Una salida genial, un chispazo oportuno, el apunte certero o un juego de palabras ingenioso son suficientes para romper el hielo en cualquier situación, para desarmar al iracundo, y es la herramienta perfecta para distender los ánimos. La risa es el mejor remedio conocido hasta ahora, no requiere de esfuerzos ni hay que invertir dinero para disfrutarla. El buen humor brota como reflejo de una actitud positiva y optimista. Bien lo dice el refranero popular cuando asegura que al mal tiempo solo queda ponerle buena cara. Y que conste que la buena cara se pone, no se coloca.
La gente me relata sus anécdotas y siempre las anoto en el archivo que tengo destinado a ese menester. Claro que no falta el que sale con un cuento bien pendejo, y pasado el tiempo hace el reclamo porque su relato no ha sido difundido como él lo esperaba. Lo que pasa es que la condición impajaritable para que esto suceda es que el cuento me guste, porque de lo contrario, ni modo. Todos tenemos diferente gusto y lo que a alguien le parece genial es posible que yo no le encuentre ninguna gracia, así como muchos pensarán al leer mis escritos que me embobé. Aquí van algunos de esos cuentos.
Fernán Escobar es mi primo en segundo o tercer grado y es un poco mayor que yo. Cuando tenía 6 años llegó un día del colegio muy cariacontecido, por lo que Amparo, la mamá, averiguó qué le pasaba para tratar de animarlo. El muchachito le preguntó si sabía quiénes eran los “judidos”, a lo que ella respondió positivamente, y entonces quiso saber si también había oído hablar de un tal Jesús. Cuando la madre confirmó que sabía muy bien quiénes eran los personajes, Fernán comentó, con los ojos encharcados, que estaba muy triste porque esa gente había vendido a Jesús por 5 monedas de plata. La madre quiso tranquilizarlo al explicarle cómo habían sucedido los acontecimientos y además le dijo que la venta había sido por 30 monedas. El mocoso abrió los ojos y puso cara de contento, para rematar la charla con este comentario:
-¿Fueron 30 monedas? ¡Ah!, no. Entonces lo que quedó fue muy bien vendido.
Es común oír a la gente renegar de sus empleados de confianza, pero pasan años con ellos y no los cambian por física pereza de tener que entrenar al que llega. La empleada del servicio, el mensajero, la secretaria o el agregado de la finca, le conocen al patrón los resabios, los gustos, la manera como le deben trabajar y tantos detallitos que hacen que haya armonía entre empleado y empleador. Además, existe la falsa creencia que el subalterno de turno es único e irremplazable, y cuado salen de él y consiguen uno mucho mejor, reniegan por el hecho de haberlo aguantado durante tanto tiempo. Gabriel Ochoa, un paisa agradable y buen conversador, tiene una secretaria desde hace mucho tiempo que se convirtió en su mano derecha. Pues a Esneda, que es como se llama la mujer, y debido a los defectos y peros que presenta al desempeñar su trabajo, Gabriel le puso un remoquete que la define en forma descriptiva, además de displicente, y para ello le bastó cambiar una sola letra: Le dice “Es-nada”.
Relaté hace mucho tiempo el cuento de Álvaro “Pinocho” Uribe, cuando una vieja le preguntó por qué le dicen así, y él con ganas de ahorcarla le respondió que es debido a que tiene los pies planos. El hombre es arquitecto y en cierta ocasión debió viajar a Girardot para reunirse con unos inversionistas de Ibagué que proyectaban adelantar una obra en esa población cundinamarquesa. Mientras trataron los temas referentes a su trabajo Pinocho aportó y participó en la junta, pero en cierto momento los presentes se enfrascaron en discusiones económicas que nada tenían que ver con él. Preocupado porque la reunión terminara pronto para alcanzar a regresar a Manizales sin que lo cogiera la noche, miraba el reloj con insistencia y mostraba cierta inquietud. Entonces una de las damas presentes, ricachona y jailosa, quiso entablarle conversación con una frase que es típica de las señoras. Le preguntó si él era de los Uribe de La Ceja, y Pinocho le respondió:
-No señora, soy de los de “la nariz”.
Desempeñaba el doctor Alberto Mendoza Hoyos el cargo de Gobernador de Caldas y se enteró en una reunión social que uno de sus colaboradores más cercanos era del “otro equipo”, como decíamos antes. El doctor Mendoza parecía un lord inglés por su educación, modales exquisitos y una decencia que lo distinguía de los demás, y debido a su prudencia no sabía cómo confirmar tan delicada situación. Entonces resolvió citar a su despacho a uno de los secretarios, Mario Humberto Gómez Upegui, con quien tenía confianza y además estaba seguro de que él sabría detalles del hecho porque tenía fama de ser muy comunicativo. El gobernador fue al grano y con mucho tacto dijo que se rumoraba que uno de sus funcionarios tenía ciertas tendencias reprochables, mal vistas por la sociedad y por la iglesia, y que le agradecía si podía averiguarle algo al respecto. Entonces Mario Humberto, con esa espontaneidad y franqueza que lo caracterizaban, confirmó:
-¿Se refiere a fulanito? ¡Cacorrísimo mi doctor, cacorrísimo!
pmejiama1@une.net.co
martes, junio 03, 2008
La vuelta del domingo.
La vida diaria se vuelve rutinaria y repetitiva, hasta el punto que cualquier cambio nos trastoca el biorritmo y genera un malestarcito difícil de describir. Nada peor que enviciarse a hacer siesta, tener un horario muy estricto para las comidas, dormirse siempre a la misma hora o acostumbrarse a leer algo en el baño porque de lo contrario no se le mueve el estómago. El organismo se moldea con esas reglas y cuando hay algún cambio inesperado, vienen las molestias e incomodidades. Y es tan marcado ese ritmo que cada siete días, el domingo, el ser humano siente una vaina que no tiene una explicación lógica. Es como una pendejada que le indica qué día es sin necesidad de tener un calendario a la mano. A unos les da depresión, otros tragan sin medida y no faltan los que prefieren hacer deporte todo el día; a mí por ejemplo me coge un sueñito al caer la tarde que no puedo controlar. Me duermo sentado, algo que nunca sucede durante la semana.
Hacer locha el domingo es delicioso. Leer el periódico despaturrado en la cama, desayunar tarde y sin restricciones, sintonizar fútbol en el televisor para no ponerle cuidado, bañarse a medio día y vestirse con cualquier mecha, es una licencia que uno mismo se concede. Pero sin duda lo mejor es salir a dar una vuelta y darle gusto al paladar con todo tipo de mecato. Subir a Chipre, disfrutar del paisaje y comer obleas o fresas con crema es algo refrescante para el espíritu. Después recorrer la carrera 23 por el centro para ver tanta gente que sale a lo mismo, darse un “vueltón” dominguero con la familia.
Resulta que en la última salida le puse ojo crítico al asunto y tengo varios comentarios. El mirador que construyeron en el Parque del Observatorio, en Chipre, aparentemente está listo hace varias semanas y nada que lo abren al público. Ojalá sea porque reconsideraron la querella instaurada por el ingeniero Juan Vicente Escobar, ya que le robaron esa idea sin ponerse siquiera colorados. Desde el año 1998 este ilustre ciudadano se dedicó a trabajarle al tema, a venderlo y buscar apoyo para construir allí lo que ahora existe, aunque el resultado final es muy diferente a su idea original. Le hice a Juan Vicente una entrevista para radio hace varios años, conocí la maqueta y la exposición del proyecto, y no puedo creer que la anterior administración municipal le haya birlado la idea así no más. De manera que porque no pudieron llegar a un acuerdo monetario para resolver el asunto de los derechos de autor, resolvieron seguir con el proyecto sin tener en cuenta el respeto que merece él como ciudadano y la ética que debe ser ejemplo por parte del gobierno municipal. Otra inquietud que le dejo a todo aquel que suba al mirador: esa obra que costó 1500 millones de pesos, el ingeniero Escobar la iba a realizar con 450 millones.
Cuando hicimos el recorrido por la carrera 23, desde el Parque Olaya Herrera hasta el Fundadores, le propuse a mi sobrina Daniela que contáramos cuántos casinos, salas de juego, puntos de apuestas, salones de bingo y demás “desplumaderos” inundan ese sector de la ciudad. Encontramos, así por encimita, 25 casinos y 10 puntos fijos de venta de chance y otras apuestas. El “bazuco electrónico”, como lo bautizó acertadamente William Calderón, es una plaga que ocupa cuanto local resulte en el centro de la ciudad. Tiene que ser mucho el billete que deja ese negocio, porque la adecuación de los casinos es con todo los juguetes y hay que ver la fila de incautos que entran a desafiar la suerte con el firme convencimiento que van a salir de pobres. Y ahora acomodan máquinas “tragaperras” en todo tipo de negocios, donde la gente empieza a jugar las monedas de la devuelta y termina empeñando hasta los calzones para tratar de recuperarse.
Una vaina que tiene que ser desesperante para quienes residen en el centro es que algunos almacenes de ropa y baratijas no cierran a ninguna hora, y para colmo acomodan en la puerta unos parlantes monumentales que muele música bailable sin compasión. En las pausas, un locutor comercial repite como una lora las ofertas y promociones que ofrece el almacén, en incita a los transeúntes a que entren con un sonsonete cansino e insoportable. Imagino lo que será tratar de hacer la siesta con una “tarabita” de esas a pocos metros.
El corazón de Manizales es el Parque de Bolívar y lo veo muy triste sin árboles en su entorno. Ojalá esta administración le ponga mano al asunto y en vez de contratar “yupis” expertos para planear la siembra, que le pregunten al ingeniero Gonzalo Uribe Colorado que escribe tan sabroso sus cartas al director y conoce el tema al dedillo. Otra cosa: si las autoridades pudieron sacar los vendedores ambulantes de la 23, que los erradiquen de los costados de la Catedral Basílica, que es el icono de nuestra ciudad. Esa vaina parece un “agáchese” de pueblo.
Las viandas más apetecidas el domingo entre quienes recorren la 23 son los conos de La Suiza, y a 3 cuadras de allí tampoco falta la fila en un puesto callejero donde ofrecen “dedo a mil”.
pmejiama1@une.net.co
Hacer locha el domingo es delicioso. Leer el periódico despaturrado en la cama, desayunar tarde y sin restricciones, sintonizar fútbol en el televisor para no ponerle cuidado, bañarse a medio día y vestirse con cualquier mecha, es una licencia que uno mismo se concede. Pero sin duda lo mejor es salir a dar una vuelta y darle gusto al paladar con todo tipo de mecato. Subir a Chipre, disfrutar del paisaje y comer obleas o fresas con crema es algo refrescante para el espíritu. Después recorrer la carrera 23 por el centro para ver tanta gente que sale a lo mismo, darse un “vueltón” dominguero con la familia.
Resulta que en la última salida le puse ojo crítico al asunto y tengo varios comentarios. El mirador que construyeron en el Parque del Observatorio, en Chipre, aparentemente está listo hace varias semanas y nada que lo abren al público. Ojalá sea porque reconsideraron la querella instaurada por el ingeniero Juan Vicente Escobar, ya que le robaron esa idea sin ponerse siquiera colorados. Desde el año 1998 este ilustre ciudadano se dedicó a trabajarle al tema, a venderlo y buscar apoyo para construir allí lo que ahora existe, aunque el resultado final es muy diferente a su idea original. Le hice a Juan Vicente una entrevista para radio hace varios años, conocí la maqueta y la exposición del proyecto, y no puedo creer que la anterior administración municipal le haya birlado la idea así no más. De manera que porque no pudieron llegar a un acuerdo monetario para resolver el asunto de los derechos de autor, resolvieron seguir con el proyecto sin tener en cuenta el respeto que merece él como ciudadano y la ética que debe ser ejemplo por parte del gobierno municipal. Otra inquietud que le dejo a todo aquel que suba al mirador: esa obra que costó 1500 millones de pesos, el ingeniero Escobar la iba a realizar con 450 millones.
Cuando hicimos el recorrido por la carrera 23, desde el Parque Olaya Herrera hasta el Fundadores, le propuse a mi sobrina Daniela que contáramos cuántos casinos, salas de juego, puntos de apuestas, salones de bingo y demás “desplumaderos” inundan ese sector de la ciudad. Encontramos, así por encimita, 25 casinos y 10 puntos fijos de venta de chance y otras apuestas. El “bazuco electrónico”, como lo bautizó acertadamente William Calderón, es una plaga que ocupa cuanto local resulte en el centro de la ciudad. Tiene que ser mucho el billete que deja ese negocio, porque la adecuación de los casinos es con todo los juguetes y hay que ver la fila de incautos que entran a desafiar la suerte con el firme convencimiento que van a salir de pobres. Y ahora acomodan máquinas “tragaperras” en todo tipo de negocios, donde la gente empieza a jugar las monedas de la devuelta y termina empeñando hasta los calzones para tratar de recuperarse.
Una vaina que tiene que ser desesperante para quienes residen en el centro es que algunos almacenes de ropa y baratijas no cierran a ninguna hora, y para colmo acomodan en la puerta unos parlantes monumentales que muele música bailable sin compasión. En las pausas, un locutor comercial repite como una lora las ofertas y promociones que ofrece el almacén, en incita a los transeúntes a que entren con un sonsonete cansino e insoportable. Imagino lo que será tratar de hacer la siesta con una “tarabita” de esas a pocos metros.
El corazón de Manizales es el Parque de Bolívar y lo veo muy triste sin árboles en su entorno. Ojalá esta administración le ponga mano al asunto y en vez de contratar “yupis” expertos para planear la siembra, que le pregunten al ingeniero Gonzalo Uribe Colorado que escribe tan sabroso sus cartas al director y conoce el tema al dedillo. Otra cosa: si las autoridades pudieron sacar los vendedores ambulantes de la 23, que los erradiquen de los costados de la Catedral Basílica, que es el icono de nuestra ciudad. Esa vaina parece un “agáchese” de pueblo.
Las viandas más apetecidas el domingo entre quienes recorren la 23 son los conos de La Suiza, y a 3 cuadras de allí tampoco falta la fila en un puesto callejero donde ofrecen “dedo a mil”.
pmejiama1@une.net.co
martes, mayo 20, 2008
Relato vívido.
Después de 60 años del asesinato de Gaitán me entero de que el tío de mi mujer, Antonio José Bretón Uribe, vivió una experiencia aterradora aquel día aciago. Él hizo este relato para una emisora radial el pasado 9 de abril, y lo reproduzco para quienes no lo escucharon:
“Yo tenía 11 años y cursaba quinto elemental, como interno, en el Instituto La Salle. Los externos salían a almorzar a sus casas y al regresar contaron que acababan de matar a un político. Un tal Jorge Eliécer Gaitán; nosotros no teníamos ni idea de quién era, pero ellos llegaron con la noticia. Desde ese momento empezamos a ver humo de incendios en el centro de Bogotá y sentíamos a la chusma que gritaba “abajos”. Los veíamos correr y gritar mientras volaban miles de papeles de los incendios. No volvimos a entrar a clase y a los externos los mandaron para sus casas.
Cuando estábamos en medio de la conmoción, desde el barrio Egipto, de unas casas que daban contra el patio de la Primera División, gritaban que cuidado con los niños que iban a echar bala. Entonces corrimos a guarecernos detrás de una baranda que tenía salida a los baños y en ese momento Grutmann, un muchacho del Tolima que se detuvo un momento, cayó muerto a nuestros pies porque una bala de fusil de algún francotirador le atravesó el cuello. Le dieron la absolución desde el parapeto donde estábamos, a unos tres metros de distancia, y así fue como todos lo vimos morir.
A los internos nos metieron a la capilla del colegio para protegernos del pueblo que gritaba amenazante. El Instituto La Salle tenía un edificio contiguo que era para los internos de bachillerato, y los hermanos cristianos pidieron a los alumnos mayores que les prestaran sus ropas para cambiarse por las sotanas y así confundirse con los muchachos. Yo me acuerdo que los tiros rompían los vitrales de la iglesia y caían vidrios, lo que nos asustaba aún más. Flores y Sabogal, nuestros ídolos porque eran del equipo de basket Los Piratas y cursaban sexto de bachillerato (tenían mesa del comedor aparte, eran como dioses) lloraban del susto porque ellos sí se daban cuenta del peligro que corríamos. Los gritos de la gente eran aterradores y entonces trancamos las puertas con las bancas de la capilla.
Y comienza la chusma a entrar al Instituto y a tratar de tumbar esa puerta con una viga enorme, y todo traqueaba. De golpe el hermano Gastón, que era un viejito que se había quedado por fuera, empezó a tocar la campana y salió esa chusma a correr. Luego nos llevaron al comedor pero nadie quiso comer porque la gente gritaba y corría. Entonces nos trasladaron a los baños de los internos, que eran subterráneos, y allí nos acomodamos como 400 en silencio total. El edificio de los dormitorios de bachillerato estaba en llamas y como había riesgo de que colapsara y tapara la salida de los baños, el hermano Pedro dijo ¡sálvese quien pueda! No olvido ese grito. Y para afuera todo el mundo. Pasamos por encima de las zanjas y salimos a la calle; la gente desde las casas decía: ¡Los niños de La Salle, entren, entren! Seguía el tiroteo y saltábamos de tapia en tapia; pasé por la casa de mis primos Uribe Mesa pero era tal el susto que no me acordé…
Corríamos para evitar las balas, la gente moría a nuestro lado, había cadáveres a lo loco. Veíamos disparar y nos cambiábamos de andén. Vimos muertos hasta con cinco relojes; las viejas vestidas con abrigos de mink; doblaban las rejas de los almacenes como si fueran de mantequilla; los hombres despicaban las botellas de licor fino y champaña y se las bebían. En el aire miles de papelitos y todo el mundo corría con las manos en alto. Yo hacía lo mismo y me vino a coger la noche en el barrio Ricaurte, en la calle octava con carrera 30, y durante el recorrido mis amigos se dispersaron. Pasaban volquetas llenas de muertos, y unas niñas del María Auxiliadora se subieron a una volqueta y también las mataron.
Llorando y perdido, por fin una señora se apiadó y me metió a su casa. No había teléfonos y yo no recordaba la dirección de mi casa; recuerdo que el hijo mayor de la señora llegó un día con gran cantidad de pelotas de tenis Spalding y varias cajas de tenis Croydon. En la casa vivían como siete personas y eran muy pobres; me acuerdo que un conejo caminaba por encima de la mesa mientras comían. Como a los 4 días, cuando ya había líneas telefónicas, la señora llamó a mi mamá; mi papá, que me estuvo buscando bajo los escombros de la ciudad, fue a recogerme. Me llevó de la mano hasta la casa y mi mamá lloraba mientras me abrazaba y besaba.
Todo el comercio fue saqueado. La policía se había sublevado y se tomaron la torre de la iglesia de Santa Bárbara, antes de Las Cruces. Les disparaban a los soldados desde arriba. Llegó un tanque de oruga, se parqueó, tranquilamente apuntó y disparó; fue como darle un golpecito a un canasto por debajo, todo salió volando, incluso los muertos. Días después se veían miles de relojes quemados…”
pmejiama1@une.net.co
“Yo tenía 11 años y cursaba quinto elemental, como interno, en el Instituto La Salle. Los externos salían a almorzar a sus casas y al regresar contaron que acababan de matar a un político. Un tal Jorge Eliécer Gaitán; nosotros no teníamos ni idea de quién era, pero ellos llegaron con la noticia. Desde ese momento empezamos a ver humo de incendios en el centro de Bogotá y sentíamos a la chusma que gritaba “abajos”. Los veíamos correr y gritar mientras volaban miles de papeles de los incendios. No volvimos a entrar a clase y a los externos los mandaron para sus casas.
Cuando estábamos en medio de la conmoción, desde el barrio Egipto, de unas casas que daban contra el patio de la Primera División, gritaban que cuidado con los niños que iban a echar bala. Entonces corrimos a guarecernos detrás de una baranda que tenía salida a los baños y en ese momento Grutmann, un muchacho del Tolima que se detuvo un momento, cayó muerto a nuestros pies porque una bala de fusil de algún francotirador le atravesó el cuello. Le dieron la absolución desde el parapeto donde estábamos, a unos tres metros de distancia, y así fue como todos lo vimos morir.
A los internos nos metieron a la capilla del colegio para protegernos del pueblo que gritaba amenazante. El Instituto La Salle tenía un edificio contiguo que era para los internos de bachillerato, y los hermanos cristianos pidieron a los alumnos mayores que les prestaran sus ropas para cambiarse por las sotanas y así confundirse con los muchachos. Yo me acuerdo que los tiros rompían los vitrales de la iglesia y caían vidrios, lo que nos asustaba aún más. Flores y Sabogal, nuestros ídolos porque eran del equipo de basket Los Piratas y cursaban sexto de bachillerato (tenían mesa del comedor aparte, eran como dioses) lloraban del susto porque ellos sí se daban cuenta del peligro que corríamos. Los gritos de la gente eran aterradores y entonces trancamos las puertas con las bancas de la capilla.
Y comienza la chusma a entrar al Instituto y a tratar de tumbar esa puerta con una viga enorme, y todo traqueaba. De golpe el hermano Gastón, que era un viejito que se había quedado por fuera, empezó a tocar la campana y salió esa chusma a correr. Luego nos llevaron al comedor pero nadie quiso comer porque la gente gritaba y corría. Entonces nos trasladaron a los baños de los internos, que eran subterráneos, y allí nos acomodamos como 400 en silencio total. El edificio de los dormitorios de bachillerato estaba en llamas y como había riesgo de que colapsara y tapara la salida de los baños, el hermano Pedro dijo ¡sálvese quien pueda! No olvido ese grito. Y para afuera todo el mundo. Pasamos por encima de las zanjas y salimos a la calle; la gente desde las casas decía: ¡Los niños de La Salle, entren, entren! Seguía el tiroteo y saltábamos de tapia en tapia; pasé por la casa de mis primos Uribe Mesa pero era tal el susto que no me acordé…
Corríamos para evitar las balas, la gente moría a nuestro lado, había cadáveres a lo loco. Veíamos disparar y nos cambiábamos de andén. Vimos muertos hasta con cinco relojes; las viejas vestidas con abrigos de mink; doblaban las rejas de los almacenes como si fueran de mantequilla; los hombres despicaban las botellas de licor fino y champaña y se las bebían. En el aire miles de papelitos y todo el mundo corría con las manos en alto. Yo hacía lo mismo y me vino a coger la noche en el barrio Ricaurte, en la calle octava con carrera 30, y durante el recorrido mis amigos se dispersaron. Pasaban volquetas llenas de muertos, y unas niñas del María Auxiliadora se subieron a una volqueta y también las mataron.
