La aparición de panfletos donde anuncian una limpieza social, enfocada a jíbaros, prostitutas, pandilleros, habitantes de la calle, atracadores, viciosos y demás personajes de dudosa reputación, ha creado paranoia en muchos sectores del país donde habitan esta clase de personas. Las gentes de bien que pertenecen a los estratos sociales más bajos se preocupan con toda razón, porque basta con que sus hijos se paren en una esquina a recochar y mamar gallo, para que sean confundidos con delincuentes y los asesinen. Ilusos quienes opinan que es una buena medida porque dichos ciudadanos representan una plaga social, porque si cada uno aplica la ley por su cuenta caemos en la anarquía y el caos total.
Estas noticias son verdaderas bombas en el primer mundo y por ejemplo los escandinavos se escandalizan con toda razón ante semejantes despropósitos; claro que muchos desconocen nuestra realidad y hasta se atreven a apoyar la insurgencia armada. Miembros de una ONG danesa convocaron reunión urgente al conocer el caso de los panfletos y resolvieron mandar una persona a investigar. Habría sido más práctico y económico encargar el trabajo a un colombiano, pero prefirieron no delegar por existir la posibilidad que un nativo vea el asunto normal y rutinario. De manera que después de mucho escoger, encargaron a un periodista que aseguró dominar el castellano mejor que cualquier hispano parlante. No más llegar, el vikingo definió sus objetivos y procedió con las entrevistas.
El primero fue un reciclador mugroso, peludo, con barba y la ropa vuelta hilachas, que cargaba un costal lleno de cartones y botellas. Vea míster, dijo el indigente, yo soy buena gente y camellador, pero la sociedá lo mira a uno como rata de alcantarilla. Nos llaman ñeros y desechables, y todos se cambian de acera cuando nos ven venir. Que toca chupar pegante o meternos un zurungo para soportar el hambre y el frío tan verraco que hace de noche en la calle, no se lo niego, pero a nadies le hacemos daño. Al menos mi persona. Yo soy estudiao y tengo familia, pero me echaron de la casa por el problema del vicio. Ahora nos toca escondernos en ruinas y cambuches para que no nos den balín a media noche, porque a unas gonorsobias les dio quisque por funigarnos como a cucarachas.
Una ama de casa habitante de un barrio popular también opinó. Eavemaría don, déntrese no más que nunca había tenido una visita tan distinguida. Aguarde le traigo un cafecito pa´ que pregunte lo que quiera. ¡Elizabeeee!, gritó por una ventana, mine pa´ que distinga a esta lámina de hombre. Es la muchacha mayor, comentó, que se la pasa revolotiando en la calle en vez de ayudame con los destinos. ¿Cómo dice?, ¡huy!, mi querido, eso de los tales panfletos nos tiene en capilla. Con decile que apenitas oscurece todo mundo pa´ la casa y en la calle no vuela una mosca. A mis muchachos los mantengo altos del piso porque son muy alborotaos y solo dentran a tragar y hacer desorden. Hay que ver la pensión que me agarra cuando alguno no amanece en la casa; claro que ellos acostumbran trasnochar por ahí con mujeres, pero con esta situación una nunca está tranquila.
El siguiente entrevistado fue un conductor de buseta, cuando el forastero decidió utilizar ese medio de transporte para conectarse con el pueblo. Le voy a decir tanto como esto, respondió el tipo, yo trasnocho este carro tres veces a la semana y el ambiente anda como pesao. Sobre todo tardecito cuando ya los pasajeros son poquitos, tiene que estar uno abeja si le pone la mano una pinta con cara de yo no fui, pero que resulta ser una chucha. Esos pirobos también se esconden en los quicios y cuando uno pasa despacio, tratan de encaramarse al carro para desplumalo; y rece pa´ que no le rompan el cuero. Entonces hay que estar pilas pa´ asentale la chancleta y dejalos mamando.
Por último pasó al tablero un “drug dealer”, como dicen en inglés. ¡Oigan a este!, responde el sujeto con ese tonito particular que los caracteriza, quisque jíbaro. Usté de dónde sacó ese terminacho; le recuerdo que nosotros somos minoristas. Mire le esplico cómo es la vuelta, pero eso sí, come callao porque me levantan. Resulta de que el dueño de la mercancha es un duro que nadies conoce, y tiene un sacamicas que aparece a cierta hora y nos surte el bisnes. Le cuento pues que esa merca se vende más que´l chance y con decile que hasta el monaguillo se da en la cabeza; y si viera unas cuchas veteranas soplando como cualesquier vicioso. ¿Qué me consiga una coloca?, no me haga reír hombre que aquí no hay camello es pa´ nadies. O propóngame un negocio pa´ conseguir billullo, porque yo tengo obligación; pago arrendo, respondo por la jermu, dos pelaos y además veo por la cucha.
A estas alturas el investigador tiró la toalla y solicitó ayuda a sus jefes para descifrar el material recopilado. El mensaje electrónico que envió decía textualmente: Yo no sigue con este joda. Consigan traductor para desenredar barullo porque la verdad yo no entiende ni mierda. Esta gente habla otra idioma muy distinta al que aprendí en academia. Como dicen por aquí, ¡pailas!
pmejiama1@une.net.co
martes, junio 23, 2009
martes, junio 16, 2009
Yo opino…
Así repite el Chapulín Colorao hasta el cansancio cuando quiere meter la cucharada en una discusión y sus interlocutores lo ignoran por completo. El tipo porque es mesurado y aguanta los desplantes, aunque sienta la protesta con su manida frase: “se aprovechan de mi nobleza”. Al enterarnos de las noticias tenemos nuestras propias opiniones acerca de ellas, y no vemos la hora de toparnos con alguien para discutir el asunto. En la tertulia con los amigos todos quieren hacer valer su punto de vista, por lo que terminan casi siempre en chichoneras donde nadie entiende lo que los demás expresan. O un costurero de señoras que semeja el murmullo ininteligible procedente de una guardería infantil.
*Existen temas que ponen a la gente a opinar y por fortuna los seres humanos tenemos esa facultad maravillosa del raciocinio, que nos permite tener un criterio y exponerlo basados en razones lógicas y valederas. Uno de esos temas candentes es en la actualidad la situación que enfrenta la familia del cabo Moncayo, quien lleva una década secuestrado por la guerrilla. Lógico que el papá del muchacho, el renombrado profesor, haga hasta lo imposible por lograr la liberación del muchacho; que miembros de organizaciones dedicadas a mediar para el regreso de los secuestrados tercien y presionen; y que muchas personas se compadezcan y apoyen el operativo inmediato sin medir las consecuencias que pueda acarrear.
A quienes no les como cuento es a aquellos que aprovechan para despotricar del Presidente y su gobierno, mientras aducen que la libertad del muchacho está por encima de cualquier otra consideración. Pero todo es por hacer oposición y tratar de quitarle popularidad a un gobierno que los tiene fregados, porque entre más tierra le echan siempre cae parado. Ojalá en este país podamos emitir juicios acerca de los hechos sin que nos tilden de gobiernistas o anti-gobiernistas. Para mí existe razón al no permitir que Piedad Córdoba y el tal profesor tengan que asistir a la liberación, porque lo que busca la insurgencia es convertir el suceso en un show mediático que los redima ante el mundo. Ni riesgos. Seguro cogen la modita cada dos meses de poner a la negra del turbante a dar lora con una nueva liberación, hasta adobarla como candidata a la presidencia con un alto grado de popularidad. En cualquier rincón del mundo la Cruz Roja y la Iglesia son organismos idóneos para tal menester, y admiro del Presidente Uribe que cuando se amarra los calzones, por más presiones que tenga no se afloja el cinturón.
*Un gravamen tributario que ha creado polémica entre la ciudadanía de nuestra ciudad es el llamado a la seguridad, aunque en la factura aparece como impuesto al teléfono. Ese apelativo lo dice todo, porque solo quien cuenta con un teléfono fijo “debe” (no “tiene” que) pagar el exclusivo tributo. Y digo exclusivo porque el porcentaje de engrampados con ese cobro es muy bajo, mientras que el resultado de los dineros invertidos en seguridad cobija a todos por igual. Lo peor es que la gente se queja porque esas inversiones no se ven por ningún lado y todos los días empeora la situación de violencia e inseguridad en las calles. Cómo estará de mal sustentado el dichoso impuesto, que si alguien no lo paga simplemente le llega la factura cada mes, con el acumulado y los intereses de mora, pero sin ningún tipo de sanción si no lo cancela.
*La nueva terminal de transporte de Manizales quedó espectacular. Amplia, moderna, funcional y agradable para los usuarios, y por su localización evita que buses, taxis y demás vehículos embotellen el centro de la ciudad. Además, promueve el desarrollo de una zona de la ciudad que tiene mucho futuro, aunque no faltan los inconformes que le sacan pero a todo. A los vecinos se les valorizaron sus propiedades, los negocios prosperan y todos quieren alquilar locales o montar su propia tienda; esperen que entre en funcionamiento el cable vía, y que lo conecten con Villamaría, para que vean cómo se disparara el precio de la propiedad raíz en esa comuna. Sin embargo, algunos se quejan porque hay mucha congestión en las otrora tranquilas calles. Palo porque bogas…
*A los cafeteros les pasó lo que al pastorcito mentiroso. Ganaron la fama de que chillan más que un canastao de pollos, y ahora que de verdad la situación está grave, mucha gente cree que sus quejas son infundadas. Por culpa del invierno en diferentes zonas cafeteras este año prácticamente no hubo cosecha el primer semestre y las expectativas para el segundo son muy pobres. Los altos precios hicieron pensar en una bonanza, pero la ley de Murphy no falla y los productores tragaron saliva al verlos subir como espuma y ellos sin una arroba para vender. Lo más grave es que muchos venden el café a futuro, y como no tienen cómo cumplir con el compromiso, deben cancelar la deuda al precio que esté el día de la entrega. Si alguien negoció a $50.000 la arroba ahora debe responder por el costo actual; fuera de las pérdidas normales, súmele ese descalabro. Ojalá el Gobierno les dé la mano, así como ha recurrido a ellos cuando el país lo ha demandado. Mientras a algunas se les pone la cosa peluda, a los cafeteros se les puso “café oscura”.
*Existen temas que ponen a la gente a opinar y por fortuna los seres humanos tenemos esa facultad maravillosa del raciocinio, que nos permite tener un criterio y exponerlo basados en razones lógicas y valederas. Uno de esos temas candentes es en la actualidad la situación que enfrenta la familia del cabo Moncayo, quien lleva una década secuestrado por la guerrilla. Lógico que el papá del muchacho, el renombrado profesor, haga hasta lo imposible por lograr la liberación del muchacho; que miembros de organizaciones dedicadas a mediar para el regreso de los secuestrados tercien y presionen; y que muchas personas se compadezcan y apoyen el operativo inmediato sin medir las consecuencias que pueda acarrear.
A quienes no les como cuento es a aquellos que aprovechan para despotricar del Presidente y su gobierno, mientras aducen que la libertad del muchacho está por encima de cualquier otra consideración. Pero todo es por hacer oposición y tratar de quitarle popularidad a un gobierno que los tiene fregados, porque entre más tierra le echan siempre cae parado. Ojalá en este país podamos emitir juicios acerca de los hechos sin que nos tilden de gobiernistas o anti-gobiernistas. Para mí existe razón al no permitir que Piedad Córdoba y el tal profesor tengan que asistir a la liberación, porque lo que busca la insurgencia es convertir el suceso en un show mediático que los redima ante el mundo. Ni riesgos. Seguro cogen la modita cada dos meses de poner a la negra del turbante a dar lora con una nueva liberación, hasta adobarla como candidata a la presidencia con un alto grado de popularidad. En cualquier rincón del mundo la Cruz Roja y la Iglesia son organismos idóneos para tal menester, y admiro del Presidente Uribe que cuando se amarra los calzones, por más presiones que tenga no se afloja el cinturón.
*Un gravamen tributario que ha creado polémica entre la ciudadanía de nuestra ciudad es el llamado a la seguridad, aunque en la factura aparece como impuesto al teléfono. Ese apelativo lo dice todo, porque solo quien cuenta con un teléfono fijo “debe” (no “tiene” que) pagar el exclusivo tributo. Y digo exclusivo porque el porcentaje de engrampados con ese cobro es muy bajo, mientras que el resultado de los dineros invertidos en seguridad cobija a todos por igual. Lo peor es que la gente se queja porque esas inversiones no se ven por ningún lado y todos los días empeora la situación de violencia e inseguridad en las calles. Cómo estará de mal sustentado el dichoso impuesto, que si alguien no lo paga simplemente le llega la factura cada mes, con el acumulado y los intereses de mora, pero sin ningún tipo de sanción si no lo cancela.
*La nueva terminal de transporte de Manizales quedó espectacular. Amplia, moderna, funcional y agradable para los usuarios, y por su localización evita que buses, taxis y demás vehículos embotellen el centro de la ciudad. Además, promueve el desarrollo de una zona de la ciudad que tiene mucho futuro, aunque no faltan los inconformes que le sacan pero a todo. A los vecinos se les valorizaron sus propiedades, los negocios prosperan y todos quieren alquilar locales o montar su propia tienda; esperen que entre en funcionamiento el cable vía, y que lo conecten con Villamaría, para que vean cómo se disparara el precio de la propiedad raíz en esa comuna. Sin embargo, algunos se quejan porque hay mucha congestión en las otrora tranquilas calles. Palo porque bogas…
*A los cafeteros les pasó lo que al pastorcito mentiroso. Ganaron la fama de que chillan más que un canastao de pollos, y ahora que de verdad la situación está grave, mucha gente cree que sus quejas son infundadas. Por culpa del invierno en diferentes zonas cafeteras este año prácticamente no hubo cosecha el primer semestre y las expectativas para el segundo son muy pobres. Los altos precios hicieron pensar en una bonanza, pero la ley de Murphy no falla y los productores tragaron saliva al verlos subir como espuma y ellos sin una arroba para vender. Lo más grave es que muchos venden el café a futuro, y como no tienen cómo cumplir con el compromiso, deben cancelar la deuda al precio que esté el día de la entrega. Si alguien negoció a $50.000 la arroba ahora debe responder por el costo actual; fuera de las pérdidas normales, súmele ese descalabro. Ojalá el Gobierno les dé la mano, así como ha recurrido a ellos cuando el país lo ha demandado. Mientras a algunas se les pone la cosa peluda, a los cafeteros se les puso “café oscura”.
martes, junio 09, 2009
Falta de ignorancia.
En época de crisis uno de los primeros recortes en los gastos que hacen muchas empresas es la publicidad, error craso porque si el mercado está complicado y las ventas bajas, al no haber difusión del producto que se promociona tampoco habrá compradores. Es un círculo vicioso y nunca debe descuidarse ese renglón que se encarga de mantener vivo el nombre de su empresa o producto en la mente de los consumidores. Cuántas veces nos antojamos de chuparnos una paleta o tomarnos una gaseosa por el solo hecho de verlas en una valla o en la pantalla del televisor; y al recorrer las góndolas del supermercado nuestro inconsciente escoge este o aquel detergente, porque de tanto machacarlo en los avisos comerciales uno termina por comerse el cuento de que es el mejor.
A su vez los medios de comunicación dependen económicamente de la pauta que anuncien en sus espacios o publicaciones; claro que muchos abusan y hay que ver cómo reniega el televidente cuando la pausa comercial se prolonga en forma exagerada, o lo jarto que es mirar una revista en la que más de la mitad de su contenido son anuncios comerciales. Pocas empresas, negocios o personas tienen la capacidad de pagar publicidad diaria en la primera página de un periódico de circulación nacional, por lo que me llaman la atención dos avisitos que salen desde hace ya bastante tiempo en este matutino.
Me detuve a leer con cuidado ambos anuncios y pude deducir que el que siga pobre, no encuentre la forma de que su media naranja le pare bolas o tenga problemas con el pájaro, es por falta de ignorancia, como decía mi mamá. Conseguir plata es todos los días más complicado, porque el cuento de la crisis económica tiene más de un negocio estancado y muchos prefieren esperar a ver dónde va a caer este globo, antes de embarcarse en una compra u otro gasto considerable. La desesperación de los miles de desempleados crece a cada momento y la posibilidad de conseguir una ocupación informal está todos los días más competida.
Pues basta con darle una llamadita al personaje que ofrece sus servicios en uno de esos avisos, y el hombre, que según entiendo acumuló sus conocimientos y experiencias en algún sitio de nuestros misteriosos y extensos llanos orientales, le soluciona su problema en par patadas. En solo tres días logra, sin saberse cómo carajo lo hace, ligar a esa persona que lo castiga con el látigo del desprecio; como cuando su mujer no le dirige la palabra porque lo pilló con la moza en algún metedero de mala muerte, o ese papito que la ve como a un moco y no le para bolas por fea y arrancada. Esta práctica quiromántica no produce ningún daño a los implicados y la susodicha ni siquiera se entera de que la están rezando; el asunto es sin tocar aro.
Con este cliente usted encuentra solución a esa mala suerte que siempre lo acompaña y que así haga su chance diario, no coge ni terminal; después de la consulta se le puede medir al sorteo extraordinario y eso es como con la mano. Si no logra encontrar pareja, todo el mundo le hace el fo, lo discriminan y pordebajean, deje de sufrir y escoja la nena o el príncipe que desee, porque después de consultar con el gurú le van a llover ofertas y proposiciones. A quienes son salados en los negocios, siempre los tumban y les dan en la cabeza, los ponen a manejar una finca y la chocan, y no sirven ni para vender empanadas, tranquilos que ahí encuentran la forma de convertirse en un Roquefeler. La impotencia deja de ser un inconveniente a la hora de entrar a matar, y dizque soluciona los problemas de la infidelidad en las parejas (seguro le cauteriza los cachos al ofendido). Además, ayuda a encontrar tesoros y guacas; qué tal uno saltando matones y sentado sobre un entierro sin sospecharlo siquiera. Pero lo más increíble es que no cobra por sus trabajos y cada quién hace una donación voluntaria, y para que se vayan de espaldas, la consulta puede ser por teléfono.
Recibo un mensaje electrónico donde ofrecen diez pastillas de viagra por algo más de cien mil pesos, lo que supuestamente garantiza igual número de polvachos. Pues en el otro aviso al que me refiero, encuentro una ganga que nadie debe dejar pasar. Una sola pastilla de este producto lo convierte en un toro y puede garantizarle varios estertores en seguidilla, y después de varios puyazos le suenan los tres avisos ¡sin doblar! Quince tabletas por solo veinte mil devaluados pesitos y aseguran que las erecciones son como para partir panela, y que poniéndole fundamento, puede disfrutar de hasta tres embates con el mismo vigor y pasión que le puso al primero; ¿de eso tan bueno sí darán tanto? La panacea la venden allí no más y como gancho para atraer a la clientela ofrecen de regalo dizque un gel retardante para mujer… Los puntos suspensivos me dejan intranquilo y es mejor que aclaren de qué tipo de producto se trata. Qué tal que después de salir del motel y llevar la muchacha a la casa, le dé la amorosa y el retardo sea para bajarse del carro. ¡Qué nervios!
A su vez los medios de comunicación dependen económicamente de la pauta que anuncien en sus espacios o publicaciones; claro que muchos abusan y hay que ver cómo reniega el televidente cuando la pausa comercial se prolonga en forma exagerada, o lo jarto que es mirar una revista en la que más de la mitad de su contenido son anuncios comerciales. Pocas empresas, negocios o personas tienen la capacidad de pagar publicidad diaria en la primera página de un periódico de circulación nacional, por lo que me llaman la atención dos avisitos que salen desde hace ya bastante tiempo en este matutino.
Me detuve a leer con cuidado ambos anuncios y pude deducir que el que siga pobre, no encuentre la forma de que su media naranja le pare bolas o tenga problemas con el pájaro, es por falta de ignorancia, como decía mi mamá. Conseguir plata es todos los días más complicado, porque el cuento de la crisis económica tiene más de un negocio estancado y muchos prefieren esperar a ver dónde va a caer este globo, antes de embarcarse en una compra u otro gasto considerable. La desesperación de los miles de desempleados crece a cada momento y la posibilidad de conseguir una ocupación informal está todos los días más competida.
Pues basta con darle una llamadita al personaje que ofrece sus servicios en uno de esos avisos, y el hombre, que según entiendo acumuló sus conocimientos y experiencias en algún sitio de nuestros misteriosos y extensos llanos orientales, le soluciona su problema en par patadas. En solo tres días logra, sin saberse cómo carajo lo hace, ligar a esa persona que lo castiga con el látigo del desprecio; como cuando su mujer no le dirige la palabra porque lo pilló con la moza en algún metedero de mala muerte, o ese papito que la ve como a un moco y no le para bolas por fea y arrancada. Esta práctica quiromántica no produce ningún daño a los implicados y la susodicha ni siquiera se entera de que la están rezando; el asunto es sin tocar aro.
Con este cliente usted encuentra solución a esa mala suerte que siempre lo acompaña y que así haga su chance diario, no coge ni terminal; después de la consulta se le puede medir al sorteo extraordinario y eso es como con la mano. Si no logra encontrar pareja, todo el mundo le hace el fo, lo discriminan y pordebajean, deje de sufrir y escoja la nena o el príncipe que desee, porque después de consultar con el gurú le van a llover ofertas y proposiciones. A quienes son salados en los negocios, siempre los tumban y les dan en la cabeza, los ponen a manejar una finca y la chocan, y no sirven ni para vender empanadas, tranquilos que ahí encuentran la forma de convertirse en un Roquefeler. La impotencia deja de ser un inconveniente a la hora de entrar a matar, y dizque soluciona los problemas de la infidelidad en las parejas (seguro le cauteriza los cachos al ofendido). Además, ayuda a encontrar tesoros y guacas; qué tal uno saltando matones y sentado sobre un entierro sin sospecharlo siquiera. Pero lo más increíble es que no cobra por sus trabajos y cada quién hace una donación voluntaria, y para que se vayan de espaldas, la consulta puede ser por teléfono.
