Todo lo que se ha escrito o dicho sobre filosofía en la historia del hombre está sintetizado en el refranero popular. Ahí puede usted encontrar respuesta a cualquier incógnita. Los refranes resumen todo un tratado hasta dejarlo convertido en una corta frase; para cualquier situación existe un dicho que lo retrata a la perfección; y se echa mano de ellos para sustituir lo que otros aprenden en la academia después de muchos años de estudio. Un campesino analfabeto dicta cátedra de vida cuando recurre a los refranes y los acomoda a su forma de enfrentar la existencia. Los proverbios chinos resumen la filosofía de un pueblo que nos lleva mucha ventaja de supervivencia sobre este planeta, y es así como las diferentes culturas han recopilado su sabiduría con sentencias propias.
Desde pequeño uno escucha este tipo de máximas y aprende a utilizarlas en el momento preciso, pero muy pocos se han detenido a analizarlas a fondo. Y caí en cuenta de esto hace poco cuando leí algo al respecto, lo cual me hizo pensar seriamente en el asunto. Porque así como no estoy de acuerdo en cambiarle el nombre a las cosas porque sí, reconozco que la sociedad ha evolucionado y el comportamiento de las personas ya no es el mismo, y por lo tanto se podrían reconsiderar algunos refranes que ya están mandados a recoger. Voy a recordar algunos a ver si vale la pena meterles el diente.
Siempre hemos oído decir que mal de muchos consuelo de tontos. Pues fíjese que no me parece, porque cuando los males son en patota lo sacan a uno de muchos bollos y le dan cierta justificación a las embarradas. Por ejemplo si a un muchacho lo suspenden tres días del colegio por alguna causa, en la casa lo castigan y le arman tremendo escándalo. Pero si llega con el cuento que suspendieron a todo el grupo por una conducta incorrecta, es posible que la mamá interceda por él mientras aduce que a la fija fueron esos otros vándalos que perjudicaron al niño. O si llega un vendaval y arranca de cuajo el techo de su casa, con seguridad se lo traga la tierra y tiene que buscar la forma de arreglar el daño. Pero si la tragedia es general y hay cientos de casas perjudicadas, el gobierno debe poner la cara y empezar a repartir tejas, colchones, cobijas y mercados. De manera que bienvenido el mal de muchos.
Si fuera cierto que a quien madruga dios le ayuda, aquellos recicladores que empiezan a recorrer las calles en las primeras horas de la madrugada estarían en la gloria. O el campesino que abre el ojo a las 4 de la mañana para pelar el café y empezar labores; o tantos otros que nunca se han perdido la salida del sol. Francamente no entiendo por qué el Divino Hacedor va a tener preferencia por los que abandonan el nido a primera hora, si hasta donde tengo entendido el hecho de dormir hasta más tardecito no está relacionado en la lista de pecados, ni siquiera veniales. Con lo bueno que es hacer pereza a esas horas, sobre todo cuando el día amanece lluvioso y destemplado.
También aconsejan que a caballo regalado no se le mira el colmillo (porque hay quienes con solo mirarle las muelas a un táparo saben calcularle la edad). Como quien dice no se le debe sacar pero por el simple hecho de ser un obsequio, sin importar que el jumento no sirva ni para alimentar leones de circo. Qué tal esa vaina. Es como cuando estábamos chiquitos y había que recibir cualquier mecha de pantalón que nos heredaba un hermano mayor, el cual debíamos agradecer y luego usar hasta que no le cupiera un remiendo más. Ni hablar cuando recibíamos de regalo la remontada de unos pelles de zapatos que un primo ya había desechado.
Qué tal ahora como está de delicada la cosa con las feministas, de esas que en todo ven la sombra de los machos, para que insistan con el cuento que detrás de cada gran hombre hay una gran mujer. ¡Pamplinas!, como dicen en las tiras cómicas. Si ahora las mujeres son las que ocupan los cargos importantes y ahí sí que los maridos aparecen como unos peleles. Además, después de conocer algunas historias puede asegurarse que detrás de los grandes hombres la mayoría de las veces hay dos, y hasta más féminas. No les falta una novia, varias mozas y los levantes de ocasión. Otra cosa es que detrás de muchos lo que hay es otro hombre. O digan si no. Tampoco han faltado los personajes importantes que contrajeron con unas viejas pendejas sin ninguna gracia.
Respecto al tema del mal de muchos recordé un cuento de mi sobrina Cristina Mejía cuando estaba en la primaria. Un viernes la recogieron en el colegio y ella muy excitada empezó a contar que unas compañeras de la clase tenían que presentarse con los papás el lunes a primera hora en la rectoría; nombraba a la una, se refería a la otra, agregaba a fulanita, mientras disfrazaba con adornos la causa por la que las habían castigado. La muchachita al fin se quedó callada durante unos segundos, hasta que sin querer queriendo agregó:
- ¡Ah!, se me olvidaba. Ustedes también tienen que ir.
pmejiama1@une.net.co
sábado, junio 30, 2007
miércoles, junio 20, 2007
El velorio evoluciona.
Los jóvenes no pueden creerlo cuando escuchan que antes los velorios se hacían en las casas. Muchos creen que los están tomando del pelo ante semejante despropósito, ya que no alcanzan a imaginar una escena como ésa. Viéndolo bien tienen razón, porque dicha costumbre siempre es que era como muy lúgubre y traumática. Pues así era la cosa ni más ni menos. En la casa del finado se procedía con el velorio, y en caso de ser esta muy estrecha, incómoda o mal localizada, siempre resultaba un familiar o vecino más acomodado que prestaba su domicilio para proceder con lo que hoy nos parece una tradición arcaica.
Instalar el cajón en la sala, rodeado de cirios, y empezar a recibir gente era el paso obligado cuando un miembro de la familia estiraba la pata. Y mientras unas viejas beatas recitaban letanías, berreaban y se daban bendiciones al lado del ataúd, los hombres entraban un momento, daban el sentido pésame a quienes correspondiera, le echaban una postrer mirada al muerto, saludaban al resto con un leve movimiento de cabeza y se disponían a jartar trago y a comer de lo que ofrecieran. Para la mayoría el programa era con amanecida incluida, y no faltaba el que se animaba y contrataba un trío para darle trascendencia al momento, lo que convertía la luctuosa despedida en reunión de logreros y gotereros que veían la oportunidad de consumir sin gastar un solo peso.
Otra característica es que si algún familiar vivía en el exterior era menester esperar hasta que llegara para proceder con el entierro. Como muchas veces la sola avisada podía demorar dos o tres días, el dichoso velorio se extendía indefinidamente hasta tener a toda la parentela reunida. Y entre y salga gente, friten empanadas, preparen tinto, repartan trago, contesten el teléfono, repitan el cuento de cómo fueron los últimos instantes del finado, boten las coronas de flores marchitas y estén pendientes de los ceniceros y demás adornos para que no se los llevaran.
Por fortuna aparecieron entonces las salas de velación, porque definitivamente dormir con el muerto en la habitación vecina debía ser muy incómodo. Ni habar de los muchachitos que durante la noche olvidaban la tragedia y cuando al despertar salían flechados a pedir el desayuno, se topaban de frente con el lúgubre espectáculo. En cambio en las modernas salas a cierta hora todo el mundo se va para la casa y no es necesario llegar a hacer oficio ni a organizar el reblujo. Tampoco hay que ofrecer tinto o aromática porque éso lo venden en la cafetería del complejo funerario. Muy justo además, porque a quienes van a rajar del muerto y a chismosear que al menos les cueste algo.
No hay duda de que hay gente a la que le fascina asistir a velorios y entierros (digo entierro ya que esa palabra se volvió genérica sin importar que se trate de la misa que celebran luego de una cremación). Los aficionados a esta cita solidaria mantienen el traje oscuro aplanchado, y cuando se enteran del fallecimiento empiezan a llamar a todo el mundo para ser ellos los primeros en difundir la noticia. Llegan muy puntuales a la sala de velación y no pierden detalle de los asistentes, además de que se ofrecen para hacer cuanta diligencia se ocurra. Yo hago parte de los que somos el polo opuesto y no vamos a una vaina de ésas ni por equivocación. Que usted era muy allegado al muerto, le dicen a uno, como si el fulano se fuera a dar cuenta de nuestra asistencia. Tampoco estoy de acuerdo con que la familia agradece que los acompañen, porque en semejante trance ni cuenta se dan y es tanta la pelotera que no recuerdan quienes asistieron.
Tengo muy claro que al único que pienso asistir es al mío, y éso porque no me puedo mamar. Los velorios son más un acto social donde la gente se dedica al cotilleo y a saludar amigos, además de tener tema de conversación cuando les pregunten sobre los pormenores de la ceremonia. Si viera las palabras tan divinas que dijo fulanita; hay que ver cómo lloraba la hija; la tranquilidad de perano, pasmosa; y ni qué decir de lo bien que habló el cura del muerto. Ya es hora de abolir esa costumbre y que al acto asistan solo los familiares cercanos, y quien después quiera manifestarse que mande un bono de contribución a una obra social. Nada de flores ni sufragios (también los llaman papel para-finado). Otra cosa bien jarta son las visitas de pésame, donde no se sabe a quien le da más pereza, si al que las hace o al que las recibe.
Me cuentan mis padres que hace años un señor de apellido Vallejo, comerciante reconocido y dueño del almacén Canadá, se ahogó en el río Cauca y el velorio fue muy concurrido. Gustavo Vallejo, sobrino del muerto, aprovechó la ocasión para tomarse unos tragos mientras conversaba con familiares y amigos, y al momento de abandonar la casa ya bastante copetón, abrazó a la viuda para darle el sentido pésame y le dijo:
-¡Ay! qué dolor tan grande. No puedo creer que el tío haya muerto de esa forma tan absurda. ¡Descanse en “pez”!
pmejiama1@une.net.co
Instalar el cajón en la sala, rodeado de cirios, y empezar a recibir gente era el paso obligado cuando un miembro de la familia estiraba la pata. Y mientras unas viejas beatas recitaban letanías, berreaban y se daban bendiciones al lado del ataúd, los hombres entraban un momento, daban el sentido pésame a quienes correspondiera, le echaban una postrer mirada al muerto, saludaban al resto con un leve movimiento de cabeza y se disponían a jartar trago y a comer de lo que ofrecieran. Para la mayoría el programa era con amanecida incluida, y no faltaba el que se animaba y contrataba un trío para darle trascendencia al momento, lo que convertía la luctuosa despedida en reunión de logreros y gotereros que veían la oportunidad de consumir sin gastar un solo peso.
Otra característica es que si algún familiar vivía en el exterior era menester esperar hasta que llegara para proceder con el entierro. Como muchas veces la sola avisada podía demorar dos o tres días, el dichoso velorio se extendía indefinidamente hasta tener a toda la parentela reunida. Y entre y salga gente, friten empanadas, preparen tinto, repartan trago, contesten el teléfono, repitan el cuento de cómo fueron los últimos instantes del finado, boten las coronas de flores marchitas y estén pendientes de los ceniceros y demás adornos para que no se los llevaran.
Por fortuna aparecieron entonces las salas de velación, porque definitivamente dormir con el muerto en la habitación vecina debía ser muy incómodo. Ni habar de los muchachitos que durante la noche olvidaban la tragedia y cuando al despertar salían flechados a pedir el desayuno, se topaban de frente con el lúgubre espectáculo. En cambio en las modernas salas a cierta hora todo el mundo se va para la casa y no es necesario llegar a hacer oficio ni a organizar el reblujo. Tampoco hay que ofrecer tinto o aromática porque éso lo venden en la cafetería del complejo funerario. Muy justo además, porque a quienes van a rajar del muerto y a chismosear que al menos les cueste algo.
No hay duda de que hay gente a la que le fascina asistir a velorios y entierros (digo entierro ya que esa palabra se volvió genérica sin importar que se trate de la misa que celebran luego de una cremación). Los aficionados a esta cita solidaria mantienen el traje oscuro aplanchado, y cuando se enteran del fallecimiento empiezan a llamar a todo el mundo para ser ellos los primeros en difundir la noticia. Llegan muy puntuales a la sala de velación y no pierden detalle de los asistentes, además de que se ofrecen para hacer cuanta diligencia se ocurra. Yo hago parte de los que somos el polo opuesto y no vamos a una vaina de ésas ni por equivocación. Que usted era muy allegado al muerto, le dicen a uno, como si el fulano se fuera a dar cuenta de nuestra asistencia. Tampoco estoy de acuerdo con que la familia agradece que los acompañen, porque en semejante trance ni cuenta se dan y es tanta la pelotera que no recuerdan quienes asistieron.
Tengo muy claro que al único que pienso asistir es al mío, y éso porque no me puedo mamar. Los velorios son más un acto social donde la gente se dedica al cotilleo y a saludar amigos, además de tener tema de conversación cuando les pregunten sobre los pormenores de la ceremonia. Si viera las palabras tan divinas que dijo fulanita; hay que ver cómo lloraba la hija; la tranquilidad de perano, pasmosa; y ni qué decir de lo bien que habló el cura del muerto. Ya es hora de abolir esa costumbre y que al acto asistan solo los familiares cercanos, y quien después quiera manifestarse que mande un bono de contribución a una obra social. Nada de flores ni sufragios (también los llaman papel para-finado). Otra cosa bien jarta son las visitas de pésame, donde no se sabe a quien le da más pereza, si al que las hace o al que las recibe.
Me cuentan mis padres que hace años un señor de apellido Vallejo, comerciante reconocido y dueño del almacén Canadá, se ahogó en el río Cauca y el velorio fue muy concurrido. Gustavo Vallejo, sobrino del muerto, aprovechó la ocasión para tomarse unos tragos mientras conversaba con familiares y amigos, y al momento de abandonar la casa ya bastante copetón, abrazó a la viuda para darle el sentido pésame y le dijo:
-¡Ay! qué dolor tan grande. No puedo creer que el tío haya muerto de esa forma tan absurda. ¡Descanse en “pez”!
pmejiama1@une.net.co
miércoles, junio 13, 2007
Verdades acomodadas.
Definitivamente este es el país del yo no fui. Aquí es imposible saber quien tuvo la culpa; además de que nadie vio nada, ni oyó, ni supo. Dicen que desde que las disculpas se hicieron el gato no come queso, y en eso de sacar el cuerpo los colombianos somos unos magos. Está bien que un mocoso se invente cualquier cuento con tal de evitar un regaño o un sopapo, pero que el ministro, el congresista o un personaje público salgan con una babosada es algo que produce rabia y desazón. A diario nos enteramos de acusaciones que no dejan duda sobre la culpa del responsable señalado, pero cuál será nuestra desilusión cuando, en vez de mostrarse arrepentido, renunciar a su cargo o ir a parar a la guandoca, el implicado se sale por la tangente de una forma risible.
El escándalo de moda es la para-política y creo que al presidente no le va a alcanzar su segundo mandato para lograr capotear el temporal. Sucederá lo mismo que con Samper, que no hizo nada por dedicarse a apagar incendios. Falta que todos los jefes paracos recluidos en la cárcel de Itagüí enciendan el ventilador para salpicar a reconocidos personajes, porque solo unos pocos han pasado al tablero, lo que hace suponer que esta vaina apenas comienza. Y ojalá hagan una lista de quiénes son los responsables y los untados, y los zampen al calabozo; claro que de seguir así, no habrá dónde encerrarlos.
Lo gracioso es que se repite el procedimiento con cada uno de los implicados cuando desmiente las acusaciones en su contra, y con cara de ternero huérfano y la lágrima en el ojo, hace pucheros y jura por su madrecita que es tan inocente como un recién nacido. Ya estoy jarto con dicho proceder y me late que nunca veremos a alguien aceptar una culpa. Sin querer fungir de pesimista, tampoco creo que alcancemos a disfrutar de la paz en este bendito país. Porque así logremos un arreglo con guerrilleros y paracos, nos queda pendiente el cartel del contrabando, el de la gasolina, el de la piratería terrestre, ladrones de banco, proxenetas, secuestradores, mafiosos, falsificadores, abigeos, timadores… ¡mejor dicho!
No cabe duda de que la verdad duele. A nadie le gusta que le canten la tabla y le saquen los trapitos al sol, así de labios para afuera agradezca la sinceridad de su acusador. Por ello aquí seguiremos nadando contra la corriente con el asunto de la tal verdad, palabra que se puso de moda en nuestro medio. Las verdades que salen a flote solo sirven para alimentar los cotilleos y los titulares de una prensa amarillista. Porque hasta el momento de nada ha servido que hayamos convertido este país en un criadero de sapos.
En la película “En mi país” (In my country), donde la actriz Juliette Binoche representa a una periodista nativa y Samuel Jackson a uno estadounidense, se presenta la forma como enfrentaron en Sudáfrica el proceso de verdad y olvido. En consejos abiertos al público y transmitidos en directo por radio y televisión, los acusados relataban en detalle la forma como asesinaron, violaron o torturaron a las víctimas, y todo frente a familiares y allegados de los afectados. De igual manera los negros confesaban los atentados terroristas y los asaltos a las propiedades de los blancos, donde asesinaban todo tipo de personas.
Sobre el papel suena muy didáctica la práctica, pero tiene que ser muy difícil para alguien escuchar cómo fueron los últimos momentos de un hijo u otro familiar cercano. Escuchar de boca del asesino cómo procedió, qué gritaba el agredido, dónde sucedió el hecho, a qué hora, frente a quiénes, es algo que hierve la sangre y envenena a cualquiera. Por ello acepto que uno puede perdonar, por el bien general, pero olvidar debe ser imposible.
Llama la atención que aquí nos escandalizamos con declaraciones que son secretos a voces. Que una empresa cualquiera paga vacuna a los paracos para que la dejen operar, es cuento viejo; que las demás señaladas proceden igual, también es cierto; y las que no han sido reportadas, póngale la firma. Las que no aportan a los para-militares, es porque operan en zona guerrillera y en este caso el billete es para ellos. Y muchos tienen que cotizarle a ambos bandos. Sucede lo mismo con los finqueros, para que nadie se aterre si dicen que fulano pagó vacuna, porque no es lógico que todos aporten y a alguien no le cobren porque sí.
En Colombia estamos polarizados; el odio y el resentimiento pueden sentirse cuando la gente opina en publicaciones y emisoras de radio. Si le gusta Uribe es para-militar, fascista, derechista; si lo ataca es guerrillero, comunista, mamerto y contestatario. Quien apoya el TLC es un regalado de los gringos y el que lo ataca un enemigo del desarrollo. El crítico de la iglesia un irrespetuoso, come curas y ateo, y su defensor un beato rezandero. Con lo fácil que es reconocer las virtudes y los defectos de cualquier situación.
No digo más porque me chuzan el teléfono y descubren que pido a la tienda tomates, leche y arepas; pillan dónde es el parche para el fin de semana; y se patean las conversaciones que sostenemos con amigos y familiares. ¡Qué susto!
pmejiama1@une.net.co
El escándalo de moda es la para-política y creo que al presidente no le va a alcanzar su segundo mandato para lograr capotear el temporal. Sucederá lo mismo que con Samper, que no hizo nada por dedicarse a apagar incendios. Falta que todos los jefes paracos recluidos en la cárcel de Itagüí enciendan el ventilador para salpicar a reconocidos personajes, porque solo unos pocos han pasado al tablero, lo que hace suponer que esta vaina apenas comienza. Y ojalá hagan una lista de quiénes son los responsables y los untados, y los zampen al calabozo; claro que de seguir así, no habrá dónde encerrarlos.
Lo gracioso es que se repite el procedimiento con cada uno de los implicados cuando desmiente las acusaciones en su contra, y con cara de ternero huérfano y la lágrima en el ojo, hace pucheros y jura por su madrecita que es tan inocente como un recién nacido. Ya estoy jarto con dicho proceder y me late que nunca veremos a alguien aceptar una culpa. Sin querer fungir de pesimista, tampoco creo que alcancemos a disfrutar de la paz en este bendito país. Porque así logremos un arreglo con guerrilleros y paracos, nos queda pendiente el cartel del contrabando, el de la gasolina, el de la piratería terrestre, ladrones de banco, proxenetas, secuestradores, mafiosos, falsificadores, abigeos, timadores… ¡mejor dicho!
No cabe duda de que la verdad duele. A nadie le gusta que le canten la tabla y le saquen los trapitos al sol, así de labios para afuera agradezca la sinceridad de su acusador. Por ello aquí seguiremos nadando contra la corriente con el asunto de la tal verdad, palabra que se puso de moda en nuestro medio. Las verdades que salen a flote solo sirven para alimentar los cotilleos y los titulares de una prensa amarillista. Porque hasta el momento de nada ha servido que hayamos convertido este país en un criadero de sapos.
En la película “En mi país” (In my country), donde la actriz Juliette Binoche representa a una periodista nativa y Samuel Jackson a uno estadounidense, se presenta la forma como enfrentaron en Sudáfrica el proceso de verdad y olvido. En consejos abiertos al público y transmitidos en directo por radio y televisión, los acusados relataban en detalle la forma como asesinaron, violaron o torturaron a las víctimas, y todo frente a familiares y allegados de los afectados. De igual manera los negros confesaban los atentados terroristas y los asaltos a las propiedades de los blancos, donde asesinaban todo tipo de personas.
Sobre el papel suena muy didáctica la práctica, pero tiene que ser muy difícil para alguien escuchar cómo fueron los últimos momentos de un hijo u otro familiar cercano. Escuchar de boca del asesino cómo procedió, qué gritaba el agredido, dónde sucedió el hecho, a qué hora, frente a quiénes, es algo que hierve la sangre y envenena a cualquiera. Por ello acepto que uno puede perdonar, por el bien general, pero olvidar debe ser imposible.
Llama la atención que aquí nos escandalizamos con declaraciones que son secretos a voces. Que una empresa cualquiera paga vacuna a los paracos para que la dejen operar, es cuento viejo; que las demás señaladas proceden igual, también es cierto; y las que no han sido reportadas, póngale la firma. Las que no aportan a los para-militares, es porque operan en zona guerrillera y en este caso el billete es para ellos. Y muchos tienen que cotizarle a ambos bandos. Sucede lo mismo con los finqueros, para que nadie se aterre si dicen que fulano pagó vacuna, porque no es lógico que todos aporten y a alguien no le cobren porque sí.
En Colombia estamos polarizados; el odio y el resentimiento pueden sentirse cuando la gente opina en publicaciones y emisoras de radio. Si le gusta Uribe es para-militar, fascista, derechista; si lo ataca es guerrillero, comunista, mamerto y contestatario. Quien apoya el TLC es un regalado de los gringos y el que lo ataca un enemigo del desarrollo. El crítico de la iglesia un irrespetuoso, come curas y ateo, y su defensor un beato rezandero. Con lo fácil que es reconocer las virtudes y los defectos de cualquier situación.
