Nadie puede entender, ni siquiera ellas mismas, cómo hacían las mamás de antaño para manejar un hogar con una prole numerosa. Ahora vemos a los papás que muchas veces se ven a gatas para controlar dos o tres muchachitos, aparte de que sostenerlos es cada vez más costoso, y al que tiene más le dicen que ya va a completar el kínder. Porque cuento aparte es el aspecto económico, el cual también es inexplicable porque un padre de familia con un salario de empleado levantaba ocho, diez o doce hijos. Y es que las familias de seis retoños se consideraban pequeñas, algo que hoy en día es impensable para cualquiera. Claro que nuestras familias, como la mía de nueve hijos, eran reducidas al compararlas con las de aquellos colonizadores antioqueños que no rebajaban de la docena y algunos llegaban a los veinte.
Debido a que éramos tantos niños en la casa la mamá no podía dedicarles tiempo a todos y pasaba casi todo el día al cuidado de los bebés que todavía no se defendían solos. Como entre los hermanos nos llevábamos solo un año de diferencia, en las casas siempre había un chino recién nacido, otro de un año, uno de dos y otro de tres. Con eso tiene cualquiera para enloquecerse. Y súmele que no había pañales desechables, esterilizadores de teteros, intercomunicadores, coches sofisticados, sillas especiales para el carro y demás elementos que ofrece hoy el mercado para facilitar la crianza de un bebé.
De manera que por ahí desde los cuatro años uno ya quedaba destetado y se le pegaba al grupo de los más grandecitos para aprender a defenderse solo. En las horas que no podíamos jugar en la calle, porque entonces sí obedecíamos, no quedaba sino entretenernos en la casa. Desde el mismo momento que la mamá salía a hacer mandados empezaba la recocha y el despelote colectivo, y uno de los primeros recuerdos que tengo se desarrolla en una casa del barrio Estrella, donde viví mis primeros años, un día que sobró una gran caja de cartón porque compraron una brilladora. Aquí tengo la cicatriz que me hice con un cuchillo que saqué sin permiso de la cocina para quitarle unas tapas a la caja, la cual utilizamos para meternos dentro y rodarnos por las escalas de madera que comunicaban con el segundo piso. Otro día la monjita que nos cuidaba llegó con un pato y una gallina de regalo, y lo primero que hicimos fue arrearlos por toda la casa; los animalitos despavoridos subían y bajaban, salían al patio, pasaban por la cocina y al final quedaron plumas hasta en el techo. Cuando llegó mi mamá estaba esa monja que cogía el monte y hubo chancleta para todos.
Años más tarde, cada que llegaba la temporada de las cometas, nos preparábamos para armarlas con la técnica que conocíamos todos los muchachitos. Unos palitos de guadua muy bien pulidos, con la navaja que todos cargábamos en el bolsillo, el papel especial y un buen rollo de hilo que sacábamos del costurero. Pero el alboroto se formaba cuando todos nos metíamos a la cocina a preparar el engrudo, con Maizena y agua, y cada uno cogía una cacerola y empezaba a hacer el preparado. Los regueros y el desorden ponían a renegar a la cocinera, sobre todo después cuando debía lavar el pegote de los recipientes.
Otra enguanda que recuerdo muy bien fue una moda que impusieron cierta vez y creo que nadie se quedó sin lucirla. Nosotros estrenábamos ropa muy de vez en cuando, pero en la calle 19 donde quedaban los “agáchese” que eran catres de lona donde ofrecían todo tipo de mercancías de contrabando, como quien dice el inicio de lo que después fueron los Sanandresitos, vendían unas camisetas chinas que eran muy baratas. En las ciudades de la costa atlántica también las ofrecían de todos los colores y se trataba de una camisetica sencilla pero muy bonita. Entonces a alguien se le ocurrió darle un toque moderno a la prenda y el proceso consistía en lo siguiente. La camiseta se amarraba en varias partes, bien fuerte con un pedazo de cabuya, y después la metíamos en una olla que teníamos previamente preparada con agua hirviendo y una cajita de Iris para teñir tela. Con un palo sacábamos las prendas, les quitábamos las piolas y a secar a la cuerda. Esa vaina quedaba con unos círculos sicodélicos y solo debíamos esperar a que estuviera lista para estrenar.
Peor cuando nos dio por hacer los símbolos de la paz con moldes que fabricábamos en madera, para rellenarlos de plomo que derretíamos en un perol en el fogón. El reguero de metal incandescente quedaba por todas partes y el recipiente perdido. Del patio también disponíamos y siempre había perro, gato, conejos, palomas, gallinas y pollos de engorde, los cuales convertían el prado en un muladar de pantano y rila. En otra época resolvimos sembrar una huerta para cultivar hortalizas; los rábanos parecían balines, las zanahorias eran tan delgadas que al pelarlas no quedaba nada y las lechugas tenían más babosas que hojas. Sin embargo, mi madre nos compraba la producción y los rilosos que medio engordaban. Eran pollos negros que parecían gallinazos escuálidos y había que matar media docena para un almuerzo. Madres dignas de canonizar.
pmejiama1@une.net.co
martes, marzo 31, 2009
martes, marzo 24, 2009
Turismo sin vías.
Cómo pretendemos traer turismo a nuestra ciudad si no hay una sola vía decente en los alrededores para llevarlos a pasear y a disfrutar de los lugares de interés. Produce lástima ver el estado de las carreteras, que por falta de mantenimiento y la arremetida de un invierno que no da tregua parecen trochas en muchos de sus tramos. Rutas de suma importancia para el desarrollo del departamento se dejan abandonadas y el paso del tiempo y de los vehículos se encargan de empeorar las condiciones de la capa asfáltica. Pequeños huecos que podrían arreglar con facilidad se convierten en unas troneras donde cabe el carro entero, y así recorridos que antes eran agradables de transitar se convierten en una verdadera tortura para los pasajeros.
Hace poco sugerí a unos amigos caleños que subieran a los termales del Ruiz y sin alcanzar su cometido regresaron aterrados por las condiciones de la vía. A pesar de que tenían un vehículo todo terreno se vieron a gatas entre lodazales, derrumbes, precipicios y pasos restringidos. La soledad de esa montaña y la ausencia absoluta de otros turistas los dejó abismados y cuando voltearon la cola no veían la hora de llegar a la civilización. Para ir al nevado por la vía principal está sujeto el visitante a que no haya llovido la noche anterior para que el derrumbe de Sabinas y otros tantos sitios críticos que hay en el tramo no presenten cierres. Visitar los pueblos del norte hasta llegar a Salamina para disfrutar de sus gentes y su arquitectura es una ruta obligada, pero el tránsito para llegar al destino es un verdadero martirio. Un zigzag rodeado de abismos y deslizaderos que le revuelven el estómago al más valiente.
Con un buen amigo salimos un domingo a recorrer algunas rutas cercanas a la ciudad, para comprobar con pesar cómo se deterioran algunas vías que hace muy poco tiempo estaban en perfectas condiciones. Salimos para Chinchiná por la carretera vieja, que para mí representa un recorrido lleno de recuerdos porque fue el que transitamos desde pequeños para bajar a la finca. En la curva de La Cumparcita, mi amigo cogió por una desviación que sube ahí a mano derecha y empezó a trepar por una carreterita que si no fuera porque tiene pavimento en las curvas y tramos más pendientes, por ahí no subía ni un gato herrado. Después empieza el descenso en similares condiciones y cuando me preguntaba a dónde iríamos a parar por esa ruta, salimos de nuevo a la principal en el sector de La Siria. Tantos años por esos pagos y no conocía ese balcón atiborrado de paisajes.
Seguimos nuestro camino y el estado de la vía entre las dos poblaciones es bueno y con mantenimiento no la han dejado deteriorar. Problema grave el que enfrentarán los constructores de la doble calzada cuando le metan el diente a la intersección del sector de la bomba en Chinchiná, para terminar de una vez con ese absurdo que deben ejecutar los conductores en ese lugar, porque el piso presenta una falla geológica de grandes proporciones.
De Chinchiná seguimos a darle vuelta al proyecto del aeropuerto. La vía entre los dos pueblos está en muy regular estado y ya en la cuchilla donde se adelantan los trabajos nos encontramos con una sola máquina que mordía una inmensa mole de tierra para cargar la fila de volquetas. Localizados en el terraplén, donde ya puede verse cuál es el nivel de la pista, al mirar hacia donde se proyecta el resto de los trabajos puede deducirse que lo que falta por remover es mucho material. Yo esperaba encontrarme con una verdadera flota de máquinas removiendo la montaña, pero después de lo que encontré solo puedo decir que se me cayó el carriel. Así no van a acabar nunca.
Ahora viene la parte más triste del paseo y me refiero al estado que presenta la vía entre Palestina y Santagueda, por La Plata. No hay derecho a tanta desidia. Una carretera que por sí sola es un atractivo turístico, porque ninguna la iguala en diversidad de paisajes, está convertida en un solo hueco que hace imposible su tránsito. En casi todo el recorrido no queda sino arrancar los restos de pavimento y volver a empezar de cero, y presenta unos hundimientos que son un desafío para amortiguadores y riñones.
Como es domingo Santagueda es un hervidero humano. Gentes variopintas ocupan todos los negocios del sector y después de pasar por allí no queda duda de que se trata del destino turístico preferido por los manizaleños; además de la infinidad de fincas y casas de recreo que ocupan el valle y sus alrededores. Por ello es increíble que los pocos kilómetros que unen a Tres Puertas con el sector de La Rochela estén invadidos de huecos, derrumbes y pasos restringidos, lo que hace su tránsito lento y complicado. Qué vergüenza tener que llevar a los turistas por semejantes trochas.
Regresamos por la carretera de La Cabaña que aparte de algunas fallas geológicas que han deformado la calzada en algunos sectores, todavía está en buenas condiciones. Claro que hay derrumbes sin recoger desde hace meses y muchas curvas no tienen barreras de seguridad. Se va un carro por un voladero de Malpaso y no sale ni en el periódico.
pmejiama1@une.net.co
Hace poco sugerí a unos amigos caleños que subieran a los termales del Ruiz y sin alcanzar su cometido regresaron aterrados por las condiciones de la vía. A pesar de que tenían un vehículo todo terreno se vieron a gatas entre lodazales, derrumbes, precipicios y pasos restringidos. La soledad de esa montaña y la ausencia absoluta de otros turistas los dejó abismados y cuando voltearon la cola no veían la hora de llegar a la civilización. Para ir al nevado por la vía principal está sujeto el visitante a que no haya llovido la noche anterior para que el derrumbe de Sabinas y otros tantos sitios críticos que hay en el tramo no presenten cierres. Visitar los pueblos del norte hasta llegar a Salamina para disfrutar de sus gentes y su arquitectura es una ruta obligada, pero el tránsito para llegar al destino es un verdadero martirio. Un zigzag rodeado de abismos y deslizaderos que le revuelven el estómago al más valiente.
Con un buen amigo salimos un domingo a recorrer algunas rutas cercanas a la ciudad, para comprobar con pesar cómo se deterioran algunas vías que hace muy poco tiempo estaban en perfectas condiciones. Salimos para Chinchiná por la carretera vieja, que para mí representa un recorrido lleno de recuerdos porque fue el que transitamos desde pequeños para bajar a la finca. En la curva de La Cumparcita, mi amigo cogió por una desviación que sube ahí a mano derecha y empezó a trepar por una carreterita que si no fuera porque tiene pavimento en las curvas y tramos más pendientes, por ahí no subía ni un gato herrado. Después empieza el descenso en similares condiciones y cuando me preguntaba a dónde iríamos a parar por esa ruta, salimos de nuevo a la principal en el sector de La Siria. Tantos años por esos pagos y no conocía ese balcón atiborrado de paisajes.
Seguimos nuestro camino y el estado de la vía entre las dos poblaciones es bueno y con mantenimiento no la han dejado deteriorar. Problema grave el que enfrentarán los constructores de la doble calzada cuando le metan el diente a la intersección del sector de la bomba en Chinchiná, para terminar de una vez con ese absurdo que deben ejecutar los conductores en ese lugar, porque el piso presenta una falla geológica de grandes proporciones.
De Chinchiná seguimos a darle vuelta al proyecto del aeropuerto. La vía entre los dos pueblos está en muy regular estado y ya en la cuchilla donde se adelantan los trabajos nos encontramos con una sola máquina que mordía una inmensa mole de tierra para cargar la fila de volquetas. Localizados en el terraplén, donde ya puede verse cuál es el nivel de la pista, al mirar hacia donde se proyecta el resto de los trabajos puede deducirse que lo que falta por remover es mucho material. Yo esperaba encontrarme con una verdadera flota de máquinas removiendo la montaña, pero después de lo que encontré solo puedo decir que se me cayó el carriel. Así no van a acabar nunca.
Ahora viene la parte más triste del paseo y me refiero al estado que presenta la vía entre Palestina y Santagueda, por La Plata. No hay derecho a tanta desidia. Una carretera que por sí sola es un atractivo turístico, porque ninguna la iguala en diversidad de paisajes, está convertida en un solo hueco que hace imposible su tránsito. En casi todo el recorrido no queda sino arrancar los restos de pavimento y volver a empezar de cero, y presenta unos hundimientos que son un desafío para amortiguadores y riñones.
Como es domingo Santagueda es un hervidero humano. Gentes variopintas ocupan todos los negocios del sector y después de pasar por allí no queda duda de que se trata del destino turístico preferido por los manizaleños; además de la infinidad de fincas y casas de recreo que ocupan el valle y sus alrededores. Por ello es increíble que los pocos kilómetros que unen a Tres Puertas con el sector de La Rochela estén invadidos de huecos, derrumbes y pasos restringidos, lo que hace su tránsito lento y complicado. Qué vergüenza tener que llevar a los turistas por semejantes trochas.
Regresamos por la carretera de La Cabaña que aparte de algunas fallas geológicas que han deformado la calzada en algunos sectores, todavía está en buenas condiciones. Claro que hay derrumbes sin recoger desde hace meses y muchas curvas no tienen barreras de seguridad. Se va un carro por un voladero de Malpaso y no sale ni en el periódico.
pmejiama1@une.net.co
martes, marzo 17, 2009
Cosas que pasan.
Quienes me conocen saben que solo acostumbro reproducir en este espacio anécdotas y cuentos que escucho en las tertulias que tanto disfruto cuando me reúno a conversar con amigos y allegados. Me encanta charlar al calor de unos tragos bien sabrosos, mientras entre todos resolvemos qué tipo de comida pedimos a domicilio; o programamos la reunión con cocinada y todo, para tragar saliva con el olor y zapotear las viandas, así al momento de servir ya estemos llenos. También disfruto conversar con los agregados o trabajadores en las fincas (a quienes llamábamos antes “de la otra casa”), y si encuentro niños o adolecentes entre los participantes al paseo, o que residan en el lugar, siempre les hablo de temas intrascendentes para conocer su léxico y la forma como ven la vida. Igual me gusta oírle sus cuentos al viejito de la calle o a cualquier otro transeúnte.
A finales del año pasado tuvimos la fortuna de visitar una casa ubicada a orillas de la Ciénaga de Ayapel, en el departamento de Córdoba. Ni siquiera nosotros creímos que el sol se fuera a asomar, con tan buena fortuna que hizo presencia a diario y sin escatimar. El paisaje es paradisíaco, el clima delicioso, un pueblo típico del interior de la costa, la gente amable y abierta, y en general una cultura diferente a la nuestra a pesar de estar relativamente cerca. A diario la mayoría de los compañeros del paseo madrugaban muy juiciosos para hacer algo de deporte antes de empezar a darle gusto al paladar; todos estiraban para proceder con el ejercicio y mientras unos preferían caminar hasta la plaza del pueblo, comprar algunos encargos y regresar a buen paso, otros hacían el recorrido al trote, más largo y con exigencia para el organismo. Un día regresaba Jaramillo como a las 10 de la mañana, en una carrera forzada y sostenida, bañado en sudor y resoplando por el cansancio acumulado. Los alrededores de las casas de recreo son habitados por gentes muy pobres y algo descuidadas, y ese día había dos negros recostados en sendas hamacas donde se protegían del sol y el calor reinantes. Fernando llegó muerto de la risa porque alcanzó a oír cuando uno de los morochos le decía al otro, mientras hacía cara de incredulidad y repudio:
-Eche, no jooooda. ¡Eso cachaco sí son bien ocioso!
Definitivamente ellos nos ven con algo de curiosidad, sentimiento que es recíproco debido a nuestras culturas tan diferentes. Hace poco tuve el gusto de recorrer los caminos de La Guajira, con el aliciente que Gabriel Pinedo, nuestro anfitrión, prefirió nuestra compañía para los desplazamientos. Yo debo ser hasta cansón, porque quiero saberlo todo. Cómo se llama aquel río, cuál es este pueblo, en qué trabaja la gente, quiero conocer el nombre de cada árbol y como dicen por ahí, pregunto más que un perdido. Pues Gabriel tiene el mismo gusto y por ello tuvo la paciencia para relatarnos todo tipo de anécdotas. Cierto día me dio mucho golpe conocer el nombre de un caserío cercano a la finca, y al hacerle el comentario respondió:
-Ajá, ven acá te digo una vaina. ¡Eso cachaco sí son bien bruto! Cómo te parece que esto se ha llamado toda la vida “Pericoaguao”, y vienen los sabio que marcan la carretera a ponerle dizque “Perico aguado”. ¡Hazme el favor!
El semillero de anécdotas de los niños es infinito. Me cuenta un buen amigo que ahora años, cuando para los católicos madrugar a comulgar el primer viernes del mes era sagrado, una vecina del Parque Caldas llamó al Padre Zuluaguita para recomendarle que al otro día le mandaba uno de los hijos para que lo confesara. El mocoso llegó cumplido, se presentó y el cura quiso ser amable para darle confianza, y en tono cómplice le preguntó si él de vez en cuando decía palabras feas. El zambo miró a ambos lados, puso cara de pícaro, juntó todas las yemas de los dedos para demostrar cantidad y soltó de sopetón: ¡Como un hijueputa, padre!
Un amigo reniega siempre que recuerda cuando su hija fue invitada por una amiguita a dormir, con otras compañeras, y como la señora de la casa se iba de fiesta, alquiló la película El Exorcista para que las mocosas se entretuvieran. Quién dijo que las muchachitas volvieron a dormir solas en sus habitaciones. Mi hermana Mónica se llevó a Arturo como de 7 años a ver una película y resultó ser de miedo. Como al barrigón ya le habían comprado todo el mecato prometido, en cierto momento jaló la manga de la mamá para decirle en secreto:
-Mami, apenas haya una propagandita nos vamos…
Un día Pedro Luís estaba desesperado porque no servían el almuerzo, mientras el papá trataba de explicarle que para todo hay un horario y debemos tratar de respetarlo. Cuando ya el chino estaba en lo suyo, buscó conversación y le preguntó al papá si el abuelo, quien murió hace poco, también almorzaría a esa misma hora. Mi hermano buscó la forma más clara y lógica de explicarle que el cuerpo de las personas se queda en la tierra, mientras el alma busca otros niveles en el espacio, hasta que el niño lo interrumpe para aclarar:
-¡Ah no!, entonces yo no me quiero morir. Porque si es para aguantar hambre…
pmejiama1@une.net.co
A finales del año pasado tuvimos la fortuna de visitar una casa ubicada a orillas de la Ciénaga de Ayapel, en el departamento de Córdoba. Ni siquiera nosotros creímos que el sol se fuera a asomar, con tan buena fortuna que hizo presencia a diario y sin escatimar. El paisaje es paradisíaco, el clima delicioso, un pueblo típico del interior de la costa, la gente amable y abierta, y en general una cultura diferente a la nuestra a pesar de estar relativamente cerca. A diario la mayoría de los compañeros del paseo madrugaban muy juiciosos para hacer algo de deporte antes de empezar a darle gusto al paladar; todos estiraban para proceder con el ejercicio y mientras unos preferían caminar hasta la plaza del pueblo, comprar algunos encargos y regresar a buen paso, otros hacían el recorrido al trote, más largo y con exigencia para el organismo. Un día regresaba Jaramillo como a las 10 de la mañana, en una carrera forzada y sostenida, bañado en sudor y resoplando por el cansancio acumulado. Los alrededores de las casas de recreo son habitados por gentes muy pobres y algo descuidadas, y ese día había dos negros recostados en sendas hamacas donde se protegían del sol y el calor reinantes. Fernando llegó muerto de la risa porque alcanzó a oír cuando uno de los morochos le decía al otro, mientras hacía cara de incredulidad y repudio:
-Eche, no jooooda. ¡Eso cachaco sí son bien ocioso!
Definitivamente ellos nos ven con algo de curiosidad, sentimiento que es recíproco debido a nuestras culturas tan diferentes. Hace poco tuve el gusto de recorrer los caminos de La Guajira, con el aliciente que Gabriel Pinedo, nuestro anfitrión, prefirió nuestra compañía para los desplazamientos. Yo debo ser hasta cansón, porque quiero saberlo todo. Cómo se llama aquel río, cuál es este pueblo, en qué trabaja la gente, quiero conocer el nombre de cada árbol y como dicen por ahí, pregunto más que un perdido. Pues Gabriel tiene el mismo gusto y por ello tuvo la paciencia para relatarnos todo tipo de anécdotas. Cierto día me dio mucho golpe conocer el nombre de un caserío cercano a la finca, y al hacerle el comentario respondió:
-Ajá, ven acá te digo una vaina. ¡Eso cachaco sí son bien bruto! Cómo te parece que esto se ha llamado toda la vida “Pericoaguao”, y vienen los sabio que marcan la carretera a ponerle dizque “Perico aguado”. ¡Hazme el favor!
El semillero de anécdotas de los niños es infinito. Me cuenta un buen amigo que ahora años, cuando para los católicos madrugar a comulgar el primer viernes del mes era sagrado, una vecina del Parque Caldas llamó al Padre Zuluaguita para recomendarle que al otro día le mandaba uno de los hijos para que lo confesara. El mocoso llegó cumplido, se presentó y el cura quiso ser amable para darle confianza, y en tono cómplice le preguntó si él de vez en cuando decía palabras feas. El zambo miró a ambos lados, puso cara de pícaro, juntó todas las yemas de los dedos para demostrar cantidad y soltó de sopetón: ¡Como un hijueputa, padre!
