Muchas campañas se han adelantado en Manizales para que la gente compre aquí, y en las últimas semanas pudimos ver otra impulsada por el gremio de los comerciantes y la administración municipal. Es definitivo para nuestra economía que nadie viaje a otras ciudades a hacer sus compras, porque hasta el último peso gastado por consumo debe quedar entre nosotros. En la actualidad hay poco dinero circulante debido al desempleo que no cede, la crisis económica mundial y los inconvenientes con los países vecinos, situación esta última que nos golpea de frente por tratarse de los mayores socios comerciales, razones todas estas suficientes para que vivamos una época de vacas flacas. Pero de altibajos se trata nuestra existencia y ya vendrán tiempos mejores.
Invertir y gastar en el terruño es regla de oro para cualquier ciudadano, pero hay que mejorar muchas cosas porque de seguir así cada vez será mayor la deserción hacia otras latitudes. El espíritu cívico prevalece hasta que al consumidor le tocan el bolsillo, porque si se entera de que en otra parte puede rendirle más la plata, hasta ahí le llega la solidaridad. El palo no está pa´ cucharas y cuando tantas familias hacen malabares para que el ingreso mensual alcance, cualquier atractivo que mejore el horizonte se vuelve muy interesante. Por ello nuestros comerciantes deben pellizcarse y dejar atrás las mañas y costumbres pueblerinas, porque el mundo evoluciona a pasos agigantados y al que se duerma lo deja el tren.
Cómo es posible que un sábado por la tarde en Manizales no encuentre usted dónde conseguir muchos productos, porque si va al centro de la ciudad la gran mayoría de los negocios están cerrados. La gente trabaja durante la semana y el sábado por la mañana lo dedica a descansar y a estar con la familia, para salir a eso del medio día a hacer las diligencias que tenga acumuladas. Seguro encuentra los supermercados abiertos para que haga el mercado, pero ni se le ocurra después buscar por ejemplo algún tipo de comercio especializado porque en las calles asustan. Encuentra dónde comprar mecato, chupar helados y tomar trago, pero de resto olvídese. Y aunque los centros comerciales ofrecen variada oferta, existe el agravante que muchos comerciantes cierran a medio día para irse a almorzar, con siesta incluida, y a las seis de la tarde proceden a cuadrar caja porque a las siete en punto bajan las persianas.
A nuestro hogar llegan promociones de los almacenes de grandes superficies de Pereira que ponen a pensar al consumidor. Es claro que si usted viaja específicamente a comprar no sale negocio porque los gastos de peajes, gasolina y cualquier bobadita que se le eche al buche encarecen de forma considerable la compra, pero si por cualquier circunstancia debe viajar a la ciudad vecina sí le sale muy favorable aprovechar dichas gangas. Sé de alguien que aprovechó una promoción de artículos para el aseo y hay que ver las diferencias tan grandes que encontró con lo que cuestan esos mismo artículos aquí, al comparar los precios por gramo o centímetro cúbico en cada uno de los productos. Otro gran almacén ofrece mercancías al por mayor y quien tenga un negocio puede conseguir allí unos precios muy favorables para surtirse.
Es común oír a la gente quejarse por las deficiencias que tiene nuestro comercio. Cuando hace un tiempo resolvimos cambiar de residencia y embarcarnos en un apartamento para estrenar, pudimos experimentar esas falencias en carne propia. La constructora cumplió con los plazos estipulados para la entrega pero cuando faltaba muy poco para finiquitar la obra, se presentó el paro de camioneros y ahí fue Troya. Como los sanitarios que escogimos no eran del modelo estándar que ofrecía el proyecto, al momento de instalarlos resultó que había que traerlos de otra ciudad. Entonces averiguamos en diferentes almacenes y aunque parezca increíble, en Manizales no había dos pinches escusaos comunes y corrientes; porque puedo asegurar que no se trata de algo lujoso o exclusivo. Los mesones para baños y cocina también eran “importados” de otra ciudad, y lo mismo pasó con el piso que quisimos instalar. Con la culequera que le da a uno por estrenar y debimos esperar un mes y medio a que llegaran los insumos, aparte de que para un detalle que faltaba en la carpintería también hubo que esperar a que los instaladores subieran de Pereira. Sobra decir que esos productos son adquiridos o contratados por fuera porque aquí son más costosos, o lo peor, no se consiguen.
Otro caso en que el civismo tiene sus límites es cuando de apoyar al Once Caldas se trata. Un equipo con ese rendimiento no es digno de una hinchada fiel y comprometida. Vi por televisión el primer tiempo del juego contra el Pereira y ante semejante derroche de chambonería, desidia y falta de profesionalismo preferí cambiar de canal. Cómo es posible que un equipo que es el actual campeón del fútbol colombiano disminuya su rendimiento hasta esos niveles. Los jugadores creen que ya cogieron el cielo con las manos, por lo que los deberían mandar a coger café un tiempo a ver si se espabilan; porque francamente da pena ajena presentarse en esas condiciones a competir en la Copa Libertadores. Prefiero que perdamos por doble u.
pmejiama1@une.net.co
martes, septiembre 22, 2009
lunes, septiembre 14, 2009
Radio Reloj.
Gratos recuerdos tengo de mi paso por la radio. Diez años con Caracol y solo uno en RCN, cuando debí suspender debido a quebrantos de salud que me impidieron seguir entonces con esa entretenida e interesante labor. Me invitó el doctor Javier Giraldo Neira en febrero de 1994 para que participara, bajo la dirección de Yesid López, en Pase la tarde con Caracol Manizales. La idea era incluir una voz femenina en el programa y contactamos a la ex-gobernadora Beatriz Londoño de Castaño, una mujer maravillosa, carismática y con excelente sentido del humor. En un principio los nervios de enfrentarnos a un micrófono, en directo, nos hicieron meter las patas y gaguear en algunas ocasiones, pero con el paso del tiempo se adquieren cancha y experiencia.
Con Beatriz hicimos un trabajo ameno, didáctico, con mucha gracia y participación de los oyentes. Cuando ella decidió retirarse ingresó Ramón Salazar, quien por cierto fue el gestor de mi debut en ese medio hablado. Ramón trabajaba como ejecutivo de cuenta y en las tardes nos acompañaba en el estudio, y con él formé un equipo durante muchos años que también nos llevó a la televisión regional; siempre nos entendimos muy bien, aparte de pequeños roces causados por su incumplimiento frecuente. Era más incumplido que un carpintero.
Unos dos años después Yesid se retira de Caracol y resolvemos crear un nuevo programa, el que bautizamos El Costurero y realizamos durante varios años con la compañía de quien a su vez ejercía como control de consola, don Carlos Arturo Lince Gil. Formamos un buen equipo y buscamos imprimirle al espacio una programación variada, cultural, didáctica, social, científica, musical y entretenida, todo adobado con mucho humor. Nunca faltaban los concursos, la poesía que los oyentes tanto disfrutaban, a diario enseñábamos una palabra y su significado para enriquecer el léxico de nuestros seguidores, no faltaba un médico para compartir sus conocimientos, las obras sociales tenían en el programa un aliado incondicional, los artistas jóvenes y veteranos un micrófono abierto, y en general personajes que visitaban la ciudad o paisanos que tenían algo de interés para divulgar. Los políticos o vividores la veían gris con nosotros, aunque en época de elecciones le dábamos a todos, de la manera más democrática posible, un espacio para divulgar sus ideas.
Cuando Ramón decidió retirarse porque su participación en televisión copaba su tiempo, tuve la suerte de contactar un personaje que es sinónimo de gracia, chispa, afabilidad y don de gentes. En uno de los programas de televisión conocí a Jorge Ferney Díaz, un trovador conocido en el medio artístico como Serrucho, quien desde un principio aceptó formar parte de nuestro grupo del Costurero. Mientras don Carlos Arturo aplicaba sus conocimientos musicales y manejaba los tiempos con una excelente voz, Serrucho y yo despachábamos secciones e invitados en una sincronización absoluta. El repentismo del trovador, esa gracia innata y una capacidad para sacarle el doble sentido a cualquier situación, se combinaba con el humor de don Carlos y alguna gracia que yo le imprimía al programa, para hacer de la tarde un rato delicioso en medio de risas, compartir conocimientos e información valiosa. Nuestra preocupación siempre fue evitar herir susceptibilidades, no aprovecharnos del poder del micrófono, combatir el periodismo amarillista y apoyar ante todo la cultura, el buen hablar y las causas cívicas y sociales.
En el estudio y al aire nos pasaban unos cacharros que nos hacían desternillar de la risa, con el agravante que el programa sigue adelante y uno debe controlar sus impulsos. Recuerdo una tarde que estaba con Yesid y Beatriz, y se metió al estudio la loca María, un personaje típico de la ciudad que en sus años mozos fue guaricha, y que ya vieja recorría las calles con facha de bandida y maquillada como un figurín. La mujer iba a que le renovaran una fórmula oftalmológica que Yesid de forma generosa le conseguía, y empezó a decir barbaridades sin acatar que estábamos al aire. Entre más vulgaridades decía la intrusa mayor era nuestra hilaridad, por lo que la vieja preguntaba a todo pulmón: ¿De qué se ríen estos hijue….?
Un asunto complicado es cuando uno es muy escéptico y debe atender personas o clientes comerciales que ofrecen productos y servicios que a la legua se nota que son pura carreta. Una tarde llegó un gurú a promocionar unas conferencias sobre la orinoterapia, y después de oírle decir un mundo de babosadas, no me aguanté y opiné que yo hasta le jalaba a esa vaina, con tal de que no fueran a inventar la bolloterapia. El tipo se “delicó”, como dicen ahora, y salió como una tatacoa con la firme intención de no pagar las cuñas contratadas.
En cambio realizábamos unas tenidas deliciosas cuando los invitados eran personajes como Tola y Maruja, El águila descalza, u otros artistas con carisma y facilidad de expresión. Porque yo sí le digo lo que es entrevistar a una persona de las que responde con monosílabos; en esos casos evitábamos mirarnos a la cara porque nos prendía una risueña difícil de controlar.
Hoy, después de cinco años, la gente todavía me comenta el programa y preguntan si pensamos revivirlo. Ojalá algún día las grandes cadenas opten de nuevo por la radio regional y dejen a un lado la centralización. ¡Ah tiempos aquellos!
pmejiama1@une.net.co
Con Beatriz hicimos un trabajo ameno, didáctico, con mucha gracia y participación de los oyentes. Cuando ella decidió retirarse ingresó Ramón Salazar, quien por cierto fue el gestor de mi debut en ese medio hablado. Ramón trabajaba como ejecutivo de cuenta y en las tardes nos acompañaba en el estudio, y con él formé un equipo durante muchos años que también nos llevó a la televisión regional; siempre nos entendimos muy bien, aparte de pequeños roces causados por su incumplimiento frecuente. Era más incumplido que un carpintero.
Unos dos años después Yesid se retira de Caracol y resolvemos crear un nuevo programa, el que bautizamos El Costurero y realizamos durante varios años con la compañía de quien a su vez ejercía como control de consola, don Carlos Arturo Lince Gil. Formamos un buen equipo y buscamos imprimirle al espacio una programación variada, cultural, didáctica, social, científica, musical y entretenida, todo adobado con mucho humor. Nunca faltaban los concursos, la poesía que los oyentes tanto disfrutaban, a diario enseñábamos una palabra y su significado para enriquecer el léxico de nuestros seguidores, no faltaba un médico para compartir sus conocimientos, las obras sociales tenían en el programa un aliado incondicional, los artistas jóvenes y veteranos un micrófono abierto, y en general personajes que visitaban la ciudad o paisanos que tenían algo de interés para divulgar. Los políticos o vividores la veían gris con nosotros, aunque en época de elecciones le dábamos a todos, de la manera más democrática posible, un espacio para divulgar sus ideas.
Cuando Ramón decidió retirarse porque su participación en televisión copaba su tiempo, tuve la suerte de contactar un personaje que es sinónimo de gracia, chispa, afabilidad y don de gentes. En uno de los programas de televisión conocí a Jorge Ferney Díaz, un trovador conocido en el medio artístico como Serrucho, quien desde un principio aceptó formar parte de nuestro grupo del Costurero. Mientras don Carlos Arturo aplicaba sus conocimientos musicales y manejaba los tiempos con una excelente voz, Serrucho y yo despachábamos secciones e invitados en una sincronización absoluta. El repentismo del trovador, esa gracia innata y una capacidad para sacarle el doble sentido a cualquier situación, se combinaba con el humor de don Carlos y alguna gracia que yo le imprimía al programa, para hacer de la tarde un rato delicioso en medio de risas, compartir conocimientos e información valiosa. Nuestra preocupación siempre fue evitar herir susceptibilidades, no aprovecharnos del poder del micrófono, combatir el periodismo amarillista y apoyar ante todo la cultura, el buen hablar y las causas cívicas y sociales.
En el estudio y al aire nos pasaban unos cacharros que nos hacían desternillar de la risa, con el agravante que el programa sigue adelante y uno debe controlar sus impulsos. Recuerdo una tarde que estaba con Yesid y Beatriz, y se metió al estudio la loca María, un personaje típico de la ciudad que en sus años mozos fue guaricha, y que ya vieja recorría las calles con facha de bandida y maquillada como un figurín. La mujer iba a que le renovaran una fórmula oftalmológica que Yesid de forma generosa le conseguía, y empezó a decir barbaridades sin acatar que estábamos al aire. Entre más vulgaridades decía la intrusa mayor era nuestra hilaridad, por lo que la vieja preguntaba a todo pulmón: ¿De qué se ríen estos hijue….?
Un asunto complicado es cuando uno es muy escéptico y debe atender personas o clientes comerciales que ofrecen productos y servicios que a la legua se nota que son pura carreta. Una tarde llegó un gurú a promocionar unas conferencias sobre la orinoterapia, y después de oírle decir un mundo de babosadas, no me aguanté y opiné que yo hasta le jalaba a esa vaina, con tal de que no fueran a inventar la bolloterapia. El tipo se “delicó”, como dicen ahora, y salió como una tatacoa con la firme intención de no pagar las cuñas contratadas.
En cambio realizábamos unas tenidas deliciosas cuando los invitados eran personajes como Tola y Maruja, El águila descalza, u otros artistas con carisma y facilidad de expresión. Porque yo sí le digo lo que es entrevistar a una persona de las que responde con monosílabos; en esos casos evitábamos mirarnos a la cara porque nos prendía una risueña difícil de controlar.
Hoy, después de cinco años, la gente todavía me comenta el programa y preguntan si pensamos revivirlo. Ojalá algún día las grandes cadenas opten de nuevo por la radio regional y dejen a un lado la centralización. ¡Ah tiempos aquellos!
pmejiama1@une.net.co
martes, septiembre 08, 2009
Un gran invento.
Muchas personas pasan gran parte de su existencia reventando cacumen para idear algo que los saque de la pobreza y el anonimato, pero con el paso del tiempo se reducen las posibilidades porque cuando logran adelantar un esbozo que parece prometedor, casi siempre se enteran de que la vaina ya está inventada. Es imposible clasificar los inventos del hombre en la historia del planeta, porque se trata de algo subjetivo y por ello cada quién tiene su propia elección. Que la rueda, el manejo de los metales, la pólvora, la bombilla, el teléfono, el automóvil y tantos ejemplos que disfrutamos a diario. Porque otra cosa son los descubrimientos como el fuego, los hidrocarburos o el carbón mineral.
El milenario pueblo chino ha legado muchos inventos a la humanidad, entre ellos uno que utilizamos para infinidad de cosas y en todo momento: el papel. Su nombre viene de papiro, cierta planta acuática que era utilizada por los antiguos egipcios para escribir en ella. Durante la edad media en Europa la escritura se hacía en pergamino, una piel de mamífero procesada para tal fin, lo que era muy escaso por su alto costo. Sin embargo, mientras otras culturas desarrollaban ideas para tener dónde escribir, desde muchos años atrás los chinos elaboraban papel con residuos de seda, arroz, cáñamo y algodón. Los árabes aprendieron la técnica y en el siglo X la llevaron a España.
Es dispendioso relacionar las utilidades del papel. Como con todos los artículos, la sociedad de consumo se encarga de crear la necesidad en los compradores de adquirir una inmensa variedad de productos que son costosos y elitistas. Los mundialmente conocidos kleenex, una marca genérica para los pañuelos desechables. La técnica aplicada a los pañales avanza a diario y comprarlos para los bebés, y para muchos adultos, es una renta que desangra a cualquiera; porque pañales de tela utiliza solo el paupérrimo. Para las mujeres inventan a diario diferentes modelos de toallas higiénicas, aparte de protectores para todas las ocasiones imaginables; para antes, para después, para meterse a la piscina o montar a caballo. Con alas, canales especiales, bordes ergonómicos, mayor absorción, mejor adherencia y aromas varios. También ofrecen pañitos húmedos, papel absorbente, servilletas, etc., y el infaltable papel higiénico, el cual tiene su venta garantizada porque eso de picar periódico también está destinado a los más vaciados.
Los medios de comunicación escritos han existido por muchos siglos, aunque la edición virtual de los mismos puede ser el principio del fin de tan maravillosa modalidad. Claro que leer el periódico, así queden las manos negras de tinta, o pasar las páginas de la revista, es un placer que no reemplaza su lectura en una pantalla. Lo que pasa es que el billete no alcanza para varias suscripciones, por lo que toca acostumbrarse a navegar por sus páginas electrónicas. Los sobres y esquelas están pasando a la historia, porque con los adelantos tecnológicos en las comunicaciones son muy pocos los que mandan una carta; lástima grande, porque no hay nada más emocionante que recibir el correo, mirar el remitente, la estampilla, olerlo y proceder a abrirlo para disfrutar su lectura. Miles de artículos se elaboran con papel, unos sofisticados y otros sencillos, como el destinado a empacar regalos; no puedo imaginar a mi mujer en navidad sin este producto, porque eso sí es gustarle ese programa.
Para mí la mejor herencia que nos ha dejado el invento del papel es el libro, porque ninguna otra entretención iguala el placer de la lectura. Este maravilloso “vicio” distrae, mitiga el estrés, acompaña, instruye, agiliza la mente, alimenta la imaginación y se convierte en un compañero inseparable. Por fortuna no nos tocó vivir en el futuro, cuando los libros sean virtuales y deban llevarse el ordenador portátil a la cama para, y después de todo un día frente a la pantalla, seguir en las mismas durante las horas de descanso. El libro hay que sentirlo y si es posible adquirirlo, porque verlo en la biblioteca trae recuerdos y después de un tiempo considerable algunos pueden leerse de nuevo. También toca prestarlos, porque es egoísta no compartirlos, aunque muchas personas lo piden para ponerlo en una estantería durante meses sin siquiera mirarlo. Hay que marcarlos, y no solo en el inicio, sino en páginas interiores y entre los párrafos para que quien quiera desaparecer la evidencia deba picarlo; así por lo menos el indelicado recordará toda la vida a quién se lo tumbó.
Pero ojo, el consumo exagerado de papel atenta contra el medio ambiente porque la tala indiscriminada de bosques es la causa de la desaparición de fuentes de agua, inundaciones, extinción de especies animales, erosión y muchos otros desastres ecológicos. Por fortuna los medios electrónicos han reemplazado infinidad de papeleos, formularios, pliegos y demás documentos de nuestra absurda tramitología, y así en algo reducen el consumo de papel. Da gusto ver ahora a los jóvenes insertar en sus mensajes electrónicos una recomendación que invita al receptor a solo imprimir el documento si es absolutamente necesario. Todos debemos colaborar para frenar la hecatombe que se nos viene encima, porque de lo contrario muy pronto estaremos como algunos europeos que reemplazan el baño por una toallita húmeda que se pasan por la cara y los sobacos. Cómo serán la pecueca y otros hedores.
pmejiama@une.net.co
El milenario pueblo chino ha legado muchos inventos a la humanidad, entre ellos uno que utilizamos para infinidad de cosas y en todo momento: el papel. Su nombre viene de papiro, cierta planta acuática que era utilizada por los antiguos egipcios para escribir en ella. Durante la edad media en Europa la escritura se hacía en pergamino, una piel de mamífero procesada para tal fin, lo que era muy escaso por su alto costo. Sin embargo, mientras otras culturas desarrollaban ideas para tener dónde escribir, desde muchos años atrás los chinos elaboraban papel con residuos de seda, arroz, cáñamo y algodón. Los árabes aprendieron la técnica y en el siglo X la llevaron a España.
Es dispendioso relacionar las utilidades del papel. Como con todos los artículos, la sociedad de consumo se encarga de crear la necesidad en los compradores de adquirir una inmensa variedad de productos que son costosos y elitistas. Los mundialmente conocidos kleenex, una marca genérica para los pañuelos desechables. La técnica aplicada a los pañales avanza a diario y comprarlos para los bebés, y para muchos adultos, es una renta que desangra a cualquiera; porque pañales de tela utiliza solo el paupérrimo. Para las mujeres inventan a diario diferentes modelos de toallas higiénicas, aparte de protectores para todas las ocasiones imaginables; para antes, para después, para meterse a la piscina o montar a caballo. Con alas, canales especiales, bordes ergonómicos, mayor absorción, mejor adherencia y aromas varios. También ofrecen pañitos húmedos, papel absorbente, servilletas, etc., y el infaltable papel higiénico, el cual tiene su venta garantizada porque eso de picar periódico también está destinado a los más vaciados.
Los medios de comunicación escritos han existido por muchos siglos, aunque la edición virtual de los mismos puede ser el principio del fin de tan maravillosa modalidad. Claro que leer el periódico, así queden las manos negras de tinta, o pasar las páginas de la revista, es un placer que no reemplaza su lectura en una pantalla. Lo que pasa es que el billete no alcanza para varias suscripciones, por lo que toca acostumbrarse a navegar por sus páginas electrónicas. Los sobres y esquelas están pasando a la historia, porque con los adelantos tecnológicos en las comunicaciones son muy pocos los que mandan una carta; lástima grande, porque no hay nada más emocionante que recibir el correo, mirar el remitente, la estampilla, olerlo y proceder a abrirlo para disfrutar su lectura. Miles de artículos se elaboran con papel, unos sofisticados y otros sencillos, como el destinado a empacar regalos; no puedo imaginar a mi mujer en navidad sin este producto, porque eso sí es gustarle ese programa.