No digo más porque me chuzan el teléfono y descubren que pido a la tienda tomates, leche y arepas; pillan dónde es el parche para el fin de semana; y se patean las conversaciones que sostenemos con amigos y familiares. ¡Qué susto!
pmejiama1@une.net.co
lunes, junio 04, 2007
!Se fue la luz!
Afortunados quienes vivimos una época donde los servicios públicos domiciliarios cubren casi la totalidad de los centros urbanos, y muchas veredas y caseríos del sector rural. Claro que la cobertura no es la misma en todas las regiones, ya que debido a la lejanía o a la falta de infraestructura de algunos departamentos, hay zonas que todavía carecen de ellos. Aunque en otras latitudes ofrecen más servicios, me doy por bien servido con lo que llega a mi casa. Y renegamos a diario por las fallas que presentan, o por su alto costo, pero solo cuando falta alguno los valoramos de verdad.
Es curiosa la forma como reaccionamos ante un desperfecto en los servicios públicos. Siempre ha sido costumbre, al presentase un corte nocturno de energía eléctrica, que todos los presentes reaccionen y digan al unísono: ¡se fue la luz! De igual forma proceden cuando de súbito se encienden las bombillas y todos vuelven a corear: ¡llegó la luz! Lo que nadie sabe es para dónde carajo se va la luz, que debe ser el mismo sitio de donde llega cuando vuelve. Y empiezan las quejas porque no hay televisión, en la estufa eléctrica no hay forma de cocinar, los electrodomésticos quedan cesantes, ni modo de leer y solo queda pelear con los muchachitos para que no jueguen con las velas ni hagan regueros de parafina. Claro que no pensamos en los que de verdad se perjudican, porque deben suspender la producción en sus negocios. La empresa regional publicó una explicación de los cortes reiterados de los últimos tiempos, lo que no satisface del todo a quienes nos sentimos directamente afectados.
Cuando cortan el agua la queja es general y empezamos a necesitar el precioso líquido para mil cosas. Ni hablar si sucede cuando uno está enjabonado en la ducha, porque los madrazos se oyen desde varias cuadras a la redonda. Nada descorazona más que abrir el grifo y escuchar el sonido que produce el aire en la tubería, y ahí es cuando añoramos aunque sea unos pocos litros para suplir las necesidades básicas. Si en la casa nadie se entera con anticipación del corte, o este se presenta sin previo aviso por una emergencia, y por lo tanto no recolectan un poco en cuanto recipiente tengan a mano, la situación se torna caótica. Y así se aprovisionen nunca va a alcanzar para lo mínimo requerido. Porque para preparar una sopa o un jugo, para lavarse los dientes o sudar un arroz se necesita muy poquita agua, pero si es menester vaciar un sanitario hay que echarle varios galones. El caso es que por diferentes razones, en el barrio donde vivo la presión del agua oscila y los cortes se repiten en forma desesperante.
Muchas veces el timbre del teléfono ofusca y cuando es inoportuno renegamos de él, pero ¡ay! de que falte un rato para que nos sintamos huérfanos y aislados. Las fallas de la línea fija no son traumáticas desde que inventaron el celular, pero la falta del aparatejo portátil crea paranoia en quienes se envician a usarlo. Ni hablar de cuando se envolata y se pierde la información recopilada en su memoria. El servicio telefónico es bueno, pero nos tiene hasta la coronilla la llamaderita que han cogido de los call center a ofrecer productos y otros mensajes que poco interesan, lo que para colmo siempre coincide con la hora de la siesta. Y la banda ancha de internet es una fantasía; digo, cuando funciona.
Viéndolo bien, las carreteras también son servicios públicos y aunque no recibimos factura mensual, por fortuna, debemos pagar un impuesto en los peajes. Parece mentira que en semejante negocio, el cual no se compara con ninguno en lo que a recoger billete se refiere, tenga uno que perder tiempo debido a la falta de sentido común de unos pocos. En el nuevo peaje de Tarapacá II la cola de carros es interminable, y a nadie se le ocurre proceder como en otros lugares, donde empleados se desplazan y atienden a los conductores en la fila para agilizar el servicio. Y qué tal el de San Bernardo del viento un domingo a las 5 de la tarde.
Respecto a la recolección de basuras tengo una queja. Propongo que turnen la hora de la recogida, ya que desde hace varios años el camión aparece en mi cuadra a media noche y debido al silencio reinante, el manipuleo de canecas y el hidráulico del vehículo hacen un ruido muy molesto. La verdad es que nunca estoy dormido a esa hora, pero imagino que muchos se despiertan alarmados por el sonido que, involuntariamente, genera esa actividad. Es claro que no pueden variar los horarios cada dos o tres meses, por los traumatismos que ello puede generar, pero ya es justo que trasnochen a otros.
El gas domiciliario funciona de maravilla, aparte de la dichosa revisión que nos afrijolan cada cierto tiempo y en donde resuelven que las normas anteriores ya no sirven, y por lo tanto toca meterse la mano al dril para cumplir las nuevas disposiciones porque de lo contrario cortan el servicio.
Se me ocurre que por el pago de facturas, en vez de darnos millas, nos deberían reconocer tiempo en le purgatorio; como cuando la iglesia vendía indulgencias.
pmejiama1@une.net.co
Es curiosa la forma como reaccionamos ante un desperfecto en los servicios públicos. Siempre ha sido costumbre, al presentase un corte nocturno de energía eléctrica, que todos los presentes reaccionen y digan al unísono: ¡se fue la luz! De igual forma proceden cuando de súbito se encienden las bombillas y todos vuelven a corear: ¡llegó la luz! Lo que nadie sabe es para dónde carajo se va la luz, que debe ser el mismo sitio de donde llega cuando vuelve. Y empiezan las quejas porque no hay televisión, en la estufa eléctrica no hay forma de cocinar, los electrodomésticos quedan cesantes, ni modo de leer y solo queda pelear con los muchachitos para que no jueguen con las velas ni hagan regueros de parafina. Claro que no pensamos en los que de verdad se perjudican, porque deben suspender la producción en sus negocios. La empresa regional publicó una explicación de los cortes reiterados de los últimos tiempos, lo que no satisface del todo a quienes nos sentimos directamente afectados.
Cuando cortan el agua la queja es general y empezamos a necesitar el precioso líquido para mil cosas. Ni hablar si sucede cuando uno está enjabonado en la ducha, porque los madrazos se oyen desde varias cuadras a la redonda. Nada descorazona más que abrir el grifo y escuchar el sonido que produce el aire en la tubería, y ahí es cuando añoramos aunque sea unos pocos litros para suplir las necesidades básicas. Si en la casa nadie se entera con anticipación del corte, o este se presenta sin previo aviso por una emergencia, y por lo tanto no recolectan un poco en cuanto recipiente tengan a mano, la situación se torna caótica. Y así se aprovisionen nunca va a alcanzar para lo mínimo requerido. Porque para preparar una sopa o un jugo, para lavarse los dientes o sudar un arroz se necesita muy poquita agua, pero si es menester vaciar un sanitario hay que echarle varios galones. El caso es que por diferentes razones, en el barrio donde vivo la presión del agua oscila y los cortes se repiten en forma desesperante.
Muchas veces el timbre del teléfono ofusca y cuando es inoportuno renegamos de él, pero ¡ay! de que falte un rato para que nos sintamos huérfanos y aislados. Las fallas de la línea fija no son traumáticas desde que inventaron el celular, pero la falta del aparatejo portátil crea paranoia en quienes se envician a usarlo. Ni hablar de cuando se envolata y se pierde la información recopilada en su memoria. El servicio telefónico es bueno, pero nos tiene hasta la coronilla la llamaderita que han cogido de los call center a ofrecer productos y otros mensajes que poco interesan, lo que para colmo siempre coincide con la hora de la siesta. Y la banda ancha de internet es una fantasía; digo, cuando funciona.
Viéndolo bien, las carreteras también son servicios públicos y aunque no recibimos factura mensual, por fortuna, debemos pagar un impuesto en los peajes. Parece mentira que en semejante negocio, el cual no se compara con ninguno en lo que a recoger billete se refiere, tenga uno que perder tiempo debido a la falta de sentido común de unos pocos. En el nuevo peaje de Tarapacá II la cola de carros es interminable, y a nadie se le ocurre proceder como en otros lugares, donde empleados se desplazan y atienden a los conductores en la fila para agilizar el servicio. Y qué tal el de San Bernardo del viento un domingo a las 5 de la tarde.
Respecto a la recolección de basuras tengo una queja. Propongo que turnen la hora de la recogida, ya que desde hace varios años el camión aparece en mi cuadra a media noche y debido al silencio reinante, el manipuleo de canecas y el hidráulico del vehículo hacen un ruido muy molesto. La verdad es que nunca estoy dormido a esa hora, pero imagino que muchos se despiertan alarmados por el sonido que, involuntariamente, genera esa actividad. Es claro que no pueden variar los horarios cada dos o tres meses, por los traumatismos que ello puede generar, pero ya es justo que trasnochen a otros.
El gas domiciliario funciona de maravilla, aparte de la dichosa revisión que nos afrijolan cada cierto tiempo y en donde resuelven que las normas anteriores ya no sirven, y por lo tanto toca meterse la mano al dril para cumplir las nuevas disposiciones porque de lo contrario cortan el servicio.
Se me ocurre que por el pago de facturas, en vez de darnos millas, nos deberían reconocer tiempo en le purgatorio; como cuando la iglesia vendía indulgencias.
pmejiama1@une.net.co
martes, mayo 29, 2007
CUENTOS VARIOS.
Cada quien tiene una idea diferente sobre lo que es una persona con sentido del humor. Algunos lo reconocen en el personaje que en fiestas y reuniones se dedica durante horas a contar chistes, y quien carga una libreta donde tiene anotados los cuentos organizados por temas o por el grado de “verde” que contengan. Lo que algunos no entienden es que para ejercer ese oficio no es suficiente tener gracia, expresión corporal y lo que es más importante, ángel, sino saber escoger el momento oportuno para soltar el repertorio. El cuenta chistes puede ser muy gracioso y tener habilidad en ese arte, pero si el ambiente no se presta, no existe el menor riesgo de que tenga éxito.
Para otros tener buen humor es un asunto muy diferente. Es algo innato, que fluye sin dificultad y aparece en el momento oportuno. Es la persona que tiene el apunte fino en la ocasión precisa, la chispa y el genio para encontrarle chiste a cualquier situación. Es saber decir las cosas sin molestar, incomodar, discriminar ni humillar, pero con la gracia suficiente para que hasta al mismo implicado le parezca divertido. La malicia sin vulgaridad y el humor negro que no hiere, son posibles solo para quien tenga la facultad de ejercerlos. Las respuestas geniales también son etiqueta de buen humor.
Alguna vez Roberto Vélez Sáenz, a quien llamaban Robert, discutía con un amigo que aseguraba que en Pereira vivía más gente que en Manizales. Como entonces ambas ciudades estaban muy parejas en su desarrollo, y alimentada la discusión por la vieja rencilla regionalista que por fortuna languidece con el cambio generacional, era común oír enfrentamientos referentes al tema. Pues el contrincante se documentó muy bien y cuando se volvieron a encontrar, esgrimió las pruebas que demostraban que él tenía la razón. Entonces Robert, que como buen “azuceno” no perdía ni media, le refutó con el siguiente argumento:
-¡Ah! no, claro que Pereira tiene más habitantes. Lo que pasa es que usted habló fue de “gente”, y puedo asegurarle que de eso hay más en Manizales.
El humor negro es tal vez el más difícil de manejar y entre mis conocidos, José Fernando “Jota” Gómez es quien mejor lo aplica; burletero como él solo, tiene unos apuntes y salidas geniales. Pues como tantos otros, yo también caí en sus redes. Es común que el paciente sometido a quimioterapia pierda peso en forma considerable y mi caso no fue la excepción, por lo que todo el mundo comentaba sobre lo flaco que estaba en los últimos meses del tratamiento. En cierta ocasión me encontré con Jota, nos saludamos efusivos y después de mirarme con detenimiento, el hombre comentó que me veía como repuesto. Como a esas alturas era común que me insistieran que debía alimentarme mejor porque estaba en los puros huesos, agradecí su apreciación con optimismo y alegría, pero cuál sería mi decepción cuando con cierta sorna concluyó:
-Yo si lo veo como repuesto… pero como repuesto de lapicero.
En común ver en nuestros cafetales matas de limoncillo en los barrancos o zonas erosionadas, el cual se utiliza para “amarrar” el terreno y así evitar posibles derrumbes. Se trata de una planta parecida a la cebolla junca, o larga le decimos algunos, pero con el tallo más resistente y un agradable aroma a limón. Hace un tiempo hubo en esta región cultivos de limoncillo y citronela para extraer el aceite que ambas plantas contienen. Malojillo le dicen en Venezuela, en otras latitudes “lemon grass”, y es muy apetecido como ingrediente en la cocina tailandesa. Resulta que la familia Arbeláez Mejía tenía una finca cafetera en cercanías de Santa Rosa de Cabal. Tiempo después, cuando ya la habían vendido, alguien le preguntó a Luís sobre la topografía de esa tierra. Como casi todos los cafetales de la región son muy empinados y faldudos, el menor de los Arbeláez lo describió de manera muy expresiva:
-Vea hombre, no le digo sino que en la escritura de esa finca, cada tres renglones hay una hilera de limoncillo.
La tragedia de los padres de familia en la actualidad es ayudarles a los hijos con las tareas y lecciones. En los colegios no tienen consideración y en muchos hogares se trasnochan en función de las benditas tareas. Estaba mi hermana Mónica bregando con su hijo para que este memorizara una lección sobre el viaje del descubrimiento de América, y el muchachito ponía cuidado a todo lo que pasaba a su alrededor menos al tema que los ocupaba. Después de mucha paciencia, de repetir el relato y tratar de concentrarlo, al fin el zambo retuvo la información necesaria para defenderse en el examen. Cuando Arturo se disponía a salir a jugar, la mamá le dijo que ni lo pensara porque faltaban los otros viajes de Colón. Entonces el mocoso muy ofuscado comentó:
-No joda mami, y ese viejo güevetas a qué volvió por aquí.
El Negro Peláez sale a trotar todos los días con un grupo de amigos; han participado en competencias nacionales y hasta en una maratón internacional. Cuando me enteré de que un amigo común, a quien no imagino en esas, los acompaña en ciertas ocasiones, indagué con intriga si el fulano trota. Y responde el Negro, con esa malicia y agilidad mental que lo caracterizan:
-¡Trata!
pmejiama1@une.net.co
Para otros tener buen humor es un asunto muy diferente. Es algo innato, que fluye sin dificultad y aparece en el momento oportuno. Es la persona que tiene el apunte fino en la ocasión precisa, la chispa y el genio para encontrarle chiste a cualquier situación. Es saber decir las cosas sin molestar, incomodar, discriminar ni humillar, pero con la gracia suficiente para que hasta al mismo implicado le parezca divertido. La malicia sin vulgaridad y el humor negro que no hiere, son posibles solo para quien tenga la facultad de ejercerlos. Las respuestas geniales también son etiqueta de buen humor.
Alguna vez Roberto Vélez Sáenz, a quien llamaban Robert, discutía con un amigo que aseguraba que en Pereira vivía más gente que en Manizales. Como entonces ambas ciudades estaban muy parejas en su desarrollo, y alimentada la discusión por la vieja rencilla regionalista que por fortuna languidece con el cambio generacional, era común oír enfrentamientos referentes al tema. Pues el contrincante se documentó muy bien y cuando se volvieron a encontrar, esgrimió las pruebas que demostraban que él tenía la razón. Entonces Robert, que como buen “azuceno” no perdía ni media, le refutó con el siguiente argumento:
-¡Ah! no, claro que Pereira tiene más habitantes. Lo que pasa es que usted habló fue de “gente”, y puedo asegurarle que de eso hay más en Manizales.
El humor negro es tal vez el más difícil de manejar y entre mis conocidos, José Fernando “Jota” Gómez es quien mejor lo aplica; burletero como él solo, tiene unos apuntes y salidas geniales. Pues como tantos otros, yo también caí en sus redes. Es común que el paciente sometido a quimioterapia pierda peso en forma considerable y mi caso no fue la excepción, por lo que todo el mundo comentaba sobre lo flaco que estaba en los últimos meses del tratamiento. En cierta ocasión me encontré con Jota, nos saludamos efusivos y después de mirarme con detenimiento, el hombre comentó que me veía como repuesto. Como a esas alturas era común que me insistieran que debía alimentarme mejor porque estaba en los puros huesos, agradecí su apreciación con optimismo y alegría, pero cuál sería mi decepción cuando con cierta sorna concluyó:
-Yo si lo veo como repuesto… pero como repuesto de lapicero.
En común ver en nuestros cafetales matas de limoncillo en los barrancos o zonas erosionadas, el cual se utiliza para “amarrar” el terreno y así evitar posibles derrumbes. Se trata de una planta parecida a la cebolla junca, o larga le decimos algunos, pero con el tallo más resistente y un agradable aroma a limón. Hace un tiempo hubo en esta región cultivos de limoncillo y citronela para extraer el aceite que ambas plantas contienen. Malojillo le dicen en Venezuela, en otras latitudes “lemon grass”, y es muy apetecido como ingrediente en la cocina tailandesa. Resulta que la familia Arbeláez Mejía tenía una finca cafetera en cercanías de Santa Rosa de Cabal. Tiempo después, cuando ya la habían vendido, alguien le preguntó a Luís sobre la topografía de esa tierra. Como casi todos los cafetales de la región son muy empinados y faldudos, el menor de los Arbeláez lo describió de manera muy expresiva:
-Vea hombre, no le digo sino que en la escritura de esa finca, cada tres renglones hay una hilera de limoncillo.
La tragedia de los padres de familia en la actualidad es ayudarles a los hijos con las tareas y lecciones. En los colegios no tienen consideración y en muchos hogares se trasnochan en función de las benditas tareas. Estaba mi hermana Mónica bregando con su hijo para que este memorizara una lección sobre el viaje del descubrimiento de América, y el muchachito ponía cuidado a todo lo que pasaba a su alrededor menos al tema que los ocupaba. Después de mucha paciencia, de repetir el relato y tratar de concentrarlo, al fin el zambo retuvo la información necesaria para defenderse en el examen. Cuando Arturo se disponía a salir a jugar, la mamá le dijo que ni lo pensara porque faltaban los otros viajes de Colón. Entonces el mocoso muy ofuscado comentó:
-No joda mami, y ese viejo güevetas a qué volvió por aquí.
El Negro Peláez sale a trotar todos los días con un grupo de amigos; han participado en competencias nacionales y hasta en una maratón internacional. Cuando me enteré de que un amigo común, a quien no imagino en esas, los acompaña en ciertas ocasiones, indagué con intriga si el fulano trota. Y responde el Negro, con esa malicia y agilidad mental que lo caracterizan:
-¡Trata!
pmejiama1@une.net.co
miércoles, mayo 23, 2007
Mi súper héroe.
Compañeros infaltables de los niños son los súper héroes. Cambian con los tiempos, evolucionan y hasta son reencauchados, pero sin duda se convierten en el ejemplo a seguir por infinidad de infantes que ven en ellos todas las virtudes que anhelan adquirir. De mis primeros años recuerdo a Maciste, un coloso griego que tenía tremenda macana y se enfrentaba a puño limpio con docenas de soldados romanos; El Santo, el enmascarado de plata, a quien en los tinglados de lucha libre no vencía nadie; y a dos vaqueros que se las sabían todas: Roy Rogers y Hopalong Cassidy. Ellos eran los “guapos” de las películas que veíamos en social doble los sábados por la tarde, en el teatro Olympia. Después aparecieron, entre muchos otros, los tradicionales Superman, Batman y Robin, Flash Gordon, Tarzán y El Fantasma.
Lo cierto es que al crecer pierde uno el gusto por este tipo de cosas, aunque algunos adultos todavía disfrutan al ver una película del Hombre Araña o del moderno Superman. Yo no las miro siquiera por curiosidad, aunque me insistan en que los efectos especiales son muy bien logrados y la banda sonora impresionante. Definitivamente no le jalo. Porque una cosa es ver cine de ficción, con historias creíbles y bien narradas, y otra muy distinta un pisco que sube por los edificios pegado a las paredes como araña de tanque, y salta de terraza en terraza chilingueado de redes que emanan de sus brazos.
Pero cuando creí que ningún súper héroe iba a moverme el piso, apareció uno que me dejó matriculado desde el primer momento: El Chapulín colorao. Gratos recuerdos reviví con las entrevistas que concedió el comediante mejicano Roberto Gómez Bolaños, Chespirito, en su reciente visita a nuestro país, y junto a mi hijo reímos de nuevo al ver los maravillosos personajes creados por el carismático artista. Cuando el entrevistado apareció en la pantalla mi mujer comentó sobre lo viejo que está, a lo que anoté: lo viejos que “estamos”.
Lo que parece increíble es que hace veinte años, cuando junto a mi hijo nos entreteníamos con los programas protagonizados por los diferentes personajes encarnados por el actor azteca, Chespirito tenía 58 años de edad. Cómo es posible que un mocoso callejero, el Chavo del ocho, y sus compañeros Kiko, La Chilindrina y Ñoño, aunque sean actores adultos uno los ve como niños traviesos e inocentes. Ahí está la magia del elenco, porque aunque los programas varían muy poco, ya que siempre repiten las mismas frases, se comportan de forma igual y el argumento en poco cambia, los espectadores siguen fieles frente a la pantalla. Como imitador Gómez Bolaños es magistral cuando representa, en compañía del actor que interpreta al señor Barriga, a la inolvidable pareja de El gordo y el flaco; y hay que verlo encarnar a Charles Chaplin.
Ante una programación plagada de violencia y de mala energía sintonizar los programas de Chespirito es una delicia, porque aparte de divertir al televidente dejan mensajes positivos y ejemplarizantes. Nunca se burlan de nadie ni discriminan por color, sexo o religión. Personajes como el doctor Chapatín; el Chómpiras, el Botija y la Chimoltrufia; los Chifladitos; el profesor Girafales (o el maestro Longaniza), Jaimito el cartero (nacido en Tangamandapio), Ron Damón, la bruja del 71 o doña Florinda, le llegaron al alma a muchas generaciones de latinoamericanos. En la actualidad aún reciclan los programas en canales de diferentes países y nuevos admiradores entran al grupo de seguidores de los comediantes mejicanos.
