Los colombianos nos deberíamos mantener mejor informados acerca de los proyectos de ley que se adelantan en el Congreso de la República, porque la realidad es que pierden el tiempo en unas pendejadas que francamente. En realidad ellos le trabajan en serio a las iniciativas que más pantalla ofrecen, como aquellas que mantienen en vilo a los reporteros que cubren el Congreso y ocupan los titulares de prensa; esas mismas que les reportan utilidades varias, porque está claro que allá nunca votan a cambio de nada. Mientras tanto las nimiedades, que son muchas, las aprueban a pupitrazo limpio cuando apenas faltan unos minutos para que termine el período legislativo.
Hace un tiempo se presentó un fatal accidente en la piscina de un reconocido hotel de Cartagena, hecho en el que perdió la vida un niño de una manera absurda e inesperada. Ese tipo de noticia amarillista es un manjar para ciertos periodistas, como en su momento lo saboreó Félix de Bedout, además de convertirse en atril preferido para politicastros pantalleros y oportunistas como el tal Armandito Benedetti, quienes asumen el caso como si les doliera en el alma la muerte del niño, cuando en realidad lo que buscan es protagonismo y audiencia.
La justicia está para determinar quién es culpable e imponer los castigos pertinentes, y si el hotel tuvo algún grado de culpabilidad que le caiga todo el peso de la ley. Pero había que ver a este par de redentores reclamar porque en la piscina no había un técnico listo para desconectar las válvulas necesarias que evitaran el fatal desenlace. Puede que en Islandia o Suecia cuenten con ese tipo de precauciones, pero no me vengan con que en el tercer mundo existe siquiera un establecimiento que cumpla con dichas normas. Ahora se viene el Congreso con una ley que rige para todas las piscinas públicas, y me da risa cuando veo la lista de condiciones que supuestamente deben cumplir.
Seguro en un principio los inspectores municipales harán respetar la ley, impondrán multas y cerrarán piscinas por montones, pero dentro de unos años la legislación se prestará solo para generar mordidas y sobornos. Porque es posible que en un club privado, en un Centro vacacional reconocido o en un hotel de cinco estrellas cumplan a cabalidad con las condiciones exigidas, pero aspirar a que un “metedero” de media petaca en Melgar o Villeta haga semejante inversión para actualizar su alberca, es una utopía absoluta.
Porque en el futuro las piscinas serán construidas solo por ingenieros o arquitectos que registren sus planos en la entidad que corresponda. Deben contar con cerramiento y un ingreso a través de torniquete. Las diferentes profundidades se distinguirán con distintos colores, además de ir escritas con letras grandes y claras en las paredes de la estructura. Los planos de ductos, motores, filtros, bombas y demás implementos, además de alarmas, salidas de emergencia y elementos contra incendio, tienen que estar a la vista de todos los usuarios. Un técnico de mantenimiento deberá estar disponible en todo momento mientras la piscina esté en uso. Contará además con dos flotadores circulares con cuerdas, de colores vivos, y un bastón con gancho especial para rescates; un botiquín con una extensa lista de equipos y medicamentos; y un salvavidas profesional especializado en primeros auxilios para cada estanque. También un teléfono o citófono disponible las 24 horas para llamadas de emergencia.
La piscina debe tener sensores de movimiento o alarmas de inmersión, y un sistema de seguridad de liberación de vacío. Además debe contar con cubiertas anti entrampamientos, que son dispositivos que aíslan el efecto de succión provocado en los drenajes que tengan este tipo de estructuras (vaya explíquele este galimatías a Satanás, el oficial que hizo la mayoría de piscinas en Santagueda). El agua debe mantenerse limpia y sana, y cumplir los requisitos higiénico – sanitarios establecidos por las autoridades; de manera que a prohibirle a los novios que se saquen barros y espinillas en la piscina, mientras sacuden el dedo en el agua para limpiar el material extraído, y de ahora en adelante todo el mundo a orinar al baño. Ahora sí veo la vaina jodida.
Basta imaginar esas piscinas modernas, con diseños minimalistas y estilos vanguardistas, cómo irán a quedar de gallos cuando les apliquen todas estas condiciones; eso va a ser como bañarse en una estación de bomberos. Y las que son el verdadero gancho de hotelitos de pueblo, o la atracción principal de balnearios y paradores de camino, que son construidas por cualquier tegua con conocimientos del palustre y la plomada, lo que les puede costar cumplir siquiera con un mínimo porcentaje de las condiciones exigidas.
Pero no he dicho lo peor. Los muchachitos menores de 12 años deben estar acompañados en todo momento por un adulto que se responsabilice de ellos, así haya salvavidas en el establecimiento. Lo siento mucho por quienes tienen hijos o nietos pequeños, porque los mocosos quieren estar metidos en el agua desde las 8 de la mañana hasta las 6 de la tarde, hora en que se salen a regañadientes.
De manera que a reconsiderar donde el clima no sea propicio para tener una piscina, porque sostener semejante elefante blanco debe costar un ojo de la cara, además de que tiene más problemas que el álgebra de Baldor.
lunes, octubre 27, 2008
martes, octubre 21, 2008
El “pienso”.
Se ha vuelto común entre el gremio de las fámulas manejar tarifas diferentes para cobrar por su trabajo, y estas varían según las tareas que deban realizar. En la actualidad es un lujo contar con una persona que ayude con el oficio, así sea por unas pocas horas a la semana. El caso es que al momento de arreglar con la patrona la aspirante pregunta si el trabajo incluye “pienso”, lo que significa que ella debe disponer y planear qué se debe preparar en cada una de las comidas. Porque si comprar el mercado es bien costoso y hacer el oficio mamón, ni hablar de lo que representa pensar todos los días qué carajo hacer de almuerzo o de comida. Y como muchas amas de casa se desempeñan en el mercado laboral, por lo que llegan al hogar estresadas y muertas del cansancio, no tienen cabeza para disponer esas minucias que tanto desgastan; y todo adobado con que el mundo moderno y la tecnología se han encargado de atrofiar la tan necesaria memoria.
Los nuevos adminículos electrónicos almacenan todo tipo de datos y el consumidor depende de ellos para cualquier consulta o decisión. La computadora personal reemplaza la agenda, con el valor agregado que le recuerda al usuario las acciones a seguir el día y hora determinados; igual función cumple cualquier teléfono celular y por ello nadie utiliza las agendas electrónicas. Para qué cargar con otro aparato. Antes la gente debía memorizar gran cantidad de información de su interés. Cuento aparte son los nuevos teléfonos móviles que tienen, entre muchas otras funciones, cámara fotográfica de alta resolución, reproductor de música y lo más novedoso: conexión a internet. Entonces el ejecutivo moderno ya no pierde tiempo en los atascos del tráfico o al hacer una fila, porque saca el juguete, se conecta a la red y a trabajar se dijo.
El problema radica en que muy pronto se nos van a menguar las neuronas de la memoria. Muchas personas no saben siquiera el número de sus teléfonos, o cualquier otro tipo de datos que antes recitaban sin titubeos. Porque nuestra educación fue basada en la memoria. Repetíamos como loras y lo importante no era entender el tema tratado, sino escribir en la hoja del examen fechas y detalles exactos sin fallar en una sola reseña. Usted podía saberse al derecho y al revés la vida de Enrique VIII, pero si se equivocaba al momento de escribir la fecha de su muerte, perdía la materia y punto. Los demás conocimientos no tenían ningún valor para el profesor.
Un ejemplo de la dependencia a la tecnología puede verse en los médicos actuales. El ojo clínico fue reemplazado por la tecnología de punta y así como antes el galeno hacía un examen físico exhaustivo al paciente, lo auscultaba, medía, pesaba, le tomaba la presión, indagaba sobre antecedentes familiares, acerca de su vida actual, su trabajo y preocupaciones, ahora le hace una lista de exámenes de imágenes diagnósticas y de laboratorio, y que regrese con los resultados. Si el enfermo no tiene seguro médico particular debe rogar y hacer mil trámites para que la EPS le autorice los diferentes exámenes, que por cierto valen una fortuna. Muchos médicos de antaño además de su profesión, sabían varios idiomas, escribían, rimaban, eran grandes lectores y humanistas. En cambio la gran mayoría de los actuales son muy sabidos en su especialidad, pero no tienen idea de cultura general.
Para qué pensar, dirán ellos, si todo lo averiguan con solo dar un clic; y lo que no sepa Google es porque todavía no existe. Pero sí es muy triste que jóvenes que pasan por el colegio y la universidad sean tan ignorantes. Hace poco llamé a un call center nacional y la niña me preguntó en qué departamento queda Manizales. Y qué tal un reportero, que se supone pasó por la facultad de Comunicación social, quien viajó al Perú hace un tiempo cuando se accidentó un bus con unos turistas colombianos, y apareció en pantalla desde un puente al fondo del cual había ido a parar el vehículo. El tipo muy orondo dijo que el bus había rodado a un abismo de 300 metros, y yo alcancé a pensar que no iban a rescatar ni los gusanillos de las llantas. Pues ampliaron la toma y se veía el aparato a unos 20 metros de la carretera. Basta con tener una referencia, como que la catedral de Manizales tiene algo más de 100 metros de altura, para imaginar lo que puede ser un abismo el triple de profundo. Otro reportó que en un edificio de 8 pisos se suicidó una persona al tirarse desde la terraza, y el animal dijo que había saltado desde una altura de 80 metros. Cómo serán de desabridos esos apartamentos de 10 metros de altura, cuando los normales tienen 2,20.
Al cerebro hay que hacerle mantenimiento, conservarlo activo y ejercitarlo. Y los patronos deben exigir a sus empleados, sobre todo si son profesionales, que tengan un mínimo de conocimientos generales. Porque al ignorante que no tuvo oportunidad de estudiar se le perdona todo. Como un personaje que vi en el noticiero cuando presentaba una queja contra una entidad de salud, dizque porque le jodieron una pierna al ponerle una inyección en el nervio “asiático”.
Los nuevos adminículos electrónicos almacenan todo tipo de datos y el consumidor depende de ellos para cualquier consulta o decisión. La computadora personal reemplaza la agenda, con el valor agregado que le recuerda al usuario las acciones a seguir el día y hora determinados; igual función cumple cualquier teléfono celular y por ello nadie utiliza las agendas electrónicas. Para qué cargar con otro aparato. Antes la gente debía memorizar gran cantidad de información de su interés. Cuento aparte son los nuevos teléfonos móviles que tienen, entre muchas otras funciones, cámara fotográfica de alta resolución, reproductor de música y lo más novedoso: conexión a internet. Entonces el ejecutivo moderno ya no pierde tiempo en los atascos del tráfico o al hacer una fila, porque saca el juguete, se conecta a la red y a trabajar se dijo.
El problema radica en que muy pronto se nos van a menguar las neuronas de la memoria. Muchas personas no saben siquiera el número de sus teléfonos, o cualquier otro tipo de datos que antes recitaban sin titubeos. Porque nuestra educación fue basada en la memoria. Repetíamos como loras y lo importante no era entender el tema tratado, sino escribir en la hoja del examen fechas y detalles exactos sin fallar en una sola reseña. Usted podía saberse al derecho y al revés la vida de Enrique VIII, pero si se equivocaba al momento de escribir la fecha de su muerte, perdía la materia y punto. Los demás conocimientos no tenían ningún valor para el profesor.
Un ejemplo de la dependencia a la tecnología puede verse en los médicos actuales. El ojo clínico fue reemplazado por la tecnología de punta y así como antes el galeno hacía un examen físico exhaustivo al paciente, lo auscultaba, medía, pesaba, le tomaba la presión, indagaba sobre antecedentes familiares, acerca de su vida actual, su trabajo y preocupaciones, ahora le hace una lista de exámenes de imágenes diagnósticas y de laboratorio, y que regrese con los resultados. Si el enfermo no tiene seguro médico particular debe rogar y hacer mil trámites para que la EPS le autorice los diferentes exámenes, que por cierto valen una fortuna. Muchos médicos de antaño además de su profesión, sabían varios idiomas, escribían, rimaban, eran grandes lectores y humanistas. En cambio la gran mayoría de los actuales son muy sabidos en su especialidad, pero no tienen idea de cultura general.
Para qué pensar, dirán ellos, si todo lo averiguan con solo dar un clic; y lo que no sepa Google es porque todavía no existe. Pero sí es muy triste que jóvenes que pasan por el colegio y la universidad sean tan ignorantes. Hace poco llamé a un call center nacional y la niña me preguntó en qué departamento queda Manizales. Y qué tal un reportero, que se supone pasó por la facultad de Comunicación social, quien viajó al Perú hace un tiempo cuando se accidentó un bus con unos turistas colombianos, y apareció en pantalla desde un puente al fondo del cual había ido a parar el vehículo. El tipo muy orondo dijo que el bus había rodado a un abismo de 300 metros, y yo alcancé a pensar que no iban a rescatar ni los gusanillos de las llantas. Pues ampliaron la toma y se veía el aparato a unos 20 metros de la carretera. Basta con tener una referencia, como que la catedral de Manizales tiene algo más de 100 metros de altura, para imaginar lo que puede ser un abismo el triple de profundo. Otro reportó que en un edificio de 8 pisos se suicidó una persona al tirarse desde la terraza, y el animal dijo que había saltado desde una altura de 80 metros. Cómo serán de desabridos esos apartamentos de 10 metros de altura, cuando los normales tienen 2,20.
Al cerebro hay que hacerle mantenimiento, conservarlo activo y ejercitarlo. Y los patronos deben exigir a sus empleados, sobre todo si son profesionales, que tengan un mínimo de conocimientos generales. Porque al ignorante que no tuvo oportunidad de estudiar se le perdona todo. Como un personaje que vi en el noticiero cuando presentaba una queja contra una entidad de salud, dizque porque le jodieron una pierna al ponerle una inyección en el nervio “asiático”.
martes, octubre 14, 2008
Varias cositas.
En ocasiones se le activa a uno la opinadera y no puede dejar pasar la oportunidad que tiene de expresarse públicamente, por lo que mejor decide desembucharlas y quedar más livianito. Hay casos en que quisiera quedarse callado para no echarle más leña a una polémica, pero debe meter de nuevo la cucharada porque el asunto lo deja como maluco. Como le pasó hace pocos días al Presidente Uribe cuando lo acusaron por salirse de los chiros y responder a los insultos, acusaciones y denuncias que hacen en su contra, y el hombre dijo que a él no le gusta quedarse con esos guardados.
Recibí en pleno el varillazo que en este mismo espacio me mandó un ilustre Diputado, buen elemento como directivo cívico y político, acerca del escrito que publiqué sobre la actitud pesimista que me veo obligado a tomar ante las demoras, falsas promesas, utopías y quimeras respecto a las obras de infraestructura que reclama nuestra región. Entonces repasé el artículo y me vino a la memoria una entrevista que le hice hace ya varios años al director del proyecto de Aeropalestina de aquella época.
En dichas calendas, cuando supimos que España nos iba a hacer un préstamo que debido a tantas facilidades parecía más un regalo, y que correspondía casi al total de lo que costaba realizar la obra en ese entonces, decidí invitar a Jorge Eduardo Mejía para que le contara a los oyentes de El Costurero, un programa radial que hicimos durante una década en Caracol, cuáles eran los pasos a seguir y las expectativas del anhelado proyecto. El ejecutivo aseguró que la entrega de esa plata era pan comido porque faltaban unos pocos requisitos para que hicieran el desembolso. En ese momento quise comprometerlo a que nos diera una fecha aproximada para tener listo el aeropuerto, y el hombre aseguró que en año y medio, máximo dos, podríamos ver aviones aterrizar y despegar de la meseta de Palestina. Lógico que él tenía que pensar así, irradiar optimismo, asegurar que el asunto estaba de un cacho y hasta comprometerse con fechas aproximadas, porque de lo contrario perdía la coloca. Y yo le creí, y los oyentes también se tragaron el cuento, y todos felices porque teníamos el billete casi en el bolsillo y el asunto resuelto. Pues me podrán decir aguafiestas, negativo, pesimista redomado y todo lo que quieran, pero esta es la hora que los españoles no han soltado ni un peso. Y hacen visitas, alaban el proyecto, se embelesan con el sitio, dicen que ahora sí, pero de aquello nada.
Cambio de tercio. Maravillosa la caricatura de Ricky en este periódico donde sale el bebé que asesinaron en Chía, en un acto macabro e inhumano, al lado de San Pedro quien le anuncia que ese es el paraíso porque allí no pueden entrar los periodistas. Y es que no hay derecho al show que montaron por ejemplo los dos canales privados de televisión para cubrir tan impactante noticia. Cómo es posible que trasmitieran desde las primeras horas de la mañana hasta media noche, hora en la que remataron con un programa, supuestamente periodístico, donde entrevistaron al abuelo del niño y no descansaron hasta que lo pusieron a llorar.
Durante tres días los noticieros no hablaron de otra cosa, sus presentadoras y reporteros vestidos de luto hacían pucheros mientras entrevistaban hasta al último habitante de Chía, y si de pronto le daban espacio a una noticia diferente, dejaban un recuadro con imágenes del entierro o cualquier hecho relacionado con el caso para no ir a perder la audiencia. Explotadores del dolor ajeno, amarillistas, anti éticos, vulgares comerciantes, logreros, patrocinadores del morbo y la novelería. Y advierto que esto lo supe de oídas porque no le dedico un segundo a esos patanes.
Otro tema. Hace poco me invitaron a una fiesta muy sabrosa y como era al aire libre, acondicionaron el lugar con carpas y plásticos para prevenir cualquier amago de lluvia. Pues me enteré por la anfitriona que esa semana, y ante la alta probabilidad de que el clima no ayudara, había hecho varias donaciones de huevos a hogares de ancianos, fundaciones y demás obras sociales. A esta edad vine a conocer la creencia que al hacer este tipo de ofrenda se blinda el evento que piensa realizarse a la intemperie contra los embates del invierno.
Cuando supe que este año una gran mayoría de obras del Festival de Teatro se iban a realizar en plena calle, al aire libre y sin ninguna protección para los actores y el público, me atacó de nuevo el pesimismo y pensé que los organizadores del evento fueron muy osados al pretender que después de soportar varios años de invierno permanente, sería posible tener una semanita de tregua para desarrollar la programación. Pues ahora quiero saber cuántas toneladas de huevos repartieron para que San Pedro se manejara tan bien con el festival. Porque en el lapso dedicado al teatro callejero el clima fue benévolo y agradable, mientras en el resto del país las tormentas, inundaciones y deslizamientos fueron el común denominador.
Y si en la fiesta no funcionó el truco, porque llovieron hasta maridos, durante la semana del festival el invitado de honor fue el astro rey. Solo me queda averiguar si en los ancianatos quedaron empalagados de tragar arroz con huevo.
Recibí en pleno el varillazo que en este mismo espacio me mandó un ilustre Diputado, buen elemento como directivo cívico y político, acerca del escrito que publiqué sobre la actitud pesimista que me veo obligado a tomar ante las demoras, falsas promesas, utopías y quimeras respecto a las obras de infraestructura que reclama nuestra región. Entonces repasé el artículo y me vino a la memoria una entrevista que le hice hace ya varios años al director del proyecto de Aeropalestina de aquella época.
En dichas calendas, cuando supimos que España nos iba a hacer un préstamo que debido a tantas facilidades parecía más un regalo, y que correspondía casi al total de lo que costaba realizar la obra en ese entonces, decidí invitar a Jorge Eduardo Mejía para que le contara a los oyentes de El Costurero, un programa radial que hicimos durante una década en Caracol, cuáles eran los pasos a seguir y las expectativas del anhelado proyecto. El ejecutivo aseguró que la entrega de esa plata era pan comido porque faltaban unos pocos requisitos para que hicieran el desembolso. En ese momento quise comprometerlo a que nos diera una fecha aproximada para tener listo el aeropuerto, y el hombre aseguró que en año y medio, máximo dos, podríamos ver aviones aterrizar y despegar de la meseta de Palestina. Lógico que él tenía que pensar así, irradiar optimismo, asegurar que el asunto estaba de un cacho y hasta comprometerse con fechas aproximadas, porque de lo contrario perdía la coloca. Y yo le creí, y los oyentes también se tragaron el cuento, y todos felices porque teníamos el billete casi en el bolsillo y el asunto resuelto. Pues me podrán decir aguafiestas, negativo, pesimista redomado y todo lo que quieran, pero esta es la hora que los españoles no han soltado ni un peso. Y hacen visitas, alaban el proyecto, se embelesan con el sitio, dicen que ahora sí, pero de aquello nada.
Cambio de tercio. Maravillosa la caricatura de Ricky en este periódico donde sale el bebé que asesinaron en Chía, en un acto macabro e inhumano, al lado de San Pedro quien le anuncia que ese es el paraíso porque allí no pueden entrar los periodistas. Y es que no hay derecho al show que montaron por ejemplo los dos canales privados de televisión para cubrir tan impactante noticia. Cómo es posible que trasmitieran desde las primeras horas de la mañana hasta media noche, hora en la que remataron con un programa, supuestamente periodístico, donde entrevistaron al abuelo del niño y no descansaron hasta que lo pusieron a llorar.