Un amigo reniega siempre que recuerda cuando su hija fue invitada por una amiguita a dormir, con otras compañeras, y como la señora de la casa se iba de fiesta, alquiló la película El Exorcista para que las mocosas se entretuvieran. Quién dijo que las muchachitas volvieron a dormir solas en sus habitaciones. Mi hermana Mónica se llevó a Arturo como de 7 años a ver una película y resultó ser de miedo. Como al barrigón ya le habían comprado todo el mecato prometido, en cierto momento jaló la manga de la mamá para decirle en secreto:
-Mami, apenas haya una propagandita nos vamos…
Un día Pedro Luís estaba desesperado porque no servían el almuerzo, mientras el papá trataba de explicarle que para todo hay un horario y debemos tratar de respetarlo. Cuando ya el chino estaba en lo suyo, buscó conversación y le preguntó al papá si el abuelo, quien murió hace poco, también almorzaría a esa misma hora. Mi hermano buscó la forma más clara y lógica de explicarle que el cuerpo de las personas se queda en la tierra, mientras el alma busca otros niveles en el espacio, hasta que el niño lo interrumpe para aclarar:
-¡Ah no!, entonces yo no me quiero morir. Porque si es para aguantar hambre…
pmejiama1@une.net.co
martes, marzo 10, 2009
Autoridad y disciplina.
Compromiso grande el que tienen los padres que deben criar hijos en la actualidad, en una sociedad regida por el dios dinero, el cual marca el nivel de éxito de cada individuo sin tener en cuenta ningún otro parámetro diferente al poder económico que pueda lograr. Si es rico es exitoso. En el mundo de los negocios ya no cuentan la moral, los buenos principios, la honestidad y la ética del individuo, atributos que se reemplazan con un buen desempeño laboral que produzca utilidades.
Así como en la actualidad el éxito está basado en la capacidad de producir, sin duda en el futuro lo determinante será el carácter del individuo. Diferente a lo que se piensa, que será el dominio del conocimiento y el poder de las comunicaciones los que marcarán la pauta del éxito, una personalidad con temple que sepa enfrentar los fracasos y convertirlos en un desafío será el objetivo de los seleccionadores de personal. Y una personalidad definida y un carácter recio se logran solo si se recibe una buena formación en el hogar, donde gracias al buen ejemplo y los sabios consejos el individuo aprende a reconocer el camino del bien. Porque definitivamente hay cosas que no se aprenden ni pueden comprarse, como los buenos principios, la rectitud y la condición de ciudadano ejemplar.
Lo más importante en un hogar es que exista igualdad de criterios entre ambos padres para la educación de los hijos, porque de lo contrario es imposible marcar pautas y poner condiciones en un ambiente en el que los muchachitos no saben a quién obedecerle. Los padres deben ponerse de acuerdo hasta para el más mínimo detalle, y nunca desautorizar al otro porque ello puede ser utilizado por los vástagos como disculpa para justificar su mal comportamiento. Es común que en cada hogar uno de los padres sea el bravo, el regañón y el estricto, situación que debe manejarse con mucho tino para no hacerlo aparecer como el malo del paseo, sino como la persona que impone disciplina en la casa.
Y el principio de autoridad en el hogar es primordial para marcar pautas. Desde que nace el bebé trata de manipular y con sus llanto desesperante busca comer a sus horas, dormir entre sus padres, que lo carguen en todo momento y lo arrullen. A medida que crece el niño siempre buscará tener a sus padres bailando en la uña, y es común oírlo cuando ya tienen tres o cuatro años con la cantaleta que coge cuando quiere lograr algo. Empieza a repetir su petición sin pausa y en un tono de plañidera desesperante, porque sabe que con esa táctica uno de sus padres va a ceder a sus peticiones. Entonces son niños que se acostumbran a lograr lo que quieran con una herramienta que no falla: la manipulación.
Y así como ahora años la autoridad se ejercía a golpes de correa y a chancletazos, hoy en día los mocosos no se dejan tocar y hasta pueden denunciar al papá ante las autoridades por abuso; y lo peor es que tienen todas las de ganar y el adulto resulta inmerso en un pleito que le sacará unas cuantas canas. De manera que la autoridad ahora hay que ejercerla es con razones, con exigencias y demandas, de una manera civilizada que no atropelle los derechos de nadie.
El problema está en que ningún padre quiere que su hijo sufra y por ello busca solucionarle los problemas y calmarle sus antojos. Pero a la vida se viene a sufrir y si no les enseñamos aunque sea un poquito, entonces, ¿cómo aprenderán? Si les resolvemos todas sus dificultades, ¿cómo van a torear la andanada de inconvenientes que deben enfrentar en su existencia? A los niños hay que aterrizarlos, hablarles con la verdad y hacerles conocer los problemas de la vida. Que no crean que las cosas se alcanzan con solo estirar la mano.
Es importante enseñarle a los vástagos que así como pueden exigir sus derechos deben cumplir con sus deberes. Porque ese es el principio básico de la convivencia: dar y recibir. Pero al momento de darles es necesario restringir sus peticiones para que tengan conciencia de la falta de algo; como el zambo que prefiere no jugar con sus amigos si no tiene el uniforme de moda que usan los demás. Ahí es cuando un padre debe actuar para hacerle entender al hijo por qué debe ceder en su petición, esgrimir razones para que entienda y buscar la manera de que el muchacho disfrute lo que tiene y nunca envidie lo de los demás. Es muy importante que aprendan a agradecer y a disfrutar sus cosas, así como es primordial que sepan carecer de otras.
Grave error el de los padres que no enseñan a sus hijos a comer todo tipo de alimentos, porque van a sufrir mucho en la vida. Mocosos llenos de remilgos que cuando los invitan a cualquier parte van a pasar vergüenzas, además de hambre. Tampoco saben los niños tender una cama, recoger la ropa sucia, lavar los platos o colaborar con cualquier actividad del hogar. Viven como príncipes y lo único que saben hacer es desorden, mientras la mamá detrás como una sirvienta les colma todos sus deseos. Esperen a que crezcan y tengan que vivir solos.
pmejiama1@une.com.co
Así como en la actualidad el éxito está basado en la capacidad de producir, sin duda en el futuro lo determinante será el carácter del individuo. Diferente a lo que se piensa, que será el dominio del conocimiento y el poder de las comunicaciones los que marcarán la pauta del éxito, una personalidad con temple que sepa enfrentar los fracasos y convertirlos en un desafío será el objetivo de los seleccionadores de personal. Y una personalidad definida y un carácter recio se logran solo si se recibe una buena formación en el hogar, donde gracias al buen ejemplo y los sabios consejos el individuo aprende a reconocer el camino del bien. Porque definitivamente hay cosas que no se aprenden ni pueden comprarse, como los buenos principios, la rectitud y la condición de ciudadano ejemplar.
Lo más importante en un hogar es que exista igualdad de criterios entre ambos padres para la educación de los hijos, porque de lo contrario es imposible marcar pautas y poner condiciones en un ambiente en el que los muchachitos no saben a quién obedecerle. Los padres deben ponerse de acuerdo hasta para el más mínimo detalle, y nunca desautorizar al otro porque ello puede ser utilizado por los vástagos como disculpa para justificar su mal comportamiento. Es común que en cada hogar uno de los padres sea el bravo, el regañón y el estricto, situación que debe manejarse con mucho tino para no hacerlo aparecer como el malo del paseo, sino como la persona que impone disciplina en la casa.
Y el principio de autoridad en el hogar es primordial para marcar pautas. Desde que nace el bebé trata de manipular y con sus llanto desesperante busca comer a sus horas, dormir entre sus padres, que lo carguen en todo momento y lo arrullen. A medida que crece el niño siempre buscará tener a sus padres bailando en la uña, y es común oírlo cuando ya tienen tres o cuatro años con la cantaleta que coge cuando quiere lograr algo. Empieza a repetir su petición sin pausa y en un tono de plañidera desesperante, porque sabe que con esa táctica uno de sus padres va a ceder a sus peticiones. Entonces son niños que se acostumbran a lograr lo que quieran con una herramienta que no falla: la manipulación.
Y así como ahora años la autoridad se ejercía a golpes de correa y a chancletazos, hoy en día los mocosos no se dejan tocar y hasta pueden denunciar al papá ante las autoridades por abuso; y lo peor es que tienen todas las de ganar y el adulto resulta inmerso en un pleito que le sacará unas cuantas canas. De manera que la autoridad ahora hay que ejercerla es con razones, con exigencias y demandas, de una manera civilizada que no atropelle los derechos de nadie.
El problema está en que ningún padre quiere que su hijo sufra y por ello busca solucionarle los problemas y calmarle sus antojos. Pero a la vida se viene a sufrir y si no les enseñamos aunque sea un poquito, entonces, ¿cómo aprenderán? Si les resolvemos todas sus dificultades, ¿cómo van a torear la andanada de inconvenientes que deben enfrentar en su existencia? A los niños hay que aterrizarlos, hablarles con la verdad y hacerles conocer los problemas de la vida. Que no crean que las cosas se alcanzan con solo estirar la mano.
Es importante enseñarle a los vástagos que así como pueden exigir sus derechos deben cumplir con sus deberes. Porque ese es el principio básico de la convivencia: dar y recibir. Pero al momento de darles es necesario restringir sus peticiones para que tengan conciencia de la falta de algo; como el zambo que prefiere no jugar con sus amigos si no tiene el uniforme de moda que usan los demás. Ahí es cuando un padre debe actuar para hacerle entender al hijo por qué debe ceder en su petición, esgrimir razones para que entienda y buscar la manera de que el muchacho disfrute lo que tiene y nunca envidie lo de los demás. Es muy importante que aprendan a agradecer y a disfrutar sus cosas, así como es primordial que sepan carecer de otras.
Grave error el de los padres que no enseñan a sus hijos a comer todo tipo de alimentos, porque van a sufrir mucho en la vida. Mocosos llenos de remilgos que cuando los invitan a cualquier parte van a pasar vergüenzas, además de hambre. Tampoco saben los niños tender una cama, recoger la ropa sucia, lavar los platos o colaborar con cualquier actividad del hogar. Viven como príncipes y lo único que saben hacer es desorden, mientras la mamá detrás como una sirvienta les colma todos sus deseos. Esperen a que crezcan y tengan que vivir solos.
pmejiama1@une.com.co
lunes, marzo 02, 2009
Las plagas modernas (I).
El Antiguo testamento siempre ha despertado interés en los infantes, aunque recuerdo que entonces sentí cierto recelo por algunos apartes que no dejan de ser espeluznantes. Cuando el profesor refirió el cuento de las plagas de Egipto, que cayeron sobre esa nación como presión para que dejaran arrancar a Moisés con el pueblo judío desierto adentro, siempre le metió imaginación y pintó el panorama tétrico y aterrador. Las aguas del Nilo convertidas en sangre; plagas de mosquitos, tábanos, langostas y sapos; la muerte del ganado; el granizo que destruyó cultivos; la muerte de los primogénitos; y las tinieblas que taparon el sol, fueron las maldiciones que cayeron sobre los súbditos del faraón.
Durante mi infancia se presentaban cada año, en épocas diferentes, invasiones de insectos muy característicos. Recuerdo los “polochos”, que eran unos bichos inofensivos que cubrían las calles. En mayo aparecían las chicharras que mortificaban la vida de las niñas, porque les tenían pavor y los muchachitos aprovechábamos para pegárselas del pelo; había negras con un solo cacho, o de color carmelita, más grandes y con doble cacho. En el campo pululaban cocuyos que recogíamos en grandes cantidades dentro de botellas, dizque para hacer lámparas. También llegaban nubes de unos avispones que chapaleaban alrededor de las luces en las noches, y de pronto los árboles amanecían adornados con racimos inmensos de gusanos.
Sin duda el paso del tiempo cambia las cosas y después de varios miles de años no podemos esperar que las plagas sean las mismas. Tal vez sin darnos cuenta, el Creador ha mandado plagas de todo tipo que invaden nuestro planeta sin control ni cortapisas. Cada quién las ve desde su punto de vista, y para mi gusto algunas de esas plagas modernas son la contaminación ambiental, los teléfonos celulares, los policías de tránsito, las telenovelas, las motocicletas y el cigarrillo.
Por ejemplo el asunto de las motocicletas se ha vuelto incontrolable en el país.
Ahora años muy pocos tenían la posibilidad de adquirir moto y era común que la usaran para dar una palomita y llevar la novia a Chipre el domingo, mientras que la persona de escasos recursos que lograba conseguir un vehículo de ese tipo, debía conformarse con un pelle con mucho kilometraje, en muy mal estado y que para prenderla había que darle cran por lo menos cincuenta veces. La moto entonces era un artículo de lujo que despertaba la envidia de muchos y proporcionaba placer a unos pocos.
En cambio hay que ver la oferta que existe hoy en día en ese mercado. A diario vemos la publicidad de una marca nueva y los precios son cada vez más asequibles. Claro que falta esperar un tiempo a ver qué tan finas resultan muchas de esas motos importadas de China, que a primera vista parecen muy buenas pero que en la actualidad sus dueños ya se ven a gatas para conseguir repuestos y servicio técnico. Pensar que lo que antes era un artículo de lujo, ahora lo entregan con una cuota inicial de 200 mil pesos y el resto se cancela con cuotas mensuales que no llegan ni a los 100 mil. Un obrero que devengue el salario mínimo y que su compañera trabaje en el servicio doméstico de por días, perfectamente pueden adquirir un aparato de esos. Seguro que les sale más barato cumplir con la cuota mensual que pagar el trasporte en servicio público de ambos.
El problema es que le entregan la motocicleta a cualquier montañero que no sabe ni montar en bicicleta, le enciman el casco y el chaleco, y hágale a cometer infracciones y a chambonear por las calles sin dios ni ley. Basta con presentar la cédula, llevar la cuota inicial, firmar unas letras y conseguir un fiador, y de arriero lo convierten en motociclista como por arte de birlibirloque; y con moto nueva, cero kilómetros, con ese olorcito particular que solo podían disfrutar los ricos.
Una motocicleta bien utilizada es una herramienta de trabajo indispensable para muchas personas (incluidos los sicarios, infortunadamente), soluciona el trasporte a familias enteras, permite a los menos favorecidos pasear y divertirse, y el consumo de combustible es mínimo. Dos personas le echan 15 mil pesos de gasolina a su moto y viajan a Bogotá sin pagar siquiera peajes, costo que no puede compararse siquiera con dos pasajes en el más barato de los transportes terrestres como buses, taxis o colectivos.
Ahora inventan las motos taxis y en ciertas ciudades el negocio de los amarillos está en peligro porque la competencia es imposible. Los aseguradores no saben qué camino coger ante la avalancha de reclamaciones del seguro obligatorio, porque los improvisados conductores causan accidentes por montones y la mayoría de estrellas negras que vemos en calles y carreteras corresponden a motociclistas. Sin conocer el código de tránsito, sin experiencia ni conocimientos de inercia, fuerza centrífuga, equilibrio y demás pormenores, apenas le cogen confianza al velocípedo siguen derecho en la primera curva.
La mayoría de motociclistas no respetan los semáforos, violan vía, transitan por los andenes, hacen cruces prohibidos y cuanta barbaridad se les ocurra, y las hordas que inundan las calles ofuscan y desesperan al más tranquilo.
Las plagas modernas son muy diferentes a las del antiguo Egipto, aunque coincidimos en que por aquí todavía se ven muchos tipos de sapos.
pmejiama1@une.net.co
Durante mi infancia se presentaban cada año, en épocas diferentes, invasiones de insectos muy característicos. Recuerdo los “polochos”, que eran unos bichos inofensivos que cubrían las calles. En mayo aparecían las chicharras que mortificaban la vida de las niñas, porque les tenían pavor y los muchachitos aprovechábamos para pegárselas del pelo; había negras con un solo cacho, o de color carmelita, más grandes y con doble cacho. En el campo pululaban cocuyos que recogíamos en grandes cantidades dentro de botellas, dizque para hacer lámparas. También llegaban nubes de unos avispones que chapaleaban alrededor de las luces en las noches, y de pronto los árboles amanecían adornados con racimos inmensos de gusanos.
Sin duda el paso del tiempo cambia las cosas y después de varios miles de años no podemos esperar que las plagas sean las mismas. Tal vez sin darnos cuenta, el Creador ha mandado plagas de todo tipo que invaden nuestro planeta sin control ni cortapisas. Cada quién las ve desde su punto de vista, y para mi gusto algunas de esas plagas modernas son la contaminación ambiental, los teléfonos celulares, los policías de tránsito, las telenovelas, las motocicletas y el cigarrillo.
Por ejemplo el asunto de las motocicletas se ha vuelto incontrolable en el país.
Ahora años muy pocos tenían la posibilidad de adquirir moto y era común que la usaran para dar una palomita y llevar la novia a Chipre el domingo, mientras que la persona de escasos recursos que lograba conseguir un vehículo de ese tipo, debía conformarse con un pelle con mucho kilometraje, en muy mal estado y que para prenderla había que darle cran por lo menos cincuenta veces. La moto entonces era un artículo de lujo que despertaba la envidia de muchos y proporcionaba placer a unos pocos.
En cambio hay que ver la oferta que existe hoy en día en ese mercado. A diario vemos la publicidad de una marca nueva y los precios son cada vez más asequibles. Claro que falta esperar un tiempo a ver qué tan finas resultan muchas de esas motos importadas de China, que a primera vista parecen muy buenas pero que en la actualidad sus dueños ya se ven a gatas para conseguir repuestos y servicio técnico. Pensar que lo que antes era un artículo de lujo, ahora lo entregan con una cuota inicial de 200 mil pesos y el resto se cancela con cuotas mensuales que no llegan ni a los 100 mil. Un obrero que devengue el salario mínimo y que su compañera trabaje en el servicio doméstico de por días, perfectamente pueden adquirir un aparato de esos. Seguro que les sale más barato cumplir con la cuota mensual que pagar el trasporte en servicio público de ambos.
El problema es que le entregan la motocicleta a cualquier montañero que no sabe ni montar en bicicleta, le enciman el casco y el chaleco, y hágale a cometer infracciones y a chambonear por las calles sin dios ni ley. Basta con presentar la cédula, llevar la cuota inicial, firmar unas letras y conseguir un fiador, y de arriero lo convierten en motociclista como por arte de birlibirloque; y con moto nueva, cero kilómetros, con ese olorcito particular que solo podían disfrutar los ricos.
Una motocicleta bien utilizada es una herramienta de trabajo indispensable para muchas personas (incluidos los sicarios, infortunadamente), soluciona el trasporte a familias enteras, permite a los menos favorecidos pasear y divertirse, y el consumo de combustible es mínimo. Dos personas le echan 15 mil pesos de gasolina a su moto y viajan a Bogotá sin pagar siquiera peajes, costo que no puede compararse siquiera con dos pasajes en el más barato de los transportes terrestres como buses, taxis o colectivos.
Ahora inventan las motos taxis y en ciertas ciudades el negocio de los amarillos está en peligro porque la competencia es imposible. Los aseguradores no saben qué camino coger ante la avalancha de reclamaciones del seguro obligatorio, porque los improvisados conductores causan accidentes por montones y la mayoría de estrellas negras que vemos en calles y carreteras corresponden a motociclistas. Sin conocer el código de tránsito, sin experiencia ni conocimientos de inercia, fuerza centrífuga, equilibrio y demás pormenores, apenas le cogen confianza al velocípedo siguen derecho en la primera curva.
La mayoría de motociclistas no respetan los semáforos, violan vía, transitan por los andenes, hacen cruces prohibidos y cuanta barbaridad se les ocurra, y las hordas que inundan las calles ofuscan y desesperan al más tranquilo.
Las plagas modernas son muy diferentes a las del antiguo Egipto, aunque coincidimos en que por aquí todavía se ven muchos tipos de sapos.
pmejiama1@une.net.co
Las plagas modernas (II).
La humanidad, en todas las épocas, ha soportado diferentes plagas que mortifican su existencia y en muchas ocasiones se han encargado de menguar la población. A finales del siglo XX aparece el SIDA, que gracias a campañas preventivas, a unas comunicaciones que volvieron el planeta un pañuelo, a los adelantos tecnológicos y a las investigaciones en el sector de la salud, han impedido que el fatídico virus se expanda sin control. Como sucedió por ejemplo con La gran plaga, conocida también como peste negra o bubónica, que en el siglo XIV asoló a Europa y mató a un tercio de sus habitantes, y la cual era trasmitida por las pulgas que viven en las ratas. ¡Qué susto!, con el mundo de ratas que hay en nuestras calles.
Claro que sin duda las plagas más famosas son las de Egipto, que según el Antiguo testamento cayeron sobre los súbditos del faraón para que dejaran en paz al pueblo judío. Como los egipcios andaban confundidos con la montadera de la naturaleza contra ellos, que los había cogido de mingos, Moisés aprovechó el descuido para salir empecuecao con sus pupilos a buscar la tierra prometida. Entonces el Faraón se espabiló y arrancó a perseguirlos, pero ahí fue que el profeta se mandó una parada que yo todavía no logro asimilar: dizque abrió las aguas del mar Rojo y cruzaron como pedro por su casa sin siquiera mojarse las alpargatas.
Resulta que una de esas plagas fue que quedaron inmersos en una absoluta oscuridad y no volvieron a verle la cara al sol, y hay que enterarse de la aburrida que se pegó esa gente con el frío que hace en el desierto cuando “el mono” no se asoma. Pues fíjese que en la actualidad estamos a punto de sufrir la misma maldición, porque la contaminación hace estragos y de seguir al paso que va, no falta mucho para que empiece a oscurecerse el panorama. Las grandes ciudades presentan una nube de smog que las cubre y sin importar el clima, a toda hora el cielo está plomizo y al mirar a la lejanía, se observa una bruma que semeja calima pero que en realidad son gases y desechos tóxicos que envenenan a cuentagotas a sus habitantes. Las chimeneas de las grandes industrias y el escape de los vehículos automotores, sobre todo los que funcionan con combustible diesel, son los principales responsables de envenenar el aire y opacar el ambiente.