El Chapulín es para mi gusto el mejor de todos, porque de una manera inteligente hace una burla magistral de los súper héroes tradicionales. Es el tipo más bruto que uno pueda imaginar, pero con la malicia suficiente para disimular su torpeza. Su sentido de la justicia es innato y a pesar de representar al defensor de los desvalidos, deja aflorar sus miedos y temores. Y a diferencia de otros que utilizan armas y poderes especiales, este se bandea con un martillo de plástico, el chipote chillón, con el que golpea a los bandidos hasta ponerlos en su sitio. Como amante es un fracaso, y a pesar de su buena voluntad, debido a su ineptitud son más los daños que hace que lo que ayuda. Ahora que lo pienso es posible que para la creación de este personaje se haya inspirado en Maxwell Smart, el súper agente 86. Igual de bruto e iluso.
El lenguaje de los personajes de Chespirito caló tanto entre la gente que sus frases y palabras entraron a formar parte del lenguaje cotidiano. Si está indispuesto tiene la chiripiorca; si algo sale mal se chispotió; cuando quisiéramos pasar por debajo de una puerta añoramos la chiquitolina; y ante la sorpresa o la admiración solo queda decir ¡chanfle! Y quién no recuerda frases como: lo sospeché desde un principio; no contaban con mi astucia; ¡que no panda el cúnico!; síganme los buenos. O la que resume su entrega y bonhomía, ¡se aprovechan de mi nobleza!, y la fórmula para invocarlo: ¡oh!, y ahora quién podrá defenderme.
Cuando Kiko, ese mocoso arrogante que humilla al Chavo a cada momento, lo hace antojar de una chupeta para después restregarle en la cara que no le va a compartir, el humilde mocoso se hace el desinteresado mientras comenta: ¡al cabo que ni quería!
pmejiama1@une.net.co
Lo cierto es que al crecer pierde uno el gusto por este tipo de cosas, aunque algunos adultos todavía disfrutan al ver una película del Hombre Araña o del moderno Superman. Yo no las miro siquiera por curiosidad, aunque me insistan en que los efectos especiales son muy bien logrados y la banda sonora impresionante. Definitivamente no le jalo. Porque una cosa es ver cine de ficción, con historias creíbles y bien narradas, y otra muy distinta un pisco que sube por los edificios pegado a las paredes como araña de tanque, y salta de terraza en terraza chilingueado de redes que emanan de sus brazos.
Pero cuando creí que ningún súper héroe iba a moverme el piso, apareció uno que me dejó matriculado desde el primer momento: El Chapulín colorao. Gratos recuerdos reviví con las entrevistas que concedió el comediante mejicano Roberto Gómez Bolaños, Chespirito, en su reciente visita a nuestro país, y junto a mi hijo reímos de nuevo al ver los maravillosos personajes creados por el carismático artista. Cuando el entrevistado apareció en la pantalla mi mujer comentó sobre lo viejo que está, a lo que anoté: lo viejos que “estamos”.
Lo que parece increíble es que hace veinte años, cuando junto a mi hijo nos entreteníamos con los programas protagonizados por los diferentes personajes encarnados por el actor azteca, Chespirito tenía 58 años de edad. Cómo es posible que un mocoso callejero, el Chavo del ocho, y sus compañeros Kiko, La Chilindrina y Ñoño, aunque sean actores adultos uno los ve como niños traviesos e inocentes. Ahí está la magia del elenco, porque aunque los programas varían muy poco, ya que siempre repiten las mismas frases, se comportan de forma igual y el argumento en poco cambia, los espectadores siguen fieles frente a la pantalla. Como imitador Gómez Bolaños es magistral cuando representa, en compañía del actor que interpreta al señor Barriga, a la inolvidable pareja de El gordo y el flaco; y hay que verlo encarnar a Charles Chaplin.
Ante una programación plagada de violencia y de mala energía sintonizar los programas de Chespirito es una delicia, porque aparte de divertir al televidente dejan mensajes positivos y ejemplarizantes. Nunca se burlan de nadie ni discriminan por color, sexo o religión. Personajes como el doctor Chapatín; el Chómpiras, el Botija y la Chimoltrufia; los Chifladitos; el profesor Girafales (o el maestro Longaniza), Jaimito el cartero (nacido en Tangamandapio), Ron Damón, la bruja del 71 o doña Florinda, le llegaron al alma a muchas generaciones de latinoamericanos. En la actualidad aún reciclan los programas en canales de diferentes países y nuevos admiradores entran al grupo de seguidores de los comediantes mejicanos.
El Chapulín es para mi gusto el mejor de todos, porque de una manera inteligente hace una burla magistral de los súper héroes tradicionales. Es el tipo más bruto que uno pueda imaginar, pero con la malicia suficiente para disimular su torpeza. Su sentido de la justicia es innato y a pesar de representar al defensor de los desvalidos, deja aflorar sus miedos y temores. Y a diferencia de otros que utilizan armas y poderes especiales, este se bandea con un martillo de plástico, el chipote chillón, con el que golpea a los bandidos hasta ponerlos en su sitio. Como amante es un fracaso, y a pesar de su buena voluntad, debido a su ineptitud son más los daños que hace que lo que ayuda. Ahora que lo pienso es posible que para la creación de este personaje se haya inspirado en Maxwell Smart, el súper agente 86. Igual de bruto e iluso.
El lenguaje de los personajes de Chespirito caló tanto entre la gente que sus frases y palabras entraron a formar parte del lenguaje cotidiano. Si está indispuesto tiene la chiripiorca; si algo sale mal se chispotió; cuando quisiéramos pasar por debajo de una puerta añoramos la chiquitolina; y ante la sorpresa o la admiración solo queda decir ¡chanfle! Y quién no recuerda frases como: lo sospeché desde un principio; no contaban con mi astucia; ¡que no panda el cúnico!; síganme los buenos. O la que resume su entrega y bonhomía, ¡se aprovechan de mi nobleza!, y la fórmula para invocarlo: ¡oh!, y ahora quién podrá defenderme.
Cuando Kiko, ese mocoso arrogante que humilla al Chavo a cada momento, lo hace antojar de una chupeta para después restregarle en la cara que no le va a compartir, el humilde mocoso se hace el desinteresado mientras comenta: ¡al cabo que ni quería!
pmejiama1@une.net.co
martes, mayo 15, 2007
ME PARECE OIRLA.
Así como reniego de la modita que han cogido de chantarle un doliente a cada día del año, para fomentar el comercio porque aspiran que el homenajeado diario reciba un regalo, acepto que el único que debe perdurar es el día de la madre. El símbolo de la abnegación, la entrega, el amor, la ternura, la comprensión y núcleo de la familia es la mamá. Muchas personas no quieren a los hermanos, odian al papá, no la van con tíos, abuelos y otros familiares, pero es difícil encontrar a alguien que no quiera a la progenitora.
Todo el mundo piensa que la mejor mamá es la suya; la más cuarta, la mejor persona, la más bonita, la que todo lo puede. Por costumbre en cada hogar se le nombra de una manera diferente, y los apelativos más comunes son madre, madrecita, mamá, mamita o mami. En esta región preferimos llamarla amá, amacita o simplemente má. Vale recordar esas frases que utilizaban ellas a diario, cuando renegaban y echaban vainas a los hijos por desconsiderados. Los maridos de entonces poco entraban a la casa, y muchas veces llegaban copetones y no le paraban bolas a sus quejas.
En las mañanas, con levantadora y pantuflas, mientras arreaban muchachitos y recogía desorden mascullaban furiosas: un día de estos se levantan y no me encuentran, a ver qué camino cogen. Y haga oficio, y vaya y venga, disponga y organice, pero nadie les reconocía su labor, por lo que decepcionadas comentaban: claro, como aquí tienen a la “sirrrrrvienta” que les hace todo.
Como éramos tantos hijos metían a varios a la ducha y empezaban a dirigir la bañada. Vea, usted, échese jabón detrás de las orejas; y el cuello… hágale duro con ese estropajo que lo tiene lleno de tierra… mire qué porquería, ahí se pueden sembrar papas. Y usted, fulanito, estréguese por allá, en las partes… pero sin miedo por dios… y las uñas, qué es ese mugrero. Este otro carajito, lávese la cara que está lleno de lagañas, puerco. Luego cogían la piedra pómez y nos restregaba los jarretes hasta sacarnos la chapola. Mi mamá, mientras nos vestíamos, siempre recomendaba: cuidadito se ponen medias o calzoncillos rotos, porque nadie está libre de ir a parar al hospital.
Una pregunta típica de ellas era: ¿mijito, usted sí reza y se persigna antes de dormirse? Como la respuesta era siempre afirmativa, mi amá negaba con la cabeza y decía que uno no puede vivir como un perrito. Con el mismo animal nos relacionaba cuando al comer dejábamos harinas o arroces en la mesa: ¡miren, aquí comió un perrito! Cuando alguien sacaba algo de su closet y dejaba la puerta de par en par, haciendo referencia a las iglesias que siempre están abiertas, echaba esta indirecta: ¿a qué hora empieza la misa?
Ya mayorcitos, muy amigueros y con novia, el teléfono de la casa no daba abasto. Se pegaba uno de ese aparato y ella decía en voz alta, como quien no quiere la cosa: yo no me explico qué es lo que conversan si estuvieron juntos todo el día. Cuando ella contestaba, mientras llamaba al solicitado no perdonaba el vainazo: estos zambos de ahora ni siquiera dicen buenos días o hágame el favor. Hay del que osara comunicarse por teléfono después de las nueve y media de la noche, porque sin ningún recato le soltaba: ¡esta no es hora de llamar a una casa decente!
Ni hablar de la piedra que le daba cuando llegaba un amigo y empezaba a pitar para que uno saliera. Decíle a ese baboso que se baje y timbre, que esto no es un drive-in, era su comentario. Y cuando llegaba alguno a anunciar que consiguió novia, lo primero era indagar por los apellidos. Que quiénes son los papás y los abuelos; que yo no conozco esa gente; que no se me vaya a aparecer con una cualquiera porque me da un infarto. Si uno de nuestros amigos no le caía bien, no descansaba con la cantaleta: ese muchacho no le conviene, se va a acordar de mí.
En la adolescencia empezaban los roces y cuando le pedíamos un permiso era seguro que dijera: vaya pregúntele a su papá a ver qué dice. Y si uno se envalentonaba, se ponía furiosa y remachaba: le recuerdo que usted no se manda solo, cuando trabaje y se mantenga hablamos; y mientras viva en esta casa se hace lo que yo diga. También amenazaba: de una vez le advierto que se motila porque parece una nena, y esta noche sale hasta la hora que acordamos; ni un minuto más. ¡Y cuidadito con alzarme la voz porque le reviento la boca!
Otras frases características eran: ¡estos mocosos me van a volver loca!; ¿usted cree que esto es un hotel?; ¡este culicagao es igualitico al papá!; ¡no hay poder humano!; para qué pregunta si va a hacer lo contrario. Y con la que se zanjaban todas las discusiones: ¡porque yo soy su mamá, y punto! Lo que es inexplicable, es que el tiempo y la paciencia les alcanzaran para levantar semejantes tropas. Y la mayoría con muy poquita plata. Cuando alguien dice que las mamás de antes no trabajaban, ellas tienen razón en expresar con énfasis: ¡Me muero de la ira!
pmejiama1@une.net.co
Todo el mundo piensa que la mejor mamá es la suya; la más cuarta, la mejor persona, la más bonita, la que todo lo puede. Por costumbre en cada hogar se le nombra de una manera diferente, y los apelativos más comunes son madre, madrecita, mamá, mamita o mami. En esta región preferimos llamarla amá, amacita o simplemente má. Vale recordar esas frases que utilizaban ellas a diario, cuando renegaban y echaban vainas a los hijos por desconsiderados. Los maridos de entonces poco entraban a la casa, y muchas veces llegaban copetones y no le paraban bolas a sus quejas.
En las mañanas, con levantadora y pantuflas, mientras arreaban muchachitos y recogía desorden mascullaban furiosas: un día de estos se levantan y no me encuentran, a ver qué camino cogen. Y haga oficio, y vaya y venga, disponga y organice, pero nadie les reconocía su labor, por lo que decepcionadas comentaban: claro, como aquí tienen a la “sirrrrrvienta” que les hace todo.
Como éramos tantos hijos metían a varios a la ducha y empezaban a dirigir la bañada. Vea, usted, échese jabón detrás de las orejas; y el cuello… hágale duro con ese estropajo que lo tiene lleno de tierra… mire qué porquería, ahí se pueden sembrar papas. Y usted, fulanito, estréguese por allá, en las partes… pero sin miedo por dios… y las uñas, qué es ese mugrero. Este otro carajito, lávese la cara que está lleno de lagañas, puerco. Luego cogían la piedra pómez y nos restregaba los jarretes hasta sacarnos la chapola. Mi mamá, mientras nos vestíamos, siempre recomendaba: cuidadito se ponen medias o calzoncillos rotos, porque nadie está libre de ir a parar al hospital.
Una pregunta típica de ellas era: ¿mijito, usted sí reza y se persigna antes de dormirse? Como la respuesta era siempre afirmativa, mi amá negaba con la cabeza y decía que uno no puede vivir como un perrito. Con el mismo animal nos relacionaba cuando al comer dejábamos harinas o arroces en la mesa: ¡miren, aquí comió un perrito! Cuando alguien sacaba algo de su closet y dejaba la puerta de par en par, haciendo referencia a las iglesias que siempre están abiertas, echaba esta indirecta: ¿a qué hora empieza la misa?
Ya mayorcitos, muy amigueros y con novia, el teléfono de la casa no daba abasto. Se pegaba uno de ese aparato y ella decía en voz alta, como quien no quiere la cosa: yo no me explico qué es lo que conversan si estuvieron juntos todo el día. Cuando ella contestaba, mientras llamaba al solicitado no perdonaba el vainazo: estos zambos de ahora ni siquiera dicen buenos días o hágame el favor. Hay del que osara comunicarse por teléfono después de las nueve y media de la noche, porque sin ningún recato le soltaba: ¡esta no es hora de llamar a una casa decente!
Ni hablar de la piedra que le daba cuando llegaba un amigo y empezaba a pitar para que uno saliera. Decíle a ese baboso que se baje y timbre, que esto no es un drive-in, era su comentario. Y cuando llegaba alguno a anunciar que consiguió novia, lo primero era indagar por los apellidos. Que quiénes son los papás y los abuelos; que yo no conozco esa gente; que no se me vaya a aparecer con una cualquiera porque me da un infarto. Si uno de nuestros amigos no le caía bien, no descansaba con la cantaleta: ese muchacho no le conviene, se va a acordar de mí.
En la adolescencia empezaban los roces y cuando le pedíamos un permiso era seguro que dijera: vaya pregúntele a su papá a ver qué dice. Y si uno se envalentonaba, se ponía furiosa y remachaba: le recuerdo que usted no se manda solo, cuando trabaje y se mantenga hablamos; y mientras viva en esta casa se hace lo que yo diga. También amenazaba: de una vez le advierto que se motila porque parece una nena, y esta noche sale hasta la hora que acordamos; ni un minuto más. ¡Y cuidadito con alzarme la voz porque le reviento la boca!
Otras frases características eran: ¡estos mocosos me van a volver loca!; ¿usted cree que esto es un hotel?; ¡este culicagao es igualitico al papá!; ¡no hay poder humano!; para qué pregunta si va a hacer lo contrario. Y con la que se zanjaban todas las discusiones: ¡porque yo soy su mamá, y punto! Lo que es inexplicable, es que el tiempo y la paciencia les alcanzaran para levantar semejantes tropas. Y la mayoría con muy poquita plata. Cuando alguien dice que las mamás de antes no trabajaban, ellas tienen razón en expresar con énfasis: ¡Me muero de la ira!
pmejiama1@une.net.co
martes, mayo 08, 2007
SABIA USTED QUE...
A veces uno se entretiene con unas pendejadas que francamente. Ahora recuerdo una sección que aparecía en los diferentes periódicos y se titulaba: “Aunque usted no lo crea, por Ripley”. Sandeces sin pies ni cabeza que con seguridad eran inventadas, porque no creo que nadie fuera a comprobar la seriedad y confiabilidad de los datos allí divulgados. Mientras la mayoría trabaja como burros para conseguir el sustento diario, algunos se las ingenian para vivir a cuerpo de rey con solo poner a funcionar la imaginación. Por algo dicen que el vivo vive del bobo.
Me parece ver la sección a la que hago referencia, la cual presentaba el caso del día en dos o tres renglones y lo acompañaba con un dibujo hecho a la carrera que le daba al lector una idea somera del asunto. Aunque siempre hemos oído decir que a la gente hay que creerle, ahora me entra la duda de la veracidad de dichas informaciones. Bastaba con escoger en el mapa un villorrio apartado en Siberia o La Patagonia, y relatar que uno de sus vecinos nació con las piernas donde deben ir los brazos y viceversa, y que así se las arregló durante muchos años en los cuales adquirió habilidades asombrosas. Entonces no existía la tecnología en las comunicaciones, ni habían inventado internet, por lo que no era probable que alguien se echara el viaje hasta la fuente de la noticia a confirmar el hecho. Porque ahora con la red electrónica el mundo se volvió un pañuelo y en cualquier rincón hay un cibernauta dispuesto a confirmar la información, y desenmascarar el embuste de ser necesario.
Como la mayoría de los casos referidos ocurrieron en el pasado, es posible que hayan resultado del manoseo de los relatos a través de tantas lenguas. Porque si un chisme fresco sufre mutaciones en cuestión de horas, qué podemos esperar de una narración que sobrevive varias generaciones. El ser humano es amigo de exagerar y adornar los cuentos para ponerles ají y emoción, situación que vemos a diario en nuestro entorno.
Alguna vez leí acerca del origen de una palabreja en inglés que utilizan a cada momento para insultar, hacer énfasis en las frases o para cuando se meten un martillazo en un dedo. Me refiero a “fuck”. Pues en una recopilación de datos curiosos decía que la expresión viene de un letrero que debían poner las parejas de enamorados en el portón de su residencia cuando se disponían a cascarle al peluche; y deduzco que era para quienes no se habían casado, porque la palabra fornicar corresponde a tener relaciones sexuales por fuera del matrimonio. Creo que fue el rey Enrique VIII el que implantó dicha norma y el mencionado letrero tenía escrita una palabreja formada con las iniciales en inglés de la ley oficial que decía: “fornicando bajo el consentimiento del rey”. Como es de complicado encontrar un desnucadero discreto para retozar con la amante, y tener que anunciarlo a todo el que pase por el frente de la casa. Con el pereque que ponen las mujeres para acceder a estos encuentros furtivos, imagino lo difícil que sería que se le midieran con semejante restricción. Y qué tal todo el vecindario y los amigos esperando afuera a que salieran los tortolitos para detallarles el caminado y verles la cara que traían.
Otro asunto que pone a pensar es el que tiene que ver con los record Guinness. En un principio parece un tema interesante y curioso, pero a la larga se trata de pendejadas que no aportan nada y que solo producen satisfacción al que las logra. Lo último que supe al respecto es que en un pueblo español se dieron a la tarea de fabricar el chorizo más largo de la historia. Dice la nota que lograron rellenar más de 110 metros de tripa, pero nada mencionan de quienes se lo tragaron y cuántos limones y arepas gastaron para acompañar esa bobadita. De solo imaginarlo quedo empalagado y con agriera.
Otro caso es el de un personaje que entrevisté hace un tiempo en Armenia (Quindío) porque estaba a punto de homologar el hecho de haber visitado todos los países del globo terráqueo. Le faltaban media docena y por lo tanto adelantaba el papeleo para obtener el certificado de Guinness. Recuerdo que el hombre tenía un mapa inmenso en una pared con alfileres que marcaban los diferentes destinos, además de fotos tomadas en el lugar más representativo de cada uno de los países y una camiseta característica del lugar. Lo paradójico es que aunque podía demostrar su estancia en cada sitio marcado, no conocía ninguno en detalle. Porque sus maratónicos recorridos solo le permitían llegar al sitio escogido para la foto, la compra de la camiseta respectiva y salir a la carrera para el próximo destino de la agenda con el fin de visitar la mayor cantidad en cada uno de sus viajes. Valiente gracia.
Me parece un absurdo vivir bien incómodo por lograr tener las uñas más largas jamás registradas o vanagloriarse de ser el humano al que más le ha crecido el pelo. Al momento de morir podré decir que tengo el record de no haber roto ninguna marca de este tipo durante mi existencia. Y así no me blanqueo.
pmejiama1@une.net.co
Me parece ver la sección a la que hago referencia, la cual presentaba el caso del día en dos o tres renglones y lo acompañaba con un dibujo hecho a la carrera que le daba al lector una idea somera del asunto. Aunque siempre hemos oído decir que a la gente hay que creerle, ahora me entra la duda de la veracidad de dichas informaciones. Bastaba con escoger en el mapa un villorrio apartado en Siberia o La Patagonia, y relatar que uno de sus vecinos nació con las piernas donde deben ir los brazos y viceversa, y que así se las arregló durante muchos años en los cuales adquirió habilidades asombrosas. Entonces no existía la tecnología en las comunicaciones, ni habían inventado internet, por lo que no era probable que alguien se echara el viaje hasta la fuente de la noticia a confirmar el hecho. Porque ahora con la red electrónica el mundo se volvió un pañuelo y en cualquier rincón hay un cibernauta dispuesto a confirmar la información, y desenmascarar el embuste de ser necesario.
Como la mayoría de los casos referidos ocurrieron en el pasado, es posible que hayan resultado del manoseo de los relatos a través de tantas lenguas. Porque si un chisme fresco sufre mutaciones en cuestión de horas, qué podemos esperar de una narración que sobrevive varias generaciones. El ser humano es amigo de exagerar y adornar los cuentos para ponerles ají y emoción, situación que vemos a diario en nuestro entorno.
Alguna vez leí acerca del origen de una palabreja en inglés que utilizan a cada momento para insultar, hacer énfasis en las frases o para cuando se meten un martillazo en un dedo. Me refiero a “fuck”. Pues en una recopilación de datos curiosos decía que la expresión viene de un letrero que debían poner las parejas de enamorados en el portón de su residencia cuando se disponían a cascarle al peluche; y deduzco que era para quienes no se habían casado, porque la palabra fornicar corresponde a tener relaciones sexuales por fuera del matrimonio. Creo que fue el rey Enrique VIII el que implantó dicha norma y el mencionado letrero tenía escrita una palabreja formada con las iniciales en inglés de la ley oficial que decía: “fornicando bajo el consentimiento del rey”. Como es de complicado encontrar un desnucadero discreto para retozar con la amante, y tener que anunciarlo a todo el que pase por el frente de la casa. Con el pereque que ponen las mujeres para acceder a estos encuentros furtivos, imagino lo difícil que sería que se le midieran con semejante restricción. Y qué tal todo el vecindario y los amigos esperando afuera a que salieran los tortolitos para detallarles el caminado y verles la cara que traían.
