Con tal de que ahora no vayan a salir con el cuento que quienes hicimos el bachillerato hace más de 20 años debemos validar para de esa forma actualizarlo, debido a que casi todo lo que aprendimos en ese entonces está mandado a recoger. Después de que nos torturaron con las matemáticas, donde había que hacer las operaciones a mano porque no se conocían las calculadoras electrónicas, y para colmo los profesores ni siquiera se fijaban en el procedimiento, sino que miraban a ver si la respuesta coincidía; de manera que si el alumno se equivocaba al poner un punto o una coma perdía el examen, y punto. No hay derecho. Porque había que ver lo que era resolver una multiplicación o una división de cinco cifras, operación que se gastaba toda una hoja del cuaderno cuadriculado, y por un simple desliz se iba todo al carajo.
Ahora cuando los menores estudian esa materia utilizan un lenguaje que no está en nuestro léxico y al querer ayudarles con una tarea nos quedamos viendo un chispero. Conjuntos y fraccionarios reemplazaron las cuatro operaciones tradicionales, aunque algunas mortificaciones persisten como las benditas tablas de multiplicar. Qué joda con éso, sobre todo ahora que enciman una calculadora por comprar un detergente o las mismas hacen parte de las muchas funciones que ofrece un reloj ordinario. Es que yo sí le digo lo que es aprenderse por ejemplo la tabla del nueve.
No estamos libres de que digan que todo aquel que haya recurrido a la regla de cálculo como ayuda de consulta, debe repetir las materias que la requerían porque ese hermoso instrumento, elaborado con madera de bambú finamente tallada, dejaba una ínfima posibilidad de error y que ahora con la tecnología ese albur puede evitarse. Pero fíjese que los chinos utilizaron el ábaco y los incas el quipu para dichos menesteres, y a ninguno le hizo falta la electrónica para saber cuánto le debía un vecino. En el colegio siempre fui negado para las matemáticas, y ni hablar cuando en tercero de bachillerato me topo con el algebra y de súbito lo que había logrado asimilar se fue todo al basurero, porque las operaciones ya no eran con números sino con letras. Ahí sí quedé poposiao y el agua lejos.
La religión nos la metieron a punta de amenazas y promesas que hasta hace poco tiempo mantuvieron su vigencia, porque grande fue la sorpresa cuando el mismo Papa Juan Pablo II reconoció que el cielo y el infierno no existen como los pintaban en el colegio. A toda hora muertos del susto porque habíamos roto uno de los mandamientos y a hacer fuerza para que no nos llamaran de arriba antes de que alcanzáramos a confesarnos. Después de hacer la primera comunión el muchachito debía pensar a ver que pecados le confiaba al cura para no salir con el cuento que no tenía nada de qué arrepentirse, y entonces no quedaba sino recurrir a confesar que había jurado en vano, tenido malos pensamientos o peleado con los hermanitos. Porque la única forma de que le creyeran los amigos cualquier cosa era sentenciar, mientras cruzaba el dedo pulgar con los demás: Por este puñao de cruces; o p’a mi Dios bendito; o por Chuchito santo.
Y éso que a tan tierna edad todavía no codiciábamos la mujer del prójimo, porque al muy poco tiempo nos empezaban a gustar todas. A la larga nada de malo tiene que uno se relama viendo tongonear a una vecina o a la novia de fulanito, mientras respete a las compañeras sentimentales de familiares y amigos. Claro que estoy muy desactualizado de cómo será ahora la catequesis porque si sigue vigente aquello de que es pecado fornicar, la juventud moderna desde la misma pubertad, poco le jala a respetar dicho precepto.
Qué tal lo que nos jodieron con la ortografía y la gramática para que en la actualidad con las comunicaciones electrónicas todo quede en ceros, porque es triste ver cómo escriben las nuevas generaciones. Y haga planas y raye hojas del cuaderno de doble línea, para que ahora de tanto teclear en una computadora se nos olvide hasta firmar. Solo queda la satisfacción personal de pulirse al garrapatear aunque sea una línea, porque muy pocos se fijan en esas minucias.
Pero las sorpresas siguen y el más reciente descache se refiere a que el famoso Plutón ya no hace parte del sistema solar. Después de 76 años vienen a darse cuenta de que ese peladero es muy chiquito y por lo tanto no clasifica para hacer parte del combo planetario. Viéndolo bien, por fortuna en épocas pasadas no había forma de mirar con detalle esas lejanías, porque ahora me entero que ese moridero forma parte del cinturón de Kuiper, donde está acompañada de otros 100 mil que tienen características similares. Y póngale la firma que de haberse sabido, nos los hubieran hecho aprender todos de memoria. Además, para qué soban tanto con una vaina que queda a 12500 millones de años luz de aquí. Puedo decir, sin ponerme colorado, que éso queda en la mismísima eme.
Estamos pasados de instaurar una demanda contra quien nos reprobó en un examen porque olvidamos mencionar a Plutón. Y no faltará el que perdió el año por la misma pendejada. Qué plutería.
pmejiama1@epm.net.co
miércoles, enero 31, 2007
jueves, enero 18, 2007
NO ESTA NI TIBIO.
Bien equivocado es afirmar que alguien domina perfectamente un idioma diferente al suyo, cuando lo aprende en la academia o por intermedio de profesores particulares. Otra cosa es que la persona haya vivido durante mucho tiempo en la tierra donde hablan ese idioma en particular, porque solo practicándolo a diario y con personas de diferentes estratos y regiones, puede llegarse a conocer una lengua a la perfección. Que fulanito es “full inglés”, dicen cuando alguien se defiende muy bien en la lengua anglosajona; que aquel se peina parlando italiano; o que mengano habla francés mejor que cualquier descendiente de Balzac. Y lo mismo afirma un gringo cuando conversa en español como un hispano parlante, pero de ahí a dominar la lengua hay mucho trecho.
Porque un idioma es mucho más que lo que está relacionado en sus diccionarios, lo que enseñan en el aula de clases, lo que dictan sus reglas y todo lo que esté escrito al respecto. Una lengua es sobre todo la forma como la gente del común se entiende entre sí, con sus dichos, expresiones, modismos, apuntes y esas novedades que quienes la utilizan le incorporan a diario. Por ejemplo en nuestro país cambia el significado de una palabra de una región a otra, y es así como los costeños le dicen foco al bombillo; en Medellín llaman perico al café con leche que nosotros denominamos pintado; en Bogotá se refieren a nuestro “algo” como las onces; y en los llanos orientales le dicen camarita al amigo o compañero.
De manera que si conozco por ejemplo a un alemán que asegure conocer al dedillo nuestro idioma, puedo decirle que no está ni tibio y para la muestra le hago algunas pruebas con el fin de comprobarle que para ello debe convivir primero con la gente del común por mucho tiempo y de esa manera cogerle el tiro al asunto. Y ni así, porque uno mismo se queda muchas veces viendo un chispero cuando oye hablar a un adolescente o a un habitante de la calle, porque no entiende ni la mitad de lo que dicen.
Para hacerle la prueba al extranjero de marras, basta con preguntarle por ejemplo si sabe definir qué es un chichipato. Si el tipo pone cara de que no tiene ni malicia, se le puede explicar que es un faltón, que se distingue por agonía y calceto, que es una garra, una pichurria, una garulla, una chucha, que no da pie con bola y que no tiene en qué caerse muerto. Luego le cuento que por chichipato lo quebraron, y si no entiende, le digo que lo levantaron, lo quiñaron, le dieron chumbimba, amaneció con la boca llena de hormigas, le hicieron la vuelta, lo pusieron a chupar gladiolo, a mirar p’a dentro, quedó muñeco, tuqui tuqui lulú, chao pescao. Y todo porque le gustaba andar metido en tropeles, bonches, peloteras y bochinches.
O saco a colación el cuento de otro pato que se abrió del parche, o como quien dice se pisó, se dio el ancho, puso pies en polvorosa, se evaporó, adiós pues.
Y qué tal mencionar que debido a la situación de la vida actual, mucha gente anda de mala vuelta, con el mico al hombro, llevados, con la malparidéz alborotada, enfurruñados, friquiados, bajos de nota y con el carriel caído. O que muchos otros andan vaciados, sin cinco, más pelados que sobaco de rana, nadando y empujando la maleta, en la física olla, pilando por el afrecho, varados y a tiro de robar gallinas.
A ver si entiende cuando le cuente que la parejita aquella anda entrepiernada y que a toda hora revientan cariño, chupan piña, que es lo mismo que parchar o jalar trompa, y que de tanto maniculiteteo y amacice terminaron voliando chuzo, tupiéndole al miriñaque, cascándole al peluche o como quien dice tirando. Y que por lo tanto están güetes, mataos de la dicha, felices de la pelota, transportados y radiantes. Porque aunque dicen que el pirobo es buchepluma, metelagómez y machucho, la verdad es que el pelao es piloso, metelón, camellador, aventado y entucador. En cambio la sardina que se las da de mucho café con leche, no llega ni a mantecotaquígrafa.
Y esa otra pinta que iba con unos parceros en la llaga de pichirilo que tiene, y como viajaban encocaos o a culo alzao, se pegaron un lamparazo que ni le cuento. Salieron pelotiando por una manga y fueron a dar a una chamba; por andar chupando y soplando acabaron marcando cruz y calavera, y tuvieron que seguir la rumba en la güandoca después de pasar por donde el matasanos. Lo peor es que la tomba los tiene pillaos y por dar papaya se les va a ir hondo.
Claro que si está tan convencido de su conocimiento, entonces que traduzca a su lengua expresiones como: ñuco, joto, chispún, angurria, parcero, colmeniar, susquiniao, ñola, atembao, cagalástimas, patrasiar, fufurufa, pelle, desjetao, chuflí, cocianfirulo, pichurrio, copisoliar, raniar o sobremesiar. O si sabe qué quiere decir revolver guadua, estripar el tomate, quedar pagando, gato enmochilao, ponerse mosca, meter el hombro, llevar del bulto, ser mucha gente, hacer conejo, por la pica, caranga resucitada o bajar de pinta.
Si da pie con bola y le suena la flauta, me le quito el sombrero.
pmejiama1@une.net.co
Porque un idioma es mucho más que lo que está relacionado en sus diccionarios, lo que enseñan en el aula de clases, lo que dictan sus reglas y todo lo que esté escrito al respecto. Una lengua es sobre todo la forma como la gente del común se entiende entre sí, con sus dichos, expresiones, modismos, apuntes y esas novedades que quienes la utilizan le incorporan a diario. Por ejemplo en nuestro país cambia el significado de una palabra de una región a otra, y es así como los costeños le dicen foco al bombillo; en Medellín llaman perico al café con leche que nosotros denominamos pintado; en Bogotá se refieren a nuestro “algo” como las onces; y en los llanos orientales le dicen camarita al amigo o compañero.
De manera que si conozco por ejemplo a un alemán que asegure conocer al dedillo nuestro idioma, puedo decirle que no está ni tibio y para la muestra le hago algunas pruebas con el fin de comprobarle que para ello debe convivir primero con la gente del común por mucho tiempo y de esa manera cogerle el tiro al asunto. Y ni así, porque uno mismo se queda muchas veces viendo un chispero cuando oye hablar a un adolescente o a un habitante de la calle, porque no entiende ni la mitad de lo que dicen.
Para hacerle la prueba al extranjero de marras, basta con preguntarle por ejemplo si sabe definir qué es un chichipato. Si el tipo pone cara de que no tiene ni malicia, se le puede explicar que es un faltón, que se distingue por agonía y calceto, que es una garra, una pichurria, una garulla, una chucha, que no da pie con bola y que no tiene en qué caerse muerto. Luego le cuento que por chichipato lo quebraron, y si no entiende, le digo que lo levantaron, lo quiñaron, le dieron chumbimba, amaneció con la boca llena de hormigas, le hicieron la vuelta, lo pusieron a chupar gladiolo, a mirar p’a dentro, quedó muñeco, tuqui tuqui lulú, chao pescao. Y todo porque le gustaba andar metido en tropeles, bonches, peloteras y bochinches.
O saco a colación el cuento de otro pato que se abrió del parche, o como quien dice se pisó, se dio el ancho, puso pies en polvorosa, se evaporó, adiós pues.
Y qué tal mencionar que debido a la situación de la vida actual, mucha gente anda de mala vuelta, con el mico al hombro, llevados, con la malparidéz alborotada, enfurruñados, friquiados, bajos de nota y con el carriel caído. O que muchos otros andan vaciados, sin cinco, más pelados que sobaco de rana, nadando y empujando la maleta, en la física olla, pilando por el afrecho, varados y a tiro de robar gallinas.
A ver si entiende cuando le cuente que la parejita aquella anda entrepiernada y que a toda hora revientan cariño, chupan piña, que es lo mismo que parchar o jalar trompa, y que de tanto maniculiteteo y amacice terminaron voliando chuzo, tupiéndole al miriñaque, cascándole al peluche o como quien dice tirando. Y que por lo tanto están güetes, mataos de la dicha, felices de la pelota, transportados y radiantes. Porque aunque dicen que el pirobo es buchepluma, metelagómez y machucho, la verdad es que el pelao es piloso, metelón, camellador, aventado y entucador. En cambio la sardina que se las da de mucho café con leche, no llega ni a mantecotaquígrafa.
Y esa otra pinta que iba con unos parceros en la llaga de pichirilo que tiene, y como viajaban encocaos o a culo alzao, se pegaron un lamparazo que ni le cuento. Salieron pelotiando por una manga y fueron a dar a una chamba; por andar chupando y soplando acabaron marcando cruz y calavera, y tuvieron que seguir la rumba en la güandoca después de pasar por donde el matasanos. Lo peor es que la tomba los tiene pillaos y por dar papaya se les va a ir hondo.
Claro que si está tan convencido de su conocimiento, entonces que traduzca a su lengua expresiones como: ñuco, joto, chispún, angurria, parcero, colmeniar, susquiniao, ñola, atembao, cagalástimas, patrasiar, fufurufa, pelle, desjetao, chuflí, cocianfirulo, pichurrio, copisoliar, raniar o sobremesiar. O si sabe qué quiere decir revolver guadua, estripar el tomate, quedar pagando, gato enmochilao, ponerse mosca, meter el hombro, llevar del bulto, ser mucha gente, hacer conejo, por la pica, caranga resucitada o bajar de pinta.
Si da pie con bola y le suena la flauta, me le quito el sombrero.
pmejiama1@une.net.co
lunes, enero 15, 2007
PILAS CON LA DEPRE.
Desde mediados de año venimos con la cantinela que esta vaina ya se fue así, como quien dice que se acabó, pero ahora el asunto sí es en serio. Mañana fenece este 2006, de lo que no hay vuelta de hoja. El tiempo pasa de forma irremediable; basta con mirar el segundero de un reloj y pensar que cada que ese palito pega un salto, es el tiempo que sigue de largo y sin retorno. Dichosos los pequeñines que no entienden de relojes o calendarios, por lo que viven su existencia sin afanes ni medidas. El agite actual hace que las personas se convierten en esclavas del tiempo y algunos añoran días con más horas para lograr hacer todo lo que tienen pendiente.
Una pregunta muy común es por qué cuando estábamos chiquitos el año era tan largo y en cambio ahora pasa volando. Las vacaciones se convertían en una prolongada temporada que disfrutábamos en toda su extensión, y los meses dedicados al estudio eran eternos y solo queríamos despacharlos con prontitud. La época de navidad se repetía después de un extenso lapso, y la anterior estaba en el recuerdo de los niños como algo remoto. Tal vez por ello nos la gozábamos, además que se desarrollaba en la fecha correspondiente. Como quien dice, diciembre era cada doce meses. La respuesta a este interrogante, según algunos, es que con el paso de los años el individuo tiene más con qué comparar y por ello cada vez el tiempo corre con más velocidad. Sin duda es un asunto que puede masticarse y hasta para filosofar se presta.
Es común que a muchos les entre la depresión por estas calendas, porque los coge la pensadera y esa vaina desespera a cualquiera. Que si voy a sobrevivir hasta el final del nuevo año; qué va a suceder con mis seres queridos; cuáles sorpresas me depara el futuro próximo; cuántas cosas deje de hacer en los doce meses pasados; cómo voy a enfrentar las situaciones adversas que se atraviesen en el camino; qué irá a pasar en el mundo con tanto despelote; dónde voy a estar en estas fechas dentro de un año y mil preguntas estúpidas que por más que tratemos, nunca les encontraremos respuesta.
De manera que mi consejo es que la tomen suave, sin angustias ni preocupaciones, porque el destino está escrito y es impajaritable. El tiempo discurre a como dé lugar y lo único importante es el momento. Si estoy vivo y bien en el presente, lo que puede suceder en el futuro no debe desvelarme. Preocuparse por lo que viene es un desgaste innecesario y solo deja zozobra y desazón. Hay que dejar a un lado los pensamientos negativos y pesimistas, e insistir en ponerle al mal tiempo buena cara. Basta con vivir el momento y tratar de hacerlo agradable. Nunca dejar de hacer nada que nos provoque y aprovechar las oportunidades que se presenten.
Por eso me parece una pendejada ponerse en la noche del 31 de diciembre a hacer promesas y a fijar metas difíciles de cumplir, porque después va a recordar todo el año esas intenciones y el no cumplimiento de las mismas solo trae mortificaciones. Claro que el optimismo es provechoso y hacer planes no le hace daño a nadie, pero que no sean compromisos ineludibles. Lo mejor, pienso, es no hacerlos en público para que después no esté nadie recordándole esa cantidad de asuntos que acumula en la carpeta de pendientes. Una solución práctica es que la media noche lo coja copetón y verá que no le da por berrear, ni por echarle cabeza a la existencia.
Lo grave del asunto es que la depresión viene acompañada de angustia existencial, la cual genera más interrogantes: que si me va a alcanzar la plata; que los hijos qué; y si me echan del trabajo; y que tal que me aparezca una enfermedad grave; o que me caiga la administración de impuestos; o que se incendie la casa. ¡Huy!, y estamos pasados de un buen terremoto; o va y me secuestran; y donde se me dañe el matrimonio… Todas vainas que pueden suceder, pero que lo más seguro es que no. De manera que para qué desgastarse con problemas virtuales, si con los reales hay para dar y convidar. Que nadie le gaste cacumen a pensamientos negativos y en cambio se dedique a disfrutar lo que tiene, y en la noche de san silvestre nada de ponerse trascendental. Que sea como cualquier otra, o preferible, si la dedica a la fiesta, la buena comida y a compartir con personas de su agrado.
No haga sino mirar el calendario a ver cuándo es el primer puente, para empezar a planear los paseos que espera realizar. Porque a ese programa sí se le puede botar corriente, ya que mejor que el paseo como tal es la planeación del mismo, las reuniones con los participantes, hablar de lo que piensan comer, beber o los paisajes nuevos que conocerán. Lo mejor es que para salir de viaje no hay que ser rico, porque ese plan abarca cualquier tipo de excursión y no discrimina a nadie. ¡Ah!, y recomiendo no tener en cuenta el primer puente de enero, porque para entonces apenas estaremos como a 38 de diciembre.
pmejiama1@une.net.co
Una pregunta muy común es por qué cuando estábamos chiquitos el año era tan largo y en cambio ahora pasa volando. Las vacaciones se convertían en una prolongada temporada que disfrutábamos en toda su extensión, y los meses dedicados al estudio eran eternos y solo queríamos despacharlos con prontitud. La época de navidad se repetía después de un extenso lapso, y la anterior estaba en el recuerdo de los niños como algo remoto. Tal vez por ello nos la gozábamos, además que se desarrollaba en la fecha correspondiente. Como quien dice, diciembre era cada doce meses. La respuesta a este interrogante, según algunos, es que con el paso de los años el individuo tiene más con qué comparar y por ello cada vez el tiempo corre con más velocidad. Sin duda es un asunto que puede masticarse y hasta para filosofar se presta.
Es común que a muchos les entre la depresión por estas calendas, porque los coge la pensadera y esa vaina desespera a cualquiera. Que si voy a sobrevivir hasta el final del nuevo año; qué va a suceder con mis seres queridos; cuáles sorpresas me depara el futuro próximo; cuántas cosas deje de hacer en los doce meses pasados; cómo voy a enfrentar las situaciones adversas que se atraviesen en el camino; qué irá a pasar en el mundo con tanto despelote; dónde voy a estar en estas fechas dentro de un año y mil preguntas estúpidas que por más que tratemos, nunca les encontraremos respuesta.
De manera que mi consejo es que la tomen suave, sin angustias ni preocupaciones, porque el destino está escrito y es impajaritable. El tiempo discurre a como dé lugar y lo único importante es el momento. Si estoy vivo y bien en el presente, lo que puede suceder en el futuro no debe desvelarme. Preocuparse por lo que viene es un desgaste innecesario y solo deja zozobra y desazón. Hay que dejar a un lado los pensamientos negativos y pesimistas, e insistir en ponerle al mal tiempo buena cara. Basta con vivir el momento y tratar de hacerlo agradable. Nunca dejar de hacer nada que nos provoque y aprovechar las oportunidades que se presenten.
Por eso me parece una pendejada ponerse en la noche del 31 de diciembre a hacer promesas y a fijar metas difíciles de cumplir, porque después va a recordar todo el año esas intenciones y el no cumplimiento de las mismas solo trae mortificaciones. Claro que el optimismo es provechoso y hacer planes no le hace daño a nadie, pero que no sean compromisos ineludibles. Lo mejor, pienso, es no hacerlos en público para que después no esté nadie recordándole esa cantidad de asuntos que acumula en la carpeta de pendientes. Una solución práctica es que la media noche lo coja copetón y verá que no le da por berrear, ni por echarle cabeza a la existencia.
Lo grave del asunto es que la depresión viene acompañada de angustia existencial, la cual genera más interrogantes: que si me va a alcanzar la plata; que los hijos qué; y si me echan del trabajo; y que tal que me aparezca una enfermedad grave; o que me caiga la administración de impuestos; o que se incendie la casa. ¡Huy!, y estamos pasados de un buen terremoto; o va y me secuestran; y donde se me dañe el matrimonio… Todas vainas que pueden suceder, pero que lo más seguro es que no. De manera que para qué desgastarse con problemas virtuales, si con los reales hay para dar y convidar. Que nadie le gaste cacumen a pensamientos negativos y en cambio se dedique a disfrutar lo que tiene, y en la noche de san silvestre nada de ponerse trascendental. Que sea como cualquier otra, o preferible, si la dedica a la fiesta, la buena comida y a compartir con personas de su agrado.
No haga sino mirar el calendario a ver cuándo es el primer puente, para empezar a planear los paseos que espera realizar. Porque a ese programa sí se le puede botar corriente, ya que mejor que el paseo como tal es la planeación del mismo, las reuniones con los participantes, hablar de lo que piensan comer, beber o los paisajes nuevos que conocerán. Lo mejor es que para salir de viaje no hay que ser rico, porque ese plan abarca cualquier tipo de excursión y no discrimina a nadie. ¡Ah!, y recomiendo no tener en cuenta el primer puente de enero, porque para entonces apenas estaremos como a 38 de diciembre.
pmejiama1@une.net.co
PILAS CON LA DEPRE.