Claro que existen otras formas de contaminación, como la que agobia nuestra existencia por el ruido que produce el diario machacar de la vida moderna. Un zumbido al que nos acostumbramos y solo a media noche notamos la diferencia, cuando es necesario bajarle considerablemente el volumen al televisor que era apenas audible al medio día. Ya en la calle, los tímpanos se resienten con el rugir de los motores, cornetas y pitos, el vendedor que promociona a los berridos, las grúas de las construcciones, los altoparlantes, el taladro hidráulico, los equipos de amplificación en la puerta de los negocios y otros tantos ruidos que se mezclan en un solo estruendo atronador.
Además nos mortifica la contaminación que entra por los ojos, la visual. Por fortuna existen normas y reglas que controlan este tipo de atropello a nuestros derechos, como también sucede con las otras formas de polución, porque de lo contrario el afán del ser humano por producir sin importar el bienestar de los demás, nos tendría sin para dónde mirar. La publicidad es necesaria pero con moderación, porque no hay derecho a que aprovechen hasta el mínimo espacio disponible para acomodar letreros, pasacalles, avisos, logotipos, pendones, vallas y cuanta manera de promocionar se les ocurra. Hay que ver por ejemplo la publicidad que alcanzan a acomodarle a un carro de carreras, además de la que portan en sus uniformes el piloto y el resto del equipo.
Aterra la estupidez del ser humano al convertir en cloacas las fuentes de agua, consciente de que dicho líquido es el elemento más importante para nuestra supervivencia en la tierra. Un organismo deshidratado muere en poco tiempo y la ingesta de agua impotable causa traumatismos gástricos que también nos llevan a la tumba. Cuando nos acostumbramos a tener agua pura en todo momento en el grifo de nuestra casa, nos desespera que el precioso líquido falte aunque sea por un momento. Ríos, quebradas, arroyos, cascadas y lagunas son regalos que nos da la naturaleza, y tenemos el atrevimiento de envenenarlos y cortarles sus fuentes hasta hacerlos desaparecer.
Después de observar y oler el río Bogotá cuando desemboca en el Magdalena, es difícil aceptar que de esa gran arteria fluvial se nutren los acueductos de muchos municipios localizados en sus orillas. Claro que aparte del albañal a que me refiero, infinidad de afluentes llegan al río mayor para contaminarlo con todo tipo de porquerías, porque aunque parezca increíble, en muchos pueblos aún botan la basura al río; y para no ir muy lejos, hasta hace unos años en las ciudades intermedias procedían de igual manera. Cada año son menos los peces que habitan nuestras fuentes naturales y llegará el día en que su fauna desaparezca definitivamente.
Fíjese que si los egipcios se horrorizaron al ver el Nilo convertido en sangre, aquí nos encargamos de volver un estercolero nuestro río Magdalena.
pmejiama1@une.net.co
Claro que sin duda las plagas más famosas son las de Egipto, que según el Antiguo testamento cayeron sobre los súbditos del faraón para que dejaran en paz al pueblo judío. Como los egipcios andaban confundidos con la montadera de la naturaleza contra ellos, que los había cogido de mingos, Moisés aprovechó el descuido para salir empecuecao con sus pupilos a buscar la tierra prometida. Entonces el Faraón se espabiló y arrancó a perseguirlos, pero ahí fue que el profeta se mandó una parada que yo todavía no logro asimilar: dizque abrió las aguas del mar Rojo y cruzaron como pedro por su casa sin siquiera mojarse las alpargatas.
Resulta que una de esas plagas fue que quedaron inmersos en una absoluta oscuridad y no volvieron a verle la cara al sol, y hay que enterarse de la aburrida que se pegó esa gente con el frío que hace en el desierto cuando “el mono” no se asoma. Pues fíjese que en la actualidad estamos a punto de sufrir la misma maldición, porque la contaminación hace estragos y de seguir al paso que va, no falta mucho para que empiece a oscurecerse el panorama. Las grandes ciudades presentan una nube de smog que las cubre y sin importar el clima, a toda hora el cielo está plomizo y al mirar a la lejanía, se observa una bruma que semeja calima pero que en realidad son gases y desechos tóxicos que envenenan a cuentagotas a sus habitantes. Las chimeneas de las grandes industrias y el escape de los vehículos automotores, sobre todo los que funcionan con combustible diesel, son los principales responsables de envenenar el aire y opacar el ambiente.
Claro que existen otras formas de contaminación, como la que agobia nuestra existencia por el ruido que produce el diario machacar de la vida moderna. Un zumbido al que nos acostumbramos y solo a media noche notamos la diferencia, cuando es necesario bajarle considerablemente el volumen al televisor que era apenas audible al medio día. Ya en la calle, los tímpanos se resienten con el rugir de los motores, cornetas y pitos, el vendedor que promociona a los berridos, las grúas de las construcciones, los altoparlantes, el taladro hidráulico, los equipos de amplificación en la puerta de los negocios y otros tantos ruidos que se mezclan en un solo estruendo atronador.
Además nos mortifica la contaminación que entra por los ojos, la visual. Por fortuna existen normas y reglas que controlan este tipo de atropello a nuestros derechos, como también sucede con las otras formas de polución, porque de lo contrario el afán del ser humano por producir sin importar el bienestar de los demás, nos tendría sin para dónde mirar. La publicidad es necesaria pero con moderación, porque no hay derecho a que aprovechen hasta el mínimo espacio disponible para acomodar letreros, pasacalles, avisos, logotipos, pendones, vallas y cuanta manera de promocionar se les ocurra. Hay que ver por ejemplo la publicidad que alcanzan a acomodarle a un carro de carreras, además de la que portan en sus uniformes el piloto y el resto del equipo.
Aterra la estupidez del ser humano al convertir en cloacas las fuentes de agua, consciente de que dicho líquido es el elemento más importante para nuestra supervivencia en la tierra. Un organismo deshidratado muere en poco tiempo y la ingesta de agua impotable causa traumatismos gástricos que también nos llevan a la tumba. Cuando nos acostumbramos a tener agua pura en todo momento en el grifo de nuestra casa, nos desespera que el precioso líquido falte aunque sea por un momento. Ríos, quebradas, arroyos, cascadas y lagunas son regalos que nos da la naturaleza, y tenemos el atrevimiento de envenenarlos y cortarles sus fuentes hasta hacerlos desaparecer.
Después de observar y oler el río Bogotá cuando desemboca en el Magdalena, es difícil aceptar que de esa gran arteria fluvial se nutren los acueductos de muchos municipios localizados en sus orillas. Claro que aparte del albañal a que me refiero, infinidad de afluentes llegan al río mayor para contaminarlo con todo tipo de porquerías, porque aunque parezca increíble, en muchos pueblos aún botan la basura al río; y para no ir muy lejos, hasta hace unos años en las ciudades intermedias procedían de igual manera. Cada año son menos los peces que habitan nuestras fuentes naturales y llegará el día en que su fauna desaparezca definitivamente.
Fíjese que si los egipcios se horrorizaron al ver el Nilo convertido en sangre, aquí nos encargamos de volver un estercolero nuestro río Magdalena.
pmejiama1@une.net.co
miércoles, febrero 11, 2009
¡Digan güisqui!
Cómo habría gozado don Louis Daguerre con una cámara fotográfica digital, bien moderna, y un programa de computadora como el Photoshop con el cual hacerle todo tipo de retoques y cambios a la instantánea escogida. Con todo lo que le trabajó ese cliente al famoso daguerrotipo, que en la primera mitad del siglo XIX presentó al mundo una novedad que causó sensación a la humanidad. Lograr capturar una imagen cualquiera en un papel era algo impensable para la época, y que agradezca el reconocido franchute que su invento no coincidió con la temible Inquisición, porque habría ido a parar a la pira con todos sus trebejos. Por brujo, ateo y diabólico.
A paso de tortuga mejoraban el invento y lo primero que sucedió fue que los pintores, que hasta entonces eran los encargados de eternizar rostros y personajes, debieron dedicarse a plasmar en sus lienzos paisajes, naturalezas muertas y demás cachivaches que hubiera a la mano, porque la gente quería posar ante la novedosa cámara que producía una explosión a modo de flash. Además era más barato, expedito y moderno. Cuentan que mi abuelo Rafael Arango, cuando realizaban basares en la Plaza de Bolívar para recaudar fondos pro construcción de la Catedral de Manizales, le encargó a un carpintero una caja con su trípode que semejara la aparatosa cámara fotográfica. Dentro del cofre metía a las malas un gato muy arisco y por un agujero especial le dejaba la cola afuera. Entonces don Rafa acomodaba a los parroquianos que querían fotografiarse, luego se tapaba la cabeza con el tradicional trapo negro, les gritaba “un pajarito si cola… chito matola”, y en ese instante jalaba la cola del minino que metía un maullido de ira. Los clientes se iban sin el retrato pero contribuían con gusto para la noble causa, mientras se reían nerviosos después del brinco que le hacía pegar el inesperado aullido.
Las primeras fotografías que recuerdo eran en blanco y negro. Muy pocas personas tenían cámara y por ello son escasos los eventos que quedaron registrados. Primeras comuniones, matrimonios u ocasiones especiales merecían contratar un fotógrafo profesional para que tomara las “vistas”, las cuales se convirtieron en el único recuerdo gráfico de nuestro pasado. Después las cámaras se hicieron más asequibles, pero el revelado de las fotos era dispendioso y complicado. Llegaron los rollos a color, mucho más costosos, y en Manizales solo se conseguían en el almacén Vandenenden al frente de la Catedral; allí también agenciaban las cámaras, prestaban servicio técnico, vendían los bombillitos para el flash, las pilas especiales y demás perendengues.
Entonces usted compraba el rollo, de máximo 12 0 16 fotos, lo utilizaba con mucho esmero porque no podían desperdiciarse, y una vez terminado debía llevarlo de nuevo al almacén para que lo mandaran a Bogotá, donde se demoraban algo más de una semana para revelarlo y enviarlo de regreso. Entonces en la casa, a todo el que iba para el centro, le encargaban que arrimara a Vandenenden a preguntar si ya habían llegado las fotos. Esa era mucha felicidad cuando aparecía alguno con el sobrecito característico donde las empacaban, acompañadas del negativo, y había que esperar a que llegara el papá o la mamá y autorizara abrirlo. Todos en corrillo, peleando por verlas de primero, regañando a los menores para que las cogieran bien y burlándose del otro porque había salido con cara de bobo.
Para tomarnos la foto del mosaico, al momento de graduarnos de bachilleres, era necesario ir a la esquina de la calle 30 con carrera 23, en un segundo piso diagonal al Parque de Caldas, donde operaba “Foto Studio Arvin”. El negocio tenía la ventaja que nos prestaban un saco de paño y una corbata, llenos de caspa y grasosos, pero evitaban el oso de tener que viajar en un bus hasta el centro “disfrazado” de chupa o de lambón (lo que ahora llaman nerd). Qué tal que los amigos lo pillaran a uno con esa facha en la calle… mejor dicho, no se lo volvían a sacar.
Pensar en lo que convirtió la tecnología la toma de una fotografía. Ya no hay que pagar el revelado, las malas se anulan o arreglan, se archivan en un disco o en la computadora personal y con la misma cámara pueden hacerse videos. Si antes era jarto ir a un matrimonio porque había que posar para infinidad de fotografías, ahora en cualquier paseo o reunión no pasan cinco minutos sin que nos hagan desacomodar para cuadrar una toma. Al menos mi mujer no deja de tomar siquiera 200 fotos en cualquier evento.
El marido de mi sobrina, Juan Pablo Castaño, perdió la mamá en una forma trágica cuando apenas tenía 12 años. Entonces el padre, desesperado por entretener al muchacho en algo, lo mandó para Miami con una excursión de quinceañeras. Como buen aficionado a la fotografía el doctor Castaño tenía un equipo muy completo y se dio la pela de prestarle al zambo una de sus mejores cámaras, no sin antes enseñarle a las carreras cómo funcionaba y de hacerle mil recomendaciones de los cuidados que debía tener con ella. Cuando fue a recibirlo al aeropuerto el mocoso llegó eufórico y le dijo:
-Papi, papi, cómo te parece que se me perdió la cámara, pero tranquilo que ya había tomado todas las fotos.
A paso de tortuga mejoraban el invento y lo primero que sucedió fue que los pintores, que hasta entonces eran los encargados de eternizar rostros y personajes, debieron dedicarse a plasmar en sus lienzos paisajes, naturalezas muertas y demás cachivaches que hubiera a la mano, porque la gente quería posar ante la novedosa cámara que producía una explosión a modo de flash. Además era más barato, expedito y moderno. Cuentan que mi abuelo Rafael Arango, cuando realizaban basares en la Plaza de Bolívar para recaudar fondos pro construcción de la Catedral de Manizales, le encargó a un carpintero una caja con su trípode que semejara la aparatosa cámara fotográfica. Dentro del cofre metía a las malas un gato muy arisco y por un agujero especial le dejaba la cola afuera. Entonces don Rafa acomodaba a los parroquianos que querían fotografiarse, luego se tapaba la cabeza con el tradicional trapo negro, les gritaba “un pajarito si cola… chito matola”, y en ese instante jalaba la cola del minino que metía un maullido de ira. Los clientes se iban sin el retrato pero contribuían con gusto para la noble causa, mientras se reían nerviosos después del brinco que le hacía pegar el inesperado aullido.
Las primeras fotografías que recuerdo eran en blanco y negro. Muy pocas personas tenían cámara y por ello son escasos los eventos que quedaron registrados. Primeras comuniones, matrimonios u ocasiones especiales merecían contratar un fotógrafo profesional para que tomara las “vistas”, las cuales se convirtieron en el único recuerdo gráfico de nuestro pasado. Después las cámaras se hicieron más asequibles, pero el revelado de las fotos era dispendioso y complicado. Llegaron los rollos a color, mucho más costosos, y en Manizales solo se conseguían en el almacén Vandenenden al frente de la Catedral; allí también agenciaban las cámaras, prestaban servicio técnico, vendían los bombillitos para el flash, las pilas especiales y demás perendengues.
Entonces usted compraba el rollo, de máximo 12 0 16 fotos, lo utilizaba con mucho esmero porque no podían desperdiciarse, y una vez terminado debía llevarlo de nuevo al almacén para que lo mandaran a Bogotá, donde se demoraban algo más de una semana para revelarlo y enviarlo de regreso. Entonces en la casa, a todo el que iba para el centro, le encargaban que arrimara a Vandenenden a preguntar si ya habían llegado las fotos. Esa era mucha felicidad cuando aparecía alguno con el sobrecito característico donde las empacaban, acompañadas del negativo, y había que esperar a que llegara el papá o la mamá y autorizara abrirlo. Todos en corrillo, peleando por verlas de primero, regañando a los menores para que las cogieran bien y burlándose del otro porque había salido con cara de bobo.
Para tomarnos la foto del mosaico, al momento de graduarnos de bachilleres, era necesario ir a la esquina de la calle 30 con carrera 23, en un segundo piso diagonal al Parque de Caldas, donde operaba “Foto Studio Arvin”. El negocio tenía la ventaja que nos prestaban un saco de paño y una corbata, llenos de caspa y grasosos, pero evitaban el oso de tener que viajar en un bus hasta el centro “disfrazado” de chupa o de lambón (lo que ahora llaman nerd). Qué tal que los amigos lo pillaran a uno con esa facha en la calle… mejor dicho, no se lo volvían a sacar.
Pensar en lo que convirtió la tecnología la toma de una fotografía. Ya no hay que pagar el revelado, las malas se anulan o arreglan, se archivan en un disco o en la computadora personal y con la misma cámara pueden hacerse videos. Si antes era jarto ir a un matrimonio porque había que posar para infinidad de fotografías, ahora en cualquier paseo o reunión no pasan cinco minutos sin que nos hagan desacomodar para cuadrar una toma. Al menos mi mujer no deja de tomar siquiera 200 fotos en cualquier evento.
El marido de mi sobrina, Juan Pablo Castaño, perdió la mamá en una forma trágica cuando apenas tenía 12 años. Entonces el padre, desesperado por entretener al muchacho en algo, lo mandó para Miami con una excursión de quinceañeras. Como buen aficionado a la fotografía el doctor Castaño tenía un equipo muy completo y se dio la pela de prestarle al zambo una de sus mejores cámaras, no sin antes enseñarle a las carreras cómo funcionaba y de hacerle mil recomendaciones de los cuidados que debía tener con ella. Cuando fue a recibirlo al aeropuerto el mocoso llegó eufórico y le dijo:
-Papi, papi, cómo te parece que se me perdió la cámara, pero tranquilo que ya había tomado todas las fotos.
viernes, febrero 06, 2009
El Cerrejón (II)
Ingresar a las instalaciones de la mina es como cruzar la frontera a un país desarrollado. Para todo existen reglas, el orden y la limpieza llaman la atención y la infraestructura es algo digno de conocerse. Los distintos barrios donde se alojan los profesionales que laboran allí son un oasis de paz y belleza, y en ellos pueden verse desde grandes mansiones hasta edificios de apartamentos, según el rango del inquilino que los habita. Con jardines majestuosos, parques con juegos para los niños y todo lo que pueda necesitar un ser humano para vivir: bar y discoteca, supermercado, iglesia para católicos y protestantes, cine, un colegio de primerísima categoría, heladerías, centro comercial, etc. Para practicar deportes cuentan con coliseos y canchas para todo tipo de disciplinas, piscina olímpica y hasta un campo de golf. Todo en medio del desierto y con iluminación por si quiere ejercitarse de noche.
Los talleres para el mantenimiento de la maquinaria son inmensos y de una organización impresionante, y algo que llama la atención es un patio donde almacenan las llantas para estos gigantes modernos, que por cierto son los más grandes que existen y poseen la última tecnología. Los edificios para las oficinas se ven muy cómodos y organizados, y a todos los empleados se les nota que hacen su trabajo con empeño y dedicación.
De cada 8 viajes en la volqueta 7 son de tierra y uno de carbón. Al abrir un nuevo agujero, proceden a guardar aparte la capa vegetal para que cuando terminen de extraer el mineral, puedan proceder a llenarlo con lo que sacan del siguiente tajo de explotación. Luego cubren el relleno con la capa vegetal, proceden a sembrar las especies nativas y a los 3 años regresan los animales a ocupar su espacio en un territorio idéntico al bosque natural. Hasta la fecha se han recuperado 2.400 hectáreas intervenidas por la actividad minera, en las que sembraron más de un millón de árboles de 27 especies nativas de la región.
Porque el respeto por la ecología y el medio ambiente es tema primordial en Cerrejón, y son muchas las personas que laboran en ese campo de acción. Cualquier accidente que se presente con un animal salvaje es atendido de inmediato para trasladarlo a una clínica veterinaria, donde tratan de recuperarlo hasta que pueda ser liberado de nuevo en su medio natural. En el año 2007 destinaron 24 millones de dólares en inversiones ambientales, y el gasto durante toda su operación ha sido de 155 millones de dolaretes.
La mina funciona las 24 horas del día y solo suspenden la extracción cuando llueve, debido a que por el peso de la maquinaria los caminos se vuelven intransitables. Entonces mantienen grandes cantidades de reserva de material de exportación para evitar que en invierno haya que suspender el envío de los trenes a Puerto Bolívar, que es donde se cargan los grandes barcos con nuestro producto de exportación, porque si por cualquier causa se detiene la cadena de producción, es tiempo que ellos no pueden recuperar. También cuenta Cerrejón con un moderno aeropuerto y una flota de aeronaves que transportan personal entre la mina, Barranquilla y Bogotá.
Las inmensas volquetas salen muy lentamente del agujero de extracción con sus 320 toneladas a cuestas, las descargan en una planta que se encarga de separar el material estéril del carbón, y este último, luego de ser triturado para darle las medidas específicas, es almacenado en unos grandes silos. Por debajo del silo aparece el tren con sus 130 vagones, cada uno con capacidad de 110 toneladas, y pasa de uno en uno hasta que completa su carga. El material es rociado con agua para evitar la contaminación del ambiente con el polvo que se levanta, y cada operación de un tren desde que empieza a cargar, lleva el material hasta el puerto y regresa a cumplir otro ciclo, es de aproximadamente 12 horas. Diariamente se despachan en promedio siete trenes por una vía férrea de 150 kilómetros, además de otro que hace el recorrido para transportar empleados, repuestos, suministros u otro tipo de materiales.
Durante el invierno deben recolectar toda el agua posible para disponer del precioso líquido el resto del año y aprovechan el fondo de los tramos ya explotados para almacenar allí hasta 84 millones de metros cúbicos. En la operación de la mina se utiliza el agua para consumo doméstico, industrial y de minería, porque a toda hora una flota de gigantescos camiones tanque recorren los 105 kilómetro de vías para regar 17 mil metros cúbicos de agua al día y así evitar el polvero que se levanta por la operación de la maquinaria. Además del agua que necesitan para humectar el carbón cuando es cargado en los vagones del tren y así controlar que estos contaminen el ambiente en su veloz recorrido.
Desde ya me pregunto cómo vamos a hacer para que dentro de 23 años, cuando llegue el momento de recibir nuestro país el control absoluto de la mina, siga funcionando como un reloj suizo. Que no se roben los ingresos, que la maquinaria averiada no termine abandonada y llena de maleza en cualquier potrero, que el orden y la pulcritud persistan, y que no prosperen la desidia y abulia que no dejan pelechar nada en nuestro territorio.
pmejiama1@une.net.co
Los talleres para el mantenimiento de la maquinaria son inmensos y de una organización impresionante, y algo que llama la atención es un patio donde almacenan las llantas para estos gigantes modernos, que por cierto son los más grandes que existen y poseen la última tecnología. Los edificios para las oficinas se ven muy cómodos y organizados, y a todos los empleados se les nota que hacen su trabajo con empeño y dedicación.