Para mí la mejor herencia que nos ha dejado el invento del papel es el libro, porque ninguna otra entretención iguala el placer de la lectura. Este maravilloso “vicio” distrae, mitiga el estrés, acompaña, instruye, agiliza la mente, alimenta la imaginación y se convierte en un compañero inseparable. Por fortuna no nos tocó vivir en el futuro, cuando los libros sean virtuales y deban llevarse el ordenador portátil a la cama para, y después de todo un día frente a la pantalla, seguir en las mismas durante las horas de descanso. El libro hay que sentirlo y si es posible adquirirlo, porque verlo en la biblioteca trae recuerdos y después de un tiempo considerable algunos pueden leerse de nuevo. También toca prestarlos, porque es egoísta no compartirlos, aunque muchas personas lo piden para ponerlo en una estantería durante meses sin siquiera mirarlo. Hay que marcarlos, y no solo en el inicio, sino en páginas interiores y entre los párrafos para que quien quiera desaparecer la evidencia deba picarlo; así por lo menos el indelicado recordará toda la vida a quién se lo tumbó.
Pero ojo, el consumo exagerado de papel atenta contra el medio ambiente porque la tala indiscriminada de bosques es la causa de la desaparición de fuentes de agua, inundaciones, extinción de especies animales, erosión y muchos otros desastres ecológicos. Por fortuna los medios electrónicos han reemplazado infinidad de papeleos, formularios, pliegos y demás documentos de nuestra absurda tramitología, y así en algo reducen el consumo de papel. Da gusto ver ahora a los jóvenes insertar en sus mensajes electrónicos una recomendación que invita al receptor a solo imprimir el documento si es absolutamente necesario. Todos debemos colaborar para frenar la hecatombe que se nos viene encima, porque de lo contrario muy pronto estaremos como algunos europeos que reemplazan el baño por una toallita húmeda que se pasan por la cara y los sobacos. Cómo serán la pecueca y otros hedores.
pmejiama@une.net.co
martes, septiembre 01, 2009
Absurdo e inaceptable.
Es marcada la diferencia que existe entre los pueblos que habitan este planeta cuando de hablar de la muerte se trata. En lo que conocemos como occidente, principalmente Europa y América donde la mayoría de sus habitantes son cristianos, la muerte es un tabú para muchos innombrable. Desde pequeños sentimos terror hacia ella y algo que nos mortifica es pensar que algún día nuestros padres van a desaparecer de la faz de la tierra; porque a nadie se le pasa por la cabeza que le puede llegar el turno antes que a sus mayores. La muerte es algo lejano, intangible y tenebroso que nuestro subconsciente asume solo puede llegarle a los demás.
En algunas religiosas de oriente, como el hinduismo, creen en la reencarnación y por lo tanto ven la muerte como un simple paso para la vida siguiente, la cual siempre esperan sea mejor que la anterior. Por lo tanto la transición no es tan traumática como sucede en nuestra cultura. Otro ejemplo son los musulmanes, que si mueren defendiendo la causa religiosa son recompensados en el más allá con innumerables dádivas; les pintan el paraíso como un jardín mágico donde serán atendidos por unas mujerotas medio desnudas, llamadas huríes, quienes les servirán bandejas de frutas, manjares y les harán masajes de todo tipo mientras disfrutan de un delicioso jacuzzi. Claro que por aquí aseguran que esa gente no le tiene apego a la vida porque la religión les prohíbe entre muchas otras cosas tomar trago, ver películas extranjeras, decir groserías, comer o beber durante el Ramadán y chupar trompa en lugar público. Y las mujeres deben cubrirse hasta la cara, ni hablar de ponerse un bikini, caminan unos pasos detrás de los hombres, no pueden ni asomarse a la ventana y por cualquier pendejada les zampan una pela.
Sin duda lo que nos hace cambiar el concepto acerca de la pelona es acercarnos a ella, sentirla respirarnos en la nuca, vernos con una pata en el cajón. En tal caso es natural que al principio el paciente se niegue a aceptar su estado, le eche vainas al Patrón porque lo cogió de mingo, le pida que reparta un poquito y que deje la cargadilla, hasta que acepta lo inevitable y se convence de que de nada sirve quejarse. Le tocó y punto. Entonces empieza a pensar en esa posibilidad que por lo grave de su situación es muy factible, y aunque en un principio se torna inaceptable, poco a poco se acostumbra a la idea y ya no le parece tan espantosa.
Cuando se trata de una persona enferma o de un anciano lleno de achaques y cansado de vivir, nadie debería sentir pena porque al fin termina su ciclo vital. En tal situación ese paso es un descanso para el cuerpo, para el alma y para sus allegados, y hasta donde se sabe nadie se ha quedado vivo. Triste es ver a un individuo que durante su vida productiva fue brillante y triunfador convertido en un guiñapo, que ha perdido la lucidez, sin control de esfínteres y reducido a una cama. El ser humano debería tener un suiche para apagarlo en el momento oportuno.
Por desgracia en nuestro país las muertes violentas se han vuelto algo consuetudinario y eso nos ha insensibilizado, hasta que llega el día en que nos toca de cerca y quedamos anonadados. Entonces reaccionamos y vemos que la cosa es en serio, que no son simples encabezados de prensa y noticieros, y sentimos en carne propia el dolor de esta absurda realidad. Porque no podemos aceptar que en una fracción de segundo sieguen la vida de un amigo, de un ser humano con quien hemos compartido tantos momentos. Sólo el bellaco que maquinó la vuelta y el desalmado que la ejecutó saben por qué lo hicieron, mientras sus familiares y amigos nos quedamos viendo un chispero.
Cómo así que de un brochazo sacaron a Germancito Escobar del baile, lo borraron del mapa, lo mandaron para el otro mundo. Un hombre bueno, generoso y amable, que estaba en la plenitud de su vida. Cuando disfrutaba del éxito en su empresa agrícola lo espera un sicario en un recodo del camino y tenga, despachado. Así no más. Esto es inaceptable y absurdo, y por más que trato no puedo asimilarlo. Una viuda inconsolable, una madre destrozada, una familia toda agobiada por el dolor; y sus amigos, y los “partners” del golf, y los compañeros de trabajo, y quienes estudiaron con él, y los vecinos, conocidos y tantos que compartimos sus momentos, nunca lo volveremos a ver.
Prefiero crearme mi propia película y pensar que a lo mejor alguien armaba un paseo para el más allá, y como acostumbraba, Germancito preguntó: Y de ir… ¿quiénes iríamos?; porque el hombre no se perdía ni la cambiada de una llanta. Siempre alegre y voluntarioso se dedicaba a llenar copas de aguardiente con una habilidad impresionante, porque servía el chorro desde bien arriba y sin regar una sola gota repetía su estribillo: ¡Hijue lo bueno, hijue lo bueno! A donde lo invitaran llegaba cargado de paquetes, y como siempre fue generoso en el gasto, comentaba: ¡Que no se note la pobreza y si pasa un perro, que le tiren un tamal! Paz en la tumba del amigo inolvidable.
pmejiama1@une.net.co
En algunas religiosas de oriente, como el hinduismo, creen en la reencarnación y por lo tanto ven la muerte como un simple paso para la vida siguiente, la cual siempre esperan sea mejor que la anterior. Por lo tanto la transición no es tan traumática como sucede en nuestra cultura. Otro ejemplo son los musulmanes, que si mueren defendiendo la causa religiosa son recompensados en el más allá con innumerables dádivas; les pintan el paraíso como un jardín mágico donde serán atendidos por unas mujerotas medio desnudas, llamadas huríes, quienes les servirán bandejas de frutas, manjares y les harán masajes de todo tipo mientras disfrutan de un delicioso jacuzzi. Claro que por aquí aseguran que esa gente no le tiene apego a la vida porque la religión les prohíbe entre muchas otras cosas tomar trago, ver películas extranjeras, decir groserías, comer o beber durante el Ramadán y chupar trompa en lugar público. Y las mujeres deben cubrirse hasta la cara, ni hablar de ponerse un bikini, caminan unos pasos detrás de los hombres, no pueden ni asomarse a la ventana y por cualquier pendejada les zampan una pela.
Sin duda lo que nos hace cambiar el concepto acerca de la pelona es acercarnos a ella, sentirla respirarnos en la nuca, vernos con una pata en el cajón. En tal caso es natural que al principio el paciente se niegue a aceptar su estado, le eche vainas al Patrón porque lo cogió de mingo, le pida que reparta un poquito y que deje la cargadilla, hasta que acepta lo inevitable y se convence de que de nada sirve quejarse. Le tocó y punto. Entonces empieza a pensar en esa posibilidad que por lo grave de su situación es muy factible, y aunque en un principio se torna inaceptable, poco a poco se acostumbra a la idea y ya no le parece tan espantosa.
Cuando se trata de una persona enferma o de un anciano lleno de achaques y cansado de vivir, nadie debería sentir pena porque al fin termina su ciclo vital. En tal situación ese paso es un descanso para el cuerpo, para el alma y para sus allegados, y hasta donde se sabe nadie se ha quedado vivo. Triste es ver a un individuo que durante su vida productiva fue brillante y triunfador convertido en un guiñapo, que ha perdido la lucidez, sin control de esfínteres y reducido a una cama. El ser humano debería tener un suiche para apagarlo en el momento oportuno.
Por desgracia en nuestro país las muertes violentas se han vuelto algo consuetudinario y eso nos ha insensibilizado, hasta que llega el día en que nos toca de cerca y quedamos anonadados. Entonces reaccionamos y vemos que la cosa es en serio, que no son simples encabezados de prensa y noticieros, y sentimos en carne propia el dolor de esta absurda realidad. Porque no podemos aceptar que en una fracción de segundo sieguen la vida de un amigo, de un ser humano con quien hemos compartido tantos momentos. Sólo el bellaco que maquinó la vuelta y el desalmado que la ejecutó saben por qué lo hicieron, mientras sus familiares y amigos nos quedamos viendo un chispero.
Cómo así que de un brochazo sacaron a Germancito Escobar del baile, lo borraron del mapa, lo mandaron para el otro mundo. Un hombre bueno, generoso y amable, que estaba en la plenitud de su vida. Cuando disfrutaba del éxito en su empresa agrícola lo espera un sicario en un recodo del camino y tenga, despachado. Así no más. Esto es inaceptable y absurdo, y por más que trato no puedo asimilarlo. Una viuda inconsolable, una madre destrozada, una familia toda agobiada por el dolor; y sus amigos, y los “partners” del golf, y los compañeros de trabajo, y quienes estudiaron con él, y los vecinos, conocidos y tantos que compartimos sus momentos, nunca lo volveremos a ver.
Prefiero crearme mi propia película y pensar que a lo mejor alguien armaba un paseo para el más allá, y como acostumbraba, Germancito preguntó: Y de ir… ¿quiénes iríamos?; porque el hombre no se perdía ni la cambiada de una llanta. Siempre alegre y voluntarioso se dedicaba a llenar copas de aguardiente con una habilidad impresionante, porque servía el chorro desde bien arriba y sin regar una sola gota repetía su estribillo: ¡Hijue lo bueno, hijue lo bueno! A donde lo invitaran llegaba cargado de paquetes, y como siempre fue generoso en el gasto, comentaba: ¡Que no se note la pobreza y si pasa un perro, que le tiren un tamal! Paz en la tumba del amigo inolvidable.
pmejiama1@une.net.co
martes, agosto 25, 2009
Plata y presencia.
Alguna vez mientras esperaba a que hicieran una diligencia me entretuve al observar una perrita revejida e insignificante que recorría las calles, perseguida por una pandilla de canes que chorreaban la baba y buscaban la forma de encaramársele a la desinteresada chandosa. Había perros clasudos, garosos, grandes, pequeños y de variadas pintas, pero todos seguían el cortejo con la misma obsesiva intención. Ella husmeaba las basuras, miraba en los negocios a ver si le tiraban cualquier bocado y pasaba de un andén a otro, mientras los machos ansiosos solo se interesaban en olerle el trasero y saborear el anhelado desenlace.
Entonces pensé que el Creador se encargó de que aunque el organismo de los animales es muy similar en sus funciones, el hombre por racional se diferencia del resto de seres vivos. Nuestro comportamiento se caracteriza porque tenemos emociones y sentimientos, mientras los demás animales actúan por instinto. Pero como toda regla tiene su excepción, se le fueron las luces en su magnífica obra al diseñar la conducta sexual de los humanos. Y digo esto porque los varones nos comportamos muy parecido a las bestias cuando la libido interviene, ya que muchos echan por la borda todo su pasado por irse detrás de una mujer.
La palabra encoñarse, que por cierto es castiza, resume de la mejor forma esa atracción fatal que empuja a las personas detrás de un capricho sentimental, así no les convenga y sin importar las consecuencias que ello pueda acarrear. Claro que es peor obligar al enamorado a actuar contra su voluntad, porque además de que hará la vida imposible a quienes lo rodean, nunca encontrará sosiego y satisfacción. Muchos son los que siguen ese instinto, abandonan todo y cuando les pasa la calentura, quieren regresar a recuperar lo suyo cuando ya es tarde. Entonces la tusa y el remordimiento los carcome y mortifica.
Insisto en que mucha parte del problema está en la diferencia tan marcada que existe entre hombres y mujeres en cuanto a sexo se refiere. Mientras a ellas se les baja la intensidad del deseo por su pareja con el paso de los años, ellos siguen entucando a toda hora y no desaprovechan oportunidad para desfogar sus instintos. Por ello son comunes las infidelidades, por buscar por fuera lo que no encuentran en la casa. En épocas pasadas era casi cultural el hecho de que los señores tuvieran su querida, o moza, mientras en el hogar solo cumplían con su deber marital y de una vez llenaban a la mujer de hijos. En cambio la otra se encargaba de calmarles la gana y con ella ponían en práctica todo tipo de posiciones, se revolcaban por el piso, rodaban por las escaleras, ejercían en el poyo de la cocina y cuanta ociosidad se les ocurriera. Las costumbres culturales también marcan diferencias y en nuestro país los habitantes de la costa Caribe son amigos de tener varias mujeres, todo con la anuencia de las esposas que lo aceptan como algo natural.
Muchos prefieren no enredarse con otra mujer sino que optan por aventurillas pasajeras. Contratan una prepago y disfrutan de una noche de lujuria, para regresar a casa plácidos y relajados. Mujeres ambiciosas o muy necesitadas que entregan su virginidad a cualquiera que pague por ella, y otras que buscan riqueza y comodidades al convivir con mafiosos y bandidos de toda laya, y que son reconocidas por sus extravagancias y voluptuosidad.
Pero vaya que sea un personaje famoso el que se sale de la línea y sin falta le forman un tierrero. El presidente francés, consiente del escándalo y el costo político que podría enfrentar, disolvió un matrimonio de muchos años y rearmó su vida con la mujer que le movió el piso. Ahora los mojigatos quisieron armar un lío porque el presidente Obama, en una cumbre reciente en Italia, miró con ojos ávidos el trasero de una muchacha muy sensual que pasó cerca. Nos olvidamos que son seres humanos con idénticos gustos y necesidades.
Pero sin duda el que más comentarios genera es el premier italiano Silvio Berlusconi. Mientras sus andanzas sean patrocinadas de su peculio, creo que nadie debe meterse en su vida privada. Hay hombres más ardientes y ganosos que otros, y don Silvio es uno de estos últimos. Que le place hacer reuniones en su villa de Cerdeña, donde todos los invitados andan viringos, es problema de él. Además, como preguntó don Alberto Casas en su programa radial: ¿En qué estatutos dice que un seminario político no puede hacerse en pelota? Que le gustan las prostitutas, las mujeres fáciles y de ambiente, no cabe duda. Que las orgias son antológicas y monumentales, puede ser cierto, pero para eso mi dios lo castigó con plata y con presencia. Todas esas nenas que salen a dar declaraciones escandalosas acerca de su comportamiento lo hacen por algún interés personal, porque el día que quisieron participar en las bacanales nadie las obligó a estar presentes. No le busque: lo que ofende es no estar en la lista de invitados.
Vi un correo electrónico donde aparece Carla Bruni espectacular, con fotos desde todos los ángulos y sin escatimar en mostrar sus atributos, y al final la ex mujer de Sarkozy pregunta indignada: ¿y qué tiene esa vieja que no tenga yo?
¡Hágame el favor!
pmejiama1@une.net.co
Entonces pensé que el Creador se encargó de que aunque el organismo de los animales es muy similar en sus funciones, el hombre por racional se diferencia del resto de seres vivos. Nuestro comportamiento se caracteriza porque tenemos emociones y sentimientos, mientras los demás animales actúan por instinto. Pero como toda regla tiene su excepción, se le fueron las luces en su magnífica obra al diseñar la conducta sexual de los humanos. Y digo esto porque los varones nos comportamos muy parecido a las bestias cuando la libido interviene, ya que muchos echan por la borda todo su pasado por irse detrás de una mujer.
La palabra encoñarse, que por cierto es castiza, resume de la mejor forma esa atracción fatal que empuja a las personas detrás de un capricho sentimental, así no les convenga y sin importar las consecuencias que ello pueda acarrear. Claro que es peor obligar al enamorado a actuar contra su voluntad, porque además de que hará la vida imposible a quienes lo rodean, nunca encontrará sosiego y satisfacción. Muchos son los que siguen ese instinto, abandonan todo y cuando les pasa la calentura, quieren regresar a recuperar lo suyo cuando ya es tarde. Entonces la tusa y el remordimiento los carcome y mortifica.
Insisto en que mucha parte del problema está en la diferencia tan marcada que existe entre hombres y mujeres en cuanto a sexo se refiere. Mientras a ellas se les baja la intensidad del deseo por su pareja con el paso de los años, ellos siguen entucando a toda hora y no desaprovechan oportunidad para desfogar sus instintos. Por ello son comunes las infidelidades, por buscar por fuera lo que no encuentran en la casa. En épocas pasadas era casi cultural el hecho de que los señores tuvieran su querida, o moza, mientras en el hogar solo cumplían con su deber marital y de una vez llenaban a la mujer de hijos. En cambio la otra se encargaba de calmarles la gana y con ella ponían en práctica todo tipo de posiciones, se revolcaban por el piso, rodaban por las escaleras, ejercían en el poyo de la cocina y cuanta ociosidad se les ocurriera. Las costumbres culturales también marcan diferencias y en nuestro país los habitantes de la costa Caribe son amigos de tener varias mujeres, todo con la anuencia de las esposas que lo aceptan como algo natural.
Muchos prefieren no enredarse con otra mujer sino que optan por aventurillas pasajeras. Contratan una prepago y disfrutan de una noche de lujuria, para regresar a casa plácidos y relajados. Mujeres ambiciosas o muy necesitadas que entregan su virginidad a cualquiera que pague por ella, y otras que buscan riqueza y comodidades al convivir con mafiosos y bandidos de toda laya, y que son reconocidas por sus extravagancias y voluptuosidad.
Pero vaya que sea un personaje famoso el que se sale de la línea y sin falta le forman un tierrero. El presidente francés, consiente del escándalo y el costo político que podría enfrentar, disolvió un matrimonio de muchos años y rearmó su vida con la mujer que le movió el piso. Ahora los mojigatos quisieron armar un lío porque el presidente Obama, en una cumbre reciente en Italia, miró con ojos ávidos el trasero de una muchacha muy sensual que pasó cerca. Nos olvidamos que son seres humanos con idénticos gustos y necesidades.
Pero sin duda el que más comentarios genera es el premier italiano Silvio Berlusconi. Mientras sus andanzas sean patrocinadas de su peculio, creo que nadie debe meterse en su vida privada. Hay hombres más ardientes y ganosos que otros, y don Silvio es uno de estos últimos. Que le place hacer reuniones en su villa de Cerdeña, donde todos los invitados andan viringos, es problema de él. Además, como preguntó don Alberto Casas en su programa radial: ¿En qué estatutos dice que un seminario político no puede hacerse en pelota? Que le gustan las prostitutas, las mujeres fáciles y de ambiente, no cabe duda. Que las orgias son antológicas y monumentales, puede ser cierto, pero para eso mi dios lo castigó con plata y con presencia. Todas esas nenas que salen a dar declaraciones escandalosas acerca de su comportamiento lo hacen por algún interés personal, porque el día que quisieron participar en las bacanales nadie las obligó a estar presentes. No le busque: lo que ofende es no estar en la lista de invitados.
Vi un correo electrónico donde aparece Carla Bruni espectacular, con fotos desde todos los ángulos y sin escatimar en mostrar sus atributos, y al final la ex mujer de Sarkozy pregunta indignada: ¿y qué tiene esa vieja que no tenga yo?
¡Hágame el favor!
pmejiama1@une.net.co
jueves, agosto 20, 2009
Golpe de suerte.
Nada que le guste más a la gente que apostar. Muchos pasan su existencia a la espera del golpe de suerte que los saque de pobres y el día que ganan algo, resulta que es más lo invertido en tentar la suerte que el monto del premio logrado. Para fortuna de quienes viven del negocio ese tipo de cuentas no las hace nadie y todos siguen fieles a la costumbre de buscar pegarle al gordo. Según la condición social y económica de cada individuo le apunta a una suma determinada, y por ello vemos al obrero que se contenta con echarle mano a unos pocos millones en una rifa de barrio, mientras que el más adinerado espera que el Baloto sortee una cifra exorbitante para comprarlo, con el cuento que los diez o quince mil millones que ofrece en un momento determinado dizque no le alcanzan para nada.
Es típico de nuestra región encontrar en la plaza de los pueblos una carretilla llena de artículos llamativos que conforman un paquete que se rifa: la tradicional cómoda forrada en plástico, un buen televisor, un ventilador de pie, la olla arrocera, una ancheta con rancho y licores (ordinarios todos), varios cortes de tela, una bicicleta todo terreno y un cachorro “frespudel”. Con un altavoz promocionan el sorteo y el sábado, cuando arriban los campesinos a mercar, los compradores hacen fila con la ilusión de alcanzar tan provocativo premio. Tampoco falta una motocicleta llena de avisos promocionales que empujan alrededor de la plaza, sin montarse en ella porque la desvalorizan, la cual se convierte en la envidia de los jugadores que ya se ven en ella sacando pecho por todo el pueblo; y lo mejor es que el paquete incluye cascos y chalecos reglamentarios para conductor y acompañante.
En el centro de las ciudades es común el vehículo último modelo que exhiben en un remolque, mientras los vendedores expertos matriculan incautos al por mayor, con el agravante que muchas de esas rifas son piratas; resulta usted ganador y cuando va a reclamar el premio encuentra el rastro frío. En esta clase de negocio sí que hay timadores y embaucadores. Yo no creo en ningún tipo de rifa o lotería. Después de muchos casos donde se demostró que los sorteos son manipulados, y que en cierta época los políticos se ganaban el mayor de una misma lotería en varias ocasiones, quedé curado. Será por malicioso o desconfiado, pero no creo en esos chepazos. Además me chocan sobremanera las personas que cada que uno se las encuentra le zampan una boleta de cualquier pendejada; y lo malo es que siempre embolato el comprobante o se me olvida revisar el sorteo.