Llorando y perdido, por fin una señora se apiadó y me metió a su casa. No había teléfonos y yo no recordaba la dirección de mi casa; recuerdo que el hijo mayor de la señora llegó un día con gran cantidad de pelotas de tenis Spalding y varias cajas de tenis Croydon. En la casa vivían como siete personas y eran muy pobres; me acuerdo que un conejo caminaba por encima de la mesa mientras comían. Como a los 4 días, cuando ya había líneas telefónicas, la señora llamó a mi mamá; mi papá, que me estuvo buscando bajo los escombros de la ciudad, fue a recogerme. Me llevó de la mano hasta la casa y mi mamá lloraba mientras me abrazaba y besaba.
Todo el comercio fue saqueado. La policía se había sublevado y se tomaron la torre de la iglesia de Santa Bárbara, antes de Las Cruces. Les disparaban a los soldados desde arriba. Llegó un tanque de oruga, se parqueó, tranquilamente apuntó y disparó; fue como darle un golpecito a un canasto por debajo, todo salió volando, incluso los muertos. Días después se veían miles de relojes quemados…”
pmejiama1@une.net.co
martes, mayo 13, 2008
Cae un imperio.
Por naturaleza el ser humano siempre ha querido dominar a los demás, apropiarse de sus tierras, controlar los mercados externos, dirimir y participar en conflictos ajenos, y demostrar superioridad. Desde que habitó las cavernas y echó mano de ese don extraordinario, la inteligencia, para superar animales muy superiores en fuerza y tamaño, el hombre ha competido con sus semejantes para ostentar el poder. Primero los enfrentamientos entre clanes vecinos, después los conflictos tribales, las guerras entre los pueblos, y los grandes ejércitos que buscaron conquistar el mundo bajo el mando de mesiánicos líderes ávidos de poder.
El ejercito de Alejandro, las imbatibles legiones romanas, la desolación tras el paso de Atila y los Hunos, las hordas del Gengis Kan, el expansionismo de la Francia Napoleónica, y los mil años que pretendía durar el Tercer Reich, son ejemplos de naciones y personajes que quisieron conquistar y dominar. El más reciente imperio, el que nos tocó soportar durante nuestra existencia, es el de los Estados Unidos de América.
Desde sus inicios como nación, después de librarse de quienes quisieron apoderarse de esos fértiles terrenos, los estadounidenses han participado en cuanto conflicto exista en el mundo. Lo primero fue despojar a Méjico de gran parte de su territorio, cuando se ganaron el apelativo de “gringos”, para seguir metidos en Cuba, centro y sur América; las dos guerras mundiales; intervenciones en África y Asia; en el pacífico sur, la guerra fría, las de oriente medio, los Balcanes y su más reciente incursión detrás del petróleo de Irak. Pero como a todo marrano le llega su nochebuena, somos testigos de la decadencia del imperio de turno. La aparición de la Comunidad Europea y su poderoso euro, el renacimiento de la China como monstruo económico y militar, y los golpes terroristas a sus más representativos iconos de poder, son evidencias palpables de un fin ineludible.
El imperialismo genera odios y con dirigentes como George W. Bush, falto de carisma y popularidad, se generaliza la animadversión desde todas las razas, religiones y colores. La forma como los gringos manipulan, intrigan, presionan, influyen, disponen, pontifican e imponen, es francamente chocante. Y de las tantas cosas que le critico al imperio de marras, hay una banalidad que siempre me ha rondado por la cabeza. Se trata de la influencia amañada que tuvieron, por medio del séptimo arte, durante nuestra infancia y juventud.
No puedo perdonarles que nos hayan convencido de que los ídolos del lejano oeste eran los buenos del paseo, mientras que los llamados pieles rojas eran una raza de salvajes, sanguinarios y desalmados. Sobre todo después de conocer la integridad y sabiduría de aquellos nativos, quienes fueron desarraigados por gamberros ignorantes cuyo único aliciente era la ambición. En esas mismas películas mostraban a los guerreros Mejicanos, quienes con toda la razón defendían sus fronteras, como una chusma desarrapada y vulgar.
Lograron además que odiáramos a los alemanes con fanatismo. Filmes acomodados que mostraron al soldado estadounidense como un héroe infalible, ecuánime y superdotado, mientras al germano lo estigmatizaron como inhumano, asesino, torpe y demoníaco. El gringo era el de la buena puntería, el sagaz y estratégico, mientras que el nazi, porque según su óptica todos pertenecían al mismo partido, se caracterizaba por ser pérfido y despiadado.
El tema de la segunda guerra mundial produjo muchas cintas y en otro frente las tropas de MacArthur enfrentaron a los japoneses, quienes quedaron ante el mundo como una tropa de reclutas amarillos, flacuchentos e ineptos. Hasta en la guerra de Vietnam alcanzaron a influir en nuestras mentes obtusas e inocentes, y fue así como nos convencieron de que quienes se defendían ante el invasor eran sanguinarios campesinos comunistas. Qué ironía enterarnos después del honor, valentía y patriotismo de esos orientales, comparados con la ordinariez de la tropa estadounidense.
Durante la guerra fría se impusieron los espías y el turno fue para los superagentes occidentales, con James Bond a la cabeza, para hacer que sus contrincantes rusos y de la Cortina de Hierro parecieran trogloditas inexpertos. Hollywood también se encargó de que en el conflicto milenario entre árabes y judíos tomáramos partido por estos últimos, sin darnos chance de conocer la causa Palestina para que nos limitáramos a odiar todo lo que oliera a fedayin.
Lo triste es que en la actualidad todavía les comen cuento y en una película como “La caída del Halcón negro”, basada en un hecho real sucedido en Mogadiscio, tergiversan la historia para hacer creer que los gringos fueron las víctimas y por ello debieron fumigar negros como moscas, para rescatar a sus compañeros. Imagino el éxito de taquilla del Rambo reencauchado, personaje de pacotilla que caracteriza la estulticia y la frivolidad, quien ahora pretende que el público acoja sus hazañas de veterano invencible.
Por fortuna algunos cineastas se han salido del formato para presentar la otra cara de los hechos. La serie MASH, plagada de buen humor y realidad, nos mostró otra faceta de lo que fue el horror de Corea; y el superagente 86 supo retratar la estupidez del cine convencional. Y pensar que lograron convencernos de que todos los indígenas norteamericanos eran atembaos como Toro, el compañero del Llanero Solitario, un rastreador que encontraba un esqueleto con sombrero y atravesado por una flecha, y sentenciaba:
-Kimosabi, yo presentir que este cara pálida estar muerto.
pmejiama1@une.net.co
El ejercito de Alejandro, las imbatibles legiones romanas, la desolación tras el paso de Atila y los Hunos, las hordas del Gengis Kan, el expansionismo de la Francia Napoleónica, y los mil años que pretendía durar el Tercer Reich, son ejemplos de naciones y personajes que quisieron conquistar y dominar. El más reciente imperio, el que nos tocó soportar durante nuestra existencia, es el de los Estados Unidos de América.
Desde sus inicios como nación, después de librarse de quienes quisieron apoderarse de esos fértiles terrenos, los estadounidenses han participado en cuanto conflicto exista en el mundo. Lo primero fue despojar a Méjico de gran parte de su territorio, cuando se ganaron el apelativo de “gringos”, para seguir metidos en Cuba, centro y sur América; las dos guerras mundiales; intervenciones en África y Asia; en el pacífico sur, la guerra fría, las de oriente medio, los Balcanes y su más reciente incursión detrás del petróleo de Irak. Pero como a todo marrano le llega su nochebuena, somos testigos de la decadencia del imperio de turno. La aparición de la Comunidad Europea y su poderoso euro, el renacimiento de la China como monstruo económico y militar, y los golpes terroristas a sus más representativos iconos de poder, son evidencias palpables de un fin ineludible.
El imperialismo genera odios y con dirigentes como George W. Bush, falto de carisma y popularidad, se generaliza la animadversión desde todas las razas, religiones y colores. La forma como los gringos manipulan, intrigan, presionan, influyen, disponen, pontifican e imponen, es francamente chocante. Y de las tantas cosas que le critico al imperio de marras, hay una banalidad que siempre me ha rondado por la cabeza. Se trata de la influencia amañada que tuvieron, por medio del séptimo arte, durante nuestra infancia y juventud.
No puedo perdonarles que nos hayan convencido de que los ídolos del lejano oeste eran los buenos del paseo, mientras que los llamados pieles rojas eran una raza de salvajes, sanguinarios y desalmados. Sobre todo después de conocer la integridad y sabiduría de aquellos nativos, quienes fueron desarraigados por gamberros ignorantes cuyo único aliciente era la ambición. En esas mismas películas mostraban a los guerreros Mejicanos, quienes con toda la razón defendían sus fronteras, como una chusma desarrapada y vulgar.
Lograron además que odiáramos a los alemanes con fanatismo. Filmes acomodados que mostraron al soldado estadounidense como un héroe infalible, ecuánime y superdotado, mientras al germano lo estigmatizaron como inhumano, asesino, torpe y demoníaco. El gringo era el de la buena puntería, el sagaz y estratégico, mientras que el nazi, porque según su óptica todos pertenecían al mismo partido, se caracterizaba por ser pérfido y despiadado.
El tema de la segunda guerra mundial produjo muchas cintas y en otro frente las tropas de MacArthur enfrentaron a los japoneses, quienes quedaron ante el mundo como una tropa de reclutas amarillos, flacuchentos e ineptos. Hasta en la guerra de Vietnam alcanzaron a influir en nuestras mentes obtusas e inocentes, y fue así como nos convencieron de que quienes se defendían ante el invasor eran sanguinarios campesinos comunistas. Qué ironía enterarnos después del honor, valentía y patriotismo de esos orientales, comparados con la ordinariez de la tropa estadounidense.
Durante la guerra fría se impusieron los espías y el turno fue para los superagentes occidentales, con James Bond a la cabeza, para hacer que sus contrincantes rusos y de la Cortina de Hierro parecieran trogloditas inexpertos. Hollywood también se encargó de que en el conflicto milenario entre árabes y judíos tomáramos partido por estos últimos, sin darnos chance de conocer la causa Palestina para que nos limitáramos a odiar todo lo que oliera a fedayin.
Lo triste es que en la actualidad todavía les comen cuento y en una película como “La caída del Halcón negro”, basada en un hecho real sucedido en Mogadiscio, tergiversan la historia para hacer creer que los gringos fueron las víctimas y por ello debieron fumigar negros como moscas, para rescatar a sus compañeros. Imagino el éxito de taquilla del Rambo reencauchado, personaje de pacotilla que caracteriza la estulticia y la frivolidad, quien ahora pretende que el público acoja sus hazañas de veterano invencible.
Por fortuna algunos cineastas se han salido del formato para presentar la otra cara de los hechos. La serie MASH, plagada de buen humor y realidad, nos mostró otra faceta de lo que fue el horror de Corea; y el superagente 86 supo retratar la estupidez del cine convencional. Y pensar que lograron convencernos de que todos los indígenas norteamericanos eran atembaos como Toro, el compañero del Llanero Solitario, un rastreador que encontraba un esqueleto con sombrero y atravesado por una flecha, y sentenciaba:
-Kimosabi, yo presentir que este cara pálida estar muerto.
pmejiama1@une.net.co
lunes, mayo 05, 2008
El ventilador.
Ante el zaperoco formado en este país con los ventiladores que prenden a diario, los cuales salpican sin consideración de rango o nivel social, me tocó hacer un recuento de mi desempeño en esta vida a ver si debo estar mosca por algún incidente del pasado. Pero nada. Por más que echo cabeza, que revuelco en la memoria y mastico de nuevo mis andanzas, no veo razón para que me metan a algún baile de los que están de moda.
Porque mientras muchos nunca sonamos, ni siquiera pasito, otros no tienen vida a la espera de que en cualquier momento salga la noticia que se les llegó la hora. Y lo peor es que aparte del escándalo, del trauma que representa para la familia del involucrado verlo privado de su libertad, y de las implicaciones políticas y personales que acarrean estas investigaciones, la encanada es larga y tortuosa porque en nuestro país cualquier tipo de proceso demora una eternidad. Otra cosa es que así el implicado resulte, al final del asunto, libre de toda culpa, para el colombiano del común quedará señalado como un bandido, corrupto e inmoral. Porque nos gusta es la noticia amarilla, el morbo y la maledicencia.
Ahora resulta que el ex jefe de informática del DAS resolvió entregar sus declaraciones a cuentagotas, como si de una novela de misterio se tratara. Primero se llevó por los cachos a Jorge Noriega, quien fuera su jefe, y así poco a poco ha ido soltando prenda para “encochinar” a otros tantos. Claro que la más reciente andanada venía cargada pa’ tigre, porque fueron muchos los que salieron untados: ministerios, organismos descentralizados, una ex Ministra, el Procurador, el Fiscal General y algunos congresistas. Qué bueno que este tipo de personas expliquen por qué no dijeron desde un principio todo lo que sabían, lo que demuestra a las claras que en el trasfondo hay intereses que manipulan las investigaciones.
Lo que no logro entender, después de comentarlo con amigos y oír diferentes opiniones, es cómo hace el Presidente Uribe para mantener una popularidad de más del 80%, sin importar los escándalos y problemas que debe enfrentar a diario. Aparte de su sagacidad política, la cual es de admirar, la suerte siempre está de su lado. Porque es de los que caen parados. Claro que también hay que reconocerle que ante todo es frentero.
Mire ahora con esa belleza de primo, que comete la chambonada de meterse a una embajada a pedir asilo sin haber palabreado primero el asunto. Y por ese mismo primo es que ahora anda enfrascado en una pelea que no le hace bien al país. Porque si el ex Presidente de la Corte suprema de justicia dice que Uribe lo llamó para preguntarle por el proceso en contra de su pariente, y el doctor Uribe asegura que él no dijo lo que el otro dice que dijo, uno de los dos le miente al país. Y dado el cargo que ostentaban ambos personajes cuando se hizo la supuesta llamada, el hecho es de suma gravedad. Lo peor es que nos quedaremos sin saber cual de los dos es el embustero, porque mientras no exista una grabación de la conversación, será la palabra del uno contra la del otro.
A Ernesto Samper se le fue el período presidencial tratando de apagar el incendio del Proceso 8000; Andrés Pastrana dedicó todo su esfuerzo político en alcanzar un acuerdo de paz con la guerrilla y al no lograrlo, tampoco hizo nada durante su cuatrienio; y ahora Uribe, que en su primer período se desempeñó con eficacia y muy buenos resultados para el país, en este segundo se le está enredando el asunto porque a diario tiene que salir a torear un chicharrón diferente. Y los ministros y demás funcionarios del Gobierno tampoco pueden concentrarse en sus labores por defenderse ante la prensa, la oposición y los torpedos que les lanzan desde distintas direcciones.
Quién sabe ahora qué le ofrecieron a la tal Yidis Medina para que desempolve un asunto que dormía el sueño de los justos. Porque para nadie es un secreto que en su momento algo le dieron para que favoreciera una votación que definía la reelección del Presidente; como sucedió con el viejo Teodolindo, un cacique político del Valle que aseguró, al preguntarle por qué había abandonado la curul cuando su presencia era vital para la votación, que debió salir a las carreras para Cali porque un hijo se había chocado en el carro y el tenía que ir a socorrerlo; y el vástago era un guaymarón, abogado por más señas. Lo que causa gracia es que en este país todavía hay gente que cree que los congresistas votan los diferentes proyectos sin pedir nada a cambio; que les pregunten a los Ministros de Samper cómo fue la repartición cuando lograron que el Congreso no lo sacara a sombrerazos de la Presidencia.
Hecatombe la que se le viene a este Gobierno cuando más de medio Congreso esté enchiquerado en La Picota, y solo queda esperar que no inventen más maromas ni hagan propuestas indecentes para tratar de acomodar la reforma política. Sin embargo el apoyo a Uribe es arrasador, lo que desvela a opositores y contradictores que no encuentran una razón para dicha realidad. Amanecerá y veremos.
pmejiama1@une.net.co
Porque mientras muchos nunca sonamos, ni siquiera pasito, otros no tienen vida a la espera de que en cualquier momento salga la noticia que se les llegó la hora. Y lo peor es que aparte del escándalo, del trauma que representa para la familia del involucrado verlo privado de su libertad, y de las implicaciones políticas y personales que acarrean estas investigaciones, la encanada es larga y tortuosa porque en nuestro país cualquier tipo de proceso demora una eternidad. Otra cosa es que así el implicado resulte, al final del asunto, libre de toda culpa, para el colombiano del común quedará señalado como un bandido, corrupto e inmoral. Porque nos gusta es la noticia amarilla, el morbo y la maledicencia.
Ahora resulta que el ex jefe de informática del DAS resolvió entregar sus declaraciones a cuentagotas, como si de una novela de misterio se tratara. Primero se llevó por los cachos a Jorge Noriega, quien fuera su jefe, y así poco a poco ha ido soltando prenda para “encochinar” a otros tantos. Claro que la más reciente andanada venía cargada pa’ tigre, porque fueron muchos los que salieron untados: ministerios, organismos descentralizados, una ex Ministra, el Procurador, el Fiscal General y algunos congresistas. Qué bueno que este tipo de personas expliquen por qué no dijeron desde un principio todo lo que sabían, lo que demuestra a las claras que en el trasfondo hay intereses que manipulan las investigaciones.
Lo que no logro entender, después de comentarlo con amigos y oír diferentes opiniones, es cómo hace el Presidente Uribe para mantener una popularidad de más del 80%, sin importar los escándalos y problemas que debe enfrentar a diario. Aparte de su sagacidad política, la cual es de admirar, la suerte siempre está de su lado. Porque es de los que caen parados. Claro que también hay que reconocerle que ante todo es frentero.
Mire ahora con esa belleza de primo, que comete la chambonada de meterse a una embajada a pedir asilo sin haber palabreado primero el asunto. Y por ese mismo primo es que ahora anda enfrascado en una pelea que no le hace bien al país. Porque si el ex Presidente de la Corte suprema de justicia dice que Uribe lo llamó para preguntarle por el proceso en contra de su pariente, y el doctor Uribe asegura que él no dijo lo que el otro dice que dijo, uno de los dos le miente al país. Y dado el cargo que ostentaban ambos personajes cuando se hizo la supuesta llamada, el hecho es de suma gravedad. Lo peor es que nos quedaremos sin saber cual de los dos es el embustero, porque mientras no exista una grabación de la conversación, será la palabra del uno contra la del otro.
A Ernesto Samper se le fue el período presidencial tratando de apagar el incendio del Proceso 8000; Andrés Pastrana dedicó todo su esfuerzo político en alcanzar un acuerdo de paz con la guerrilla y al no lograrlo, tampoco hizo nada durante su cuatrienio; y ahora Uribe, que en su primer período se desempeñó con eficacia y muy buenos resultados para el país, en este segundo se le está enredando el asunto porque a diario tiene que salir a torear un chicharrón diferente. Y los ministros y demás funcionarios del Gobierno tampoco pueden concentrarse en sus labores por defenderse ante la prensa, la oposición y los torpedos que les lanzan desde distintas direcciones.
Quién sabe ahora qué le ofrecieron a la tal Yidis Medina para que desempolve un asunto que dormía el sueño de los justos. Porque para nadie es un secreto que en su momento algo le dieron para que favoreciera una votación que definía la reelección del Presidente; como sucedió con el viejo Teodolindo, un cacique político del Valle que aseguró, al preguntarle por qué había abandonado la curul cuando su presencia era vital para la votación, que debió salir a las carreras para Cali porque un hijo se había chocado en el carro y el tenía que ir a socorrerlo; y el vástago era un guaymarón, abogado por más señas. Lo que causa gracia es que en este país todavía hay gente que cree que los congresistas votan los diferentes proyectos sin pedir nada a cambio; que les pregunten a los Ministros de Samper cómo fue la repartición cuando lograron que el Congreso no lo sacara a sombrerazos de la Presidencia.
Hecatombe la que se le viene a este Gobierno cuando más de medio Congreso esté enchiquerado en La Picota, y solo queda esperar que no inventen más maromas ni hagan propuestas indecentes para tratar de acomodar la reforma política. Sin embargo el apoyo a Uribe es arrasador, lo que desvela a opositores y contradictores que no encuentran una razón para dicha realidad. Amanecerá y veremos.
pmejiama1@une.net.co
lunes, abril 28, 2008
La vida es un ratico.
Esta frase la utilizó Juanes para uno de sus discos, y la oyó a su madre cuando conversaban sobre el paso de los humanos por este mundo. Y es que basta mirar un reloj para notar que cada que el segundero pega un brinco, es un segundo menos que nos queda por vivir. Claro que no hay que ponerse trascendental y mucho menos mortificarse por elucubraciones existencialistas, porque así la vida sería muy jarta.
Acojo la frase a cada momento cuando recuerdo a mi padre, quien murió después de ocupar su curul vital durante casi 82 años, y ahora me parece que estuvimos con él solo por un ratico. Basta perder a un ser querido para que nuestra mente divague sin control por la infinidad de momentos que nos unen a su memoria, pero es satisfactorio hacer un balance y comprobar que solo quedan buenos recuerdos. Por fortuna en mi casa, sin importar la situación, a todo le sacamos gracia, nos reímos mientras revivimos momentos gratos y vemos las cosas con actitud positiva.
Manida es la frase “después de una penosa enfermedad…”, pero en el caso de mi apá no existe otra más explícita. Porque sus últimos 28 meses los pasó en una prisión domiciliaria decretada por una máquina productora de oxígeno, de la que no podía desconectarse en ningún momento. Hace casi 4 décadas el doctor Manuel Venegas le prohibió el cigarrillo y aunque desde entonces nunca volvió a fumar, ese vicio absurdo y corrosivo no caduca y después de tanto tiempo pasó factura para amargarle sus últimos años. Al final, y debido a fallas en la visión, no podía disfrutar de la lectura que fue siempre su pasión; por fortuna mantuvo la lucidez porque se entretenía haciendo crucigramas y sudokus.
En la familia siempre le dijimos cariñosamente Don Hugo, y por fuera de la casa se caracterizaba por ser una caja de música. Claro que mi madre aclaraba que era muy Mejía, sobre todo en aquello de hacer mala cara; dizque la trompa que estiraba daba para hacerle nudo. Pero era el que más celebraba el humor de mi mamá, y como no decía groserías, cuando ella tenía una salida genial o echaba un cuento subido de tono, en medio de le risa la reprendía con un: “Leeeeety”.
