miércoles, marzo 02, 2011

Nostalgia del centro.

Cursé quinto de primaria en el colegio Nuestra Señora, en la carrera 24 entre calles 19 y 20, y todos los días me trasportaba en bus urbano con mi hermano Ardilla (su nombre era Fernando, aunque así no le decía nadie porque desde chiquito era como una ardillita: inquieto, despierto y muy hábil con las manos. Yo era un año mayor que él y murió hace dos décadas, por la simple picadura de un zancudo). Salíamos del colegio como a las 4 de la tarde, bajábamos una cuadra y al frente del Palacio Arzobispal, por la carrera 23, vivía nuestra abuela paterna Teresita Restrepo, Tita; ella nos daba plata para que le compráramos la parva en La casa del pan, una panadería que funcionaba en los bajos del Palacio. Subíamos de nuevo y nos servían el algo: un chocolate que amasaban con especies y por lo tanto sabía delicioso, acompañado de pan recién horneado. ¡Qué aromas aquellos!

Luego la abuela nos advertía que esperáramos el bus en el paradero que había al frente y que ella nos echaba ojo desde la ventana, para que no nos fuéramos por ahí a callejear. Nos recostábamos contra el edificio y de reojo mirábamos si la viejita todavía nos espiaba, y cada que paraba un bus, hacíamos amago de montarnos pero con señas le dábamos a entender a nuestra guardiana que estaba muy lleno y que mejor esperábamos el próximo. La táctica nunca falló porque al rato la abuela se jartaba y en el primer descuido salíamos disparados para echarnos la caminada por la carrera 23, donde disfrutábamos al mirar las vitrinas mientras degustábamos algún mecato.

En las primeras cuadras no había nada interesante, pero en la esquina de la calle 22 nos arrimábamos a la vitrina del almacén Bebé, porque aparte de artículos para recién nacidos siempre había triciclos y algunos juguetes muy llamativos; ahí también paraban los buses urbanos y si empezaba a llover, aprovechábamos para embarcarnos. Luego debíamos estar alertas porque en muchos almacenes conocían a nuestro padres y sin nos veían deambular solos, seguro les iban con el cuento.

Entonces pasábamos rapidito por el almacén Vanidades, pero en El Artístico sí nos deteníamos porque era la mejor vitrina del centro. No faltaba un animal disecado, colecciones de carritos, navajas, estilógrafos finos, llaveros y artículos de muy buen gusto. Aunque debíamos tener cuidado porque mi papá era asiduo visitante por su amistad con Evelio; mucha gente creía que eran hermanos por su parecido físico, el mismo apellido y cierta tendencia a hacer mala cara. Además, al frente quedaba el negocio de Aurelio Restrepo y esa era otra parada obligatoria de nuestro padre.

En la próxima esquina, al frente del Club Los Andes, don Efraím Ángel vendía sus telas y como el señor vivía frente a nuestra casa, en La Camelia, también nos podía aventar. Otro sitio que mi papá frecuentaba a diario era La Colmena, el negocio de su gran amigo Antonio Llano; detrás del mostrador siempre estaban Toño y Josefina. Por lo tanto, para pasar desapercibidos, cruzábamos la calle y nos metíamos a La Suiza, para comprar los famosos “esquimales”, que eran una especie de helado forrado con chocolate y venían envueltos en papel mantequilla; absolutamente exquisitos. Milhojas y acordeones también eran pasteles muy apetecidos por nosotros.

Luego nos deteníamos a ojear discos en el almacén Long Play, en un local del edificio Esponsión. Seguíamos adelante frente al Club Manizales, al almacén Van Ralte, la cafetería Dominó y en la esquina de la 27, después de cruzar la calle, había otro paradero de buses. Al frente vendían unos pasteles de piña deliciosos, en el restaurante chino Toy San, en los bajos de la casa de don Adán Delgado. A veces no comíamos nada en el trayecto y preferíamos esperar hasta Míster Albóndiga, en la esquina de la calle 29, donde ese alemán mal encarado, que era más serio que un tramposo, vendía aquellas primeras albóndigas que todavía hoy ofrecen en varios negocios, aunque ninguna iguala a las originales.

Frente al Parque de Caldas quedaba el almacén de don Benjamín López, el paraíso para cualquier niño, porque vendían todo lo que uno podía llegar a desear. En la siguiente esquina esperábamos el bus, que sólo se detenía en los paraderos establecidos, y llegábamos a la casa satisfechos, además de que mi mamá nunca preguntaba por qué nos habíamos demorado. Entonces no era peligroso visitar el centro, no había atracadores ni prostitutas, y los transeúntes caminaban tranquilos por las aceras; nada de ventas ambulantes y los negocios eran atendidos por sus dueños, comerciantes ilustres. Qué pensarán todos estos viejos hoy, los que están con nosotros y los que se fueron, al ver el mercado persa y el garito de mala muerte en el que se convirtió ese entorno.

De todos los negocios nombrados el único que existe, aunque en local diferente y ahora con sucursal en la zona rosa, es la pastelería La Suiza. Eso sí es perseverar: mi relato data de hace más de 40 años y el señor Rodolfo Lendi sigue ahí, al pie del cañón, con los mismos productos y sin rebajar un ápice en la calidad. Estamos en mora los manizaleños, y FENALCO en especial, de hacerle a este suizo laborioso y simpático el homenaje que se merece.
pamear@telmex.net.co

martes, febrero 15, 2011

Es sólo una utopía.

En 1314 murió el Papa Clemente V y a partir de entonces el Trono de San Pedro entró en un interregno de 2 años, porque en un cónclave reunido en la ciudad de Carpentras los cardenales no llegaron a un acuerdo debido a que estaban divididos en italianos, gascones y franceses, y cada grupo quería imponer su candidato. El rey Felipe V de Francia estaba interesado en que el nuevo Papa fuera oriundo de su país, por lo que después de maniobras diplomáticas logró reunir a los 23 cardenales existentes en Lyon para dar comienzo al cónclave que elegiría al nuevo jerarca católico.

La idea del rey galo era mantener la sede del papado en Aviñón y que el escogido sirviera más a sus intereses que a los de la iglesia, por lo que debió hacer uso de todo su ingenio para que esta vez no sucediera lo mismo de la última convocatoria: que los purpurados no encontraran un candidato que copara las expectativas de todos los asistentes. Debido a intrigas políticas reinaba un verdadero caos entre los cardenales convocados y todos buscaban la forma de dilatar el proceso, por lo que el rey Felipe debió tomar medidas extremas que aseguraran el éxito de la convocatoria.

El lugar de reunión era un antiguo monasterio y cuando todos los prelados estaban allí alojados, en compañía de secretarios, sirvientes, pajes, amanuenses y demás personas a su servicio, ordenó levantar tapias en todas las salidas del edificio e informó a los interesados que nadie abandonaría el lugar hasta tanto no hubieran nombrado al sucesor de Clemente V. Para efecto de proveerlos de comida, bebida y demás artículos de primera necesidad dejaron unas troneras por dónde ingresar los productos, y la razón del rey fue que más les valía ponerse de acuerdo si no querían pasar allí mucho tiempo.

El cardenal francés Jacques Duèze estaba amangualado con su majestad para poner en práctica una estrategia que al final surtió el efecto esperado. En ese tiempo el religioso tenía 67 años, edad muy avanzada para la época, y desde los primeros días del encierro empezó a mostrar signos de debilidad que hacían suponer que no duraría mucho después de la penosa experiencia. El rápido deterioro del purpurado francés no pasó inadvertido para sus colegas, por lo que muy pronto empezaron a planear una maniobra que al menos los sacaría de allí lo más pronto posible: elegían al viejo Jacques, el cual suponían iba a durar muy poco en su cargo, y después buscarían la forma de dilatar el proceso del nombramiento del próximo sucesor.

Fue así como se dio su consagración, el 5 de septiembre de 1316, donde tomó el nombre de Juan XXII y procedió a ejercer el papado en Aviñón, para satisfacción de su padrino el rey. Con lo que no contaban sus compañeros fue que muy pronto recuperó la salud y ejerció su pontificado durante 18 años, hasta su muerte en 1334. La marrullería no es un invento de ahora.

Al recordar este suceso histórico me viene a la cabeza una idea, que aunque utópica, no deja de gustarme. Con este asunto del aeropuerto de Palestina, que cada día se torna más enredado, deberíamos convocar a una reunión urgente a todos aquellos que de una u otra manera tienen velas en ese entierro: los alcaldes y ministros que correspondan, el gobernador, el gerente actual y los anteriores, los españoles, director de Aerocivil, ingenieros y profesionales que hayan intervenido en la obra, dirigentes cívicos y gremiales, críticos y defensores del proyecto, etc.

Después de que los tengamos a todos reunidos en un auditorio les aplicamos la misma medicina del rey Felipe V, con la advertencia que puede presentarse cualquier situación urgente en el exterior, pero de allí nadie sale hasta que nos digan a los ciudadanos cuál es la realidad del aeropuerto, cómo van a conseguir los recursos, cuándo va a aterrizar el primer avión, quién tiene la razón en las diferentes acusaciones que se hacen a diario, por qué los españoles nos siguen dando caramelo con el aporte que prometieron hace tantos años, qué esperan para iniciar las vías que conducen al lugar, cómo se prepara la zona para el cambio que viene… mejor dicho, preguntas es lo que hay.

Pero que no crean que con promesas y compromisos van a conseguir su libertad. Nada de eso. Quien se comprometa con partidas que entregue los cheques posfechados, los permisos correspondientes deben quedar listos, la duda de si los terraplenes están bien o mal hechos debe quedar aclarada, los contratos a futuro adjudicados y firmados, todas las decisiones tomadas, y cualquier asunto que ataña al tema, finiquitado y avalado por quien corresponda.

Si pasan los días y no hay resultados positivos, que les prohíban facebook, el correo electrónico, el Ipod, teléfono celular y demás juguetes electrónicos. Y para que se apuren, a toda hora verán en pantallas gigantes espectáculos como conciertos de Gali Galeano, conferencias del padre Gallo, maratón de chistes de Ordoñez, Laura en América, La tigresa del oriente (peruana, véanla en Youtube), la novela de Marbel o el comercial de Ricostilla. Y no sobra advertirles: quien vuelva a decir que el aeropuerto estará listo a finales de este año, o el próximo, que le corten la lengua por embustero.
pamear@telmex.net.co

lunes, febrero 07, 2011

Qué basurero tan…

El ser humano va a terminar su existencia ahogado por las basuras. Con la aparición de los artículos desechables ha aumentado de manera considerable el volumen de basura que se recopila en cualquier hogar; y lo más grave es que todos esos productos están fabricados con elementos altamente contaminantes, los cuales necesitan mucho tiempo para que sean absorbidos de nuevo por el planeta. Los plásticos, el icopor, los envases de polietileno tereftalato (PET), los de aluminio, lo llamados tetrapack y los de vidrio, baterías de todo tipo, aparatos electrónicos y muchos ejemplos más, necesitan cientos de años para descomponerse en un proceso natural biológico.

Lo triste del asunto es que basta con que la gente tome conciencia de la cultura del reciclaje, para que todos esos materiales nocivos para el ambiente presten el mismo servicio en varias oportunidades, sin tener que acumularse en los botaderos. Si al momento de tirar una lata de cerveza, una caja de leche, las bolsas de plástico donde nos empaca la compra o los platos de icopor, le damos a esos desechos el trato correspondiente, pueden llegar de nuevo al sitio indicado donde los aprovechan como materia prima. El proceso empieza en los hogares, oficinas, establecimientos comerciales y en todo lugar donde se generen desechos, que debe tener disponibles varios recipientes para recolectar en ellos los diferentes tipos de basura.

De verdad me aterro cuando veo a alguien tirar basura a la calle y se me va la lengua para decirle que se le cayó algo, que lo recoja, pero en esta sociedad actual se arriesga uno a toparse con el lava perros de cualquier mafioso y el guache es capaz de meterle un balazo por sapo y por metido. Se me salta la piedra cuando en el carro que va adelante avientan latas o los talegos del mecato por las ventanillas, y ni hablar de la desazón que produce ver a un gamín que escarba en las bolsas de basura y deja todo su contenido regado en la calle. Aplaudo la iniciativa de la administración municipal al implantar el Comparendo ambiental, aunque me parece difícil aplicar multas a un habitante de la calle que ni siquiera tiene zapatos.