Otro asunto que pone a pensar es el que tiene que ver con los record Guinness. En un principio parece un tema interesante y curioso, pero a la larga se trata de pendejadas que no aportan nada y que solo producen satisfacción al que las logra. Lo último que supe al respecto es que en un pueblo español se dieron a la tarea de fabricar el chorizo más largo de la historia. Dice la nota que lograron rellenar más de 110 metros de tripa, pero nada mencionan de quienes se lo tragaron y cuántos limones y arepas gastaron para acompañar esa bobadita. De solo imaginarlo quedo empalagado y con agriera.
Otro caso es el de un personaje que entrevisté hace un tiempo en Armenia (Quindío) porque estaba a punto de homologar el hecho de haber visitado todos los países del globo terráqueo. Le faltaban media docena y por lo tanto adelantaba el papeleo para obtener el certificado de Guinness. Recuerdo que el hombre tenía un mapa inmenso en una pared con alfileres que marcaban los diferentes destinos, además de fotos tomadas en el lugar más representativo de cada uno de los países y una camiseta característica del lugar. Lo paradójico es que aunque podía demostrar su estancia en cada sitio marcado, no conocía ninguno en detalle. Porque sus maratónicos recorridos solo le permitían llegar al sitio escogido para la foto, la compra de la camiseta respectiva y salir a la carrera para el próximo destino de la agenda con el fin de visitar la mayor cantidad en cada uno de sus viajes. Valiente gracia.
Me parece un absurdo vivir bien incómodo por lograr tener las uñas más largas jamás registradas o vanagloriarse de ser el humano al que más le ha crecido el pelo. Al momento de morir podré decir que tengo el record de no haber roto ninguna marca de este tipo durante mi existencia. Y así no me blanqueo.
pmejiama1@une.net.co
viernes, mayo 04, 2007
AL FIN QUE?
Una vaina complicada es la forma como la iglesia ha querido difundir su mensaje para que cualquier ser humano, sin importar su inteligencia o capacidad de entendimiento, pueda asimilar las enseñanzas y compartir con los demás feligreses la palabra de Dios. Y digo complicada porque así como las parábolas llevan consigo un mensaje que cada uno debe interpretar a su manera, aparte de otras narraciones que encontramos en la Historia Sagrada, muchas personas con poca preparación las acatan al pie de la letra. Claro que cuando les da por echarle cabeza al asunto empiezan a dudar de la veracidad de las mismas.
En nuestra infancia el Catecismo del padre Astete fue el encargado de que aprendiéramos todo lo relacionado con el tema. Sencillo, porque un niño no se devana los sesos con el asunto de Jonás y su estadía de varios días en el buche de una ballena, para después ser regurgitado y devuelto a la playa sano y salvo. Ya en bachillerato, el muchacho va a decir que cómo así, si las ballenas no comen gente, y que una persona se ahoga en par patadas en semejante aventura. Las mismas inquietudes lo van a asaltar con historias como la del mar rojo desocupado para el paso del pueblo de Moisés, Sansón tumbando edificios a los empujones, o Daniel en un foso con varios leones hambrientos sin que le echaran muela. Lo peor es que al joven, ya universitario, no le interesa el asunto y poco tiempo va a dedicar para tratar de descifrar los mensajes implícitos en las historias.
El relato de Adán y Eva en el paraíso, que corren viringos por los campos mientras disfrutan del aire puro y los frutos que ofrece generoso el entorno, para luego embarrarla por el capricho de la imprudente mujer, es fácil de masticar para cualquiera. El problema es cuando después le hablan de la teoría de la evolución y el cuento original sale por líchigo, porque el sujeto empieza a cavilar sobre el tema y con seguridad va a quedarse con la teoría más creíble. Pero como mucha gente pasa su existencia sin acceso a ningún tipo de educación, mueren convencidos de que el edén existió tal y como lo describen los textos sagrados.
Los cristianos en el mundo son muchos, y un gran porcentaje de ellos son analfabetos sin recursos, parroquianos que tragan entero y siguen a pie juntillas todo lo que les diga su pastor espiritual. Ahí es cuando muchos curas aprovechan para utilizar el miedo como un instrumento que garantiza la fidelidad de su rebaño, igual que hacían con nosotros cuando estábamos pequeños. Pocas cosas producían más terror que la amenaza de ir a parar a los profundos infiernos por una mala obra, de la misma manera como un buen desempeño como cristiano aseguraba una eternidad sosegada y plena en el anhelado cielo.
Por lo menos a mí las figuras del diablo y el infierno me amargaron la existencia hasta que tuve la edad suficiente para razonar. Mejor todavía cuando el Papa Juan Pablo II confirmó que el sitio como tal no existe, porque así no quedaron dudas para ningún cristiano por iletrado que fuera. La paila mocha, el crujir de dientes, los alaridos lastimeros y las almas en pena pasaron a calificar servicios, y hasta la Divina Comedia dejó de ser una de las obras cumbres de la literatura universal, porque el sueño de Dante quedó convertido en una amarga pesadilla. Mucho menos el patas con cola, cachos y echando candela por las cuencas de los ojos.
Pero cuál será la desazón de los creyentes cuando sale el actual Papa, Benedicto XVI, con la noticia que el infierno como que sí existe. De manera que vuelve y juega con el tire y afloje, con el agravante que no todo el mundo se enteró del comunicado, y no faltan los que así lo conozcan, prefieran quedarse con las palabras del pontífice anterior, a quien por muchas razones la mayoría de los fieles le tienen más cariño y confianza; por algo está a punto de ingresar al santoral sin tocar aro.
Confieso que desde hace días vengo echándole cabeza a un asunto. Imagino que como los ejemplos anteriores, debe tener un mensaje oculto o una moraleja, pero nada que doy con ella. Se trata del caso de un cura del municipio de Soledad que fue obligado por la ley a reconocer un barrigón de 7 años que tuvo con una de sus fieles. Siempre hemos oído hablar del celibato, y en mi ignorancia supuse que esa condición incluía además la prohibición a tener hijos. Pues ahora resulta que los altos jerarcas de la iglesia católica perdonaron al sacerdote, con la condición que reconozca al zambo, lo sostenga y sobre todo que no lo vuelva a hacer.
Lo que faltaba: la plata de la ponchera para comprar leche en polvo. Porque imagino que después de esta sentencia muchos van a querer dejar descendencia, aunque la sociedad se llene de hijos únicos porque la condición de “no volverlo a hacer” es impajaritable. Y a pesar de que siempre nos han martillado con el cuento que la familia es lo primero, ¿qué carajo va a pasar con esos muchachitos que van a tener “padre”, pero nunca podrán compartir con un papá?
pmejiama1@une.net.co
En nuestra infancia el Catecismo del padre Astete fue el encargado de que aprendiéramos todo lo relacionado con el tema. Sencillo, porque un niño no se devana los sesos con el asunto de Jonás y su estadía de varios días en el buche de una ballena, para después ser regurgitado y devuelto a la playa sano y salvo. Ya en bachillerato, el muchacho va a decir que cómo así, si las ballenas no comen gente, y que una persona se ahoga en par patadas en semejante aventura. Las mismas inquietudes lo van a asaltar con historias como la del mar rojo desocupado para el paso del pueblo de Moisés, Sansón tumbando edificios a los empujones, o Daniel en un foso con varios leones hambrientos sin que le echaran muela. Lo peor es que al joven, ya universitario, no le interesa el asunto y poco tiempo va a dedicar para tratar de descifrar los mensajes implícitos en las historias.
El relato de Adán y Eva en el paraíso, que corren viringos por los campos mientras disfrutan del aire puro y los frutos que ofrece generoso el entorno, para luego embarrarla por el capricho de la imprudente mujer, es fácil de masticar para cualquiera. El problema es cuando después le hablan de la teoría de la evolución y el cuento original sale por líchigo, porque el sujeto empieza a cavilar sobre el tema y con seguridad va a quedarse con la teoría más creíble. Pero como mucha gente pasa su existencia sin acceso a ningún tipo de educación, mueren convencidos de que el edén existió tal y como lo describen los textos sagrados.
Los cristianos en el mundo son muchos, y un gran porcentaje de ellos son analfabetos sin recursos, parroquianos que tragan entero y siguen a pie juntillas todo lo que les diga su pastor espiritual. Ahí es cuando muchos curas aprovechan para utilizar el miedo como un instrumento que garantiza la fidelidad de su rebaño, igual que hacían con nosotros cuando estábamos pequeños. Pocas cosas producían más terror que la amenaza de ir a parar a los profundos infiernos por una mala obra, de la misma manera como un buen desempeño como cristiano aseguraba una eternidad sosegada y plena en el anhelado cielo.
Por lo menos a mí las figuras del diablo y el infierno me amargaron la existencia hasta que tuve la edad suficiente para razonar. Mejor todavía cuando el Papa Juan Pablo II confirmó que el sitio como tal no existe, porque así no quedaron dudas para ningún cristiano por iletrado que fuera. La paila mocha, el crujir de dientes, los alaridos lastimeros y las almas en pena pasaron a calificar servicios, y hasta la Divina Comedia dejó de ser una de las obras cumbres de la literatura universal, porque el sueño de Dante quedó convertido en una amarga pesadilla. Mucho menos el patas con cola, cachos y echando candela por las cuencas de los ojos.
Pero cuál será la desazón de los creyentes cuando sale el actual Papa, Benedicto XVI, con la noticia que el infierno como que sí existe. De manera que vuelve y juega con el tire y afloje, con el agravante que no todo el mundo se enteró del comunicado, y no faltan los que así lo conozcan, prefieran quedarse con las palabras del pontífice anterior, a quien por muchas razones la mayoría de los fieles le tienen más cariño y confianza; por algo está a punto de ingresar al santoral sin tocar aro.
Confieso que desde hace días vengo echándole cabeza a un asunto. Imagino que como los ejemplos anteriores, debe tener un mensaje oculto o una moraleja, pero nada que doy con ella. Se trata del caso de un cura del municipio de Soledad que fue obligado por la ley a reconocer un barrigón de 7 años que tuvo con una de sus fieles. Siempre hemos oído hablar del celibato, y en mi ignorancia supuse que esa condición incluía además la prohibición a tener hijos. Pues ahora resulta que los altos jerarcas de la iglesia católica perdonaron al sacerdote, con la condición que reconozca al zambo, lo sostenga y sobre todo que no lo vuelva a hacer.
Lo que faltaba: la plata de la ponchera para comprar leche en polvo. Porque imagino que después de esta sentencia muchos van a querer dejar descendencia, aunque la sociedad se llene de hijos únicos porque la condición de “no volverlo a hacer” es impajaritable. Y a pesar de que siempre nos han martillado con el cuento que la familia es lo primero, ¿qué carajo va a pasar con esos muchachitos que van a tener “padre”, pero nunca podrán compartir con un papá?
pmejiama1@une.net.co
martes, abril 24, 2007
SER PADRES.
A una amiga le oí un comentario que me dejó echando cabeza. Ella es madre de dos niñas, separada del marido, y me hizo ver que a lo padres modernos les ha tocado una situación bien curiosa. Son como quien dice la rebanada de tomate de un sánduche, porque no alcanzan a clasificar siquiera como el jamón o el queso debido a la forma como los tienen subyugados los hijos.
La comparación con el sánduche radica en que la mayoría de quienes tienen hijos menores fueron criados a la manera de antes, cuando los muchachitos se limitaban a obedecer. Muy diferente a como es ahora. Antaño el respeto por los mayores era absoluto, y no me refiero solo a los papás, sino a toda persona mayor; inclusive un vecino, el tendero, el profesor, el chofer del bus, una amiga de la casa o la empleada del servicio. Además tenían licencia de darnos una palmada si la ocasión lo merecía.
La discusión está en si lo que le teníamos a los adultos era miedo o respeto. Sin duda había papás que implantaban regímenes estrictos en sus hogares, pero muchos otros simplemente afianzaban la disciplina con una que otra cueriza. A su turno las mamás recurrieran a métodos más suaves para castigar a los críos y echaban mano de la escoba, una chancleta o el simple pellizco. El profesor prefería darnos con una regla en las corvas, en la palma de la mano o recurría al conocido coscorrón.
Repudiable sin duda el padre que castigaba a sus hijos con la funda del machete o la cuerda del teléfono. Otros optaban por castigos exagerados y absurdos como encerrar al niño en un cuarto oscuro para martirizarlo con el miedo que esto genera. Porque es muy distinta la disciplina ejercida por medio de un correazo o unas palmadas en la cola, y lo que conocemos como maltrato infantil. La diferencia está en que si alguien actúa de forma brutal en la actualidad lo van a denunciar, inclusive el hijo víctima de las agresiones. Porque en nuestra época si llegaba un muchachito a una inspección de policía a denunciar al papá porque le había dado una pela, con seguridad el policía le encimaba su buena tunda por irrespetuoso y alzado.
Los padres modernos hacen hasta lo imposible por ganar el cariño de sus retoños, muchas veces para paliar el remordimiento generado por no poder dedicarles todo el tiempo que quisieran debido a sus actividades laborales. Cuento aparte las parejas separadas que dan a los hijos lo que pidan para tratar de suplirles las carencias afectivas. También es común que los progenitores traten de evitar que en sus hogares se repitan los errores que cometieron con su crianza. Y ahí es cuando los muchachitos empiezan a manipular.
Porque para éso sí son unos aviones los mocosos. A las pocas horas de nacidos empiezan a manejar a los papás como a marionetas y de no detener el asunto a tiempo, los ensillan con enjalma y todo. El botón de muestra más común es cuando el zambo quiere sacar un permiso y empieza a insistir con una repetidera inaguantable que desespera a cualquiera. Muchos adultos ceden a las peticiones del infante, mientras algunos más sesudos zanjan el asunto como debe ser: con autoridad.
Quienes son padres ahora, durante su niñez tenían más deberes que derechos y les tocaron unos hijos que tienen muchos más derechos que deberes. Y para colmo de males acostumbran a los muchachitos a ser premiados por cumplir con esos pocos deberes. Hace las tareas y le dan un permiso, se lava los dientes y recibe un premio, almuerza y tenga un confite; como a las focas cuando aplauden.
También es una constante que los críos utilicen un tonito altanero cuando le hablan a los papás. Es como si ordenaran en vez de solicitar. Y qué decir de lo poco agradecidos que son, aparte de que siempre quieren más. Reciben un aparato moderno y a los pocos días, cuando la tecnología lo reemplaza por uno mejor, quieren el nuevo a como dé lugar. Después de que tienen teléfono celular, computador personal, reproductor de música y teléfono inalámbrico en la habitación, no existe la menor posibilidad de que sobrevivan sin alguno de estos lujos. Y todo abonado por la competencia entre los amigos y compañeros de estudio.
La creencia que hay que dejarlos ir a donde quieran porque a los otros los dejan, es algo que hay que replantear. Y que deben comprarles lo que pidan con el cuento que los demás tienen, también. Cada hogar es único y si los padres no ponen las condiciones y las hacen respetar, la situación se sale de las manos. Una cosa es ser flexibles y otra muy distinta condescendientes; y nunca ceder por querer parecer modernos y chéveres ante ellos y sus amistades.
La inseguridad mortifica a muchos padres, por lo que escuchan consejos de todo tipo y buscan ayuda profesional para dar una óptima crianza a los hijos. Pero sin duda la mejor estrategia es ponerle al asunto sentido común, malicia indígena, lógica, sexto sentido, comprensión, ecuanimidad, paciencia, disciplina, moderación, inventiva, perspicacia, etc. No olviden que los mocosos son calculadores, marrulleros y manipuladores, y que la mayoría de las cosas las exigen para medirles el aceite.
pmejiama1@une.net.co
La comparación con el sánduche radica en que la mayoría de quienes tienen hijos menores fueron criados a la manera de antes, cuando los muchachitos se limitaban a obedecer. Muy diferente a como es ahora. Antaño el respeto por los mayores era absoluto, y no me refiero solo a los papás, sino a toda persona mayor; inclusive un vecino, el tendero, el profesor, el chofer del bus, una amiga de la casa o la empleada del servicio. Además tenían licencia de darnos una palmada si la ocasión lo merecía.
La discusión está en si lo que le teníamos a los adultos era miedo o respeto. Sin duda había papás que implantaban regímenes estrictos en sus hogares, pero muchos otros simplemente afianzaban la disciplina con una que otra cueriza. A su turno las mamás recurrieran a métodos más suaves para castigar a los críos y echaban mano de la escoba, una chancleta o el simple pellizco. El profesor prefería darnos con una regla en las corvas, en la palma de la mano o recurría al conocido coscorrón.
Repudiable sin duda el padre que castigaba a sus hijos con la funda del machete o la cuerda del teléfono. Otros optaban por castigos exagerados y absurdos como encerrar al niño en un cuarto oscuro para martirizarlo con el miedo que esto genera. Porque es muy distinta la disciplina ejercida por medio de un correazo o unas palmadas en la cola, y lo que conocemos como maltrato infantil. La diferencia está en que si alguien actúa de forma brutal en la actualidad lo van a denunciar, inclusive el hijo víctima de las agresiones. Porque en nuestra época si llegaba un muchachito a una inspección de policía a denunciar al papá porque le había dado una pela, con seguridad el policía le encimaba su buena tunda por irrespetuoso y alzado.
Los padres modernos hacen hasta lo imposible por ganar el cariño de sus retoños, muchas veces para paliar el remordimiento generado por no poder dedicarles todo el tiempo que quisieran debido a sus actividades laborales. Cuento aparte las parejas separadas que dan a los hijos lo que pidan para tratar de suplirles las carencias afectivas. También es común que los progenitores traten de evitar que en sus hogares se repitan los errores que cometieron con su crianza. Y ahí es cuando los muchachitos empiezan a manipular.
Porque para éso sí son unos aviones los mocosos. A las pocas horas de nacidos empiezan a manejar a los papás como a marionetas y de no detener el asunto a tiempo, los ensillan con enjalma y todo. El botón de muestra más común es cuando el zambo quiere sacar un permiso y empieza a insistir con una repetidera inaguantable que desespera a cualquiera. Muchos adultos ceden a las peticiones del infante, mientras algunos más sesudos zanjan el asunto como debe ser: con autoridad.
Quienes son padres ahora, durante su niñez tenían más deberes que derechos y les tocaron unos hijos que tienen muchos más derechos que deberes. Y para colmo de males acostumbran a los muchachitos a ser premiados por cumplir con esos pocos deberes. Hace las tareas y le dan un permiso, se lava los dientes y recibe un premio, almuerza y tenga un confite; como a las focas cuando aplauden.
También es una constante que los críos utilicen un tonito altanero cuando le hablan a los papás. Es como si ordenaran en vez de solicitar. Y qué decir de lo poco agradecidos que son, aparte de que siempre quieren más. Reciben un aparato moderno y a los pocos días, cuando la tecnología lo reemplaza por uno mejor, quieren el nuevo a como dé lugar. Después de que tienen teléfono celular, computador personal, reproductor de música y teléfono inalámbrico en la habitación, no existe la menor posibilidad de que sobrevivan sin alguno de estos lujos. Y todo abonado por la competencia entre los amigos y compañeros de estudio.
La creencia que hay que dejarlos ir a donde quieran porque a los otros los dejan, es algo que hay que replantear. Y que deben comprarles lo que pidan con el cuento que los demás tienen, también. Cada hogar es único y si los padres no ponen las condiciones y las hacen respetar, la situación se sale de las manos. Una cosa es ser flexibles y otra muy distinta condescendientes; y nunca ceder por querer parecer modernos y chéveres ante ellos y sus amistades.
La inseguridad mortifica a muchos padres, por lo que escuchan consejos de todo tipo y buscan ayuda profesional para dar una óptima crianza a los hijos. Pero sin duda la mejor estrategia es ponerle al asunto sentido común, malicia indígena, lógica, sexto sentido, comprensión, ecuanimidad, paciencia, disciplina, moderación, inventiva, perspicacia, etc. No olviden que los mocosos son calculadores, marrulleros y manipuladores, y que la mayoría de las cosas las exigen para medirles el aceite.
pmejiama1@une.net.co
martes, abril 17, 2007
NO LA COJAN CONMIGO.
El 7 de marzo fue escogido como día internacional de la mujer. Muy merecido por cierto, y a propósito busqué la fecha en que nos toca el turno a los hombres. Nada de nada, porque basta con decir que en internet no aparece el dato y lo que no pueda encontrarse en la red, es porque no existe. Curiosa la vaina. Porque nadie le va a quitar a la mujer su valor, la importancia que tiene en la sociedad, su posición laboral ganada a puro pulso, la entrega incondicional para con la familia, su responsabilidad, tesón y abnegación, pero hay que reconocer que los varones también tenemos una que otra bobadita digna de reconocerse.
La liberación femenina ha logrado grandes cosas para el mal llamado sexo débil, aunque muchas de sus militantes caen en la exageración y se vuelven chocantes. A toda hora le enrostran al compañero el asunto de la igualdad de géneros y andan prevenidas sin bajar la guardia. Qué bueno que a una vieja de esas el marido, mozo, tinieblo, novio o lo que sea que tenga como compañero le pare el macho y proceda a igualar las cargas. Si a media noche sienten un ruido, que sea ella la que agarre el bate de béisbol y baje a revisar qué fue; que aprovechen cuando al carro se le desinfle una llanta para que la dama aprenda a manejar el gato y la cruceta; no dejar pasar la oportunidad si es necesario cargar maletas o bultos pesados para comprobar que ellas también tienen fuerza; y entregarle formalmente la herramienta de la casa para que proceda cuando haya un corto circuito o la plancha deje de calentar.
La cantaleta del machismo nos tiene hasta la coronilla y por ello hay que recurrir a la historia para recordarle a las féminas que deben agradecer por lo bien posicionadas que andan ahora. Voy a echar mano de algunos ejemplos acerca de cómo fue el trato a las mujeres en épocas pasadas, y espero que por culpa de estos personajes ahora no la vayan a coger conmigo. Yo me limito a transcribir pensamientos y opiniones ajenas.