Desde mediados de año venimos con la cantinela que esta vaina ya se fue así, como quien dice que se acabó, pero ahora el asunto sí es en serio. Mañana fenece este 2006, de lo que no hay vuelta de hoja. El tiempo pasa de forma irremediable; basta con mirar el segundero de un reloj y pensar que cada que ese palito pega un salto, es el tiempo que sigue de largo y sin retorno. Dichosos los pequeñines que no entienden de relojes o calendarios, por lo que viven su existencia sin afanes ni medidas. El agite actual hace que las personas se convierten en esclavas del tiempo y algunos añoran días con más horas para lograr hacer todo lo que tienen pendiente.
Una pregunta muy común es por qué cuando estábamos chiquitos el año era tan largo y en cambio ahora pasa volando. Las vacaciones se convertían en una prolongada temporada que disfrutábamos en toda su extensión, y los meses dedicados al estudio eran eternos y solo queríamos despacharlos con prontitud. La época de navidad se repetía después de un extenso lapso, y la anterior estaba en el recuerdo de los niños como algo remoto. Tal vez por ello nos la gozábamos, además que se desarrollaba en la fecha correspondiente. Como quien dice, diciembre era cada doce meses. La respuesta a este interrogante, según algunos, es que con el paso de los años el individuo tiene más con qué comparar y por ello cada vez el tiempo corre con más velocidad. Sin duda es un asunto que puede masticarse y hasta para filosofar se presta.
Es común que a muchos les entre la depresión por estas calendas, porque los coge la pensadera y esa vaina desespera a cualquiera. Que si voy a sobrevivir hasta el final del nuevo año; qué va a suceder con mis seres queridos; cuáles sorpresas me depara el futuro próximo; cuántas cosas deje de hacer en los doce meses pasados; cómo voy a enfrentar las situaciones adversas que se atraviesen en el camino; qué irá a pasar en el mundo con tanto despelote; dónde voy a estar en estas fechas dentro de un año y mil preguntas estúpidas que por más que tratemos, nunca les encontraremos respuesta.
De manera que mi consejo es que la tomen suave, sin angustias ni preocupaciones, porque el destino está escrito y es impajaritable. El tiempo discurre a como dé lugar y lo único importante es el momento. Si estoy vivo y bien en el presente, lo que puede suceder en el futuro no debe desvelarme. Preocuparse por lo que viene es un desgaste innecesario y solo deja zozobra y desazón. Hay que dejar a un lado los pensamientos negativos y pesimistas, e insistir en ponerle al mal tiempo buena cara. Basta con vivir el momento y tratar de hacerlo agradable. Nunca dejar de hacer nada que nos provoque y aprovechar las oportunidades que se presenten.
Por eso me parece una pendejada ponerse en la noche del 31 de diciembre a hacer promesas y a fijar metas difíciles de cumplir, porque después va a recordar todo el año esas intenciones y el no cumplimiento de las mismas solo trae mortificaciones. Claro que el optimismo es provechoso y hacer planes no le hace daño a nadie, pero que no sean compromisos ineludibles. Lo mejor, pienso, es no hacerlos en público para que después no esté nadie recordándole esa cantidad de asuntos que acumula en la carpeta de pendientes. Una solución práctica es que la media noche lo coja copetón y verá que no le da por berrear, ni por echarle cabeza a la existencia.
Lo grave del asunto es que la depresión viene acompañada de angustia existencial, la cual genera más interrogantes: que si me va a alcanzar la plata; que los hijos qué; y si me echan del trabajo; y que tal que me aparezca una enfermedad grave; o que me caiga la administración de impuestos; o que se incendie la casa. ¡Huy!, y estamos pasados de un buen terremoto; o va y me secuestran; y donde se me dañe el matrimonio… Todas vainas que pueden suceder, pero que lo más seguro es que no. De manera que para qué desgastarse con problemas virtuales, si con los reales hay para dar y convidar. Que nadie le gaste cacumen a pensamientos negativos y en cambio se dedique a disfrutar lo que tiene, y en la noche de san silvestre nada de ponerse trascendental. Que sea como cualquier otra, o preferible, si la dedica a la fiesta, la buena comida y a compartir con personas de su agrado.
No haga sino mirar el calendario a ver cuándo es el primer puente, para empezar a planear los paseos que espera realizar. Porque a ese programa sí se le puede botar corriente, ya que mejor que el paseo como tal es la planeación del mismo, las reuniones con los participantes, hablar de lo que piensan comer, beber o los paisajes nuevos que conocerán. Lo mejor es que para salir de viaje no hay que ser rico, porque ese plan abarca cualquier tipo de excursión y no discrimina a nadie. ¡Ah!, y recomiendo no tener en cuenta el primer puente de enero, porque para entonces apenas estaremos como a 38 de diciembre.
pmejiama1@une.net.co
Una pregunta muy común es por qué cuando estábamos chiquitos el año era tan largo y en cambio ahora pasa volando. Las vacaciones se convertían en una prolongada temporada que disfrutábamos en toda su extensión, y los meses dedicados al estudio eran eternos y solo queríamos despacharlos con prontitud. La época de navidad se repetía después de un extenso lapso, y la anterior estaba en el recuerdo de los niños como algo remoto. Tal vez por ello nos la gozábamos, además que se desarrollaba en la fecha correspondiente. Como quien dice, diciembre era cada doce meses. La respuesta a este interrogante, según algunos, es que con el paso de los años el individuo tiene más con qué comparar y por ello cada vez el tiempo corre con más velocidad. Sin duda es un asunto que puede masticarse y hasta para filosofar se presta.
Es común que a muchos les entre la depresión por estas calendas, porque los coge la pensadera y esa vaina desespera a cualquiera. Que si voy a sobrevivir hasta el final del nuevo año; qué va a suceder con mis seres queridos; cuáles sorpresas me depara el futuro próximo; cuántas cosas deje de hacer en los doce meses pasados; cómo voy a enfrentar las situaciones adversas que se atraviesen en el camino; qué irá a pasar en el mundo con tanto despelote; dónde voy a estar en estas fechas dentro de un año y mil preguntas estúpidas que por más que tratemos, nunca les encontraremos respuesta.
De manera que mi consejo es que la tomen suave, sin angustias ni preocupaciones, porque el destino está escrito y es impajaritable. El tiempo discurre a como dé lugar y lo único importante es el momento. Si estoy vivo y bien en el presente, lo que puede suceder en el futuro no debe desvelarme. Preocuparse por lo que viene es un desgaste innecesario y solo deja zozobra y desazón. Hay que dejar a un lado los pensamientos negativos y pesimistas, e insistir en ponerle al mal tiempo buena cara. Basta con vivir el momento y tratar de hacerlo agradable. Nunca dejar de hacer nada que nos provoque y aprovechar las oportunidades que se presenten.
Por eso me parece una pendejada ponerse en la noche del 31 de diciembre a hacer promesas y a fijar metas difíciles de cumplir, porque después va a recordar todo el año esas intenciones y el no cumplimiento de las mismas solo trae mortificaciones. Claro que el optimismo es provechoso y hacer planes no le hace daño a nadie, pero que no sean compromisos ineludibles. Lo mejor, pienso, es no hacerlos en público para que después no esté nadie recordándole esa cantidad de asuntos que acumula en la carpeta de pendientes. Una solución práctica es que la media noche lo coja copetón y verá que no le da por berrear, ni por echarle cabeza a la existencia.
Lo grave del asunto es que la depresión viene acompañada de angustia existencial, la cual genera más interrogantes: que si me va a alcanzar la plata; que los hijos qué; y si me echan del trabajo; y que tal que me aparezca una enfermedad grave; o que me caiga la administración de impuestos; o que se incendie la casa. ¡Huy!, y estamos pasados de un buen terremoto; o va y me secuestran; y donde se me dañe el matrimonio… Todas vainas que pueden suceder, pero que lo más seguro es que no. De manera que para qué desgastarse con problemas virtuales, si con los reales hay para dar y convidar. Que nadie le gaste cacumen a pensamientos negativos y en cambio se dedique a disfrutar lo que tiene, y en la noche de san silvestre nada de ponerse trascendental. Que sea como cualquier otra, o preferible, si la dedica a la fiesta, la buena comida y a compartir con personas de su agrado.
No haga sino mirar el calendario a ver cuándo es el primer puente, para empezar a planear los paseos que espera realizar. Porque a ese programa sí se le puede botar corriente, ya que mejor que el paseo como tal es la planeación del mismo, las reuniones con los participantes, hablar de lo que piensan comer, beber o los paisajes nuevos que conocerán. Lo mejor es que para salir de viaje no hay que ser rico, porque ese plan abarca cualquier tipo de excursión y no discrimina a nadie. ¡Ah!, y recomiendo no tener en cuenta el primer puente de enero, porque para entonces apenas estaremos como a 38 de diciembre.
pmejiama1@une.net.co
QUE LE DAMOS A...
Queda muy poco tiempo para la nochebuena y es hora de resolver qué vamos a regalar a esas personas que por una u otra razón merecen un detallito de nuestra parte. Quienes tienen hijos pequeños se divierten por esta época comprándoles chucherías y empacándoles un mundo de paquetes, porque a la larga es más lo que gozan los papás mientras planean las compras e imaginan la reacción de los menores, que lo que en realidad disfrutan ellos con los presentes. Aunque se trata de una utopía, a uno se le ocurre pensar qué le regalaría a ciertos personajes reconocidos de la vida pública en caso de tener algún compromiso con ellos.
Se me antoja por ejemplo que al Presidente Uribe le podría mandar un sombrero bien titino, acompañado de un tradicional poncho colorido como los que se consiguen en cualquier feria de pueblo; y puedo encimarle cinco galones de valeriana para que bogue, a ver si aguanta los nervios que debe sentir ante el despelote político que vive el país. Para el Ministro Andrés “Carriel” nada más apropiado que un rosario con las cuentas de metal, porque dicen que ese hombre cuando no está trabajando se dedica a voliar camándula sin descanso; parece que es más zanahorio que seminarista recién desempacado.
Al fiscal Iguarán sí está muy fácil regalarle, porque no es sino ir a una tienda de esas donde venden sahumerios, pirámides, budas barrigones, velas de colores y demás pendejadas esotéricas, y con seguridad allá encuentro algún trebejo que satisfaga sus gustos quirománticos. En cambio con los Santos, el ministro y el vicepresidente, igual que con Vargas Lleras, mejor me hago el pendejo porque esa gente es de dedo parao y tocaría darles algo bien cachaco o al menos aparentador. Todo lo contrario debe suceder con un tipo sencillote y descomplicado como Carlos Gaviria, quien seguramente va a quedar güete con cualquier baratija. Pero mejor no sigo con políticos, congresistas y funcionarios del gobierno, porque la mayoría lo que anhela recibir es un buen escondedero.
Ahora con el correo puerta a puerta puede enviarse un paquete a cualquier rincón del planeta, y lo mejor es que lo entregan en tiempo record; el único inconveniente es que en muchos casos puede costar más el envío que el mismo regalo. En todo caso puedo mandarle a George Bush un juego de video para que pase las tardes entretenido con los cañones, los bombarderos y los grandes submarinos nucleares, desde donde envíe los misiles teledirigidos a impactar edificios, centrales eléctricas, puentes y demás puntos estratégicos. Que goce al acumular los puntos que resultan por la cantidad de víctimas civiles y militares que dejan los ataques, porque bien es sabido que su pasatiempo favorito es disponer de la vida de los ciudadanos del tercer mundo.
Al chafarote vecino quiero ofrendarlo con un estuche para su ego, pero de tamaño “king size”; y una réplica del uniforme militar que utilizaba el Libertador, para que cambie esa pinta de cotero que mantiene y se presente estrenando hebra a cuanto acto oficial lo inviten. Lo que sí está muy complicado es la escogencia de presentes para dos personajes que, aunque por causas diferentes, andan en situación muy similar. Me refiero al comandante Fidel y a quien fuera su igual en Irak; porque mientras el líder cubano aparece esporádicamente en la televisión, con una apariencia que puede decirse que se han visto muertos de mejor color, el sátrapa Husseín hace fila para subir al cadalso. No cabe duda de que ambos tienen una pata en el cajón y por ello la escogencia debe ser muy bien pensada para no incomodar a nadie; lo único seguro es que al condenado a la horca no le voy a mandar una corbata.
Al cardenal López Trujillo le cae como anillo al dedo un libro que enseñe a controlar la soberbia, para que se convenza de que los demás tienen derecho a pensar como les provoque, y que no es bien vista la táctica de ponerse furioso y regañar al interlocutor cuando no esté de acuerdo con sus apreciaciones. Para todos los ex presidentes de nuestro país un regalo similar: pastillas para la memoria, a ver si recuerdan las embarradas que hicieron en su momento y dejan de una vez por todas la jodentina. Sobre todo el viejito gagá que ya nos tiene hasta la coronilla.
Nada más apropiado que un buen espejo de cuerpo entero para la cantante Marbelle, con el fin que se mire bien por todas partes y acepte que eso de aparecer en pelota en revistas de circulación nacional no es para todo el mundo. A Juanes y a Chaquira basta con una tarjeta de felicitación y el agradecimiento por hacer quedar bien el nombre de nuestro país en todas las latitudes; y que sigan con esa seriedad, carisma y honestidad con que han sabido manejar sus respectivas carreras.
Y para quienes lo requieran, que por desgracia en este sufrido país van desde los más altos funcionarios y dirigentes hasta el ciudadano del común, puede repartirse un manual de ética, moral y decencia. Porque es urgente aclarar de una vez por todas que no todo lo legal necesariamente está bien hecho, pues se volvió costumbre escudarse en los códigos para justificar marrullas, trapisondas y cochinadas.
pmejiama1@une.net.co
Se me antoja por ejemplo que al Presidente Uribe le podría mandar un sombrero bien titino, acompañado de un tradicional poncho colorido como los que se consiguen en cualquier feria de pueblo; y puedo encimarle cinco galones de valeriana para que bogue, a ver si aguanta los nervios que debe sentir ante el despelote político que vive el país. Para el Ministro Andrés “Carriel” nada más apropiado que un rosario con las cuentas de metal, porque dicen que ese hombre cuando no está trabajando se dedica a voliar camándula sin descanso; parece que es más zanahorio que seminarista recién desempacado.
Al fiscal Iguarán sí está muy fácil regalarle, porque no es sino ir a una tienda de esas donde venden sahumerios, pirámides, budas barrigones, velas de colores y demás pendejadas esotéricas, y con seguridad allá encuentro algún trebejo que satisfaga sus gustos quirománticos. En cambio con los Santos, el ministro y el vicepresidente, igual que con Vargas Lleras, mejor me hago el pendejo porque esa gente es de dedo parao y tocaría darles algo bien cachaco o al menos aparentador. Todo lo contrario debe suceder con un tipo sencillote y descomplicado como Carlos Gaviria, quien seguramente va a quedar güete con cualquier baratija. Pero mejor no sigo con políticos, congresistas y funcionarios del gobierno, porque la mayoría lo que anhela recibir es un buen escondedero.
Ahora con el correo puerta a puerta puede enviarse un paquete a cualquier rincón del planeta, y lo mejor es que lo entregan en tiempo record; el único inconveniente es que en muchos casos puede costar más el envío que el mismo regalo. En todo caso puedo mandarle a George Bush un juego de video para que pase las tardes entretenido con los cañones, los bombarderos y los grandes submarinos nucleares, desde donde envíe los misiles teledirigidos a impactar edificios, centrales eléctricas, puentes y demás puntos estratégicos. Que goce al acumular los puntos que resultan por la cantidad de víctimas civiles y militares que dejan los ataques, porque bien es sabido que su pasatiempo favorito es disponer de la vida de los ciudadanos del tercer mundo.
Al chafarote vecino quiero ofrendarlo con un estuche para su ego, pero de tamaño “king size”; y una réplica del uniforme militar que utilizaba el Libertador, para que cambie esa pinta de cotero que mantiene y se presente estrenando hebra a cuanto acto oficial lo inviten. Lo que sí está muy complicado es la escogencia de presentes para dos personajes que, aunque por causas diferentes, andan en situación muy similar. Me refiero al comandante Fidel y a quien fuera su igual en Irak; porque mientras el líder cubano aparece esporádicamente en la televisión, con una apariencia que puede decirse que se han visto muertos de mejor color, el sátrapa Husseín hace fila para subir al cadalso. No cabe duda de que ambos tienen una pata en el cajón y por ello la escogencia debe ser muy bien pensada para no incomodar a nadie; lo único seguro es que al condenado a la horca no le voy a mandar una corbata.
Al cardenal López Trujillo le cae como anillo al dedo un libro que enseñe a controlar la soberbia, para que se convenza de que los demás tienen derecho a pensar como les provoque, y que no es bien vista la táctica de ponerse furioso y regañar al interlocutor cuando no esté de acuerdo con sus apreciaciones. Para todos los ex presidentes de nuestro país un regalo similar: pastillas para la memoria, a ver si recuerdan las embarradas que hicieron en su momento y dejan de una vez por todas la jodentina. Sobre todo el viejito gagá que ya nos tiene hasta la coronilla.
Nada más apropiado que un buen espejo de cuerpo entero para la cantante Marbelle, con el fin que se mire bien por todas partes y acepte que eso de aparecer en pelota en revistas de circulación nacional no es para todo el mundo. A Juanes y a Chaquira basta con una tarjeta de felicitación y el agradecimiento por hacer quedar bien el nombre de nuestro país en todas las latitudes; y que sigan con esa seriedad, carisma y honestidad con que han sabido manejar sus respectivas carreras.
Y para quienes lo requieran, que por desgracia en este sufrido país van desde los más altos funcionarios y dirigentes hasta el ciudadano del común, puede repartirse un manual de ética, moral y decencia. Porque es urgente aclarar de una vez por todas que no todo lo legal necesariamente está bien hecho, pues se volvió costumbre escudarse en los códigos para justificar marrullas, trapisondas y cochinadas.
pmejiama1@une.net.co
lunes, diciembre 18, 2006
COMO QUE COMO NATILLA.
Llega otro diciembre y sigo dando guerra. Ya son tres las navidades que corono después del diagnóstico de un melanoma en agosto de 2004. Claro que si a cualquiera se le enfría hasta la pajarilla al recibir la noticia, es peor cuando aparece la temida metástasis; por lo tanto después de sacar el tumor de la cara, fue necesario un vaciamiento lateral de cuello y el pescuezo me quedó como el de Frankenstein, pero sin tornillo. Por fortuna la limpieza quedó como muy bien jalada, porque hasta el momento no ha retoñado la porquería ésa. De manera que contrario a lo que creíamos muchos, como que como natilla otra vez. Bueno, esto es un decir, porque me empalaga ese mazacote re-dulce que reparten en esta época por poncheradas.
El optimismo y la actitud positiva son indispensables para una buena recuperación del cáncer, pero hay otras cosas muy importantes para lograr salir incólume de la dura prueba (aunque incólume quiere decir sano, sin lesión ni menoscabo, y por bien que le vaya a uno en este parto siempre le persisten secuelas y problemillas). El apoyo de los familiares y amigos es primordial para que el enfermo soporte los diferentes tratamientos, ya que es común que la difícil situación torne al paciente impaciente y por lo tanto los allegados deben armarse de paciencia. Un médico amable, sincero, optimista y con buen humor representa medio tratamiento; muchas veces llegué a donde el doctor Juan Paulo Cardona dispuesto a tirar la toalla, pero él sutilmente me convenció de persistir.
Lo que no hay derecho es que un ciudadano deba enfrentar, aparte de la angustia que genera padecer la enfermedad, los trámites, papeleos, requisitos, inconvenientes, filas, turnos, viajes perdidos, esperas, incomodidades, malos entendidos y todo ese caos que representa la salud en Colombia. No hablo en nombre propio porque gracias a buenos amigos, a la suerte y a que mi Dios no me desamparó, la atención ha sido inmejorable y la EPS cumplió con la entrega de los medicamentos más costosos. Sin embargo hubo trabas y complicaciones, pero comparado con los casos que conocí no cabe duda de que puedo darme por muy bien servido.
Un ejemplo conciso: debido a la quimioterapia cada mes se presentaba una disminución importante de las defensas y por lo tanto debía proceder con un tratamiento consistente en 5 inyecciones, una diaria, cuyo costo unitario era de 250 mil pesos. El médico recomendaba categóricamente que la primera dosis había que aplicarla al salir de la consulta y por fortuna pude conseguirlo prestado en todas las oportunidades, porque la EPS lo entregaba un mes después de hecha la solicitud. La mayoría de la gente no tiene recursos para comprar ese medicamento (reitero que esto es cada mes), y cuando le pregunté al doctor cual es el riesgo si no es aplicado de inmediato, respondió que la posibilidad de morir es muy alta. Siempre que recibía la primera inyección, que por cierto me ponía más maluco que un “pocillao” de babas, no pensaba en lo que me subía pierna arriba sino en aquellos que en ese preciso instante estarían desesperados en busca de la plata prestada, o empeñando hasta los calzones para levantarse más de un millón de pesos que costaban las cinco diminutas ampolletas.
Lo fregado del asunto, es que igual al ejemplo anterior son muchos los males que se derivan de la enfermedad central, porque los diferentes tratamientos descuadran el funcionamiento del organismo y empiezan a aparecer achaques en seguidilla. Un remedio cualquiera produce estreñimiento y esto repercute en unas hemorroides bien espantosas; la tiroides se jode y los síntomas son muchos, por lo que toca agregar otra pastilla a la larga lista; la piel reseca hay que tratarla con cremas y pomadas; échese aquello para evitar la caída del pelo; haga buches con esto para la resequedad en la boca; tome esta pastica para que pueda dormir; ingiera potasio para combatir el desaliento; ojo con la tensión arterial; y puedo seguir con una lista interminable de medicamentos, la mayoría de los cuales no los cubre el POS o simplemente están agotados. De manera que la platica que antes destinaba a la parranda del fin de semana, se iba completica en la compra de medicinas.
En estos casos no queda sino hacer de tripas corazón y pensar que así como llegan las cosas, igual pasan. Ser muy positivo pero sin desconocer la realidad; siempre tener presente que la situación es delicada y en cualquier momento puede complicarse. Un día llegué del chequeo mensual muy contento y casualmente en la televisión el doctor Cardona participaba en un programa de opinión. Ante una pregunta del entrevistador, respondió que la estadística de éxito en tratamientos cancerológicos es del 51%. Mi mujer quiso que le explicara y le expuse que de 1000 enfermos sobreviven 510, cifra que le pareció positiva; sin embargo, agregué, de 100 se salvan 51 y lo más tenaz, de 2 solo uno salva pellis.