Ojalá copiaran la idea en la isla de San Andrés, donde la basura se amontona en las calles sin parecer importarle a nadie. En el recorrido que da la vuelta a la isla, en el costado occidental, da tristeza ver las orillas de la carretera cubiertos con todo tipo de basuras; además de la cantidad de edificaciones en ruinas, antejardines cubiertos por la maleza y un abandono que no se justifica en semejante paraíso tropical.

Todos nos cogemos la cabeza ante la arremetida del invierno, pero no logramos columbrar que es debido a que el planeta nos la está cobrando. Tanta cantaleta de los ambientalistas que insistieron hasta el cansancio en el problema que se nos venía encima, pero pensamos que eso era para después, que seguro no nos tocaría a nosotros. Y adelantamos campañas, nos damos golpes de pecho y aceptamos que debemos defender bosques, fuentes de agua, páramos, fauna y flora, y todo lo que tenga que ver con al medio ambiente, pero el impulso nos dura poco. Sí, tenemos que hacerlo, pero empezamos mañana o la semana entrante o el año que viene.

Cuántos de nosotros, por ejemplo, tenemos una bolsa reutilizable para cargar la compra en el supermercado. Porque hay que ver la cantidad de talegas plásticas que utilizan los muchachos encargados de empacar; dos cebollas en una, tres tomates en otra y la lechuga aparte, y así todos los productos empacados por separado. Luego reúne varias talegas en otra más grande y cuando son frascos o productos pesados, refuerza el empaque al ponerlo doble. El resultado es que al desempacar el mercado en la casa resulta una verdadera montaña de plásticos.

Quedé impactado al ver, en un documental de televisión, una isla flotante de basura que se formó entre la costa oeste de Norteamérica y Hawái. En ese lugar convergen varias corrientes marinas y por ello los desechos contaminantes se acumulan y parecen atrapados en un inmenso remolino. La isla de basura tiene el tamaño de la península ibérica, además de que son aterradoras las cifras que calculan los biólogos marinos de las miles de especies que mueren al año por consumir plásticos y demás residuos.

Y aunque somos conscientes de que los combustibles fósiles son un atentado contra el ambiente, dependemos de ellos sin importar que ya existan diferentes opciones de energía. Cómo podemos ser tan estúpidos los seres humanos, que permitimos que unos pocos se lucren de un negocio que tiene al planeta enloquecido y a punto de colapsar.

No les alcanzará el tiempo a quienes habiten este tierrero en el futuro para maldecirnos, y con toda la razón. Porque les cortamos la posibilidad de disfrutar del agua, de las montañas, los árboles y los animales. Cuando los polos se derritan, el aire sea irrespirable, los rayos del sol nocivos y el océano un muladar, nos recordarán la mama a diario. Es inaudito que no sea suficiente que sepamos que quienes sufrirán las consecuencias serán nuestros descendientes.

Me temo que el nombre de medio ambiente se debe a que ya nos gastamos la otra mitad.
pamear@telmex.net.co

domingo, enero 30, 2011

¡De ojo volado!

Después de leer el libro ¿Hacia un clero gay?, escrito por el sacerdote caleño Germán Robledo Ángel, quedé atónito, estupefacto, patidifuso, boquiabierto, confundido o para decirlo en lenguaje coloquial, ¡de ojo volado! Porque de todos es sabido que en las filas de la Iglesia Católica se han infiltrado gran cantidad de curas corrompidos que de seguir así llevarán a esa respetada institución a la ruina, pero enterarse con lujo de detalles de lo que allí sucede es otra cosa. Y que no crean que se trata de una publicación de esas tan de moda en Colombia donde todo aquel que alcanza la fama, por bueno o por malo, decide plasmar su historia, o lo que es peor, sus memorias, en un libro. Pacheco, Santofimio, Virginia Vallejo, Lucho Herrera, Jorge Barón o Alberto Giraldo son apenas una pálida muestra, además de todos los secuestrados que alcanzan la libertad.

No conozco al Padre Robledo pero por referencias me entero de que se trata de un hombre recto, inteligente y culto. Con estudios superiores en Colombia y Europa, puede notarse al leerlo que no es cualquier curita ignorante de pueblo. La denuncia que hace en el libro es valiente, muy bien documentada y basada en pruebas concretas que pueden encontrarse como parte del contenido. Tengo entendido que algunas personas han querido torpedear su intención de desenmascarar una realidad bochornosa y aberrante, con la modalidad de comprar los libros para destruirlos, pero quienes valoramos su esfuerzo debemos ayudar a difundir ese mensaje para que no suceda como siempre: ¡que no pasa nada!

Cualquier católico puede entender que para la Iglesia es muy difícil impedir que un sujeto con inclinaciones homosexuales, un pederasta, corruptor, ladrón, etc., se infiltre en sus filas, pero lo que nadie perdona es que las autoridades eclesiásticas opten por disimular un hecho delictivo de un sinvergüenza de estos con tal de evitar el escándalo. El “tapen-tapen”, según el Padre Robledo, es la táctica preferida por el Obispo de Cali para solucionar cada hecho bochornoso que se presenta. Y tienen el descaro de trasladar al degenerado a otra parroquia, a otra ciudad o a otro país para que siga allá con sus andanzas punibles. Basta recordar la ira que sintió la feligresía al enterarse de que el Cardenal Castrillón, uno de los más importantes colombianos que nos ha representado en la Santa Sede, felicitó a un Obispo por haberle tapado a un cura sus aberraciones y delitos.

Cuenta el Padre Robledo que en 1959 él era apenas un seminarista y el Obispo Francisco Gallego Pérez promulgó un decreto muy curioso, debido a que los curas de Cali tenían fama de ser muy varones. El decreto sancionaba con suspensión “a divinis” a los sacerdotes que visitaran prostíbulos o casas de citas. Pues el día que escucharon el texto de la nueva directriz, uno de los sacerdotes comentó en voz alta para que oyera hasta el Obispo: “Bendito sea Dios que no prohibieron desayuno, almuerzo y comida”. En cambio ahora, el autor del libro hizo un estudio concienzudo en compañía de un colega de mucha confianza y concluyeron que al menos el 30% de los sacerdotes de la Diócesis de Cali son gays; un dato conservador, porque están seguros de que la cifra es muy superior.

Dizque a un Monseñor se le bloqueó el computador y mandó a arreglarlo, pero el técnico quedó escandalizado con las imágenes y correos que encontró en la máquina (hablan de “ano-malías”). Dice el Padre Robledo que “el problema resultó ser un daño ‘chimbo’ y que ¡el dañao no era el computador!”. Cómo es posible que la moda en el seminario sean los reinados de belleza, desfiles de travestis y concursos de damas de la noche; y lo que es peor, con el conocimiento y la anuencia de las autoridades. O que haya sacerdotes que conviven en la Casa Cural con un muchacho; o hasta el colmo de otro que se mandó a poner implantes de silicona en el pompis.

Alguien dirá que invento o exagero, pero en el libro hay muchas anécdotas, casos comprobados y juzgados, copias de las denuncias, grabaciones telefónicas, hechos aterradores y vergonzosos, manipulaciones, arbitrariedades de la Jerarquía Eclesiástica, etc. Todo con nombre propio, sin indirectas ni suposiciones. Otro pensará que se trata de rencillas internas del clero de Cali, pero de ser así el Padre Robledo estaría en la cárcel por difamación o calumnia. En cambio nadie ha dicho esta boca es mía, a pesar de que en algunos medios de comunicación los han conminado para que se pronuncien. Quien quiera conocer todos los detalles consiga el libro y compruebe que no exagero ni una coma.

Deduzco que lo que el Padre Robledo busca con su denuncia es lo mismo que todos las personas exigimos, respeto, y este se logra cuando la misma Iglesia se encargue de denunciar a los infractores, entregarlos a la justicia y velar por que paguen sus culpas en la cárcel; nada de mandarlos a retozar a una casa de retiros. Advierte el autor a sus lectores en la conclusión del libro que lo que allí encuentran es una mínima muestra de la realidad y que “La Iglesia, si pretende ser la de Cristo, no puede ser convertida en Iglesia de fariseos, del tapen – tapen, clóset de gays o cuartel de misóginos”.

martes, enero 18, 2011

La alegría de leer.

Me parece ver la carátula de la cartilla en la que varias generaciones aprendimos las primeras letras. Como en aquel entonces no cambiaban los útiles escolares todos los años nos tocaban los textos ya medio descuadernados, con regueros de gaseosa, engrasados y llenos de corazones, dibujos y anotaciones; el libro ya habían pasado por la mano de primos, vecinos y todos los hermanos mayores. Todavía recuerdo lo que renegó mi papá porque no pude conseguir un Álgebra de Baldor, que costaba una fortuna, y debió comprarlo nuevo en la Librería Atalaya.

Es tan común saber leer y escribir que nunca agradecimos como corresponde a quienes hicieron posible que tuviésemos esa maravillosa oportunidad. Me pregunto cómo será la vida de un analfabeto, qué pensará cuando camina por la calle y ve los avisos, carteles y letreros; con qué ojos mirará un periódico; cuál será su indefensión al recibir una instrucción escrita; cómo puede sobrevivir en un mundo donde se da por descontado que todos conocemos el significado de las letras. Para ponerme en los zapatos del analfabeto busco en internet un escrito en árabe y al tratar de leerlo, experimento lo que enfrenta esa persona ante cualquier texto simple escrito en su propio idioma. Indefensión, humillación y desconsuelo ante semejante pobreza intelectual.

Quienes tenemos ese don maravilloso debemos aprovecharlo para alimentar el intelecto. Y que a nadie lo coja la vejez sin el gusto por la lectura porque le va a hacer mucha falta; qué carajo hace un anciano todo el día sin un fiel compañero como el libro. La lectura entretiene, mata el tiempo, instruye, acompaña, agiliza la mente y despierta la imaginación. Conozco muchos viejos que se le midieron a navegar en internet y no se cambian por nadie, porque ahí tienen el mundo al alcance de un clic. Si les gusta la prensa pueden escoger; si prefieren las ciencias, el arte, los deportes, la música, el cine o cualquier otro pasatiempo, ahí lo encuentran; o si lo que les gusta son los chistes verdes y ver viejas en pelota, se dan gusto con la oferta que encuentran.

Quien tenga algo para leer está entretenido. Existen libros tan absorbentes que piensa uno que lo pueden meter a la cárcel y ni se entera. Mejor todavía si está abierto a todo tipo de lecturas y no tiene resabios ni condiciones, porque siempre va a encontrar un librito por ahí en promoción o un buen amigo que le facilite algunos ejemplares recomendados; basta con tener fama de devolverlos y nunca faltará quién se los preste. Y aunque los ejemplares de lujo son costosos, esos mismos títulos en ediciones de bolsillo tienen precios muy asequibles.

Otra cosa es que uno no debe dejarse influenciar por los sentimientos para leer a un autor, porque puede perderse de cosas muy buenas. Lo que ha sucedido con el libro de Ingrid Betancur es un ejemplo de ello, porque dicen los conocedores que se trata de una lectura interesante y muy bien lograda; yo resolví que no lo compro ni muerto, aunque espero que alguien me lo preste. Fernando Vallejo me parece un maricón detestable y sin embargo soy fiel seguidor de sus libros. Que no me pase como a alguien a quien leí hace poco y que hacía una crítica a Camilo José Cela; en el escrito lo trata de escatológico, soplón y plagiario. En un aparte dice: “cogí anoche un libro de Cela, de quien no había leído nada. En la página 24 descubrí alarmado que me estaba gustando y lo arrojé por la ventana porque ¿qué tal que vaya uno y se envicie a leer a ese gilipollas? ¡Dios me libre!”.