Recibo un mensaje electrónico donde ofrecen diez pastillas de viagra por algo más de cien mil pesos, lo que supuestamente garantiza igual número de polvachos. Pues en el otro aviso al que me refiero, encuentro una ganga que nadie debe dejar pasar. Una sola pastilla de este producto lo convierte en un toro y puede garantizarle varios estertores en seguidilla, y después de varios puyazos le suenan los tres avisos ¡sin doblar! Quince tabletas por solo veinte mil devaluados pesitos y aseguran que las erecciones son como para partir panela, y que poniéndole fundamento, puede disfrutar de hasta tres embates con el mismo vigor y pasión que le puso al primero; ¿de eso tan bueno sí darán tanto? La panacea la venden allí no más y como gancho para atraer a la clientela ofrecen de regalo dizque un gel retardante para mujer… Los puntos suspensivos me dejan intranquilo y es mejor que aclaren de qué tipo de producto se trata. Qué tal que después de salir del motel y llevar la muchacha a la casa, le dé la amorosa y el retardo sea para bajarse del carro. ¡Qué nervios!
martes, mayo 26, 2009
Ya hace un mes…
Cada quien asegura que su madre es un dechado de virtudes, la más tierna, inteligente y cariñosa; algunos no quieren al padre, pelean con los hijos, aborrecen a un hermano o no se tratan con algún miembro de la familia, pero son poquitos los que riñen con la mamá. Puedo decir con orgullo que la mía es la persona más extraordinaria que he conocido, y que hasta su último aliento recibí de ella alegría, ternura y buen ejemplo. Nos enseñó a disfrutar las cosas sencillas de la vida, a no tener apegos materiales, a enfrentar la existencia con optimismo, a reír en cualquier situación, a ser unidos y solidarios.
Su última lección fue acerca de cómo morir dignamente. Ya hace un mes nos dejó y por fortuna la enfermedad fue corta; los médicos que la trataron con tanto cariño y dedicación se encargaron de que no sintiera dolores. Siguió las indicaciones y aceptó los tratamientos, pero era consciente de su gravedad y esperó el ineludible desenlace con una entereza que no podremos olvidar. Nunca una queja, una lágrima, una muestra de miedo o incertidumbre. En cambio hasta el último momento hizo reír a quien la visitaba y hablaba de su situación sin tapujos ni misterios. Poco antes de morir le recomendó a mi hermana que no hiciera las vueltas para programarle un procedimiento quirúrgico muy delicado; “yo sé por qué se lo digo, mijita”, fueron sus palabras. A los dos días solicitó los santos óleos y esa misma noche perdió el conocimiento.
La lucidez era su bien más preciado y hasta último momento la mantuvo intacta. Cuando ya parecía desconectada de este mundo, alguien le preguntó al oído si sabía lo que pasaba y respondió con dificultad: “lo que tanto he pedido a Dios”. De pronto sonó el timbre y ella alcanzó a balbucear: “llegó Eduardito”. Porque fue la más amorosa con sus sobrinos y ni qué decir de las sobrinas que siempre la vieron como a una segunda madre; adoró a sus hermanos y hermanas pero la relación con Eduardo, el único que la sobrevive, siempre fue especial. Eran uña y mugre, llaverías, inseparables. Sus amigas extrañan las tardes de costurero cuando les alegraba el rato con sus ocurrencias.
Al recordar a mi madre la veo con un dedo en los labios en señal de silencio, cuando uno le decía cualquier pendejada que la hacía reír, porque todo le causaba gracia, y entre carcajadas alcanzaba a pronunciar una frase típica en ella: “no se diga una palabra más, muchachitos”. Entonces se doblaba de la risa, se recostaba contra una pared, llevaba sus manos a la vejiga y empezaba a rogar que no siguiéramos porque se iba a reventar. Luego debía cambiarse los calzones, las medias y a veces hasta las pantuflas.
Era novelera, gocetas y burletera; generosa y sobre todo servicial; le fascinaba pasear en carro, así fuera hasta Chipre a comer obleas; las tortas y los pasteles, las tertulias familiares, saborear dos aguardientes al caer la tarde, darle gusto a los nietos y observar el panorama. Enemiga de modas y vanidades exageradas, de eventos sociales y lujos innecesarios, fue ante todo sencilla y buena como el pan. Una madre todo terreno, bacana, chévere y cómplice de sus hijos. Nos hacía cuarto para todo y se igualaba con nosotros hasta en el vocabulario; al invitarla por ejemplo a un programa respondía: meto, de una, p´a las que sea. No decía que estaba deprimida sino friquiada.
Al hablar de mi amá a uno se le salen las lágrimas, pero de la risa. Después de la misa de cenizas nos reunimos hermanos y nietos y no hicimos otra cosa que carcajearnos al recordar sus cuentos, salidas y chispazos. Todo el que la menciona termina en las mismas. Por ello cuando me preguntan si estoy triste, respondo que solo agradecido con la vida por haberme permitido disfrutar de unos padres maravillosos por más de cincuenta años. Aunque mi papá era muy Mejía en eso de fruncir el ceño y no pronunciar palabra cuando estaba de mala vuelta, no le quedaba sino reírse cuando mi amá le decía alguna ociosidad.
Alcanzó a estar un año viuda y cuando le preguntaron cómo se sentía, respondió que si era bueno así, cómo sería con plata. En el mercado compraba una caja de aguardiente de las más chiquitas y los viernes por la tardecita le decía a la hija mayor, que vivía con ella: “Maria, tomémonos uno que hoy es viernes cultural”. Luego comían y a dormir. Mi papá manejaba la economía de la casa y ella usaba una tarjeta débito que envolataba a diario, lo que hacía renegar al viejo, y en cada mercado se birlaba unos pesos para mandar a arreglar la plancha o a forrar una silla; ni muerta le decía a “ese hombre” para que no jodiera porque un electrodoméstico no duró sino treinta años. Al enviudar encargó a mi hermana de llevar las cuentas; que le diera platica para tener a mano y poderle dar la paladita a los nietos. Como no estaba acostumbrada a manejar recursos y debido a que la plata no le rendía, cierto día comentó: “Moniquita, estoy tan confundida. Creo que me estoy robando a mí misma”.
Quedan pendientes los cuentos y anécdotas de mi madrecita, y recordémosla como ella siempre quiso: con risas y alegría.
pmejiama1@une.net.co
Su última lección fue acerca de cómo morir dignamente. Ya hace un mes nos dejó y por fortuna la enfermedad fue corta; los médicos que la trataron con tanto cariño y dedicación se encargaron de que no sintiera dolores. Siguió las indicaciones y aceptó los tratamientos, pero era consciente de su gravedad y esperó el ineludible desenlace con una entereza que no podremos olvidar. Nunca una queja, una lágrima, una muestra de miedo o incertidumbre. En cambio hasta el último momento hizo reír a quien la visitaba y hablaba de su situación sin tapujos ni misterios. Poco antes de morir le recomendó a mi hermana que no hiciera las vueltas para programarle un procedimiento quirúrgico muy delicado; “yo sé por qué se lo digo, mijita”, fueron sus palabras. A los dos días solicitó los santos óleos y esa misma noche perdió el conocimiento.
La lucidez era su bien más preciado y hasta último momento la mantuvo intacta. Cuando ya parecía desconectada de este mundo, alguien le preguntó al oído si sabía lo que pasaba y respondió con dificultad: “lo que tanto he pedido a Dios”. De pronto sonó el timbre y ella alcanzó a balbucear: “llegó Eduardito”. Porque fue la más amorosa con sus sobrinos y ni qué decir de las sobrinas que siempre la vieron como a una segunda madre; adoró a sus hermanos y hermanas pero la relación con Eduardo, el único que la sobrevive, siempre fue especial. Eran uña y mugre, llaverías, inseparables. Sus amigas extrañan las tardes de costurero cuando les alegraba el rato con sus ocurrencias.
Al recordar a mi madre la veo con un dedo en los labios en señal de silencio, cuando uno le decía cualquier pendejada que la hacía reír, porque todo le causaba gracia, y entre carcajadas alcanzaba a pronunciar una frase típica en ella: “no se diga una palabra más, muchachitos”. Entonces se doblaba de la risa, se recostaba contra una pared, llevaba sus manos a la vejiga y empezaba a rogar que no siguiéramos porque se iba a reventar. Luego debía cambiarse los calzones, las medias y a veces hasta las pantuflas.
Era novelera, gocetas y burletera; generosa y sobre todo servicial; le fascinaba pasear en carro, así fuera hasta Chipre a comer obleas; las tortas y los pasteles, las tertulias familiares, saborear dos aguardientes al caer la tarde, darle gusto a los nietos y observar el panorama. Enemiga de modas y vanidades exageradas, de eventos sociales y lujos innecesarios, fue ante todo sencilla y buena como el pan. Una madre todo terreno, bacana, chévere y cómplice de sus hijos. Nos hacía cuarto para todo y se igualaba con nosotros hasta en el vocabulario; al invitarla por ejemplo a un programa respondía: meto, de una, p´a las que sea. No decía que estaba deprimida sino friquiada.
Al hablar de mi amá a uno se le salen las lágrimas, pero de la risa. Después de la misa de cenizas nos reunimos hermanos y nietos y no hicimos otra cosa que carcajearnos al recordar sus cuentos, salidas y chispazos. Todo el que la menciona termina en las mismas. Por ello cuando me preguntan si estoy triste, respondo que solo agradecido con la vida por haberme permitido disfrutar de unos padres maravillosos por más de cincuenta años. Aunque mi papá era muy Mejía en eso de fruncir el ceño y no pronunciar palabra cuando estaba de mala vuelta, no le quedaba sino reírse cuando mi amá le decía alguna ociosidad.
Alcanzó a estar un año viuda y cuando le preguntaron cómo se sentía, respondió que si era bueno así, cómo sería con plata. En el mercado compraba una caja de aguardiente de las más chiquitas y los viernes por la tardecita le decía a la hija mayor, que vivía con ella: “Maria, tomémonos uno que hoy es viernes cultural”. Luego comían y a dormir. Mi papá manejaba la economía de la casa y ella usaba una tarjeta débito que envolataba a diario, lo que hacía renegar al viejo, y en cada mercado se birlaba unos pesos para mandar a arreglar la plancha o a forrar una silla; ni muerta le decía a “ese hombre” para que no jodiera porque un electrodoméstico no duró sino treinta años. Al enviudar encargó a mi hermana de llevar las cuentas; que le diera platica para tener a mano y poderle dar la paladita a los nietos. Como no estaba acostumbrada a manejar recursos y debido a que la plata no le rendía, cierto día comentó: “Moniquita, estoy tan confundida. Creo que me estoy robando a mí misma”.
Quedan pendientes los cuentos y anécdotas de mi madrecita, y recordémosla como ella siempre quiso: con risas y alegría.
pmejiama1@une.net.co
viernes, mayo 22, 2009
Dimes y diretes.
Podemos estar seguros de que desde el mismo momento en que el ser humano aprendió a comunicarse nació el chisme y la maledicencia. Imagino a una cavernícola murmurando que a fulana la sacó el marido arrastrada de las mechas porque la pilló revolcándose con un vecino de tribu. Mientras tanto los hombres reunidos alrededor de la hoguera comentan que las viejas son chismosas y lengüilargas, pero no dejan de escuchar al que asegura que fulano es como dañado, porque no se le conoce hembra y además prefiere acompañar a las mujeres del clan a cargar agua, en vez de irse a cazar mamuts. Porque la verdad es que los varones no lo hacemos nada mal cuando se trata de comer prójimo; o sino de qué hablamos durante un chico de billar, en la mesa del café, al jugar tejo o turmequé, en los velorios o cuando nos sentamos a jartar trago y a hablar paja.
Es imposible definir cuál época de la historia universal ha sido la más golpeada por ese deporte tan dañino de destruir la fama y la honra de los semejantes, porque es innato del ser humano conspirar, intrigar, denigrar, opinar acerca de lo que no le importa, descalificar al prójimo, criticar sin distinciones, azuzar, sembrar cizaña y repetir sin cansancio cualquier rumor del que se entere. Desde pequeños los niños llegan del colegio a contarle a la mamá que están peleados con fulanita porque dijo esto o aquello, y por fortuna ese tipo de disgustos duran poco porque al otro día aparece otro que lo opaca. Me atrevo a asegurar que no existe dependencia o círculo de personas en la sociedad donde no exista esta nociva modalidad, porque hasta en los conventos de clausura los cotilleos y murmuraciones ruedan sin control.
En las empresas, sin importar el tamaño, las noticias vuelan y nadie se explica cómo se filtran informaciones altamente confidenciales. Se reúnen los directivos a planear un recorte de personal y no ha finalizado la junta cuando hasta el portero sabe quiénes salen por líchigo. O quien tiene un romance con un compañero de trabajo y a pesar de tomar todas las medidas para no ser detectados, todo el mundo se muere de la risa cuando los ven en público tratarse de usted. Las envidias que genera el hecho de que un empleado sea promocionado por su buen desempeño, se ven reflejadas en los cuentos que le inventan para tratar de degradarlo ante los jefes.
Que tire la primera piedra el que nunca haya comido prójimo. Algunos insisten en que son enemigos del chisme, pero en las reuniones son los que más preguntan y se interesan. Porque están equivocados quienes piensan que chismoso es aquel que se inventa un cuento para fregar a otro, lo cual supongo hacen muy pocas personas, ya que el daño se hace, seguro sin mala intención, cuando el rumor pasa de boca en boca y ahí es cuando se distorsiona. Es común que uno comparta con la mujer alguna murmuración, y al rato cuando la oye repetirlo a una amiga por el teléfono, es necesario corregirle varios datos que no corresponden. Si esto sucede con la primera divulgación, cómo será cuando haya pasado por varias estaciones.
Los chismes circulan en estratos sociales determinados, porque es natural que personas de otros niveles no conozcan ni se interesen por lo que suceda a los implicados de un entorno diferente al suyo. Los rumores ruedan sin control en el colegio, en la sala de espera, en la junta comunal, en el equipo de fútbol, entre los socios de un club, en la asociación de profesionales, etc., y existen campos abonados para ese deporte como las tiendas de barrio o las peluquerías. Son innumerables las disputas, con heridos y hasta muertos, que se presentan entre los vecinos porque fulanita dijo esto o aquello. Y lo que ignore un peluquero es porque no ha sucedido.
Entre más pequeño el pueblo es peor el chismerío y en ciudades medianas como la nuestra todavía no podemos sacudirnos de esa maldición. Cualquier reunión empieza con comentarios acerca del último chisme y quien lo cuenta debe repetirlo cada que llega uno de los asistentes. Semanalmente un cuento diferente entretiene las ávidas mentes y los temas preferidos son las infidelidades, divorcios, adolescentes embarazadas, quiebras personales o empresariales, personas aquejadas por enfermedades graves, los que salen del closet, el que gasta más de la cuenta, los políticos y cualquier cuento que clasifique como chicharrón.
Mucha de nuestra clase dirigente anda en la picota pública y lo lógico es que esperemos la decisión de los jueces antes de entrar a condenarlos, pero con justa razón nos hemos vuelto desconfiados ante las arbitrariedades que se cometen a diario en nuestro sistema judicial; claro que a quien acepte su culpa que lo descaderen a punta de lengua.
Los velorios son ideales para el cotilleo y supe de un grupo de amigos reunido en una sala de velación mientras observaban la entrada para hacer comentarios acerca de los asistentes. En esas ingresó un personaje que desde hace años soporta graves quebrantos de salud, y uno de los contertulios anunció que había llegado “cinemark”. Cuando preguntaron a qué se debe ese apodo, la respuesta fue perentoria: - ¡Próximamente en esta sala!
pmejiama1@une.net.co
Es imposible definir cuál época de la historia universal ha sido la más golpeada por ese deporte tan dañino de destruir la fama y la honra de los semejantes, porque es innato del ser humano conspirar, intrigar, denigrar, opinar acerca de lo que no le importa, descalificar al prójimo, criticar sin distinciones, azuzar, sembrar cizaña y repetir sin cansancio cualquier rumor del que se entere. Desde pequeños los niños llegan del colegio a contarle a la mamá que están peleados con fulanita porque dijo esto o aquello, y por fortuna ese tipo de disgustos duran poco porque al otro día aparece otro que lo opaca. Me atrevo a asegurar que no existe dependencia o círculo de personas en la sociedad donde no exista esta nociva modalidad, porque hasta en los conventos de clausura los cotilleos y murmuraciones ruedan sin control.
En las empresas, sin importar el tamaño, las noticias vuelan y nadie se explica cómo se filtran informaciones altamente confidenciales. Se reúnen los directivos a planear un recorte de personal y no ha finalizado la junta cuando hasta el portero sabe quiénes salen por líchigo. O quien tiene un romance con un compañero de trabajo y a pesar de tomar todas las medidas para no ser detectados, todo el mundo se muere de la risa cuando los ven en público tratarse de usted. Las envidias que genera el hecho de que un empleado sea promocionado por su buen desempeño, se ven reflejadas en los cuentos que le inventan para tratar de degradarlo ante los jefes.
Que tire la primera piedra el que nunca haya comido prójimo. Algunos insisten en que son enemigos del chisme, pero en las reuniones son los que más preguntan y se interesan. Porque están equivocados quienes piensan que chismoso es aquel que se inventa un cuento para fregar a otro, lo cual supongo hacen muy pocas personas, ya que el daño se hace, seguro sin mala intención, cuando el rumor pasa de boca en boca y ahí es cuando se distorsiona. Es común que uno comparta con la mujer alguna murmuración, y al rato cuando la oye repetirlo a una amiga por el teléfono, es necesario corregirle varios datos que no corresponden. Si esto sucede con la primera divulgación, cómo será cuando haya pasado por varias estaciones.
Los chismes circulan en estratos sociales determinados, porque es natural que personas de otros niveles no conozcan ni se interesen por lo que suceda a los implicados de un entorno diferente al suyo. Los rumores ruedan sin control en el colegio, en la sala de espera, en la junta comunal, en el equipo de fútbol, entre los socios de un club, en la asociación de profesionales, etc., y existen campos abonados para ese deporte como las tiendas de barrio o las peluquerías. Son innumerables las disputas, con heridos y hasta muertos, que se presentan entre los vecinos porque fulanita dijo esto o aquello. Y lo que ignore un peluquero es porque no ha sucedido.
Entre más pequeño el pueblo es peor el chismerío y en ciudades medianas como la nuestra todavía no podemos sacudirnos de esa maldición. Cualquier reunión empieza con comentarios acerca del último chisme y quien lo cuenta debe repetirlo cada que llega uno de los asistentes. Semanalmente un cuento diferente entretiene las ávidas mentes y los temas preferidos son las infidelidades, divorcios, adolescentes embarazadas, quiebras personales o empresariales, personas aquejadas por enfermedades graves, los que salen del closet, el que gasta más de la cuenta, los políticos y cualquier cuento que clasifique como chicharrón.
Mucha de nuestra clase dirigente anda en la picota pública y lo lógico es que esperemos la decisión de los jueces antes de entrar a condenarlos, pero con justa razón nos hemos vuelto desconfiados ante las arbitrariedades que se cometen a diario en nuestro sistema judicial; claro que a quien acepte su culpa que lo descaderen a punta de lengua.
Los velorios son ideales para el cotilleo y supe de un grupo de amigos reunido en una sala de velación mientras observaban la entrada para hacer comentarios acerca de los asistentes. En esas ingresó un personaje que desde hace años soporta graves quebrantos de salud, y uno de los contertulios anunció que había llegado “cinemark”. Cuando preguntaron a qué se debe ese apodo, la respuesta fue perentoria: - ¡Próximamente en esta sala!
pmejiama1@une.net.co
lunes, mayo 11, 2009
Cambio de hábitos.
El mundo entero anda con los pelos de punta por la aparición de un virus que amenaza la humanidad. En todas partes toman medidas de emergencia para evitar que la epidemia traspase las fronteras, lo cual es muy difícil porque los síntomas demoran cierto tiempo para manifestarse, lapso suficiente para que una persona ingrese a un país y contagie a otra gente antes de que su caso sea detectado y atendido. Méjico, país donde empezó el asunto, por ser uno de los mayores atractivos turísticos recibe visitantes de todas partes, además de que cuenta con una numerosa población que mantiene contacto con el resto del mundo. Debido a su extensión no es fácil controlar la epidemia y pasará mucho tiempo para que logren llegar con las medidas de prevención a todos los rincones de su geografía.
Muchos ven la llamada gripa porcina como una venganza de esos animales contra el ser humano, por haberlo explotado durante toda su existencia como fuente de alimentación. En la mayoría de las culturas no se concibe una celebración, fiesta o repichinga sin tasajear siquiera un chancho, y lo único que varía es la forma de prepararlo y consumirlo. Aquí acostumbramos ofrecer lechona cuando los comensales son muchos; en las festividades navideñas sacrificamos un marrano con la tradicional puñalada en el mango, para luego chamuscarlo y proceder a estragarnos con las delicias que nos ofrecen sus abundantes carnes; además consumimos infinidad de platos que llevan como ingrediente principal una presa del sacrificado animal. A pesar de las recomendaciones científicas que aseguran que la enfermedad no se trasmite por el consumo de carne porcina, la paranoia generalizada invita a las personas a evitar ese majar y son los cerdos los únicos que resultarán favorecidos con la aparición del virus.
En estos casos es cuando las autoridades no pueden escatimar esfuerzos para difundir las precauciones que deben tomarse para evitar el contagio, y con la colaboración de los medios de comunicación hacerlas llegar a toda la población. El problema está en que muchos de esos medios explotan la noticia hasta abusar del ciudadano, y al poco tiempo uno ya no quiere oír mencionar el tema. El noticiero de televisión de Caracol del mediodía dedico los primeros 40 minutos, durante al menos dos semanas, a machacar información referente al tenebroso virus. Esa noticia puede resumirse en 5 minutos con los datos que más interesen al televidente y dedicar el resto del espacio a difundir tantas cosas que suceden en nuestro país y en el exterior.
En vez de ofrecer variada información, con un manejo ágil y ameno de las secciones, se dedican a hacer unas notas estúpidas que no contribuyen en nada a la solución del problema. Lo primero es transmitir remotos desde todos los puertos, aeropuertos y terminales de transporte del país, donde los corresponsales repiten exactamente el mismo estribillo; después recorren una buena cantidad de hospitales de las diferentes ciudades para que también digan lo mismo; siguen con la entrevista a la directora de una guardería infantil que dice una sarta de babosadas; a una vendedora de lechona le dedican 10 minutos para que repita hasta el cansancio que está al borde de la quiebra; un reportero detiene a los peatones para indagar si les incomoda usar tapa bocas; otro visita varias droguerías para enterarse de cuántos adminículos de estos han vendido; y por último hacen una extensa nota para mostrar el nuevo timbre de teléfono móvil que imita los chillidos de un caribajito cuando enfrenta al matarife. Habrase visto estupidez igual.