Cuando estaba joven se quedaba con cierta regularidad en el club con su barra de amigos (entre ellos Germán Villegas, Calilo Gómez, Toño Llano, Kevin Ángel y Jairo Mejía) y se aparecía en la casa a las 10 de la noche, copetón, a preguntar por la comida. Entonces mi madre se salía de la ropa y le decía que cómo se le ocurría venirse de la “mata”, donde le podían servir a la carta, para llegar a poner pereque a esa hora. De manera que le tocaba esperar a que llegara uno de los hijos, que andábamos “marcando tarjeta” donde las novias, para antojarnos de algo y así terminábamos varios despachando un festín de media noche. Había que ver a la cocinera renegando al otro día porque le dejábamos la cocina patas arriba.
Por fortuna don Hugo alcanzó a disfrutar de su vejez porque durante muchos años se dedicó, en compañía de mi mamá y de mi tío Eduardo Arango (un experto en armar paseos), a viajar a diferentes destinos; no paraban en la casa. Sin importar donde estuvieran, los dos cuñados se sentaban a jugar ajedrez durante horas interminables. La rutina era la misma: todavía en piyama empezaban las partidas y mientras don Eduar mamaba gallo y repelenciaba para despistar al contrincante, mi apá no le paraba bolas y parecía en un trance hipnótico. A medio día se amarraban la primera perrita, y después de almorzar y hacer la siesta, retomaban el torneo de turno y se acomodaban ante el tablero hasta que suspendían por “sustracción de materia”.
Ahora pienso que siquiera mi padre no fue cremado, porque recuerdo muy bien las cosas que le decía mi mamá al viejo cuando este le sacaba la piedra, casi siempre por las chocheras y resabios que son tan comunes en las personas de cierta edad. Una vez le dio por joder por cualquier pendejada, y entonces ella se le paró al frente y dijo muy convencida:
-Vea mijo, cuando usted se muera, voy a regar las cenizas en el suelo y me le voy a para encima para hacerle asíííííí (y restregaba el zapato contra el piso como quien mata una cucaracha).
Para las crisis respiratorias mi apá debía tomar cortisona, y al principio fue muy renuente al tratamiento dizque porque había oído decir que ese medicamento tumba el pelo. Entonces mi mamá, que lo prefería calvo antes que ahogado, le sentenció:
-Mijo, no sias pendejo que a vos se te está cayendo el pelo es de viejo.
En una de las últimas salidas al centro para hacer sus vueltas, el hombre llegó a la casa a medio día con la respiración muy agitada y extenuado por el esfuerzo. Mi mamá quiso saber de dónde venía y él respondió que de la notaría de sacar un certificado de supervivencia para cobrar la pensión. Entonces ella, mirándolo de arriba abajo y poniendo cara de incredulidad, lo hizo ahogar de la risa cuando le preguntó:
-¡¿Y te lo dieron?!
pmejiama1@une.net.co
Nota: Tomo la vocería de mi familia para agradecer a todos aquellos que nos acompañaron con sus voces de aliento y solidaridad.
Acojo la frase a cada momento cuando recuerdo a mi padre, quien murió después de ocupar su curul vital durante casi 82 años, y ahora me parece que estuvimos con él solo por un ratico. Basta perder a un ser querido para que nuestra mente divague sin control por la infinidad de momentos que nos unen a su memoria, pero es satisfactorio hacer un balance y comprobar que solo quedan buenos recuerdos. Por fortuna en mi casa, sin importar la situación, a todo le sacamos gracia, nos reímos mientras revivimos momentos gratos y vemos las cosas con actitud positiva.
Manida es la frase “después de una penosa enfermedad…”, pero en el caso de mi apá no existe otra más explícita. Porque sus últimos 28 meses los pasó en una prisión domiciliaria decretada por una máquina productora de oxígeno, de la que no podía desconectarse en ningún momento. Hace casi 4 décadas el doctor Manuel Venegas le prohibió el cigarrillo y aunque desde entonces nunca volvió a fumar, ese vicio absurdo y corrosivo no caduca y después de tanto tiempo pasó factura para amargarle sus últimos años. Al final, y debido a fallas en la visión, no podía disfrutar de la lectura que fue siempre su pasión; por fortuna mantuvo la lucidez porque se entretenía haciendo crucigramas y sudokus.
En la familia siempre le dijimos cariñosamente Don Hugo, y por fuera de la casa se caracterizaba por ser una caja de música. Claro que mi madre aclaraba que era muy Mejía, sobre todo en aquello de hacer mala cara; dizque la trompa que estiraba daba para hacerle nudo. Pero era el que más celebraba el humor de mi mamá, y como no decía groserías, cuando ella tenía una salida genial o echaba un cuento subido de tono, en medio de le risa la reprendía con un: “Leeeeety”.
Cuando estaba joven se quedaba con cierta regularidad en el club con su barra de amigos (entre ellos Germán Villegas, Calilo Gómez, Toño Llano, Kevin Ángel y Jairo Mejía) y se aparecía en la casa a las 10 de la noche, copetón, a preguntar por la comida. Entonces mi madre se salía de la ropa y le decía que cómo se le ocurría venirse de la “mata”, donde le podían servir a la carta, para llegar a poner pereque a esa hora. De manera que le tocaba esperar a que llegara uno de los hijos, que andábamos “marcando tarjeta” donde las novias, para antojarnos de algo y así terminábamos varios despachando un festín de media noche. Había que ver a la cocinera renegando al otro día porque le dejábamos la cocina patas arriba.
Por fortuna don Hugo alcanzó a disfrutar de su vejez porque durante muchos años se dedicó, en compañía de mi mamá y de mi tío Eduardo Arango (un experto en armar paseos), a viajar a diferentes destinos; no paraban en la casa. Sin importar donde estuvieran, los dos cuñados se sentaban a jugar ajedrez durante horas interminables. La rutina era la misma: todavía en piyama empezaban las partidas y mientras don Eduar mamaba gallo y repelenciaba para despistar al contrincante, mi apá no le paraba bolas y parecía en un trance hipnótico. A medio día se amarraban la primera perrita, y después de almorzar y hacer la siesta, retomaban el torneo de turno y se acomodaban ante el tablero hasta que suspendían por “sustracción de materia”.
Ahora pienso que siquiera mi padre no fue cremado, porque recuerdo muy bien las cosas que le decía mi mamá al viejo cuando este le sacaba la piedra, casi siempre por las chocheras y resabios que son tan comunes en las personas de cierta edad. Una vez le dio por joder por cualquier pendejada, y entonces ella se le paró al frente y dijo muy convencida:
-Vea mijo, cuando usted se muera, voy a regar las cenizas en el suelo y me le voy a para encima para hacerle asíííííí (y restregaba el zapato contra el piso como quien mata una cucaracha).
Para las crisis respiratorias mi apá debía tomar cortisona, y al principio fue muy renuente al tratamiento dizque porque había oído decir que ese medicamento tumba el pelo. Entonces mi mamá, que lo prefería calvo antes que ahogado, le sentenció:
-Mijo, no sias pendejo que a vos se te está cayendo el pelo es de viejo.
En una de las últimas salidas al centro para hacer sus vueltas, el hombre llegó a la casa a medio día con la respiración muy agitada y extenuado por el esfuerzo. Mi mamá quiso saber de dónde venía y él respondió que de la notaría de sacar un certificado de supervivencia para cobrar la pensión. Entonces ella, mirándolo de arriba abajo y poniendo cara de incredulidad, lo hizo ahogar de la risa cuando le preguntó:
-¡¿Y te lo dieron?!
pmejiama1@une.net.co
Nota: Tomo la vocería de mi familia para agradecer a todos aquellos que nos acompañaron con sus voces de aliento y solidaridad.
lunes, abril 21, 2008
Un negro porvenir.
A quienes nos tocó habitar este planeta en el lapso comprendido entre finales del siglo XX y principios del XXI, tenemos la fortuna de haber presenciado unos acontecimientos catalogados entre los más relevantes de la historia de la humanidad. Algunos vivieron los hechos en carne propia, mientras otros conocemos ciertos acontecimientos por medio de la historia reciente, pero lo cierto es que al repasar las diferentes épocas podemos cerciorarnos de que hemos sido testigos de una racha de eventos que han marcado hitos en la existencia del ser humano.
En la antigüedad las noticias viajaban en forma lenta entre los continentes, a diferencia de ahora que desde el mismo instante en que sucede un hecho ya está en circulación por los medios de comunicación. Nos tocó vivir, por ejemplo, en un mundo donde cualquier persona tiene acceso a todo tipo de información, y desde su casa. Hemos visto cómo la tecnología evoluciona mientras cambia radicalmente la forma de vida de la gente, además de una degradación paulatina en los principios morales y éticos de quienes habitamos el planeta. Porque aunque la maldad acompaña al hombre desde sus inicios, no cabe duda de que con el paso del tiempo esa vileza ha incrementado en forma considerable.
Quienes nacieron por allá en 1935 recuerdan la explosión de la bomba atómica y demás horrores de la Segunda guerra mundial; otros vimos en directo la llegada del hombre a la luna en 1969; y muchos fuimos testigos del cambio de milenio, situación que solo se ha repetido dos veces en la historia moderna. El descubrimiento del mapa del genoma humano, la clonación de animales, los trasplantes de órganos y miembros a las personas, además de medicamentos que han aumentado la expectativa de vida, son adelantos que han mejorado notablemente la existencia del Homo sapiens.
Los avances en la tecnología han revolucionado el mundo que conocemos, y así como en tiempos pasados dudábamos de las predicciones que hacían en ese campo, ahora hay que creer en todo lo que digan al respecto. Y si vivimos alucinados con los inventos y novedades que aparecen a diario, cómo serán las cosas que ya existen pero que no dejan conocer, para no perjudicar a unos pocos que perderían su clientela con la implementación de ciertos productos. Quién duda por ejemplo de que son capaces de producir medias veladas que no se rompan, o discos compactos inmunes a rayones y desperfectos. Seguro es sencillo adicionar a los alimentos productos que impidan que se venzan en un lapso determinado, lo cual evitaría que a diario se eche a la basura gran cantidad de alimentos, medicamentos y tantas cosas que por descuido deben seguir ese camino.
Tienen que existir aleaciones de metales que no permitan que una pieza mecánica sufra fatiga de material, y tecnología que logre producir repuestos que nunca deban ser sustituidos. Fibras textiles que no se destiñan ni deterioren; zapatos indestructibles; electrodomésticos blindados contra la mano dura de las empleadas domésticas; llantas que no se gasten; bombillos que duren toda la vida; y un etcétera conformado por todos esos artículos que sacan la mano con solo mirarlos.
Claro que ya los han descubierto y seguro conocen esos materiales inalterables, pero no pueden sacarlos al mercado porque entonces cómo carajo se sostiene la sociedad de consumo. La idea es vendernos artículos ordinarios para que al poco tiempo debamos adquirirlos de nuevo. Nos llegan infinidad de aparatos y chucherías fabricadas en China y demás países orientales, a precios muy favorables, pero que son desechables.
Lo que no hay derecho es que se nieguen a desarrollar opciones de energía, diferentes a los combustibles fósiles, por el solo hecho de blindar a los grandes conglomeraos económicos que dominan el mundo con el poder que les da el petróleo. Que se joda el medio ambiente, que el clima se enloquezca, que el calentamiento global llegue a límites irreversibles, que acabemos con este diminuto refugio en el universo, pero que los poderosos puedan vender sus reservas a precios exorbitantes.
Produce preocupación y desconcierto leer sobre el tema, y ver videos y programas de televisión donde hacen predicciones de lo que será nuestro planeta en un futuro cercano. Porque si oímos hablar del tema desde hace mucho tiempo, pero como algo lejano y un poco ficticio, ahora sí nos tocó convencernos de la realidad porque ya empezamos a ver los efectos dañinos de nuestra irresponsabilidad. Todos los años el invierno es más crudo y los desastres naturales peores. Hay que ver cómo los huracanes, tifones y tornados arrasan con todo a su paso.
Cómo es posible que debamos esperar a que se acaben las reservas mundiales de petróleo, carbón, gas y demás combustibles fósiles, para que saquen al mercado los nuevos inventos que pueden reemplazarlos. Hemos visto los automóviles que funcionan con energía eléctrica, que no producen ningún tipo de contaminación, pero que al no ser fabricados en serie presentan unos precios exorbitantes. O las alternativas que pueden ofrecer para que se muevan las industrias, sin tener que recurrir a esos perjudiciales y detestables carburantes.
Al menos nosotros alcanzamos a respirar aire puro, disfrutar del campo y ver correr los ríos. De manera que a pensarlo muy bien antes de traer niños al mundo, porque yo sí le digo lo que va a ser esto en un futuro.
pmejiama1@une.net.co
En la antigüedad las noticias viajaban en forma lenta entre los continentes, a diferencia de ahora que desde el mismo instante en que sucede un hecho ya está en circulación por los medios de comunicación. Nos tocó vivir, por ejemplo, en un mundo donde cualquier persona tiene acceso a todo tipo de información, y desde su casa. Hemos visto cómo la tecnología evoluciona mientras cambia radicalmente la forma de vida de la gente, además de una degradación paulatina en los principios morales y éticos de quienes habitamos el planeta. Porque aunque la maldad acompaña al hombre desde sus inicios, no cabe duda de que con el paso del tiempo esa vileza ha incrementado en forma considerable.
Quienes nacieron por allá en 1935 recuerdan la explosión de la bomba atómica y demás horrores de la Segunda guerra mundial; otros vimos en directo la llegada del hombre a la luna en 1969; y muchos fuimos testigos del cambio de milenio, situación que solo se ha repetido dos veces en la historia moderna. El descubrimiento del mapa del genoma humano, la clonación de animales, los trasplantes de órganos y miembros a las personas, además de medicamentos que han aumentado la expectativa de vida, son adelantos que han mejorado notablemente la existencia del Homo sapiens.
Los avances en la tecnología han revolucionado el mundo que conocemos, y así como en tiempos pasados dudábamos de las predicciones que hacían en ese campo, ahora hay que creer en todo lo que digan al respecto. Y si vivimos alucinados con los inventos y novedades que aparecen a diario, cómo serán las cosas que ya existen pero que no dejan conocer, para no perjudicar a unos pocos que perderían su clientela con la implementación de ciertos productos. Quién duda por ejemplo de que son capaces de producir medias veladas que no se rompan, o discos compactos inmunes a rayones y desperfectos. Seguro es sencillo adicionar a los alimentos productos que impidan que se venzan en un lapso determinado, lo cual evitaría que a diario se eche a la basura gran cantidad de alimentos, medicamentos y tantas cosas que por descuido deben seguir ese camino.
Tienen que existir aleaciones de metales que no permitan que una pieza mecánica sufra fatiga de material, y tecnología que logre producir repuestos que nunca deban ser sustituidos. Fibras textiles que no se destiñan ni deterioren; zapatos indestructibles; electrodomésticos blindados contra la mano dura de las empleadas domésticas; llantas que no se gasten; bombillos que duren toda la vida; y un etcétera conformado por todos esos artículos que sacan la mano con solo mirarlos.
Claro que ya los han descubierto y seguro conocen esos materiales inalterables, pero no pueden sacarlos al mercado porque entonces cómo carajo se sostiene la sociedad de consumo. La idea es vendernos artículos ordinarios para que al poco tiempo debamos adquirirlos de nuevo. Nos llegan infinidad de aparatos y chucherías fabricadas en China y demás países orientales, a precios muy favorables, pero que son desechables.
Lo que no hay derecho es que se nieguen a desarrollar opciones de energía, diferentes a los combustibles fósiles, por el solo hecho de blindar a los grandes conglomeraos económicos que dominan el mundo con el poder que les da el petróleo. Que se joda el medio ambiente, que el clima se enloquezca, que el calentamiento global llegue a límites irreversibles, que acabemos con este diminuto refugio en el universo, pero que los poderosos puedan vender sus reservas a precios exorbitantes.
Produce preocupación y desconcierto leer sobre el tema, y ver videos y programas de televisión donde hacen predicciones de lo que será nuestro planeta en un futuro cercano. Porque si oímos hablar del tema desde hace mucho tiempo, pero como algo lejano y un poco ficticio, ahora sí nos tocó convencernos de la realidad porque ya empezamos a ver los efectos dañinos de nuestra irresponsabilidad. Todos los años el invierno es más crudo y los desastres naturales peores. Hay que ver cómo los huracanes, tifones y tornados arrasan con todo a su paso.
Cómo es posible que debamos esperar a que se acaben las reservas mundiales de petróleo, carbón, gas y demás combustibles fósiles, para que saquen al mercado los nuevos inventos que pueden reemplazarlos. Hemos visto los automóviles que funcionan con energía eléctrica, que no producen ningún tipo de contaminación, pero que al no ser fabricados en serie presentan unos precios exorbitantes. O las alternativas que pueden ofrecer para que se muevan las industrias, sin tener que recurrir a esos perjudiciales y detestables carburantes.
Al menos nosotros alcanzamos a respirar aire puro, disfrutar del campo y ver correr los ríos. De manera que a pensarlo muy bien antes de traer niños al mundo, porque yo sí le digo lo que va a ser esto en un futuro.
pmejiama1@une.net.co
lunes, abril 14, 2008
¡Qué pecaito! (II)
Empaparse de las noticias y los sucesos antes de salir a divulgarlos y opinar acerca de ellos, es recomendable para evitar enredos y chismes. Porque debido a la falta de información es que se forman las murmuraciones y cotilleos. Y en esa trampa casi caigo el día que en medio de la somnolencia del “perrito” que acostumbro echar después del almuerzo, tergiversé una información que después de conocer a fondo pude comprobar que se trataba de algo muy diferente. El caso es que en mi ignorancia quise analizar los nuevos pecados que El Vaticano presentó al mundo, y el primer error fue la confusión con el asunto de la manipulación genética.
Después de considerar en el escrito anterior diferentes tipos y estilos de manipulación, quedó pendiente la más popular y socorrida por los seres humanos: la auto manipulación. Algo tan natural y corriente como la masturbación fue un tabú inescrutable durante nuestra niñez y juventud, y en el hogar, el colegio, la parroquia y desde todos los flancos nos señalaron esa práctica como el acto más aberrante y pecaminoso que un ser humano podía cometer. Ni riesgos de ir a contarle al sacerdote durante la confesión que uno se jabonaba “por allá” a altas velocidades, porque seguro el cura le iba con el cuento a la mamá para que le quitara la maña a punta de correa, o si era más consecuente lo llevara a donde el psicólogo.
Entre los compañeros del colegio corría el rumor de que a quién fuera muy adicto a esa modalidad, con el tiempo le salía un pelo en la palma de la mano. Esto lo hacíamos para observar al que acababa de oír el cuento a ver cuánto demoraba en mirarse con disimulo la mano en búsqueda del vello delator. Los curas del colegio y algunos educadores aseguraban a la muchachada que las eyaculaciones estaban contadas, y que si las desperdiciaban todas en esa acción cochina y perversa, cuando se casaran no les iba a quedar ni con qué pegar una estampilla. ¡Pura paja!
Los demás pecados divulgados por el “Langley” del catolicismo me parecieron algo absurdos en un principio, hasta que leí completa la noticia y pude enterarme de que si antes los pecaos eran individuales, ahora se toman más desde un punto de vista social. Porque si contaminar es considerado una ofensa contra la religión, entonces al dueño de un bus urbano bien viejo y acabado no le alcanza la eternidad para pagar la condena que se merece. Y qué decir de los mandamases que regentan las multinacionales o los mandatarios que no respetan las disposiciones mundiales contra el deterioro ambiental. ¡Todos para la paila mocha!
Y que se tengan fino los que están forrados en plata, porque si un evangelista sentenció que pasa más fácil un camello por el ojo de una aguja, que un rico entre al reino de los cielos, qué decir ahora que la iglesia metió en su nueva lista la brecha entre ricos y pobres. Claro que esa vaina hay que revaluarla y no meterlos a todos en el mismo costal, porque conozco ricos, millonarios, que tienen el cielo más ganado que cualquier otro mortal porque son generosos, solidarios, justos y buenos como el pan. Así como también hay pobres que son unos vergajos más malos que Caín.
Al tema del aborto mejor no le meto el diente porque al fin y al cabo son las mujeres las que tienen que lidiar con semejante problema, y ellas verán cómo manejan el dilema que se les presenta al momento de acatar las leyes divinas o darle prioridad a su situación personal. Y en el asunto de la pedofilia hay que dejar que sea la misma iglesia la que juzgue moralmente, porque al fin y al cabo en sus filas está la mayoría de practicantes. Lo que sí me causó curiosidad cuando escarbaba en archivos referentes al tema, fue recordar los mandamientos para el conductor que promulgó El Vaticano hace un tiempo.
Reglas tan apropiadas como que no debe causarse lesión a nadie mientras se conduce un vehículo, sobre todo si se hace en estado de embriaguez o sin cumplir con las normas de seguridad exigidas. Ayudar a los demás conductores en caso de emergencia o auxiliarlos cuando lo requieran también son sugerencias que la iglesia le hace a quienes tienen la responsabilidad de manejar un vehículo. Además reconviene a los choferes que dejan aflorar el guache que llevan por dentro cuando alguien les saca la piedra; y que nada de chicanear ni dárselas de fantoche quien tenga una nave muy cachaca.
El texto de los mandamientos además recomienda no hablar por teléfono, trabajar en computadora o ver películas mientras manejan, y que nunca sobra decir una oración al accionar el encendido. Todas esas sugerencias son bienvenidas entre los conductores, pero hay otras que no son tan fáciles de acatar. Porque dice el documento que el vehículo puede ser “una ocasión para pecar” y que algunos lo utilizan para abusar de las drogas. Difícil la vaina, porque imagino unos clientes metiendo basuco y que alguno proponga que se bajen del carro para soplarse otro tubo.
Y si el maniculiteteo dentro de un vehículo también es pecado, no se diga más. Que muestre el dedo quien esté libre de culpa.
pmejiama1@une.net.co
Después de considerar en el escrito anterior diferentes tipos y estilos de manipulación, quedó pendiente la más popular y socorrida por los seres humanos: la auto manipulación. Algo tan natural y corriente como la masturbación fue un tabú inescrutable durante nuestra niñez y juventud, y en el hogar, el colegio, la parroquia y desde todos los flancos nos señalaron esa práctica como el acto más aberrante y pecaminoso que un ser humano podía cometer. Ni riesgos de ir a contarle al sacerdote durante la confesión que uno se jabonaba “por allá” a altas velocidades, porque seguro el cura le iba con el cuento a la mamá para que le quitara la maña a punta de correa, o si era más consecuente lo llevara a donde el psicólogo.
Entre los compañeros del colegio corría el rumor de que a quién fuera muy adicto a esa modalidad, con el tiempo le salía un pelo en la palma de la mano. Esto lo hacíamos para observar al que acababa de oír el cuento a ver cuánto demoraba en mirarse con disimulo la mano en búsqueda del vello delator. Los curas del colegio y algunos educadores aseguraban a la muchachada que las eyaculaciones estaban contadas, y que si las desperdiciaban todas en esa acción cochina y perversa, cuando se casaran no les iba a quedar ni con qué pegar una estampilla. ¡Pura paja!