Aunque detesto esos libros escritos por oportunistas que aprovechan su cuarto de hora, hace poco al quedarme sin lectura me topé con un ladrillo escrito por Mauricio Aranguren Molina, titulado Mi confesión. Relata la vida de Carlos Castaño y cualquier lector desprevenido puede quedar convencido de que los hermanos Castaño fueron unos redentores y héroes de la patria, que entregaron sus vidas por defender las instituciones. Además, es tal vez el libro más mal escrito que conozco; no me explico cómo la editorial Oveja negra publica semejante adefesio y una periodista de la talla de Salud Hernández escribe el prólogo sin leer su contenido. Porque si lo leyó, es imperdonable que no le haya corregido los “horrores” ortográficos, de puntuación, redacción y sintaxis. Por encimita encontré hasta 12 errores en 2 páginas seguidas y la tapa fue cuando leí “enriquézcasen” en la 208.

Cuando escribo algo lo reviso varias veces, consulto, realizo cambios y me esmero en hacerlo bien. Por eso me produce desazón el toparme por ejemplo con el libro Caín, del Premio Nobel de literatura José Saramago, y veo que el tipo escribe sin respetar la puntuación o sin ponerle mayúscula inicial a los nombres propios. O en la maravillosa novela de Vargas Llosa, La guerra del fin del mundo, donde el autor “comete” anti dequeísmo infinidad de veces; ante semejante escritor pensé que el equivocado era yo, pero consulté con personas conocedoras y me dieron la razón.

Así es la vida, la licencia poética permite inventar palabras para cuadrar una rima, pero si uno comete cualquier errorcillo se lo cobran. Definitivamente todo lo del pobre es robado.

martes, enero 11, 2011

Respeto ante todo.

La buena convivencia se basa simple y llanamente en el respeto. Basta con que cada persona conozca sus deberes y sus derechos, pero sobre todo que los ponga en práctica, para que las sociedades vivan en paz y armonía. Ahí está la mayor diferencia entre los países desarrollados y los que aún seguimos en la estancada. Muchos se preguntan, por ejemplo, por qué nosotros que contamos con infinidad de recursos naturales, una excelente posición geográfica y un elemento humano recursivo e inteligente, seguimos condenados a vivir en el tercer mundo. Y que nadie diga que estamos llenos de bandidos, oportunistas, timadores y corruptos, porque afortunadamente esos son minoría; lástima que tan pocos hagan tanto daño.

Durante nuestra infancia nos enseñaron a respetar a cualquier persona mayor, sin importar sexo, color, religión o condición económica; yo debía decirle señor al que arreglaba el prado, al peluquero, al viejito que cargaba el mercado en un canasto o al policía de la esquina. El trato para la empleada del servicio era similar y ninguna persona era merecedora de humillación o desprecio; hasta el limosnero que pedía que le echaran las sobras de la cocina en un tarro viejo, era merecedor de respeto. Todos los mayores de la familia podían reprendernos y en caso dado hasta una palmada nos daban. En cambio hay que ver a muchos mocosos ahora, quienes creen que la gente vale por la plata que tiene; usted los regaña y le meten una insultada de padre y señor mío. Y no obedecen ni a palo. Por fortuna todavía muchos padres inculcan en sus retoños lo que acertadamente llaman las palabras mágicas: sí señora, muchas gracias, por favor, con mucho gusto, permiso, a sus órdenes.

Por ello llamó mi atención una frase que oí hace unos años y que resume la idea de una manera clara y precisa. Resulta que nos invitan con alguna frecuencia a pasar el fin de año a una finca de don Gabriel Pinedo Vidal, localizada en un lugar paradisíaco: muy cerca de los límites entre los departamentos de Magdalena y La Guajira está la desembocadura del río Buritaca en el mar Caribe, y en ese lugar queda La Avelina, como se llama la propiedad en homenaje a la madre del propietario. De allá no provoca regresarse porque la brisa del mar y el sonido de las olas arrullan en las noches, además de que la gastronomía costeña y las tertulias en la playa son fenomenales.

Recuerdo que la primera vez que fuimos los invitados éramos muchos, por lo que Gabriel, con esa amabilidad que lo caracteriza, renunció a su habitación y se acomodó en una hamaca, en una esquina del corredor detrás de la cocina; a su lado se instalaron además la niña Mary y el casero. La mujer, de mediana edad, es una guajira voluptuosa y alegre que prepara el pescado y los platos típicos con maestría, mientras que el tipo, a quien todos llaman Pajarilla, es un costeño relajado que laboró toda la vida con Gabriel en diferentes oficios. Otra cosa habitual en esa zona del país, es que el trato entre el patrón y los empleados es más una relación de amistad que de trabajo.

Nuestro anfitrión es un hombre de unos 65 años, calmado, bonachón y sencillo que se expresa en voz baja con un acento Caribe muy agradable, a diferencia del costeño común que es dicharachero, bulloso y ordinario, y que por su forma de hablar es difícil entenderle. Resulta que Gabriel, desde su hamaca, a toda hora llamaba al empleado, cincuentón él, para solicitarle algo: ¡Pajarilla!, anda mira qué pasa con el agua; ¡Pájaro!, fíjate ahí si tenemos naranjas cogidas; ¡Pajarilla!, te recomiendo que aspires la piscina, etc., mientras que el otro con la parsimonia habitual cumplía con sus labores. En una de esas Gabriel le grita: ¡Pájaro!, y el otro responde: ¡Ajá! Entonces el viejo lo reprende con la frase que me impactó: ¡Ajá no, señor!; y no es porque yo sea tu patrón, sino porque soy mayor que tú.

Por fortuna el buen humor tiene cabida en cualquier situación. Es común en nuestro medio que gentes humildes agreguen los artículos determinados “el y la” al nombre de las personas; dicen el Vítor, la Yojana, el Estiven, la Deisy. El Negro Rodrigo Peláez nació en Manizales pero creció en Bogotá y cuando terminó sus estudios superiores, se vino a desempeñar aquí la profesión. Edgar Díaz, bogotano, fue su compañero de universidad y también decidió establecerse aquí. Recién llegados, y como Rodrigo conocía más gente, acostumbraba presentar a su amigo a quien llamaba el Esgar; lo hacía adrede, por mamarle gallo. Y a toda hora que ahí viene el Esgar, que invitemos al Esgar, que pregúntele al Esgar.

Hasta que un día el doctor Díaz resolvió aclarar la situación, pero antes que todo recalcó que ellos eran amigos hacía muchos años, colegas y hasta socios en algún negocio, y que lo que quería proponerle era más un favor personal que una imposición. Que si era posible, le agregara la letra D a su nombre para que lo pronunciara correctamente; que él se lo agradecería de verdad porque esas cosas con el tiempo se vuelven costumbre. Pues dicho y hecho: desde ese mismo día el Negro lo llama “El Desgar”.
pamear@telmex.net.co

martes, diciembre 21, 2010

Añoranza navideña.

Definitivamente la navidad es para los niños, sobre todo cuando aún creen en el Niño Dios, y verlos disfrutar las tradiciones navideñas es todo un programa. En cambio a los mayores nos asalta la nostalgia, la depresión se alborota y nos agarra una sensación de viejera la más espantosa; por fortuna el traguito mitiga esos males. Todo tiene su momento y queda la satisfacción de haber vivido una infancia feliz, y que mientras tuvimos hijos o sobrinos pequeños, disfrutamos estas fechas con intensidad.

Tengo gratos recuerdos de aquellas vacaciones en la finca con una parentela maravillosa y abundante. Mi tío Roberto era el eje central de la temporada; él organizaba, dirigía, regañaba, nos daba gusto y estaba pendiente de todo. Al otro día de salir del colegio ayudábamos a empacar lo que llevaríamos para la temperada, que incluía colchones, pipa de gas, ropa de cama, olla pitadora, los chiros de cada uno y demás corotos. En un camioncito empacábamos todo, junto con el trasteo de los Ocampo, y nos encaramábamos atrás. Después arrimábamos a la casa de la tía Gracielita donde debía cargarse el menaje de la familia Vélez Arango. Ahí ya éramos 24 primos y 6 adultos, aparte de otros parientes que se apuntaban al paseo.

Cuando el abuelo Rafael compró esa finca, mucho tiempo atrás, le puso el nombre de su mujer: La Graciela. Después, cuando temperábamos allá, la abuela ya había enviudado y vivía con su hermana Lucila, quien era como otra abuelita para nosotros; ambas eran enemigas de ese paseo por la pelotera y porque se morían del susto con la pólvora. Bajaban unos pocos días, pero algo se inventaban para regresarse para la casa. Los señores subían a diario a trabajar y las mamás se turnaban para venir a hacer diligencias. En cambio los niños nos olvidábamos de todo y sólo disfrutábamos de unas vacaciones espectaculares.

Cada matrimonio tenía una habitación asignada para acomodarse con los hijos más pequeños; los otros cuartos se repartían por sexos y edades. Para cualquiera era un logro cambiar de pieza al crecer un poco, aunque en un principio era jodido, ya que por ser el menor se la montaban y le tocaba hacer todos los mandados; pero eso no importaba, porque la meta soñada era poderse meter con los más grandecitos. A media noche lo mandaban a la nevera a robar cerveza, incursión que debía hacerse por detrás de la casa para que no lo pillaran; y cuidadito con decir que le daba miedo.

En otra oportunidad, con mis primos Felipe Ocampo y Alberto Vélez, y mi hermano Rafael, estábamos escondidos debajo de un palo de café arábigo y me encargaron que trajera, de la cuerda donde secaban la ropa, el brassier de una sardina parienta que vino de Bogotá. Yo no entendía para qué querían esa vaina pero obedecí sin chistar, y después de que ellos lo olieron con fruición y se lo restregaron por todas partes, hice lo mismo para no desentonar, pero sin lograr encontrarle la gracia.

El día empezaba muy temprano para ver ordeñar y todavía en piyama nos íbamos al potrero a corretear las bestias para traerlas y ensillarlas. Si había turno para el baño nos dábamos una ducha, pero no teníamos problema en obviar ese paso y mejor nos vestíamos rápido para buscar cupo en la montada a caballo. Debido a la cantidad de gente todo era por sorteo y de esa forma el tío Roberto asignaba las bestias; recuerdo, entre otras, a la Colimocha, la Morita, la Sinforosa, la Tunga y la Calambrosa (esa acostumbraba detenerse para sacudir una pata).

A medio día almorzábamos y por la tarde había paseo al río Chinchiná, que pasaba a media cuadra; los adultos se turnaban para cuidarnos, con la condición que fuera después de la siesta. Nos sentábamos todos en unas escalas, durante horas, en vestido de baño y una toalla al hombro a esperar a que abrieran el ojo. Al caer la tarde los papás jugaban tute o parqués y se tomaban unos aguardientes, las mamás conversaban y tejían, y los muchachitos jugábamos cuclí; el tapo quedaba en un palo de mango que había al frente de la casa. Después la comida de todos los días: frijoles con arroz, arepa, carne asada y tajadas maduras, y rematábamos con leche postrera y banano. Con semejante munición los campeonatos de pedos en el cuarto de nosotros eran de antología.

La matada de marrano no podía faltar. Como a mi papá le gustaba dormir el guayabo, Roberto le prendía papeletas debajo de la cama para que se levantara; todos debíamos participar. Del porcino guardaban los perniles para las cenas de Navidad y año nuevo, que se completaba con un par de piscos que le compraban a Carmen, la mujer del agregado.

Maravillosa época cuando las familias temperaban en fincas sin televisor ni teléfono, donde no llegaba la prensa y las únicas noticias las traía el que subiera al pueblo. Todo era correr, jugar, subirse a los árboles, disfrutar el aguinaldo (porque era de a uno), tirar cauchera, montar a caballo, pescar sabaletas, guindar a las primas y otras tantas pilatunas. Tampoco conocíamos palabras como estrés, depresión, terapeuta, gastritis, trauma o hiperquinesia. Al mocoso que estaba muy cansón le zampaban una pela y santo remedio.
pamear@telmex.net.co
Propongo: Esta Navidad, cero regalos. Todo para los damnificados.

miércoles, diciembre 15, 2010

¡No le busque más!

Siempre oímos a quienes viven en Bogotá lamentarse por lo complicado que es transitar por las calles, debido a que los vehículos no caben en ellas. Sin embargo el clamor se ha intensificado, porque ahora los atascos del tránsito convirtieron a la capital en un lugar invivible. Durante la semana el tráfico es pesado y complicado, pero el sábado, que no existe restricción, dicen los mismos habitantes de la metrópoli que es imposible salir en el carro. Prefieren quedarse en la casa antes que padecer semejante martirio. Mientras las obras de infraestructura no prosperan porque la corrupción no lo permite, miles de vehículos nuevos salen a rodar por las atestadas vías.