Durante tres días los noticieros no hablaron de otra cosa, sus presentadoras y reporteros vestidos de luto hacían pucheros mientras entrevistaban hasta al último habitante de Chía, y si de pronto le daban espacio a una noticia diferente, dejaban un recuadro con imágenes del entierro o cualquier hecho relacionado con el caso para no ir a perder la audiencia. Explotadores del dolor ajeno, amarillistas, anti éticos, vulgares comerciantes, logreros, patrocinadores del morbo y la novelería. Y advierto que esto lo supe de oídas porque no le dedico un segundo a esos patanes.
Otro tema. Hace poco me invitaron a una fiesta muy sabrosa y como era al aire libre, acondicionaron el lugar con carpas y plásticos para prevenir cualquier amago de lluvia. Pues me enteré por la anfitriona que esa semana, y ante la alta probabilidad de que el clima no ayudara, había hecho varias donaciones de huevos a hogares de ancianos, fundaciones y demás obras sociales. A esta edad vine a conocer la creencia que al hacer este tipo de ofrenda se blinda el evento que piensa realizarse a la intemperie contra los embates del invierno.
Cuando supe que este año una gran mayoría de obras del Festival de Teatro se iban a realizar en plena calle, al aire libre y sin ninguna protección para los actores y el público, me atacó de nuevo el pesimismo y pensé que los organizadores del evento fueron muy osados al pretender que después de soportar varios años de invierno permanente, sería posible tener una semanita de tregua para desarrollar la programación. Pues ahora quiero saber cuántas toneladas de huevos repartieron para que San Pedro se manejara tan bien con el festival. Porque en el lapso dedicado al teatro callejero el clima fue benévolo y agradable, mientras en el resto del país las tormentas, inundaciones y deslizamientos fueron el común denominador.
Y si en la fiesta no funcionó el truco, porque llovieron hasta maridos, durante la semana del festival el invitado de honor fue el astro rey. Solo me queda averiguar si en los ancianatos quedaron empalagados de tragar arroz con huevo.
martes, octubre 07, 2008
El malevaje.
Todos los idiomas del mundo evolucionan a diario y son sus hablantes los encargados de cambiarlos. Es así como vemos en el nuestro, el castellano, que ciertas palabras que no son castizas, y que además por chocantes o poco sonoras las rechaza la mayoría, terminan por imponerse cuando los miembros de la RAE deben reconocerlas debido a que se han convertido en vocablos comunes y muy utilizados. Por ello antes de corregir a alguien al oírle decir una palabra que suponemos no está en el diccionario, es mejor cerciorarse primero para no quedar mal. La misma lengua varía en los diferentes grupos sociales y en todos indefectiblemente sufre los cambios impuestos por el paso de las generaciones. Esto pude comprobarlo hace poco cuando estuve en la plaza de mercado y me puse a conversar con un malevo que se me arrimó mientras esperaba en el carro.
*Huy patroncito, no crea que porque se queda entre el carro no necesita que le eche gafa pa´ cuidalo. Vea, no es por metele terrorismo, pero por aquí son capaces de alzace la nave con vusté ahí metido. Con decile que cargan trapo pa´ robase un mojao. Deje yo lo acompaño un rato, porque le digo pues que desde que parquiaron aquí ya los tienen pillaos y no es sino que den papaya pa´ que la lleven. Y eso que la galemba está saniada a comparación de lo que era antes; lo que pasa es que ahora hay una guerra donde se quiebran a uno diario, y vusté sabe que de eso se entera todo mundo y así cogemos mala fama es todos.
Aquí la mayoría de la gente es sana y no lihace mal a nadies, pero hay unas mafias que manejan todo y no se puede mover un dedo sin dales tajada. Fíjese vusté por ejemplo todos esos puestos de revuelto y fruta que hay en la calle. No vaya a creer que ellos tienen principal pa´ poner su negocito, qué va. Toda esa mercancía es de algún duro que se compra por ejemplo un viaje de redrojo de tomate, porque ahí venden es las viruñas que no reciben en los supermercaos, y el tipo lo quihace es repartiles pa´ que cada uno se gane cualesquier peso cuando venda todo el realís. Entoes el vergajo se la gana es toda, porque compra el tomate a güevo, no tiene local en ningún pabellón y así se ahorra el arrendo, los impuestos, las faturas y demás gastos, y ni siquiera tiene que pagar empliaos.
Y vea por ejemplo ese pirobo que está parao en la esquina. El man vende vicio y todo mundo sabe, pero la merca tampoco es propia. Aquí hay unos clientes que dominan ese mercao y le consiguen a vusté lo que quiera metese; eso sí, cuenta con ir a sapialos o a frentialos porque de una lo mandan es a pelar. Por eso lo mejor aquí es hacese el manuel y no metese con nadies, pa´ no tener líos y poder ganase cualesquier moneda pa´ llevar pa´ la casa. Yo por ejemplo me levanto la lata es haciendo mandaos, ayudo a cargar bultos, le colaboro a otro cuidándole el puesto, llevo razones, le echo ojito a los carros y lo que haiga qué hacer. Algunos me regalan una moneda y por ejemplo un carnicero me brinda un hueso o media libra de gordo, el del granero me deja recoger frijolitos o maíz del piso, otro me da unas papas, no faltan los platanitos y el revuelto, y hasta alguna fruta pa´ hacele fugo a los pelaos.
Ojo, con disimulo póngale cuidao a ese jíbaro que viene ahí de sudadera gris. Le cuento pues que ese man es una gonorsobia, porque no respeta a nadies y además esige que todo mundo le rinda cuentas. Se cree dueño de la galemba y lo pior es que dicen que ya le ha dado balín a varios. Es ese sentido sí que está jodido esto por acá. Mire que antes un gatillero cobraba tres o cuatro palos por hacer una vuelta, y le cuento pues que hoy en día le martillan al que sea por cualesquier chichigua. No se le haga raro si un vicioso va y quiebra un parroquiano por cincuenta o cien mil pesos. Por lo mismo dicen los sicarios esperimentaos que el negocio se les perratió.
Y ni hablar de los rateros. Esas chuchas espantaron la clientela porque hace años aquí venían los ricos a mercar y ahora no aparecen ni a deshacer los pasos. Recuerdo que de jueves a sábado aquí llegaban cantidá de doñas elegantes que dejaban buena propina y el ambiente era más bacano, además que tenían onde parquiar sus carros porque no esistían todos esos puestos callejeros. Otra cosa es que esto se llenó de putas; y ni esas pueden trabajar por su cuenta. Hay unos pirobos que llaman quisque… ¿cómo dice?, eso, procenetas. Le digo pues que las pobres viejas no dan abasto de voliar caragualo y estos jediondos les quitan la mitá de la plata. Qué cosa tan verrionda.
En todo caso patrón por aquí pa´ servile cuando necesite algo. Mejor dicho, pa´ las que sean; y mire a ver si se deja venir con cualesquier peso que ando más varao que corcho en remolino.
*Huy patroncito, no crea que porque se queda entre el carro no necesita que le eche gafa pa´ cuidalo. Vea, no es por metele terrorismo, pero por aquí son capaces de alzace la nave con vusté ahí metido. Con decile que cargan trapo pa´ robase un mojao. Deje yo lo acompaño un rato, porque le digo pues que desde que parquiaron aquí ya los tienen pillaos y no es sino que den papaya pa´ que la lleven. Y eso que la galemba está saniada a comparación de lo que era antes; lo que pasa es que ahora hay una guerra donde se quiebran a uno diario, y vusté sabe que de eso se entera todo mundo y así cogemos mala fama es todos.
Aquí la mayoría de la gente es sana y no lihace mal a nadies, pero hay unas mafias que manejan todo y no se puede mover un dedo sin dales tajada. Fíjese vusté por ejemplo todos esos puestos de revuelto y fruta que hay en la calle. No vaya a creer que ellos tienen principal pa´ poner su negocito, qué va. Toda esa mercancía es de algún duro que se compra por ejemplo un viaje de redrojo de tomate, porque ahí venden es las viruñas que no reciben en los supermercaos, y el tipo lo quihace es repartiles pa´ que cada uno se gane cualesquier peso cuando venda todo el realís. Entoes el vergajo se la gana es toda, porque compra el tomate a güevo, no tiene local en ningún pabellón y así se ahorra el arrendo, los impuestos, las faturas y demás gastos, y ni siquiera tiene que pagar empliaos.
Y vea por ejemplo ese pirobo que está parao en la esquina. El man vende vicio y todo mundo sabe, pero la merca tampoco es propia. Aquí hay unos clientes que dominan ese mercao y le consiguen a vusté lo que quiera metese; eso sí, cuenta con ir a sapialos o a frentialos porque de una lo mandan es a pelar. Por eso lo mejor aquí es hacese el manuel y no metese con nadies, pa´ no tener líos y poder ganase cualesquier moneda pa´ llevar pa´ la casa. Yo por ejemplo me levanto la lata es haciendo mandaos, ayudo a cargar bultos, le colaboro a otro cuidándole el puesto, llevo razones, le echo ojito a los carros y lo que haiga qué hacer. Algunos me regalan una moneda y por ejemplo un carnicero me brinda un hueso o media libra de gordo, el del granero me deja recoger frijolitos o maíz del piso, otro me da unas papas, no faltan los platanitos y el revuelto, y hasta alguna fruta pa´ hacele fugo a los pelaos.
Ojo, con disimulo póngale cuidao a ese jíbaro que viene ahí de sudadera gris. Le cuento pues que ese man es una gonorsobia, porque no respeta a nadies y además esige que todo mundo le rinda cuentas. Se cree dueño de la galemba y lo pior es que dicen que ya le ha dado balín a varios. Es ese sentido sí que está jodido esto por acá. Mire que antes un gatillero cobraba tres o cuatro palos por hacer una vuelta, y le cuento pues que hoy en día le martillan al que sea por cualesquier chichigua. No se le haga raro si un vicioso va y quiebra un parroquiano por cincuenta o cien mil pesos. Por lo mismo dicen los sicarios esperimentaos que el negocio se les perratió.
Y ni hablar de los rateros. Esas chuchas espantaron la clientela porque hace años aquí venían los ricos a mercar y ahora no aparecen ni a deshacer los pasos. Recuerdo que de jueves a sábado aquí llegaban cantidá de doñas elegantes que dejaban buena propina y el ambiente era más bacano, además que tenían onde parquiar sus carros porque no esistían todos esos puestos callejeros. Otra cosa es que esto se llenó de putas; y ni esas pueden trabajar por su cuenta. Hay unos pirobos que llaman quisque… ¿cómo dice?, eso, procenetas. Le digo pues que las pobres viejas no dan abasto de voliar caragualo y estos jediondos les quitan la mitá de la plata. Qué cosa tan verrionda.
En todo caso patrón por aquí pa´ servile cuando necesite algo. Mejor dicho, pa´ las que sean; y mire a ver si se deja venir con cualesquier peso que ando más varao que corcho en remolino.
miércoles, octubre 01, 2008
Elefante traqueto.
Hace unos días recibí por correo la solicitud de un amigo pereirano para que le ayudara a difundir una información de esas que buscan la solidaridad de muchos cibernautas y de esa forma lograr sacar adelante una campaña determinada. Con gusto accedí a compartir el mensaje con varios contactos, porque definitivamente estoy de acuerdo con el asunto que buscan defender. Voy a referirme a lo que dice la nota, pero advierto que no puedo corroborar ninguno de los datos que allí registran porque carezco de pruebas.
Resulta que hace unos años el Circo Hermanos Gasca le entregó al zoológico de Pereira una elefanta porque se encontraba enferma, e imagino que estaban más encartados que el patas con ese animal. Porque uno puede cargar con un perro apestao o una gallina con moquillo, pero con semejante mastodonte estornudando no lidia ni el más guapo. El caso es que fue tanto el alivio del animal que tiempo después dio a luz al primer elefantico que nace en cautiverio en nuestro país.
Como era de esperarse, las gentes de Risaralda y todos quienes visitamos de vez en cuando el zoológico nos regocijamos con el hecho, y el pequeño paquidermo se convirtió en la mascota preferida de propios y extraños. Los niños felices gritándole al pequeño trompón, mientras los adultos se empeñan en tirarle chitos, papitas fritas y cuanta porquería tragan mientras recorren el recinto, ignorando la recomendación de las autoridades del parque que prohíben rotundamente compartir cualquier tipo de alimento con los ejemplares allí exhibidos. Porque eso sí es gustarnos a los colombianos hacer todo lo que no se debe.
El problema es que hace unos días la compañía circense visitó de nuevo la ciudad y procedió a reclamar el elefantico dizque porque les pertenece, y que deben aprovechar ahora que es un cachorro porque les cae de perlas para adiestrarlo y ponerlo a hacer monerías en su caduco espectáculo. Entonces los cibernautas que emprendieron la cruzada invitan a sus contactos a visitar algunos links donde puede verse la crueldad con que enseñan, a punta de garrote, a sus animales para que obedezcan y representen los patéticos shows. Basta con ingresar a Youtube y buscar el video que se refiere al maltrato que ellos infligen a los animales. Después de verlo queda uno estupefacto; mejor dicho, aterrado, verraco, ofendido, triste, escandalizado y seguro de que nunca más asiste a un circo que anuncie animales en su presentación. Hay que mostrarles a los niños semejante aberración, para que no empiecen a joder con la cantaleta que los lleven a disfrutar de cualquier circo pichurrio que visite la ciudad; seguro que así muchos papás se pueden salvar de ese programa tan jarto, además de que concientizan a sus retoños de una práctica detestable y mandada a recoger.
Lo que sí me pareció es que le faltó imaginación al encargado de bautizar al popular cachorro, porque lo llamó Zimbabue. Tengo la idea que el elefante macho del zoológico resultó de la repartición de ejemplares realizada cuando desmantelaron la colección que tenía el tristemente famoso Pablo Escobar en su hacienda Nápoles, y me late que es el papá del pequeño paquidermo. Con un poco de imaginación lo podía haber llamado Patroncito, Orejas, Traquetín o El Trompón. Y que tengan mucho cuidado con ese pequeño cuadrúpedo, porque el taita ya ensartó con los colmillos a un veterinario que le dio papaya. Es que el que entre la miel anda…
Definitivamente si los seres humanos tuviéramos dos dedos de frente ya habríamos erradicado los zoológicos, acuarios gigantes y demás espectáculos donde utilicen animales. Cómo así que para que nosotros nos distraigamos un rato es necesario tener todo tipo de especies confinadas en recintos estrechos y deprimentes. Cambiarle a un león las inmensas llanuras africanas por unos cuantos metros cuadrados con piso de cemento; meter un oso detrás de unos barrotes en vez de disfrutar de bosques y praderas; zampar un hipopótamo en un charco diminuto; o cambiarle a unos micos las ramas y bejucos de la selva amazónica por columpios improvisados, es un crimen de lesa “animalidad”.
Y qué tal una ballena brincando en un tanque que a duras penas le permite girar; focas y pingüinos que en vez de asolearse en las playas patagónicas deben aplaudir y jugar con pelotas a cambio de una sardina; o grandes tiburones que recorren como zombis estanques que simulan su ambiente natural. Y en la arena del circo los elefantes hacen el ridículo; los chimpancés montan en bicicleta; tigres y leones saltan mientras reciben latigazos; y algunos perros visten tutú y danzan con ademanes afeminados. Después de conocer el tipo de vida que llevan estos improvisados artistas, se pregunta uno a quién se le ocurrió decir que el hombre es el único animal racional.
La prueba reina de que un circo no requiere de este tipo de atracciones es el canadiense Circo del sol, donde la única materia prima son la expresión corporal y la capacidad del ser humano para efectuar malabares y shows de todo tipo. De manera que apoyo a nuestros vecinos pereiranos cuando se niegan a entregar al inocente orejón para que lo maltraten, aunque les recuerdo que su zoológico tampoco cumple con los espacios requeridos para que los animales tengan una existencia digna y menos traumática.
Resulta que hace unos años el Circo Hermanos Gasca le entregó al zoológico de Pereira una elefanta porque se encontraba enferma, e imagino que estaban más encartados que el patas con ese animal. Porque uno puede cargar con un perro apestao o una gallina con moquillo, pero con semejante mastodonte estornudando no lidia ni el más guapo. El caso es que fue tanto el alivio del animal que tiempo después dio a luz al primer elefantico que nace en cautiverio en nuestro país.
Como era de esperarse, las gentes de Risaralda y todos quienes visitamos de vez en cuando el zoológico nos regocijamos con el hecho, y el pequeño paquidermo se convirtió en la mascota preferida de propios y extraños. Los niños felices gritándole al pequeño trompón, mientras los adultos se empeñan en tirarle chitos, papitas fritas y cuanta porquería tragan mientras recorren el recinto, ignorando la recomendación de las autoridades del parque que prohíben rotundamente compartir cualquier tipo de alimento con los ejemplares allí exhibidos. Porque eso sí es gustarnos a los colombianos hacer todo lo que no se debe.
El problema es que hace unos días la compañía circense visitó de nuevo la ciudad y procedió a reclamar el elefantico dizque porque les pertenece, y que deben aprovechar ahora que es un cachorro porque les cae de perlas para adiestrarlo y ponerlo a hacer monerías en su caduco espectáculo. Entonces los cibernautas que emprendieron la cruzada invitan a sus contactos a visitar algunos links donde puede verse la crueldad con que enseñan, a punta de garrote, a sus animales para que obedezcan y representen los patéticos shows. Basta con ingresar a Youtube y buscar el video que se refiere al maltrato que ellos infligen a los animales. Después de verlo queda uno estupefacto; mejor dicho, aterrado, verraco, ofendido, triste, escandalizado y seguro de que nunca más asiste a un circo que anuncie animales en su presentación. Hay que mostrarles a los niños semejante aberración, para que no empiecen a joder con la cantaleta que los lleven a disfrutar de cualquier circo pichurrio que visite la ciudad; seguro que así muchos papás se pueden salvar de ese programa tan jarto, además de que concientizan a sus retoños de una práctica detestable y mandada a recoger.
Lo que sí me pareció es que le faltó imaginación al encargado de bautizar al popular cachorro, porque lo llamó Zimbabue. Tengo la idea que el elefante macho del zoológico resultó de la repartición de ejemplares realizada cuando desmantelaron la colección que tenía el tristemente famoso Pablo Escobar en su hacienda Nápoles, y me late que es el papá del pequeño paquidermo. Con un poco de imaginación lo podía haber llamado Patroncito, Orejas, Traquetín o El Trompón. Y que tengan mucho cuidado con ese pequeño cuadrúpedo, porque el taita ya ensartó con los colmillos a un veterinario que le dio papaya. Es que el que entre la miel anda…
Definitivamente si los seres humanos tuviéramos dos dedos de frente ya habríamos erradicado los zoológicos, acuarios gigantes y demás espectáculos donde utilicen animales. Cómo así que para que nosotros nos distraigamos un rato es necesario tener todo tipo de especies confinadas en recintos estrechos y deprimentes. Cambiarle a un león las inmensas llanuras africanas por unos cuantos metros cuadrados con piso de cemento; meter un oso detrás de unos barrotes en vez de disfrutar de bosques y praderas; zampar un hipopótamo en un charco diminuto; o cambiarle a unos micos las ramas y bejucos de la selva amazónica por columpios improvisados, es un crimen de lesa “animalidad”.
Y qué tal una ballena brincando en un tanque que a duras penas le permite girar; focas y pingüinos que en vez de asolearse en las playas patagónicas deben aplaudir y jugar con pelotas a cambio de una sardina; o grandes tiburones que recorren como zombis estanques que simulan su ambiente natural. Y en la arena del circo los elefantes hacen el ridículo; los chimpancés montan en bicicleta; tigres y leones saltan mientras reciben latigazos; y algunos perros visten tutú y danzan con ademanes afeminados. Después de conocer el tipo de vida que llevan estos improvisados artistas, se pregunta uno a quién se le ocurrió decir que el hombre es el único animal racional.
La prueba reina de que un circo no requiere de este tipo de atracciones es el canadiense Circo del sol, donde la única materia prima son la expresión corporal y la capacidad del ser humano para efectuar malabares y shows de todo tipo. De manera que apoyo a nuestros vecinos pereiranos cuando se niegan a entregar al inocente orejón para que lo maltraten, aunque les recuerdo que su zoológico tampoco cumple con los espacios requeridos para que los animales tengan una existencia digna y menos traumática.
lunes, septiembre 22, 2008
A cruzar los dedos.
Desde nuestros primeros años oímos hablar del temido fin del mundo, y fueron muchas las teorías de cómo sucedería el tenebroso momento. Los curas siempre metiéndoles miedo a los muchachitos con el cuento que debían mantenerse confesados porque en cualquier momento se presentaba la cita bíblica. Y uno bien pendejo, todavía bisoño después de la Primera comunión, cada que le mentaba la madre a alguien, guindaba a una vecina, le cascaba a un hermanito o se robaba una galleta de la alacena, salía disparado para la iglesia a soltar el embuchado y quedar otra vez cero kilómetros en materia de pecados. Ni riesgos de presentarse en el valle de Josafat con algún guardado, a la hora del Juicio final, porque sin duda lo ponían a hacer fila con los que iban a templar a la paila mocha.