En cierta ocasión, mientras conversaba con unos amigos, expresé que esta experiencia cambia la vida y que en muchos casos hasta empieza uno a cumplir años otra vez. Todos se extrañaron y cuando exigieron explicación, les dije que es común que dentro de un tiempo alguien comente:
-Oíste, fue hace 2 o 3 años que se murió fulanito.
pmejiama1@une.net.co
El optimismo y la actitud positiva son indispensables para una buena recuperación del cáncer, pero hay otras cosas muy importantes para lograr salir incólume de la dura prueba (aunque incólume quiere decir sano, sin lesión ni menoscabo, y por bien que le vaya a uno en este parto siempre le persisten secuelas y problemillas). El apoyo de los familiares y amigos es primordial para que el enfermo soporte los diferentes tratamientos, ya que es común que la difícil situación torne al paciente impaciente y por lo tanto los allegados deben armarse de paciencia. Un médico amable, sincero, optimista y con buen humor representa medio tratamiento; muchas veces llegué a donde el doctor Juan Paulo Cardona dispuesto a tirar la toalla, pero él sutilmente me convenció de persistir.
Lo que no hay derecho es que un ciudadano deba enfrentar, aparte de la angustia que genera padecer la enfermedad, los trámites, papeleos, requisitos, inconvenientes, filas, turnos, viajes perdidos, esperas, incomodidades, malos entendidos y todo ese caos que representa la salud en Colombia. No hablo en nombre propio porque gracias a buenos amigos, a la suerte y a que mi Dios no me desamparó, la atención ha sido inmejorable y la EPS cumplió con la entrega de los medicamentos más costosos. Sin embargo hubo trabas y complicaciones, pero comparado con los casos que conocí no cabe duda de que puedo darme por muy bien servido.
Un ejemplo conciso: debido a la quimioterapia cada mes se presentaba una disminución importante de las defensas y por lo tanto debía proceder con un tratamiento consistente en 5 inyecciones, una diaria, cuyo costo unitario era de 250 mil pesos. El médico recomendaba categóricamente que la primera dosis había que aplicarla al salir de la consulta y por fortuna pude conseguirlo prestado en todas las oportunidades, porque la EPS lo entregaba un mes después de hecha la solicitud. La mayoría de la gente no tiene recursos para comprar ese medicamento (reitero que esto es cada mes), y cuando le pregunté al doctor cual es el riesgo si no es aplicado de inmediato, respondió que la posibilidad de morir es muy alta. Siempre que recibía la primera inyección, que por cierto me ponía más maluco que un “pocillao” de babas, no pensaba en lo que me subía pierna arriba sino en aquellos que en ese preciso instante estarían desesperados en busca de la plata prestada, o empeñando hasta los calzones para levantarse más de un millón de pesos que costaban las cinco diminutas ampolletas.
Lo fregado del asunto, es que igual al ejemplo anterior son muchos los males que se derivan de la enfermedad central, porque los diferentes tratamientos descuadran el funcionamiento del organismo y empiezan a aparecer achaques en seguidilla. Un remedio cualquiera produce estreñimiento y esto repercute en unas hemorroides bien espantosas; la tiroides se jode y los síntomas son muchos, por lo que toca agregar otra pastilla a la larga lista; la piel reseca hay que tratarla con cremas y pomadas; échese aquello para evitar la caída del pelo; haga buches con esto para la resequedad en la boca; tome esta pastica para que pueda dormir; ingiera potasio para combatir el desaliento; ojo con la tensión arterial; y puedo seguir con una lista interminable de medicamentos, la mayoría de los cuales no los cubre el POS o simplemente están agotados. De manera que la platica que antes destinaba a la parranda del fin de semana, se iba completica en la compra de medicinas.
En estos casos no queda sino hacer de tripas corazón y pensar que así como llegan las cosas, igual pasan. Ser muy positivo pero sin desconocer la realidad; siempre tener presente que la situación es delicada y en cualquier momento puede complicarse. Un día llegué del chequeo mensual muy contento y casualmente en la televisión el doctor Cardona participaba en un programa de opinión. Ante una pregunta del entrevistador, respondió que la estadística de éxito en tratamientos cancerológicos es del 51%. Mi mujer quiso que le explicara y le expuse que de 1000 enfermos sobreviven 510, cifra que le pareció positiva; sin embargo, agregué, de 100 se salvan 51 y lo más tenaz, de 2 solo uno salva pellis.
En cierta ocasión, mientras conversaba con unos amigos, expresé que esta experiencia cambia la vida y que en muchos casos hasta empieza uno a cumplir años otra vez. Todos se extrañaron y cuando exigieron explicación, les dije que es común que dentro de un tiempo alguien comente:
-Oíste, fue hace 2 o 3 años que se murió fulanito.
pmejiama1@une.net.co
sábado, diciembre 16, 2006
COMO QUE COMO NATILLA.
Llega otro diciembre y sigo dando guerra. Ya son tres las navidades que corono después del diagnóstico de un melanoma en agosto de 2004. Claro que si a cualquiera se le enfría hasta la pajarilla al recibir la noticia, es peor cuando aparece la temida metástasis; por lo tanto después de sacar el tumor de la cara, fue necesario un vaciamiento lateral de cuello y el pescuezo me quedó como el de Frankenstein, pero sin tornillo. Por fortuna la limpieza quedó como muy bien jalada, porque hasta el momento no ha retoñado la porquería ésa. De manera que contrario a lo que creíamos muchos, como que como natilla otra vez. Bueno, esto es un decir, porque me empalaga ese mazacote re-dulce que reparten en esta época por poncheradas.
El optimismo y la actitud positiva son indispensables para una buena recuperación del cáncer, pero hay otras cosas muy importantes para lograr salir incólume de la dura prueba (aunque incólume quiere decir sano, sin lesión ni menoscabo, y por bien que le vaya a uno en este parto siempre le persisten secuelas y problemillas). El apoyo de los familiares y amigos es primordial para que el enfermo soporte los diferentes tratamientos, ya que es común que la difícil situación torne al paciente impaciente y por lo tanto los allegados deben armarse de paciencia. Un médico amable, sincero, optimista y con buen humor representa medio tratamiento; muchas veces llegué a donde el doctor Juan Paulo Cardona dispuesto a tirar la toalla, pero él sutilmente me convenció de persistir.
Lo que no hay derecho es que un ciudadano deba enfrentar, aparte de la angustia que genera padecer la enfermedad, los trámites, papeleos, requisitos, inconvenientes, filas, turnos, viajes perdidos, esperas, incomodidades, malos entendidos y todo ese caos que representa la salud en Colombia. No hablo en nombre propio porque gracias a buenos amigos, a la suerte y a que mi Dios no me desamparó, la atención ha sido inmejorable y la EPS cumplió con la entrega de los medicamentos más costosos. Sin embargo hubo trabas y complicaciones, pero comparado con los casos que conocí no cabe duda de que puedo darme por muy bien servido.
Un ejemplo conciso: debido a la quimioterapia cada mes se presentaba una disminución importante de las defensas y por lo tanto debía proceder con un tratamiento consistente en 5 inyecciones, una diaria, cuyo costo unitario era de 250 mil pesos. El médico recomendaba categóricamente que la primera dosis había que aplicarla al salir de la consulta y por fortuna pude conseguirlo prestado en todas las oportunidades, porque la EPS lo entregaba un mes después de hecha la solicitud. La mayoría de la gente no tiene recursos para comprar ese medicamento (reitero que esto es cada mes), y cuando le pregunté al doctor cual es el riesgo si no es aplicado de inmediato, respondió que la posibilidad de morir es muy alta. Siempre que recibía la primera inyección, que por cierto me ponía más maluco que un “pocillao” de babas, no pensaba en lo que me subía pierna arriba sino en aquellos que en ese preciso instante estarían desesperados en busca de la plata prestada, o empeñando hasta los calzones para levantarse más de un millón de pesos que costaban las cinco diminutas ampolletas.
Lo fregado del asunto, es que igual al ejemplo anterior son muchos los males que se derivan de la enfermedad central, porque los diferentes tratamientos descuadran el funcionamiento del organismo y empiezan a aparecer achaques en seguidilla. Un remedio cualquiera produce estreñimiento y esto repercute en unas hemorroides bien espantosas; la tiroides se jode y los síntomas son muchos, por lo que toca agregar otra pastilla a la larga lista; la piel reseca hay que tratarla con cremas y pomadas; échese aquello para evitar la caída del pelo; haga buches con esto para la resequedad en la boca; tome esta pastica para que pueda dormir; ingiera potasio para combatir el desaliento; ojo con la tensión arterial; y puedo seguir con una lista interminable de medicamentos, la mayoría de los cuales no los cubre el POS o simplemente están agotados. De manera que la platica que antes destinaba a la parranda del fin de semana, se iba completica en la compra de medicinas.
En estos casos no queda sino hacer de tripas corazón y pensar que así como llegan las cosas, igual pasan. Ser muy positivo pero sin desconocer la realidad; siempre tener presente que la situación es delicada y en cualquier momento puede complicarse. Un día llegué del chequeo mensual muy contento y casualmente en la televisión el doctor Cardona participaba en un programa de opinión. Ante una pregunta del entrevistador, respondió que la estadística de éxito en tratamientos cancerológicos es del 51%. Mi mujer quiso que le explicara y le expuse que de 1000 enfermos sobreviven 510, cifra que le pareció positiva; sin embargo, agregué, de 100 se salvan 51 y lo más tenaz, de 2 solo uno salva pellis.
En cierta ocasión, mientras conversaba con unos amigos, expresé que esta experiencia cambia la vida y que en muchos casos hasta empieza uno a cumplir años otra vez. Todos se extrañaron y cuando exigieron explicación, les dije que es común que dentro de un tiempo alguien comente:
-Oíste, fue hace 2 o 3 años que se murió fulanito.
pmejiama1@une.net.co
El optimismo y la actitud positiva son indispensables para una buena recuperación del cáncer, pero hay otras cosas muy importantes para lograr salir incólume de la dura prueba (aunque incólume quiere decir sano, sin lesión ni menoscabo, y por bien que le vaya a uno en este parto siempre le persisten secuelas y problemillas). El apoyo de los familiares y amigos es primordial para que el enfermo soporte los diferentes tratamientos, ya que es común que la difícil situación torne al paciente impaciente y por lo tanto los allegados deben armarse de paciencia. Un médico amable, sincero, optimista y con buen humor representa medio tratamiento; muchas veces llegué a donde el doctor Juan Paulo Cardona dispuesto a tirar la toalla, pero él sutilmente me convenció de persistir.
Lo que no hay derecho es que un ciudadano deba enfrentar, aparte de la angustia que genera padecer la enfermedad, los trámites, papeleos, requisitos, inconvenientes, filas, turnos, viajes perdidos, esperas, incomodidades, malos entendidos y todo ese caos que representa la salud en Colombia. No hablo en nombre propio porque gracias a buenos amigos, a la suerte y a que mi Dios no me desamparó, la atención ha sido inmejorable y la EPS cumplió con la entrega de los medicamentos más costosos. Sin embargo hubo trabas y complicaciones, pero comparado con los casos que conocí no cabe duda de que puedo darme por muy bien servido.
Un ejemplo conciso: debido a la quimioterapia cada mes se presentaba una disminución importante de las defensas y por lo tanto debía proceder con un tratamiento consistente en 5 inyecciones, una diaria, cuyo costo unitario era de 250 mil pesos. El médico recomendaba categóricamente que la primera dosis había que aplicarla al salir de la consulta y por fortuna pude conseguirlo prestado en todas las oportunidades, porque la EPS lo entregaba un mes después de hecha la solicitud. La mayoría de la gente no tiene recursos para comprar ese medicamento (reitero que esto es cada mes), y cuando le pregunté al doctor cual es el riesgo si no es aplicado de inmediato, respondió que la posibilidad de morir es muy alta. Siempre que recibía la primera inyección, que por cierto me ponía más maluco que un “pocillao” de babas, no pensaba en lo que me subía pierna arriba sino en aquellos que en ese preciso instante estarían desesperados en busca de la plata prestada, o empeñando hasta los calzones para levantarse más de un millón de pesos que costaban las cinco diminutas ampolletas.
Lo fregado del asunto, es que igual al ejemplo anterior son muchos los males que se derivan de la enfermedad central, porque los diferentes tratamientos descuadran el funcionamiento del organismo y empiezan a aparecer achaques en seguidilla. Un remedio cualquiera produce estreñimiento y esto repercute en unas hemorroides bien espantosas; la tiroides se jode y los síntomas son muchos, por lo que toca agregar otra pastilla a la larga lista; la piel reseca hay que tratarla con cremas y pomadas; échese aquello para evitar la caída del pelo; haga buches con esto para la resequedad en la boca; tome esta pastica para que pueda dormir; ingiera potasio para combatir el desaliento; ojo con la tensión arterial; y puedo seguir con una lista interminable de medicamentos, la mayoría de los cuales no los cubre el POS o simplemente están agotados. De manera que la platica que antes destinaba a la parranda del fin de semana, se iba completica en la compra de medicinas.
En estos casos no queda sino hacer de tripas corazón y pensar que así como llegan las cosas, igual pasan. Ser muy positivo pero sin desconocer la realidad; siempre tener presente que la situación es delicada y en cualquier momento puede complicarse. Un día llegué del chequeo mensual muy contento y casualmente en la televisión el doctor Cardona participaba en un programa de opinión. Ante una pregunta del entrevistador, respondió que la estadística de éxito en tratamientos cancerológicos es del 51%. Mi mujer quiso que le explicara y le expuse que de 1000 enfermos sobreviven 510, cifra que le pareció positiva; sin embargo, agregué, de 100 se salvan 51 y lo más tenaz, de 2 solo uno salva pellis.
En cierta ocasión, mientras conversaba con unos amigos, expresé que esta experiencia cambia la vida y que en muchos casos hasta empieza uno a cumplir años otra vez. Todos se extrañaron y cuando exigieron explicación, les dije que es común que dentro de un tiempo alguien comente:
-Oíste, fue hace 2 o 3 años que se murió fulanito.
pmejiama1@une.net.co
miércoles, diciembre 13, 2006
EL PESEBRE PUEDE CON TODO.
EL PESEBRE PUEDE CON TODO.
Lo mejor del pesebre es que en él se pierden todas las normas de proporción, lógica, medida, profundidad, afinidad o cualquier otra regla por el estilo. Pero hablo de los pesebres que se arman para darle gusto a los niños, y en los cuales ellos pueden meter mano en todo lo relacionado con su decoración y mantenimiento. Porque existen otros en donde la artesanía y el decoro son sus principales ingredientes, por lo que están hechos para el disfrute de quienes los detallan y admiran; montajes espectaculares con mil detalles y miniaturas que llaman la atención, y que son comunes en manos de coleccionistas, aficionados, o para adornar una vitrina o una sala de espera.
En cambio el que arman para los niños desde finales de octubre, cuando empiezan a acosar porque ya en la televisión y la radio se adelantaron con las cuñas navideñas, es un pesebre de combate y ante todo de entretenimiento. Al muchachito no se le debe negar ningún capricho en ese aspecto y mal hacen los adultos que tratan por todos los medios de explicarle a un mocoso que en la época del nacimiento de Jesús no había “transformers” ni tortugas ninjas, y que por ello dichos muñecos no deben hacer parte del paisaje. O tratar de convencer al zambo de que quite el helicóptero que acomodó a un lado del establo, con el argumento que lo deja a disposición de la sagrada familia por si es necesario llevar al recién nacido de urgencia al hospital.
Porque si el muchachito llega a salir muy entendido, va a dejar al adulto que reprocha sus gustos sin qué responder cuando le haga ver algunas inconsistencias que son bien difíciles de explicar. Qué va a responder el papá cuando el chiquitín le pregunte por qué hay un marrano mucho más grande que las casas del pueblito; o a cuenta de qué una de las ovejas es de porcelana y gran tamaño, mientras el resto son de plástico y tan pequeñas que le cabrían todas en el buche a la primera; y cuál es la razón para que el pato que flota plácido encima del espejo, sea del tamaño del buey que le hace guardia a la improvisada cuna.
Otro asunto bien complicado es tratar de convencer a los menores de que el recién nacido no se puede acomodar en su lugar sino el 24 de diciembre a la media noche, hora en que supuestamente llegó al mundo, porque hasta ese momento no existía y por lo tanto no puede estar presente. Entonces los muchachitos arguyen, y con toda la razón, que no se aguantan las ganas de acostarlo y que valiente gracia el Niño dios metido entre una caja mientras el resto de figuras disfrutan de las novenas y las festividades navideñas, y que para sacarlo después de la nochebuena mejor lo dejan ahí, ya que hasta ese día tiene gracia el pesebre.
Como a los pequeños hay que explicarles muy bien, y de una manera didáctica y lúdica cómo fue la historia del nacimiento del niño, es mejor no entrar en mucho detalle en asuntos como el del rey Herodes que mandó a pasar al papayo a todos los infantes recién nacidos para de esa forma hacer desaparecer del mapa al Mesías, porque a los niños les entra terronera y no es fácil que comprendan tan absurdo proceder. Mucho menos ahondar en el cuento de los tres reyes magos, ya que hasta para los adultos es complicado entender por qué se aparecieron esos personajes en semejantes fachas, cómo dieron con el humilde establo y todavía más enredado el tema de los regalos que llevaron.
Tampoco mencionen lo de la estrella de Belén, y mucho menos traten de explicar cómo es la cosa de María sin pecado concebida; y hay que estar preparados, porque con el avispe de los párvulos de ahora no va a faltar el que indague sobre el asunto de la virginidad de la santa Madre. Por lo tanto es mejor meterle ficción a la historia e insistir más en los animales que adornan el pesebre, en los pastorcitos que acudieron a felicitar a los nuevos padres, ponerle nombres chistosos al burro y al buey, y animar a los hijos para que reacomoden a diario los objetos del entorno.
Un pesebre puede con todo y no importa si al frente del modesto hospedaje está parqueado un carro de fórmula uno; o si le acondicionan unos parlantes para acompañar la escena con música moderna; si acomodan un muñeco de nieve al lado de San José; o si ponen al rey león a pastorear el rebaño de ovejas. Los niños tienen sus preferencias y por lo tanto no es raro ver un descomunal balón de fútbol en medio del desierto, la barby patinadora bajando enflechada por el papel aluminio que simula el manantial, o un inmenso osito de peluche a la mano para que el recién nacido se entretenga.
Es importante mantener nuestras tradiciones y hacer énfasis en el nacimiento del Niño dios por encima del papá Noel y demás importaciones. Y que de una vez las mamás sepan que nadie les va a ayudar a desbaratar el pesebre, para que después no empiecen con la cantaleta.
pmejiama1@une.net.co
Lo mejor del pesebre es que en él se pierden todas las normas de proporción, lógica, medida, profundidad, afinidad o cualquier otra regla por el estilo. Pero hablo de los pesebres que se arman para darle gusto a los niños, y en los cuales ellos pueden meter mano en todo lo relacionado con su decoración y mantenimiento. Porque existen otros en donde la artesanía y el decoro son sus principales ingredientes, por lo que están hechos para el disfrute de quienes los detallan y admiran; montajes espectaculares con mil detalles y miniaturas que llaman la atención, y que son comunes en manos de coleccionistas, aficionados, o para adornar una vitrina o una sala de espera.
En cambio el que arman para los niños desde finales de octubre, cuando empiezan a acosar porque ya en la televisión y la radio se adelantaron con las cuñas navideñas, es un pesebre de combate y ante todo de entretenimiento. Al muchachito no se le debe negar ningún capricho en ese aspecto y mal hacen los adultos que tratan por todos los medios de explicarle a un mocoso que en la época del nacimiento de Jesús no había “transformers” ni tortugas ninjas, y que por ello dichos muñecos no deben hacer parte del paisaje. O tratar de convencer al zambo de que quite el helicóptero que acomodó a un lado del establo, con el argumento que lo deja a disposición de la sagrada familia por si es necesario llevar al recién nacido de urgencia al hospital.
Porque si el muchachito llega a salir muy entendido, va a dejar al adulto que reprocha sus gustos sin qué responder cuando le haga ver algunas inconsistencias que son bien difíciles de explicar. Qué va a responder el papá cuando el chiquitín le pregunte por qué hay un marrano mucho más grande que las casas del pueblito; o a cuenta de qué una de las ovejas es de porcelana y gran tamaño, mientras el resto son de plástico y tan pequeñas que le cabrían todas en el buche a la primera; y cuál es la razón para que el pato que flota plácido encima del espejo, sea del tamaño del buey que le hace guardia a la improvisada cuna.
Otro asunto bien complicado es tratar de convencer a los menores de que el recién nacido no se puede acomodar en su lugar sino el 24 de diciembre a la media noche, hora en que supuestamente llegó al mundo, porque hasta ese momento no existía y por lo tanto no puede estar presente. Entonces los muchachitos arguyen, y con toda la razón, que no se aguantan las ganas de acostarlo y que valiente gracia el Niño dios metido entre una caja mientras el resto de figuras disfrutan de las novenas y las festividades navideñas, y que para sacarlo después de la nochebuena mejor lo dejan ahí, ya que hasta ese día tiene gracia el pesebre.
Como a los pequeños hay que explicarles muy bien, y de una manera didáctica y lúdica cómo fue la historia del nacimiento del niño, es mejor no entrar en mucho detalle en asuntos como el del rey Herodes que mandó a pasar al papayo a todos los infantes recién nacidos para de esa forma hacer desaparecer del mapa al Mesías, porque a los niños les entra terronera y no es fácil que comprendan tan absurdo proceder. Mucho menos ahondar en el cuento de los tres reyes magos, ya que hasta para los adultos es complicado entender por qué se aparecieron esos personajes en semejantes fachas, cómo dieron con el humilde establo y todavía más enredado el tema de los regalos que llevaron.
Tampoco mencionen lo de la estrella de Belén, y mucho menos traten de explicar cómo es la cosa de María sin pecado concebida; y hay que estar preparados, porque con el avispe de los párvulos de ahora no va a faltar el que indague sobre el asunto de la virginidad de la santa Madre. Por lo tanto es mejor meterle ficción a la historia e insistir más en los animales que adornan el pesebre, en los pastorcitos que acudieron a felicitar a los nuevos padres, ponerle nombres chistosos al burro y al buey, y animar a los hijos para que reacomoden a diario los objetos del entorno.
Un pesebre puede con todo y no importa si al frente del modesto hospedaje está parqueado un carro de fórmula uno; o si le acondicionan unos parlantes para acompañar la escena con música moderna; si acomodan un muñeco de nieve al lado de San José; o si ponen al rey león a pastorear el rebaño de ovejas. Los niños tienen sus preferencias y por lo tanto no es raro ver un descomunal balón de fútbol en medio del desierto, la barby patinadora bajando enflechada por el papel aluminio que simula el manantial, o un inmenso osito de peluche a la mano para que el recién nacido se entretenga.