Mucho más práctico es iniciar el noticiero con una información clara y concisa sobre la epidemia, y durante el resto de la emisión, cada cierto lapso, presentar consejos y datos de interés que ayuden a difundir entre el pueblo las medidas de precaución que deben tomarse; claro que dedicarle un espacio exagerado a enseñar algo tan elemental como lavarse las manos y después hacer entrevistas callejeras para preguntar con qué frecuencia la gente práctica esa sana costumbre, también me parece una pendejada.
La función de los medios es informar y difundir las medidas de prevención, pero sin crear falsas alarmas ni fomentar el pánico y la paranoia. Ahora al constipado lo discriminan y todos lo miran como si tuviera la peste negra, y me pregunto si me llega a dar, mientras viajo por ejemplo en un “transmilleno”, una crisis alérgica de unas que me ponen a estornudar más de 20 veces sin parar. Lo mínimo es que me avientan por la ventana en pleno recorrido.
Que al menos esta coyuntura sirva para que la gente aprenda a tener unos buenos hábitos de higiene, conozca cuáles son los medios más comunes de contagio, y dejemos de una vez por todas esa manía de apretar manos ajenas y besuquear a diestra y siniestra. Nada más fastidioso que una mano blandita, resbalosa y caliente. Ni hablar de quienes sin importar que estén sudados se abalanzan a besar sin miramientos, o reparten picos cuando apenas conocen a las otras personas. Nada, dejemos esas confiancitas solo para los seres más íntimos y de resto imitemos a los orientales: una venia respetuosa y punto.
Algo que me preocupa, sin querer ser alarmista, es que nuestro país debe ser territorio abonado para la reproducción del virus porque tenemos sobrepoblación de marranos.
pmejiama1@une.net.co
Muchos ven la llamada gripa porcina como una venganza de esos animales contra el ser humano, por haberlo explotado durante toda su existencia como fuente de alimentación. En la mayoría de las culturas no se concibe una celebración, fiesta o repichinga sin tasajear siquiera un chancho, y lo único que varía es la forma de prepararlo y consumirlo. Aquí acostumbramos ofrecer lechona cuando los comensales son muchos; en las festividades navideñas sacrificamos un marrano con la tradicional puñalada en el mango, para luego chamuscarlo y proceder a estragarnos con las delicias que nos ofrecen sus abundantes carnes; además consumimos infinidad de platos que llevan como ingrediente principal una presa del sacrificado animal. A pesar de las recomendaciones científicas que aseguran que la enfermedad no se trasmite por el consumo de carne porcina, la paranoia generalizada invita a las personas a evitar ese majar y son los cerdos los únicos que resultarán favorecidos con la aparición del virus.
En estos casos es cuando las autoridades no pueden escatimar esfuerzos para difundir las precauciones que deben tomarse para evitar el contagio, y con la colaboración de los medios de comunicación hacerlas llegar a toda la población. El problema está en que muchos de esos medios explotan la noticia hasta abusar del ciudadano, y al poco tiempo uno ya no quiere oír mencionar el tema. El noticiero de televisión de Caracol del mediodía dedico los primeros 40 minutos, durante al menos dos semanas, a machacar información referente al tenebroso virus. Esa noticia puede resumirse en 5 minutos con los datos que más interesen al televidente y dedicar el resto del espacio a difundir tantas cosas que suceden en nuestro país y en el exterior.
En vez de ofrecer variada información, con un manejo ágil y ameno de las secciones, se dedican a hacer unas notas estúpidas que no contribuyen en nada a la solución del problema. Lo primero es transmitir remotos desde todos los puertos, aeropuertos y terminales de transporte del país, donde los corresponsales repiten exactamente el mismo estribillo; después recorren una buena cantidad de hospitales de las diferentes ciudades para que también digan lo mismo; siguen con la entrevista a la directora de una guardería infantil que dice una sarta de babosadas; a una vendedora de lechona le dedican 10 minutos para que repita hasta el cansancio que está al borde de la quiebra; un reportero detiene a los peatones para indagar si les incomoda usar tapa bocas; otro visita varias droguerías para enterarse de cuántos adminículos de estos han vendido; y por último hacen una extensa nota para mostrar el nuevo timbre de teléfono móvil que imita los chillidos de un caribajito cuando enfrenta al matarife. Habrase visto estupidez igual.
Mucho más práctico es iniciar el noticiero con una información clara y concisa sobre la epidemia, y durante el resto de la emisión, cada cierto lapso, presentar consejos y datos de interés que ayuden a difundir entre el pueblo las medidas de precaución que deben tomarse; claro que dedicarle un espacio exagerado a enseñar algo tan elemental como lavarse las manos y después hacer entrevistas callejeras para preguntar con qué frecuencia la gente práctica esa sana costumbre, también me parece una pendejada.
La función de los medios es informar y difundir las medidas de prevención, pero sin crear falsas alarmas ni fomentar el pánico y la paranoia. Ahora al constipado lo discriminan y todos lo miran como si tuviera la peste negra, y me pregunto si me llega a dar, mientras viajo por ejemplo en un “transmilleno”, una crisis alérgica de unas que me ponen a estornudar más de 20 veces sin parar. Lo mínimo es que me avientan por la ventana en pleno recorrido.
Que al menos esta coyuntura sirva para que la gente aprenda a tener unos buenos hábitos de higiene, conozca cuáles son los medios más comunes de contagio, y dejemos de una vez por todas esa manía de apretar manos ajenas y besuquear a diestra y siniestra. Nada más fastidioso que una mano blandita, resbalosa y caliente. Ni hablar de quienes sin importar que estén sudados se abalanzan a besar sin miramientos, o reparten picos cuando apenas conocen a las otras personas. Nada, dejemos esas confiancitas solo para los seres más íntimos y de resto imitemos a los orientales: una venia respetuosa y punto.
Algo que me preocupa, sin querer ser alarmista, es que nuestro país debe ser territorio abonado para la reproducción del virus porque tenemos sobrepoblación de marranos.
pmejiama1@une.net.co
lunes, mayo 04, 2009
El jugo de tubería.
Dice el refranero popular que las cosas se aprecian más cuando se pierden. Una moraleja muy cierta que podemos comprobar en casa si por alguna causa carecemos de uno de los servicios públicos domiciliarios, a los cuales nos acostumbramos hasta no poder vivir sin ellos. Cortan el teléfono y de inmediato toca llamar para que lo reparen, aunque ahora con los celulares la cosa no es tan grave; el gas falla muy poco pero si sucede nos enfrentamos mínimo a quedar sin fogón ni agua caliente, que es lo peor; sin luz quedamos más desprogramados que un poste; y el caos definitivo es cuando abrimos la llave del agua y se oye un ronquido como de volcán en erupción.
Al abrir el grifo, la pluma le dicen los costeños, pocas veces apreciamos ese don que tenemos a la mano y por el contrario la dejamos correr sin pensar que con la cantidad de agua que se pierde mientras nos lavamos los dientes, podría sobrevivir un habitante de un lugar inhóspito donde carezcan del precioso líquido. La comunidad de los bosquimanos, que habita el desierto de Kalahari en el sur de África, sobrevive prácticamente sin consumir agua y depende del líquido que surge de los escasos alimentos que por su conocimiento ancestral encuentra en tan árido entorno. Produce desazón verlos con una capa de mugre acumulada en toda una vida, y para un habitante de la civilización que debe lavarse las manos a cada momento porque no resiste el fastidio, parece inaudito que un ser humano pueda vivir así. Basta imaginar a qué les olerá la horqueta. ¡Gaquis!
Para no ir muy lejos, en los cinturones de miseria de nuestras ciudades la gente carece del servicio de alcantarillado y acueducto, y deben cargar agua desde alguna fuente que tengan cerca; claro que casi siempre se trata de aguas empozadas que presentan altos grados de contaminación, lo que causa problemas de salud en la comunidad y en los niños hasta la muerte. Si cada persona piensa cuánta agua tendría que cargar para cubrir lo que gastan un día en su hogar, seguro que deberá buscar la forma de comprar un carro tanque. Cuando veo las filas de gente con sus baldes, canecas, ollas y demás recipientes para conseguir el indispensable líquido, pienso para qué puede alcanzarles esa cantidad. Desocupar un sanitario requiere varios galones; el baño de una persona, así sea lavado de gato, consume otro tanto; puede que alcance para cocinar, pero no para lavar los platos; ni pensar en lavar la ropa; y hay que dejar un cuncho para consumo humano y cepillado de dientes.
Lo peor es que todos los días desaparecen quebradas, humedales y ciénagas, porque los humanos nos encargamos de desestabilizar el ciclo normal del planeta. Grande va a ser el odio que van a sentir los habitantes que nos reciban la posta en un futuro no muy lejano, cuando se vean abocados a una crisis mundial por falta de agua. Seguro los poderosos se quedan con las pocas fuentes y al común de la gente le tocará tomar un curso con los bosquimanos a ver cómo es que se vive a palo seco. De toda el agua del planeta, salada y dulce, esta última solo representa el 3%; los ríos, lagos, ciénagas y picos nevados del planeta corresponden al 1% y el resto está congelada en ambos polos. Estos últimos se derriten al desprenderse del casquete polar y su contenido se diluye en el agua del mar, la cual no puede consumir el hombre. No les quedará más remedio a nuestros lejanos descendientes que recurrir a la tecnología para montar plantas en los polos donde derritan hielo, y trasportarla por tuberías submarinas como hacen ahora con los hidrocarburos. Menos peligro correrán nuestros bandidos expertos en perforar los tubos para robar su contenido, y seguro el gobierno le pondrá sobre- tasa.
Eso de comprar botellones de agua es algo relativamente nuevo, porque a nosotros nos tocó en la finca tomarla de un nacimiento que muchas veces venía turbio. La dejaban reposar durante la noche para asentarle la mugre, luego sacaban la más limpia, la ponían a hervir y listo. Al servirla en un vaso podía notarse su color ámbar, pero nuestros mayores eran muy sangrilivianos y no le paraban bolas a esas minucias. Tiempo después, cuando íbamos a acampar al monte, el agua procedía de ríos y quebradas que muchas veces tenía un color terroso; en un pocillo de peltre sacábamos el agua, le escurríamos un limón, diluíamos una pastilla que dizque la volvía potable y al buche con ella. A muchos los atacaban las amebas pero bastaba con purgarlos y problema solucionado.
No quiero siquiera imaginar el día que los conflictos en la tierra sean por agua. Así como ahora el petróleo representa poder, llegará el momento que los que tengan recursos hídricos mandarán la parada. Por eso hay que disfrutar el agua, cuidarla, valorarla, agradecerla, ponderarla y degustarla. Cuando tenemos sed recurrimos a las gaseosas y todo tipo de bebidas artificiales que ofrece el mercado, cargadas de azúcar y productos químicos, pero la “guillotina”, como le dicen los malevos a esa necesidad de hidratar el organismo, solo se calma con el precioso líquido. Por algo aseguran que nada como el jugo de tubería.
pmejiama@une.net.co
Al abrir el grifo, la pluma le dicen los costeños, pocas veces apreciamos ese don que tenemos a la mano y por el contrario la dejamos correr sin pensar que con la cantidad de agua que se pierde mientras nos lavamos los dientes, podría sobrevivir un habitante de un lugar inhóspito donde carezcan del precioso líquido. La comunidad de los bosquimanos, que habita el desierto de Kalahari en el sur de África, sobrevive prácticamente sin consumir agua y depende del líquido que surge de los escasos alimentos que por su conocimiento ancestral encuentra en tan árido entorno. Produce desazón verlos con una capa de mugre acumulada en toda una vida, y para un habitante de la civilización que debe lavarse las manos a cada momento porque no resiste el fastidio, parece inaudito que un ser humano pueda vivir así. Basta imaginar a qué les olerá la horqueta. ¡Gaquis!
Para no ir muy lejos, en los cinturones de miseria de nuestras ciudades la gente carece del servicio de alcantarillado y acueducto, y deben cargar agua desde alguna fuente que tengan cerca; claro que casi siempre se trata de aguas empozadas que presentan altos grados de contaminación, lo que causa problemas de salud en la comunidad y en los niños hasta la muerte. Si cada persona piensa cuánta agua tendría que cargar para cubrir lo que gastan un día en su hogar, seguro que deberá buscar la forma de comprar un carro tanque. Cuando veo las filas de gente con sus baldes, canecas, ollas y demás recipientes para conseguir el indispensable líquido, pienso para qué puede alcanzarles esa cantidad. Desocupar un sanitario requiere varios galones; el baño de una persona, así sea lavado de gato, consume otro tanto; puede que alcance para cocinar, pero no para lavar los platos; ni pensar en lavar la ropa; y hay que dejar un cuncho para consumo humano y cepillado de dientes.
Lo peor es que todos los días desaparecen quebradas, humedales y ciénagas, porque los humanos nos encargamos de desestabilizar el ciclo normal del planeta. Grande va a ser el odio que van a sentir los habitantes que nos reciban la posta en un futuro no muy lejano, cuando se vean abocados a una crisis mundial por falta de agua. Seguro los poderosos se quedan con las pocas fuentes y al común de la gente le tocará tomar un curso con los bosquimanos a ver cómo es que se vive a palo seco. De toda el agua del planeta, salada y dulce, esta última solo representa el 3%; los ríos, lagos, ciénagas y picos nevados del planeta corresponden al 1% y el resto está congelada en ambos polos. Estos últimos se derriten al desprenderse del casquete polar y su contenido se diluye en el agua del mar, la cual no puede consumir el hombre. No les quedará más remedio a nuestros lejanos descendientes que recurrir a la tecnología para montar plantas en los polos donde derritan hielo, y trasportarla por tuberías submarinas como hacen ahora con los hidrocarburos. Menos peligro correrán nuestros bandidos expertos en perforar los tubos para robar su contenido, y seguro el gobierno le pondrá sobre- tasa.
Eso de comprar botellones de agua es algo relativamente nuevo, porque a nosotros nos tocó en la finca tomarla de un nacimiento que muchas veces venía turbio. La dejaban reposar durante la noche para asentarle la mugre, luego sacaban la más limpia, la ponían a hervir y listo. Al servirla en un vaso podía notarse su color ámbar, pero nuestros mayores eran muy sangrilivianos y no le paraban bolas a esas minucias. Tiempo después, cuando íbamos a acampar al monte, el agua procedía de ríos y quebradas que muchas veces tenía un color terroso; en un pocillo de peltre sacábamos el agua, le escurríamos un limón, diluíamos una pastilla que dizque la volvía potable y al buche con ella. A muchos los atacaban las amebas pero bastaba con purgarlos y problema solucionado.
No quiero siquiera imaginar el día que los conflictos en la tierra sean por agua. Así como ahora el petróleo representa poder, llegará el momento que los que tengan recursos hídricos mandarán la parada. Por eso hay que disfrutar el agua, cuidarla, valorarla, agradecerla, ponderarla y degustarla. Cuando tenemos sed recurrimos a las gaseosas y todo tipo de bebidas artificiales que ofrece el mercado, cargadas de azúcar y productos químicos, pero la “guillotina”, como le dicen los malevos a esa necesidad de hidratar el organismo, solo se calma con el precioso líquido. Por algo aseguran que nada como el jugo de tubería.
pmejiama@une.net.co
lunes, abril 27, 2009
Es lo que hay.
Enciendo el televisor y encuentro ochenta o cien canales originarios de varios continentes, pero después de recorrer el menú puedo corroborar que la mayoría no tiene oficio. Si dicho servicio lo cobraran por canales escogidos, con seguridad no pasan de veinte los que vale la pena tener a disposición. Canales culturales, de historia, tecnología, documentales, gastronomía, vida animal y demás temas de interés; los deportivos para solaz de los hombres, lo que puede compensarse con algunos nacionales para que las damas puedan ver la docena de telenovelas diarias; algunos que presenten películas; los de noticias internacionales y uno que otro que llame la atención.
A finales de los años sesenta Alberto Piedrahita y David Cañón presentaban los sábados por la tarde, por una de las dos cadenas disponibles y en blanco y negro, un programa de deportes que nadie se perdía por ser la única opción en esa materia. Calcule, un partido de fútbol de tercera división en El Olaya, campeonato de lucha libre en el coliseo El Campín, competencias de atletismo en Jamundí, un resumen de la vuelta ciclística al Valle y un torneo estudiantil de tenis de mesa. Y no es que anduviéramos tan desprogramados que nos veíamos semejantes ladrillos, sino que no teníamos con qué comparar. Años después, los miércoles en la noche Andrés Salcedo tenía un programa de fútbol alemán en la cadena 3; con mis hermanos hacíamos corrillo porque fue el primer espacio dedicado a ese deporte. La señal del canal era pésima, debido a que necesitaba una antena especial, y sin importar las interferencias nunca nos lo perdíamos.
Hoy en día pueden encontrarse hasta media docena de partidos de fútbol de distintos países, y como dicen que tanto gordo empalaga, son muy pocos los que despiertan interés. Claro que después de ver cómo juegan en Europa, Brasil o Argentina, es muy difícil encontrarle alguna gracia a los chambones de muchos países que no se cogen el fundillo con las dos manos. Entre ellos el nuestro. Ahora en Colombia transmiten casi todos los encuentros del campeonato nacional y es muy escaso el partido agradable de ver; se caracterizan por sosos, faltos de técnica, desordenados, interrumpidos por diferentes causas, mal pitados por los árbitros y en general de una calidad que da grima.
Lo mayoría de futbolistas de esta parte del mundo son marrulleros, indisciplinados, maliciosos, fantoches, ignorantes y llevados de su parecer. En la cancha simulan faltas inexistentes y mientras se revuelcan en el piso, miran por debajo del brazo qué cara pone el árbitro; salen medio inválidos y a los dos minutos ingresan de nuevo como si nada. Por ello no faltan los expulsados injustamente y las faltas en el área que se pitan sin existir. Aquí los defensas revientan el balón para donde salga y es muy escasa la ocasión que le cae a un compañero; esos mismos defensas y los volantes de marca se hacen sacar tarjeta amarilla al inicio de encuentro; los delanteros no meten un ciego a un charco; muchos porteros son pantalleros y faltos de técnica; un equipo no hace más de tres pases antes de que se las quiten; y los técnicos arengan al público y a los jugadores para que la emprendan contra los jueces. Cuando no se dan trompadas con el colega rival. Mientras tanto en la tribuna los fanáticos se apuñalan, meten vicio, destrozan las instalaciones y a la salida acaban hasta con el nido de la perra. Y aunque el fútbol despierta pasiones, debemos reconocer que por ejemplo los famosos hooligan dejaron de figurar.
Las comparaciones son odiosas pero en Europa cuando entran los camilleros a la cancha es casi seguro que el jugador está lesionado. Nadie reclama las decisiones del árbitro y así sean injustas, bajan la cabeza y obedecen sin chistar; los siempre elegantes técnicos no revelan sus emociones; la destreza, precisión y velocidad son las características del juego; y en algunos estadios, como en Inglaterra, solo unas vallas publicitarias separan la cancha de las tribunas. Otra cosa es que mientras nuestras taquillas no alcanzan ni para echarle gasolina al bus del equipo, en el viejo continente todos los estadios, en cualquier campeonato, presentan llenos a reventar. No importa que caiga nieve o haga calor, la gente ocupa las tribunas y una gran mayoría apoya a su equipo de forma civilizada. Es muy sencillo: jugosas taquillas, excelentes contrataciones y un espectáculo de primer orden.
Con razón renegamos de nuestra selección de fútbol por ineficiente, falta de fundamento y desorganización; por no tener continuidad, porque los jugadores son estrellas en el exterior y con la camiseta nacional unos troncos que de veinte tiros al arco solo atinan uno (y siempre a las manos del portero); porque los dirigentes son tramposos e ineficientes; los técnicos no convocan ni ejercen autoridad; y los jugadores solo piensan en premios, bonificaciones y en la oportunidad de volarse de la concentración para dedicarse a la pernicia. Al mundial de Sudáfrica tampoco vamos, aunque los periodistas deportivos con tal de asegurar la audiencia, sostienen que para clasificar basta con que Perú le gane a Argentina por W, Venezuela golee a Brasil en el Maracaná y se caiga el avión con la selección paraguaya.
De manera que ante tanta desidia e ineficiencia solo queda decir: ¡Es lo que hay!
pmejiama1@une.net.co
A finales de los años sesenta Alberto Piedrahita y David Cañón presentaban los sábados por la tarde, por una de las dos cadenas disponibles y en blanco y negro, un programa de deportes que nadie se perdía por ser la única opción en esa materia. Calcule, un partido de fútbol de tercera división en El Olaya, campeonato de lucha libre en el coliseo El Campín, competencias de atletismo en Jamundí, un resumen de la vuelta ciclística al Valle y un torneo estudiantil de tenis de mesa. Y no es que anduviéramos tan desprogramados que nos veíamos semejantes ladrillos, sino que no teníamos con qué comparar. Años después, los miércoles en la noche Andrés Salcedo tenía un programa de fútbol alemán en la cadena 3; con mis hermanos hacíamos corrillo porque fue el primer espacio dedicado a ese deporte. La señal del canal era pésima, debido a que necesitaba una antena especial, y sin importar las interferencias nunca nos lo perdíamos.
Hoy en día pueden encontrarse hasta media docena de partidos de fútbol de distintos países, y como dicen que tanto gordo empalaga, son muy pocos los que despiertan interés. Claro que después de ver cómo juegan en Europa, Brasil o Argentina, es muy difícil encontrarle alguna gracia a los chambones de muchos países que no se cogen el fundillo con las dos manos. Entre ellos el nuestro. Ahora en Colombia transmiten casi todos los encuentros del campeonato nacional y es muy escaso el partido agradable de ver; se caracterizan por sosos, faltos de técnica, desordenados, interrumpidos por diferentes causas, mal pitados por los árbitros y en general de una calidad que da grima.