En los barrios populares o sectores comerciales se vende más el chance que el tinto. La gente puede que no tenga para comer pero no deja de hacer su chance diario; personas de todas las edades, colores y condiciones buscan a su vendedor de confianza, quien por cierto fía y es experto en recomendar números. El juego es adictivo, como el alcohol o las drogas, y muchos terminan arruinados por el afán de recuperar lo perdido. Recuerdo que mi padre, en sus últimos años de enfermedad que no salía de la casa, no perdonaba mandar a comprar el Baloto los días que jugaba. Así entretenía las noches de desvelo: se ponía a repartir la plata entre sus allegados y a solucionarle la vida a más de uno (lo malo es que para tanto pobre junto no alcanza la limosna).
Pues creo que el destino quiso castigar mi escepticismo y para desvirtuarlo permitió que me ganara una lotería, y sin comprarla. Abro el correo electrónico y encuentro que resulté escogido por la “Lotería de Asia Vietnam caridad promociones 2009”, la cual asignó un número a mi cuenta electrónica y a pesar de que había que coincidir en una gran cantidad de cifras y series, le di en toda la pepa. De buenas que es uno. Tengo que hablar con un tal míster James Hong a ver dónde reclamo la medio bobadita de 980 mil libras esterlinas. No sé cuánto es en pesos, porque no tengo calculadora a la mano, pero estoy seguro de que será como según un amigo costeño dicen los guajiros: “un bojote de plata que no lo salta ni un chiiiiiiivo”.
En el correo donde anuncian la buena noticia recibo felicitación de los empleados de esa generosa firma y Mrs. Elizabet Grayson me pide que mande todos los datos personales para legalizar el asunto. Que me metan el dedo en la boca esta sarta de babosos si creen que les voy a dar papaya para que me desplumen (claro que tampoco hay de dónde). El otro día oí en el radio a un tipo que mordió el anzuelo y alcanzó a enviarles 25 mil dólares para trámites y papeleos, antes de percatarse de que lo habían tumbado. Tiene que ser uno muy pendejo e iluso para comerse semejante cuento, o muy ambicioso que es lo peor. Porque sin duda es por ambición que la gente cae en las pirámides, en las captadoras ilegales, en rifas piratas, se dejan meter paquetes chilenos, o se restean en un casino en espera de recuperar lo perdido. Claro que no faltan los que caen por atembaos.
pmejiama1@une.net.co
Es típico de nuestra región encontrar en la plaza de los pueblos una carretilla llena de artículos llamativos que conforman un paquete que se rifa: la tradicional cómoda forrada en plástico, un buen televisor, un ventilador de pie, la olla arrocera, una ancheta con rancho y licores (ordinarios todos), varios cortes de tela, una bicicleta todo terreno y un cachorro “frespudel”. Con un altavoz promocionan el sorteo y el sábado, cuando arriban los campesinos a mercar, los compradores hacen fila con la ilusión de alcanzar tan provocativo premio. Tampoco falta una motocicleta llena de avisos promocionales que empujan alrededor de la plaza, sin montarse en ella porque la desvalorizan, la cual se convierte en la envidia de los jugadores que ya se ven en ella sacando pecho por todo el pueblo; y lo mejor es que el paquete incluye cascos y chalecos reglamentarios para conductor y acompañante.
En el centro de las ciudades es común el vehículo último modelo que exhiben en un remolque, mientras los vendedores expertos matriculan incautos al por mayor, con el agravante que muchas de esas rifas son piratas; resulta usted ganador y cuando va a reclamar el premio encuentra el rastro frío. En esta clase de negocio sí que hay timadores y embaucadores. Yo no creo en ningún tipo de rifa o lotería. Después de muchos casos donde se demostró que los sorteos son manipulados, y que en cierta época los políticos se ganaban el mayor de una misma lotería en varias ocasiones, quedé curado. Será por malicioso o desconfiado, pero no creo en esos chepazos. Además me chocan sobremanera las personas que cada que uno se las encuentra le zampan una boleta de cualquier pendejada; y lo malo es que siempre embolato el comprobante o se me olvida revisar el sorteo.
En los barrios populares o sectores comerciales se vende más el chance que el tinto. La gente puede que no tenga para comer pero no deja de hacer su chance diario; personas de todas las edades, colores y condiciones buscan a su vendedor de confianza, quien por cierto fía y es experto en recomendar números. El juego es adictivo, como el alcohol o las drogas, y muchos terminan arruinados por el afán de recuperar lo perdido. Recuerdo que mi padre, en sus últimos años de enfermedad que no salía de la casa, no perdonaba mandar a comprar el Baloto los días que jugaba. Así entretenía las noches de desvelo: se ponía a repartir la plata entre sus allegados y a solucionarle la vida a más de uno (lo malo es que para tanto pobre junto no alcanza la limosna).
Pues creo que el destino quiso castigar mi escepticismo y para desvirtuarlo permitió que me ganara una lotería, y sin comprarla. Abro el correo electrónico y encuentro que resulté escogido por la “Lotería de Asia Vietnam caridad promociones 2009”, la cual asignó un número a mi cuenta electrónica y a pesar de que había que coincidir en una gran cantidad de cifras y series, le di en toda la pepa. De buenas que es uno. Tengo que hablar con un tal míster James Hong a ver dónde reclamo la medio bobadita de 980 mil libras esterlinas. No sé cuánto es en pesos, porque no tengo calculadora a la mano, pero estoy seguro de que será como según un amigo costeño dicen los guajiros: “un bojote de plata que no lo salta ni un chiiiiiiivo”.
En el correo donde anuncian la buena noticia recibo felicitación de los empleados de esa generosa firma y Mrs. Elizabet Grayson me pide que mande todos los datos personales para legalizar el asunto. Que me metan el dedo en la boca esta sarta de babosos si creen que les voy a dar papaya para que me desplumen (claro que tampoco hay de dónde). El otro día oí en el radio a un tipo que mordió el anzuelo y alcanzó a enviarles 25 mil dólares para trámites y papeleos, antes de percatarse de que lo habían tumbado. Tiene que ser uno muy pendejo e iluso para comerse semejante cuento, o muy ambicioso que es lo peor. Porque sin duda es por ambición que la gente cae en las pirámides, en las captadoras ilegales, en rifas piratas, se dejan meter paquetes chilenos, o se restean en un casino en espera de recuperar lo perdido. Claro que no faltan los que caen por atembaos.
pmejiama1@une.net.co
miércoles, agosto 12, 2009
Tema candente.
Se rayaron las comunidades vecinas a las bases aéreas colombianas donde recibirán el contingente gringo que expulsaron del Ecuador. A montar prostíbulos y salones de streaptes. Ollas para soplar bazuco, mayoristas de perico, heroína y todo tipo de pastillas, y venta de mariguana a granel. Bares, cantinas, discotecas y todo tipo de metederos donde la pernicia campee. Además no pueden faltar casinos, salones de billar y franquicias de la comida chatarra preferida por ellos, porque los mechimonos no tragan morcilla, arepa de huevo, mondongo, chunchurria y demás delicias de nuestra gastronomía criolla. A montar droguerías para vender condones, repelente de insectos, jeringuillas, antiácidos y bloqueador solar. Quienes ofrecen chicles menudiaos deben venderlos por pacas y conseguirlos de contrabando, porque seguro tampoco le jalan al producto nacional. Creo que hasta la cerveza tendrá que ser importada, así las nuestras no tengan nada que envidiarles a las marcas extranjeras.
A pesar de los peligros que enfrenta un foráneo al vivir en esta tierra mágica, son diferentes las razones que los empujan a aceptar cargos o traslados que los obligan a instalarse en Colombia. Altos ejecutivos de empresas multinacionales adoran vivir en Bogotá porque disfrutan variados campos de golf donde no deben hacer reservas o pedir turnos para jugar, además de que los costos de una jornada deportiva son irrisorios. Otros disfrutan de la exuberancia de nuestros paisajes y aprovechan su estadía para recorrer diferentes destinos y atractivos turísticos. También están los que aprecian la cultura, la comida y demás características propias de una tierra diferente a la suya.
Al recorrer el Parque Tayrona llama la atención la cantidad de israelitas que visitan ese paraíso tropical y ante mi curiosidad un nativo me explicó la razón. Resulta que los ciudadanos de ese país, al terminar muy jóvenes de cumplir con su servicio militar, reciben una buena compensación económica y muchos escogen ese destino para darse unas merecidas vacaciones. En muchas otras partes encuentran sitios turísticos con características similares, maravillosas playas y la oportunidad de conocer de cerca la selva tropical, pero el mayor atractivo en este caso es que tienen a mano la mejor mariguana del mundo. Lo mismo sucede con Ciudad Perdida, en la Sierra Nevada, donde pueden fumar maracachafa hasta que se les hinche el ombligo; y ahora los llevan, por una módica suma extra, a conocer un laboratorio de procesamiento de cocaína.
Nunca me han gustado los gringos y sus políticas expansionistas. Detesto el hecho de tener que humillarnos en su embajada para lograr un papel que nos permita visitarlos; no comulgo con que se crean el ombligo del mundo y menosprecien al resto de los pueblos; me aterran sus extravagancias, derroches y tantas otras cosas, pero así mismo les reconozco muchas virtudes. Es por toda esa historia de intervencionismos que su presencia en Colombia crea tantas suspicacias, pero debemos reconocer que contra el poder de los violentos no podemos nosotros solos. Una guerrilla que se financia con dineros del tráfico de drogas no es fácil de vencer y los narcotraficantes corrompen autoridades, jueces, funcionarios y demás entes de control.
Para nadie es un secreto que fue con la ayuda de los gringos y su tecnología avanzada que se logró cerrar el cerco en la cacería a Pablo Escobar; que un bombardeo tan preciso y exitoso como el que costó la vida a Raul Reyes necesitó de equipos y materiales extranjeros, tampoco cabe duda; y la famosa operación Jaque, orgullo de nuestro ejército nacional, con seguridad tuvo el apoyo de los militares estadounidenses. Esto por mencionar solo algunos ejemplos, pero son miles las misiones y operaciones que han contado con la asesoría y el apoyo yanqui. Aquí no tenemos plata para comprar helicópteros, aviones de combate, armamento, radares, municiones y demás gastos que genera la guerra, que por cierto son bien altos. Ni modo de decir que destinen los impuestos para ese rubro porque los políticos no permiten que les toquen esa platica, y tampoco creo prudente la idea de destinar los recursos de gastos militares a necesidades básicas, porque en pocos años tendríamos a Alfonso Cano de presidente.
El chafarote vecino y sus lacayos pusieron el grito en el cielo con la noticia del tratado con los Estados Unidos, pero nadie dijo nada cuando Chávez estuvo por Rusia como si visitara un supermercado y echó en el carrito de compras fusiles, aviones, tanques y submarinos; o que ande de pipí cogido con Fidel y en coqueteos con Irán y China. Y Uribe: “cayetano la bocina mi hermanolo”. Los países subdesarrollados debemos arrodillarnos ante alguien y prefiero que sea ante el morocho Obama, que parece menos peor, que hacerlo ante nuestros folclóricos vecinos.
Preocupa que los gringos busquen arrimarse a Venezuela para adueñarse de su petróleo y así involucrarnos en una guerra absurda con el pueblo vecino. Porque si salieron de Ecuador fue porque les dio la gana, ya que con apretarle un par de clavijas a ese gobierno hubiera bastado para quedarse. El asunto de la inmunidad de sus militares y contratistas en tierra colombiana es chocante, pero si se llevaron el punto de no firmar el Protocolo de Kioto, con la presión del mundo entero para que lo hicieran, ningún trabajo les dará pasarse por la galleta nuestras humildes condiciones. No olvidemos que el que tiene plata marranea.
pmejiama1@une.net.co
A pesar de los peligros que enfrenta un foráneo al vivir en esta tierra mágica, son diferentes las razones que los empujan a aceptar cargos o traslados que los obligan a instalarse en Colombia. Altos ejecutivos de empresas multinacionales adoran vivir en Bogotá porque disfrutan variados campos de golf donde no deben hacer reservas o pedir turnos para jugar, además de que los costos de una jornada deportiva son irrisorios. Otros disfrutan de la exuberancia de nuestros paisajes y aprovechan su estadía para recorrer diferentes destinos y atractivos turísticos. También están los que aprecian la cultura, la comida y demás características propias de una tierra diferente a la suya.
Al recorrer el Parque Tayrona llama la atención la cantidad de israelitas que visitan ese paraíso tropical y ante mi curiosidad un nativo me explicó la razón. Resulta que los ciudadanos de ese país, al terminar muy jóvenes de cumplir con su servicio militar, reciben una buena compensación económica y muchos escogen ese destino para darse unas merecidas vacaciones. En muchas otras partes encuentran sitios turísticos con características similares, maravillosas playas y la oportunidad de conocer de cerca la selva tropical, pero el mayor atractivo en este caso es que tienen a mano la mejor mariguana del mundo. Lo mismo sucede con Ciudad Perdida, en la Sierra Nevada, donde pueden fumar maracachafa hasta que se les hinche el ombligo; y ahora los llevan, por una módica suma extra, a conocer un laboratorio de procesamiento de cocaína.
Nunca me han gustado los gringos y sus políticas expansionistas. Detesto el hecho de tener que humillarnos en su embajada para lograr un papel que nos permita visitarlos; no comulgo con que se crean el ombligo del mundo y menosprecien al resto de los pueblos; me aterran sus extravagancias, derroches y tantas otras cosas, pero así mismo les reconozco muchas virtudes. Es por toda esa historia de intervencionismos que su presencia en Colombia crea tantas suspicacias, pero debemos reconocer que contra el poder de los violentos no podemos nosotros solos. Una guerrilla que se financia con dineros del tráfico de drogas no es fácil de vencer y los narcotraficantes corrompen autoridades, jueces, funcionarios y demás entes de control.
Para nadie es un secreto que fue con la ayuda de los gringos y su tecnología avanzada que se logró cerrar el cerco en la cacería a Pablo Escobar; que un bombardeo tan preciso y exitoso como el que costó la vida a Raul Reyes necesitó de equipos y materiales extranjeros, tampoco cabe duda; y la famosa operación Jaque, orgullo de nuestro ejército nacional, con seguridad tuvo el apoyo de los militares estadounidenses. Esto por mencionar solo algunos ejemplos, pero son miles las misiones y operaciones que han contado con la asesoría y el apoyo yanqui. Aquí no tenemos plata para comprar helicópteros, aviones de combate, armamento, radares, municiones y demás gastos que genera la guerra, que por cierto son bien altos. Ni modo de decir que destinen los impuestos para ese rubro porque los políticos no permiten que les toquen esa platica, y tampoco creo prudente la idea de destinar los recursos de gastos militares a necesidades básicas, porque en pocos años tendríamos a Alfonso Cano de presidente.
El chafarote vecino y sus lacayos pusieron el grito en el cielo con la noticia del tratado con los Estados Unidos, pero nadie dijo nada cuando Chávez estuvo por Rusia como si visitara un supermercado y echó en el carrito de compras fusiles, aviones, tanques y submarinos; o que ande de pipí cogido con Fidel y en coqueteos con Irán y China. Y Uribe: “cayetano la bocina mi hermanolo”. Los países subdesarrollados debemos arrodillarnos ante alguien y prefiero que sea ante el morocho Obama, que parece menos peor, que hacerlo ante nuestros folclóricos vecinos.
Preocupa que los gringos busquen arrimarse a Venezuela para adueñarse de su petróleo y así involucrarnos en una guerra absurda con el pueblo vecino. Porque si salieron de Ecuador fue porque les dio la gana, ya que con apretarle un par de clavijas a ese gobierno hubiera bastado para quedarse. El asunto de la inmunidad de sus militares y contratistas en tierra colombiana es chocante, pero si se llevaron el punto de no firmar el Protocolo de Kioto, con la presión del mundo entero para que lo hicieran, ningún trabajo les dará pasarse por la galleta nuestras humildes condiciones. No olvidemos que el que tiene plata marranea.
pmejiama1@une.net.co
martes, agosto 04, 2009
Paciencia y resignación.
Del sistema de salud de nuestro país se quejan la mayoría de usuarios. Un círculo vicioso que no lo deja pelechar debido a que cada entidad le echa la culpa a otra porque no le cancela los servicios prestados, lo cual infortunadamente es cierto, y así terminan los pacientes con una atención deficiente y quienes trabajan para la salud en una situación asfixiante cuando les incumplen con el pago de sus salarios; no puede entenderse cómo hace por ejemplo una enfermera, que no tiene otro ingreso diferente a su salario, para capotear la situación cuando la nómina se retrasa seis u ocho meses.
Con la suma de calendarios acumulamos males y achaques, y basta con mirar la mesa de noche para aterrarnos de la cantidad de medicamentos que debemos tener a mano. Reconozco que la seguridad social me ha tratado bien, a pesar de los remedios que debo costearme porque la EPS no los tiene disponibles. Aunque el médico los receta y están incluidos en el POS, en la farmacia responden ante la solicitud que no los hay; hasta me recomendaron que mejor comprara alguno porque hace seis meses no les llega. Por su módico precio no justifica poner una tutela, aunque súmelos todos y cómprelos cada mes, de por vida, para que vea la rentica que representan.
Mi padre se gastaba la mitad de su pensión en comprar medicinas para él y mi mamá. Aunque reclamaban mensualmente en la EPS una talegada llena de medicamentos, a la droguería debían llamar a diario a pedir los que faltaban. Por lo tanto puedo asegurar que en sus últimos años la salida diaria de mi mamá era a pedir citas y reclamar remedios, exámenes, radiografías y demás diligencias relacionadas con el tema. Entonces recurría a Rodrigo, el conductor que trabaja para mi hermano, para que la llevara a hacer los mandados o en algunos casos se los encargaba a él.
Rodrigo todavía se ríe a carcajadas cuando recuerda esas salidas. Un día mi mamá le dijo a mi padre que ahí estaba Rodrigo para que le hiciera los encargos. El viejo estaba conectado al crucigrama y ni siquiera parpadeaba, mientras ella le insistía para que les parara bolas, hasta que no se aguantó más, le arrebató el periódico y le preguntó iracunda: Oiga viejo, ¿usted fue que se engüevonó con eso? Rodrigo tuvo que salir a reírse y casi no puede regresar a recibir las instrucciones. Otro día se fue el hombre a pedir una cita y la señorita que lo atendió le dijo que mi mamá aparecía como fallecida. Él muy seguro le dijo que ni riesgos, que venía de hablar con la señora, pero no hubo forma de que la muchacha cambiara de parecer. Entonces no le quedó de otra que regresar a la casa y decirle: Doña Leticia, me da mucha pena pero no le dan cita porque usted aparece en pantalla como fallecida. A ambos los cogió un ataque de risa y entre las carcajadas ella alcanzó a comentar: Fíjese Rodrigo, y yo sin enterarme.
En otra ocasión el conductor la recogió a medio día para hacer las vueltas de la salud, ya que escogían esa hora porque había menos pelotera. Llegaron, ella se entró a hacer su diligencia y Rodrigo extrañado la vio salir al momentico muerta de la risa. Cuando le preguntó qué había pasado, porque suponía que en tan corto tiempo no podía haber adelantado nada, ella trataba de contarle pero la risa no la dejaba. Por fin logro modular y le explicó que por su despiste se equivocó al escoger el carnet que debía presentar y había traído otro parecido, y que no pudo aguantarse al ver la cara que puso la muchacha cuando recibió el carnet de Jardines de la Esperanza.
Podrá notarse en estos relatos que mi madre no hacía otra cosa que reírse. Con su actitud positiva le encontraba gracia a todo, y entre tantos momentos de hilaridad cuando más la vi carcajearse fue una vez, hace ya bastante tiempo, que visitaba a una hermana y al ver que preparaban una comida especial para alimentar los perros, con carne de baja calidad y otros componentes que le daban un aspecto muy desagradable, pidió a Lucy que le regalara un poquito para ensayar con el chandoso de la casa a ver si le gustaba. Le empacaron su encargo en una cajita plástica de esas donde viene el jabón para la loza y mi madre procedió, antes de llegar a la casa, a arrimar a la iglesia de Palermo para tratar un asunto con el padre. Entonces regía la parroquia un curita gordo y antipático, quien la recibió en su escritorio mientras con una cuchara tragaba arequipe, de una marca que viene en un empaque parecido al que contenía el menjurje para el perro.
Conversaron lo pertinente, mi mamá se paró, agarró el paquete y se fue para la casa, y cuál sería su sorpresa cuando abrió el empaque y encontró el sobrado de arequipe. De solo imaginar la cara del cura, que era bien bravo, cuando se topara con esa porquería que le dejó en su escritorio, lloraba y se revolcaba de la risa. Llamó de primera a Lucy para contarle y esta le repitió una frase mil veces dicha: ¡Ahí está usted pintada, Leticita!
pmejiama1@une.net.co
Con la suma de calendarios acumulamos males y achaques, y basta con mirar la mesa de noche para aterrarnos de la cantidad de medicamentos que debemos tener a mano. Reconozco que la seguridad social me ha tratado bien, a pesar de los remedios que debo costearme porque la EPS no los tiene disponibles. Aunque el médico los receta y están incluidos en el POS, en la farmacia responden ante la solicitud que no los hay; hasta me recomendaron que mejor comprara alguno porque hace seis meses no les llega. Por su módico precio no justifica poner una tutela, aunque súmelos todos y cómprelos cada mes, de por vida, para que vea la rentica que representan.
Mi padre se gastaba la mitad de su pensión en comprar medicinas para él y mi mamá. Aunque reclamaban mensualmente en la EPS una talegada llena de medicamentos, a la droguería debían llamar a diario a pedir los que faltaban. Por lo tanto puedo asegurar que en sus últimos años la salida diaria de mi mamá era a pedir citas y reclamar remedios, exámenes, radiografías y demás diligencias relacionadas con el tema. Entonces recurría a Rodrigo, el conductor que trabaja para mi hermano, para que la llevara a hacer los mandados o en algunos casos se los encargaba a él.