Es importante mantener nuestras tradiciones y hacer énfasis en el nacimiento del Niño dios por encima del papá Noel y demás importaciones. Y que de una vez las mamás sepan que nadie les va a ayudar a desbaratar el pesebre, para que después no empiecen con la cantaleta.
pmejiama1@une.net.co
miércoles, diciembre 06, 2006
OJO AL TURISMO.
Es triste que muchos solo tengan en cuenta los destinos turísticos en el exterior cuando de viajar se trata, y no opten por tantos lugares hermosos y paradisíacos que tenemos aquí a la mano. Viajar es un placer para la mayoría de las personas, y una bendición cuando el paseante disfruta igual la visita a un lugar cercano que un recorrido por Europa. En las vísperas de un viaje cualquiera siente una excitación y una ansiedad difíciles de definir, y es común que las personas no puedan conciliar el sueño la noche anterior al paseo.
El turismo es una industria que repunta, entre otras cosas porque es algo que le gusta a todo el mundo. Por ello la demanda es mucha y cada día son más los países que buscan en la industria sin chimeneas un renglón importante de su economía. En Colombia tenemos la materia prima principal para explotar este negocio porque contamos con diferentes culturas, sitios paradisíacos, selvas, páramos, costas, montañas, valles y todo tipo de ofertas para colmar las expectativas del visitante. Claro que también enfrentamos un conflicto interno que impide el ingreso masivo de turistas, quienes además tienen toda la razón en no jalarle a venir, porque nadie se le mide ahora por ejemplo a irse de vacaciones a Chechenia.
Otra cosa es que los pocos que se atreven a visitarnos en muchos casos son espantados por la falta de infraestructura adecuada, y porque la ansiedad del colombiano por esquilmar al que dé papaya no respeta raza ni edad. Tal vez el destino turístico más apetecido, y del que nos sentimos orgullosos, es Cartagena de indias. La ciudad tiene magia y recorrer las calles del centro amurallado es una experiencia inolvidable que deja embelesado a quien la visita con sus calles estrechas, balcones, portales, plazas, monumentos y edificaciones centenarias. Eso sí, que el paseante no se desvíe ni una cuadra de la zona turística porque se encuentra con la realidad de la pobreza, la basura y los malos olores que aparecen en todas partes.
La zona de Bocagrande, El Laguito y Castillogrande, que siempre ha sido escogida para construir hoteles y edificios de apartamentos, está en muy mal estado y recorrer sus vías y andenes es complicado. Parece increíble que no hayan adelantado proyectos de obras públicas como bulevares para los peatones, con las comodidades y el espacio necesarios, en una ciudad donde los turistas recorren las calles en todas direcciones. Cuando llueve las alcantarillas se rebosan y hay que ver los charcos que se forman en las vías, los cuales emanan olores nauseabundos. Es triste oír al taxista o al vendedor de frutas asegurar que los políticos se roban el presupuesto y por ello no existe ningún tipo de inversión.
Otro lunar que exaspera al turista es el azote de los vendedores ambulantes. Porque es tal la cantidad que parece una plaga que atosiga al veraneante hasta hacerlo desesperar; en todas partes existe este tipo de mercado, pero con la diferencia que están localizados en lugares específicos donde llega el interesado a buscar qué comprar. Visitar Cartagena en baja temporada es una delicia porque los taxis están disponibles a toda hora, en los restaurantes no es necesario hacer fila, las tiendas y almacenes no presentan congestión, y en general el ambiente es tranquilo y relajado. Claro que por la falta de visitantes el que se asome por la playa es presa fácil para ofrecerle la infinidad de artículos y servicios que comercializan a diestra y siniestra.
Tuve la oportunidad reciente de vivir esa experiencia y hay que ver la horda de personajes que aparecen cuando un grupo de cachacos llega a su carpa a disfrutar del sol y la playa. Es lógico que por la poca demanda ellos recurran a los escasos “marranos” que andan de vacaciones, pero es importante que les controlen la forma en que ofrecen su mercancía. Porque una cosa es que pase un vendedor y pregunte si alguien está interesado, y otra muy distinta que se parquee a insistir hasta el cansancio, que ponga muestras encima de los clientes potenciales, que no ceje en su empeño y sea necesario hablarle duro para que entienda que nadie quiere comprar.
O la que hace masajes que llega y lo embadurna a uno con un pegote dizque para una muestra gratis, y hay que ver el problema para detenerla; lo peor es que se pone furiosa por el rechazo. Claro que es triste ver tanta pobreza y desesperación, pero si uno quiere solucionar el problema a todos los que buscan el sustento en la playa, mejor se queda en la casa y dona lo que pensaba gastar en el paseo a una obra de caridad.
Una señora empeñada en que quería leerme la mano, a mí, que no creo ni en los rejos de la campana. Un músico le pide a uno de mis amigos que escoja una canción, y este le pregunta muy serio si conoce “me equivoqué contigo”. El prestidigitador empieza a desaparecer objetos, y con mucha habilidad por cierto, hasta que anuncia la mejor maroma. Entonces otro compañero comenta:
¡No me diga que se va a desaparecer usted!
Y esté preparado porque si le pregunta a alguien la hora, con gusto le responde pero hay que darle mil pesos.
pmejiama1@une.net.co
El turismo es una industria que repunta, entre otras cosas porque es algo que le gusta a todo el mundo. Por ello la demanda es mucha y cada día son más los países que buscan en la industria sin chimeneas un renglón importante de su economía. En Colombia tenemos la materia prima principal para explotar este negocio porque contamos con diferentes culturas, sitios paradisíacos, selvas, páramos, costas, montañas, valles y todo tipo de ofertas para colmar las expectativas del visitante. Claro que también enfrentamos un conflicto interno que impide el ingreso masivo de turistas, quienes además tienen toda la razón en no jalarle a venir, porque nadie se le mide ahora por ejemplo a irse de vacaciones a Chechenia.
Otra cosa es que los pocos que se atreven a visitarnos en muchos casos son espantados por la falta de infraestructura adecuada, y porque la ansiedad del colombiano por esquilmar al que dé papaya no respeta raza ni edad. Tal vez el destino turístico más apetecido, y del que nos sentimos orgullosos, es Cartagena de indias. La ciudad tiene magia y recorrer las calles del centro amurallado es una experiencia inolvidable que deja embelesado a quien la visita con sus calles estrechas, balcones, portales, plazas, monumentos y edificaciones centenarias. Eso sí, que el paseante no se desvíe ni una cuadra de la zona turística porque se encuentra con la realidad de la pobreza, la basura y los malos olores que aparecen en todas partes.
La zona de Bocagrande, El Laguito y Castillogrande, que siempre ha sido escogida para construir hoteles y edificios de apartamentos, está en muy mal estado y recorrer sus vías y andenes es complicado. Parece increíble que no hayan adelantado proyectos de obras públicas como bulevares para los peatones, con las comodidades y el espacio necesarios, en una ciudad donde los turistas recorren las calles en todas direcciones. Cuando llueve las alcantarillas se rebosan y hay que ver los charcos que se forman en las vías, los cuales emanan olores nauseabundos. Es triste oír al taxista o al vendedor de frutas asegurar que los políticos se roban el presupuesto y por ello no existe ningún tipo de inversión.
Otro lunar que exaspera al turista es el azote de los vendedores ambulantes. Porque es tal la cantidad que parece una plaga que atosiga al veraneante hasta hacerlo desesperar; en todas partes existe este tipo de mercado, pero con la diferencia que están localizados en lugares específicos donde llega el interesado a buscar qué comprar. Visitar Cartagena en baja temporada es una delicia porque los taxis están disponibles a toda hora, en los restaurantes no es necesario hacer fila, las tiendas y almacenes no presentan congestión, y en general el ambiente es tranquilo y relajado. Claro que por la falta de visitantes el que se asome por la playa es presa fácil para ofrecerle la infinidad de artículos y servicios que comercializan a diestra y siniestra.
Tuve la oportunidad reciente de vivir esa experiencia y hay que ver la horda de personajes que aparecen cuando un grupo de cachacos llega a su carpa a disfrutar del sol y la playa. Es lógico que por la poca demanda ellos recurran a los escasos “marranos” que andan de vacaciones, pero es importante que les controlen la forma en que ofrecen su mercancía. Porque una cosa es que pase un vendedor y pregunte si alguien está interesado, y otra muy distinta que se parquee a insistir hasta el cansancio, que ponga muestras encima de los clientes potenciales, que no ceje en su empeño y sea necesario hablarle duro para que entienda que nadie quiere comprar.
O la que hace masajes que llega y lo embadurna a uno con un pegote dizque para una muestra gratis, y hay que ver el problema para detenerla; lo peor es que se pone furiosa por el rechazo. Claro que es triste ver tanta pobreza y desesperación, pero si uno quiere solucionar el problema a todos los que buscan el sustento en la playa, mejor se queda en la casa y dona lo que pensaba gastar en el paseo a una obra de caridad.
Una señora empeñada en que quería leerme la mano, a mí, que no creo ni en los rejos de la campana. Un músico le pide a uno de mis amigos que escoja una canción, y este le pregunta muy serio si conoce “me equivoqué contigo”. El prestidigitador empieza a desaparecer objetos, y con mucha habilidad por cierto, hasta que anuncia la mejor maroma. Entonces otro compañero comenta:
¡No me diga que se va a desaparecer usted!
Y esté preparado porque si le pregunta a alguien la hora, con gusto le responde pero hay que darle mil pesos.
pmejiama1@une.net.co
martes, noviembre 28, 2006
ASUNTOS VARIOS
En ocasiones se vienen a la cabeza un mundo de temas que no tienen nada en común, pero que hacen picar la lengua de las ganas de meter la cucharada. En medio de un frío que cala los huesos, mitigado a ratos por el solecito que aparece tímido gracias a que el tal fenómeno del niño lo deja participar para evitar que los aguaceros bíblicos arrasen con todo, la gente disfruta mientras bota corriente acerca del acontecer diario.
Es común la crítica a la iglesia católica por una negativa, mantenida hasta la terquedad, de no querer evolucionar a la par de los cambios que presenta la sociedad, sobre todo en temas como el celibato. Desde que tengo memoria se discute entre la feligresía la insistencia por parte de la cúpula católica de sostener este voto de castidad, y al fin me entero de que en el Vaticano, con el Papa Benedicto XVI a la cabeza, se reúnen para tocar el tema. Cómo evitarían de escándalos y malos entendidos si le permitieran a los curas contraer matrimonio, porque de esa forma no deben recurrir a la mentira y a la trampa para satisfacer ese impulso natural que siente cualquier mortal.
La sexualidad es una función fisiológica y vetarla es como prohibirle a alguien que orine o respire. En casi todas las religiones permiten que sus pastores y representantes formen una familia, lo cual es muy sano porque además tienen más autoridad y conocimiento para aconsejar en muchos temas relacionados. Sin esa represión el cura párroco será reconocido por la comunidad como un padre de familia responsable, marido fiel y miembro distinguido de la sociedad, y puede evitarse que mucha gente ande preguntándose con malicia si el presbítero fulano es del otro equipo. Claro que habrá sacerdotes pederastas, homosexuales y aberrados; otros conformarán su familia pero querrán tener una sucursal; no faltarán los que quieran divorciarse y volverse a casar, pero con seguridad muchos otros vivirán felices en compañía de esposa e hijos. Lástima que todo quede en veremos, porque de nuevo les dicen que se olviden del asunto y aproximadamente cien mil sacerdotes casados esperan que les autoricen retomar su apostolado.
Pasemos al tercio de pica. El reinado nacional en Cartagena está en franca decadencia, para fortuna de quienes vemos en él un derroche innecesario de tiempo y dinero. Basta con ver la poca trascendencia que al evento dedican los medios de comunicación, los cuales hace unos años atosigaban con la avalancha de información procedente del reinado. Unos pocos chismosos, lagartos, traquetos de media petaca, decenas de peinadores y maquilladores a cuál más afeminado, faranduleros, artistas en promoción y muchos periodistas, se reúnen a chismosear y a intrigar para manipular el fallo del jurado. Las comitivas departamentales están conformadas por reducidos grupos que solo hacen bulla y dan lora cuando están copetones, y la realidad es que las críticas aumentan a diario y el interés merma a pasos agigantados.
Timbales y trompetas anuncian cambio de tercio. Conminan a quienes todavía habitan el Palacio Nacional en Manizales, para que en una fecha determinada lo desocupen y tomen de una vez la determinación de si lo demuelen o le hacen refuerzo estructural y mejoran su aspecto. Que informen a la comunidad cuánto cuestan las diferentes opciones, porque no cabe duda de que aunque la edificación es muy cómoda y funcional, según dicen personas que a él acuden con regularidad, para quien lo observa desde afuera es un esperpento que solo produce vergüenza ante el visitante. Con seguridad gana el premio al edificio más feo del centro de la ciudad, y la posibilidad de derribarlo y aprovechar el espacio para un parque que sirva de pulmón es llamativa para cualquier ciudadano. De todos es sabido que en muchos casos es más costoso arreglar y remodelar que construir nuevo, y solo queda esperar que en caso de optar por la segunda opción, no se vayan a demorar 20 años edificándolo como sucedió con este armatoste.
Para Ripley lo que sucede con la vía que comunica las vecinas poblaciones de Chinchiná y Santa Rosa de Cabal. Es inaudito que debamos esperar once años para disfrutar de una obra que según los estimativos al iniciarla debía ejecutarse en dos años, pero más increíble aún que al fin terminada, la mantengan cerrada porque no se les ocurrió planear su funcionamiento. La nueva carretera, que presenta un trazado más cómodo porque facilita el sobrepaso de camiones y un tránsito a mayor velocidad, estuvo lista hace unos meses pero no la abren porque no saben quien debe operar el peaje. INVIAS, INCO y Autopistas del café se pasan la pelota para no hacerse cargo de los gastos que genera la nueva caseta, pero no se les ocurrió solucionar el asunto durante los casi 150 meses que demoraron en finiquitarla.
Claro que lo del sobrepaso es posible si no está presente la policía de carreteras en la zona, porque según la línea ininterrumpida que marca el centro de nuestras vías, está prohibido que un vehículo adelante a otro durante trayectos muy extensos. Basta con analizar en el tramo entre Manizales y Mariquita cuántas posibilidades legales hay de sobrepaso, por lo que supuestamente quien maneje un carro particular debe irse a paso de hormiga, y chupando humo, detrás de un camión por kilómetros y kilómetros.
Es común la crítica a la iglesia católica por una negativa, mantenida hasta la terquedad, de no querer evolucionar a la par de los cambios que presenta la sociedad, sobre todo en temas como el celibato. Desde que tengo memoria se discute entre la feligresía la insistencia por parte de la cúpula católica de sostener este voto de castidad, y al fin me entero de que en el Vaticano, con el Papa Benedicto XVI a la cabeza, se reúnen para tocar el tema. Cómo evitarían de escándalos y malos entendidos si le permitieran a los curas contraer matrimonio, porque de esa forma no deben recurrir a la mentira y a la trampa para satisfacer ese impulso natural que siente cualquier mortal.
La sexualidad es una función fisiológica y vetarla es como prohibirle a alguien que orine o respire. En casi todas las religiones permiten que sus pastores y representantes formen una familia, lo cual es muy sano porque además tienen más autoridad y conocimiento para aconsejar en muchos temas relacionados. Sin esa represión el cura párroco será reconocido por la comunidad como un padre de familia responsable, marido fiel y miembro distinguido de la sociedad, y puede evitarse que mucha gente ande preguntándose con malicia si el presbítero fulano es del otro equipo. Claro que habrá sacerdotes pederastas, homosexuales y aberrados; otros conformarán su familia pero querrán tener una sucursal; no faltarán los que quieran divorciarse y volverse a casar, pero con seguridad muchos otros vivirán felices en compañía de esposa e hijos. Lástima que todo quede en veremos, porque de nuevo les dicen que se olviden del asunto y aproximadamente cien mil sacerdotes casados esperan que les autoricen retomar su apostolado.
Pasemos al tercio de pica. El reinado nacional en Cartagena está en franca decadencia, para fortuna de quienes vemos en él un derroche innecesario de tiempo y dinero. Basta con ver la poca trascendencia que al evento dedican los medios de comunicación, los cuales hace unos años atosigaban con la avalancha de información procedente del reinado. Unos pocos chismosos, lagartos, traquetos de media petaca, decenas de peinadores y maquilladores a cuál más afeminado, faranduleros, artistas en promoción y muchos periodistas, se reúnen a chismosear y a intrigar para manipular el fallo del jurado. Las comitivas departamentales están conformadas por reducidos grupos que solo hacen bulla y dan lora cuando están copetones, y la realidad es que las críticas aumentan a diario y el interés merma a pasos agigantados.
Timbales y trompetas anuncian cambio de tercio. Conminan a quienes todavía habitan el Palacio Nacional en Manizales, para que en una fecha determinada lo desocupen y tomen de una vez la determinación de si lo demuelen o le hacen refuerzo estructural y mejoran su aspecto. Que informen a la comunidad cuánto cuestan las diferentes opciones, porque no cabe duda de que aunque la edificación es muy cómoda y funcional, según dicen personas que a él acuden con regularidad, para quien lo observa desde afuera es un esperpento que solo produce vergüenza ante el visitante. Con seguridad gana el premio al edificio más feo del centro de la ciudad, y la posibilidad de derribarlo y aprovechar el espacio para un parque que sirva de pulmón es llamativa para cualquier ciudadano. De todos es sabido que en muchos casos es más costoso arreglar y remodelar que construir nuevo, y solo queda esperar que en caso de optar por la segunda opción, no se vayan a demorar 20 años edificándolo como sucedió con este armatoste.
Para Ripley lo que sucede con la vía que comunica las vecinas poblaciones de Chinchiná y Santa Rosa de Cabal. Es inaudito que debamos esperar once años para disfrutar de una obra que según los estimativos al iniciarla debía ejecutarse en dos años, pero más increíble aún que al fin terminada, la mantengan cerrada porque no se les ocurrió planear su funcionamiento. La nueva carretera, que presenta un trazado más cómodo porque facilita el sobrepaso de camiones y un tránsito a mayor velocidad, estuvo lista hace unos meses pero no la abren porque no saben quien debe operar el peaje. INVIAS, INCO y Autopistas del café se pasan la pelota para no hacerse cargo de los gastos que genera la nueva caseta, pero no se les ocurrió solucionar el asunto durante los casi 150 meses que demoraron en finiquitarla.
Claro que lo del sobrepaso es posible si no está presente la policía de carreteras en la zona, porque según la línea ininterrumpida que marca el centro de nuestras vías, está prohibido que un vehículo adelante a otro durante trayectos muy extensos. Basta con analizar en el tramo entre Manizales y Mariquita cuántas posibilidades legales hay de sobrepaso, por lo que supuestamente quien maneje un carro particular debe irse a paso de hormiga, y chupando humo, detrás de un camión por kilómetros y kilómetros.
miércoles, noviembre 22, 2006
LA MOCOSOCRACIA
LA MOCOSOCRACIA.
Está bien. Reconozco que soy intransigente con los muchachitos de ahora, pero nadie me quita de la cabeza que a muchos padres de familia que tienen hijos pequeños o adolescentes éstos se les están saliendo de las manos. Es inmensa la diferencia en el comportamiento actual de los menores de edad a como nos tocó a nosotros, porque en muchos casos aquello podía compararse con una dictadura. Claro que no cabe duda de que el derecho es aquél estilo de educación, comparado a la forma como los “mal educan” hoy en día.
A través de la historia muchos pueblos respetaron la opinión de los ancianos para tomar cualquier determinación, sociedades conocidas como gerontocracias. Los viejos mandaban y el resto, sobre todo los menores, obedecía. En otras culturas fueron las mujeres o los hombres los encargados de llevar las riendas, hasta llegar a lo más generalizado y que conocemos como democracia, donde supuestamente el pueblo rige los destinos de una nación. En nuestro país se puso de moda la tal meritocracia, modalidad que se basa en los méritos de cada persona para acceder a un cargo. Claro que la cosa no funciona como debe ser, porque aunque escogen al más idóneo, el candidato debe cumplir con ciertas condiciones tales como pertenecer a un determinado grupo político, y que ojalá sea recomendado por un congresista o un gamonal. Es lo que conocemos como dedocracia.
Ahora en los hogares los que mandan son los hijos. Esta nueva modalidad puede llamarse “mocosocracia” y crece a pasos agigantados porque como los padres no tienen tiempo para compartir con la familia, la forma de mitigar el remordimiento que esto les produce es dándole gusto a los infantes en todo lo que quieran. La manipulación a la que recurren los niños es impresionante y si los adultos se detienen un segundo a analizar la situación, van a aceptar que los tienen completamente ensillados. Al menos yo me quedo abismado cuando veo a una pareja de amigos que está de visita en otra casa y en cierto momento resuelven que quieren irse a acostar porque están rendidos; o simplemente porque ya es hora. Entonces el mocoso, que juega feliz con el niño de la casa, dispone que no salen todavía. Y se amangualan ambos zambos mientras los papás bostezan y hacen fuerza, pero aceptan que sea el culicagao el que resuelva a qué hora pueden despedirse. Parece inaudito pero así funciona.
Las comparaciones son odiosas pero el derecho de las cosas es que los menores respeten y acaten las normas implantadas por los mayores. Cómo es posible que en muchos hogares coman únicamente lo que los niños prefieren. Lo peor es que ellos disponen a diario que esto o aquello no les gusta, por la simple razón que oyeron a fulanito decir que cierto alimento es muy maluco. Sin haber siquiera probado muchos sabores resuelven que no los comen, además que tampoco los dejan comprar en el mercado. Muchos comen a deshoras, prefieren la comida chatarra, para cualquier preparación exigen mil requisitos, cambian sus gustos a diario, inventan las enguandas más rebuscadas y solo consumen bebidas artificiales las cuales desplazan los jugos naturales y la leche.
En la actualidad los niños son muy aprensivos y le tienen terror a perder los padres. Por ello no admiten que la mamá prenda un cigarrillo y les da patatús cuando el papá se toma unos aguardientes. Arman unas pataletas de película y como muchos adultos acatan esas muestras de rechazo, ellos aprovechan para dirigir el comportamiento de los mayores a su gusto y parecer. Joden porque alguien se come un chicharrón y empiezan con la cantaleta que eso produce infarto y otros males por el estilo.
Como los caguetas prefieren quedarse en la casa a cualquier otro programa, no se pierden ninguna tertulia de los mayores y quieren saber acerca de todo lo que se hable en ella. Preguntan más que un perdido y no permiten que la conversación fluya. Meten la cucharada en todos los temas y por ello hay que tener mucho cuidado con lo que se dice delante de ellos.
