viernes, agosto 25, 2006

Competencia Electrónica

Es común que la gente se pregunte por qué, si la industria y la economía han repuntado en los último años en forma considerable, al mismo tiempo el desempleo disminuye, pero a paso de tortuga. Muy sencillo: porque la tecnología remplaza al ser humano en casi todas las áreas y es así como cada vez son menos los empleados que requiere una empresa. Basta con recordar lo que era antes el departamento de contabilidad en cualquier firma comercial, donde debían llevar los tradicionales libros a mano, archivar facturas y recibos, asentar a diario los movimientos y demás operaciones, trabajos que ahora se hacen con sofisticados programas computarizados que se encargan del control absoluto de cuentas y balances. En un informe desde Alemania mostraron una de las principales fábricas de cerveza de ese país, en la cual laboran únicamente tres operarios. Hágame el bendito favor. Robots, maquinas sistematizadas, cintas transportadoras y demás técnicas innovadoras, que requieren solo de unos pocos pares de ojos que controlen monitores y de vez en cuando opriman una tecla determinada. Por fortuna nuestra topografía no permite que el café sea cogido por una máquina, como proceden en muchas regiones de Brasil, porque ahí sí quedaría este país en la física olla; lo mismo sucede con las cortadoras de caña o la recolección del espárrago (los campesinos dicen que este último trabajo rinde, pero de la cintura). Con razón antes había camello para todo el mundo, si hasta para fabricar una veladora eran necesarias varias manos.

Menos mal en los países desarrollados ya no le jalan a desempeñar cierta clase de labores, y dejan así una oportunidad para tantos cesantes que no encuentran oportunidades de trabajo en sus respectivas naciones. Se quejan por ejemplo en Estados Unidos porque la ola de inmigrantes los invade, pero no aceptan que si no fuera por esta mano de obra necesitada y humilde, ellos no encontrarían quien les cuidara los culicagaos, les fritara las hamburguesas, aseara los escusaos y les mantuviera limpio el jardín. Pude ver en la televisión un alto funcionario del gobierno español, relacionado con el área del empleo, donde explicaba la clase de trabajos que realizan las personas nacidas en ese país, y luego definió las labores destinadas solo para extranjeros e inmigrantes. El europeo no lava platos, ni parquea carros, ni recoge basuras. Tampoco recolecta aceitunas, no carga camiones y mucho menos desempeña trabajos de alto riesgo o que a largo plazo pueda tener consecuencias en la salud del operario. Qué sería de los españoles sin “sudacas” y africanos, o de los alemanes sin turcos, o de los ingleses sin indios y paquistaníes.

En cualquier comunidad, hospital, hotel, fábrica o entidad, ahora años había una centralita telefónica donde varias muchachas metían y sacaban clavijas para comunicar a las personas. Como en casi todos los casos el servicio se prestaba las 24 horas del día, era necesario contratar varios turnos. En cambio ahora ese trabajo lo hacen los conmutadores y contestadores automáticos, aparatos que sacan de casillas a quien llama, porque no le dan opción de hablar con una persona que pueda escucharlo, ofrecerle una explicación o presentar alguna solución a su inquietud. Y qué decir de los teléfonos celulares que ahora sirven para tomar fotos, grabar videos, mandar mensajes por internet, grabación de voz, agenda y muchas otras arandelas; además, cada vez son más delgados, pequeños y funcionales.

Siempre que veo un modelo diferente, en vez de envidia, siento un fresco al recordar que soy la única persona que conozco que no tiene una mecha de esas. Todos mis sobrinos, el señor de la portería del edificio donde resido, la empleada doméstica, los domicilios, los trabajadores de la construcción, la totalidad de mis amigos y familiares, y hasta el gato, tienen celular. En cambio a mí nunca me ha sonado el aparatejo en momento inoportuno, y no puedo olvidar cuando un gerente bancario me dijo que por orden del presidente de la entidad, debía mantener el trebejo prendido en todo momento, sin excepciones. Y el jefe empezaba a joder desde las 4 de la mañana. Va la madre.

La construcción siempre ha sido una buena fuente de empleo, con el agravante que las obras cada vez se ejecutan más rápido y por lo tanto los “rusos”, como les dicen en Bogotá, quedan varados cada cierto tiempo. Pero en ese renglón el modernismo y las máquinas reemplazan la mano de obra en forma considerable, como las grúas que mueven ladrillos, varillas, formaletas, concreto y demás materiales que antes debían cargarse al hombro. Con los prefabricados y los paneles, en muchas construcciones no es necesario pegar ladrillos ni revocar, y se adicionan químicos a la mezcla del cemento para que fragüe más rápido. La maquinaria es un descreste, y la instalación de grifería y demás aditamentos es mogolla. Por fortuna todavía es necesario enchapar a mano, armar los casetones de esterilla, enderezar puntillas, remojar adobe, cargar arena, tirar plomadas y “canchar” paredes.

Que tiemblen los asalariados porque en cualquier momento inventan un aparato que los remplace. Por fortuna falta mucho para que ensamblen robots que funjan de gariteros, cojan goteras, parchen llantas en carretera, le corran el catre a las vagabundas, vendan caldo con albóndigas al amanecer, sustituyan ayudantes de bus, lleven antojos a domicilio o asen arepas al carbón.

miércoles, agosto 02, 2006

Nunca Fallan

Un personaje a quien recuerdo a diario es a un tal Murphy, el de las famosas leyes. Si cada ser humano escribiera un ejemplo de una ley de este tipo, surgiría el documento más extenso conocido hasta la fecha. Porque a lo mejor muchos nunca han oído hablar del asunto, pero basta explicarles y nombrarles algunos casos para que de inmediato hagan sus aportes. Es común que le digan a uno, cuando reniega porque las malditas leyes lo tienen fregado, que no sea negativo y no le pare bolas a esas bobadas.