De cada 8 viajes en la volqueta 7 son de tierra y uno de carbón. Al abrir un nuevo agujero, proceden a guardar aparte la capa vegetal para que cuando terminen de extraer el mineral, puedan proceder a llenarlo con lo que sacan del siguiente tajo de explotación. Luego cubren el relleno con la capa vegetal, proceden a sembrar las especies nativas y a los 3 años regresan los animales a ocupar su espacio en un territorio idéntico al bosque natural. Hasta la fecha se han recuperado 2.400 hectáreas intervenidas por la actividad minera, en las que sembraron más de un millón de árboles de 27 especies nativas de la región.
Porque el respeto por la ecología y el medio ambiente es tema primordial en Cerrejón, y son muchas las personas que laboran en ese campo de acción. Cualquier accidente que se presente con un animal salvaje es atendido de inmediato para trasladarlo a una clínica veterinaria, donde tratan de recuperarlo hasta que pueda ser liberado de nuevo en su medio natural. En el año 2007 destinaron 24 millones de dólares en inversiones ambientales, y el gasto durante toda su operación ha sido de 155 millones de dolaretes.
La mina funciona las 24 horas del día y solo suspenden la extracción cuando llueve, debido a que por el peso de la maquinaria los caminos se vuelven intransitables. Entonces mantienen grandes cantidades de reserva de material de exportación para evitar que en invierno haya que suspender el envío de los trenes a Puerto Bolívar, que es donde se cargan los grandes barcos con nuestro producto de exportación, porque si por cualquier causa se detiene la cadena de producción, es tiempo que ellos no pueden recuperar. También cuenta Cerrejón con un moderno aeropuerto y una flota de aeronaves que transportan personal entre la mina, Barranquilla y Bogotá.
Las inmensas volquetas salen muy lentamente del agujero de extracción con sus 320 toneladas a cuestas, las descargan en una planta que se encarga de separar el material estéril del carbón, y este último, luego de ser triturado para darle las medidas específicas, es almacenado en unos grandes silos. Por debajo del silo aparece el tren con sus 130 vagones, cada uno con capacidad de 110 toneladas, y pasa de uno en uno hasta que completa su carga. El material es rociado con agua para evitar la contaminación del ambiente con el polvo que se levanta, y cada operación de un tren desde que empieza a cargar, lleva el material hasta el puerto y regresa a cumplir otro ciclo, es de aproximadamente 12 horas. Diariamente se despachan en promedio siete trenes por una vía férrea de 150 kilómetros, además de otro que hace el recorrido para transportar empleados, repuestos, suministros u otro tipo de materiales.
Durante el invierno deben recolectar toda el agua posible para disponer del precioso líquido el resto del año y aprovechan el fondo de los tramos ya explotados para almacenar allí hasta 84 millones de metros cúbicos. En la operación de la mina se utiliza el agua para consumo doméstico, industrial y de minería, porque a toda hora una flota de gigantescos camiones tanque recorren los 105 kilómetro de vías para regar 17 mil metros cúbicos de agua al día y así evitar el polvero que se levanta por la operación de la maquinaria. Además del agua que necesitan para humectar el carbón cuando es cargado en los vagones del tren y así controlar que estos contaminen el ambiente en su veloz recorrido.
Desde ya me pregunto cómo vamos a hacer para que dentro de 23 años, cuando llegue el momento de recibir nuestro país el control absoluto de la mina, siga funcionando como un reloj suizo. Que no se roben los ingresos, que la maquinaria averiada no termine abandonada y llena de maleza en cualquier potrero, que el orden y la pulcritud persistan, y que no prosperen la desidia y abulia que no dejan pelechar nada en nuestro territorio.
pmejiama1@une.net.co
lunes, enero 26, 2009
El Cerrejón (I).
Salir a vacaciones y poder pasear durante ese lapso es algo que le gusta a la mayoría de los humanos, y más si ese descanso coincide con el asueto de los hijos, amigos y allegados. Y se queda uno abismado cuando en el mundo entero hablan de recesión económica, de una quiebra general que según algunos superará la de los años 30, y en nuestro país la gente no cabe en los balnearios, sitios de recreo y demás centros turísticos. En los negocios a la vera del camino no dan abasto para atender tanta demanda, y quienes conocen el negocio de las agencias de viajes aseguran que no es fácil conseguir un cupo para cualquier destino turístico en el exterior. Así somos los colombianos y a lo mejor por ello nos catalogan como uno de los pueblos más felices del mundo, porque mientras los demás andan preocupados por las noticias económicas, aquí nadie se despeluca hasta que no tenga en el bolsillo siquiera con qué envenenarse.
Viajar y conocer es un gusto innato del homo sapiens, y así como vacacionar en una playa sin la menor preocupación, dándole gusto al ojo y al paladar es un programa digno de sibaritas, también es bueno dedicar tiempo a conocer y recorrer sitios de interés. Así fue como este año pude visitar un lugar del que oigo hablar hace unos 30 años, y tenía gran curiosidad por corroborar personalmente todos esos datos interesantes y abismales que comenta todo aquel que lo recorre. Me refiero a la mina de carbón a cielo abierto más grande del mundo, dato que de por sí ya despierta mi interés.
Desde hace 3 años nos invitan a una finca localizada en un lugar privilegiado, porque a pocas cuadras de allí desemboca el río Buritaca en el mar Caribe. Localizada en las estribaciones de la Sierra Nevada de Santa Marta, en un día despejado pueden observarse desde la casa los majestuosos picos nevados que se constituyen en los de mayor altura en cercanías del mar en toda la geografía del planeta. Como en las ocasiones anteriores tuvimos la oportunidad de visitar el Cabo de la Vela, Manaure y sus salinas, el Parque eólico, Uribia y Riohacha, en esta temporada buscamos la forma de programar la visita a la renombrada mina. Por fortuna nuestro anfitrión en La Adelina es Gabriel Pinedo, quien pertenece a una familia mitad Guajira y mitad Samaria y por lo tanto conoce al dedillo todos los vericuetos de la región.
Gabriel y sus hijos son atentos, serviciales y amables, y sin atosigar a sus invitados hacen lo posible para que todos la pasen bien, siempre con la consigna que allí cada quién hace lo que le provoque. De manera que gracias a sus contactos conseguimos el permiso para visitar la mina y hacer el recorrido que ofrecen a los visitantes, para el cual debe cumplirse con ciertos requisitos. En un cómodo bus y con la dirección de una guía especializada quedamos gratamente impresionados, pero sobre todo descrestados con las descomunales cifras que conocimos.
Cerrejón genera 5.343 trabajos directos (60% de La Guajira, 29% de otros lugares de la costa atlántica y 11% del resto del país) y otros 10.434 empleados trabajan por intermedio de empresas contratistas. Sin duda es la ciudad más moderna, organizada, cómoda y bien dotada de todo el país, porque es fácil suponer que un ingeniero europeo no se viene con su familia a vivir en medio del desierto, en un país subdesarrollado, si no es a residir en un pequeño paraíso que colme todas sus expectativas.
Después de firmar nuestro gobierno el contrato en 1977 con un consorcio extranjero, ellos se encargaron en un principio de los estudios de exploración durante 3 años (77-80); después vino la construcción de la infraestructura que demoró 5 años (81-86); y por último el contrato de explotación y producción que empezó en 1986 y que en un principio iba hasta el 2009. Sin embargo, en 1999 postergaron la explotación de la mina por otros 25 años, lo que corre la fecha para que todo ese montaje pase a manos de Colombia a partir del año 2034; el 15% de los ingresos son para nuestro país mientras recuperamos el control de la mina, y lo mejor es que cuando ellos se retiren todavía habrá material para extraer durante otros cien años. Otro dato interesante es que si en 1986 se exportaron 2.2 millones de toneladas de carbón, en el 2007 la cifra aumentó a 30 millones.
Los depósitos de carbón ocupan una extensión de 69.000 hectáreas y cuando se observa uno de los agujeros de explotación no quedan palabras para expresar sus dimensiones. Es común que comparen esos grandes espacios con canchas reglamentarias de fútbol, pero en este caso no puede echarse mano de tal herramienta. Con decir que al recorrer las vías lo que más impresiona es el tamaño de las volquetas, que mueven en cada viaje 320 toneladas de material, pero al verlas al fondo de la mina parecen carritos de juguete. Igual sucede con las grandes palas y demás maquinaria gigante; por cierto los vehículos pequeños, normales para nosotros, cuentan con una antena larga que contiene varias banderas de colores, con el fin que los conductores de los monstruos mecánicos no los pisen como a cucarachas.
pmejiama1@une.net.co
Viajar y conocer es un gusto innato del homo sapiens, y así como vacacionar en una playa sin la menor preocupación, dándole gusto al ojo y al paladar es un programa digno de sibaritas, también es bueno dedicar tiempo a conocer y recorrer sitios de interés. Así fue como este año pude visitar un lugar del que oigo hablar hace unos 30 años, y tenía gran curiosidad por corroborar personalmente todos esos datos interesantes y abismales que comenta todo aquel que lo recorre. Me refiero a la mina de carbón a cielo abierto más grande del mundo, dato que de por sí ya despierta mi interés.
Desde hace 3 años nos invitan a una finca localizada en un lugar privilegiado, porque a pocas cuadras de allí desemboca el río Buritaca en el mar Caribe. Localizada en las estribaciones de la Sierra Nevada de Santa Marta, en un día despejado pueden observarse desde la casa los majestuosos picos nevados que se constituyen en los de mayor altura en cercanías del mar en toda la geografía del planeta. Como en las ocasiones anteriores tuvimos la oportunidad de visitar el Cabo de la Vela, Manaure y sus salinas, el Parque eólico, Uribia y Riohacha, en esta temporada buscamos la forma de programar la visita a la renombrada mina. Por fortuna nuestro anfitrión en La Adelina es Gabriel Pinedo, quien pertenece a una familia mitad Guajira y mitad Samaria y por lo tanto conoce al dedillo todos los vericuetos de la región.
Gabriel y sus hijos son atentos, serviciales y amables, y sin atosigar a sus invitados hacen lo posible para que todos la pasen bien, siempre con la consigna que allí cada quién hace lo que le provoque. De manera que gracias a sus contactos conseguimos el permiso para visitar la mina y hacer el recorrido que ofrecen a los visitantes, para el cual debe cumplirse con ciertos requisitos. En un cómodo bus y con la dirección de una guía especializada quedamos gratamente impresionados, pero sobre todo descrestados con las descomunales cifras que conocimos.
Cerrejón genera 5.343 trabajos directos (60% de La Guajira, 29% de otros lugares de la costa atlántica y 11% del resto del país) y otros 10.434 empleados trabajan por intermedio de empresas contratistas. Sin duda es la ciudad más moderna, organizada, cómoda y bien dotada de todo el país, porque es fácil suponer que un ingeniero europeo no se viene con su familia a vivir en medio del desierto, en un país subdesarrollado, si no es a residir en un pequeño paraíso que colme todas sus expectativas.
Después de firmar nuestro gobierno el contrato en 1977 con un consorcio extranjero, ellos se encargaron en un principio de los estudios de exploración durante 3 años (77-80); después vino la construcción de la infraestructura que demoró 5 años (81-86); y por último el contrato de explotación y producción que empezó en 1986 y que en un principio iba hasta el 2009. Sin embargo, en 1999 postergaron la explotación de la mina por otros 25 años, lo que corre la fecha para que todo ese montaje pase a manos de Colombia a partir del año 2034; el 15% de los ingresos son para nuestro país mientras recuperamos el control de la mina, y lo mejor es que cuando ellos se retiren todavía habrá material para extraer durante otros cien años. Otro dato interesante es que si en 1986 se exportaron 2.2 millones de toneladas de carbón, en el 2007 la cifra aumentó a 30 millones.
Los depósitos de carbón ocupan una extensión de 69.000 hectáreas y cuando se observa uno de los agujeros de explotación no quedan palabras para expresar sus dimensiones. Es común que comparen esos grandes espacios con canchas reglamentarias de fútbol, pero en este caso no puede echarse mano de tal herramienta. Con decir que al recorrer las vías lo que más impresiona es el tamaño de las volquetas, que mueven en cada viaje 320 toneladas de material, pero al verlas al fondo de la mina parecen carritos de juguete. Igual sucede con las grandes palas y demás maquinaria gigante; por cierto los vehículos pequeños, normales para nosotros, cuentan con una antena larga que contiene varias banderas de colores, con el fin que los conductores de los monstruos mecánicos no los pisen como a cucarachas.
pmejiama1@une.net.co
lunes, enero 19, 2009
Castigo divino.
Debe ser algo relacionado con el daño que le hemos infligido a la atmósfera terrestre para que a los humanos nos den tantas alergias y problemas en la piel. Después de criarnos al aire libre, sin echarnos protector solar u otro tipo de cremas para proteger la piel expuesta, además de que teníamos en la casa toda clase de mascotas, durante mi niñez a ningún muchachito le daba alergia. Al que se insolaba le echaban por la noche aguardiente con maicena, el zambo chillaba, le daba fiebre y nadie podía tocarlo, pero al otro día estaba de pelea.
Llegábamos a la casa ensopados después de un aguacero, porque el juego era correr por las cunetas en contra de la corriente, meternos debajo de los chorros que bajaban de las canales de los techos, y rara vez nos daba gripa o resfriado. El polvo no nos hacía ni cosquillas, porque viajábamos en la parte de atrás de una camioneta por las carreteras destapadas, donde el polvero nos dejaba rucios y con una capa de mugre que solo salía con estropajo y piedra pómez. El perro y el gato dormían en nuestra cama, debajo de las cobijas y allí dejaban pelos y pulgas. Y ni un estornudo. Lo único que nos atacaba eran los forúnculos o nacidos, los cuales eran una delicia para mi mamá que los maduraba con calor húmedo y procedía a abrirles la “boca” con una aguja desinfectada, para destriparlos hasta sacarles la madre.
De unas décadas para acá, los muchachitos pasan sus primeros 5 años enfermos. Cada que entran a la guardería, después de un receso, se les prende una infección que los pone a moquear y a toser sin compasión. Los papás no saben qué camino coger, los pediatras cambian las recetas a ver si le pegan al problema, en el kínder tratan de separarlos para evitar el contagio, pero nada vale porque los chinos salen de una gripa para entrar en otra. Entonces toca llevarlo donde un especialista en alergias quien después de hacerle unas pruebas, recomienda que deben salir de la mascota, comprar una aspiradora especial que recoge ácaros microscópicos, le prohíbe los alimentos enlatados, yogures, salsas y demás productos catalogados como “gatillos” de la alergia. Y así pasa el tiempo hasta que el culimbo crece y se alivia, mientras el resto se pregunta si lo que tenía era gripa o rinitis.
Existen personas que no pueden visitar una ciudad húmeda, como Manizales, porque deben tener a la mano una caja de pañuelos desechables para escurrirse la nariz a cada momento. A otros les pasa lo contrario, como un amigo que viaja a Bogotá a visitar la mamá en vacaciones y se queda hasta que se jarta de sonarse las ñatas. Hay productos que se relacionan directamente con el estornudo, como la pimienta, y a casi todo el mundo le hace daño respirar el polvo que se acumula en los sitios cerrados. Lo que llaman olor a guardado.
En mi familia ha habido muchas alergias y mi madre puede dictar conferencias al respecto. Muchos años aplicándose pequeñas dosis de medicamentos para combatirlas porque le hacía daño hasta el esmalte de las uñas. Por fortuna de pequeño no heredé ese problema y solo ahora de viejo me vinieron a salir dichos achaques. Hace tiempos colegí que la lechona me producía una fuerte alergia porque después de empacarme un buen plato de ese manjar, me llenaba de ronchas, los ojos casi se cerraban por la hinchazón y la garganta empezaba a obstruirse, lo que me obligaba a tomar un medicamento para evitar la asfixia. Pues resulta que debido a que ese plato típico es muy pesado, siempre lo pasaba con un par de Alka Seltzer y esos eran los que me hacían daño. Después de estudiar el asunto, resulté alérgico a cualquier medicamento que contenga ácido acetilsalicílico.
El asunto se maneja fácil porque basta con hacer la advertencia, aunque no ha faltado el despistado que se olvida y debe pasar su buen susto, pero desde hace unos seis meses me apareció la misma alergia y con la ayuda de mi mujer no podíamos descubrir el causante. Empezamos a descartar y al final solo quedaron el frío y el trago como posible causa. Con este clima tan espantoso y un frío que cala los huesos no cabía duda de que ahí estaba el problema, hasta que me fui a un paseo al sector del kilómetro 41 y al otro día amanecí como una mazorca. Una semana después el destino fue Girardot, y todos los días la misma vaina.
Así como en semana no tomo trago, en los paseos me los empaco todos porque de lo contrario no pego el ojo: que la almohada muy alta, la cama dura, el gallo que canta, el ruido a medianoche. Además que una tertulia a palo seco no pelecha. Entonces los amigos me dicen que cuál es el inconveniente si me tomo el medicamento y la alergia pasa, y les explico que el problema está en que soy muy sensible al antiestamínico y aparte del sueño que produce, me deja todo el día como una pelota. Ahí es cuando todos hacen el chiste trillado y preguntan en coro: ¿Más?
De manera que con dolor en el alma tomé una decisión: ¡dejé el medicamento!
Llegábamos a la casa ensopados después de un aguacero, porque el juego era correr por las cunetas en contra de la corriente, meternos debajo de los chorros que bajaban de las canales de los techos, y rara vez nos daba gripa o resfriado. El polvo no nos hacía ni cosquillas, porque viajábamos en la parte de atrás de una camioneta por las carreteras destapadas, donde el polvero nos dejaba rucios y con una capa de mugre que solo salía con estropajo y piedra pómez. El perro y el gato dormían en nuestra cama, debajo de las cobijas y allí dejaban pelos y pulgas. Y ni un estornudo. Lo único que nos atacaba eran los forúnculos o nacidos, los cuales eran una delicia para mi mamá que los maduraba con calor húmedo y procedía a abrirles la “boca” con una aguja desinfectada, para destriparlos hasta sacarles la madre.
De unas décadas para acá, los muchachitos pasan sus primeros 5 años enfermos. Cada que entran a la guardería, después de un receso, se les prende una infección que los pone a moquear y a toser sin compasión. Los papás no saben qué camino coger, los pediatras cambian las recetas a ver si le pegan al problema, en el kínder tratan de separarlos para evitar el contagio, pero nada vale porque los chinos salen de una gripa para entrar en otra. Entonces toca llevarlo donde un especialista en alergias quien después de hacerle unas pruebas, recomienda que deben salir de la mascota, comprar una aspiradora especial que recoge ácaros microscópicos, le prohíbe los alimentos enlatados, yogures, salsas y demás productos catalogados como “gatillos” de la alergia. Y así pasa el tiempo hasta que el culimbo crece y se alivia, mientras el resto se pregunta si lo que tenía era gripa o rinitis.
Existen personas que no pueden visitar una ciudad húmeda, como Manizales, porque deben tener a la mano una caja de pañuelos desechables para escurrirse la nariz a cada momento. A otros les pasa lo contrario, como un amigo que viaja a Bogotá a visitar la mamá en vacaciones y se queda hasta que se jarta de sonarse las ñatas. Hay productos que se relacionan directamente con el estornudo, como la pimienta, y a casi todo el mundo le hace daño respirar el polvo que se acumula en los sitios cerrados. Lo que llaman olor a guardado.
En mi familia ha habido muchas alergias y mi madre puede dictar conferencias al respecto. Muchos años aplicándose pequeñas dosis de medicamentos para combatirlas porque le hacía daño hasta el esmalte de las uñas. Por fortuna de pequeño no heredé ese problema y solo ahora de viejo me vinieron a salir dichos achaques. Hace tiempos colegí que la lechona me producía una fuerte alergia porque después de empacarme un buen plato de ese manjar, me llenaba de ronchas, los ojos casi se cerraban por la hinchazón y la garganta empezaba a obstruirse, lo que me obligaba a tomar un medicamento para evitar la asfixia. Pues resulta que debido a que ese plato típico es muy pesado, siempre lo pasaba con un par de Alka Seltzer y esos eran los que me hacían daño. Después de estudiar el asunto, resulté alérgico a cualquier medicamento que contenga ácido acetilsalicílico.
El asunto se maneja fácil porque basta con hacer la advertencia, aunque no ha faltado el despistado que se olvida y debe pasar su buen susto, pero desde hace unos seis meses me apareció la misma alergia y con la ayuda de mi mujer no podíamos descubrir el causante. Empezamos a descartar y al final solo quedaron el frío y el trago como posible causa. Con este clima tan espantoso y un frío que cala los huesos no cabía duda de que ahí estaba el problema, hasta que me fui a un paseo al sector del kilómetro 41 y al otro día amanecí como una mazorca. Una semana después el destino fue Girardot, y todos los días la misma vaina.
Así como en semana no tomo trago, en los paseos me los empaco todos porque de lo contrario no pego el ojo: que la almohada muy alta, la cama dura, el gallo que canta, el ruido a medianoche. Además que una tertulia a palo seco no pelecha. Entonces los amigos me dicen que cuál es el inconveniente si me tomo el medicamento y la alergia pasa, y les explico que el problema está en que soy muy sensible al antiestamínico y aparte del sueño que produce, me deja todo el día como una pelota. Ahí es cuando todos hacen el chiste trillado y preguntan en coro: ¿Más?
De manera que con dolor en el alma tomé una decisión: ¡dejé el medicamento!
martes, enero 13, 2009
Recomendaciones varias.
Siempre que alguien va a visitar una ciudad o región los amigos y allegados se encargan de recomendarle sitios que debe visitar, lugares interesantes, costumbres que puede desconocer y demás datos que seguro le serán de utilidad. Muy importante en estos casos la relación de negocios donde se puede comer bien, y ahí deben incluirse desde los restaurantes más encopetados hasta cualquier chuzo callejero que ofrezca viandas típicas o exóticas. Y es que usted llega a un sitio nuevo y le da miedo ensayar, porque si le encuentra cualquier reparo después de que haya consumido ya no hay nada qué hacer. Pocas cosas producen más rabia y desazón que pagar un mundo de plata en un restaurante y que la comida resulte maluca y desabrida, el servicio deficiente y en general que los comensales queden insatisfechos.