Rodrigo todavía se ríe a carcajadas cuando recuerda esas salidas. Un día mi mamá le dijo a mi padre que ahí estaba Rodrigo para que le hiciera los encargos. El viejo estaba conectado al crucigrama y ni siquiera parpadeaba, mientras ella le insistía para que les parara bolas, hasta que no se aguantó más, le arrebató el periódico y le preguntó iracunda: Oiga viejo, ¿usted fue que se engüevonó con eso? Rodrigo tuvo que salir a reírse y casi no puede regresar a recibir las instrucciones. Otro día se fue el hombre a pedir una cita y la señorita que lo atendió le dijo que mi mamá aparecía como fallecida. Él muy seguro le dijo que ni riesgos, que venía de hablar con la señora, pero no hubo forma de que la muchacha cambiara de parecer. Entonces no le quedó de otra que regresar a la casa y decirle: Doña Leticia, me da mucha pena pero no le dan cita porque usted aparece en pantalla como fallecida. A ambos los cogió un ataque de risa y entre las carcajadas ella alcanzó a comentar: Fíjese Rodrigo, y yo sin enterarme.
En otra ocasión el conductor la recogió a medio día para hacer las vueltas de la salud, ya que escogían esa hora porque había menos pelotera. Llegaron, ella se entró a hacer su diligencia y Rodrigo extrañado la vio salir al momentico muerta de la risa. Cuando le preguntó qué había pasado, porque suponía que en tan corto tiempo no podía haber adelantado nada, ella trataba de contarle pero la risa no la dejaba. Por fin logro modular y le explicó que por su despiste se equivocó al escoger el carnet que debía presentar y había traído otro parecido, y que no pudo aguantarse al ver la cara que puso la muchacha cuando recibió el carnet de Jardines de la Esperanza.
Podrá notarse en estos relatos que mi madre no hacía otra cosa que reírse. Con su actitud positiva le encontraba gracia a todo, y entre tantos momentos de hilaridad cuando más la vi carcajearse fue una vez, hace ya bastante tiempo, que visitaba a una hermana y al ver que preparaban una comida especial para alimentar los perros, con carne de baja calidad y otros componentes que le daban un aspecto muy desagradable, pidió a Lucy que le regalara un poquito para ensayar con el chandoso de la casa a ver si le gustaba. Le empacaron su encargo en una cajita plástica de esas donde viene el jabón para la loza y mi madre procedió, antes de llegar a la casa, a arrimar a la iglesia de Palermo para tratar un asunto con el padre. Entonces regía la parroquia un curita gordo y antipático, quien la recibió en su escritorio mientras con una cuchara tragaba arequipe, de una marca que viene en un empaque parecido al que contenía el menjurje para el perro.
Conversaron lo pertinente, mi mamá se paró, agarró el paquete y se fue para la casa, y cuál sería su sorpresa cuando abrió el empaque y encontró el sobrado de arequipe. De solo imaginar la cara del cura, que era bien bravo, cuando se topara con esa porquería que le dejó en su escritorio, lloraba y se revolcaba de la risa. Llamó de primera a Lucy para contarle y esta le repitió una frase mil veces dicha: ¡Ahí está usted pintada, Leticita!
pmejiama1@une.net.co
martes, julio 28, 2009
El “Pepepótamo”
El ramillete de candidatos para ocupar el cargo de Presidente de la república es variado y para todos los gustos, aunque es menester depurar el combo para que de una vez se perfilen los que de verdad tienen posibilidades ciertas. Da risa ver un personaje que marca el uno por ciento en las encuestas y sin inmutarse asegura que sigue hasta el final, porque como en los ascensores, los últimos serán los primeros. Y los ciudadanos opinan, defienden sus preferidos, atacan los que no gustan, pronostican, sugieren y hasta pontifican. Como lo ideal es encontrar alguien a quien le quepa el país en la cabeza, que domine cualquier tema y sobre todo que tenga la última palabra, propongo algunos candidatos que a diario nos convencen de que son los iluminados: Julito Sánchez, Félix (el tirabeques), Gossain, Arizmendi, la intensa Gurisatti, Coronel, Yamid Amat, Vicky Dávila y demás sabiondos por el estilo.
Acostumbro oír en las mañanas la emisora W radio y me aterro del conocimiento de esos personajes. Julito y Félix saben más ingeniería que el mejor profesional en esa materia; le dan sopa y seco al Canciller si de relaciones exteriores y diplomacia se trata; ni el mejor jurisconsulto los iguala en conocimientos legales; le dan mitad de partido a cualquier general en cuanto a estrategia militar se refiere; nadie conoce mejor que ellos el tema del medio ambiente; se peinan con la política económica; le dictan cátedra al ministro de Minas acerca de Ecopetrol; y dominan cualquier tema que les propongan. Con suficiencia y petulancia le hablan durito a quien sea y hasta se burlan de sus invitados. Mejor dicho, saben tanto que saben a m…
Qué tal ponerse a pontificar sobre hipopótamos sin tener idea del asunto. Llaman al ministro del Medio Ambiente y lo ridiculizan porque dijo que tales animales son muy peligrosos; según ellos, hay que tenerle más miedo a un osito de peluche que a un monstruo de esos. Parece que no son amigos de canales como el Discovery, donde insisten en que están catalogados entre los animales más peligrosos de África y los que mayores muertes de humanos producen. Entonces Julito asegura, sin ponerse colorado, que hay hipopótamos entre 1 y 45 toneladas. Yo sí quiero ver un mamotreto de ese tamaño, nueve veces más pesado que un elefante adulto; y lo peor es que nadie se atreve a corregirlo y hacerle ver que a lo mejor le faltó un punto en medio del número 45.
Está claro que los animales no deben criarse en un hábitat diferente al original. A alguien le dio alguna vez por traer unas garzas blancas del África y ahora hay que espantarlas de todas partes porque causan inconvenientes. Importaron unas ranas toro de Brasil para criarlas en la granja de la Universidad de Caldas en Santagueda, y así fomentar el consumo de ancas de rana. Se creció la quebrada, sacó los animales del corral y ahora cunden en toda la región donde han mermado diferentes especies de insectos, pequeños mamíferos, reptiles, peces, etc. O qué tal el experimento con las abejas africanizadas, que se salieron de madre y ahora causan pánico entre humanos y demás seres vivos. Con los animales hay que aplicar aquello que cada loro en su estaca.
Tengo entendido que la corporación autónoma antioqueña estudió el caso de los hipopótamos durante mucho tiempo y al final no encontraron otra solución que eliminarlos, para evitar los inconvenientes que los animales causan a la comunidad de pescadores; esos mismos pescadores que ahora salen a decir que qué pecaito de los hipopótamos. Cuando ya el daño está hecho sale todo el mundo a dar soluciones, pero me gustaría ver hace unos meses qué hubieran dicho si les piden una contribución para trasladar esos mamotretos o para construir una infraestructura donde los puedan alojar. La falla de quienes dieron la orden de cazarlos fue no haber socializado el asunto, difundir su plan al público para que si alguien tenía otra solución la expusiera. Así se habrían evitado muchos dolores de cabeza.
Al menos ese animal murió de certeros disparos y no debió soportar lo que enfrenta un toro de lidia en la arena. Y qué tal los caballitos carretilleros que mueren en las calles reventados por el esfuerzo; o las gallinas ponedoras que ni siquiera pueden pararse por lo estrecho de las jaulas, aparte de que les mochan el pico para que no rompan los huevos. Muchos animales sufren atropellos a diario y sería más práctico que sus defensores acérrimos, esos que gritan en la calle y extienden pancartas, le paren bolas a los endémicos de Colombia.
En este continente no hay hipopótamos, leones, hienas, rinocerontes o elefantes, así como en África tampoco hay jaguares, tapires, chigüiros o colibríes; la naturaleza es muy sabia y por ello el hombre no debe meter las narices en ella. Hoy solo tenemos dos hipopótamos en libertad, la compañera de Pepe y una cría, y las quejas han sido muchas, por lo que debe actuarse a tiempo para evitar problemas futuros. Ahora proponen traer científicos extranjeros para estudiar la problemática de esos inconvenientes animales y quiero saber cuántos se meten la mano al dril para costear los exorbitantes gastos que representa solucionar el asunto. Porque solo un traqueto se le mide a semejante embeleco.
pmejiama1@une.net.co
Acostumbro oír en las mañanas la emisora W radio y me aterro del conocimiento de esos personajes. Julito y Félix saben más ingeniería que el mejor profesional en esa materia; le dan sopa y seco al Canciller si de relaciones exteriores y diplomacia se trata; ni el mejor jurisconsulto los iguala en conocimientos legales; le dan mitad de partido a cualquier general en cuanto a estrategia militar se refiere; nadie conoce mejor que ellos el tema del medio ambiente; se peinan con la política económica; le dictan cátedra al ministro de Minas acerca de Ecopetrol; y dominan cualquier tema que les propongan. Con suficiencia y petulancia le hablan durito a quien sea y hasta se burlan de sus invitados. Mejor dicho, saben tanto que saben a m…
Qué tal ponerse a pontificar sobre hipopótamos sin tener idea del asunto. Llaman al ministro del Medio Ambiente y lo ridiculizan porque dijo que tales animales son muy peligrosos; según ellos, hay que tenerle más miedo a un osito de peluche que a un monstruo de esos. Parece que no son amigos de canales como el Discovery, donde insisten en que están catalogados entre los animales más peligrosos de África y los que mayores muertes de humanos producen. Entonces Julito asegura, sin ponerse colorado, que hay hipopótamos entre 1 y 45 toneladas. Yo sí quiero ver un mamotreto de ese tamaño, nueve veces más pesado que un elefante adulto; y lo peor es que nadie se atreve a corregirlo y hacerle ver que a lo mejor le faltó un punto en medio del número 45.
Está claro que los animales no deben criarse en un hábitat diferente al original. A alguien le dio alguna vez por traer unas garzas blancas del África y ahora hay que espantarlas de todas partes porque causan inconvenientes. Importaron unas ranas toro de Brasil para criarlas en la granja de la Universidad de Caldas en Santagueda, y así fomentar el consumo de ancas de rana. Se creció la quebrada, sacó los animales del corral y ahora cunden en toda la región donde han mermado diferentes especies de insectos, pequeños mamíferos, reptiles, peces, etc. O qué tal el experimento con las abejas africanizadas, que se salieron de madre y ahora causan pánico entre humanos y demás seres vivos. Con los animales hay que aplicar aquello que cada loro en su estaca.
Tengo entendido que la corporación autónoma antioqueña estudió el caso de los hipopótamos durante mucho tiempo y al final no encontraron otra solución que eliminarlos, para evitar los inconvenientes que los animales causan a la comunidad de pescadores; esos mismos pescadores que ahora salen a decir que qué pecaito de los hipopótamos. Cuando ya el daño está hecho sale todo el mundo a dar soluciones, pero me gustaría ver hace unos meses qué hubieran dicho si les piden una contribución para trasladar esos mamotretos o para construir una infraestructura donde los puedan alojar. La falla de quienes dieron la orden de cazarlos fue no haber socializado el asunto, difundir su plan al público para que si alguien tenía otra solución la expusiera. Así se habrían evitado muchos dolores de cabeza.
Al menos ese animal murió de certeros disparos y no debió soportar lo que enfrenta un toro de lidia en la arena. Y qué tal los caballitos carretilleros que mueren en las calles reventados por el esfuerzo; o las gallinas ponedoras que ni siquiera pueden pararse por lo estrecho de las jaulas, aparte de que les mochan el pico para que no rompan los huevos. Muchos animales sufren atropellos a diario y sería más práctico que sus defensores acérrimos, esos que gritan en la calle y extienden pancartas, le paren bolas a los endémicos de Colombia.
En este continente no hay hipopótamos, leones, hienas, rinocerontes o elefantes, así como en África tampoco hay jaguares, tapires, chigüiros o colibríes; la naturaleza es muy sabia y por ello el hombre no debe meter las narices en ella. Hoy solo tenemos dos hipopótamos en libertad, la compañera de Pepe y una cría, y las quejas han sido muchas, por lo que debe actuarse a tiempo para evitar problemas futuros. Ahora proponen traer científicos extranjeros para estudiar la problemática de esos inconvenientes animales y quiero saber cuántos se meten la mano al dril para costear los exorbitantes gastos que representa solucionar el asunto. Porque solo un traqueto se le mide a semejante embeleco.
pmejiama1@une.net.co
martes, julio 21, 2009
A calzón quitado.
Vamos a quedar pasmados los ciudadanos del común el día que oigamos a cualquier personaje responder una entrevista de manera franca, sincera y explícita, en vez de utilizar las consabidas frases de cajón o las respuestas convenientes y acomodadas. Veo en el noticiero al reportero hacer una pregunta determinada a congresistas de diferentes partidos y vertientes, y aunque quite el volumen del televisor, supongo qué responde cada uno de ellos. Las entrevistas a los futbolistas son igualitas y en sus comentarios utilizan palabras y frases que no pueden faltar. Militares, dirigentes cívicos y religiosos, gobernantes y demás personajes no se salen del libreto ni una coma. Por lo anterior quiero imaginarme una entrevista hipotética con el Presidente Uribe, a calzón quitado y acomodándole las respuestas que supongo daría si pudiera hacerlo.
A ver míster President, cuente por qué aflojó en el asunto de la Negra Piedad. Hijito, responde el hombre, mire la vaina con lupa y pilla la jugada: desde hace días esos bandidos chutaron el balón y todo el mundo me tiene en la mira, y como me tocaba el turno y no pienso darles papaya para que formen un show con la entrega de cada secuestrado, entonces autorizo a la vieja esa pero con la condición que los larguen a todos. Que den la lora que quieran, pero que sea una sola vez y así me quito esa cabecera que me mantiene alto del piso. Ya ni la valeriana me vale.
¿Y cómo ve las andanzas de sus retoños? Hombre, ese asuntico también me mortifica, pero fíjese que ellos son buenos muchachos. Les he dicho mil veces que pilas, que no den de qué hablar, y que recuerden lo que dijo Cochise: que en este país se muere más gente de envidia que de infarto. Los pelaos son paisas, como el papá, y usted sabe que nosotros no podemos ver un peso por ahí pagando porque nos tiramos de cabezas. Además a veces se presentan unos papayasos que no se pueden dejar pasar; pero eso sí, ya les dije que la próxima vez me lleven ahí.
Lo que a usted todo el mundo le reconoce es esa trabajadera. Eso sí pa´ qué; podrán decir lo que quieran pero que soy locha, nunca. Mis subalternos comentan que soy mamón, que se las monto a toda hora y nos les doy respiro, pero es que un gobierno que tiene un plazo definido hay que aprovecharlo al máximo. Reniegan porque me levanto todos los días a las cuatro de la mañana a joder y a tallarlos, pero fíjese mijito que uno a esta edad abre el ojo a esa hora y qué más se pone a hacer. Si estuviera casado con Natalia París u otra muchacha de esas a lo mejor me amañaba en la cama, pero con misiá Lina que es más simple que un agua aromática, no provoca es nada.
Ahora que habla de plazos, parece que usted lo quiere alargar indefinidamente. Qué va hombre. Lo que pasa es que póngase en mis zapatos: si de cada diez ciudadanos entre seis y ocho quieren que me quede, cómo me largo así no más. Esto del poder es encoñador, a pesar de los peligros y los chicharrones que hay que torear a diario, y después de estar montado en el potro no es fácil bajarse. Lo malo es que ya les dio a todos por echarme indirectas para que desocupe; fíjese que Obama me soltó tremendo vainazo, y Monseñor Rubiano quiere que dizque me vaya de vacaciones. Qué tal yo cuatro años en la finca, joda y ponga pereque; renuncia todo el personal y la mujer me abandona. En todo caso voy a esperar hasta que los plazos lo permitan para resolver qué camino cojo.
Aquí entre nos, ese asunto de las notarías está como feo. ¡Bendito sea mi dios!, aquí no saben qué más inventar para empapelarme. No entiendo por qué se rasgan las vestiduras con semejante pendejada. Acaso creen que cómo funciona el congreso, o qué. ¿No se imaginan cómo fue la repartición cuando declararon a Samper inocente, a pesar de tener todas las pruebas en contra? ¿Y creen que cuando hay que votar una reforma tributaria, los congresistas meten el dedo por convicción y defensa de sus electores? Que se bajen de la nube que aquí nadie da puntada sin dedal.
Bueno, y de las chuzadas del DAS qué. Pura estrategia de los periodistas para vender revistas y periódicos. Lo mismo pasa en todas partes y creo que ni el Papa se libra de que le oigan sus llamadas; mire que unos periodistas, creo que de Londres donde dizque son tal lores, tienen que pagar una millonada en multas porque los pillaron chuzando hasta al gato. Qué dejen la zalamería que por esa bobada nadie se ha muerto; además, cómo más se entera uno en qué andan esos vergajos de la oposición.
Pero usted parece tolerante con sus opositores. Porque toca, y eso de dientes para afuera, porque la verdad es que por ejemplo Petro, Borja, Robledo, Piedad, el profesor Moncayo, Daniel Coronel, Félix de Bedout, y tantos columnistas y periodistas que me dan garrote a diario, todos me saben a rila. A Chávez y su combo me provoca darles en la jeta: ¡partida de hijue…!
pmejiama1@une.net.co
A ver míster President, cuente por qué aflojó en el asunto de la Negra Piedad. Hijito, responde el hombre, mire la vaina con lupa y pilla la jugada: desde hace días esos bandidos chutaron el balón y todo el mundo me tiene en la mira, y como me tocaba el turno y no pienso darles papaya para que formen un show con la entrega de cada secuestrado, entonces autorizo a la vieja esa pero con la condición que los larguen a todos. Que den la lora que quieran, pero que sea una sola vez y así me quito esa cabecera que me mantiene alto del piso. Ya ni la valeriana me vale.
¿Y cómo ve las andanzas de sus retoños? Hombre, ese asuntico también me mortifica, pero fíjese que ellos son buenos muchachos. Les he dicho mil veces que pilas, que no den de qué hablar, y que recuerden lo que dijo Cochise: que en este país se muere más gente de envidia que de infarto. Los pelaos son paisas, como el papá, y usted sabe que nosotros no podemos ver un peso por ahí pagando porque nos tiramos de cabezas. Además a veces se presentan unos papayasos que no se pueden dejar pasar; pero eso sí, ya les dije que la próxima vez me lleven ahí.
Lo que a usted todo el mundo le reconoce es esa trabajadera. Eso sí pa´ qué; podrán decir lo que quieran pero que soy locha, nunca. Mis subalternos comentan que soy mamón, que se las monto a toda hora y nos les doy respiro, pero es que un gobierno que tiene un plazo definido hay que aprovecharlo al máximo. Reniegan porque me levanto todos los días a las cuatro de la mañana a joder y a tallarlos, pero fíjese mijito que uno a esta edad abre el ojo a esa hora y qué más se pone a hacer. Si estuviera casado con Natalia París u otra muchacha de esas a lo mejor me amañaba en la cama, pero con misiá Lina que es más simple que un agua aromática, no provoca es nada.
Ahora que habla de plazos, parece que usted lo quiere alargar indefinidamente. Qué va hombre. Lo que pasa es que póngase en mis zapatos: si de cada diez ciudadanos entre seis y ocho quieren que me quede, cómo me largo así no más. Esto del poder es encoñador, a pesar de los peligros y los chicharrones que hay que torear a diario, y después de estar montado en el potro no es fácil bajarse. Lo malo es que ya les dio a todos por echarme indirectas para que desocupe; fíjese que Obama me soltó tremendo vainazo, y Monseñor Rubiano quiere que dizque me vaya de vacaciones. Qué tal yo cuatro años en la finca, joda y ponga pereque; renuncia todo el personal y la mujer me abandona. En todo caso voy a esperar hasta que los plazos lo permitan para resolver qué camino cojo.
Aquí entre nos, ese asunto de las notarías está como feo. ¡Bendito sea mi dios!, aquí no saben qué más inventar para empapelarme. No entiendo por qué se rasgan las vestiduras con semejante pendejada. Acaso creen que cómo funciona el congreso, o qué. ¿No se imaginan cómo fue la repartición cuando declararon a Samper inocente, a pesar de tener todas las pruebas en contra? ¿Y creen que cuando hay que votar una reforma tributaria, los congresistas meten el dedo por convicción y defensa de sus electores? Que se bajen de la nube que aquí nadie da puntada sin dedal.
Bueno, y de las chuzadas del DAS qué. Pura estrategia de los periodistas para vender revistas y periódicos. Lo mismo pasa en todas partes y creo que ni el Papa se libra de que le oigan sus llamadas; mire que unos periodistas, creo que de Londres donde dizque son tal lores, tienen que pagar una millonada en multas porque los pillaron chuzando hasta al gato. Qué dejen la zalamería que por esa bobada nadie se ha muerto; además, cómo más se entera uno en qué andan esos vergajos de la oposición.
Pero usted parece tolerante con sus opositores. Porque toca, y eso de dientes para afuera, porque la verdad es que por ejemplo Petro, Borja, Robledo, Piedad, el profesor Moncayo, Daniel Coronel, Félix de Bedout, y tantos columnistas y periodistas que me dan garrote a diario, todos me saben a rila. A Chávez y su combo me provoca darles en la jeta: ¡partida de hijue…!
pmejiama1@une.net.co
lunes, julio 13, 2009
Nos tienen fregados.
Ana Mercedes Gómez Martínez, importante dama antioqueña directora del periódico El Colombiano, dice que ella no acostumbra aprovechar su posición para hacer denuncias particulares, pero que el caso sucedido en la embajada de España, donde la trataron como a un paria y le pusieron todas las trabas posibles, la obligó a compartir con los lectores una experiencia digna de olvidar. Si a una persona influyente como ella la tratan de esa manera, qué puede esperar el ciudadano del común. Opino que quienes tenemos la oportunidad de divulgar estos casos debemos hacerlo, porque es la mejor forma de denunciar anomalías que perjudican a los ciudadanos.
He sufrido en carne propia los atropellos que comete la empresa de comunicaciones UNE, cuando procede de mala fe con tal de mantener a los clientes cautivos. Mientras existió EMTELSA siempre recibí una atención adecuada y un trato justo, contrario a lo que sucede con los nuevos dueños que solo piensan en exprimir al usuario. Después de que se ganaron la animadversión de la ciudadanía por la forma como descabezaron a muchos trabajadores, empleos manizaleños que nunca recuperaremos al menos mientras la empresa siga en esas manos, todos supusimos que se querrían reivindicar con políticas y tarifas beneficiosas. Moriremos engañados, porque cada vez nos abrochan con mayor sevicia.