Por ejemplo en la cuna de la civilización, en Mesopotámia, la constitución Sumeria del siglo XX a.c. decía muy clarito: “La mujer que se niegue al deber conyugal, deberá ser tirada al río”. Se me ocurre que de haber seguido la norma, nuestros ríos no darían abasto y estarían represados. Quince siglos después, el filósofo persa Zaratrustra salió con esta perla: “La mujer debe venerar al hombre como a un Dios y en la mañana, por nueve veces consecutivas, arrodillarse ante él y preguntarle qué quiere que haga”. Imagino que los vergajos aprovechaban las tres primeras arrodilladas y a la cuarta la mandaban a hacer el desayuno.
Por la misma época el gran Pericles, político ateniense, aseguraba que: “Las mujeres, los esclavos y los extranjeros no son ciudadanos”, y Confucio, que no falta en las recopilaciones de frases celebres, decía: “La mujer es de lo más corrupto y corruptible que hay en el mundo”. Un siglo después, nadie menos que Aristóteles, muy seguro enseñaba: “La naturaleza solo hace mujeres cuando no puede hacer hombres. La mujer es, por lo tanto, un hombre inferior” Repito, son cosas de ellos, yo solo transcribo.
La religión sí que le ha tirado duro a la mujer. El Corán, libro sagrado de los musulmanes, pontifica: “Los esposos que sufran la desobediencia de sus mujeres pueden castigarlas, hasta incluso golpearlas. No legó el hombre mayor calamidad que la mujer”. Martín Lutero, el reformador alemán, divulgaba este concepto: “El peor adorno que una mujer puede pretender tener, es ser sabia”. Y Enrique VIII, líder y creador de la iglesia anglicana, y que de mujeres sí sabía porque tuvo seis oficiales, defendía esta teoría: “Los niños, los locos y las mujeres, no pueden y no tienen capacidad para efectuar negocios”. Solo un rey puede decirle eso a la señora.
Ya en el siglo XVIII el filósofo Rousseau, mentor de la Revolución Francesa, se atrevió a divulgar: “Mientras haya hombres sensatos sobre la tierra, las mujeres letradas morirán solteras”. Para deshacer un matrimonio puede echarse mano a la Constitución Inglesa de la misma época: “Todas las mujeres que seduzcan y lleven al matrimonio a súbditos de Su Majestad por medio del uso de perfumes, pinturas, dientes postizos, pelucas y relleno de caderas, incurren en delito de brujería y el matrimonio queda automáticamente anulado”. Ahora cualquiera se casa, mínimo, maquillada y perfumada “por allá”.
En un tratado de conducta moral y costumbres francés del siglo XIX se puede leer: “Cuando un hombre sea reprendido en público por una mujer, él tiene derecho a derribarla de un puñetazo, darle un puntapié y romperle la nariz. Y esto bien merecido, por dirigirse al hombre con maldad en el lenguaje usado”. Mejor no hago ningún comentario al respecto porque resulto con la jeta reventada.
Ojalá estas líneas no lleguen a manos de misiá Florence, la feminista, ni a las de una amiga que vive en Cartago y a quien sería muy difícil convencer de que no estoy de acuerdo con estos postulados. Y a los personajes históricos mencionados les advierto que se tengan fino, porque el día del juicio final los van a capar parados.
pmejiama1@une.net.co
La liberación femenina ha logrado grandes cosas para el mal llamado sexo débil, aunque muchas de sus militantes caen en la exageración y se vuelven chocantes. A toda hora le enrostran al compañero el asunto de la igualdad de géneros y andan prevenidas sin bajar la guardia. Qué bueno que a una vieja de esas el marido, mozo, tinieblo, novio o lo que sea que tenga como compañero le pare el macho y proceda a igualar las cargas. Si a media noche sienten un ruido, que sea ella la que agarre el bate de béisbol y baje a revisar qué fue; que aprovechen cuando al carro se le desinfle una llanta para que la dama aprenda a manejar el gato y la cruceta; no dejar pasar la oportunidad si es necesario cargar maletas o bultos pesados para comprobar que ellas también tienen fuerza; y entregarle formalmente la herramienta de la casa para que proceda cuando haya un corto circuito o la plancha deje de calentar.
La cantaleta del machismo nos tiene hasta la coronilla y por ello hay que recurrir a la historia para recordarle a las féminas que deben agradecer por lo bien posicionadas que andan ahora. Voy a echar mano de algunos ejemplos acerca de cómo fue el trato a las mujeres en épocas pasadas, y espero que por culpa de estos personajes ahora no la vayan a coger conmigo. Yo me limito a transcribir pensamientos y opiniones ajenas.
Por ejemplo en la cuna de la civilización, en Mesopotámia, la constitución Sumeria del siglo XX a.c. decía muy clarito: “La mujer que se niegue al deber conyugal, deberá ser tirada al río”. Se me ocurre que de haber seguido la norma, nuestros ríos no darían abasto y estarían represados. Quince siglos después, el filósofo persa Zaratrustra salió con esta perla: “La mujer debe venerar al hombre como a un Dios y en la mañana, por nueve veces consecutivas, arrodillarse ante él y preguntarle qué quiere que haga”. Imagino que los vergajos aprovechaban las tres primeras arrodilladas y a la cuarta la mandaban a hacer el desayuno.
Por la misma época el gran Pericles, político ateniense, aseguraba que: “Las mujeres, los esclavos y los extranjeros no son ciudadanos”, y Confucio, que no falta en las recopilaciones de frases celebres, decía: “La mujer es de lo más corrupto y corruptible que hay en el mundo”. Un siglo después, nadie menos que Aristóteles, muy seguro enseñaba: “La naturaleza solo hace mujeres cuando no puede hacer hombres. La mujer es, por lo tanto, un hombre inferior” Repito, son cosas de ellos, yo solo transcribo.
La religión sí que le ha tirado duro a la mujer. El Corán, libro sagrado de los musulmanes, pontifica: “Los esposos que sufran la desobediencia de sus mujeres pueden castigarlas, hasta incluso golpearlas. No legó el hombre mayor calamidad que la mujer”. Martín Lutero, el reformador alemán, divulgaba este concepto: “El peor adorno que una mujer puede pretender tener, es ser sabia”. Y Enrique VIII, líder y creador de la iglesia anglicana, y que de mujeres sí sabía porque tuvo seis oficiales, defendía esta teoría: “Los niños, los locos y las mujeres, no pueden y no tienen capacidad para efectuar negocios”. Solo un rey puede decirle eso a la señora.
Ya en el siglo XVIII el filósofo Rousseau, mentor de la Revolución Francesa, se atrevió a divulgar: “Mientras haya hombres sensatos sobre la tierra, las mujeres letradas morirán solteras”. Para deshacer un matrimonio puede echarse mano a la Constitución Inglesa de la misma época: “Todas las mujeres que seduzcan y lleven al matrimonio a súbditos de Su Majestad por medio del uso de perfumes, pinturas, dientes postizos, pelucas y relleno de caderas, incurren en delito de brujería y el matrimonio queda automáticamente anulado”. Ahora cualquiera se casa, mínimo, maquillada y perfumada “por allá”.
En un tratado de conducta moral y costumbres francés del siglo XIX se puede leer: “Cuando un hombre sea reprendido en público por una mujer, él tiene derecho a derribarla de un puñetazo, darle un puntapié y romperle la nariz. Y esto bien merecido, por dirigirse al hombre con maldad en el lenguaje usado”. Mejor no hago ningún comentario al respecto porque resulto con la jeta reventada.
Ojalá estas líneas no lleguen a manos de misiá Florence, la feminista, ni a las de una amiga que vive en Cartago y a quien sería muy difícil convencer de que no estoy de acuerdo con estos postulados. Y a los personajes históricos mencionados les advierto que se tengan fino, porque el día del juicio final los van a capar parados.
pmejiama1@une.net.co
lunes, abril 09, 2007
A QUIEN CREERLE.
Desde que me conozco oigo diferentes opiniones acerca de Cuba. Crecí con la novelería generada por los barbuchas que derrocaron un gobierno militar en la isla caribeña, los cuales eran vistos por el mundo como idealistas guerreros que consiguieron una victoria no predecible por las diferencias logísticas. El Che Guevara se convirtió en un icono de la rebeldía y de la lucha de los desprotegidos, y su retrato es una de las imágenes con mayor recordación que existe. La revolución cubana tomó un rumbo definido al aliarse con los rusos, situación que generó molestia y desazón entre los estadounidenses y otros habitantes del hemisferio occidental.
Saber que en Cuba todos lo habitantes tienen derecho a salud, educación y vivienda es algo que produce admiración. La comida es poca y restringida, pero entiendo que todos tienen acceso a la misma cantidad y calidad. Además el gobierno y las cooperativas instituidas por la revolución garantizan puestos de trabajo a todos los ciudadanos. Lo malo es que al otro lado de la balanza aparece el hecho que nadie puede abandonar la isla sin permiso gubernamental, no admiten que se critique el régimen y muchas otras restricciones que los convierte en reclusos de su propio país. Por algo algunos tientan el destino y se lanzan al mar en improvisadas balsas.
Creo que la única forma de conocer la realidad acerca de los cubanos es convivir con ellos durante un tiempo prolongado, ya que un viaje turístico tampoco alcanza a dilucidar la inquietud. No sirve basarse en documentales, películas, escritos, noticias y análisis políticos, porque existe la posibilidad de que sean amañados y siempre va a quedar la duda sobre la veracidad de la información. Mucho han escrito al respecto y cientos las biografías publicadas de Fidel Castro, hasta llegar a un libro interesante por tratarse de una autobiografía escrita por Norberto Fuentes, quien fuera su amigo y confidente. Narrado en primera persona y plagado de confesiones que el lector no espera encontrar allí relatadas, hace pensar que se trata de toda la verdad respecto a la vida y obra del polémico personaje, pero siempre queda la espina de su discreción a omitir lo que no quiso que fuera difundido.
Escribir sobre un libro o una película es complicado porque hay que ser prudente y no contar detalles que puedan incomodar a quienes los tienen en remojo, pero en este caso no veo inconveniente porque se trata de un documento que no tiene una trama o argumento definido y cualquiera conoce el final. Sorprende encontrar varias alusiones en el relato de Fidel acerca de que su hermano Raúl, hoy encargado del gobierno, es homosexual. Sobre todo entre ellos que son machistas y bravucones, que divulgue detalles tan íntimos es inaudito. O describir cómo asesinó a la primera persona, a quien disparó a quemarropa y por la espalda al estilo de un sicario. Reconocer que se dio el gusto, cuando alcanzó el poder absoluto, de encerrar 30 años en la cárcel a un contrincante político de su época de líder universitario; y a otro enemigo que logró escapar, le retuvo un hijo por dos décadas y se encargó de hacerle saber a la familia en el exilio los atropellos que recibía el joven en su cautiverio. Si éso es lo que cuenta…
Algo que no oculta Fidel es que es un ególatra redomado. Reconoce que no le quedan amigos y muchos miembros de su familia lo rechazan. Casi todos sus compañeros de lucha fueron a parar a los calabozos o al paredón, excepto los que escaparon a tiempo. El mismo escritor Fuentes fue encarcelado cuando trató de abandonar la isla y solo recuperó la libertad gracias a la intermediación de García Márquez. La forma displicente como se refiere al Che Guevara deja un tufillo de envidia por el protagonismo que alcanzó el médico argentino. También llama la atención la importancia que le reconoce políticamente a José Pardo Llada, exiliado en Cali desde entonces, en los tiempos que conspiraban para tomarse el poder.
Hay que reconocerle al caudillo su idealismo, haber combatido el modo de vida en el que creció, y que cuando empezó su campaña guerrillera desde la Sierra Maestra una de las primeras plantaciones de caña que mandó quemar fue la de su familia. Hizo parte como soldado raso de la fallida conspiración de Cayo Confites para derrocar al dictador Trujillo de República Dominicana; organizó y dirigió la desastrosa toma del cuartel Moncada; y con mucho esfuerzo y enjundia llevó a feliz término una revolución que en tres años derrocó a Fulgencio Batista. Por cierto, en sus memorias insiste que una insurrección no debe durar mucho tiempo y pone de ejemplo la guerrilla colombiana y su lucha estéril, además de la pérdida de ideología y los métodos erróneos con que opera.
Contra todas las apuestas mantuvo su proyecto político a pesar de la desaparición del poderío soviético y ahora queda esperar la reacción del pueblo cubano cuando muera su líder. Y aunque lo veo muy traqueado, aspiro que alcance a publicar la segunda parte de la obra que relata los sucesos a partir de la toma del poder. Al menos así lo anuncia cuando termina el primer “cuaderno” de casi 900 páginas, muy agradable por cierto y animado con fotografías históricas. Con decir que es más extenso que uno de sus eternos discursos.
pmejiama1@une.net.co
Saber que en Cuba todos lo habitantes tienen derecho a salud, educación y vivienda es algo que produce admiración. La comida es poca y restringida, pero entiendo que todos tienen acceso a la misma cantidad y calidad. Además el gobierno y las cooperativas instituidas por la revolución garantizan puestos de trabajo a todos los ciudadanos. Lo malo es que al otro lado de la balanza aparece el hecho que nadie puede abandonar la isla sin permiso gubernamental, no admiten que se critique el régimen y muchas otras restricciones que los convierte en reclusos de su propio país. Por algo algunos tientan el destino y se lanzan al mar en improvisadas balsas.
Creo que la única forma de conocer la realidad acerca de los cubanos es convivir con ellos durante un tiempo prolongado, ya que un viaje turístico tampoco alcanza a dilucidar la inquietud. No sirve basarse en documentales, películas, escritos, noticias y análisis políticos, porque existe la posibilidad de que sean amañados y siempre va a quedar la duda sobre la veracidad de la información. Mucho han escrito al respecto y cientos las biografías publicadas de Fidel Castro, hasta llegar a un libro interesante por tratarse de una autobiografía escrita por Norberto Fuentes, quien fuera su amigo y confidente. Narrado en primera persona y plagado de confesiones que el lector no espera encontrar allí relatadas, hace pensar que se trata de toda la verdad respecto a la vida y obra del polémico personaje, pero siempre queda la espina de su discreción a omitir lo que no quiso que fuera difundido.
Escribir sobre un libro o una película es complicado porque hay que ser prudente y no contar detalles que puedan incomodar a quienes los tienen en remojo, pero en este caso no veo inconveniente porque se trata de un documento que no tiene una trama o argumento definido y cualquiera conoce el final. Sorprende encontrar varias alusiones en el relato de Fidel acerca de que su hermano Raúl, hoy encargado del gobierno, es homosexual. Sobre todo entre ellos que son machistas y bravucones, que divulgue detalles tan íntimos es inaudito. O describir cómo asesinó a la primera persona, a quien disparó a quemarropa y por la espalda al estilo de un sicario. Reconocer que se dio el gusto, cuando alcanzó el poder absoluto, de encerrar 30 años en la cárcel a un contrincante político de su época de líder universitario; y a otro enemigo que logró escapar, le retuvo un hijo por dos décadas y se encargó de hacerle saber a la familia en el exilio los atropellos que recibía el joven en su cautiverio. Si éso es lo que cuenta…
Algo que no oculta Fidel es que es un ególatra redomado. Reconoce que no le quedan amigos y muchos miembros de su familia lo rechazan. Casi todos sus compañeros de lucha fueron a parar a los calabozos o al paredón, excepto los que escaparon a tiempo. El mismo escritor Fuentes fue encarcelado cuando trató de abandonar la isla y solo recuperó la libertad gracias a la intermediación de García Márquez. La forma displicente como se refiere al Che Guevara deja un tufillo de envidia por el protagonismo que alcanzó el médico argentino. También llama la atención la importancia que le reconoce políticamente a José Pardo Llada, exiliado en Cali desde entonces, en los tiempos que conspiraban para tomarse el poder.
Hay que reconocerle al caudillo su idealismo, haber combatido el modo de vida en el que creció, y que cuando empezó su campaña guerrillera desde la Sierra Maestra una de las primeras plantaciones de caña que mandó quemar fue la de su familia. Hizo parte como soldado raso de la fallida conspiración de Cayo Confites para derrocar al dictador Trujillo de República Dominicana; organizó y dirigió la desastrosa toma del cuartel Moncada; y con mucho esfuerzo y enjundia llevó a feliz término una revolución que en tres años derrocó a Fulgencio Batista. Por cierto, en sus memorias insiste que una insurrección no debe durar mucho tiempo y pone de ejemplo la guerrilla colombiana y su lucha estéril, además de la pérdida de ideología y los métodos erróneos con que opera.
Contra todas las apuestas mantuvo su proyecto político a pesar de la desaparición del poderío soviético y ahora queda esperar la reacción del pueblo cubano cuando muera su líder. Y aunque lo veo muy traqueado, aspiro que alcance a publicar la segunda parte de la obra que relata los sucesos a partir de la toma del poder. Al menos así lo anuncia cuando termina el primer “cuaderno” de casi 900 páginas, muy agradable por cierto y animado con fotografías históricas. Con decir que es más extenso que uno de sus eternos discursos.
pmejiama1@une.net.co
miércoles, marzo 28, 2007
CARROS DE PLAZA (II)
Recuerdo cuando cuadraban los taxis alrededor de los parques de la ciudad para que la gente los buscara allí. En el parque de Bolívar y en la plaza Alfonso López siempre había taxis, costumbre que todavía se ve en algunos pueblos. Por éso los han llamado carros de plaza. Cuando en Manizales empezó la descentralización en ese renglón de la economía, instalaron una caseta en el antiguo edificio del cable aéreo y parqueaban los carros en el parque que lleva el mismo nombre. Bastaba con llamar al teléfono 510-10, si la memoria no me traiciona, y decirle al encargado que mandara un carro a una dirección determinada. Claro que muchas veces solo había que decirle que a la casa de fulanito de tal, y el tipo sabía exactamente dónde quedaba. Pero sigamos la charla con el taxista de marras:
*Como le decía dotor, antes de que sonara esta mecha de teléfono, ahora son muchos los culicagaos que maneja taci y lo peor es que creen que están en un autódromo. Hay que velos de bermudas, chancletas, camiseta esqueleto y gafas oscuras; y hasta guantes se ponen p’a manejar, además que engallan los carros como si fueran de carreras. Mantienen el radio a todo timbal con música moderna, de ésa que uno no se entera cuando pasan de una canción a otra; y ni hablemos de los que prefieren regetón o vallenatos. Muchos de esos babosos no respetan al pasajero y nada saben de la ciudá; usté entiende que el tacista es un guía turístico y debe conocer al menos un poquito de historia regional.
Este trabajo está muy duro, p’a qué le miento. Es que fíjese que la gasolina sube a cada rato y el patrón vive quejándose porque las llantas y los repuestos están venenosos. Con decile que hay días que no me queda ni p’al pasaje p’a irme p’a la casa. Hasta pensé buscame un carro que trabaje con gas porque he oído decir que es mucho más económico, pero algunos compañeros aseguran que el motor pierde juerza y entoes hay que cambiar todo el día de gas a gasolina p’a que no se cuelgue el carro. Además, el tanque que le acomodan se traga la mitá de la bodega y si el carro llega a ser pequeño, pailas porque se queda uno sin donde acomodar siquiera un mercao.
Cuando me canso del trajín y de lidiar con la gente, porque no faltan los atravesaos o el vergajo que lo quiere atracar a uno p’a tumbale el realizo, cambio por una temporada y me dedico a reventar carretera. Pues, a viajar intermunicipal o a otras ciudades. Ese camello también es muy tenaz, porque fíjese que a usté le cobran ahora 160 mil pesos por llevalo a Bogotá, y pueden viajar hasta 4 personas. Claro que si compra un solo cupo le cobran 40 mil. El caso es que el chofer le tiene que dar 80 mil al patrón, y con el resto pagar la comida, la dormida en Bogotá, peajes y gasolina. Mejor dicho, sale uno es haciendo el mandao.
Y ahora que hablo de la capital, allá sí hay que guerriar, ¿oiga? Le digo pues que por lo menos la mitá de los tacis, coletivos y busetas son piratas. Ponga cuidao le esplico. Por ejemplo un tipo compra el cupo p’a un carro, pero matricula dos con las mismas características. Lo que llaman gemelos. Entoes a usté lo atraca un condutor y cuando va a poner el denuncio con la placa y el número del lateral, el chofer del mellizo demuestra que él ese día tenía pico y placa o el carro estaba en el taller. Además hay muchos barrios donde no se puede arrimar porque son muy peligrosos, y los rotos tan hijuemadres que hay en las calles acaban hasta con el tendido de la perra. Los amortiguadores y en general la suspensión no da un brinco.
P’a qué pero aquí en Manizales las calles están en buen estao y tiene la ventaja que con estas faldas tan berriondas no esiste la competencia de las ciclas. Otra cosa es que con esta llovedera tan espantosa nadie le jala a pagar p’a que lo lleven en moto, porque mojao como un pato no trabaja ni el patas. Tampoco se puede voliar quimba por el mismo problema de la topografía, ya que aquí hay unas pendientes que en muchos casos no saben si pavimentalas o blanquíalas.
Por fortuna de un tiempo p’acá pusieron los tacímetros, p’a poder acabar con esa joda del regateo. Siempre que se cobraba una carrera había que ver el problema p’a ponese de acuerdo en el valor. En cambio ahora es lo que diga el aparatejo ése, y listo. Claro que usté sabe patrón que hecha la ley hecha la trampa, como dicen, y no falta el que le acomoda al carro el tal muñeco. ¿Que qué es esa vaina? Hombre, pues el famoso mecanismo p’a metele el dedo al pasajero. Le entablan conversa al cliente y en cierto momento lo hacen mirar p’a alguna parte, y entoes aprovechan y acionan un botoncito que aumenta el valor que marca el aparato eletrónico.
¡Huy dotor!, yo hablando paja y esta es la hora en que usté no me ha dicho a dónde lo llevo.
pmejiama1@une.net.co
*Como le decía dotor, antes de que sonara esta mecha de teléfono, ahora son muchos los culicagaos que maneja taci y lo peor es que creen que están en un autódromo. Hay que velos de bermudas, chancletas, camiseta esqueleto y gafas oscuras; y hasta guantes se ponen p’a manejar, además que engallan los carros como si fueran de carreras. Mantienen el radio a todo timbal con música moderna, de ésa que uno no se entera cuando pasan de una canción a otra; y ni hablemos de los que prefieren regetón o vallenatos. Muchos de esos babosos no respetan al pasajero y nada saben de la ciudá; usté entiende que el tacista es un guía turístico y debe conocer al menos un poquito de historia regional.