En esta temporada de ferias es común que muchos manizaleños alquilen o presten su casa o apartamento, porque prefieren salir de viaje para evitar la pelotera que se vive en la ciudad por estos días. Mientras tanto para los que llegan es muy cómodo disponer de una vivienda para ellos solos, porque si los anfitriones siguen en la casa no dejan de sentirse incómodos por estar de visita. Siempre es jarto eso de tener que madrugar a bañarse y vestirse porque le da pena que lo vean en pijama a medio día, y que a toda hora les pregunten si están amañados, qué piensan hacer hoy, cómo estuvo la rumba de la noche anterior y demás conversaciones postizas y acomodadas.
De manera que lo mejor es dejarles una buena empleada del servicio que les prepare desayuno y arregle la casa, ya que en ferias todas se van a medio día porque seguro tienen abono para asistir a corridas. Los anfitriones deben dejar además, en un lugar visible, una lista de teléfonos donde les puedan resolver cualquier necesidad con el servicio de domicilio. Una tienda o supermercado cercano para pedir lo del diario; un par de droguerías; el número donde puedan solicitar el servicio de taxi; y la mayor cantidad de sitios aptos para calmar un antojo, desde una bandeja paisa hasta unas empanaditas típicas. Y es que el ser humano es antojado de por sí, pero cuando anda de paseo y si amanece enguayabado, se convierte en el ser más perezoso, irresponsable y ocioso que pueda encontrarse.
Durante esta semana de rumba los restaurantes no dan abasto y por ello es mejor reservar con tiempo para asegurar el almuerzo, ya que son muchos los comensales que empiezan la fiesta desde el medio día para llegar copetones a la plaza de toros. Seguro que en el lugar le van a ofrecer que allí mismo le llenan la bota con su licor o preparado preferido, lo que puede salir un poco más costoso pero sin duda es cómodo y práctico. Para la hora del remate hay muchas opciones y en los mismos restaurantes contratan grupos musicales y shows especiales para mantener cautiva a la clientela.
Claro que el bolsillo se resiente con ese ritmo todos los días, y más si el visitante está acompañado de toda la familia, por lo que debe buscar opciones más económicas. Además, para cuando por algún motivo se anda corto de tiempo es mucho más ágil y práctico comer algo en un mecatiadero, y en ese campo sí que existe una variada oferta de viandas para todos los gustos. Es claro que las señoras se apuntan a venir a la feria, pero con la condición que la comida sea comprada porque si es a mantequiar y hacer oficio, mejor se quedan en la casa donde al menos dominan el terreno; nada más complicado que desempeñarse en una cocina extraña, porque se demora media hora para encontrar una cacerola. Preparar un desayuno se convierte en toda una odisea, sin contar la fuerza que se hace para que los mocosos no quiebren la vajilla o que algún borracho llegue a media noche a preparar huevos pericos y raye una sartén anti adherente. Porque no es sino que las cosas sean ajenas para que se dañen con mirarlas.
***
Asombrados quedamos los manizaleños hace unas semanas cuando descubrieron una generosa cantidad de esculturas a lo largo de la Avenida Santander y el sector del cable. Y a quienes nos visitaron en estas festividades también les tocó inaugurar la muestra artística. Es lógico que este tipo de ejercicios cree polémica entre la ciudadanía, pero definitivamente el arte existe para eso: para que le guste a unos y a los otros les parezca horroroso. No faltará el sangriliviano que asegura que ni le va ni le viene. Por ejemplo a mí me parecen espectaculares. Tienen colorido, movimiento, armonía. Adornan la ciudad y le dan un aspecto cosmopolita.
Como todos los artistas el maestro Vallejo estará enseñado a recibir críticas por su trabajo, pero lo menos que esperamos todos es que sean críticas inteligentes, con sentido, sin que sea por sacarle pero a todo. Como el caso de un lector que escribe al periódico para comentar que dónde se ha visto un perro, un chivo, un caballo o un buey con esos colorines. Yo le recomiendo que conozca el arte cubista de Picasso y me diga dónde ha visto mamarrachos parecidos. ¡Y vaya cómprelos pues!
En esta temporada de ferias es común que muchos manizaleños alquilen o presten su casa o apartamento, porque prefieren salir de viaje para evitar la pelotera que se vive en la ciudad por estos días. Mientras tanto para los que llegan es muy cómodo disponer de una vivienda para ellos solos, porque si los anfitriones siguen en la casa no dejan de sentirse incómodos por estar de visita. Siempre es jarto eso de tener que madrugar a bañarse y vestirse porque le da pena que lo vean en pijama a medio día, y que a toda hora les pregunten si están amañados, qué piensan hacer hoy, cómo estuvo la rumba de la noche anterior y demás conversaciones postizas y acomodadas.
De manera que lo mejor es dejarles una buena empleada del servicio que les prepare desayuno y arregle la casa, ya que en ferias todas se van a medio día porque seguro tienen abono para asistir a corridas. Los anfitriones deben dejar además, en un lugar visible, una lista de teléfonos donde les puedan resolver cualquier necesidad con el servicio de domicilio. Una tienda o supermercado cercano para pedir lo del diario; un par de droguerías; el número donde puedan solicitar el servicio de taxi; y la mayor cantidad de sitios aptos para calmar un antojo, desde una bandeja paisa hasta unas empanaditas típicas. Y es que el ser humano es antojado de por sí, pero cuando anda de paseo y si amanece enguayabado, se convierte en el ser más perezoso, irresponsable y ocioso que pueda encontrarse.
Durante esta semana de rumba los restaurantes no dan abasto y por ello es mejor reservar con tiempo para asegurar el almuerzo, ya que son muchos los comensales que empiezan la fiesta desde el medio día para llegar copetones a la plaza de toros. Seguro que en el lugar le van a ofrecer que allí mismo le llenan la bota con su licor o preparado preferido, lo que puede salir un poco más costoso pero sin duda es cómodo y práctico. Para la hora del remate hay muchas opciones y en los mismos restaurantes contratan grupos musicales y shows especiales para mantener cautiva a la clientela.
Claro que el bolsillo se resiente con ese ritmo todos los días, y más si el visitante está acompañado de toda la familia, por lo que debe buscar opciones más económicas. Además, para cuando por algún motivo se anda corto de tiempo es mucho más ágil y práctico comer algo en un mecatiadero, y en ese campo sí que existe una variada oferta de viandas para todos los gustos. Es claro que las señoras se apuntan a venir a la feria, pero con la condición que la comida sea comprada porque si es a mantequiar y hacer oficio, mejor se quedan en la casa donde al menos dominan el terreno; nada más complicado que desempeñarse en una cocina extraña, porque se demora media hora para encontrar una cacerola. Preparar un desayuno se convierte en toda una odisea, sin contar la fuerza que se hace para que los mocosos no quiebren la vajilla o que algún borracho llegue a media noche a preparar huevos pericos y raye una sartén anti adherente. Porque no es sino que las cosas sean ajenas para que se dañen con mirarlas.
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Asombrados quedamos los manizaleños hace unas semanas cuando descubrieron una generosa cantidad de esculturas a lo largo de la Avenida Santander y el sector del cable. Y a quienes nos visitaron en estas festividades también les tocó inaugurar la muestra artística. Es lógico que este tipo de ejercicios cree polémica entre la ciudadanía, pero definitivamente el arte existe para eso: para que le guste a unos y a los otros les parezca horroroso. No faltará el sangriliviano que asegura que ni le va ni le viene. Por ejemplo a mí me parecen espectaculares. Tienen colorido, movimiento, armonía. Adornan la ciudad y le dan un aspecto cosmopolita.
Como todos los artistas el maestro Vallejo estará enseñado a recibir críticas por su trabajo, pero lo menos que esperamos todos es que sean críticas inteligentes, con sentido, sin que sea por sacarle pero a todo. Como el caso de un lector que escribe al periódico para comentar que dónde se ha visto un perro, un chivo, un caballo o un buey con esos colorines. Yo le recomiendo que conozca el arte cubista de Picasso y me diga dónde ha visto mamarrachos parecidos. ¡Y vaya cómprelos pues!
viernes, diciembre 19, 2008
Vicisitudes de un peregrinaje (I)
Al estudiar con detenimiento a la Sagrada Familia no puede dejar de notarse que a San José lo han pordebajiado con relación a las advocaciones que enaltecen al niño Jesús y a su mamá, la Virgen María. El Divino Niño en Bogotá; el Niño Jesús de Praga; Niño Jesús El Doctorcito de Lima y Niñopa de Ciudad de México son apenas algunos ejemplos, y referente a las Vírgenes basta con decir que existen once mil. Cada cultura tiene su preferida y los devotos marianos son fervientes seguidores de una imagen en particular; para un cubano la Virgen de la Caridad del Cobre es la única, mientras que en Brasil es Nuestra Señora Aparecida y en Canadá prefieren a Notre Dam du Cap.
En cambio a San José le dedican una parroquia con su barrio y un buen parque, pero de resto es poco lo que lo nombran; son escasos sus seguidores, las estampitas con su imagen no tienen buena salida y los devotos no llenan un estadio. Al hombre le tocó moler duro durante su existencia y miren las injusticias de la vida: cuando en una casa hay varios muchachitos, toca rifar los turnos para acomodar las figuras del pesebre y los dos últimos siempre son San José y el burro. Increíble, hay zambos que prefieren arrimar el buey a la cuna que poner en lugar destacado al padre putativo del recién nacido. Me parece que es hora de reconocerle al abnegado carpintero su importante papel y bien podría la iglesia organizar entre los estudiantes un concurso que reviva los momentos de la Natividad, con el ingrediente que cada quién lo haga como si los hechos ocurrieran en su región y en la actualidad. Ahí les va un ejemplo del relato que podría jalarse un bachiller con una buena imaginación, pero con el léxico y la redacción que caracterizan a los estudiantes de ahora.
*Resulta de que al catano José le dio la ventolera porque tenía que irse para su pueblo de origen, Chinchiná, para quedar registrado en el censo que estaba a punto de realizar el DANE en todo el país para saber cuántos es que somos. Y la Virgen María a tratar de convencerlo para que dejara esa enguanda porque ella ya estaba piponcha y faltaba poquito para que naciera el pelaito; además le recordó que él tenía que entregar unos encargos que le habían hecho en la carpintería y que esta era la hora en que no los tenía ni tibios. Y sale el cucho con el cuento que a un carpintero que no sea incumplido nadie le cree, y que por el viaje no se preocupara que él era muy abeja y ya tenía todo fríamente calculado.
Pero vea mijo, le decía María, fíjese que nosotros estamos muy vaciaos para ponernos a viajar y además aquí en el barrio ya le cogimos el tirito a la atención del SISBEN; qué tal que por allá sean bien complicadas esas vueltas y se llegue el momento de aquello y nosotros sin atención médica. Es que si usted hubiera buscado trabajo como empleado, como tanto le he dicho, tendríamos al menos una EPS en donde a la larga le paran a uno más bolas. Yo no sé, pero me parece que no estoy como para montarme en un bus durante horas para llegar a un pueblo donde usted ya no conoce a nadie; o es que se le olvidó que salieron de allá cuando su mercé era un mocoso chiquito.
María, mija, no se complique la vida. Además, quién le dijo a usted que nos vamos en bus. Nada de eso, nos trepamos en la moto y eso es en dos patadas que llegamos a mi pueblito que hace tanto no visito. Aguarde y verá yo le acondiciono la parrilla a la burrita, ahí acomodamos los corotos y de una vez empaco algo de herramienta por si resulta cualesquier cosa para hacer por allá. Fresca que yo me la rebusco y con seguridad tengo bastantes parientes que nos reciben con los brazos… ¡Un momentico José!, no será que habla en serio cuando dice que nos vamos en moto. ¡Míreme!, parezco una ballena y ya no doy paso. Ahí están pintados los hombres, como no se imaginan siquiera lo que es un embarazo; creen que esto es como soplar y hacer botellas. Pero le advierto una cosa y que le quede bien clarito, no me le encaramo en ese pelle ni amarrada y bien pueda lárguese solito que a lo mejor el empadronamiento queda mal hecho si usted no está en ese pueblo pichurrio.
Aguarde vieja yo cuento hasta diez para no irla a embarrar. Primero que todo, más pichurrio será el moridero donde nació usted porque ni le pinto la bacanería que es Chinchiná. El clima, la gente, el paisaje, el ambiente de la plaza principal y ni para qué le cuento más. Segundo: nos vamos en la motico porque en bus nos vale un ojo de la cara y frescolines que yo le paro las veces que quiera para que estire las piernas; mire que así puede orinar cada que le provoque, porque usted ahora parece una chicharra y qué tal en un bus que solo para cuando le da la gana al chofer. Continuará…
En cambio a San José le dedican una parroquia con su barrio y un buen parque, pero de resto es poco lo que lo nombran; son escasos sus seguidores, las estampitas con su imagen no tienen buena salida y los devotos no llenan un estadio. Al hombre le tocó moler duro durante su existencia y miren las injusticias de la vida: cuando en una casa hay varios muchachitos, toca rifar los turnos para acomodar las figuras del pesebre y los dos últimos siempre son San José y el burro. Increíble, hay zambos que prefieren arrimar el buey a la cuna que poner en lugar destacado al padre putativo del recién nacido. Me parece que es hora de reconocerle al abnegado carpintero su importante papel y bien podría la iglesia organizar entre los estudiantes un concurso que reviva los momentos de la Natividad, con el ingrediente que cada quién lo haga como si los hechos ocurrieran en su región y en la actualidad. Ahí les va un ejemplo del relato que podría jalarse un bachiller con una buena imaginación, pero con el léxico y la redacción que caracterizan a los estudiantes de ahora.
*Resulta de que al catano José le dio la ventolera porque tenía que irse para su pueblo de origen, Chinchiná, para quedar registrado en el censo que estaba a punto de realizar el DANE en todo el país para saber cuántos es que somos. Y la Virgen María a tratar de convencerlo para que dejara esa enguanda porque ella ya estaba piponcha y faltaba poquito para que naciera el pelaito; además le recordó que él tenía que entregar unos encargos que le habían hecho en la carpintería y que esta era la hora en que no los tenía ni tibios. Y sale el cucho con el cuento que a un carpintero que no sea incumplido nadie le cree, y que por el viaje no se preocupara que él era muy abeja y ya tenía todo fríamente calculado.
Pero vea mijo, le decía María, fíjese que nosotros estamos muy vaciaos para ponernos a viajar y además aquí en el barrio ya le cogimos el tirito a la atención del SISBEN; qué tal que por allá sean bien complicadas esas vueltas y se llegue el momento de aquello y nosotros sin atención médica. Es que si usted hubiera buscado trabajo como empleado, como tanto le he dicho, tendríamos al menos una EPS en donde a la larga le paran a uno más bolas. Yo no sé, pero me parece que no estoy como para montarme en un bus durante horas para llegar a un pueblo donde usted ya no conoce a nadie; o es que se le olvidó que salieron de allá cuando su mercé era un mocoso chiquito.
María, mija, no se complique la vida. Además, quién le dijo a usted que nos vamos en bus. Nada de eso, nos trepamos en la moto y eso es en dos patadas que llegamos a mi pueblito que hace tanto no visito. Aguarde y verá yo le acondiciono la parrilla a la burrita, ahí acomodamos los corotos y de una vez empaco algo de herramienta por si resulta cualesquier cosa para hacer por allá. Fresca que yo me la rebusco y con seguridad tengo bastantes parientes que nos reciben con los brazos… ¡Un momentico José!, no será que habla en serio cuando dice que nos vamos en moto. ¡Míreme!, parezco una ballena y ya no doy paso. Ahí están pintados los hombres, como no se imaginan siquiera lo que es un embarazo; creen que esto es como soplar y hacer botellas. Pero le advierto una cosa y que le quede bien clarito, no me le encaramo en ese pelle ni amarrada y bien pueda lárguese solito que a lo mejor el empadronamiento queda mal hecho si usted no está en ese pueblo pichurrio.
Aguarde vieja yo cuento hasta diez para no irla a embarrar. Primero que todo, más pichurrio será el moridero donde nació usted porque ni le pinto la bacanería que es Chinchiná. El clima, la gente, el paisaje, el ambiente de la plaza principal y ni para qué le cuento más. Segundo: nos vamos en la motico porque en bus nos vale un ojo de la cara y frescolines que yo le paro las veces que quiera para que estire las piernas; mire que así puede orinar cada que le provoque, porque usted ahora parece una chicharra y qué tal en un bus que solo para cuando le da la gana al chofer. Continuará…
Vicisitudes de un peregrinaje (II)
Los hombres debemos reconocer que somos muy olímpicos y todo nos parece sencillo, mientras que las mujeres sacan peros, ponen pereque, son negativas y todo se le vuelve un mundo. Esa diferencia puede verse cuando salimos de paseo y nosotros creemos que basta con echar dos pantalonetas y unas camisetas en un maletín, mientras que ellas planean todo con tiempo, compran cremas y bronceadores, empacan mudas de sobra y no repiten vestido de baño ni muertas. Pues fíjese que hasta esos dos santos personajes, José y María, casi se agarran de las mechas porque al fin y al cabo ellos también fueron humanos. Sigo con el bíblico relato.
*Déjeme organizar el paseo y no me saque la piedra, que le recuerdo que el arcángel Gabriel le advirtió que este nacimiento va a pasar a la historia, y qué tal usted y yo agarrados. Mejor empiece a empacar y no sobra advertirle que no puede llevar mucha cosa. Tranquilo mijo, respondió ella con cierto tonito, que una con más de ocho meses de embarazo no necesita casi nada; y si el niño se adelanta ojalá nazca vestidito.
Quince días después volaba José en esa caspa de motocicleta y la pobre María bien incómoda porque entre el maletín en la espalda y su marido adelante, la barriga no le cabía. El chaleco tampoco cerraba y ese casco protector tallaba por todas partes, pero no decía ni mu para no darle el gusto. Eso sí, cada cuarto de hora lo hacía parar en donde fuera porque la vejiga la mortificaba, y había que ver al tipo renegar porque había logrado pasarse una docena de camiones y ahora a repetir la peligrosa operación. Y pónganse los impermeables y pare de nuevo para quitárselos; chaleco, casco, guantes y plásticos para los zapatos, y esa mujer que trinaba. Con toda la razón, además.
¿Si vio mija?, eso fue en un ya que llegamos. Porque yo vengo fresco. Espere pregunto dónde queda la dirección de mis primos que ahí seguro nos reciben; y fresca que el lunes, después del empadronamiento, arrancamos para la casa. Vea, aquí todo es mogollo, ya di con la dirección. María, como quien no quiere la cosa, mascullaba con ira contenida: Tranquilo viejo que yo vengo muy presentable con este disfraz y semejante barriga; y debo tener el pelo divino.
Pailas mija, comentó José cariacontecido, nos fregamos porque se corotiaron hace días y nadie sabe para dónde; vamos a la plaza que allá seguro me dan razón. Ella se acomodó en una cafetería y desde ahí lo veía conversar con todo el mundo, hasta que se vino como muy animado. Yo se lo dije, uno es jodido y de alguna forma se la rebusca. Fíjese que como los hotelitos siempre son costosos, cuadré con un doctor que nos da posada y a cambio yo le hago unos remiendos en una finquita que tiene allí no más. Por fortuna traje la herramienta. La pobre María debió zamparse de nuevo el disfraz y ahora el recorrido era por carretera destapada, con un polvero espantoso, y al llegar el tipo les cedió la pieza del reblujo y de una puso a José a arreglar unas chambranas.
Esa noche la mujer se sintió indispuesta por el cansancio y llegó a creer que el niño iba a nacer, lo que preocupó al carpintero que andaba sin un peso en el bolsillo. Madrugó y al conversar con algunos trabajadores le dijeron que no fuera tan pendejo, que vendiera la moto por lo que le dieran y llevara la plata a un negocio que había en el pueblo, que en unas semanas le daban un billete largo. El hombre ni corto ni perezoso arrancó con las instrucciones y encontró la empresa que operaba en un garaje, ferió la moto por una chichigua e hizo la inversión que lo iba a sacar de pobre.
José llegó tardecito con la sorpresa y encontró a su mujer con los dolores, y quién dijo que pasaba un carro a esa hora. Entonces le tocó a la alimentadora servir de partera y ahí entre aperos, herramientas y costales nació el barrigón, muy alentado por cierto. Los cogedores de café se arrimaban a noveleriar y a felicitarlos, y el agobiado padre madrugó al pueblo a retirar la plata para poder comprar siquiera con qué vestir al chino. Ni qué decir de lo que sintió cuando llegó y encontró un mundo de gente tirándole piedras al negocio dizque porque se largaron con el billete y los dejaron como el ternero.
Regresó a la finca y mientras María lloraba desconsolada, un pirobo le dijo que los paracos los tenían entre ojos y que era mejor que se abrieran. No hubo de otra que empeñar la herramienta y comprar dos pasajes para Bogotá, y allí se instaló donde un hermano que vivía en el barrio Egipto. No hay mayores datos sobre la vida de la Sagrada familia en los años siguientes, hasta que el muchacho entró a la universidad y cogió fama de revolucionario. Dizque no se perdía marcha, lanzaba arengas y era un duro para convocar manifestaciones. Las fuerzas oscuras ya lo tenían fichado y por cierto un fulano lo sentenció con esta frase: Ese man no llega a la edad de Cristo.
*Déjeme organizar el paseo y no me saque la piedra, que le recuerdo que el arcángel Gabriel le advirtió que este nacimiento va a pasar a la historia, y qué tal usted y yo agarrados. Mejor empiece a empacar y no sobra advertirle que no puede llevar mucha cosa. Tranquilo mijo, respondió ella con cierto tonito, que una con más de ocho meses de embarazo no necesita casi nada; y si el niño se adelanta ojalá nazca vestidito.
Quince días después volaba José en esa caspa de motocicleta y la pobre María bien incómoda porque entre el maletín en la espalda y su marido adelante, la barriga no le cabía. El chaleco tampoco cerraba y ese casco protector tallaba por todas partes, pero no decía ni mu para no darle el gusto. Eso sí, cada cuarto de hora lo hacía parar en donde fuera porque la vejiga la mortificaba, y había que ver al tipo renegar porque había logrado pasarse una docena de camiones y ahora a repetir la peligrosa operación. Y pónganse los impermeables y pare de nuevo para quitárselos; chaleco, casco, guantes y plásticos para los zapatos, y esa mujer que trinaba. Con toda la razón, además.