Cómo es posible que un cliente nuevo deba pagar $113.680 por el mismo combo que tengo en la actualidad, mientras que yo, que siempre he utilizado los servicios de esa empresa, antes y después del cambio de dueño, que nunca me he pasado un solo día para cancelar la factura mensual y modestia aparte me considero un excelente usuario, deba cancelar algo más de $143.000 por idéntico servicio. Ante la imposibilidad de las empleadas que contestan en la línea de atención al cliente de solucionar mi petición, ahora que cambiamos de domicilio, les digo que simplemente cancelo el actual y hago un nuevo contrato, con la tarifa reducida que reciben como premio quienes son engrampados por primera vez.
Ahí me dice la muchacha que entonces me clavan una multa de casi $200.000 por retirarme antes de que se cumpla el año al que me comprometí cuando hicimos el contrato, por lo que de inmediato reviro pues estaba seguro de que ya había pasado mucho más tiempo. Pues resulta que en septiembre del año pasado me llaman de UNE para ofrecerme la duplicación de la velocidad de la banda ancha por la módica suma de $3.000 mensuales, a lo que accedí de inmediato porque me pareció una ganga. Se repite la parafernalia de grabar el contrato, para lo que hay que aportar algunos datos, pero la verdad no le paré bolas a las condiciones que expuso quien llamó y nunca se me pasó por la cabeza que se trataba de un anzuelo para dejarme, como a los bueyes, agarrado de la ternilla. Y no me perdono el hecho de haberme dejado meter semejante golazo; por pendejo y por confiado.
Las empresas de telefonía fija andan desesperadas porque sin duda son una especie en extinción, ya que mucha gente ha renunciado a ese tipo de línea porque cada miembro de la familia tiene su número de telefonía móvil. Es el problema cuando uno es de la pucha vieja y no logra acostumbrarse a hablar por esos aparatejos, porque no me puedo concentrar cuando la señal es entrecortada o débil; además mi hijo se burla porque definitivamente, si no es con un audífono en la oreja, no puedo comunicarme por celular. Por lo tanto me toca depender de quien presta el servicio del teléfono fijo, aunque ahora espero estar más pendiente cuando me quieran meter el dedo. Con razón estas empresas ofrecen ahora una gran variedad de productos, que incluyen hasta servicio de plomero o electricista.
Cuando hablé con la primera muchacha para tantear el asunto, y ante su negativa a atender mi solicitud de rebaja de tarifa, le dije que me obligaban a optar por otra empresa que me diera un trato más justo. Ella respondió que nadie tenía la calidad de servicio que ellos ofrecen y que para la muestra, ahora regalan a la clientela la trasmisión los sábados en la noche de una película colombiana. Por no estar en sintonía con semejantes promociones, a lo mejor me perdí la repetición de El taxista millonario, con el gordo Benjumea, o El niño y el Papa, con esa actriz digna de un premio oscar: Claudia de Colombia.
Después de mucho discutir con esas muchachas, que por cierto se percibe que están de acuerdo con el usuario por sus silencios y risas cómplices, lo único que conseguí fue una chichigua de rebaja. Me enteré entonces de que el jefe de servicio al cliente fue compañero de trabajo de mi mujer durante muchos años, además de buenos amigos, y quise llamarlo para sentar mi voz de protesta por las absurdas políticas que sigue esa empresa. Después de llamar muchas veces a su secretaria, al conmutador de la empresa y a un teléfono directo, no fue posible hablar con el directivo. Si el tipo no pasa al teléfono, cómo será si uno va a su oficina; ahí manece y no lo prueba. Es más fácil enjabonar a Jennifer López o conseguir una audiencia con el Papa, no les digo más.
pmejiama1@une.net.co
He sufrido en carne propia los atropellos que comete la empresa de comunicaciones UNE, cuando procede de mala fe con tal de mantener a los clientes cautivos. Mientras existió EMTELSA siempre recibí una atención adecuada y un trato justo, contrario a lo que sucede con los nuevos dueños que solo piensan en exprimir al usuario. Después de que se ganaron la animadversión de la ciudadanía por la forma como descabezaron a muchos trabajadores, empleos manizaleños que nunca recuperaremos al menos mientras la empresa siga en esas manos, todos supusimos que se querrían reivindicar con políticas y tarifas beneficiosas. Moriremos engañados, porque cada vez nos abrochan con mayor sevicia.
Cómo es posible que un cliente nuevo deba pagar $113.680 por el mismo combo que tengo en la actualidad, mientras que yo, que siempre he utilizado los servicios de esa empresa, antes y después del cambio de dueño, que nunca me he pasado un solo día para cancelar la factura mensual y modestia aparte me considero un excelente usuario, deba cancelar algo más de $143.000 por idéntico servicio. Ante la imposibilidad de las empleadas que contestan en la línea de atención al cliente de solucionar mi petición, ahora que cambiamos de domicilio, les digo que simplemente cancelo el actual y hago un nuevo contrato, con la tarifa reducida que reciben como premio quienes son engrampados por primera vez.
Ahí me dice la muchacha que entonces me clavan una multa de casi $200.000 por retirarme antes de que se cumpla el año al que me comprometí cuando hicimos el contrato, por lo que de inmediato reviro pues estaba seguro de que ya había pasado mucho más tiempo. Pues resulta que en septiembre del año pasado me llaman de UNE para ofrecerme la duplicación de la velocidad de la banda ancha por la módica suma de $3.000 mensuales, a lo que accedí de inmediato porque me pareció una ganga. Se repite la parafernalia de grabar el contrato, para lo que hay que aportar algunos datos, pero la verdad no le paré bolas a las condiciones que expuso quien llamó y nunca se me pasó por la cabeza que se trataba de un anzuelo para dejarme, como a los bueyes, agarrado de la ternilla. Y no me perdono el hecho de haberme dejado meter semejante golazo; por pendejo y por confiado.
Las empresas de telefonía fija andan desesperadas porque sin duda son una especie en extinción, ya que mucha gente ha renunciado a ese tipo de línea porque cada miembro de la familia tiene su número de telefonía móvil. Es el problema cuando uno es de la pucha vieja y no logra acostumbrarse a hablar por esos aparatejos, porque no me puedo concentrar cuando la señal es entrecortada o débil; además mi hijo se burla porque definitivamente, si no es con un audífono en la oreja, no puedo comunicarme por celular. Por lo tanto me toca depender de quien presta el servicio del teléfono fijo, aunque ahora espero estar más pendiente cuando me quieran meter el dedo. Con razón estas empresas ofrecen ahora una gran variedad de productos, que incluyen hasta servicio de plomero o electricista.
Cuando hablé con la primera muchacha para tantear el asunto, y ante su negativa a atender mi solicitud de rebaja de tarifa, le dije que me obligaban a optar por otra empresa que me diera un trato más justo. Ella respondió que nadie tenía la calidad de servicio que ellos ofrecen y que para la muestra, ahora regalan a la clientela la trasmisión los sábados en la noche de una película colombiana. Por no estar en sintonía con semejantes promociones, a lo mejor me perdí la repetición de El taxista millonario, con el gordo Benjumea, o El niño y el Papa, con esa actriz digna de un premio oscar: Claudia de Colombia.
Después de mucho discutir con esas muchachas, que por cierto se percibe que están de acuerdo con el usuario por sus silencios y risas cómplices, lo único que conseguí fue una chichigua de rebaja. Me enteré entonces de que el jefe de servicio al cliente fue compañero de trabajo de mi mujer durante muchos años, además de buenos amigos, y quise llamarlo para sentar mi voz de protesta por las absurdas políticas que sigue esa empresa. Después de llamar muchas veces a su secretaria, al conmutador de la empresa y a un teléfono directo, no fue posible hablar con el directivo. Si el tipo no pasa al teléfono, cómo será si uno va a su oficina; ahí manece y no lo prueba. Es más fácil enjabonar a Jennifer López o conseguir una audiencia con el Papa, no les digo más.
pmejiama1@une.net.co
lunes, julio 06, 2009
No hay muerto malo.
Qué manía la que tenemos los humanos de no llamar las cosas por su nombre. Es como si fuera mala educación, ignorancia o grosería utilizar los vocablos que existen desde siempre. No puedo entender por qué con el paso del tiempo debemos variar la manera de referirnos a algo, que no es otra cosa que cambiar la forma coloquial como hemos hablado toda la vida. Todo debe evolucionar, pero palabras que durante siglos han servido para nombrar las cosas no pueden dejar de existir de un momento a otro porque a algún académico le dio la culequera. A cuenta de qué están relegadas palabras como manicomio, poner, viejo, chofer, limosnero o maricón, para reemplazarlas por clínica siquiátrica, colocar, adulto mayor, conductor, habitante de la calle y gay. Enguandas que se inventan para complicarnos la vida.
O qué tal la hipocresía cuando fallece un sujeto que durante su existencia dio mucho de qué hablar y en el funeral el cura se dedica a alabar las virtudes del difunto. Todos los presentes, que lo conocieron de cerca, deben morderse la lengua y aguantar la risa cuando oyen decir que fulanito fue un dechado de virtudes, padre y esposo ejemplar, ciudadano emérito y reconocido por su generosidad y filantropía, cuando el tipo mantenía dos mozas y solo entraba a la casa a joder, fue manilargo en los negocios, mala leche y más amarrado que un tamal. Después aparece en el periódico el obituario y allí sigue la sarta de falsedades y alabanzas infundadas.
No cabe duda de que la mayoría de las muertes son lamentables, excepto cuando la persona ya cumplió con su misión en la tierra, y que todos tenemos derecho a una despedida digna, pero no por ello debe tergiversarse la realidad. Que digan que lamentan la desaparición del fulano, que su familia lo extrañará (aunque hay unos vergajos cuya muerte solo causa satisfacción entre sus allegados), que le quedaba mucho por hacer en la vida y desearle que disfrute del descanso eterno, así todos piensen que a esa hora ya lo deben tener a fuego lento en los profundos infiernos. Ojalá algún día la sinceridad y la franqueza dejen de verse como defectos, aunque debo reconocer que esas cualidades hay que saberlas manejar. Porque el tonito, las palabras utilizadas y el momento escogido, permiten que cualquier crítica u opinión negativa se escuchen de manera diferente.
Entre gustos no hay disgustos y por ello hay muchísimas personas en el mundo entero de luto porque murió Michael Jackson; mientras que a mí la noticia no me impactó, vi gente en los diferentes continentes jalándose al pelo y revolcándose en el piso por el dolor de la pérdida. Conocí al artista cuando interpretó la canción de la película Ben, la rata asesina (que todavía me produce escalofríos), y lo recuerdo como un negrito simpático y con mucho futuro. Después descolló su carrera artística y alcanzó un éxito impresionante, hasta que la fama le hizo daño y empezó a causar escándalos con sus extravagancias y desafueros. Abusó del quirófano y logró cambiar su fisonomía por la de un mamarracho repelente, además de renunciar a su color natural, por lo que su presencia causaba animadversión en el común de la gente. Cómo es que un tipo que vive en Los Ángeles, una de las ciudades más contaminadas del planeta, llega a Berlín con un tapabocas para evitar respirar malos efluvios; la misma protección utilizaban sus hijos, familiares y el séquito de tirabeques que siempre lo acompañaba.
Pero entre los tantos escándalos que acompañaron su existencia, el más repugnante fue el de su afición a los chiquitos… digo, a los niños chiquitos. En su extravagante mansión llamada Neverland construyó un parque con atracciones mecánicas para cebar los mocosos, y tuvo la desfachatez de reconocer que le gustaba irse a la cama acompañado de un infante. Negro cochino. Para mi gusto un individuo puede ser el mejor artista, un deportista fuera de serie, un personaje de la farándula destacado o el chacho para cualquier disciplina, pero si es mala persona pierde todo su encanto. A quienes rinden culto a Maradona les digo que un tipo que se comporta de esa manera no es digno de admiración, y que lo veo como un gordo periquero, fantoche y repugnante. Por ello me cuesta aceptar que rindan pleitesía y profesen adoración por personajes como éstos.
Dicen que la fama, el dinero y el poder obnubilan, y que es muy difícil manejar esos cambios en la vida, pero cuántos personajes conocemos que a pesar de su éxito se comportan como personas civilizadas y decentes. Un genio para la música como Jackson, que desde sus primeros años hizo pronosticar una carrera llena de triunfos y satisfacciones, desapareció temprano por una vida desordenada y díscola. Aseguran que sus finanzas estaban muy disminuidas y que con su reaparición buscaba llenar su faltriquera, pero el destino es el que decide y en este caso resolvió que no va más. Reconozco que su música es maravillosa y que como bailarín y hombre show pocos lo igualan, aunque muchos le criticaron que durante sus presentaciones tenía la manía de mandarse seguido la mano a la bragueta. Hasta llegaron a decir que se trataba de un complejo de inseguridad y por ello buscaba agarrarse del bejuco.
pmejiama1@une.net.co
O qué tal la hipocresía cuando fallece un sujeto que durante su existencia dio mucho de qué hablar y en el funeral el cura se dedica a alabar las virtudes del difunto. Todos los presentes, que lo conocieron de cerca, deben morderse la lengua y aguantar la risa cuando oyen decir que fulanito fue un dechado de virtudes, padre y esposo ejemplar, ciudadano emérito y reconocido por su generosidad y filantropía, cuando el tipo mantenía dos mozas y solo entraba a la casa a joder, fue manilargo en los negocios, mala leche y más amarrado que un tamal. Después aparece en el periódico el obituario y allí sigue la sarta de falsedades y alabanzas infundadas.
No cabe duda de que la mayoría de las muertes son lamentables, excepto cuando la persona ya cumplió con su misión en la tierra, y que todos tenemos derecho a una despedida digna, pero no por ello debe tergiversarse la realidad. Que digan que lamentan la desaparición del fulano, que su familia lo extrañará (aunque hay unos vergajos cuya muerte solo causa satisfacción entre sus allegados), que le quedaba mucho por hacer en la vida y desearle que disfrute del descanso eterno, así todos piensen que a esa hora ya lo deben tener a fuego lento en los profundos infiernos. Ojalá algún día la sinceridad y la franqueza dejen de verse como defectos, aunque debo reconocer que esas cualidades hay que saberlas manejar. Porque el tonito, las palabras utilizadas y el momento escogido, permiten que cualquier crítica u opinión negativa se escuchen de manera diferente.
Entre gustos no hay disgustos y por ello hay muchísimas personas en el mundo entero de luto porque murió Michael Jackson; mientras que a mí la noticia no me impactó, vi gente en los diferentes continentes jalándose al pelo y revolcándose en el piso por el dolor de la pérdida. Conocí al artista cuando interpretó la canción de la película Ben, la rata asesina (que todavía me produce escalofríos), y lo recuerdo como un negrito simpático y con mucho futuro. Después descolló su carrera artística y alcanzó un éxito impresionante, hasta que la fama le hizo daño y empezó a causar escándalos con sus extravagancias y desafueros. Abusó del quirófano y logró cambiar su fisonomía por la de un mamarracho repelente, además de renunciar a su color natural, por lo que su presencia causaba animadversión en el común de la gente. Cómo es que un tipo que vive en Los Ángeles, una de las ciudades más contaminadas del planeta, llega a Berlín con un tapabocas para evitar respirar malos efluvios; la misma protección utilizaban sus hijos, familiares y el séquito de tirabeques que siempre lo acompañaba.
Pero entre los tantos escándalos que acompañaron su existencia, el más repugnante fue el de su afición a los chiquitos… digo, a los niños chiquitos. En su extravagante mansión llamada Neverland construyó un parque con atracciones mecánicas para cebar los mocosos, y tuvo la desfachatez de reconocer que le gustaba irse a la cama acompañado de un infante. Negro cochino. Para mi gusto un individuo puede ser el mejor artista, un deportista fuera de serie, un personaje de la farándula destacado o el chacho para cualquier disciplina, pero si es mala persona pierde todo su encanto. A quienes rinden culto a Maradona les digo que un tipo que se comporta de esa manera no es digno de admiración, y que lo veo como un gordo periquero, fantoche y repugnante. Por ello me cuesta aceptar que rindan pleitesía y profesen adoración por personajes como éstos.
Dicen que la fama, el dinero y el poder obnubilan, y que es muy difícil manejar esos cambios en la vida, pero cuántos personajes conocemos que a pesar de su éxito se comportan como personas civilizadas y decentes. Un genio para la música como Jackson, que desde sus primeros años hizo pronosticar una carrera llena de triunfos y satisfacciones, desapareció temprano por una vida desordenada y díscola. Aseguran que sus finanzas estaban muy disminuidas y que con su reaparición buscaba llenar su faltriquera, pero el destino es el que decide y en este caso resolvió que no va más. Reconozco que su música es maravillosa y que como bailarín y hombre show pocos lo igualan, aunque muchos le criticaron que durante sus presentaciones tenía la manía de mandarse seguido la mano a la bragueta. Hasta llegaron a decir que se trataba de un complejo de inseguridad y por ello buscaba agarrarse del bejuco.
pmejiama1@une.net.co
martes, junio 30, 2009
La baquía.
Produce tristeza ver cómo se extinguen con el paso del tiempo tantos oficios que durante siglos fueron practicados por personajes que pusieron todo el entusiasmo en su labor. Trabajos y profesiones, si así puede llamárseles, que se heredaban de padres a hijos y que eran aprendidos en casa, porque desde que el muchachito tenía uso de razón sus mayores empezaban a indicarle los trucos y maneras para desarrollar el trabajo escogido, y apenas tenía edad suficiente le asignaban tareas y responsabilidades. Ya son escasos los productos elaborados a mano, porque las máquinas y la tecnología se encargaron de reemplazar el elemento humano; y los industriales felices porque las máquinas no piden permisos, ni aumentos de sueldo o derechos sindicales. Y todavía se preguntan por qué todos los días hay más desempleados.
La verdad es que todo en la vida tiene su técnica, y el modernismo y las ciencias aplicadas buscan perfeccionar esos oficios que a través de la historia se han practicado sin ningún tipo de reglas o protocolos. Me enteré de que en la universidad de Harvard, sin duda una de las más importantes del mundo, existe un curso de especialización en el arte de herrar equinos. Qué podrá responder un viejo que tiene su negocio de herrador en Pácora, que ha desempeñado ese oficio desde chiquito cuando lo aprendió al ver a sus mayores clavar herraduras de sol a sol; que coge una bestia, le dobla la pata, procede a limar el casco y después pone la herradura en su sitio con habilidad y precisión, en menos de lo que canta un gallo, si alguien le ofrece una beca para participar en una maestría de ésas. Qué cara pondrá cuando le digan que en el primer taller aprenderá la biomecánica del dedo, el aparato fibroelástico y podotroclear. En el segundo le hablarán de la dinámica del movimiento; luego se enterará acerca de la evaluación del eje podal; y por último sobre correctivos para defectos de conformación. Seguro que el viejo responderá: ¡deje así!
La baquía se obtiene en la universidad de la vida. La experiencia, el desempeñar a diario el mismo oficio y enfrentar todo tipo de inconvenientes, hacen del artesano un maestro autodidacta. Tendré que buscar en internet para saber si en alguna facultad enseñan a tejer sombreros de iraca, preparar bocadillos veleños, manufacturar ponchos y muleras, elaborar carrieles de piel de nutria, tejer hamacas, chinchorros y atarrayas, fabricar canastas de mimbre, maracas con totumas o alpargatas con cabuya. Muy pronto los chinos producirán estos artículos para repartirlos por el mundo entero, con el agravante que los venden a huevo porque sus empresas escupen millones de piezas diarias. Así no compite nadie.
La baquía no requiere fuerza física, ni estudios, entrenamientos o instrucciones. El realizar a diario su labor le entrega al trabajador el título de baquiano, que lo convierte en persona muy solicitada por quien requiere de sus servicios. Por ejemplo para el oficio de cotero usted puede traer al campeón de halterofilia, o levantamiento de pesas, o al hombre más fuerte del mundo, y no son capaces de subir un piano a un cuarto piso por unas escaleras bien estrechas. O echarse al hombro, con la ayuda de una cincha que se acomodan en la frente, una nevera de doble puerta y meterse por recovecos y laberintos. O el cotero flacuchento y esmirriado que llena un camión con bultos de café de 50 kilos como si cargara almohadas. El tipo termina su labor fresco como una lechuga; eso sí, lleno de cisco y polvo. Procede a limpiarse el sudor y la mugre con la camisa, cobra su pago y sale a tomarse un pintao con parva, para después remojar el pabilo con alguna fufurufa que se tope en el barrio.
A ver si un gimnasta olímpico es capaz de lanzar una atarraya, parado en la punta de una diminuta canoa mientras su compañero lucha por mantenerla a flote a punta de canalete, en medio de la corriente del río Magdalena en su paso por Honda. Puede el atleta tener todo el equilibrio, la fuerza necesaria y un dominio absoluto de su cuerpo, pero en el primer intento cae al agua y se ahoga enredado en la red. Nadie se atreve a caminar por la selva sin la guía de un baquiano; y solo un baquiano puede ser asistente de chofer de bus escalera, o pato de chiva, para cobrar los pasajes chilingueado por fuera del vehículo agarrado con un brazo de los parales.
El cogedor de café en un principio gana poco, pero con el tiempo se redondea un salario considerable cada semana. O el que pone bolsas plásticas en los racimos de plátano, con la ayuda de una escalera pero sin quién se la sostenga, con lo enclenque que es una mata de plátano y el agravante que muchos cultivos están sembrados en terrenos escarpados. Y qué tal el conocimiento que tiene un campesino acerca del clima. Mi prima Gloria Hoyos le preguntó a uno de ellos por qué este año en mayo, a diferencia de tiempos pasados, el clima estuvo tan seco y el mes siguiente pasado por agua. El hombre respondió con una frase que se cumplió a la perfección:
-Vea dotora, es que cuando en mayo junea, en junio mayea.
pmejiama1@une.net.co
La verdad es que todo en la vida tiene su técnica, y el modernismo y las ciencias aplicadas buscan perfeccionar esos oficios que a través de la historia se han practicado sin ningún tipo de reglas o protocolos. Me enteré de que en la universidad de Harvard, sin duda una de las más importantes del mundo, existe un curso de especialización en el arte de herrar equinos. Qué podrá responder un viejo que tiene su negocio de herrador en Pácora, que ha desempeñado ese oficio desde chiquito cuando lo aprendió al ver a sus mayores clavar herraduras de sol a sol; que coge una bestia, le dobla la pata, procede a limar el casco y después pone la herradura en su sitio con habilidad y precisión, en menos de lo que canta un gallo, si alguien le ofrece una beca para participar en una maestría de ésas. Qué cara pondrá cuando le digan que en el primer taller aprenderá la biomecánica del dedo, el aparato fibroelástico y podotroclear. En el segundo le hablarán de la dinámica del movimiento; luego se enterará acerca de la evaluación del eje podal; y por último sobre correctivos para defectos de conformación. Seguro que el viejo responderá: ¡deje así!