Los demás pecados divulgados por el “Langley” del catolicismo me parecieron algo absurdos en un principio, hasta que leí completa la noticia y pude enterarme de que si antes los pecaos eran individuales, ahora se toman más desde un punto de vista social. Porque si contaminar es considerado una ofensa contra la religión, entonces al dueño de un bus urbano bien viejo y acabado no le alcanza la eternidad para pagar la condena que se merece. Y qué decir de los mandamases que regentan las multinacionales o los mandatarios que no respetan las disposiciones mundiales contra el deterioro ambiental. ¡Todos para la paila mocha!
Y que se tengan fino los que están forrados en plata, porque si un evangelista sentenció que pasa más fácil un camello por el ojo de una aguja, que un rico entre al reino de los cielos, qué decir ahora que la iglesia metió en su nueva lista la brecha entre ricos y pobres. Claro que esa vaina hay que revaluarla y no meterlos a todos en el mismo costal, porque conozco ricos, millonarios, que tienen el cielo más ganado que cualquier otro mortal porque son generosos, solidarios, justos y buenos como el pan. Así como también hay pobres que son unos vergajos más malos que Caín.
Al tema del aborto mejor no le meto el diente porque al fin y al cabo son las mujeres las que tienen que lidiar con semejante problema, y ellas verán cómo manejan el dilema que se les presenta al momento de acatar las leyes divinas o darle prioridad a su situación personal. Y en el asunto de la pedofilia hay que dejar que sea la misma iglesia la que juzgue moralmente, porque al fin y al cabo en sus filas está la mayoría de practicantes. Lo que sí me causó curiosidad cuando escarbaba en archivos referentes al tema, fue recordar los mandamientos para el conductor que promulgó El Vaticano hace un tiempo.
Reglas tan apropiadas como que no debe causarse lesión a nadie mientras se conduce un vehículo, sobre todo si se hace en estado de embriaguez o sin cumplir con las normas de seguridad exigidas. Ayudar a los demás conductores en caso de emergencia o auxiliarlos cuando lo requieran también son sugerencias que la iglesia le hace a quienes tienen la responsabilidad de manejar un vehículo. Además reconviene a los choferes que dejan aflorar el guache que llevan por dentro cuando alguien les saca la piedra; y que nada de chicanear ni dárselas de fantoche quien tenga una nave muy cachaca.
El texto de los mandamientos además recomienda no hablar por teléfono, trabajar en computadora o ver películas mientras manejan, y que nunca sobra decir una oración al accionar el encendido. Todas esas sugerencias son bienvenidas entre los conductores, pero hay otras que no son tan fáciles de acatar. Porque dice el documento que el vehículo puede ser “una ocasión para pecar” y que algunos lo utilizan para abusar de las drogas. Difícil la vaina, porque imagino unos clientes metiendo basuco y que alguno proponga que se bajen del carro para soplarse otro tubo.
Y si el maniculiteteo dentro de un vehículo también es pecado, no se diga más. Que muestre el dedo quien esté libre de culpa.
pmejiama1@une.net.co
lunes, abril 07, 2008
¡Qué pecaito! (I)
Cuando aparece una noticia de esas que llaman la atención y que por ello crea curiosidad en la gente, empieza a pasar de boca en boca hasta llegar a tergiversarse por completo. Son pocos los que tienen la oportunidad de enterarse directamente del hecho, y menos aún quienes se detienen a analizarlo con detenimiento para asimilar de forma correcta su contenido. Simplemente un fulano oye en el noticiero la información así por encimita, y al encontrarse con algún amigo le comenta el asunto sin entrar en detalle. Entonces el otro, mucho menos empapado del tema, sigue con la cadena de desinformación hasta que el cuento no se parece en nada al original.
Pues resulta que en estos días, cuando ya cabeceaba a la hora de la siesta, alcance a oír en las noticias que El Vaticano acaba de publicar una nueva lista de pecados, entre los que están la contaminación ambiental, la drogadicción, la pedofilia, el aborto, el enriquecimiento excesivo y la manipulación genética. Como ya estaba en ese punto en que uno no está despierto, pero tampoco dormido porque aún no se le ha chorreado la baba, capté la información en forma parcial y equivocada, y por lo tanto al levantarme debí buscar en las noticias virtuales para confirmar el asunto antes de que me pasara lo mismo que aquí denuncio: que me pusiera a armar cuentos sin ningún fundamento.
Lo que sucedió fue que en medio de la inconciencia que se experimenta en esa duermevela que acostumbramos después del almuerzo, la mente divaga sin control y con una libertad absoluta ante nuestra falta de voluntad. Entonces me puse a renegar mentalmente contra las autoridades de la Iglesia Católica, porque por error entendí que el nuevo pecado castigaba la “manipulación de genitales”, cosa muy diferente a la manipulación genética. Porque una cosa es experimentar con seres humanos y animales para hacer clonaciones y demás rarezas, y otra muy distinta lo que yo deduje.
Porque de ser así, habría gente que ya no tendría redención en este mundo. Mire por ejemplo los billaristas. Eso sí puede llamarse manipulación de genitales. El jugador hace su seguidilla de tacadas y cuando debe ceder el turno al contrincante, acostumbra recostar un hombro contra la pared, dobla una pierna de la rodilla hacia abajo, con una mano se apoya en el taco y con la otro procede a rascarse la horqueta, se acomoda el mercado y a cada momento trata de sacarse el calzoncillo que se les metió entre el fundillo; esta acción también puede servir de distracción para rascarse una molesta hemorroides. Llámelo vicio, manía, obsesión o lo que quiera, pero jugador de billar que se respete tiene su propio “tumbao” para ejercer esa maniobra.
Y qué sería del béisbol si el pitcher y el catcher no pueden mandarse la mano al cacao a cada momento. En esa inocente acción está la esencia del juego, porque según la forma como el lanzador se agarre o manipule el paquete que presenta forrado en la ingle, es como el compañero que recibe puede saber cuál es la estrategia a seguir. El pitcher mira a los ojos al bateador de turno, luego de reojo recorre el terreno a su alrededor, después escupe un buche de tabaco que masca desde hace rato, y por último dirige la mirada al catcher, y con un toque de la gorra y una agarrada de las pelotas, le indica cómo va el tiro. Entonces el otro responde si pilló la táctica por medio de unos dedos que le muestra escondidos en la zona de la bragueta. De manera que de ser así la cosa, esta gente necesitaría en vez de entrenador, un cura para que los confiese cada diez minutos.
Cuando los niños están de dos o tres años cogen la manía de meterse la mano entre los calzones para cogerse el pajarito, y hay que ver a las mamás a toda hora regañándolos para que dejen ese vicio tan feo. Y no falta la que va donde la sicóloga infantil a consultar el problema, dizque porque una vecina le dijo que eso se debe a un complejo de inseguridad y que por lo tanto el mocoso se la pasa agarrado del bejuco. ¡Pamplinas! El asunto es innato de los varones y lo suspenden durante un tiempito para que no los jodan tanto, pero ya en la pubertad se lo agarran en el baño o durante la noche cuando nadie los vea. Y espere que crezca para que pase el domingo echado en la cama, en calzoncillos, enguayabado y pegado de un partido de fútbol por televisión, para que note que no deja de sobarse la bujía ni un minuto. La echa para un lado y para el otro como el gato que juega con un ratón.
Hasta aquí me refiero solo a la manipulación unilateral, porque de ser bilateral entonces se salvarían muy pocos. Qué tal por ejemplo lo que era una tarde de matiné en nuestra época, cuando las parejas de novios aprovechaban una de las pocas oportunidades que tenían de “meterse mano” sin restricciones ni vigilancia. En la actualidad ya nadie ejerce en el cine porque los muchachos viven empalagados de sexo, y los mayores nos dormimos al cuarto de hora de empezar la película.
pmejiama1@une.net.co
Pues resulta que en estos días, cuando ya cabeceaba a la hora de la siesta, alcance a oír en las noticias que El Vaticano acaba de publicar una nueva lista de pecados, entre los que están la contaminación ambiental, la drogadicción, la pedofilia, el aborto, el enriquecimiento excesivo y la manipulación genética. Como ya estaba en ese punto en que uno no está despierto, pero tampoco dormido porque aún no se le ha chorreado la baba, capté la información en forma parcial y equivocada, y por lo tanto al levantarme debí buscar en las noticias virtuales para confirmar el asunto antes de que me pasara lo mismo que aquí denuncio: que me pusiera a armar cuentos sin ningún fundamento.
Lo que sucedió fue que en medio de la inconciencia que se experimenta en esa duermevela que acostumbramos después del almuerzo, la mente divaga sin control y con una libertad absoluta ante nuestra falta de voluntad. Entonces me puse a renegar mentalmente contra las autoridades de la Iglesia Católica, porque por error entendí que el nuevo pecado castigaba la “manipulación de genitales”, cosa muy diferente a la manipulación genética. Porque una cosa es experimentar con seres humanos y animales para hacer clonaciones y demás rarezas, y otra muy distinta lo que yo deduje.
Porque de ser así, habría gente que ya no tendría redención en este mundo. Mire por ejemplo los billaristas. Eso sí puede llamarse manipulación de genitales. El jugador hace su seguidilla de tacadas y cuando debe ceder el turno al contrincante, acostumbra recostar un hombro contra la pared, dobla una pierna de la rodilla hacia abajo, con una mano se apoya en el taco y con la otro procede a rascarse la horqueta, se acomoda el mercado y a cada momento trata de sacarse el calzoncillo que se les metió entre el fundillo; esta acción también puede servir de distracción para rascarse una molesta hemorroides. Llámelo vicio, manía, obsesión o lo que quiera, pero jugador de billar que se respete tiene su propio “tumbao” para ejercer esa maniobra.
Y qué sería del béisbol si el pitcher y el catcher no pueden mandarse la mano al cacao a cada momento. En esa inocente acción está la esencia del juego, porque según la forma como el lanzador se agarre o manipule el paquete que presenta forrado en la ingle, es como el compañero que recibe puede saber cuál es la estrategia a seguir. El pitcher mira a los ojos al bateador de turno, luego de reojo recorre el terreno a su alrededor, después escupe un buche de tabaco que masca desde hace rato, y por último dirige la mirada al catcher, y con un toque de la gorra y una agarrada de las pelotas, le indica cómo va el tiro. Entonces el otro responde si pilló la táctica por medio de unos dedos que le muestra escondidos en la zona de la bragueta. De manera que de ser así la cosa, esta gente necesitaría en vez de entrenador, un cura para que los confiese cada diez minutos.
Cuando los niños están de dos o tres años cogen la manía de meterse la mano entre los calzones para cogerse el pajarito, y hay que ver a las mamás a toda hora regañándolos para que dejen ese vicio tan feo. Y no falta la que va donde la sicóloga infantil a consultar el problema, dizque porque una vecina le dijo que eso se debe a un complejo de inseguridad y que por lo tanto el mocoso se la pasa agarrado del bejuco. ¡Pamplinas! El asunto es innato de los varones y lo suspenden durante un tiempito para que no los jodan tanto, pero ya en la pubertad se lo agarran en el baño o durante la noche cuando nadie los vea. Y espere que crezca para que pase el domingo echado en la cama, en calzoncillos, enguayabado y pegado de un partido de fútbol por televisión, para que note que no deja de sobarse la bujía ni un minuto. La echa para un lado y para el otro como el gato que juega con un ratón.
Hasta aquí me refiero solo a la manipulación unilateral, porque de ser bilateral entonces se salvarían muy pocos. Qué tal por ejemplo lo que era una tarde de matiné en nuestra época, cuando las parejas de novios aprovechaban una de las pocas oportunidades que tenían de “meterse mano” sin restricciones ni vigilancia. En la actualidad ya nadie ejerce en el cine porque los muchachos viven empalagados de sexo, y los mayores nos dormimos al cuarto de hora de empezar la película.
pmejiama1@une.net.co
domingo, marzo 30, 2008
¿SUSPICAZ YO?
Los colombianos no podemos quejarnos por carecer de tema de conversación. No alcanzamos a digerir tantos chicharrones y en las tertulias nos peleamos la palabra para expresar ideas y opiniones; porque a diferencia de otras latitudes, aquí la realidad sobrepasa la ficción. Y ante tantas conjeturas y diferentes lecturas que damos a los acontecimientos, son muchos los cabos sueltos y las suspicacias que afloran. Esto pude comprobarlo al conversar con don Aniceto Rebolledo, quien no come cuento fácilmente y aplica la malicia indígena. El viejo andaba copetón para hacer honor a su nombre, que según él, viene de anís.
*Vea hombre, no se le olvide que todo lo que viene de las FARC está fríamente calculado y lo presentan como ellos quieren que se vea. Yo no les creo un carajo. Hace días leí un artículo, de un periodista venezolano y publicado en un periódico de allá, donde el pisco asegura que los secuestrados que con tanto bombo han liberado con el patrocinio de Chávez y su compinche Piedad, pasaron varias semanas de recuperación en la finca del Ministro Rodríguez Chacín, un vergajo de mala calaña al que solo le falta el camuflado de guerrillero.
Resalta el periodista la diferencia que hay entre la facha que presentaron el ahora Canciller Araujo y el policía Pinchao cuando aparecieron, que semejaban cadáveres ambulantes, a los recientemente liberados que, excepto Géchen a quien largaron antes de que se les muriera allá, lucían frescos, sanos y algunos hasta repuesticos. Las mujeres maquilladas y bien peinadas, aunque supuestamente habían caminado durante 20 o más días por la selva amazónica. Y si el doctor Géchen casi no daba paso porque estaba cojo, asfixiado por la insuficiencia cardiaca y con la columna vertebral jodida, no me vengan con que así recorrió, a pata, semejante trecho.
¿Suspicaz yo?, no hombre. Lo que pasa es hay que discernir con detenimiento y analizar sin apasionamiento. Todo el mundo feliz con las liberaciones, y con justa razón, pero hay que ahondar en el asunto. Otra cosa: mientras millones de personas esperaban ansiosas ante sus televisores la bajada del avión de los liberados, en ambas ocasiones, y se imaginaban las escenas de alegría, abrazados hasta revolcarse por el suelo y la berreada a moco tendido de todos los presentes, la situación fue tranquila y poco efusiva. Todos parecían representar un libreto orquestado ya sabemos por quiénes.
Se ha preguntado usted por ejemplo, ¿cómo escogieron a quiénes liberar? No vaya a creer que el Mono Jojoy le dijo un número en secreto a Tirofijo, y luego empezó desde el otro lado de la alambrada a preguntar: A ver, fulano, diga un número. Nada, se queda. Usted, Pérez, diga otro; listo, empaque los chiros que sale. Mendieta, le toca; no está ni tibio. Consuelo, ¿qué número dijo?; sí señora, que verrionda tan de buenas, también se larga. Olvídese mijo que algo tiene que haber detrás de esa escogencia.
O usted cree que a Luís Eladio se le ocurrió en estos días la idea de ir a proponerle a Sarkozy que saque al grupo insurgente de la lista de terroristas; o que una cita para conversar con el presidente de Francia se consigue así de fácil. Y mientras tanto Moncayo recorre el mundo entero; Clara Rojas viaja a Argentina a hablar con la tal Cristina, que casualmente le debe a Chávez su elección; y Consuelo González visita Europa para participar en foros y entrevistas. No me crea tan pendejo hombre. Si sacar la visa Schenguen es un gallo, y cualquier viaje de esos vale un platal. ¿Quién los patrocina? ¿Quién les programa la agenda y consigue citas con semejantes personajes? Métame el dedo en la boca si quiere, pero no me pida que trague entero.
Pero deje que con la incautación de los computadores ahora sí quedaron en pelota esos bandidos. Ya no tenemos que “suponer” que envían droga por toneladas. Que Chávez paga el protagonismo que le dan con dólares, petróleo y gasolina para que negocien en el exterior, y fusiles de segunda. Que con el gobierno de Ecuador tienen relaciones formales, y así el ministro Larrea lo niegue, se les quedó en veremos el plan para liberar el hijo de Moncayo y así meter al baile al presidente Correa. Y el profesor, que tanta lora ha dado y tras seguir al pie de la letra las instrucciones del Secretariado para lograr rescatar a su muchacho, quedó como el ternero.
Ya no es suspicacia creer que los presidentes vecinos tienen una trinca para apoyar la chusma y desestabilizar nuestro gobierno; que las FARC son terroristas internacionales que trafican hasta con uranio; que están cercados por el ejército en varios frentes y las deserciones los tienen fregados; o que para esa organización el despeje es primordial. Si nos enteramos de tanta cosa con los pocos documentos publicados, cómo será lo que hay en los miles de pruebas que encontraron. Para completar, tienen que dormir con un ojo abierto, como El Fantasma, porque sus mismos guardaespaldas los pasan al papayo.
Ahora salen el gobierno francés, el ecuatoriano, misiá Piedad y otros tantos a reclamar porque mataron a Raulito, en calzoncillos, cuando se aprestaba a tramitar más liberaciones. Qué pena con ellos. En adelante tocará preguntar en qué anda el bandido, y si tiene las botas puestas.
pmejiama1@une.net.co
*Vea hombre, no se le olvide que todo lo que viene de las FARC está fríamente calculado y lo presentan como ellos quieren que se vea. Yo no les creo un carajo. Hace días leí un artículo, de un periodista venezolano y publicado en un periódico de allá, donde el pisco asegura que los secuestrados que con tanto bombo han liberado con el patrocinio de Chávez y su compinche Piedad, pasaron varias semanas de recuperación en la finca del Ministro Rodríguez Chacín, un vergajo de mala calaña al que solo le falta el camuflado de guerrillero.
Resalta el periodista la diferencia que hay entre la facha que presentaron el ahora Canciller Araujo y el policía Pinchao cuando aparecieron, que semejaban cadáveres ambulantes, a los recientemente liberados que, excepto Géchen a quien largaron antes de que se les muriera allá, lucían frescos, sanos y algunos hasta repuesticos. Las mujeres maquilladas y bien peinadas, aunque supuestamente habían caminado durante 20 o más días por la selva amazónica. Y si el doctor Géchen casi no daba paso porque estaba cojo, asfixiado por la insuficiencia cardiaca y con la columna vertebral jodida, no me vengan con que así recorrió, a pata, semejante trecho.
¿Suspicaz yo?, no hombre. Lo que pasa es hay que discernir con detenimiento y analizar sin apasionamiento. Todo el mundo feliz con las liberaciones, y con justa razón, pero hay que ahondar en el asunto. Otra cosa: mientras millones de personas esperaban ansiosas ante sus televisores la bajada del avión de los liberados, en ambas ocasiones, y se imaginaban las escenas de alegría, abrazados hasta revolcarse por el suelo y la berreada a moco tendido de todos los presentes, la situación fue tranquila y poco efusiva. Todos parecían representar un libreto orquestado ya sabemos por quiénes.
Se ha preguntado usted por ejemplo, ¿cómo escogieron a quiénes liberar? No vaya a creer que el Mono Jojoy le dijo un número en secreto a Tirofijo, y luego empezó desde el otro lado de la alambrada a preguntar: A ver, fulano, diga un número. Nada, se queda. Usted, Pérez, diga otro; listo, empaque los chiros que sale. Mendieta, le toca; no está ni tibio. Consuelo, ¿qué número dijo?; sí señora, que verrionda tan de buenas, también se larga. Olvídese mijo que algo tiene que haber detrás de esa escogencia.
O usted cree que a Luís Eladio se le ocurrió en estos días la idea de ir a proponerle a Sarkozy que saque al grupo insurgente de la lista de terroristas; o que una cita para conversar con el presidente de Francia se consigue así de fácil. Y mientras tanto Moncayo recorre el mundo entero; Clara Rojas viaja a Argentina a hablar con la tal Cristina, que casualmente le debe a Chávez su elección; y Consuelo González visita Europa para participar en foros y entrevistas. No me crea tan pendejo hombre. Si sacar la visa Schenguen es un gallo, y cualquier viaje de esos vale un platal. ¿Quién los patrocina? ¿Quién les programa la agenda y consigue citas con semejantes personajes? Métame el dedo en la boca si quiere, pero no me pida que trague entero.
Pero deje que con la incautación de los computadores ahora sí quedaron en pelota esos bandidos. Ya no tenemos que “suponer” que envían droga por toneladas. Que Chávez paga el protagonismo que le dan con dólares, petróleo y gasolina para que negocien en el exterior, y fusiles de segunda. Que con el gobierno de Ecuador tienen relaciones formales, y así el ministro Larrea lo niegue, se les quedó en veremos el plan para liberar el hijo de Moncayo y así meter al baile al presidente Correa. Y el profesor, que tanta lora ha dado y tras seguir al pie de la letra las instrucciones del Secretariado para lograr rescatar a su muchacho, quedó como el ternero.
Ya no es suspicacia creer que los presidentes vecinos tienen una trinca para apoyar la chusma y desestabilizar nuestro gobierno; que las FARC son terroristas internacionales que trafican hasta con uranio; que están cercados por el ejército en varios frentes y las deserciones los tienen fregados; o que para esa organización el despeje es primordial. Si nos enteramos de tanta cosa con los pocos documentos publicados, cómo será lo que hay en los miles de pruebas que encontraron. Para completar, tienen que dormir con un ojo abierto, como El Fantasma, porque sus mismos guardaespaldas los pasan al papayo.
Ahora salen el gobierno francés, el ecuatoriano, misiá Piedad y otros tantos a reclamar porque mataron a Raulito, en calzoncillos, cuando se aprestaba a tramitar más liberaciones. Qué pena con ellos. En adelante tocará preguntar en qué anda el bandido, y si tiene las botas puestas.
pmejiama1@une.net.co
lunes, marzo 17, 2008
Genio y figura.
El gran misterio del ser humano es la personalidad; el alma, el ser, la sustancia, el espíritu o como quiera llamarse. Muchos viven obsesionados por el cuidado del cuerpo, dedican muchas horas al ejercicio y al estado físico, pero poco se interesan por alimentar su intelecto y mantener activo el cerebro. Basta echarle un poco de cabeza al asunto para concluir que el organismo es un simple estuche donde habita un ser único e irrepetible. La perfección con la que funciona el cuerpo humano es superior a cualquier otra creación del universo, pero no cabe duda de que ante la capacidad de raciocinio no existe nada comparable. Porque los demás seres vivos también poseen organismos exactos y precisos, pero no pueden pensar, reír, llorar, admirar, amar, rezar o simplemente hablar.