Es inconcebible que tanta gente se traslade a la capital a sufrir a diario ese tormento, mientras que en una ciudad intermedia como la nuestra la situación es muy distinta. Claro que muchos se quejan porque el tráfico se pone pesado en las horas pico, aunque me atrevo a asegurar que esas personas nunca han estado atrapados en un atasco de esos que provoca llorar. Y eso que aquí las avenidas son pocas por lo difícil de nuestra topografía, pero nadie podrá negar el privilegio que representa salir del trabajo en La Enea a medio día y quince minutos después estar en la casa para almorzar; además alcanza a dormir siesta.

En cambio el problema nuestro está en las vías que nos unen con el resto del país, porque de seguir así, terminaremos como dicen algunos: convertidos en un paradero de buses con arzobispo. Sin embargo, para demostrar que nuestra región lo único que necesita para descollar económicamente es contar con buenas vías de comunicación, basta leer algo de la historia de la ciudad para enterarse de que las cosas antes eran a otro precio. Hace años el historiador Albeiro Valencia Llano me obsequió dos libros de su autoría: uno sobre la colonización antioqueña y el otro referente a la fundación y desarrollo de Manizales; son interesantes, amenos y en sus páginas es fácil toparnos con los ancestros.

A finales del siglo XIX y a principios del XX Manizales era la segunda ciudad más importante de Colombia, después de Bogotá, y todo debido a que dominaba las rutas que comunicaban a Antioquia con el Cauca, y al occidente del país con el río Magdalena y la Capital de la República. Se trataba de caminos de herradura por donde las recuas transportaban las mercancías que transitaban por Honda y Ambalema; además, llegaban hasta las minas de Marmato y las tierras del Chocó. El primer camino que abrieron hacia el oriente pasaba muy cerca del nevado de El Ruiz y pernoctar en las cuevas del Gualí o de Nieto era difícil por el intenso frío. Por lo tanto en 1864, catorce años después de la fundación, el cabildo emprendió la construcción de otro paso por el páramo de Aguacatal, llamado el camino de La Elvira, para lo que recaudó una contribución obligatoria entre algo más de mil vecinos; lo que ahora llamamos valorización.

Dos años después el municipio se declaró insolvente y ante la imposibilidad de pedirle más dinero a los ciudadanos, que no estaban en condiciones de aportar, resolvió entregarle el proyecto a una compañía privada para que terminara las obras. Esa compañía estaba conformada por Francisco Antonio Jaramillo, Pablo Jaramillo, Ignacio Villegas y Gabriel Arango Palacio (mi tatarabuelo). Luego se emprendió la apertura de otro camino, llamado El Perrillo o Moravia, el cual se empezó a construir en 1890 y fue encargado a la sociedad conformada por Pantaleón González O., Pedro Uribe Ruiz, Rufino Elías Murillo y Manuel María Grisales.

Las crónicas de la época aseguran que en los potreros de Manizales y los municipios vecinos llegaron a pastar diez mil bueyes, además de mulas y bestias que utilizaban para el transporte de personas, con los que se movía toda la carga que transitaba entre las diferentes regiones. De esos primeros habitantes los más adinerados fueron los que se dedicaron al negocio de la arriería, entre quienes se destacaron don Justiniano Londoño (el papá de Fernando Londoño Londoño) y los hermanos Estrada Botero. Por ello al manizaleño que se crea de sangre azul o que se ufane de sus abolengos, debemos recordarle que todos descendemos de arrieros y montañeros de alpargatas y mulera.

Con el surgimiento del cultivo del café el volumen de carga aumentó en forma considerable y como complemento a las recuas apareció la navegación por el río Cauca, donde Francisco Jaramillo Ochoa y Carlos E. Pinzón fundaron importantes compañías navieras. Los arrieros llevaban la carga hasta La Virginia, de allí por el río hasta Palmira, desde donde seguía en tren hasta Buenaventura para embarcarla hacia el exterior. En 1922 se inaugura el cable aéreo entre Manizales y Mariquita para agilizar el transporte hacia el río Magdalena, y en 1928 llega la línea férrea a esta ciudad para comunicarla con el ferrocarril del pacífico.

Ahí está la prueba de por qué nos quedamos estancados. Porque si entonces contábamos con varios medios de transporte, ahora dependemos de unas pocas carreteras obsoletas, sinuosas, angostas y en mal estado. Ojalá aprovechemos este cuarto de hora, como dijo el Ministro Germán Cardona, para que con el billete que piensan invertir en infraestructura podamos salir por fin de este atolladero.
pamear@telmex.net.co

martes, diciembre 07, 2010

Hostales y mochileros.

Entre los tantos terminachos que se han puesto de moda hay uno bien valedero: la aldea global. Con los avances en las comunicaciones el concepto de remoto o lejano dejó de existir, porque una conexión por ejemplo vía Skype funciona igual entre dos personas que viven en la misma ciudad, que si están en diferentes países. Antes, si alguien se radicaba en Australia podía hablar con sus familiares en muy contadas ocasiones, y a los gritos; las cartas demoraban varias semanas en llegar a su destino y pensar en venir de visita era algo utópico. Ahora basta con ponerse de acuerdo con el horario de la comunicación y el emigrante puede mostrarles su motilado o la habitación donde se encuentra. Ver a la persona, además de hablar con ella, hace que sintamos que la tenemos al lado. Además, dicha conexión permite que tres o cuatro personas que están en diferentes continentes puedan comunicarse, y verse, al mismo tiempo. ¡Y gratis!

Otra cosa es que los jóvenes viajan con una facilidad pasmosa y cuando visitan otras latitudes, encuentran en las distintas ciudades amigos, conocidos o referidos de alguien más, quienes los reciben en sus casas mientras se instalan; y si van de paseo les dan posada con todo el gusto. En nuestra época unos pocos iban a estudiar a Medellín o Bogotá, pero aprovechaban hasta los fines de semana para venir a la casa, y no veían la hora de terminar la carrera para radicarse en su tierra. En cambio ahora la desbandada es total y el que no tiene recursos para estudiar por fuera, apenas recibe su título profesional pone pies en polvorosa. Y por medio de internet levantan becas, intercambios, pos grados y demás capacitaciones. Mientras que para nosotros era todo un paseo visitar la Feria Internacional de Bogotá, ellos van a Nueva York o Madrid con suma facilidad.

Yo me babeo al ver en la televisión el canal de viajes y la forma tan fácil y barata como se puede conocer mundo. Antes de arrancar, el viajero busca por internet todas las opciones de transporte y alojamiento, donde encuentra promociones, rebajas y paquetes turísticos, y de una vez puede reservar y pagar con una tarjeta de crédito. Con las aerolíneas de bajo costo y la proliferación de hostales, ahora las tarifas son mucho más asequibles. Desde la comodidad de su casa consulta precios, horarios, rutas y programas, y de una vez asegura su vuelo en cualquier ciudad remota, mira cómo sale del aeropuerto en el metro, en bus o tranvía, y separa la cama en el hostal donde piensa pernoctar. El destino puede ser en Ushuaia, Singapur, Minsk, Pretoria, Pekín o Villa de Leiva, y con una computadora gestiona todo el viaje.

La modalidad de hostal facilita las cosas al viajero porque mientras en Europa pagar por una habitación de hotel es muy costoso, sólo para dormir y sin tomarse un tinto, en el hostal una cama cuesta 16 euros la noche; eso sí, debe compartir habitación con otras personas. Si prefiere privacidad la tarifa puede subir a 30 euros. En Norteamérica las tarifas están entre 10 y 30 dólares; y en Suramérica cuesta un poco menos. Algunos ofrecen desayuno incluido y para las otras comidas, tienen una cocina bien aperada para que cada huésped prepare sus alimentos; en bolsas marcadas se guardan las compras en la nevera o en la despensa. Entre la comunidad de mochileros existe mucha camaradería y es común que se intercambien condimentos, ingredientes y recetas. Además, quienes siguen su camino dejan sobrantes de salsas, productos no perecederos, aliños, etc., lo que hace mucho más sencilla la preparación de cualquier plato.

El huésped recibe una toalla y si quiere puede pagar extra para tener un compartimiento seguro dónde guardar sus pertenencias, utilizar internet, llamadas telefónicas y otros servicios. Un hostal debe tener un salón con diferentes juegos y pasatiempos (pimpón, billar, dominó, parqués) y un espacio al aire libre (terraza, balcón, patio interior). Los hostales no se clasifican por estrellas, sino que los huéspedes mismos se encargan de calificarlos en cuanto a servicio, limpieza, ubicación, entretenimientos y seguridad, y ese porcentaje aparece en las páginas web donde ofrecen el servicio. Por cierto, la ubicación tiene mucho que ver con que quede cercano a la zona rosa, donde haya rumba asegurada y restaurantes asequibles.

Los mochileros generan divisas en todo el planeta y los hostales se encargan de ofrecerles planes turísticos, aunque ellos por lo general prefieren las excursiones ecológicas y de aventura; muchos jóvenes recorren mundo y consiguen recursos al trabajar en los mismos hostales donde se alojan. En Manizales no era común ver este tipo de establecimientos y en la actualidad hay buena oferta, y por ejemplo existe uno localizado en una hacienda tradicional a 20 minutos del centro de la ciudad, donde ofrecen al visitante un recorrido por la cultura cafetera desde que se siembra la semilla hasta que le brindan una taza del mejor café, tostado y molido en presencia del turista (http://haciendavenecia.com/hostal.html).

Mi hijo es mochilero y confiesa que lo único incómodo es cuando le ha tocado compartir habitación por ejemplo con europeos, que son tan esquivos al baño diario; por fortuna el cansancio acumulado permite conciliar el sueño a pesar de la “güelentina” a chucha y a pecueca. ¡Fo!
pmejiama1@une.net.co

martes, noviembre 30, 2010

Quien quiere marrones…

No existe nada más aburridor e incómodo que hacer cualquier reparación o remodelación en la casa, porque la más mínima obra genera cantidades infinitas de polvo. El desorden, las huellas de los trabajadores por todas partes, el ruido infernal y un despelote generalizado, hacen que los habitantes de la vivienda anden a toda hora de mala vuelta. Porque hay que ver el polvero que se levanta cuando hay que picar, a punta de martillo y cincel, el enchape de un baño; o al arrancar un tapete viejo para cambiar el piso; o la cantidad de escombros y de mugre que resultan al tumbar un murito cualquiera. Y puede encerrarse en la habitación, tapar las rendijas de la puerta con toallas y trapos, y el maldito polvo se mete porque se mete. Luego pasan los días y las semanas y entre más limpia con el sacudidor, más polvo resulta.

Lo mismo sucede cuando deben adelantarse obras en la ciudad. Al construirse un gran edificio se restringen las aceras para el paso de los peatones, el descargue de materiales generan atascos y embotellamientos, el peligro que caigan escombros es latente y los vecinos se quejan por el ruido, pero no existe otra forma de adelantar una obra de esa magnitud sin incomodar a la ciudadanía. Ni hablar de cuando se trata de trabajos en las vías, porque los conductores se ponen como unas tatacoas, se transforman en guaches y el mal genio cunde; todo el mundo pita, gesticula, echa tacos y le recuerda la madre al Alcalde y al Secretario de tránsito.

En estos casos podemos aplicar al pie de la letra que quien quiere marrones aguanta tirones. Porque desde hace tiempos todo el mundo reniega debido a que la Avenida Santander presenta infinidad de huecos y la capa asfáltica está en mal estado, pero apenas empiezan a arreglarla, entonces blasfeman y joden es porque no hay por dónde transitar. Que trabajen de noche, dicen algunos, pero quienes habitan en el sector, con toda razón, reclaman tranquilidad para poder dormir. Porque yo sí le digo cómo debe sonar a media noche la máquina que arranca el asfalto; es más, cualquier martillo hace un ruido infernal a esa hora. Entonces que no arranquen el asfalto, proponen otros, pero no entienden que de seguir acumulando capas de asfalto, muy pronto quedaremos sin diferencia de altura entre las vías y los andenes.

