan buscando; mejor te vas pa otra ciudad mientras se calma la vaina/ Listo parcera, entonces aprovecho pa ir a darle vuelta a la cucha a Medallo. Chaito pues.
También conseguí fragmentos de la declaración de un taxista:
-Ajá cuadro, yo recogí a doj hembrita que salían del hotel como a laj nueve de la mañana. Estaban buena, pa qué. Apena se montaron al carro pidieron que lej pusiera champeta y armaron severa rumba. Te digo pué que andaban volando y todo el recorrido no hicieron sino hablar cagá. Comentaban del zaperoco que le armaron a unoj gringo porque no lej querían pagá, y ademá hablaban de una orgía la má tesa que se formó en ese hotel. Eja vaina como que ejtuvo de alquilá balcón. Yo laj pistiaba por el retrovisó y ellaj contaban dólare, fumaban mariguana y decían una vulgaridade que hacen poné colorao a sataná. Laj dejé en un metedero en el centro y te digo pué que tenían cuerda pa rato. Ajá, hajta me provocó quedame.
Esto dijo un botones boyaco que estaba de turno cuando sucedieron los hechos:
-Fíjese su mercé que ellos dentraron con las damas de gancho y uno qué les iba a decir; qué tal que fueran las esposas o las novias. Unas muchachas lo más elegantes y distinguidas, y como yo apenas estoy en periodo de prueba, qué iba a saber que son guarichas. El caso es que a eso de las cinco de la mañana se apareció una vieja de esas en el lobby y armó un bochinche el jijuemama; estaba medio viringa y gritaba que si lo le pagaban iba a cobrarle a Obama o a Santos. Mentaba madres y pegaba unos berridos espantosos, y aunque las otras trataban de calmarla, decía que ni por el… usté entiende. Que pa darles clavo toda la noche sí estaban listos, pero que a la hora de pagar se hacían los gringos. Hasta chistosa la boba esa. El caso fue que nos tocó llamar a seguridá y esos manes la sacaron a los empujones. Después aparecían gringos y viejas por todas partes, alegaban, se reían, algunos les mandaban la mano y varias parejas hasta se volvieron pa la pieza. Ni pa qué le cuento más…
Ahí está pintada la prensa: amarillismo y morbo es lo que vende. Armar semejante lío por algo que debe haber pasado miles de veces, pero que en esta ocasión se supo por casualidad. Y ahora quieren estigmatizar a Cartagena, como si fuera la única ciudad del mundo donde suceden estas cosas. A un huésped en Ciudad del Vaticano, si tiene con qué pagar, le consiguen lo que quiera. Como dice un amigo: Putas hay, lo que no hay es plata. pamear@telmex.net.co
El caso es que ahora los más importantes medios de comunicación del mundo, andan detrás de cualquier pista que ayude a aclarar lo que pasó en el Hotel Caribe entre los agentes especiales y las furtivas damas que metieron a sus habitaciones. Pues yo también me puse en la tarea de investigar y logré tener acceso a algunas pesquisas que se adelantan, como intervenciones telefónicas, entrevistas con algunos protagonistas, testigos presenciales y demás involucrados. Para la muestra empiezo con una llamada que les chuzaron a dos viejas de esas cuando comentaban el suceso unos días después:
-Aló/ Quiubo Yeny, como amanecites querida/ Ole parcera, cuente a ver qué hay pa´hacer/ No mamita, después de ese escándalo que armó usté en ese hotel me tocó abrirme por unos días, porque le cuento pues que se calentó la plaza/ Me importa un chocho mija, yo no me voy a dejar conejiar de un gringo de esos; podrá ser muy importante o lo que quiera, pero a mí nadie me tumba/ Pues sí, tenés razón Yeny, pero nos hubieras avisado y seguro que entre todas te ayudamos/ Vea Sandra, la verdá es que yo estaba más trabada que el patas. Eso pirobos hicieron un revoltijo de trago con pepas, maracahcafa y perico que le digo pues que me mandó pa la luna. Además el calvo que me tocó, aunque feito, parecía un conejo pa tirar. Qué forma de meter riñones; con decirle que me dejó en carne viva por allá/ Todas salimos igual, querida, esos rambos descaderan una vaca. Y vi en la televisión quisque nosotras les íbamos a meter unos micrófonos, cuando los únicos micrófonos de la noche los pusieron ellos. En todo caso pilas mija, que nos andan buscando; mejor te vas pa otra ciudad mientras se calma la vaina/ Listo parcera, entonces aprovecho pa ir a darle vuelta a la cucha a Medallo. Chaito pues.
También conseguí fragmentos de la declaración de un taxista:
-Ajá cuadro, yo recogí a doj hembrita que salían del hotel como a laj nueve de la mañana. Estaban buena, pa qué. Apena se montaron al carro pidieron que lej pusiera champeta y armaron severa rumba. Te digo pué que andaban volando y todo el recorrido no hicieron sino hablar cagá. Comentaban del zaperoco que le armaron a unoj gringo porque no lej querían pagá, y ademá hablaban de una orgía la má tesa que se formó en ese hotel. Eja vaina como que ejtuvo de alquilá balcón. Yo laj pistiaba por el retrovisó y ellaj contaban dólare, fumaban mariguana y decían una vulgaridade que hacen poné colorao a sataná. Laj dejé en un metedero en el centro y te digo pué que tenían cuerda pa rato. Ajá, hajta me provocó quedame.
Esto dijo un botones boyaco que estaba de turno cuando sucedieron los hechos:
-Fíjese su mercé que ellos dentraron con las damas de gancho y uno qué les iba a decir; qué tal que fueran las esposas o las novias. Unas muchachas lo más elegantes y distinguidas, y como yo apenas estoy en periodo de prueba, qué iba a saber que son guarichas. El caso es que a eso de las cinco de la mañana se apareció una vieja de esas en el lobby y armó un bochinche el jijuemama; estaba medio viringa y gritaba que si lo le pagaban iba a cobrarle a Obama o a Santos. Mentaba madres y pegaba unos berridos espantosos, y aunque las otras trataban de calmarla, decía que ni por el… usté entiende. Que pa darles clavo toda la noche sí estaban listos, pero que a la hora de pagar se hacían los gringos. Hasta chistosa la boba esa. El caso fue que nos tocó llamar a seguridá y esos manes la sacaron a los empujones. Después aparecían gringos y viejas por todas partes, alegaban, se reían, algunos les mandaban la mano y varias parejas hasta se volvieron pa la pieza. Ni pa qué le cuento más…
Ahí está pintada la prensa: amarillismo y morbo es lo que vende. Armar semejante lío por algo que debe haber pasado miles de veces, pero que en esta ocasión se supo por casualidad. Y ahora quieren estigmatizar a Cartagena, como si fuera la única ciudad del mundo donde suceden estas cosas. A un huésped en Ciudad del Vaticano, si tiene con qué pagar, le consiguen lo que quiera. Como dice un amigo: Putas hay, lo que no hay es plata. pamear@telmex.net.co
miércoles, abril 18, 2012
Turismo en pañales.
Pasan los años, pasan alcaldes, gobernadores, dirigentes cívicos y gremiales, pasan las generaciones y nuestra región sigue en pañales en cuanto a turismo se refiere. En las últimas décadas el Eje cafetero se impuso como destino turístico y llegó a ocupar el segundo lugar en el país después de la costa atlántica, pero la desidia general dejó pasar la oportunidad de posicionar a nuestro departamento en tan importante renglón de la economía. Con la inauguración en 1995 del Parque del café, en Montenegro (Quindío), los ojos del país se volvieron hacia el viejo Caldas y descubrieron una tierra hermosa y acogedora, ideal para disfrutar en puentes festivos y vacaciones.
Debemos reconocer que nunca aprovechamos esa coyuntura y aunque en un principio hubo entusiasmo para convertir haciendas y casas de veraneo en hoteles, acondicionar otras para alquilarlas y adelantar proyectos de turismo en diferentes zonas rurales, todo quedó en palabrería y actualmente son escasos los sitios que pueden ofrecerse al mercado turístico. Aunque las comparaciones son odiosas, vale la pena navegar en internet y ver cómo promocionan sus atractivos y las variables que ofrecen los departamentos vecinos, y luego mirar lo que hay respecto a Caldas. Un enlace dice que Manizales es una ciudad de 986.740 habitantes, cuando en el reporte del DANE de 2011no llega al medio millón. Luego se refiere a nuestro departamento, creado en 1905 por el presidente Rafael Reyes: “El departamento de Caldas fue fundado por J. Osorio en 1849”. En ese punto me desanimé y dejé de escarbar.
De verdad es penoso recorrer con un foráneo nuestros atractivos turísticos. La carretera que conduce al Parque de los nevados está plagada de derrumbes y chorriaderos, y al llegar a la Esperanza y querer entrar al baño o tomarse un refrigerio en el parador recientemente inaugurado, se encuentra con que está cerrado sin ninguna explicación; inaudito que después de semejante inversión no haya voluntad política para ponerlo a funcionar. La ruta sigue en buenas condiciones, con un paisaje único y arrobador, hasta llegar a la entrada del parque donde casi siempre hay congestión para ingresar. Ahí comienza un recorrido alucinante que nos lleva hasta donde quedaba el antiguo refugio, el cual después de más de 25 años no ha sido reemplazado y en su lugar hay una caseta provisional que da grima. Allí la carta del restaurante es muy variada: aguapanela con queso y arepa con mantequilla.
Nunca fue posible que le metieran mano a los Termales del Ruiz; qué desperdicio. Hoy la carretera es una trocha sólo apta para vehículos de doble tracción y el vetusto edificio no se ha caído de puro milagro. Queda la opción del nuevo parque termal ubicado en El Otoño, aunque me pregunto por qué no atrae suficientes visitantes de otros municipios y departamentos como sucede con los de Santa Rosa de Cabal, donde los fines de semana no encuentran dónde parquear la cantidad de buses y demás transportes que llegan hasta allí.
El Parque los Yarumos no despega a pesar de su temática ecológica y de algunos deportes extremos, tan de moda entre la juventud. Se hizo una millonaria inversión para solucionarle el problema del transporte, con el cable aéreo, y sin embargo sus instalaciones no convencen por la pobre oferta gastronómica y la falta de un ambiente acogedor. Qué tal si después de las seis de la tarde lo voltean para la rumba y atraen así a tantas personas que ya no caben en las inmediaciones del Parque del Cable. Bares y restaurantes, en semejante sitio tan espectacular, donde los clientes puedan tomarse unos tragos con tranquilidad porque tienen el transporte de regreso asegurado, por lo menos hasta un sitio donde fácilmente encuentran taxi.
En cambio el Recinto del pensamiento, que por fortuna no depende del manejo oficial, saca la cara por la región y ofrece al turista un lugar mágico y acogedor. La zona de Santágueda, el 41, El Rosario, los alrededores de Chinchiná y Palestina, etc., deberían estar plagados de opciones de alojamiento, pero no es así. En parte, porque la malla vial está destruida y además no existen ayudas oficiales para quien quiera hacer inversión turística. Hace poco visité esa joya arquitectónica que es Salamina, un domingo después de medio día, y parecía un pueblo fantasma: ni un alma en las calles, puertas y ventanas cerradas, sin un lugar dónde tomarse un tinto.
En Manizales uno lleva el turista a Chipre (sin subir al mirador porque también está cerrado), luego recorre el centro y su arquitectura republicana, la catedral y a las dos horas está de regreso en casa. La ciudad es bella, agradable y acogedora, pero carece de atractivos turísticos. El Festival de teatro, que atraía personalidades del mundo entero y era noticia en los medios nacionales, ahora pasa desapercibido hasta para la mayoría de lugareños. La exposición equina no es ni sombra de lo que fue, cuando parecía una feria de mitaca por la calidad y cantidad de participantes, además de los muchos visitantes. Nos queda la feria anual que tiene al invierno como su peor enemigo, aparte del negro futuro que enfrenta la tauromaquia. A ver qué vamos a inventar cuando los toros desaparezcan por gracia de sus enemigos, los altos costos y la falta de aficionados. De pronto los enanitos toreros…
pamear@telmex.net.co
Debemos reconocer que nunca aprovechamos esa coyuntura y aunque en un principio hubo entusiasmo para convertir haciendas y casas de veraneo en hoteles, acondicionar otras para alquilarlas y adelantar proyectos de turismo en diferentes zonas rurales, todo quedó en palabrería y actualmente son escasos los sitios que pueden ofrecerse al mercado turístico. Aunque las comparaciones son odiosas, vale la pena navegar en internet y ver cómo promocionan sus atractivos y las variables que ofrecen los departamentos vecinos, y luego mirar lo que hay respecto a Caldas. Un enlace dice que Manizales es una ciudad de 986.740 habitantes, cuando en el reporte del DANE de 2011no llega al medio millón. Luego se refiere a nuestro departamento, creado en 1905 por el presidente Rafael Reyes: “El departamento de Caldas fue fundado por J. Osorio en 1849”. En ese punto me desanimé y dejé de escarbar.
De verdad es penoso recorrer con un foráneo nuestros atractivos turísticos. La carretera que conduce al Parque de los nevados está plagada de derrumbes y chorriaderos, y al llegar a la Esperanza y querer entrar al baño o tomarse un refrigerio en el parador recientemente inaugurado, se encuentra con que está cerrado sin ninguna explicación; inaudito que después de semejante inversión no haya voluntad política para ponerlo a funcionar. La ruta sigue en buenas condiciones, con un paisaje único y arrobador, hasta llegar a la entrada del parque donde casi siempre hay congestión para ingresar. Ahí comienza un recorrido alucinante que nos lleva hasta donde quedaba el antiguo refugio, el cual después de más de 25 años no ha sido reemplazado y en su lugar hay una caseta provisional que da grima. Allí la carta del restaurante es muy variada: aguapanela con queso y arepa con mantequilla.
Nunca fue posible que le metieran mano a los Termales del Ruiz; qué desperdicio. Hoy la carretera es una trocha sólo apta para vehículos de doble tracción y el vetusto edificio no se ha caído de puro milagro. Queda la opción del nuevo parque termal ubicado en El Otoño, aunque me pregunto por qué no atrae suficientes visitantes de otros municipios y departamentos como sucede con los de Santa Rosa de Cabal, donde los fines de semana no encuentran dónde parquear la cantidad de buses y demás transportes que llegan hasta allí.
El Parque los Yarumos no despega a pesar de su temática ecológica y de algunos deportes extremos, tan de moda entre la juventud. Se hizo una millonaria inversión para solucionarle el problema del transporte, con el cable aéreo, y sin embargo sus instalaciones no convencen por la pobre oferta gastronómica y la falta de un ambiente acogedor. Qué tal si después de las seis de la tarde lo voltean para la rumba y atraen así a tantas personas que ya no caben en las inmediaciones del Parque del Cable. Bares y restaurantes, en semejante sitio tan espectacular, donde los clientes puedan tomarse unos tragos con tranquilidad porque tienen el transporte de regreso asegurado, por lo menos hasta un sitio donde fácilmente encuentran taxi.
En cambio el Recinto del pensamiento, que por fortuna no depende del manejo oficial, saca la cara por la región y ofrece al turista un lugar mágico y acogedor. La zona de Santágueda, el 41, El Rosario, los alrededores de Chinchiná y Palestina, etc., deberían estar plagados de opciones de alojamiento, pero no es así. En parte, porque la malla vial está destruida y además no existen ayudas oficiales para quien quiera hacer inversión turística. Hace poco visité esa joya arquitectónica que es Salamina, un domingo después de medio día, y parecía un pueblo fantasma: ni un alma en las calles, puertas y ventanas cerradas, sin un lugar dónde tomarse un tinto.
En Manizales uno lleva el turista a Chipre (sin subir al mirador porque también está cerrado), luego recorre el centro y su arquitectura republicana, la catedral y a las dos horas está de regreso en casa. La ciudad es bella, agradable y acogedora, pero carece de atractivos turísticos. El Festival de teatro, que atraía personalidades del mundo entero y era noticia en los medios nacionales, ahora pasa desapercibido hasta para la mayoría de lugareños. La exposición equina no es ni sombra de lo que fue, cuando parecía una feria de mitaca por la calidad y cantidad de participantes, además de los muchos visitantes. Nos queda la feria anual que tiene al invierno como su peor enemigo, aparte del negro futuro que enfrenta la tauromaquia. A ver qué vamos a inventar cuando los toros desaparezcan por gracia de sus enemigos, los altos costos y la falta de aficionados. De pronto los enanitos toreros…
pamear@telmex.net.co
miércoles, marzo 28, 2012
Obligatorio texto de consulta (II)
Es menester tener a mano el Diccionario Aristizabal de frases colombianas (http://www.diccionarioaristizabal.com/), para recurrir a él cada que recordemos algún autor o protagonista de nuestro país del cual queramos conocer más. Porque con solo leer las frases allí recopiladas puede darse una idea del estilo o de la personalidad del elegido. Claro que al recorrer sus páginas se encuentran nombres desconocidos, los cuales al consultarlos enganchan al lector desde los primeros renglones. Sigo entonces con algunos personajes que no necesitan presentación.