En muchos colegios existen programas extracurriculares y las criaturas deciden cada año cambiar de modalidad. Escogen el fútbol y cuando ya les han comprado guayos, balón, canilleras y el uniforme completo, resuelven que mejor se dedican al patinaje. Vuelve y juega a aperarlos con el equipo necesario para que al poco tiempo cambien nuevamente de parecer. Además se antojan de tomar clases de baile, pintura, cerámica, cocina y mil pendejadas que abandonan sin siquiera cogerle el gusto al asunto.
Es común que no quieran ir a ninguna parte si no los dejan invitar varios amiguitos, así los padres aduzcan que para qué quiere más compañía si tiene muchos primos y familiares con los cuales compartir. Cuando los niños están solos casi siempre son muy juiciosos, pero no los junte con otros menores porque se enloquecen y arman unas patanerías que provoca es darles una pela.
Mi mujer dice que yo tengo mucho de Herodes y no lo niego, porque solo me gustan los muchachitos educados y obedientes. No resisto un zambo grosero, manipulador, resabiado, melindroso, tata, malicioso o como decían los viejos: de mala índole. ¡Ah!, y si está enmelotado que ni se me arrime.
pmejiama1@une.net.co
Está bien. Reconozco que soy intransigente con los muchachitos de ahora, pero nadie me quita de la cabeza que a muchos padres de familia que tienen hijos pequeños o adolescentes éstos se les están saliendo de las manos. Es inmensa la diferencia en el comportamiento actual de los menores de edad a como nos tocó a nosotros, porque en muchos casos aquello podía compararse con una dictadura. Claro que no cabe duda de que el derecho es aquél estilo de educación, comparado a la forma como los “mal educan” hoy en día.
A través de la historia muchos pueblos respetaron la opinión de los ancianos para tomar cualquier determinación, sociedades conocidas como gerontocracias. Los viejos mandaban y el resto, sobre todo los menores, obedecía. En otras culturas fueron las mujeres o los hombres los encargados de llevar las riendas, hasta llegar a lo más generalizado y que conocemos como democracia, donde supuestamente el pueblo rige los destinos de una nación. En nuestro país se puso de moda la tal meritocracia, modalidad que se basa en los méritos de cada persona para acceder a un cargo. Claro que la cosa no funciona como debe ser, porque aunque escogen al más idóneo, el candidato debe cumplir con ciertas condiciones tales como pertenecer a un determinado grupo político, y que ojalá sea recomendado por un congresista o un gamonal. Es lo que conocemos como dedocracia.
Ahora en los hogares los que mandan son los hijos. Esta nueva modalidad puede llamarse “mocosocracia” y crece a pasos agigantados porque como los padres no tienen tiempo para compartir con la familia, la forma de mitigar el remordimiento que esto les produce es dándole gusto a los infantes en todo lo que quieran. La manipulación a la que recurren los niños es impresionante y si los adultos se detienen un segundo a analizar la situación, van a aceptar que los tienen completamente ensillados. Al menos yo me quedo abismado cuando veo a una pareja de amigos que está de visita en otra casa y en cierto momento resuelven que quieren irse a acostar porque están rendidos; o simplemente porque ya es hora. Entonces el mocoso, que juega feliz con el niño de la casa, dispone que no salen todavía. Y se amangualan ambos zambos mientras los papás bostezan y hacen fuerza, pero aceptan que sea el culicagao el que resuelva a qué hora pueden despedirse. Parece inaudito pero así funciona.
Las comparaciones son odiosas pero el derecho de las cosas es que los menores respeten y acaten las normas implantadas por los mayores. Cómo es posible que en muchos hogares coman únicamente lo que los niños prefieren. Lo peor es que ellos disponen a diario que esto o aquello no les gusta, por la simple razón que oyeron a fulanito decir que cierto alimento es muy maluco. Sin haber siquiera probado muchos sabores resuelven que no los comen, además que tampoco los dejan comprar en el mercado. Muchos comen a deshoras, prefieren la comida chatarra, para cualquier preparación exigen mil requisitos, cambian sus gustos a diario, inventan las enguandas más rebuscadas y solo consumen bebidas artificiales las cuales desplazan los jugos naturales y la leche.
En la actualidad los niños son muy aprensivos y le tienen terror a perder los padres. Por ello no admiten que la mamá prenda un cigarrillo y les da patatús cuando el papá se toma unos aguardientes. Arman unas pataletas de película y como muchos adultos acatan esas muestras de rechazo, ellos aprovechan para dirigir el comportamiento de los mayores a su gusto y parecer. Joden porque alguien se come un chicharrón y empiezan con la cantaleta que eso produce infarto y otros males por el estilo.
Como los caguetas prefieren quedarse en la casa a cualquier otro programa, no se pierden ninguna tertulia de los mayores y quieren saber acerca de todo lo que se hable en ella. Preguntan más que un perdido y no permiten que la conversación fluya. Meten la cucharada en todos los temas y por ello hay que tener mucho cuidado con lo que se dice delante de ellos.
En muchos colegios existen programas extracurriculares y las criaturas deciden cada año cambiar de modalidad. Escogen el fútbol y cuando ya les han comprado guayos, balón, canilleras y el uniforme completo, resuelven que mejor se dedican al patinaje. Vuelve y juega a aperarlos con el equipo necesario para que al poco tiempo cambien nuevamente de parecer. Además se antojan de tomar clases de baile, pintura, cerámica, cocina y mil pendejadas que abandonan sin siquiera cogerle el gusto al asunto.
Es común que no quieran ir a ninguna parte si no los dejan invitar varios amiguitos, así los padres aduzcan que para qué quiere más compañía si tiene muchos primos y familiares con los cuales compartir. Cuando los niños están solos casi siempre son muy juiciosos, pero no los junte con otros menores porque se enloquecen y arman unas patanerías que provoca es darles una pela.
Mi mujer dice que yo tengo mucho de Herodes y no lo niego, porque solo me gustan los muchachitos educados y obedientes. No resisto un zambo grosero, manipulador, resabiado, melindroso, tata, malicioso o como decían los viejos: de mala índole. ¡Ah!, y si está enmelotado que ni se me arrime.
pmejiama1@une.net.co
jueves, noviembre 16, 2006
VOLVAMOS A LO SIMPLE.
El planeta que habitamos es una olla a presión con la válvula taponada, y es cuestión de tiempo para que no le quepa más vapor y en átomos volemos. Y es en todos los aspectos. En lo económico, ecológico, social, religioso o en cualquier campo que escojamos. La gente, rica, acomodada o pobre, no sabe qué camino coger. Asegura la filosofía popular que la riqueza no hace la felicidad, y eso puede corroborarse al ver las angustias y los conflictos de los multimillonarios. La sociedad actual está contaminada por la ansiedad y el estrés, y aterra ver hasta a los niños visitando al terapeuta.
Mientras más nos remontemos en la historia comprobamos que el hombre ha vivido épocas agradables y tranquilas. Claro que a partir del invento de ciertas comodidades, porque tampoco voy a envidiar a quienes habitaban una caverna y a la hora de comer debían ruñirse un trozo de carroña. Siempre han existido los conflictos entre diferentes bandos y los desastres naturales acompañan al planeta desde sus principios, pero a medida que el hombre tecnifica la guerra es más lamentable el resultado de los enfrentamientos. Y es un hecho que la naturaleza cada vez reacciona con mayor agresividad porque a ella también nos hemos encargado de trastocarla.
Son muchos los aspectos en los que la mayoría de las personas de cierta edad prefieren, si fuera posible, dar unos pasos atrás y retomar costumbres ya guardadas en el archivo del tiempo. El ritmo de vida de los individuos en la actualidad no permite labores que requieran demasiado tiempo y por ello los actividades deben ser ágiles y efectivas para ahorrar esfuerzos y demoras, aspectos que para la maquinaria del capitalismo salvaje valen oro.
Escojo un ejemplo para diferenciar las épocas y el mismo ejercicio puede aplicarse a cualquier tema. Pongo en la balanza las costumbres gastronómicas y la modalidad de adquirir los productos de la canasta familiar en tiempos de nuestra niñez, comparado a como sucede ahora. Lo primero es que los grandes supermercados y almacenes de cadena permiten al consumidor conseguir cualquier tipo de producto listo para ser utilizado, después de unos pocos minutos de preparación. Por ello cuando le preguntan a alguien qué ha hecho, frase común para saludar en nuestro medio, el otro responde que nada porque todo lo compra hecho.
No puede negarse que los productos y las técnicas utilizadas son modernas, y hasta apetitosas, pero es una alimentación artificial, insípida y monótona. En cambio la ida a la plaza de mercado era todo un programa y la gente dejó de visitarla porque el supermercado es más seguro, más sencillo, tiene donde parquear el carro, puede pagar con tarjeta débito, le regalan puntos acumulables por cada compra y encuentra variedad y calidad certificada. Pero la magia del mercado popular es única y recordar cuando el señor de las frutas compartía unas uvas con los niños que acompañaban la comitiva, el de la verdura les guardaba un costal con hojas de repollo y redrojo de zanahoria para alimentar los conejos, el carnicero les regalaba una moneda de 20 centavos, el del queso una pruebita de cuajada y la señora de los dulces un bastón de menta o un puñado de corozos garrapiñados.
La mamá regañaba los hijos para que no tocaran nada, mientras el viejito que cargaba el canasto colgado de una cincha lo reacomodaba cada rato en la sudorosa frente, y una gallina colgada de las patas a un costado del canasto agitaba las alas a modo de protesta. Cuando llegaban con el mercado a la casa, quienes no habían clasificado para ir en esa oportunidad buscaban con afán qué sorpresa les traían, mientras esperaban con ansias la semana en que les tocara el turno de participar en el recorrido.
Luego se daban las instrucciones a la empleada encargada de la cocina para que procediera con ciertas preparaciones. Una cosa que ya casi no se ve en los hogares son los dulces de fruta que nunca faltaban a la hora de la sobremesa en las comidas. Un vaso de leche con dulce de moras; el de tomate de árbol que se comía cogiendo la fruta en almíbar del tallo, como si fuera la cola de un ratón; el de mamey o el de piña, el de cocas de guayaba, o la jalea y el cernido de la misma fruta. La torta casera, el arroz con leche, el postre de natas, las grosellas caladas, las brevas con queso, los duraznos en almíbar y tantos manjares cuyos aromas invadían cada rincón de la casa.
Además la cocinera preparaba empanadas, tamales, solteritas y hojuelas; en una parrilla asaba arepas planchas y de las redonditas para acompañar las sopas caseras. Mi mamá hacía el vinagre con cáscaras de piña, preparaba mistelas con jugo de mora fermentado y reforzado con un poco de aguardiente, y tuvimos una empleada que hacía panes para el “algo” cuando llegábamos del colegio. Con el hambre que tiene un muchacho a esa hora y encontrar el delicioso olor del pan recién horneado.
A lo mejor soy muy montañero y ordinario, pero prefiero aquellos manjares a los pai, creps, braunis, mufets, donas, wafles y demás innovaciones, que por ser copiados del extranjero no se escriben así, pero definitivamente con esos nombres los conocemos.
pmejiama1@une.net.co
Mientras más nos remontemos en la historia comprobamos que el hombre ha vivido épocas agradables y tranquilas. Claro que a partir del invento de ciertas comodidades, porque tampoco voy a envidiar a quienes habitaban una caverna y a la hora de comer debían ruñirse un trozo de carroña. Siempre han existido los conflictos entre diferentes bandos y los desastres naturales acompañan al planeta desde sus principios, pero a medida que el hombre tecnifica la guerra es más lamentable el resultado de los enfrentamientos. Y es un hecho que la naturaleza cada vez reacciona con mayor agresividad porque a ella también nos hemos encargado de trastocarla.
Son muchos los aspectos en los que la mayoría de las personas de cierta edad prefieren, si fuera posible, dar unos pasos atrás y retomar costumbres ya guardadas en el archivo del tiempo. El ritmo de vida de los individuos en la actualidad no permite labores que requieran demasiado tiempo y por ello los actividades deben ser ágiles y efectivas para ahorrar esfuerzos y demoras, aspectos que para la maquinaria del capitalismo salvaje valen oro.
Escojo un ejemplo para diferenciar las épocas y el mismo ejercicio puede aplicarse a cualquier tema. Pongo en la balanza las costumbres gastronómicas y la modalidad de adquirir los productos de la canasta familiar en tiempos de nuestra niñez, comparado a como sucede ahora. Lo primero es que los grandes supermercados y almacenes de cadena permiten al consumidor conseguir cualquier tipo de producto listo para ser utilizado, después de unos pocos minutos de preparación. Por ello cuando le preguntan a alguien qué ha hecho, frase común para saludar en nuestro medio, el otro responde que nada porque todo lo compra hecho.
No puede negarse que los productos y las técnicas utilizadas son modernas, y hasta apetitosas, pero es una alimentación artificial, insípida y monótona. En cambio la ida a la plaza de mercado era todo un programa y la gente dejó de visitarla porque el supermercado es más seguro, más sencillo, tiene donde parquear el carro, puede pagar con tarjeta débito, le regalan puntos acumulables por cada compra y encuentra variedad y calidad certificada. Pero la magia del mercado popular es única y recordar cuando el señor de las frutas compartía unas uvas con los niños que acompañaban la comitiva, el de la verdura les guardaba un costal con hojas de repollo y redrojo de zanahoria para alimentar los conejos, el carnicero les regalaba una moneda de 20 centavos, el del queso una pruebita de cuajada y la señora de los dulces un bastón de menta o un puñado de corozos garrapiñados.
La mamá regañaba los hijos para que no tocaran nada, mientras el viejito que cargaba el canasto colgado de una cincha lo reacomodaba cada rato en la sudorosa frente, y una gallina colgada de las patas a un costado del canasto agitaba las alas a modo de protesta. Cuando llegaban con el mercado a la casa, quienes no habían clasificado para ir en esa oportunidad buscaban con afán qué sorpresa les traían, mientras esperaban con ansias la semana en que les tocara el turno de participar en el recorrido.
Luego se daban las instrucciones a la empleada encargada de la cocina para que procediera con ciertas preparaciones. Una cosa que ya casi no se ve en los hogares son los dulces de fruta que nunca faltaban a la hora de la sobremesa en las comidas. Un vaso de leche con dulce de moras; el de tomate de árbol que se comía cogiendo la fruta en almíbar del tallo, como si fuera la cola de un ratón; el de mamey o el de piña, el de cocas de guayaba, o la jalea y el cernido de la misma fruta. La torta casera, el arroz con leche, el postre de natas, las grosellas caladas, las brevas con queso, los duraznos en almíbar y tantos manjares cuyos aromas invadían cada rincón de la casa.
Además la cocinera preparaba empanadas, tamales, solteritas y hojuelas; en una parrilla asaba arepas planchas y de las redonditas para acompañar las sopas caseras. Mi mamá hacía el vinagre con cáscaras de piña, preparaba mistelas con jugo de mora fermentado y reforzado con un poco de aguardiente, y tuvimos una empleada que hacía panes para el “algo” cuando llegábamos del colegio. Con el hambre que tiene un muchacho a esa hora y encontrar el delicioso olor del pan recién horneado.
A lo mejor soy muy montañero y ordinario, pero prefiero aquellos manjares a los pai, creps, braunis, mufets, donas, wafles y demás innovaciones, que por ser copiados del extranjero no se escriben así, pero definitivamente con esos nombres los conocemos.
pmejiama1@une.net.co
miércoles, noviembre 08, 2006
LISTA DE MANDADOS.
Es primordial aprender desde pequeño, o al menos cuando la edad lo permita, a nadar y a manejar carro. Nadie disfruta tranquilo la estadía en una finca donde hay piscina mientras algún niño no sepa defenderse en el agua. Porque donde no existe la alberca el muchachito puede quebrarse un brazo, abrirse la cabeza o apachurrarse un dedo, todos accidentes que tienen remedio. En cambio de la piscina ni hablemos.
Tener la oportunidad de manejar un vehículo es la ilusión de cualquier menor, desde cuando lo dejan llevar el timón o meter los cambios acomodado encima de las piernas del improvisado profesor. No importa si la persona no cuenta con un carro de alguien cercano, porque conocer ese oficio facilita las cosas en el campo laboral. Dicen que ambos aprendizajes nunca se olvidan y que quien conduce un vehículo pequeño, puede hacerlo con cualquier otro después de una corta adaptación. Para manejar un carro basta con observar a otro y preguntar algunas cosas, y luego esperar a alcanzar los pedales para que le den una palomita. Eso sí, para conducir bien hay que ejercitarse desde joven, porque ahí se aplica aquello que loro viejo no aprende a hablar. Chofer otoñal se queda runcho de por vida.
A nadar aprendí, como todos mis primos Mejía, cuando el tío Fabio nos llevaba a termales de Santa Rosa y después de una pequeña instrucción en la piscina bajita a los que no sabíamos, nos aventaba uno por uno a la mitad de la más profunda con la absoluta certeza que el muchachito salía nadando como cualquier cachorro.
En mi casa había un Desoto modelo 55. Era un carro grande, muy fino, con palanca en el timón y un asiento adelante y otro atrás en forma de banca, sin cinturones de seguridad, ergonomía o diseño especial, y un radio con teclas para cambiar de emisora. Mi mamá siempre ha sido muy cuarta y cuando el cucho se demoraba en llegar, ella nos dejaba salir a aprender a manejar el carro. Sentados en el borde de la silla, para alcanzar, nos íbamos a zonas deshabitadas a cogerle el tiro. Ya con cancha, uno acomodaba el brazo en la ventanilla abierta y cuando le mandaba la directa, con cierto ademán entre despectivo y fantoche, empezaba a disfrutar el programa.
En cualquier casa se requería hacer mandados a diario y seguro por ello mi madre se daba la pela de dejarnos aprender como fuera, para tener quien le hiciera las vueltas. Siempre el más reciente aprendiz se prestaba para lo que fuera, mientras los mayores preferían sacar la novia a pasear o cocacoliar con los amigos. Había mandados que ya eran tradicionales.
Con semejante trajín todo lo del hogar se dañaba con regularidad y por ejemplo semanalmente un electrodoméstico sacaba la mano. Entonces había que llevarlo a La Licuadora, abajito del edificio San Vicente de Paúl, donde arreglaban cualquier gallo. Al frente quedaba la carpintería de Ovidio, y ahí siempre había que recoger un nochero, una silla u otro mueble que habían reparado o simplemente le habían echado tapón. Las poltronas y sofás se dejaban en Sancotolengo, donde Hernán Vélez, el tapicero, se encargaba de cambiarles el forro y reconstruirles el relleno; por cierto, el hombre no cumplía ni años.
La ida donde la costurera era a diario, y mi madre tenía el palito para conseguirlas en los lugares más apartados. Claro que si uno estaba calmando fiebre, entre más lejos mejor. La ropa de cama la lavaban y planchaban en el Hogar Santa María, en una casona campestre cerca de la fabrica de jabones Hada. El hombre para solucionar cualquier problema relacionado con aparatos como la parrilla y el horno que funcionaban con resistencias eléctricas, era Madrigal, quien tenía el taller en la calle 24 frente al Club Los Andes. El radio, el teléfono o el tocadiscos los reparaba Carlos Arenas, también en el centro de la ciudad.
Además había que comprar algunos encargos en El Málaga, donde Emiliano; El Tiempo para mi papá en un carrito de dulces ahí enseguida; la parva en La Victoria; gelatinas y galletas donde las monjas de La Visitación; cambiar un cheque donde Mercedes Ángel, en la bomba Palogrande; recoger la remesa donde mi tía Lucy; pagar la cuota de un “club” (ahora lo llaman compra por separado) en el almacén Vanidades o en El Cónsul; y llevar un par de zapatos a remontar donde don Baltasar, el zapatero del barrio Lleras, que vivía a medio pelo y no había forma de que entendiera a qué iba uno.
A medio día mis padres iban, acompañados por mi hermanita menor, a visitar a la abuela paterna que residía en el hospital geriátrico y siempre le llevaban un caldito de pollo muy sustancioso. Arrancaban a esa hora con un hambre tenaz y a medio camino mi papá no aguantaba más el olor, y le decía a la niña que le diera una pruebita del caldo. Entonces todos se antojaban y más adelante paraban a darle un mordisco a la presa de pollo, hasta que el hueso quedaba pelado y la olla limpia. Mi padre trataba de justificar el hecho al decir que la viejita estaba muy perdida y que con seguridad ni cuenta se daba, razonamiento que eliminaba el remordimiento de los tres.
pmejiama1@epm.net.co
Tener la oportunidad de manejar un vehículo es la ilusión de cualquier menor, desde cuando lo dejan llevar el timón o meter los cambios acomodado encima de las piernas del improvisado profesor. No importa si la persona no cuenta con un carro de alguien cercano, porque conocer ese oficio facilita las cosas en el campo laboral. Dicen que ambos aprendizajes nunca se olvidan y que quien conduce un vehículo pequeño, puede hacerlo con cualquier otro después de una corta adaptación. Para manejar un carro basta con observar a otro y preguntar algunas cosas, y luego esperar a alcanzar los pedales para que le den una palomita. Eso sí, para conducir bien hay que ejercitarse desde joven, porque ahí se aplica aquello que loro viejo no aprende a hablar. Chofer otoñal se queda runcho de por vida.
A nadar aprendí, como todos mis primos Mejía, cuando el tío Fabio nos llevaba a termales de Santa Rosa y después de una pequeña instrucción en la piscina bajita a los que no sabíamos, nos aventaba uno por uno a la mitad de la más profunda con la absoluta certeza que el muchachito salía nadando como cualquier cachorro.
En mi casa había un Desoto modelo 55. Era un carro grande, muy fino, con palanca en el timón y un asiento adelante y otro atrás en forma de banca, sin cinturones de seguridad, ergonomía o diseño especial, y un radio con teclas para cambiar de emisora. Mi mamá siempre ha sido muy cuarta y cuando el cucho se demoraba en llegar, ella nos dejaba salir a aprender a manejar el carro. Sentados en el borde de la silla, para alcanzar, nos íbamos a zonas deshabitadas a cogerle el tiro. Ya con cancha, uno acomodaba el brazo en la ventanilla abierta y cuando le mandaba la directa, con cierto ademán entre despectivo y fantoche, empezaba a disfrutar el programa.
En cualquier casa se requería hacer mandados a diario y seguro por ello mi madre se daba la pela de dejarnos aprender como fuera, para tener quien le hiciera las vueltas. Siempre el más reciente aprendiz se prestaba para lo que fuera, mientras los mayores preferían sacar la novia a pasear o cocacoliar con los amigos. Había mandados que ya eran tradicionales.
Con semejante trajín todo lo del hogar se dañaba con regularidad y por ejemplo semanalmente un electrodoméstico sacaba la mano. Entonces había que llevarlo a La Licuadora, abajito del edificio San Vicente de Paúl, donde arreglaban cualquier gallo. Al frente quedaba la carpintería de Ovidio, y ahí siempre había que recoger un nochero, una silla u otro mueble que habían reparado o simplemente le habían echado tapón. Las poltronas y sofás se dejaban en Sancotolengo, donde Hernán Vélez, el tapicero, se encargaba de cambiarles el forro y reconstruirles el relleno; por cierto, el hombre no cumplía ni años.