Este trabajo está muy duro, p’a qué le miento. Es que fíjese que la gasolina sube a cada rato y el patrón vive quejándose porque las llantas y los repuestos están venenosos. Con decile que hay días que no me queda ni p’al pasaje p’a irme p’a la casa. Hasta pensé buscame un carro que trabaje con gas porque he oído decir que es mucho más económico, pero algunos compañeros aseguran que el motor pierde juerza y entoes hay que cambiar todo el día de gas a gasolina p’a que no se cuelgue el carro. Además, el tanque que le acomodan se traga la mitá de la bodega y si el carro llega a ser pequeño, pailas porque se queda uno sin donde acomodar siquiera un mercao.
Cuando me canso del trajín y de lidiar con la gente, porque no faltan los atravesaos o el vergajo que lo quiere atracar a uno p’a tumbale el realizo, cambio por una temporada y me dedico a reventar carretera. Pues, a viajar intermunicipal o a otras ciudades. Ese camello también es muy tenaz, porque fíjese que a usté le cobran ahora 160 mil pesos por llevalo a Bogotá, y pueden viajar hasta 4 personas. Claro que si compra un solo cupo le cobran 40 mil. El caso es que el chofer le tiene que dar 80 mil al patrón, y con el resto pagar la comida, la dormida en Bogotá, peajes y gasolina. Mejor dicho, sale uno es haciendo el mandao.
Y ahora que hablo de la capital, allá sí hay que guerriar, ¿oiga? Le digo pues que por lo menos la mitá de los tacis, coletivos y busetas son piratas. Ponga cuidao le esplico. Por ejemplo un tipo compra el cupo p’a un carro, pero matricula dos con las mismas características. Lo que llaman gemelos. Entoes a usté lo atraca un condutor y cuando va a poner el denuncio con la placa y el número del lateral, el chofer del mellizo demuestra que él ese día tenía pico y placa o el carro estaba en el taller. Además hay muchos barrios donde no se puede arrimar porque son muy peligrosos, y los rotos tan hijuemadres que hay en las calles acaban hasta con el tendido de la perra. Los amortiguadores y en general la suspensión no da un brinco.
P’a qué pero aquí en Manizales las calles están en buen estao y tiene la ventaja que con estas faldas tan berriondas no esiste la competencia de las ciclas. Otra cosa es que con esta llovedera tan espantosa nadie le jala a pagar p’a que lo lleven en moto, porque mojao como un pato no trabaja ni el patas. Tampoco se puede voliar quimba por el mismo problema de la topografía, ya que aquí hay unas pendientes que en muchos casos no saben si pavimentalas o blanquíalas.
Por fortuna de un tiempo p’acá pusieron los tacímetros, p’a poder acabar con esa joda del regateo. Siempre que se cobraba una carrera había que ver el problema p’a ponese de acuerdo en el valor. En cambio ahora es lo que diga el aparatejo ése, y listo. Claro que usté sabe patrón que hecha la ley hecha la trampa, como dicen, y no falta el que le acomoda al carro el tal muñeco. ¿Que qué es esa vaina? Hombre, pues el famoso mecanismo p’a metele el dedo al pasajero. Le entablan conversa al cliente y en cierto momento lo hacen mirar p’a alguna parte, y entoes aprovechan y acionan un botoncito que aumenta el valor que marca el aparato eletrónico.
¡Huy dotor!, yo hablando paja y esta es la hora en que usté no me ha dicho a dónde lo llevo.
pmejiama1@une.net.co
miércoles, marzo 21, 2007
CARROS DE PLAZA (I)
El concepto del taxi debe haber nacido cuando alguien resolvió utilizar la carretilla para llevar gente o cargar mercados. Hoy en día, aparte de la cantidad de automóviles que ofrecen ese servicio en ciudades y carreteras, hay muchos pueblos donde existen bicicletas adaptadas para llevar pasajeros y los famosos moto – taxis, que se han generalizado en todo el país. Coger un taxi es una opción muy buena, aún para quienes tienen carro particular, para trasladarse de una forma rápida y segura; al menos en una ciudad como Manizales, donde la mayoría de los conductores de este servicio público son personas decentes y amigables. Por fortuna mucha gente ya aprendió que para salir de rumba lo mejor es utilizar esta modalidad, y hasta para hacer diligencias optan por lo mismo porque se evitan demoras, la parqueada del carro y el riesgo de que un chinche le raye el pichirilo en la calle. Hace unos días conversé con un taxista y me enteré de algunas cosas referentes a ese trabajo.
*No vaya a creer usté dotor que esto de voliar cabrilla todo el día es muy fácil. Yo llevo toda la vida en este oficio y me lo conozco de pe a pa, y le cuento pues que cada día la cosa se pone más berrionda. Fíjese que las calles están plagadas de amarillos, como les dice la gente, y hay que ver el camello p’a levantase una carrera. Y es que ha sido costumbre entre nosotros que cada que a un cliente lo jubilan en una empresa, o lo arreglan p’a salir de él, lo primero que hace el tipo es comprase un taci y largarse a recorrer pavimento. Como si esta vaina juera tan sencilla. Además, los políticos y los mandamases se pasan la ley por la galleta y reparten cupos como en una piñata.
Vea yo le esplico. En cada municipio hay normas que controlan los cupos de tacis y cuando el mercao está saturao, cierran la dentrada de más carros; pero esas bellezas que manejan el poder hacen lo que les da la gana y basta con untales la mano p’a que consigan los cupos que usté necesite. Lo que llaman la corrución, patrón. Entoes según las cuentas se supone que en una ciudá hay cierta cantidá de carros, pero va uno a ver y esisten por lo menos el doble. Y entoes lógico, el negocio se va al piso.
Por ejemplo yo trabajo este carro que es de un dotor que tiene varios tacis. Es un yundai modelo 95 y siempre está amasao, pero toca tratarlo con maña porque usté sabe que si la navecita saca la mano, no veo ni un peso p’a llevar p’a la casa. Claro que están en peor estado los chevetes. Esos sí son unas llagas, ¿oiga? Ya no les ajustan las puertas, botan los cambios, les suena hasta la pintura y queman aceite por galones. Lo que pasa es que ya tienen muchos años voliando cachucha y esa vaina no la aguanta es nadies.
Lo ideal es manejar uno su propio carrito; y yo tuve uno hace años, pero me tocó salir de él porque tuve un problema de billete. Es que cuando usté maneja el carro con cuidao y le pone harta curia al asunto, y si además no tiene que entregáselo a nadie p’a que lo trasnoche, con seguridá le da mejor rendimiento y no le pide tanta plata. No es por nada pero la mayoría de choferes le tiran al carro como a violín prestao. Otra cosa es que los patrones cambian de chofer todos los días y no hay nada pior p’a un carro que lo alpargatén varias patas.
Yo trabajo este carro de 5 de la mañana a 5 de la tarde. Cuando voy a cuadrar con el patrón tengo que llevalo lavao y tanquiao; éso sí, hay que echale gasolina hasta que no le quepa ni una gota. Por éso es que usté ve en las bombas a los tacistas maquiando el carro mientras lo tanquean. Luego otro chofer coge el taci y lo trasnocha; el hombre camella mientras haya clientela, porque de lo contrario se va a dormir. El caso es que a las 5 me lo tiene que entregar en las mismas condiciones como yo lo dejé.
Además estos carros modernos son muy cómodos y aparentadores, pero nada como esos tacis de antes que aguantaban zapato sin joder p’a nada. Por ejemplo el Doche Dar, que llamábamos tres patadas o carebola. O qué tal el Volga, un carro ruso que duraba más que un lote en Cartago. También había unas lanchas marca Ford, a los que se le podían acomodar cuatro pasajeros atrás y hasta tres adelante, si viajaba un muchachito; claro que el chofer tenía que manejar con el brazo izquierdo afuera p’a que cupieran todos. Así sí rendía la vaina, porque a estos carritos de ahora con trabajo le caben cuatro pasajeros en total.
Otro problema… ¡Huy!, dotor, usté me perdona un minuto yo me orillo p’a contestar este celular. Debe ser el patrón a joder, o mi mujer a encargame algo p’al almuerzo. Y no contesto mientras manejo porque fijo me clavan un parte y pierdo el trabajo de toda la semana. Aguarde y seguimos la conversa.
pmejiama1@une.net.co
*No vaya a creer usté dotor que esto de voliar cabrilla todo el día es muy fácil. Yo llevo toda la vida en este oficio y me lo conozco de pe a pa, y le cuento pues que cada día la cosa se pone más berrionda. Fíjese que las calles están plagadas de amarillos, como les dice la gente, y hay que ver el camello p’a levantase una carrera. Y es que ha sido costumbre entre nosotros que cada que a un cliente lo jubilan en una empresa, o lo arreglan p’a salir de él, lo primero que hace el tipo es comprase un taci y largarse a recorrer pavimento. Como si esta vaina juera tan sencilla. Además, los políticos y los mandamases se pasan la ley por la galleta y reparten cupos como en una piñata.
Vea yo le esplico. En cada municipio hay normas que controlan los cupos de tacis y cuando el mercao está saturao, cierran la dentrada de más carros; pero esas bellezas que manejan el poder hacen lo que les da la gana y basta con untales la mano p’a que consigan los cupos que usté necesite. Lo que llaman la corrución, patrón. Entoes según las cuentas se supone que en una ciudá hay cierta cantidá de carros, pero va uno a ver y esisten por lo menos el doble. Y entoes lógico, el negocio se va al piso.
Por ejemplo yo trabajo este carro que es de un dotor que tiene varios tacis. Es un yundai modelo 95 y siempre está amasao, pero toca tratarlo con maña porque usté sabe que si la navecita saca la mano, no veo ni un peso p’a llevar p’a la casa. Claro que están en peor estado los chevetes. Esos sí son unas llagas, ¿oiga? Ya no les ajustan las puertas, botan los cambios, les suena hasta la pintura y queman aceite por galones. Lo que pasa es que ya tienen muchos años voliando cachucha y esa vaina no la aguanta es nadies.
Lo ideal es manejar uno su propio carrito; y yo tuve uno hace años, pero me tocó salir de él porque tuve un problema de billete. Es que cuando usté maneja el carro con cuidao y le pone harta curia al asunto, y si además no tiene que entregáselo a nadie p’a que lo trasnoche, con seguridá le da mejor rendimiento y no le pide tanta plata. No es por nada pero la mayoría de choferes le tiran al carro como a violín prestao. Otra cosa es que los patrones cambian de chofer todos los días y no hay nada pior p’a un carro que lo alpargatén varias patas.
Yo trabajo este carro de 5 de la mañana a 5 de la tarde. Cuando voy a cuadrar con el patrón tengo que llevalo lavao y tanquiao; éso sí, hay que echale gasolina hasta que no le quepa ni una gota. Por éso es que usté ve en las bombas a los tacistas maquiando el carro mientras lo tanquean. Luego otro chofer coge el taci y lo trasnocha; el hombre camella mientras haya clientela, porque de lo contrario se va a dormir. El caso es que a las 5 me lo tiene que entregar en las mismas condiciones como yo lo dejé.
Además estos carros modernos son muy cómodos y aparentadores, pero nada como esos tacis de antes que aguantaban zapato sin joder p’a nada. Por ejemplo el Doche Dar, que llamábamos tres patadas o carebola. O qué tal el Volga, un carro ruso que duraba más que un lote en Cartago. También había unas lanchas marca Ford, a los que se le podían acomodar cuatro pasajeros atrás y hasta tres adelante, si viajaba un muchachito; claro que el chofer tenía que manejar con el brazo izquierdo afuera p’a que cupieran todos. Así sí rendía la vaina, porque a estos carritos de ahora con trabajo le caben cuatro pasajeros en total.
Otro problema… ¡Huy!, dotor, usté me perdona un minuto yo me orillo p’a contestar este celular. Debe ser el patrón a joder, o mi mujer a encargame algo p’al almuerzo. Y no contesto mientras manejo porque fijo me clavan un parte y pierdo el trabajo de toda la semana. Aguarde y seguimos la conversa.
pmejiama1@une.net.co
lunes, marzo 12, 2007
EXPRESIONES UNIVERSALES.
Una forma de saber cómo habla la gente del común en los diferentes países es ver sus producciones cinematográficas. De un tiempo para acá el cine independiente ha resurgido y por fortuna nos hemos sacudido ese monopolio que por tantas décadas ostentó el llamado séptimo arte desde Hollywood, su meca. Una industria que mide el éxito de sus producciones por el dinero recaudado en taquilla, y cuyas películas se encasillan en roles repetidos y fácilmente predecibles. Nunca he sido amigo de ese tipo de cintas, donde los efectos especiales son el atractivo y el derroche la constante. No le jalo a éso de ejércitos de robots, guerras espaciales, dinosaurios modernos, aterradores tiburones, un hombre araña maromero, tiernos marcianos, y otras tantas pendejadas que parecen muy reales pero que no pasan de ser mercantilismo barato.
En cambio ahora hay buen cine producido en diferentes latitudes y con formatos novedosos. El europeo muestra un estilo muy diferente al que conocíamos, y ahora aparece el latinoamericano con propuestas maravillosas. Sobre todo el mejicano que rompe esquemas y atrae la atención del mundo. Inclusive en nuestro país, aunque trabajan con las uñas, la calidad cinematográfica va en ascenso continuo.
Lo cierto es que en esta industria el lenguaje coloquial coincide, en todos los casos, en la forma vulgar y tosca como habla la gente. Sin importar el lugar donde se desarrolle la historia, es común que las personas utilicen palabras soeces, dichos ordinarios y explícitos, y exclamaciones bruscas. Hay que oír a los españoles cuando vociferan groserías; a los argentinos y sus muletillas subidas de tono; o a los gringos con sus dichos característicos.
Por ello nadie debe escandalizarse cuando en el cine colombiano se utiliza un lenguaje fuerte y ordinario. Porque la realidad es que la gente habla así, y puedo asegurar que la mayoría de las veces se quedan cortos los directores; tal vez por recato. La costumbre puede variar un poco según el estrato o la región del país, pero es una constante que solo tiene excepciones entre algunos aristócratas que viven de la imagen. Claro que les sacan la piedra y parecen verduleras.
Existen palabras que coinciden en todas las culturas, como aquella que se refiere a los desechos fisiológicos o el insulto a la madre. Mentar la madre no tiene fronteras, así varíe la forma. En cuanto a lo otro, hay que ver cómo se acude a dicho vocablo para insultar o enfatizar un hecho. ¡Shit!, dice el anglo parlante cuando quiere maldecir. En cambio nosotros la utilizamos prácticamente para todo. Lo mismo con “la grande”, como le dice mi madre a la otra palabrota.
Antes para referirnos a algo muy lejano, comentábamos que quedaba en los infiernos, en la Cochinchina o en la quinta porra. Ahora basta con decir que queda en la eme. Si alguien no sabe nada, no sabe ni eme; si huele mal, huele a eme; si habla mucha paja, lo que habla es eme. Ya no lo mandan a uno para el carajo, sino para la eme; no lo tildan de hosco sino de eme; y lo despachan cuando lo mandan a comer eme (un tarrao o una volquetada). Si está ofuscado manda todo a la eme; si es miope no ve ni eme; y si la comida está maluca sabe a eme. Recuerdo que cuando estábamos chiquitos, mi papá, para no decir malas palabras delante de los niños, comentaba que la laguna del Otún quedaba en la ñola.
Otra herramienta de la gramática que pasó a calificar servicios es la de los aumentativos. Grandotote, lejísimos, corridonón o piliculasa, era la forma de referirnos a algo de gran tamaño, un sitio muy retirado, una corrida de toros antológica o una película muy buena, respectivamente. En cambio ahora basta con agregar “la grande” a cualquier frase y queda todo dicho. El edificio es el hp de grande; éso queda más lejos que el hp; vimos una corrida la hp; y si viera que hp película tan genial.
La queja más común es: ¡vida hp! Para celebrar optamos por: ¡qué hp dicha! Al que cae en desgracia se lo lleva el hp. Si gana la lotería tiene una suerte la hp. Es tan manoseada la expresión, que cuando un perro ataca a alguien éste no dice que lo mordió un chandoso hijo de perra, sino un gozque hp. Ahí no cabe aquello que una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa.
Y como estamos convencidos de que entre más énfasis le pongamos a la expresión mejor cala en el interlocutor, es menester combinar las dos manidas palabrejas para que no queden dudas. Ya dije cómo nos referimos a un sitio lejano, pero si la distancia es mucha, entonces le damos vehemencia al asegurar que queda en la hp eme. Esa vaina sí es lejos.
La costumbre evoluciona con el paso del tiempo porque en mi infancia uno respondía, al ser reprendido por hacer algo indebido, que había actuado de ésa manera porque le daba la gana. Más grandecito le ponía energía al decir la puerca gana. Después la cochina gana, para remachar con la hp gana. Recuerdo que mi mamá, cuando algún mocoso estaba chinchoso, le metía un pellizco y lo mandaba a “comer de lo que dijo un viejo”. Eso debe saber a eme.
pmejiama1@une.net.co
En cambio ahora hay buen cine producido en diferentes latitudes y con formatos novedosos. El europeo muestra un estilo muy diferente al que conocíamos, y ahora aparece el latinoamericano con propuestas maravillosas. Sobre todo el mejicano que rompe esquemas y atrae la atención del mundo. Inclusive en nuestro país, aunque trabajan con las uñas, la calidad cinematográfica va en ascenso continuo.
Lo cierto es que en esta industria el lenguaje coloquial coincide, en todos los casos, en la forma vulgar y tosca como habla la gente. Sin importar el lugar donde se desarrolle la historia, es común que las personas utilicen palabras soeces, dichos ordinarios y explícitos, y exclamaciones bruscas. Hay que oír a los españoles cuando vociferan groserías; a los argentinos y sus muletillas subidas de tono; o a los gringos con sus dichos característicos.
Por ello nadie debe escandalizarse cuando en el cine colombiano se utiliza un lenguaje fuerte y ordinario. Porque la realidad es que la gente habla así, y puedo asegurar que la mayoría de las veces se quedan cortos los directores; tal vez por recato. La costumbre puede variar un poco según el estrato o la región del país, pero es una constante que solo tiene excepciones entre algunos aristócratas que viven de la imagen. Claro que les sacan la piedra y parecen verduleras.
Existen palabras que coinciden en todas las culturas, como aquella que se refiere a los desechos fisiológicos o el insulto a la madre. Mentar la madre no tiene fronteras, así varíe la forma. En cuanto a lo otro, hay que ver cómo se acude a dicho vocablo para insultar o enfatizar un hecho. ¡Shit!, dice el anglo parlante cuando quiere maldecir. En cambio nosotros la utilizamos prácticamente para todo. Lo mismo con “la grande”, como le dice mi madre a la otra palabrota.
Antes para referirnos a algo muy lejano, comentábamos que quedaba en los infiernos, en la Cochinchina o en la quinta porra. Ahora basta con decir que queda en la eme. Si alguien no sabe nada, no sabe ni eme; si huele mal, huele a eme; si habla mucha paja, lo que habla es eme. Ya no lo mandan a uno para el carajo, sino para la eme; no lo tildan de hosco sino de eme; y lo despachan cuando lo mandan a comer eme (un tarrao o una volquetada). Si está ofuscado manda todo a la eme; si es miope no ve ni eme; y si la comida está maluca sabe a eme. Recuerdo que cuando estábamos chiquitos, mi papá, para no decir malas palabras delante de los niños, comentaba que la laguna del Otún quedaba en la ñola.
Otra herramienta de la gramática que pasó a calificar servicios es la de los aumentativos. Grandotote, lejísimos, corridonón o piliculasa, era la forma de referirnos a algo de gran tamaño, un sitio muy retirado, una corrida de toros antológica o una película muy buena, respectivamente. En cambio ahora basta con agregar “la grande” a cualquier frase y queda todo dicho. El edificio es el hp de grande; éso queda más lejos que el hp; vimos una corrida la hp; y si viera que hp película tan genial.
La queja más común es: ¡vida hp! Para celebrar optamos por: ¡qué hp dicha! Al que cae en desgracia se lo lleva el hp. Si gana la lotería tiene una suerte la hp. Es tan manoseada la expresión, que cuando un perro ataca a alguien éste no dice que lo mordió un chandoso hijo de perra, sino un gozque hp. Ahí no cabe aquello que una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa.
Y como estamos convencidos de que entre más énfasis le pongamos a la expresión mejor cala en el interlocutor, es menester combinar las dos manidas palabrejas para que no queden dudas. Ya dije cómo nos referimos a un sitio lejano, pero si la distancia es mucha, entonces le damos vehemencia al asegurar que queda en la hp eme. Esa vaina sí es lejos.
La costumbre evoluciona con el paso del tiempo porque en mi infancia uno respondía, al ser reprendido por hacer algo indebido, que había actuado de ésa manera porque le daba la gana. Más grandecito le ponía energía al decir la puerca gana. Después la cochina gana, para remachar con la hp gana. Recuerdo que mi mamá, cuando algún mocoso estaba chinchoso, le metía un pellizco y lo mandaba a “comer de lo que dijo un viejo”. Eso debe saber a eme.
pmejiama1@une.net.co
jueves, marzo 08, 2007
CONMIGO TACARON BURRO.
Por qué será que vivir cuesta tanta plata. Aunque las personas de diferente nivel social sobreviven con presupuestos muy desiguales, es curioso ver a un alto ejecutivo que recibe un salario sustancioso quejándose a toda hora porque con sus ingresos no puede sostener el ritmo de vida que acostumbra. Ventilaron hace poco la diferencia que hay en Colombia entre los emolumentos que reciben un yupie y un obrero raso, los cuales van desde un cheque con varios ceros a la derecha el primero, hasta el modesto salario mínimo que recibe el lungo proletario. Y sin embargo ambos saltan matones al final de mes, y es una paradoja que casi sin excepción quien recibe mejores ingresos vive más estresado.
Dice la sabiduría popular que siempre hay una vida mejor, pero que es muy costosa. Por ello uno debe amoldarse a lo que tiene y sin renunciar a las ambiciones naturales, nunca envidiar el estatus de los demás. Basta con tasar en forma responsable el ingreso mensual, programando un presupuesto y siguiéndolo al pie de la letra, porque el error más común es que gastan más de lo que reciben. Y así no aguanta ni el más guapo.
Una platica bien manejada hace milagros y con juicio puede alcanzar hasta para ahorrar. No me cabe duda de que el truco está en no dejarse permear por la sociedad de consumo, que lo único que busca es exprimir al consumidor hasta dejarlo sin un peso. La publicidad se encarga de antojarnos de cuanta pendejada inventan y si caemos en la trampa, podemos llegar a convertirnos en esclavos de miles de productos sin los cuales podemos vivir perfectamente.