Quienes no vivimos el 9 de abril de 1948 recurrimos a textos, fotografías y testimonios para conocer ese trágico episodio y saber más acerca de Jorge Eliecer Gaitán, un caudillo que por sus ejecutorias dejó huella en la historia del país. La arenga de su carrera política fue “¡A la carga!”, y en sus discursos pronunciaba frases que enardecían al populacho: “Cercano está el momento en que veremos si el pueblo manda, si el pueblo ordena, si el pueblo es el pueblo y no una multitud anónima de siervos”; “Si avanzo, seguidme; si retrocedo, empujadme; si me matan, ¡vengadme!”. También decía verdades que no pierden vigencia: “El maridaje inadmisible de la política y los negocios”. Al amigo que le aconsejó cuidarse, le respondió: “A mí qué me va a pasar, ¡fíjate como me quiere esta gente!” Y esto le dijo a Plinio Mendoza Neira cuando lo invitó a almorzar, minutos antes de caer acribillado: “Aceptado. Pero te advierto, Plinio, que yo cuesto caro”.
Cómo no recordar a Lucas Caballero Calderón, Klim, tal vez el columnista más exitoso y genial de los últimos tiempos. Vivía sólo en su apartamento y pasaba el tiempo en bata levantadora dedicado a la lectura y a recibir sus pocos y escogidos amigos, condición que puede verse reflejada en sus escritos: “El ocio es tener aptitud económica para ejercitar a todas horas la pereza”; “Sin necesidad de ser millonario ni levantarme a la madrugada, desde hace años vengo haciendo lo que me da la real gana”; “Uno sólo debe trabajar cuando le hace falta plata”. Del matrimonio opinaba: “Son contados los maridos a quienes no les da pena salir a la calle con esos ochenta kilos de abnegación, de bondad y de esferas que es la esposa”.
Klim fue coqueto hasta viejo: “Era el tipo de muchacha que justifica la existencia de las vespertinas y los pecados capitales”; “Lo importante es llegar a cierta edad con el ánimo enhiesto”; “En los barcos, las fiestas de primera se hacen con las pasajeras de segunda”; “Cuando uno llega a cierta edad y le siguen gustando los buenos cuadros, es que tiene sensibilidad artística; si le sigue gustando la buena comida, es un gastrónomo exquisito; pero si le siguen gustando las mujeres, es un viejo verde”.
Ironía y fino humor lo caracterizaban: “Una de las ventajas de haber nacido colombiano consiste en que el placer de viajar se multiplica por mil”; “La manera más efectiva de pescar una apoplejía es hacer el tránsito directo de la plaza de Bolívar de Tunja a la de la Concordia de París”; “La Radiodifusora Nacional pretende difundir la cultura a nivel popular, pero arranca con un Opus no sé qué de Bach, que es como enseñar cálculo infinitesimal en un colegio antes de dar aritmética”; “Mi hermano Eduardo, cuando está sin tema para escribir, se faja una novela sobre Tipacoque”; “¡Gaitán fue el que se tiró a toda esta gente, hip!”.
El escritor Fernando Vallejo es un hombre de amores y de odios. Y tiene tantos malquerientes por la forma sarcástica e irreverente como se refiere a sus coterráneos. De los paisas dice “El antioqueño ha tenido que marcharse siempre en busca de otras tierras donde tumbar los árboles; es la ‘colonización’ antioqueña...”; “Mi raza antioqueña, mezcla de blanco con negro, con indio, con tarado, con loco, es como el sancocho que lleva papa, yuca, plátano, maíz, arracacha, hueso, carne, infame mezcolanza de sangres mal batidas en agua caliente con sal”; “La Universidad de Antioquia que para el pueblo es gratis, que es del pueblo y para el pueblo, por el pueblo vive en huelga desde hace veinte años”. Pero al resto nos va peor: “Somos un país de puesteros legalistas y de lambecuras irredentos”; “Bogotá en 1927 tenía doscientos veinte mil habitantes y era una ciudad de ladrones. Hoy tiene cinco millones, camino de seis, y es una ciudad de ladrones: la capital de un país de ladrones”; “Y aunque Antioquia no es Colombia, como ya expliqué, debería serlo: el resto es un país de zambos, de zánganos y tinterillos que no trabajan ni dejan trabajar”.
Frases de su magín: “En Colombia a los cines los llaman teatros, y a los teatros nada porque no hay teatro”; “Ausente de pecado mortal, la niñez es la época más tediosa de la vida”; “¿Por qué en Colombia el cielo sólo castiga a los que rezan?”. Comentarios típicos suyos: “Sé que hay hambre en el mundo y que existe Biafra, pero me importa un bledo la humana especie”; “La pobreza cohabita con la ignorancia; duermen amancebadas en profusión de olores bajo el mismo techo, sobre el mismo lecho; y se multiplican por diez”. En todo caso a quienes eviten leer a Vallejo por desagradable y repelente, les recomiendo, no se lo pierdan.
pamear@telmex.net.co
Quienes no vivimos el 9 de abril de 1948 recurrimos a textos, fotografías y testimonios para conocer ese trágico episodio y saber más acerca de Jorge Eliecer Gaitán, un caudillo que por sus ejecutorias dejó huella en la historia del país. La arenga de su carrera política fue “¡A la carga!”, y en sus discursos pronunciaba frases que enardecían al populacho: “Cercano está el momento en que veremos si el pueblo manda, si el pueblo ordena, si el pueblo es el pueblo y no una multitud anónima de siervos”; “Si avanzo, seguidme; si retrocedo, empujadme; si me matan, ¡vengadme!”. También decía verdades que no pierden vigencia: “El maridaje inadmisible de la política y los negocios”. Al amigo que le aconsejó cuidarse, le respondió: “A mí qué me va a pasar, ¡fíjate como me quiere esta gente!” Y esto le dijo a Plinio Mendoza Neira cuando lo invitó a almorzar, minutos antes de caer acribillado: “Aceptado. Pero te advierto, Plinio, que yo cuesto caro”.
Cómo no recordar a Lucas Caballero Calderón, Klim, tal vez el columnista más exitoso y genial de los últimos tiempos. Vivía sólo en su apartamento y pasaba el tiempo en bata levantadora dedicado a la lectura y a recibir sus pocos y escogidos amigos, condición que puede verse reflejada en sus escritos: “El ocio es tener aptitud económica para ejercitar a todas horas la pereza”; “Sin necesidad de ser millonario ni levantarme a la madrugada, desde hace años vengo haciendo lo que me da la real gana”; “Uno sólo debe trabajar cuando le hace falta plata”. Del matrimonio opinaba: “Son contados los maridos a quienes no les da pena salir a la calle con esos ochenta kilos de abnegación, de bondad y de esferas que es la esposa”.
Klim fue coqueto hasta viejo: “Era el tipo de muchacha que justifica la existencia de las vespertinas y los pecados capitales”; “Lo importante es llegar a cierta edad con el ánimo enhiesto”; “En los barcos, las fiestas de primera se hacen con las pasajeras de segunda”; “Cuando uno llega a cierta edad y le siguen gustando los buenos cuadros, es que tiene sensibilidad artística; si le sigue gustando la buena comida, es un gastrónomo exquisito; pero si le siguen gustando las mujeres, es un viejo verde”.
Ironía y fino humor lo caracterizaban: “Una de las ventajas de haber nacido colombiano consiste en que el placer de viajar se multiplica por mil”; “La manera más efectiva de pescar una apoplejía es hacer el tránsito directo de la plaza de Bolívar de Tunja a la de la Concordia de París”; “La Radiodifusora Nacional pretende difundir la cultura a nivel popular, pero arranca con un Opus no sé qué de Bach, que es como enseñar cálculo infinitesimal en un colegio antes de dar aritmética”; “Mi hermano Eduardo, cuando está sin tema para escribir, se faja una novela sobre Tipacoque”; “¡Gaitán fue el que se tiró a toda esta gente, hip!”.
El escritor Fernando Vallejo es un hombre de amores y de odios. Y tiene tantos malquerientes por la forma sarcástica e irreverente como se refiere a sus coterráneos. De los paisas dice “El antioqueño ha tenido que marcharse siempre en busca de otras tierras donde tumbar los árboles; es la ‘colonización’ antioqueña...”; “Mi raza antioqueña, mezcla de blanco con negro, con indio, con tarado, con loco, es como el sancocho que lleva papa, yuca, plátano, maíz, arracacha, hueso, carne, infame mezcolanza de sangres mal batidas en agua caliente con sal”; “La Universidad de Antioquia que para el pueblo es gratis, que es del pueblo y para el pueblo, por el pueblo vive en huelga desde hace veinte años”. Pero al resto nos va peor: “Somos un país de puesteros legalistas y de lambecuras irredentos”; “Bogotá en 1927 tenía doscientos veinte mil habitantes y era una ciudad de ladrones. Hoy tiene cinco millones, camino de seis, y es una ciudad de ladrones: la capital de un país de ladrones”; “Y aunque Antioquia no es Colombia, como ya expliqué, debería serlo: el resto es un país de zambos, de zánganos y tinterillos que no trabajan ni dejan trabajar”.
Frases de su magín: “En Colombia a los cines los llaman teatros, y a los teatros nada porque no hay teatro”; “Ausente de pecado mortal, la niñez es la época más tediosa de la vida”; “¿Por qué en Colombia el cielo sólo castiga a los que rezan?”. Comentarios típicos suyos: “Sé que hay hambre en el mundo y que existe Biafra, pero me importa un bledo la humana especie”; “La pobreza cohabita con la ignorancia; duermen amancebadas en profusión de olores bajo el mismo techo, sobre el mismo lecho; y se multiplican por diez”. En todo caso a quienes eviten leer a Vallejo por desagradable y repelente, les recomiendo, no se lo pierdan.
pamear@telmex.net.co
miércoles, marzo 21, 2012
Obligatorio texto de consulta (I)
Circulan innumerables textos con frases célebres de algunos personajes que han sido muy fecundos en producirlas, como Marx, Confucio, Sor Juana Inés, Benjamín Franklin, Balzac o Frida Kahlo. Pues ahora encuentro en la red el Diccionario Aristizabal de frases colombianas, una recopilación de unas quince mil sentencias, dichos, máximas, refranes y apotegmas escogidos de todo tipo de publicaciones de nuestro país por el escritor bogotano Luis H. Aristizabal. Por orden alfabético se busca entre más de mil doscientos autores para disfrutar de frases sesudas, graciosas, genialidades, sarcasmos, ironías, verdades ocultas y muchas otras expresiones que nos ponen a pensar, además de que reflejan a la perfección a cada uno de los autores. Procedo a compartir algunas que encontré de personajes que llaman mi atención.
Del primer presidente colombiano que tengo conciencia es Alberto Lleras Camargo (en su segundo período, 1958-1962), pero como a tan tierna edad uno no se interesa por esas cosas, con el paso de los años me enteré de su trayectoria, honestidad y rectitud. Y basta con leer algunas frases del diccionario que menciono para conocer un poco de su personalidad, como cuando dice “Nadie podrá obligarme a proceder contra mi conciencia”. O esta otra: “No tengo con el liberalismo ningún compromiso que salga del territorio intelectual”. Y qué tal esta sentencia: “El poder absoluto engendra absoluta corrupción”. Esta es como para dedicársela a Julito Sánchez: “Un país mal informado no tiene opinión, tiene prejuicios”. Una que debería ser obligatoria: “Ministro que se equivoca, debe renunciar”. Así se refería a sus colegas de antaño: “La poesía era el primer escalón de la vida pública y se podía llegar hasta la presidencia por una escalera de alejandrinos pareados”. Y aquí el fiel reflejo de su probidad: “Si fuera rico, si tuviera renta, viviría en un campo, alejado de todo, frente a la naturaleza, rodeado de libros”.
Después llegó al Palacio de San Carlos el Presidente Guillermo León Valencia (1962-1966), de quien se hablaba mucho en la época porque era amigo del traguito, algo imprudente y mete patas. Pero sin duda tenía una agilidad mental y una agudeza que desarmaban a sus enemigos y dejaban en ridículo a quien osaba criticarlo. A un impertinente concejal de cierto pueblo, le salió con esta perla: “Algún día, gallardo amigo, usted estará en el Senado de la República... Porque en un país donde la mitad es analfabeta es justo que tenga su representante”. En otra oportunidad un Congresista le dijo que entre ambos había un enorme abismo moral, y Valencia le respondió: “Yo sé eso desde hace tiempo pero me había dado pena decírselo”. Cuando se indispuso antes de dar un discurso y alguien insinuó que lo que hacía era esperar órdenes de su padre, expresó esta genialidad: “Esa es una sospecha de la que sólo se libran los hijos de los imbéciles”. Su fino humor y esa chispa innata pueden verse reflejada en lo que respondió cuando le propusieron que se casara con una mujer que había enviudado tres veces: “Yo soy muy mal cuarto”. Inolvidable la embarrada, que nunca se supo si fue por despistado o porque ya estaba copetón, cuando al hacer un brindis por el general Charles De Gaulle gritó a todo pulmón: “¡Viva España!” Por último, las palabras que le dijo a su hijo Ignacio mientras agonizaba en Nueva York en 1971: “Dígales que me dejen solo. Yo no me quiero morir delante de la gente”.
Como con el Frente Nacional la vaina era turnadita, en 1966 le tocó el turno a un liberal que gobernó hasta 1970, Carlos Lleras Restrepo. Con este mandatario podía decirse que a pesar de su baja estatura no era un presidente de bolsillo, porque si algo lo caracterizó fueron su férreo carácter y capacidad de mando. Un claro ejemplo, que recordamos muchos colombianos, es la alocución televisiva en la que se dirigió al país el 21 de abril de 1970, para frenar de una vez los levantamientos populares protagonizados por los seguidores de Rojas Pinilla que protestaban por el evidente fraude electoral.
Así se expresó el Presidente: “Aquí se sostendrá la Constitución y yo permaneceré en el mando hasta el 7 de agosto. No saldré antes de Palacio sino muerto, y de ésto deben quedar notificados tanto los que quieren promover desórdenes como los que resuelvan acompañarme en la guarda de la paz y de la Constitución Nacional”. Y a tantos periodistas que confunden la libertad con el libertinaje: “Desde ahora le notifico a la radio que cualquier estación que intente propagar órdenes de subversión o causar alarma, será clausurada definitivamente; perderá para siempre los canales que tenga adjudicados”. Los bogotanos también quedaron notificados esa noche: “En cuanto hace al caso de Bogotá, advierto lo siguiente: son las ocho de la noche. A las nueve de la noche no debe haber gentes en las calles. El toque de queda se hará cumplir de manera rigurosa, y quien salga a la calle lo hará por su cuenta y riesgo, con todos los azares que corre el que viola en estado de guerra una prescripción militar”. Y las reglas eran para cumplirlas: “Decretaré el reclutamiento obligatorio de quienes se declaren en paro, y quien no obedezca el llamamiento a filas, será considerado como desertor y juzgado en consejo de guerra”.
pamear@telmex.net.co
Del primer presidente colombiano que tengo conciencia es Alberto Lleras Camargo (en su segundo período, 1958-1962), pero como a tan tierna edad uno no se interesa por esas cosas, con el paso de los años me enteré de su trayectoria, honestidad y rectitud. Y basta con leer algunas frases del diccionario que menciono para conocer un poco de su personalidad, como cuando dice “Nadie podrá obligarme a proceder contra mi conciencia”. O esta otra: “No tengo con el liberalismo ningún compromiso que salga del territorio intelectual”. Y qué tal esta sentencia: “El poder absoluto engendra absoluta corrupción”. Esta es como para dedicársela a Julito Sánchez: “Un país mal informado no tiene opinión, tiene prejuicios”. Una que debería ser obligatoria: “Ministro que se equivoca, debe renunciar”. Así se refería a sus colegas de antaño: “La poesía era el primer escalón de la vida pública y se podía llegar hasta la presidencia por una escalera de alejandrinos pareados”. Y aquí el fiel reflejo de su probidad: “Si fuera rico, si tuviera renta, viviría en un campo, alejado de todo, frente a la naturaleza, rodeado de libros”.