Definitivamente solucionar los problemas desde la cama o desde la mesa del café es pilao. Y opinamos, despotricamos, damos soluciones y metemos la cucharada, sin tener ni idea del tema. Ese es un deporte oficial de los colombianos. Pero después, cuando la obra terminada y mejora notablemente la calidad de vida, a todos se les olvida las vainas que echaron y disfrutan el cambio. Basta recordar el caos vehicular cuando remodelaron el parque Alfonso López, o las obras del intercambiador vial del estadio o la Avenida Alberto Mendoza. Lo que siempre le digo a quien reniega por una obra de este tipo: usted lo que quiere es que contraten a Hechizada para que venga, mueva la cumbamba y transforme esa vaina por arte de birlibirloque.

Claro que todos tenemos derecho a opinar, pero con inteligencia y argumentos, y sobre todo sin apasionamientos. Un caso típico de estas diferencias de juicio es el aeropuerto de Palestina. Cada quien esgrime sus razones para atacar o defender la obra, según su criterio, pero lo que sostengo es que ese debate debió darse antes de empezar a mover tierra. Porque ahora aparece un columnista joven con argumentos de economía valederos, pero esas mismas razones pudo haberlas expuesto cuando sólo se trataba de un proyecto; aunque viéndolo bien, en ese entonces el muchacho estaría en bachillerato.

Lo que sí me parece grave es que el doctor Germán Cardona exponga ante la audiencia nacional sus temores frente a la obra; porque si en un principio la apoyó, él, como ingeniero experto que es, debió prever los problemas futuros. Qué tal cuando debamos pedirle cacao al Gobierno Central para que nos de la mano y el funcionario de turno diga que si un Ministro de Transporte manizaleño, no le hizo buena cara al aeropuerto, mucho menos él se va a embarcar en semejante gasto. Me parece que el aeropuerto es fundamental para el desarrollo de la región, y a quienes lo tildan de elefante blanco, les digo que son muchas las obras que se han construido en el país de ese tipo y ahí las hemos pagado entre todos. De manera que una más…

Por fortuna con la carretera al Magdalena no parece existir polémica y todos estamos de acuerdo en que hay que solucionar ese problema. Porque si antes fue en La Chillona y después en Petaqueros, ahora es en Sabinas; sólo cambia el nombre del derrumbe, pero el problema es el mismo. Por cierto, la otra noche disfrutaba con unos amigos de unos videos y en cierto momento uno de ellos me preguntó el nombre del cantante que acompañaba a Serrat en un dúo. Yo lo miré un poco extrañado y le dije que era Joaquín Sabina, a lo que él, algo incómodo por lo obvio de la respuesta, me salió con esta perla:
-¡Pues claro! ¿Cierto que ese man es el que tiene un derrumbe por allí arribita?
pmejiama1@une.net.co

miércoles, noviembre 24, 2010

Chocheras y resabios.

El que pueda decir que está libre de resabios y chocheras que tire la primera piedra. Sobre todo con la acumulación de calendarios empezamos a adquirir ciertas manías y hábitos muy propios de cada quien, los cuales en muchos casos no tienen ninguna explicación lógica, pero se vuelven una forma de vida para quien los acostumbra. Dichos comportamientos desesperan e indisponen a aquellos que deben compartir el diario vivir con el chocho, pero el apego y la rutina diaria hacen que sea aceptado a pesar de la incomodidad que representa. Lo increíble es que ahora los muchachitos están llenos de melindres y condiciones, las cuales son aceptadas por los padres que se dejan ensillar de los mocosos desde que nacen.

Por ello cuando vemos a alguien que aunque joven está lleno de resabios y caprichos, que le pone pereque a todo, que jode porque sí y porque no, que tiene más condiciones que un tute y es lo que llaman una persona trabajosita, la pregunta obligada es: ¿Qué irá a dejar para viejo? A la hora de comer es cuando más se notan los resabios, porque nada les gusta, ponen condiciones de cómo preparar los alimentos, todo les sabe maluco, viven pendientes de las fechas de vencimiento, rechazan cualquier innovación y muchos sólo reciben salchichas y papas fritas.
Dichas características son comunes y respetables en los ancianos, ya que toda una vida de costumbres y mañas se convierten en una rutina diaria apegada a normas y horarios determinados.

Por ello el viejo, después de una existencia de lucha y sacrificio, se gana el derecho a tener sus chocheras. Todos llegaremos a esa etapa y por lo tanto debemos aceptarlos como son, seguirles la corriente y darles gusto en todo lo posible. Cuando debido a la edad empiecen a tener lapsus, olvidos y lagunas, no es bueno empeñarnos en corregirlos y hacerles ver sus errores, porque eso los hace sentir mal, los deprime. Y así como a los niños debe verlos un pediatra cuando presentan problemas de salud, para los ancianos existen los geriatras; y los viejos sí que requieren de atención médica, porque los años son sinónimo de achaques y enfermedades.

La Universidad de Caldas ha formado unos excelentes geriatras, en un principio bajo la orientación del doctor Jaime Márquez, quienes saben cómo se debe manejar una persona de edad avanzada. Ellos son elásticos con el anciano y le permiten ciertas libertades que a un paciente joven le están restringidas: si le gusta el traguito que beba, si ha sido fumador empedernido lo deja echarse sus puchos, las pastillas del amanecer puede ingerirlas al despertarse y que coma sólo cuando le provoque y lo que le provoque. Un médico inteligente sabe que a una edad avanzada esas cosas ya no alcanzan a hacer daño.

Por naturaleza los viejos son tercos y llevados de su parecer, porque si toda la vida tuvieron la razón no van a permitir que ahora venga alguien a cambiarles las condiciones. Se vuelven desconfiados y tacaños, por la simple razón que se saben improductivos y que dependen de una pensión que hay que hacer rendir; siempre buscan la forma de ahorrar algo para una emergencia. Tampoco les gusta que les toquen sus cosas y mucho menos que le cambien de lugar a sus objetos personales; y cuando prestan algo, esperan que se los devuelvan lo más pronto posible y en perfecto estado. También es común que no les guste salir, odian que los inviten a cualquier parte, y todo les parece lejos, costoso y peligroso.

Yo insisto en que los abuelos hay que disfrutarlos, quererlos, darles gusto y conversar mucho con ellos. Oírles sus historias, así sean repetidas, porque ellos acumulan sabiduría. Es lógico que los familiares se desesperen porque ellos se vuelven cansones y repetitivos, aparte de imprudentes y marrulleros.

Un amigo manizaleño vive en los Estados Unidos en una propiedad rural que compró su abuelo hace muchos años. Allá llevaron a la abuela, ya viuda, para que se recuperara de una operación de reemplazo de cadera y había que ver la cantaleta de esa mujer a toda hora. Se quejaba porque el pueblo ya no era igual a como le tocó a ella con su marido, cuando todo el mundo los conocía y los saludaban por el nombre; además, ella tenía muchas amigas que la invitaban a tomar el té y a jugar cartas. La pobre vieja se moría del aburrimiento y estaba inaguantable, hasta que un día el hijo, desesperado, le informó que la iba a llevar a visitar a todos sus viejos amigos, ¡y la llevó al cementerio!

La señora no cargaba agua en la boca y salía con unas imprudencias de antología. Cierta vez fue una pareja de cubanos a visitar la finca por algún negocio y la caribeña resultó ser una mujer empalagosa y repelente, que hablaba hasta por los codos. En medio de la conversación la abuela le preguntó dónde había comprado unos aretes muy vistosos que lucía, a lo que la otra muy orgullosa le dio las señas del almacén y luego quiso saber si es que estaba antojada de comprarse un par. Entonces la vieja comentó con toda la naturalidad:
-No mija, es para llevarles de regalo a las empleadas del servicio de mi casa.
pmejiama1@une.net.co

jueves, noviembre 18, 2010

Planes para el futuro.

Cómo es de importante la planeación para cualquier iniciativa. Una empresa, el ente administrativo, un negocio, la entidad o el grupo económico necesitan tener unas metas determinadas, un proyecto definido, el modo como se va a proceder. El núcleo primario de una comunidad, que es la familia, debe marcar las pautas a seguir para tener un norte en la mira. El que no planea da palos de ciego sin ton ni son, lo que lleva a errores, decisiones apresuradas, políticas equivocadas y demás metidas de pata, que al final cuesta más corregirlas que la inversión inicial. En nuestro país vemos en el gobierno nacional, en los departamentos y municipios, unas chambonadas que más que falta de planeación, se nota que son adrede para asegurar mordidas, torcidos, serruchos y demandas.

Un ejemplo preciso de falta de planeación es el problema que enfrenta la capital de la república con respecto a la movilidad vehicular. Con la implementación del llamado cartel de la contratación las obras demoran años en ponerse al servicio de la comunidad, pero lo más grave es que se roban un importante porcentaje del presupuesto. El distrito le mete el diente a las vías principales, avenidas, troncales, puentes y rotondas, pero las calles en los barrios son una vergüenza. Trochas donde el pantano, los huecos y charcos son el común denominador, mientras los vecinos escriben cartas y hacen peticiones para solucionar el problema. A todas estas las ensambladoras celebran el aumento en las ventas de vehículos, cuyos dueños ya no encuentran por dónde transitar. Sólo el pico y placa permite un desplazamiento limitado, porque dicen que el sábado, que no hay restricción, es imposible salir en carro.

Por ello la administración municipal de Manizales, igual que las demás ciudades intermedias del país, deben coger escarmiento con el ejemplo de la capital para que en el futuro no se vean en el mismo brete. Al ritmo que crece el parque automotor en el país es importante delinear vías urbanas, carreteras y troncales que permitan un desplazamiento ágil. En vista de que en nuestra ciudad la topografía impide trazar avenidas suficientes, entonces que se implementen más rutas del cabe aéreo y adelanten una campaña agresiva para crear una cultura que prefiera ese medio de transporte.

Por fortuna la administración departamental le metió el diente a las vías, pero produce desazón ver que mientras arreglan unas, dejan olvidadas otras que se vuelven intransitables; ahí está la que une a Chinchiná con Santágueda, que tenemos a mano para llevar al visitante a que se deleite con el paisaje cafetero, pero que en la actualidad parece más un camino de herradura. Que sea prioridad para nuestros gobernantes solucionar el embudo vial en el que vivimos, porque viajar a Medellín o Bogotá se convirtió en un riesgo inminente de terminar bajo las llantas de un camión. Y que no se llegue la inauguración del aeropuerto de Palestina sin tener carreteras aptas para los desplazamientos; claro que a mi modo de ver, va a estar lista primero la vacuna del doctor Patarroyo que el aeropuerto.

Un ejemplo clásico de falta de planeación, aunque el asunto huele es a chanchullo monumental, es el que publicó la prensa hace unos años donde denunciaron que al recuperar la vía férrea que conocemos como Tren de occidente, lo hicieron con el sistema conocido como trocha angosta. Resulta que en el mundo entero esa modalidad ya no se utiliza y por lo tanto nadie fabrica locomotoras y vagones de ese tipo. Cuando en Colombia dejaron de funcionar los trenes, hace ya muchos años, feriaron los equipos porque aquí ya no se utilizaban; entonces ahora nos tocará comprar chatarras que tengan por ahí archivadas en otras latitudes para remozarlas y hacerlas pasar por nuevas. Ripley hubiera gozado mucho por estas tierras.

La administración municipal de Manizales debe proyectar la ciudad del futuro hacia los sectores de El Rosario, Santágueda y el Kilómetro 41. Si tomamos conciencia de que por el daño infligido al planeta los inviernos son cada vez más fríos, muy pronto esta cuchilla será invivible; y si contamos con esas zonas tan cerca, con una topografía amable, un clima entre templado y caliente, y que además pertenecen al municipio, por qué no crecer hacia allá. Y que los constructores que sigan con su actividad en estas cumbres gélidas, empiecen a instalar algún tipo de calefacción en las viviendas porque francamente las bajas temperaturas nos tienen agobiados.