Pensar que todavía hay muchos que pasan la vida pendientes de las predicciones de Nostradamus, o de cualquier otro personaje por el estilo, donde basta leer entre líneas para convencerse de que estamos de un cacho de enfrentar ese temido momento en que veremos el fin de nuestros días. Que un meteorito chocará contra la tierra, y debido a que los rayos del sol no podrán ingresar por el polvero tan espantoso que levanta el impacto, se repetirá la Edad del hielo que también es conocida como glaciación; un ciclo de este tipo acabó con los dinosaurios y por fortuna solo dura, en promedio, 50 millones de años. O que nosotros mismos, por irresponsables, descuidados y conchudos, acabemos con la capa de ozono y enloquezcamos el medio ambiente hasta que fenómenos naturales como tsunamis, huracanes, terremotos, avalanchas y demás tragedias, se encarguen de desaparecernos del mapa. Otra posibilidad es una demente y absurda guerra nuclear que no deje piedra sobre piedra. Y qué tal que, como lo pronostican algunas películas de Hollywood, se aparezcan los extraterrestres y acaben hasta con el nido de la perra. ¡Qué susto!
Sin embargo, ahora me entero de que en Europa andan detrás de un experimento que también puede acelerar el momento funesto. No me pregunten para qué carajo se van a chorrear semejante fortuna en ese embeleco, o qué se ganan con obtener las respuestas que buscan, pero la plata ya se la gastaron y falta poco para obtener los resultados de la investigación. Se trata de reproducir, en una escala mínima, el tan nombrado Big Bang que supuestamente fue una explosión de unas proporciones tales que dizque voló mierda al zarzo, y uno de esos diminutos casquetes que resultaron del fogonazo se convirtió con el paso del tiempo en el globo terráqueo.
El proyecto ha durado 19 años y se realiza en la frontera entre Suiza y Francia. Hicieron un túnel circular forrado en metal, de 27 kilómetros de longitud y a cien metros de profundidad, y es el mayor instrumento científico jamás construido. A pesar de mi ignorancia sobre el tema, entiendo que dentro del túnel la temperatura es de -271 grados centígrados y allí pondrán a girar, al 99.99% de la velocidad de la luz, dos haces de protones en direcciones contrarias. En el momento indicado los harán chocar y esa reacción será leída por uno de los cuatro aparatos llamados colisionadores, y en cuyo interior la temperatura será mayor a la de la superficie del sol. Ahí es que pueden obtener información acerca de lo sucedido una mil millonésima de segundo después de la famosa explosión conocida como Big Bang.
Francamente yo puedo vivir sin saber qué pasó ese día, que por cierto fue hace marras. Me importa un pito, un bledo, un pepino, un carajo, un chorizo, tres tiras, un c… mejor dicho, me tiene sin cuidado el resultado del dichoso experimento. Lo que sí me mortifica es que hayan gastado 8 mil millones de dólares en esa enguanda. Diez mil investigadores de 34 países dedicaron dos décadas a semejante pendejada, en un planeta donde la mayoría de la gente vive en la pobreza absoluta. No hay derecho. Y no aspiro a que repartan semejante cantidad de billete entre los más necesitados, porque dentro de seis meses están todos igual de vaciados, pero sí que lo inviertan en salud, comida y vivienda; otra cosa es que semejante batallón de científicos pudo ocupar todo ese tiempo de trabajo investigativo en beneficio de la humanidad.
Cuántos laboratorios y centros de estudio en el mundo entero saltan matones por falta de presupuesto y de recurso humano, mientras que los países desarrollados dedican grandes partidas económicas a investigaciones que así aporten mucho a la ciencia, no le llenan la barriga a nadie. O que le pregunten a un desplazado de cualquier rincón del planeta si prefiere solucionar sus necesidades básicas, o saber si en Marte hay posibilidades de encontrar agua. Estoy seguro de que si hacen una encuesta mundial, el 99% de la gente prefiere recibir cualquier cosa, aunque sea un puño, en vez de que se gasten la plata en telescopios inter espaciales con los que tratan de descubrir nuevos cuerpos celestes.
Ahora salen con que es posible que el mentado experimento cause dizque un “agujero negro” que puede ocasionar el fin del mundo. ¡Qué vacas! Si con algo más de seis mil millones de agujeros negros no hemos podido acabar con él.
Pensar que todavía hay muchos que pasan la vida pendientes de las predicciones de Nostradamus, o de cualquier otro personaje por el estilo, donde basta leer entre líneas para convencerse de que estamos de un cacho de enfrentar ese temido momento en que veremos el fin de nuestros días. Que un meteorito chocará contra la tierra, y debido a que los rayos del sol no podrán ingresar por el polvero tan espantoso que levanta el impacto, se repetirá la Edad del hielo que también es conocida como glaciación; un ciclo de este tipo acabó con los dinosaurios y por fortuna solo dura, en promedio, 50 millones de años. O que nosotros mismos, por irresponsables, descuidados y conchudos, acabemos con la capa de ozono y enloquezcamos el medio ambiente hasta que fenómenos naturales como tsunamis, huracanes, terremotos, avalanchas y demás tragedias, se encarguen de desaparecernos del mapa. Otra posibilidad es una demente y absurda guerra nuclear que no deje piedra sobre piedra. Y qué tal que, como lo pronostican algunas películas de Hollywood, se aparezcan los extraterrestres y acaben hasta con el nido de la perra. ¡Qué susto!
Sin embargo, ahora me entero de que en Europa andan detrás de un experimento que también puede acelerar el momento funesto. No me pregunten para qué carajo se van a chorrear semejante fortuna en ese embeleco, o qué se ganan con obtener las respuestas que buscan, pero la plata ya se la gastaron y falta poco para obtener los resultados de la investigación. Se trata de reproducir, en una escala mínima, el tan nombrado Big Bang que supuestamente fue una explosión de unas proporciones tales que dizque voló mierda al zarzo, y uno de esos diminutos casquetes que resultaron del fogonazo se convirtió con el paso del tiempo en el globo terráqueo.
El proyecto ha durado 19 años y se realiza en la frontera entre Suiza y Francia. Hicieron un túnel circular forrado en metal, de 27 kilómetros de longitud y a cien metros de profundidad, y es el mayor instrumento científico jamás construido. A pesar de mi ignorancia sobre el tema, entiendo que dentro del túnel la temperatura es de -271 grados centígrados y allí pondrán a girar, al 99.99% de la velocidad de la luz, dos haces de protones en direcciones contrarias. En el momento indicado los harán chocar y esa reacción será leída por uno de los cuatro aparatos llamados colisionadores, y en cuyo interior la temperatura será mayor a la de la superficie del sol. Ahí es que pueden obtener información acerca de lo sucedido una mil millonésima de segundo después de la famosa explosión conocida como Big Bang.
Francamente yo puedo vivir sin saber qué pasó ese día, que por cierto fue hace marras. Me importa un pito, un bledo, un pepino, un carajo, un chorizo, tres tiras, un c… mejor dicho, me tiene sin cuidado el resultado del dichoso experimento. Lo que sí me mortifica es que hayan gastado 8 mil millones de dólares en esa enguanda. Diez mil investigadores de 34 países dedicaron dos décadas a semejante pendejada, en un planeta donde la mayoría de la gente vive en la pobreza absoluta. No hay derecho. Y no aspiro a que repartan semejante cantidad de billete entre los más necesitados, porque dentro de seis meses están todos igual de vaciados, pero sí que lo inviertan en salud, comida y vivienda; otra cosa es que semejante batallón de científicos pudo ocupar todo ese tiempo de trabajo investigativo en beneficio de la humanidad.
Cuántos laboratorios y centros de estudio en el mundo entero saltan matones por falta de presupuesto y de recurso humano, mientras que los países desarrollados dedican grandes partidas económicas a investigaciones que así aporten mucho a la ciencia, no le llenan la barriga a nadie. O que le pregunten a un desplazado de cualquier rincón del planeta si prefiere solucionar sus necesidades básicas, o saber si en Marte hay posibilidades de encontrar agua. Estoy seguro de que si hacen una encuesta mundial, el 99% de la gente prefiere recibir cualquier cosa, aunque sea un puño, en vez de que se gasten la plata en telescopios inter espaciales con los que tratan de descubrir nuevos cuerpos celestes.
Ahora salen con que es posible que el mentado experimento cause dizque un “agujero negro” que puede ocasionar el fin del mundo. ¡Qué vacas! Si con algo más de seis mil millones de agujeros negros no hemos podido acabar con él.
miércoles, septiembre 17, 2008
Definamos el asunto.
La única forma de reconocer cualquier cosa, persona o animal, es dándole un nombre que lo distinga de los demás; pero un nombre definitivo para evitar conflictos de identidad. Si a un cachorro lo llamamos todos los días de una forma diferente, el animalito aprenderá a reconocer la voz y el tono, pero nunca responderá solo por el nombre. Lo mismo sucede con un negocio, que debe estar destinado a ofrecer una línea definida. Porque si un día vende parva, el otro medias de seda, después cerveza, luego ferretería y a la semana siguiente resuelve distribuir pelucas, seguro que los clientes buscarán otro lugar para comprar.
En la publicidad un eslogan o símbolo distinguen una marca y llegan a reemplazar cualquier tipo de campaña para promover el producto, como sucede con el chulo de Nike o la musiquita que nos recuerda los cigarrillos Royal. Pero esa tonada o distintivo hay que machacarlos durante años para que el consumidor los reconozca de forma inconsciente. Un letrero de coca cola o el logotipo de Juan Valdez son reconocidos en cualquier parte del mundo.
A las ciudades acostumbramos acuñarles frases que las identifican y así nombramos a París como la Ciudad luz y Nueva York La capital del mundo. En nuestro país Cartagena es El corralito de piedra, Cali La sultana del Valle, Medellín y su eterna primavera y Bogotá a 2600 metros más cerca de las estrellas. Nosotros siempre fuimos reconocidos como La ciudad de las puertas abiertas, aunque de un tiempo para acá cada que asume un alcalde se inventa un eslogan diferente con el fin de pasar a la historia con su idea. Así nacieron frases como Manizales capital del afecto, ciudad viva, el mayor desafío de una raza, una ciudad donde se puede vivir, ciudad universitaria, etc.
Hace unos años adelantaron una campaña publicitaria que tuvo mucho éxito y se refiere a Mi Manizales del alma, con una tonada pegajosa y un logo que en pocos trazos retrata nuestro entorno a la perfección. Por fortuna Juan Manuel alcalde resolvió renunciar al protagonismo y en vez de inventar una nueva campaña, retomó esta última para darle continuidad y aprovechar la acogida que ha tenido desde sus inicios. Y tiene que ser así, porque de lo contrario nadie memoriza la idea y la ciudad sigue a la deriva sin lograr definir su destino. Algunas opciones son, entre otras, dedicarnos a recibir estudiantes a granel, pero con una infraestructura acorde a las necesidades; arrancar en serio con el turismo, aunque ya el Quindío nos cogió mucha ventaja; o meterle con todo a la industria y las exportaciones, pero debemos solucionar primero el tema de las vías de comunicación.
Como manizaleño raizal reconozco que nuestra ciudad se quedó atascada en el camino del desarrollo. Mientras uno no salga de aquí se siente satisfecho por las obras que adelanta la administración municipal, la aparición de nuevos negocios, el auge en la construcción, cierto repunte en el comercio, y una industria emprendedora y bien posicionada en el ámbito nacional, pero basta con viajar a otras regiones para notar la diferencia que existe. Cómo es posible que hoy no haya en este pueblo uno de los grandes almacenes de cadena, y que exista Carrefour en Girardot o Cartago. Aunque ya empezaron con la construcción de un Éxito en Manizales, desde hace tiempo existe en Villavicencio, Facatativá e Ibagué. Con Pereira mantuvimos durante mucho tiempo la discusión sobre cuál de las dos ciudades estaba más desarrollada, y ahora debemos reconocer que hace mucho rato nos cogieron la delantera. Que los dineros calientes han tenido mucho qué ver, aducimos para tratar de justificar el auge que vive la Trasnochadora, querendona y morena (eslogan que por cierto me parece lobísimo), pero nadie podrá decir que son traquetos quienes construyen un inmenso Carrefour (el segundo en esa capital) y un Unicentro majestuoso en la avenida que va a la Villa olímpica. También cuentan con Éxito, Home center, Makro, Alkosto y todo tipo de comercio especializado.
No quiero parecer pesimista, simplemente realista. Un amigo quiso comprar un carro nuevo y llevó su vehículo al concesionario a ver en cuánto lo recibía un intermediario que se encarga de esos negocios. Tasaron el precio y él aceptó, y quedaron de llamarlo al otro día. Pasaron dos semanas y como no se reportaron, alguien le dijo que fuera a Pereira, que la gerente de allá le daba un buen descuento y también le compraban su carro usado. Estando allá se encontró con un amigo pereirano y mientras conversaban sobre café, se enteró de que allá ofrecen un precio mucho mejor para vender el grano a futuro para el próximo semestre; ¡increíble!, un producto que debería comercializarse al mismo precio en todas partes. Yo estaba presente y debí aceptar cuando Javier comentó que eso nos pasa a los manizaleños por chichipatos y retrógrados.
Creo que nuestro fuerte es el desarrollo industrial, pero necesitamos el aeropuerto de Palestina, que anda más empantanado que el patas; el puerto de Tribugá que no está ni tibio; la rectificación de la carretera al Magdalena que se quedará en veremos; el puerto Multimodal de la Dorada del cuál no volvieron ni a hablar; y la Autopista del café que la verán terminada nuestros nietos. ¡Y eso que hoy amanecí optimista!
pmejiama1@une.net.co
En la publicidad un eslogan o símbolo distinguen una marca y llegan a reemplazar cualquier tipo de campaña para promover el producto, como sucede con el chulo de Nike o la musiquita que nos recuerda los cigarrillos Royal. Pero esa tonada o distintivo hay que machacarlos durante años para que el consumidor los reconozca de forma inconsciente. Un letrero de coca cola o el logotipo de Juan Valdez son reconocidos en cualquier parte del mundo.
A las ciudades acostumbramos acuñarles frases que las identifican y así nombramos a París como la Ciudad luz y Nueva York La capital del mundo. En nuestro país Cartagena es El corralito de piedra, Cali La sultana del Valle, Medellín y su eterna primavera y Bogotá a 2600 metros más cerca de las estrellas. Nosotros siempre fuimos reconocidos como La ciudad de las puertas abiertas, aunque de un tiempo para acá cada que asume un alcalde se inventa un eslogan diferente con el fin de pasar a la historia con su idea. Así nacieron frases como Manizales capital del afecto, ciudad viva, el mayor desafío de una raza, una ciudad donde se puede vivir, ciudad universitaria, etc.
Hace unos años adelantaron una campaña publicitaria que tuvo mucho éxito y se refiere a Mi Manizales del alma, con una tonada pegajosa y un logo que en pocos trazos retrata nuestro entorno a la perfección. Por fortuna Juan Manuel alcalde resolvió renunciar al protagonismo y en vez de inventar una nueva campaña, retomó esta última para darle continuidad y aprovechar la acogida que ha tenido desde sus inicios. Y tiene que ser así, porque de lo contrario nadie memoriza la idea y la ciudad sigue a la deriva sin lograr definir su destino. Algunas opciones son, entre otras, dedicarnos a recibir estudiantes a granel, pero con una infraestructura acorde a las necesidades; arrancar en serio con el turismo, aunque ya el Quindío nos cogió mucha ventaja; o meterle con todo a la industria y las exportaciones, pero debemos solucionar primero el tema de las vías de comunicación.
Como manizaleño raizal reconozco que nuestra ciudad se quedó atascada en el camino del desarrollo. Mientras uno no salga de aquí se siente satisfecho por las obras que adelanta la administración municipal, la aparición de nuevos negocios, el auge en la construcción, cierto repunte en el comercio, y una industria emprendedora y bien posicionada en el ámbito nacional, pero basta con viajar a otras regiones para notar la diferencia que existe. Cómo es posible que hoy no haya en este pueblo uno de los grandes almacenes de cadena, y que exista Carrefour en Girardot o Cartago. Aunque ya empezaron con la construcción de un Éxito en Manizales, desde hace tiempo existe en Villavicencio, Facatativá e Ibagué. Con Pereira mantuvimos durante mucho tiempo la discusión sobre cuál de las dos ciudades estaba más desarrollada, y ahora debemos reconocer que hace mucho rato nos cogieron la delantera. Que los dineros calientes han tenido mucho qué ver, aducimos para tratar de justificar el auge que vive la Trasnochadora, querendona y morena (eslogan que por cierto me parece lobísimo), pero nadie podrá decir que son traquetos quienes construyen un inmenso Carrefour (el segundo en esa capital) y un Unicentro majestuoso en la avenida que va a la Villa olímpica. También cuentan con Éxito, Home center, Makro, Alkosto y todo tipo de comercio especializado.
No quiero parecer pesimista, simplemente realista. Un amigo quiso comprar un carro nuevo y llevó su vehículo al concesionario a ver en cuánto lo recibía un intermediario que se encarga de esos negocios. Tasaron el precio y él aceptó, y quedaron de llamarlo al otro día. Pasaron dos semanas y como no se reportaron, alguien le dijo que fuera a Pereira, que la gerente de allá le daba un buen descuento y también le compraban su carro usado. Estando allá se encontró con un amigo pereirano y mientras conversaban sobre café, se enteró de que allá ofrecen un precio mucho mejor para vender el grano a futuro para el próximo semestre; ¡increíble!, un producto que debería comercializarse al mismo precio en todas partes. Yo estaba presente y debí aceptar cuando Javier comentó que eso nos pasa a los manizaleños por chichipatos y retrógrados.
Creo que nuestro fuerte es el desarrollo industrial, pero necesitamos el aeropuerto de Palestina, que anda más empantanado que el patas; el puerto de Tribugá que no está ni tibio; la rectificación de la carretera al Magdalena que se quedará en veremos; el puerto Multimodal de la Dorada del cuál no volvieron ni a hablar; y la Autopista del café que la verán terminada nuestros nietos. ¡Y eso que hoy amanecí optimista!
pmejiama1@une.net.co
jueves, septiembre 11, 2008
Quizás, quizás, quizás.
El deporte nacional de los colombianos es criticar, sacarle pero a todo, destruir, denigrar, rajar de los demás, estigmatizar y son muchos quienes prefieren aquello que metafóricamente habla de ver el vaso medio vacío. La gente acostumbra joder porque sí, y cada que pagan por un servicio le sacan la plata, pero exigiendo y poniendo pereque por cualquier minucia. Hay que ver a una caranga resucitada cuando pela el cobre en un restaurante, y la primera señal es en el momento que le dan a probar el vino que ordenó y lo devuelve dizque porque está picado; claro, sin conocer siquiera la palabra enología. Luego golpea la mesa porque el pescado está muy cocido, el postre no lo convence y la atención le perece pésima. Y habla duro para que todos se enteren, y manotea, y comenta con sus acompañantes que para eso paga, que si fue que le vieron cara de aparecido. Ahí es que el personal del restaurante escupe en su comida y le hacer todo tipo de maldades; por levantado e insoportable.
Qué bueno erradicar de nuestra idiosincrasia el maniqueísmo que profesan tantos que solo admiten las cosas según sus creencias y preferencias, sin ceder un ápice ante la opinión de los demás; y recordar que todo extremo es vicioso. Hay que tratar de dejar a un lado las manías y obsesiones, el radicalismo, el fanatismo, los odios infundados, los prejuicios y las malquerencias. Cómo es de común oír a alguien decir que fulano le cae gordo y no lo puede ver ni en pintura. Entonces le preguntan si conoce a quien tanto detesta y fácilmente responde que nunca ha hablado con él, pero que dicen que es petulante y se cree caído de la horqueta de Júpiter.
El fanatismo en cualquier campo es dañino y la persona que lo profesa se torna insoportable, pesada y hasta peligrosa. En las religiones tiene muchos adeptos y de ahí salen los extremistas del islam, el terrorismo en Irlanda, los muertos de los Balcanes y las tristemente recordadas Cruzadas, para nombrar algunos ejemplos. Y qué tal el que de pronto se mete al Opus Dei y no vuelve a hablar de otra cosa distinta a la Virgen y a Monseñor José María, y a diario nos insiste para que asistamos a un grupo de oración que puede hacernos mucho bien. Es como si les dieran comisión por cada cliente que lleven.
Se ha convertido en un problema mundial el fanatismo de los seguidores del fútbol. Los hinchas ingleses cargan con la fama y por ello fueron bautizados “huligans”, pero ahora son dulces palomas comparados con lo que sucede en otras latitudes. Para no ir muy lejos aquí en Colombia no faltan las víctimas cuando se enfrentan dos equipos de esos que se tienen bronca. Qué muerte más absurda. Salir uno para fútbol el domingo, dizque a divertirse, y terminar en la morgue con una etiqueta en el dedo gordo del pie. Las autoridades implantan normas y toman medidas para controlar el problema, pero esos guaches después de que visten la camiseta, se fuman su bareta y empuñan una navaja, no hay talanquera que los ataje.