La baquía se obtiene en la universidad de la vida. La experiencia, el desempeñar a diario el mismo oficio y enfrentar todo tipo de inconvenientes, hacen del artesano un maestro autodidacta. Tendré que buscar en internet para saber si en alguna facultad enseñan a tejer sombreros de iraca, preparar bocadillos veleños, manufacturar ponchos y muleras, elaborar carrieles de piel de nutria, tejer hamacas, chinchorros y atarrayas, fabricar canastas de mimbre, maracas con totumas o alpargatas con cabuya. Muy pronto los chinos producirán estos artículos para repartirlos por el mundo entero, con el agravante que los venden a huevo porque sus empresas escupen millones de piezas diarias. Así no compite nadie.
La baquía no requiere fuerza física, ni estudios, entrenamientos o instrucciones. El realizar a diario su labor le entrega al trabajador el título de baquiano, que lo convierte en persona muy solicitada por quien requiere de sus servicios. Por ejemplo para el oficio de cotero usted puede traer al campeón de halterofilia, o levantamiento de pesas, o al hombre más fuerte del mundo, y no son capaces de subir un piano a un cuarto piso por unas escaleras bien estrechas. O echarse al hombro, con la ayuda de una cincha que se acomodan en la frente, una nevera de doble puerta y meterse por recovecos y laberintos. O el cotero flacuchento y esmirriado que llena un camión con bultos de café de 50 kilos como si cargara almohadas. El tipo termina su labor fresco como una lechuga; eso sí, lleno de cisco y polvo. Procede a limpiarse el sudor y la mugre con la camisa, cobra su pago y sale a tomarse un pintao con parva, para después remojar el pabilo con alguna fufurufa que se tope en el barrio.
A ver si un gimnasta olímpico es capaz de lanzar una atarraya, parado en la punta de una diminuta canoa mientras su compañero lucha por mantenerla a flote a punta de canalete, en medio de la corriente del río Magdalena en su paso por Honda. Puede el atleta tener todo el equilibrio, la fuerza necesaria y un dominio absoluto de su cuerpo, pero en el primer intento cae al agua y se ahoga enredado en la red. Nadie se atreve a caminar por la selva sin la guía de un baquiano; y solo un baquiano puede ser asistente de chofer de bus escalera, o pato de chiva, para cobrar los pasajes chilingueado por fuera del vehículo agarrado con un brazo de los parales.
El cogedor de café en un principio gana poco, pero con el tiempo se redondea un salario considerable cada semana. O el que pone bolsas plásticas en los racimos de plátano, con la ayuda de una escalera pero sin quién se la sostenga, con lo enclenque que es una mata de plátano y el agravante que muchos cultivos están sembrados en terrenos escarpados. Y qué tal el conocimiento que tiene un campesino acerca del clima. Mi prima Gloria Hoyos le preguntó a uno de ellos por qué este año en mayo, a diferencia de tiempos pasados, el clima estuvo tan seco y el mes siguiente pasado por agua. El hombre respondió con una frase que se cumplió a la perfección:
-Vea dotora, es que cuando en mayo junea, en junio mayea.
pmejiama1@une.net.co
martes, junio 23, 2009
No entiende ni…
La aparición de panfletos donde anuncian una limpieza social, enfocada a jíbaros, prostitutas, pandilleros, habitantes de la calle, atracadores, viciosos y demás personajes de dudosa reputación, ha creado paranoia en muchos sectores del país donde habitan esta clase de personas. Las gentes de bien que pertenecen a los estratos sociales más bajos se preocupan con toda razón, porque basta con que sus hijos se paren en una esquina a recochar y mamar gallo, para que sean confundidos con delincuentes y los asesinen. Ilusos quienes opinan que es una buena medida porque dichos ciudadanos representan una plaga social, porque si cada uno aplica la ley por su cuenta caemos en la anarquía y el caos total.
Estas noticias son verdaderas bombas en el primer mundo y por ejemplo los escandinavos se escandalizan con toda razón ante semejantes despropósitos; claro que muchos desconocen nuestra realidad y hasta se atreven a apoyar la insurgencia armada. Miembros de una ONG danesa convocaron reunión urgente al conocer el caso de los panfletos y resolvieron mandar una persona a investigar. Habría sido más práctico y económico encargar el trabajo a un colombiano, pero prefirieron no delegar por existir la posibilidad que un nativo vea el asunto normal y rutinario. De manera que después de mucho escoger, encargaron a un periodista que aseguró dominar el castellano mejor que cualquier hispano parlante. No más llegar, el vikingo definió sus objetivos y procedió con las entrevistas.
El primero fue un reciclador mugroso, peludo, con barba y la ropa vuelta hilachas, que cargaba un costal lleno de cartones y botellas. Vea míster, dijo el indigente, yo soy buena gente y camellador, pero la sociedá lo mira a uno como rata de alcantarilla. Nos llaman ñeros y desechables, y todos se cambian de acera cuando nos ven venir. Que toca chupar pegante o meternos un zurungo para soportar el hambre y el frío tan verraco que hace de noche en la calle, no se lo niego, pero a nadies le hacemos daño. Al menos mi persona. Yo soy estudiao y tengo familia, pero me echaron de la casa por el problema del vicio. Ahora nos toca escondernos en ruinas y cambuches para que no nos den balín a media noche, porque a unas gonorsobias les dio quisque por funigarnos como a cucarachas.
Una ama de casa habitante de un barrio popular también opinó. Eavemaría don, déntrese no más que nunca había tenido una visita tan distinguida. Aguarde le traigo un cafecito pa´ que pregunte lo que quiera. ¡Elizabeeee!, gritó por una ventana, mine pa´ que distinga a esta lámina de hombre. Es la muchacha mayor, comentó, que se la pasa revolotiando en la calle en vez de ayudame con los destinos. ¿Cómo dice?, ¡huy!, mi querido, eso de los tales panfletos nos tiene en capilla. Con decile que apenitas oscurece todo mundo pa´ la casa y en la calle no vuela una mosca. A mis muchachos los mantengo altos del piso porque son muy alborotaos y solo dentran a tragar y hacer desorden. Hay que ver la pensión que me agarra cuando alguno no amanece en la casa; claro que ellos acostumbran trasnochar por ahí con mujeres, pero con esta situación una nunca está tranquila.
El siguiente entrevistado fue un conductor de buseta, cuando el forastero decidió utilizar ese medio de transporte para conectarse con el pueblo. Le voy a decir tanto como esto, respondió el tipo, yo trasnocho este carro tres veces a la semana y el ambiente anda como pesao. Sobre todo tardecito cuando ya los pasajeros son poquitos, tiene que estar uno abeja si le pone la mano una pinta con cara de yo no fui, pero que resulta ser una chucha. Esos pirobos también se esconden en los quicios y cuando uno pasa despacio, tratan de encaramarse al carro para desplumalo; y rece pa´ que no le rompan el cuero. Entonces hay que estar pilas pa´ asentale la chancleta y dejalos mamando.
Por último pasó al tablero un “drug dealer”, como dicen en inglés. ¡Oigan a este!, responde el sujeto con ese tonito particular que los caracteriza, quisque jíbaro. Usté de dónde sacó ese terminacho; le recuerdo que nosotros somos minoristas. Mire le esplico cómo es la vuelta, pero eso sí, come callao porque me levantan. Resulta de que el dueño de la mercancha es un duro que nadies conoce, y tiene un sacamicas que aparece a cierta hora y nos surte el bisnes. Le cuento pues que esa merca se vende más que´l chance y con decile que hasta el monaguillo se da en la cabeza; y si viera unas cuchas veteranas soplando como cualesquier vicioso. ¿Qué me consiga una coloca?, no me haga reír hombre que aquí no hay camello es pa´ nadies. O propóngame un negocio pa´ conseguir billullo, porque yo tengo obligación; pago arrendo, respondo por la jermu, dos pelaos y además veo por la cucha.
A estas alturas el investigador tiró la toalla y solicitó ayuda a sus jefes para descifrar el material recopilado. El mensaje electrónico que envió decía textualmente: Yo no sigue con este joda. Consigan traductor para desenredar barullo porque la verdad yo no entiende ni mierda. Esta gente habla otra idioma muy distinta al que aprendí en academia. Como dicen por aquí, ¡pailas!
pmejiama1@une.net.co
Estas noticias son verdaderas bombas en el primer mundo y por ejemplo los escandinavos se escandalizan con toda razón ante semejantes despropósitos; claro que muchos desconocen nuestra realidad y hasta se atreven a apoyar la insurgencia armada. Miembros de una ONG danesa convocaron reunión urgente al conocer el caso de los panfletos y resolvieron mandar una persona a investigar. Habría sido más práctico y económico encargar el trabajo a un colombiano, pero prefirieron no delegar por existir la posibilidad que un nativo vea el asunto normal y rutinario. De manera que después de mucho escoger, encargaron a un periodista que aseguró dominar el castellano mejor que cualquier hispano parlante. No más llegar, el vikingo definió sus objetivos y procedió con las entrevistas.
El primero fue un reciclador mugroso, peludo, con barba y la ropa vuelta hilachas, que cargaba un costal lleno de cartones y botellas. Vea míster, dijo el indigente, yo soy buena gente y camellador, pero la sociedá lo mira a uno como rata de alcantarilla. Nos llaman ñeros y desechables, y todos se cambian de acera cuando nos ven venir. Que toca chupar pegante o meternos un zurungo para soportar el hambre y el frío tan verraco que hace de noche en la calle, no se lo niego, pero a nadies le hacemos daño. Al menos mi persona. Yo soy estudiao y tengo familia, pero me echaron de la casa por el problema del vicio. Ahora nos toca escondernos en ruinas y cambuches para que no nos den balín a media noche, porque a unas gonorsobias les dio quisque por funigarnos como a cucarachas.
Una ama de casa habitante de un barrio popular también opinó. Eavemaría don, déntrese no más que nunca había tenido una visita tan distinguida. Aguarde le traigo un cafecito pa´ que pregunte lo que quiera. ¡Elizabeeee!, gritó por una ventana, mine pa´ que distinga a esta lámina de hombre. Es la muchacha mayor, comentó, que se la pasa revolotiando en la calle en vez de ayudame con los destinos. ¿Cómo dice?, ¡huy!, mi querido, eso de los tales panfletos nos tiene en capilla. Con decile que apenitas oscurece todo mundo pa´ la casa y en la calle no vuela una mosca. A mis muchachos los mantengo altos del piso porque son muy alborotaos y solo dentran a tragar y hacer desorden. Hay que ver la pensión que me agarra cuando alguno no amanece en la casa; claro que ellos acostumbran trasnochar por ahí con mujeres, pero con esta situación una nunca está tranquila.
El siguiente entrevistado fue un conductor de buseta, cuando el forastero decidió utilizar ese medio de transporte para conectarse con el pueblo. Le voy a decir tanto como esto, respondió el tipo, yo trasnocho este carro tres veces a la semana y el ambiente anda como pesao. Sobre todo tardecito cuando ya los pasajeros son poquitos, tiene que estar uno abeja si le pone la mano una pinta con cara de yo no fui, pero que resulta ser una chucha. Esos pirobos también se esconden en los quicios y cuando uno pasa despacio, tratan de encaramarse al carro para desplumalo; y rece pa´ que no le rompan el cuero. Entonces hay que estar pilas pa´ asentale la chancleta y dejalos mamando.
Por último pasó al tablero un “drug dealer”, como dicen en inglés. ¡Oigan a este!, responde el sujeto con ese tonito particular que los caracteriza, quisque jíbaro. Usté de dónde sacó ese terminacho; le recuerdo que nosotros somos minoristas. Mire le esplico cómo es la vuelta, pero eso sí, come callao porque me levantan. Resulta de que el dueño de la mercancha es un duro que nadies conoce, y tiene un sacamicas que aparece a cierta hora y nos surte el bisnes. Le cuento pues que esa merca se vende más que´l chance y con decile que hasta el monaguillo se da en la cabeza; y si viera unas cuchas veteranas soplando como cualesquier vicioso. ¿Qué me consiga una coloca?, no me haga reír hombre que aquí no hay camello es pa´ nadies. O propóngame un negocio pa´ conseguir billullo, porque yo tengo obligación; pago arrendo, respondo por la jermu, dos pelaos y además veo por la cucha.
A estas alturas el investigador tiró la toalla y solicitó ayuda a sus jefes para descifrar el material recopilado. El mensaje electrónico que envió decía textualmente: Yo no sigue con este joda. Consigan traductor para desenredar barullo porque la verdad yo no entiende ni mierda. Esta gente habla otra idioma muy distinta al que aprendí en academia. Como dicen por aquí, ¡pailas!
pmejiama1@une.net.co
martes, junio 16, 2009
Yo opino…
Así repite el Chapulín Colorao hasta el cansancio cuando quiere meter la cucharada en una discusión y sus interlocutores lo ignoran por completo. El tipo porque es mesurado y aguanta los desplantes, aunque sienta la protesta con su manida frase: “se aprovechan de mi nobleza”. Al enterarnos de las noticias tenemos nuestras propias opiniones acerca de ellas, y no vemos la hora de toparnos con alguien para discutir el asunto. En la tertulia con los amigos todos quieren hacer valer su punto de vista, por lo que terminan casi siempre en chichoneras donde nadie entiende lo que los demás expresan. O un costurero de señoras que semeja el murmullo ininteligible procedente de una guardería infantil.
*Existen temas que ponen a la gente a opinar y por fortuna los seres humanos tenemos esa facultad maravillosa del raciocinio, que nos permite tener un criterio y exponerlo basados en razones lógicas y valederas. Uno de esos temas candentes es en la actualidad la situación que enfrenta la familia del cabo Moncayo, quien lleva una década secuestrado por la guerrilla. Lógico que el papá del muchacho, el renombrado profesor, haga hasta lo imposible por lograr la liberación del muchacho; que miembros de organizaciones dedicadas a mediar para el regreso de los secuestrados tercien y presionen; y que muchas personas se compadezcan y apoyen el operativo inmediato sin medir las consecuencias que pueda acarrear.
A quienes no les como cuento es a aquellos que aprovechan para despotricar del Presidente y su gobierno, mientras aducen que la libertad del muchacho está por encima de cualquier otra consideración. Pero todo es por hacer oposición y tratar de quitarle popularidad a un gobierno que los tiene fregados, porque entre más tierra le echan siempre cae parado. Ojalá en este país podamos emitir juicios acerca de los hechos sin que nos tilden de gobiernistas o anti-gobiernistas. Para mí existe razón al no permitir que Piedad Córdoba y el tal profesor tengan que asistir a la liberación, porque lo que busca la insurgencia es convertir el suceso en un show mediático que los redima ante el mundo. Ni riesgos. Seguro cogen la modita cada dos meses de poner a la negra del turbante a dar lora con una nueva liberación, hasta adobarla como candidata a la presidencia con un alto grado de popularidad. En cualquier rincón del mundo la Cruz Roja y la Iglesia son organismos idóneos para tal menester, y admiro del Presidente Uribe que cuando se amarra los calzones, por más presiones que tenga no se afloja el cinturón.
*Un gravamen tributario que ha creado polémica entre la ciudadanía de nuestra ciudad es el llamado a la seguridad, aunque en la factura aparece como impuesto al teléfono. Ese apelativo lo dice todo, porque solo quien cuenta con un teléfono fijo “debe” (no “tiene” que) pagar el exclusivo tributo. Y digo exclusivo porque el porcentaje de engrampados con ese cobro es muy bajo, mientras que el resultado de los dineros invertidos en seguridad cobija a todos por igual. Lo peor es que la gente se queja porque esas inversiones no se ven por ningún lado y todos los días empeora la situación de violencia e inseguridad en las calles. Cómo estará de mal sustentado el dichoso impuesto, que si alguien no lo paga simplemente le llega la factura cada mes, con el acumulado y los intereses de mora, pero sin ningún tipo de sanción si no lo cancela.
*La nueva terminal de transporte de Manizales quedó espectacular. Amplia, moderna, funcional y agradable para los usuarios, y por su localización evita que buses, taxis y demás vehículos embotellen el centro de la ciudad. Además, promueve el desarrollo de una zona de la ciudad que tiene mucho futuro, aunque no faltan los inconformes que le sacan pero a todo. A los vecinos se les valorizaron sus propiedades, los negocios prosperan y todos quieren alquilar locales o montar su propia tienda; esperen que entre en funcionamiento el cable vía, y que lo conecten con Villamaría, para que vean cómo se disparara el precio de la propiedad raíz en esa comuna. Sin embargo, algunos se quejan porque hay mucha congestión en las otrora tranquilas calles. Palo porque bogas…
*A los cafeteros les pasó lo que al pastorcito mentiroso. Ganaron la fama de que chillan más que un canastao de pollos, y ahora que de verdad la situación está grave, mucha gente cree que sus quejas son infundadas. Por culpa del invierno en diferentes zonas cafeteras este año prácticamente no hubo cosecha el primer semestre y las expectativas para el segundo son muy pobres. Los altos precios hicieron pensar en una bonanza, pero la ley de Murphy no falla y los productores tragaron saliva al verlos subir como espuma y ellos sin una arroba para vender. Lo más grave es que muchos venden el café a futuro, y como no tienen cómo cumplir con el compromiso, deben cancelar la deuda al precio que esté el día de la entrega. Si alguien negoció a $50.000 la arroba ahora debe responder por el costo actual; fuera de las pérdidas normales, súmele ese descalabro. Ojalá el Gobierno les dé la mano, así como ha recurrido a ellos cuando el país lo ha demandado. Mientras a algunas se les pone la cosa peluda, a los cafeteros se les puso “café oscura”.
*Existen temas que ponen a la gente a opinar y por fortuna los seres humanos tenemos esa facultad maravillosa del raciocinio, que nos permite tener un criterio y exponerlo basados en razones lógicas y valederas. Uno de esos temas candentes es en la actualidad la situación que enfrenta la familia del cabo Moncayo, quien lleva una década secuestrado por la guerrilla. Lógico que el papá del muchacho, el renombrado profesor, haga hasta lo imposible por lograr la liberación del muchacho; que miembros de organizaciones dedicadas a mediar para el regreso de los secuestrados tercien y presionen; y que muchas personas se compadezcan y apoyen el operativo inmediato sin medir las consecuencias que pueda acarrear.
A quienes no les como cuento es a aquellos que aprovechan para despotricar del Presidente y su gobierno, mientras aducen que la libertad del muchacho está por encima de cualquier otra consideración. Pero todo es por hacer oposición y tratar de quitarle popularidad a un gobierno que los tiene fregados, porque entre más tierra le echan siempre cae parado. Ojalá en este país podamos emitir juicios acerca de los hechos sin que nos tilden de gobiernistas o anti-gobiernistas. Para mí existe razón al no permitir que Piedad Córdoba y el tal profesor tengan que asistir a la liberación, porque lo que busca la insurgencia es convertir el suceso en un show mediático que los redima ante el mundo. Ni riesgos. Seguro cogen la modita cada dos meses de poner a la negra del turbante a dar lora con una nueva liberación, hasta adobarla como candidata a la presidencia con un alto grado de popularidad. En cualquier rincón del mundo la Cruz Roja y la Iglesia son organismos idóneos para tal menester, y admiro del Presidente Uribe que cuando se amarra los calzones, por más presiones que tenga no se afloja el cinturón.
*Un gravamen tributario que ha creado polémica entre la ciudadanía de nuestra ciudad es el llamado a la seguridad, aunque en la factura aparece como impuesto al teléfono. Ese apelativo lo dice todo, porque solo quien cuenta con un teléfono fijo “debe” (no “tiene” que) pagar el exclusivo tributo. Y digo exclusivo porque el porcentaje de engrampados con ese cobro es muy bajo, mientras que el resultado de los dineros invertidos en seguridad cobija a todos por igual. Lo peor es que la gente se queja porque esas inversiones no se ven por ningún lado y todos los días empeora la situación de violencia e inseguridad en las calles. Cómo estará de mal sustentado el dichoso impuesto, que si alguien no lo paga simplemente le llega la factura cada mes, con el acumulado y los intereses de mora, pero sin ningún tipo de sanción si no lo cancela.
*La nueva terminal de transporte de Manizales quedó espectacular. Amplia, moderna, funcional y agradable para los usuarios, y por su localización evita que buses, taxis y demás vehículos embotellen el centro de la ciudad. Además, promueve el desarrollo de una zona de la ciudad que tiene mucho futuro, aunque no faltan los inconformes que le sacan pero a todo. A los vecinos se les valorizaron sus propiedades, los negocios prosperan y todos quieren alquilar locales o montar su propia tienda; esperen que entre en funcionamiento el cable vía, y que lo conecten con Villamaría, para que vean cómo se disparara el precio de la propiedad raíz en esa comuna. Sin embargo, algunos se quejan porque hay mucha congestión en las otrora tranquilas calles. Palo porque bogas…
*A los cafeteros les pasó lo que al pastorcito mentiroso. Ganaron la fama de que chillan más que un canastao de pollos, y ahora que de verdad la situación está grave, mucha gente cree que sus quejas son infundadas. Por culpa del invierno en diferentes zonas cafeteras este año prácticamente no hubo cosecha el primer semestre y las expectativas para el segundo son muy pobres. Los altos precios hicieron pensar en una bonanza, pero la ley de Murphy no falla y los productores tragaron saliva al verlos subir como espuma y ellos sin una arroba para vender. Lo más grave es que muchos venden el café a futuro, y como no tienen cómo cumplir con el compromiso, deben cancelar la deuda al precio que esté el día de la entrega. Si alguien negoció a $50.000 la arroba ahora debe responder por el costo actual; fuera de las pérdidas normales, súmele ese descalabro. Ojalá el Gobierno les dé la mano, así como ha recurrido a ellos cuando el país lo ha demandado. Mientras a algunas se les pone la cosa peluda, a los cafeteros se les puso “café oscura”.
martes, junio 09, 2009
Falta de ignorancia.
En época de crisis uno de los primeros recortes en los gastos que hacen muchas empresas es la publicidad, error craso porque si el mercado está complicado y las ventas bajas, al no haber difusión del producto que se promociona tampoco habrá compradores. Es un círculo vicioso y nunca debe descuidarse ese renglón que se encarga de mantener vivo el nombre de su empresa o producto en la mente de los consumidores. Cuántas veces nos antojamos de chuparnos una paleta o tomarnos una gaseosa por el solo hecho de verlas en una valla o en la pantalla del televisor; y al recorrer las góndolas del supermercado nuestro inconsciente escoge este o aquel detergente, porque de tanto machacarlo en los avisos comerciales uno termina por comerse el cuento de que es el mejor.