¿Si vio mija?, eso fue en un ya que llegamos. Porque yo vengo fresco. Espere pregunto dónde queda la dirección de mis primos que ahí seguro nos reciben; y fresca que el lunes, después del empadronamiento, arrancamos para la casa. Vea, aquí todo es mogollo, ya di con la dirección. María, como quien no quiere la cosa, mascullaba con ira contenida: Tranquilo viejo que yo vengo muy presentable con este disfraz y semejante barriga; y debo tener el pelo divino.
Pailas mija, comentó José cariacontecido, nos fregamos porque se corotiaron hace días y nadie sabe para dónde; vamos a la plaza que allá seguro me dan razón. Ella se acomodó en una cafetería y desde ahí lo veía conversar con todo el mundo, hasta que se vino como muy animado. Yo se lo dije, uno es jodido y de alguna forma se la rebusca. Fíjese que como los hotelitos siempre son costosos, cuadré con un doctor que nos da posada y a cambio yo le hago unos remiendos en una finquita que tiene allí no más. Por fortuna traje la herramienta. La pobre María debió zamparse de nuevo el disfraz y ahora el recorrido era por carretera destapada, con un polvero espantoso, y al llegar el tipo les cedió la pieza del reblujo y de una puso a José a arreglar unas chambranas.
Esa noche la mujer se sintió indispuesta por el cansancio y llegó a creer que el niño iba a nacer, lo que preocupó al carpintero que andaba sin un peso en el bolsillo. Madrugó y al conversar con algunos trabajadores le dijeron que no fuera tan pendejo, que vendiera la moto por lo que le dieran y llevara la plata a un negocio que había en el pueblo, que en unas semanas le daban un billete largo. El hombre ni corto ni perezoso arrancó con las instrucciones y encontró la empresa que operaba en un garaje, ferió la moto por una chichigua e hizo la inversión que lo iba a sacar de pobre.
José llegó tardecito con la sorpresa y encontró a su mujer con los dolores, y quién dijo que pasaba un carro a esa hora. Entonces le tocó a la alimentadora servir de partera y ahí entre aperos, herramientas y costales nació el barrigón, muy alentado por cierto. Los cogedores de café se arrimaban a noveleriar y a felicitarlos, y el agobiado padre madrugó al pueblo a retirar la plata para poder comprar siquiera con qué vestir al chino. Ni qué decir de lo que sintió cuando llegó y encontró un mundo de gente tirándole piedras al negocio dizque porque se largaron con el billete y los dejaron como el ternero.
Regresó a la finca y mientras María lloraba desconsolada, un pirobo le dijo que los paracos los tenían entre ojos y que era mejor que se abrieran. No hubo de otra que empeñar la herramienta y comprar dos pasajes para Bogotá, y allí se instaló donde un hermano que vivía en el barrio Egipto. No hay mayores datos sobre la vida de la Sagrada familia en los años siguientes, hasta que el muchacho entró a la universidad y cogió fama de revolucionario. Dizque no se perdía marcha, lanzaba arengas y era un duro para convocar manifestaciones. Las fuerzas oscuras ya lo tenían fichado y por cierto un fulano lo sentenció con esta frase: Ese man no llega a la edad de Cristo.
martes, diciembre 09, 2008
Publicidad engañosa.
Para quienes no entendemos de publicidad ni mercadeo es difícil aceptar que ciertos comerciales sean exitosos y calen en el consumidor. He reiterado que el único espacio de televisión nacional que veo es un noticiero al medio día, y durante la tanda de comerciales cambio a otro canal donde me entretengo con cualquier cosa que reemplace esa aburrida seguidilla de comerciales tan pendejos y chocantes. Entonces debo brincar a cada momento convencido de que ya tienen que haber terminado, y me quedo aterrado con que dicha pausa es tan larga que casi alcanzo a ver otro programa durante ese lapso. En dichos cambios se topa uno con un comercial como el del imbécil que entra a la casa mientras baila y canta, hasta llegar al lado de su mujer que le prepara un sancocho con cierto caldo de sustancia. Aunque a esa hora debería provocar darle una probadita al preparado que bulle en la olla, a lo único que invita es a darle un sopapo a ese tontarrón por ridículo y postizo.
Otra cosa que ofende es la publicidad engañosa. Por qué tienen que utilizar argucias y marrullas para tratar de enredar al consumidor, y la prueba más fehaciente es cuando al final de un comercial deben decir algunas reglas o restricciones que a ellos no les conviene, por lo que el locutor de turno las recita a una velocidad imposible de entender. Cómo es que no hay una entidad que se dé cuenta de semejante vaina tan obvia para que los obligue a ser más honestos.
Hace unos días me topé con una publicidad de UNE donde ofrecen los mismos servicios que tengo en un paquete de esos que llaman combo, pero con la diferencia que el precio es menor al que pago actualmente. Llamé y le dije a la niña que cómo hacía para cancelar mi plan, que por cierto ya cumplió el tiempo por el cual me comprometí, para cambiarlo por el de la oferta porque es mucho más barato.
Entonces ella empezó a explicarme de qué se trata ese plan y le dije que es exactamente lo que tengo ahora; luego de pensarlo un poco se le prendió el bombillo y aseguró que el de la oferta tiene un internet más veloz, y le conté que hace poco me ofrecieron duplicarme la velocidad por dos mil pesos mensuales, a lo cual accedí de inmediato; que por favor me anotara en la nueva oferta y le sumara los dos mil pesitos. Ya sin argumentos, aseguró que yo no podía aspirar a esa oferta por el estrato de mi línea, pero alegué que en la publicidad que tenía en la mano no decía una sola palabra al respecto. Cuando ya no encontraba de donde agarrarse, y después de inventarse mil cuentos que le desbaraté al instante, aseguró que no se podía y punto. Como quien dice, que me jodiera.
A mediados del año llamaron de Telmex para proponer que me cambiara a esa empresa, y antes de oírle el cuento al vendedor le pegunté por qué si desde diciembre del año pasado los vi trepados en los postes del barrio dedicados a tender las redes, no habían empezado a ofrecer sus servicios para así evitar que nos comprometiéramos con la competencia. Podían haber adelantado una campaña publicitaria donde anunciaran su llegada a la ciudad para una fecha determinada y de una vez prometieran algunas promociones y ventajas a quienes se cambiaran a la nueva empresa de comunicaciones. Sobre todo en esa época cuando muchos manizaleños nos sentimos aporreados por la desaparición de Emtelsa, y después algo ofendidos por la forma como la empresa que la absorbió empezó a despedir gran parte de su personal donde con seguridad teníamos un conocido, amigo o pariente cercano entre los damnificados.
El caso es que el tipo no supo dar razón de la estrategia publicitaria y procedió a echarme el rollo de las ventajas que obtendría si me apuntaba en la lista de los que prefieren la multinacional mejicana. Cuando me enteré de que lo que me ofrecía eran los mismo tres servicios que tengo con UNE, televisión por cable, banda ancha y telefonía local ilimitada, lo insté a que me dijera el precio del llamado “triple play” para ver la diferencia en plata. El hábil vendedor evitaba la pregunta y empezó con un cuento acerca de que ellos ofrecían una televisión con más canales, a lo que le dije que a la que tengo le sobran por lo menos el 60% de canales que son relleno y basura internacional.
Entonces arrancó con el tema de la velocidad de la banda ancha de internet. Le respondí que hace unos días me la duplicaron por una suma irrisoria y que si para abrir una página determinada en el navegador mi PC se demora un segundo, no necesito que lo haga en la mitad del tiempo. El tipo se quedó sin argumentos y por fin desembuchó que la promoción que ofrecía era más costosa de la que pago en la actualidad, por lo que debí comentarle que no me explico cómo una empresa nueva que viene a competir espera que uno se meta en la enguanda del cambio de líneas y demás inconvenientes, y fuera de eso deba pagar más por los mismos servicios. ¡Tienen huevo!
Otra cosa que ofende es la publicidad engañosa. Por qué tienen que utilizar argucias y marrullas para tratar de enredar al consumidor, y la prueba más fehaciente es cuando al final de un comercial deben decir algunas reglas o restricciones que a ellos no les conviene, por lo que el locutor de turno las recita a una velocidad imposible de entender. Cómo es que no hay una entidad que se dé cuenta de semejante vaina tan obvia para que los obligue a ser más honestos.
Hace unos días me topé con una publicidad de UNE donde ofrecen los mismos servicios que tengo en un paquete de esos que llaman combo, pero con la diferencia que el precio es menor al que pago actualmente. Llamé y le dije a la niña que cómo hacía para cancelar mi plan, que por cierto ya cumplió el tiempo por el cual me comprometí, para cambiarlo por el de la oferta porque es mucho más barato.
Entonces ella empezó a explicarme de qué se trata ese plan y le dije que es exactamente lo que tengo ahora; luego de pensarlo un poco se le prendió el bombillo y aseguró que el de la oferta tiene un internet más veloz, y le conté que hace poco me ofrecieron duplicarme la velocidad por dos mil pesos mensuales, a lo cual accedí de inmediato; que por favor me anotara en la nueva oferta y le sumara los dos mil pesitos. Ya sin argumentos, aseguró que yo no podía aspirar a esa oferta por el estrato de mi línea, pero alegué que en la publicidad que tenía en la mano no decía una sola palabra al respecto. Cuando ya no encontraba de donde agarrarse, y después de inventarse mil cuentos que le desbaraté al instante, aseguró que no se podía y punto. Como quien dice, que me jodiera.
A mediados del año llamaron de Telmex para proponer que me cambiara a esa empresa, y antes de oírle el cuento al vendedor le pegunté por qué si desde diciembre del año pasado los vi trepados en los postes del barrio dedicados a tender las redes, no habían empezado a ofrecer sus servicios para así evitar que nos comprometiéramos con la competencia. Podían haber adelantado una campaña publicitaria donde anunciaran su llegada a la ciudad para una fecha determinada y de una vez prometieran algunas promociones y ventajas a quienes se cambiaran a la nueva empresa de comunicaciones. Sobre todo en esa época cuando muchos manizaleños nos sentimos aporreados por la desaparición de Emtelsa, y después algo ofendidos por la forma como la empresa que la absorbió empezó a despedir gran parte de su personal donde con seguridad teníamos un conocido, amigo o pariente cercano entre los damnificados.
El caso es que el tipo no supo dar razón de la estrategia publicitaria y procedió a echarme el rollo de las ventajas que obtendría si me apuntaba en la lista de los que prefieren la multinacional mejicana. Cuando me enteré de que lo que me ofrecía eran los mismo tres servicios que tengo con UNE, televisión por cable, banda ancha y telefonía local ilimitada, lo insté a que me dijera el precio del llamado “triple play” para ver la diferencia en plata. El hábil vendedor evitaba la pregunta y empezó con un cuento acerca de que ellos ofrecían una televisión con más canales, a lo que le dije que a la que tengo le sobran por lo menos el 60% de canales que son relleno y basura internacional.
Entonces arrancó con el tema de la velocidad de la banda ancha de internet. Le respondí que hace unos días me la duplicaron por una suma irrisoria y que si para abrir una página determinada en el navegador mi PC se demora un segundo, no necesito que lo haga en la mitad del tiempo. El tipo se quedó sin argumentos y por fin desembuchó que la promoción que ofrecía era más costosa de la que pago en la actualidad, por lo que debí comentarle que no me explico cómo una empresa nueva que viene a competir espera que uno se meta en la enguanda del cambio de líneas y demás inconvenientes, y fuera de eso deba pagar más por los mismos servicios. ¡Tienen huevo!
martes, diciembre 02, 2008
Tenemos alcalde.
Está comprobado que los gobernantes que perduran en la memoria del pueblo son los que dejan grandes obras de infraestructura. En Bogotá recuerdan perfectamente cuál alcalde levantó los puentes de la 26; los pereiranos siempre tendrán presente quién era el Presidente cuando se construyó el imponente viaducto; en nuestra ciudad agradecemos al alcalde que dejó su firma en el cómodo y moderno estadio de fútbol; y a Rojas Pinilla, a pesar de la represión y los momentos difíciles que vivió nuestro país bajo su régimen militar, lo relacionan de inmediato con la construcción del Aeropuerto Eldorado. Pensar que en ese entonces lo criticaron porque el terminal aéreo quedaba en los mismísimos infiernos, en un pueblito llamado Fontibón, y ahora no saben cómo manejar el problema de estar metidos en medio de barrios y urbanizaciones.
Sin duda es un gran error desconocer el trabajo social de nuestros gobernantes. Ojalá todos pensaran primero en saneamiento básico, infraestructura hospitalaria y atención en salud, educación, y que con lo que sobre miren a ver para qué alcanza. Por eso los gobernadores son tan poco recordados, porque pavimentan vías veredales, construyen escuelas en pueblos olvidados y dotan de puestos de salud a remotos corregimientos. Cada una de esas comunidades, muy reducidas por cierto, se lo agradecerán eternamente pero de resto nadie se entera.
Hace poco le pregunté a nuestro alcalde Juan Manuel su opinión acerca de las críticas que le hacen porque viaja mucho al exterior y a otras ciudades del país. Respondió que si nos sentamos a esperar a que dirigentes cívicos, empresarios y políticos vengan a Manizales a ver qué necesitamos, se nos va a borrar la raya. En el exterior hay organizaciones no gubernamentales con billete para invertir en el tercer mundo; gobiernos de ciudades y países del hemisferio norte que buscan comunidades subdesarrolladas donde puedan desarrollar proyectos; e inversionistas de toda índole que se interesan por encontrar una buena plaza dónde afincar sus empresas.
Un gobernante de provincia debe viajar siquiera una vez a Bogotá durante la semana, porque Congresistas, Ministros y altos funcionarios no van a venir aquí a preguntarnos qué se nos ofrece. También debe visitar otras capitales para formalizar alianzas con sus colegas, intercambiar conocimientos y buscar beneficios para su comunidad. Y más ahora con las facilidades de las comunicaciones y la maravilla del internet, que parece lo mismo estar sentado en su oficina que encontrarse en la Patagonia. Con los adelantos tecnológicos en este campo las distancias desaparecieron.
Lo que nadie puede desconocer es el liderazgo, capacidad de trabajo y organización que demostró Juan Manuel Llano al momento de enfrentar la crisis que soporta nuestra ciudad a causa de un invierno que no da tregua. En estos casos no es necesario estar en todas partes y dominar los diferentes temas, sino saberse rodear de expertos y coordinar un equipo que atienda las emergencias. Trajo ministros, congresistas y al mismo Presidente Uribe para obtener los recursos necesarios, con la salvedad que en todo el país sufren las inclemencias del clima y también requieren de ayudas económicas.
Tal cual vemos al alcalde compartir con los damnificados, metido entre el barro e interesado por las necesidades de cada ciudadano, así es él. No ha cambiado un ápice, porque Juan siempre ha sido amable, sencillo, des complicado, frentero, ejecutivo y metelón. Tiene don de mando y poder de convocatoria. Ni hablar de los informes que ha presentado por el canal UNE televisión, donde en forma concisa y detallada notifica a la ciudadanía sobre la manera como han enfrentado la emergencia.
Imagino la cantidad de peticiones que recibe a diario el señor alcalde, y los problemas que debe solucionar con semejante arremetida de la naturaleza contra nuestra ciudad, pero no dejo pasar la oportunidad para decirle algo al oído. Resulta que siempre me he vanagloriado ante quienes visitan la ciudad, cuando me dispongo a acompañarlos para recorrerla, por el magnífico estado de nuestras vías. En casi todas las ciudades del país transitar por calles y avenidas es una odisea, porque los huecos son la constante y si no conducen con cuidado acaban con el carro o se quedan atascados en medio del fango. En Bogotá por ejemplo nunca podrán ponerse al día en ese sentido, porque mientras arreglan unas calles las otras se vuelven intransitables.
Pues yo no veo la hora de que sea la semana de ferias para mostrarle a los visitantes la Plaza Alfonso López y su anillo vial, el túnel de la calle 52, los bulevares y los paseos, el desarrollo de la Avenida Kevin Ángel, las obras del Cable vía, el Terminal de transportes y tantas otras novedades que da gusto enseñar, pero no podré evitar transitar con esos invitados por las avenidas Santander y Paralela. Y entonces me quedaré sin argumentos para ofrecer que le doy un premio al que me muestre un hueco en la calle, porque el piso de esas dos importantes arterias está en muy malas condiciones. No son huecos grandes, pero son muchos, y si no les meten la mano rápido con una nueva capa asfáltica, nos cogen ventaja y se nos acaba el reinado.
El caso es que Juan Manuel ya dejó ver la casta y estoy seguro de que al terminar el mandato los manizaleños estaremos muy satisfechos con su desempeño.
Sin duda es un gran error desconocer el trabajo social de nuestros gobernantes. Ojalá todos pensaran primero en saneamiento básico, infraestructura hospitalaria y atención en salud, educación, y que con lo que sobre miren a ver para qué alcanza. Por eso los gobernadores son tan poco recordados, porque pavimentan vías veredales, construyen escuelas en pueblos olvidados y dotan de puestos de salud a remotos corregimientos. Cada una de esas comunidades, muy reducidas por cierto, se lo agradecerán eternamente pero de resto nadie se entera.
Hace poco le pregunté a nuestro alcalde Juan Manuel su opinión acerca de las críticas que le hacen porque viaja mucho al exterior y a otras ciudades del país. Respondió que si nos sentamos a esperar a que dirigentes cívicos, empresarios y políticos vengan a Manizales a ver qué necesitamos, se nos va a borrar la raya. En el exterior hay organizaciones no gubernamentales con billete para invertir en el tercer mundo; gobiernos de ciudades y países del hemisferio norte que buscan comunidades subdesarrolladas donde puedan desarrollar proyectos; e inversionistas de toda índole que se interesan por encontrar una buena plaza dónde afincar sus empresas.
Un gobernante de provincia debe viajar siquiera una vez a Bogotá durante la semana, porque Congresistas, Ministros y altos funcionarios no van a venir aquí a preguntarnos qué se nos ofrece. También debe visitar otras capitales para formalizar alianzas con sus colegas, intercambiar conocimientos y buscar beneficios para su comunidad. Y más ahora con las facilidades de las comunicaciones y la maravilla del internet, que parece lo mismo estar sentado en su oficina que encontrarse en la Patagonia. Con los adelantos tecnológicos en este campo las distancias desaparecieron.
Lo que nadie puede desconocer es el liderazgo, capacidad de trabajo y organización que demostró Juan Manuel Llano al momento de enfrentar la crisis que soporta nuestra ciudad a causa de un invierno que no da tregua. En estos casos no es necesario estar en todas partes y dominar los diferentes temas, sino saberse rodear de expertos y coordinar un equipo que atienda las emergencias. Trajo ministros, congresistas y al mismo Presidente Uribe para obtener los recursos necesarios, con la salvedad que en todo el país sufren las inclemencias del clima y también requieren de ayudas económicas.
Tal cual vemos al alcalde compartir con los damnificados, metido entre el barro e interesado por las necesidades de cada ciudadano, así es él. No ha cambiado un ápice, porque Juan siempre ha sido amable, sencillo, des complicado, frentero, ejecutivo y metelón. Tiene don de mando y poder de convocatoria. Ni hablar de los informes que ha presentado por el canal UNE televisión, donde en forma concisa y detallada notifica a la ciudadanía sobre la manera como han enfrentado la emergencia.
Imagino la cantidad de peticiones que recibe a diario el señor alcalde, y los problemas que debe solucionar con semejante arremetida de la naturaleza contra nuestra ciudad, pero no dejo pasar la oportunidad para decirle algo al oído. Resulta que siempre me he vanagloriado ante quienes visitan la ciudad, cuando me dispongo a acompañarlos para recorrerla, por el magnífico estado de nuestras vías. En casi todas las ciudades del país transitar por calles y avenidas es una odisea, porque los huecos son la constante y si no conducen con cuidado acaban con el carro o se quedan atascados en medio del fango. En Bogotá por ejemplo nunca podrán ponerse al día en ese sentido, porque mientras arreglan unas calles las otras se vuelven intransitables.
Pues yo no veo la hora de que sea la semana de ferias para mostrarle a los visitantes la Plaza Alfonso López y su anillo vial, el túnel de la calle 52, los bulevares y los paseos, el desarrollo de la Avenida Kevin Ángel, las obras del Cable vía, el Terminal de transportes y tantas otras novedades que da gusto enseñar, pero no podré evitar transitar con esos invitados por las avenidas Santander y Paralela. Y entonces me quedaré sin argumentos para ofrecer que le doy un premio al que me muestre un hueco en la calle, porque el piso de esas dos importantes arterias está en muy malas condiciones. No son huecos grandes, pero son muchos, y si no les meten la mano rápido con una nueva capa asfáltica, nos cogen ventaja y se nos acaba el reinado.
El caso es que Juan Manuel ya dejó ver la casta y estoy seguro de que al terminar el mandato los manizaleños estaremos muy satisfechos con su desempeño.
miércoles, noviembre 26, 2008
No seamos animales.
Ha sido costumbre nuestra referirnos a una vida perra cuando a alguien le va mal durante su existencia. Pero esa frase hay que revaluarla, porque el primero que la utilizó seguramente se refería a un chandoso de esos que vemos a veces en la calle y que a primera vista produce lástima. Garosos pelados por la sarna y demás enfermedades de la piel, casi siempre cojos o sin una oreja que perdieron en una pelea callejera, que deambulan en busca de cualquier bocado que aplaque su hambre. Entonces me viene a la memoria una estrofa de “La Perrilla”, de Marroquín, que se refiere a un chucho cuyo estado es tan lamentable que lo define así: “flaco era el animalejo, el más flaco de los canes, era el rastro, eran los manes de un cuasi-semi-ex-gozquejo. Sarnosa era, digo mal, no era una perra sarnosa, era una sarna perrosa en figura de animal. Era, otrosí, derrengada; la derribaba un resuello; puede decirse que aquello no era perra ni era nada”.