La ida donde la costurera era a diario, y mi madre tenía el palito para conseguirlas en los lugares más apartados. Claro que si uno estaba calmando fiebre, entre más lejos mejor. La ropa de cama la lavaban y planchaban en el Hogar Santa María, en una casona campestre cerca de la fabrica de jabones Hada. El hombre para solucionar cualquier problema relacionado con aparatos como la parrilla y el horno que funcionaban con resistencias eléctricas, era Madrigal, quien tenía el taller en la calle 24 frente al Club Los Andes. El radio, el teléfono o el tocadiscos los reparaba Carlos Arenas, también en el centro de la ciudad.
Además había que comprar algunos encargos en El Málaga, donde Emiliano; El Tiempo para mi papá en un carrito de dulces ahí enseguida; la parva en La Victoria; gelatinas y galletas donde las monjas de La Visitación; cambiar un cheque donde Mercedes Ángel, en la bomba Palogrande; recoger la remesa donde mi tía Lucy; pagar la cuota de un “club” (ahora lo llaman compra por separado) en el almacén Vanidades o en El Cónsul; y llevar un par de zapatos a remontar donde don Baltasar, el zapatero del barrio Lleras, que vivía a medio pelo y no había forma de que entendiera a qué iba uno.
A medio día mis padres iban, acompañados por mi hermanita menor, a visitar a la abuela paterna que residía en el hospital geriátrico y siempre le llevaban un caldito de pollo muy sustancioso. Arrancaban a esa hora con un hambre tenaz y a medio camino mi papá no aguantaba más el olor, y le decía a la niña que le diera una pruebita del caldo. Entonces todos se antojaban y más adelante paraban a darle un mordisco a la presa de pollo, hasta que el hueso quedaba pelado y la olla limpia. Mi padre trataba de justificar el hecho al decir que la viejita estaba muy perdida y que con seguridad ni cuenta se daba, razonamiento que eliminaba el remordimiento de los tres.
pmejiama1@epm.net.co
jueves, noviembre 02, 2006
UNO DE POBRE.
El campesino de nuestra región cafetera es distinguido y bien plantado. La mayoría son blancos, altos, de buena estampa y hasta oji claros, y a pesar de que a veces la pobreza los agobia, los niños son limpios y simpáticos. La gente del campo es amable y generosa, y quienes habitan las zonas altas de la cordillera llegan a ser hasta incautos e inocentes. Son personas sencillas y sanas, porque esas tierras son poco pobladas y por ello la maldad de la civilización no los ha perneado en forma considerable. Lo contrario sucede en los pueblos cafeteros, donde la violencia ha hecho presencia gracias a que los cosechadores llegan de todas partes y entre esas masas ambulantes no faltan las malas fichas. Casi todos nuestros campesinos se comportan de forma parecida, porque son muy apegados a sus costumbres y al entablarles conversa es fácil enterarse de su modo de vida. Así se expresa un agregado de finca cafetera en una conversación cotidiana:
*Vea patrón, yo sí le digo una cosa: esta región ha sido muy sana pero ahora han cogido los apaches por hacer de las suyas. Por fortuna nos reunimos entre los vecinos p’a hacer un convite y montales la perseguidora, porque nos cogen ventaja y después no los ataja es nadies. Yo antes mandaba las peladas p’a la escuela sin preocupame, pero ya me da como verriondera despachalas solas. No falta el vergajo corrompido que me les hace el mandao y ahí sí me hago restiar. Otra cosa es que se roban hasta un mojao y le toca a uno dentrar los animalitos por la noche y encerralos entre el escusao p’a que no alcen con ellos. Como se demora uno levantando marranos y metiéndoles plata, p’a que venga un hijuemama y los pele en un rato.
Es cierto que aunque en el campo no se consigue plata con una coloca como la mía, de agregao, poco a poco puede uno comprar los eletrodomésticos p’a vivir a lo bien; y si es juicioso hasta p’a ahorrar alguito le alcanza. Porque aunque esto es muy amañador, el televisor es importante p’a que la familia y hasta los trabajadores que duermen en la jinca se entretengan un rato antes de ise a dormir. Y el sonido también es indispensable, porque el domingo es muy sabroso escuchar música; y cuando hay alguna reunión, puede uno complacer a la visita con los temas de moda. A la mujer le toca moler duro con los destinos de la cocina, por lo que es mucho lo que ayuda digamos una licuadora.
Hombre, y hablando de las mujeres le digo pues que a veces no hay quien las entienda. Cómo le parece que a aquella se le metió hace días quizque por comprar una nevera; que p’a que la carne no se le dañe, que p’a hacer helaos y vendele a los piones, mantener la bogadera fría y mil razones más. Entoes les dije que en la cosecha nos poníamos todos a coger y al final hacíamos una vaca p’a colaborar con el aparato ése, hasta que llegó el momento de comprala. Fuera de todo tocó pagar carrera en un yí p’a traela. Pues la vieja ésta empezó a usala y claro, como siempre ha vivido sin necesidá de ese embeleco, ahora salió conque no le gusta y la tiene de escaparate. Mire y verá que está llena de ropa y de trebejos.
Y no es que uno sea amarrao, sino que no me gusta comprar pendejadas que no se van a usar. Recuerdo cuando bautizamos al Ancisar que le hicimos una fiesta la macha. Lo mismo jue la celebración cuando nacieron la Yurladis y Eunice; ni hablar de cuando hicieron la primera comunión. Se les compró estrén y tal, y aquella preparó un sudao que hizo historia. En navidá tampoco falta la polvorita, la natilla y los boñuelos, y cualesquier aguinaldo p’a los de la casa. Vea que hasta estoy pagando la pedorrita, que aunque está un poquito amasada, me lleva al pueblo y vuelve y me trae. Por lo mismo es que les digo a las muchachas cuando les da la ventolera de ise a vivir al pueblo, que es mejor en la finca porque siempre es mucho lo que consigue usté en la huerta p’a rendir la lata.
Con respecto a la comida, esa tampoco nos ha faltao. Eso sí p’a qué. Mire que el sábado cuando llego con la remesa hay qué ver los banquetes que nos trancamos; y aunque digan que uno no debe tragase todo el mercao el primer día, nosotros ya estamos enseñaos a pasanos después a punta de sancocho y frijoles; y aguapanela p’a sobremesiar. El caso es que aquí nadies está flacuchento o debilucho, y solo debo las culebritas normales.
Ahí tengo palabriao un ranchito en el pueblo p’a cuando esté viejo y ya no me den coloca. Porque se casan las muchachas y se abren, y el zambo ya está buscando p’a onde coger. Es una casita muy titina, con dos piezas, el servicio, una buena cocina y solarcito. Y tiene plancha p’a sacale otra pieza. De manera que usté puede ver que aunque no soy ningún potentao, tampoco paso trabajos como tanta gente en la ciudá. Porque éso sí: uno es pobre pero honrao.
pmejiama1@une.net.co
*Vea patrón, yo sí le digo una cosa: esta región ha sido muy sana pero ahora han cogido los apaches por hacer de las suyas. Por fortuna nos reunimos entre los vecinos p’a hacer un convite y montales la perseguidora, porque nos cogen ventaja y después no los ataja es nadies. Yo antes mandaba las peladas p’a la escuela sin preocupame, pero ya me da como verriondera despachalas solas. No falta el vergajo corrompido que me les hace el mandao y ahí sí me hago restiar. Otra cosa es que se roban hasta un mojao y le toca a uno dentrar los animalitos por la noche y encerralos entre el escusao p’a que no alcen con ellos. Como se demora uno levantando marranos y metiéndoles plata, p’a que venga un hijuemama y los pele en un rato.
Es cierto que aunque en el campo no se consigue plata con una coloca como la mía, de agregao, poco a poco puede uno comprar los eletrodomésticos p’a vivir a lo bien; y si es juicioso hasta p’a ahorrar alguito le alcanza. Porque aunque esto es muy amañador, el televisor es importante p’a que la familia y hasta los trabajadores que duermen en la jinca se entretengan un rato antes de ise a dormir. Y el sonido también es indispensable, porque el domingo es muy sabroso escuchar música; y cuando hay alguna reunión, puede uno complacer a la visita con los temas de moda. A la mujer le toca moler duro con los destinos de la cocina, por lo que es mucho lo que ayuda digamos una licuadora.
Hombre, y hablando de las mujeres le digo pues que a veces no hay quien las entienda. Cómo le parece que a aquella se le metió hace días quizque por comprar una nevera; que p’a que la carne no se le dañe, que p’a hacer helaos y vendele a los piones, mantener la bogadera fría y mil razones más. Entoes les dije que en la cosecha nos poníamos todos a coger y al final hacíamos una vaca p’a colaborar con el aparato ése, hasta que llegó el momento de comprala. Fuera de todo tocó pagar carrera en un yí p’a traela. Pues la vieja ésta empezó a usala y claro, como siempre ha vivido sin necesidá de ese embeleco, ahora salió conque no le gusta y la tiene de escaparate. Mire y verá que está llena de ropa y de trebejos.
Y no es que uno sea amarrao, sino que no me gusta comprar pendejadas que no se van a usar. Recuerdo cuando bautizamos al Ancisar que le hicimos una fiesta la macha. Lo mismo jue la celebración cuando nacieron la Yurladis y Eunice; ni hablar de cuando hicieron la primera comunión. Se les compró estrén y tal, y aquella preparó un sudao que hizo historia. En navidá tampoco falta la polvorita, la natilla y los boñuelos, y cualesquier aguinaldo p’a los de la casa. Vea que hasta estoy pagando la pedorrita, que aunque está un poquito amasada, me lleva al pueblo y vuelve y me trae. Por lo mismo es que les digo a las muchachas cuando les da la ventolera de ise a vivir al pueblo, que es mejor en la finca porque siempre es mucho lo que consigue usté en la huerta p’a rendir la lata.
Con respecto a la comida, esa tampoco nos ha faltao. Eso sí p’a qué. Mire que el sábado cuando llego con la remesa hay qué ver los banquetes que nos trancamos; y aunque digan que uno no debe tragase todo el mercao el primer día, nosotros ya estamos enseñaos a pasanos después a punta de sancocho y frijoles; y aguapanela p’a sobremesiar. El caso es que aquí nadies está flacuchento o debilucho, y solo debo las culebritas normales.
Ahí tengo palabriao un ranchito en el pueblo p’a cuando esté viejo y ya no me den coloca. Porque se casan las muchachas y se abren, y el zambo ya está buscando p’a onde coger. Es una casita muy titina, con dos piezas, el servicio, una buena cocina y solarcito. Y tiene plancha p’a sacale otra pieza. De manera que usté puede ver que aunque no soy ningún potentao, tampoco paso trabajos como tanta gente en la ciudá. Porque éso sí: uno es pobre pero honrao.
pmejiama1@une.net.co
martes, octubre 24, 2006
Quiere ser famoso?
¿QUIERE SER FAMOSO?
Es una ironía que tantas personas sueñen con llegar algún día a ser famosas mientras quienes lo son, salvo algunas excepciones, reniegan de tal condición y añoran un poco de tranquilidad e intimidad. No debe existir nada más maluco que pertenecer a la realeza, porque esa gente no tiene licencia ni para meter un grito cuando estornudan. El solo hecho de saber que en todo momento hay un fotógrafo escondido para lograr el papayazo de pillarlo fuera de lugar, debe crispar los nervios a cualquiera. Un ejemplo tangible de dicha persecución es la televisión española, país donde son obsesivos con la farándula o los temas del corazón; allá los famosos no tienen derecho ni a morir en paz.
Una cosa bien curiosa es que en esta sociedad frívola y superficial es suficiente la condición de millonario para que una persona sea perseguida por la prensa y su nombre reconocido en cualquier lugar. Y para empeorar las cosas esos personajes viven empalagados de la vida y por ello le jalan a todo para buscar innovar, situación que se presta para que los descubran en los enredos más escabrosos. Fíjese que si a un fulano común y silvestre lo pillan amanecido entre el carro haciendo maromas con una bandida, máximo lo zampan al calabozo de un día para otro y le clavan una multa. Pero si el tipo llega a ser reconocido como alguien famoso se le va hasta la empuñadura. Además, ellos o sus familiares cercanos son proclives a la depresión, las adicciones o el suicidio. Porque ahí sí puede corroborarse aquello que en esta vida la plata no lo es todo... aunque siempre es mucho lo que ayuda.
Recuerdo un comercial de la televisión hispana donde aparece una niña que espera el desayuno que prepara su atareada madre, y en actitud soñadora la mocosa comenta que ella no piensa complicarse la vida. Que en vez de estudiar o casarse y criar muchachitos, piensa presentarse a un reality show, ser la más intrigante y conflictiva, hacerse famosa y después vivir del cuento. Nada más cierto. Porque ese tipo de programas, que tiene contaminada la televisión mundial, lo único que logra es sacar personajes del anonimato quienes después de mostrar todo lo ruin que puede llegar a ser una persona y de permitir que los exploten al máximo, salen a disfrutar de una fama artificial que puede ser efímera o duradera según el carisma del sujeto. No cabe duda: entre más lagarto, mejor le va.
En estos casos nuestro país no es la excepción y hay que ver cómo aprovechan su cuarto de hora quienes logran hacer sonar su nombre en un programa de este tipo. Actores de pacotilla que son flor de un día, presentadoras de la sección de farándula en tele noticieros, cantantes improvisados o deportistas en decadencia que recuperan su condición de ídolos del populacho, salen de la olla porque a diario les resultan contratos en todas partes. Es común que presenten un desfile de beneficencia, animen fiestas de pueblo, firmen autógrafos en un centro comercial o acompañen a un político en su gira de campaña.
Los deportistas son otro gremio que salta de la fama al anonimato como por arte de magia. Es suficiente que un morocho haga dos goles en un partido del fútbol dominical y la prensa lo infla hasta dejarlo convencido de que es lo máximo, pero también es condición que el tipo mantenga su nivel porque de lo contrario nadie vuelve a mencionarlo. Ni hablar si nos representa en el exterior, como Montoya, Camilo Villegas o Edgar Rentaría, porque la prensa le sigue los pasos sin despintarle el ojo.
Pero sin duda la modalidad de moda para conseguir plata, remojar prensa y darse pantalla es haber tenido un pasado oscuro y publicar un libro. Puede haber sido un bandido de película como el tal Popeye, lugarteniente de Pablo Escobar, y nadie pone en tela de juicio sus andanzas sino que compran los ejemplares como pan caliente. O quien fuera la moza de mostrar del mismo capo que sale a decir en público que el antisocial orinaba agua bendita, y cuenta un mundo de vainas que nadie puede contradecir porque su interlocutor ya está en el otro mundo; como era de esperarse, las editoriales están detrás de sus memorias para llenarse todos de plata. Porque la diva ya advirtió que se viene con dos libros de una vez.
Y qué tal el periodista Alberto Giraldo, que aseguró el futuro de sus allegados con una publicación donde untó hasta al gato, pero con la condición que debían esperar a que él estirara la pata para darla a conocer. Así, ni modo de hacerle el reclamo. Basta leer cualquier libro de ese tipo para saber que son escritos por encargo y sin pulirse mucho; solo importa que traiga chismes y destape ollas podridas, que aunque sean mentira, alimentan el morbo de los lectores y dan tema para sus tertulias.
Así es la vida. Porque publica uno su librito y aunque en un principio vende algunos ejemplares, después no encuentra forma de salir del resto. Toca acomodar las cajas en todos los rincones, y aunque reparta muestras gratis, ésa vaina no rinde. No le busque: la honestidad solo produce tranquilidad de conciencia, virtud, que aunque no llena, evita los desvelos.
pmejiama1@epm.net.co
Es una ironía que tantas personas sueñen con llegar algún día a ser famosas mientras quienes lo son, salvo algunas excepciones, reniegan de tal condición y añoran un poco de tranquilidad e intimidad. No debe existir nada más maluco que pertenecer a la realeza, porque esa gente no tiene licencia ni para meter un grito cuando estornudan. El solo hecho de saber que en todo momento hay un fotógrafo escondido para lograr el papayazo de pillarlo fuera de lugar, debe crispar los nervios a cualquiera. Un ejemplo tangible de dicha persecución es la televisión española, país donde son obsesivos con la farándula o los temas del corazón; allá los famosos no tienen derecho ni a morir en paz.
Una cosa bien curiosa es que en esta sociedad frívola y superficial es suficiente la condición de millonario para que una persona sea perseguida por la prensa y su nombre reconocido en cualquier lugar. Y para empeorar las cosas esos personajes viven empalagados de la vida y por ello le jalan a todo para buscar innovar, situación que se presta para que los descubran en los enredos más escabrosos. Fíjese que si a un fulano común y silvestre lo pillan amanecido entre el carro haciendo maromas con una bandida, máximo lo zampan al calabozo de un día para otro y le clavan una multa. Pero si el tipo llega a ser reconocido como alguien famoso se le va hasta la empuñadura. Además, ellos o sus familiares cercanos son proclives a la depresión, las adicciones o el suicidio. Porque ahí sí puede corroborarse aquello que en esta vida la plata no lo es todo... aunque siempre es mucho lo que ayuda.
Recuerdo un comercial de la televisión hispana donde aparece una niña que espera el desayuno que prepara su atareada madre, y en actitud soñadora la mocosa comenta que ella no piensa complicarse la vida. Que en vez de estudiar o casarse y criar muchachitos, piensa presentarse a un reality show, ser la más intrigante y conflictiva, hacerse famosa y después vivir del cuento. Nada más cierto. Porque ese tipo de programas, que tiene contaminada la televisión mundial, lo único que logra es sacar personajes del anonimato quienes después de mostrar todo lo ruin que puede llegar a ser una persona y de permitir que los exploten al máximo, salen a disfrutar de una fama artificial que puede ser efímera o duradera según el carisma del sujeto. No cabe duda: entre más lagarto, mejor le va.
En estos casos nuestro país no es la excepción y hay que ver cómo aprovechan su cuarto de hora quienes logran hacer sonar su nombre en un programa de este tipo. Actores de pacotilla que son flor de un día, presentadoras de la sección de farándula en tele noticieros, cantantes improvisados o deportistas en decadencia que recuperan su condición de ídolos del populacho, salen de la olla porque a diario les resultan contratos en todas partes. Es común que presenten un desfile de beneficencia, animen fiestas de pueblo, firmen autógrafos en un centro comercial o acompañen a un político en su gira de campaña.
Los deportistas son otro gremio que salta de la fama al anonimato como por arte de magia. Es suficiente que un morocho haga dos goles en un partido del fútbol dominical y la prensa lo infla hasta dejarlo convencido de que es lo máximo, pero también es condición que el tipo mantenga su nivel porque de lo contrario nadie vuelve a mencionarlo. Ni hablar si nos representa en el exterior, como Montoya, Camilo Villegas o Edgar Rentaría, porque la prensa le sigue los pasos sin despintarle el ojo.
Pero sin duda la modalidad de moda para conseguir plata, remojar prensa y darse pantalla es haber tenido un pasado oscuro y publicar un libro. Puede haber sido un bandido de película como el tal Popeye, lugarteniente de Pablo Escobar, y nadie pone en tela de juicio sus andanzas sino que compran los ejemplares como pan caliente. O quien fuera la moza de mostrar del mismo capo que sale a decir en público que el antisocial orinaba agua bendita, y cuenta un mundo de vainas que nadie puede contradecir porque su interlocutor ya está en el otro mundo; como era de esperarse, las editoriales están detrás de sus memorias para llenarse todos de plata. Porque la diva ya advirtió que se viene con dos libros de una vez.
Y qué tal el periodista Alberto Giraldo, que aseguró el futuro de sus allegados con una publicación donde untó hasta al gato, pero con la condición que debían esperar a que él estirara la pata para darla a conocer. Así, ni modo de hacerle el reclamo. Basta leer cualquier libro de ese tipo para saber que son escritos por encargo y sin pulirse mucho; solo importa que traiga chismes y destape ollas podridas, que aunque sean mentira, alimentan el morbo de los lectores y dan tema para sus tertulias.
Así es la vida. Porque publica uno su librito y aunque en un principio vende algunos ejemplares, después no encuentra forma de salir del resto. Toca acomodar las cajas en todos los rincones, y aunque reparta muestras gratis, ésa vaina no rinde. No le busque: la honestidad solo produce tranquilidad de conciencia, virtud, que aunque no llena, evita los desvelos.
pmejiama1@epm.net.co
jueves, octubre 19, 2006
Paranoia a la carta.
La gran mayoría de los gringos, y en general quienes habitan el occidente del planeta, que estaban convencidos de que los musulmanes, mahometanos, budistas o cualquier seguidor de una de las tantas religiones diferentes a las cristianas eran terroristas ignorantes y trogloditas, ahora se enteran de que en realidad son muy inteligentes. Además, no le tienen miedo a la muerte y por el contrario la enfrentan como un paso más en su trasegar por la existencia. Pues resulta que esos hombres de turbante en la cabeza, vestimenta particular y un fusil de asalto en bandolera, no se le quitan ni al tren y tienen más cacumen que sus congéneres del supuesto mundo civilizado.
Los afganos sacaron el ejército soviético, con toda su maquinaria de guerra, con el rabo entre las patas y una derrota que nadie pronosticaba. Esos mismos combatientes, que recibieron asesoría militar y armamento de la CIA, decidieron utilizar toda la experiencia adquirida en el enfrentamiento contra la Unión Soviética para una vez despachados éstos, voltear la cola y cogerla contra los gringos que siempre han sido sus enemigos naturales. Como dice el refranero: nadie sabe para quien trabaja. Otra cosa es que cuando se trata de luchar, no importa el país de origen de los combatientes sino su creencia religiosa. Se juntan árabes, iraníes, libios, filipinos, paquistaníes o egipcios, y todos son uno mismo. El único fin es la guerra santa y frente a esa meta nada se interpone.
Entonces aceptaron que enfrentar a Estados Unidos con un ejército regular es casi un suicidio, por lo que resolvieron aplicarles una presión sicológica que los tiene al borde de un ataque de nervios. Aunque la arremetida terrorista comenzó hace muchos años, fue desde ese aciago 11 de septiembre que los países más poderosos no volvieron a tener sosiego, porque en las grandes capitales esperan a diario que les llegue el turno de recibir el batacazo.
Claro que como quienes habitamos el tercer mundo dependemos de los ricos en casi todo, también llevamos del bulto en dicho conflicto así no tengamos nada que ver con el asunto. Un ejemplo claro es la friega que cogieron cuando se viaja en avión. Qué tal presentarse en el aeropuerto con 4 horas de anticipación para un vuelo al exterior, el cual dura otro extenso lapso según el destino. Eso es cansón para cualquiera, pero inmamable para un anciano, un discapacitado o alguien que viaje con niños pequeños o un bebé.