Después llegó al Palacio de San Carlos el Presidente Guillermo León Valencia (1962-1966), de quien se hablaba mucho en la época porque era amigo del traguito, algo imprudente y mete patas. Pero sin duda tenía una agilidad mental y una agudeza que desarmaban a sus enemigos y dejaban en ridículo a quien osaba criticarlo. A un impertinente concejal de cierto pueblo, le salió con esta perla: “Algún día, gallardo amigo, usted estará en el Senado de la República... Porque en un país donde la mitad es analfabeta es justo que tenga su representante”. En otra oportunidad un Congresista le dijo que entre ambos había un enorme abismo moral, y Valencia le respondió: “Yo sé eso desde hace tiempo pero me había dado pena decírselo”. Cuando se indispuso antes de dar un discurso y alguien insinuó que lo que hacía era esperar órdenes de su padre, expresó esta genialidad: “Esa es una sospecha de la que sólo se libran los hijos de los imbéciles”. Su fino humor y esa chispa innata pueden verse reflejada en lo que respondió cuando le propusieron que se casara con una mujer que había enviudado tres veces: “Yo soy muy mal cuarto”. Inolvidable la embarrada, que nunca se supo si fue por despistado o porque ya estaba copetón, cuando al hacer un brindis por el general Charles De Gaulle gritó a todo pulmón: “¡Viva España!” Por último, las palabras que le dijo a su hijo Ignacio mientras agonizaba en Nueva York en 1971: “Dígales que me dejen solo. Yo no me quiero morir delante de la gente”.
Como con el Frente Nacional la vaina era turnadita, en 1966 le tocó el turno a un liberal que gobernó hasta 1970, Carlos Lleras Restrepo. Con este mandatario podía decirse que a pesar de su baja estatura no era un presidente de bolsillo, porque si algo lo caracterizó fueron su férreo carácter y capacidad de mando. Un claro ejemplo, que recordamos muchos colombianos, es la alocución televisiva en la que se dirigió al país el 21 de abril de 1970, para frenar de una vez los levantamientos populares protagonizados por los seguidores de Rojas Pinilla que protestaban por el evidente fraude electoral.
Así se expresó el Presidente: “Aquí se sostendrá la Constitución y yo permaneceré en el mando hasta el 7 de agosto. No saldré antes de Palacio sino muerto, y de ésto deben quedar notificados tanto los que quieren promover desórdenes como los que resuelvan acompañarme en la guarda de la paz y de la Constitución Nacional”. Y a tantos periodistas que confunden la libertad con el libertinaje: “Desde ahora le notifico a la radio que cualquier estación que intente propagar órdenes de subversión o causar alarma, será clausurada definitivamente; perderá para siempre los canales que tenga adjudicados”. Los bogotanos también quedaron notificados esa noche: “En cuanto hace al caso de Bogotá, advierto lo siguiente: son las ocho de la noche. A las nueve de la noche no debe haber gentes en las calles. El toque de queda se hará cumplir de manera rigurosa, y quien salga a la calle lo hará por su cuenta y riesgo, con todos los azares que corre el que viola en estado de guerra una prescripción militar”. Y las reglas eran para cumplirlas: “Decretaré el reclutamiento obligatorio de quienes se declaren en paro, y quien no obedezca el llamamiento a filas, será considerado como desertor y juzgado en consejo de guerra”.
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jueves, marzo 15, 2012
Disertaciones comerciales.
La nuestra es una ciudad que no se ha destacado por su comercio, mientras que la industria ha tenido un desarrollo importante y ello puede verse reflejado en los volúmenes de carga que desde aquí salen para el exterior. Por ello debemos enfocar todo nuestro esfuerzo en la infraestructura vial, porque sin carreteras aptas para el tráfico pesado es muy trabajoso ser competitivos. Qué tal un gringo que quiera aprovechar el TLC y resuelva hacer negocio con una de nuestras industrias, y el primer envío se retrase porque las vías están bloqueadas debido a los derrumbes. Poco después se repite el problema cuando la guerrilla queme unos camiones en la carretera que va hacia Buenaventura, luego sucede lo mismo por el habitual paro de camioneros y por último el envío no puede pasar por Chinchiná, pueblo donde suelen armar tremendas trifulcas cuando de protestar se trata.
Seguramente el míster llamará desesperado a decir que manden el cargamento por una vía alterna, y se jalará los pelos cuando le respondan que no hay más carreteras aptas para tráfico pesado. Entonces en transporte fluvial o férreo, propondrá, a lo que tocará decirle que los ríos aquí sólo sirven de cloacas y que a pesar de que hace varios lustros iniciaron los trabajos para recuperar los rieles, ha sido imposible lograr que pongan a funcionar de nuevo los ferrocarriles. Todo esto puede suceder si el importador gringo no averigua con anticipación cómo estamos en materia de infraestructura, porque de enterarse seguro va a preferir hacer negocios con otro país donde puedan responder a sus expectativas. Y éso que falta comentarle al inversionista el riesgo que existe en el puerto, donde pueden camuflarle en los contenedores alijos de drogas ilícitas.
Nuestras carreteras son obsoletas, incómodas, estrechas, sinuosas, inseguras, mal señalizadas, plagadas de resaltos y huecos, peligrosas y estresantes de recorrer. Y si renegamos quienes las utilizamos de vez en cuando, en carro particular y con el único fin de pasear, qué dirán los transportadores que debe sufrirlas a diario, con el agravante que muchos conducen vehículos que no caben por las angostas vías. Siempre que los veo trasegar por esas trochas imagino lo que será viajar de Manizales a Mariquita y tener que coger todas las curvas por el carril contrario, y cuando el giro es para el otro lado el remolque del camión es el que se atraviesa peligrosamente. Es un verdadero milagro que no resulten siquiera media docena de carros estampillados contra la trompa o las llantas traseras del “borrador”.
Esa falencia que tiene la ciudad en vías de comunicación puede notarse en el comercio, ya que en algún momento todos nos hemos visto perjudicados al no poder conseguir un producto y la disculpa siempre es la misma: paros, derrumbes, bloqueos, asonadas, etc. Otra cosa es que por no estar en la ruta de las grandes troncales los fletes son más costosos y por ende los precios al consumidor aumentan. Claro que los comerciantes se aprovechan de la situación y si por ejemplo el precio de la gasolina sube cincuenta pesos por galón, el que comercializa plátanos quiere aplicarle dicho aumento a cada plátano que vende; como si los transportaran por unidades.
El comercio de Manizales siempre ha sido criticado por no ofrecer horarios extendidos, por su limitada oferta de mercancías, algunos productos son más costosos que en otras ciudades y son muchos los establecimientos donde están quedados en aquello del servicio al cliente. Como todo, el comercio evoluciona y ello puede verse al recordar que ahora años todos los almacenes importantes estaban localizados en el centro de la ciudad, regentados por ciudadanos ejemplares que le dieron lustre al gremio. Hoy existen diferentes zonas comerciales y algunos barrios, como La Enea, presentan infinidad de negocios donde puede encontrarse lo que uno necesite.
Ahora se imponen los centros comerciales y los almacenes de grandes superficies, donde las personas encuentran variedad de opciones en mercancías, bancos, plazoletas de comida, juegos para niños, cines, etc. Respecto a estas nuevas modalidades, un amigo me contó lo que le sucedió con una hija suya que estudia arquitectura en Bogotá y vino de vacaciones. Resulta que al pasar por el sector de San Rafael le mostró orgulloso esa maravilla de mega almacén que inauguraron hace pocos meses y ella sin titubear le dijo que no le parecía nada bueno, porque ese tipo de comercio no compagina con la cultura de una ciudad intermedia como la nuestra.
El hombre no comprendió en un principio la reacción de la muchacha, hasta que ella argumentó que seguro muchas ferreterías y almacenes relacionados con el ramo se verán obligados a cerrar por la fuerte competencia, y que esos comerciantes locales son quienes van a su consultorio a buscar tratamientos para ellos y sus familias; esos mismos que compran vivienda aquí, cambian el carro, pagan colegios para sus hijos y en general consumen en Manizales. Que las utilidades del gran almacén salen para el exterior, de donde procede, y a nuestra ciudad sólo la beneficia por los puestos de trabajo que genera, que a la larga son los mismos que generaban los negocios que sucumbieron a la competencia.
A la muchacha se le nota su paso por la academia y al papá, igual que a mí, nos dejó pensativos.
pamear@telmex.net.co
Seguramente el míster llamará desesperado a decir que manden el cargamento por una vía alterna, y se jalará los pelos cuando le respondan que no hay más carreteras aptas para tráfico pesado. Entonces en transporte fluvial o férreo, propondrá, a lo que tocará decirle que los ríos aquí sólo sirven de cloacas y que a pesar de que hace varios lustros iniciaron los trabajos para recuperar los rieles, ha sido imposible lograr que pongan a funcionar de nuevo los ferrocarriles. Todo esto puede suceder si el importador gringo no averigua con anticipación cómo estamos en materia de infraestructura, porque de enterarse seguro va a preferir hacer negocios con otro país donde puedan responder a sus expectativas. Y éso que falta comentarle al inversionista el riesgo que existe en el puerto, donde pueden camuflarle en los contenedores alijos de drogas ilícitas.
Nuestras carreteras son obsoletas, incómodas, estrechas, sinuosas, inseguras, mal señalizadas, plagadas de resaltos y huecos, peligrosas y estresantes de recorrer. Y si renegamos quienes las utilizamos de vez en cuando, en carro particular y con el único fin de pasear, qué dirán los transportadores que debe sufrirlas a diario, con el agravante que muchos conducen vehículos que no caben por las angostas vías. Siempre que los veo trasegar por esas trochas imagino lo que será viajar de Manizales a Mariquita y tener que coger todas las curvas por el carril contrario, y cuando el giro es para el otro lado el remolque del camión es el que se atraviesa peligrosamente. Es un verdadero milagro que no resulten siquiera media docena de carros estampillados contra la trompa o las llantas traseras del “borrador”.
Esa falencia que tiene la ciudad en vías de comunicación puede notarse en el comercio, ya que en algún momento todos nos hemos visto perjudicados al no poder conseguir un producto y la disculpa siempre es la misma: paros, derrumbes, bloqueos, asonadas, etc. Otra cosa es que por no estar en la ruta de las grandes troncales los fletes son más costosos y por ende los precios al consumidor aumentan. Claro que los comerciantes se aprovechan de la situación y si por ejemplo el precio de la gasolina sube cincuenta pesos por galón, el que comercializa plátanos quiere aplicarle dicho aumento a cada plátano que vende; como si los transportaran por unidades.
El comercio de Manizales siempre ha sido criticado por no ofrecer horarios extendidos, por su limitada oferta de mercancías, algunos productos son más costosos que en otras ciudades y son muchos los establecimientos donde están quedados en aquello del servicio al cliente. Como todo, el comercio evoluciona y ello puede verse al recordar que ahora años todos los almacenes importantes estaban localizados en el centro de la ciudad, regentados por ciudadanos ejemplares que le dieron lustre al gremio. Hoy existen diferentes zonas comerciales y algunos barrios, como La Enea, presentan infinidad de negocios donde puede encontrarse lo que uno necesite.
Ahora se imponen los centros comerciales y los almacenes de grandes superficies, donde las personas encuentran variedad de opciones en mercancías, bancos, plazoletas de comida, juegos para niños, cines, etc. Respecto a estas nuevas modalidades, un amigo me contó lo que le sucedió con una hija suya que estudia arquitectura en Bogotá y vino de vacaciones. Resulta que al pasar por el sector de San Rafael le mostró orgulloso esa maravilla de mega almacén que inauguraron hace pocos meses y ella sin titubear le dijo que no le parecía nada bueno, porque ese tipo de comercio no compagina con la cultura de una ciudad intermedia como la nuestra.
El hombre no comprendió en un principio la reacción de la muchacha, hasta que ella argumentó que seguro muchas ferreterías y almacenes relacionados con el ramo se verán obligados a cerrar por la fuerte competencia, y que esos comerciantes locales son quienes van a su consultorio a buscar tratamientos para ellos y sus familias; esos mismos que compran vivienda aquí, cambian el carro, pagan colegios para sus hijos y en general consumen en Manizales. Que las utilidades del gran almacén salen para el exterior, de donde procede, y a nuestra ciudad sólo la beneficia por los puestos de trabajo que genera, que a la larga son los mismos que generaban los negocios que sucumbieron a la competencia.
A la muchacha se le nota su paso por la academia y al papá, igual que a mí, nos dejó pensativos.
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jueves, marzo 08, 2012
¡Guácalas!
Es normal que cada generación aporte palabras nuevas al idioma mientras otras desaparecen por falta de uso, pero llama la atención que la juventud de ahora le haya cambiado el significado a un vocablo que antes utilizábamos de manera diferente. Me refiero a la expresión ¡gas!, la cual surgía al pararnos en un bollo de perro, por una mosca en la leche, al sentir cierto olorcillo indiscreto o si encontrábamos un pelo en una empanada. En cambio ahora los adolescentes la usan para referirse al profesor que no les gusta, para decir que una película es mala, cuando algo les incomoda o cualquier otra pendejada por el estilo.
También era habitual reemplazarla por ¡gaquis!, de donde resultó otra más gomela y distinguida, ¡guácalas! Cualquiera de ellas se utiliza, después de hacer un gesto de contrariedad, para reaccionar ante algo desagradable, fastidioso, repulsivo o asqueroso. En todo caso quienes más las acostumbran son las personas escrupulosas y prevenidas, mientras que el contrario a esas manías era llamado sangriliviano por nuestros mayores. La condición de asquiento se hereda de padres a hijos y no hay duda de que quienes son exagerados en dichos melindres viven mortificados, porque en el mundo estamos y son muchas las porquerías que nos topamos a diario.
Hay que ver lo que sufre el escrupuloso en un baño público. Normalmente uno entra desprevenido, procede con su cometido y por último se lava bien las manos, mientras el otro empuja puertas con los codos, abre la tapa del inodoro y activa el mecanismo para vaciar con el zapato, sortea cualquier humedad que haya en el piso y mira a todos lados para evitar el mínimo roce. Para las mujeres es peor porque al menos nosotros orinamos parados y a distancia, sin tener contacto con ninguna superficie, mientras ellas deben posar su anatomía en el contaminado biscocho; algunas lo forran con pañuelos de papel, pero la mayoría aprenden desde chiquitas a hacer maromas para proceder a eliminar “sin tocar aro”.
En el supermercado se reconoce al quisquilloso porque escarba en los estantes de frutas y verduras para coger los productos que están debajo, debido a que se pregunta cuánta gente habrá manoseado los que están encima, cuántas veces los habrán pegado a la nariz para olerlos, además de los que habrán estornudado ahí frente a la góndola. Al llegar a casa proceden a lavar todos los productos con desinfectante y además los pelan antes de usarlos, porque no resisten pensar que alguien más los haya manipulado. Si uno piensa en las bacterias que hay en billetes y monedas, en las barandas del centro comercial, en las agarraderas de los buses, etc., no tendrá más remedio que meterse en una burbuja que lo aísle del exterior.
Poco disfrutan los aprensivos en un restaurante porque no dejan de pensar que su comida puede venir contaminada de la cocina, que el mesero metió un dedo en la sopa o que puede haber un ingrediente pasado, y su mortificación será mayor cuando se pregunten cuántos labios se habrán posado antes en el borde del vaso y a cuántas bocas habrá ingresado el tenedor y la cuchara, adminículos que están próximos a utilizar. El escrupuloso es amigo de poner pereque en dichos negocios, requerimientos que los empleados atienden con amabilidad y resignación, mientras se desquitan del personaje al echarle escupas en el agua o licuarle una cucaracha con la vinagreta.
Son muchos quienes evitan los restaurantes chinos porque les da asco, mientras los demás disfrutamos esas delicias sin dedicar un solo segundo a pensar en cómo las prepararon. Recuerdo que ahora años en el centro de la ciudad vendían empanadas y papas rellenas, las cuales ofrecían en una olla que tenía un frasquito con pique amarrado a un lado, el cual se servía con una misma cucharita para todos los clientes. Qué tal un asquiento en el cenadero del café La Bahía a las cuatro de la mañana, enfrentado a una chuleta de aquellas; o en la olla de la Beneficencia, donde el dueño sacaba las yucas sudadas engarzadas con la uña del dedo pulgar. Dejar crecer esa uña es habitual en el vulgo y la llaman naranjera.
Tengo un amigo amante de la comida de mar pero sumamente escrupuloso. Cierto día la mujer lo convenció de que fueran a un negocio nuevo donde vendían un delicioso coctel de camarones y al llegar al sitio, en vez de acomodarse en una mesa como todo el mundo a esperar su pedido, el hombre se quedó poniendo cuidado a ver cómo lo preparaban. La encargada era una morocha, mueca y mal presentada, que añadía ingredientes y revolvía sin cesar para darle el punto al preparado. En cierto momento se detuvo, probó un poquito, se mostró satisfecha con el resultado y siguió muy campante revolviendo con la misma cuchara. Al cliente no le faltó sino pegarle a esa pobre negrita y desde entonces sí que se ha vuelto desconfiado.