Otra buena recomendación es que construyan hogares para ancianos, parques y zonas verdes arborizadas, rampas y facilidades para el desplazamiento, porque me late que esta ciudad en el futuro va a estar habitada por ancianos. Siempre que paso por el Parque de Caldas y veo esa cantidad de cuchos que ocupan las bancas y los muritos donde se acomodan, dedicados a la tertulia y a ver pasar muchachas, pienso que dentro de unas décadas sucederá lo mismo en todos los parques de la ciudad. Ya se ven en la zona rosa, entre Las Palmas y El Cable, donde existen varios grupos de jubilados que se reúnen a chismosear y a comer prójimo mientras se toman un tinto; porque no compran más. Uno de esos grupos es conocido como los “palocaídos”, cuyos miembros dizque descaderan una vaca a punta de lengua.
pmejiama1@une.net.co

lunes, noviembre 08, 2010

Doble moral.

Quiero saber cómo responden, a quienes corresponda hacerlo, a la pregunta del Presidente Santos acerca de cómo judicializar a un campesino porque cultiva marihuana, cuando en un futuro cercano permitan en California, además de cultivarla, comercializarla y hasta fumársela. Porque ahora perdieron el primer round, pero espere y verá. ¿Cómo así que allá no sería delito, pero en el resto del planeta sí? Entonces qué pasa con los miles de muertos que ha dejado la guerra contra los cultivos ilícitos de cannabis, el daño ecológico al erradicarla bombardeándola con fungicidas, las conciencias que corrompe su influencia, el problema social que genera en las zonas productoras, además de la mala fama que nos ganamos por tener la desgracia de producir la de mejor calidad en la Sierra Nevada de Santa Marta, la “Colombian gold”. Aparte de nosotros, son muchos los países en el mundo que deben cargar con ese sambenito.

Claro que si hacemos memoria, en Colombia duró la bonanza marimbera hasta que los gringos aprendieron a cultivarla allá. A partir de ese momento nuestros traquetos y guerrilleros debieron diversificar, y enfilaron baterías a cultivar matas de coca y amapola. Ojalá que en el país del norte, que son tan avanzados en tecnología, logren además adaptar esas dos plantas a ver si salimos por fin de este berenjenal. Porque ahí nace el poder económico de los violentos, la compra de conciencias, la corrupción y el despeluque general. Seguro ellos producirían drogas de mejor calidad y muy pronto arrebatarán a chicanos y demás latinoamericanos el negocio de exportar a los demás continentes.

Comulgo con la idea de varios dirigentes de la comunidad internacional que proponen enfrentar la epidemia del narcotráfico entre todos, porque no hay derecho a que seamos unos pocos los que ponemos los muertos y las secuelas. Tratar el asunto en la ONU y exigir un compromiso general para buscar una solución definitiva. Hay que poner sobre la mesa la propuesta de legalizar dichas sustancias, porque no parece viable acabar por la vía de la represión con un negocio tan lucrativo; de poco sirve combatir los capos porque son reemplazados por sus secuaces.

No creo que sean muchas las personas que van a convertirse en drogadictas porque legalizan su consumo. Bien es sabido que al ser humano le fascinan las cosas prohibidas y seguro al permitirlas van a perder mucho la gracia. El que ya es un adicto seguirá consumiendo sin importarle que sea legal o no, por lo que debe es trabajarse en la recuperación de los viciosos. Mire que en algunos países de Europa prefieren facilitarles las cosas y así evitar que delincan para conseguir con qué drogarse; y además les regalan las jeringas para combatir la proliferación del SIDA.

En vez de satanizar las drogas ilícitas y aterrorizar a los menores sobre sus peligros, lo que puede despertarles la curiosidad, debemos hablarles del tema sin tapujos ni mojigaterías. Explicarles que a través de la historia, y en todos los rincones del planeta, el hombre ha buscado la forma de drogarse y de producir bebidas alcohólicas; que es algo innato en el ser humano consumir ese tipo de sustancias para embotar sus sentidos. Muchas tribus de Suramérica han consumido la coca de diferentes maneras; desde el conocido mambeo, hasta los que utilizan una especie de cerbatana pequeña con la que soplan el polvo de coca por la nariz de sus compañeros. La chicha, el guarapo o el chirrinche son bebidas que inventaron nuestros ancestros para emborracharse.

Los menores deben entender que muchas personas acostumbran tomarse unos tragos, lo que la mayoría de infantes y jóvenes han visto en sus mayores, pero que el peligro está en que algunos individuos tienen una afinidad con ese tipo de sustancias y ahí es que resultan los alcohólicos. Lo mismo sucede con las drogas, que somos muchos los que las hemos probado por curiosidad o por querer experimentar, con el riesgo que quien se queda enganchado sufre las consecuencias. Entonces ahí sí hablarles de lo que sucede con quienes caen en la adicción, de cómo destruyen sus vidas y las de sus allegados. Enfatizarles en que cada persona es responsable de evitar que algo así le suceda; decirles que muchas veces les van a ofrecer y los van a retar a consumir, por lo que en sus manos queda la decisión.

Doble moral la de los gringos que persiguen a los traficantes foráneos, presionan a los países del tercer mundo para que erradiquen los cultivos ilícitos, combaten con enjundia el lavado de dólares y gastan fortunas en apoyar a las autoridades de los países involucrados para que hostiguen a quienes se lucran de dicha actividad, mientras que poco hacen para frenar el mismo delito cuando sucede adentro de sus fronteras. No cabe duda de que a ellos les duele mucho más la sacada de los dólares de su país, que la introducción de las drogas ilegales.

Todavía mayor la doble moral de nosotros, los colombianos, que despotricamos del consumo del alcohol y censuramos el del cigarrillo, por los problemas de salud y de comportamiento que generan, pero a su vez dependemos de sus rentas para sostener con ellas la salud y la educación en los departamentos. Si nadie vuelve a fumar ni a beber, nos traga la tierra. ¡Tremendo galimatías!
pmejiama1@une.net.co

martes, noviembre 02, 2010

Inculquemos civismo.

Mucho ha cambiado el pensum escolar con el paso de los años y aunque estoy muy desactualizado en ese tema porque mi hijo hace ya mucho tiempo salió del colegio, presumo que así como a él no le dictaron las mismas materias que me tocaron a mí, mucho menos las van a enseñar ahora que todo ha cambiado tanto. En mi época las materias estaban divididas en dos grandes grupos que incluía, el primero, aquellas asignaturas que requerían estudio, eran complicadas y no se les podía perder el hilo, mientras el otro paquete estaba conformado de todas aquellas que eran consideradas fáciles y de relleno; a estas últimas las llamábamos costuras. Escritura, ortografía, artes manuales, educación física, religión, comportamiento y salud, urbanidad y civismo, eran algunas que se pasaban con solo asistir a las clases.

Yo sí quiero saber por qué dejaron de dictarle a los educandos asignaturas tan importantes como algunas de las mencionadas. La juventud escribe con una letra ininteligible y de ortografía conoce muy poco; las reglas de urbanidad les son desconocidas y acerca de la cívica no saben nada. Después, en la universidad, los preparan muy bien en sus respectivas carreras pero no se preocupan por enseñarles a ser ciudadanos ejemplares. La ética debería ser obligatoria en todas las facultades y durante varios semestres, porque no importa qué tan buen profesional llegue a ser un alumno mientras que por encima de ello lo reconozcan como una mala ficha. Antes de ser el primero en cualquier modalidad, disciplina, competencia, ciencia o habilidad, el ser humano debe tomar conciencia de que lo más importante es ser buena persona.

Recuerdo que a nosotros en la clase de cívica nos ahondaban más en los intríngulis del gobierno municipal, departamental y nacional, que en la forma como debíamos valorar nuestro terruño y cuáles eran los deberes que teníamos como ciudadanos. Pues si ahora el Ministerio de educación no considera necesario incluir la enseñanza de la cívica a los estudiantes de primaria y bachillerato, que sea la administración municipal la encargada de emprender una campaña para que en escuelas, colegios y demás instituciones educativas, le inculquen a los alumnos los principios del civismo y el buen comportamiento.

Claro que la campaña también debe comprometer a padres y acudientes, porque en el núcleo de la familia es donde el niño adquiere sus buenos principios; que nadie piense que la formación de los muchachitos es exclusiva del colegio. A los adultos se nos olvida que el mal ejemplo enseña más que cualquier instrucción y cuando un papá va en el carro con la familia y se pasa un semáforo en rojo, parquea en sitio prohibido “un segundito” mientras hace una vuelta, le arrea la madre a todo el que se atraviesa y viola otras tantas normas de tránsito, los niños, que todo lo absorben como esponjas, asimilan esas conductas como normas de comportamiento.

Qué bueno iniciar una cruzada desde la Alcaldía, apoyada por los educadores, los gremios, la Iglesia, entidades públicas y privadas, etc., para revivir entre la ciudadanía la importancia del civismo. Que entre todos nos dediquemos a machacarle a los menores que nunca deben tirar un papel a la calle, que respeten los parques y zonas verdes, que las normas y reglas son para cumplirlas, que en la calle deben ser educados y amables, que la solidaridad es importante, que nunca pasen por encima de los derechos de los demás, que todos somos responsables por el buen funcionamiento de la ciudad.

Maravilloso interesarlos en conocer la historia de la ciudad; llevarlos a recorrer las diferentes zonas y conocer los barrios; salir de paseo a las veredas y mostrarles cuáles son los límites del municipio; hablarles de las riquezas y falencias que tenemos. Enseñarles fotografías de tiempos pasados, explicarles los cambios que ha sufrido la ciudad, contarles de las vicisitudes vividas por nuestros antepasados, relatarles quienes fueron esos ancestros.

Los adultos deben cuidarse de que los hijos los oigan hablar mal de la ciudad, de sacarle pero a todo, de comparar con otras capitales y menospreciar lo nuestro. Que más bien les enseñen a admirar a quienes en el pasado osaron levantar una ciudad en un terreno agreste y empinado; a disfrutar el paisaje que desde aquí se observa; que sepan valorar el patrimonio arquitectónico del centro histórico; y que aprendan el origen del nombre de algunos sitios tradicionales de la capital.

Claro que también debemos hablarles de las falencias que tiene la ciudad, de sus problemas y debilidades, pero al mismo tiempo explicarles que no solo debemos despotricar y maldecir, sino que hay que participar con crítica constructiva, proponer soluciones y aportar nuestro granito de arena. Tal vez así logremos que en el futuro nuestros jóvenes no sueñen todos con alzar el vuelo hacia otras latitudes para buscar su destino; porque al paso que vamos, en 30 años aquí no habrá sino abuelitos que disfrutarán de sus nietos por algún medio virtual.

Inculquemos civismo a los menores. Y que no se enteren por ejemplo que ahora a algunos manizaleños les ha dado dizque por preferir el aguardiente de otros departamentos. Lo que faltaba, con la Licorera bien jodida por sus problemas de corrupción y malos manejos, y ahora su clientela cautiva le voltea el… ¡Mejor no digo más!
pmejiama1@une.net.co

miércoles, octubre 27, 2010

Humor cotidiano.

El humor es una condición genética y así como hay personas que se caracterizan por su actitud alegre, la agilidad mental para las salidas geniales, la chispa innata y una sonrisa siempre a flor de labios, hay otras que son diametralmente opuestas; calladas y un poco hoscas, prefieren la soledad y el silencio. No confundir el llamado buen humor con aquel cuenta chistes tan común, que muchas veces empalaga a los presentes porque quiere lucirse con su repertorio sin buscar el momento indicado, el ambiente propicio y una audiencia que muestre interés. Sin duda el mejor humor es el que resulta de una situación cualquiera, de una conversación casual.

Un amigo viaja una vez a la semana a atender consulta en una ciudad vecina y aprovecha para visitar al tío que vive allá. Ambos disfrutan del encuentro porque durante ese rato, aparte de saborear un delicioso almuerzo, se ponen al día en los sucesos más recientes, hablan de la familia, comentan sus problemas y demás asuntos. En una de esas tertulias le cuenta el tío, médico ya jubilado, que vino a visitarlo un amigo de toda la vida para hacerle una consulta muy particular. Resulta que el preocupado compañero había tenido problemas de próstata desde hacía algún tiempo y después de muchos exámenes, tratamientos y visitas a diferentes especialistas, se reunió una junta médica y concluyó que la única solución a su problema era la castración.