Lo mayoría de futbolistas de esta parte del mundo son marrulleros, indisciplinados, maliciosos, fantoches, ignorantes y llevados de su parecer. En la cancha simulan faltas inexistentes y mientras se revuelcan en el piso, miran por debajo del brazo qué cara pone el árbitro; salen medio inválidos y a los dos minutos ingresan de nuevo como si nada. Por ello no faltan los expulsados injustamente y las faltas en el área que se pitan sin existir. Aquí los defensas revientan el balón para donde salga y es muy escasa la ocasión que le cae a un compañero; esos mismos defensas y los volantes de marca se hacen sacar tarjeta amarilla al inicio de encuentro; los delanteros no meten un ciego a un charco; muchos porteros son pantalleros y faltos de técnica; un equipo no hace más de tres pases antes de que se las quiten; y los técnicos arengan al público y a los jugadores para que la emprendan contra los jueces. Cuando no se dan trompadas con el colega rival. Mientras tanto en la tribuna los fanáticos se apuñalan, meten vicio, destrozan las instalaciones y a la salida acaban hasta con el nido de la perra. Y aunque el fútbol despierta pasiones, debemos reconocer que por ejemplo los famosos hooligan dejaron de figurar.
Las comparaciones son odiosas pero en Europa cuando entran los camilleros a la cancha es casi seguro que el jugador está lesionado. Nadie reclama las decisiones del árbitro y así sean injustas, bajan la cabeza y obedecen sin chistar; los siempre elegantes técnicos no revelan sus emociones; la destreza, precisión y velocidad son las características del juego; y en algunos estadios, como en Inglaterra, solo unas vallas publicitarias separan la cancha de las tribunas. Otra cosa es que mientras nuestras taquillas no alcanzan ni para echarle gasolina al bus del equipo, en el viejo continente todos los estadios, en cualquier campeonato, presentan llenos a reventar. No importa que caiga nieve o haga calor, la gente ocupa las tribunas y una gran mayoría apoya a su equipo de forma civilizada. Es muy sencillo: jugosas taquillas, excelentes contrataciones y un espectáculo de primer orden.
Con razón renegamos de nuestra selección de fútbol por ineficiente, falta de fundamento y desorganización; por no tener continuidad, porque los jugadores son estrellas en el exterior y con la camiseta nacional unos troncos que de veinte tiros al arco solo atinan uno (y siempre a las manos del portero); porque los dirigentes son tramposos e ineficientes; los técnicos no convocan ni ejercen autoridad; y los jugadores solo piensan en premios, bonificaciones y en la oportunidad de volarse de la concentración para dedicarse a la pernicia. Al mundial de Sudáfrica tampoco vamos, aunque los periodistas deportivos con tal de asegurar la audiencia, sostienen que para clasificar basta con que Perú le gane a Argentina por W, Venezuela golee a Brasil en el Maracaná y se caiga el avión con la selección paraguaya.
De manera que ante tanta desidia e ineficiencia solo queda decir: ¡Es lo que hay!
pmejiama1@une.net.co
lunes, abril 20, 2009
Que venga el diablo y escoja.
Hace unos días cuando en un escrito me referí a las plagas que asolan a nuestra sociedad, un amigo me hizo ver que en la lista faltó la más importante de todas: la corrupción. Aunque la lista que presenté era solo un muestrario por encimita que se me ocurrió en ese momento, porque las plagas son muchas y de todo tipo, debí darle la razón a quién hizo la observación porque sin duda esa modalidad de bandidaje es la madre de todos los problemas de la humanidad. Porque no es solo en nuestro país o en el tercer mundo donde se practica esta costumbre repudiada y odiosa, sino en los cinco continentes y en todos los niveles de la sociedad. La diferencia está en los montos que se manejan y la forma en que la ejecutan.
Por las noticias nos enteramos a diario de diferentes formas de robar y desfalcar que manejan mafias y carteles que dominan todo tipo de artilugios delictivos, y se queda uno aterrado de la habilidad de quienes se inventan ese tipo de argucias para engañar a los demás. Cómo carajo se les ocurren semejantes marrullas, dignas de una cabeza muy bien puesta y una sangre fría impresionante para llevar a cabo sus tropelías. Todo tipo de modalidades y en todos los niveles, presentan un abanico de ejemplos interminables que no dejan por fuera ningún renglón del acontecer diario, y por ello nadie debe confiarse porque se siente blindado contra este delito.
El primer ejemplo que se le ocurre a cualquiera cuando le preguntan sobre la corrupción es el del billete que le ofrecen al policía para evitar un comparendo. Sin duda es el más simple y común porque se presenta con mucha regularidad, aunque ahora los conductores que acostumbran ese arreglo deben abrir el ojo, porque muchos agentes de tránsito rechazan el ofrecimiento y acusan al infractor de soborno; tremendo problema judicial en el que se mete quien comete esta contravención de la ley y varios años de cárcel debe purgar para cancelar la deuda con la sociedad. De manera que a pensarlo dos veces antes de meter un billete entre los documentos que le pasan al policía.
Para donde usted mire va a encontrar corrupción. Y lo grave es que en nuestra sociedad son muchas las personas que ven este delito como una opción válida para conseguir recursos, y en su medio quienes lo practican son admirados por comportarse de esa manera. El que es capaz de tumbar al jefe es el chacho, el más avispado, el digno de imitar. Quien monta el desfalco es un astro que envidian muchos por su astucia e inteligencia. Ese que se mueve como pez en el agua entre mordidas, serruchos, paladas, comisiones y tajadas es un ser privilegiado que nunca en la vida se va a tener que matar trabajando. Lo malo es que mientras nuestra gente piense de esta manera las cosas nunca van a enderezarse, y todo indica que dicho cambio debe ser generacional y por lo tanto no será pronto. Es necesario educar a los menores con otras prioridades y principios para que en el futuro las cosas al fin empiecen a mejorar.
Casos de corrupción que han hecho historia en este país permanecen en nuestra memoria y a largo plazo recuerdo el giro que hizo aquel personaje de apellidos Soto Prieto, cuando todavía no se oía hablar de computadoras ni de transacciones virtuales, y que le birló al país la suma de trece millones y medio de dólares, que para la época era toda la plata del mundo. El asunto de la represa del Guavio y su gestor el doctor Puyo; o las pensiones de los trabajadores de los puertos con las que hicieron un chanchullo de película; y casos como el de las barcazas para generar energía que contrataron durante el apagón y que nunca prestaron el servicio. En la alta Guajira, cuando falta poco para llegar al Cabo de la Vela, se observa en la lejanía una línea de postes interminable que no tienen ningún tipo de cables, y en medio del desierto las bases en concreto para siete puentes donde no hay ríos ni carreteras. Más abajo, en la costa, por los lados de Dibulla, una inmensa termoeléctrica de carbón que no funciona porque no es rentable, así tenga la mina más grande del mundo ahí a la vuelta. Igual a la que tenemos en La Dorada que vive apagada.
Enterarnos de que el hermano del Ministro de Gobierno, quién se desempeñaba como jefe de la fiscalía de la segunda ciudad más importante del país borraba gente de los computadores por plata; o que un almirante de la armada está acusado de colaborar con el narcotráfico; o que algunos jefes del DAS también se vendieron a los paramilitares, es algo que aterra y descompone. Claro que siempre me pregunto cuántos habrán querido ser honestos y se vieron obligados a delinquir; cada uno es dueño de su propio miedo y una amenaza de muerte contra el individuo o su familia puede llevarlo a obrar contra sus principios.
A todas estas, por qué será que a un hotel nuevo que abrieron en el sector del coliseo lo llaman dizque el “Hotel Vacuna”.
pmejiama1@une.net.co
Por las noticias nos enteramos a diario de diferentes formas de robar y desfalcar que manejan mafias y carteles que dominan todo tipo de artilugios delictivos, y se queda uno aterrado de la habilidad de quienes se inventan ese tipo de argucias para engañar a los demás. Cómo carajo se les ocurren semejantes marrullas, dignas de una cabeza muy bien puesta y una sangre fría impresionante para llevar a cabo sus tropelías. Todo tipo de modalidades y en todos los niveles, presentan un abanico de ejemplos interminables que no dejan por fuera ningún renglón del acontecer diario, y por ello nadie debe confiarse porque se siente blindado contra este delito.
El primer ejemplo que se le ocurre a cualquiera cuando le preguntan sobre la corrupción es el del billete que le ofrecen al policía para evitar un comparendo. Sin duda es el más simple y común porque se presenta con mucha regularidad, aunque ahora los conductores que acostumbran ese arreglo deben abrir el ojo, porque muchos agentes de tránsito rechazan el ofrecimiento y acusan al infractor de soborno; tremendo problema judicial en el que se mete quien comete esta contravención de la ley y varios años de cárcel debe purgar para cancelar la deuda con la sociedad. De manera que a pensarlo dos veces antes de meter un billete entre los documentos que le pasan al policía.
Para donde usted mire va a encontrar corrupción. Y lo grave es que en nuestra sociedad son muchas las personas que ven este delito como una opción válida para conseguir recursos, y en su medio quienes lo practican son admirados por comportarse de esa manera. El que es capaz de tumbar al jefe es el chacho, el más avispado, el digno de imitar. Quien monta el desfalco es un astro que envidian muchos por su astucia e inteligencia. Ese que se mueve como pez en el agua entre mordidas, serruchos, paladas, comisiones y tajadas es un ser privilegiado que nunca en la vida se va a tener que matar trabajando. Lo malo es que mientras nuestra gente piense de esta manera las cosas nunca van a enderezarse, y todo indica que dicho cambio debe ser generacional y por lo tanto no será pronto. Es necesario educar a los menores con otras prioridades y principios para que en el futuro las cosas al fin empiecen a mejorar.
Casos de corrupción que han hecho historia en este país permanecen en nuestra memoria y a largo plazo recuerdo el giro que hizo aquel personaje de apellidos Soto Prieto, cuando todavía no se oía hablar de computadoras ni de transacciones virtuales, y que le birló al país la suma de trece millones y medio de dólares, que para la época era toda la plata del mundo. El asunto de la represa del Guavio y su gestor el doctor Puyo; o las pensiones de los trabajadores de los puertos con las que hicieron un chanchullo de película; y casos como el de las barcazas para generar energía que contrataron durante el apagón y que nunca prestaron el servicio. En la alta Guajira, cuando falta poco para llegar al Cabo de la Vela, se observa en la lejanía una línea de postes interminable que no tienen ningún tipo de cables, y en medio del desierto las bases en concreto para siete puentes donde no hay ríos ni carreteras. Más abajo, en la costa, por los lados de Dibulla, una inmensa termoeléctrica de carbón que no funciona porque no es rentable, así tenga la mina más grande del mundo ahí a la vuelta. Igual a la que tenemos en La Dorada que vive apagada.
Enterarnos de que el hermano del Ministro de Gobierno, quién se desempeñaba como jefe de la fiscalía de la segunda ciudad más importante del país borraba gente de los computadores por plata; o que un almirante de la armada está acusado de colaborar con el narcotráfico; o que algunos jefes del DAS también se vendieron a los paramilitares, es algo que aterra y descompone. Claro que siempre me pregunto cuántos habrán querido ser honestos y se vieron obligados a delinquir; cada uno es dueño de su propio miedo y una amenaza de muerte contra el individuo o su familia puede llevarlo a obrar contra sus principios.
A todas estas, por qué será que a un hotel nuevo que abrieron en el sector del coliseo lo llaman dizque el “Hotel Vacuna”.
pmejiama1@une.net.co
martes, marzo 31, 2009
Paciencia infinita.
Nadie puede entender, ni siquiera ellas mismas, cómo hacían las mamás de antaño para manejar un hogar con una prole numerosa. Ahora vemos a los papás que muchas veces se ven a gatas para controlar dos o tres muchachitos, aparte de que sostenerlos es cada vez más costoso, y al que tiene más le dicen que ya va a completar el kínder. Porque cuento aparte es el aspecto económico, el cual también es inexplicable porque un padre de familia con un salario de empleado levantaba ocho, diez o doce hijos. Y es que las familias de seis retoños se consideraban pequeñas, algo que hoy en día es impensable para cualquiera. Claro que nuestras familias, como la mía de nueve hijos, eran reducidas al compararlas con las de aquellos colonizadores antioqueños que no rebajaban de la docena y algunos llegaban a los veinte.
Debido a que éramos tantos niños en la casa la mamá no podía dedicarles tiempo a todos y pasaba casi todo el día al cuidado de los bebés que todavía no se defendían solos. Como entre los hermanos nos llevábamos solo un año de diferencia, en las casas siempre había un chino recién nacido, otro de un año, uno de dos y otro de tres. Con eso tiene cualquiera para enloquecerse. Y súmele que no había pañales desechables, esterilizadores de teteros, intercomunicadores, coches sofisticados, sillas especiales para el carro y demás elementos que ofrece hoy el mercado para facilitar la crianza de un bebé.
De manera que por ahí desde los cuatro años uno ya quedaba destetado y se le pegaba al grupo de los más grandecitos para aprender a defenderse solo. En las horas que no podíamos jugar en la calle, porque entonces sí obedecíamos, no quedaba sino entretenernos en la casa. Desde el mismo momento que la mamá salía a hacer mandados empezaba la recocha y el despelote colectivo, y uno de los primeros recuerdos que tengo se desarrolla en una casa del barrio Estrella, donde viví mis primeros años, un día que sobró una gran caja de cartón porque compraron una brilladora. Aquí tengo la cicatriz que me hice con un cuchillo que saqué sin permiso de la cocina para quitarle unas tapas a la caja, la cual utilizamos para meternos dentro y rodarnos por las escalas de madera que comunicaban con el segundo piso. Otro día la monjita que nos cuidaba llegó con un pato y una gallina de regalo, y lo primero que hicimos fue arrearlos por toda la casa; los animalitos despavoridos subían y bajaban, salían al patio, pasaban por la cocina y al final quedaron plumas hasta en el techo. Cuando llegó mi mamá estaba esa monja que cogía el monte y hubo chancleta para todos.
Años más tarde, cada que llegaba la temporada de las cometas, nos preparábamos para armarlas con la técnica que conocíamos todos los muchachitos. Unos palitos de guadua muy bien pulidos, con la navaja que todos cargábamos en el bolsillo, el papel especial y un buen rollo de hilo que sacábamos del costurero. Pero el alboroto se formaba cuando todos nos metíamos a la cocina a preparar el engrudo, con Maizena y agua, y cada uno cogía una cacerola y empezaba a hacer el preparado. Los regueros y el desorden ponían a renegar a la cocinera, sobre todo después cuando debía lavar el pegote de los recipientes.
Otra enguanda que recuerdo muy bien fue una moda que impusieron cierta vez y creo que nadie se quedó sin lucirla. Nosotros estrenábamos ropa muy de vez en cuando, pero en la calle 19 donde quedaban los “agáchese” que eran catres de lona donde ofrecían todo tipo de mercancías de contrabando, como quien dice el inicio de lo que después fueron los Sanandresitos, vendían unas camisetas chinas que eran muy baratas. En las ciudades de la costa atlántica también las ofrecían de todos los colores y se trataba de una camisetica sencilla pero muy bonita. Entonces a alguien se le ocurrió darle un toque moderno a la prenda y el proceso consistía en lo siguiente. La camiseta se amarraba en varias partes, bien fuerte con un pedazo de cabuya, y después la metíamos en una olla que teníamos previamente preparada con agua hirviendo y una cajita de Iris para teñir tela. Con un palo sacábamos las prendas, les quitábamos las piolas y a secar a la cuerda. Esa vaina quedaba con unos círculos sicodélicos y solo debíamos esperar a que estuviera lista para estrenar.
Peor cuando nos dio por hacer los símbolos de la paz con moldes que fabricábamos en madera, para rellenarlos de plomo que derretíamos en un perol en el fogón. El reguero de metal incandescente quedaba por todas partes y el recipiente perdido. Del patio también disponíamos y siempre había perro, gato, conejos, palomas, gallinas y pollos de engorde, los cuales convertían el prado en un muladar de pantano y rila. En otra época resolvimos sembrar una huerta para cultivar hortalizas; los rábanos parecían balines, las zanahorias eran tan delgadas que al pelarlas no quedaba nada y las lechugas tenían más babosas que hojas. Sin embargo, mi madre nos compraba la producción y los rilosos que medio engordaban. Eran pollos negros que parecían gallinazos escuálidos y había que matar media docena para un almuerzo. Madres dignas de canonizar.
pmejiama1@une.net.co
Debido a que éramos tantos niños en la casa la mamá no podía dedicarles tiempo a todos y pasaba casi todo el día al cuidado de los bebés que todavía no se defendían solos. Como entre los hermanos nos llevábamos solo un año de diferencia, en las casas siempre había un chino recién nacido, otro de un año, uno de dos y otro de tres. Con eso tiene cualquiera para enloquecerse. Y súmele que no había pañales desechables, esterilizadores de teteros, intercomunicadores, coches sofisticados, sillas especiales para el carro y demás elementos que ofrece hoy el mercado para facilitar la crianza de un bebé.
De manera que por ahí desde los cuatro años uno ya quedaba destetado y se le pegaba al grupo de los más grandecitos para aprender a defenderse solo. En las horas que no podíamos jugar en la calle, porque entonces sí obedecíamos, no quedaba sino entretenernos en la casa. Desde el mismo momento que la mamá salía a hacer mandados empezaba la recocha y el despelote colectivo, y uno de los primeros recuerdos que tengo se desarrolla en una casa del barrio Estrella, donde viví mis primeros años, un día que sobró una gran caja de cartón porque compraron una brilladora. Aquí tengo la cicatriz que me hice con un cuchillo que saqué sin permiso de la cocina para quitarle unas tapas a la caja, la cual utilizamos para meternos dentro y rodarnos por las escalas de madera que comunicaban con el segundo piso. Otro día la monjita que nos cuidaba llegó con un pato y una gallina de regalo, y lo primero que hicimos fue arrearlos por toda la casa; los animalitos despavoridos subían y bajaban, salían al patio, pasaban por la cocina y al final quedaron plumas hasta en el techo. Cuando llegó mi mamá estaba esa monja que cogía el monte y hubo chancleta para todos.
Años más tarde, cada que llegaba la temporada de las cometas, nos preparábamos para armarlas con la técnica que conocíamos todos los muchachitos. Unos palitos de guadua muy bien pulidos, con la navaja que todos cargábamos en el bolsillo, el papel especial y un buen rollo de hilo que sacábamos del costurero. Pero el alboroto se formaba cuando todos nos metíamos a la cocina a preparar el engrudo, con Maizena y agua, y cada uno cogía una cacerola y empezaba a hacer el preparado. Los regueros y el desorden ponían a renegar a la cocinera, sobre todo después cuando debía lavar el pegote de los recipientes.
Otra enguanda que recuerdo muy bien fue una moda que impusieron cierta vez y creo que nadie se quedó sin lucirla. Nosotros estrenábamos ropa muy de vez en cuando, pero en la calle 19 donde quedaban los “agáchese” que eran catres de lona donde ofrecían todo tipo de mercancías de contrabando, como quien dice el inicio de lo que después fueron los Sanandresitos, vendían unas camisetas chinas que eran muy baratas. En las ciudades de la costa atlántica también las ofrecían de todos los colores y se trataba de una camisetica sencilla pero muy bonita. Entonces a alguien se le ocurrió darle un toque moderno a la prenda y el proceso consistía en lo siguiente. La camiseta se amarraba en varias partes, bien fuerte con un pedazo de cabuya, y después la metíamos en una olla que teníamos previamente preparada con agua hirviendo y una cajita de Iris para teñir tela. Con un palo sacábamos las prendas, les quitábamos las piolas y a secar a la cuerda. Esa vaina quedaba con unos círculos sicodélicos y solo debíamos esperar a que estuviera lista para estrenar.
Peor cuando nos dio por hacer los símbolos de la paz con moldes que fabricábamos en madera, para rellenarlos de plomo que derretíamos en un perol en el fogón. El reguero de metal incandescente quedaba por todas partes y el recipiente perdido. Del patio también disponíamos y siempre había perro, gato, conejos, palomas, gallinas y pollos de engorde, los cuales convertían el prado en un muladar de pantano y rila. En otra época resolvimos sembrar una huerta para cultivar hortalizas; los rábanos parecían balines, las zanahorias eran tan delgadas que al pelarlas no quedaba nada y las lechugas tenían más babosas que hojas. Sin embargo, mi madre nos compraba la producción y los rilosos que medio engordaban. Eran pollos negros que parecían gallinazos escuálidos y había que matar media docena para un almuerzo. Madres dignas de canonizar.
pmejiama1@une.net.co
martes, marzo 24, 2009
Turismo sin vías.
Cómo pretendemos traer turismo a nuestra ciudad si no hay una sola vía decente en los alrededores para llevarlos a pasear y a disfrutar de los lugares de interés. Produce lástima ver el estado de las carreteras, que por falta de mantenimiento y la arremetida de un invierno que no da tregua parecen trochas en muchos de sus tramos. Rutas de suma importancia para el desarrollo del departamento se dejan abandonadas y el paso del tiempo y de los vehículos se encargan de empeorar las condiciones de la capa asfáltica. Pequeños huecos que podrían arreglar con facilidad se convierten en unas troneras donde cabe el carro entero, y así recorridos que antes eran agradables de transitar se convierten en una verdadera tortura para los pasajeros.
Hace poco sugerí a unos amigos caleños que subieran a los termales del Ruiz y sin alcanzar su cometido regresaron aterrados por las condiciones de la vía. A pesar de que tenían un vehículo todo terreno se vieron a gatas entre lodazales, derrumbes, precipicios y pasos restringidos. La soledad de esa montaña y la ausencia absoluta de otros turistas los dejó abismados y cuando voltearon la cola no veían la hora de llegar a la civilización. Para ir al nevado por la vía principal está sujeto el visitante a que no haya llovido la noche anterior para que el derrumbe de Sabinas y otros tantos sitios críticos que hay en el tramo no presenten cierres. Visitar los pueblos del norte hasta llegar a Salamina para disfrutar de sus gentes y su arquitectura es una ruta obligada, pero el tránsito para llegar al destino es un verdadero martirio. Un zigzag rodeado de abismos y deslizaderos que le revuelven el estómago al más valiente.