Mugre que no mata engorda, decíamos de niños cuando se nos caía el bombón al piso y procedíamos a limpiarlo en el bluyín, para chuparlo de nuevo. También era común en esos casos expresar que no hay que darle gusto al diablo, pero sin duda el refrán más apropiado para estos casos es el que dice: ojos que no ven…
pamear@telmex.net.co
También era habitual reemplazarla por ¡gaquis!, de donde resultó otra más gomela y distinguida, ¡guácalas! Cualquiera de ellas se utiliza, después de hacer un gesto de contrariedad, para reaccionar ante algo desagradable, fastidioso, repulsivo o asqueroso. En todo caso quienes más las acostumbran son las personas escrupulosas y prevenidas, mientras que el contrario a esas manías era llamado sangriliviano por nuestros mayores. La condición de asquiento se hereda de padres a hijos y no hay duda de que quienes son exagerados en dichos melindres viven mortificados, porque en el mundo estamos y son muchas las porquerías que nos topamos a diario.
Hay que ver lo que sufre el escrupuloso en un baño público. Normalmente uno entra desprevenido, procede con su cometido y por último se lava bien las manos, mientras el otro empuja puertas con los codos, abre la tapa del inodoro y activa el mecanismo para vaciar con el zapato, sortea cualquier humedad que haya en el piso y mira a todos lados para evitar el mínimo roce. Para las mujeres es peor porque al menos nosotros orinamos parados y a distancia, sin tener contacto con ninguna superficie, mientras ellas deben posar su anatomía en el contaminado biscocho; algunas lo forran con pañuelos de papel, pero la mayoría aprenden desde chiquitas a hacer maromas para proceder a eliminar “sin tocar aro”.
En el supermercado se reconoce al quisquilloso porque escarba en los estantes de frutas y verduras para coger los productos que están debajo, debido a que se pregunta cuánta gente habrá manoseado los que están encima, cuántas veces los habrán pegado a la nariz para olerlos, además de los que habrán estornudado ahí frente a la góndola. Al llegar a casa proceden a lavar todos los productos con desinfectante y además los pelan antes de usarlos, porque no resisten pensar que alguien más los haya manipulado. Si uno piensa en las bacterias que hay en billetes y monedas, en las barandas del centro comercial, en las agarraderas de los buses, etc., no tendrá más remedio que meterse en una burbuja que lo aísle del exterior.
Poco disfrutan los aprensivos en un restaurante porque no dejan de pensar que su comida puede venir contaminada de la cocina, que el mesero metió un dedo en la sopa o que puede haber un ingrediente pasado, y su mortificación será mayor cuando se pregunten cuántos labios se habrán posado antes en el borde del vaso y a cuántas bocas habrá ingresado el tenedor y la cuchara, adminículos que están próximos a utilizar. El escrupuloso es amigo de poner pereque en dichos negocios, requerimientos que los empleados atienden con amabilidad y resignación, mientras se desquitan del personaje al echarle escupas en el agua o licuarle una cucaracha con la vinagreta.
Son muchos quienes evitan los restaurantes chinos porque les da asco, mientras los demás disfrutamos esas delicias sin dedicar un solo segundo a pensar en cómo las prepararon. Recuerdo que ahora años en el centro de la ciudad vendían empanadas y papas rellenas, las cuales ofrecían en una olla que tenía un frasquito con pique amarrado a un lado, el cual se servía con una misma cucharita para todos los clientes. Qué tal un asquiento en el cenadero del café La Bahía a las cuatro de la mañana, enfrentado a una chuleta de aquellas; o en la olla de la Beneficencia, donde el dueño sacaba las yucas sudadas engarzadas con la uña del dedo pulgar. Dejar crecer esa uña es habitual en el vulgo y la llaman naranjera.
Tengo un amigo amante de la comida de mar pero sumamente escrupuloso. Cierto día la mujer lo convenció de que fueran a un negocio nuevo donde vendían un delicioso coctel de camarones y al llegar al sitio, en vez de acomodarse en una mesa como todo el mundo a esperar su pedido, el hombre se quedó poniendo cuidado a ver cómo lo preparaban. La encargada era una morocha, mueca y mal presentada, que añadía ingredientes y revolvía sin cesar para darle el punto al preparado. En cierto momento se detuvo, probó un poquito, se mostró satisfecha con el resultado y siguió muy campante revolviendo con la misma cuchara. Al cliente no le faltó sino pegarle a esa pobre negrita y desde entonces sí que se ha vuelto desconfiado.
Mugre que no mata engorda, decíamos de niños cuando se nos caía el bombón al piso y procedíamos a limpiarlo en el bluyín, para chuparlo de nuevo. También era común en esos casos expresar que no hay que darle gusto al diablo, pero sin duda el refrán más apropiado para estos casos es el que dice: ojos que no ven…
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martes, febrero 28, 2012
Manga por hombro.
Así decían nuestros mayores para referirse a algo mal hecho, desordenado, incompleto, sin pies ni cabeza. Si por ejemplo la mamá nos mandaba a arreglar el cuarto o la cocina porque no había empleada doméstica, y para salir del paso simplemente maquillábamos las cosas para que parecieran organizadas, ella de inmediato notaban el truco y recurrían a la mencionada frase. Cuando en mi casa uno aceptaba la trampa y se disponía a repetir la tarea, mi papá aconsejaba ponerle fundamento al asunto para que resultara satisfactorio.
Pues ahora que lo pienso en nuestro país la mayoría de las cosas se hacen manga por hombro. La sinrazón, el desorden, el desgreño administrativo y la improvisación son el común denominador en la mayoría de las entidades públicas, donde muchas veces no encuentra uno siquiera quién le de razón ante cualquier inquietud. Nadie sabe nada, nadie entiende, nadie responde, nadie acepta que hay un error, y lo que es peor, a nadie le importa. Entonces sale uno descorazonado y ante tanta desidia se pregunta, ¿cómo puede funcionar un país así? ¿Cómo es posible que no hagan nada para solucionarlo, que pasen los años y todo siga igual, que la maquinaria del estado se mantenga a flote a pesar de semejante despelote?
Uno de los tantos absurdos que vemos a diario en nuestro país es el relativo a los controladores aéreos. Mientras que el resto de empleados debe recurrir a métodos extremos para exigir a sus patronos un arreglo laboral acorde a sus pretensiones, a ellos les basta con ceñirse al reglamento de su trabajo para crear un caos en el tráfico aéreo que semiparaliza al país. En un principio para cualquier ciudadano es difícil entender este galimatías, pero la realidad es simplemente ésa.
Veamos: si los trabajadores de una empresa cualquiera, o de alguna dependencia del gobierno diferente a los controladores, deciden suspender actividades para obligar a sus patronos a mejorarles las condiciones salariales, se verán obligados a duras pruebas y sacrificios que deberán soportar con estoicismo para lograr su cometido. Paros, mítines, saboteo de máquinas o equipos, toma de instalaciones, enfrentamientos con dirigentes y negociadores, renuncia al salario durante el tiempo que dure la huelga, encontrones con la fuerza pública, detenciones, posibles despidos y muchas otras situaciones desagradables, además de que los insultos proferidos durante las discusiones dejan huella y crean una atmosfera pesada para el futuro.
En cambio los controladores aéreos llegan un día al trabajo y simplemente exigen el cumplimiento de las normas tal y como dice el reglamento. Por ejemplo que el aeropuerto Eldorado de Bogotá sólo puede atender 28 vuelos por hora; si está despejado los aviones deben mantener en el aire una distancia entre ellos de 10 millas y si hay restricción en la visibilidad esa distancia aumenta a 16 millas; para el carreteo también deben respetar distancias determinadas; y muchas otras condiciones que aumentan los tiempos de vuelo y congestionan la operación aérea de manera considerable. Lo que nos deja abismados, y que se confirma cada que estos señores recurren a dicha presión, es que la mayoría del tiempo el control de los cielos en Colombia funciona manga por hombro. Ellos mismos aceptan, tácitamente, que laboran por fuera del reglamento y que son flexibles con las empresas aéreas para que estas puedan obtener mejores rendimientos. ¿Cómo es que ningún congresista cita al Director de la Aeronáutica Civil para que explique semejante despropósito?
Al compararnos con sociedades desarrolladas vemos con angustia que países como el nuestro no pueden ser viables. Porque mientras en otras latitudes los dirigentes renuncian a sus cargos por asuntos que para nosotros parecen baladíes, como que fumaron mariguana durante su juventud, o un Ministro inglés a quien pillaron en una mentirilla menor, o a otros dos congresistas de ese mismo país que fueron grabados en plena sesión mientras veían viejas en pelota en un teléfono de esos que tienen internet, aquí es muy trabajoso que un infractor acepte su culpa. Qué podemos esperar después de que un Presidente financió su campaña con dineros de la mafia, luego su propio Ministro de Defensa lo denunció, los bandidos implicados confirmaron el trato con pelos y señales, y sin embargo el tipo sigue como si nada, opina, participa en política y es tratado con reverencia en virtud al cargo que desempeñó. Y a su fiel escudero, igual de cínico y marrullero, lo eligieron Gobernador y ahí sigue en la política como si la cosa no fuera con él.
Durante el gobierno anterior el Presidente Uribe y el magistrado Valencia Copete, entonces Presidente de la Corte Suprema de Justicia, se acusaron mutuamente de mentirosos por un enojoso asunto que no cabe mencionar. Pues ahora se repite el caso entre el doctor Santos y Vivian Morales, la Fiscal General de la Nación, y sin entrar a discutir quienes tienen la razón, en ambos casos uno de los dos es un mentiroso. La situación es gravísima y sin embargo aquí no pasa nada, no hay quién exija una aclaración o insista en descubrir la verdad.
Si nos aterra lo que sucede en nuestro país, qué tal si nos enteramos de lo que disimulan por debajo de la mesa, aquello que ocultan para no pisarse la manguera, esas artimañas que nunca salen a la luz pública. Mejor dicho: ¡apague y vámonos!
pamear@telmex.net.co
Pues ahora que lo pienso en nuestro país la mayoría de las cosas se hacen manga por hombro. La sinrazón, el desorden, el desgreño administrativo y la improvisación son el común denominador en la mayoría de las entidades públicas, donde muchas veces no encuentra uno siquiera quién le de razón ante cualquier inquietud. Nadie sabe nada, nadie entiende, nadie responde, nadie acepta que hay un error, y lo que es peor, a nadie le importa. Entonces sale uno descorazonado y ante tanta desidia se pregunta, ¿cómo puede funcionar un país así? ¿Cómo es posible que no hagan nada para solucionarlo, que pasen los años y todo siga igual, que la maquinaria del estado se mantenga a flote a pesar de semejante despelote?
Uno de los tantos absurdos que vemos a diario en nuestro país es el relativo a los controladores aéreos. Mientras que el resto de empleados debe recurrir a métodos extremos para exigir a sus patronos un arreglo laboral acorde a sus pretensiones, a ellos les basta con ceñirse al reglamento de su trabajo para crear un caos en el tráfico aéreo que semiparaliza al país. En un principio para cualquier ciudadano es difícil entender este galimatías, pero la realidad es simplemente ésa.
Veamos: si los trabajadores de una empresa cualquiera, o de alguna dependencia del gobierno diferente a los controladores, deciden suspender actividades para obligar a sus patronos a mejorarles las condiciones salariales, se verán obligados a duras pruebas y sacrificios que deberán soportar con estoicismo para lograr su cometido. Paros, mítines, saboteo de máquinas o equipos, toma de instalaciones, enfrentamientos con dirigentes y negociadores, renuncia al salario durante el tiempo que dure la huelga, encontrones con la fuerza pública, detenciones, posibles despidos y muchas otras situaciones desagradables, además de que los insultos proferidos durante las discusiones dejan huella y crean una atmosfera pesada para el futuro.
En cambio los controladores aéreos llegan un día al trabajo y simplemente exigen el cumplimiento de las normas tal y como dice el reglamento. Por ejemplo que el aeropuerto Eldorado de Bogotá sólo puede atender 28 vuelos por hora; si está despejado los aviones deben mantener en el aire una distancia entre ellos de 10 millas y si hay restricción en la visibilidad esa distancia aumenta a 16 millas; para el carreteo también deben respetar distancias determinadas; y muchas otras condiciones que aumentan los tiempos de vuelo y congestionan la operación aérea de manera considerable. Lo que nos deja abismados, y que se confirma cada que estos señores recurren a dicha presión, es que la mayoría del tiempo el control de los cielos en Colombia funciona manga por hombro. Ellos mismos aceptan, tácitamente, que laboran por fuera del reglamento y que son flexibles con las empresas aéreas para que estas puedan obtener mejores rendimientos. ¿Cómo es que ningún congresista cita al Director de la Aeronáutica Civil para que explique semejante despropósito?
Al compararnos con sociedades desarrolladas vemos con angustia que países como el nuestro no pueden ser viables. Porque mientras en otras latitudes los dirigentes renuncian a sus cargos por asuntos que para nosotros parecen baladíes, como que fumaron mariguana durante su juventud, o un Ministro inglés a quien pillaron en una mentirilla menor, o a otros dos congresistas de ese mismo país que fueron grabados en plena sesión mientras veían viejas en pelota en un teléfono de esos que tienen internet, aquí es muy trabajoso que un infractor acepte su culpa. Qué podemos esperar después de que un Presidente financió su campaña con dineros de la mafia, luego su propio Ministro de Defensa lo denunció, los bandidos implicados confirmaron el trato con pelos y señales, y sin embargo el tipo sigue como si nada, opina, participa en política y es tratado con reverencia en virtud al cargo que desempeñó. Y a su fiel escudero, igual de cínico y marrullero, lo eligieron Gobernador y ahí sigue en la política como si la cosa no fuera con él.
Durante el gobierno anterior el Presidente Uribe y el magistrado Valencia Copete, entonces Presidente de la Corte Suprema de Justicia, se acusaron mutuamente de mentirosos por un enojoso asunto que no cabe mencionar. Pues ahora se repite el caso entre el doctor Santos y Vivian Morales, la Fiscal General de la Nación, y sin entrar a discutir quienes tienen la razón, en ambos casos uno de los dos es un mentiroso. La situación es gravísima y sin embargo aquí no pasa nada, no hay quién exija una aclaración o insista en descubrir la verdad.
Si nos aterra lo que sucede en nuestro país, qué tal si nos enteramos de lo que disimulan por debajo de la mesa, aquello que ocultan para no pisarse la manguera, esas artimañas que nunca salen a la luz pública. Mejor dicho: ¡apague y vámonos!
pamear@telmex.net.co
martes, febrero 21, 2012
La lucha diaria.
Puede ser un asunto de percepción o que uno con la edad se entera de mucha cosa, conoce más gente o se preocupa por asuntos diferentes a los que lo desvelaban durante la juventud, pero hoy en día al ser humano lo atacan una cantidad de enfermedades que superan con creces a las que conocíamos en nuestros primeros años. Otras razones válidas son que los avances de la tecnología permiten a los galenos diagnosticar con mayor exactitud los diferentes males que nos agobian o que el daño que le hemos infligido al planeta se refleja en el deterioro que presenta la raza humana en las últimas décadas.
Un ejemplo de dicho incremento puede notarse con la proliferación del cáncer. Durante mi infancia esa palabra era casi desconocida y rara vez nos enterábamos de alguien que padeciera la enfermedad; además no existían los tratamientos que hay ahora y los pacientes tenían pocas expectativas de vida. Años después la dolencia se volvió más común hasta llegar a lo que es hoy, cuando casi todos los días sabemos de algún conocido que lucha contra el temido mal. Insisto en que las técnicas modernas, los sofisticados equipos para imágenes diagnósticas, los exámenes avanzados y tantas otras herramientas que tienen los especialistas en la actualidad, allanan el camino para detectar y combatir la enfermedad.
Lo jarto es que la reiterada aparición del terrible padecimiento ha creado una paranoia que no da respiro, porque cada que alguien siente un dolorcito por aquí, una jodita por allá, cierto malestar recurrente o una fiebre sin razón, lo primero que piensa es que le van a encontrar un cáncer. Y como ahora cada que uno va a donde el médico le saca una biopsia de algo, un lunar, un mordisquito en la endoscopia, un esputo, la costra de una peladura o lo que sea que pueda mandar al laboratorio, el paciente queda en una capilla insoportable durante las dos o tres semanas que demoran en dar los resultados del estudio. Ni hablar de la terronera que mantenemos quienes ya pasamos por la dura prueba, porque basta con tener un uñero o un gas encajado para suponer que ya nos retoñó la porquería esa. Como decía mi tío Guillermo: “no pregunte de qué murió sino dónde lo tenía”.