Entonces ante lo delicado del asunto optó por consultarle a él, quien como galeno, tendría un mejor panorama de la situación y podría ayudarle a tomar una decisión. Como es de suponer, el pobre hombre andaba en una depresión la más espantosa porque para cualquier varón el solo hecho de mencionar esa probabilidad produce terronera y por ello acudió al amigo a ver si con él encontraba algún consuelo. El consultado pensó que antes de darle explicaciones fisiológicas o anatómicas, lo que debía era recurrir a la sicología para menguar en algo la angustia de su amigo, y entonces le comentó: Hombre fulanito, no te preocupes más por esa vaina que a la edad nuestra las pelotas no nos sirven sino para aporreárnoslas.

********************

Muchos de quienes siguen carreras relacionadas con la salud prestan un servicio social al terminar sus estudios; lo llaman año rural. Donde sean destinados laboran en el hospital o el puesto de salud, y aprovechan ese lapso para coger algo de experiencia y amoldarse a su nueva profesión. Un amigo odontólogo fue a cumplir con ese requisito a Aranzazu, al norte de Caldas, y allí vivió enriquecedoras experiencias. El trato con los campesinos es muy particular porque ellos tienen sus creencias y costumbres, y a veces convencerlos de las bondades de un tratamiento es complicado. Cierta vez llegó a la consulta un montañero con una infección en una muela y el dentista le dijo que no había nada para hacerle a la pieza dental, y que lo mejor era sacarla. El tipo se veía muy reticente y presentaba diferentes disculpas para evitar la extracción, hasta que el profesional le dijo que no diera más rodeos y dijera de una vez cuál era su temor. Entonces el otro explicó que no debían operarlo porque tenía la sangre caliente. Aterrado ante tal aseveración, el dentista pidió más claridad y el asustado hombre comentó: Vea dotor, resulta de que tengo la sangre caliente porque anoche hice uso de mujer.

********************

El doctor Alberto Mendoza Hoyos fue un manizaleño a carta cabal. Sus conciudadanos reconocieron en él a una persona ejemplar, cívica, emprendedora y capaz, además de probo, cultivado y de maneras exquisitas; parecía un lord inglés. Participó en política en el ámbito local y nacional, ejerció diferentes cargos en el alto gobierno y se desempeñó como gobernador de nuestro departamento. Ahora pienso que ojalá nuestros actuales dirigentes políticos y gobernantes hubieran heredado siquiera un poquito de esa rectitud y honorabilidad.

Resulta que cuando el doctor Mendoza se desempeñaba como Gobernador, se enteró por casualidad de que un miembro de su gabinete tenía ciertas inclinaciones sexuales non sanctas, pero debido a su prudencia y caballerosidad no encontraba la manera de confirmar el asunto. Sobra decir que en aquella época, a diferencia de ahora que el homosexualismo es tan común, un hecho como ese podría generar un escándalo social y por lo tanto el mandatario debía solucionarlo de inmediato. Entonces se le ocurrió recurrir a otro de los Secretarios, el doctor Mario Humberto Gómez Upegui, quien se caracterizaba por ser un tipo dicharachero, francote y desinhibido, y por lo tanto podía hacerle esa averiguación sin problema.

Mandó llamar al subalterno a su despacho y en un principio le comentó algunos asuntos menores, hasta que decidió plantearle el asunto con ese tacto y circunspección que acostumbraba: Mire doctor Gómez, le dijo, resulta que por ahí me enteré, de pura casualidad, que un miembro de nuestro equipo presenta un comportamiento que no es bien visto por la sociedad ni por la iglesia católica; soy consciente de que se trata de su vida privada, pero usted sabe que cuando uno desempeña un cargo público debe ceñirse a ciertas normas de comportamiento y temo que esto pueda acarrearnos pro… Ahí lo interrumpe Mario Humberto y con ese desparpajo suyo le dice: ¿Usted se refiere a fulanito? ¡cacorrísimo mi doctor! pmejiama1@une.net.co

miércoles, octubre 20, 2010

Compendio noticioso.

Lo primero que hago al levantarme es recoger el ejemplar de La Patria que meten por debajo de mi puerta. Acariciar el papel periódico, así quede untado de tinta, es un placer irremplazable. Y si el presupuesto no alcanza para más suscripciones, por fortuna existe internet para navegar por periódicos y revistas sin restricción. Como además veo el telenoticiero del medio día y oigo mucho radio, en la prensa sólo leo a fondo las columnas de opinión porque de la mayoría de titulares ya estoy informado. Resulta que al ojear dichos encabezados siempre hago un comentario mental de cada uno, e invito a los lectores a practicar esa modalidad que es bien entretenida. Como muestra presento un recorrido que hice por la prensa en días pasados (cavilaciones entre paréntesis):

Mujer australiana quemó el pene a su marido (al menos no se lo arrancó a mordiscos, como la ecuatoriana aquella). El profesor Moncayo dice que aún no recibe protección del estado (¿hasta cuándo tendremos que aguantarnos a este viejo tan cansón?). Una prótesis hizo ver estrellas a la presentadora Laura Acuña (éso fue que el novio se lo mandó alargar). ¿Su vivienda es capaz de resistir un terremoto? (¡ahí está la virgen!). Entidades financieras ganaron $6,18 billones entre enero y agosto (¡qué vagabundería!). Encargan grupo de forenses para estudiar computadores de Jojoy (¿y que la autopsia la hagan unos técnicos en electrónica?).

Casi 5 millones de bogotanos participaron en ejercicio de evacuación (de edificios; que de intestinos colapsan las cañerías). Piedad Córdova dice: “Asumo que me quieren lapidar” (no asuma, cuente con ello). Actor más joven de “Two and a half man” gana U$300.000 por episodio (el caguetas se acuesta todas las noches con ese billete consignado en su cuenta). Video de hombre que tumba a mujer en Transmilenio ronda por internet (si subimos a todos los tumbados en este país, saturamos la red).

Vicepresidente de Paraguay acusa a Lugo de violar la Constitución (¿a esa también?).
¿Quién está ganando la batalla de los teléfonos inteligentes? (que les hagan pruebas del Icfes). Chaves le dice a Evo que a nadie debe apenar que le digan indio (fíjese que a él le resbala que lo llamen negro hijue…). Camilo Villegas se desnudó para la revista ESPN (y uno se empelota y lo enchiqueran). Shakira lanza la versión en español de ´Loca´ (loca, Juan Gabriel). Discapacitado muere al derribar puertas de ascensor y caer al vacío (cada quien se suicida como le provoque). Dice Ingrid que los colombianos se debaten, con respecto a ella, entre el amor y el odio (me late que es más de lo segundo).

Polémico nuevo Código de Policía propone rehabilitación de la prostitución y prohibición de la pólvora (ahora se equivocan, prohíben las putas y rehabilitan la pólvora). Teófilo Gutiérrez comandará el ataque frente a Ecuador (por fortuna estoy en la sección de deportes). Crean un software para adelgazar actores en la pantalla (que lo inventen para todos y se forran). Vicepresidente Angelino Garzón pide a Obama que presione para ratificar el TLC (cómo habrá sido el susto del moreno). ¡Ni se le ocurra enfermarse! (siquiera me advirtieron). Cinco años de prisión para ex directora de la DIAN en Manizales (más de uno sentirá un fresquito). Los avivatos del Congreso (¡qué pecaito!; ahí debe haber un error).

Uribe habló en Guatemala sobre cómo acabar con la pobreza (y qué tal si nos enseña a nosotros). Mininterior en pleno simulacro (¿cómo?, ahora sí nos jodimos). Redes sociales ¿prohibir o educar? (donde las prohíban, a mi mujer le da un yeyo). La prostitución también es un trabajo: Corte Constitucional (y pensar que les dicen dizque mujeres de vida fácil). Andrea Serna irá al altar por segunda vez (quien ve el pollo y lo que chilla). Vendedores de carros siguen de fiesta (mientras que quienes los compran lloran en los trancones). Ex Ministro Andrés Felipe Arias declina embajada en Italia (hubiera dicho antes). Muertos 96 colombianos por ola invernal (sin contar los que vivimos muertos del frío). Un jugador de fútbol es un animal muy especial: Jose Mourinho (si viera los especímenes que tenemos por aquí). Minusválido abusaba de sus nietas y de una vecina (alentadito de la bragueta, el bellaco). Hombre lanza libro a Obama (noticia, el que va a lanzar Vargas Llosa).

Muerto en combate cabecilla de la cuadrilla “Alfonso Castellanos” de Las FARC (guerrillero abatido que no es cabecilla, es jefe de finanzas). 18 muertos en Brasil por bacteria KPC (que nombre tan tenebroso). Nuevo Código de Policía sancionará a quien se cuele en una fila (me río de janeiro). Diez cosas absurdas de Bogotá (¿diez no más?). Concejo de Bogotá salió a semana de receso, como los colegios (¡sinvergüenzas!). España celebra su primer campeonato nacional de siesta (me apunto). Once de las veinte mujeres más ricas del mundo son chinas (aclaren: ricas o adineradas; que no es lo mismo). Abren investigación preliminar contra ex presidente Uribe (cero y va una). Jugadores del Once Caldas, incómodos porque no les pagan (¿pagarles qué?). El ciclismo, sin plata, pero con ganas de medallas (igual yo, que mantengo ganas de ir a Europa). El futuro de los mineros, luego del rescate (conferencistas, presentadores de televisión, novelistas, congresistas o modelos de Playboy). Agricultores advierten sobre posible ‘estanflación’ en el sector (¿estanflaquéééé?).
pmejiama1@une.net.co

martes, octubre 12, 2010

El consumismo.

A qué hora el ser humano se convirtió en una máquina de consumir. Inventan pendejadas a diario y las sacan al mercado convencidos de que no dan un brinco en estanterías y vitrinas, porque ahora la gente compra es por comprar; no importa que el producto sea ordinario, absolutamente innecesario o muy costoso, el consumidor se lo lleva así sea de novelero y ocioso. Por ello cuando uno va a un gran almacén a adquirir algo que necesita, lo mejor es no pasearse por entre las góndolas porque termina con el carrito de compras lleno de chucherías; y de las mujeres ni hablemos, porque está en su genética irse al centro comercial a ver de qué se antojan.

Hay que ver la avalancha de mercancías que nos ofrecen por televisión y la extensión de los espacios publicitarios que utilizan para promocionar dichos productos, que mientras un comercial cualquiera dura veinte o treinta segundos, los de tele ventas pueden alcanzar los cinco minutos; tienen tiempo de antojar al desprevenido consumidor con pruebas del producto, ofertas y declaraciones de clientes satisfechos. Cómo será ese negocio de rentable que se dan el lujo de ofrecer la mercancía sólo con el sistema de tele venta, donde los interesados deben llamar de inmediato desde los diferentes países, pagan su producto con la tarjeta de crédito y a los pocos días reciben el encargo por correo. Todos esos trastos terminan en el cuarto de san alejo y no falta que alguno de ellos no llene las expectativas del ansioso comprador, situación en la que no le queda sino comprar un tarro de vaselina porque la plata no se la devuelven.

Leí un texto, dicen que es del escritor uruguayo Eduardo Galeano, donde se lamenta de esta nueva sociedad que rinde culto a todo lo desechable. Yo, igual que él, crecí en un hogar donde todo se reutilizaba: los pañales y lo pañuelos, los envases, los tarros de galletas, los periódicos se guardaban para lavar vidrios, las cajas de cartón para empacar algo que se ocurriera. Debo reconocer también que cuando conocí las cervezas y gaseosas en lata me dio trabajo desprenderme del novedoso empaque, y que en la cocina siempre había varios cubiertos de plástico que sobraron por ahí de algún paseo.

A lo mejor me impresiona ese gusto que tienen mis semejantes por adquirir ociosidades debido a que soy desapegado a las cosas materiales. No puedo entender por ejemplo que alguien tenga dentro de la caja fuerte una colección de relojes costosos, y que cada que se ponga alguno para lucirlo, no encuentre tranquilidad por estar a toda hora pendiente de que no se lo roben. El último reloj que utilicé era un pelle de veinte mil pesos y cumplía la misma función del Rólex más costoso: daba la hora. Desde que se le acabó la pila lo abandoné y nunca más volví a usar reloj, porque esa vaina me estorba; y aunque soy de los que procuro no llegar retrasado ni un minuto a una cita o compromiso, no tengo inconveniente porque en donde me encuentre hay un reloj a la vista: en la pantalla del computador, en la mesa de noche, el del VHS, en la pantalla del televisor, en el tablero de los carros, en la pared de cualquier oficina o dependencia, el de la cocina de mi casa, en el microondas, en el celular.