Con un buen amigo salimos un domingo a recorrer algunas rutas cercanas a la ciudad, para comprobar con pesar cómo se deterioran algunas vías que hace muy poco tiempo estaban en perfectas condiciones. Salimos para Chinchiná por la carretera vieja, que para mí representa un recorrido lleno de recuerdos porque fue el que transitamos desde pequeños para bajar a la finca. En la curva de La Cumparcita, mi amigo cogió por una desviación que sube ahí a mano derecha y empezó a trepar por una carreterita que si no fuera porque tiene pavimento en las curvas y tramos más pendientes, por ahí no subía ni un gato herrado. Después empieza el descenso en similares condiciones y cuando me preguntaba a dónde iríamos a parar por esa ruta, salimos de nuevo a la principal en el sector de La Siria. Tantos años por esos pagos y no conocía ese balcón atiborrado de paisajes.
Seguimos nuestro camino y el estado de la vía entre las dos poblaciones es bueno y con mantenimiento no la han dejado deteriorar. Problema grave el que enfrentarán los constructores de la doble calzada cuando le metan el diente a la intersección del sector de la bomba en Chinchiná, para terminar de una vez con ese absurdo que deben ejecutar los conductores en ese lugar, porque el piso presenta una falla geológica de grandes proporciones.
De Chinchiná seguimos a darle vuelta al proyecto del aeropuerto. La vía entre los dos pueblos está en muy regular estado y ya en la cuchilla donde se adelantan los trabajos nos encontramos con una sola máquina que mordía una inmensa mole de tierra para cargar la fila de volquetas. Localizados en el terraplén, donde ya puede verse cuál es el nivel de la pista, al mirar hacia donde se proyecta el resto de los trabajos puede deducirse que lo que falta por remover es mucho material. Yo esperaba encontrarme con una verdadera flota de máquinas removiendo la montaña, pero después de lo que encontré solo puedo decir que se me cayó el carriel. Así no van a acabar nunca.
Ahora viene la parte más triste del paseo y me refiero al estado que presenta la vía entre Palestina y Santagueda, por La Plata. No hay derecho a tanta desidia. Una carretera que por sí sola es un atractivo turístico, porque ninguna la iguala en diversidad de paisajes, está convertida en un solo hueco que hace imposible su tránsito. En casi todo el recorrido no queda sino arrancar los restos de pavimento y volver a empezar de cero, y presenta unos hundimientos que son un desafío para amortiguadores y riñones.
Como es domingo Santagueda es un hervidero humano. Gentes variopintas ocupan todos los negocios del sector y después de pasar por allí no queda duda de que se trata del destino turístico preferido por los manizaleños; además de la infinidad de fincas y casas de recreo que ocupan el valle y sus alrededores. Por ello es increíble que los pocos kilómetros que unen a Tres Puertas con el sector de La Rochela estén invadidos de huecos, derrumbes y pasos restringidos, lo que hace su tránsito lento y complicado. Qué vergüenza tener que llevar a los turistas por semejantes trochas.
Regresamos por la carretera de La Cabaña que aparte de algunas fallas geológicas que han deformado la calzada en algunos sectores, todavía está en buenas condiciones. Claro que hay derrumbes sin recoger desde hace meses y muchas curvas no tienen barreras de seguridad. Se va un carro por un voladero de Malpaso y no sale ni en el periódico.
pmejiama1@une.net.co
Hace poco sugerí a unos amigos caleños que subieran a los termales del Ruiz y sin alcanzar su cometido regresaron aterrados por las condiciones de la vía. A pesar de que tenían un vehículo todo terreno se vieron a gatas entre lodazales, derrumbes, precipicios y pasos restringidos. La soledad de esa montaña y la ausencia absoluta de otros turistas los dejó abismados y cuando voltearon la cola no veían la hora de llegar a la civilización. Para ir al nevado por la vía principal está sujeto el visitante a que no haya llovido la noche anterior para que el derrumbe de Sabinas y otros tantos sitios críticos que hay en el tramo no presenten cierres. Visitar los pueblos del norte hasta llegar a Salamina para disfrutar de sus gentes y su arquitectura es una ruta obligada, pero el tránsito para llegar al destino es un verdadero martirio. Un zigzag rodeado de abismos y deslizaderos que le revuelven el estómago al más valiente.
Con un buen amigo salimos un domingo a recorrer algunas rutas cercanas a la ciudad, para comprobar con pesar cómo se deterioran algunas vías que hace muy poco tiempo estaban en perfectas condiciones. Salimos para Chinchiná por la carretera vieja, que para mí representa un recorrido lleno de recuerdos porque fue el que transitamos desde pequeños para bajar a la finca. En la curva de La Cumparcita, mi amigo cogió por una desviación que sube ahí a mano derecha y empezó a trepar por una carreterita que si no fuera porque tiene pavimento en las curvas y tramos más pendientes, por ahí no subía ni un gato herrado. Después empieza el descenso en similares condiciones y cuando me preguntaba a dónde iríamos a parar por esa ruta, salimos de nuevo a la principal en el sector de La Siria. Tantos años por esos pagos y no conocía ese balcón atiborrado de paisajes.
Seguimos nuestro camino y el estado de la vía entre las dos poblaciones es bueno y con mantenimiento no la han dejado deteriorar. Problema grave el que enfrentarán los constructores de la doble calzada cuando le metan el diente a la intersección del sector de la bomba en Chinchiná, para terminar de una vez con ese absurdo que deben ejecutar los conductores en ese lugar, porque el piso presenta una falla geológica de grandes proporciones.
De Chinchiná seguimos a darle vuelta al proyecto del aeropuerto. La vía entre los dos pueblos está en muy regular estado y ya en la cuchilla donde se adelantan los trabajos nos encontramos con una sola máquina que mordía una inmensa mole de tierra para cargar la fila de volquetas. Localizados en el terraplén, donde ya puede verse cuál es el nivel de la pista, al mirar hacia donde se proyecta el resto de los trabajos puede deducirse que lo que falta por remover es mucho material. Yo esperaba encontrarme con una verdadera flota de máquinas removiendo la montaña, pero después de lo que encontré solo puedo decir que se me cayó el carriel. Así no van a acabar nunca.
Ahora viene la parte más triste del paseo y me refiero al estado que presenta la vía entre Palestina y Santagueda, por La Plata. No hay derecho a tanta desidia. Una carretera que por sí sola es un atractivo turístico, porque ninguna la iguala en diversidad de paisajes, está convertida en un solo hueco que hace imposible su tránsito. En casi todo el recorrido no queda sino arrancar los restos de pavimento y volver a empezar de cero, y presenta unos hundimientos que son un desafío para amortiguadores y riñones.
Como es domingo Santagueda es un hervidero humano. Gentes variopintas ocupan todos los negocios del sector y después de pasar por allí no queda duda de que se trata del destino turístico preferido por los manizaleños; además de la infinidad de fincas y casas de recreo que ocupan el valle y sus alrededores. Por ello es increíble que los pocos kilómetros que unen a Tres Puertas con el sector de La Rochela estén invadidos de huecos, derrumbes y pasos restringidos, lo que hace su tránsito lento y complicado. Qué vergüenza tener que llevar a los turistas por semejantes trochas.
Regresamos por la carretera de La Cabaña que aparte de algunas fallas geológicas que han deformado la calzada en algunos sectores, todavía está en buenas condiciones. Claro que hay derrumbes sin recoger desde hace meses y muchas curvas no tienen barreras de seguridad. Se va un carro por un voladero de Malpaso y no sale ni en el periódico.
pmejiama1@une.net.co
martes, marzo 17, 2009
Cosas que pasan.
Quienes me conocen saben que solo acostumbro reproducir en este espacio anécdotas y cuentos que escucho en las tertulias que tanto disfruto cuando me reúno a conversar con amigos y allegados. Me encanta charlar al calor de unos tragos bien sabrosos, mientras entre todos resolvemos qué tipo de comida pedimos a domicilio; o programamos la reunión con cocinada y todo, para tragar saliva con el olor y zapotear las viandas, así al momento de servir ya estemos llenos. También disfruto conversar con los agregados o trabajadores en las fincas (a quienes llamábamos antes “de la otra casa”), y si encuentro niños o adolecentes entre los participantes al paseo, o que residan en el lugar, siempre les hablo de temas intrascendentes para conocer su léxico y la forma como ven la vida. Igual me gusta oírle sus cuentos al viejito de la calle o a cualquier otro transeúnte.
A finales del año pasado tuvimos la fortuna de visitar una casa ubicada a orillas de la Ciénaga de Ayapel, en el departamento de Córdoba. Ni siquiera nosotros creímos que el sol se fuera a asomar, con tan buena fortuna que hizo presencia a diario y sin escatimar. El paisaje es paradisíaco, el clima delicioso, un pueblo típico del interior de la costa, la gente amable y abierta, y en general una cultura diferente a la nuestra a pesar de estar relativamente cerca. A diario la mayoría de los compañeros del paseo madrugaban muy juiciosos para hacer algo de deporte antes de empezar a darle gusto al paladar; todos estiraban para proceder con el ejercicio y mientras unos preferían caminar hasta la plaza del pueblo, comprar algunos encargos y regresar a buen paso, otros hacían el recorrido al trote, más largo y con exigencia para el organismo. Un día regresaba Jaramillo como a las 10 de la mañana, en una carrera forzada y sostenida, bañado en sudor y resoplando por el cansancio acumulado. Los alrededores de las casas de recreo son habitados por gentes muy pobres y algo descuidadas, y ese día había dos negros recostados en sendas hamacas donde se protegían del sol y el calor reinantes. Fernando llegó muerto de la risa porque alcanzó a oír cuando uno de los morochos le decía al otro, mientras hacía cara de incredulidad y repudio:
-Eche, no jooooda. ¡Eso cachaco sí son bien ocioso!
Definitivamente ellos nos ven con algo de curiosidad, sentimiento que es recíproco debido a nuestras culturas tan diferentes. Hace poco tuve el gusto de recorrer los caminos de La Guajira, con el aliciente que Gabriel Pinedo, nuestro anfitrión, prefirió nuestra compañía para los desplazamientos. Yo debo ser hasta cansón, porque quiero saberlo todo. Cómo se llama aquel río, cuál es este pueblo, en qué trabaja la gente, quiero conocer el nombre de cada árbol y como dicen por ahí, pregunto más que un perdido. Pues Gabriel tiene el mismo gusto y por ello tuvo la paciencia para relatarnos todo tipo de anécdotas. Cierto día me dio mucho golpe conocer el nombre de un caserío cercano a la finca, y al hacerle el comentario respondió:
-Ajá, ven acá te digo una vaina. ¡Eso cachaco sí son bien bruto! Cómo te parece que esto se ha llamado toda la vida “Pericoaguao”, y vienen los sabio que marcan la carretera a ponerle dizque “Perico aguado”. ¡Hazme el favor!
El semillero de anécdotas de los niños es infinito. Me cuenta un buen amigo que ahora años, cuando para los católicos madrugar a comulgar el primer viernes del mes era sagrado, una vecina del Parque Caldas llamó al Padre Zuluaguita para recomendarle que al otro día le mandaba uno de los hijos para que lo confesara. El mocoso llegó cumplido, se presentó y el cura quiso ser amable para darle confianza, y en tono cómplice le preguntó si él de vez en cuando decía palabras feas. El zambo miró a ambos lados, puso cara de pícaro, juntó todas las yemas de los dedos para demostrar cantidad y soltó de sopetón: ¡Como un hijueputa, padre!
Un amigo reniega siempre que recuerda cuando su hija fue invitada por una amiguita a dormir, con otras compañeras, y como la señora de la casa se iba de fiesta, alquiló la película El Exorcista para que las mocosas se entretuvieran. Quién dijo que las muchachitas volvieron a dormir solas en sus habitaciones. Mi hermana Mónica se llevó a Arturo como de 7 años a ver una película y resultó ser de miedo. Como al barrigón ya le habían comprado todo el mecato prometido, en cierto momento jaló la manga de la mamá para decirle en secreto:
-Mami, apenas haya una propagandita nos vamos…
Un día Pedro Luís estaba desesperado porque no servían el almuerzo, mientras el papá trataba de explicarle que para todo hay un horario y debemos tratar de respetarlo. Cuando ya el chino estaba en lo suyo, buscó conversación y le preguntó al papá si el abuelo, quien murió hace poco, también almorzaría a esa misma hora. Mi hermano buscó la forma más clara y lógica de explicarle que el cuerpo de las personas se queda en la tierra, mientras el alma busca otros niveles en el espacio, hasta que el niño lo interrumpe para aclarar:
-¡Ah no!, entonces yo no me quiero morir. Porque si es para aguantar hambre…
pmejiama1@une.net.co
A finales del año pasado tuvimos la fortuna de visitar una casa ubicada a orillas de la Ciénaga de Ayapel, en el departamento de Córdoba. Ni siquiera nosotros creímos que el sol se fuera a asomar, con tan buena fortuna que hizo presencia a diario y sin escatimar. El paisaje es paradisíaco, el clima delicioso, un pueblo típico del interior de la costa, la gente amable y abierta, y en general una cultura diferente a la nuestra a pesar de estar relativamente cerca. A diario la mayoría de los compañeros del paseo madrugaban muy juiciosos para hacer algo de deporte antes de empezar a darle gusto al paladar; todos estiraban para proceder con el ejercicio y mientras unos preferían caminar hasta la plaza del pueblo, comprar algunos encargos y regresar a buen paso, otros hacían el recorrido al trote, más largo y con exigencia para el organismo. Un día regresaba Jaramillo como a las 10 de la mañana, en una carrera forzada y sostenida, bañado en sudor y resoplando por el cansancio acumulado. Los alrededores de las casas de recreo son habitados por gentes muy pobres y algo descuidadas, y ese día había dos negros recostados en sendas hamacas donde se protegían del sol y el calor reinantes. Fernando llegó muerto de la risa porque alcanzó a oír cuando uno de los morochos le decía al otro, mientras hacía cara de incredulidad y repudio:
-Eche, no jooooda. ¡Eso cachaco sí son bien ocioso!
Definitivamente ellos nos ven con algo de curiosidad, sentimiento que es recíproco debido a nuestras culturas tan diferentes. Hace poco tuve el gusto de recorrer los caminos de La Guajira, con el aliciente que Gabriel Pinedo, nuestro anfitrión, prefirió nuestra compañía para los desplazamientos. Yo debo ser hasta cansón, porque quiero saberlo todo. Cómo se llama aquel río, cuál es este pueblo, en qué trabaja la gente, quiero conocer el nombre de cada árbol y como dicen por ahí, pregunto más que un perdido. Pues Gabriel tiene el mismo gusto y por ello tuvo la paciencia para relatarnos todo tipo de anécdotas. Cierto día me dio mucho golpe conocer el nombre de un caserío cercano a la finca, y al hacerle el comentario respondió:
-Ajá, ven acá te digo una vaina. ¡Eso cachaco sí son bien bruto! Cómo te parece que esto se ha llamado toda la vida “Pericoaguao”, y vienen los sabio que marcan la carretera a ponerle dizque “Perico aguado”. ¡Hazme el favor!
El semillero de anécdotas de los niños es infinito. Me cuenta un buen amigo que ahora años, cuando para los católicos madrugar a comulgar el primer viernes del mes era sagrado, una vecina del Parque Caldas llamó al Padre Zuluaguita para recomendarle que al otro día le mandaba uno de los hijos para que lo confesara. El mocoso llegó cumplido, se presentó y el cura quiso ser amable para darle confianza, y en tono cómplice le preguntó si él de vez en cuando decía palabras feas. El zambo miró a ambos lados, puso cara de pícaro, juntó todas las yemas de los dedos para demostrar cantidad y soltó de sopetón: ¡Como un hijueputa, padre!
Un amigo reniega siempre que recuerda cuando su hija fue invitada por una amiguita a dormir, con otras compañeras, y como la señora de la casa se iba de fiesta, alquiló la película El Exorcista para que las mocosas se entretuvieran. Quién dijo que las muchachitas volvieron a dormir solas en sus habitaciones. Mi hermana Mónica se llevó a Arturo como de 7 años a ver una película y resultó ser de miedo. Como al barrigón ya le habían comprado todo el mecato prometido, en cierto momento jaló la manga de la mamá para decirle en secreto:
-Mami, apenas haya una propagandita nos vamos…
Un día Pedro Luís estaba desesperado porque no servían el almuerzo, mientras el papá trataba de explicarle que para todo hay un horario y debemos tratar de respetarlo. Cuando ya el chino estaba en lo suyo, buscó conversación y le preguntó al papá si el abuelo, quien murió hace poco, también almorzaría a esa misma hora. Mi hermano buscó la forma más clara y lógica de explicarle que el cuerpo de las personas se queda en la tierra, mientras el alma busca otros niveles en el espacio, hasta que el niño lo interrumpe para aclarar:
-¡Ah no!, entonces yo no me quiero morir. Porque si es para aguantar hambre…
pmejiama1@une.net.co
martes, marzo 10, 2009
Autoridad y disciplina.
Compromiso grande el que tienen los padres que deben criar hijos en la actualidad, en una sociedad regida por el dios dinero, el cual marca el nivel de éxito de cada individuo sin tener en cuenta ningún otro parámetro diferente al poder económico que pueda lograr. Si es rico es exitoso. En el mundo de los negocios ya no cuentan la moral, los buenos principios, la honestidad y la ética del individuo, atributos que se reemplazan con un buen desempeño laboral que produzca utilidades.
Así como en la actualidad el éxito está basado en la capacidad de producir, sin duda en el futuro lo determinante será el carácter del individuo. Diferente a lo que se piensa, que será el dominio del conocimiento y el poder de las comunicaciones los que marcarán la pauta del éxito, una personalidad con temple que sepa enfrentar los fracasos y convertirlos en un desafío será el objetivo de los seleccionadores de personal. Y una personalidad definida y un carácter recio se logran solo si se recibe una buena formación en el hogar, donde gracias al buen ejemplo y los sabios consejos el individuo aprende a reconocer el camino del bien. Porque definitivamente hay cosas que no se aprenden ni pueden comprarse, como los buenos principios, la rectitud y la condición de ciudadano ejemplar.
Lo más importante en un hogar es que exista igualdad de criterios entre ambos padres para la educación de los hijos, porque de lo contrario es imposible marcar pautas y poner condiciones en un ambiente en el que los muchachitos no saben a quién obedecerle. Los padres deben ponerse de acuerdo hasta para el más mínimo detalle, y nunca desautorizar al otro porque ello puede ser utilizado por los vástagos como disculpa para justificar su mal comportamiento. Es común que en cada hogar uno de los padres sea el bravo, el regañón y el estricto, situación que debe manejarse con mucho tino para no hacerlo aparecer como el malo del paseo, sino como la persona que impone disciplina en la casa.
Y el principio de autoridad en el hogar es primordial para marcar pautas. Desde que nace el bebé trata de manipular y con sus llanto desesperante busca comer a sus horas, dormir entre sus padres, que lo carguen en todo momento y lo arrullen. A medida que crece el niño siempre buscará tener a sus padres bailando en la uña, y es común oírlo cuando ya tienen tres o cuatro años con la cantaleta que coge cuando quiere lograr algo. Empieza a repetir su petición sin pausa y en un tono de plañidera desesperante, porque sabe que con esa táctica uno de sus padres va a ceder a sus peticiones. Entonces son niños que se acostumbran a lograr lo que quieran con una herramienta que no falla: la manipulación.
Y así como ahora años la autoridad se ejercía a golpes de correa y a chancletazos, hoy en día los mocosos no se dejan tocar y hasta pueden denunciar al papá ante las autoridades por abuso; y lo peor es que tienen todas las de ganar y el adulto resulta inmerso en un pleito que le sacará unas cuantas canas. De manera que la autoridad ahora hay que ejercerla es con razones, con exigencias y demandas, de una manera civilizada que no atropelle los derechos de nadie.
El problema está en que ningún padre quiere que su hijo sufra y por ello busca solucionarle los problemas y calmarle sus antojos. Pero a la vida se viene a sufrir y si no les enseñamos aunque sea un poquito, entonces, ¿cómo aprenderán? Si les resolvemos todas sus dificultades, ¿cómo van a torear la andanada de inconvenientes que deben enfrentar en su existencia? A los niños hay que aterrizarlos, hablarles con la verdad y hacerles conocer los problemas de la vida. Que no crean que las cosas se alcanzan con solo estirar la mano.
Es importante enseñarle a los vástagos que así como pueden exigir sus derechos deben cumplir con sus deberes. Porque ese es el principio básico de la convivencia: dar y recibir. Pero al momento de darles es necesario restringir sus peticiones para que tengan conciencia de la falta de algo; como el zambo que prefiere no jugar con sus amigos si no tiene el uniforme de moda que usan los demás. Ahí es cuando un padre debe actuar para hacerle entender al hijo por qué debe ceder en su petición, esgrimir razones para que entienda y buscar la manera de que el muchacho disfrute lo que tiene y nunca envidie lo de los demás. Es muy importante que aprendan a agradecer y a disfrutar sus cosas, así como es primordial que sepan carecer de otras.
Grave error el de los padres que no enseñan a sus hijos a comer todo tipo de alimentos, porque van a sufrir mucho en la vida. Mocosos llenos de remilgos que cuando los invitan a cualquier parte van a pasar vergüenzas, además de hambre. Tampoco saben los niños tender una cama, recoger la ropa sucia, lavar los platos o colaborar con cualquier actividad del hogar. Viven como príncipes y lo único que saben hacer es desorden, mientras la mamá detrás como una sirvienta les colma todos sus deseos. Esperen a que crezcan y tengan que vivir solos.
pmejiama1@une.com.co
Así como en la actualidad el éxito está basado en la capacidad de producir, sin duda en el futuro lo determinante será el carácter del individuo. Diferente a lo que se piensa, que será el dominio del conocimiento y el poder de las comunicaciones los que marcarán la pauta del éxito, una personalidad con temple que sepa enfrentar los fracasos y convertirlos en un desafío será el objetivo de los seleccionadores de personal. Y una personalidad definida y un carácter recio se logran solo si se recibe una buena formación en el hogar, donde gracias al buen ejemplo y los sabios consejos el individuo aprende a reconocer el camino del bien. Porque definitivamente hay cosas que no se aprenden ni pueden comprarse, como los buenos principios, la rectitud y la condición de ciudadano ejemplar.
Lo más importante en un hogar es que exista igualdad de criterios entre ambos padres para la educación de los hijos, porque de lo contrario es imposible marcar pautas y poner condiciones en un ambiente en el que los muchachitos no saben a quién obedecerle. Los padres deben ponerse de acuerdo hasta para el más mínimo detalle, y nunca desautorizar al otro porque ello puede ser utilizado por los vástagos como disculpa para justificar su mal comportamiento. Es común que en cada hogar uno de los padres sea el bravo, el regañón y el estricto, situación que debe manejarse con mucho tino para no hacerlo aparecer como el malo del paseo, sino como la persona que impone disciplina en la casa.