Sin embargo esa lamentable perrilla era la única compañía de una vieja que vivía sola en medio del bosque. Porque entre el ser humano y los canes ha existido desde siempre una afinidad muy especial. Desde los primeros asentamientos prehistóricos existen referencias de la compañía de estos animales, los cuales han sido de gran utilidad en labores tan importantes como la vigilancia, la caza, como fuerza de tracción, rastreadores y muchos otros servicios. Al recordar a los reyes, príncipes, emperadores, sultanes, señores feudales y grandes líderes, siempre había a sus pies un par de perros grandes y atemorizantes. Una de las principales armas de los conquistadores españoles contra los indígenas, durante el descubrimiento de América, fueron los furiosos perros que avanzaban en la vanguardia.
En cambio no podrá referirse nadie a la tal vida perra mientras existan mascotas caninas que llevan una existencia mucho más cómoda que la mayoría de los humanos. Porque hay que ver las excentricidades que existen en ese sentido, como el caso de los integrantes del jet set que andan con sus chandositos de pura raza y pedigrí envidiable. Esos pulgosos comen mejor que cualquiera, son atendidos por pajes dedicados exclusivamente a ellos y para el mantenimiento de su pelo, uñas, dientes y demás presas, cuentan con los mejores estilistas y médicos veterinarios. Y en caso de que no puedan acompañar a su amo por cualquier causa, existen guarderías especializadas donde los atienden como si de príncipes se tratara.
Cada quién se gasta su plata como le provoque, pero no hay derecho a que mientras existan personas con tantas necesidades económicas, se destinen a un animal sumas exorbitantes de dinero. Hace poco alguien que llegó del Canadá me contó alarmado que a un amigo suyo en ese país se le enfermó el perro y fue necesario operarlo de urgencia. Los costos de la intervención sumaron en total 18 mil dólares; 15 mil de la operación y 3 mil por la estadía en la clínica. Absurdo proceder, porque siempre es mucho lo que se hace en un país como el nuestro con esa plata; cuántas penurias podrían paliarse. Alcanzaría hasta para comprar una casita muy buena para una familia necesitada.
Pero no, muchas personas prefieren gastar fortunas en mascotas antes que ayudar al prójimo. Porque aunque ahora años los animales más comunes que había en los hogares eran gatos y perros, en la actualidad le ha dado a la gente por adoptar unas mascotas estrambóticas y rebuscadas. Y es que a la larga los canes se adaptan a convivir con los humanos, mientras que los pequeños felinos no tienen problema porque ellos andan por donde les provoca y así su libertad nunca se ve coartada. Pero tener en un apartamento una iguana o un conejo sí es un crimen; o qué tal una tortuga en un pequeño acuario.
Y debido a que muchas personas tienen una afinidad innata con diferentes tipos de animales, se da el caso de tener un cerdo en la casa como mascota. ¡Hágame el bendito favor! Puede ser de pura raza, que esté educado y se mantenga limpio, pero de solo imaginarme una plasta de marrano en el tapete de la sala me da un yeyo. Para mi gusto tener animalitos en una finca es muy agradable, porque allí están en su ambiente y gozan de cierta libertad; pero en un apartamento no le jalo a nada que produzca desechos orgánicos. Enseñarle a la mascota que tiene que esperar a salir para desocupar la tripa es muy complicado, y después llevarlo todos los días a la misma hora, y fuera de eso tener que recoger el bollo... ¡Mejor deje así!
Ni hablar de los que prefieren tarántulas, serpientes, escorpiones o insectos desagradables, aparte de que tener especies de fauna salvaje está prohibido. Por cierto, me parece atinado que en este periódico reporten la incautación de este tipo de animales, pero que no relacionen en cuánto están avaluados los ejemplares porque según los datos que publican ese negocio es más rentable que ganarse la lotería. Dice por ejemplo que incautaron una culebra, dos chuchas, tres loras, una tatabra y un perezoso, y que los animales están avaluados en 37 millones de pesos. En vez de trabajar es mejor dedicarse a coger aunque sea pispirispis.
Sin embargo esa lamentable perrilla era la única compañía de una vieja que vivía sola en medio del bosque. Porque entre el ser humano y los canes ha existido desde siempre una afinidad muy especial. Desde los primeros asentamientos prehistóricos existen referencias de la compañía de estos animales, los cuales han sido de gran utilidad en labores tan importantes como la vigilancia, la caza, como fuerza de tracción, rastreadores y muchos otros servicios. Al recordar a los reyes, príncipes, emperadores, sultanes, señores feudales y grandes líderes, siempre había a sus pies un par de perros grandes y atemorizantes. Una de las principales armas de los conquistadores españoles contra los indígenas, durante el descubrimiento de América, fueron los furiosos perros que avanzaban en la vanguardia.
En cambio no podrá referirse nadie a la tal vida perra mientras existan mascotas caninas que llevan una existencia mucho más cómoda que la mayoría de los humanos. Porque hay que ver las excentricidades que existen en ese sentido, como el caso de los integrantes del jet set que andan con sus chandositos de pura raza y pedigrí envidiable. Esos pulgosos comen mejor que cualquiera, son atendidos por pajes dedicados exclusivamente a ellos y para el mantenimiento de su pelo, uñas, dientes y demás presas, cuentan con los mejores estilistas y médicos veterinarios. Y en caso de que no puedan acompañar a su amo por cualquier causa, existen guarderías especializadas donde los atienden como si de príncipes se tratara.
Cada quién se gasta su plata como le provoque, pero no hay derecho a que mientras existan personas con tantas necesidades económicas, se destinen a un animal sumas exorbitantes de dinero. Hace poco alguien que llegó del Canadá me contó alarmado que a un amigo suyo en ese país se le enfermó el perro y fue necesario operarlo de urgencia. Los costos de la intervención sumaron en total 18 mil dólares; 15 mil de la operación y 3 mil por la estadía en la clínica. Absurdo proceder, porque siempre es mucho lo que se hace en un país como el nuestro con esa plata; cuántas penurias podrían paliarse. Alcanzaría hasta para comprar una casita muy buena para una familia necesitada.
Pero no, muchas personas prefieren gastar fortunas en mascotas antes que ayudar al prójimo. Porque aunque ahora años los animales más comunes que había en los hogares eran gatos y perros, en la actualidad le ha dado a la gente por adoptar unas mascotas estrambóticas y rebuscadas. Y es que a la larga los canes se adaptan a convivir con los humanos, mientras que los pequeños felinos no tienen problema porque ellos andan por donde les provoca y así su libertad nunca se ve coartada. Pero tener en un apartamento una iguana o un conejo sí es un crimen; o qué tal una tortuga en un pequeño acuario.
Y debido a que muchas personas tienen una afinidad innata con diferentes tipos de animales, se da el caso de tener un cerdo en la casa como mascota. ¡Hágame el bendito favor! Puede ser de pura raza, que esté educado y se mantenga limpio, pero de solo imaginarme una plasta de marrano en el tapete de la sala me da un yeyo. Para mi gusto tener animalitos en una finca es muy agradable, porque allí están en su ambiente y gozan de cierta libertad; pero en un apartamento no le jalo a nada que produzca desechos orgánicos. Enseñarle a la mascota que tiene que esperar a salir para desocupar la tripa es muy complicado, y después llevarlo todos los días a la misma hora, y fuera de eso tener que recoger el bollo... ¡Mejor deje así!
Ni hablar de los que prefieren tarántulas, serpientes, escorpiones o insectos desagradables, aparte de que tener especies de fauna salvaje está prohibido. Por cierto, me parece atinado que en este periódico reporten la incautación de este tipo de animales, pero que no relacionen en cuánto están avaluados los ejemplares porque según los datos que publican ese negocio es más rentable que ganarse la lotería. Dice por ejemplo que incautaron una culebra, dos chuchas, tres loras, una tatabra y un perezoso, y que los animales están avaluados en 37 millones de pesos. En vez de trabajar es mejor dedicarse a coger aunque sea pispirispis.
martes, noviembre 18, 2008
Un mayordomo retirado (II).
Para mí no existe mejor programa que conversar con un campesino de esos dicharachero y espontáneo, y mejor aún si es un viejo curtido por los años y la experiencia como el que me acompaña en este relato. La nostalgia por los cambios que el modernismo impone en el diario vivir los agobia y entristece, pero a la vez aprecian que sus descendientes aprovechen esas ventajas para capacitarse y ser más productivos. Sigo pues con la agradable charla que sostuve con el viejito de marras.
*Me perdona dotor pero como usté no me advirtió, le echaron al tintico cinco cucharadas de azúcar y ahora me entero que se lo toma es amargo. Pero aquí le traigo este otro sin nada de dulce, y ni me diga que pruebe porque esa vaina debe saber a rila. Y eso que no hay del que me gusta a mí, que es endulzao con panela; el que llaman chaqueta. Bueno, como le contaba, en las fincas cafeteras, y en las de ganao, frutales, aguacate o a lo que sea que destinen la tierra, la tenología es mucha y se la aplican a todo lo que tiene que ver con la ministración. Yo no me esplico cómo es qui´hacen, pero con un aparato de esos que le dije ahora se puede saber hasta de qué se va a morir uno.
Mire usté por ejemplo el beneficio del café. En mis tiempos los piones llegaban con la cereza y se medía por latas, que eran de esas en que venía la manteca y se le hacía un marco de madera en la parte de arriba pa´ que cupiera más. Cuando yo estaba chiquito la despulpadora no tenía siquiera motor; había que voliale manivela a pura fuerza y mi apá nos ponía por turnos a darle a eso. Entoes el cafecito ya pelao se recogía en un tanque, lo dejábamos vinagrar de un día pa´ otro y ahí sí lo lavábamos. Después a pasalo por una zaranda pa´ separale la pasilla y de ahí a secar a los carros, la helda o si había marquesina mejor. Muchas casas tenían en el techo una helda, que consiste en marcos de madera forraos con latas de zin, los cuales se levantaban pa´ aprovechar el sol, pero había que estar pilas si empezaba a lloviznar pa´ correr a cerralas porque se perdía el trabajo. Los carros eran parecidos, peros estos estaban arrumados unos encima de otros y con unas balineras que corrían sobre unos rieles, se abrían todos hasta que les cayera el sol bien parejo. Esos también había que cerralos a las carreras si amenazaba lluvia. Entoes el patiero cada cierto tiempo procedía a revolcar el café con una especie de azadón de madera, pa´ que secara parejo.
Uno le calculaba según el veranito y pa´ saber si estaba listo, cogía un puñao y con la otra mano lo trillaba bien pa´ quitale la cascarita; lo que llaman cisco. De ahí no era sino empacalo en costal pergamino de a cinco arrobas en cada bulto, y una carga son dos bultos de´sos. Pa´ pesalo teníamos la romana, que es una varilla con marcas, un gancho en una punta donde se engarza el bulto, y un fiel que se va moviendo en la varilla que es donde da la letura. Y le digo pues que cuando pesaban ese café a la cooperativa, se pelaba uno en muy poquito. La pasilla la empacábamos en unos costalitos que llamábamos arroceros, con tapa de pedriódico pa´ que cupiera más cantidá.
En cambio ahora yo dentro a un beneficiadero y todo es distinto. Las máquinas verticales y una vaina que llama quisque desmusili… ¡No, qué va!, yo no me he podido aprender ese nombre. Lo más verriondo es que trabajan sin agua pa´ no contaminar los ríos, una vaina que antes no se oía ni mencionar. El café lo secan en silos que calientan con diferentes combustibles y hay que ver la eficiencia con que funciona toda esa vaina; parece una fábrica. Motores por todas partes, bandas que mueven el café, tubos por donde lo empujan mojao pa´ pasalo de un lao a otro… mejor dicho.
Pero fíjese que así como esa tenología sirve pa´ mejorar la produtividá de la finca, también tiene sus peros. Le pongo un ejemplo: en mis tiempos uno viajaba al pueblo el domingo a mercar y de una vez conseguía la gente que necesitara pa´ la semana. En cosecha había cogedores de sobra y no recuerdo que alguna vez hubieran faltao; y era gente de palabra, si decían que amanecían allá el lunes, de alguna forma se aparecían a cumplir. No regatiaban por la lata, trabajaban hasta el sábado a medio día y no metían tanto vicio como ahora. En cambio mire lo que pasa hoy en día. Hay que rogales pa´ que trabajen, joden al contrato por cualquier pendejada, nadies les da gusto pa´ la comida, y lo pior, si el lunes a media mañana los llama un amigo por un cedular… un teléfono de esos que cargan en el bolsillo, a deciles que en otra parte están pagando mejor la cogida, se largan sin siquiera avisar y dejan el trabajo tirao.
Bueno dotor, conversamos lueguito que tengo que llevale el cuido a los marranos. Usté me disculpa.
*Me perdona dotor pero como usté no me advirtió, le echaron al tintico cinco cucharadas de azúcar y ahora me entero que se lo toma es amargo. Pero aquí le traigo este otro sin nada de dulce, y ni me diga que pruebe porque esa vaina debe saber a rila. Y eso que no hay del que me gusta a mí, que es endulzao con panela; el que llaman chaqueta. Bueno, como le contaba, en las fincas cafeteras, y en las de ganao, frutales, aguacate o a lo que sea que destinen la tierra, la tenología es mucha y se la aplican a todo lo que tiene que ver con la ministración. Yo no me esplico cómo es qui´hacen, pero con un aparato de esos que le dije ahora se puede saber hasta de qué se va a morir uno.
Mire usté por ejemplo el beneficio del café. En mis tiempos los piones llegaban con la cereza y se medía por latas, que eran de esas en que venía la manteca y se le hacía un marco de madera en la parte de arriba pa´ que cupiera más. Cuando yo estaba chiquito la despulpadora no tenía siquiera motor; había que voliale manivela a pura fuerza y mi apá nos ponía por turnos a darle a eso. Entoes el cafecito ya pelao se recogía en un tanque, lo dejábamos vinagrar de un día pa´ otro y ahí sí lo lavábamos. Después a pasalo por una zaranda pa´ separale la pasilla y de ahí a secar a los carros, la helda o si había marquesina mejor. Muchas casas tenían en el techo una helda, que consiste en marcos de madera forraos con latas de zin, los cuales se levantaban pa´ aprovechar el sol, pero había que estar pilas si empezaba a lloviznar pa´ correr a cerralas porque se perdía el trabajo. Los carros eran parecidos, peros estos estaban arrumados unos encima de otros y con unas balineras que corrían sobre unos rieles, se abrían todos hasta que les cayera el sol bien parejo. Esos también había que cerralos a las carreras si amenazaba lluvia. Entoes el patiero cada cierto tiempo procedía a revolcar el café con una especie de azadón de madera, pa´ que secara parejo.
Uno le calculaba según el veranito y pa´ saber si estaba listo, cogía un puñao y con la otra mano lo trillaba bien pa´ quitale la cascarita; lo que llaman cisco. De ahí no era sino empacalo en costal pergamino de a cinco arrobas en cada bulto, y una carga son dos bultos de´sos. Pa´ pesalo teníamos la romana, que es una varilla con marcas, un gancho en una punta donde se engarza el bulto, y un fiel que se va moviendo en la varilla que es donde da la letura. Y le digo pues que cuando pesaban ese café a la cooperativa, se pelaba uno en muy poquito. La pasilla la empacábamos en unos costalitos que llamábamos arroceros, con tapa de pedriódico pa´ que cupiera más cantidá.
En cambio ahora yo dentro a un beneficiadero y todo es distinto. Las máquinas verticales y una vaina que llama quisque desmusili… ¡No, qué va!, yo no me he podido aprender ese nombre. Lo más verriondo es que trabajan sin agua pa´ no contaminar los ríos, una vaina que antes no se oía ni mencionar. El café lo secan en silos que calientan con diferentes combustibles y hay que ver la eficiencia con que funciona toda esa vaina; parece una fábrica. Motores por todas partes, bandas que mueven el café, tubos por donde lo empujan mojao pa´ pasalo de un lao a otro… mejor dicho.
Pero fíjese que así como esa tenología sirve pa´ mejorar la produtividá de la finca, también tiene sus peros. Le pongo un ejemplo: en mis tiempos uno viajaba al pueblo el domingo a mercar y de una vez conseguía la gente que necesitara pa´ la semana. En cosecha había cogedores de sobra y no recuerdo que alguna vez hubieran faltao; y era gente de palabra, si decían que amanecían allá el lunes, de alguna forma se aparecían a cumplir. No regatiaban por la lata, trabajaban hasta el sábado a medio día y no metían tanto vicio como ahora. En cambio mire lo que pasa hoy en día. Hay que rogales pa´ que trabajen, joden al contrato por cualquier pendejada, nadies les da gusto pa´ la comida, y lo pior, si el lunes a media mañana los llama un amigo por un cedular… un teléfono de esos que cargan en el bolsillo, a deciles que en otra parte están pagando mejor la cogida, se largan sin siquiera avisar y dejan el trabajo tirao.
Bueno dotor, conversamos lueguito que tengo que llevale el cuido a los marranos. Usté me disculpa.
martes, noviembre 11, 2008
Un mayordomo retirado (I).
La gente que habita el campo en la zona cafetera es amable, simpática, honesta y buena conversadora. Nuestros campesinos, o montañeros como los llaman algunos en forma despectiva, son personas que a pesar de la influencia que genera en ellos los avances tecnológicos y la vida moderna, tratan de mantener las costumbres y de sobrevivir en una rutina que ha marcado sus vidas desde siempre. Una cultura que difiere muy poco de la de aquellos primeros colonizadores que llegaron de Antioquia, y que a pesar del paso del tiempo sigue arraigada en el diario vivir de nuestros paisanos. Cambiaron la mula por la motocicleta, cargan teléfono celular y sus hijos utilizan internet en la escuela, pero al conversar con ellos mantienen ese lenguaje autóctono y particular que los distingue de los demás. La influencia que ha tenido en ellos el modernismo pude apreciarla hace unos días durante una conversación que sostuve con un viejito que me topé en una finca cafetera.
*Yo por aquí dotor logrando el solecito. Fíjese que desde hace días no hace sino llover y a mí me hace mucha falta la calor. Con decile que ya muy ligerito pego pa´ onde otro de mis hijos que maneja una hacienda ganadera pa´ los laos de Puerto Boyacá, porque con este clima ya casi me salen retoños. Y puede que pa´ toda parte esté haciendo el mismo invierno, pero en esas tierras por lo menos no hace tanto frío. ¿Cómo dice? Claro dotor, fuera de estos dos muchachos tengo otro que vive en Bogotá y allá trabaja de condutor; una muchacha que se casó hace como tres años y orita vive en Zaragoza, un pueblito muy sabroso que queda ahí cerquitica de Cartago; y la menor que resultó más avispada que´l diablo y se fue a trabajar a Mayami. Cómo le parece, cada rato me llama quisque pa´ que me vaya a visitala, que ella me consigue papeles y todo, pero yo soy muy resabiao y no creo que me amañe por allá.
Con decile que yo nací en una finca cafetera y toda la vida he trabajao en este destino. Mi apá era agregao de una tierrita cerca a Neira y allá empezamos todos los hijos a mayaliar tieso y parejo. Cuando ya estaba en edad me casé y después de voltiar mucho al fin conseguí una chanfa de mayordomo, y ahí aprendieron mis hijos el oficio que les permite ahora rebuscase. Mire que el que anda de chofer es porque se fue de puro culipronto detrás de una vieja, y vive más aburrido que´l patas porque ese muchacho fue criao en el campo, administró fincas y ahora se pasa el día en ese despelote peliando con todo el que se sube al bus. Pero que con su pan se lo coma. El caso es que yo enviudé hace como diez años y desde entonces me la paso visitando los hijos; me quedo dos o tres meses con uno y luego arranco pa´ onde el otro. Le caigo a la hija y hasta a Bogotá e ido a darle vuelta a ese barrigón.
Por fortuna alcancé a pensioname porque los patrones me pagaron todas las prestaciones legales y esas vainas, y ahora en las fincas que manejan los muchachos a veces me contratan; cojo café por ahí en un lotecito fácil y hasta me dejan por ministra si el patrón los autoriza. Puede que uno ya no tenga muchos alientos, pero la experiencia también vale y además yo hago buenas migas con todo mundo. Por ejemplo aquí tengo unos marranitos en compañía con el hijo… si quiere se los muestro. Y en la hacienda de ganao que maneja aquel otro muchacho, tengo unos animales de engorde que el patrón me dejó meter en unos potreros que tiene muy enmontaos; alguito de pasto resulta pa´ que coman esos rilosos.
Le cuento pues dotor que yo todavía me siento capaz de manejar una tierrita de café, pero el problema es que con la tenología esta vaina ha cambiao mucho. Yo me arrimo a patiar cuando el patrón de este muchacho viene y se sientan a hacer cuentas y a conversar, y entoes ese dotor prende el… ¿cómo es que llama ese aparato? ¡Eso!, el conmutador. Bueno, como se diga pues… El caso es que esa vaina sí me deja con la boca abierta. Cómo le parece que en esa pantalla aparecen un mundo de números y el patrón sabe perfetamente cuánto café cogieron digamos en un lote cualesquiera; pero ¡atérrese!, eso no tiene gracia. Ahí mismo dice cuánto van a coger en ese mismo lote el año entrante, el que sigue y hasta dentro de cinco años. No me diga que eso no es una verriondera. Lo mismo pa´ saber cuánto abono van a gastar, cuántos jornales, cuándo hay que soquiar los lotes y todo lo que usté quiera saber.
Yo le digo pues que a mí me enviste una vaina de esas; y lo malo es que uno a esta edad ya se fue así… recuerde que loro viejo no aprende a hablar. Pero aparte del aparato ese en la finca todo ha cambiao y no se parece a como le tocaba a uno. Aguarde traigo dos tinticos y le hago la comparación de cómo han variao muchas cosas.