Pero sin duda la lucha diaria de los seres humanos en los últimos años es contra la temida depresión. Ella a cogernos y nosotros a no dejarnos, como cuando jugábamos “la lleva” durante nuestra niñez. Porque sin importar la situación económica, la salud, los problemas personales o cualquier otra condición, la angustia del diario vivir es un monstruo que debemos neutralizar a punta de control mental y actitud positiva. Ansiedad, desasosiego, intranquilidad, nervios y demás mortificaciones por el estilo se encargan de amargarnos la vida a los seres humanos, situaciones que debemos envolatar con pensamientos agradables y sobre todo no dejarnos agobiar por el existencialismo. Toca vivir el día sin pensar siquiera en un mañana.
Sin duda el instinto de conservación es algo muy poderoso en los seres vivos, porque de lo contrario quedaría muy poquita gente en este amarradero. Está comprobado que quien atenta contra su propia vida pasa por un momento de locura, porque mientras le quede algo de lucidez ese instinto innato se va a interponer al momento de tomar la desesperada decisión. Muchas personas han pensado auto eliminarse en algún momento de su existencia, cuando los problemas del diario vivir y las angustias acumuladas no les dejan ver una salida a su atormentada situación. Claro que muchos de esos supuestos suicidas lo que quieren es llamar la atención, como el que sube a una torre a amenazar con aventarse y nunca lo hace; o quien ingiere una sobredosis de pastillas pero llama a un amigo para contarle, confiado en que él se encargará de llevarlo al hospital.
Una medida sana es apartar los pensamientos negativos y lograr encausar la mente hacia temas amables y relajados. Quien se despierta a media noche y empieza a darle vueltas a los problemas cotidianos, y se pregunta acerca del futuro de sus hijos, qué pasaría en caso de quedar desempleado, cómo enfrentaría una separación de su mujer, cuál de los miembros de la familia será el primero en enfrentar una enfermedad grave o en qué momento se le volteará el Cristo, seguro amanece angustiado y durante el día no podrá concentrarse. Importante tener presente que nada gana uno con adelantarse a los acontecimientos, que es absurdo angustiarse por algo que no ha sucedido, y que lo más sensato es agradecer el día que logró superarse y rogar por sobrevivir al siguiente.
En todo caso es impresionante el sinnúmero de males y afecciones físicas y mentales que nos agobian en el presente. Se enferma alguien y empiezan los médicos a buscarle por medio de exámenes y pruebas de todo tipo, mientras que familiares y amigos se dedican a especular con posibles diagnósticos. Poco después el cuento se riega y empieza a pasar de boca en boca, con un tris de morbo adicionado por cada uno de los interlocutores, hasta que terminan resumidas todas las hipótesis con un dictamen muy nuestro, que puede oírsele a alguien cuando le preguntan qué es lo que tiene fulanito, y simplemente responde: “una güevonada toda rara”.
pamear@telmex.net.co
Un ejemplo de dicho incremento puede notarse con la proliferación del cáncer. Durante mi infancia esa palabra era casi desconocida y rara vez nos enterábamos de alguien que padeciera la enfermedad; además no existían los tratamientos que hay ahora y los pacientes tenían pocas expectativas de vida. Años después la dolencia se volvió más común hasta llegar a lo que es hoy, cuando casi todos los días sabemos de algún conocido que lucha contra el temido mal. Insisto en que las técnicas modernas, los sofisticados equipos para imágenes diagnósticas, los exámenes avanzados y tantas otras herramientas que tienen los especialistas en la actualidad, allanan el camino para detectar y combatir la enfermedad.
Lo jarto es que la reiterada aparición del terrible padecimiento ha creado una paranoia que no da respiro, porque cada que alguien siente un dolorcito por aquí, una jodita por allá, cierto malestar recurrente o una fiebre sin razón, lo primero que piensa es que le van a encontrar un cáncer. Y como ahora cada que uno va a donde el médico le saca una biopsia de algo, un lunar, un mordisquito en la endoscopia, un esputo, la costra de una peladura o lo que sea que pueda mandar al laboratorio, el paciente queda en una capilla insoportable durante las dos o tres semanas que demoran en dar los resultados del estudio. Ni hablar de la terronera que mantenemos quienes ya pasamos por la dura prueba, porque basta con tener un uñero o un gas encajado para suponer que ya nos retoñó la porquería esa. Como decía mi tío Guillermo: “no pregunte de qué murió sino dónde lo tenía”.
Pero sin duda la lucha diaria de los seres humanos en los últimos años es contra la temida depresión. Ella a cogernos y nosotros a no dejarnos, como cuando jugábamos “la lleva” durante nuestra niñez. Porque sin importar la situación económica, la salud, los problemas personales o cualquier otra condición, la angustia del diario vivir es un monstruo que debemos neutralizar a punta de control mental y actitud positiva. Ansiedad, desasosiego, intranquilidad, nervios y demás mortificaciones por el estilo se encargan de amargarnos la vida a los seres humanos, situaciones que debemos envolatar con pensamientos agradables y sobre todo no dejarnos agobiar por el existencialismo. Toca vivir el día sin pensar siquiera en un mañana.
Sin duda el instinto de conservación es algo muy poderoso en los seres vivos, porque de lo contrario quedaría muy poquita gente en este amarradero. Está comprobado que quien atenta contra su propia vida pasa por un momento de locura, porque mientras le quede algo de lucidez ese instinto innato se va a interponer al momento de tomar la desesperada decisión. Muchas personas han pensado auto eliminarse en algún momento de su existencia, cuando los problemas del diario vivir y las angustias acumuladas no les dejan ver una salida a su atormentada situación. Claro que muchos de esos supuestos suicidas lo que quieren es llamar la atención, como el que sube a una torre a amenazar con aventarse y nunca lo hace; o quien ingiere una sobredosis de pastillas pero llama a un amigo para contarle, confiado en que él se encargará de llevarlo al hospital.
Una medida sana es apartar los pensamientos negativos y lograr encausar la mente hacia temas amables y relajados. Quien se despierta a media noche y empieza a darle vueltas a los problemas cotidianos, y se pregunta acerca del futuro de sus hijos, qué pasaría en caso de quedar desempleado, cómo enfrentaría una separación de su mujer, cuál de los miembros de la familia será el primero en enfrentar una enfermedad grave o en qué momento se le volteará el Cristo, seguro amanece angustiado y durante el día no podrá concentrarse. Importante tener presente que nada gana uno con adelantarse a los acontecimientos, que es absurdo angustiarse por algo que no ha sucedido, y que lo más sensato es agradecer el día que logró superarse y rogar por sobrevivir al siguiente.
En todo caso es impresionante el sinnúmero de males y afecciones físicas y mentales que nos agobian en el presente. Se enferma alguien y empiezan los médicos a buscarle por medio de exámenes y pruebas de todo tipo, mientras que familiares y amigos se dedican a especular con posibles diagnósticos. Poco después el cuento se riega y empieza a pasar de boca en boca, con un tris de morbo adicionado por cada uno de los interlocutores, hasta que terminan resumidas todas las hipótesis con un dictamen muy nuestro, que puede oírsele a alguien cuando le preguntan qué es lo que tiene fulanito, y simplemente responde: “una güevonada toda rara”.
pamear@telmex.net.co
jueves, febrero 16, 2012
Reglas de comportamiento.
Insisto en que nuestro país debería incluir en los programas educativos, desde la primaria hasta el último semestre de la educación superior, un curso de buen comportamiento donde se inculquen al educando principios, ética, moral, honorabilidad, respeto a las normas y todo lo que tenga que ver con hacerlos excelentes ciudadanos. Pero que no sea de esas materias consideradas costuras y en cambio se constituya en una de las más importantes para aprobar un curso, con varias clases a la semana y que sea dictada por profesores de reconocida idoneidad. Porque definitivamente nuestra sociedad seguirá por mal camino mientras todo el mundo haga lo que le provoque, nadie acate las reglas y la consigna sea que el más avispado se lleva la mejor tajada.
Claro que dicha educación debe iniciarse desde la cuna, en el hogar, donde infortunadamente cada vez es menor el cuidado que se tiene de una buena formación de la prole. Cada uno de nosotros aplica lo que vivió durante su niñez al momento de educar a los hijos, y basados en esas enseñanzas procedemos muchas veces a criticar la forma como algunos manejan el asunto en sus propios hogares, porque produce desazón ver que en la actualidad son muchos los infantes que se mandan y hacen lo que les da la gana. La forma como manipulan a los papás; el desconocimiento absoluto que tienen del respeto a las personas, sin importar edad, sexo o condición; esa manera displicente de tratar de “guisos” a todos aquellos que estén por debajo de su estatus social; y la modita que han cogido de exigir derechos, pero sin cumplir sus deberes.
Mi generación creció en hogares donde el papá decía la última palabra, sin tener que llegar a gritar o a repartir correa entre los hijos. Algunos padres eran violentos y cascarrabias, pero la mayoría ejercía su autoridad de una manera civilizada y ecuánime, con el buen ejemplo como herramienta de enseñanza; mi papá ni siquiera alzaba la voz, pero todos sabíamos que las reglas eran para cumplirlas. Por fortuna en aquella época las amas de casa podían permanecer en el hogar, porque aunque parezca increíble con uno que trabajara era suficiente para conseguir el sustento, y la madre pasaba el día advirtiéndoles a los muchachitos que le pondría las quejas al papá cuando llegara.
Mi mamá no pasaba de amenazarnos con una chancleta o de meterle un pellizco al que estuviera muy cansón, y para la educación recurría a la sicología. Si alguno resolvía al almuerzo que no se tomaba la sopa, ella muy tranquila la guardaba en una alacena y a la hora del algo, cuando servían chocolate con arepa y parva, le ponía al renegado su plato de sopa al frente con la consigna que no podía probar nada más hasta que se la tomara. Si el zambo resultaba muy gallito y tampoco la recibía, entonces a la hora de la comida se repetía el procedimiento. En ese tire y afloje mi madre siempre salía vencedora, porque uno se desesperaba al ver a los otros comer bien sabroso y mejor resolvía zamparse esa vaina, y de una vez debía tragarse el orgullo.
A la hora de pedir un permiso la mejor táctica era decirle a mi papá cuando estaba concentrado haciendo el crucigrama del periódico, porque el hombre para salir de uno le decía que hablara con la mamá, y es bien sabido que ellas siempre han sido más fáciles de convencer. El caso es que cuando decían a algo que no, era no, a diferencia de los mocosos de ahora que al negarles cualquier cosa empiezan con una cantaleta desesperante, a repetir hasta el cansancio su petición, hasta que los papás les dan el visto bueno con tal de quitárselos de encima. Entonces los muchachitos crecen acostumbrados a que todo se puede alcanzar y durante su existencia, donde seguro van a toparse con obstáculos y privaciones, van a sufrir muchos desengaños y la vida se les tornará difícil.
Los principios y la buena educación deben inculcarse desde la primera infancia, y por ello pienso que la actitud de los colombianos va a demorarse en cambiar. Tendrá que producirse un relevo generacional porque los que ya tienen vicios de comportamiento no van a cambiar después de viejos, y así el corrupto lo será por siempre, lo mismo que el ladrón, el pícaro y el ventajoso. Creo que es muy trabajoso convencer a quien ha sido torcido para que enderece el rumbo de su vida. Aquel que no respeta normas, que aprovecha cualquier oportunidad para tumbar al prójimo, pisotea los derechos de los demás, no acata órdenes ni advertencias y se basa en la ley del menor esfuerzo, mantendrá su manera de comportarse hasta el final de sus días; y lo que es peor, dejará el mal ejemplo.
Muchos padres de familia se desvelan y preocupan porque sus hijos sean profesionales exitosos, consigan plata y se hagan a un espacio en la sociedad, pero olvidan inculcarles buenos principios. El ser humano debe ser ante todo buena persona, ciudadano ejemplar, respetuoso de las leyes y de los derechos de los demás. Mucho ojo con parecerse al antioqueño aquel que le repetía a su prole: Hijos, hagan plata honradamente. Si no se puede honradamente, hagan plata.
pamear@telmex.net.co
Claro que dicha educación debe iniciarse desde la cuna, en el hogar, donde infortunadamente cada vez es menor el cuidado que se tiene de una buena formación de la prole. Cada uno de nosotros aplica lo que vivió durante su niñez al momento de educar a los hijos, y basados en esas enseñanzas procedemos muchas veces a criticar la forma como algunos manejan el asunto en sus propios hogares, porque produce desazón ver que en la actualidad son muchos los infantes que se mandan y hacen lo que les da la gana. La forma como manipulan a los papás; el desconocimiento absoluto que tienen del respeto a las personas, sin importar edad, sexo o condición; esa manera displicente de tratar de “guisos” a todos aquellos que estén por debajo de su estatus social; y la modita que han cogido de exigir derechos, pero sin cumplir sus deberes.
Mi generación creció en hogares donde el papá decía la última palabra, sin tener que llegar a gritar o a repartir correa entre los hijos. Algunos padres eran violentos y cascarrabias, pero la mayoría ejercía su autoridad de una manera civilizada y ecuánime, con el buen ejemplo como herramienta de enseñanza; mi papá ni siquiera alzaba la voz, pero todos sabíamos que las reglas eran para cumplirlas. Por fortuna en aquella época las amas de casa podían permanecer en el hogar, porque aunque parezca increíble con uno que trabajara era suficiente para conseguir el sustento, y la madre pasaba el día advirtiéndoles a los muchachitos que le pondría las quejas al papá cuando llegara.
Mi mamá no pasaba de amenazarnos con una chancleta o de meterle un pellizco al que estuviera muy cansón, y para la educación recurría a la sicología. Si alguno resolvía al almuerzo que no se tomaba la sopa, ella muy tranquila la guardaba en una alacena y a la hora del algo, cuando servían chocolate con arepa y parva, le ponía al renegado su plato de sopa al frente con la consigna que no podía probar nada más hasta que se la tomara. Si el zambo resultaba muy gallito y tampoco la recibía, entonces a la hora de la comida se repetía el procedimiento. En ese tire y afloje mi madre siempre salía vencedora, porque uno se desesperaba al ver a los otros comer bien sabroso y mejor resolvía zamparse esa vaina, y de una vez debía tragarse el orgullo.
A la hora de pedir un permiso la mejor táctica era decirle a mi papá cuando estaba concentrado haciendo el crucigrama del periódico, porque el hombre para salir de uno le decía que hablara con la mamá, y es bien sabido que ellas siempre han sido más fáciles de convencer. El caso es que cuando decían a algo que no, era no, a diferencia de los mocosos de ahora que al negarles cualquier cosa empiezan con una cantaleta desesperante, a repetir hasta el cansancio su petición, hasta que los papás les dan el visto bueno con tal de quitárselos de encima. Entonces los muchachitos crecen acostumbrados a que todo se puede alcanzar y durante su existencia, donde seguro van a toparse con obstáculos y privaciones, van a sufrir muchos desengaños y la vida se les tornará difícil.
Los principios y la buena educación deben inculcarse desde la primera infancia, y por ello pienso que la actitud de los colombianos va a demorarse en cambiar. Tendrá que producirse un relevo generacional porque los que ya tienen vicios de comportamiento no van a cambiar después de viejos, y así el corrupto lo será por siempre, lo mismo que el ladrón, el pícaro y el ventajoso. Creo que es muy trabajoso convencer a quien ha sido torcido para que enderece el rumbo de su vida. Aquel que no respeta normas, que aprovecha cualquier oportunidad para tumbar al prójimo, pisotea los derechos de los demás, no acata órdenes ni advertencias y se basa en la ley del menor esfuerzo, mantendrá su manera de comportarse hasta el final de sus días; y lo que es peor, dejará el mal ejemplo.
Muchos padres de familia se desvelan y preocupan porque sus hijos sean profesionales exitosos, consigan plata y se hagan a un espacio en la sociedad, pero olvidan inculcarles buenos principios. El ser humano debe ser ante todo buena persona, ciudadano ejemplar, respetuoso de las leyes y de los derechos de los demás. Mucho ojo con parecerse al antioqueño aquel que le repetía a su prole: Hijos, hagan plata honradamente. Si no se puede honradamente, hagan plata.
pamear@telmex.net.co
miércoles, febrero 08, 2012
Si nace en diciembre…
He visto en televisión, en Señal Colombia, un programa español que convoca una gran cantidad de infantes de ambos sexos, con edades aproximadas entre los 3 y los 8 años. Se llama el Conciertazo y sin duda es lo más interesante que he visto en la programación dirigida a los menores. El presentador, Fernando Argenta, de una manera extraordinaria interesa a los pequeños en la música clásica de todos los tiempos y logra hacer del espacio un momento muy agradable para grandes y chicos; porque sin duda los adultos también lo disfrutamos.