Ya montado en el avión, no se le ocurra agacharse abruptamente, estornudar en forma escandalosa, echarle un piropo a la azafata o tomarse unos tragos de más. Cuidadito con hacer un chiste acerca de una bomba o algo por el estilo, y mucho menos se vaya a demorar en el baño, así tenga diarrea. Mejor entra varias veces y hace por poquitos. Si está mareado, a dieta u odia la comida artificial que sirven las aerolíneas, tráguese lo que le ofrezcan porque de lo contrario se torna sospechoso. No mire demasiado a alguien, ojo con dormirse y roncar, acate todas las instrucciones y ni se le ocurra preguntar si puede conocer la cabina de pilotos. También es recomendable hacerse un lavado de cerebro y estar preparado para la raquetiada que le van a meter cuando llegue al destino.
Las medidas de seguridad rayan en la paranoia y la noticia de cualquier suceso, por inocente que sea, le da la vuelta al mundo. Nos enteramos hace poco de un intento de secuestro de un avión de Quatar Airways, pero un amigo que surca los cielos de medio mundo al mando de un avión de dicha compañía, me contó que fue un despistado pasajero que iba para el baño y se metió a primera clase. Al percatarse del error, salió con prisa en busca de su objetivo y dicho proceder fue suficiente para que los ricachones, que bogaban champaña y jartaban salmón en esa privilegiada sección, dieran la voz de alerta sobre un sospechoso que quería meterse a la cabina.
Dice el capitán Martínez que a todos los tripulantes, sin excepción, les revisan sus maletines de vuelo, los zapatos, el cinturón y hasta la gorra en busca de explosivos; también les confiscan cualquier objeto corto punzante, así sea un corta uñas. Qué tal la estupidez, cuando el piloto vuela encerrado tras una puerta blindada y entre las cosas que tiene a su disposición en la cabina, hay por ejemplo un hacha y una pistola de bengalas en el equipo de supervivencia. Si quiere hacer un daño puede despresurizar el avión a gran altura, mandarlo contra la Torre Eiffel o dirigirlo en picada contra el mundo. Sin duda es una falta absoluta de lógica actuar de esa manera contra quienes llevan el mando del aparato.
Ahora pillaron a los terroristas, que ante la imposibilidad de meter explosivos a los aviones, querían armar las bombas durante el vuelo con elementos químicos camuflados en lociones, cremas, frascos de medicamentos y otros recipientes. Entonces ya no puede usted llevar elementos personales a la mano, y para cargar una compota o un tetero para el bebé hay que sacar mil permisos. Mucho menos llevar fiambre o bebidas hidratantes, y podemos concluir que ahora lo único que puede echarse el pasajero durante un vuelo internacional es un polvito. Hasta sabrosa la vaina.
pmejiama1@epm.net.co
Los afganos sacaron el ejército soviético, con toda su maquinaria de guerra, con el rabo entre las patas y una derrota que nadie pronosticaba. Esos mismos combatientes, que recibieron asesoría militar y armamento de la CIA, decidieron utilizar toda la experiencia adquirida en el enfrentamiento contra la Unión Soviética para una vez despachados éstos, voltear la cola y cogerla contra los gringos que siempre han sido sus enemigos naturales. Como dice el refranero: nadie sabe para quien trabaja. Otra cosa es que cuando se trata de luchar, no importa el país de origen de los combatientes sino su creencia religiosa. Se juntan árabes, iraníes, libios, filipinos, paquistaníes o egipcios, y todos son uno mismo. El único fin es la guerra santa y frente a esa meta nada se interpone.
Entonces aceptaron que enfrentar a Estados Unidos con un ejército regular es casi un suicidio, por lo que resolvieron aplicarles una presión sicológica que los tiene al borde de un ataque de nervios. Aunque la arremetida terrorista comenzó hace muchos años, fue desde ese aciago 11 de septiembre que los países más poderosos no volvieron a tener sosiego, porque en las grandes capitales esperan a diario que les llegue el turno de recibir el batacazo.
Claro que como quienes habitamos el tercer mundo dependemos de los ricos en casi todo, también llevamos del bulto en dicho conflicto así no tengamos nada que ver con el asunto. Un ejemplo claro es la friega que cogieron cuando se viaja en avión. Qué tal presentarse en el aeropuerto con 4 horas de anticipación para un vuelo al exterior, el cual dura otro extenso lapso según el destino. Eso es cansón para cualquiera, pero inmamable para un anciano, un discapacitado o alguien que viaje con niños pequeños o un bebé.
Ya montado en el avión, no se le ocurra agacharse abruptamente, estornudar en forma escandalosa, echarle un piropo a la azafata o tomarse unos tragos de más. Cuidadito con hacer un chiste acerca de una bomba o algo por el estilo, y mucho menos se vaya a demorar en el baño, así tenga diarrea. Mejor entra varias veces y hace por poquitos. Si está mareado, a dieta u odia la comida artificial que sirven las aerolíneas, tráguese lo que le ofrezcan porque de lo contrario se torna sospechoso. No mire demasiado a alguien, ojo con dormirse y roncar, acate todas las instrucciones y ni se le ocurra preguntar si puede conocer la cabina de pilotos. También es recomendable hacerse un lavado de cerebro y estar preparado para la raquetiada que le van a meter cuando llegue al destino.
Las medidas de seguridad rayan en la paranoia y la noticia de cualquier suceso, por inocente que sea, le da la vuelta al mundo. Nos enteramos hace poco de un intento de secuestro de un avión de Quatar Airways, pero un amigo que surca los cielos de medio mundo al mando de un avión de dicha compañía, me contó que fue un despistado pasajero que iba para el baño y se metió a primera clase. Al percatarse del error, salió con prisa en busca de su objetivo y dicho proceder fue suficiente para que los ricachones, que bogaban champaña y jartaban salmón en esa privilegiada sección, dieran la voz de alerta sobre un sospechoso que quería meterse a la cabina.
Dice el capitán Martínez que a todos los tripulantes, sin excepción, les revisan sus maletines de vuelo, los zapatos, el cinturón y hasta la gorra en busca de explosivos; también les confiscan cualquier objeto corto punzante, así sea un corta uñas. Qué tal la estupidez, cuando el piloto vuela encerrado tras una puerta blindada y entre las cosas que tiene a su disposición en la cabina, hay por ejemplo un hacha y una pistola de bengalas en el equipo de supervivencia. Si quiere hacer un daño puede despresurizar el avión a gran altura, mandarlo contra la Torre Eiffel o dirigirlo en picada contra el mundo. Sin duda es una falta absoluta de lógica actuar de esa manera contra quienes llevan el mando del aparato.
Ahora pillaron a los terroristas, que ante la imposibilidad de meter explosivos a los aviones, querían armar las bombas durante el vuelo con elementos químicos camuflados en lociones, cremas, frascos de medicamentos y otros recipientes. Entonces ya no puede usted llevar elementos personales a la mano, y para cargar una compota o un tetero para el bebé hay que sacar mil permisos. Mucho menos llevar fiambre o bebidas hidratantes, y podemos concluir que ahora lo único que puede echarse el pasajero durante un vuelo internacional es un polvito. Hasta sabrosa la vaina.
pmejiama1@epm.net.co
miércoles, octubre 11, 2006
Limpiarse cuesta.
Qué pagadera de impuestos tan tenaz. Así el ciudadano no declare renta, debido a que su patrimonio no alcanza el tope reglamentario, en todo momento paga contribuciones al estado. La mayoría de artículos adquiridos están gravados con el impuesto del valor agregado; al comprar una boleta para cualquier espectáculo, incluido el cine, colabora con parte del importe para espectáculos públicos y contribución al deporte; paga peajes cuando transita por carretera; le tumban un porcentaje de cualquier cifra que reciba por servicios prestados; también le meten diente a su salario y mejor no sigo porque acabo a los berridos.
Todos los gobiernos recurren a reformas tributarias para sanear el déficit fiscal, y aunque en la campaña política prometan tirarles pasito a los contribuyentes, a la hora de la verdad no se salva nadie. El pueblo espera que por fin escojan a los más acomodados para cargarles la mano, pero la decepción es grande cuando publican las nuevas leyes y al ciudadano raso no le queda sino aceptar la dura realidad. Porque no cabe duda de que nuestro pueblo es campeón para aguantar garrote y agachar la cabeza, mientras en otras latitudes se rebotan y obligan a los dirigentes a echar reversa.
Lo que indispone es saber que con menores aportes podríamos tener un país desarrollado y bien dotado, pero el desangre de la burocracia y la corrupción es incontrolable. Los políticos buscan enriquecerse con el billete que casamos todos y dicho proceder envenena a cualquiera, mientras la infraestructura nacional se deteriora a pasos agigantados. Aunque en todos los rincones del planeta existe la corrupción, no hay otra explicación para que haya países donde la plata rinde y se nota en su inversión y desarrollo. Mire que si destinan una partida para adelantar un proyecto en particular y este se pudiera desarrollar como dice el contrato, con seguridad las cosas irían mejor. Pero empiezan a barequiar y a buscar la forma de repartir mordidas, y cuando van a mitad de las obras se termina la plata destinada. Dan ganas de matar y comer del muerto.
Ahora viene el batacazo de turno y en los corrillos se comenta cómo nos va a tocar el bolsillo. El punto que más polémica ha creado es la iniciativa del gobierno de gravar todos los artículos de la canasta familiar con un IVA del 10%. Muchos no tienen con qué comprar lo indispensable para sostener a su familia con los precios actuales, para que ahora salgan con que le van a clavar más alzas con el cacareado impuesto. Hay que ser coherente y aceptar que al visitar un supermercado podemos escoger artículos de todo tipo, pero sin duda los básicos son de uso obligatorio y por ende deben estar exentos de cualquier gravamen.
Nadie debe quejarse porque tiene que pagar más por ciertos productos sin los cuales puede vivir perfectamente, pero que por su condición económica puede adquirir. Ejemplos como el salmón ahumado, la tocineta, las alcachofas, los melocotones, el jamón, los quesos, enlatados y encurtidos, productos de mar, mecato para los muchachitos, jugos congelados y demás antojitos que tientan al comprador, son opcionales y nada tienen que ver con los alimentos básicos; porque yo sí le cuento las cosas tan provocativas que adornan las vitrinas. Pero pretender clavarle el impuesto a los granos, los huevos, la sal y el azúcar, las verduras, la panela o a la brincha de carne, es un despropósito.
Por fortuna quienes planearon la nueva reforma echaron para atrás la medida y resolvieron escuchar el clamor popular. Sin embargo, aterra ver que en dichas excepciones no aparecen por ninguna parte los productos de aseo. Está claro que uno puede mantenerse limpio con sofisticados champúes, jabones de esencia, acondicionadores para el pelo, lociones y menjurjes, talcos y demás aditamentos que ofrece la sociedad de consumo; también hay muchas cosas para echarle a la lavadora o para limpiar los pisos, y ahí están los pañuelos desechables y los copitos para los oídos que tanto se utilizan, pero de igual manera hay opciones de limpieza con productos básicos. El jabón de tierra para el cuerpo y el rey para la ropa son muy utilizados, y en la lavadora basta con un detergente común y corriente.
Lo inaudito es que le metan IVA al papel higiénico. Que le carguen la mano al papel de triple hoja o al importado, pero que dejen tranquilo el rollito ordinario que acostumbra comprar la gente del común. Ya hice mención de muchos productos suntuarios pero nadie puede decir que es un lujo limpiarse los debajeros, porque de seguir así nos tocará fabricar un hisopo con un palo y una esponja para proceder como en la época de los romanos. ¡Gaquis! O que se instaure de nuevo el bidet en los baños para que el usuario recurra a la agüita para lavarse el motor. El problema es que en los espacios modernos con trabajo caben el inodoro y un lavamanos, para buscar la forma de acomodar el desusado mueble.
De manera que a recortar cuadritos de periódico, papel al que por fortuna sacaron del baile del IVA, y a cambiar el adminículo (si la palabra rima con el tema es mera coincidencia) donde se acomoda el rollo, por una puntilla a medio clavar. Y paciencia porque seguiremos como mariposas de museo: ¡clavados y chapaliando!
pmejiama1@une.net.co
Todos los gobiernos recurren a reformas tributarias para sanear el déficit fiscal, y aunque en la campaña política prometan tirarles pasito a los contribuyentes, a la hora de la verdad no se salva nadie. El pueblo espera que por fin escojan a los más acomodados para cargarles la mano, pero la decepción es grande cuando publican las nuevas leyes y al ciudadano raso no le queda sino aceptar la dura realidad. Porque no cabe duda de que nuestro pueblo es campeón para aguantar garrote y agachar la cabeza, mientras en otras latitudes se rebotan y obligan a los dirigentes a echar reversa.
Lo que indispone es saber que con menores aportes podríamos tener un país desarrollado y bien dotado, pero el desangre de la burocracia y la corrupción es incontrolable. Los políticos buscan enriquecerse con el billete que casamos todos y dicho proceder envenena a cualquiera, mientras la infraestructura nacional se deteriora a pasos agigantados. Aunque en todos los rincones del planeta existe la corrupción, no hay otra explicación para que haya países donde la plata rinde y se nota en su inversión y desarrollo. Mire que si destinan una partida para adelantar un proyecto en particular y este se pudiera desarrollar como dice el contrato, con seguridad las cosas irían mejor. Pero empiezan a barequiar y a buscar la forma de repartir mordidas, y cuando van a mitad de las obras se termina la plata destinada. Dan ganas de matar y comer del muerto.
Ahora viene el batacazo de turno y en los corrillos se comenta cómo nos va a tocar el bolsillo. El punto que más polémica ha creado es la iniciativa del gobierno de gravar todos los artículos de la canasta familiar con un IVA del 10%. Muchos no tienen con qué comprar lo indispensable para sostener a su familia con los precios actuales, para que ahora salgan con que le van a clavar más alzas con el cacareado impuesto. Hay que ser coherente y aceptar que al visitar un supermercado podemos escoger artículos de todo tipo, pero sin duda los básicos son de uso obligatorio y por ende deben estar exentos de cualquier gravamen.
Nadie debe quejarse porque tiene que pagar más por ciertos productos sin los cuales puede vivir perfectamente, pero que por su condición económica puede adquirir. Ejemplos como el salmón ahumado, la tocineta, las alcachofas, los melocotones, el jamón, los quesos, enlatados y encurtidos, productos de mar, mecato para los muchachitos, jugos congelados y demás antojitos que tientan al comprador, son opcionales y nada tienen que ver con los alimentos básicos; porque yo sí le cuento las cosas tan provocativas que adornan las vitrinas. Pero pretender clavarle el impuesto a los granos, los huevos, la sal y el azúcar, las verduras, la panela o a la brincha de carne, es un despropósito.
Por fortuna quienes planearon la nueva reforma echaron para atrás la medida y resolvieron escuchar el clamor popular. Sin embargo, aterra ver que en dichas excepciones no aparecen por ninguna parte los productos de aseo. Está claro que uno puede mantenerse limpio con sofisticados champúes, jabones de esencia, acondicionadores para el pelo, lociones y menjurjes, talcos y demás aditamentos que ofrece la sociedad de consumo; también hay muchas cosas para echarle a la lavadora o para limpiar los pisos, y ahí están los pañuelos desechables y los copitos para los oídos que tanto se utilizan, pero de igual manera hay opciones de limpieza con productos básicos. El jabón de tierra para el cuerpo y el rey para la ropa son muy utilizados, y en la lavadora basta con un detergente común y corriente.
Lo inaudito es que le metan IVA al papel higiénico. Que le carguen la mano al papel de triple hoja o al importado, pero que dejen tranquilo el rollito ordinario que acostumbra comprar la gente del común. Ya hice mención de muchos productos suntuarios pero nadie puede decir que es un lujo limpiarse los debajeros, porque de seguir así nos tocará fabricar un hisopo con un palo y una esponja para proceder como en la época de los romanos. ¡Gaquis! O que se instaure de nuevo el bidet en los baños para que el usuario recurra a la agüita para lavarse el motor. El problema es que en los espacios modernos con trabajo caben el inodoro y un lavamanos, para buscar la forma de acomodar el desusado mueble.
De manera que a recortar cuadritos de periódico, papel al que por fortuna sacaron del baile del IVA, y a cambiar el adminículo (si la palabra rima con el tema es mera coincidencia) donde se acomoda el rollo, por una puntilla a medio clavar. Y paciencia porque seguiremos como mariposas de museo: ¡clavados y chapaliando!
pmejiama1@une.net.co
miércoles, octubre 04, 2006
QUE DESILUCION TAN...
QUE DESILUCION TAN…
En este país debemos cargar lápiz y papel a la mano para anotar esas noticias curiosas e increíbles que suceden a diario, y que con seguridad vamos a olvidar con el paso de los años. Porque cuando en un futuro alguien lea las notas va a pensar que quien las recopiló era un exagerado, fantasioso y lenguaraz, además de morboso y mordaz. Imagino a un compatriota que reside en el exterior y que gracias a las comunicaciones modernas puede seguir el acontecer nacional en directo, cuando le relate por ejemplo a un danés o a un suizo las cosas que suceden en su terruño. Al otro se le tienen que brotar los ojos y habrá que cerrarle la boca para que no chorree la baba. Es que nosotros, de tanto enterarnos de sucesos dignos de ocupar primeros lugares en la prensa amarillista del mundo, nos hemos vuelto inmunes al asombro.
Porque hasta el más curtido queda estupefacto al ver a un tipo cualquiera que ante las cámaras de televisión acepta haber contratado a un sicario para que mate a su esposa, pero que debido a no tener la plata para cancelar la vuelta propuso al asesino que le prestara el servicio financiado en cómodas cuotas mensuales. El sindicado muy fresco dijo que él había pagado sus “clubes” muy cumplido pero que estaba molesto por la forma como el apache asesinó a su mujer, ya que lo hizo frente a las hijas y de una forma diferente a la estipulada en el contrato. Qué tal el desgraciado: aparte de que acepta la acusación, regatea el trabajo porque el trato era despacharla de una manera menos escandalosa.
Mientras tanto al iniciar el gobierno su segundo período enfrenta infinidad de problemas debido a que muchos funcionarios la embarran a diario y las fuerzas militares, que en los últimos tiempos habían alcanzado buena aceptación de la ciudadanía, meten las patas sin pausa y le dan tema a quienes las tienen entre ojos. Porque una cosa es que les caigan con todo cuando se matan entre ellos en emboscadas que no tienen explicación, y otra que quieran ensuciar la imagen de una entidad porque uno de sus miembros viola una niña. En una institución que tiene 200 mil hombres en sus filas no pueden faltar especimenes de toda ralea. El asunto es aislado y lo deben solucionar mochándole el cabo al cabo, y listo.
Como para llorar los hechos que presenciamos a diario de niños maltratados de forma inhumana. Quemarle las manos a un pequeño porque cogió unas monedas o sentar al bebé en una hornilla porque se orina en los calzones, son muestra de ignorancia y brutalidad.
Todos esperamos que los políticos den buen ejemplo, pero ellos hacen todo lo contrario. La rebatiña por los cargos burocráticos es vulgar y cuando creíamos que tras el derrumbe de los partidos tradicionales desaparecerían la corrupción y la politiquería, nos cae como un baldado de agua fría la dura realidad de unos nuevos caciques que se creen dueños del país y viven agarrados de las mechas como vulgares verduleras.
El gobierno y algunos congresistas promueven una ley que permite a los homosexuales alcanzar los derechos de seguridad social para sus parejas, pero sin aceptar el matrimonio y mucho menos la adopción. Muchos estamos de acuerdo con dicho proceder, porque si un tipo se aguanta los resabios y pataletas de un mozo bien zalamero durante 20 años, lo mínimo es que mientras convivan tengan derecho a la salud y demás gabelas que benefician a los conyugues, y que herede la pensión cuando enviude. Pero ahora se unen representantes de varias iglesias a oponerse al proyecto de ley, con el argumento que dicho proceder va contra la familia que es la base de la sociedad. Entonces que lesbianas, maricas y demás militantes de esas filas se bañen y se echen una restregada con estropajo, que con seguridad éso se les quita. Después que procedan a conformar una familia bien bonita. Como si fuera así de fácil.
Luego se entera la sociedad de que el Superintendente de Notariado y Registro es un vergajo sin escrúpulos que manipula notarios para alcanzar sus cometidos. Qué tal, toda la vida confiamos en que el notario es el guardián de la ley, sinónimo de honorabilidad y rectitud, que su palabra es suficiente para sellar cualquier trato, que basta su firma para certificar lo que sea, y vienen estos sinvergüenzas a dejar esa institución por el piso. Cómo será la piedra de los funcionarios que han desempeñado el oficio con honestidad y decoro.
Pero sin duda lo que me dejó decepcionado fue lo del brujo consultor de los fiscales (porque el asunto es heredado de la administración anterior). Qué desilusión enterarnos de que en el bunker donde supuestamente priman la entereza y la seriedad, un psíquico asesora altos funcionarios e investiga a todo el mundo sin restricciones de ningún tipo. Por más que trato, no puedo dejar de ver a dichos funcionarios como a unos bobazos. Lástima que ya desaparecieron, al morir el genial humorista Montecristo, dos personajes que habrían colaborado de forma magistral. Me refiero a Madame Bruyilda Calandraca de Chambacú y al profesor Monzodíaco Huanabacoa, ya que por ejemplo la eminente quiromántica era experta en “parasilocogía”.
pmejiama1@une.net.co
En este país debemos cargar lápiz y papel a la mano para anotar esas noticias curiosas e increíbles que suceden a diario, y que con seguridad vamos a olvidar con el paso de los años. Porque cuando en un futuro alguien lea las notas va a pensar que quien las recopiló era un exagerado, fantasioso y lenguaraz, además de morboso y mordaz. Imagino a un compatriota que reside en el exterior y que gracias a las comunicaciones modernas puede seguir el acontecer nacional en directo, cuando le relate por ejemplo a un danés o a un suizo las cosas que suceden en su terruño. Al otro se le tienen que brotar los ojos y habrá que cerrarle la boca para que no chorree la baba. Es que nosotros, de tanto enterarnos de sucesos dignos de ocupar primeros lugares en la prensa amarillista del mundo, nos hemos vuelto inmunes al asombro.
Porque hasta el más curtido queda estupefacto al ver a un tipo cualquiera que ante las cámaras de televisión acepta haber contratado a un sicario para que mate a su esposa, pero que debido a no tener la plata para cancelar la vuelta propuso al asesino que le prestara el servicio financiado en cómodas cuotas mensuales. El sindicado muy fresco dijo que él había pagado sus “clubes” muy cumplido pero que estaba molesto por la forma como el apache asesinó a su mujer, ya que lo hizo frente a las hijas y de una forma diferente a la estipulada en el contrato. Qué tal el desgraciado: aparte de que acepta la acusación, regatea el trabajo porque el trato era despacharla de una manera menos escandalosa.