A diario vemos el lanzamiento de innovaciones que buscan clientes potenciales –conocidos como marranos-, los cuales es muy posible que se envicien al producto de moda y queden abrochados de por vida a consumirlo. Un ejemplo tangible es un sobrecito con un aliño especial que publicitan ahora dizque para preparar el arroz. Toda la vida hemos cocinado el grano con agua, un tris de aceite y sal al gusto, el cual queda delicioso para acompañar cualquier plato; también se acostumbra agregarle yerbas, verduras, un caldo o una bebida cola para variar su preparación, pero nunca ha sido necesario comprar aditivos. Que es muy barato y el gasto no vale la pena argumentan quienes lo ofrecen, pero definitivamente ese no es el punto. Porque con seguridad en un futuro próximo empiezan a subirle el precio, y quien se acostumbre a utilizarlo le va a hacer falta tenerlo a mano.
Puedo asegurar que la sociedad de consumo tacó burro conmigo. Que agradezcan que no todos somos iguales, porque si al menos la mitad de la población pensara como yo, tendrían que ir a buscar nuevos mercados al espacio exterior. Ese cuentico que para todo hay que llamar a un número de celular para votar, opinar, hacer apuestas, escoger opciones, dar marcadores y demás perendengues, no me lo trago ni a palo. Con esos ingresos sostienen los programas decadentes y hasta las transmisiones deportivas desde el exterior, y los premios que ofrecen no pasan de ser nimiedades que producen rabia.
En este mundo nadie regala nada y cuando vemos en las promociones que ofrecen dos productos por el pago de uno, quiere decir que la utilidad es mucho mayor de lo que imaginamos y que hasta con semejantes descuentos obtienen ganancias. O se trata de los grandes almacenes que presionan a los proveedores para que regalen sus productos a cambio de seguir con las puertas abiertas en sus puntos de venta; lo que se llama ganar jaculatorias con padrenuestros ajenos.
Ahora cogieron la modalidad de dar puntos o millas por todo tipo de consumo. Los supermercados buscan amarrar los clientes poniéndolos a coleccionar etiquetas especiales que entregan por cierto monto consumido. Los bancos incitan a sus clientes a meterse en cuanto plan implementan para que acumulen puntos que luego verán reflejados en una cafetera o en un juego de ollas, pendejadas que uno casi nunca necesita porque son de uso diario y con seguridad ya las tiene; y más finas.
El día que me vean en un centro comercial buscando “qué comprar”, pueden proceder a meterme al psiquiátrico. La moda me importa un pito, y me visto por costumbre y porque si salgo en pelota voy a parar al mismo manicomio. No le jalo a comprar basura que no necesito, basado en la absurda justificación de que está muy barata. No doy regalos inútiles ni me gusta recibirlos. Me choca sobre manera la oferta de boletas o bonos para obras de caridad, sobre todo cuando aprovechan situaciones comprometedoras que obligan a la gente a comprarlas.
Durante una feria fui a dar una vuelta por el centro de la ciudad para ver los ríos de gente que recorren las calles, y a los vendedores ambulantes que ofrecen de todo. Un tipo tenía un muestrario de una gran variedad de relojes, todos los cuales tenían un costo de tres mil pesos la unidad. La romería no se hizo esperar y en esas un pato gritó desde el anonimato:
- ¿A tres mil pesitos? ¡Hum!, ¿y entonces dónde está la utilidad?
El rebuscado vendedor no se dejó amilanar y respondió:
- ¡La utilidad es toda porque son robados!
pmejiama1@une.net.co
Dice la sabiduría popular que siempre hay una vida mejor, pero que es muy costosa. Por ello uno debe amoldarse a lo que tiene y sin renunciar a las ambiciones naturales, nunca envidiar el estatus de los demás. Basta con tasar en forma responsable el ingreso mensual, programando un presupuesto y siguiéndolo al pie de la letra, porque el error más común es que gastan más de lo que reciben. Y así no aguanta ni el más guapo.
Una platica bien manejada hace milagros y con juicio puede alcanzar hasta para ahorrar. No me cabe duda de que el truco está en no dejarse permear por la sociedad de consumo, que lo único que busca es exprimir al consumidor hasta dejarlo sin un peso. La publicidad se encarga de antojarnos de cuanta pendejada inventan y si caemos en la trampa, podemos llegar a convertirnos en esclavos de miles de productos sin los cuales podemos vivir perfectamente.
A diario vemos el lanzamiento de innovaciones que buscan clientes potenciales –conocidos como marranos-, los cuales es muy posible que se envicien al producto de moda y queden abrochados de por vida a consumirlo. Un ejemplo tangible es un sobrecito con un aliño especial que publicitan ahora dizque para preparar el arroz. Toda la vida hemos cocinado el grano con agua, un tris de aceite y sal al gusto, el cual queda delicioso para acompañar cualquier plato; también se acostumbra agregarle yerbas, verduras, un caldo o una bebida cola para variar su preparación, pero nunca ha sido necesario comprar aditivos. Que es muy barato y el gasto no vale la pena argumentan quienes lo ofrecen, pero definitivamente ese no es el punto. Porque con seguridad en un futuro próximo empiezan a subirle el precio, y quien se acostumbre a utilizarlo le va a hacer falta tenerlo a mano.
Puedo asegurar que la sociedad de consumo tacó burro conmigo. Que agradezcan que no todos somos iguales, porque si al menos la mitad de la población pensara como yo, tendrían que ir a buscar nuevos mercados al espacio exterior. Ese cuentico que para todo hay que llamar a un número de celular para votar, opinar, hacer apuestas, escoger opciones, dar marcadores y demás perendengues, no me lo trago ni a palo. Con esos ingresos sostienen los programas decadentes y hasta las transmisiones deportivas desde el exterior, y los premios que ofrecen no pasan de ser nimiedades que producen rabia.
En este mundo nadie regala nada y cuando vemos en las promociones que ofrecen dos productos por el pago de uno, quiere decir que la utilidad es mucho mayor de lo que imaginamos y que hasta con semejantes descuentos obtienen ganancias. O se trata de los grandes almacenes que presionan a los proveedores para que regalen sus productos a cambio de seguir con las puertas abiertas en sus puntos de venta; lo que se llama ganar jaculatorias con padrenuestros ajenos.
Ahora cogieron la modalidad de dar puntos o millas por todo tipo de consumo. Los supermercados buscan amarrar los clientes poniéndolos a coleccionar etiquetas especiales que entregan por cierto monto consumido. Los bancos incitan a sus clientes a meterse en cuanto plan implementan para que acumulen puntos que luego verán reflejados en una cafetera o en un juego de ollas, pendejadas que uno casi nunca necesita porque son de uso diario y con seguridad ya las tiene; y más finas.
El día que me vean en un centro comercial buscando “qué comprar”, pueden proceder a meterme al psiquiátrico. La moda me importa un pito, y me visto por costumbre y porque si salgo en pelota voy a parar al mismo manicomio. No le jalo a comprar basura que no necesito, basado en la absurda justificación de que está muy barata. No doy regalos inútiles ni me gusta recibirlos. Me choca sobre manera la oferta de boletas o bonos para obras de caridad, sobre todo cuando aprovechan situaciones comprometedoras que obligan a la gente a comprarlas.
Durante una feria fui a dar una vuelta por el centro de la ciudad para ver los ríos de gente que recorren las calles, y a los vendedores ambulantes que ofrecen de todo. Un tipo tenía un muestrario de una gran variedad de relojes, todos los cuales tenían un costo de tres mil pesos la unidad. La romería no se hizo esperar y en esas un pato gritó desde el anonimato:
- ¿A tres mil pesitos? ¡Hum!, ¿y entonces dónde está la utilidad?
El rebuscado vendedor no se dejó amilanar y respondió:
- ¡La utilidad es toda porque son robados!
pmejiama1@une.net.co
martes, febrero 27, 2007
VIVE COLOMBIA.
Pienso que los colombianos debemos dejar a un lado el apasionamiento y ser más sensatos al momento de exponer nuestros puntos de vista. Es derecho de cada uno criticar lo que le parece mal, pero al mismo tiempo es sano reconocer cuando existen cosas dignas de resaltar. Maniqueísta llaman al seguidor de un pensador persa del siglo III, Manes, quien solo admitía dos principios creadores: el del bien y el del mal. Nada de medias tintas, grises o tibios. Es así o asá; blanco o negro; frío o caliente. Preferible discutir cualquier asunto, oír opiniones, analizar, discernir, defender sus razones y argumentos, pero al mismo tiempo escuchar otros puntos de vista y así no esté de acuerdo con ellos, respetarlos.
Un ejemplo claro de esto puede verse cuando algunos contertulios tocan el tema del gobierno o la actualidad nacional. El que odia el régimen del momento lo ataca sin tregua y no afloja en nada, mientras que el seguidor del mismo defiende hasta lo indefendible. Y así pasan horas, discuten y esgrimen razones, y no es raro que al final rompan una amistad de mucho tiempo. Oigo dispares opiniones acerca de un asunto que crea controversia, y se refiere al programa del gobierno actual de blindar las carreteras para que los ciudadanos puedan transitarlas.
Muchos apoyamos ese plan, y lo disfrutamos, pero muchos otros insisten que es una medida elitista que beneficia solo a los ricos. Pues aquí van mis argumentos y de una vez aclaro que respeto cualquier opinión diferente a la mía. Pienso que los ricos no se montan en un carro durante horas interminables a recorrer unas vías estrechas y peligrosas, porque prefieren hacerlo en avión y a destinos turísticos en el exterior o en sitios privilegiados. Tuve la oportunidad de recorrer las carreteras en la temporada de fin de año y esto pude observar.
El flujo de viajeros por vía terrestre se ha incrementado en forma considerable, y si miramos unos años atrás podemos recordar cuando al final del gobierno de Andrés Pastrana llegamos al colmo que era peligroso viajar a la vecina ciudad de Pereira. Ni pensar en visitar Medellín o Bogotá, porque la excursión se convertía en un suicidio. Estábamos secuestrados en nuestros domicilios porque las fincas y lugares de recreo también estaban vetados. A nadie se le ocurría programar un paseo de olla a un río o una caminata por la montaña.
A pesar de que las vías son angostas, presentan mal estado en muchos tramos y el tráfico pesado las hace peligrosas y estresantes, es mejor correr ese riesgo que quedarse encerrado en la casa. Miles de familias emigran en busca de descanso y al detallar esos viajeros es cuando uno se pregunta a quiénes están tildando de ricos. Un empleado cualquiera, que ahorra todo el año y aprovecha la prima navideña para llevar la familia a pasear, después de darle una manito al carro consigue alquilar una cabaña en la costa donde pueden disfrutar del mar y del paisaje. Una clase media que hace un gran esfuerzo para compartir durante las vacaciones y que si no pudieran hacerlo por carretera, no tendrían otra opción.
Ni hablar de la gran cantidad de gente que consigue el sustento diario de ese turismo. El que vende mecato en los peajes, las estaciones de servicio, los restaurantes y paraderos, hoteles y hospedajes, y cualquiera que ofrezca algo al borde de la carretera. Por ejemplo en Santa Marta saltaron matones en la época que menciono porque nadie asomaba por allá en temporada de vacaciones, y hay que ver lo que es ahora. Parece un hervidero humano. Como la gente físicamente no cabe en las playas, arrancan en sus carros a buscar cupo en lugares como Bahía Concha, Parque Tayrona, Mendihuaca, Quebrada Valencia o Buritaca, todos en la vía que va hacia La Guajira.
Cuando desemboca en el mar el río Buritaca, que baja cristalino y helado procedente de la Sierra nevada, forma una lengua de playa espectacular donde los turistas disfrutan a sus anchas de lo más bello que puede ofrecer la naturaleza. En ese lugar iban a construir un complejo turístico pero la sociedad se quebró y al no poder indemnizar a los trabajadores, estos se apropiaron de los terrenos y hay que ver la maravilla de cooperativa que crearon. Es un pequeño poblado donde todas las personas tienen una labor definida. Los hombres controlan el parqueadero, cruzan el río en sus canoas para llevar los visitantes a la playa, alquilan las carpas con sus sillas, ofrecen kayacs, neumáticos y otras entretenciones. Las mujeres cocinan para los improvisados restaurantes, atienden la venta de artesanías, hacen trenzas y masajes, asan plátanos y fritan arepas de huevo, pican frutas y demás viandas que a su vez son vendidas por los menores. Todos van identificados con su nombre en la camiseta y nadie atosiga al turista; con mucha prudencia ofrecen sus servicios de lejitos. Puede usted antojarse de cualquier cosa y se la consiguen.
Allá encuentra uno colombianos de todo tipo y puedo asegurar que muy pocos son ricos. Gente común y corriente. Y esa cantidad de personas que obtienen el sustento diario gracias al flujo turístico. Basta con sacar los militares del cuartel y hacer presencia con ellos en las vías, y muchos podemos disfrutar de una opción económica y reconfortante.pmejiama1@une.net.co
Un ejemplo claro de esto puede verse cuando algunos contertulios tocan el tema del gobierno o la actualidad nacional. El que odia el régimen del momento lo ataca sin tregua y no afloja en nada, mientras que el seguidor del mismo defiende hasta lo indefendible. Y así pasan horas, discuten y esgrimen razones, y no es raro que al final rompan una amistad de mucho tiempo. Oigo dispares opiniones acerca de un asunto que crea controversia, y se refiere al programa del gobierno actual de blindar las carreteras para que los ciudadanos puedan transitarlas.
Muchos apoyamos ese plan, y lo disfrutamos, pero muchos otros insisten que es una medida elitista que beneficia solo a los ricos. Pues aquí van mis argumentos y de una vez aclaro que respeto cualquier opinión diferente a la mía. Pienso que los ricos no se montan en un carro durante horas interminables a recorrer unas vías estrechas y peligrosas, porque prefieren hacerlo en avión y a destinos turísticos en el exterior o en sitios privilegiados. Tuve la oportunidad de recorrer las carreteras en la temporada de fin de año y esto pude observar.
El flujo de viajeros por vía terrestre se ha incrementado en forma considerable, y si miramos unos años atrás podemos recordar cuando al final del gobierno de Andrés Pastrana llegamos al colmo que era peligroso viajar a la vecina ciudad de Pereira. Ni pensar en visitar Medellín o Bogotá, porque la excursión se convertía en un suicidio. Estábamos secuestrados en nuestros domicilios porque las fincas y lugares de recreo también estaban vetados. A nadie se le ocurría programar un paseo de olla a un río o una caminata por la montaña.
A pesar de que las vías son angostas, presentan mal estado en muchos tramos y el tráfico pesado las hace peligrosas y estresantes, es mejor correr ese riesgo que quedarse encerrado en la casa. Miles de familias emigran en busca de descanso y al detallar esos viajeros es cuando uno se pregunta a quiénes están tildando de ricos. Un empleado cualquiera, que ahorra todo el año y aprovecha la prima navideña para llevar la familia a pasear, después de darle una manito al carro consigue alquilar una cabaña en la costa donde pueden disfrutar del mar y del paisaje. Una clase media que hace un gran esfuerzo para compartir durante las vacaciones y que si no pudieran hacerlo por carretera, no tendrían otra opción.
Ni hablar de la gran cantidad de gente que consigue el sustento diario de ese turismo. El que vende mecato en los peajes, las estaciones de servicio, los restaurantes y paraderos, hoteles y hospedajes, y cualquiera que ofrezca algo al borde de la carretera. Por ejemplo en Santa Marta saltaron matones en la época que menciono porque nadie asomaba por allá en temporada de vacaciones, y hay que ver lo que es ahora. Parece un hervidero humano. Como la gente físicamente no cabe en las playas, arrancan en sus carros a buscar cupo en lugares como Bahía Concha, Parque Tayrona, Mendihuaca, Quebrada Valencia o Buritaca, todos en la vía que va hacia La Guajira.
Cuando desemboca en el mar el río Buritaca, que baja cristalino y helado procedente de la Sierra nevada, forma una lengua de playa espectacular donde los turistas disfrutan a sus anchas de lo más bello que puede ofrecer la naturaleza. En ese lugar iban a construir un complejo turístico pero la sociedad se quebró y al no poder indemnizar a los trabajadores, estos se apropiaron de los terrenos y hay que ver la maravilla de cooperativa que crearon. Es un pequeño poblado donde todas las personas tienen una labor definida. Los hombres controlan el parqueadero, cruzan el río en sus canoas para llevar los visitantes a la playa, alquilan las carpas con sus sillas, ofrecen kayacs, neumáticos y otras entretenciones. Las mujeres cocinan para los improvisados restaurantes, atienden la venta de artesanías, hacen trenzas y masajes, asan plátanos y fritan arepas de huevo, pican frutas y demás viandas que a su vez son vendidas por los menores. Todos van identificados con su nombre en la camiseta y nadie atosiga al turista; con mucha prudencia ofrecen sus servicios de lejitos. Puede usted antojarse de cualquier cosa y se la consiguen.
Allá encuentra uno colombianos de todo tipo y puedo asegurar que muy pocos son ricos. Gente común y corriente. Y esa cantidad de personas que obtienen el sustento diario gracias al flujo turístico. Basta con sacar los militares del cuartel y hacer presencia con ellos en las vías, y muchos podemos disfrutar de una opción económica y reconfortante.pmejiama1@une.net.co
jueves, febrero 22, 2007
AL PAN PAN...
No me explico por qué les ha dado por cambiarle el nombre a las cosas. Serán ganas de innovar, pues no creo que se trate de evolucionar el idioma porque reemplazan palabras que hemos utilizado toda la vida y que hasta ahora nos han servido de maravilla. Hablar como nuestros antepasados, en muchos casos, se ha vuelto un irrespeto y no falta el que se torea porque nombran su profesión o condición con un vocablo determinado. A cuenta de qué una palabra pierde su estatus y debe cederle el turno a otra que han impuesto, sin ninguna causa o razón justificada.
Una cosa es que un escritor, profesor, científico o cualquier persona con cierto bagaje intelectual aproveche sus conocimientos del lenguaje para adornar, o simplemente para describir con precisión cuando escribe o en una disertación, y otra muy distinta que la gente del común empiece a utilizar terminachos rebuscados para expresar lo que siempre ha dicho de una manera simple y sencilla. Mientras que en una novela se menciona, por ejemplo, un personaje esmirriado, de rostro enjuto, cabello hirsuto y andar desgarbado, para un ciudadano común es un tipo flacuchento, carichupao, mechudo y que camina como chencha la gamba.
De cuándo acá es pecado decirle negro a un negro; puede ser un corroncho de esos que parece embetunado, y ahora cogieron por referirse a él como de color, morocho o afro descendiente. Igual como le decimos mono al rubio o amarillo al oriental. Para mí un tipo es alto, no espigado; enano, en vez de chaparro, paturro o canijo; prefiero gordo a robusto, y churrusco en vez de ensortijado. Al cabello le digo pelo, a la tez cara, al rictus carantoña, a las vistas ojos y al trasero fundillo.
Nadie está libre de sufrir alguna malformación o enfermedad que lo incapacite, la cual puede ser de nacimiento o por un desafortunado accidente, lo que conlleva a que lo llamen de una manera determinada que describe su condición. Peor para el que se ponga como un tigre porque le dicen inválido en vez de minusválido; boquineto cuando tiene labio leporino; chapín si nace con los pies deformes; o garetas porque tiene las piernas como paréntesis. Es común que le digan sordo al que es como una tapia; si el sujeto no ve ni por la familia, o parece un topo, se conoce como ciego, aunque ahora les dio por llamarlo invidente; y el que tiene estrabismo es tan bizco que cuando llora se le moja la espalda.
La persona de escasos recursos es simple y llanamente más pobre que las ratas y no tiene ni con qué pasar una maluquera. Lo que ahora se conoce como un habitante de la calle, en mi infancia se llamaba chinche; en el intervalo le han dicho gamín o ñero. Nada más común que comentar que a fulanito se le corrió la teja y que por ello lo enchiqueraron en el manicomio. Válgame dios semejante irrespeto, porque la sociedad ahora exige referirse al loco como desequilibrado mental y la institución que lo acoge es la clínica siquiátrica. No me explico a qué hora el preso se convirtió en interno; el embolador en lustrabotas; el cotero en estibador; la guaricha en trabajadora sexual; el policía en patrullero (antes era tombo) y la de los tintos en asistente de oficios varios.
El diccionario dice que chofer es quien se desempeña laboralmente como conductor de un vehículo, por lo que no entiendo a los que se enfurecen porque los llaman de esa forma, y exigen que los traten de conductores o profesionales del volante. De manera que quien maneje taxi, bus, colectivo, buseta o carro particular, es un chofer así le pique y le rasque. Cualquier ser humano, si no estira la pata antes, llega a la vejez indefectiblemente. Ahí pasa a ser un viejo, palabra utilizada desde siempre para referirse al anciano, aunque se puso de moda decirles adultos mayores o personas de la tercera edad. Si uno es viejo es viejo y por más apelativos que inventen nadie lo salva de los achaques, chocheras y decrepitudes que acumula con el paso de los años, y lo seguirán llamando chuchumeco, vejestorio, cucho o catano. No sobra recordar que al ancianato ahora le dicen geriátrico.
Diferente cuando alguien habla en público, o publica un escrito, y hecha mano de expresiones más suaves y sonoras que las que acostumbra el vulgo. Como cuando al futbolista le dan un puntapié dizque en las partes nobles, según el narrador de turno (¿por qué le dirán nobles a esas partes?) En cambio nadie necesita aclaración si oye decir que a fulano le zamparon una patada en las pelotas y lo dejaron p’a tío. O al que recibió una cachetada que le causó un fuerte moretón, lo que en lenguaje popular quiere decir que le dieron en la jeta y quedó con un ojo picho.
Más fastidiosos aún son los extranjerismos, utilizados por aquellos que creen ser mejores por hacerlo. Hay que oír hablar a un ejecutivo joven de esos que acomoda una palabra importada en cada frase que pronuncia. Sí, de los que no dicen compras sino shopping y speech en vez de discurso o presentación. Y para rematar reemplazaron un simple no por el empalagoso nada que ver.
pmejiama1@une.net.co
Una cosa es que un escritor, profesor, científico o cualquier persona con cierto bagaje intelectual aproveche sus conocimientos del lenguaje para adornar, o simplemente para describir con precisión cuando escribe o en una disertación, y otra muy distinta que la gente del común empiece a utilizar terminachos rebuscados para expresar lo que siempre ha dicho de una manera simple y sencilla. Mientras que en una novela se menciona, por ejemplo, un personaje esmirriado, de rostro enjuto, cabello hirsuto y andar desgarbado, para un ciudadano común es un tipo flacuchento, carichupao, mechudo y que camina como chencha la gamba.