Desde muy pequeño el recién nacido presenta rasgos de cómo será su personalidad, y puede saberse si de adulto va a ser extrovertido, tímido, mala ley, alegre, taimado, emprendedor, gracioso o sensible. Mi sobrino Santiago es un muchacho que desde muy chiquito dejó ver su carisma, además de tener una forma de ser que le llega a todo el mundo. Tiene un humor genial, se le mide a lo que sea, no conoce la mamitis o los berrinches, y hay que ver la correa que tiene para enfrentar las chanzas que le hacemos sus tíos y familiares. Cuando visito a mis padres y hermanos nos reímos al recordar los cuentos del sardino, que a sus escasos 10 años ya es todo un personaje.
Es, sin duda, la mascota de mis padres. Desde muy pequeño se amaña con los abuelos y hay qué ver el problema para que se vaya para su casa. Cierta vez la mamá, ante la negativa del mocoso de acompañarla, le dijo que él tenía que compartir con los papás y la hermanita, que está muy bien que uno visite los abuelos pero no puede pasarse a vivir con ellos, y que ella se comprometía a dejarlo volver al otro día. Entonces el zambo pone cara de angustia y le dice muy serio:
-Mami, ¿y cómo quieres que me vaya y deje solos a este par de ancianos desvalidos?
Una de las razones para que a Santiago le guste tanto la casa de los abuelos, es debido a que al menos una vez a la semana se aparece por allá mi tío Eduardo Arango a jugar ajedrez con mi papá, y sin falta le regala cinco mil pesos al muchacho. Don Eduar, como le decimos cariñosamente, es un miembro de familia muy especial para nosotros, pero para mis sobrinos y mi hijo, es otro abuelo. Se ponen los viejos a jugar su partida mientras saborean un trago, y el niño se arrima a patearse los cuentos y colaborar en lo que necesiten. Además, pone mucho cuidado a las historias del tío abuelo y a sus disertaciones cuando dicta cátedra sobre diferentes materias. Como el muchachito sabe que todo ese conocimiento es de autodidacta, una tarde se quedó mirándolo fijamente y muy serio le comentó:
-¿Sabe una cosa don Eduardo?, yo no sé qué admirar más en usted: si su sabiduría o su billetera.
En otra ocasión le cuenta mi madre a su hermano que no había forma de que Santiago se motilara, y que como podía ver el mocoso ya parecía un espantapájaros con esas mechas alborotadas. Cómo estaría la cosa, que ya varios miembros de la familia habían propuesto hacer una vaca para recoger una platica que lo convenciera de que se dejara aunque fuera desbastar un poquito el pelo. El niño no quería tocar el tema y propuso que mejor hablaran de otra cosa, hasta que el tío dijo, como quien no quiere la cosa, que en caso de que hicieran la recolecta podían contar con su contribución. El negrito se quedó pensativo durante un buen rato, hasta que no aguantó la tentación de hacer la pregunta obligada:
-Oiga don Eduardo… ¿y como de cuánto estaríamos hablando?
Ese muchacho se las sabe todas en la casa de mis padres. Cualquier cosa que uno necesite, no es sino preguntarle a él para que le diga dónde puede encontrarla. Come como una draga y hay que ver a la abuela darle gusto con el mecato de su preferencia, pero si uno lleva cualquier comestible de regalo hay que esconderlo porque de lo contrario no deja ni las harinas. Otra característica de ese muchacho es la facilidad para imitar a las personas; a mi padre lo mantiene calibrado y no se le escapa detalle de su forma de actuar.
Un domingo de Resurrección, al regreso de una finca donde habían estado durante el puente de Semana Santa, se fue directo a visitar a los abuelos. Los encontró acompañados por algunos de mis hermanos, y todos conversaban en voz baja porque mi madre tenía sintonizado un programa desde el Vaticano. El zambo llegó cansado por el sol y la piscina, le dijo a la abuela que se corriera para el rincón y le soltara un poquito de cobija, acomodó el cojín para recostar su cabeza, echó mano del control remoto del televisor y pronunció una frase que todos añoraban, pero que nadie se había atrevido siquiera a sugerir durante los últimos días:
-Bueno, lo primero… quitemos al Papa.
pmejiama1@une.net.co
Desde muy pequeño el recién nacido presenta rasgos de cómo será su personalidad, y puede saberse si de adulto va a ser extrovertido, tímido, mala ley, alegre, taimado, emprendedor, gracioso o sensible. Mi sobrino Santiago es un muchacho que desde muy chiquito dejó ver su carisma, además de tener una forma de ser que le llega a todo el mundo. Tiene un humor genial, se le mide a lo que sea, no conoce la mamitis o los berrinches, y hay que ver la correa que tiene para enfrentar las chanzas que le hacemos sus tíos y familiares. Cuando visito a mis padres y hermanos nos reímos al recordar los cuentos del sardino, que a sus escasos 10 años ya es todo un personaje.
Es, sin duda, la mascota de mis padres. Desde muy pequeño se amaña con los abuelos y hay qué ver el problema para que se vaya para su casa. Cierta vez la mamá, ante la negativa del mocoso de acompañarla, le dijo que él tenía que compartir con los papás y la hermanita, que está muy bien que uno visite los abuelos pero no puede pasarse a vivir con ellos, y que ella se comprometía a dejarlo volver al otro día. Entonces el zambo pone cara de angustia y le dice muy serio:
-Mami, ¿y cómo quieres que me vaya y deje solos a este par de ancianos desvalidos?
Una de las razones para que a Santiago le guste tanto la casa de los abuelos, es debido a que al menos una vez a la semana se aparece por allá mi tío Eduardo Arango a jugar ajedrez con mi papá, y sin falta le regala cinco mil pesos al muchacho. Don Eduar, como le decimos cariñosamente, es un miembro de familia muy especial para nosotros, pero para mis sobrinos y mi hijo, es otro abuelo. Se ponen los viejos a jugar su partida mientras saborean un trago, y el niño se arrima a patearse los cuentos y colaborar en lo que necesiten. Además, pone mucho cuidado a las historias del tío abuelo y a sus disertaciones cuando dicta cátedra sobre diferentes materias. Como el muchachito sabe que todo ese conocimiento es de autodidacta, una tarde se quedó mirándolo fijamente y muy serio le comentó:
-¿Sabe una cosa don Eduardo?, yo no sé qué admirar más en usted: si su sabiduría o su billetera.
En otra ocasión le cuenta mi madre a su hermano que no había forma de que Santiago se motilara, y que como podía ver el mocoso ya parecía un espantapájaros con esas mechas alborotadas. Cómo estaría la cosa, que ya varios miembros de la familia habían propuesto hacer una vaca para recoger una platica que lo convenciera de que se dejara aunque fuera desbastar un poquito el pelo. El niño no quería tocar el tema y propuso que mejor hablaran de otra cosa, hasta que el tío dijo, como quien no quiere la cosa, que en caso de que hicieran la recolecta podían contar con su contribución. El negrito se quedó pensativo durante un buen rato, hasta que no aguantó la tentación de hacer la pregunta obligada:
-Oiga don Eduardo… ¿y como de cuánto estaríamos hablando?
Ese muchacho se las sabe todas en la casa de mis padres. Cualquier cosa que uno necesite, no es sino preguntarle a él para que le diga dónde puede encontrarla. Come como una draga y hay que ver a la abuela darle gusto con el mecato de su preferencia, pero si uno lleva cualquier comestible de regalo hay que esconderlo porque de lo contrario no deja ni las harinas. Otra característica de ese muchacho es la facilidad para imitar a las personas; a mi padre lo mantiene calibrado y no se le escapa detalle de su forma de actuar.
Un domingo de Resurrección, al regreso de una finca donde habían estado durante el puente de Semana Santa, se fue directo a visitar a los abuelos. Los encontró acompañados por algunos de mis hermanos, y todos conversaban en voz baja porque mi madre tenía sintonizado un programa desde el Vaticano. El zambo llegó cansado por el sol y la piscina, le dijo a la abuela que se corriera para el rincón y le soltara un poquito de cobija, acomodó el cojín para recostar su cabeza, echó mano del control remoto del televisor y pronunció una frase que todos añoraban, pero que nadie se había atrevido siquiera a sugerir durante los últimos días:
-Bueno, lo primero… quitemos al Papa.
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miércoles, marzo 12, 2008
Recorrido urbano (II).
No alcanzo a imaginar lo que puede gozar un manizaleño que no haya regresado a la ciudad desde hace muchos años, al recorrer sus barrios, parques y avenidas, y comparar su estado actual con el que dejó al momento de partir. Sin duda Manizales ha evolucionado en su desarrollo urbanístico y presenta una cara muy diferente a la de ahora años. Si quienes vivimos aquí desde siempre disfrutamos con las obras y proyectos que se adelantan, para el visitante ocasional tiene que ser muy emocionante el ejercicio.
Sigo entonces con nuestro personaje, quien desde la glorieta de la universidad mira para el morro de Sancancio. Hace unos 40 años había una carretera sin pavimentar que salía del estadio hacia el morro por donde ahora va la Avenida Paralela, y en el sector solo existían la Escuela de auxiliares de enfermería, el batallón, la fábrica Iderna, la clínica siquiátrica y una o dos viviendas rurales. En cambio ahora quedan muy pocos terrenos disponibles para construir, y pueden verse gran cantidad de casas, edificios de apartamentos, un gran centro comercial y establecimientos de todo tipo.
Ya que anda por esos lados, puede atravesar por el viaducto de Vizcaya para llegar a la glorieta de San Rafael. Con seguridad ahí sí va a quedar con la boca abierta, porque en épocas remotas en ese sector quedaba la Baja Suiza y la única vía que lo atravesaba era una tortuosa carreterita que salía del edificio Cervantes, en El Cable, y que comunicaba la ciudad con la Escuela de Carabineros y el barrio Minitas. En cambio ahora se va a topar con una moderna avenida, la Kevin Ángel, y en sus márgenes gran variedad de construcciones. También va a admirarse cuando vea los diversos barrios que hay en lo que hasta hace poco se llamaba la comuna cinco, en donde antes solo había potreros y casas campestres, entre ellas la finca de don Aparicio Díaz Cabal.
Después de comprobar que la antigua estación del ferrocarril se convirtió en una moderna universidad, puede notar que por donde cruzaba el túnel para el tren ahora hay un amplio viaducto que comunica dos importantes zonas de la ciudad. Lugo sube al Parque de los Fundadores y mientras asimila los cambios ocurridos durante su ausencia, recorre las dos cuadras que lo separan del Parque de Caldas. Allí solo va a reconocer la iglesia de La Inmaculada, el cedro y el guadual que perduran en las zonas verdes, porque el resto ha sufrido una remodelación total. Ojalá que no traiga antojo de comer en la salsamentaria de Mister albóndiga, porque de ella solo queda el recuerdo.
Seguramente encontrará la carrera 23, en el centro, muy diferente a como la dejó. Si antes era una vía carrera, donde los vehículos transitaban con dificultad porque los buses paraban en todas las esquinas y un carril estaba destinado al parqueo, ahora está diseñada para la comodidad de los peatones, quienes transitan por amplios andenes adornados con palmeras y mobiliario adecuado. Los carritos de dulces y los puestos de los vendedores ambulantes fueron remplazados por habitáculos especiales para que ofrezcan allí sus productos. De los viejos almacenes y negocios va a encontrar muy pocos, como el café La Cigarra y la pastelería La Suiza, aunque esta última en un local diferente al que ocupó en aquella época; quedaba en la misma carrera, pero entre las calles 24 y 25.
Que ni busque el viejo edificio de la alcaldía en la Plaza Alfonso López porque hace tiempos le metieron dinamita, y en la actualidad en ese entorno solo hay obreros, materiales de construcción y maquinaria pesada. Si regresa dentro de unos meses, podrá deleitarse con el diseño moderno y agradable que va a presentar una zona que por tanto tiempo ha sido el patito feo de la ciudad.
Después de recorrer a Manizales por todos sus recovecos va a recordar por ejemplo que donde existen hoy varios edificios de apartamentos, consultorios y locales comerciales, a un costado del antiguo Seminario Mayor, había un muro como el que rodeaba entonces el complejo deportivo del estadio. En la Avenida Paralela con calle 52 querrá saber si hace mucho tiempo derribaron la gallera, para enterarse de que ya van a demoler una estación de servicio que ha operado allí por muchos años para dar paso a la construcción de un túnel que comunicará muy pronto la Paralela con el sector del barrio La Asunción.
Seguro va a reconocer el sitio donde se levanta el Hospital de Caldas, pero dirá que lo nota como distinto porque está más moderno y funcional. Después sube a Chipre para disfrutar del maravilloso paisaje y comprobar que las casitas donde funcionan infinidad de negocios son las originales, y que donde quedaba el recordado Lago de Aranguito, y después las Torres de Chipre, ahora hay un majestuoso monumento a los colonizadores. Y además, que por fin volvieron realidad el antiquísimo proyecto de convertir el inmenso tanque de agua del Parque del Observatorio en un adecuado y funcional mirador.
Muy satisfecho quedará cuando recorra la doble calzada que nos une con la vecina Chinchiná y se tope con una obra espectacular que está a punto de ser realidad en el sector de La Estampilla, porque sin duda los viaductos darán realce a esa entrada a Manizales.
pmejiama1@une.net.co
Sigo entonces con nuestro personaje, quien desde la glorieta de la universidad mira para el morro de Sancancio. Hace unos 40 años había una carretera sin pavimentar que salía del estadio hacia el morro por donde ahora va la Avenida Paralela, y en el sector solo existían la Escuela de auxiliares de enfermería, el batallón, la fábrica Iderna, la clínica siquiátrica y una o dos viviendas rurales. En cambio ahora quedan muy pocos terrenos disponibles para construir, y pueden verse gran cantidad de casas, edificios de apartamentos, un gran centro comercial y establecimientos de todo tipo.
Ya que anda por esos lados, puede atravesar por el viaducto de Vizcaya para llegar a la glorieta de San Rafael. Con seguridad ahí sí va a quedar con la boca abierta, porque en épocas remotas en ese sector quedaba la Baja Suiza y la única vía que lo atravesaba era una tortuosa carreterita que salía del edificio Cervantes, en El Cable, y que comunicaba la ciudad con la Escuela de Carabineros y el barrio Minitas. En cambio ahora se va a topar con una moderna avenida, la Kevin Ángel, y en sus márgenes gran variedad de construcciones. También va a admirarse cuando vea los diversos barrios que hay en lo que hasta hace poco se llamaba la comuna cinco, en donde antes solo había potreros y casas campestres, entre ellas la finca de don Aparicio Díaz Cabal.
Después de comprobar que la antigua estación del ferrocarril se convirtió en una moderna universidad, puede notar que por donde cruzaba el túnel para el tren ahora hay un amplio viaducto que comunica dos importantes zonas de la ciudad. Lugo sube al Parque de los Fundadores y mientras asimila los cambios ocurridos durante su ausencia, recorre las dos cuadras que lo separan del Parque de Caldas. Allí solo va a reconocer la iglesia de La Inmaculada, el cedro y el guadual que perduran en las zonas verdes, porque el resto ha sufrido una remodelación total. Ojalá que no traiga antojo de comer en la salsamentaria de Mister albóndiga, porque de ella solo queda el recuerdo.
Seguramente encontrará la carrera 23, en el centro, muy diferente a como la dejó. Si antes era una vía carrera, donde los vehículos transitaban con dificultad porque los buses paraban en todas las esquinas y un carril estaba destinado al parqueo, ahora está diseñada para la comodidad de los peatones, quienes transitan por amplios andenes adornados con palmeras y mobiliario adecuado. Los carritos de dulces y los puestos de los vendedores ambulantes fueron remplazados por habitáculos especiales para que ofrezcan allí sus productos. De los viejos almacenes y negocios va a encontrar muy pocos, como el café La Cigarra y la pastelería La Suiza, aunque esta última en un local diferente al que ocupó en aquella época; quedaba en la misma carrera, pero entre las calles 24 y 25.
Que ni busque el viejo edificio de la alcaldía en la Plaza Alfonso López porque hace tiempos le metieron dinamita, y en la actualidad en ese entorno solo hay obreros, materiales de construcción y maquinaria pesada. Si regresa dentro de unos meses, podrá deleitarse con el diseño moderno y agradable que va a presentar una zona que por tanto tiempo ha sido el patito feo de la ciudad.
Después de recorrer a Manizales por todos sus recovecos va a recordar por ejemplo que donde existen hoy varios edificios de apartamentos, consultorios y locales comerciales, a un costado del antiguo Seminario Mayor, había un muro como el que rodeaba entonces el complejo deportivo del estadio. En la Avenida Paralela con calle 52 querrá saber si hace mucho tiempo derribaron la gallera, para enterarse de que ya van a demoler una estación de servicio que ha operado allí por muchos años para dar paso a la construcción de un túnel que comunicará muy pronto la Paralela con el sector del barrio La Asunción.
Seguro va a reconocer el sitio donde se levanta el Hospital de Caldas, pero dirá que lo nota como distinto porque está más moderno y funcional. Después sube a Chipre para disfrutar del maravilloso paisaje y comprobar que las casitas donde funcionan infinidad de negocios son las originales, y que donde quedaba el recordado Lago de Aranguito, y después las Torres de Chipre, ahora hay un majestuoso monumento a los colonizadores. Y además, que por fin volvieron realidad el antiquísimo proyecto de convertir el inmenso tanque de agua del Parque del Observatorio en un adecuado y funcional mirador.
Muy satisfecho quedará cuando recorra la doble calzada que nos une con la vecina Chinchiná y se tope con una obra espectacular que está a punto de ser realidad en el sector de La Estampilla, porque sin duda los viaductos darán realce a esa entrada a Manizales.
pmejiama1@une.net.co
martes, marzo 04, 2008
Recorrido urbano (I).
El apego por el terruño es algo innato del ser humano. Son pocas las personas que no sienten cariño y nostalgia por el lugar que los vio nacer, sobre todo cuando por cualquier causa deben residir en un lugar lejano, donde además las costumbres son muy diferentes. En la actualidad es fácil el tránsito de los ciudadanos por todos los rincones del planeta, cosa que no sucedía ahora años cuando viajar era complicado, costoso y generaba temor en las personas. Ahora los jóvenes no tienen fronteras y gracias a los avances en las comunicaciones, tienen contactos en todas partes y así programan y organizan sus periplos sin necesidad de gastar mucho dinero. Pero sin duda es muy triste ver como tantos conciudadanos deben acogerse al exilio, voluntario o no, debido a la difícil situación social y económica que vivimos en la actualidad.
Casi todos los desarraigados sueñan con su regreso, y ahorran con juicio para viajar a su querencia a respirar de nuevo ese aire que extrañan a diario. Muchos otros soportan la morriña y las vicisitudes de su condición de inmigrantes, con la firme esperanza de retornar al país a disfrutar de una vejez próspera y tranquila al lado de sus seres queridos. En fechas especiales, como las fiestas de navidad, fin de año y semana ferial, es común que visiten la ciudad y da gusto verlos recorrerla mientras se admiran con su desarrollo arquitectónico, y quiero enumerar algunos cambios que va a encontrar un personaje que no venga desde hace 3 o 4 décadas.
Lo primero que va a notar es que el aeropuerto La Nubia, que entonces quedaba alejado de la ciudad y rodeado de cultivos, potreros y casas campestres, ahora está al lado de una ciudadela y conectado con la ciudad por una moderna avenida. En su trayecto podrá ver edificios, conjuntos cerrados, lujosas residencias y sedes comerciales, y al llegar al sector del batallón va a toparse con unos túneles que le dan al entorno un ambiente vanguardista. Seguro va a reconocer la Avenida Santander, pero no los grandes edificios y variada arquitectura que se levanta en sus costados.
Después de recorrer unas cuadras, echará de menos la carreterita destapada que bajaba a San Rafael en medio de las mangas, para encontrar una universidad, edificios y un viaducto que pasa por debajo de la avenida. En el parque del Cable sí que ha cambiado el entorno. Solo el viejo edificio del cable aéreo mantiene su estructura original, mientras que donde quedaba el antiguo y hermoso hospital de estilo francés, con la capillita que parecía sacada de una postal, y cerrado por una artística reja en hierro forjado, hay dos edificaciones grandes y modernas: el edificio de La Luker y el centro comercial Cable plaza.
En lo más alto del parquecito, donde hay un tanque subterráneo, encontrará una afamada tienda de café, desde donde podrá otear un vecindario que en su época fue residencial y ahora está destinado al comercio y a la zona rosa. Seguro va a recordar que en la rampa que permite el ingreso a la terraza del café quedaba la casita que servía de residencia para la familia de Alfonso, el guarda parque encargado de manipular las válvulas del acueducto.
El resto del parque también ha cambiado, porque ahora existe un bosque de pinos que por cierto sembraron para que los vecinos de aquella época no acabáramos con los prados de tanto jugar picaditos de fútbol. Al bajar por la Avenida Lindsay, podrá comprobar que la vocación comercial impera y que de aquellas familias que ocupaban las casas ya no queda ninguna. Pero su sorpresa será mayor cuando observe el nuevo estadio y todo el complejo deportivo que encierra el entorno.
Desde la rotonda de la universidad observará que del vetusto estadio Fernando Londoño no queda ni la sombra, y que ahora, y debido a las dimensiones del Palogrande y a la capota que lo cubre a todo el rededor, ya los chinches no pueden trepar a los árboles de la Lindsay para “patiarse” el partido; igual suerte corrieron los patos que se empinaban en unas escalitas de la Universidad Nacional para tratar de no perder detalle de los encuentros del Once Caldas, y sin pagar boleta.
La pista para patinadores tampoco existía y donde ahora queda el Coliseo Menor, construyeron alguna vez una piscina olímpica que nunca vimos utilizar; ni siquiera los niños nos queríamos bañar en ella, porque con semejante frío en esa pileta le daba reumatismo a un sapo. Ahí siguen las canchas públicas de tenis, el Coliseo Mayor y el Club de tenis, para cerrar el círculo con el cuartel de los bomberos. Todo estaba cerrado por un muro de ladrillo a la vista, el cual saltaban algunos oportunistas los domingos para colarse en el estadio, aunque aún les faltaba cruzar la cancha auxiliar sin que los pillaran los carabineros que patrullaban en sus caballos.
Aunque el barrio Estrella, vecino del complejo deportivo, ha cambiado muy poco, las calles que circundan los escenarios presentan, igual que la Avenida Santander, novedosos bulevares para que los peatones transiten con comodidad. En cambio si observa desde la glorieta hacia el morro de Sancancio, va a quedar asombrado con el desarrollo de ese sector en las últimas décadas.
pmejiama1@une.net.co
Casi todos los desarraigados sueñan con su regreso, y ahorran con juicio para viajar a su querencia a respirar de nuevo ese aire que extrañan a diario. Muchos otros soportan la morriña y las vicisitudes de su condición de inmigrantes, con la firme esperanza de retornar al país a disfrutar de una vejez próspera y tranquila al lado de sus seres queridos. En fechas especiales, como las fiestas de navidad, fin de año y semana ferial, es común que visiten la ciudad y da gusto verlos recorrerla mientras se admiran con su desarrollo arquitectónico, y quiero enumerar algunos cambios que va a encontrar un personaje que no venga desde hace 3 o 4 décadas.