Y qué tal las pasiones que despierta la política. Por ese tema muchas amistades se acaban y algunos hasta terminan dándose en la jeta. Respecto a nuestro presidente Uribe hay dos bandos muy definidos en el país, con la salvedad que quienes lo apoyan forman una mayoría apabullante desde el principio de su primer período. Y aparecen allí los llamados “furibistas”, que defienden al mandatario contra viento y marea y no aceptan que alguien ose criticarlo. Los “antiuribistas” por su parte denigran del Presidente, atacan sus políticas, se burlan hasta de sus atuendos y no le reconocen una sola virtud. Ahí aparece el maniqueísmo: las cosas son buenas o malas. Y punto. Como es de fácil tomar partido, pero aplaudir los aciertos y criticar los errores según la forma como los vea cada uno.
Ahora acosan al Presidente para que resuelva si le va a jalar a la segunda reelección, pero con su reconocida habilidad política responde como el del bolero aquel, que cuando le preguntan que cómo, cuándo y dónde, el siempre responde: ¡quizás, quizás, quizás! Si no le interesara el asunto les habría dicho a sus amigos que no se pusieran a recoger esa cantidad de firmas, e imagino que no permitiría que la Registraduría se gaste 14 mil millones de pesos validándolas. Lo debe tener maluco el hecho que haya que meterle el diente otra vez a la Constitución, porque eso de cambiar las reglas de juego a su amaño no está bien visto; además, cada día tiene menos gobernabilidad por dedicarse a apagar incendios.
Lo que no puede desconocerse es que si uno es Presidente del Club de leones, de la Junta de acción comunal, del Club de tejo o de la Asociación de paperos, y cuenta con el 80% de respaldo de los asociados, no desocupa la silla así de fácil. Y peor si tiene que soltársela al arrogante Vargas Lleras, a la intensa Cecilia López, a Gómez Méndez y su tufillo samperista o al M-19 con Lucho Garzón. De pronto a Juan Manuel, pero con muchas recomendaciones y un recibo donde se comprometa a devolverla para el 2014.
pmejiama1@une.net.co
Qué bueno erradicar de nuestra idiosincrasia el maniqueísmo que profesan tantos que solo admiten las cosas según sus creencias y preferencias, sin ceder un ápice ante la opinión de los demás; y recordar que todo extremo es vicioso. Hay que tratar de dejar a un lado las manías y obsesiones, el radicalismo, el fanatismo, los odios infundados, los prejuicios y las malquerencias. Cómo es de común oír a alguien decir que fulano le cae gordo y no lo puede ver ni en pintura. Entonces le preguntan si conoce a quien tanto detesta y fácilmente responde que nunca ha hablado con él, pero que dicen que es petulante y se cree caído de la horqueta de Júpiter.
El fanatismo en cualquier campo es dañino y la persona que lo profesa se torna insoportable, pesada y hasta peligrosa. En las religiones tiene muchos adeptos y de ahí salen los extremistas del islam, el terrorismo en Irlanda, los muertos de los Balcanes y las tristemente recordadas Cruzadas, para nombrar algunos ejemplos. Y qué tal el que de pronto se mete al Opus Dei y no vuelve a hablar de otra cosa distinta a la Virgen y a Monseñor José María, y a diario nos insiste para que asistamos a un grupo de oración que puede hacernos mucho bien. Es como si les dieran comisión por cada cliente que lleven.
Se ha convertido en un problema mundial el fanatismo de los seguidores del fútbol. Los hinchas ingleses cargan con la fama y por ello fueron bautizados “huligans”, pero ahora son dulces palomas comparados con lo que sucede en otras latitudes. Para no ir muy lejos aquí en Colombia no faltan las víctimas cuando se enfrentan dos equipos de esos que se tienen bronca. Qué muerte más absurda. Salir uno para fútbol el domingo, dizque a divertirse, y terminar en la morgue con una etiqueta en el dedo gordo del pie. Las autoridades implantan normas y toman medidas para controlar el problema, pero esos guaches después de que visten la camiseta, se fuman su bareta y empuñan una navaja, no hay talanquera que los ataje.
Y qué tal las pasiones que despierta la política. Por ese tema muchas amistades se acaban y algunos hasta terminan dándose en la jeta. Respecto a nuestro presidente Uribe hay dos bandos muy definidos en el país, con la salvedad que quienes lo apoyan forman una mayoría apabullante desde el principio de su primer período. Y aparecen allí los llamados “furibistas”, que defienden al mandatario contra viento y marea y no aceptan que alguien ose criticarlo. Los “antiuribistas” por su parte denigran del Presidente, atacan sus políticas, se burlan hasta de sus atuendos y no le reconocen una sola virtud. Ahí aparece el maniqueísmo: las cosas son buenas o malas. Y punto. Como es de fácil tomar partido, pero aplaudir los aciertos y criticar los errores según la forma como los vea cada uno.
Ahora acosan al Presidente para que resuelva si le va a jalar a la segunda reelección, pero con su reconocida habilidad política responde como el del bolero aquel, que cuando le preguntan que cómo, cuándo y dónde, el siempre responde: ¡quizás, quizás, quizás! Si no le interesara el asunto les habría dicho a sus amigos que no se pusieran a recoger esa cantidad de firmas, e imagino que no permitiría que la Registraduría se gaste 14 mil millones de pesos validándolas. Lo debe tener maluco el hecho que haya que meterle el diente otra vez a la Constitución, porque eso de cambiar las reglas de juego a su amaño no está bien visto; además, cada día tiene menos gobernabilidad por dedicarse a apagar incendios.
Lo que no puede desconocerse es que si uno es Presidente del Club de leones, de la Junta de acción comunal, del Club de tejo o de la Asociación de paperos, y cuenta con el 80% de respaldo de los asociados, no desocupa la silla así de fácil. Y peor si tiene que soltársela al arrogante Vargas Lleras, a la intensa Cecilia López, a Gómez Méndez y su tufillo samperista o al M-19 con Lucho Garzón. De pronto a Juan Manuel, pero con muchas recomendaciones y un recibo donde se comprometa a devolverla para el 2014.
pmejiama1@une.net.co
martes, septiembre 02, 2008
Un programa olímpico.
Definitivamente la realización de los Juegos Olímpicos celebrados en Pekín puso un punto difícil de superar. Imagino que en Londres estarán nerviosos porque les toca el turno de la próxima cita olímpica y el espectáculo ofrecido desde el lejano oriente quedará grabado en la mente de quienes pudimos disfrutarlo; así sea parcialmente y por televisión. No cabe duda de que los chinos querían, además de impresionar al mundo entero con un derroche de tecnología y organización, mostrarle a occidente la realidad que vive ese país en la actualidad.
Por ello no se les quedó detalle por atender y hasta lograron neutralizar el boicot que quisieron adelantar muchas organizaciones internacionales, para denunciar el conflicto que han mantenido con El Tíbet durante tantos años, además de los atropellos que cometen contra los derechos humanos. Dicen los detractores que escondieron detrás de barreras de madera los barrios más feos y pobres, pero no podemos negar que esa práctica es común en todas partes. También criticaron que la niña que entonó el himno nacional durante la inauguración doblara a la cantante original, porque la suplantada no registraba bien ante las cámaras. Pues hasta en eso se fijaron y quisieron borrar esa imagen que tenemos acerca de que todos los chinos son menuditos y feos. Qué tal las muchachas de logística o las que entregaban las medallas, que parecían muñecas de porcelana.
Las obras de ingeniería e infraestructura tuvieron unos costos a los que ninguna edición de los juegos en la historia siquiera se aproxima. Los escenarios deportivos dejan con la boca abierta a cualquiera y la organización se destacó por su orden y puntualidad. Supe por un programa de televisión que 200 millones de chinos aprendieron otro idioma para atender a los visitantes, y pude ver a un policía común y corriente que se preparó para hablar 13 lenguas diferentes; además se daba el lujo de imitar en inglés acentos y modismos de distintos países. Lo que no pudieron controlar, a pesar del cierre temporal de industrias y prohibir el tránsito de vehículos particulares, fue la contaminación ambiental. Hasta ahí no les alcanzó la plata ni la enjundia.
Lo que sí pudieron hacer, a pesar de ser un proceso que lleva muchos años, dinero y sacrificio, fue ganar los juegos en cuanto a medallas de oro se refiere. Porque ellos siempre han dominado las pesas, el pingpong, el taekwondo o el bádminton, pero verlos ganar en deportes que nunca han sido su fuerte es algo increíble. Qué preparación tan maravillosa la de la delegación china, que encontró en su público un apoyo permanente y efusivo.
Por fortuna tuvimos la oportunidad de disfrutar de unos juegos que pasarán a la historia, y todo gracias al esfuerzo del canal Señal Colombia que los trasmitió todos los días durante las 24 horas. Claro que esas transmisiones tienen sus lunares, como cuando locutores y comentaristas abusan del triunfalismo con el único fin de ganar audiencia. Por ejemplo el clavadista colombiano hace su presentación y queda de primero parcialmente, y hay que oírlos como gritan emocionados y repiten hasta el cansancio que el tipo encabeza la tabla de posiciones. Lo que no advierten es que todavía no han participado la mayoría de competidores, entre los que están los favoritos. Entonces nuestro representante queda, si mucho, entre los diez primeros. De manera que si alguien se conecta a la transmisión en determinado momento y oye la efusividad de los presentadores, alcanza a creer que nos ganamos la presea dorada.
O qué tal la torpeza de pasar en horas de la noche, cuando la mayoría de las personas pueden disfrutar del espectáculo, un partido de béisbol o de fútbol femenino. Ni hablar si un atleta colombiano gana medalla, de lo que sea, porque repiten la imagen hasta el cansancio y entrevistan a Raimundo y todo el mundo. Y la noche que llegó el medallista suspendieron la trasmisión de la final de voleibol playa, para sentarlo en el set a que oyentes de todo el país le preguntaran pendejadas; después suspendieron uno de voleibol entre las selecciones de Rusia y Estados Unidos, para trasmitir la rueda de prensa con el atleta y todos los lagartos del Comité Olímpico Nacional.
Podrían pensar en realizar los juegos por categorías, porque países como el nuestro no pueden enfrentar a los súper atletas que presentan las naciones desarrolladas. Claro que alguien dirá que entonces cómo hacen los fondistas africanos, que parecen raquíticos y desnutridos, o los velocistas jamaiquinos que semejan ráfagas de viento. En todo caso la elasticidad de los gimnastas; la perfección del nado sincronizado; la preparación de los plusmarquistas; la destreza de los clavadistas; y el pundonor y entrega de tantos participantes, hacen de los olímpicos un espectáculo maravilloso.
Y qué tal el gringo Phelps, con su cara de bobo porque debe mascar chicle desde chiquito, quien registró un record difícil de superar. La mamá contó que el muchacho se zampa 8 huevos al desayuno, aparte de tocineta, panes con mantequilla de maní, waffles, café, jugo, galletas, etc. (es más fácil llenar un escusao de tren). Y al preguntarle qué hace su hijo cuando no está entrenando, ella simplemente respondió: ¡nada!
Recuerdo una vez que charlábamos acerca del tema y un amigo aseguró:
- Todos esos atletas hacen trampa con “asteroides”.
pmejiama1@une.net.co
Por ello no se les quedó detalle por atender y hasta lograron neutralizar el boicot que quisieron adelantar muchas organizaciones internacionales, para denunciar el conflicto que han mantenido con El Tíbet durante tantos años, además de los atropellos que cometen contra los derechos humanos. Dicen los detractores que escondieron detrás de barreras de madera los barrios más feos y pobres, pero no podemos negar que esa práctica es común en todas partes. También criticaron que la niña que entonó el himno nacional durante la inauguración doblara a la cantante original, porque la suplantada no registraba bien ante las cámaras. Pues hasta en eso se fijaron y quisieron borrar esa imagen que tenemos acerca de que todos los chinos son menuditos y feos. Qué tal las muchachas de logística o las que entregaban las medallas, que parecían muñecas de porcelana.
Las obras de ingeniería e infraestructura tuvieron unos costos a los que ninguna edición de los juegos en la historia siquiera se aproxima. Los escenarios deportivos dejan con la boca abierta a cualquiera y la organización se destacó por su orden y puntualidad. Supe por un programa de televisión que 200 millones de chinos aprendieron otro idioma para atender a los visitantes, y pude ver a un policía común y corriente que se preparó para hablar 13 lenguas diferentes; además se daba el lujo de imitar en inglés acentos y modismos de distintos países. Lo que no pudieron controlar, a pesar del cierre temporal de industrias y prohibir el tránsito de vehículos particulares, fue la contaminación ambiental. Hasta ahí no les alcanzó la plata ni la enjundia.
Lo que sí pudieron hacer, a pesar de ser un proceso que lleva muchos años, dinero y sacrificio, fue ganar los juegos en cuanto a medallas de oro se refiere. Porque ellos siempre han dominado las pesas, el pingpong, el taekwondo o el bádminton, pero verlos ganar en deportes que nunca han sido su fuerte es algo increíble. Qué preparación tan maravillosa la de la delegación china, que encontró en su público un apoyo permanente y efusivo.
Por fortuna tuvimos la oportunidad de disfrutar de unos juegos que pasarán a la historia, y todo gracias al esfuerzo del canal Señal Colombia que los trasmitió todos los días durante las 24 horas. Claro que esas transmisiones tienen sus lunares, como cuando locutores y comentaristas abusan del triunfalismo con el único fin de ganar audiencia. Por ejemplo el clavadista colombiano hace su presentación y queda de primero parcialmente, y hay que oírlos como gritan emocionados y repiten hasta el cansancio que el tipo encabeza la tabla de posiciones. Lo que no advierten es que todavía no han participado la mayoría de competidores, entre los que están los favoritos. Entonces nuestro representante queda, si mucho, entre los diez primeros. De manera que si alguien se conecta a la transmisión en determinado momento y oye la efusividad de los presentadores, alcanza a creer que nos ganamos la presea dorada.
O qué tal la torpeza de pasar en horas de la noche, cuando la mayoría de las personas pueden disfrutar del espectáculo, un partido de béisbol o de fútbol femenino. Ni hablar si un atleta colombiano gana medalla, de lo que sea, porque repiten la imagen hasta el cansancio y entrevistan a Raimundo y todo el mundo. Y la noche que llegó el medallista suspendieron la trasmisión de la final de voleibol playa, para sentarlo en el set a que oyentes de todo el país le preguntaran pendejadas; después suspendieron uno de voleibol entre las selecciones de Rusia y Estados Unidos, para trasmitir la rueda de prensa con el atleta y todos los lagartos del Comité Olímpico Nacional.
Podrían pensar en realizar los juegos por categorías, porque países como el nuestro no pueden enfrentar a los súper atletas que presentan las naciones desarrolladas. Claro que alguien dirá que entonces cómo hacen los fondistas africanos, que parecen raquíticos y desnutridos, o los velocistas jamaiquinos que semejan ráfagas de viento. En todo caso la elasticidad de los gimnastas; la perfección del nado sincronizado; la preparación de los plusmarquistas; la destreza de los clavadistas; y el pundonor y entrega de tantos participantes, hacen de los olímpicos un espectáculo maravilloso.
Y qué tal el gringo Phelps, con su cara de bobo porque debe mascar chicle desde chiquito, quien registró un record difícil de superar. La mamá contó que el muchacho se zampa 8 huevos al desayuno, aparte de tocineta, panes con mantequilla de maní, waffles, café, jugo, galletas, etc. (es más fácil llenar un escusao de tren). Y al preguntarle qué hace su hijo cuando no está entrenando, ella simplemente respondió: ¡nada!
Recuerdo una vez que charlábamos acerca del tema y un amigo aseguró:
- Todos esos atletas hacen trampa con “asteroides”.
pmejiama1@une.net.co
lunes, agosto 25, 2008
Entre gustos…
Por fortuna existe la diferencia de gustos entre los seres humanos porque de lo contrario la vida sería muy aburrida. Por eso cuando nos preguntamos cómo es posible que a fulano le parezca bonita una cosa determinada, hay que recordar aquel dicho popular que asegura que entre gustos no hay disgustos. De ahí que resulten tan estériles las discusiones donde se trata de argüir que una cosa es mejor que otra, y perdemos el tiempo sin caer en cuenta de que cada uno defiende a capa y espada su forma de ver el asunto en cuestión.
Si a todo el mundo le gustara un solo modelo de automóvil no se venderían otro tipo de vehículos; en las vitrinas puede verse toda clase de ropa e implementos de vestir porque siempre habrá quien esté dispuesto a comprarlos; y es común que al recorrer un gran almacén se tope uno con cierto gallo que le parecerá “lobísimo”, y la pregunta siempre es la misma: quién puede comprar semejante adefesio. Lo cierto es que si el artículo no se vendiera no lo ofrecerían, porque esas grandes cadenas no dan puntada sin dedal.
¿Y acaso la moda no es un artilugio para poner a la gente a consumir? Si una mujer tiene unas botas de cuero muy bonitas, con tacón moderado, chatas y que suben hasta la pantorrilla, y que además le encantan por cómodas y elegantes, no es entendible que de un momento a otro las condene a permanecer en el fondo del armario porque ahora se usan es de tacón alto, puntudas como de mago oriental y que lleguen a la rodilla. Y así estas últimas le produzcan dolor en el juanete, incomodidad para caminar y además le parezcan inmundas, se las chanta a como dé lugar y no vuelve a usar las otras dizque porque están pasadas de moda.
En el caso de las comidas y las bebidas sí que se notan las diferencias de gustos. Pero una cosa curiosa es que con la edad la persona aprende a disfrutar ciertos sabores, o al menos así sucedía antes, porque ahora que lo pienso las cosas han cambiado en ese aspecto. Ahora años los niños no disfrutaban al comer por ejemplo aceitunas, anchoas, alcaparras, encurtidos, quesos y jamones curados, y demás viandas fuertes y de sabores muy definidos, y en cambio ahora usted saca en una fiesta una picadita de este tipo y los mocosos la despachan en un dos por tres. Claro que viéndolo bien, en nuestra época se acostumbraba para estos casos las galletas de soda con carne de diablo, salchichas enlatadas con limón, y salchichón cervecero con tomate verde.
Otra cosa es que los niños son muy amigos de asegurar que no les gusta determinado alimento sin siquiera probarlo, o simplemente porque oyeron a un compañerito decir que eso es muy maluco. Recuerdo que cuando estábamos pequeños mi papá inventaba concursos y métodos para enseñarnos a comer de todo, pero cuando entramos en la pubertad y adolescencia y empezamos a tragar como unas dragas, el hombre se preguntaba a qué horas se le había ocurrido insistirnos para que disfrutáramos de lo que nos sirvieran en el plato. Bastante billete pudo ahorrarse si nos hubiéramos quedado como algunos, que solo comen arroz con huevo, carne asada, papas fritas y tajadas maduras.
Claro que a todos nos quedan resabios y no falta algo que no nos pase por el gaznate. Por ello nunca debe servirse a los invitados comidas como una sopa de mondongo, un plato de morcilla, remolacha, coliflor o lengua en salsa. Son alimentos que mucha gente no puede ver ni en pintura, y por eso es mejor ofrecer pastas, pollo o una carne común para no poner a nadie en aprietos. Es común también que nos insistan en que debemos probar de nuevo tal o cual alimento porque a fulano le fascina y no puede creer que no nos guste. Por ejemplo yo nunca tomo café; ni como tortas, galletas, postres o confites preparados con ese producto. Entonces alguien se empecina en que le dé otra oportunidad a tan deliciosa bebida, y yo respondo que si el café mancha los dientes, es malo para la gastritis, desvela, provoca orinadera en la noche y produce cierta adicción, para qué carajo voy a enviciarme a tomar esa vaina.
Cada quien come y bebe lo que le provoca y que nadie se meta. Claro que a los niños hay que insistirles porque ellos necesitan una buena nutrición, y si los dejan comer a su gusto se alimentan solo de paquetes de mecato, helados y confites. Y ofrézcales algo de comida chatarra, ojalá de una marca conocida y bien costosa, para que vea cómo se tragan lo que les sirvan. Una pizza, hamburguesa o perro caliente preparados en casa no tiene ninguna gracia, pero si es de una multinacional que encima un muñeco de dos pesos como regalo, se convierte en un verdadero manjar.
Uno con los años prefiere el cine independiente; le empieza a gustar el gordo de la carne; madura en la lectura; prefiere reuniones privadas y solo con amigos; se pide el pescuezo de la gallina; viste como le provoca; deja de asistir a compromisos por cumplir; empieza a mandarse y no hace sino lo que le da la gana.
pmejiama1@une.net.co
Si a todo el mundo le gustara un solo modelo de automóvil no se venderían otro tipo de vehículos; en las vitrinas puede verse toda clase de ropa e implementos de vestir porque siempre habrá quien esté dispuesto a comprarlos; y es común que al recorrer un gran almacén se tope uno con cierto gallo que le parecerá “lobísimo”, y la pregunta siempre es la misma: quién puede comprar semejante adefesio. Lo cierto es que si el artículo no se vendiera no lo ofrecerían, porque esas grandes cadenas no dan puntada sin dedal.
¿Y acaso la moda no es un artilugio para poner a la gente a consumir? Si una mujer tiene unas botas de cuero muy bonitas, con tacón moderado, chatas y que suben hasta la pantorrilla, y que además le encantan por cómodas y elegantes, no es entendible que de un momento a otro las condene a permanecer en el fondo del armario porque ahora se usan es de tacón alto, puntudas como de mago oriental y que lleguen a la rodilla. Y así estas últimas le produzcan dolor en el juanete, incomodidad para caminar y además le parezcan inmundas, se las chanta a como dé lugar y no vuelve a usar las otras dizque porque están pasadas de moda.