De cuándo acá es pecado decirle negro a un negro; puede ser un corroncho de esos que parece embetunado, y ahora cogieron por referirse a él como de color, morocho o afro descendiente. Igual como le decimos mono al rubio o amarillo al oriental. Para mí un tipo es alto, no espigado; enano, en vez de chaparro, paturro o canijo; prefiero gordo a robusto, y churrusco en vez de ensortijado. Al cabello le digo pelo, a la tez cara, al rictus carantoña, a las vistas ojos y al trasero fundillo.
Nadie está libre de sufrir alguna malformación o enfermedad que lo incapacite, la cual puede ser de nacimiento o por un desafortunado accidente, lo que conlleva a que lo llamen de una manera determinada que describe su condición. Peor para el que se ponga como un tigre porque le dicen inválido en vez de minusválido; boquineto cuando tiene labio leporino; chapín si nace con los pies deformes; o garetas porque tiene las piernas como paréntesis. Es común que le digan sordo al que es como una tapia; si el sujeto no ve ni por la familia, o parece un topo, se conoce como ciego, aunque ahora les dio por llamarlo invidente; y el que tiene estrabismo es tan bizco que cuando llora se le moja la espalda.
La persona de escasos recursos es simple y llanamente más pobre que las ratas y no tiene ni con qué pasar una maluquera. Lo que ahora se conoce como un habitante de la calle, en mi infancia se llamaba chinche; en el intervalo le han dicho gamín o ñero. Nada más común que comentar que a fulanito se le corrió la teja y que por ello lo enchiqueraron en el manicomio. Válgame dios semejante irrespeto, porque la sociedad ahora exige referirse al loco como desequilibrado mental y la institución que lo acoge es la clínica siquiátrica. No me explico a qué hora el preso se convirtió en interno; el embolador en lustrabotas; el cotero en estibador; la guaricha en trabajadora sexual; el policía en patrullero (antes era tombo) y la de los tintos en asistente de oficios varios.
El diccionario dice que chofer es quien se desempeña laboralmente como conductor de un vehículo, por lo que no entiendo a los que se enfurecen porque los llaman de esa forma, y exigen que los traten de conductores o profesionales del volante. De manera que quien maneje taxi, bus, colectivo, buseta o carro particular, es un chofer así le pique y le rasque. Cualquier ser humano, si no estira la pata antes, llega a la vejez indefectiblemente. Ahí pasa a ser un viejo, palabra utilizada desde siempre para referirse al anciano, aunque se puso de moda decirles adultos mayores o personas de la tercera edad. Si uno es viejo es viejo y por más apelativos que inventen nadie lo salva de los achaques, chocheras y decrepitudes que acumula con el paso de los años, y lo seguirán llamando chuchumeco, vejestorio, cucho o catano. No sobra recordar que al ancianato ahora le dicen geriátrico.
Diferente cuando alguien habla en público, o publica un escrito, y hecha mano de expresiones más suaves y sonoras que las que acostumbra el vulgo. Como cuando al futbolista le dan un puntapié dizque en las partes nobles, según el narrador de turno (¿por qué le dirán nobles a esas partes?) En cambio nadie necesita aclaración si oye decir que a fulano le zamparon una patada en las pelotas y lo dejaron p’a tío. O al que recibió una cachetada que le causó un fuerte moretón, lo que en lenguaje popular quiere decir que le dieron en la jeta y quedó con un ojo picho.
Más fastidiosos aún son los extranjerismos, utilizados por aquellos que creen ser mejores por hacerlo. Hay que oír hablar a un ejecutivo joven de esos que acomoda una palabra importada en cada frase que pronuncia. Sí, de los que no dicen compras sino shopping y speech en vez de discurso o presentación. Y para rematar reemplazaron un simple no por el empalagoso nada que ver.
pmejiama1@une.net.co
jueves, febrero 15, 2007
CAMBIO DE CANAL.
CAMBIO DE CANAL.
Los canales privados de televisión de nuestro país lograron, al menos conmigo, algo que definitivamente no debe estar en sus metas: que rechace el 99% de su programación. La verdad es que acostumbro sintonizar el noticiero del medio día, al menos hasta que empiezan las supuestas noticias deportivas; y digo supuestas porque al menos en el canal que prefiero, se trata de una sección dedicada a comentar todo lo que sucede alrededor de los equipos de fútbol de Bogotá. De resto no le dedico ni un minuto a los canales colombianos. Y en vista de que las cadenas nacionales agonizan, sobra aclarar que me refiero a los dos canales privados.
A cada rato me insisten para que vea una telenovela o un programa determinado, y aducen que seguro me van a gustar porque tienen mucho humor, son costumbristas, retratan perfectamente nuestra gente y la realidad que vivimos, y en otros casos son artísticos o interesantes. Estoy seguro de que muchas de esas emisiones pueden agradarme, pero la negativa a verlos es por otra razón. Porque me ofende que después de estar enganchado a un espacio cualquiera empiecen a manipularme y a abusar de mi paciencia. Que cambien el horario a su antojo, que metan un programa nuevo que quieren promocionar en medio del que estoy viendo, que abusen de la pauta publicitaria, que repitan gran parte de la emisión anterior y muchas otras argucias que acostumbran para ordeñar al consumidor.
Pues no señor, no me les presto para ese jueguito. Desde hace mucho tiempo no caigo en ninguna de sus carnadas, así las promocionen en forma exagerada y muchas veces llamativa. Cómo es posible que empiecen a emitir una telenovela a las 9 de la noche y según la audiencia que marque, proceden a correrla y sus seguidores deben esperar hasta las 11 de la noche para poder verla. Porque siempre están lanzando un nuevo programa y como el otro ya tiene su clientela amarrada, entonces lo dejan para más tardecito y ceden el mejor horario al que apenas comienza.
Recibí una información acerca de los abusos en la franja publicitaria de dichos canales. Dice quien lo remite que procedió con la tarea de contar los comerciales de uno de esos canales durante un programa en el mejor horario y se aterró al ver que fueron 28, los cuales se comieron más de 10 minutos de la emisión. Luego sumó el tiempo que gastaron en repetir las escenas del capitulo anterior y las del siguiente, para comprobar que el tiempo dedicado al programa como tal fue mínimo. Con razón cualquier programita dura eternidades. En la Unión Europea permiten 12 minutos de publicidad por hora, los que se incrementan a 17 con las autopromociones. En Gran Bretaña limitan a 7 minutos la publicidad en una hora durante el día y 7.5 en los horarios estrella de la noche. Las multas por el no cumplimiento de la norma corresponden a 10 veces el valor del segundo de publicidad.
A todas estas la pregunta del millón es para qué carajo sirve la tal Comisión nacional de televisión. ¿Será que los comisionados nunca ven dichos canales y nadie les comenta acerca del asunto? Como no conozco las normas vigentes en nuestro país para estos casos a lo mejor el equivocado soy yo, aunque no puedo creer que actúen conforme a la ley. Parece inaudito que puedan hacer lo que les dé la gana sin que nada ni nadie pueda ponerles el tatequieto. Solo queda esperar a ver si acatan las condiciones que la dichosa Comisión impuso hace poco respecto al movimiento de horarios y otras marrullas.
Los medios de comunicación en Colombia se han convertido en empresas cuyo único objetivo es atrapar audiencia sin importar el cómo. Pasan por encima de quien sea y hacen hasta lo imposible por desacreditar la competencia. Un ejemplo claro se puede ver en los canales privados de televisión. Cómo es posible que por ejemplo en Caracol compren los derechos para trasmitir un campeonato juvenil de fútbol, y en RCN ignoren por completo la noticia por no ser ellos quienes difunden el evento. Para colmo, los periodistas encargados de la transmisión maquillan la realidad y a pesar de la mala presentación de nuestra selección, buscan la manera de hacerle creer al televidente que la situación no es tan grave. Me parece ver a los de RCN haciendo fuerza para que los muchachos pierdan todos los partidos y así la competencia fracase en cuanto a la audiencia de sus transmisiones. Como la vaina es recíproca, en el canal Caracol ni siquiera mencionaron el pasado Hay festival en Cartagena por contar el evento con el patrocinio del rival.
Esas mañas también se ven en la radio y fue vergonzosa la manera como el Combo taurino de Caracol, bajo la dirección del ególatra Iván Parra, ignoró olímpicamente la dedicatoria de un toro que le hizo el maestro César Rincón a don Ramón Ospina con motivo de su retiro como narrador taurino. Todo por viejas rencillas y chismografía de sirvientas. No me explico cómo un periodista serio y culto como Guillermo Rodríguez acepta tan ruin proceder sin chistar. Será por necesidad.
En todo caso al que le gusten los programas decadentes y las películas gringas de policías y karatecas, está hecho con los canales privados.
pmejiama1@une.net.co
Los canales privados de televisión de nuestro país lograron, al menos conmigo, algo que definitivamente no debe estar en sus metas: que rechace el 99% de su programación. La verdad es que acostumbro sintonizar el noticiero del medio día, al menos hasta que empiezan las supuestas noticias deportivas; y digo supuestas porque al menos en el canal que prefiero, se trata de una sección dedicada a comentar todo lo que sucede alrededor de los equipos de fútbol de Bogotá. De resto no le dedico ni un minuto a los canales colombianos. Y en vista de que las cadenas nacionales agonizan, sobra aclarar que me refiero a los dos canales privados.
A cada rato me insisten para que vea una telenovela o un programa determinado, y aducen que seguro me van a gustar porque tienen mucho humor, son costumbristas, retratan perfectamente nuestra gente y la realidad que vivimos, y en otros casos son artísticos o interesantes. Estoy seguro de que muchas de esas emisiones pueden agradarme, pero la negativa a verlos es por otra razón. Porque me ofende que después de estar enganchado a un espacio cualquiera empiecen a manipularme y a abusar de mi paciencia. Que cambien el horario a su antojo, que metan un programa nuevo que quieren promocionar en medio del que estoy viendo, que abusen de la pauta publicitaria, que repitan gran parte de la emisión anterior y muchas otras argucias que acostumbran para ordeñar al consumidor.
Pues no señor, no me les presto para ese jueguito. Desde hace mucho tiempo no caigo en ninguna de sus carnadas, así las promocionen en forma exagerada y muchas veces llamativa. Cómo es posible que empiecen a emitir una telenovela a las 9 de la noche y según la audiencia que marque, proceden a correrla y sus seguidores deben esperar hasta las 11 de la noche para poder verla. Porque siempre están lanzando un nuevo programa y como el otro ya tiene su clientela amarrada, entonces lo dejan para más tardecito y ceden el mejor horario al que apenas comienza.
Recibí una información acerca de los abusos en la franja publicitaria de dichos canales. Dice quien lo remite que procedió con la tarea de contar los comerciales de uno de esos canales durante un programa en el mejor horario y se aterró al ver que fueron 28, los cuales se comieron más de 10 minutos de la emisión. Luego sumó el tiempo que gastaron en repetir las escenas del capitulo anterior y las del siguiente, para comprobar que el tiempo dedicado al programa como tal fue mínimo. Con razón cualquier programita dura eternidades. En la Unión Europea permiten 12 minutos de publicidad por hora, los que se incrementan a 17 con las autopromociones. En Gran Bretaña limitan a 7 minutos la publicidad en una hora durante el día y 7.5 en los horarios estrella de la noche. Las multas por el no cumplimiento de la norma corresponden a 10 veces el valor del segundo de publicidad.
A todas estas la pregunta del millón es para qué carajo sirve la tal Comisión nacional de televisión. ¿Será que los comisionados nunca ven dichos canales y nadie les comenta acerca del asunto? Como no conozco las normas vigentes en nuestro país para estos casos a lo mejor el equivocado soy yo, aunque no puedo creer que actúen conforme a la ley. Parece inaudito que puedan hacer lo que les dé la gana sin que nada ni nadie pueda ponerles el tatequieto. Solo queda esperar a ver si acatan las condiciones que la dichosa Comisión impuso hace poco respecto al movimiento de horarios y otras marrullas.
Los medios de comunicación en Colombia se han convertido en empresas cuyo único objetivo es atrapar audiencia sin importar el cómo. Pasan por encima de quien sea y hacen hasta lo imposible por desacreditar la competencia. Un ejemplo claro se puede ver en los canales privados de televisión. Cómo es posible que por ejemplo en Caracol compren los derechos para trasmitir un campeonato juvenil de fútbol, y en RCN ignoren por completo la noticia por no ser ellos quienes difunden el evento. Para colmo, los periodistas encargados de la transmisión maquillan la realidad y a pesar de la mala presentación de nuestra selección, buscan la manera de hacerle creer al televidente que la situación no es tan grave. Me parece ver a los de RCN haciendo fuerza para que los muchachos pierdan todos los partidos y así la competencia fracase en cuanto a la audiencia de sus transmisiones. Como la vaina es recíproca, en el canal Caracol ni siquiera mencionaron el pasado Hay festival en Cartagena por contar el evento con el patrocinio del rival.
Esas mañas también se ven en la radio y fue vergonzosa la manera como el Combo taurino de Caracol, bajo la dirección del ególatra Iván Parra, ignoró olímpicamente la dedicatoria de un toro que le hizo el maestro César Rincón a don Ramón Ospina con motivo de su retiro como narrador taurino. Todo por viejas rencillas y chismografía de sirvientas. No me explico cómo un periodista serio y culto como Guillermo Rodríguez acepta tan ruin proceder sin chistar. Será por necesidad.
En todo caso al que le gusten los programas decadentes y las películas gringas de policías y karatecas, está hecho con los canales privados.
pmejiama1@une.net.co
lunes, febrero 05, 2007
OCIOSIDADES DE AHORA.
La gente ya no sabe qué inventarse. Hay qué ver la cantidad de adornos y perendengues que acostumbran en la actualidad algunas personas, con el agravante que muchas veces atentan contra su integridad por seguir una moda o calmar una gana. A través de los tiempos el hombre ha sido amigo de adornar su cuerpo con pinturas, aditamentos, dibujos y tatuajes, pero en la mayoría de los casos se trataba de ornamentos pasajeros con motivo de una celebración o ceremonia en particular, y bastaba con bañarse muy bien en el río para quedar otra vez como el modelo original. Al remontarnos en la historia encontramos que la mujer del faraón, en el antiguo Egipto, solo tenía pelo en la cabeza y para tal menester utilizaba grasa de hipopótamo; pero como ese animal es tan arisco, experimentaron hasta lograr reemplazarlo con un preparado de agua, azúcar y limón. De manera que a tener cuidado con la limonada, porque al evacuarla puede pelarnos el caño.
El culto al cuerpo perfecto se convierte en una manía para algunos y basta ver esos personajillos que presentan casi la totalidad de la piel tatuada con infinidad de grabados artísticos y estrafalarios. Porque desde siempre los marinos han acostumbrado una sirena con una dedicatoria en el bíceps, los presos un corazón con las iniciales de la amada en el pecho y quienes pertenecen a cierta pandilla se distinguen por un tatuaje localizado en un lugar determinado. Los jóvenes también optan por un pequeño tatuaje, casi siempre discreto y de buen gusto, disimulado en un lugar sugestivo.
De un tiempo para acá se impusieron de nuevo los aretes, narigueras y cocianfirulos de metal llamados “piercing”, los cuales son rechazados por médicos y profesionales de la salud, pero que los muchachos se chantan a como dé lugar. Sin duda algunos aritos quedan muy sexapilosos en un ombligo bien puesto, pero atravesar la lengua con un trozo de metal me parece una salvajada. Si brotan lágrimas cuando uno se muerde ese órgano al mascar un alimento, cómo será al momento de instalar el incómodo adminículo. No quiero imaginar siquiera lo que estorban y duelen los que se ponen, hombres y mujeres, en los lugares más íntimos y recónditos que pueda imaginarse.
Nunca escandalizarse porque un hijo adolescente llega con el cuento que quiere ponerse un chuflí de esos, aunque debe abrir el ojo si empieza a llenarse el cuerpo con signos y marcas. Porque es tradición que sectas satánicas y demás camarillas dañinas acostumbren ese tipo de prácticas, además de lavar el cerebro de muchachos que a cierta edad andan en busca de innovaciones. Conocí el video donde un joven paga para que le disparen en el hombro con un revólver, y así poder ufanarse al mostrar la cicatriz a todo el mundo.
Pero la tapa del congolo es la moda de depilarse hasta el último rincón de la anatomía, a excepción de la cabeza. En nuestra cultura por ejemplo se acostumbra que la mujer erradique el vello que aparece en las axilas, controle la aparición del mismo en la cara y otros lugares, y debido a que los vestidos de baño son cada vez más pequeños, se ocupe de que no se asomen pelos indiscretos. Muchas modalidades aparecen al ritmo de la tecnología, aunque todo inició usufructuando la maquinilla de afeitar que mantiene el marido en la regadera. Luego aparecieron diferentes técnicas, como la cera, que hace poner los pelos de punta antes de arrancarlos de raíz. Las más pudientes recurren a depilación con láser u otras modalidades sofisticadas que sin duda son más efectivas.
Mi Dios sabe cómo hace sus cosas y por algo le acomodó al ser humano vello en algunas zonas del cuerpo. Por lo tanto es curioso que ahora se afeiten hasta el último pelo y presenten la horqueta como bola de billar, y surgen estilistas especializados en depilar, con una oferta para el cliente que lo requiera, que consiste en hacer figuras en rincones antaño vetados. Sobra advertir que estas ociosidades son costosas, y hasta se acostumbra que el compañero de la clienta dibuje a mano alzada el monicongo diseñado por él; no falta el que opta por el escudo de su equipo de fútbol o el logotipo del carro preferido. Hay mujeres que no tienen siquiera para comprar una prestobarba, ahora para meterle un dineral a un trabajo de este tipo. Y éso que dizque para la parte de atrás se sube la tarifa, lo que me parece muy raro, ya que por ese lado todo es más chiquito.
Estas prácticas no son comunes entre los hombres, porque imagino que pocos se le miden a que les forren el racimo en cera hirviendo para jalarlo de un tirón y arrancar de un tajo toda la melena. En el recuerdo quedó pues el famoso “gato echao” y relato la experiencia que vivió cierta vez una de mis primas. Se fue al salón de belleza para que le hicieran el bikini, que consiste en depilar los lados del pubis para evitar cachumbos indiscretos, recomendó muy bien al estilista que fuera cuidadoso y se entretuvo con una revista. Pero cual sería el disgusto cuando miró hacia abajo, y solo le quedó exclamar:
-¡Brutas!, este mariquetas me dejó como el Palomo Usurriaga.
pmejiama1@une.net.co
El culto al cuerpo perfecto se convierte en una manía para algunos y basta ver esos personajillos que presentan casi la totalidad de la piel tatuada con infinidad de grabados artísticos y estrafalarios. Porque desde siempre los marinos han acostumbrado una sirena con una dedicatoria en el bíceps, los presos un corazón con las iniciales de la amada en el pecho y quienes pertenecen a cierta pandilla se distinguen por un tatuaje localizado en un lugar determinado. Los jóvenes también optan por un pequeño tatuaje, casi siempre discreto y de buen gusto, disimulado en un lugar sugestivo.
De un tiempo para acá se impusieron de nuevo los aretes, narigueras y cocianfirulos de metal llamados “piercing”, los cuales son rechazados por médicos y profesionales de la salud, pero que los muchachos se chantan a como dé lugar. Sin duda algunos aritos quedan muy sexapilosos en un ombligo bien puesto, pero atravesar la lengua con un trozo de metal me parece una salvajada. Si brotan lágrimas cuando uno se muerde ese órgano al mascar un alimento, cómo será al momento de instalar el incómodo adminículo. No quiero imaginar siquiera lo que estorban y duelen los que se ponen, hombres y mujeres, en los lugares más íntimos y recónditos que pueda imaginarse.
Nunca escandalizarse porque un hijo adolescente llega con el cuento que quiere ponerse un chuflí de esos, aunque debe abrir el ojo si empieza a llenarse el cuerpo con signos y marcas. Porque es tradición que sectas satánicas y demás camarillas dañinas acostumbren ese tipo de prácticas, además de lavar el cerebro de muchachos que a cierta edad andan en busca de innovaciones. Conocí el video donde un joven paga para que le disparen en el hombro con un revólver, y así poder ufanarse al mostrar la cicatriz a todo el mundo.
Pero la tapa del congolo es la moda de depilarse hasta el último rincón de la anatomía, a excepción de la cabeza. En nuestra cultura por ejemplo se acostumbra que la mujer erradique el vello que aparece en las axilas, controle la aparición del mismo en la cara y otros lugares, y debido a que los vestidos de baño son cada vez más pequeños, se ocupe de que no se asomen pelos indiscretos. Muchas modalidades aparecen al ritmo de la tecnología, aunque todo inició usufructuando la maquinilla de afeitar que mantiene el marido en la regadera. Luego aparecieron diferentes técnicas, como la cera, que hace poner los pelos de punta antes de arrancarlos de raíz. Las más pudientes recurren a depilación con láser u otras modalidades sofisticadas que sin duda son más efectivas.
Mi Dios sabe cómo hace sus cosas y por algo le acomodó al ser humano vello en algunas zonas del cuerpo. Por lo tanto es curioso que ahora se afeiten hasta el último pelo y presenten la horqueta como bola de billar, y surgen estilistas especializados en depilar, con una oferta para el cliente que lo requiera, que consiste en hacer figuras en rincones antaño vetados. Sobra advertir que estas ociosidades son costosas, y hasta se acostumbra que el compañero de la clienta dibuje a mano alzada el monicongo diseñado por él; no falta el que opta por el escudo de su equipo de fútbol o el logotipo del carro preferido. Hay mujeres que no tienen siquiera para comprar una prestobarba, ahora para meterle un dineral a un trabajo de este tipo. Y éso que dizque para la parte de atrás se sube la tarifa, lo que me parece muy raro, ya que por ese lado todo es más chiquito.
Estas prácticas no son comunes entre los hombres, porque imagino que pocos se le miden a que les forren el racimo en cera hirviendo para jalarlo de un tirón y arrancar de un tajo toda la melena. En el recuerdo quedó pues el famoso “gato echao” y relato la experiencia que vivió cierta vez una de mis primas. Se fue al salón de belleza para que le hicieran el bikini, que consiste en depilar los lados del pubis para evitar cachumbos indiscretos, recomendó muy bien al estilista que fuera cuidadoso y se entretuvo con una revista. Pero cual sería el disgusto cuando miró hacia abajo, y solo le quedó exclamar:
-¡Brutas!, este mariquetas me dejó como el Palomo Usurriaga.
pmejiama1@une.net.co
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