Lo primero que va a notar es que el aeropuerto La Nubia, que entonces quedaba alejado de la ciudad y rodeado de cultivos, potreros y casas campestres, ahora está al lado de una ciudadela y conectado con la ciudad por una moderna avenida. En su trayecto podrá ver edificios, conjuntos cerrados, lujosas residencias y sedes comerciales, y al llegar al sector del batallón va a toparse con unos túneles que le dan al entorno un ambiente vanguardista. Seguro va a reconocer la Avenida Santander, pero no los grandes edificios y variada arquitectura que se levanta en sus costados.
Después de recorrer unas cuadras, echará de menos la carreterita destapada que bajaba a San Rafael en medio de las mangas, para encontrar una universidad, edificios y un viaducto que pasa por debajo de la avenida. En el parque del Cable sí que ha cambiado el entorno. Solo el viejo edificio del cable aéreo mantiene su estructura original, mientras que donde quedaba el antiguo y hermoso hospital de estilo francés, con la capillita que parecía sacada de una postal, y cerrado por una artística reja en hierro forjado, hay dos edificaciones grandes y modernas: el edificio de La Luker y el centro comercial Cable plaza.
En lo más alto del parquecito, donde hay un tanque subterráneo, encontrará una afamada tienda de café, desde donde podrá otear un vecindario que en su época fue residencial y ahora está destinado al comercio y a la zona rosa. Seguro va a recordar que en la rampa que permite el ingreso a la terraza del café quedaba la casita que servía de residencia para la familia de Alfonso, el guarda parque encargado de manipular las válvulas del acueducto.
El resto del parque también ha cambiado, porque ahora existe un bosque de pinos que por cierto sembraron para que los vecinos de aquella época no acabáramos con los prados de tanto jugar picaditos de fútbol. Al bajar por la Avenida Lindsay, podrá comprobar que la vocación comercial impera y que de aquellas familias que ocupaban las casas ya no queda ninguna. Pero su sorpresa será mayor cuando observe el nuevo estadio y todo el complejo deportivo que encierra el entorno.
Desde la rotonda de la universidad observará que del vetusto estadio Fernando Londoño no queda ni la sombra, y que ahora, y debido a las dimensiones del Palogrande y a la capota que lo cubre a todo el rededor, ya los chinches no pueden trepar a los árboles de la Lindsay para “patiarse” el partido; igual suerte corrieron los patos que se empinaban en unas escalitas de la Universidad Nacional para tratar de no perder detalle de los encuentros del Once Caldas, y sin pagar boleta.
La pista para patinadores tampoco existía y donde ahora queda el Coliseo Menor, construyeron alguna vez una piscina olímpica que nunca vimos utilizar; ni siquiera los niños nos queríamos bañar en ella, porque con semejante frío en esa pileta le daba reumatismo a un sapo. Ahí siguen las canchas públicas de tenis, el Coliseo Mayor y el Club de tenis, para cerrar el círculo con el cuartel de los bomberos. Todo estaba cerrado por un muro de ladrillo a la vista, el cual saltaban algunos oportunistas los domingos para colarse en el estadio, aunque aún les faltaba cruzar la cancha auxiliar sin que los pillaran los carabineros que patrullaban en sus caballos.
Aunque el barrio Estrella, vecino del complejo deportivo, ha cambiado muy poco, las calles que circundan los escenarios presentan, igual que la Avenida Santander, novedosos bulevares para que los peatones transiten con comodidad. En cambio si observa desde la glorieta hacia el morro de Sancancio, va a quedar asombrado con el desarrollo de ese sector en las últimas décadas.
pmejiama1@une.net.co
martes, febrero 26, 2008
Contradicciones de alto turmequé.
Desde siempre han advertido que no hay nada más dañino para la educación de un niño que las contradicciones en su educación. Como cuando en la casa le marcan pautas y en el colegio las desvirtúan; o el papá le da permiso de dormirse más tardecito, pero la mamá dice que ni riesgos, que se va para la cama pero ¡ya! Y una muy común se presenta a diario porque los mayores le remachan al zambo a toda hora que nunca debe mentir, pero si llega un cobrador a tocar la puerta, el muchachito debe decir que su papi salió de viaje. Entonces cómo es la cosa, se preguntarán algunos al crecer: Todo, nada o la puntica no más.
En esas ando yo ahora, después de viejo. Y todo debido a que al representante de Dios en la tierra, el Sumo Pontífice, la figura máxima de la Iglesia Católica, el heredero de San Pedro, Su Santidad el Papa, le dio a estas alturas del partido por cambiar las reglas del juego a su antojo y parecer. Y aunque es claro que he sido contagiado por esa crisis de fe que prolifera ahora en el mundo católico, debido a múltiples razones expuestas en mis escritos, todo lo que tenga que ver con ese personajillo siniestro que huele a azufre me pone los pelos de punta.
Seguro van a pensar que soy miedoso, pero fíjese que no. No le temo a la oscuridad, a los muertos, a los ruidos sospechosos durante la noche, a las brujas y duendes, y mucho menos a los espíritus del más allá. Mejor acojo la teoría de que a los que hay que tenerles respeto es a los vivos. Pero así como puedo estar en la casa solo, sin luz y no se me da nada, no les pinto la gusanera tan espantosa que siento al ver una película donde aparezca el maligno en cualquier caracterización. Puede ser como un muchachito inocente, un caballero muy distinguido, un macho cabrío o un chandoso cualquiera, pero el caso es que basta que el tipo esboce una sonrisa maliciosa, el culicagao ponga cara de poseso, o a uno de los bichos le brillen los ojos, para que yo me ponga como una lechona: arrozudo.
Con seguridad ese trauma viene de mi primera infancia. Tengo por allá refundido en la memoria el recuerdo de una empleada del servicio que me encerró en un cuarto oscuro, para que viniera el diablo y alzara conmigo para los profundos infiernos. No sé quién fue, ni donde, ni cuando, pero estoy seguro de que tuvo que haber sucedido, porque esa vaina nunca pude superarla. O a lo mejor fue durante la catequesis, en la preparación para la primera comunión, cuando me metieron terror con las penas que deben sufrir los cristianos que no respetan los diez mandamientos.
Ya en la adolescencia, edad en que uno no cree ni en los rejos de las campanas, mi madre me sacó del colegio por maqueta y a modo de castigo quedé matriculado en el Seminario Menor para ver si Monseñor Mario Isaza, quien era el rector, era capaz de domarme. Pues por la pica me rebelé y no le paraba bolas a ninguna clase, hasta que el cura encargado de dictar Español logró interesarme en la materia y al poco tiempo me aficioné a ir a la biblioteca del Seminario Mayor, localizado ahí enseguida, donde había unas joyas de libros de la literatura universal que coparon toda mi atención.
Y fue hasta que di con La Divina Comedia para quedar otra vez aterrorizado, después de conocer el recorrido que le hizo el poeta Virgilio a Dante, el autor del libro, por el tenebroso averno. Qué cosa más espantosa. Haga de cuenta como un guía le muestra a otro las instalaciones de una fábrica, estos dos personajes recorrían los diferentes anillos y allí reconocían a fulano y a zutano, quienes aprovechaban para relatar su historia y mandarle razones a los seres queridos. Entre más bajaban peor era la condición de los condenados, y yo no podía dejar de pensar si llegaba a estirar la pata en qué nivel me iba a tocar.
Claro que tenía muy presente las peregrinaciones del maestro Feliciano Ríos, el personaje creado por mi abuelo Rafael, para no ir a caer en la trampa de la entrada al infierno, que se lleva por los cachos las del cielo y el purgatorio. Porque Satanás tienta las almas débiles con mujeres alegres y varoniles danzarines, pólvora, aguardiente, músicos y fritanga, y uno por allá bien desubicado con seguridad cae facilito.
Pienso hacerme un lavado de cerebro y echar en saco roto la más reciente intervención Papal al respecto. Mejor le creo a Juan Pablo II, que sin duda tiene mejor imagen que el desacreditado Ratzinger. Porque si el primero dijo muy clarito hace unos años que ni el infierno ni el diablo existen como tal, no veo por qué viene Benedicto a contradecirlo de esa forma. A lo mejor es que hay mucha deserción entre la clientela últimamente y entonces recurre al método que durante dos milenios a dado tan buenos resultados: el terror al fuego eterno. Pero lo que es yo, a partir de hoy no les como cuento. ¡Ni por el diablo!
pmejiama1@une.net.co
En esas ando yo ahora, después de viejo. Y todo debido a que al representante de Dios en la tierra, el Sumo Pontífice, la figura máxima de la Iglesia Católica, el heredero de San Pedro, Su Santidad el Papa, le dio a estas alturas del partido por cambiar las reglas del juego a su antojo y parecer. Y aunque es claro que he sido contagiado por esa crisis de fe que prolifera ahora en el mundo católico, debido a múltiples razones expuestas en mis escritos, todo lo que tenga que ver con ese personajillo siniestro que huele a azufre me pone los pelos de punta.
Seguro van a pensar que soy miedoso, pero fíjese que no. No le temo a la oscuridad, a los muertos, a los ruidos sospechosos durante la noche, a las brujas y duendes, y mucho menos a los espíritus del más allá. Mejor acojo la teoría de que a los que hay que tenerles respeto es a los vivos. Pero así como puedo estar en la casa solo, sin luz y no se me da nada, no les pinto la gusanera tan espantosa que siento al ver una película donde aparezca el maligno en cualquier caracterización. Puede ser como un muchachito inocente, un caballero muy distinguido, un macho cabrío o un chandoso cualquiera, pero el caso es que basta que el tipo esboce una sonrisa maliciosa, el culicagao ponga cara de poseso, o a uno de los bichos le brillen los ojos, para que yo me ponga como una lechona: arrozudo.
Con seguridad ese trauma viene de mi primera infancia. Tengo por allá refundido en la memoria el recuerdo de una empleada del servicio que me encerró en un cuarto oscuro, para que viniera el diablo y alzara conmigo para los profundos infiernos. No sé quién fue, ni donde, ni cuando, pero estoy seguro de que tuvo que haber sucedido, porque esa vaina nunca pude superarla. O a lo mejor fue durante la catequesis, en la preparación para la primera comunión, cuando me metieron terror con las penas que deben sufrir los cristianos que no respetan los diez mandamientos.
Ya en la adolescencia, edad en que uno no cree ni en los rejos de las campanas, mi madre me sacó del colegio por maqueta y a modo de castigo quedé matriculado en el Seminario Menor para ver si Monseñor Mario Isaza, quien era el rector, era capaz de domarme. Pues por la pica me rebelé y no le paraba bolas a ninguna clase, hasta que el cura encargado de dictar Español logró interesarme en la materia y al poco tiempo me aficioné a ir a la biblioteca del Seminario Mayor, localizado ahí enseguida, donde había unas joyas de libros de la literatura universal que coparon toda mi atención.
Y fue hasta que di con La Divina Comedia para quedar otra vez aterrorizado, después de conocer el recorrido que le hizo el poeta Virgilio a Dante, el autor del libro, por el tenebroso averno. Qué cosa más espantosa. Haga de cuenta como un guía le muestra a otro las instalaciones de una fábrica, estos dos personajes recorrían los diferentes anillos y allí reconocían a fulano y a zutano, quienes aprovechaban para relatar su historia y mandarle razones a los seres queridos. Entre más bajaban peor era la condición de los condenados, y yo no podía dejar de pensar si llegaba a estirar la pata en qué nivel me iba a tocar.
Claro que tenía muy presente las peregrinaciones del maestro Feliciano Ríos, el personaje creado por mi abuelo Rafael, para no ir a caer en la trampa de la entrada al infierno, que se lleva por los cachos las del cielo y el purgatorio. Porque Satanás tienta las almas débiles con mujeres alegres y varoniles danzarines, pólvora, aguardiente, músicos y fritanga, y uno por allá bien desubicado con seguridad cae facilito.
Pienso hacerme un lavado de cerebro y echar en saco roto la más reciente intervención Papal al respecto. Mejor le creo a Juan Pablo II, que sin duda tiene mejor imagen que el desacreditado Ratzinger. Porque si el primero dijo muy clarito hace unos años que ni el infierno ni el diablo existen como tal, no veo por qué viene Benedicto a contradecirlo de esa forma. A lo mejor es que hay mucha deserción entre la clientela últimamente y entonces recurre al método que durante dos milenios a dado tan buenos resultados: el terror al fuego eterno. Pero lo que es yo, a partir de hoy no les como cuento. ¡Ni por el diablo!
pmejiama1@une.net.co
martes, febrero 19, 2008
Y sigue el espectáculo.
El problema que enfrentamos con la situación de los secuestrados, la intransigencia de la guerrilla, la inoportuna intervención de la parejita que sabemos, la inamovible posición del gobierno, la desmedida divulgación por parte de la prensa, la opinadera desde todas las latitudes y el correveidile de las gentes del común, han convertido el asunto en un espectáculo que se quisieran en Broadway. Porque no debe ser fácil conseguir una obra, como el sainete que vivimos en Colombia, que mantenga la expectativa de los espectadores, dé para muchas presentaciones y además agote la boletería.
Son tantos y tan espectaculares los hechos que se presentan a diario que las noticias de ayer pierden interés, y no alcanza a analizarse un suceso cuando aparece otro que lo opaca, lo minimiza y se encarga de mandarlo al archivador. Entonces la gente opina y hace cábalas, reza, reniega y vitupera. Y así como hay unos que encaran el asunto con frialdad y tratan de ser imparciales, otros dejan aflorar su fanatismo y no aceptan opinión distinta a la propia. Las obscenidades son el lenguaje más utilizado y los odios calan en el populacho hasta convertir el asunto en una peligrosa bomba de tiempo.
Pero sin duda el argumento de este show que más contribuye a que la obra tenga aseguradas muchas presentaciones, es el asunto de la entrega de los secuestrados, a puchitos, gracias a las mágicas gestiones del chafarote vecino y su escudera de turbante. Con la consabida trinca que tienen montada con los bandoleros, donde se intercambian favores y halagos, y sabedores de la voracidad de la prensa hablada y escrita para darle seguimiento a sus montajes, aprovechan el dolor de quienes sufren en carne propia el martirio del secuestro para representar los distintos actos de tan aberrante obra de terror, dolor y martirio.
Cualquiera que tenga nociones básicas de matemáticas podrá calcular cuánto va a durar la función, si aproximadamente cada mes y medio van a liberar a tres secuestrados, y en total tienen unos setecientos cincuenta en su poder. Primero sueltan el runrún que el turno es para fulano, zutano y mengano; luego vienen las declaraciones del populachero de marras o de la negra repelente; sigue el consiguiente viaje de familiares a Caracas para que los presenten en los noticieros, programas de opinión, diferentes entrevistas y asistan al inmamable “Aló presidente”, donde el sátrapa hace chistes flojos, insulta al Presidente Uribe, denuesta contra los gringos, bravuconea, amenaza y perora durante horas mientras un ejército de áulicos aplaude y celebra sus impertinencias. Después la lora con la vaina de las coordenadas; luego el cuento que el ejercito colombiano se atravesó en la operación; la escogencia de la comitiva que acompaña la misión, la cual por cierto se les redujo a unos cuantos pelagatos porque pocos se le miden después del oso de Villavicencio; para que por fin los televidentes puedan chocoliar al ver el feliz reencuentro de quienes ante la posibilidad de recuperar a sus seres queridos, se prestan para lo que sea necesario y sin chistar.
Suerte picha la de nosotros que con tantos problemas internos nos tengamos ahora que aguantar la estupideces y locuras de semejante vecino. Y nada más peligroso que un enajenado mental con el poder que da el dinero, quien con su discurso populista y patriotero influye en las mentes ignorantes y a la vuelta de nada podemos resultar enfrentados en un conflicto bélico. Los de allá por seguir a su ídolo, todo de rojo hasta los pies vestido, y los de acá por darle escape a un odio que crece a medida que el dictadorzuelo le echa leña a la hoguera. No nos faltaba sino éso. Dos países bien jodidos y atrasados, enfrascados en una pelea que se inventó un patán con ínfulas de libertador. Lo peor es que ante la supremacía armamentista de Venezuela, nos tocará pedirle cacao a los gringos que hartas ganas le deben tener a Chávez, pero que no pueden callarle la boca y quedársele con el petróleo porque después de lo de Irak, el mundo se les viene encima. De manera que para ellos la disculpa sería perfecta.
Y como para que no le falte pimienta a nuestro diario acontecer, ahora viene el chicharrón de la segunda reelección de Uribe. Me pregunto cuál será la intención de sus promotores, porque no puedo creer que sea coincidencia que la hayan lanzado unos días después de la concurrida marcha, de la que tanto se insistió que no tenía color político. Y aunque no estoy de acuerdo con un tercer período, tampoco me extraña que les llame la atención medírsele si cuentan con el 83% de favoritismo. Más pendejos si no.
Ahora se inventaron otra marcha dizque porque quedó faltando el rechazo a los paracos y al ELN, pero me late que no tendrá los mismos resultados. Porque para muchos es un inconveniente asistir debido a sus ocupaciones, además de que quedan pendientes la del repudio a los jaladores de carros, los del paseo millonario, apartamenteros, violadores, estafadores, corruptos, los del fleteo, abigeos, ladrones de cuello blanco y tantos hijuetantas que andan sueltos. Lo más grave es que si como supongo, la marcha no convoca igual número de personas, van a decir que somos un país de paramilitares. Me parece verlos.
pmejiama1@une.net.co
Son tantos y tan espectaculares los hechos que se presentan a diario que las noticias de ayer pierden interés, y no alcanza a analizarse un suceso cuando aparece otro que lo opaca, lo minimiza y se encarga de mandarlo al archivador. Entonces la gente opina y hace cábalas, reza, reniega y vitupera. Y así como hay unos que encaran el asunto con frialdad y tratan de ser imparciales, otros dejan aflorar su fanatismo y no aceptan opinión distinta a la propia. Las obscenidades son el lenguaje más utilizado y los odios calan en el populacho hasta convertir el asunto en una peligrosa bomba de tiempo.
Pero sin duda el argumento de este show que más contribuye a que la obra tenga aseguradas muchas presentaciones, es el asunto de la entrega de los secuestrados, a puchitos, gracias a las mágicas gestiones del chafarote vecino y su escudera de turbante. Con la consabida trinca que tienen montada con los bandoleros, donde se intercambian favores y halagos, y sabedores de la voracidad de la prensa hablada y escrita para darle seguimiento a sus montajes, aprovechan el dolor de quienes sufren en carne propia el martirio del secuestro para representar los distintos actos de tan aberrante obra de terror, dolor y martirio.
Cualquiera que tenga nociones básicas de matemáticas podrá calcular cuánto va a durar la función, si aproximadamente cada mes y medio van a liberar a tres secuestrados, y en total tienen unos setecientos cincuenta en su poder. Primero sueltan el runrún que el turno es para fulano, zutano y mengano; luego vienen las declaraciones del populachero de marras o de la negra repelente; sigue el consiguiente viaje de familiares a Caracas para que los presenten en los noticieros, programas de opinión, diferentes entrevistas y asistan al inmamable “Aló presidente”, donde el sátrapa hace chistes flojos, insulta al Presidente Uribe, denuesta contra los gringos, bravuconea, amenaza y perora durante horas mientras un ejército de áulicos aplaude y celebra sus impertinencias. Después la lora con la vaina de las coordenadas; luego el cuento que el ejercito colombiano se atravesó en la operación; la escogencia de la comitiva que acompaña la misión, la cual por cierto se les redujo a unos cuantos pelagatos porque pocos se le miden después del oso de Villavicencio; para que por fin los televidentes puedan chocoliar al ver el feliz reencuentro de quienes ante la posibilidad de recuperar a sus seres queridos, se prestan para lo que sea necesario y sin chistar.
Suerte picha la de nosotros que con tantos problemas internos nos tengamos ahora que aguantar la estupideces y locuras de semejante vecino. Y nada más peligroso que un enajenado mental con el poder que da el dinero, quien con su discurso populista y patriotero influye en las mentes ignorantes y a la vuelta de nada podemos resultar enfrentados en un conflicto bélico. Los de allá por seguir a su ídolo, todo de rojo hasta los pies vestido, y los de acá por darle escape a un odio que crece a medida que el dictadorzuelo le echa leña a la hoguera. No nos faltaba sino éso. Dos países bien jodidos y atrasados, enfrascados en una pelea que se inventó un patán con ínfulas de libertador. Lo peor es que ante la supremacía armamentista de Venezuela, nos tocará pedirle cacao a los gringos que hartas ganas le deben tener a Chávez, pero que no pueden callarle la boca y quedársele con el petróleo porque después de lo de Irak, el mundo se les viene encima. De manera que para ellos la disculpa sería perfecta.
Y como para que no le falte pimienta a nuestro diario acontecer, ahora viene el chicharrón de la segunda reelección de Uribe. Me pregunto cuál será la intención de sus promotores, porque no puedo creer que sea coincidencia que la hayan lanzado unos días después de la concurrida marcha, de la que tanto se insistió que no tenía color político. Y aunque no estoy de acuerdo con un tercer período, tampoco me extraña que les llame la atención medírsele si cuentan con el 83% de favoritismo. Más pendejos si no.
Ahora se inventaron otra marcha dizque porque quedó faltando el rechazo a los paracos y al ELN, pero me late que no tendrá los mismos resultados. Porque para muchos es un inconveniente asistir debido a sus ocupaciones, además de que quedan pendientes la del repudio a los jaladores de carros, los del paseo millonario, apartamenteros, violadores, estafadores, corruptos, los del fleteo, abigeos, ladrones de cuello blanco y tantos hijuetantas que andan sueltos. Lo más grave es que si como supongo, la marcha no convoca igual número de personas, van a decir que somos un país de paramilitares. Me parece verlos.
pmejiama1@une.net.co
martes, febrero 12, 2008
Comodidades modernas.
La sociedad de consumo y los adelantos tecnológicos se amangualan para ofrecer productos que hacen la vida más fácil en los hogares, hasta llegar al punto que muchas personas no pueden sobrevivir sin las comodidades a las que se han acostumbrado. Quienes tienen poder adquisitivo para darse ciertos gustos enfrentan el inconveniente que con el tiempo se vuelven adictos a ese tipo de lujos, y el día que no los tienen sufren una gran decepción que les amarga la existencia. Por ello es bueno contarle a los menores cómo era el diario vivir en los hogares de nuestra infancia, donde a pesar de no faltarnos nada, no pueden siquiera compararse con los de ahora.