*Yo por aquí dotor logrando el solecito. Fíjese que desde hace días no hace sino llover y a mí me hace mucha falta la calor. Con decile que ya muy ligerito pego pa´ onde otro de mis hijos que maneja una hacienda ganadera pa´ los laos de Puerto Boyacá, porque con este clima ya casi me salen retoños. Y puede que pa´ toda parte esté haciendo el mismo invierno, pero en esas tierras por lo menos no hace tanto frío. ¿Cómo dice? Claro dotor, fuera de estos dos muchachos tengo otro que vive en Bogotá y allá trabaja de condutor; una muchacha que se casó hace como tres años y orita vive en Zaragoza, un pueblito muy sabroso que queda ahí cerquitica de Cartago; y la menor que resultó más avispada que´l diablo y se fue a trabajar a Mayami. Cómo le parece, cada rato me llama quisque pa´ que me vaya a visitala, que ella me consigue papeles y todo, pero yo soy muy resabiao y no creo que me amañe por allá.
Con decile que yo nací en una finca cafetera y toda la vida he trabajao en este destino. Mi apá era agregao de una tierrita cerca a Neira y allá empezamos todos los hijos a mayaliar tieso y parejo. Cuando ya estaba en edad me casé y después de voltiar mucho al fin conseguí una chanfa de mayordomo, y ahí aprendieron mis hijos el oficio que les permite ahora rebuscase. Mire que el que anda de chofer es porque se fue de puro culipronto detrás de una vieja, y vive más aburrido que´l patas porque ese muchacho fue criao en el campo, administró fincas y ahora se pasa el día en ese despelote peliando con todo el que se sube al bus. Pero que con su pan se lo coma. El caso es que yo enviudé hace como diez años y desde entonces me la paso visitando los hijos; me quedo dos o tres meses con uno y luego arranco pa´ onde el otro. Le caigo a la hija y hasta a Bogotá e ido a darle vuelta a ese barrigón.
Por fortuna alcancé a pensioname porque los patrones me pagaron todas las prestaciones legales y esas vainas, y ahora en las fincas que manejan los muchachos a veces me contratan; cojo café por ahí en un lotecito fácil y hasta me dejan por ministra si el patrón los autoriza. Puede que uno ya no tenga muchos alientos, pero la experiencia también vale y además yo hago buenas migas con todo mundo. Por ejemplo aquí tengo unos marranitos en compañía con el hijo… si quiere se los muestro. Y en la hacienda de ganao que maneja aquel otro muchacho, tengo unos animales de engorde que el patrón me dejó meter en unos potreros que tiene muy enmontaos; alguito de pasto resulta pa´ que coman esos rilosos.
Le cuento pues dotor que yo todavía me siento capaz de manejar una tierrita de café, pero el problema es que con la tenología esta vaina ha cambiao mucho. Yo me arrimo a patiar cuando el patrón de este muchacho viene y se sientan a hacer cuentas y a conversar, y entoes ese dotor prende el… ¿cómo es que llama ese aparato? ¡Eso!, el conmutador. Bueno, como se diga pues… El caso es que esa vaina sí me deja con la boca abierta. Cómo le parece que en esa pantalla aparecen un mundo de números y el patrón sabe perfetamente cuánto café cogieron digamos en un lote cualesquiera; pero ¡atérrese!, eso no tiene gracia. Ahí mismo dice cuánto van a coger en ese mismo lote el año entrante, el que sigue y hasta dentro de cinco años. No me diga que eso no es una verriondera. Lo mismo pa´ saber cuánto abono van a gastar, cuántos jornales, cuándo hay que soquiar los lotes y todo lo que usté quiera saber.
Yo le digo pues que a mí me enviste una vaina de esas; y lo malo es que uno a esta edad ya se fue así… recuerde que loro viejo no aprende a hablar. Pero aparte del aparato ese en la finca todo ha cambiao y no se parece a como le tocaba a uno. Aguarde traigo dos tinticos y le hago la comparación de cómo han variao muchas cosas.
martes, noviembre 04, 2008
Un conflicto eterno.
Todos quienes aún respiramos en este país, además de aquellos que ya murieron, hemos convivido con un conflicto que parece no tener fin. Algunos creen que en Colombia empezó la violencia con el asesinato de Gaitán, en 1948, cuando el pueblo vio truncadas sus esperanzas de instalar a un hombre de cuna humilde en el solio de Bolívar. El vulgo enloqueció al enterarse de que la oligarquía política maquinó la muerte del líder liberal para sacarlo de la carrera electoral, la cual ganaría sin lugar a dudas en los comicios que se avecinaban. Hasta el último rincón del país se vio sacudido por el magnicidio que dio inicio a otra oleada de violencia, como tantas otras que han agitado nuestra maltratada historia.
Desde que el primer conquistador pisó una de nuestras playas para reclamar este territorio como posesión de sus majestades Fernando e Isabel, en estas breñas se armó la furrusca y no ha habido poder humano que logre calmar los ánimos. Aquellos invasores arrasaron con lo que toparon a su paso y después de esclavizar a los indígenas, diezmaron sus comunidades hasta reducirlas a la mínima expresión. Después vino la colonia y algunos criollos quisieron sacudirse del yugo invasor, por lo que formaron diversos movimientos alzados en armas que con tesón y sacrificio lograron alcanzar la tan soñada independencia. Claro que no fue sino que se largaran los chapetones para que aquí nos agarráramos de las mechas, y esta es la hora que seguimos en las mismas.
Basta con mirar nuestra historia con detenimiento para notar que no hemos tenido un período considerable de paz y tranquilidad. Durante el siglo XIX las guerras civiles fueron la constante y la celebración del arribo al anhelado siglo XX estuvo opacada por la famosa guerra de los mil días, que duró de 1899 a 1902. Que cada quien mire entre sus ancestros para que encuentre generales, coroneles, capitanes y militares de rangos inferiores. Porque en aquella época no era necesario tener alma de guerrero ni seguir una carrera militar para obtener el rango, ya que después de que estallaba el conflicto, a los hombres de bien les llegaba una carta del gobierno de turno donde les notificaban el nombramiento. Después solo quedaba recibir el uniforme, las instrucciones, ensillar el caballo y a cumplir con el deber.
Avanzan los años 1900 y la ojeriza entre liberales y conservadores no amaina. Quien tuviera las riendas del poder aprovechaba para menguar al contrincante y fue así como después de una larga hegemonía liberal, por fin los godos alcanzaron la presidencia y quién dijo miedo. Amangualados con la iglesia, que tildaba a los liberales de ateos y come curas, los conservadores inventaron la policía Chulavita (nombre que tomaron del pueblo boyacense de donde provenían), además de los famosos “pájaros”, quienes se encargaban de recorrer todos los rincones de la patria para hacerle la vida imposible a quien no comulgara con los ideales de las toldas azules. Cuentan que llegaban a los pueblos, cogían a los cachiporros y les daban una “aplanchada” con machetes y peinillas, y los conminaban a largarse en un plazo determinado. Al que no obedeciera, le repetían la dosis pero esta vez con el filo y hasta picarlo. Aseguran que hubo curas que desde el púlpito instaban a matar cachiporros, con la absoluta certeza de que esa gente no tenía alma.
En busca de una salida a la matanza general los líderes políticos implantan el Frente nacional, que consistió en turnarse el gobierno cada cuatro años entre los dos partidos mayoritarios. Pero si la solución sirvió para calmar los ánimos entre la dirigencia, los ríos de sangre que corrieron en campos y ciudades dejaron odios, venganzas y cicatrices que se encargaron de avivar las brazas de una hoguera que nunca hemos logrado apagar. Los bandoleros azolaron el país y muchos recuerdan con pavor al capitán Venganza, a Guadalupe Salcedo, Sangrenegra, Desquite, Chispas, Efraím González y el recién fallecido Tirofijo, quien los sobrevivió a todos y con buena ventaja. También hubo idealistas comprometidos como el cura Camilo Torres, el médico Tulio Bayer o el teniente Cendales.
Mientras tanto en el resto del planeta sucedía, así por encima, la guerra fría que mantuvo el mundo en ascuas. La revolución cubana; la guerra de Vietnam; Camboya y sus Jemeres rojos; los conflictos africanos, incluido el apartheid; la locura del Líbano; tupamaros y montoneros; las revoluciones en Nicaragua y El Salvador; Sendero luminoso; la debacle de los Balcanes; la confrontación entre Irán e Iraq, y las dos guerras de este último con los aliados de occidente. En fin, gran cantidad de conflictos que en su momento parecían no tener solución y sin embargo en la mayoría lograron la tan anhelada paz. Hasta derribaron el muro de Berlín y desmantelaron la antigua Unión Soviética. En cambio, aparte de algunos enfrentamientos menores como el de Chechenia, los únicos que parecen no tener solución son el de medio oriente, entre palestinos e israelitas, y el que mantiene asolado a nuestro sufrido territorio.
Dice que no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista, pero nuestro mal lleva mucho más tiempo y aunque parezca increíble, lo hemos resistido. Solo nos queda soñar con que nos toque conocer algún día un país en paz, con justicia social y prosperidad para todos.
Desde que el primer conquistador pisó una de nuestras playas para reclamar este territorio como posesión de sus majestades Fernando e Isabel, en estas breñas se armó la furrusca y no ha habido poder humano que logre calmar los ánimos. Aquellos invasores arrasaron con lo que toparon a su paso y después de esclavizar a los indígenas, diezmaron sus comunidades hasta reducirlas a la mínima expresión. Después vino la colonia y algunos criollos quisieron sacudirse del yugo invasor, por lo que formaron diversos movimientos alzados en armas que con tesón y sacrificio lograron alcanzar la tan soñada independencia. Claro que no fue sino que se largaran los chapetones para que aquí nos agarráramos de las mechas, y esta es la hora que seguimos en las mismas.
Basta con mirar nuestra historia con detenimiento para notar que no hemos tenido un período considerable de paz y tranquilidad. Durante el siglo XIX las guerras civiles fueron la constante y la celebración del arribo al anhelado siglo XX estuvo opacada por la famosa guerra de los mil días, que duró de 1899 a 1902. Que cada quien mire entre sus ancestros para que encuentre generales, coroneles, capitanes y militares de rangos inferiores. Porque en aquella época no era necesario tener alma de guerrero ni seguir una carrera militar para obtener el rango, ya que después de que estallaba el conflicto, a los hombres de bien les llegaba una carta del gobierno de turno donde les notificaban el nombramiento. Después solo quedaba recibir el uniforme, las instrucciones, ensillar el caballo y a cumplir con el deber.
Avanzan los años 1900 y la ojeriza entre liberales y conservadores no amaina. Quien tuviera las riendas del poder aprovechaba para menguar al contrincante y fue así como después de una larga hegemonía liberal, por fin los godos alcanzaron la presidencia y quién dijo miedo. Amangualados con la iglesia, que tildaba a los liberales de ateos y come curas, los conservadores inventaron la policía Chulavita (nombre que tomaron del pueblo boyacense de donde provenían), además de los famosos “pájaros”, quienes se encargaban de recorrer todos los rincones de la patria para hacerle la vida imposible a quien no comulgara con los ideales de las toldas azules. Cuentan que llegaban a los pueblos, cogían a los cachiporros y les daban una “aplanchada” con machetes y peinillas, y los conminaban a largarse en un plazo determinado. Al que no obedeciera, le repetían la dosis pero esta vez con el filo y hasta picarlo. Aseguran que hubo curas que desde el púlpito instaban a matar cachiporros, con la absoluta certeza de que esa gente no tenía alma.
En busca de una salida a la matanza general los líderes políticos implantan el Frente nacional, que consistió en turnarse el gobierno cada cuatro años entre los dos partidos mayoritarios. Pero si la solución sirvió para calmar los ánimos entre la dirigencia, los ríos de sangre que corrieron en campos y ciudades dejaron odios, venganzas y cicatrices que se encargaron de avivar las brazas de una hoguera que nunca hemos logrado apagar. Los bandoleros azolaron el país y muchos recuerdan con pavor al capitán Venganza, a Guadalupe Salcedo, Sangrenegra, Desquite, Chispas, Efraím González y el recién fallecido Tirofijo, quien los sobrevivió a todos y con buena ventaja. También hubo idealistas comprometidos como el cura Camilo Torres, el médico Tulio Bayer o el teniente Cendales.
Mientras tanto en el resto del planeta sucedía, así por encima, la guerra fría que mantuvo el mundo en ascuas. La revolución cubana; la guerra de Vietnam; Camboya y sus Jemeres rojos; los conflictos africanos, incluido el apartheid; la locura del Líbano; tupamaros y montoneros; las revoluciones en Nicaragua y El Salvador; Sendero luminoso; la debacle de los Balcanes; la confrontación entre Irán e Iraq, y las dos guerras de este último con los aliados de occidente. En fin, gran cantidad de conflictos que en su momento parecían no tener solución y sin embargo en la mayoría lograron la tan anhelada paz. Hasta derribaron el muro de Berlín y desmantelaron la antigua Unión Soviética. En cambio, aparte de algunos enfrentamientos menores como el de Chechenia, los únicos que parecen no tener solución son el de medio oriente, entre palestinos e israelitas, y el que mantiene asolado a nuestro sufrido territorio.
Dice que no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista, pero nuestro mal lleva mucho más tiempo y aunque parezca increíble, lo hemos resistido. Solo nos queda soñar con que nos toque conocer algún día un país en paz, con justicia social y prosperidad para todos.
lunes, octubre 27, 2008
Me Río de Janeiro.
Los colombianos nos deberíamos mantener mejor informados acerca de los proyectos de ley que se adelantan en el Congreso de la República, porque la realidad es que pierden el tiempo en unas pendejadas que francamente. En realidad ellos le trabajan en serio a las iniciativas que más pantalla ofrecen, como aquellas que mantienen en vilo a los reporteros que cubren el Congreso y ocupan los titulares de prensa; esas mismas que les reportan utilidades varias, porque está claro que allá nunca votan a cambio de nada. Mientras tanto las nimiedades, que son muchas, las aprueban a pupitrazo limpio cuando apenas faltan unos minutos para que termine el período legislativo.
Hace un tiempo se presentó un fatal accidente en la piscina de un reconocido hotel de Cartagena, hecho en el que perdió la vida un niño de una manera absurda e inesperada. Ese tipo de noticia amarillista es un manjar para ciertos periodistas, como en su momento lo saboreó Félix de Bedout, además de convertirse en atril preferido para politicastros pantalleros y oportunistas como el tal Armandito Benedetti, quienes asumen el caso como si les doliera en el alma la muerte del niño, cuando en realidad lo que buscan es protagonismo y audiencia.
La justicia está para determinar quién es culpable e imponer los castigos pertinentes, y si el hotel tuvo algún grado de culpabilidad que le caiga todo el peso de la ley. Pero había que ver a este par de redentores reclamar porque en la piscina no había un técnico listo para desconectar las válvulas necesarias que evitaran el fatal desenlace. Puede que en Islandia o Suecia cuenten con ese tipo de precauciones, pero no me vengan con que en el tercer mundo existe siquiera un establecimiento que cumpla con dichas normas. Ahora se viene el Congreso con una ley que rige para todas las piscinas públicas, y me da risa cuando veo la lista de condiciones que supuestamente deben cumplir.
Seguro en un principio los inspectores municipales harán respetar la ley, impondrán multas y cerrarán piscinas por montones, pero dentro de unos años la legislación se prestará solo para generar mordidas y sobornos. Porque es posible que en un club privado, en un Centro vacacional reconocido o en un hotel de cinco estrellas cumplan a cabalidad con las condiciones exigidas, pero aspirar a que un “metedero” de media petaca en Melgar o Villeta haga semejante inversión para actualizar su alberca, es una utopía absoluta.
Porque en el futuro las piscinas serán construidas solo por ingenieros o arquitectos que registren sus planos en la entidad que corresponda. Deben contar con cerramiento y un ingreso a través de torniquete. Las diferentes profundidades se distinguirán con distintos colores, además de ir escritas con letras grandes y claras en las paredes de la estructura. Los planos de ductos, motores, filtros, bombas y demás implementos, además de alarmas, salidas de emergencia y elementos contra incendio, tienen que estar a la vista de todos los usuarios. Un técnico de mantenimiento deberá estar disponible en todo momento mientras la piscina esté en uso. Contará además con dos flotadores circulares con cuerdas, de colores vivos, y un bastón con gancho especial para rescates; un botiquín con una extensa lista de equipos y medicamentos; y un salvavidas profesional especializado en primeros auxilios para cada estanque. También un teléfono o citófono disponible las 24 horas para llamadas de emergencia.
La piscina debe tener sensores de movimiento o alarmas de inmersión, y un sistema de seguridad de liberación de vacío. Además debe contar con cubiertas anti entrampamientos, que son dispositivos que aíslan el efecto de succión provocado en los drenajes que tengan este tipo de estructuras (vaya explíquele este galimatías a Satanás, el oficial que hizo la mayoría de piscinas en Santagueda). El agua debe mantenerse limpia y sana, y cumplir los requisitos higiénico – sanitarios establecidos por las autoridades; de manera que a prohibirle a los novios que se saquen barros y espinillas en la piscina, mientras sacuden el dedo en el agua para limpiar el material extraído, y de ahora en adelante todo el mundo a orinar al baño. Ahora sí veo la vaina jodida.
Basta imaginar esas piscinas modernas, con diseños minimalistas y estilos vanguardistas, cómo irán a quedar de gallos cuando les apliquen todas estas condiciones; eso va a ser como bañarse en una estación de bomberos. Y las que son el verdadero gancho de hotelitos de pueblo, o la atracción principal de balnearios y paradores de camino, que son construidas por cualquier tegua con conocimientos del palustre y la plomada, lo que les puede costar cumplir siquiera con un mínimo porcentaje de las condiciones exigidas.
Pero no he dicho lo peor. Los muchachitos menores de 12 años deben estar acompañados en todo momento por un adulto que se responsabilice de ellos, así haya salvavidas en el establecimiento. Lo siento mucho por quienes tienen hijos o nietos pequeños, porque los mocosos quieren estar metidos en el agua desde las 8 de la mañana hasta las 6 de la tarde, hora en que se salen a regañadientes.
De manera que a reconsiderar donde el clima no sea propicio para tener una piscina, porque sostener semejante elefante blanco debe costar un ojo de la cara, además de que tiene más problemas que el álgebra de Baldor.
Hace un tiempo se presentó un fatal accidente en la piscina de un reconocido hotel de Cartagena, hecho en el que perdió la vida un niño de una manera absurda e inesperada. Ese tipo de noticia amarillista es un manjar para ciertos periodistas, como en su momento lo saboreó Félix de Bedout, además de convertirse en atril preferido para politicastros pantalleros y oportunistas como el tal Armandito Benedetti, quienes asumen el caso como si les doliera en el alma la muerte del niño, cuando en realidad lo que buscan es protagonismo y audiencia.
La justicia está para determinar quién es culpable e imponer los castigos pertinentes, y si el hotel tuvo algún grado de culpabilidad que le caiga todo el peso de la ley. Pero había que ver a este par de redentores reclamar porque en la piscina no había un técnico listo para desconectar las válvulas necesarias que evitaran el fatal desenlace. Puede que en Islandia o Suecia cuenten con ese tipo de precauciones, pero no me vengan con que en el tercer mundo existe siquiera un establecimiento que cumpla con dichas normas. Ahora se viene el Congreso con una ley que rige para todas las piscinas públicas, y me da risa cuando veo la lista de condiciones que supuestamente deben cumplir.
Seguro en un principio los inspectores municipales harán respetar la ley, impondrán multas y cerrarán piscinas por montones, pero dentro de unos años la legislación se prestará solo para generar mordidas y sobornos. Porque es posible que en un club privado, en un Centro vacacional reconocido o en un hotel de cinco estrellas cumplan a cabalidad con las condiciones exigidas, pero aspirar a que un “metedero” de media petaca en Melgar o Villeta haga semejante inversión para actualizar su alberca, es una utopía absoluta.
Porque en el futuro las piscinas serán construidas solo por ingenieros o arquitectos que registren sus planos en la entidad que corresponda. Deben contar con cerramiento y un ingreso a través de torniquete. Las diferentes profundidades se distinguirán con distintos colores, además de ir escritas con letras grandes y claras en las paredes de la estructura. Los planos de ductos, motores, filtros, bombas y demás implementos, además de alarmas, salidas de emergencia y elementos contra incendio, tienen que estar a la vista de todos los usuarios. Un técnico de mantenimiento deberá estar disponible en todo momento mientras la piscina esté en uso. Contará además con dos flotadores circulares con cuerdas, de colores vivos, y un bastón con gancho especial para rescates; un botiquín con una extensa lista de equipos y medicamentos; y un salvavidas profesional especializado en primeros auxilios para cada estanque. También un teléfono o citófono disponible las 24 horas para llamadas de emergencia.
La piscina debe tener sensores de movimiento o alarmas de inmersión, y un sistema de seguridad de liberación de vacío. Además debe contar con cubiertas anti entrampamientos, que son dispositivos que aíslan el efecto de succión provocado en los drenajes que tengan este tipo de estructuras (vaya explíquele este galimatías a Satanás, el oficial que hizo la mayoría de piscinas en Santagueda). El agua debe mantenerse limpia y sana, y cumplir los requisitos higiénico – sanitarios establecidos por las autoridades; de manera que a prohibirle a los novios que se saquen barros y espinillas en la piscina, mientras sacuden el dedo en el agua para limpiar el material extraído, y de ahora en adelante todo el mundo a orinar al baño. Ahora sí veo la vaina jodida.
Basta imaginar esas piscinas modernas, con diseños minimalistas y estilos vanguardistas, cómo irán a quedar de gallos cuando les apliquen todas estas condiciones; eso va a ser como bañarse en una estación de bomberos. Y las que son el verdadero gancho de hotelitos de pueblo, o la atracción principal de balnearios y paradores de camino, que son construidas por cualquier tegua con conocimientos del palustre y la plomada, lo que les puede costar cumplir siquiera con un mínimo porcentaje de las condiciones exigidas.
Pero no he dicho lo peor. Los muchachitos menores de 12 años deben estar acompañados en todo momento por un adulto que se responsabilice de ellos, así haya salvavidas en el establecimiento. Lo siento mucho por quienes tienen hijos o nietos pequeños, porque los mocosos quieren estar metidos en el agua desde las 8 de la mañana hasta las 6 de la tarde, hora en que se salen a regañadientes.
De manera que a reconsiderar donde el clima no sea propicio para tener una piscina, porque sostener semejante elefante blanco debe costar un ojo de la cara, además de que tiene más problemas que el álgebra de Baldor.
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