En el caso de las comidas y las bebidas sí que se notan las diferencias de gustos. Pero una cosa curiosa es que con la edad la persona aprende a disfrutar ciertos sabores, o al menos así sucedía antes, porque ahora que lo pienso las cosas han cambiado en ese aspecto. Ahora años los niños no disfrutaban al comer por ejemplo aceitunas, anchoas, alcaparras, encurtidos, quesos y jamones curados, y demás viandas fuertes y de sabores muy definidos, y en cambio ahora usted saca en una fiesta una picadita de este tipo y los mocosos la despachan en un dos por tres. Claro que viéndolo bien, en nuestra época se acostumbraba para estos casos las galletas de soda con carne de diablo, salchichas enlatadas con limón, y salchichón cervecero con tomate verde.
Otra cosa es que los niños son muy amigos de asegurar que no les gusta determinado alimento sin siquiera probarlo, o simplemente porque oyeron a un compañerito decir que eso es muy maluco. Recuerdo que cuando estábamos pequeños mi papá inventaba concursos y métodos para enseñarnos a comer de todo, pero cuando entramos en la pubertad y adolescencia y empezamos a tragar como unas dragas, el hombre se preguntaba a qué horas se le había ocurrido insistirnos para que disfrutáramos de lo que nos sirvieran en el plato. Bastante billete pudo ahorrarse si nos hubiéramos quedado como algunos, que solo comen arroz con huevo, carne asada, papas fritas y tajadas maduras.
Claro que a todos nos quedan resabios y no falta algo que no nos pase por el gaznate. Por ello nunca debe servirse a los invitados comidas como una sopa de mondongo, un plato de morcilla, remolacha, coliflor o lengua en salsa. Son alimentos que mucha gente no puede ver ni en pintura, y por eso es mejor ofrecer pastas, pollo o una carne común para no poner a nadie en aprietos. Es común también que nos insistan en que debemos probar de nuevo tal o cual alimento porque a fulano le fascina y no puede creer que no nos guste. Por ejemplo yo nunca tomo café; ni como tortas, galletas, postres o confites preparados con ese producto. Entonces alguien se empecina en que le dé otra oportunidad a tan deliciosa bebida, y yo respondo que si el café mancha los dientes, es malo para la gastritis, desvela, provoca orinadera en la noche y produce cierta adicción, para qué carajo voy a enviciarme a tomar esa vaina.
Cada quien come y bebe lo que le provoca y que nadie se meta. Claro que a los niños hay que insistirles porque ellos necesitan una buena nutrición, y si los dejan comer a su gusto se alimentan solo de paquetes de mecato, helados y confites. Y ofrézcales algo de comida chatarra, ojalá de una marca conocida y bien costosa, para que vea cómo se tragan lo que les sirvan. Una pizza, hamburguesa o perro caliente preparados en casa no tiene ninguna gracia, pero si es de una multinacional que encima un muñeco de dos pesos como regalo, se convierte en un verdadero manjar.
Uno con los años prefiere el cine independiente; le empieza a gustar el gordo de la carne; madura en la lectura; prefiere reuniones privadas y solo con amigos; se pide el pescuezo de la gallina; viste como le provoca; deja de asistir a compromisos por cumplir; empieza a mandarse y no hace sino lo que le da la gana.
pmejiama1@une.net.co
martes, agosto 19, 2008
Bitácora desde el cautiverio (II).
Es imposible asimilar, sin vivirla en carne propia, la angustia y desesperación que viven quienes enfrentan el flagelo del secuestro. Sin embargo al leer el libro que lleva el mismo título de este escrito pude aproximarme un poco a esos momentos de aflicción, desesperanza y dolor, que en ocasiones se combinan con sentimientos de optimismo, ilusión y expectativa. Lo que sí queda claro es que la mayor preocupación del secuestrado es el bienestar de su familia y por ello es tan cruel que no les permitan enviar pruebas de supervivencia con regularidad para mitigar la ansiedad de sus seres queridos.
En todas sus cartas el señor Gilberto Echeverri Mejía trata de tranquilizar a su esposa, hijos y amigos cercanos. Mensajes positivos que reflejan un espíritu alegre y optimista, donde habla de la belleza de las selvas, asegura que la comida es aceptable, el tambo donde pasa sus noches acogedor y seguro, que no tiene problemas de salud y hasta alaba las largas caminadas porque le sirven para mejorar su resistencia física. Nunca una queja, un reflejo de depresión o malestar; claro que con el paso del tiempo su estado de ánimo manifiesta los cambios naturales causados por la incertidumbre. En un principio parecía muy tranquilo y confiado en su pronto regreso, pero después, al enterarse de que hace parte del grupo de rehenes canjeables aparece la preocupación, hasta que su espíritu empieza a flaquear cuando debió aceptar que el asunto iba para largo.
Queda comprobado al leer esta especie de epistolario lo vitales que son los mensajes radiales que envían los familiares, y la trascendencia que tienen las noticias referentes al conflicto armado para quienes están retenidos. Mientras que para los ciudadanos del común es una noticia más enterarse de que el Comisionado de paz dice, el Presidente advierte, la Iglesia propone, el ex presidente fulano convoca, los países amigos ofrecen, y entre tanto la guerrilla rechaza y responde con atentados, para el secuestrado y su familia estos informes son motivo de inmensa alegría, o momentos de angustia y desesperanza. Los famosos “inamovibles” son una tortura para ellos.
Una faceta muy humana de quienes sufren este proceso infame es la camaradería que nace entre ellos al compartir la desgracia. Para Gilberto Echeverri y el Gobernador Gaviria fue un beneficio compartir cautiverio con un grupo de miembros de las fuerzas militares, porque mientras ellos dos les enseñaban inglés, literatura y cultura general, los jóvenes militares se encargaban de colaborarles en todo lo necesario, hasta el punto de no dejarlos siquiera lavar los platos. Cuando llegaban a un campamento nuevo les organizaban la cama, un improvisado escritorio, y en los desplazamientos se encargaban de sus equipajes. Siempre demostraron respeto y lealtad, en medio de la familiaridad que nace de compartir un pequeño espacio para sobrevivir a las adversidades de la selva; cumplían la rutina diaria con disciplina militar y agradecían las enseñanzas recibidas de sus eminentes compañeros. Con respecto a esa rutina, en varias oportunidades se refiere a ella en sus cartas y relata cada momento del día desde que se levantan al amanecer, hasta el momento de acostarse en las noches; además describe los diferentes campamentos, los animales que encuentran en el entorno, el trato con los carceleros, los agotadores desplazamientos, la forma como celebran las fechas importantes, los momentos de zozobra y tensión, y la monotonía de una existencia donde el tiempo parece estancado.
La mayoría de estas cartas nunca fueron enviadas y por fortuna las recuperaron después del fallido intento de rescate a sangre y fuego, donde los rehenes fueron fusilados vilmente por sus captores. De milagro unos pocos quedaron heridos y lograron sobrevivir a la masacre, y en la requisa del campamento encontraron de casualidad las hojas embarradas que contenían este documento que describe a la perfección todos los momentos que vivió Gilberto Echeverri en su cautiverio.
Las notas que dirige a sus pequeños nietos son una lección de vida, ya que debido a su corta edad ellos no comprendían la realidad de la situación y por lo tanto utiliza un lenguaje tierno y simple para trasmitirles sus sentimientos. A Camila, la nieta mayor, le habla desde el corazón para explicarle sobre su condición de adolescente y le da consejos para que enfrente la vida y sepa defenderse. A los dos hijos varones les recuerda sus enseñanzas y a Lina María, la mayor, que siempre fue su confidente, socia, amiga y sin duda la niña de sus ojos, no se cansa de mandarle instrucciones para que siga con el manejo de los asuntos familiares. A Yaya, su mujer, no deja de infundirle optimismo e insiste en que debe salir, divertirse y nunca comportarse como una viuda.
La última carta la escribe cuatro días antes de morir en el intento de liberación y sin duda es una especie de testamento, de premonición. Textualmente dice a su mujer: “…le ruego a Dios que me permita partir para que mi gente pueda volver a la normalidad”. Supe por Lina, su encantadora hija, que quienes lograron sobrevivir relataron que su padre estaba anoréxico y solo pesaba 47 kilos. El secuestro logra minar la fuerza, pujanza, entereza y recia personalidad de hombres como él, y es por ello que esta etapa de Colombia será una vergüenza histórica para nuestra nación. pmejiama1@une.net.co
En todas sus cartas el señor Gilberto Echeverri Mejía trata de tranquilizar a su esposa, hijos y amigos cercanos. Mensajes positivos que reflejan un espíritu alegre y optimista, donde habla de la belleza de las selvas, asegura que la comida es aceptable, el tambo donde pasa sus noches acogedor y seguro, que no tiene problemas de salud y hasta alaba las largas caminadas porque le sirven para mejorar su resistencia física. Nunca una queja, un reflejo de depresión o malestar; claro que con el paso del tiempo su estado de ánimo manifiesta los cambios naturales causados por la incertidumbre. En un principio parecía muy tranquilo y confiado en su pronto regreso, pero después, al enterarse de que hace parte del grupo de rehenes canjeables aparece la preocupación, hasta que su espíritu empieza a flaquear cuando debió aceptar que el asunto iba para largo.
Queda comprobado al leer esta especie de epistolario lo vitales que son los mensajes radiales que envían los familiares, y la trascendencia que tienen las noticias referentes al conflicto armado para quienes están retenidos. Mientras que para los ciudadanos del común es una noticia más enterarse de que el Comisionado de paz dice, el Presidente advierte, la Iglesia propone, el ex presidente fulano convoca, los países amigos ofrecen, y entre tanto la guerrilla rechaza y responde con atentados, para el secuestrado y su familia estos informes son motivo de inmensa alegría, o momentos de angustia y desesperanza. Los famosos “inamovibles” son una tortura para ellos.
Una faceta muy humana de quienes sufren este proceso infame es la camaradería que nace entre ellos al compartir la desgracia. Para Gilberto Echeverri y el Gobernador Gaviria fue un beneficio compartir cautiverio con un grupo de miembros de las fuerzas militares, porque mientras ellos dos les enseñaban inglés, literatura y cultura general, los jóvenes militares se encargaban de colaborarles en todo lo necesario, hasta el punto de no dejarlos siquiera lavar los platos. Cuando llegaban a un campamento nuevo les organizaban la cama, un improvisado escritorio, y en los desplazamientos se encargaban de sus equipajes. Siempre demostraron respeto y lealtad, en medio de la familiaridad que nace de compartir un pequeño espacio para sobrevivir a las adversidades de la selva; cumplían la rutina diaria con disciplina militar y agradecían las enseñanzas recibidas de sus eminentes compañeros. Con respecto a esa rutina, en varias oportunidades se refiere a ella en sus cartas y relata cada momento del día desde que se levantan al amanecer, hasta el momento de acostarse en las noches; además describe los diferentes campamentos, los animales que encuentran en el entorno, el trato con los carceleros, los agotadores desplazamientos, la forma como celebran las fechas importantes, los momentos de zozobra y tensión, y la monotonía de una existencia donde el tiempo parece estancado.
La mayoría de estas cartas nunca fueron enviadas y por fortuna las recuperaron después del fallido intento de rescate a sangre y fuego, donde los rehenes fueron fusilados vilmente por sus captores. De milagro unos pocos quedaron heridos y lograron sobrevivir a la masacre, y en la requisa del campamento encontraron de casualidad las hojas embarradas que contenían este documento que describe a la perfección todos los momentos que vivió Gilberto Echeverri en su cautiverio.
Las notas que dirige a sus pequeños nietos son una lección de vida, ya que debido a su corta edad ellos no comprendían la realidad de la situación y por lo tanto utiliza un lenguaje tierno y simple para trasmitirles sus sentimientos. A Camila, la nieta mayor, le habla desde el corazón para explicarle sobre su condición de adolescente y le da consejos para que enfrente la vida y sepa defenderse. A los dos hijos varones les recuerda sus enseñanzas y a Lina María, la mayor, que siempre fue su confidente, socia, amiga y sin duda la niña de sus ojos, no se cansa de mandarle instrucciones para que siga con el manejo de los asuntos familiares. A Yaya, su mujer, no deja de infundirle optimismo e insiste en que debe salir, divertirse y nunca comportarse como una viuda.
La última carta la escribe cuatro días antes de morir en el intento de liberación y sin duda es una especie de testamento, de premonición. Textualmente dice a su mujer: “…le ruego a Dios que me permita partir para que mi gente pueda volver a la normalidad”. Supe por Lina, su encantadora hija, que quienes lograron sobrevivir relataron que su padre estaba anoréxico y solo pesaba 47 kilos. El secuestro logra minar la fuerza, pujanza, entereza y recia personalidad de hombres como él, y es por ello que esta etapa de Colombia será una vergüenza histórica para nuestra nación. pmejiama1@une.net.co
martes, agosto 12, 2008
Bitácora desde el cautiverio (I).
Desde hace un tiempo en nuestro país no pasa un día sin que oigamos hablar de acuerdo humanitario, secuestrados, diálogos de paz, comisionados y facilitadores, países amigos y demás frases o palabras que tengan que ver con ese flagelo absurdo e inhumano que agobia a nuestra sociedad. Puede sentirse el clamor de un pueblo que definitivamente se mamó de la guerra, la inseguridad y la violación de los derechos humanos desde todos los flancos, y solo nos queda esperar que los alzados en armas reconozcan ese sentimiento de hartura y saturación que reflejan las marchas y voces de protesta de una sociedad unida en el rechazo.
Es común oír en la radio los angustiados mensajes que los familiares envían a sus seres queridos que permanecen secuestrados, o las entrevistas que les hacen en televisión cuando aparecen en cámara con la foto de quien no pueden abrazar desde hace tanto tiempo. Entonces los que oímos la información pensamos un momento en lo que será vivir esa experiencia, además de que durante las noches frías y lluviosas no podemos dejar de imaginarlos en unas condiciones tan difíciles para cualquier ser humano.
Después de muchas conjeturas acerca de lo traumático que es para una familia enfrentar dicha situación, pude asimilarlo mejor cuando leí el libro Bitácora de un secuestro. Editado por el Fondo Editorial de la Universidad EAFIT, recoge las cartas y escritos que dejó un ciudadano ejemplar, Gilberto Echeverri Mejía, quien perdió su vida mientras luchaba por alcanzar el sueño de tener un país más justo y equitativo. Después de haberle prestado sus servicios a Colombia desde el sector público y privado, decidió que antes de jubilarse para disfrutar de un retiro tranquilo al lado de su familia, podía desempeñar un último papel como comisionado de paz en su departamento, Antioquia.
En el año 2002 la guerrilla tenía bloqueados varios municipios antioqueños y en compañía del Gobernador de ese entonces, Guillermo Gaviria, el señor Echeverri participó en una marcha pacífica que proclamaba la no-violencia como medio de disuasión contra la insurgencia. Acompañados de organizaciones no gubernamentales, la Iglesia Católica y ciudadanos del común, vistieron de blanco y se fueron en busca de un diálogo con los comandantes de los grupos guerrilleros que operaban en la región. Por ello en su momento los acusaron de dar papaya y meterse en la boca del lobo, aunque por fortuna la mayoría de los ciudadanos entendimos su buena voluntad y entrega incondicional.
Lo que es la vida. Después de una existencia intensa y productiva, porque fue Embajador de nuestro país en Ecuador, Director del SENA, Ministro en dos ocasiones, Desarrollo y Defensa, Gobernador de Antioquia, Consejero presidencial para asuntos sociales, además de generador de industrias, partícipe de campañas cívicas y empresariales, gerente de compañías y miembro de muchas juntas directivas, el destino le pagó con una moneda que definitivamente no merecía. Y pensar que cuando él se unió a la marcha, en Santafé de Antioquia, una calamidad doméstica lo hizo dudar y quiso regresar a Medellín, pero sus familiares y amigos le informaron que ya el asunto estaba resuelto y podía seguir adelante con su labor. Cuando se produce la retención, en un primer momento ambos están convencidos de que se trata de algo pasajero mientras se realizan las conversaciones que buscaban con la marcha, pero al poco tiempo se enteran de que hacen parte del grupo de canjeables que tiene la guerrilla.
Entonces empieza un martirio que solo después de leer sus notas, puede asimilarse aunque sea un poco esa angustia aterradora. Porque la escritura de cartas para familiares y amigos, además de un ensayo sobre la educación en Colombia, fueron el bálsamo que lo mantuvieron en contacto, aunque fuera imaginario, con la realidad del mundo exterior. El señor Echeverri escribía casi a diario, aun consciente de que sus cartas solo saldrían en el momento que hubiera envío de pruebas de supervivencia, lo que ocurrió en muy pocas ocasiones. Por ello es que dichas misivas conformaron una especie de diario que su familia muy amablemente aportó para la edición del libro en mención, con la reserva lógica de las que fueran eminentemente personales.
Lo que sí queda muy claro en este documento es que la mayor cabecera del secuestrado es precisamente la preocupación que enfrenta su familia por tan delicada situación, porque al menos él tiene claro las condiciones en que sobrevive. Muy diferente a quienes quedan en casa que no dejan de preguntarse en todo momento si está aliviado, si lo alimentan bien, si tiene un techo para resguardarse de la lluvia, si lo maltratan y lo más angustiante: si su organismo ha resistido tan dura prueba. Y como la vida de la familia sigue adelante, también hay que preocuparse por el aspecto económico y demás minucias del día a día. Por ejemplo el doctor Gilberto gestionaba en esos días su pensión de jubilación y debió redactar un certificado de supervivencia con firma y huella dactilar, y solicitó a su compañero de cautiverio, el Gobernador Gaviria, que firmara como testigo del documento. También redactó autorizaciones para el banco, instrucciones para pago de impuestos y demás obligaciones tributarias. Lo triste es que muchos documentos no fueron aceptados y otros nunca llegaron.
Sigo en la próxima entrega con detalles de este escalofriante testimonio.
pmejiama1@une.net.co
lunes, agosto 04, 2008
Elecciones USA.
Debemos pararle bolas a las elecciones en los Estados Unidos porque definitivamente su destino está ligado al de tantas naciones que dependen de cómo se comporte esa economía. Si allá entran en recesión económica nos afectamos casi todos porque pocos países pueden decir que son autónomos e independientes. El G-8 conforma la orquesta que rige el baile y no cabe duda de que quien maneja la batuta de director es el representante del Tío Sam. Claro que han visto al Premier Chino en cursos intensivos de ese oficio y seguro en unas décadas va a ser el encargado de treparse al atril.
Por fortuna muy pronto veremos a alguien diferente a George W. Bush en la Casa Blanca, aunque dicho reemplazo también servirá de marioneta de lo grandes grupos económicos que a la larga son los que manejan los hilos tras bambalinas. Lo cierto es que, al menos en un principio, ese relevo no producirá la repulsión que genera la sola presencia del enano Bush, quien con su caminado de vaquero y esa sonrisita maliciosa refleja una imagen postiza y banal. No recuerdo a alguien en la historia contemporánea que haya despertado tanta animadversión como el actual Presidente de los Estados Unidos, además de que ha sido blanco de todo tipo de burlas y sainetes.
Los republicanos escogieron su candidato con relativa facilidad, porque aunque en un principio las cifras favorecían a dos de sus rivales, el triunfo en las primarias de algunos estados claves lo consolidaron como el aspirante para representar el partido que hoy gobierna esa nación. John Sidney McCain III es el prototipo del dirigente estadounidense; héroe de Vietnam, hecho prisionero y torturado durante 5 años, descendiente de militares reconocidos, millonario, poderoso, casado varias veces y político de carrera. Nació allí no más, en la zona del Canal de Panamá en 1936, y de alcanzar la presidencia sería el más viejo en ocupar ese cargo a sus 72 años.
Por ello es difícil comprender que un negrito nacido en Hawai, con pinta de beisbolista, tenga la balanza a su favor en las encuestas como candidato del partido demócrata. La misma Hillary Clinton, su contrincante por la nominación, casi no acepta que en un país racista por tradición se le fuera a atravesar un langaruto negro de escasos 47 años. Y no solo se le atravesó sino que la sacó de taquito. Barack Hussein Obama Jr. es hijo de un africano y una norteamericana; a los dos años de nacido sus padres se separan y la madre contrae de nuevo con un indonesio, y es en Yakarta donde Barack reside hasta cumplir los 10.
Aunque parezca mentira es muy posible que los gringos, tradicionalistas, excluyentes, chapados a la antigua, ególatras y apegados a sus símbolos patrios, escojan a un negro en vez del estadounidense característico que representa su raza y su historia. No puedo imaginar que un habitante de un estado del sur, Georgia o las Carolinas, criado durante la tiranía del Ku kux klan y enseñado a humillar y linchar a las gentes de color, elija a uno de ellos para que resida en la Casa Blanca. Los estadounidenses empezaron a apreciar a los negros cuando los vieron triunfar en los deportes, para vestirlos con el uniforme de ujier, chofer o mayordomo, para que pusieran el pecho en las guerras, e hicieran los oficios que hoy desempeñan los inmigrantes ilegales.