A su vez los medios de comunicación dependen económicamente de la pauta que anuncien en sus espacios o publicaciones; claro que muchos abusan y hay que ver cómo reniega el televidente cuando la pausa comercial se prolonga en forma exagerada, o lo jarto que es mirar una revista en la que más de la mitad de su contenido son anuncios comerciales. Pocas empresas, negocios o personas tienen la capacidad de pagar publicidad diaria en la primera página de un periódico de circulación nacional, por lo que me llaman la atención dos avisitos que salen desde hace ya bastante tiempo en este matutino.
Me detuve a leer con cuidado ambos anuncios y pude deducir que el que siga pobre, no encuentre la forma de que su media naranja le pare bolas o tenga problemas con el pájaro, es por falta de ignorancia, como decía mi mamá. Conseguir plata es todos los días más complicado, porque el cuento de la crisis económica tiene más de un negocio estancado y muchos prefieren esperar a ver dónde va a caer este globo, antes de embarcarse en una compra u otro gasto considerable. La desesperación de los miles de desempleados crece a cada momento y la posibilidad de conseguir una ocupación informal está todos los días más competida.
Pues basta con darle una llamadita al personaje que ofrece sus servicios en uno de esos avisos, y el hombre, que según entiendo acumuló sus conocimientos y experiencias en algún sitio de nuestros misteriosos y extensos llanos orientales, le soluciona su problema en par patadas. En solo tres días logra, sin saberse cómo carajo lo hace, ligar a esa persona que lo castiga con el látigo del desprecio; como cuando su mujer no le dirige la palabra porque lo pilló con la moza en algún metedero de mala muerte, o ese papito que la ve como a un moco y no le para bolas por fea y arrancada. Esta práctica quiromántica no produce ningún daño a los implicados y la susodicha ni siquiera se entera de que la están rezando; el asunto es sin tocar aro.
Con este cliente usted encuentra solución a esa mala suerte que siempre lo acompaña y que así haga su chance diario, no coge ni terminal; después de la consulta se le puede medir al sorteo extraordinario y eso es como con la mano. Si no logra encontrar pareja, todo el mundo le hace el fo, lo discriminan y pordebajean, deje de sufrir y escoja la nena o el príncipe que desee, porque después de consultar con el gurú le van a llover ofertas y proposiciones. A quienes son salados en los negocios, siempre los tumban y les dan en la cabeza, los ponen a manejar una finca y la chocan, y no sirven ni para vender empanadas, tranquilos que ahí encuentran la forma de convertirse en un Roquefeler. La impotencia deja de ser un inconveniente a la hora de entrar a matar, y dizque soluciona los problemas de la infidelidad en las parejas (seguro le cauteriza los cachos al ofendido). Además, ayuda a encontrar tesoros y guacas; qué tal uno saltando matones y sentado sobre un entierro sin sospecharlo siquiera. Pero lo más increíble es que no cobra por sus trabajos y cada quién hace una donación voluntaria, y para que se vayan de espaldas, la consulta puede ser por teléfono.
Recibo un mensaje electrónico donde ofrecen diez pastillas de viagra por algo más de cien mil pesos, lo que supuestamente garantiza igual número de polvachos. Pues en el otro aviso al que me refiero, encuentro una ganga que nadie debe dejar pasar. Una sola pastilla de este producto lo convierte en un toro y puede garantizarle varios estertores en seguidilla, y después de varios puyazos le suenan los tres avisos ¡sin doblar! Quince tabletas por solo veinte mil devaluados pesitos y aseguran que las erecciones son como para partir panela, y que poniéndole fundamento, puede disfrutar de hasta tres embates con el mismo vigor y pasión que le puso al primero; ¿de eso tan bueno sí darán tanto? La panacea la venden allí no más y como gancho para atraer a la clientela ofrecen de regalo dizque un gel retardante para mujer… Los puntos suspensivos me dejan intranquilo y es mejor que aclaren de qué tipo de producto se trata. Qué tal que después de salir del motel y llevar la muchacha a la casa, le dé la amorosa y el retardo sea para bajarse del carro. ¡Qué nervios!
A su vez los medios de comunicación dependen económicamente de la pauta que anuncien en sus espacios o publicaciones; claro que muchos abusan y hay que ver cómo reniega el televidente cuando la pausa comercial se prolonga en forma exagerada, o lo jarto que es mirar una revista en la que más de la mitad de su contenido son anuncios comerciales. Pocas empresas, negocios o personas tienen la capacidad de pagar publicidad diaria en la primera página de un periódico de circulación nacional, por lo que me llaman la atención dos avisitos que salen desde hace ya bastante tiempo en este matutino.
Me detuve a leer con cuidado ambos anuncios y pude deducir que el que siga pobre, no encuentre la forma de que su media naranja le pare bolas o tenga problemas con el pájaro, es por falta de ignorancia, como decía mi mamá. Conseguir plata es todos los días más complicado, porque el cuento de la crisis económica tiene más de un negocio estancado y muchos prefieren esperar a ver dónde va a caer este globo, antes de embarcarse en una compra u otro gasto considerable. La desesperación de los miles de desempleados crece a cada momento y la posibilidad de conseguir una ocupación informal está todos los días más competida.
Pues basta con darle una llamadita al personaje que ofrece sus servicios en uno de esos avisos, y el hombre, que según entiendo acumuló sus conocimientos y experiencias en algún sitio de nuestros misteriosos y extensos llanos orientales, le soluciona su problema en par patadas. En solo tres días logra, sin saberse cómo carajo lo hace, ligar a esa persona que lo castiga con el látigo del desprecio; como cuando su mujer no le dirige la palabra porque lo pilló con la moza en algún metedero de mala muerte, o ese papito que la ve como a un moco y no le para bolas por fea y arrancada. Esta práctica quiromántica no produce ningún daño a los implicados y la susodicha ni siquiera se entera de que la están rezando; el asunto es sin tocar aro.
Con este cliente usted encuentra solución a esa mala suerte que siempre lo acompaña y que así haga su chance diario, no coge ni terminal; después de la consulta se le puede medir al sorteo extraordinario y eso es como con la mano. Si no logra encontrar pareja, todo el mundo le hace el fo, lo discriminan y pordebajean, deje de sufrir y escoja la nena o el príncipe que desee, porque después de consultar con el gurú le van a llover ofertas y proposiciones. A quienes son salados en los negocios, siempre los tumban y les dan en la cabeza, los ponen a manejar una finca y la chocan, y no sirven ni para vender empanadas, tranquilos que ahí encuentran la forma de convertirse en un Roquefeler. La impotencia deja de ser un inconveniente a la hora de entrar a matar, y dizque soluciona los problemas de la infidelidad en las parejas (seguro le cauteriza los cachos al ofendido). Además, ayuda a encontrar tesoros y guacas; qué tal uno saltando matones y sentado sobre un entierro sin sospecharlo siquiera. Pero lo más increíble es que no cobra por sus trabajos y cada quién hace una donación voluntaria, y para que se vayan de espaldas, la consulta puede ser por teléfono.
Recibo un mensaje electrónico donde ofrecen diez pastillas de viagra por algo más de cien mil pesos, lo que supuestamente garantiza igual número de polvachos. Pues en el otro aviso al que me refiero, encuentro una ganga que nadie debe dejar pasar. Una sola pastilla de este producto lo convierte en un toro y puede garantizarle varios estertores en seguidilla, y después de varios puyazos le suenan los tres avisos ¡sin doblar! Quince tabletas por solo veinte mil devaluados pesitos y aseguran que las erecciones son como para partir panela, y que poniéndole fundamento, puede disfrutar de hasta tres embates con el mismo vigor y pasión que le puso al primero; ¿de eso tan bueno sí darán tanto? La panacea la venden allí no más y como gancho para atraer a la clientela ofrecen de regalo dizque un gel retardante para mujer… Los puntos suspensivos me dejan intranquilo y es mejor que aclaren de qué tipo de producto se trata. Qué tal que después de salir del motel y llevar la muchacha a la casa, le dé la amorosa y el retardo sea para bajarse del carro. ¡Qué nervios!
martes, mayo 26, 2009
Ya hace un mes…
Cada quien asegura que su madre es un dechado de virtudes, la más tierna, inteligente y cariñosa; algunos no quieren al padre, pelean con los hijos, aborrecen a un hermano o no se tratan con algún miembro de la familia, pero son poquitos los que riñen con la mamá. Puedo decir con orgullo que la mía es la persona más extraordinaria que he conocido, y que hasta su último aliento recibí de ella alegría, ternura y buen ejemplo. Nos enseñó a disfrutar las cosas sencillas de la vida, a no tener apegos materiales, a enfrentar la existencia con optimismo, a reír en cualquier situación, a ser unidos y solidarios.
Su última lección fue acerca de cómo morir dignamente. Ya hace un mes nos dejó y por fortuna la enfermedad fue corta; los médicos que la trataron con tanto cariño y dedicación se encargaron de que no sintiera dolores. Siguió las indicaciones y aceptó los tratamientos, pero era consciente de su gravedad y esperó el ineludible desenlace con una entereza que no podremos olvidar. Nunca una queja, una lágrima, una muestra de miedo o incertidumbre. En cambio hasta el último momento hizo reír a quien la visitaba y hablaba de su situación sin tapujos ni misterios. Poco antes de morir le recomendó a mi hermana que no hiciera las vueltas para programarle un procedimiento quirúrgico muy delicado; “yo sé por qué se lo digo, mijita”, fueron sus palabras. A los dos días solicitó los santos óleos y esa misma noche perdió el conocimiento.
La lucidez era su bien más preciado y hasta último momento la mantuvo intacta. Cuando ya parecía desconectada de este mundo, alguien le preguntó al oído si sabía lo que pasaba y respondió con dificultad: “lo que tanto he pedido a Dios”. De pronto sonó el timbre y ella alcanzó a balbucear: “llegó Eduardito”. Porque fue la más amorosa con sus sobrinos y ni qué decir de las sobrinas que siempre la vieron como a una segunda madre; adoró a sus hermanos y hermanas pero la relación con Eduardo, el único que la sobrevive, siempre fue especial. Eran uña y mugre, llaverías, inseparables. Sus amigas extrañan las tardes de costurero cuando les alegraba el rato con sus ocurrencias.
Al recordar a mi madre la veo con un dedo en los labios en señal de silencio, cuando uno le decía cualquier pendejada que la hacía reír, porque todo le causaba gracia, y entre carcajadas alcanzaba a pronunciar una frase típica en ella: “no se diga una palabra más, muchachitos”. Entonces se doblaba de la risa, se recostaba contra una pared, llevaba sus manos a la vejiga y empezaba a rogar que no siguiéramos porque se iba a reventar. Luego debía cambiarse los calzones, las medias y a veces hasta las pantuflas.
Era novelera, gocetas y burletera; generosa y sobre todo servicial; le fascinaba pasear en carro, así fuera hasta Chipre a comer obleas; las tortas y los pasteles, las tertulias familiares, saborear dos aguardientes al caer la tarde, darle gusto a los nietos y observar el panorama. Enemiga de modas y vanidades exageradas, de eventos sociales y lujos innecesarios, fue ante todo sencilla y buena como el pan. Una madre todo terreno, bacana, chévere y cómplice de sus hijos. Nos hacía cuarto para todo y se igualaba con nosotros hasta en el vocabulario; al invitarla por ejemplo a un programa respondía: meto, de una, p´a las que sea. No decía que estaba deprimida sino friquiada.
Al hablar de mi amá a uno se le salen las lágrimas, pero de la risa. Después de la misa de cenizas nos reunimos hermanos y nietos y no hicimos otra cosa que carcajearnos al recordar sus cuentos, salidas y chispazos. Todo el que la menciona termina en las mismas. Por ello cuando me preguntan si estoy triste, respondo que solo agradecido con la vida por haberme permitido disfrutar de unos padres maravillosos por más de cincuenta años. Aunque mi papá era muy Mejía en eso de fruncir el ceño y no pronunciar palabra cuando estaba de mala vuelta, no le quedaba sino reírse cuando mi amá le decía alguna ociosidad.
Alcanzó a estar un año viuda y cuando le preguntaron cómo se sentía, respondió que si era bueno así, cómo sería con plata. En el mercado compraba una caja de aguardiente de las más chiquitas y los viernes por la tardecita le decía a la hija mayor, que vivía con ella: “Maria, tomémonos uno que hoy es viernes cultural”. Luego comían y a dormir. Mi papá manejaba la economía de la casa y ella usaba una tarjeta débito que envolataba a diario, lo que hacía renegar al viejo, y en cada mercado se birlaba unos pesos para mandar a arreglar la plancha o a forrar una silla; ni muerta le decía a “ese hombre” para que no jodiera porque un electrodoméstico no duró sino treinta años. Al enviudar encargó a mi hermana de llevar las cuentas; que le diera platica para tener a mano y poderle dar la paladita a los nietos. Como no estaba acostumbrada a manejar recursos y debido a que la plata no le rendía, cierto día comentó: “Moniquita, estoy tan confundida. Creo que me estoy robando a mí misma”.
Quedan pendientes los cuentos y anécdotas de mi madrecita, y recordémosla como ella siempre quiso: con risas y alegría.
pmejiama1@une.net.co
Su última lección fue acerca de cómo morir dignamente. Ya hace un mes nos dejó y por fortuna la enfermedad fue corta; los médicos que la trataron con tanto cariño y dedicación se encargaron de que no sintiera dolores. Siguió las indicaciones y aceptó los tratamientos, pero era consciente de su gravedad y esperó el ineludible desenlace con una entereza que no podremos olvidar. Nunca una queja, una lágrima, una muestra de miedo o incertidumbre. En cambio hasta el último momento hizo reír a quien la visitaba y hablaba de su situación sin tapujos ni misterios. Poco antes de morir le recomendó a mi hermana que no hiciera las vueltas para programarle un procedimiento quirúrgico muy delicado; “yo sé por qué se lo digo, mijita”, fueron sus palabras. A los dos días solicitó los santos óleos y esa misma noche perdió el conocimiento.
La lucidez era su bien más preciado y hasta último momento la mantuvo intacta. Cuando ya parecía desconectada de este mundo, alguien le preguntó al oído si sabía lo que pasaba y respondió con dificultad: “lo que tanto he pedido a Dios”. De pronto sonó el timbre y ella alcanzó a balbucear: “llegó Eduardito”. Porque fue la más amorosa con sus sobrinos y ni qué decir de las sobrinas que siempre la vieron como a una segunda madre; adoró a sus hermanos y hermanas pero la relación con Eduardo, el único que la sobrevive, siempre fue especial. Eran uña y mugre, llaverías, inseparables. Sus amigas extrañan las tardes de costurero cuando les alegraba el rato con sus ocurrencias.
Al recordar a mi madre la veo con un dedo en los labios en señal de silencio, cuando uno le decía cualquier pendejada que la hacía reír, porque todo le causaba gracia, y entre carcajadas alcanzaba a pronunciar una frase típica en ella: “no se diga una palabra más, muchachitos”. Entonces se doblaba de la risa, se recostaba contra una pared, llevaba sus manos a la vejiga y empezaba a rogar que no siguiéramos porque se iba a reventar. Luego debía cambiarse los calzones, las medias y a veces hasta las pantuflas.
Era novelera, gocetas y burletera; generosa y sobre todo servicial; le fascinaba pasear en carro, así fuera hasta Chipre a comer obleas; las tortas y los pasteles, las tertulias familiares, saborear dos aguardientes al caer la tarde, darle gusto a los nietos y observar el panorama. Enemiga de modas y vanidades exageradas, de eventos sociales y lujos innecesarios, fue ante todo sencilla y buena como el pan. Una madre todo terreno, bacana, chévere y cómplice de sus hijos. Nos hacía cuarto para todo y se igualaba con nosotros hasta en el vocabulario; al invitarla por ejemplo a un programa respondía: meto, de una, p´a las que sea. No decía que estaba deprimida sino friquiada.
Al hablar de mi amá a uno se le salen las lágrimas, pero de la risa. Después de la misa de cenizas nos reunimos hermanos y nietos y no hicimos otra cosa que carcajearnos al recordar sus cuentos, salidas y chispazos. Todo el que la menciona termina en las mismas. Por ello cuando me preguntan si estoy triste, respondo que solo agradecido con la vida por haberme permitido disfrutar de unos padres maravillosos por más de cincuenta años. Aunque mi papá era muy Mejía en eso de fruncir el ceño y no pronunciar palabra cuando estaba de mala vuelta, no le quedaba sino reírse cuando mi amá le decía alguna ociosidad.
Alcanzó a estar un año viuda y cuando le preguntaron cómo se sentía, respondió que si era bueno así, cómo sería con plata. En el mercado compraba una caja de aguardiente de las más chiquitas y los viernes por la tardecita le decía a la hija mayor, que vivía con ella: “Maria, tomémonos uno que hoy es viernes cultural”. Luego comían y a dormir. Mi papá manejaba la economía de la casa y ella usaba una tarjeta débito que envolataba a diario, lo que hacía renegar al viejo, y en cada mercado se birlaba unos pesos para mandar a arreglar la plancha o a forrar una silla; ni muerta le decía a “ese hombre” para que no jodiera porque un electrodoméstico no duró sino treinta años. Al enviudar encargó a mi hermana de llevar las cuentas; que le diera platica para tener a mano y poderle dar la paladita a los nietos. Como no estaba acostumbrada a manejar recursos y debido a que la plata no le rendía, cierto día comentó: “Moniquita, estoy tan confundida. Creo que me estoy robando a mí misma”.
Quedan pendientes los cuentos y anécdotas de mi madrecita, y recordémosla como ella siempre quiso: con risas y alegría.
pmejiama1@une.net.co
viernes, mayo 22, 2009
Dimes y diretes.
Podemos estar seguros de que desde el mismo momento en que el ser humano aprendió a comunicarse nació el chisme y la maledicencia. Imagino a una cavernícola murmurando que a fulana la sacó el marido arrastrada de las mechas porque la pilló revolcándose con un vecino de tribu. Mientras tanto los hombres reunidos alrededor de la hoguera comentan que las viejas son chismosas y lengüilargas, pero no dejan de escuchar al que asegura que fulano es como dañado, porque no se le conoce hembra y además prefiere acompañar a las mujeres del clan a cargar agua, en vez de irse a cazar mamuts. Porque la verdad es que los varones no lo hacemos nada mal cuando se trata de comer prójimo; o sino de qué hablamos durante un chico de billar, en la mesa del café, al jugar tejo o turmequé, en los velorios o cuando nos sentamos a jartar trago y a hablar paja.
Es imposible definir cuál época de la historia universal ha sido la más golpeada por ese deporte tan dañino de destruir la fama y la honra de los semejantes, porque es innato del ser humano conspirar, intrigar, denigrar, opinar acerca de lo que no le importa, descalificar al prójimo, criticar sin distinciones, azuzar, sembrar cizaña y repetir sin cansancio cualquier rumor del que se entere. Desde pequeños los niños llegan del colegio a contarle a la mamá que están peleados con fulanita porque dijo esto o aquello, y por fortuna ese tipo de disgustos duran poco porque al otro día aparece otro que lo opaca. Me atrevo a asegurar que no existe dependencia o círculo de personas en la sociedad donde no exista esta nociva modalidad, porque hasta en los conventos de clausura los cotilleos y murmuraciones ruedan sin control.
En las empresas, sin importar el tamaño, las noticias vuelan y nadie se explica cómo se filtran informaciones altamente confidenciales. Se reúnen los directivos a planear un recorte de personal y no ha finalizado la junta cuando hasta el portero sabe quiénes salen por líchigo. O quien tiene un romance con un compañero de trabajo y a pesar de tomar todas las medidas para no ser detectados, todo el mundo se muere de la risa cuando los ven en público tratarse de usted. Las envidias que genera el hecho de que un empleado sea promocionado por su buen desempeño, se ven reflejadas en los cuentos que le inventan para tratar de degradarlo ante los jefes.
Que tire la primera piedra el que nunca haya comido prójimo. Algunos insisten en que son enemigos del chisme, pero en las reuniones son los que más preguntan y se interesan. Porque están equivocados quienes piensan que chismoso es aquel que se inventa un cuento para fregar a otro, lo cual supongo hacen muy pocas personas, ya que el daño se hace, seguro sin mala intención, cuando el rumor pasa de boca en boca y ahí es cuando se distorsiona. Es común que uno comparta con la mujer alguna murmuración, y al rato cuando la oye repetirlo a una amiga por el teléfono, es necesario corregirle varios datos que no corresponden. Si esto sucede con la primera divulgación, cómo será cuando haya pasado por varias estaciones.
Los chismes circulan en estratos sociales determinados, porque es natural que personas de otros niveles no conozcan ni se interesen por lo que suceda a los implicados de un entorno diferente al suyo. Los rumores ruedan sin control en el colegio, en la sala de espera, en la junta comunal, en el equipo de fútbol, entre los socios de un club, en la asociación de profesionales, etc., y existen campos abonados para ese deporte como las tiendas de barrio o las peluquerías. Son innumerables las disputas, con heridos y hasta muertos, que se presentan entre los vecinos porque fulanita dijo esto o aquello. Y lo que ignore un peluquero es porque no ha sucedido.
Entre más pequeño el pueblo es peor el chismerío y en ciudades medianas como la nuestra todavía no podemos sacudirnos de esa maldición. Cualquier reunión empieza con comentarios acerca del último chisme y quien lo cuenta debe repetirlo cada que llega uno de los asistentes. Semanalmente un cuento diferente entretiene las ávidas mentes y los temas preferidos son las infidelidades, divorcios, adolescentes embarazadas, quiebras personales o empresariales, personas aquejadas por enfermedades graves, los que salen del closet, el que gasta más de la cuenta, los políticos y cualquier cuento que clasifique como chicharrón.
Mucha de nuestra clase dirigente anda en la picota pública y lo lógico es que esperemos la decisión de los jueces antes de entrar a condenarlos, pero con justa razón nos hemos vuelto desconfiados ante las arbitrariedades que se cometen a diario en nuestro sistema judicial; claro que a quien acepte su culpa que lo descaderen a punta de lengua.