Y el principio de autoridad en el hogar es primordial para marcar pautas. Desde que nace el bebé trata de manipular y con sus llanto desesperante busca comer a sus horas, dormir entre sus padres, que lo carguen en todo momento y lo arrullen. A medida que crece el niño siempre buscará tener a sus padres bailando en la uña, y es común oírlo cuando ya tienen tres o cuatro años con la cantaleta que coge cuando quiere lograr algo. Empieza a repetir su petición sin pausa y en un tono de plañidera desesperante, porque sabe que con esa táctica uno de sus padres va a ceder a sus peticiones. Entonces son niños que se acostumbran a lograr lo que quieran con una herramienta que no falla: la manipulación.
Y así como ahora años la autoridad se ejercía a golpes de correa y a chancletazos, hoy en día los mocosos no se dejan tocar y hasta pueden denunciar al papá ante las autoridades por abuso; y lo peor es que tienen todas las de ganar y el adulto resulta inmerso en un pleito que le sacará unas cuantas canas. De manera que la autoridad ahora hay que ejercerla es con razones, con exigencias y demandas, de una manera civilizada que no atropelle los derechos de nadie.
El problema está en que ningún padre quiere que su hijo sufra y por ello busca solucionarle los problemas y calmarle sus antojos. Pero a la vida se viene a sufrir y si no les enseñamos aunque sea un poquito, entonces, ¿cómo aprenderán? Si les resolvemos todas sus dificultades, ¿cómo van a torear la andanada de inconvenientes que deben enfrentar en su existencia? A los niños hay que aterrizarlos, hablarles con la verdad y hacerles conocer los problemas de la vida. Que no crean que las cosas se alcanzan con solo estirar la mano.
Es importante enseñarle a los vástagos que así como pueden exigir sus derechos deben cumplir con sus deberes. Porque ese es el principio básico de la convivencia: dar y recibir. Pero al momento de darles es necesario restringir sus peticiones para que tengan conciencia de la falta de algo; como el zambo que prefiere no jugar con sus amigos si no tiene el uniforme de moda que usan los demás. Ahí es cuando un padre debe actuar para hacerle entender al hijo por qué debe ceder en su petición, esgrimir razones para que entienda y buscar la manera de que el muchacho disfrute lo que tiene y nunca envidie lo de los demás. Es muy importante que aprendan a agradecer y a disfrutar sus cosas, así como es primordial que sepan carecer de otras.
Grave error el de los padres que no enseñan a sus hijos a comer todo tipo de alimentos, porque van a sufrir mucho en la vida. Mocosos llenos de remilgos que cuando los invitan a cualquier parte van a pasar vergüenzas, además de hambre. Tampoco saben los niños tender una cama, recoger la ropa sucia, lavar los platos o colaborar con cualquier actividad del hogar. Viven como príncipes y lo único que saben hacer es desorden, mientras la mamá detrás como una sirvienta les colma todos sus deseos. Esperen a que crezcan y tengan que vivir solos.
pmejiama1@une.com.co
lunes, marzo 02, 2009
Las plagas modernas (I).
El Antiguo testamento siempre ha despertado interés en los infantes, aunque recuerdo que entonces sentí cierto recelo por algunos apartes que no dejan de ser espeluznantes. Cuando el profesor refirió el cuento de las plagas de Egipto, que cayeron sobre esa nación como presión para que dejaran arrancar a Moisés con el pueblo judío desierto adentro, siempre le metió imaginación y pintó el panorama tétrico y aterrador. Las aguas del Nilo convertidas en sangre; plagas de mosquitos, tábanos, langostas y sapos; la muerte del ganado; el granizo que destruyó cultivos; la muerte de los primogénitos; y las tinieblas que taparon el sol, fueron las maldiciones que cayeron sobre los súbditos del faraón.
Durante mi infancia se presentaban cada año, en épocas diferentes, invasiones de insectos muy característicos. Recuerdo los “polochos”, que eran unos bichos inofensivos que cubrían las calles. En mayo aparecían las chicharras que mortificaban la vida de las niñas, porque les tenían pavor y los muchachitos aprovechábamos para pegárselas del pelo; había negras con un solo cacho, o de color carmelita, más grandes y con doble cacho. En el campo pululaban cocuyos que recogíamos en grandes cantidades dentro de botellas, dizque para hacer lámparas. También llegaban nubes de unos avispones que chapaleaban alrededor de las luces en las noches, y de pronto los árboles amanecían adornados con racimos inmensos de gusanos.
Sin duda el paso del tiempo cambia las cosas y después de varios miles de años no podemos esperar que las plagas sean las mismas. Tal vez sin darnos cuenta, el Creador ha mandado plagas de todo tipo que invaden nuestro planeta sin control ni cortapisas. Cada quién las ve desde su punto de vista, y para mi gusto algunas de esas plagas modernas son la contaminación ambiental, los teléfonos celulares, los policías de tránsito, las telenovelas, las motocicletas y el cigarrillo.
Por ejemplo el asunto de las motocicletas se ha vuelto incontrolable en el país.
Ahora años muy pocos tenían la posibilidad de adquirir moto y era común que la usaran para dar una palomita y llevar la novia a Chipre el domingo, mientras que la persona de escasos recursos que lograba conseguir un vehículo de ese tipo, debía conformarse con un pelle con mucho kilometraje, en muy mal estado y que para prenderla había que darle cran por lo menos cincuenta veces. La moto entonces era un artículo de lujo que despertaba la envidia de muchos y proporcionaba placer a unos pocos.
En cambio hay que ver la oferta que existe hoy en día en ese mercado. A diario vemos la publicidad de una marca nueva y los precios son cada vez más asequibles. Claro que falta esperar un tiempo a ver qué tan finas resultan muchas de esas motos importadas de China, que a primera vista parecen muy buenas pero que en la actualidad sus dueños ya se ven a gatas para conseguir repuestos y servicio técnico. Pensar que lo que antes era un artículo de lujo, ahora lo entregan con una cuota inicial de 200 mil pesos y el resto se cancela con cuotas mensuales que no llegan ni a los 100 mil. Un obrero que devengue el salario mínimo y que su compañera trabaje en el servicio doméstico de por días, perfectamente pueden adquirir un aparato de esos. Seguro que les sale más barato cumplir con la cuota mensual que pagar el trasporte en servicio público de ambos.
El problema es que le entregan la motocicleta a cualquier montañero que no sabe ni montar en bicicleta, le enciman el casco y el chaleco, y hágale a cometer infracciones y a chambonear por las calles sin dios ni ley. Basta con presentar la cédula, llevar la cuota inicial, firmar unas letras y conseguir un fiador, y de arriero lo convierten en motociclista como por arte de birlibirloque; y con moto nueva, cero kilómetros, con ese olorcito particular que solo podían disfrutar los ricos.
Una motocicleta bien utilizada es una herramienta de trabajo indispensable para muchas personas (incluidos los sicarios, infortunadamente), soluciona el trasporte a familias enteras, permite a los menos favorecidos pasear y divertirse, y el consumo de combustible es mínimo. Dos personas le echan 15 mil pesos de gasolina a su moto y viajan a Bogotá sin pagar siquiera peajes, costo que no puede compararse siquiera con dos pasajes en el más barato de los transportes terrestres como buses, taxis o colectivos.
Ahora inventan las motos taxis y en ciertas ciudades el negocio de los amarillos está en peligro porque la competencia es imposible. Los aseguradores no saben qué camino coger ante la avalancha de reclamaciones del seguro obligatorio, porque los improvisados conductores causan accidentes por montones y la mayoría de estrellas negras que vemos en calles y carreteras corresponden a motociclistas. Sin conocer el código de tránsito, sin experiencia ni conocimientos de inercia, fuerza centrífuga, equilibrio y demás pormenores, apenas le cogen confianza al velocípedo siguen derecho en la primera curva.
La mayoría de motociclistas no respetan los semáforos, violan vía, transitan por los andenes, hacen cruces prohibidos y cuanta barbaridad se les ocurra, y las hordas que inundan las calles ofuscan y desesperan al más tranquilo.
Las plagas modernas son muy diferentes a las del antiguo Egipto, aunque coincidimos en que por aquí todavía se ven muchos tipos de sapos.
pmejiama1@une.net.co
Durante mi infancia se presentaban cada año, en épocas diferentes, invasiones de insectos muy característicos. Recuerdo los “polochos”, que eran unos bichos inofensivos que cubrían las calles. En mayo aparecían las chicharras que mortificaban la vida de las niñas, porque les tenían pavor y los muchachitos aprovechábamos para pegárselas del pelo; había negras con un solo cacho, o de color carmelita, más grandes y con doble cacho. En el campo pululaban cocuyos que recogíamos en grandes cantidades dentro de botellas, dizque para hacer lámparas. También llegaban nubes de unos avispones que chapaleaban alrededor de las luces en las noches, y de pronto los árboles amanecían adornados con racimos inmensos de gusanos.
Sin duda el paso del tiempo cambia las cosas y después de varios miles de años no podemos esperar que las plagas sean las mismas. Tal vez sin darnos cuenta, el Creador ha mandado plagas de todo tipo que invaden nuestro planeta sin control ni cortapisas. Cada quién las ve desde su punto de vista, y para mi gusto algunas de esas plagas modernas son la contaminación ambiental, los teléfonos celulares, los policías de tránsito, las telenovelas, las motocicletas y el cigarrillo.
Por ejemplo el asunto de las motocicletas se ha vuelto incontrolable en el país.
Ahora años muy pocos tenían la posibilidad de adquirir moto y era común que la usaran para dar una palomita y llevar la novia a Chipre el domingo, mientras que la persona de escasos recursos que lograba conseguir un vehículo de ese tipo, debía conformarse con un pelle con mucho kilometraje, en muy mal estado y que para prenderla había que darle cran por lo menos cincuenta veces. La moto entonces era un artículo de lujo que despertaba la envidia de muchos y proporcionaba placer a unos pocos.
En cambio hay que ver la oferta que existe hoy en día en ese mercado. A diario vemos la publicidad de una marca nueva y los precios son cada vez más asequibles. Claro que falta esperar un tiempo a ver qué tan finas resultan muchas de esas motos importadas de China, que a primera vista parecen muy buenas pero que en la actualidad sus dueños ya se ven a gatas para conseguir repuestos y servicio técnico. Pensar que lo que antes era un artículo de lujo, ahora lo entregan con una cuota inicial de 200 mil pesos y el resto se cancela con cuotas mensuales que no llegan ni a los 100 mil. Un obrero que devengue el salario mínimo y que su compañera trabaje en el servicio doméstico de por días, perfectamente pueden adquirir un aparato de esos. Seguro que les sale más barato cumplir con la cuota mensual que pagar el trasporte en servicio público de ambos.
El problema es que le entregan la motocicleta a cualquier montañero que no sabe ni montar en bicicleta, le enciman el casco y el chaleco, y hágale a cometer infracciones y a chambonear por las calles sin dios ni ley. Basta con presentar la cédula, llevar la cuota inicial, firmar unas letras y conseguir un fiador, y de arriero lo convierten en motociclista como por arte de birlibirloque; y con moto nueva, cero kilómetros, con ese olorcito particular que solo podían disfrutar los ricos.
Una motocicleta bien utilizada es una herramienta de trabajo indispensable para muchas personas (incluidos los sicarios, infortunadamente), soluciona el trasporte a familias enteras, permite a los menos favorecidos pasear y divertirse, y el consumo de combustible es mínimo. Dos personas le echan 15 mil pesos de gasolina a su moto y viajan a Bogotá sin pagar siquiera peajes, costo que no puede compararse siquiera con dos pasajes en el más barato de los transportes terrestres como buses, taxis o colectivos.
Ahora inventan las motos taxis y en ciertas ciudades el negocio de los amarillos está en peligro porque la competencia es imposible. Los aseguradores no saben qué camino coger ante la avalancha de reclamaciones del seguro obligatorio, porque los improvisados conductores causan accidentes por montones y la mayoría de estrellas negras que vemos en calles y carreteras corresponden a motociclistas. Sin conocer el código de tránsito, sin experiencia ni conocimientos de inercia, fuerza centrífuga, equilibrio y demás pormenores, apenas le cogen confianza al velocípedo siguen derecho en la primera curva.
La mayoría de motociclistas no respetan los semáforos, violan vía, transitan por los andenes, hacen cruces prohibidos y cuanta barbaridad se les ocurra, y las hordas que inundan las calles ofuscan y desesperan al más tranquilo.
Las plagas modernas son muy diferentes a las del antiguo Egipto, aunque coincidimos en que por aquí todavía se ven muchos tipos de sapos.
pmejiama1@une.net.co
Las plagas modernas (II).
La humanidad, en todas las épocas, ha soportado diferentes plagas que mortifican su existencia y en muchas ocasiones se han encargado de menguar la población. A finales del siglo XX aparece el SIDA, que gracias a campañas preventivas, a unas comunicaciones que volvieron el planeta un pañuelo, a los adelantos tecnológicos y a las investigaciones en el sector de la salud, han impedido que el fatídico virus se expanda sin control. Como sucedió por ejemplo con La gran plaga, conocida también como peste negra o bubónica, que en el siglo XIV asoló a Europa y mató a un tercio de sus habitantes, y la cual era trasmitida por las pulgas que viven en las ratas. ¡Qué susto!, con el mundo de ratas que hay en nuestras calles.
Claro que sin duda las plagas más famosas son las de Egipto, que según el Antiguo testamento cayeron sobre los súbditos del faraón para que dejaran en paz al pueblo judío. Como los egipcios andaban confundidos con la montadera de la naturaleza contra ellos, que los había cogido de mingos, Moisés aprovechó el descuido para salir empecuecao con sus pupilos a buscar la tierra prometida. Entonces el Faraón se espabiló y arrancó a perseguirlos, pero ahí fue que el profeta se mandó una parada que yo todavía no logro asimilar: dizque abrió las aguas del mar Rojo y cruzaron como pedro por su casa sin siquiera mojarse las alpargatas.
Resulta que una de esas plagas fue que quedaron inmersos en una absoluta oscuridad y no volvieron a verle la cara al sol, y hay que enterarse de la aburrida que se pegó esa gente con el frío que hace en el desierto cuando “el mono” no se asoma. Pues fíjese que en la actualidad estamos a punto de sufrir la misma maldición, porque la contaminación hace estragos y de seguir al paso que va, no falta mucho para que empiece a oscurecerse el panorama. Las grandes ciudades presentan una nube de smog que las cubre y sin importar el clima, a toda hora el cielo está plomizo y al mirar a la lejanía, se observa una bruma que semeja calima pero que en realidad son gases y desechos tóxicos que envenenan a cuentagotas a sus habitantes. Las chimeneas de las grandes industrias y el escape de los vehículos automotores, sobre todo los que funcionan con combustible diesel, son los principales responsables de envenenar el aire y opacar el ambiente.
Claro que existen otras formas de contaminación, como la que agobia nuestra existencia por el ruido que produce el diario machacar de la vida moderna. Un zumbido al que nos acostumbramos y solo a media noche notamos la diferencia, cuando es necesario bajarle considerablemente el volumen al televisor que era apenas audible al medio día. Ya en la calle, los tímpanos se resienten con el rugir de los motores, cornetas y pitos, el vendedor que promociona a los berridos, las grúas de las construcciones, los altoparlantes, el taladro hidráulico, los equipos de amplificación en la puerta de los negocios y otros tantos ruidos que se mezclan en un solo estruendo atronador.
Además nos mortifica la contaminación que entra por los ojos, la visual. Por fortuna existen normas y reglas que controlan este tipo de atropello a nuestros derechos, como también sucede con las otras formas de polución, porque de lo contrario el afán del ser humano por producir sin importar el bienestar de los demás, nos tendría sin para dónde mirar. La publicidad es necesaria pero con moderación, porque no hay derecho a que aprovechen hasta el mínimo espacio disponible para acomodar letreros, pasacalles, avisos, logotipos, pendones, vallas y cuanta manera de promocionar se les ocurra. Hay que ver por ejemplo la publicidad que alcanzan a acomodarle a un carro de carreras, además de la que portan en sus uniformes el piloto y el resto del equipo.
Aterra la estupidez del ser humano al convertir en cloacas las fuentes de agua, consciente de que dicho líquido es el elemento más importante para nuestra supervivencia en la tierra. Un organismo deshidratado muere en poco tiempo y la ingesta de agua impotable causa traumatismos gástricos que también nos llevan a la tumba. Cuando nos acostumbramos a tener agua pura en todo momento en el grifo de nuestra casa, nos desespera que el precioso líquido falte aunque sea por un momento. Ríos, quebradas, arroyos, cascadas y lagunas son regalos que nos da la naturaleza, y tenemos el atrevimiento de envenenarlos y cortarles sus fuentes hasta hacerlos desaparecer.
Después de observar y oler el río Bogotá cuando desemboca en el Magdalena, es difícil aceptar que de esa gran arteria fluvial se nutren los acueductos de muchos municipios localizados en sus orillas. Claro que aparte del albañal a que me refiero, infinidad de afluentes llegan al río mayor para contaminarlo con todo tipo de porquerías, porque aunque parezca increíble, en muchos pueblos aún botan la basura al río; y para no ir muy lejos, hasta hace unos años en las ciudades intermedias procedían de igual manera. Cada año son menos los peces que habitan nuestras fuentes naturales y llegará el día en que su fauna desaparezca definitivamente.
Fíjese que si los egipcios se horrorizaron al ver el Nilo convertido en sangre, aquí nos encargamos de volver un estercolero nuestro río Magdalena.
pmejiama1@une.net.co
Claro que sin duda las plagas más famosas son las de Egipto, que según el Antiguo testamento cayeron sobre los súbditos del faraón para que dejaran en paz al pueblo judío. Como los egipcios andaban confundidos con la montadera de la naturaleza contra ellos, que los había cogido de mingos, Moisés aprovechó el descuido para salir empecuecao con sus pupilos a buscar la tierra prometida. Entonces el Faraón se espabiló y arrancó a perseguirlos, pero ahí fue que el profeta se mandó una parada que yo todavía no logro asimilar: dizque abrió las aguas del mar Rojo y cruzaron como pedro por su casa sin siquiera mojarse las alpargatas.
Resulta que una de esas plagas fue que quedaron inmersos en una absoluta oscuridad y no volvieron a verle la cara al sol, y hay que enterarse de la aburrida que se pegó esa gente con el frío que hace en el desierto cuando “el mono” no se asoma. Pues fíjese que en la actualidad estamos a punto de sufrir la misma maldición, porque la contaminación hace estragos y de seguir al paso que va, no falta mucho para que empiece a oscurecerse el panorama. Las grandes ciudades presentan una nube de smog que las cubre y sin importar el clima, a toda hora el cielo está plomizo y al mirar a la lejanía, se observa una bruma que semeja calima pero que en realidad son gases y desechos tóxicos que envenenan a cuentagotas a sus habitantes. Las chimeneas de las grandes industrias y el escape de los vehículos automotores, sobre todo los que funcionan con combustible diesel, son los principales responsables de envenenar el aire y opacar el ambiente.
Claro que existen otras formas de contaminación, como la que agobia nuestra existencia por el ruido que produce el diario machacar de la vida moderna. Un zumbido al que nos acostumbramos y solo a media noche notamos la diferencia, cuando es necesario bajarle considerablemente el volumen al televisor que era apenas audible al medio día. Ya en la calle, los tímpanos se resienten con el rugir de los motores, cornetas y pitos, el vendedor que promociona a los berridos, las grúas de las construcciones, los altoparlantes, el taladro hidráulico, los equipos de amplificación en la puerta de los negocios y otros tantos ruidos que se mezclan en un solo estruendo atronador.
Además nos mortifica la contaminación que entra por los ojos, la visual. Por fortuna existen normas y reglas que controlan este tipo de atropello a nuestros derechos, como también sucede con las otras formas de polución, porque de lo contrario el afán del ser humano por producir sin importar el bienestar de los demás, nos tendría sin para dónde mirar. La publicidad es necesaria pero con moderación, porque no hay derecho a que aprovechen hasta el mínimo espacio disponible para acomodar letreros, pasacalles, avisos, logotipos, pendones, vallas y cuanta manera de promocionar se les ocurra. Hay que ver por ejemplo la publicidad que alcanzan a acomodarle a un carro de carreras, además de la que portan en sus uniformes el piloto y el resto del equipo.
Aterra la estupidez del ser humano al convertir en cloacas las fuentes de agua, consciente de que dicho líquido es el elemento más importante para nuestra supervivencia en la tierra. Un organismo deshidratado muere en poco tiempo y la ingesta de agua impotable causa traumatismos gástricos que también nos llevan a la tumba. Cuando nos acostumbramos a tener agua pura en todo momento en el grifo de nuestra casa, nos desespera que el precioso líquido falte aunque sea por un momento. Ríos, quebradas, arroyos, cascadas y lagunas son regalos que nos da la naturaleza, y tenemos el atrevimiento de envenenarlos y cortarles sus fuentes hasta hacerlos desaparecer.
Después de observar y oler el río Bogotá cuando desemboca en el Magdalena, es difícil aceptar que de esa gran arteria fluvial se nutren los acueductos de muchos municipios localizados en sus orillas. Claro que aparte del albañal a que me refiero, infinidad de afluentes llegan al río mayor para contaminarlo con todo tipo de porquerías, porque aunque parezca increíble, en muchos pueblos aún botan la basura al río; y para no ir muy lejos, hasta hace unos años en las ciudades intermedias procedían de igual manera. Cada año son menos los peces que habitan nuestras fuentes naturales y llegará el día en que su fauna desaparezca definitivamente.
Fíjese que si los egipcios se horrorizaron al ver el Nilo convertido en sangre, aquí nos encargamos de volver un estercolero nuestro río Magdalena.
pmejiama1@une.net.co
miércoles, febrero 11, 2009
¡Digan güisqui!