Tampoco puedo vislumbrar al gringo común y corriente, que vive en un suburbio y juega golf el fin de semana; tiene en su casa un sótano lleno de máquinas y herramientas de carpintería; posee una cabaña a orillas del lago para las temporadas de pesca; y compite con los vecinos en cuanto a lujos e ingresos, que deposite su voto por un negro que tiene el nombre de Hussein. Con esa paranoia que mantienen después del famoso atentado, se les debe confundir Obama con Osama; y peor con el agravante que el tipo hizo su primaria en Indonesia, el país con mayor población musulmana del mundo, por lo que deben figurárselo como un alienado que espera una orden superior para proceder con un plan siniestro.
¿Y será que los demócratas son tan machistas que prefirieron al moreno antes que elegir a una fémina? Al fin y al cabo señora, no importa que sea estudiada, y la imaginarán todos los días buscando las llaves de la oficina oval, agarrada de las mechas con las cocineras de la Casa Blanca, sin saber dónde anotó lo del tratado de desarme con los rusos, poniendo quejas de los congresistas y ranchada en que no sale de gira porque tiene costurero. En todo caso será motivo de muchos análisis sociológicos el hecho que por primera llegue un negro a la presidencia, y que casi lo logra una mujer.
También los debe tener ariscos que negros e inmigrantes ya sean mayoría, lo que se refleja en el apoyo que dan al candidato con que mejor se identifican. Nuestra clase dirigente asegura que nos conviene McCain porque apoya el Plan Colombia y el TLC, aunque nada nos ganamos porque mientras el congreso esté en manos de los demócratas, es misiá Nancy Pelosy la que decide sobre esos temas. El caso es que sin importar quién gane, aquí seguiremos como mariposa de museo: clavados y chapaliando.
pmejiama1@une.net.co
Por fortuna muy pronto veremos a alguien diferente a George W. Bush en la Casa Blanca, aunque dicho reemplazo también servirá de marioneta de lo grandes grupos económicos que a la larga son los que manejan los hilos tras bambalinas. Lo cierto es que, al menos en un principio, ese relevo no producirá la repulsión que genera la sola presencia del enano Bush, quien con su caminado de vaquero y esa sonrisita maliciosa refleja una imagen postiza y banal. No recuerdo a alguien en la historia contemporánea que haya despertado tanta animadversión como el actual Presidente de los Estados Unidos, además de que ha sido blanco de todo tipo de burlas y sainetes.
Los republicanos escogieron su candidato con relativa facilidad, porque aunque en un principio las cifras favorecían a dos de sus rivales, el triunfo en las primarias de algunos estados claves lo consolidaron como el aspirante para representar el partido que hoy gobierna esa nación. John Sidney McCain III es el prototipo del dirigente estadounidense; héroe de Vietnam, hecho prisionero y torturado durante 5 años, descendiente de militares reconocidos, millonario, poderoso, casado varias veces y político de carrera. Nació allí no más, en la zona del Canal de Panamá en 1936, y de alcanzar la presidencia sería el más viejo en ocupar ese cargo a sus 72 años.
Por ello es difícil comprender que un negrito nacido en Hawai, con pinta de beisbolista, tenga la balanza a su favor en las encuestas como candidato del partido demócrata. La misma Hillary Clinton, su contrincante por la nominación, casi no acepta que en un país racista por tradición se le fuera a atravesar un langaruto negro de escasos 47 años. Y no solo se le atravesó sino que la sacó de taquito. Barack Hussein Obama Jr. es hijo de un africano y una norteamericana; a los dos años de nacido sus padres se separan y la madre contrae de nuevo con un indonesio, y es en Yakarta donde Barack reside hasta cumplir los 10.
Aunque parezca mentira es muy posible que los gringos, tradicionalistas, excluyentes, chapados a la antigua, ególatras y apegados a sus símbolos patrios, escojan a un negro en vez del estadounidense característico que representa su raza y su historia. No puedo imaginar que un habitante de un estado del sur, Georgia o las Carolinas, criado durante la tiranía del Ku kux klan y enseñado a humillar y linchar a las gentes de color, elija a uno de ellos para que resida en la Casa Blanca. Los estadounidenses empezaron a apreciar a los negros cuando los vieron triunfar en los deportes, para vestirlos con el uniforme de ujier, chofer o mayordomo, para que pusieran el pecho en las guerras, e hicieran los oficios que hoy desempeñan los inmigrantes ilegales.
Tampoco puedo vislumbrar al gringo común y corriente, que vive en un suburbio y juega golf el fin de semana; tiene en su casa un sótano lleno de máquinas y herramientas de carpintería; posee una cabaña a orillas del lago para las temporadas de pesca; y compite con los vecinos en cuanto a lujos e ingresos, que deposite su voto por un negro que tiene el nombre de Hussein. Con esa paranoia que mantienen después del famoso atentado, se les debe confundir Obama con Osama; y peor con el agravante que el tipo hizo su primaria en Indonesia, el país con mayor población musulmana del mundo, por lo que deben figurárselo como un alienado que espera una orden superior para proceder con un plan siniestro.
¿Y será que los demócratas son tan machistas que prefirieron al moreno antes que elegir a una fémina? Al fin y al cabo señora, no importa que sea estudiada, y la imaginarán todos los días buscando las llaves de la oficina oval, agarrada de las mechas con las cocineras de la Casa Blanca, sin saber dónde anotó lo del tratado de desarme con los rusos, poniendo quejas de los congresistas y ranchada en que no sale de gira porque tiene costurero. En todo caso será motivo de muchos análisis sociológicos el hecho que por primera llegue un negro a la presidencia, y que casi lo logra una mujer.
También los debe tener ariscos que negros e inmigrantes ya sean mayoría, lo que se refleja en el apoyo que dan al candidato con que mejor se identifican. Nuestra clase dirigente asegura que nos conviene McCain porque apoya el Plan Colombia y el TLC, aunque nada nos ganamos porque mientras el congreso esté en manos de los demócratas, es misiá Nancy Pelosy la que decide sobre esos temas. El caso es que sin importar quién gane, aquí seguiremos como mariposa de museo: clavados y chapaliando.
pmejiama1@une.net.co
sábado, julio 26, 2008
Ciudad de ensueño.
Después de visitar la ciudad de Buenos Aires lo único que queda es ganas de volver, porque es acogedora, sensual, majestuosa y tradicional. Y aunque el tiempo rinda y alcance a recorrer muchos lugares, al regresar empieza uno a enterarse de tantos destinos que faltaron por conocer. Entonces no puede evitarse cierto remordimiento o gusanera de no haber aprovechado después de estar allá, aunque sería necesaria una estadía muy prolongada para disfrutar tantos atractivos. Lo ideal sería residir, así sea durante una breve temporada, en esa urbe maravillosa.
Como somos tan amigos de estigmatizar a nuestros semejantes, siempre nos hemos referido a los argentinos como fantoches, arrogantes y ególatras. Pues debo reconocer que entre las muchas cosas buenas que conocí en Buenos Aires, lo mejor que encontré fue a sus moradores. Qué gente más amable, servicial, amistosa y sencilla. Siempre dispuestos a colaborar, no aceptan que uno exprese gratitud y como respuesta a ese bien ganado reconocimiento, solo atinan a comentar como para ellos mismos: “noooo, por favoooor…”
Aunque no conozco Europa, después de disfrutar de la arquitectura de Buenos Aires puedo decir que visité la sucursal del viejo continente en América. Tras recorrer sus calles queda uno cansado del cuello de tanto mirar para arriba y deleitarse con esa infinidad de joyas arquitectónicas que ocupan todo el centro. En cada cuadra cree descubrir el edificio más bello y majestuoso, pero en la siguiente debe cambiar de opinión porque seguro encuentra otro que se lleva el reconocimiento. Sus calles y avenidas llenas de árboles, con ese aspecto otoñal tan especial, son laberintos donde las puertas, los portalones y las rejas saturan el entorno de arte y belleza.
Al llegar a cada calle y ver su nombre en la nomenclatura me resistía a creer que estuviera allí presente. He sido amante del ritmo porteño y de nombre reconocía muchos de esos lugares, pero toparme en la esquina de Corrientes con Florida un show callejero donde varias parejas de bailes tradicionales deleitaban a los transeúntes con milongas, valses y tangos fue algo que me llenó de regocijo. O el domingo en San Telmo, en la Plaza Dorrego en medio del mercado de antigüedades, un viejo guitarrista curtido por la experiencia que hacía dúo con un gallego más joven pero no por ello menos ducho en el oficio, tocaban viejas melodías mientras otro personaje, entrado en años y vestido con el traje tradicional, de sombrero gardeliano y polainas, bailaba con quien quisiera acompañarlo.
Otra característica que distingue a los porteños es su gusto por el vino y la comida. Sentarse a manteles a cualquier hora es un placer inmenso que deja un recuerdo imborrable en quien puede disfrutarlo. Desde el restaurante más famoso y tradicional hasta el mesón de barrio sin ningún pergamino, el culto por la gastronomía es algo innato en los bonaerenses. Muchos de los meseros son personas ya viejas que combinan experiencia y amabilidad, que aliñan con algo de buen humor para hacer de la hora de la comida una especie de culto sibarita y sensual.
Toda mi vida oí hablar de Caminito, de San Telmo y La Recoleta con su cementerio donde descansan los restos de Evita, del barrio Palermo, la Plaza de Mayo, el Obelisco y el monumento a San Martín, Puerto Madero y las estaciones Retiro y Constitución. Soñaba con recorrer esa ciudad por calles y avenidas, viajar en tren por las provincias, aprovechar el “subte” y el bus urbano, y disfrutar de la charla amena de los taxistas, que después de hacer la pregunta obligada de la procedencia del turista, reconocen a Manizales por el recuerdo agridulce que dejó en ellos el equipo Once Caldas. Pero siempre con gracia, disposición absoluta de colaborar e interés por hacer sentir bien al visitante.
Fue muy especial para alguien como yo, que por desplazarme en silla de ruedas encuentro en mi país toda clase de obstáculos e inconvenientes, sentirme allá como un rey porque en todas partes encontré facilidad para movilizarme, colaboración desinteresada, ausencia absoluta de obstáculos, escalones o accesos inadecuados, aparte de que no me cobran pasaje en el transporte colectivo o masivo. Otra cosa es que en los restaurantes, almacenes, museos, centros comerciales o donde llegara, había un baño especial para personas con discapacidad. Con justa razón quería quedarme bajo su cielo azul.
Claro que nunca faltan los malos entendidos por el uso del idioma. Como el día que alguno le preguntó a un señor cómo podíamos coger un bus que nos llevara a cierto lugar, y el hombre con cierta malicia respondió que él nunca había “cogido” con un aparato de esos, pero se le ocurría que podría ser por el tubo del escape. Y una de nuestras compañeras, después de que le habíamos solicitado mil cosas a un mesero, le dijo que ella era muy conchuda pero debía pedirle otro favor. Entonces el camarero, un viejo elegante y atento, dijo con picardía que él no había preguntado nada al respecto y lo dejaba abismado semejante confesión. Que era la primera vez que una clienta hacía referencia al tamaño de su “concha”.
Gracias a Dios, a la colaboración incondicional de mis amigos y a la generosidad desmedida de uno de ellos, pudimos vivir una experiencia inolvidable. Y pensar que la mayoría de la gente prefiere conocer Miami.
pmejiama1@une.net.co
Como somos tan amigos de estigmatizar a nuestros semejantes, siempre nos hemos referido a los argentinos como fantoches, arrogantes y ególatras. Pues debo reconocer que entre las muchas cosas buenas que conocí en Buenos Aires, lo mejor que encontré fue a sus moradores. Qué gente más amable, servicial, amistosa y sencilla. Siempre dispuestos a colaborar, no aceptan que uno exprese gratitud y como respuesta a ese bien ganado reconocimiento, solo atinan a comentar como para ellos mismos: “noooo, por favoooor…”
Aunque no conozco Europa, después de disfrutar de la arquitectura de Buenos Aires puedo decir que visité la sucursal del viejo continente en América. Tras recorrer sus calles queda uno cansado del cuello de tanto mirar para arriba y deleitarse con esa infinidad de joyas arquitectónicas que ocupan todo el centro. En cada cuadra cree descubrir el edificio más bello y majestuoso, pero en la siguiente debe cambiar de opinión porque seguro encuentra otro que se lleva el reconocimiento. Sus calles y avenidas llenas de árboles, con ese aspecto otoñal tan especial, son laberintos donde las puertas, los portalones y las rejas saturan el entorno de arte y belleza.
Al llegar a cada calle y ver su nombre en la nomenclatura me resistía a creer que estuviera allí presente. He sido amante del ritmo porteño y de nombre reconocía muchos de esos lugares, pero toparme en la esquina de Corrientes con Florida un show callejero donde varias parejas de bailes tradicionales deleitaban a los transeúntes con milongas, valses y tangos fue algo que me llenó de regocijo. O el domingo en San Telmo, en la Plaza Dorrego en medio del mercado de antigüedades, un viejo guitarrista curtido por la experiencia que hacía dúo con un gallego más joven pero no por ello menos ducho en el oficio, tocaban viejas melodías mientras otro personaje, entrado en años y vestido con el traje tradicional, de sombrero gardeliano y polainas, bailaba con quien quisiera acompañarlo.
Otra característica que distingue a los porteños es su gusto por el vino y la comida. Sentarse a manteles a cualquier hora es un placer inmenso que deja un recuerdo imborrable en quien puede disfrutarlo. Desde el restaurante más famoso y tradicional hasta el mesón de barrio sin ningún pergamino, el culto por la gastronomía es algo innato en los bonaerenses. Muchos de los meseros son personas ya viejas que combinan experiencia y amabilidad, que aliñan con algo de buen humor para hacer de la hora de la comida una especie de culto sibarita y sensual.
Toda mi vida oí hablar de Caminito, de San Telmo y La Recoleta con su cementerio donde descansan los restos de Evita, del barrio Palermo, la Plaza de Mayo, el Obelisco y el monumento a San Martín, Puerto Madero y las estaciones Retiro y Constitución. Soñaba con recorrer esa ciudad por calles y avenidas, viajar en tren por las provincias, aprovechar el “subte” y el bus urbano, y disfrutar de la charla amena de los taxistas, que después de hacer la pregunta obligada de la procedencia del turista, reconocen a Manizales por el recuerdo agridulce que dejó en ellos el equipo Once Caldas. Pero siempre con gracia, disposición absoluta de colaborar e interés por hacer sentir bien al visitante.
Fue muy especial para alguien como yo, que por desplazarme en silla de ruedas encuentro en mi país toda clase de obstáculos e inconvenientes, sentirme allá como un rey porque en todas partes encontré facilidad para movilizarme, colaboración desinteresada, ausencia absoluta de obstáculos, escalones o accesos inadecuados, aparte de que no me cobran pasaje en el transporte colectivo o masivo. Otra cosa es que en los restaurantes, almacenes, museos, centros comerciales o donde llegara, había un baño especial para personas con discapacidad. Con justa razón quería quedarme bajo su cielo azul.
Claro que nunca faltan los malos entendidos por el uso del idioma. Como el día que alguno le preguntó a un señor cómo podíamos coger un bus que nos llevara a cierto lugar, y el hombre con cierta malicia respondió que él nunca había “cogido” con un aparato de esos, pero se le ocurría que podría ser por el tubo del escape. Y una de nuestras compañeras, después de que le habíamos solicitado mil cosas a un mesero, le dijo que ella era muy conchuda pero debía pedirle otro favor. Entonces el camarero, un viejo elegante y atento, dijo con picardía que él no había preguntado nada al respecto y lo dejaba abismado semejante confesión. Que era la primera vez que una clienta hacía referencia al tamaño de su “concha”.
Gracias a Dios, a la colaboración incondicional de mis amigos y a la generosidad desmedida de uno de ellos, pudimos vivir una experiencia inolvidable. Y pensar que la mayoría de la gente prefiere conocer Miami.
pmejiama1@une.net.co
lunes, julio 21, 2008
Periodistas amañados.
El oficio de periodista es digno, agradable, variado e interesante. Y honorable cuando es ejercido por comunicadores serios, ecuánimes, preparados, cultos y sobre todo responsables. Porque muchos utilizan su tarjeta profesional para manipular y sacar provecho; se creen intocables y esperan que todo el mundo les rinda pleitesía; y dicen lo que les provoca tras la mampara de la libertad de prensa para evadir responsabilidades. Soy empírico en este oficio porque hice radio todas las tardes durante diez años; participé en varios programas en la televisión regional; llevo 15 años como columnista de este diario; he colaborado con otras publicaciones, y lo único que espero es haber respetado siempre la ética y la verdad.
Por ello me ofende oír periodistas amañados que manipulan la información. O la forma sesgada como algunos espacios que son abiertamente gobiernistas, encargan a uno de sus participantes a que funja de “antiuribista” para así darle equilibrio al programa. Ejemplos claros son Félix de Bedout en la W, y Gabriel de las Casas en La Luciérnaga; el problema de este último es que además quiere parecer gracioso, pero se le olvida que el humor es algo innato que no se aprende ni puede comprarse.
Otra situación que choca es que un periodista difunda una información moldeada a su gusto, para darle el significado que él quiere promover. Entonces quienes conocen la realidad del asunto saben que no dice la verdad, pero el oyente desprevenido traga entero y asume el informe como una verdad de a puño. Es lo que sucede con el periodista Gustavo Álvarez Gardeazabal y su animadversión con respecto a la construcción del Aeropuerto de Palestina. Como el tipo anda ahora de moda y está convertido en la vedette del periodismo nacional, porque en este país todo el que sea irreverente y bocón sube como espuma, entonces pontifica desde su micrófono en La Luciérnaga y demás espacios mediáticos nacionales. Cómo hacemos para que entienda que en Manizales no tenemos aeropuerto porque La Nubia en invierno no opera, y como aquí el clima se quedó definitivamente en esa estación, estamos aislados del resto del país por vía aérea.
Y de aquí viene mi cuento: me puse a ojear el libro “Caldas 100 años, memorias”, que me prestó un amigo, publicación que le debemos a la gobernación del doctor Emilio Echeverri Mejía y que fue editado para celebrar dicho aniversario en la administración anterior, y encontré la reproducción de una charla programada para esa efeméride y que sostuvieron el ex presidente Belisario Betancourt y el reconocido caldense Oto Morales Benítez. Cuando el doctor Emilio hace la presentación del evento, agradece a ambos personajes su presencia y el hecho de que hayan tenido que llegar en avión a Armenia y desde allí desplazarse por tierra hasta Manizales, porque infortunadamente las condiciones del tiempo no les permitió arribar a La Nubia. El mismo cuento de todos los días y que es causa de la cancelación de infinidad de eventos, conferencias, reuniones y todo tipo de compromisos.
Resulta que en el mismo libro me encuentro con unas charlas que programaron con el nombre de Cátedra del pensamiento caldense, una de las cuales estuvo a cargo del ya nombrado periodista valluno y que tituló “Del cable a Palestina”. Después de leer lo que este personaje dijo allí, me pregunto por qué ninguno de los presentes se paró a rectificarle sus incoherencias, porque yo sí le voy a refutar dichas apreciaciones desde esta columna.
Dice Gardeazabal que el aeropuerto de Palestina es un embeleco de los “azucenos” y de unos pocos “riquitos” de Manizales que vuelan por La Nubia, y que es mejor destinar el préstamo de los españoles para hacer el Metrocable en Manizales. Que con la Autopista que nos une a Pereira, que según él está de un cacho, viajamos al aeropuerto Matecaña en 40 minutos y al Santa Ana de Cartago en una hora. Si será bien pendejo; se nota que nunca ha atravesado la ciudad de Pereira en hora pico, y más ahora que construyeron un sistema masivo de transporte en donde no cabía, lo que genera un caos vehicular impresionante.
Dice el escritor tulueño que para ir a Palestina hay que llegar a Chinchiná, luego bordear la represa de San Francisco durante un buen tramo y proceder a subir una media hora hasta llegar a la meseta donde quedará el aeropuerto. ¡Mentiroso!. La represa de San Francisco está a orillas del río Cauca. Cerca a Chinchiná hay un pequeño embalse que se llama Balsora o Cameguadua, y bordearlo no lleva más de dos minutos; de allí a Palestina sí hay media hora, pero a pie. Y la idea es subir en carro, lo que demora unos pocos minutos por la trocha actual, la cual por cierto hay que rectificar y mejorar.
Insiste el personaje que demoraremos lo mismo en ir a Pereira que a Palestina, y que un camión cargado gastará solo 15 minutos más en llegar a Cartago. Además nos tilda de estultos por querer sacar adelante nuestro anhelado aeropuerto, que según él es un elefante blanco, un monumento al anacronismo. ¡Embustero, tramador! Tampoco entiendo por qué todos pueden tener aeropuerto menos nosotros, o la razón para que la carga que producimos deba viajar por Cartago. Encárguese de los asuntos del Valle que aquí manejamos los nuestros. ¡Y no joda más!
pmejiama1@une.net.co
Por ello me ofende oír periodistas amañados que manipulan la información. O la forma sesgada como algunos espacios que son abiertamente gobiernistas, encargan a uno de sus participantes a que funja de “antiuribista” para así darle equilibrio al programa. Ejemplos claros son Félix de Bedout en la W, y Gabriel de las Casas en La Luciérnaga; el problema de este último es que además quiere parecer gracioso, pero se le olvida que el humor es algo innato que no se aprende ni puede comprarse.