Mientras tanto al iniciar el gobierno su segundo período enfrenta infinidad de problemas debido a que muchos funcionarios la embarran a diario y las fuerzas militares, que en los últimos tiempos habían alcanzado buena aceptación de la ciudadanía, meten las patas sin pausa y le dan tema a quienes las tienen entre ojos. Porque una cosa es que les caigan con todo cuando se matan entre ellos en emboscadas que no tienen explicación, y otra que quieran ensuciar la imagen de una entidad porque uno de sus miembros viola una niña. En una institución que tiene 200 mil hombres en sus filas no pueden faltar especimenes de toda ralea. El asunto es aislado y lo deben solucionar mochándole el cabo al cabo, y listo.
Como para llorar los hechos que presenciamos a diario de niños maltratados de forma inhumana. Quemarle las manos a un pequeño porque cogió unas monedas o sentar al bebé en una hornilla porque se orina en los calzones, son muestra de ignorancia y brutalidad.
Todos esperamos que los políticos den buen ejemplo, pero ellos hacen todo lo contrario. La rebatiña por los cargos burocráticos es vulgar y cuando creíamos que tras el derrumbe de los partidos tradicionales desaparecerían la corrupción y la politiquería, nos cae como un baldado de agua fría la dura realidad de unos nuevos caciques que se creen dueños del país y viven agarrados de las mechas como vulgares verduleras.
El gobierno y algunos congresistas promueven una ley que permite a los homosexuales alcanzar los derechos de seguridad social para sus parejas, pero sin aceptar el matrimonio y mucho menos la adopción. Muchos estamos de acuerdo con dicho proceder, porque si un tipo se aguanta los resabios y pataletas de un mozo bien zalamero durante 20 años, lo mínimo es que mientras convivan tengan derecho a la salud y demás gabelas que benefician a los conyugues, y que herede la pensión cuando enviude. Pero ahora se unen representantes de varias iglesias a oponerse al proyecto de ley, con el argumento que dicho proceder va contra la familia que es la base de la sociedad. Entonces que lesbianas, maricas y demás militantes de esas filas se bañen y se echen una restregada con estropajo, que con seguridad éso se les quita. Después que procedan a conformar una familia bien bonita. Como si fuera así de fácil.
Luego se entera la sociedad de que el Superintendente de Notariado y Registro es un vergajo sin escrúpulos que manipula notarios para alcanzar sus cometidos. Qué tal, toda la vida confiamos en que el notario es el guardián de la ley, sinónimo de honorabilidad y rectitud, que su palabra es suficiente para sellar cualquier trato, que basta su firma para certificar lo que sea, y vienen estos sinvergüenzas a dejar esa institución por el piso. Cómo será la piedra de los funcionarios que han desempeñado el oficio con honestidad y decoro.
Pero sin duda lo que me dejó decepcionado fue lo del brujo consultor de los fiscales (porque el asunto es heredado de la administración anterior). Qué desilusión enterarnos de que en el bunker donde supuestamente priman la entereza y la seriedad, un psíquico asesora altos funcionarios e investiga a todo el mundo sin restricciones de ningún tipo. Por más que trato, no puedo dejar de ver a dichos funcionarios como a unos bobazos. Lástima que ya desaparecieron, al morir el genial humorista Montecristo, dos personajes que habrían colaborado de forma magistral. Me refiero a Madame Bruyilda Calandraca de Chambacú y al profesor Monzodíaco Huanabacoa, ya que por ejemplo la eminente quiromántica era experta en “parasilocogía”.
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viernes, septiembre 29, 2006
Version libre y expontanea.
VERSION LIBRE Y EXPONTANEA.
De varios carriles el chicharrón que le heredó el ministro del interior y justicia a su reemplazo con el asunto de los paramilitares reinsertados. El asunto está más enredado que un bulto de cachos y nadie entiende cómo es la cosa, y el actual ministro, el doctor Holguín Sardi, resolvió dormirse en medio de la primera reunión que tuvo con los personajes recluidos. Qué tal esa vaina; si es complicado torear semejante lío con pleno conocimiento de causa, cómo será echándose un motoso en medio de la discusión. El caso es que los fiscales y demás representantes de los organismos de control del estado están interesados en entender bien cómo es el maní, y por fortuna resultó un personaje que ofreció dar una versión personal de los hechos.
*Resulta de que yo puedo hablar con tranquilidá porque bien dicen por ahí que el que nada debe nada teme. Mi nombre es Jersaín Buriticá y nací en el municipio de Andes, Antioquia; p’a que no friegue distingo a ese cliente que nombraron como nuevo Juan Valdés. Yo me desmovilicé con el frente mineros del Cauca, y mi jefe es don Cuco Vanoy; ese man es un bacán, eso sí p’a qué. El trabajito de nosotros en esa región del bajo Cauca consistía en darle chumbimba a los guerrillos de las FARC, a los elenos o al que llegara a poner pirinola por allá, p’a mantenelos espantaos de esas tierras.
Lo jodido es que ahora salieron con que los jefes de nuestra organización quizque que son unos mentirosos, porque a veces se les olvidan cositas del pasado. Lo que pasa es que nadies es perfecto como p’a tener una memoria fotográfica y que no se le pase ni una. Mire por ejemplo que a Monoleche se le había olvidao por completo el asunto con Carlos Castaño. Pero fíjese que cuando salieron a decir que el que lo mandó quiñar fue don Vicente, el propio hermano, este señor se ofreció hasta a mostrales dónde está enterrao el finao Carlos. Vea hombre, es que no es por justificalo, pero ese cliente se largaba a jartar guaro y a soltar la lengua, y una noche rascao dijo que iba a negocear con los gringos p’a contales toda la verdá de la organización. Y usté sabe pues que uno puede ser lo que quiera, menos sapo.
Y siguen fregando y sacando peros porque los patrones dijeron que ellos no tienen billete. Eso es la pura verdá. Fíjese que por ejemplo don Mancuso solo tiene una finquita y vive de lo que le dejó un ganao que vendió hace días. Y le puedo asegurar que las casas, esas verriondas camionetas que tiene, las otras fincas y el resto de cosas, todo es alquilao. P’a Chuchito bendito que así es. Y vea que don Berna, el cojineto, solo tiene una tierrita con unos cuantos animales. Cuando a el lo encanaron se armó la verrionda y hasta hubo paro de trasporte en Medallo, porque ese día no salieron a la calle buses, busetas, tacis y coletivos, pero eso jue porque el hombre es muy buena papa y la gente lo quiere mucho. Pura solidaridá.
Los otros jefes son todos muy buena gente; Gordo lindo, Macaco, Jorge 40, don Ramón Isaza, al que llaman El Viejo y es toda una istitución, Ernesto Báez y otros tantos, son puros filántropos, como el patrón Pablo Escobar. Y hablando de traquetos, están diciendo que algunos de ellos se están escampando en las autodefensas para colincharse en el proceso de paz. Cuentos. Por ejemplo El Tuso y los Mellizos son paracos como el que más. La única realidá es que nosotros entregamos las armas p’a cumplile al gobierno; el que quiera más que le piquen caña.
Yo le digo pues que algunos personajes joden al contrato y le ponen mucho tiringistingis al asunto, pero todos nosotros estamos en buena tónica p’a arreglar esto como sea. El problema es la gana que nos tiene los gringos p’a mandanos a pagar cana allá, y ahí la cosa se pone peluda. Mejor dicho, ni puel diablo. Otro problema templao son los pirobos reinsertados que la siguen embarrando, pero nosotros qué culpa si usté sabe que en todas partes hay gente torcida; y claro, cualesquiera oye una noticia de esas y cree que somos todos. Si va a mirar, la mayoría somos parceros decentes que no le hicimos mal a nadies; másimo cobrábamos unas cuotitas a los finqueros ricos p’a brindales proteción y que ellos pudieran visitar sus tierras. Un simple negocio como cualquier otro.
Ahora esperamos que el gobierno cumpla y que firme de una vez por todas, y estamos listos a que nos encanen por un tiempito. Pero eso sí, tiene que ser en Colombia porque ni pensar en que nos echen p’arriba. Porque le digo pues que nosotros por las buenas somos facilitos, pero nos sacan la piedra y ahí sí téngase fino. Ya acetamos hasta que sembramos coca p’a vender, pero cómo quiere que enfrentemos a la guerrilla si esos manes esportan de esa vaina por toneladas y no saben qué hacer con la plata que les dentra. O es que esperaban que les frenáramos el macho a punta de escopetas de fisto. Bájese de esa nube papá.
pmejiama1@epm.net.co
De varios carriles el chicharrón que le heredó el ministro del interior y justicia a su reemplazo con el asunto de los paramilitares reinsertados. El asunto está más enredado que un bulto de cachos y nadie entiende cómo es la cosa, y el actual ministro, el doctor Holguín Sardi, resolvió dormirse en medio de la primera reunión que tuvo con los personajes recluidos. Qué tal esa vaina; si es complicado torear semejante lío con pleno conocimiento de causa, cómo será echándose un motoso en medio de la discusión. El caso es que los fiscales y demás representantes de los organismos de control del estado están interesados en entender bien cómo es el maní, y por fortuna resultó un personaje que ofreció dar una versión personal de los hechos.
*Resulta de que yo puedo hablar con tranquilidá porque bien dicen por ahí que el que nada debe nada teme. Mi nombre es Jersaín Buriticá y nací en el municipio de Andes, Antioquia; p’a que no friegue distingo a ese cliente que nombraron como nuevo Juan Valdés. Yo me desmovilicé con el frente mineros del Cauca, y mi jefe es don Cuco Vanoy; ese man es un bacán, eso sí p’a qué. El trabajito de nosotros en esa región del bajo Cauca consistía en darle chumbimba a los guerrillos de las FARC, a los elenos o al que llegara a poner pirinola por allá, p’a mantenelos espantaos de esas tierras.
Lo jodido es que ahora salieron con que los jefes de nuestra organización quizque que son unos mentirosos, porque a veces se les olvidan cositas del pasado. Lo que pasa es que nadies es perfecto como p’a tener una memoria fotográfica y que no se le pase ni una. Mire por ejemplo que a Monoleche se le había olvidao por completo el asunto con Carlos Castaño. Pero fíjese que cuando salieron a decir que el que lo mandó quiñar fue don Vicente, el propio hermano, este señor se ofreció hasta a mostrales dónde está enterrao el finao Carlos. Vea hombre, es que no es por justificalo, pero ese cliente se largaba a jartar guaro y a soltar la lengua, y una noche rascao dijo que iba a negocear con los gringos p’a contales toda la verdá de la organización. Y usté sabe pues que uno puede ser lo que quiera, menos sapo.
Y siguen fregando y sacando peros porque los patrones dijeron que ellos no tienen billete. Eso es la pura verdá. Fíjese que por ejemplo don Mancuso solo tiene una finquita y vive de lo que le dejó un ganao que vendió hace días. Y le puedo asegurar que las casas, esas verriondas camionetas que tiene, las otras fincas y el resto de cosas, todo es alquilao. P’a Chuchito bendito que así es. Y vea que don Berna, el cojineto, solo tiene una tierrita con unos cuantos animales. Cuando a el lo encanaron se armó la verrionda y hasta hubo paro de trasporte en Medallo, porque ese día no salieron a la calle buses, busetas, tacis y coletivos, pero eso jue porque el hombre es muy buena papa y la gente lo quiere mucho. Pura solidaridá.
Los otros jefes son todos muy buena gente; Gordo lindo, Macaco, Jorge 40, don Ramón Isaza, al que llaman El Viejo y es toda una istitución, Ernesto Báez y otros tantos, son puros filántropos, como el patrón Pablo Escobar. Y hablando de traquetos, están diciendo que algunos de ellos se están escampando en las autodefensas para colincharse en el proceso de paz. Cuentos. Por ejemplo El Tuso y los Mellizos son paracos como el que más. La única realidá es que nosotros entregamos las armas p’a cumplile al gobierno; el que quiera más que le piquen caña.
Yo le digo pues que algunos personajes joden al contrato y le ponen mucho tiringistingis al asunto, pero todos nosotros estamos en buena tónica p’a arreglar esto como sea. El problema es la gana que nos tiene los gringos p’a mandanos a pagar cana allá, y ahí la cosa se pone peluda. Mejor dicho, ni puel diablo. Otro problema templao son los pirobos reinsertados que la siguen embarrando, pero nosotros qué culpa si usté sabe que en todas partes hay gente torcida; y claro, cualesquiera oye una noticia de esas y cree que somos todos. Si va a mirar, la mayoría somos parceros decentes que no le hicimos mal a nadies; másimo cobrábamos unas cuotitas a los finqueros ricos p’a brindales proteción y que ellos pudieran visitar sus tierras. Un simple negocio como cualquier otro.
Ahora esperamos que el gobierno cumpla y que firme de una vez por todas, y estamos listos a que nos encanen por un tiempito. Pero eso sí, tiene que ser en Colombia porque ni pensar en que nos echen p’arriba. Porque le digo pues que nosotros por las buenas somos facilitos, pero nos sacan la piedra y ahí sí téngase fino. Ya acetamos hasta que sembramos coca p’a vender, pero cómo quiere que enfrentemos a la guerrilla si esos manes esportan de esa vaina por toneladas y no saben qué hacer con la plata que les dentra. O es que esperaban que les frenáramos el macho a punta de escopetas de fisto. Bájese de esa nube papá.
pmejiama1@epm.net.co
jueves, septiembre 21, 2006
De Lo Que Se Perdieron
Advertencia: este escrito no debe ser leído por menores de 13 años sin la compañía de un adulto responsable, para que después no digan que doy malos consejos a los mocosos. Porque cuando los muchachitos nos oyen recordar cómo era nuestra vida de estudiantes, los ojos se les abren como un dos de oros y no lo pueden creer. Para ellos es inaudito que alguien pudiera comportarse de esa manera sin que se armara un problema de la madona.
Para nosotros no existió una época mejor que la del colegio. Poco nos interesaba aprender y la única preocupación era ganar las materias a como diera lugar; mínimo sacar un 3 para que en la libreta de calificaciones apareciera la nota en tinta negra, o al menos 2,9 para recurrir a la famosa ley de arrastre que subía automáticamente ese pelito que faltaba. También era importante manejar el asunto de las inasistencias a clase, porque su acumulación es motivo de reprobación. Entonces había que planear alguna disculpa bien convincente, la cual era trasmitida por medio de algún compañero solidario, para que el profesor no pusiera la falla ni informara al coordinador de disciplina; porque la labor de éste era llamar a averiguar la causa de las deserciones.
Mamarse a clase era lo máximo. Y todavía mejor tomarse la tarde libre e irse de programa con unas hembritas, jugar varios chicos de billar en un café del centro o meterse a cine con los amigos a comer salchichas suizas y albóndigas, y luego hacer un concurso de eructos. La gente empezaba a salir mientras mascullaban y trinaban de la piedra, y con toda la razón, aunque para nosotros dicho proceder lo único que hacía era sumarle emoción a la desagradable competencia. Ahora pienso cómo fue que no nos pelaron a garrote, porque si me pasa hoy en día, ahorco los culicagaos maleducados y cochinos que se atrevan a semejante irrespeto. Debemos reconocer que nosotros solo pensábamos en hacer maldades y joder al prójimo, aprovechando que la gente era muy permisiva y la violencia no se toleraba en ningún caso.
Es raro que hoy un muchacho pierda el año lectivo, aunque debe trabajar duro. En cambio uno podía vagar todo el año y si le iba bien en los exámenes parciales, y sobre todo en el final, salvaba la materia. De lo contrario, tuqui tuqui lulú. Pero era un riesgo que muchos tomábamos y bastaba con conocer buenas técnicas para copiar en las pruebas. Pasteles, paquetes, trampas, comprimidos, chanchullos y muchos otros apelativos utilizamos para nombrar ese pequeño papelito con datos y fórmulas que debíamos esconder muy bien, para sacarlo con absoluto disimulo en el momento oportuno y encontrar la tan ansiada respuesta. Además quedaban como recurso la habilitación o los cursos remediales, en los cuales sí había que copiar a como diera lugar, porque si no estudiábamos en tiempo de colegio, mucho menos en vacaciones.
Si no fuera por dicha técnica, en la cual fui un experto, aún estaría en primero de bachillerato. O sexto, como le dicen ahora. A diario inventábamos nuevas modalidades y las mujeres nos llevaban ventaja, porque aprovechaban los muslos para anotar los datos y bastaba con subir la falda un poco para consultar; y ni modo de que un profesor les dijera que se levantaran el uniforme. Entonces uno recurría a llenar los antebrazos de apuntes, un rincón de la superficie del pupitre, en el marco de la ventana, en la regla o con letras diminutas en algunas caras del hexagonal lápiz.
Lo que llama la atención es que si pillaban a un alumno en esas andanzas o preguntándole algo al compañero, el profesor procedía a quitarles el examen y como decíamos entonces: cero pollito. Si el rector se enteraba de que algunos alumnos no asistieron al colegio sin causa justificada, estos eran llamados a su oficina y con seguridad recibían tremendo regaño, mala nota en disciplina y si había reincidencia, los suspendía. En cambio ahora si un colegial se comporta de igual manera, poco falta para que lo excomulguen. Un amigo consultó con una sicóloga porque su hijo adolescente pasaba por al etapa de las embarradas, y la vieja le dijo a quemarropa al confuso padre que él estaba criando delincuentes. De ser así, a nosotros nos hubieran quedado chiquitos Al Capone, El Chacal, Tirofijo y Pablo Escobar.
Mi madre siempre ha sido muy fresca y no se escandalizaba con esas pilatunas. La llamaban del colegio un martes para que fuera a recibir un informe sobre uno de los 6 zambos que estudiaban allá, y ella pedía que le acumularan las quejas de la semana para el viernes, ya que el establecimiento quedaba en los infiernos. Y como mi padre trabajaba todo el día nunca se enteraba cuando llamaban del colegio.
Cada quien tiene su opinión, pero el escritor irlandés Bernard Shaw dijo que el único tiempo que perdió durante su existencia fue mientras asistió al colegio. La verdad yo pasé muy sabroso pero no asimilé nada. Lo poquito que sé, lo he aprendido a través de la lectura y sobre todo en la universidad de la vida. Y debo decir que aunque tuve mi época de vándalo y vago, no me arrepiento de nada. Porque a uno nadie le quita lo bailado.
Para nosotros no existió una época mejor que la del colegio. Poco nos interesaba aprender y la única preocupación era ganar las materias a como diera lugar; mínimo sacar un 3 para que en la libreta de calificaciones apareciera la nota en tinta negra, o al menos 2,9 para recurrir a la famosa ley de arrastre que subía automáticamente ese pelito que faltaba. También era importante manejar el asunto de las inasistencias a clase, porque su acumulación es motivo de reprobación. Entonces había que planear alguna disculpa bien convincente, la cual era trasmitida por medio de algún compañero solidario, para que el profesor no pusiera la falla ni informara al coordinador de disciplina; porque la labor de éste era llamar a averiguar la causa de las deserciones.
Mamarse a clase era lo máximo. Y todavía mejor tomarse la tarde libre e irse de programa con unas hembritas, jugar varios chicos de billar en un café del centro o meterse a cine con los amigos a comer salchichas suizas y albóndigas, y luego hacer un concurso de eructos. La gente empezaba a salir mientras mascullaban y trinaban de la piedra, y con toda la razón, aunque para nosotros dicho proceder lo único que hacía era sumarle emoción a la desagradable competencia. Ahora pienso cómo fue que no nos pelaron a garrote, porque si me pasa hoy en día, ahorco los culicagaos maleducados y cochinos que se atrevan a semejante irrespeto. Debemos reconocer que nosotros solo pensábamos en hacer maldades y joder al prójimo, aprovechando que la gente era muy permisiva y la violencia no se toleraba en ningún caso.
Es raro que hoy un muchacho pierda el año lectivo, aunque debe trabajar duro. En cambio uno podía vagar todo el año y si le iba bien en los exámenes parciales, y sobre todo en el final, salvaba la materia. De lo contrario, tuqui tuqui lulú. Pero era un riesgo que muchos tomábamos y bastaba con conocer buenas técnicas para copiar en las pruebas. Pasteles, paquetes, trampas, comprimidos, chanchullos y muchos otros apelativos utilizamos para nombrar ese pequeño papelito con datos y fórmulas que debíamos esconder muy bien, para sacarlo con absoluto disimulo en el momento oportuno y encontrar la tan ansiada respuesta. Además quedaban como recurso la habilitación o los cursos remediales, en los cuales sí había que copiar a como diera lugar, porque si no estudiábamos en tiempo de colegio, mucho menos en vacaciones.
Si no fuera por dicha técnica, en la cual fui un experto, aún estaría en primero de bachillerato. O sexto, como le dicen ahora. A diario inventábamos nuevas modalidades y las mujeres nos llevaban ventaja, porque aprovechaban los muslos para anotar los datos y bastaba con subir la falda un poco para consultar; y ni modo de que un profesor les dijera que se levantaran el uniforme. Entonces uno recurría a llenar los antebrazos de apuntes, un rincón de la superficie del pupitre, en el marco de la ventana, en la regla o con letras diminutas en algunas caras del hexagonal lápiz.
Lo que llama la atención es que si pillaban a un alumno en esas andanzas o preguntándole algo al compañero, el profesor procedía a quitarles el examen y como decíamos entonces: cero pollito. Si el rector se enteraba de que algunos alumnos no asistieron al colegio sin causa justificada, estos eran llamados a su oficina y con seguridad recibían tremendo regaño, mala nota en disciplina y si había reincidencia, los suspendía. En cambio ahora si un colegial se comporta de igual manera, poco falta para que lo excomulguen. Un amigo consultó con una sicóloga porque su hijo adolescente pasaba por al etapa de las embarradas, y la vieja le dijo a quemarropa al confuso padre que él estaba criando delincuentes. De ser así, a nosotros nos hubieran quedado chiquitos Al Capone, El Chacal, Tirofijo y Pablo Escobar.
Mi madre siempre ha sido muy fresca y no se escandalizaba con esas pilatunas. La llamaban del colegio un martes para que fuera a recibir un informe sobre uno de los 6 zambos que estudiaban allá, y ella pedía que le acumularan las quejas de la semana para el viernes, ya que el establecimiento quedaba en los infiernos. Y como mi padre trabajaba todo el día nunca se enteraba cuando llamaban del colegio.
Cada quien tiene su opinión, pero el escritor irlandés Bernard Shaw dijo que el único tiempo que perdió durante su existencia fue mientras asistió al colegio. La verdad yo pasé muy sabroso pero no asimilé nada. Lo poquito que sé, lo he aprendido a través de la lectura y sobre todo en la universidad de la vida. Y debo decir que aunque tuve mi época de vándalo y vago, no me arrepiento de nada. Porque a uno nadie le quita lo bailado.
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