En un gran auditorio colmado de pequeñines y con una orquesta sinfónica en el escenario, el presentador explica a los menores la obra que van a escuchar (sólo tocan los apartes más agradables y alegres para no aburrirlos) y después invita a varios niños a que pasen a los camerinos, donde los disfrazan con atuendos relacionados al tema que trata la melodía. Además, por una falsa ventana aparecen marionetas que personifican a los grandes compositores de la historia, con quienes el señor Argenta sostiene diálogos agradables y graciosos. Es sin duda un espacio didáctico, entretenido, cultural y muy enriquecedor.
Todo este cuento para resaltar algo que llama mi atención. Resulta que el programa se graba en España y cuando los niños que son escogidos para la representación suben al escenario, lo primero que les preguntan es el nombre y la edad. Todos tienen nombres tradicionales de nuestro idioma, como Augusto, Pedro, Manuel, Antonio o Alberto, y las niñas se llaman Carmen, Juana, Manuela, Elvira o Amelia. Pero de pronto sale un muchachito que se llama Yeison, Estiven, John Jairo o Wilder y no falla: el zambo es colombiano o ecuatoriano. Lo mismo pasa con las niñas que responden a Yamile, Leidi Yohana, Katerine o Dayana.
Entonces me pregunto de dónde viene esa manía de nuestras gentes más humildes de ponerle a sus hijos nombres extranjeros, los cuales copian tal cual y como les suenan, y entonces resultan unos híbridos que no son de aquí ni son de allá. Lo único que se me ocurre es que dichas personas, en medio de su ignorancia y del desespero por salir de la inopia, creen que los hijos con un nombre foráneo podrán mejorar su estatus y tendrán más oportunidades en la vida. Porque es muy entendible cuando la familia viene de ancestros inmigrantes y alguien quiere bautizar un retoño con el nombre del bisabuelo o de la abuela, pero sí quisiera preguntarle por ejemplo a una pareja de negros oriundos del litoral pacífico, que vivan en la extrema pobreza y alejados de la civilización, de dónde les nació la inspiración para llamar al recién nacido Maicol o Elizabé.
Es cierto que el gusto por los nombres, como todo, cambia según la época y en el caso de mi generación era común que los padres de familia escogieran nombres bíblicos para su prole. En cambio de la época de nuestros abuelos había nombres que ya nadie quería para sus hijos, como Eleuterio, Carlina, Ildefonso, Lucila, Melitón, Concepción, Marcelino, Dolores o Gratiniano. Luego nos tocó a nosotros escoger el nombre de la descendencia y se impusieron Mateo, Valentina, Lucas, Mariana, Tomás o Camila. Por ello en nuestro país es posible, basado sólo en el nombre, calcularle la edad y el estrato social a una persona.
Esto de los nombres rebuscados se me ocurrió al ver la nómina de los equipos del fútbol profesional de nuestro país para este año, y así por encima encontré que en Atlético Nacional jugarán Alexis, Stefan, Stephen, Alexander, Jherson, Jonathan, Avilés, Macnelly, Dorlan, Wilder, Johan y Stiwar. Millonarios tendrá en su nómina a Lewis, Leonard, Jarold, Jefferson, Jhonny, Mayer, Harrison, Wilberto y Yovanni. En Atletico Junior están Jáider, Bréinner, Sherman, Braynner, Jossymar, Giovanni, Vladimir, Maicol y Norbey. Y en Independiente Santa Fe Emerson, Yulián, Didier, Jonathan, Osnéider, Edwin y Yexton.
Juegan en el Deportivo Cali Jáiber, Jefferson, Danny, Helibelton, Yerson, Bryan y Junior; mientras que defenderán los colores del Independiente Medellín Breiner, Brayan, Leiton, Jefferson, Yohn Geiller, Jonathan, Yorley y Danny. En Cúcuta veo a Jimmy, Edwin, Geovanni, Jonathan, Dayron y Tommy; con el Deportes Pasto Wilson, Arbey, Eder y Arlington; y son Pijaos con el Tolima Anthony, Janer, Dávinson, Breiner, Eduard, Yair, Mike, Danobis, Jimmy, Wilmer, Wilson, Onel, Darwin y Robin. En Envigado veremos a Jefferson, Frank, Eder, Yeison, Yilmar, Johnny, Neider, Yulián, Benson y Wilson. El Boyacá Chicó fichó a Wilder, Elvis, Jhonny, Edwin, Yeison, Winston y Charles; Real Cartagena cuenta con Walter, Marlon, Háyder, Donald, Yesus y Anuar; y en Atlético Huila militan Eider, Jhonnier, John Harold, Ervin, Ormedis, Walden, Jeison, Jean Carlo y Edinson.
En Equidad juegan John, Darwin, Wilmer, Elvis, Frank, Dager, Dawling, Stalin y Ervin; Itagüí tiene a Robinson, Edigson, Arled, Joe, Marlon, Anderson, Johnny, Cléider, Yonaider, Yessi y Edwards; y Deportes Quindio escogió a Eder, Steven, Fainer, Hilton, Brian, Hamerly, Aldaír, Hámilton, Olmes y Jonhatan. Patriotas se estrena con Jhon Alex, Heber, Jonathan, Wéimar, Norbey, Wilson, Jhoján, Harol, Edward y André; y nuestro equipo del alma, el Once Caldas, presenta en su nómina a Jamell, Yedinson, Jesinger, Avimeleth, Harrison, Jean, Anthony, Ayron, Jefferson y John Eduard.
Recuerdo que en nuestra época, al oír un nombre muy rebuscado, la gente comentaba: ¡Hum!, si nace en diciembre lo ponen papeleta.
pamear@telmex.net.co
En un gran auditorio colmado de pequeñines y con una orquesta sinfónica en el escenario, el presentador explica a los menores la obra que van a escuchar (sólo tocan los apartes más agradables y alegres para no aburrirlos) y después invita a varios niños a que pasen a los camerinos, donde los disfrazan con atuendos relacionados al tema que trata la melodía. Además, por una falsa ventana aparecen marionetas que personifican a los grandes compositores de la historia, con quienes el señor Argenta sostiene diálogos agradables y graciosos. Es sin duda un espacio didáctico, entretenido, cultural y muy enriquecedor.
Todo este cuento para resaltar algo que llama mi atención. Resulta que el programa se graba en España y cuando los niños que son escogidos para la representación suben al escenario, lo primero que les preguntan es el nombre y la edad. Todos tienen nombres tradicionales de nuestro idioma, como Augusto, Pedro, Manuel, Antonio o Alberto, y las niñas se llaman Carmen, Juana, Manuela, Elvira o Amelia. Pero de pronto sale un muchachito que se llama Yeison, Estiven, John Jairo o Wilder y no falla: el zambo es colombiano o ecuatoriano. Lo mismo pasa con las niñas que responden a Yamile, Leidi Yohana, Katerine o Dayana.
Entonces me pregunto de dónde viene esa manía de nuestras gentes más humildes de ponerle a sus hijos nombres extranjeros, los cuales copian tal cual y como les suenan, y entonces resultan unos híbridos que no son de aquí ni son de allá. Lo único que se me ocurre es que dichas personas, en medio de su ignorancia y del desespero por salir de la inopia, creen que los hijos con un nombre foráneo podrán mejorar su estatus y tendrán más oportunidades en la vida. Porque es muy entendible cuando la familia viene de ancestros inmigrantes y alguien quiere bautizar un retoño con el nombre del bisabuelo o de la abuela, pero sí quisiera preguntarle por ejemplo a una pareja de negros oriundos del litoral pacífico, que vivan en la extrema pobreza y alejados de la civilización, de dónde les nació la inspiración para llamar al recién nacido Maicol o Elizabé.
Es cierto que el gusto por los nombres, como todo, cambia según la época y en el caso de mi generación era común que los padres de familia escogieran nombres bíblicos para su prole. En cambio de la época de nuestros abuelos había nombres que ya nadie quería para sus hijos, como Eleuterio, Carlina, Ildefonso, Lucila, Melitón, Concepción, Marcelino, Dolores o Gratiniano. Luego nos tocó a nosotros escoger el nombre de la descendencia y se impusieron Mateo, Valentina, Lucas, Mariana, Tomás o Camila. Por ello en nuestro país es posible, basado sólo en el nombre, calcularle la edad y el estrato social a una persona.
Esto de los nombres rebuscados se me ocurrió al ver la nómina de los equipos del fútbol profesional de nuestro país para este año, y así por encima encontré que en Atlético Nacional jugarán Alexis, Stefan, Stephen, Alexander, Jherson, Jonathan, Avilés, Macnelly, Dorlan, Wilder, Johan y Stiwar. Millonarios tendrá en su nómina a Lewis, Leonard, Jarold, Jefferson, Jhonny, Mayer, Harrison, Wilberto y Yovanni. En Atletico Junior están Jáider, Bréinner, Sherman, Braynner, Jossymar, Giovanni, Vladimir, Maicol y Norbey. Y en Independiente Santa Fe Emerson, Yulián, Didier, Jonathan, Osnéider, Edwin y Yexton.
Juegan en el Deportivo Cali Jáiber, Jefferson, Danny, Helibelton, Yerson, Bryan y Junior; mientras que defenderán los colores del Independiente Medellín Breiner, Brayan, Leiton, Jefferson, Yohn Geiller, Jonathan, Yorley y Danny. En Cúcuta veo a Jimmy, Edwin, Geovanni, Jonathan, Dayron y Tommy; con el Deportes Pasto Wilson, Arbey, Eder y Arlington; y son Pijaos con el Tolima Anthony, Janer, Dávinson, Breiner, Eduard, Yair, Mike, Danobis, Jimmy, Wilmer, Wilson, Onel, Darwin y Robin. En Envigado veremos a Jefferson, Frank, Eder, Yeison, Yilmar, Johnny, Neider, Yulián, Benson y Wilson. El Boyacá Chicó fichó a Wilder, Elvis, Jhonny, Edwin, Yeison, Winston y Charles; Real Cartagena cuenta con Walter, Marlon, Háyder, Donald, Yesus y Anuar; y en Atlético Huila militan Eider, Jhonnier, John Harold, Ervin, Ormedis, Walden, Jeison, Jean Carlo y Edinson.
En Equidad juegan John, Darwin, Wilmer, Elvis, Frank, Dager, Dawling, Stalin y Ervin; Itagüí tiene a Robinson, Edigson, Arled, Joe, Marlon, Anderson, Johnny, Cléider, Yonaider, Yessi y Edwards; y Deportes Quindio escogió a Eder, Steven, Fainer, Hilton, Brian, Hamerly, Aldaír, Hámilton, Olmes y Jonhatan. Patriotas se estrena con Jhon Alex, Heber, Jonathan, Wéimar, Norbey, Wilson, Jhoján, Harol, Edward y André; y nuestro equipo del alma, el Once Caldas, presenta en su nómina a Jamell, Yedinson, Jesinger, Avimeleth, Harrison, Jean, Anthony, Ayron, Jefferson y John Eduard.
Recuerdo que en nuestra época, al oír un nombre muy rebuscado, la gente comentaba: ¡Hum!, si nace en diciembre lo ponen papeleta.
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miércoles, febrero 01, 2012
Televisión decadente.
Me da risa cuando oigo a legisladores y políticos hablar acerca del tercer canal de televisión privada que están desde hace tiempos por adjudicar en nuestro país, y dicen que se tratará de un espacio dedicado más a la cultura y la educación. Alguno se atrevió a prometer un canal como Discovery o Nathional Geographic, con documentales que ocupen la mayor parte de la programación. Morirán engañados quienes sueñen con algo así, porque en este país, igual que en la mayoría, lo único que convoca televidentes son las novelas rosas e insulsas, los concursos cursis, esos realitis que sacan a flote toda la bajeza del ser humano, los programas de chismes faranduleros y demás mugre por el estilo. Que se atrevan a implantar algo que valga la pena y con seguridad no les da un brinco.
Da tristeza ver cómo ha cambiado el estilo de la televisión en las últimas décadas. Pensar que antes debíamos contentarnos con dos canales nacionales, en blanco y negro, y sin embargo encontrábamos variada oferta para todos los gustos. En horas de la noche podíamos ver programas de concurso, periodísticos, musicales, una sola telenovela, humorísticos, noticieros, espacios educativos, comedias, etc., y hasta entretenidos enlatados gringos. El periodismo y la cultura tenían una franja importante y recuerdo las entrevistas de Pacheco, Margarita Vidal o Darío Arizmendi; los de variedades como Panorama o el de José Fernández Gómez; de contenido histórico recuerdo El pasado en presente, con Abelardo Forero Benavidez y Ramón de Zubiría, o aquel magnífico programa, Vida del siglo XX, presentado y dirigido por Alberto Dangond Uribe.
El talento colombiano podía verse en maravillosas comedias costumbristas como Yo y tú, Don Chinche, Romeo y buseta o NN (Nerón Navarrete), etc., donde estampaban a la perfección nuestra idiosincrasia y personificaban a los habitantes de las diferentes regiones de Colombia. Por fortuna las telenovelas eran pocas y escogidas, y casi todas trataban temas regionales y folclóricos. Los domingos por la noche presentaban por capítulos unas grandes producciones nacionales con historias maravillosas y contenidos valiosos, como La casa de las dos palmas o La vorágine. También podíamos ver series internacionales como Marco Polo, Los reyes malditos, Gengis Khan o Los Poldark.
Lo mejor es que en los hogares no había sino un televisor, en el hall de alcobas o en la habitación principal, donde se reunía toda la familia a disfrutar esa única entretención. En el caso de la televisión es muy cierto aquello que tanto gordo empalaga, porque antes con tan reducida oferta de programación siempre teníamos algo para ver, mientras que ahora con canales nacionales, regionales, privados y otros ochenta o noventa en el servicio por cable, muchas veces renegamos porque no encontramos nada que nos satisfaga. Nuestra televisión se volvió un asunto netamente comercial, vacío, estúpido, sin una pisca de respeto por el televidente, a quien manipulan a su antojo con los horarios de la programación.
Lo único que veo de televisión nacional son las transmisiones de fútbol y el telenoticiero Caracol del medio día. Y no es que me guste el canal sino que RCN me choca más, debido a que el amarillismo de ambos es vergonzoso, ya que se dedican a enumerar hechos de sangre sucedidos en las principales ciudades del país. Destinan un reportero a que trasnoche y registre accidentes y delitos que se cometen durante la noche en la capital, y así abren el informativo con la noticia que se chocaron un taxi y una buseta en el sur de Bogotá; eso debe presentarse en canales regionales o comunitarios. Con todo lo que sucede a diario en Colombia y el mundo podrían trasmitir noticias más relevantes, y un ejemplo de que sí se puede es el noticiero CM&, que empieza todas las noches a la misma hora y ofrece un formato mucho más agradable e interesante. Lo paradójico es que tiene muy pocos seguidores porque a esa hora presentan “telebobelas” en los canales privados. Qué triste realidad.
Durante muchos años encontré la solución en la televisión por cable, donde podía ver excelentes películas, documentales y otros temas de interés. Pero resolvieron doblar las películas y además las suspenden varias veces para meter publicidad. Otros canales que eran excelentes, como Discovery, Natgeo, History o Animal Planet, se dedicaron exclusivamente a temas como el de las prisiones (condenados a muerte, parejas asesinas, preso en el extranjero, pandillas salvajes, grandes escapes, etc.); o programas de supervivencia con unos pendejos que producen rabia; otros tipos recorren Estados Unidos para comprar chatarra y mugre; y a toda hora en Animal Planet aparece un baboso que funge de sicólogo canino. En resumidas cuentas, lo que les gusta a los gringos. ¡Estamos jodidos!