Otra situación que choca es que un periodista difunda una información moldeada a su gusto, para darle el significado que él quiere promover. Entonces quienes conocen la realidad del asunto saben que no dice la verdad, pero el oyente desprevenido traga entero y asume el informe como una verdad de a puño. Es lo que sucede con el periodista Gustavo Álvarez Gardeazabal y su animadversión con respecto a la construcción del Aeropuerto de Palestina. Como el tipo anda ahora de moda y está convertido en la vedette del periodismo nacional, porque en este país todo el que sea irreverente y bocón sube como espuma, entonces pontifica desde su micrófono en La Luciérnaga y demás espacios mediáticos nacionales. Cómo hacemos para que entienda que en Manizales no tenemos aeropuerto porque La Nubia en invierno no opera, y como aquí el clima se quedó definitivamente en esa estación, estamos aislados del resto del país por vía aérea.
Y de aquí viene mi cuento: me puse a ojear el libro “Caldas 100 años, memorias”, que me prestó un amigo, publicación que le debemos a la gobernación del doctor Emilio Echeverri Mejía y que fue editado para celebrar dicho aniversario en la administración anterior, y encontré la reproducción de una charla programada para esa efeméride y que sostuvieron el ex presidente Belisario Betancourt y el reconocido caldense Oto Morales Benítez. Cuando el doctor Emilio hace la presentación del evento, agradece a ambos personajes su presencia y el hecho de que hayan tenido que llegar en avión a Armenia y desde allí desplazarse por tierra hasta Manizales, porque infortunadamente las condiciones del tiempo no les permitió arribar a La Nubia. El mismo cuento de todos los días y que es causa de la cancelación de infinidad de eventos, conferencias, reuniones y todo tipo de compromisos.
Resulta que en el mismo libro me encuentro con unas charlas que programaron con el nombre de Cátedra del pensamiento caldense, una de las cuales estuvo a cargo del ya nombrado periodista valluno y que tituló “Del cable a Palestina”. Después de leer lo que este personaje dijo allí, me pregunto por qué ninguno de los presentes se paró a rectificarle sus incoherencias, porque yo sí le voy a refutar dichas apreciaciones desde esta columna.
Dice Gardeazabal que el aeropuerto de Palestina es un embeleco de los “azucenos” y de unos pocos “riquitos” de Manizales que vuelan por La Nubia, y que es mejor destinar el préstamo de los españoles para hacer el Metrocable en Manizales. Que con la Autopista que nos une a Pereira, que según él está de un cacho, viajamos al aeropuerto Matecaña en 40 minutos y al Santa Ana de Cartago en una hora. Si será bien pendejo; se nota que nunca ha atravesado la ciudad de Pereira en hora pico, y más ahora que construyeron un sistema masivo de transporte en donde no cabía, lo que genera un caos vehicular impresionante.
Dice el escritor tulueño que para ir a Palestina hay que llegar a Chinchiná, luego bordear la represa de San Francisco durante un buen tramo y proceder a subir una media hora hasta llegar a la meseta donde quedará el aeropuerto. ¡Mentiroso!. La represa de San Francisco está a orillas del río Cauca. Cerca a Chinchiná hay un pequeño embalse que se llama Balsora o Cameguadua, y bordearlo no lleva más de dos minutos; de allí a Palestina sí hay media hora, pero a pie. Y la idea es subir en carro, lo que demora unos pocos minutos por la trocha actual, la cual por cierto hay que rectificar y mejorar.
Insiste el personaje que demoraremos lo mismo en ir a Pereira que a Palestina, y que un camión cargado gastará solo 15 minutos más en llegar a Cartago. Además nos tilda de estultos por querer sacar adelante nuestro anhelado aeropuerto, que según él es un elefante blanco, un monumento al anacronismo. ¡Embustero, tramador! Tampoco entiendo por qué todos pueden tener aeropuerto menos nosotros, o la razón para que la carga que producimos deba viajar por Cartago. Encárguese de los asuntos del Valle que aquí manejamos los nuestros. ¡Y no joda más!
pmejiama1@une.net.co
lunes, julio 14, 2008
Interceptaciones al día.
Hoy está más actualizado que nunca aquello que las paredes oyen. En un principio “chuzaban” los teléfonos fijos con facilidad y poco demoraron en hacerlo también con la telefonía celular. Después se impone el correo electrónico y parece increíble lo que hacen los técnicos para rastrear este tipo de comunicaciones. La intimidad quedó en el pasado y a toda hora somos espiados con cámaras y micrófonos. Por fortuna el que nada debe nada teme y a mí pueden chuzarme por donde les provoque. En cambio a los bandidos los tienen envainados porque las comunicaciones resultaron ser su talón de Aquiles. Ojo a esta interceptación que logré pillarme:
Alias El Mueco (guerrillero raso): ¡Aló, don Jojoy! Hábleme más durito que no le escucho… Sisas patrón, le dije que el helicótero recogió a esa gente y se jueron todos de una. Cesar y Gafas se treparon también porque esa jue la orden que vustedes les dieron… ¿Cómo?, no patrón, a mi no me eche cantaleta que ellos jueron los encargaos de esa operación. Yo participé como miembro de la seguridá. El Cesar me dijo que les avisara apenitas cogieran vuelo, y eso estoy haciendo. Mire pues… ahora resulta de que yo tengo la culpa.
¿Qué cómo era el helicótero?, pues como todos… grandotote. ¿Cómo?, lo que le diga es mentira; recuerdo que estaba pintao de blanco y rojo pero no puedo asegurale que tuviera alguna cruz. Uno qué va a fijase en esas pendejadas… No, perdóneme patrón, pero no es grosería. Es que vusté la cogió contra mí, que lo único que hago es pasar una razón. Averigüe dónde están esos dos güevetas que se jueron con los retenidos y pregúteles a ellos; yo solo puedo decile que desde hace días el comandante Cano los llamaba por este aparato y les esplicaba cómo era el maní.
Sí, sí, patrón. Venían un mundo de dotores y algunos con pinta de gringo; y también uno que filmaba… como en las otras entregas. Hágase de cuenta. ¡No!, yo que iba a escuchar nada. No ve que a uno no lo dejan ni arrimar, y además con el ruido de ese aparato quién va a entender algo. Pues claro que lo dejaron prendido; si no se demoraron fue nada. ¡No!, yo que iba a sospechar. Qué tal este, uno metido en esta vaina desde hace años y todavía me tienen de sacamicas, y ahora quiere que le responda por la cagada del jefe.
*Mono Jojoy: ¿Oiga?, Comandante Cano, usté que fue lo que organizó que no me dijo nada. Pues quisque la entrega de misiá Ingrid y los tres gringos esos, además de unos soldaos y policías. Por lo mismo, por lo mismo. Por eso lo llamo. Si usté ya vio las noticias podrá darse cuenta que el que supuestamente dirigió ese operativo fue su persona. Yo no tenía ni idea, apenas me vengo a desayunar. Pero cómo carajos nos fueron e meter el dedo en la boca así de fácil. Definitivamente desde que el viejo finó esta vaina anda jodida, y usté me disculpa comandante. Además con la embarrada de los aparatos esos de Reyes quedamos en pelota. Por eso es que a mi no me gusta la tenología; pille que cuando mandábamos las razones personalmente, así se demoraran, la cosa era más segura. Le cuento pues que no me gusta hablar ni por cedular.
Que embarrada tan berrionda. Mire que nos quitaron las fichas importantes… ahora solo nos quedan unos cuantos desconocidos que nadies va a reclamar. Siii, claro, en medio de la calentura todos dicen que van a seguir jeringuiando pa’ que los larguemos, pero aguarde y verá que dentro de poquito no los vuelven a mencionar. O es que vusté cree que mister Sarkozy se va a desvelar por el hijo del profesor Moncayo; olvídese papá. Y a los gringos les importa un chorizo los que tenemos enchiqueraos. Ahora sí quedamos fue mamando.
No, no, camarada. Yo no le estoy echando vainazos a usté. Lo que pasa es que diga a ver si no tengo razón: desde que les dio por joder con esos aparatos sofisticaos esto empezó a complicase. Y ahora arrancan con los mensajes de la dotora Ingrid que difunden desde los helicóteros, y con la gana que mantiene toda esta gente de largase pa’ la casa; porque no nos digamos mentiras pero en los frentes sí están pasando trabajos. Es que no se le olvide lo que le sucedió al compañero Ríos; mientras ofrezcan ese mundo de plata por nosotros ya no duerme ni el patas. Mire que hasta la negra esa, la tal Karina, se nos abrió del parche y ahí anda haciéndole propaganda al gobierno por la televisora.
¿Reunión cuándo? Bueno, voy a mirar porque la cosa está jodida. Eso sí le advierto que no me cojan de mingo porque nada tuve que ver con ese golazo que nos zamparon. ¿Que qué?, oigan a este… ahora voy a salir a debeles. Vea comandante, usté podrá ser muy estudiao pero yo llevo muchos años en esto y nadies me van a mangoniar. Aguarde mejor y hablamos en vivo y en direto, que allá deben estar los gringos cagaos de la risa oyéndonos la conversa. ¡Hum!, qué tal este man; ora quién le irá a aguantar esas ínfulas de mandamás.
pmejiama1@une.net.co
Alias El Mueco (guerrillero raso): ¡Aló, don Jojoy! Hábleme más durito que no le escucho… Sisas patrón, le dije que el helicótero recogió a esa gente y se jueron todos de una. Cesar y Gafas se treparon también porque esa jue la orden que vustedes les dieron… ¿Cómo?, no patrón, a mi no me eche cantaleta que ellos jueron los encargaos de esa operación. Yo participé como miembro de la seguridá. El Cesar me dijo que les avisara apenitas cogieran vuelo, y eso estoy haciendo. Mire pues… ahora resulta de que yo tengo la culpa.
¿Qué cómo era el helicótero?, pues como todos… grandotote. ¿Cómo?, lo que le diga es mentira; recuerdo que estaba pintao de blanco y rojo pero no puedo asegurale que tuviera alguna cruz. Uno qué va a fijase en esas pendejadas… No, perdóneme patrón, pero no es grosería. Es que vusté la cogió contra mí, que lo único que hago es pasar una razón. Averigüe dónde están esos dos güevetas que se jueron con los retenidos y pregúteles a ellos; yo solo puedo decile que desde hace días el comandante Cano los llamaba por este aparato y les esplicaba cómo era el maní.
Sí, sí, patrón. Venían un mundo de dotores y algunos con pinta de gringo; y también uno que filmaba… como en las otras entregas. Hágase de cuenta. ¡No!, yo que iba a escuchar nada. No ve que a uno no lo dejan ni arrimar, y además con el ruido de ese aparato quién va a entender algo. Pues claro que lo dejaron prendido; si no se demoraron fue nada. ¡No!, yo que iba a sospechar. Qué tal este, uno metido en esta vaina desde hace años y todavía me tienen de sacamicas, y ahora quiere que le responda por la cagada del jefe.
*Mono Jojoy: ¿Oiga?, Comandante Cano, usté que fue lo que organizó que no me dijo nada. Pues quisque la entrega de misiá Ingrid y los tres gringos esos, además de unos soldaos y policías. Por lo mismo, por lo mismo. Por eso lo llamo. Si usté ya vio las noticias podrá darse cuenta que el que supuestamente dirigió ese operativo fue su persona. Yo no tenía ni idea, apenas me vengo a desayunar. Pero cómo carajos nos fueron e meter el dedo en la boca así de fácil. Definitivamente desde que el viejo finó esta vaina anda jodida, y usté me disculpa comandante. Además con la embarrada de los aparatos esos de Reyes quedamos en pelota. Por eso es que a mi no me gusta la tenología; pille que cuando mandábamos las razones personalmente, así se demoraran, la cosa era más segura. Le cuento pues que no me gusta hablar ni por cedular.
Que embarrada tan berrionda. Mire que nos quitaron las fichas importantes… ahora solo nos quedan unos cuantos desconocidos que nadies va a reclamar. Siii, claro, en medio de la calentura todos dicen que van a seguir jeringuiando pa’ que los larguemos, pero aguarde y verá que dentro de poquito no los vuelven a mencionar. O es que vusté cree que mister Sarkozy se va a desvelar por el hijo del profesor Moncayo; olvídese papá. Y a los gringos les importa un chorizo los que tenemos enchiqueraos. Ahora sí quedamos fue mamando.
No, no, camarada. Yo no le estoy echando vainazos a usté. Lo que pasa es que diga a ver si no tengo razón: desde que les dio por joder con esos aparatos sofisticaos esto empezó a complicase. Y ahora arrancan con los mensajes de la dotora Ingrid que difunden desde los helicóteros, y con la gana que mantiene toda esta gente de largase pa’ la casa; porque no nos digamos mentiras pero en los frentes sí están pasando trabajos. Es que no se le olvide lo que le sucedió al compañero Ríos; mientras ofrezcan ese mundo de plata por nosotros ya no duerme ni el patas. Mire que hasta la negra esa, la tal Karina, se nos abrió del parche y ahí anda haciéndole propaganda al gobierno por la televisora.
¿Reunión cuándo? Bueno, voy a mirar porque la cosa está jodida. Eso sí le advierto que no me cojan de mingo porque nada tuve que ver con ese golazo que nos zamparon. ¿Que qué?, oigan a este… ahora voy a salir a debeles. Vea comandante, usté podrá ser muy estudiao pero yo llevo muchos años en esto y nadies me van a mangoniar. Aguarde mejor y hablamos en vivo y en direto, que allá deben estar los gringos cagaos de la risa oyéndonos la conversa. ¡Hum!, qué tal este man; ora quién le irá a aguantar esas ínfulas de mandamás.
pmejiama1@une.net.co
sábado, julio 05, 2008
Vivir la vida.
El paso del ser humano por la tierra es efímero, fugaz, insignificante. Qué son 80 o 90 años, la edad aproximada de supervivencia en la actualidad, comparados con el tiempo que tiene el hombre sobre la Tierra. En épocas remotas la expectativa de vida era mucho menor, pero ha aumentado a medida que inventan vainas para mejorar y alargar nuestra existencia terrenal.
Al leer sobre la evolución del Homo sapiens desde sus inicios, en lo que hoy es Somalia en el cuerno africano, vemos que han existido infinidad de civilizaciones y asentamientos humanos cuyos rastros permitieron que en el futuro los descubrieran y estudiaran. Pero la verdad es que al tocar el tema de la evolución de nuestro planeta mencionamos cifras en cientos de millones de años, y como ese tipo de guarismos aturde, cuando queremos repetirlas nos confundimos. Por lo tanto un grupo de científicos facilitó las cosas con un ejemplo que sintetiza el asunto de una manera clara y sencilla: dicen que si resumimos el tiempo de existencia del planeta Tierra a un lapso de 24 horas, el hombre apareció en los últimos cinco segundos. Así podemos comprobar que somos unos primíparos en este peladero.
Por ello insisto en que la vida hay que vivirla sin desperdiciar segundo. Puede ser en cualquier nimiedad, con tal de que nos guste y deje alguna enseñanza o satisfacción. Hay que conocer, probar, ensayar, variar, arriesgar y aventurar. Ir a donde lo inviten; medírsele a lo que sea; hablar hasta por los codos; comer y beber sin remordimientos; reírse a carcajadas. Ayudar a los demás, compartir, recibir y agradecer, merecer, imaginar, producir, y sobre todo disfrutar. Pero no solo disfrutar de cosas lujosas y costosas, sino de simplezas como un atardecer, el trino de un pájaro, la majestuosidad de un árbol o el rumor del agua al correr.
En otras culturas y religiones creen en la reencarnación, y por ello la gente no le teme a la muerte como sí sucede en occidente. Por ejemplo en la India la sociedad está dividida en castas, y como no existe la posibilidad de que una persona pueda cambiar esa situación, si pertenece por ejemplo a los intocables, que son comparados con el excremento por su insignificancia, acepta su destino y sueña con reencarnar en una posición social más favorable. Nada parecido a nuestro país donde estamos catalogados por estratos sociales, el cual está ligado directamente a la capacidad económica del ciudadano. Entonces un pobretón de estrato uno que se vuelve mafioso, sin ninguna dificultad escala al más alto nivel social.
El caso es que para quienes no creemos que después de esta vida haya otras opciones de regresar a seguir dando guerra en otro cuerpo, más nos vale sacarle todo el jugo posible a esta única oportunidad. Y pienso que la idea no es destacarse en un campo cualquiera, ser el mejor en una modalidad, tener más plata que los demás, poseer belleza y perfección física, o entregarse en cuerpo y alma a una religión. Los ejemplos son muchos y variados, y el más común es el ejecutivo que dedica su existencia a trabajar y amasar fortuna. No piensa en otra cosa, su único tema son la plata y los negocios, descuida su familia por atender juntas y reuniones, y solo le interesan los amigos que representen alguna utilidad. Su obsesión es engrosar la chequera para asegurar una vejez tranquila y boyante, pero no acata que a los 70 años el organismo ya no está para hacer gracias.
O el que encausa a su hijo para que sea un virtuoso del violín, y desde los 3 años el muchachito no hace otra cosa que estudiar música. Lo cuidan como a una porcelana para que no se vaya a quebrar un dedo, y ni pensar en dejarlo salir a correr con los amigos del barrio, treparse a un árbol, tirarle piedras a los pájaros, desinflar una llanta al carro del vecino o hacer cualquier otro tipo de pilatuna. Tampoco experimenta la pubertad ni la adolescencia, porque lo zampan a una universidad en el exterior donde lo becan para escurrirlo al máximo. Y a los 50 años es una estrella del violín, pero con un pasado insípido y vacío.
El deporte es importante para la salud, pero sin exagerar ni obsesionarse con el tema; porque si un mocoso muestra aptitud para el tenis le meten el deporte hasta por las narices para que sea el mejor. Ya mayorcito, ni riesgos de tomarse unos tragos con los amigos o amanecerse en una fiesta, debido a que tiene que madrugar a entrenar. Y mientras los compañeros salen de paseo con las novias, él declina la invitación porque debe competir en un torneo.
No cabe duda de que todo en exceso es dañino, pero pasar la vida sin darle gusto al paladar por cuidar la salud es otro desperdicio. Claro que cada quien escoge si vive 80 años a punta de fritanga y aguardiente, sin reparar en calorías o niveles de colesterol, o 90 con comidas saludables y fiestas zanahorias; como una monjita de clausura que ni siquiera puede “tribuniar” desde la ventana. En todo caso, si confirman lo de la reencarnación, ya resolví qué quiero ser en la próxima vida: ¡brassier de diva!
pmejiama1@une.net.co
Al leer sobre la evolución del Homo sapiens desde sus inicios, en lo que hoy es Somalia en el cuerno africano, vemos que han existido infinidad de civilizaciones y asentamientos humanos cuyos rastros permitieron que en el futuro los descubrieran y estudiaran. Pero la verdad es que al tocar el tema de la evolución de nuestro planeta mencionamos cifras en cientos de millones de años, y como ese tipo de guarismos aturde, cuando queremos repetirlas nos confundimos. Por lo tanto un grupo de científicos facilitó las cosas con un ejemplo que sintetiza el asunto de una manera clara y sencilla: dicen que si resumimos el tiempo de existencia del planeta Tierra a un lapso de 24 horas, el hombre apareció en los últimos cinco segundos. Así podemos comprobar que somos unos primíparos en este peladero.
Por ello insisto en que la vida hay que vivirla sin desperdiciar segundo. Puede ser en cualquier nimiedad, con tal de que nos guste y deje alguna enseñanza o satisfacción. Hay que conocer, probar, ensayar, variar, arriesgar y aventurar. Ir a donde lo inviten; medírsele a lo que sea; hablar hasta por los codos; comer y beber sin remordimientos; reírse a carcajadas. Ayudar a los demás, compartir, recibir y agradecer, merecer, imaginar, producir, y sobre todo disfrutar. Pero no solo disfrutar de cosas lujosas y costosas, sino de simplezas como un atardecer, el trino de un pájaro, la majestuosidad de un árbol o el rumor del agua al correr.
En otras culturas y religiones creen en la reencarnación, y por ello la gente no le teme a la muerte como sí sucede en occidente. Por ejemplo en la India la sociedad está dividida en castas, y como no existe la posibilidad de que una persona pueda cambiar esa situación, si pertenece por ejemplo a los intocables, que son comparados con el excremento por su insignificancia, acepta su destino y sueña con reencarnar en una posición social más favorable. Nada parecido a nuestro país donde estamos catalogados por estratos sociales, el cual está ligado directamente a la capacidad económica del ciudadano. Entonces un pobretón de estrato uno que se vuelve mafioso, sin ninguna dificultad escala al más alto nivel social.