Cómo habría gozado don Louis Daguerre con una cámara fotográfica digital, bien moderna, y un programa de computadora como el Photoshop con el cual hacerle todo tipo de retoques y cambios a la instantánea escogida. Con todo lo que le trabajó ese cliente al famoso daguerrotipo, que en la primera mitad del siglo XIX presentó al mundo una novedad que causó sensación a la humanidad. Lograr capturar una imagen cualquiera en un papel era algo impensable para la época, y que agradezca el reconocido franchute que su invento no coincidió con la temible Inquisición, porque habría ido a parar a la pira con todos sus trebejos. Por brujo, ateo y diabólico.
A paso de tortuga mejoraban el invento y lo primero que sucedió fue que los pintores, que hasta entonces eran los encargados de eternizar rostros y personajes, debieron dedicarse a plasmar en sus lienzos paisajes, naturalezas muertas y demás cachivaches que hubiera a la mano, porque la gente quería posar ante la novedosa cámara que producía una explosión a modo de flash. Además era más barato, expedito y moderno. Cuentan que mi abuelo Rafael Arango, cuando realizaban basares en la Plaza de Bolívar para recaudar fondos pro construcción de la Catedral de Manizales, le encargó a un carpintero una caja con su trípode que semejara la aparatosa cámara fotográfica. Dentro del cofre metía a las malas un gato muy arisco y por un agujero especial le dejaba la cola afuera. Entonces don Rafa acomodaba a los parroquianos que querían fotografiarse, luego se tapaba la cabeza con el tradicional trapo negro, les gritaba “un pajarito si cola… chito matola”, y en ese instante jalaba la cola del minino que metía un maullido de ira. Los clientes se iban sin el retrato pero contribuían con gusto para la noble causa, mientras se reían nerviosos después del brinco que le hacía pegar el inesperado aullido.
Las primeras fotografías que recuerdo eran en blanco y negro. Muy pocas personas tenían cámara y por ello son escasos los eventos que quedaron registrados. Primeras comuniones, matrimonios u ocasiones especiales merecían contratar un fotógrafo profesional para que tomara las “vistas”, las cuales se convirtieron en el único recuerdo gráfico de nuestro pasado. Después las cámaras se hicieron más asequibles, pero el revelado de las fotos era dispendioso y complicado. Llegaron los rollos a color, mucho más costosos, y en Manizales solo se conseguían en el almacén Vandenenden al frente de la Catedral; allí también agenciaban las cámaras, prestaban servicio técnico, vendían los bombillitos para el flash, las pilas especiales y demás perendengues.
Entonces usted compraba el rollo, de máximo 12 0 16 fotos, lo utilizaba con mucho esmero porque no podían desperdiciarse, y una vez terminado debía llevarlo de nuevo al almacén para que lo mandaran a Bogotá, donde se demoraban algo más de una semana para revelarlo y enviarlo de regreso. Entonces en la casa, a todo el que iba para el centro, le encargaban que arrimara a Vandenenden a preguntar si ya habían llegado las fotos. Esa era mucha felicidad cuando aparecía alguno con el sobrecito característico donde las empacaban, acompañadas del negativo, y había que esperar a que llegara el papá o la mamá y autorizara abrirlo. Todos en corrillo, peleando por verlas de primero, regañando a los menores para que las cogieran bien y burlándose del otro porque había salido con cara de bobo.
Para tomarnos la foto del mosaico, al momento de graduarnos de bachilleres, era necesario ir a la esquina de la calle 30 con carrera 23, en un segundo piso diagonal al Parque de Caldas, donde operaba “Foto Studio Arvin”. El negocio tenía la ventaja que nos prestaban un saco de paño y una corbata, llenos de caspa y grasosos, pero evitaban el oso de tener que viajar en un bus hasta el centro “disfrazado” de chupa o de lambón (lo que ahora llaman nerd). Qué tal que los amigos lo pillaran a uno con esa facha en la calle… mejor dicho, no se lo volvían a sacar.
Pensar en lo que convirtió la tecnología la toma de una fotografía. Ya no hay que pagar el revelado, las malas se anulan o arreglan, se archivan en un disco o en la computadora personal y con la misma cámara pueden hacerse videos. Si antes era jarto ir a un matrimonio porque había que posar para infinidad de fotografías, ahora en cualquier paseo o reunión no pasan cinco minutos sin que nos hagan desacomodar para cuadrar una toma. Al menos mi mujer no deja de tomar siquiera 200 fotos en cualquier evento.
El marido de mi sobrina, Juan Pablo Castaño, perdió la mamá en una forma trágica cuando apenas tenía 12 años. Entonces el padre, desesperado por entretener al muchacho en algo, lo mandó para Miami con una excursión de quinceañeras. Como buen aficionado a la fotografía el doctor Castaño tenía un equipo muy completo y se dio la pela de prestarle al zambo una de sus mejores cámaras, no sin antes enseñarle a las carreras cómo funcionaba y de hacerle mil recomendaciones de los cuidados que debía tener con ella. Cuando fue a recibirlo al aeropuerto el mocoso llegó eufórico y le dijo:
-Papi, papi, cómo te parece que se me perdió la cámara, pero tranquilo que ya había tomado todas las fotos.
A paso de tortuga mejoraban el invento y lo primero que sucedió fue que los pintores, que hasta entonces eran los encargados de eternizar rostros y personajes, debieron dedicarse a plasmar en sus lienzos paisajes, naturalezas muertas y demás cachivaches que hubiera a la mano, porque la gente quería posar ante la novedosa cámara que producía una explosión a modo de flash. Además era más barato, expedito y moderno. Cuentan que mi abuelo Rafael Arango, cuando realizaban basares en la Plaza de Bolívar para recaudar fondos pro construcción de la Catedral de Manizales, le encargó a un carpintero una caja con su trípode que semejara la aparatosa cámara fotográfica. Dentro del cofre metía a las malas un gato muy arisco y por un agujero especial le dejaba la cola afuera. Entonces don Rafa acomodaba a los parroquianos que querían fotografiarse, luego se tapaba la cabeza con el tradicional trapo negro, les gritaba “un pajarito si cola… chito matola”, y en ese instante jalaba la cola del minino que metía un maullido de ira. Los clientes se iban sin el retrato pero contribuían con gusto para la noble causa, mientras se reían nerviosos después del brinco que le hacía pegar el inesperado aullido.
Las primeras fotografías que recuerdo eran en blanco y negro. Muy pocas personas tenían cámara y por ello son escasos los eventos que quedaron registrados. Primeras comuniones, matrimonios u ocasiones especiales merecían contratar un fotógrafo profesional para que tomara las “vistas”, las cuales se convirtieron en el único recuerdo gráfico de nuestro pasado. Después las cámaras se hicieron más asequibles, pero el revelado de las fotos era dispendioso y complicado. Llegaron los rollos a color, mucho más costosos, y en Manizales solo se conseguían en el almacén Vandenenden al frente de la Catedral; allí también agenciaban las cámaras, prestaban servicio técnico, vendían los bombillitos para el flash, las pilas especiales y demás perendengues.
Entonces usted compraba el rollo, de máximo 12 0 16 fotos, lo utilizaba con mucho esmero porque no podían desperdiciarse, y una vez terminado debía llevarlo de nuevo al almacén para que lo mandaran a Bogotá, donde se demoraban algo más de una semana para revelarlo y enviarlo de regreso. Entonces en la casa, a todo el que iba para el centro, le encargaban que arrimara a Vandenenden a preguntar si ya habían llegado las fotos. Esa era mucha felicidad cuando aparecía alguno con el sobrecito característico donde las empacaban, acompañadas del negativo, y había que esperar a que llegara el papá o la mamá y autorizara abrirlo. Todos en corrillo, peleando por verlas de primero, regañando a los menores para que las cogieran bien y burlándose del otro porque había salido con cara de bobo.
Para tomarnos la foto del mosaico, al momento de graduarnos de bachilleres, era necesario ir a la esquina de la calle 30 con carrera 23, en un segundo piso diagonal al Parque de Caldas, donde operaba “Foto Studio Arvin”. El negocio tenía la ventaja que nos prestaban un saco de paño y una corbata, llenos de caspa y grasosos, pero evitaban el oso de tener que viajar en un bus hasta el centro “disfrazado” de chupa o de lambón (lo que ahora llaman nerd). Qué tal que los amigos lo pillaran a uno con esa facha en la calle… mejor dicho, no se lo volvían a sacar.
Pensar en lo que convirtió la tecnología la toma de una fotografía. Ya no hay que pagar el revelado, las malas se anulan o arreglan, se archivan en un disco o en la computadora personal y con la misma cámara pueden hacerse videos. Si antes era jarto ir a un matrimonio porque había que posar para infinidad de fotografías, ahora en cualquier paseo o reunión no pasan cinco minutos sin que nos hagan desacomodar para cuadrar una toma. Al menos mi mujer no deja de tomar siquiera 200 fotos en cualquier evento.
El marido de mi sobrina, Juan Pablo Castaño, perdió la mamá en una forma trágica cuando apenas tenía 12 años. Entonces el padre, desesperado por entretener al muchacho en algo, lo mandó para Miami con una excursión de quinceañeras. Como buen aficionado a la fotografía el doctor Castaño tenía un equipo muy completo y se dio la pela de prestarle al zambo una de sus mejores cámaras, no sin antes enseñarle a las carreras cómo funcionaba y de hacerle mil recomendaciones de los cuidados que debía tener con ella. Cuando fue a recibirlo al aeropuerto el mocoso llegó eufórico y le dijo:
-Papi, papi, cómo te parece que se me perdió la cámara, pero tranquilo que ya había tomado todas las fotos.
viernes, febrero 06, 2009
El Cerrejón (II)
Ingresar a las instalaciones de la mina es como cruzar la frontera a un país desarrollado. Para todo existen reglas, el orden y la limpieza llaman la atención y la infraestructura es algo digno de conocerse. Los distintos barrios donde se alojan los profesionales que laboran allí son un oasis de paz y belleza, y en ellos pueden verse desde grandes mansiones hasta edificios de apartamentos, según el rango del inquilino que los habita. Con jardines majestuosos, parques con juegos para los niños y todo lo que pueda necesitar un ser humano para vivir: bar y discoteca, supermercado, iglesia para católicos y protestantes, cine, un colegio de primerísima categoría, heladerías, centro comercial, etc. Para practicar deportes cuentan con coliseos y canchas para todo tipo de disciplinas, piscina olímpica y hasta un campo de golf. Todo en medio del desierto y con iluminación por si quiere ejercitarse de noche.
Los talleres para el mantenimiento de la maquinaria son inmensos y de una organización impresionante, y algo que llama la atención es un patio donde almacenan las llantas para estos gigantes modernos, que por cierto son los más grandes que existen y poseen la última tecnología. Los edificios para las oficinas se ven muy cómodos y organizados, y a todos los empleados se les nota que hacen su trabajo con empeño y dedicación.
De cada 8 viajes en la volqueta 7 son de tierra y uno de carbón. Al abrir un nuevo agujero, proceden a guardar aparte la capa vegetal para que cuando terminen de extraer el mineral, puedan proceder a llenarlo con lo que sacan del siguiente tajo de explotación. Luego cubren el relleno con la capa vegetal, proceden a sembrar las especies nativas y a los 3 años regresan los animales a ocupar su espacio en un territorio idéntico al bosque natural. Hasta la fecha se han recuperado 2.400 hectáreas intervenidas por la actividad minera, en las que sembraron más de un millón de árboles de 27 especies nativas de la región.
Porque el respeto por la ecología y el medio ambiente es tema primordial en Cerrejón, y son muchas las personas que laboran en ese campo de acción. Cualquier accidente que se presente con un animal salvaje es atendido de inmediato para trasladarlo a una clínica veterinaria, donde tratan de recuperarlo hasta que pueda ser liberado de nuevo en su medio natural. En el año 2007 destinaron 24 millones de dólares en inversiones ambientales, y el gasto durante toda su operación ha sido de 155 millones de dolaretes.
La mina funciona las 24 horas del día y solo suspenden la extracción cuando llueve, debido a que por el peso de la maquinaria los caminos se vuelven intransitables. Entonces mantienen grandes cantidades de reserva de material de exportación para evitar que en invierno haya que suspender el envío de los trenes a Puerto Bolívar, que es donde se cargan los grandes barcos con nuestro producto de exportación, porque si por cualquier causa se detiene la cadena de producción, es tiempo que ellos no pueden recuperar. También cuenta Cerrejón con un moderno aeropuerto y una flota de aeronaves que transportan personal entre la mina, Barranquilla y Bogotá.
Las inmensas volquetas salen muy lentamente del agujero de extracción con sus 320 toneladas a cuestas, las descargan en una planta que se encarga de separar el material estéril del carbón, y este último, luego de ser triturado para darle las medidas específicas, es almacenado en unos grandes silos. Por debajo del silo aparece el tren con sus 130 vagones, cada uno con capacidad de 110 toneladas, y pasa de uno en uno hasta que completa su carga. El material es rociado con agua para evitar la contaminación del ambiente con el polvo que se levanta, y cada operación de un tren desde que empieza a cargar, lleva el material hasta el puerto y regresa a cumplir otro ciclo, es de aproximadamente 12 horas. Diariamente se despachan en promedio siete trenes por una vía férrea de 150 kilómetros, además de otro que hace el recorrido para transportar empleados, repuestos, suministros u otro tipo de materiales.
Durante el invierno deben recolectar toda el agua posible para disponer del precioso líquido el resto del año y aprovechan el fondo de los tramos ya explotados para almacenar allí hasta 84 millones de metros cúbicos. En la operación de la mina se utiliza el agua para consumo doméstico, industrial y de minería, porque a toda hora una flota de gigantescos camiones tanque recorren los 105 kilómetro de vías para regar 17 mil metros cúbicos de agua al día y así evitar el polvero que se levanta por la operación de la maquinaria. Además del agua que necesitan para humectar el carbón cuando es cargado en los vagones del tren y así controlar que estos contaminen el ambiente en su veloz recorrido.
Desde ya me pregunto cómo vamos a hacer para que dentro de 23 años, cuando llegue el momento de recibir nuestro país el control absoluto de la mina, siga funcionando como un reloj suizo. Que no se roben los ingresos, que la maquinaria averiada no termine abandonada y llena de maleza en cualquier potrero, que el orden y la pulcritud persistan, y que no prosperen la desidia y abulia que no dejan pelechar nada en nuestro territorio.
pmejiama1@une.net.co
Los talleres para el mantenimiento de la maquinaria son inmensos y de una organización impresionante, y algo que llama la atención es un patio donde almacenan las llantas para estos gigantes modernos, que por cierto son los más grandes que existen y poseen la última tecnología. Los edificios para las oficinas se ven muy cómodos y organizados, y a todos los empleados se les nota que hacen su trabajo con empeño y dedicación.
De cada 8 viajes en la volqueta 7 son de tierra y uno de carbón. Al abrir un nuevo agujero, proceden a guardar aparte la capa vegetal para que cuando terminen de extraer el mineral, puedan proceder a llenarlo con lo que sacan del siguiente tajo de explotación. Luego cubren el relleno con la capa vegetal, proceden a sembrar las especies nativas y a los 3 años regresan los animales a ocupar su espacio en un territorio idéntico al bosque natural. Hasta la fecha se han recuperado 2.400 hectáreas intervenidas por la actividad minera, en las que sembraron más de un millón de árboles de 27 especies nativas de la región.
Porque el respeto por la ecología y el medio ambiente es tema primordial en Cerrejón, y son muchas las personas que laboran en ese campo de acción. Cualquier accidente que se presente con un animal salvaje es atendido de inmediato para trasladarlo a una clínica veterinaria, donde tratan de recuperarlo hasta que pueda ser liberado de nuevo en su medio natural. En el año 2007 destinaron 24 millones de dólares en inversiones ambientales, y el gasto durante toda su operación ha sido de 155 millones de dolaretes.
La mina funciona las 24 horas del día y solo suspenden la extracción cuando llueve, debido a que por el peso de la maquinaria los caminos se vuelven intransitables. Entonces mantienen grandes cantidades de reserva de material de exportación para evitar que en invierno haya que suspender el envío de los trenes a Puerto Bolívar, que es donde se cargan los grandes barcos con nuestro producto de exportación, porque si por cualquier causa se detiene la cadena de producción, es tiempo que ellos no pueden recuperar. También cuenta Cerrejón con un moderno aeropuerto y una flota de aeronaves que transportan personal entre la mina, Barranquilla y Bogotá.
Las inmensas volquetas salen muy lentamente del agujero de extracción con sus 320 toneladas a cuestas, las descargan en una planta que se encarga de separar el material estéril del carbón, y este último, luego de ser triturado para darle las medidas específicas, es almacenado en unos grandes silos. Por debajo del silo aparece el tren con sus 130 vagones, cada uno con capacidad de 110 toneladas, y pasa de uno en uno hasta que completa su carga. El material es rociado con agua para evitar la contaminación del ambiente con el polvo que se levanta, y cada operación de un tren desde que empieza a cargar, lleva el material hasta el puerto y regresa a cumplir otro ciclo, es de aproximadamente 12 horas. Diariamente se despachan en promedio siete trenes por una vía férrea de 150 kilómetros, además de otro que hace el recorrido para transportar empleados, repuestos, suministros u otro tipo de materiales.
Durante el invierno deben recolectar toda el agua posible para disponer del precioso líquido el resto del año y aprovechan el fondo de los tramos ya explotados para almacenar allí hasta 84 millones de metros cúbicos. En la operación de la mina se utiliza el agua para consumo doméstico, industrial y de minería, porque a toda hora una flota de gigantescos camiones tanque recorren los 105 kilómetro de vías para regar 17 mil metros cúbicos de agua al día y así evitar el polvero que se levanta por la operación de la maquinaria. Además del agua que necesitan para humectar el carbón cuando es cargado en los vagones del tren y así controlar que estos contaminen el ambiente en su veloz recorrido.
Desde ya me pregunto cómo vamos a hacer para que dentro de 23 años, cuando llegue el momento de recibir nuestro país el control absoluto de la mina, siga funcionando como un reloj suizo. Que no se roben los ingresos, que la maquinaria averiada no termine abandonada y llena de maleza en cualquier potrero, que el orden y la pulcritud persistan, y que no prosperen la desidia y abulia que no dejan pelechar nada en nuestro territorio.
pmejiama1@une.net.co
lunes, enero 26, 2009
El Cerrejón (I).
Salir a vacaciones y poder pasear durante ese lapso es algo que le gusta a la mayoría de los humanos, y más si ese descanso coincide con el asueto de los hijos, amigos y allegados. Y se queda uno abismado cuando en el mundo entero hablan de recesión económica, de una quiebra general que según algunos superará la de los años 30, y en nuestro país la gente no cabe en los balnearios, sitios de recreo y demás centros turísticos. En los negocios a la vera del camino no dan abasto para atender tanta demanda, y quienes conocen el negocio de las agencias de viajes aseguran que no es fácil conseguir un cupo para cualquier destino turístico en el exterior. Así somos los colombianos y a lo mejor por ello nos catalogan como uno de los pueblos más felices del mundo, porque mientras los demás andan preocupados por las noticias económicas, aquí nadie se despeluca hasta que no tenga en el bolsillo siquiera con qué envenenarse.
Viajar y conocer es un gusto innato del homo sapiens, y así como vacacionar en una playa sin la menor preocupación, dándole gusto al ojo y al paladar es un programa digno de sibaritas, también es bueno dedicar tiempo a conocer y recorrer sitios de interés. Así fue como este año pude visitar un lugar del que oigo hablar hace unos 30 años, y tenía gran curiosidad por corroborar personalmente todos esos datos interesantes y abismales que comenta todo aquel que lo recorre. Me refiero a la mina de carbón a cielo abierto más grande del mundo, dato que de por sí ya despierta mi interés.
Desde hace 3 años nos invitan a una finca localizada en un lugar privilegiado, porque a pocas cuadras de allí desemboca el río Buritaca en el mar Caribe. Localizada en las estribaciones de la Sierra Nevada de Santa Marta, en un día despejado pueden observarse desde la casa los majestuosos picos nevados que se constituyen en los de mayor altura en cercanías del mar en toda la geografía del planeta. Como en las ocasiones anteriores tuvimos la oportunidad de visitar el Cabo de la Vela, Manaure y sus salinas, el Parque eólico, Uribia y Riohacha, en esta temporada buscamos la forma de programar la visita a la renombrada mina. Por fortuna nuestro anfitrión en La Adelina es Gabriel Pinedo, quien pertenece a una familia mitad Guajira y mitad Samaria y por lo tanto conoce al dedillo todos los vericuetos de la región.
Gabriel y sus hijos son atentos, serviciales y amables, y sin atosigar a sus invitados hacen lo posible para que todos la pasen bien, siempre con la consigna que allí cada quién hace lo que le provoque. De manera que gracias a sus contactos conseguimos el permiso para visitar la mina y hacer el recorrido que ofrecen a los visitantes, para el cual debe cumplirse con ciertos requisitos. En un cómodo bus y con la dirección de una guía especializada quedamos gratamente impresionados, pero sobre todo descrestados con las descomunales cifras que conocimos.
Cerrejón genera 5.343 trabajos directos (60% de La Guajira, 29% de otros lugares de la costa atlántica y 11% del resto del país) y otros 10.434 empleados trabajan por intermedio de empresas contratistas. Sin duda es la ciudad más moderna, organizada, cómoda y bien dotada de todo el país, porque es fácil suponer que un ingeniero europeo no se viene con su familia a vivir en medio del desierto, en un país subdesarrollado, si no es a residir en un pequeño paraíso que colme todas sus expectativas.
Después de firmar nuestro gobierno el contrato en 1977 con un consorcio extranjero, ellos se encargaron en un principio de los estudios de exploración durante 3 años (77-80); después vino la construcción de la infraestructura que demoró 5 años (81-86); y por último el contrato de explotación y producción que empezó en 1986 y que en un principio iba hasta el 2009. Sin embargo, en 1999 postergaron la explotación de la mina por otros 25 años, lo que corre la fecha para que todo ese montaje pase a manos de Colombia a partir del año 2034; el 15% de los ingresos son para nuestro país mientras recuperamos el control de la mina, y lo mejor es que cuando ellos se retiren todavía habrá material para extraer durante otros cien años. Otro dato interesante es que si en 1986 se exportaron 2.2 millones de toneladas de carbón, en el 2007 la cifra aumentó a 30 millones.