Los velorios son ideales para el cotilleo y supe de un grupo de amigos reunido en una sala de velación mientras observaban la entrada para hacer comentarios acerca de los asistentes. En esas ingresó un personaje que desde hace años soporta graves quebrantos de salud, y uno de los contertulios anunció que había llegado “cinemark”. Cuando preguntaron a qué se debe ese apodo, la respuesta fue perentoria: - ¡Próximamente en esta sala!
pmejiama1@une.net.co
Es imposible definir cuál época de la historia universal ha sido la más golpeada por ese deporte tan dañino de destruir la fama y la honra de los semejantes, porque es innato del ser humano conspirar, intrigar, denigrar, opinar acerca de lo que no le importa, descalificar al prójimo, criticar sin distinciones, azuzar, sembrar cizaña y repetir sin cansancio cualquier rumor del que se entere. Desde pequeños los niños llegan del colegio a contarle a la mamá que están peleados con fulanita porque dijo esto o aquello, y por fortuna ese tipo de disgustos duran poco porque al otro día aparece otro que lo opaca. Me atrevo a asegurar que no existe dependencia o círculo de personas en la sociedad donde no exista esta nociva modalidad, porque hasta en los conventos de clausura los cotilleos y murmuraciones ruedan sin control.
En las empresas, sin importar el tamaño, las noticias vuelan y nadie se explica cómo se filtran informaciones altamente confidenciales. Se reúnen los directivos a planear un recorte de personal y no ha finalizado la junta cuando hasta el portero sabe quiénes salen por líchigo. O quien tiene un romance con un compañero de trabajo y a pesar de tomar todas las medidas para no ser detectados, todo el mundo se muere de la risa cuando los ven en público tratarse de usted. Las envidias que genera el hecho de que un empleado sea promocionado por su buen desempeño, se ven reflejadas en los cuentos que le inventan para tratar de degradarlo ante los jefes.
Que tire la primera piedra el que nunca haya comido prójimo. Algunos insisten en que son enemigos del chisme, pero en las reuniones son los que más preguntan y se interesan. Porque están equivocados quienes piensan que chismoso es aquel que se inventa un cuento para fregar a otro, lo cual supongo hacen muy pocas personas, ya que el daño se hace, seguro sin mala intención, cuando el rumor pasa de boca en boca y ahí es cuando se distorsiona. Es común que uno comparta con la mujer alguna murmuración, y al rato cuando la oye repetirlo a una amiga por el teléfono, es necesario corregirle varios datos que no corresponden. Si esto sucede con la primera divulgación, cómo será cuando haya pasado por varias estaciones.
Los chismes circulan en estratos sociales determinados, porque es natural que personas de otros niveles no conozcan ni se interesen por lo que suceda a los implicados de un entorno diferente al suyo. Los rumores ruedan sin control en el colegio, en la sala de espera, en la junta comunal, en el equipo de fútbol, entre los socios de un club, en la asociación de profesionales, etc., y existen campos abonados para ese deporte como las tiendas de barrio o las peluquerías. Son innumerables las disputas, con heridos y hasta muertos, que se presentan entre los vecinos porque fulanita dijo esto o aquello. Y lo que ignore un peluquero es porque no ha sucedido.
Entre más pequeño el pueblo es peor el chismerío y en ciudades medianas como la nuestra todavía no podemos sacudirnos de esa maldición. Cualquier reunión empieza con comentarios acerca del último chisme y quien lo cuenta debe repetirlo cada que llega uno de los asistentes. Semanalmente un cuento diferente entretiene las ávidas mentes y los temas preferidos son las infidelidades, divorcios, adolescentes embarazadas, quiebras personales o empresariales, personas aquejadas por enfermedades graves, los que salen del closet, el que gasta más de la cuenta, los políticos y cualquier cuento que clasifique como chicharrón.
Mucha de nuestra clase dirigente anda en la picota pública y lo lógico es que esperemos la decisión de los jueces antes de entrar a condenarlos, pero con justa razón nos hemos vuelto desconfiados ante las arbitrariedades que se cometen a diario en nuestro sistema judicial; claro que a quien acepte su culpa que lo descaderen a punta de lengua.
Los velorios son ideales para el cotilleo y supe de un grupo de amigos reunido en una sala de velación mientras observaban la entrada para hacer comentarios acerca de los asistentes. En esas ingresó un personaje que desde hace años soporta graves quebrantos de salud, y uno de los contertulios anunció que había llegado “cinemark”. Cuando preguntaron a qué se debe ese apodo, la respuesta fue perentoria: - ¡Próximamente en esta sala!
pmejiama1@une.net.co
lunes, mayo 11, 2009
Cambio de hábitos.
El mundo entero anda con los pelos de punta por la aparición de un virus que amenaza la humanidad. En todas partes toman medidas de emergencia para evitar que la epidemia traspase las fronteras, lo cual es muy difícil porque los síntomas demoran cierto tiempo para manifestarse, lapso suficiente para que una persona ingrese a un país y contagie a otra gente antes de que su caso sea detectado y atendido. Méjico, país donde empezó el asunto, por ser uno de los mayores atractivos turísticos recibe visitantes de todas partes, además de que cuenta con una numerosa población que mantiene contacto con el resto del mundo. Debido a su extensión no es fácil controlar la epidemia y pasará mucho tiempo para que logren llegar con las medidas de prevención a todos los rincones de su geografía.
Muchos ven la llamada gripa porcina como una venganza de esos animales contra el ser humano, por haberlo explotado durante toda su existencia como fuente de alimentación. En la mayoría de las culturas no se concibe una celebración, fiesta o repichinga sin tasajear siquiera un chancho, y lo único que varía es la forma de prepararlo y consumirlo. Aquí acostumbramos ofrecer lechona cuando los comensales son muchos; en las festividades navideñas sacrificamos un marrano con la tradicional puñalada en el mango, para luego chamuscarlo y proceder a estragarnos con las delicias que nos ofrecen sus abundantes carnes; además consumimos infinidad de platos que llevan como ingrediente principal una presa del sacrificado animal. A pesar de las recomendaciones científicas que aseguran que la enfermedad no se trasmite por el consumo de carne porcina, la paranoia generalizada invita a las personas a evitar ese majar y son los cerdos los únicos que resultarán favorecidos con la aparición del virus.
En estos casos es cuando las autoridades no pueden escatimar esfuerzos para difundir las precauciones que deben tomarse para evitar el contagio, y con la colaboración de los medios de comunicación hacerlas llegar a toda la población. El problema está en que muchos de esos medios explotan la noticia hasta abusar del ciudadano, y al poco tiempo uno ya no quiere oír mencionar el tema. El noticiero de televisión de Caracol del mediodía dedico los primeros 40 minutos, durante al menos dos semanas, a machacar información referente al tenebroso virus. Esa noticia puede resumirse en 5 minutos con los datos que más interesen al televidente y dedicar el resto del espacio a difundir tantas cosas que suceden en nuestro país y en el exterior.
En vez de ofrecer variada información, con un manejo ágil y ameno de las secciones, se dedican a hacer unas notas estúpidas que no contribuyen en nada a la solución del problema. Lo primero es transmitir remotos desde todos los puertos, aeropuertos y terminales de transporte del país, donde los corresponsales repiten exactamente el mismo estribillo; después recorren una buena cantidad de hospitales de las diferentes ciudades para que también digan lo mismo; siguen con la entrevista a la directora de una guardería infantil que dice una sarta de babosadas; a una vendedora de lechona le dedican 10 minutos para que repita hasta el cansancio que está al borde de la quiebra; un reportero detiene a los peatones para indagar si les incomoda usar tapa bocas; otro visita varias droguerías para enterarse de cuántos adminículos de estos han vendido; y por último hacen una extensa nota para mostrar el nuevo timbre de teléfono móvil que imita los chillidos de un caribajito cuando enfrenta al matarife. Habrase visto estupidez igual.
Mucho más práctico es iniciar el noticiero con una información clara y concisa sobre la epidemia, y durante el resto de la emisión, cada cierto lapso, presentar consejos y datos de interés que ayuden a difundir entre el pueblo las medidas de precaución que deben tomarse; claro que dedicarle un espacio exagerado a enseñar algo tan elemental como lavarse las manos y después hacer entrevistas callejeras para preguntar con qué frecuencia la gente práctica esa sana costumbre, también me parece una pendejada.
La función de los medios es informar y difundir las medidas de prevención, pero sin crear falsas alarmas ni fomentar el pánico y la paranoia. Ahora al constipado lo discriminan y todos lo miran como si tuviera la peste negra, y me pregunto si me llega a dar, mientras viajo por ejemplo en un “transmilleno”, una crisis alérgica de unas que me ponen a estornudar más de 20 veces sin parar. Lo mínimo es que me avientan por la ventana en pleno recorrido.
Que al menos esta coyuntura sirva para que la gente aprenda a tener unos buenos hábitos de higiene, conozca cuáles son los medios más comunes de contagio, y dejemos de una vez por todas esa manía de apretar manos ajenas y besuquear a diestra y siniestra. Nada más fastidioso que una mano blandita, resbalosa y caliente. Ni hablar de quienes sin importar que estén sudados se abalanzan a besar sin miramientos, o reparten picos cuando apenas conocen a las otras personas. Nada, dejemos esas confiancitas solo para los seres más íntimos y de resto imitemos a los orientales: una venia respetuosa y punto.
Algo que me preocupa, sin querer ser alarmista, es que nuestro país debe ser territorio abonado para la reproducción del virus porque tenemos sobrepoblación de marranos.
pmejiama1@une.net.co
Muchos ven la llamada gripa porcina como una venganza de esos animales contra el ser humano, por haberlo explotado durante toda su existencia como fuente de alimentación. En la mayoría de las culturas no se concibe una celebración, fiesta o repichinga sin tasajear siquiera un chancho, y lo único que varía es la forma de prepararlo y consumirlo. Aquí acostumbramos ofrecer lechona cuando los comensales son muchos; en las festividades navideñas sacrificamos un marrano con la tradicional puñalada en el mango, para luego chamuscarlo y proceder a estragarnos con las delicias que nos ofrecen sus abundantes carnes; además consumimos infinidad de platos que llevan como ingrediente principal una presa del sacrificado animal. A pesar de las recomendaciones científicas que aseguran que la enfermedad no se trasmite por el consumo de carne porcina, la paranoia generalizada invita a las personas a evitar ese majar y son los cerdos los únicos que resultarán favorecidos con la aparición del virus.
En estos casos es cuando las autoridades no pueden escatimar esfuerzos para difundir las precauciones que deben tomarse para evitar el contagio, y con la colaboración de los medios de comunicación hacerlas llegar a toda la población. El problema está en que muchos de esos medios explotan la noticia hasta abusar del ciudadano, y al poco tiempo uno ya no quiere oír mencionar el tema. El noticiero de televisión de Caracol del mediodía dedico los primeros 40 minutos, durante al menos dos semanas, a machacar información referente al tenebroso virus. Esa noticia puede resumirse en 5 minutos con los datos que más interesen al televidente y dedicar el resto del espacio a difundir tantas cosas que suceden en nuestro país y en el exterior.
En vez de ofrecer variada información, con un manejo ágil y ameno de las secciones, se dedican a hacer unas notas estúpidas que no contribuyen en nada a la solución del problema. Lo primero es transmitir remotos desde todos los puertos, aeropuertos y terminales de transporte del país, donde los corresponsales repiten exactamente el mismo estribillo; después recorren una buena cantidad de hospitales de las diferentes ciudades para que también digan lo mismo; siguen con la entrevista a la directora de una guardería infantil que dice una sarta de babosadas; a una vendedora de lechona le dedican 10 minutos para que repita hasta el cansancio que está al borde de la quiebra; un reportero detiene a los peatones para indagar si les incomoda usar tapa bocas; otro visita varias droguerías para enterarse de cuántos adminículos de estos han vendido; y por último hacen una extensa nota para mostrar el nuevo timbre de teléfono móvil que imita los chillidos de un caribajito cuando enfrenta al matarife. Habrase visto estupidez igual.
Mucho más práctico es iniciar el noticiero con una información clara y concisa sobre la epidemia, y durante el resto de la emisión, cada cierto lapso, presentar consejos y datos de interés que ayuden a difundir entre el pueblo las medidas de precaución que deben tomarse; claro que dedicarle un espacio exagerado a enseñar algo tan elemental como lavarse las manos y después hacer entrevistas callejeras para preguntar con qué frecuencia la gente práctica esa sana costumbre, también me parece una pendejada.
La función de los medios es informar y difundir las medidas de prevención, pero sin crear falsas alarmas ni fomentar el pánico y la paranoia. Ahora al constipado lo discriminan y todos lo miran como si tuviera la peste negra, y me pregunto si me llega a dar, mientras viajo por ejemplo en un “transmilleno”, una crisis alérgica de unas que me ponen a estornudar más de 20 veces sin parar. Lo mínimo es que me avientan por la ventana en pleno recorrido.
Que al menos esta coyuntura sirva para que la gente aprenda a tener unos buenos hábitos de higiene, conozca cuáles son los medios más comunes de contagio, y dejemos de una vez por todas esa manía de apretar manos ajenas y besuquear a diestra y siniestra. Nada más fastidioso que una mano blandita, resbalosa y caliente. Ni hablar de quienes sin importar que estén sudados se abalanzan a besar sin miramientos, o reparten picos cuando apenas conocen a las otras personas. Nada, dejemos esas confiancitas solo para los seres más íntimos y de resto imitemos a los orientales: una venia respetuosa y punto.
Algo que me preocupa, sin querer ser alarmista, es que nuestro país debe ser territorio abonado para la reproducción del virus porque tenemos sobrepoblación de marranos.
pmejiama1@une.net.co
lunes, mayo 04, 2009
El jugo de tubería.
Dice el refranero popular que las cosas se aprecian más cuando se pierden. Una moraleja muy cierta que podemos comprobar en casa si por alguna causa carecemos de uno de los servicios públicos domiciliarios, a los cuales nos acostumbramos hasta no poder vivir sin ellos. Cortan el teléfono y de inmediato toca llamar para que lo reparen, aunque ahora con los celulares la cosa no es tan grave; el gas falla muy poco pero si sucede nos enfrentamos mínimo a quedar sin fogón ni agua caliente, que es lo peor; sin luz quedamos más desprogramados que un poste; y el caos definitivo es cuando abrimos la llave del agua y se oye un ronquido como de volcán en erupción.
Al abrir el grifo, la pluma le dicen los costeños, pocas veces apreciamos ese don que tenemos a la mano y por el contrario la dejamos correr sin pensar que con la cantidad de agua que se pierde mientras nos lavamos los dientes, podría sobrevivir un habitante de un lugar inhóspito donde carezcan del precioso líquido. La comunidad de los bosquimanos, que habita el desierto de Kalahari en el sur de África, sobrevive prácticamente sin consumir agua y depende del líquido que surge de los escasos alimentos que por su conocimiento ancestral encuentra en tan árido entorno. Produce desazón verlos con una capa de mugre acumulada en toda una vida, y para un habitante de la civilización que debe lavarse las manos a cada momento porque no resiste el fastidio, parece inaudito que un ser humano pueda vivir así. Basta imaginar a qué les olerá la horqueta. ¡Gaquis!
Para no ir muy lejos, en los cinturones de miseria de nuestras ciudades la gente carece del servicio de alcantarillado y acueducto, y deben cargar agua desde alguna fuente que tengan cerca; claro que casi siempre se trata de aguas empozadas que presentan altos grados de contaminación, lo que causa problemas de salud en la comunidad y en los niños hasta la muerte. Si cada persona piensa cuánta agua tendría que cargar para cubrir lo que gastan un día en su hogar, seguro que deberá buscar la forma de comprar un carro tanque. Cuando veo las filas de gente con sus baldes, canecas, ollas y demás recipientes para conseguir el indispensable líquido, pienso para qué puede alcanzarles esa cantidad. Desocupar un sanitario requiere varios galones; el baño de una persona, así sea lavado de gato, consume otro tanto; puede que alcance para cocinar, pero no para lavar los platos; ni pensar en lavar la ropa; y hay que dejar un cuncho para consumo humano y cepillado de dientes.
Lo peor es que todos los días desaparecen quebradas, humedales y ciénagas, porque los humanos nos encargamos de desestabilizar el ciclo normal del planeta. Grande va a ser el odio que van a sentir los habitantes que nos reciban la posta en un futuro no muy lejano, cuando se vean abocados a una crisis mundial por falta de agua. Seguro los poderosos se quedan con las pocas fuentes y al común de la gente le tocará tomar un curso con los bosquimanos a ver cómo es que se vive a palo seco. De toda el agua del planeta, salada y dulce, esta última solo representa el 3%; los ríos, lagos, ciénagas y picos nevados del planeta corresponden al 1% y el resto está congelada en ambos polos. Estos últimos se derriten al desprenderse del casquete polar y su contenido se diluye en el agua del mar, la cual no puede consumir el hombre. No les quedará más remedio a nuestros lejanos descendientes que recurrir a la tecnología para montar plantas en los polos donde derritan hielo, y trasportarla por tuberías submarinas como hacen ahora con los hidrocarburos. Menos peligro correrán nuestros bandidos expertos en perforar los tubos para robar su contenido, y seguro el gobierno le pondrá sobre- tasa.
Eso de comprar botellones de agua es algo relativamente nuevo, porque a nosotros nos tocó en la finca tomarla de un nacimiento que muchas veces venía turbio. La dejaban reposar durante la noche para asentarle la mugre, luego sacaban la más limpia, la ponían a hervir y listo. Al servirla en un vaso podía notarse su color ámbar, pero nuestros mayores eran muy sangrilivianos y no le paraban bolas a esas minucias. Tiempo después, cuando íbamos a acampar al monte, el agua procedía de ríos y quebradas que muchas veces tenía un color terroso; en un pocillo de peltre sacábamos el agua, le escurríamos un limón, diluíamos una pastilla que dizque la volvía potable y al buche con ella. A muchos los atacaban las amebas pero bastaba con purgarlos y problema solucionado.
No quiero siquiera imaginar el día que los conflictos en la tierra sean por agua. Así como ahora el petróleo representa poder, llegará el momento que los que tengan recursos hídricos mandarán la parada. Por eso hay que disfrutar el agua, cuidarla, valorarla, agradecerla, ponderarla y degustarla. Cuando tenemos sed recurrimos a las gaseosas y todo tipo de bebidas artificiales que ofrece el mercado, cargadas de azúcar y productos químicos, pero la “guillotina”, como le dicen los malevos a esa necesidad de hidratar el organismo, solo se calma con el precioso líquido. Por algo aseguran que nada como el jugo de tubería.
pmejiama@une.net.co
Al abrir el grifo, la pluma le dicen los costeños, pocas veces apreciamos ese don que tenemos a la mano y por el contrario la dejamos correr sin pensar que con la cantidad de agua que se pierde mientras nos lavamos los dientes, podría sobrevivir un habitante de un lugar inhóspito donde carezcan del precioso líquido. La comunidad de los bosquimanos, que habita el desierto de Kalahari en el sur de África, sobrevive prácticamente sin consumir agua y depende del líquido que surge de los escasos alimentos que por su conocimiento ancestral encuentra en tan árido entorno. Produce desazón verlos con una capa de mugre acumulada en toda una vida, y para un habitante de la civilización que debe lavarse las manos a cada momento porque no resiste el fastidio, parece inaudito que un ser humano pueda vivir así. Basta imaginar a qué les olerá la horqueta. ¡Gaquis!
Para no ir muy lejos, en los cinturones de miseria de nuestras ciudades la gente carece del servicio de alcantarillado y acueducto, y deben cargar agua desde alguna fuente que tengan cerca; claro que casi siempre se trata de aguas empozadas que presentan altos grados de contaminación, lo que causa problemas de salud en la comunidad y en los niños hasta la muerte. Si cada persona piensa cuánta agua tendría que cargar para cubrir lo que gastan un día en su hogar, seguro que deberá buscar la forma de comprar un carro tanque. Cuando veo las filas de gente con sus baldes, canecas, ollas y demás recipientes para conseguir el indispensable líquido, pienso para qué puede alcanzarles esa cantidad. Desocupar un sanitario requiere varios galones; el baño de una persona, así sea lavado de gato, consume otro tanto; puede que alcance para cocinar, pero no para lavar los platos; ni pensar en lavar la ropa; y hay que dejar un cuncho para consumo humano y cepillado de dientes.
Lo peor es que todos los días desaparecen quebradas, humedales y ciénagas, porque los humanos nos encargamos de desestabilizar el ciclo normal del planeta. Grande va a ser el odio que van a sentir los habitantes que nos reciban la posta en un futuro no muy lejano, cuando se vean abocados a una crisis mundial por falta de agua. Seguro los poderosos se quedan con las pocas fuentes y al común de la gente le tocará tomar un curso con los bosquimanos a ver cómo es que se vive a palo seco. De toda el agua del planeta, salada y dulce, esta última solo representa el 3%; los ríos, lagos, ciénagas y picos nevados del planeta corresponden al 1% y el resto está congelada en ambos polos. Estos últimos se derriten al desprenderse del casquete polar y su contenido se diluye en el agua del mar, la cual no puede consumir el hombre. No les quedará más remedio a nuestros lejanos descendientes que recurrir a la tecnología para montar plantas en los polos donde derritan hielo, y trasportarla por tuberías submarinas como hacen ahora con los hidrocarburos. Menos peligro correrán nuestros bandidos expertos en perforar los tubos para robar su contenido, y seguro el gobierno le pondrá sobre- tasa.
Eso de comprar botellones de agua es algo relativamente nuevo, porque a nosotros nos tocó en la finca tomarla de un nacimiento que muchas veces venía turbio. La dejaban reposar durante la noche para asentarle la mugre, luego sacaban la más limpia, la ponían a hervir y listo. Al servirla en un vaso podía notarse su color ámbar, pero nuestros mayores eran muy sangrilivianos y no le paraban bolas a esas minucias. Tiempo después, cuando íbamos a acampar al monte, el agua procedía de ríos y quebradas que muchas veces tenía un color terroso; en un pocillo de peltre sacábamos el agua, le escurríamos un limón, diluíamos una pastilla que dizque la volvía potable y al buche con ella. A muchos los atacaban las amebas pero bastaba con purgarlos y problema solucionado.
No quiero siquiera imaginar el día que los conflictos en la tierra sean por agua. Así como ahora el petróleo representa poder, llegará el momento que los que tengan recursos hídricos mandarán la parada. Por eso hay que disfrutar el agua, cuidarla, valorarla, agradecerla, ponderarla y degustarla. Cuando tenemos sed recurrimos a las gaseosas y todo tipo de bebidas artificiales que ofrece el mercado, cargadas de azúcar y productos químicos, pero la “guillotina”, como le dicen los malevos a esa necesidad de hidratar el organismo, solo se calma con el precioso líquido. Por algo aseguran que nada como el jugo de tubería.
pmejiama@une.net.co
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