El caso es que para quienes no creemos que después de esta vida haya otras opciones de regresar a seguir dando guerra en otro cuerpo, más nos vale sacarle todo el jugo posible a esta única oportunidad. Y pienso que la idea no es destacarse en un campo cualquiera, ser el mejor en una modalidad, tener más plata que los demás, poseer belleza y perfección física, o entregarse en cuerpo y alma a una religión. Los ejemplos son muchos y variados, y el más común es el ejecutivo que dedica su existencia a trabajar y amasar fortuna. No piensa en otra cosa, su único tema son la plata y los negocios, descuida su familia por atender juntas y reuniones, y solo le interesan los amigos que representen alguna utilidad. Su obsesión es engrosar la chequera para asegurar una vejez tranquila y boyante, pero no acata que a los 70 años el organismo ya no está para hacer gracias.
O el que encausa a su hijo para que sea un virtuoso del violín, y desde los 3 años el muchachito no hace otra cosa que estudiar música. Lo cuidan como a una porcelana para que no se vaya a quebrar un dedo, y ni pensar en dejarlo salir a correr con los amigos del barrio, treparse a un árbol, tirarle piedras a los pájaros, desinflar una llanta al carro del vecino o hacer cualquier otro tipo de pilatuna. Tampoco experimenta la pubertad ni la adolescencia, porque lo zampan a una universidad en el exterior donde lo becan para escurrirlo al máximo. Y a los 50 años es una estrella del violín, pero con un pasado insípido y vacío.
El deporte es importante para la salud, pero sin exagerar ni obsesionarse con el tema; porque si un mocoso muestra aptitud para el tenis le meten el deporte hasta por las narices para que sea el mejor. Ya mayorcito, ni riesgos de tomarse unos tragos con los amigos o amanecerse en una fiesta, debido a que tiene que madrugar a entrenar. Y mientras los compañeros salen de paseo con las novias, él declina la invitación porque debe competir en un torneo.
No cabe duda de que todo en exceso es dañino, pero pasar la vida sin darle gusto al paladar por cuidar la salud es otro desperdicio. Claro que cada quien escoge si vive 80 años a punta de fritanga y aguardiente, sin reparar en calorías o niveles de colesterol, o 90 con comidas saludables y fiestas zanahorias; como una monjita de clausura que ni siquiera puede “tribuniar” desde la ventana. En todo caso, si confirman lo de la reencarnación, ya resolví qué quiero ser en la próxima vida: ¡brassier de diva!
pmejiama1@une.net.co
Las malas vienen juntas.
Entre las muy nombradas leyes de Murphy debería existir un capítulo dedicado exclusivamente a un asunto que mortifica y descompone. Se trata de una constante que nunca falla, y tiene que ver con que las situaciones adversas y las malas noticias siempre se vienen en tacada. Lo que llaman una mala racha. Por ello la gente comenta, cuando enfrenta una situación de estas, que las malas siempre vienen juntas. Y es común ver a un individuo que se rasca la cabeza y solo atina a decir: Al caído caerle.
Un ejemplo muy común es cuando por ejemplo se rompe una tubería en un baño de la casa, y después de que viene el plomero, tumba la pared para buscar el escape, levanta polvo por toneladas y vuelve la casa un chiquero, cuando por fin le está dando los últimos retoques al remiendo, fijo que empieza a brotar agua por otra pared de la vivienda. Y qué tal cuando se daña un electrodoméstico y arrancan todos en fila a sacar la mano; y entonces la mujer, ante el ofusque del marido y la alegadera, dice que eso es normal porque todos esos “peyes” cumplieron su ciclo y es hora de cambiarlos. Ahí sí que se le salta la piedra al sufrido asalariado que no imagina cómo va a solucionar semejante desfase en el presupuesto familiar.
Al ver las noticias diarias en periódicos y noticieros se nos ocurre pensar que a nuestro sufrido país se le vienen las malas en seguidilla, y no puede uno entender cómo tienen cabeza nuestros dirigentes para atender semejante cantidad de problemas tan complicados. La crudeza del invierno es algo que angustia por los daños que ocasiona, y no alcanzan a solucionar un problema cuando aparecen varios más graves y complicados que opacan el anterior. Y lo peor es que desde hace mucho tiempo vivimos en jornada continua invernal, porque anuncian un veranito y nunca dura más de quince días.
Las carreteras principales sufren lo indecible cuando sus laderas se saturan y empiezan a chorrear, y los peores casos se presentan si el derrumbe es de los que llaman “negativo”, ya que los otros basta con recogerlos y abrir la vía de nuevo. Porque cuando se va la banca de la carretera el problema es delicado, además de costoso, y solucionarlo lleva más tiempo. Entonces no queda de otra que desviar el tráfico por una vía alterna, pero si las cotas de pluviosidad llegan a ciertos niveles las avalanchas son por todas partes y las demás carreteras también sufren. Ni hablar de las vías secundarias que sirven de comunicación entre las áreas agrícolas y las ciudades capitales, y cuando colapsa un puente o la carretera desaparece debajo del lodo, quedan completamente aislados. Por lo tanto es muy complicado exigirle al gobierno que desarrolle nuevas alternativas viales, porque imagino que la plata disponible apenas alcanza para sortear los estragos que causa el “general” invierno.
Mientras tanto el país inundado de vehículos de todo tipo y el problema de movilidad se agrava, y el precio del petróleo no detiene su proceso alcista. Y si ese combustible fósil se utilizara solo para mover el parque automotor, vaya y venga, pero con los derivados de esa porquería fabrican de todo. Productos que uno nunca imaginaría son elaborados a base de petróleo, por lo que su alto costo debe preocuparnos a todos. Otra cosa es que si explotan pozos por cantidades en Venezuela y Ecuador, al otro lado de la frontera, por qué carajo en nuestro territorio no hay. Será que no han mirado bien, o que lo piensan guardar para el futuro cuando empiece a escasear; seguro después inventan otro tipo de energía y nos toca meternos el “oro negro” por donde sabemos.
En cambio el precio del café, que aquí se da “choto” y de excelente calidad, parece un yo yo que fluctúa sin control. Nunca más se repitieron las heladas del Brasil; en otras latitudes decidieron cultivarlo; las bolsas de valores manipulan los precios a su antojo; y por lo tanto nos quedaremos a la espera de una bonanza como la de mediados de los años 70. Basta cualquier eventualidad que beneficie el precio del grano para que, al menos en nuestra región, volvamos a ver el florecimiento del campo. ¡Ah! tiempos aquellos cuando los Comités de cafeteros tenían recursos y mantenían como un lulo las carreteritas, los acueductos veredales, las escuelas y puestos de salud. Además, una bonanza le deja billete a todo el mundo; al dueño de la finca, a las muchachas del prostíbulo, al chofer del yip, al del granero, al que vende cigarrillos “menudiaos”, al almacén de insumos agrícolas, etc. Y para colmo, el abono también lo hacen con petróleo y por lo tanto está por las nubes.
Otro problema bien complicado es el asunto del dólar. Por más que expliquen los economistas y expertos, la mayoría de las personas no logra entender por qué es tan perjudicial que los “verdes” estén más baratos, si toda la vida hemos sufrido porque eran inalcanzables. Lo único cierto es que dicha situación solo beneficia a los importadores y a quienes viajan al exterior, porque los exportadores están a punto de robar gallinas. Me late que no les queda sino invocar al Chapulín colorao.
pmejiama1@une.net.co
Un ejemplo muy común es cuando por ejemplo se rompe una tubería en un baño de la casa, y después de que viene el plomero, tumba la pared para buscar el escape, levanta polvo por toneladas y vuelve la casa un chiquero, cuando por fin le está dando los últimos retoques al remiendo, fijo que empieza a brotar agua por otra pared de la vivienda. Y qué tal cuando se daña un electrodoméstico y arrancan todos en fila a sacar la mano; y entonces la mujer, ante el ofusque del marido y la alegadera, dice que eso es normal porque todos esos “peyes” cumplieron su ciclo y es hora de cambiarlos. Ahí sí que se le salta la piedra al sufrido asalariado que no imagina cómo va a solucionar semejante desfase en el presupuesto familiar.
Al ver las noticias diarias en periódicos y noticieros se nos ocurre pensar que a nuestro sufrido país se le vienen las malas en seguidilla, y no puede uno entender cómo tienen cabeza nuestros dirigentes para atender semejante cantidad de problemas tan complicados. La crudeza del invierno es algo que angustia por los daños que ocasiona, y no alcanzan a solucionar un problema cuando aparecen varios más graves y complicados que opacan el anterior. Y lo peor es que desde hace mucho tiempo vivimos en jornada continua invernal, porque anuncian un veranito y nunca dura más de quince días.
Las carreteras principales sufren lo indecible cuando sus laderas se saturan y empiezan a chorrear, y los peores casos se presentan si el derrumbe es de los que llaman “negativo”, ya que los otros basta con recogerlos y abrir la vía de nuevo. Porque cuando se va la banca de la carretera el problema es delicado, además de costoso, y solucionarlo lleva más tiempo. Entonces no queda de otra que desviar el tráfico por una vía alterna, pero si las cotas de pluviosidad llegan a ciertos niveles las avalanchas son por todas partes y las demás carreteras también sufren. Ni hablar de las vías secundarias que sirven de comunicación entre las áreas agrícolas y las ciudades capitales, y cuando colapsa un puente o la carretera desaparece debajo del lodo, quedan completamente aislados. Por lo tanto es muy complicado exigirle al gobierno que desarrolle nuevas alternativas viales, porque imagino que la plata disponible apenas alcanza para sortear los estragos que causa el “general” invierno.
Mientras tanto el país inundado de vehículos de todo tipo y el problema de movilidad se agrava, y el precio del petróleo no detiene su proceso alcista. Y si ese combustible fósil se utilizara solo para mover el parque automotor, vaya y venga, pero con los derivados de esa porquería fabrican de todo. Productos que uno nunca imaginaría son elaborados a base de petróleo, por lo que su alto costo debe preocuparnos a todos. Otra cosa es que si explotan pozos por cantidades en Venezuela y Ecuador, al otro lado de la frontera, por qué carajo en nuestro territorio no hay. Será que no han mirado bien, o que lo piensan guardar para el futuro cuando empiece a escasear; seguro después inventan otro tipo de energía y nos toca meternos el “oro negro” por donde sabemos.
En cambio el precio del café, que aquí se da “choto” y de excelente calidad, parece un yo yo que fluctúa sin control. Nunca más se repitieron las heladas del Brasil; en otras latitudes decidieron cultivarlo; las bolsas de valores manipulan los precios a su antojo; y por lo tanto nos quedaremos a la espera de una bonanza como la de mediados de los años 70. Basta cualquier eventualidad que beneficie el precio del grano para que, al menos en nuestra región, volvamos a ver el florecimiento del campo. ¡Ah! tiempos aquellos cuando los Comités de cafeteros tenían recursos y mantenían como un lulo las carreteritas, los acueductos veredales, las escuelas y puestos de salud. Además, una bonanza le deja billete a todo el mundo; al dueño de la finca, a las muchachas del prostíbulo, al chofer del yip, al del granero, al que vende cigarrillos “menudiaos”, al almacén de insumos agrícolas, etc. Y para colmo, el abono también lo hacen con petróleo y por lo tanto está por las nubes.
Otro problema bien complicado es el asunto del dólar. Por más que expliquen los economistas y expertos, la mayoría de las personas no logra entender por qué es tan perjudicial que los “verdes” estén más baratos, si toda la vida hemos sufrido porque eran inalcanzables. Lo único cierto es que dicha situación solo beneficia a los importadores y a quienes viajan al exterior, porque los exportadores están a punto de robar gallinas. Me late que no les queda sino invocar al Chapulín colorao.
pmejiama1@une.net.co
martes, junio 24, 2008
Y nosotros… ¿qué hacíamos?
Cómo han cambiado las cosas con respecto a las vacaciones. Ahora en muchos establecimientos educativos se rigen por el calendario B, que termina el año lectivo en el mes de junio. Entonces la pausa de medio año es por un lapso considerablemente largo, mientras que a fin de año el descanso es más corto. Me late que se trata de una modalidad copiada del exterior, porque en los colegios bilingües despachan a los profesores a que pasen el verano con sus familias en el hemisferio norte. Y con lo que nos dicta imitar en todo a los extranjeros.
Lo más curioso es que para muchos estudiantes la época de vacaciones se convierte en un martirio; los chinos se jartan en la casa y no saben qué camino coger. Ni hablar del problema que representa para los padres de familia, debido a que la mayoría trabaja, y con desespero buscan qué inventarse para entretener a los muchachitos. Nada los mortifica más que saberlos en la casa idiotizados frente a la pantalla del televisor, del computador o conectados a los juegos electrónicos. Entonces recuerdo lo que representaba para nosotros salir a vacaciones, y no puedo entender cómo semejante regalo del cielo puede convertirse en un inconveniente.
Pensándolo bien, sí entiendo. A los infantes de ahora les tocó vivir una época de inseguridad y barbarie que les coartó la libertad; prisioneros inocentes de sus casas, edificios o conjuntos residenciales. Y aparte de los peligros que hay en la calle, súmele la paranoia de los papás que no les permiten ni asomarse a la ventana. Entonces no hay duda de que para nosotros la cosa sí era muy fácil, porque aparte de que las mamás permanecían en la casa, podíamos movernos sin ataduras ni imposiciones; al mocoso que se defendiera solo, lo echaban para la calle desde las ocho de la mañana y solo podía entrar cuando tuviera ganas de hacer popó, presentara un hueso roto o una herida abierta.
De manera que el menú de diversiones era ilimitado y menciono solo algunos. Jugábamos guerra libertadora, chucha o la lleva, cuclí, estatua y quemado. Con canicas de cristal a los cinco hoyos, al pipo y cuarta, al hoyito o nos inventábamos un recorrido para realizar una vuelta a Colombia, donde cada bola representaba un ciclista; dicha competencia también se practicaba con tapas de gaseosa rellenas de parafina o cáscara de naranja. Hacíamos comitivas, casas en los árboles, trincheras y escalábamos barrancos. Teníamos yoyo, trompo, balero, popo o bodoquera, navaja, pica pica, cauchera y marranita. Las cometas eran fabricadas por nosotros con papel de seda y engrudo. Y nos entreteníamos con actividades tan simples como sacar gusanitos de un barranco con la ayuda de un espartillo.
A cierta edad el pasatiempo preferido era rodar por las faldas en carritos de balineras. Después de ahorrar unos pesitos, mi papá nos completaba el capital necesario para fabricar las naves. Cogíamos el bus que nos llevaba al centro, bajábamos a las carreras hasta el Parque Liborio y en cualquier taller conseguíamos rodamientos de segunda. En una ferretería comprábamos puntillas, además del tornillo y las arandelas necesarias para darle movilidad al eje delantero. Después, en una construcción que hubiera en el barrio negociábamos con el celador para que nos vendiera unos recortes de madera. Solo quedaba conseguir un pedazo de cuerda gruesa para controlar la dirección.
El martillo, un serrucho, el machete para redondear los ejes y así poder meter las balineras, y a trabajar se dijo. Cada quien le ponía su sello personal al carrito, y nunca faltaban los gallos y las novedades; un cojín, calcomanías, rayas de color, dibujos y grabados adornaban las carrocerías. Concentrados en el ensamblaje nos turnábamos la herramienta, y nunca faltaba una mano amiga para solucionar cualquier inconveniente. Era cuestión de una tarde y todos a ensayar los carros.
Por fortuna en cualquier barrio de Manizales hay varias cuadras en pendiente para improvisar los autódromos. En el barrio La Camelia, donde vivíamos entonces, podíamos chorrearnos desde la Avenida Santander hasta la iglesia de Palermo sin peligro porque el vecindario apenas nacía y las calles eran desiertas. Ocho cuadras en bajada, con curvas de todo tipo, hacían del recorrido una aventura inolvidable. Podía llover, tronar y relampaguear y no hacíamos otra cosa que rodar por esas faldas. Manteníamos los codos y las rodillas en carne viva, o con costras de sangre seca, y las mamás no paraban de renegar porque destruíamos bluyines, camisas y zapatos. Lo de menos era el pellejo del zambo.
Además nos gustaba innovar y ponerle más peligro al programa. Como el carrito era para conductor y un pasajero, cogíamos prestado el atomizador que usaba la mamá para echarse laca en el pelo y lo llenábamos de gasolina. Entonces en plena carrera rociábamos las balineras con el líquido inflamable y la llamarada era inmediata, por las chispas que se formaban al rastrillar el metal contra el pavimento. Esa vaina nos producía unas descargas de adrenalina que no alcanzo a describir.
De noche nos dejaban salir un rato y la entretención preferida era hacer maldades. Quebrar bombillos, timbrar en las casas, azuzar los perros del vecindario, fumar al escondido, mortificar al celador y al que se atravesara. Por fortuna la gente era paciente y tranquila, porque de lo contrario no estaríamos contando el cuento.
pmejiama1@une.net.co
Lo más curioso es que para muchos estudiantes la época de vacaciones se convierte en un martirio; los chinos se jartan en la casa y no saben qué camino coger. Ni hablar del problema que representa para los padres de familia, debido a que la mayoría trabaja, y con desespero buscan qué inventarse para entretener a los muchachitos. Nada los mortifica más que saberlos en la casa idiotizados frente a la pantalla del televisor, del computador o conectados a los juegos electrónicos. Entonces recuerdo lo que representaba para nosotros salir a vacaciones, y no puedo entender cómo semejante regalo del cielo puede convertirse en un inconveniente.
Pensándolo bien, sí entiendo. A los infantes de ahora les tocó vivir una época de inseguridad y barbarie que les coartó la libertad; prisioneros inocentes de sus casas, edificios o conjuntos residenciales. Y aparte de los peligros que hay en la calle, súmele la paranoia de los papás que no les permiten ni asomarse a la ventana. Entonces no hay duda de que para nosotros la cosa sí era muy fácil, porque aparte de que las mamás permanecían en la casa, podíamos movernos sin ataduras ni imposiciones; al mocoso que se defendiera solo, lo echaban para la calle desde las ocho de la mañana y solo podía entrar cuando tuviera ganas de hacer popó, presentara un hueso roto o una herida abierta.
De manera que el menú de diversiones era ilimitado y menciono solo algunos. Jugábamos guerra libertadora, chucha o la lleva, cuclí, estatua y quemado. Con canicas de cristal a los cinco hoyos, al pipo y cuarta, al hoyito o nos inventábamos un recorrido para realizar una vuelta a Colombia, donde cada bola representaba un ciclista; dicha competencia también se practicaba con tapas de gaseosa rellenas de parafina o cáscara de naranja. Hacíamos comitivas, casas en los árboles, trincheras y escalábamos barrancos. Teníamos yoyo, trompo, balero, popo o bodoquera, navaja, pica pica, cauchera y marranita. Las cometas eran fabricadas por nosotros con papel de seda y engrudo. Y nos entreteníamos con actividades tan simples como sacar gusanitos de un barranco con la ayuda de un espartillo.
A cierta edad el pasatiempo preferido era rodar por las faldas en carritos de balineras. Después de ahorrar unos pesitos, mi papá nos completaba el capital necesario para fabricar las naves. Cogíamos el bus que nos llevaba al centro, bajábamos a las carreras hasta el Parque Liborio y en cualquier taller conseguíamos rodamientos de segunda. En una ferretería comprábamos puntillas, además del tornillo y las arandelas necesarias para darle movilidad al eje delantero. Después, en una construcción que hubiera en el barrio negociábamos con el celador para que nos vendiera unos recortes de madera. Solo quedaba conseguir un pedazo de cuerda gruesa para controlar la dirección.
El martillo, un serrucho, el machete para redondear los ejes y así poder meter las balineras, y a trabajar se dijo. Cada quien le ponía su sello personal al carrito, y nunca faltaban los gallos y las novedades; un cojín, calcomanías, rayas de color, dibujos y grabados adornaban las carrocerías. Concentrados en el ensamblaje nos turnábamos la herramienta, y nunca faltaba una mano amiga para solucionar cualquier inconveniente. Era cuestión de una tarde y todos a ensayar los carros.
Por fortuna en cualquier barrio de Manizales hay varias cuadras en pendiente para improvisar los autódromos. En el barrio La Camelia, donde vivíamos entonces, podíamos chorrearnos desde la Avenida Santander hasta la iglesia de Palermo sin peligro porque el vecindario apenas nacía y las calles eran desiertas. Ocho cuadras en bajada, con curvas de todo tipo, hacían del recorrido una aventura inolvidable. Podía llover, tronar y relampaguear y no hacíamos otra cosa que rodar por esas faldas. Manteníamos los codos y las rodillas en carne viva, o con costras de sangre seca, y las mamás no paraban de renegar porque destruíamos bluyines, camisas y zapatos. Lo de menos era el pellejo del zambo.
Además nos gustaba innovar y ponerle más peligro al programa. Como el carrito era para conductor y un pasajero, cogíamos prestado el atomizador que usaba la mamá para echarse laca en el pelo y lo llenábamos de gasolina. Entonces en plena carrera rociábamos las balineras con el líquido inflamable y la llamarada era inmediata, por las chispas que se formaban al rastrillar el metal contra el pavimento. Esa vaina nos producía unas descargas de adrenalina que no alcanzo a describir.
De noche nos dejaban salir un rato y la entretención preferida era hacer maldades. Quebrar bombillos, timbrar en las casas, azuzar los perros del vecindario, fumar al escondido, mortificar al celador y al que se atravesara. Por fortuna la gente era paciente y tranquila, porque de lo contrario no estaríamos contando el cuento.
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