Otro día un amigo me mostró unas gafas costosísimas que lucía, aunque al momento confesó que eran chiviadas y que las originales las tenía a buen recaudo; ¿Quién puede explicarme para qué sirven unas gafas en una caja de seguridad? Yo habría comprado media docena de las piratas para que me importe un carajo si alguien se sienta en ellas, se pierden o se las roban. No puedo entender esa manía de coleccionar objetos costosos y joyas para mantenerlas guardadas en una caja fuerte, y lo único que logran con ello es que los asalten y carguen con todo. Porque puedo asegurar que los cacos no dan puntada sin dedal, y que cuando se meten a una casa, es porque saben exactamente a lo que van.

Vi en un supermercado unas naranjas importadas a un costo de $2.250 la unidad, mientras las nuestras se pudren en los árboles porque es más costoso cogerlas que lo que pagan por ellas. Y no me vengan a decir que las extranjeras son mejores. Es como con las cervezas, que no falta el fantoche que paga altísimos precios por marcas importadas mientras que las que producimos en el país son inmejorables; e igual sucede con infinidad de productos. Definitivamente hay gente muy pendeja y ahí sí cabe decir que en este país se acaba primero el helecho que los marranos.

Que sigan comprando ociosidades que la vida es muy larga y da muchas vueltas, y nadie sabe si el día de mañana va a saltar matones; porque debe ser muy tenaz el remordimiento de haber derrochado el dinero en banalidades. En alguna parte leí que el próximo año va a ser el del consumismo. Sí, con la situación como está de jodida, todo el mundo va a tener que seguir con su mismo salario, con su mismo carro, con su mismo apartamento, con su mismo televisor, con su mismo matrimonio. ¡Quedan advertidos!
pmejiama1@une.net.co

martes, octubre 05, 2010

Un pajarito sin cola…

Así le decían a un niño ahora años cuando le iban a tomar una foto y el zambo no quería mirar a la cámara. Entonces, cuando el infante se interesaba por el cuento del tal pajarito y por fin dirigía sus ojos al punto indicado, el fotógrafo remataba la frase con un: Chito matola. La expresión la repetía el desesperado operador desde detrás de la cámara, en compañía de la mamá del infante, quienes buscaban la forma de llamar la atención del improvisado modelo a ver si podían dar por terminada la sesión. Y ahora pienso que se recurría a ese animal para tal fin porque la ilusión de los muchachitos de entonces era tener pajaritos en una jaula o si era posible, adiestrarlos para que volaran por toda la casa.

Infortunadamente no existía la cultura del respeto a los animales. Durante las vacaciones y días de asueto nos entreteníamos en potreros, lotes de engorde y nacientes urbanizaciones que ocupaban grandes zonas alrededor de la ciudad, y uno de los programas favoritos era cazar pajaritos. Conocíamos a la perfección la técnica para fabricar caucheras, para lo cual sólo debíamos comprar el caucho que vendían en las tiendas de barrio; la horqueta, ojalá de guayabo, se conseguía en cualquier monte, y el resto era un pedazo de cuero que sacábamos de un zapato viejo y unas pocas tachuelas para armar el adminículo. Tiempo después aparecieron los rifles de aire, para disparar balines o diábolos de plomo, y ahí sí fue la debacle para los indefensos plumíferos.

Y como si el daño no fuera suficiente, buscábamos con cuidado en los árboles los nidos de los pájaros para subirnos a ver si había huevos o pichones. Entonces visitábamos el lugar cada cierto tiempo para tratar de robarnos las crías cuando emplumaran y llevarlas para la casa a ver si crecían con nosotros. A diferencia de los canarios u otras aves que venden en las tiendas de mascotas y que están acostumbradas a esa vida porque no conocen otra, nosotros pretendíamos que un animalito salvaje se amañara en semejante encierro; seguro todos morían a las pocas horas de física tristeza. Era tal el salvajismo de los infantes, que si el nido no era asequible lo tumbábamos a las pedradas para conocer su contenido.

Repito, tan abominable proceder era algo cultural, aceptado por todos, normal y corriente. Ni en la casa, el colegio o el vecindario nos enseñaron acerca del respeto por los animales o por el medio ambiente. Todos los niños andaban con una cauchera en el bolsillo de atrás y nadie les decía nada, y la idea era coleccionar “pechitos” de pájaros de diferentes colores. Después de tumbar el animalito procedíamos a cortarle un trozo de piel del pecho, con sus respectivas plumas, y después de hacerle un tratamiento al cuero con ceniza para evitar que se pudriera, guardábamos el trofeo con mucho orgullo. Como los indios norteamericanos que arrancaban la cabellera de sus enemigos.

En alguna historieta o en un programa gringo empezamos a oír hablar de los clubes de observadores de aves y nos parecía algo absurdo, porque para nosotros los pajaritos estaban ahí, a la mano y en todas partes. Con el paso del tiempo y el daño que hemos infligido al planeta los animales han disminuido en forma considerable; por fortuna en nuestro país, y en especial esta región andina, existe una variedad de especies de aves que llama la atención de quienes son aficionados a observarlos. Disfruto conversar sobre el tema con Sergio Ocampo, Presidente de la Red Nacional de Observadores de Aves, quien me asegura que desde la ventana del apartamento puedo ver hasta 40 especies diferentes de aves. Sergio es un ornitólogo, o pajarólogo, comprometido y apasionado.

A eso de las 5 de la tarde empiezan a cruzar las bandadas de garzas que vienen del sur a buscar sus nidos en la zona de Monteleón, al norte; al otro día muy temprano en la mañana hacen el recorrido contrario. Llamamos caravanas a unas aves del mismo tamaño de las garzas pero con pintas blancas y negras, como de cebra, que se caracterizan por el ruido que hacen cuando atacan a cualquier animal o persona que ose arrimarse al nido; a pesar de que vivo enser un sector copado de edificaciones hay gran cantidad de caravanas que animan con sus graznidos el ambiente. Palomas collarejas y abuelitas pululan, y los copetones, pinches o afrecheros son muy comunes. También veo golondrinas, halcones, toches, azulejos, chamones, mayos y muchas otras especies.

Los que más disfruto son los colibríes. Les ofrecemos agua con azúcar en un bebedero especial para que arrimen a la ventana y podemos observarlos a pocos centímetros de distancia desde el otro lado del vidrio. Llegan varios tipos de tominejos, de diferentes tamaños y colores, y es fácil diferenciarlos unos de otros por sus características. Entre ellos hay peleas, cortejos, intimidaciones y de tanto observarlos los sentimos como de la familia.

Una mañana vimos una garza que hacía el recorrido contrario al de las demás y le aseguré a mi mujer que se trataba de una hembra. Ella muy extrañada dijo que cómo iba a saberlo desde tan lejos, y le respondí que lo deduje porque si se devolvió fue debido a que dejó las gafas o el celular.
pmejiama1@une.net.co

jueves, septiembre 23, 2010

Mañana le pago.

Existen comportamientos entre nuestra gente francamente chocantes y repudiables. Uno de ellos es el incumplimiento, que para quienes respetamos esa condición de vida es una afrenta y un irrespeto. Citarse con alguien en fecha y lugar determinados y dejarlo allí esperando sin avisarle ni tener una explicación valedera, es algo que no debe tolerarse. Y cuando me refiero a dar una explicación tiene que ser algo de verdad urgente, no como la mayoría de la gente que sale con el cuento que se envolató o que se le presentó un asunto de último momento.

Hay otro tipo de incumplimiento y es el del que llaman mala paga. La cultura del no pago hace carrera en la actualidad y la gente se tranquiliza porque nuestra legislatura es laxa en ese tema; son pocos los que van a templar a la cárcel por una deuda. Existen trámites legales para hacer cumplir al deudor, aunque la demora de la justicia y algunos abogados expertos en enredar casos hacen que pasen muchos años antes de que una persona deba enfrentar una sanción por dicha causa. Lo triste es que muchas personas viven al debe, no les da pena enfrentar al desesperado cobrador y tienen el descaro de ponerse bravos cuando les cobran. Pasan la vida en función de abrir un hueco para tapar otro.

Claro que los bancos, los grandes almacenes de cadena y demás comercios reparten tarjetas de crédito o de afiliación a todo aquel que demuestre un ingreso, por mínimo que sea, para antojarlo de cuanta promoción exista. En dichos almacenes, por ejemplo, anuncian por el sonido interno las grandes ofertas pero advierten que sólo son válidas para quienes posean la credencial correspondiente; y los consumidores hacen fila para que les den… la tarjeta de marras.

Hay que ver a un obrero raso, que devenga el salario mínimo, cómo hace maromas para sacar a crédito muebles, electrodomésticos, una motocicleta y mil artículos más, para proceder a los pocos meses a enfrentar la ira de quien le sirvió de fiador y que por derecha quedó engrampado. O quienes cumplen el sueño de tener vivienda propia pero la compran, como decimos coloquialmente, con la cédula, y con el paso de los años el pago de la mensualidad se vuelve imposible. Ahí viene el pleito legal, la angustia y al final el desalojo, que es uno de los procedimientos judiciales más tristes y traumáticos para una familia.

Hace poco tiempo viví la experiencia de vender un inmueble por medio de agencias inmobiliarias y anuncios clasificados, que son el modo más expedito de promocionar cualquier cosa. Lo que aprende uno al recibir las llamadas para preguntar por el aviso es a reconocer cuáles son los verdaderos clientes potenciales, porque la mayoría llaman de noveleros o con la esperanza de encontrarse un verdadero “chisgononón”, como dicen los rolos. Cierto día resultó un cliente muy interesado, llamó varias veces, preguntó todo lo relativo al negocio, hasta que al fin hizo su oferta; entonces vino la etapa del “barequeo”: que no le puedo dar ni un peso más, y yo que no de ahí no me bajo, hasta que llegamos a un acuerdo. Quedamos en que el tipo ultimaba un detalle y se comunicaba pronto, y como no repuntó, opté por llamarlo para saber si suspendía los avisos de venta o qué, a lo que respondió que definitivamente ese era el apartamento que ellos necesitaban, que la mujer estaba güete, pero que había un pequeño inconveniente: que no tenía plata. No falta tampoco el que después de ver las especificaciones del aviso y el precio, que dejan claro que se trata de un apartamentico pequeño y sencillo, y sin embargo pregunta si es un penthouse, si tiene balcón y buena panorámica, si el edificio cuenta con ascensor y planta eléctrica; aparte de eso se escandaliza porque hay que pagar administración.

Ahora el gobierno vecino cogió la maña del no pago. Porque el importador venezolano quiere hacer su compra con el dólar Cadivi, debido a que es tres veces más barato que el otro, pero no puede negociar directamente sino que debe pagarle al gobierno y este a su vez le cancela al proveedor. Y ahí viene el problema, porque por resabio del orate chafarote los pagos están congelados; ahí está la virgen que con el mejoramiento de las relaciones las cosas cambien y por fin suelten ese billete que tiene a más de uno colgado de la brocha.

El caso es que el mala paga se conoce desde chiquito, cuando en el colegio se dedica durante el recreo a pedir un pedacito de pan, un traguito de gaseosa o que le presten mil pesitos, que mañana los paga; lo que llaman un cagalástimas. Ese personaje de adulto no cancela a tiempo sino los servicios públicos, y eso porque los cortan, pero de resto bananea a todo el mundo con el cuentico que él no niega las deudas, pero que está ilíquido.

Otra modita bien abusiva es la del pago a 90 días. Hágame el favor; presta usted un servicio, vende un producto, realiza un trabajo, y puede pasar por el cheque dentro de tres meses. Un trimestre entero, el 25% de un año trabajan con la plata de uno como si nada. ¿Será eso lo que llaman capitalismo salvaje?
pmejiama1@une.net.co