Los depósitos de carbón ocupan una extensión de 69.000 hectáreas y cuando se observa uno de los agujeros de explotación no quedan palabras para expresar sus dimensiones. Es común que comparen esos grandes espacios con canchas reglamentarias de fútbol, pero en este caso no puede echarse mano de tal herramienta. Con decir que al recorrer las vías lo que más impresiona es el tamaño de las volquetas, que mueven en cada viaje 320 toneladas de material, pero al verlas al fondo de la mina parecen carritos de juguete. Igual sucede con las grandes palas y demás maquinaria gigante; por cierto los vehículos pequeños, normales para nosotros, cuentan con una antena larga que contiene varias banderas de colores, con el fin que los conductores de los monstruos mecánicos no los pisen como a cucarachas.
pmejiama1@une.net.co
Viajar y conocer es un gusto innato del homo sapiens, y así como vacacionar en una playa sin la menor preocupación, dándole gusto al ojo y al paladar es un programa digno de sibaritas, también es bueno dedicar tiempo a conocer y recorrer sitios de interés. Así fue como este año pude visitar un lugar del que oigo hablar hace unos 30 años, y tenía gran curiosidad por corroborar personalmente todos esos datos interesantes y abismales que comenta todo aquel que lo recorre. Me refiero a la mina de carbón a cielo abierto más grande del mundo, dato que de por sí ya despierta mi interés.
Desde hace 3 años nos invitan a una finca localizada en un lugar privilegiado, porque a pocas cuadras de allí desemboca el río Buritaca en el mar Caribe. Localizada en las estribaciones de la Sierra Nevada de Santa Marta, en un día despejado pueden observarse desde la casa los majestuosos picos nevados que se constituyen en los de mayor altura en cercanías del mar en toda la geografía del planeta. Como en las ocasiones anteriores tuvimos la oportunidad de visitar el Cabo de la Vela, Manaure y sus salinas, el Parque eólico, Uribia y Riohacha, en esta temporada buscamos la forma de programar la visita a la renombrada mina. Por fortuna nuestro anfitrión en La Adelina es Gabriel Pinedo, quien pertenece a una familia mitad Guajira y mitad Samaria y por lo tanto conoce al dedillo todos los vericuetos de la región.
Gabriel y sus hijos son atentos, serviciales y amables, y sin atosigar a sus invitados hacen lo posible para que todos la pasen bien, siempre con la consigna que allí cada quién hace lo que le provoque. De manera que gracias a sus contactos conseguimos el permiso para visitar la mina y hacer el recorrido que ofrecen a los visitantes, para el cual debe cumplirse con ciertos requisitos. En un cómodo bus y con la dirección de una guía especializada quedamos gratamente impresionados, pero sobre todo descrestados con las descomunales cifras que conocimos.
Cerrejón genera 5.343 trabajos directos (60% de La Guajira, 29% de otros lugares de la costa atlántica y 11% del resto del país) y otros 10.434 empleados trabajan por intermedio de empresas contratistas. Sin duda es la ciudad más moderna, organizada, cómoda y bien dotada de todo el país, porque es fácil suponer que un ingeniero europeo no se viene con su familia a vivir en medio del desierto, en un país subdesarrollado, si no es a residir en un pequeño paraíso que colme todas sus expectativas.
Después de firmar nuestro gobierno el contrato en 1977 con un consorcio extranjero, ellos se encargaron en un principio de los estudios de exploración durante 3 años (77-80); después vino la construcción de la infraestructura que demoró 5 años (81-86); y por último el contrato de explotación y producción que empezó en 1986 y que en un principio iba hasta el 2009. Sin embargo, en 1999 postergaron la explotación de la mina por otros 25 años, lo que corre la fecha para que todo ese montaje pase a manos de Colombia a partir del año 2034; el 15% de los ingresos son para nuestro país mientras recuperamos el control de la mina, y lo mejor es que cuando ellos se retiren todavía habrá material para extraer durante otros cien años. Otro dato interesante es que si en 1986 se exportaron 2.2 millones de toneladas de carbón, en el 2007 la cifra aumentó a 30 millones.
Los depósitos de carbón ocupan una extensión de 69.000 hectáreas y cuando se observa uno de los agujeros de explotación no quedan palabras para expresar sus dimensiones. Es común que comparen esos grandes espacios con canchas reglamentarias de fútbol, pero en este caso no puede echarse mano de tal herramienta. Con decir que al recorrer las vías lo que más impresiona es el tamaño de las volquetas, que mueven en cada viaje 320 toneladas de material, pero al verlas al fondo de la mina parecen carritos de juguete. Igual sucede con las grandes palas y demás maquinaria gigante; por cierto los vehículos pequeños, normales para nosotros, cuentan con una antena larga que contiene varias banderas de colores, con el fin que los conductores de los monstruos mecánicos no los pisen como a cucarachas.
pmejiama1@une.net.co
lunes, enero 19, 2009
Castigo divino.
Debe ser algo relacionado con el daño que le hemos infligido a la atmósfera terrestre para que a los humanos nos den tantas alergias y problemas en la piel. Después de criarnos al aire libre, sin echarnos protector solar u otro tipo de cremas para proteger la piel expuesta, además de que teníamos en la casa toda clase de mascotas, durante mi niñez a ningún muchachito le daba alergia. Al que se insolaba le echaban por la noche aguardiente con maicena, el zambo chillaba, le daba fiebre y nadie podía tocarlo, pero al otro día estaba de pelea.
Llegábamos a la casa ensopados después de un aguacero, porque el juego era correr por las cunetas en contra de la corriente, meternos debajo de los chorros que bajaban de las canales de los techos, y rara vez nos daba gripa o resfriado. El polvo no nos hacía ni cosquillas, porque viajábamos en la parte de atrás de una camioneta por las carreteras destapadas, donde el polvero nos dejaba rucios y con una capa de mugre que solo salía con estropajo y piedra pómez. El perro y el gato dormían en nuestra cama, debajo de las cobijas y allí dejaban pelos y pulgas. Y ni un estornudo. Lo único que nos atacaba eran los forúnculos o nacidos, los cuales eran una delicia para mi mamá que los maduraba con calor húmedo y procedía a abrirles la “boca” con una aguja desinfectada, para destriparlos hasta sacarles la madre.
De unas décadas para acá, los muchachitos pasan sus primeros 5 años enfermos. Cada que entran a la guardería, después de un receso, se les prende una infección que los pone a moquear y a toser sin compasión. Los papás no saben qué camino coger, los pediatras cambian las recetas a ver si le pegan al problema, en el kínder tratan de separarlos para evitar el contagio, pero nada vale porque los chinos salen de una gripa para entrar en otra. Entonces toca llevarlo donde un especialista en alergias quien después de hacerle unas pruebas, recomienda que deben salir de la mascota, comprar una aspiradora especial que recoge ácaros microscópicos, le prohíbe los alimentos enlatados, yogures, salsas y demás productos catalogados como “gatillos” de la alergia. Y así pasa el tiempo hasta que el culimbo crece y se alivia, mientras el resto se pregunta si lo que tenía era gripa o rinitis.
Existen personas que no pueden visitar una ciudad húmeda, como Manizales, porque deben tener a la mano una caja de pañuelos desechables para escurrirse la nariz a cada momento. A otros les pasa lo contrario, como un amigo que viaja a Bogotá a visitar la mamá en vacaciones y se queda hasta que se jarta de sonarse las ñatas. Hay productos que se relacionan directamente con el estornudo, como la pimienta, y a casi todo el mundo le hace daño respirar el polvo que se acumula en los sitios cerrados. Lo que llaman olor a guardado.
En mi familia ha habido muchas alergias y mi madre puede dictar conferencias al respecto. Muchos años aplicándose pequeñas dosis de medicamentos para combatirlas porque le hacía daño hasta el esmalte de las uñas. Por fortuna de pequeño no heredé ese problema y solo ahora de viejo me vinieron a salir dichos achaques. Hace tiempos colegí que la lechona me producía una fuerte alergia porque después de empacarme un buen plato de ese manjar, me llenaba de ronchas, los ojos casi se cerraban por la hinchazón y la garganta empezaba a obstruirse, lo que me obligaba a tomar un medicamento para evitar la asfixia. Pues resulta que debido a que ese plato típico es muy pesado, siempre lo pasaba con un par de Alka Seltzer y esos eran los que me hacían daño. Después de estudiar el asunto, resulté alérgico a cualquier medicamento que contenga ácido acetilsalicílico.
El asunto se maneja fácil porque basta con hacer la advertencia, aunque no ha faltado el despistado que se olvida y debe pasar su buen susto, pero desde hace unos seis meses me apareció la misma alergia y con la ayuda de mi mujer no podíamos descubrir el causante. Empezamos a descartar y al final solo quedaron el frío y el trago como posible causa. Con este clima tan espantoso y un frío que cala los huesos no cabía duda de que ahí estaba el problema, hasta que me fui a un paseo al sector del kilómetro 41 y al otro día amanecí como una mazorca. Una semana después el destino fue Girardot, y todos los días la misma vaina.
Así como en semana no tomo trago, en los paseos me los empaco todos porque de lo contrario no pego el ojo: que la almohada muy alta, la cama dura, el gallo que canta, el ruido a medianoche. Además que una tertulia a palo seco no pelecha. Entonces los amigos me dicen que cuál es el inconveniente si me tomo el medicamento y la alergia pasa, y les explico que el problema está en que soy muy sensible al antiestamínico y aparte del sueño que produce, me deja todo el día como una pelota. Ahí es cuando todos hacen el chiste trillado y preguntan en coro: ¿Más?
De manera que con dolor en el alma tomé una decisión: ¡dejé el medicamento!
Llegábamos a la casa ensopados después de un aguacero, porque el juego era correr por las cunetas en contra de la corriente, meternos debajo de los chorros que bajaban de las canales de los techos, y rara vez nos daba gripa o resfriado. El polvo no nos hacía ni cosquillas, porque viajábamos en la parte de atrás de una camioneta por las carreteras destapadas, donde el polvero nos dejaba rucios y con una capa de mugre que solo salía con estropajo y piedra pómez. El perro y el gato dormían en nuestra cama, debajo de las cobijas y allí dejaban pelos y pulgas. Y ni un estornudo. Lo único que nos atacaba eran los forúnculos o nacidos, los cuales eran una delicia para mi mamá que los maduraba con calor húmedo y procedía a abrirles la “boca” con una aguja desinfectada, para destriparlos hasta sacarles la madre.
De unas décadas para acá, los muchachitos pasan sus primeros 5 años enfermos. Cada que entran a la guardería, después de un receso, se les prende una infección que los pone a moquear y a toser sin compasión. Los papás no saben qué camino coger, los pediatras cambian las recetas a ver si le pegan al problema, en el kínder tratan de separarlos para evitar el contagio, pero nada vale porque los chinos salen de una gripa para entrar en otra. Entonces toca llevarlo donde un especialista en alergias quien después de hacerle unas pruebas, recomienda que deben salir de la mascota, comprar una aspiradora especial que recoge ácaros microscópicos, le prohíbe los alimentos enlatados, yogures, salsas y demás productos catalogados como “gatillos” de la alergia. Y así pasa el tiempo hasta que el culimbo crece y se alivia, mientras el resto se pregunta si lo que tenía era gripa o rinitis.
Existen personas que no pueden visitar una ciudad húmeda, como Manizales, porque deben tener a la mano una caja de pañuelos desechables para escurrirse la nariz a cada momento. A otros les pasa lo contrario, como un amigo que viaja a Bogotá a visitar la mamá en vacaciones y se queda hasta que se jarta de sonarse las ñatas. Hay productos que se relacionan directamente con el estornudo, como la pimienta, y a casi todo el mundo le hace daño respirar el polvo que se acumula en los sitios cerrados. Lo que llaman olor a guardado.
En mi familia ha habido muchas alergias y mi madre puede dictar conferencias al respecto. Muchos años aplicándose pequeñas dosis de medicamentos para combatirlas porque le hacía daño hasta el esmalte de las uñas. Por fortuna de pequeño no heredé ese problema y solo ahora de viejo me vinieron a salir dichos achaques. Hace tiempos colegí que la lechona me producía una fuerte alergia porque después de empacarme un buen plato de ese manjar, me llenaba de ronchas, los ojos casi se cerraban por la hinchazón y la garganta empezaba a obstruirse, lo que me obligaba a tomar un medicamento para evitar la asfixia. Pues resulta que debido a que ese plato típico es muy pesado, siempre lo pasaba con un par de Alka Seltzer y esos eran los que me hacían daño. Después de estudiar el asunto, resulté alérgico a cualquier medicamento que contenga ácido acetilsalicílico.
El asunto se maneja fácil porque basta con hacer la advertencia, aunque no ha faltado el despistado que se olvida y debe pasar su buen susto, pero desde hace unos seis meses me apareció la misma alergia y con la ayuda de mi mujer no podíamos descubrir el causante. Empezamos a descartar y al final solo quedaron el frío y el trago como posible causa. Con este clima tan espantoso y un frío que cala los huesos no cabía duda de que ahí estaba el problema, hasta que me fui a un paseo al sector del kilómetro 41 y al otro día amanecí como una mazorca. Una semana después el destino fue Girardot, y todos los días la misma vaina.
Así como en semana no tomo trago, en los paseos me los empaco todos porque de lo contrario no pego el ojo: que la almohada muy alta, la cama dura, el gallo que canta, el ruido a medianoche. Además que una tertulia a palo seco no pelecha. Entonces los amigos me dicen que cuál es el inconveniente si me tomo el medicamento y la alergia pasa, y les explico que el problema está en que soy muy sensible al antiestamínico y aparte del sueño que produce, me deja todo el día como una pelota. Ahí es cuando todos hacen el chiste trillado y preguntan en coro: ¿Más?
De manera que con dolor en el alma tomé una decisión: ¡dejé el medicamento!
martes, enero 13, 2009
Recomendaciones varias.
Siempre que alguien va a visitar una ciudad o región los amigos y allegados se encargan de recomendarle sitios que debe visitar, lugares interesantes, costumbres que puede desconocer y demás datos que seguro le serán de utilidad. Muy importante en estos casos la relación de negocios donde se puede comer bien, y ahí deben incluirse desde los restaurantes más encopetados hasta cualquier chuzo callejero que ofrezca viandas típicas o exóticas. Y es que usted llega a un sitio nuevo y le da miedo ensayar, porque si le encuentra cualquier reparo después de que haya consumido ya no hay nada qué hacer. Pocas cosas producen más rabia y desazón que pagar un mundo de plata en un restaurante y que la comida resulte maluca y desabrida, el servicio deficiente y en general que los comensales queden insatisfechos.
En esta temporada de ferias es común que muchos manizaleños alquilen o presten su casa o apartamento, porque prefieren salir de viaje para evitar la pelotera que se vive en la ciudad por estos días. Mientras tanto para los que llegan es muy cómodo disponer de una vivienda para ellos solos, porque si los anfitriones siguen en la casa no dejan de sentirse incómodos por estar de visita. Siempre es jarto eso de tener que madrugar a bañarse y vestirse porque le da pena que lo vean en pijama a medio día, y que a toda hora les pregunten si están amañados, qué piensan hacer hoy, cómo estuvo la rumba de la noche anterior y demás conversaciones postizas y acomodadas.
De manera que lo mejor es dejarles una buena empleada del servicio que les prepare desayuno y arregle la casa, ya que en ferias todas se van a medio día porque seguro tienen abono para asistir a corridas. Los anfitriones deben dejar además, en un lugar visible, una lista de teléfonos donde les puedan resolver cualquier necesidad con el servicio de domicilio. Una tienda o supermercado cercano para pedir lo del diario; un par de droguerías; el número donde puedan solicitar el servicio de taxi; y la mayor cantidad de sitios aptos para calmar un antojo, desde una bandeja paisa hasta unas empanaditas típicas. Y es que el ser humano es antojado de por sí, pero cuando anda de paseo y si amanece enguayabado, se convierte en el ser más perezoso, irresponsable y ocioso que pueda encontrarse.
Durante esta semana de rumba los restaurantes no dan abasto y por ello es mejor reservar con tiempo para asegurar el almuerzo, ya que son muchos los comensales que empiezan la fiesta desde el medio día para llegar copetones a la plaza de toros. Seguro que en el lugar le van a ofrecer que allí mismo le llenan la bota con su licor o preparado preferido, lo que puede salir un poco más costoso pero sin duda es cómodo y práctico. Para la hora del remate hay muchas opciones y en los mismos restaurantes contratan grupos musicales y shows especiales para mantener cautiva a la clientela.
Claro que el bolsillo se resiente con ese ritmo todos los días, y más si el visitante está acompañado de toda la familia, por lo que debe buscar opciones más económicas. Además, para cuando por algún motivo se anda corto de tiempo es mucho más ágil y práctico comer algo en un mecatiadero, y en ese campo sí que existe una variada oferta de viandas para todos los gustos. Es claro que las señoras se apuntan a venir a la feria, pero con la condición que la comida sea comprada porque si es a mantequiar y hacer oficio, mejor se quedan en la casa donde al menos dominan el terreno; nada más complicado que desempeñarse en una cocina extraña, porque se demora media hora para encontrar una cacerola. Preparar un desayuno se convierte en toda una odisea, sin contar la fuerza que se hace para que los mocosos no quiebren la vajilla o que algún borracho llegue a media noche a preparar huevos pericos y raye una sartén anti adherente. Porque no es sino que las cosas sean ajenas para que se dañen con mirarlas.
***
Asombrados quedamos los manizaleños hace unas semanas cuando descubrieron una generosa cantidad de esculturas a lo largo de la Avenida Santander y el sector del cable. Y a quienes nos visitaron en estas festividades también les tocó inaugurar la muestra artística. Es lógico que este tipo de ejercicios cree polémica entre la ciudadanía, pero definitivamente el arte existe para eso: para que le guste a unos y a los otros les parezca horroroso. No faltará el sangriliviano que asegura que ni le va ni le viene. Por ejemplo a mí me parecen espectaculares. Tienen colorido, movimiento, armonía. Adornan la ciudad y le dan un aspecto cosmopolita.
Como todos los artistas el maestro Vallejo estará enseñado a recibir críticas por su trabajo, pero lo menos que esperamos todos es que sean críticas inteligentes, con sentido, sin que sea por sacarle pero a todo. Como el caso de un lector que escribe al periódico para comentar que dónde se ha visto un perro, un chivo, un caballo o un buey con esos colorines. Yo le recomiendo que conozca el arte cubista de Picasso y me diga dónde ha visto mamarrachos parecidos. ¡Y vaya cómprelos pues!
En esta temporada de ferias es común que muchos manizaleños alquilen o presten su casa o apartamento, porque prefieren salir de viaje para evitar la pelotera que se vive en la ciudad por estos días. Mientras tanto para los que llegan es muy cómodo disponer de una vivienda para ellos solos, porque si los anfitriones siguen en la casa no dejan de sentirse incómodos por estar de visita. Siempre es jarto eso de tener que madrugar a bañarse y vestirse porque le da pena que lo vean en pijama a medio día, y que a toda hora les pregunten si están amañados, qué piensan hacer hoy, cómo estuvo la rumba de la noche anterior y demás conversaciones postizas y acomodadas.
De manera que lo mejor es dejarles una buena empleada del servicio que les prepare desayuno y arregle la casa, ya que en ferias todas se van a medio día porque seguro tienen abono para asistir a corridas. Los anfitriones deben dejar además, en un lugar visible, una lista de teléfonos donde les puedan resolver cualquier necesidad con el servicio de domicilio. Una tienda o supermercado cercano para pedir lo del diario; un par de droguerías; el número donde puedan solicitar el servicio de taxi; y la mayor cantidad de sitios aptos para calmar un antojo, desde una bandeja paisa hasta unas empanaditas típicas. Y es que el ser humano es antojado de por sí, pero cuando anda de paseo y si amanece enguayabado, se convierte en el ser más perezoso, irresponsable y ocioso que pueda encontrarse.
Durante esta semana de rumba los restaurantes no dan abasto y por ello es mejor reservar con tiempo para asegurar el almuerzo, ya que son muchos los comensales que empiezan la fiesta desde el medio día para llegar copetones a la plaza de toros. Seguro que en el lugar le van a ofrecer que allí mismo le llenan la bota con su licor o preparado preferido, lo que puede salir un poco más costoso pero sin duda es cómodo y práctico. Para la hora del remate hay muchas opciones y en los mismos restaurantes contratan grupos musicales y shows especiales para mantener cautiva a la clientela.
Claro que el bolsillo se resiente con ese ritmo todos los días, y más si el visitante está acompañado de toda la familia, por lo que debe buscar opciones más económicas. Además, para cuando por algún motivo se anda corto de tiempo es mucho más ágil y práctico comer algo en un mecatiadero, y en ese campo sí que existe una variada oferta de viandas para todos los gustos. Es claro que las señoras se apuntan a venir a la feria, pero con la condición que la comida sea comprada porque si es a mantequiar y hacer oficio, mejor se quedan en la casa donde al menos dominan el terreno; nada más complicado que desempeñarse en una cocina extraña, porque se demora media hora para encontrar una cacerola. Preparar un desayuno se convierte en toda una odisea, sin contar la fuerza que se hace para que los mocosos no quiebren la vajilla o que algún borracho llegue a media noche a preparar huevos pericos y raye una sartén anti adherente. Porque no es sino que las cosas sean ajenas para que se dañen con mirarlas.
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Asombrados quedamos los manizaleños hace unas semanas cuando descubrieron una generosa cantidad de esculturas a lo largo de la Avenida Santander y el sector del cable. Y a quienes nos visitaron en estas festividades también les tocó inaugurar la muestra artística. Es lógico que este tipo de ejercicios cree polémica entre la ciudadanía, pero definitivamente el arte existe para eso: para que le guste a unos y a los otros les parezca horroroso. No faltará el sangriliviano que asegura que ni le va ni le viene. Por ejemplo a mí me parecen espectaculares. Tienen colorido, movimiento, armonía. Adornan la ciudad y le dan un aspecto cosmopolita.
Como todos los artistas el maestro Vallejo estará enseñado a recibir críticas por su trabajo, pero lo menos que esperamos todos es que sean críticas inteligentes, con sentido, sin que sea por sacarle pero a todo. Como el caso de un lector que escribe al periódico para comentar que dónde se ha visto un perro, un chivo, un caballo o un buey con esos colorines. Yo le recomiendo que conozca el arte cubista de Picasso y me diga dónde ha visto mamarrachos parecidos. ¡Y vaya cómprelos pues!
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