Ante semejante pobreza de programación queda la opción de conectar la computadora al televisor, que acondicionado a un teatro casero, nos ofrece una excelente opción para disfrutar de series famosas y todo tipo de películas subtituladas. Con la ventaja de verlas cuando le provoque, sin interrupciones ni publicidad. Claro que como no pueden ver a un pobre acomodado, ahora se inventaron unas leyes que buscan frenar este tipo de entretenimiento. Queda la esperanza que la unión de los internautas del mundo sea lo suficientemente poderosa para frenar a quienes quieren ponerle talanqueras al internet, porque de lo contrario quedaremos otra vez viendo un chispero.
pamear@telmex.net.co
Da tristeza ver cómo ha cambiado el estilo de la televisión en las últimas décadas. Pensar que antes debíamos contentarnos con dos canales nacionales, en blanco y negro, y sin embargo encontrábamos variada oferta para todos los gustos. En horas de la noche podíamos ver programas de concurso, periodísticos, musicales, una sola telenovela, humorísticos, noticieros, espacios educativos, comedias, etc., y hasta entretenidos enlatados gringos. El periodismo y la cultura tenían una franja importante y recuerdo las entrevistas de Pacheco, Margarita Vidal o Darío Arizmendi; los de variedades como Panorama o el de José Fernández Gómez; de contenido histórico recuerdo El pasado en presente, con Abelardo Forero Benavidez y Ramón de Zubiría, o aquel magnífico programa, Vida del siglo XX, presentado y dirigido por Alberto Dangond Uribe.
El talento colombiano podía verse en maravillosas comedias costumbristas como Yo y tú, Don Chinche, Romeo y buseta o NN (Nerón Navarrete), etc., donde estampaban a la perfección nuestra idiosincrasia y personificaban a los habitantes de las diferentes regiones de Colombia. Por fortuna las telenovelas eran pocas y escogidas, y casi todas trataban temas regionales y folclóricos. Los domingos por la noche presentaban por capítulos unas grandes producciones nacionales con historias maravillosas y contenidos valiosos, como La casa de las dos palmas o La vorágine. También podíamos ver series internacionales como Marco Polo, Los reyes malditos, Gengis Khan o Los Poldark.
Lo mejor es que en los hogares no había sino un televisor, en el hall de alcobas o en la habitación principal, donde se reunía toda la familia a disfrutar esa única entretención. En el caso de la televisión es muy cierto aquello que tanto gordo empalaga, porque antes con tan reducida oferta de programación siempre teníamos algo para ver, mientras que ahora con canales nacionales, regionales, privados y otros ochenta o noventa en el servicio por cable, muchas veces renegamos porque no encontramos nada que nos satisfaga. Nuestra televisión se volvió un asunto netamente comercial, vacío, estúpido, sin una pisca de respeto por el televidente, a quien manipulan a su antojo con los horarios de la programación.
Lo único que veo de televisión nacional son las transmisiones de fútbol y el telenoticiero Caracol del medio día. Y no es que me guste el canal sino que RCN me choca más, debido a que el amarillismo de ambos es vergonzoso, ya que se dedican a enumerar hechos de sangre sucedidos en las principales ciudades del país. Destinan un reportero a que trasnoche y registre accidentes y delitos que se cometen durante la noche en la capital, y así abren el informativo con la noticia que se chocaron un taxi y una buseta en el sur de Bogotá; eso debe presentarse en canales regionales o comunitarios. Con todo lo que sucede a diario en Colombia y el mundo podrían trasmitir noticias más relevantes, y un ejemplo de que sí se puede es el noticiero CM&, que empieza todas las noches a la misma hora y ofrece un formato mucho más agradable e interesante. Lo paradójico es que tiene muy pocos seguidores porque a esa hora presentan “telebobelas” en los canales privados. Qué triste realidad.
Durante muchos años encontré la solución en la televisión por cable, donde podía ver excelentes películas, documentales y otros temas de interés. Pero resolvieron doblar las películas y además las suspenden varias veces para meter publicidad. Otros canales que eran excelentes, como Discovery, Natgeo, History o Animal Planet, se dedicaron exclusivamente a temas como el de las prisiones (condenados a muerte, parejas asesinas, preso en el extranjero, pandillas salvajes, grandes escapes, etc.); o programas de supervivencia con unos pendejos que producen rabia; otros tipos recorren Estados Unidos para comprar chatarra y mugre; y a toda hora en Animal Planet aparece un baboso que funge de sicólogo canino. En resumidas cuentas, lo que les gusta a los gringos. ¡Estamos jodidos!
Ante semejante pobreza de programación queda la opción de conectar la computadora al televisor, que acondicionado a un teatro casero, nos ofrece una excelente opción para disfrutar de series famosas y todo tipo de películas subtituladas. Con la ventaja de verlas cuando le provoque, sin interrupciones ni publicidad. Claro que como no pueden ver a un pobre acomodado, ahora se inventaron unas leyes que buscan frenar este tipo de entretenimiento. Queda la esperanza que la unión de los internautas del mundo sea lo suficientemente poderosa para frenar a quienes quieren ponerle talanqueras al internet, porque de lo contrario quedaremos otra vez viendo un chispero.
pamear@telmex.net.co
viernes, enero 27, 2012
Lunes depresivo.
Como a todos los días del año les tiene que inventar algo, ahora salieron con que el lunes 16 de enero es el día más depresivo de todo el calendario. Pues viéndolo bien hasta razón tienen y produce algo de tranquilidad saber que es general esa gusanera o malestar que se siente por tener que enfrentarse a un futuro incierto, con el agravante que durante las festividades de fin de año, que aquí empatan con la semana ferial, muchas personas abusan del bolsillo y descuadran el presupuesto. Eso de empezar el primer mes en rojo produce depresión a cualquiera, porque la situación tiende a empeorarse ahora que viene la consabida avalancha de alzas.
Por fortuna el clima ha mejorado y desde unos días antes de Nochebuena amainaron las lluvias y el sol volvió a brillar, con excepción de la semana ferial cuando no fallan los aguaceros a la hora que empiezan las corridas de toros. Ya estoy por creer que no es que San Pedro nos tenga bronca a los manizaleños, sino que el tipo es abiertamente anti taurino. Porque puedo asegurar que el sonar de clarines y timbales para anunciar la salida del primer toro de la tarde, sirve además para que el custodio de las puertas celestiales abra los grifos, con el claro propósito de torpedear la matoniada que les meten a los cornúpetas de turno. O sino cómo puede explicarse que desde que terminó la última corrida, el 8 de enero, no volvió a llover por las tardes en los siguientes nueve días. De manera que la recomendación para el año entrante, así se suba un poco el costo de las entradas, es que contraten al chamán tolimense para que con sus péndulos ayude a evitar los inoportunos aguaceros; recordemos que la peor diligencia es la que no se hace.
Ahí me parece que los amantes de la tauromaquia tienen un enemigo peor que Petro, porque bien es sabido que el santo de marras es el más influyente del combo de los doce. Por cierto, soy de la opinión que las corridas de toros tienen los días contados por varias razones: porque aumenta el número de enemigos y contradictores; la afición joven es cada vez más reducida; los altos costos del espectáculo alejan a muchos aficionados; y lo peor es que la política empezó a meter basa en el asunto. Ni hablar de permitir la corrida pero prohibir la muerte del astado en la arena, porque eso así es más aburrido que una pelea de boxeo sin nocaut, un partido de béisbol sin jonrón, o un clásico futbolero sin goles.
Me parece que el espectáculo de los toros es una tradición cultural con mucha historia, quienes participan en dicha fiesta la disfrutan y valoran, pagan altos costos por una boleta y todo se realiza en un recinto cerrado. Los toros de lidia son criados para tal fin y si llegaren a prohibir las corridas, esa raza también desaparecería. Me preocupa es lo que puede pasar en un futuro con nuestra feria anual, porque sin duda la temporada taurina es la atracción principal del evento, la que convoca turistas de alto poder adquisitivo que son los que consumen y mueven la economía de la ciudad.
Pero vuelvo al cuento de la escogencia del tercer lunes de enero como el día de la malparidéz generalizada, el desasosiego, un complejo de pobreza absoluta, el desubique y un no sé qué no sé dónde. Porque se acabó la guachafita, el levantarse tarde, el desorden en las comidas y la gastadera de plata. Ahora sí a lo que vinimos, a cerrar el pico para perder los kilos de más, a camellar y a empezar a cumplir esas promesas que hicimos con tanta devoción (advierto que al hacerlas yo estaba copetón y no me acuerdo de nada). Por fortuna en esta oportunidad tenemos un atenuante para sobrellevar la deprimente fecha y es la expectativa que existe entre la ciudadanía por estrenar alcalde y gobernador.
Lástima que en nuestro municipio se haya visto opacado el inicio de la nueva administración por la actitud reprochable de dos gerentes que decidieron atornillarse a sus cargos, lo que impide al alcalde Rojas nombrar personas de su confianza en organismos de tanta importancia. Ahora me pregunto por qué les firmaron contratos hasta fechas muy posteriores a la finalización de la anterior administración municipal, lo que les da herramientas legales para exigir una indemnización en caso de que los tengan que sacar a sombrerazos.
Cómo es posible que dos ejecutivos jóvenes, que tienen toda una vida por delante, que recibieron unos salarios que envidiaría cualquiera durante la anterior alcaldía, salgan ahora con que quieren acabar de escurrir las arcas del municipio para embolsillarse varios cientos de millones de pesos. Dicho proceder ha generado repudio entre la ciudadanía porque demuestra malicia y mala fe, porque al raspar la olla del erario nos afectan a todos. Qué falta de elegancia y decoro, qué proceder tan ruin, qué bajeza, qué marrullería.
Ojalá recapaciten y den un paso al costado, porque de lo contrario quedarán señalados y el escándalo salpicará a sus familiares y allegados. Y que el señor Cardona no se preocupe que reemplazo le conseguimos, así toque contratar una empresa caza talentos. De pronto Bill Gates… pues, digo yo…
pamear@telmex.net.co
Por fortuna el clima ha mejorado y desde unos días antes de Nochebuena amainaron las lluvias y el sol volvió a brillar, con excepción de la semana ferial cuando no fallan los aguaceros a la hora que empiezan las corridas de toros. Ya estoy por creer que no es que San Pedro nos tenga bronca a los manizaleños, sino que el tipo es abiertamente anti taurino. Porque puedo asegurar que el sonar de clarines y timbales para anunciar la salida del primer toro de la tarde, sirve además para que el custodio de las puertas celestiales abra los grifos, con el claro propósito de torpedear la matoniada que les meten a los cornúpetas de turno. O sino cómo puede explicarse que desde que terminó la última corrida, el 8 de enero, no volvió a llover por las tardes en los siguientes nueve días. De manera que la recomendación para el año entrante, así se suba un poco el costo de las entradas, es que contraten al chamán tolimense para que con sus péndulos ayude a evitar los inoportunos aguaceros; recordemos que la peor diligencia es la que no se hace.
Ahí me parece que los amantes de la tauromaquia tienen un enemigo peor que Petro, porque bien es sabido que el santo de marras es el más influyente del combo de los doce. Por cierto, soy de la opinión que las corridas de toros tienen los días contados por varias razones: porque aumenta el número de enemigos y contradictores; la afición joven es cada vez más reducida; los altos costos del espectáculo alejan a muchos aficionados; y lo peor es que la política empezó a meter basa en el asunto. Ni hablar de permitir la corrida pero prohibir la muerte del astado en la arena, porque eso así es más aburrido que una pelea de boxeo sin nocaut, un partido de béisbol sin jonrón, o un clásico futbolero sin goles.
Me parece que el espectáculo de los toros es una tradición cultural con mucha historia, quienes participan en dicha fiesta la disfrutan y valoran, pagan altos costos por una boleta y todo se realiza en un recinto cerrado. Los toros de lidia son criados para tal fin y si llegaren a prohibir las corridas, esa raza también desaparecería. Me preocupa es lo que puede pasar en un futuro con nuestra feria anual, porque sin duda la temporada taurina es la atracción principal del evento, la que convoca turistas de alto poder adquisitivo que son los que consumen y mueven la economía de la ciudad.
Pero vuelvo al cuento de la escogencia del tercer lunes de enero como el día de la malparidéz generalizada, el desasosiego, un complejo de pobreza absoluta, el desubique y un no sé qué no sé dónde. Porque se acabó la guachafita, el levantarse tarde, el desorden en las comidas y la gastadera de plata. Ahora sí a lo que vinimos, a cerrar el pico para perder los kilos de más, a camellar y a empezar a cumplir esas promesas que hicimos con tanta devoción (advierto que al hacerlas yo estaba copetón y no me acuerdo de nada). Por fortuna en esta oportunidad tenemos un atenuante para sobrellevar la deprimente fecha y es la expectativa que existe entre la ciudadanía por estrenar alcalde y gobernador.
Lástima que en nuestro municipio se haya visto opacado el inicio de la nueva administración por la actitud reprochable de dos gerentes que decidieron atornillarse a sus cargos, lo que impide al alcalde Rojas nombrar personas de su confianza en organismos de tanta importancia. Ahora me pregunto por qué les firmaron contratos hasta fechas muy posteriores a la finalización de la anterior administración municipal, lo que les da herramientas legales para exigir una indemnización en caso de que los tengan que sacar a sombrerazos.
Cómo es posible que dos ejecutivos jóvenes, que tienen toda una vida por delante, que recibieron unos salarios que envidiaría cualquiera durante la anterior alcaldía, salgan ahora con que quieren acabar de escurrir las arcas del municipio para embolsillarse varios cientos de millones de pesos. Dicho proceder ha generado repudio entre la ciudadanía porque demuestra malicia y mala fe, porque al raspar la olla del erario nos afectan a todos. Qué falta de elegancia y decoro, qué proceder tan ruin, qué bajeza, qué marrullería.
Ojalá recapaciten y den un paso al costado, porque de lo contrario quedarán señalados y el escándalo salpicará a sus familiares y allegados. Y que el señor Cardona no se preocupe que reemplazo le conseguimos, así toque contratar una empresa caza talentos. De pronto Bill Gates… pues, digo yo…
pamear@telmex.net.co
miércoles, enero 18, 2012
Oportunidades futuras.
Esperanzadoras las noticias que recibimos últimamente con respecto a las cifras del desempleo. Algo que parecía lejano empieza a ser realidad, aunque no faltan los críticos que aseguran que en este país cuentan como empleado al fulano que vende chicles en un semáforo. Pienso que al gobierno hay que creerle y aceptar que las cosas empiezan a mejorar, además en el ambiente flota una sensación de optimismo y seguridad. Otros opinan que las condiciones de empleo actuales son una modalidad de esclavitud.
Las personas con tal de tener una coloca se aguantan que les firmen contratos a tres meses, que los afilien a cooperativas, les paguen por honorarios o pisoteen sus derechos laborales. Y como los patrones aprovechan cualquier disculpa para recortar personal, es común que a un empleado le engrampen el trabajo del compañero despedido. Los asalariados permanecen aterrorizados ante la posibilidad que los boten y por ello nadie se atreve a preguntar por las horas extras o el dominical que les deben.
Ahora existe la inquietud por lo que sucederá con la entrada en vigencia del manido TLC. Porque oímos diferentes opiniones al respecto y cuando estamos persuadidos de sus bondades, leemos un artículo que nos convence de que definitivamente se trata del acabose; basta hablar con un floricultor y un avicultor para notar las diferencias. De lo que no tengo duda es que si los gringos firmaron ese convenio, es porque llevan las de ganar; bien es sabido que no dan puntada sin dedal. Claro que mientras a nosotros también nos convenga, así sea en desventaja, bienvenido sea. Lo grave es que Colombia debió empezar con tiempo a preparar su infraestructura, porque muy pronto empieza el intercambio comercial y nos va a coger con los calzones abajo. Y aquí que se demoran veinte o treinta años para construir cualquier obra…
Ahora nos queda esperar a ver cómo se pone el asunto de las visas, porque harto se gana un empresario que consigue mercado para sus productos en el país del norte, pero no le dan autorización para viajar a concretar negocios; en cambio de allá para acá viajan en coche. Otra cosa es que debemos ofrecerles productos a menores precios que los importados de China y ahí sí se nos pone el dulce a mordiscos. El éxito será para aquellos que comercialicen servicios y productos exclusivos y desde ya se empiezan a gestionar solicitudes para ingresar a ese apetitoso mercado. Aquí van unos ejemplos de lo que recibirán en un futuro próximo los colosos del norte:
Grande será la sorpresa de quienes habitan los barrios residenciales en los Estados Unidos, esos condominios en los que no vuela una mosca, cuando aparezca un personaje que empuja un carro de balineras con una olla de mazamorra encima, mientras promociona su producto al hacer sonar una corneta con insistencia. Detrás vendrá el ambulante zapatero remendón, el pisco que arregla ollas pitadoras, el que remienda paraguas, otro que vende aguacates maduros y el que compra chatarra de todo tipo. También verán una camioneta R-12que trastea un mini mercado de revuelto, frutas y verduras, y que usa un altoparlante para anunciar su mercancía.