Algo que no podrán creer es que por ejemplo no existía la cultura del plástico. Todo venía en bolsas de papel y en el mercado empacaban los granos en bolsitas de libra o de kilo, a las que les hacían un doblez especial para cerrarlas. El panadero cogía la parva directamente de la vitrina y la echaba en un talego de papel, a excepción de la encima o la ñapa que le entregaba en la mano al muchachito que hacía el mandado. Los productos de carnicería, los quesos o la mantequilla eran empacados primero en hojas de bihao, para luego acomodarlos en una chuspa tradicional.
Los productos de limpieza venían en envases de vidrio y a diferencia de ahora que hay uno para aplicar a cada cosa imaginable, se reducían al varsol para limpiar la ropa de paño y un frasco de límpido para despercudir calzoncillos. La leche también estaba envasada en botellas, y gaseosas y cervezas eran distribuidas en canastas de madera de 24 unidades. El recipiente para recoger la basura era una caneca metálica, sin bolsa plástica, por lo que los líquidos lixiviados la oxidaban y cogía un olor nauseabundo. Ni imaginar en aquella época que pudieran inventar sillas o mesas de plástico.
Y como no existían esos empaques, tampoco había recicladores. En cambio aparecían los limosneros o los chinches, quienes tocaban en las casas para pedir que les regalaran algo de comer. Llevaban un tarro vacío de galletas de soda, avena Quaquer o leche Klim, donde la cocinera les empacaba algunas sobras del almuerzo como arroz, lentejas, frijoles o tajadas maduras; ellos se sentaban en la escalita de la casa y allí despachaban el improvisado “golpe”. Además cargaban un costal para que les dieran plátanos, bananos o lo que hubiera de revuelto. Las empleadas nos decían que esos tipos robaban en sus costales a los muchachitos desobedientes, lo que bastaba para que dejáramos de joder al menos mientras el personaje rondaba por el vecindario.
Como todas las casas tenían patio las mascotas eran muy diferentes a las actuales. Teníamos un perro grande y pulgoso que alimentábamos con sobrados y que no podía entrar a la casa. Al gato nadie lo mimaba y solo estaba para cazar ratones, y cuando se perdía pasaba mucho tiempo antes de que nos percatáramos; y en el solar no faltaban gallinas, pollos de engorde, conejos y otros animales caseros. Muy distinto a las iguanas que tienen hoy los niños y que viven pegadas de las cortinas, de las tortuguitas metidas en un acuario, o de los perritos falderos que requieren muchos cuidados y hay que meterles más plata que a un bebé recién nacido.
En cuanto a electrodomésticos y equipos electrónicos sí que había diferencias. En la cocina y patio de ropas se contaba con la licuadora, una máquina para batir las tortas, una parrilla de resistencias para asar arepas, la plancha y un radio grande de tubos encima de la mesa de aplanchar que reproducía todas las radionovelas. En las familias numerosas era necesario mandar a lavar la ropa donde una lavandera y en vez de secadora, se utilizaban unas cuerdas acondicionadas en el patio para tal fin.
En la casa solo había un punto para conectar el teléfono y el aparato era de disco, de esos negros tradicionales. Para oír un long play, el disco más moderno de entonces, existía la radiola que en todos los casos era una herencia de varias generaciones, por lo que el sonido dejaba mucho que desear; además tenía un radio que presentaba en el dial infinidad de bandas y ciudades que supuestamente podían sintonizarse, pero la verdad es que no cogía ni las emisoras locales. Y el televisor era un vejestorio en blanco y negro que sintonizaba un canal. De resto no había ningún tipo de aparato electrónico.
Pero mientras ahora en pocos hogares tienen una empleada doméstica de tiempo completo, porque la mayoría trabajan por días o pocas horas a la semana, es esos tiempos generaban más empleo. No faltaban la cocinera y la “entrodera”, quien se encargaba de los oficios de la casa y el arreglo de la ropa. La niñera o una monjita que ayudaban a cuidar los mocosos chiquitos. Un todero encargado de limpiar alfombras, vidrios, arreglar prados y jardines, lavar el garaje y mover los muebles para barrer debajo. También nos visitaba un peluquero que motilaba a domicilio, y en la calle se ofrecía a los gritos el amolador de cuchillos y tijeras, el zapatero remendón y uno que compraba frascos y botellas.
Estos recuerdos nos dejan claro que podemos vivir sin tantos perendengues.
pmejiama1@une.net.co
Algo que no podrán creer es que por ejemplo no existía la cultura del plástico. Todo venía en bolsas de papel y en el mercado empacaban los granos en bolsitas de libra o de kilo, a las que les hacían un doblez especial para cerrarlas. El panadero cogía la parva directamente de la vitrina y la echaba en un talego de papel, a excepción de la encima o la ñapa que le entregaba en la mano al muchachito que hacía el mandado. Los productos de carnicería, los quesos o la mantequilla eran empacados primero en hojas de bihao, para luego acomodarlos en una chuspa tradicional.
Los productos de limpieza venían en envases de vidrio y a diferencia de ahora que hay uno para aplicar a cada cosa imaginable, se reducían al varsol para limpiar la ropa de paño y un frasco de límpido para despercudir calzoncillos. La leche también estaba envasada en botellas, y gaseosas y cervezas eran distribuidas en canastas de madera de 24 unidades. El recipiente para recoger la basura era una caneca metálica, sin bolsa plástica, por lo que los líquidos lixiviados la oxidaban y cogía un olor nauseabundo. Ni imaginar en aquella época que pudieran inventar sillas o mesas de plástico.
Y como no existían esos empaques, tampoco había recicladores. En cambio aparecían los limosneros o los chinches, quienes tocaban en las casas para pedir que les regalaran algo de comer. Llevaban un tarro vacío de galletas de soda, avena Quaquer o leche Klim, donde la cocinera les empacaba algunas sobras del almuerzo como arroz, lentejas, frijoles o tajadas maduras; ellos se sentaban en la escalita de la casa y allí despachaban el improvisado “golpe”. Además cargaban un costal para que les dieran plátanos, bananos o lo que hubiera de revuelto. Las empleadas nos decían que esos tipos robaban en sus costales a los muchachitos desobedientes, lo que bastaba para que dejáramos de joder al menos mientras el personaje rondaba por el vecindario.
Como todas las casas tenían patio las mascotas eran muy diferentes a las actuales. Teníamos un perro grande y pulgoso que alimentábamos con sobrados y que no podía entrar a la casa. Al gato nadie lo mimaba y solo estaba para cazar ratones, y cuando se perdía pasaba mucho tiempo antes de que nos percatáramos; y en el solar no faltaban gallinas, pollos de engorde, conejos y otros animales caseros. Muy distinto a las iguanas que tienen hoy los niños y que viven pegadas de las cortinas, de las tortuguitas metidas en un acuario, o de los perritos falderos que requieren muchos cuidados y hay que meterles más plata que a un bebé recién nacido.
En cuanto a electrodomésticos y equipos electrónicos sí que había diferencias. En la cocina y patio de ropas se contaba con la licuadora, una máquina para batir las tortas, una parrilla de resistencias para asar arepas, la plancha y un radio grande de tubos encima de la mesa de aplanchar que reproducía todas las radionovelas. En las familias numerosas era necesario mandar a lavar la ropa donde una lavandera y en vez de secadora, se utilizaban unas cuerdas acondicionadas en el patio para tal fin.
En la casa solo había un punto para conectar el teléfono y el aparato era de disco, de esos negros tradicionales. Para oír un long play, el disco más moderno de entonces, existía la radiola que en todos los casos era una herencia de varias generaciones, por lo que el sonido dejaba mucho que desear; además tenía un radio que presentaba en el dial infinidad de bandas y ciudades que supuestamente podían sintonizarse, pero la verdad es que no cogía ni las emisoras locales. Y el televisor era un vejestorio en blanco y negro que sintonizaba un canal. De resto no había ningún tipo de aparato electrónico.
Pero mientras ahora en pocos hogares tienen una empleada doméstica de tiempo completo, porque la mayoría trabajan por días o pocas horas a la semana, es esos tiempos generaban más empleo. No faltaban la cocinera y la “entrodera”, quien se encargaba de los oficios de la casa y el arreglo de la ropa. La niñera o una monjita que ayudaban a cuidar los mocosos chiquitos. Un todero encargado de limpiar alfombras, vidrios, arreglar prados y jardines, lavar el garaje y mover los muebles para barrer debajo. También nos visitaba un peluquero que motilaba a domicilio, y en la calle se ofrecía a los gritos el amolador de cuchillos y tijeras, el zapatero remendón y uno que compraba frascos y botellas.
Estos recuerdos nos dejan claro que podemos vivir sin tantos perendengues.
pmejiama1@une.net.co
martes, febrero 05, 2008
Lo que sube pierna arriba.
En algunos canales de televisión internacional pueden verse maravillosas obras de ingeniería construidas en los países desarrollados. Se nos chorrean las babas al ver las autopistas, puentes, túneles, aeropuertos, grandes rascacielos, vías ferroviarias, puertos y demás obras de infraestructura tan necesarias para el desarrollo. Con maquinaria especializada, tecnología de punta y unos operarios más preparados que un tamal, pero sobre todo con recursos económicos, desarrollan los proyectos sin contratiempos y el los plazos estipulados. Mientras tanto en los países del tercer mundo celebramos con entusiasmo cuando muy de vez en cuando inauguran una obra, la cual no puede compararse con las arriba mencionadas, y que además demora una eternidad en ponerse al servicio. Aunque aquí inauguran las obras sin haberlas terminado, con tal de que el dirigente de turno alcance a tomarse la foto de rigor mientras corta la cinta. Lo peor es que ante la necesidad, nadie le saca peros ni evita utilizar la nueva estructura como muestra de su descontento.
Pasa el tiempo y todos soñamos con el día que terminen la construcción de la autopista del café o del aeropuerto de Palestina; o que se haga realidad el puerto de Tribugá en el océano pacífico, o aunque sea el multimodal del río Magdalena en La Dorada. Del ferrocarril de occidente no volvieron a decir nada y la rectificación de la carretera que nos une con Bogotá le tocará verla a nuestros tataranietos. El machete está en que dichas obras se demoren para poder renegociar, actualizar costos, prorrogar plazos de entrega, meterle unas cuantas demandas al estado y repartir comisiones, tajadas y mordiscos. El monumento a la desidia es el vetusto Palacio Nacional de Manizales, cuya construcción duró 20 años (dos décadas, cuatro lustros, diez pares de años o como quieran llamarlo). Y si con semejante demora les quedó así de feo, qué tal que lo hubieran hecho a las carreras.
Ahora el problema que nos sube pierna arriba es bien grave. A pesar de la avalancha de vehículos de todo tipo que inundan calles y carreteras, la malla vial sigue siendo casi la misma de hace medio siglo. Muy pocas carreteras nuevas entran al servicio, mientras en los centros urbanos las vías arterias son las mismas desde hace mucho tiempo. De vez en cuando abren una nueva, la cual se ve atestada al momento ante las necesidades que existen. Lo peor es que en muchas ciudades solo se interesan por mantener en buenas condiciones las vías principales, mientras que las calles en los barrios son verdaderas trochas intransitables. Por ejemplo en Bogotá pueden estar seguros de que nunca tendrán una malla vial aceptable, porque el problema ya les cogió ventaja.
Las carreteras troncales, vasos comunicantes del país en materia vial, son angostas, peligrosas, mal señalizadas, con reparcheos burdos y ordinarios, y con reasaltos bruscos cada pocos kilómetros que perjudican el promedio de velocidad. La troncal de occidente, en la zona montañosa de Antioquia, está minada por los derrumbes y las fallas geológicas, mientras que en el plan, de Puerto Valdivia hacia el norte, los pueblos y caseríos en la orilla de la carretera son muchos y cruzarlos es un peligro. Las motocicletas pululan, los mocosos se atraviesan, burros en mitad de la vía, ciclistas imprudentes y “policías acostados” sin señalización que producen accidentes a diario. Parece mentira que una capital como Medellín no tenga una variante que le evite al viajero perder más de una hora mientras la cruza, hasta retornar a la carretera en el otro extremo de la ciudad.
La troncal de oriente tampoco es la excepción. Se cambia de departamento en 8 oportunidades y la situación económica de cada uno se nota en el estado de la carretera. El tramo que corresponde a Boyacá parece reparado por campesinos que tapan los huecos con paladas de asfalto, y en otras latitudes no hay ningún tipo de señalización. Por los lados de San Alberto, en El Cesar, la carretera va sobre un estrecho montículo que no deja espacio para las bermas; por lo tanto cualquier peatón, ciclista, motociclista o animal (de 4 patas), se convierte en un obstáculo para los conductores. Coincide el atravesado con un tracto camión que viene por el carril contrario a más de cien kilómetros por hora, y a quien se los topa de frente solo le queda mandarse por el hueco que dejan a ver si logra pasar. Los innumerables riesgos a los que se exponen conductores y pasajeros hacen que sea un milagro salir incólume de semejante travesía tan peligrosa.
En los últimos tiempos cada mes se rompe el récord de mayor venta de vehículos en nuestro país. Los enjambres de motos invaden las calles y miles de carros entran a obstaculizar las escasas y estrechas vías, lo que hace prever un caos inmanejable para un futuro próximo. La medida de pico y placa no es suficiente en muchas ciudades, y muy pronto deberán aplicarla durante las temporadas altas en las carreteras. Y como toda la carga debe transportarse en camiones, porque no tenemos ferrocarril ni tráfico fluvial, esos grandes vehículos atestan las carreteras sin dejar fluir el tráfico liviano, aparte de que destruyen el pavimento por su excesivo peso. Es tan fregado el problema que tuvieron que inventarse un nuevo cargo: dizque Secretarios de “movilidad”.
pmejiama1@une.net.co
Pasa el tiempo y todos soñamos con el día que terminen la construcción de la autopista del café o del aeropuerto de Palestina; o que se haga realidad el puerto de Tribugá en el océano pacífico, o aunque sea el multimodal del río Magdalena en La Dorada. Del ferrocarril de occidente no volvieron a decir nada y la rectificación de la carretera que nos une con Bogotá le tocará verla a nuestros tataranietos. El machete está en que dichas obras se demoren para poder renegociar, actualizar costos, prorrogar plazos de entrega, meterle unas cuantas demandas al estado y repartir comisiones, tajadas y mordiscos. El monumento a la desidia es el vetusto Palacio Nacional de Manizales, cuya construcción duró 20 años (dos décadas, cuatro lustros, diez pares de años o como quieran llamarlo). Y si con semejante demora les quedó así de feo, qué tal que lo hubieran hecho a las carreras.
Ahora el problema que nos sube pierna arriba es bien grave. A pesar de la avalancha de vehículos de todo tipo que inundan calles y carreteras, la malla vial sigue siendo casi la misma de hace medio siglo. Muy pocas carreteras nuevas entran al servicio, mientras en los centros urbanos las vías arterias son las mismas desde hace mucho tiempo. De vez en cuando abren una nueva, la cual se ve atestada al momento ante las necesidades que existen. Lo peor es que en muchas ciudades solo se interesan por mantener en buenas condiciones las vías principales, mientras que las calles en los barrios son verdaderas trochas intransitables. Por ejemplo en Bogotá pueden estar seguros de que nunca tendrán una malla vial aceptable, porque el problema ya les cogió ventaja.
Las carreteras troncales, vasos comunicantes del país en materia vial, son angostas, peligrosas, mal señalizadas, con reparcheos burdos y ordinarios, y con reasaltos bruscos cada pocos kilómetros que perjudican el promedio de velocidad. La troncal de occidente, en la zona montañosa de Antioquia, está minada por los derrumbes y las fallas geológicas, mientras que en el plan, de Puerto Valdivia hacia el norte, los pueblos y caseríos en la orilla de la carretera son muchos y cruzarlos es un peligro. Las motocicletas pululan, los mocosos se atraviesan, burros en mitad de la vía, ciclistas imprudentes y “policías acostados” sin señalización que producen accidentes a diario. Parece mentira que una capital como Medellín no tenga una variante que le evite al viajero perder más de una hora mientras la cruza, hasta retornar a la carretera en el otro extremo de la ciudad.
La troncal de oriente tampoco es la excepción. Se cambia de departamento en 8 oportunidades y la situación económica de cada uno se nota en el estado de la carretera. El tramo que corresponde a Boyacá parece reparado por campesinos que tapan los huecos con paladas de asfalto, y en otras latitudes no hay ningún tipo de señalización. Por los lados de San Alberto, en El Cesar, la carretera va sobre un estrecho montículo que no deja espacio para las bermas; por lo tanto cualquier peatón, ciclista, motociclista o animal (de 4 patas), se convierte en un obstáculo para los conductores. Coincide el atravesado con un tracto camión que viene por el carril contrario a más de cien kilómetros por hora, y a quien se los topa de frente solo le queda mandarse por el hueco que dejan a ver si logra pasar. Los innumerables riesgos a los que se exponen conductores y pasajeros hacen que sea un milagro salir incólume de semejante travesía tan peligrosa.
En los últimos tiempos cada mes se rompe el récord de mayor venta de vehículos en nuestro país. Los enjambres de motos invaden las calles y miles de carros entran a obstaculizar las escasas y estrechas vías, lo que hace prever un caos inmanejable para un futuro próximo. La medida de pico y placa no es suficiente en muchas ciudades, y muy pronto deberán aplicarla durante las temporadas altas en las carreteras. Y como toda la carga debe transportarse en camiones, porque no tenemos ferrocarril ni tráfico fluvial, esos grandes vehículos atestan las carreteras sin dejar fluir el tráfico liviano, aparte de que destruyen el pavimento por su excesivo peso. Es tan fregado el problema que tuvieron que inventarse un nuevo cargo: dizque Secretarios de “movilidad”.
pmejiama1@une.net.co
lunes, enero 28, 2008
Cero estrés.
Parece increíble que a quienes vamos por el medio chorizo, cincuentones que llaman, nos haya tocado ver tantos cambios en este mundo trastocado. Todo ha cambiado en forma considerable, lo que nos hace imaginar cómo irá a ser la vaina de aquí en adelante. Siempre oímos decir que la evolución de los seres vivos se produce lentamente, que necesita el paso de generaciones para concretarse, lo que en nuestro caso no aplica porque si repasamos lo sucedido en el último medio siglo podemos notar marcados cambios y diferencias. Cómo es posible que dentro de dos décadas algunos de nosotros muestren a sus nietos las fotos del nevado del Ruiz, mientras señalan la cordillera y les explican que allí quedaba, para relatarles que ese maravilloso fenómeno natural acompañó a los habitantes de esta ciudad desde siempre.
El adorno más hermoso que tiene nuestro variado y espectacular panorama son esas cumbres que muchas mañanas, sobre todo cuando ha nevado durante la noche, amanecen vestidas con un velo blanco maravilloso. Lo triste es que esa profusión de nieve dura hasta media mañana, cuando el sol la derrite y se descubren de nuevo los paisajes lunares. Hasta que hizo erupción el volcán Arenas era paseo obligado subir al refugio del nevado, donde a pocos pasos podían disfrutarse las nieves perpetuas. Los niños no podíamos esperar a que el carro se detuviera para lanzarnos como locos a revolcarnos en la nieve, y hacer el voleo de bolas elaboradas con esa escarcha mágica; solo los mareados por causa del soroche y el mal de altura debían entrar al refugio para recibir oxígeno, y tomarse una leche condensada o un chocolate caliente a ver si recuperaban los colores.
El comportamiento de las personas sí que ha sufrido cambios. Ahora los niños son muy diferentes, porque el modo de vida ha cambiado en forma considerable y ellos están expuestos a absorber los problemas de los adultos. Muchachitos que se maduran biches debido a que interactúan con los mayores a toda hora, quienes por darles importancia y querer parecer mejores padres, les permiten opinar y entrometerse en asuntos que son definitivamente de gente mayor. Entonces ellos se enteran de los problemas de pareja de sus padres, de las estrecheces económicas, de asuntos de otros parientes, de situaciones delicadas y coyunturales, y de la avalancha de malas noticias que inundan los medios de comunicación.
A diferencia de antes, cuando los mocosos se criaban en la calle sin dios ni ley y solo entraban a la casa a comer o a dormir, lo que no les dejaba tiempo para involucrarse en nada diferente a sus asuntos, los menores de ahora no se despegan de sus mayores y quieren saber todo lo que hablan delante de ellos; preguntan más que un perdido. Debido a esta diferencia de actitudes es que hoy en día los consultorios de sicólogos, médicos y terapeutas no dan abasto con la avalancha de muchachitos que asisten a su consulta. El suicidio en menores de edad se ha incrementado en forma impresionante, y los que no llegan a esa fatídica y desesperada situación, enfrentan traumas y conflictos personales.
Aterra ver infantes en el consultorio del gastroenterólogo porque la úlcera y la gastritis los mortifican, y para ellos ya es normal tragarse el tubo de la endoscopia que les explora las entrañas en busca de la causa de sus molestias. Lo triste es que tantos quebrantos en la salud son debido a un mal que hasta hace poco era exclusivo de los adultos: el estrés. No hay derecho a que un niño, que debería dedicar su existencia a divertirse y a disfrutar la vida, tenga que enfrentar aflicciones y angustias, y la ansiedad lo agobie hasta desequilibrarlo. Seguro que una persona así no llega a los 50 años, porque un infarto fulminante se lo lleva antes y sin previo aviso.
El futuro de la sociedad es negro y turbulento. Dentro de unos años las personas serán irascibles e intolerantes, situación que se tornará tensa porque la neura y el mal genio campearán. Gente amargada, tensa, nerviosa, estresada y a toda hora con el mico al hombro. Todos dedicados a lo suyo, expertos y conocedores de la materia que les interesa, pero absolutos desconocedores de cualquier otro tema. Cero lecturas, nada de cultura general, apatía absoluta por las ciencias y el conocimiento, ignorantes de la historia y el acontecer cultural, será el arquetipo del ciudadano común. Los aparatos electrónicos captarán la atención y controlarán el mundo, aunque en la actualidad ya se convirtieron en verdaderas adicciones para muchos mortales.
Pensar que en pleno siglo XXI todavía existen comunidades indígenas que habitan en las selvas inhóspitas, como los Nukak Maku. No conocen el significado de la palabra estrés y andan todo el día en pelota sin haber conjugado verbos como pagar, deber, consignar y cancelar. No saben lo que es un sobregiro, un pagaré, un impuesto, un cobro jurídico o un embargo. Mucho menos reconocen siglas como POT, PIB, CDT, EPS y UVR. No sufren de bulimia, migraña, colon irritable o dislexia. Y les resbala el acuerdo humanitario, la guerra de Irak, el calentamiento global, el precio del dólar y el Tratado de libre comercio. Echados en una hamaca, con las indias a la mano, y viringas, son en definitiva los chachos del planeta.
pmejiama1@une.net.co
El adorno más hermoso que tiene nuestro variado y espectacular panorama son esas cumbres que muchas mañanas, sobre todo cuando ha nevado durante la noche, amanecen vestidas con un velo blanco maravilloso. Lo triste es que esa profusión de nieve dura hasta media mañana, cuando el sol la derrite y se descubren de nuevo los paisajes lunares. Hasta que hizo erupción el volcán Arenas era paseo obligado subir al refugio del nevado, donde a pocos pasos podían disfrutarse las nieves perpetuas. Los niños no podíamos esperar a que el carro se detuviera para lanzarnos como locos a revolcarnos en la nieve, y hacer el voleo de bolas elaboradas con esa escarcha mágica; solo los mareados por causa del soroche y el mal de altura debían entrar al refugio para recibir oxígeno, y tomarse una leche condensada o un chocolate caliente a ver si recuperaban los colores.
El comportamiento de las personas sí que ha sufrido cambios. Ahora los niños son muy diferentes, porque el modo de vida ha cambiado en forma considerable y ellos están expuestos a absorber los problemas de los adultos. Muchachitos que se maduran biches debido a que interactúan con los mayores a toda hora, quienes por darles importancia y querer parecer mejores padres, les permiten opinar y entrometerse en asuntos que son definitivamente de gente mayor. Entonces ellos se enteran de los problemas de pareja de sus padres, de las estrecheces económicas, de asuntos de otros parientes, de situaciones delicadas y coyunturales, y de la avalancha de malas noticias que inundan los medios de comunicación.
A diferencia de antes, cuando los mocosos se criaban en la calle sin dios ni ley y solo entraban a la casa a comer o a dormir, lo que no les dejaba tiempo para involucrarse en nada diferente a sus asuntos, los menores de ahora no se despegan de sus mayores y quieren saber todo lo que hablan delante de ellos; preguntan más que un perdido. Debido a esta diferencia de actitudes es que hoy en día los consultorios de sicólogos, médicos y terapeutas no dan abasto con la avalancha de muchachitos que asisten a su consulta. El suicidio en menores de edad se ha incrementado en forma impresionante, y los que no llegan a esa fatídica y desesperada situación, enfrentan traumas y conflictos personales.
Aterra ver infantes en el consultorio del gastroenterólogo porque la úlcera y la gastritis los mortifican, y para ellos ya es normal tragarse el tubo de la endoscopia que les explora las entrañas en busca de la causa de sus molestias. Lo triste es que tantos quebrantos en la salud son debido a un mal que hasta hace poco era exclusivo de los adultos: el estrés. No hay derecho a que un niño, que debería dedicar su existencia a divertirse y a disfrutar la vida, tenga que enfrentar aflicciones y angustias, y la ansiedad lo agobie hasta desequilibrarlo. Seguro que una persona así no llega a los 50 años, porque un infarto fulminante se lo lleva antes y sin previo aviso.
El futuro de la sociedad es negro y turbulento. Dentro de unos años las personas serán irascibles e intolerantes, situación que se tornará tensa porque la neura y el mal genio campearán. Gente amargada, tensa, nerviosa, estresada y a toda hora con el mico al hombro. Todos dedicados a lo suyo, expertos y conocedores de la materia que les interesa, pero absolutos desconocedores de cualquier otro tema. Cero lecturas, nada de cultura general, apatía absoluta por las ciencias y el conocimiento, ignorantes de la historia y el acontecer cultural, será el arquetipo del ciudadano común. Los aparatos electrónicos captarán la atención y controlarán el mundo, aunque en la actualidad ya se convirtieron en verdaderas adicciones para muchos mortales.
Pensar que en pleno siglo XXI todavía existen comunidades indígenas que habitan en las selvas inhóspitas, como los Nukak Maku. No conocen el significado de la palabra estrés y andan todo el día en pelota sin haber conjugado verbos como pagar, deber, consignar y cancelar. No saben lo que es un sobregiro, un pagaré, un impuesto, un cobro jurídico o un embargo. Mucho menos reconocen siglas como POT, PIB, CDT, EPS y UVR. No sufren de bulimia, migraña, colon irritable o dislexia. Y les resbala el acuerdo humanitario, la guerra de Irak, el calentamiento global, el precio del dólar y el Tratado de libre comercio. Echados en una hamaca, con las indias a la mano, y viringas, son en definitiva los chachos del planeta.
pmejiama1@une.net.co
martes, enero 22, 2008
Me salen letreros.
En nuestro medio se presentan sucesos de una espectacularidad que nadie puede quedarse sin opinar. Los hechos parecen sacados de una novela de ficción y son tan inusuales que todavía logran movernos el piso a los colombianos, que a estas alturas ya deberíamos tener el cuero curtido de tanto aguantar. Por fortuna aún nos queda capacidad de asombro. El novelón de la liberación de las secuestradas en las últimas semanas mantuvo al país, y a la comunidad internacional, expectante y alterada ante los diferentes bandazos que se dieron con el paso de los días. Lo cierto del caso es que la insurgencia logró enfrentar a los presidentes de dos países hermanos, y que dicho rifirrafe lo único que nos puede dejar son unas consecuencias nefastas en el ámbito económico, del que los más perjudicados somos nosotros. Porque para nadie es un secreto que en cualquier pelea el que lleva del bulto es el más pobre.
Debemos tener muy claro que en este juego político, como en cualquier encuentro deportivo, quien recibe la pelota es el que acapara toda la atención, y que en la forma como la devuelva al terreno contrario está el éxito de su desempeño en el partido. Por lo tanto cualquier cosa que hagan o digan Uribe, Chávez o la guerrilla, ha sido analizada hasta en el más mínimo detalle. Ejércitos de asesores y analistas políticos son los encargados de preparar las jugadas, después de poner en una balanza las posibilidades de éxito o de fracaso del movimiento táctico de turno. Pienso que todos sus actos tienen un trasfondo político y una segunda intención para hacer puntos a favor.
El columnista Daniel Samper Pizano comparó la pelotera entre los dos mandatarios con una pelea de boxeo, donde el presidente Uribe recibe una andanada de golpes que lo ponen al borde del nocaut en todos los asaltos, y cuando está a punto de caer en el último episodio, echa mano de la información acerca del niño Emmanuel en manos del Instituto de bienestar familiar. Entonces el que besa la lona de una manera estruendosa es el chafarote vecino, para quedar como un zapato ante sus conciudadanos y ante el mundo entero. Nadie puede negar que en este caso a Uribe lo salvó la campana, porque de haber salido exitoso el circo que montaron en Villavicencio, habría quedado como el malo de la película. Ni hablar de la piedra que deben tener el ex presidente Argentino, el oportunista director de cine y demás representantes venidos del exterior que se prestaron para semejante oso.
De lo que no cabe duda es que todo este asunto se enredó cuando entraron al tinglado Chávez y la negra Piedad, porque ambos son ególatras, camorreros, cáusticos y ávidos de protagonismo. Que ni mandado a hacer el escenario para que el atravesado comandante de a conocer al mundo su proyecto expansionista, en el que ya tiene reclutados a varios seguidores de países paupérrimos que ven en él la solución a sus problemas económicos. Así como el genial Donoso, también venezolano, habla por intermedio de sus personajes de marionetas, el ventrílocuo Chávez dice lo que toca a través de Evo Morales, Correa y Ortega.
El Bienestar familiar quedó muy bien con el asunto del niño, porque sin saber de quien se trataba le dieron a su caso el trámite correspondiente y cuando descubrieron su identidad ya le habían practicado 3 cirugías en el brazo lesionado. Pero como Chávez no podía quedarse con su orgullo herido, pactó con las FARC para que hicieran la liberación prometida a cambio de recomendarle al mundo que los reconozca como fuerza beligerante. Dicho y hecho. Al otro día, sin hacer uso de sus marionetas, se puso la banda presidencial, se chantó medallas, escudos y colgandejos, y canceló la deuda cuando ante la asamblea nacional despachó la absurda propuesta.
Emotivo fue ver el reencuentro de Clara con su hijo, y a la señora Consuelo cargar a la pequeña nieta que no conocía; por cierto, dos mujeres ejemplares por su estoicismo y serenidad. Pero no podemos caer en el síndrome de Estocolmo y agradecer a la guerrilla por su gesto bondadoso y humanitario. Dos liberaciones de un grupo de casi 750 rehenes representan un porcentaje insignificante, y peor si tenemos en cuenta que siguen los secuestros de civiles inocentes.
La realidad es triste pero hay que enfrentarla. Las FARC no van a desprenderse del único instrumento que tienen para hacerse notar de la comunidad internacional, además que los prisioneros les sirven de escudos humanos para evitar bombardeos. Crea intriga el hecho que permitan a sus prisioneros relatar la manera infrahumana como los tienen en su cautiverio; porque sin duda el correo es controlado, pero todos los testimonios coinciden en querer mostrar una realidad escalofriante y aterradora. La tristeza que genera oír esos relatos alimenta a la vez un odio visceral en contra de la fuerza insurgente, y aunque pienso que ellos lo que buscan es apretar clavijas, están obteniendo el efecto contrario.
Muchos acusan al Presidente de insensible por no aflojar, y de seguir así va a tocar recurrir a un referéndum para que seamos los más de 40 millones de colombianos quienes digamos si estamos dispuestos a entregarles el país a cambio de los secuestrados.
pmejiama1@une.net.co
Debemos tener muy claro que en este juego político, como en cualquier encuentro deportivo, quien recibe la pelota es el que acapara toda la atención, y que en la forma como la devuelva al terreno contrario está el éxito de su desempeño en el partido. Por lo tanto cualquier cosa que hagan o digan Uribe, Chávez o la guerrilla, ha sido analizada hasta en el más mínimo detalle. Ejércitos de asesores y analistas políticos son los encargados de preparar las jugadas, después de poner en una balanza las posibilidades de éxito o de fracaso del movimiento táctico de turno. Pienso que todos sus actos tienen un trasfondo político y una segunda intención para hacer puntos a favor.
El columnista Daniel Samper Pizano comparó la pelotera entre los dos mandatarios con una pelea de boxeo, donde el presidente Uribe recibe una andanada de golpes que lo ponen al borde del nocaut en todos los asaltos, y cuando está a punto de caer en el último episodio, echa mano de la información acerca del niño Emmanuel en manos del Instituto de bienestar familiar. Entonces el que besa la lona de una manera estruendosa es el chafarote vecino, para quedar como un zapato ante sus conciudadanos y ante el mundo entero. Nadie puede negar que en este caso a Uribe lo salvó la campana, porque de haber salido exitoso el circo que montaron en Villavicencio, habría quedado como el malo de la película. Ni hablar de la piedra que deben tener el ex presidente Argentino, el oportunista director de cine y demás representantes venidos del exterior que se prestaron para semejante oso.
De lo que no cabe duda es que todo este asunto se enredó cuando entraron al tinglado Chávez y la negra Piedad, porque ambos son ególatras, camorreros, cáusticos y ávidos de protagonismo. Que ni mandado a hacer el escenario para que el atravesado comandante de a conocer al mundo su proyecto expansionista, en el que ya tiene reclutados a varios seguidores de países paupérrimos que ven en él la solución a sus problemas económicos. Así como el genial Donoso, también venezolano, habla por intermedio de sus personajes de marionetas, el ventrílocuo Chávez dice lo que toca a través de Evo Morales, Correa y Ortega.
El Bienestar familiar quedó muy bien con el asunto del niño, porque sin saber de quien se trataba le dieron a su caso el trámite correspondiente y cuando descubrieron su identidad ya le habían practicado 3 cirugías en el brazo lesionado. Pero como Chávez no podía quedarse con su orgullo herido, pactó con las FARC para que hicieran la liberación prometida a cambio de recomendarle al mundo que los reconozca como fuerza beligerante. Dicho y hecho. Al otro día, sin hacer uso de sus marionetas, se puso la banda presidencial, se chantó medallas, escudos y colgandejos, y canceló la deuda cuando ante la asamblea nacional despachó la absurda propuesta.
Emotivo fue ver el reencuentro de Clara con su hijo, y a la señora Consuelo cargar a la pequeña nieta que no conocía; por cierto, dos mujeres ejemplares por su estoicismo y serenidad. Pero no podemos caer en el síndrome de Estocolmo y agradecer a la guerrilla por su gesto bondadoso y humanitario. Dos liberaciones de un grupo de casi 750 rehenes representan un porcentaje insignificante, y peor si tenemos en cuenta que siguen los secuestros de civiles inocentes.
La realidad es triste pero hay que enfrentarla. Las FARC no van a desprenderse del único instrumento que tienen para hacerse notar de la comunidad internacional, además que los prisioneros les sirven de escudos humanos para evitar bombardeos. Crea intriga el hecho que permitan a sus prisioneros relatar la manera infrahumana como los tienen en su cautiverio; porque sin duda el correo es controlado, pero todos los testimonios coinciden en querer mostrar una realidad escalofriante y aterradora. La tristeza que genera oír esos relatos alimenta a la vez un odio visceral en contra de la fuerza insurgente, y aunque pienso que ellos lo que buscan es apretar clavijas, están obteniendo el efecto contrario.
Muchos acusan al Presidente de insensible por no aflojar, y de seguir así va a tocar recurrir a un referéndum para que seamos los más de 40 millones de colombianos quienes digamos si estamos dispuestos a entregarles el país a cambio de los secuestrados.
pmejiama1@une.net.co
martes, enero 15, 2008
Se me lengua la traba.
Una de las cosas más bellas de un bebé en sus primeros años es cuando empieza a hablar con media lengua, y le cambia el apelativo a las cosas para renombrarlas a su gusto. Ellos aprenden con mucha facilidad, pero es normal que relacionen una cosa con otra, lo que se presta para que los adultos disfruten con sus ocurrencias. Algunas personas corrigen los muchachitos cada que pronuncia mal una palabra, con el cuento que es mejor que aprendan desde chiquitos, pero otros preferimos dejarlos con su inocencia, convencidos de que en su momento sabrán hablar como cualquier cristiano. No conozco el primer viejo que se haya quedado media lengua. Los hay tartamudos, o gagos que llaman; otros hablan con un seseo, y a estos les dicen “sopitas”; y algunos se expresan de una forma ininteligible.
La ere es una consonante que presenta dificultad para ciertos niños, entre muchos otros casos, y son las fonoaudiólogas las profesionales encargadas de enseñar a los pacientes la forma correcta de pronunciar los diferentes fonemas. Lo curioso es que cuando yo estaba chiquito no existía esa profesión, o al menos nunca la oí mencionar. Al que hablaba de forma irregular le daban fuete en la casa, en el colegio el profesor le cascaba con una regla en las corvas, y eso era hasta que aprendía. Deberían ser más los traumatizados en la sociedad actual, ya que antes el que sufría alguna tara debía aguantarse la burla de todos, aparte de que a garrote le enderezaban lo que fuera necesario.
Los bebés aprenden primero las palabras más sencillas, y es una maravilla verlos a medida que crecen cómo intentan armar frases coherentes. Yo trato de imaginar el funcionamiento de sus mentes mientras idean la forma de decir lo que quieren expresar. Hace unos días mi sobrina Maria Antonia, una mocosa divina y tierna de cuatro años, estaba de visita donde los abuelos. Ella se amaña donde los viejos cuando está con el hermanito o con algún primo, porque con ellos se entretiene en alguna actividad, pero si está sola al poco rato busca una disculpa para que la lleven a su casa. Estaba la niña sentada en una cama, colgando las piernitas y sin saber de qué conversar, y mi madre le preguntó qué le pasaba que estaba tan callada. Ella, con mucha prudencia para no parecer grosera, le dijo con franqueza:
-Es que estoy cansada de ir aquí.
Otra vez estaba entretenida mientras jugaba con su primo Pedro Luís, y mis padres les ponían cuidado para oírlos conversar. En esas el muchacho, que es unos añitos mayor, le dijo que quería invitarla a su apartamento a dormir para que pasaran bien rico, y aunque la mocosa no le paraba bolas porque estaba entretenida, Pedrito le quiso explicar que él vive en un edificio al lado de Batuta. Como María Antonia estaba distraída, solo alcanzó a reconocer la última palabra y en forma alevosa respondió al supuesto insulto:
-¡Más batuta será usted!
En todas las familias se presentan estas situaciones, y son cosas que debemos anotar para no olvidarlas, porque los niños crecen y todos esos momentos maravillosos se pierden en el olvido. Quedan fotografías y películas, pero su forma de hablar, sus cuentos y salidas, y esa inocencia tan especial son borrados por el paso de los años. En casi todas mis crónicas dedicadas a este tema los protagonistas son mis sobrinos, porque con ellos es que convivo, y sus cuentos son los que me relatan a diario mis padres y hermanos. Siempre recojo los cuentos de los hijos y parientes de mis amigos o conocidos, pero sin duda los más allegados son los que influyen con mayor fuerza en las remembranzas de cada cual.
Mi hermana Mónica es fonoaudióloga y muchas veces debió echar mano de su profesión para deducir algunas cosas que le quisieron decir sus hijos. Cierta vez conversaba con su hija Manuela sobre el tema de las telenovelas, y la muchachita trataba de recordar el nombre de una actriz que le había gustado mucho cuando representó cierto papel. Ella insistía en que tenía el nombre en la punta de la lengua, y le daba pistas a la mamá a ver si lograba ayudarle a refrescar la memoria. Por fin se le encendió la bombilla a la muchachita y dijo triunfante: ¡Se llama Angie Pedorri! Mónica no pudo dejar de sonreír cuando recordó que el nombre de la artista es Angie Cepeda.
En otra oportunidad Arturo, su hijo menor, le dijo muy serio que para el otro día le empacara un buen algo en la lonchera, porque no iban para el colegio sino que los iban a llevar a una salida “pedográfica”. Cuando la mamá leyó la circular correspondiente se enteró de que se trataba de una salida pedagógica. Pero el mejor cuento fue cuando Manuela estaba muy chiquita, y andaba con un julepe rascándose la cola, se movía inquieta y no dejaba de tocarse las “partes”, como dice mi madre. Fue hasta que la mamá le dijo a la mocosa que dejara ya de molestar y se estuviera quieta, por lo que la pobre china le dijo en tono de súplica:
-Mami, pero qué hago… ¿no ve que me está “piculo el cando”?
pmejiama1@une.net.co
La ere es una consonante que presenta dificultad para ciertos niños, entre muchos otros casos, y son las fonoaudiólogas las profesionales encargadas de enseñar a los pacientes la forma correcta de pronunciar los diferentes fonemas. Lo curioso es que cuando yo estaba chiquito no existía esa profesión, o al menos nunca la oí mencionar. Al que hablaba de forma irregular le daban fuete en la casa, en el colegio el profesor le cascaba con una regla en las corvas, y eso era hasta que aprendía. Deberían ser más los traumatizados en la sociedad actual, ya que antes el que sufría alguna tara debía aguantarse la burla de todos, aparte de que a garrote le enderezaban lo que fuera necesario.
Los bebés aprenden primero las palabras más sencillas, y es una maravilla verlos a medida que crecen cómo intentan armar frases coherentes. Yo trato de imaginar el funcionamiento de sus mentes mientras idean la forma de decir lo que quieren expresar. Hace unos días mi sobrina Maria Antonia, una mocosa divina y tierna de cuatro años, estaba de visita donde los abuelos. Ella se amaña donde los viejos cuando está con el hermanito o con algún primo, porque con ellos se entretiene en alguna actividad, pero si está sola al poco rato busca una disculpa para que la lleven a su casa. Estaba la niña sentada en una cama, colgando las piernitas y sin saber de qué conversar, y mi madre le preguntó qué le pasaba que estaba tan callada. Ella, con mucha prudencia para no parecer grosera, le dijo con franqueza:
-Es que estoy cansada de ir aquí.
Otra vez estaba entretenida mientras jugaba con su primo Pedro Luís, y mis padres les ponían cuidado para oírlos conversar. En esas el muchacho, que es unos añitos mayor, le dijo que quería invitarla a su apartamento a dormir para que pasaran bien rico, y aunque la mocosa no le paraba bolas porque estaba entretenida, Pedrito le quiso explicar que él vive en un edificio al lado de Batuta. Como María Antonia estaba distraída, solo alcanzó a reconocer la última palabra y en forma alevosa respondió al supuesto insulto:
-¡Más batuta será usted!
En todas las familias se presentan estas situaciones, y son cosas que debemos anotar para no olvidarlas, porque los niños crecen y todos esos momentos maravillosos se pierden en el olvido. Quedan fotografías y películas, pero su forma de hablar, sus cuentos y salidas, y esa inocencia tan especial son borrados por el paso de los años. En casi todas mis crónicas dedicadas a este tema los protagonistas son mis sobrinos, porque con ellos es que convivo, y sus cuentos son los que me relatan a diario mis padres y hermanos. Siempre recojo los cuentos de los hijos y parientes de mis amigos o conocidos, pero sin duda los más allegados son los que influyen con mayor fuerza en las remembranzas de cada cual.
Mi hermana Mónica es fonoaudióloga y muchas veces debió echar mano de su profesión para deducir algunas cosas que le quisieron decir sus hijos. Cierta vez conversaba con su hija Manuela sobre el tema de las telenovelas, y la muchachita trataba de recordar el nombre de una actriz que le había gustado mucho cuando representó cierto papel. Ella insistía en que tenía el nombre en la punta de la lengua, y le daba pistas a la mamá a ver si lograba ayudarle a refrescar la memoria. Por fin se le encendió la bombilla a la muchachita y dijo triunfante: ¡Se llama Angie Pedorri! Mónica no pudo dejar de sonreír cuando recordó que el nombre de la artista es Angie Cepeda.
En otra oportunidad Arturo, su hijo menor, le dijo muy serio que para el otro día le empacara un buen algo en la lonchera, porque no iban para el colegio sino que los iban a llevar a una salida “pedográfica”. Cuando la mamá leyó la circular correspondiente se enteró de que se trataba de una salida pedagógica. Pero el mejor cuento fue cuando Manuela estaba muy chiquita, y andaba con un julepe rascándose la cola, se movía inquieta y no dejaba de tocarse las “partes”, como dice mi madre. Fue hasta que la mamá le dijo a la mocosa que dejara ya de molestar y se estuviera quieta, por lo que la pobre china le dijo en tono de súplica:
-Mami, pero qué hago… ¿no ve que me está “piculo el cando”?
pmejiama1@une.net.co
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