El desfile de San Patricio, la celebración del 4 de julio y demás fiestas tradicionales serán muy diferentes cuando puedan disfrutar del vendedor de forcha y avena helada; en las esquinas habrá carretas donde ofrecen chontaduro con miel, guayaba manzana, mango biche y salpicón. El dueño del puesto que vende dedos de queso tramita franquicias y desde ya veo a las voluminosas gringas en extensas filas para probar eso de “dedo a mil”. Y que empiecen a producir seda dental en cantidades industriales porque la mazorca asada invadirá sus calles.
Desde ya los empresarios colombianos estudian las autopistas donde esperan ofrecer merengón en destartalados R-4, zapotes, racimos de chontaduros, cajas de mangos, guamas, madroños, chachafrutos y demás frutas exóticas. En los peajes gestionan permisos para la venta de galleta costeña, agua fría y gaseosa, mini pandebonos rellenos de bocadillo, maní dulce y salado, corchos y demás galguerías. Otra atracción que sorprenderá a los estadounidenses, además de entretenerlos mientras esperan, son los maromeros, payasos, saltimbanquis, estatuas humanas e infinidad de presentaciones que verán en los semáforos. Allí también podrán adquirir, sin bajarse del carro, aguacates, limpiones, manos libres, juguetes, plumeros, libros piratas, encendedores, chicles, forros para el celular, Almanaques Bristol y mil productos diferentes.
Sabrán lo que es bueno en gringolandia cuando incluyan en su dieta chorizos, morcillas, empanadas con pique, arepas variadas, fritangas, lechonas, mamonas, tamales, butifarras, chicharrones, patacón con todo, sierra frita, arroz con coco, huesos de marrano y demás delicias. Para beber tendrán, aparte de malteadas y coca cola, jugo de tamarindo, lulo, guayaba, mora, zapote, mandarina y otros tantos sabores tropicales. En vez de cerveza podrán ingerir chicha, masato, guarapo, tapetusa, chirrinche o pipo. A la hora del algo pueden reemplazar las donas y los panqueques, con un kumis acompañado de pandebonos, roscas, almojábanas, mogollas o polvorosas.
Causarán sensación en esas latitudes mecatos como los tiraos, cocadas, blanquiaos, veleños, manjar blanco, bananos pasos, cholados, luladas, solteritas, obleas con arequipe, brevas caladas, etc., y van a delirar con nuestros famosos “casaos”: bocadillo con queso, cucas con mantequilla, postrera con plátano asado, natilla con buñuelo, salchichón con pan y chocolate parviao.
Lo dicho: los gananciosos serán ellos.
pamear@telmex.net.co
Las personas con tal de tener una coloca se aguantan que les firmen contratos a tres meses, que los afilien a cooperativas, les paguen por honorarios o pisoteen sus derechos laborales. Y como los patrones aprovechan cualquier disculpa para recortar personal, es común que a un empleado le engrampen el trabajo del compañero despedido. Los asalariados permanecen aterrorizados ante la posibilidad que los boten y por ello nadie se atreve a preguntar por las horas extras o el dominical que les deben.
Ahora existe la inquietud por lo que sucederá con la entrada en vigencia del manido TLC. Porque oímos diferentes opiniones al respecto y cuando estamos persuadidos de sus bondades, leemos un artículo que nos convence de que definitivamente se trata del acabose; basta hablar con un floricultor y un avicultor para notar las diferencias. De lo que no tengo duda es que si los gringos firmaron ese convenio, es porque llevan las de ganar; bien es sabido que no dan puntada sin dedal. Claro que mientras a nosotros también nos convenga, así sea en desventaja, bienvenido sea. Lo grave es que Colombia debió empezar con tiempo a preparar su infraestructura, porque muy pronto empieza el intercambio comercial y nos va a coger con los calzones abajo. Y aquí que se demoran veinte o treinta años para construir cualquier obra…
Ahora nos queda esperar a ver cómo se pone el asunto de las visas, porque harto se gana un empresario que consigue mercado para sus productos en el país del norte, pero no le dan autorización para viajar a concretar negocios; en cambio de allá para acá viajan en coche. Otra cosa es que debemos ofrecerles productos a menores precios que los importados de China y ahí sí se nos pone el dulce a mordiscos. El éxito será para aquellos que comercialicen servicios y productos exclusivos y desde ya se empiezan a gestionar solicitudes para ingresar a ese apetitoso mercado. Aquí van unos ejemplos de lo que recibirán en un futuro próximo los colosos del norte:
Grande será la sorpresa de quienes habitan los barrios residenciales en los Estados Unidos, esos condominios en los que no vuela una mosca, cuando aparezca un personaje que empuja un carro de balineras con una olla de mazamorra encima, mientras promociona su producto al hacer sonar una corneta con insistencia. Detrás vendrá el ambulante zapatero remendón, el pisco que arregla ollas pitadoras, el que remienda paraguas, otro que vende aguacates maduros y el que compra chatarra de todo tipo. También verán una camioneta R-12que trastea un mini mercado de revuelto, frutas y verduras, y que usa un altoparlante para anunciar su mercancía.
El desfile de San Patricio, la celebración del 4 de julio y demás fiestas tradicionales serán muy diferentes cuando puedan disfrutar del vendedor de forcha y avena helada; en las esquinas habrá carretas donde ofrecen chontaduro con miel, guayaba manzana, mango biche y salpicón. El dueño del puesto que vende dedos de queso tramita franquicias y desde ya veo a las voluminosas gringas en extensas filas para probar eso de “dedo a mil”. Y que empiecen a producir seda dental en cantidades industriales porque la mazorca asada invadirá sus calles.
Desde ya los empresarios colombianos estudian las autopistas donde esperan ofrecer merengón en destartalados R-4, zapotes, racimos de chontaduros, cajas de mangos, guamas, madroños, chachafrutos y demás frutas exóticas. En los peajes gestionan permisos para la venta de galleta costeña, agua fría y gaseosa, mini pandebonos rellenos de bocadillo, maní dulce y salado, corchos y demás galguerías. Otra atracción que sorprenderá a los estadounidenses, además de entretenerlos mientras esperan, son los maromeros, payasos, saltimbanquis, estatuas humanas e infinidad de presentaciones que verán en los semáforos. Allí también podrán adquirir, sin bajarse del carro, aguacates, limpiones, manos libres, juguetes, plumeros, libros piratas, encendedores, chicles, forros para el celular, Almanaques Bristol y mil productos diferentes.
Sabrán lo que es bueno en gringolandia cuando incluyan en su dieta chorizos, morcillas, empanadas con pique, arepas variadas, fritangas, lechonas, mamonas, tamales, butifarras, chicharrones, patacón con todo, sierra frita, arroz con coco, huesos de marrano y demás delicias. Para beber tendrán, aparte de malteadas y coca cola, jugo de tamarindo, lulo, guayaba, mora, zapote, mandarina y otros tantos sabores tropicales. En vez de cerveza podrán ingerir chicha, masato, guarapo, tapetusa, chirrinche o pipo. A la hora del algo pueden reemplazar las donas y los panqueques, con un kumis acompañado de pandebonos, roscas, almojábanas, mogollas o polvorosas.
Causarán sensación en esas latitudes mecatos como los tiraos, cocadas, blanquiaos, veleños, manjar blanco, bananos pasos, cholados, luladas, solteritas, obleas con arequipe, brevas caladas, etc., y van a delirar con nuestros famosos “casaos”: bocadillo con queso, cucas con mantequilla, postrera con plátano asado, natilla con buñuelo, salchichón con pan y chocolate parviao.
Lo dicho: los gananciosos serán ellos.
pamear@telmex.net.co
martes, enero 10, 2012
Mis primeras ferias.
Desde siempre lo que más me ha gustado de la semana ferial es ver cómo la gente se vuelca a las calles sin importar edad, condición social o económica, sin reparar en la hora o en las inclemencias del clima. Las vías se convierten en ríos humanos donde personas de todo tipo disfrutan del ambiente festivo y de las curiosidades que pueden verse en cualquier esquina, mientras los vendedores ambulantes hacen su agosto, en enero, porque a pesar de estar apenas superada una época de consumos y compromisos, todo el mundo gasta algo de dinero en su diario deambular. Y aunque ahora ya no acostumbro ir a toros, a exposiciones y espectáculos, y mucho menos a las parrandas nocturnas, disfruto dar una vuelta por la ciudad y comprobar que la feria no pierde su espíritu.
Entonces revivo aquellas primeras ferias y noto que la gran diferencia radica en que en esa época todo el jolgorio y la programación se desarrollaban exclusivamente en el centro de la ciudad; fue con el tiempo que empezaron a llevar la diversión a barrios periféricos y veredas cercanas, con los concurridos tablados populares, y que la actividad se trasladó a sectores como El Cable o Chipre. Algo que recordamos con añoranza es la seguridad que reinaba en Manizales, pues siendo apenas unos niños nos dejaban ir en bus para el centro a gozar con la gran variedad de espectáculos que se presentaban durante esa semana en la ciudad.
De lo primero que me acuerdo fue una vez cuando yo tendría unos seis años y nos dio la culequera por visitar algo muy novedoso que promocionaban y que tenía el atractivo nombre de Los monstruos de Hollywood. Acondicionaron un local en los bajos del antiguo Club Los Andes, por la calle 24, y el asunto se trataba de un corredor oscuro donde en medio de un ambiente tenebroso y lúgubre, se le aparecían al visitante cadáveres ambulantes, hombres sin cabeza, esqueletos y demás personajes grotescos. Llegamos allá todos los hermanitos, compramos las boletas e ingresamos, pero apenas apareció el primer espanto nos aterrorizamos y a pesar de los regaños del portero, quien decía que debíamos seguir hacia adelante, nos pasamos en cuatro patas por debajo de la registradora mientras berreábamos en coro y llamábamos a nuestra madre, que había quedado de recogernos en un ratico.
Una atracción tradicional de aquellas ferias fue el Zoológico Amazonas, que funcionaba en una caseta prefabricada de láminas de metal y albergaba la muestra más deprimente de animales que pudiera existir. En jaulas de unos pocos metros cuadrados podía verse un león que apenas lograba caminar en su interior; el cóndor de los andes parecía embalsamado porque sólo podía parpadear; la cebra semejaba un burro pintado a mano; y así por el estilo varios ejemplares en las peores condiciones imaginables. Enseguida había que hacer fila para entrar a la Finca del Quindío, una maqueta inmensa que recreaba la gran hacienda cafetera con su beneficiadero, los extensos cultivos, el “yipao”, un aserrador que cortaba leña, etc., con el atractivo que algunos mecanismos tenían movimiento.
La verdad es que nosotros gozábamos con cualquier pendejada, porque pagábamos por ingresar a una atracción llamada El salón de los espejos. En diferentes espacios había espejos que distorsionaban la imagen y hacían ver a las personas enanas o gigantes, flacas o rechonchas, gorobetas y deformes. En otro zaguán invitaban a conocer a un monstruo humano y después de que el público entraba, corrían una cortina y detrás de una reja había un personaje contrahecho a quien se le notaba a la legua que allevaba máscara y mucho maquillaje.
En la parte baja de Fundadores había un parquecito infantil y allí montaban la ciudad de hierro, con distracciones tales como el tiro al blanco con rifles de corcho, lanzamiento de aros y otros desafíos que premiaban al ganador con cualquier chuchería. El circo Egred Hermanos armaba su carpa en el parque Liborio, luego en un lote en la carrera 21entre calles 24 y 25, y por último en la avenida Santander, donde quedaba el orfanato; el circo después cerró sus puertas cuando dos de los hermanos se suicidaron y además un incendio consumió la carpa. El coliseo cubierto servía de sede al Holliday on ice, un espectáculo de patinaje sobre el hielo que llegaba del exterior.
Una costumbre aún vigente es la de adornar bares y cantinas con matas de plátano y caña brava, además de cubrir el piso con viruta de madera para poder recoger con pala cuando los borrachos devuelven atenciones. En cambio desaparecieron las tradicionales casetas, como la Italian Jazz que funcionaba en el patio del Instituto Universitario, o la que montaba don Rafael Jaramillo en las Torres de Chipre. En aquellas casetas no existían los estratos sociales y el incómodo mobiliario era igual para todos, y como no había restricción nocturna para los establecimientos, la parranda duraba hasta bien entrada la madrugada. Allí se codeaban en la pista de baile, bajo el ritmo de Los Graduados, Fruko y sus tesos, Los 8 de Colombia y los Black Stars, los más jailosos y encopetados con las empleadas del servicio, los trabajadores de la finca, el cajero del banco, la manicurista, el mecánico del taller y las fufurufas de Arenales y La Avanzada.
pamear@telmex.net.co
Entonces revivo aquellas primeras ferias y noto que la gran diferencia radica en que en esa época todo el jolgorio y la programación se desarrollaban exclusivamente en el centro de la ciudad; fue con el tiempo que empezaron a llevar la diversión a barrios periféricos y veredas cercanas, con los concurridos tablados populares, y que la actividad se trasladó a sectores como El Cable o Chipre. Algo que recordamos con añoranza es la seguridad que reinaba en Manizales, pues siendo apenas unos niños nos dejaban ir en bus para el centro a gozar con la gran variedad de espectáculos que se presentaban durante esa semana en la ciudad.
De lo primero que me acuerdo fue una vez cuando yo tendría unos seis años y nos dio la culequera por visitar algo muy novedoso que promocionaban y que tenía el atractivo nombre de Los monstruos de Hollywood. Acondicionaron un local en los bajos del antiguo Club Los Andes, por la calle 24, y el asunto se trataba de un corredor oscuro donde en medio de un ambiente tenebroso y lúgubre, se le aparecían al visitante cadáveres ambulantes, hombres sin cabeza, esqueletos y demás personajes grotescos. Llegamos allá todos los hermanitos, compramos las boletas e ingresamos, pero apenas apareció el primer espanto nos aterrorizamos y a pesar de los regaños del portero, quien decía que debíamos seguir hacia adelante, nos pasamos en cuatro patas por debajo de la registradora mientras berreábamos en coro y llamábamos a nuestra madre, que había quedado de recogernos en un ratico.
Una atracción tradicional de aquellas ferias fue el Zoológico Amazonas, que funcionaba en una caseta prefabricada de láminas de metal y albergaba la muestra más deprimente de animales que pudiera existir. En jaulas de unos pocos metros cuadrados podía verse un león que apenas lograba caminar en su interior; el cóndor de los andes parecía embalsamado porque sólo podía parpadear; la cebra semejaba un burro pintado a mano; y así por el estilo varios ejemplares en las peores condiciones imaginables. Enseguida había que hacer fila para entrar a la Finca del Quindío, una maqueta inmensa que recreaba la gran hacienda cafetera con su beneficiadero, los extensos cultivos, el “yipao”, un aserrador que cortaba leña, etc., con el atractivo que algunos mecanismos tenían movimiento.
La verdad es que nosotros gozábamos con cualquier pendejada, porque pagábamos por ingresar a una atracción llamada El salón de los espejos. En diferentes espacios había espejos que distorsionaban la imagen y hacían ver a las personas enanas o gigantes, flacas o rechonchas, gorobetas y deformes. En otro zaguán invitaban a conocer a un monstruo humano y después de que el público entraba, corrían una cortina y detrás de una reja había un personaje contrahecho a quien se le notaba a la legua que allevaba máscara y mucho maquillaje.
En la parte baja de Fundadores había un parquecito infantil y allí montaban la ciudad de hierro, con distracciones tales como el tiro al blanco con rifles de corcho, lanzamiento de aros y otros desafíos que premiaban al ganador con cualquier chuchería. El circo Egred Hermanos armaba su carpa en el parque Liborio, luego en un lote en la carrera 21entre calles 24 y 25, y por último en la avenida Santander, donde quedaba el orfanato; el circo después cerró sus puertas cuando dos de los hermanos se suicidaron y además un incendio consumió la carpa. El coliseo cubierto servía de sede al Holliday on ice, un espectáculo de patinaje sobre el hielo que llegaba del exterior.
Una costumbre aún vigente es la de adornar bares y cantinas con matas de plátano y caña brava, además de cubrir el piso con viruta de madera para poder recoger con pala cuando los borrachos devuelven atenciones. En cambio desaparecieron las tradicionales casetas, como la Italian Jazz que funcionaba en el patio del Instituto Universitario, o la que montaba don Rafael Jaramillo en las Torres de Chipre. En aquellas casetas no existían los estratos sociales y el incómodo mobiliario era igual para todos, y como no había restricción nocturna para los establecimientos, la parranda duraba hasta bien entrada la madrugada. Allí se codeaban en la pista de baile, bajo el ritmo de Los Graduados, Fruko y sus tesos, Los 8 de Colombia y los Black Stars, los más jailosos y encopetados con las empleadas del servicio, los trabajadores de la finca, el cajero del banco, la manicurista, el mecánico del taller y las fufurufas de Arenales y La Avanzada.
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