A lo mejor soy muy de malas pero siempre que viene un técnico a mi casa para una reparación o mantenimiento, nunca falla que llegue en momento inoportuno. Si es hora de almorzar, de ducharse, hacer la siesta o atender una llamada telefónica de larga distancia, preciso aparece el fulano de turno. Como es urgente solucionar el problema toca atenderlo y esperar que arregle el daño. Pero ahí es cuando el tipo dice que olvidó traer una herramienta especial, o sin revisar a fondo asegura que “eso no se va a poder”. Después pregunta que si por casualidad tenemos una llave brístol milimétrica de tres octavos y una pistola para poner remaches.



Si voy a la cocina a hervir una leche debo supervisar sin parpadear para evitar que se suba, pero basta con mirar a otro lado para que suelte el hervor y el reguero inunde el fogón. Ahora venden las arepas medio crudas y chupan candela de lo lindo, por lo que uno se confía y decide que alcanza a contestar el teléfono. Cuando regresa la arepita está como una suela, retorcida y no le entra el diente; porque si al menos se quemara, que entre otras cosas queda deliciosa, pero les echan tantos químicos que primero se fosilizan antes que dorar como debe ser. Y quédese parado echándole ojo para que vea cuánto se demora.



Dicen que todo lo del pobre es robado. Necesita usted vender cualquier propiedad y debe bajarse los calzones en cuanto al precio se refiere, porque le sacan todo tipo de peros e inconvenientes. Ni hablar si la venta es de urgencia para cubrir alguna necesidad o porque está a punto de perder la casa, porque pueden pasar años antes de que resulte un cliente que no quiera aprovecharse de la situación. Lleve su carro a donde un comisionista para que lo venda, y después de que por teléfono le dijo cuanto vale según el modelo y el estado del vehículo, apenas lo ve empieza a rascarse la cabeza y a decir que los carros de ese color no tienen salida; que la placa termina en cero y eso es fatal; y que si fuera 1300 no habría problema, pero que el modelo que viene con motor 1600 es un hueso, y que hasta regalado es caro.



Nada que ofusque más que se pierda cualquier pendejada en la casa, lo cual sucede siempre porque lo usan y no lo vuelven a poner en el puesto. Por ejemplo se envolata el abrelatas y usted empieza a escarbar en los cajones de la cocina, revisa la caneca de la basura, mira en todos los rincones, abre la nevera y el horno a ver si algún despistado lo dejó ahí, pregunta hasta el cansancio y termina buscando hasta en el tanque del inodoro. Como no es lógico que un ladrón entre solo a eso, es menester seguir buscándolo. Pero qué va, aparecen un mundo de cosas que echábamos de menos pero el bendito adminículo desapareció como por arte de magia. Meses después aparece debajo de la lavadora, oxidado y lleno de polvo.



Hay casos simples que no parecen tener importancia, pero en los cuales se cumple sin falta la mencionada ley. Por la cuadra donde resido pasa todos los días, a la misma hora, un hombre que ofrece aguacates a voz en cuello. Si el almuerzo es una lasaña, espaguetis, carne con salsa de champiñones o cualquier otra cosa con la que no combine el aguacate, el tipo cumple con su rutina diaria; pero si en cambio vamos a comer “sudao”, frijoles, sopa de mondongo o un buen sancocho, tenga la seguridad de que el vendedor ambulante no da señales de vida.



Es mal agüero desafiar las teorías de Murphy, porque hay cosas que pueden pensarse pero nunca decirse en voz alta. Para la muestra un botón: si viaja por carretera y por fortuna no hay muchos camiones en la vía, lo cual hace el recorrido ágil y placentero, la dicha dura hasta que un acompañante suelta el comentario y en la siguiente curva aparece una fila de tracto camiones pegados unos de otros como si fuera un tren, y los cuales son prácticamente imposibles de adelantar.



Si alguien llama por teléfono y debemos anotar cualquier dato que nos suministren, no aparece el lapicero, ni un papel y mucho menos algo en qué apoyar. Recuerdo una vez que mi mamá hablaba por teléfono con una empleada domestica y le dio la dirección del apartamento para que la visitara a ver si podían arreglar. La pobre mujer no encontraba con qué anotar y mi madre le ofreció que si necesitaba un lapicero, ella le prestaba uno que tenía ahí a la mano.

jueves, julio 27, 2006

Anécdotas con Alas

Gratos recuerdos llegan a mi mente cuando me comunico con alguno de los tantos pilotos con quienes tuve la oportunidad de compartir varios años, mientras trabajé en la empresa ACES como jefe de aeropuerto. Siempre que me reúno con alguno de ellos el programa es preguntarle por la vida de todos, ya que ellos se mantienen bien enterados por continuar perteneciendo al gremio. Con todos hice buenas migas, a excepción de uno o dos moscos en la leche, pero con algunos en especial he cultivado una verdadera amistad. La mayoría de pilotos son buenas personas, habladores de carreta, chismositos, mamagallistas, coquetos a morir, amantes del billete y no faltan los adictos al matute.

Con la infausta desaparición de la empresa quedaron todos estos aviadores sin trabajo, en un país donde las posibilidades laborales son escasas, y más en una profesión tan restringida como esta. Por fortuna la globalización les abrió las puertas del mundo y son muchos los que surcan los cielos de diferentes continentes. Así por encima, sé de amigos que vuelan hoy en día en Qatar, Sri Lanka, India, Marruecos, Corea, Egipto, Arabia, Japón, Dubai y otros tantos países. A través de internet aplican en las diferentes empresas, y todo el que tenga el espíritu aventurero o la necesidad económica encuentra coloca; y aunque algunos solo resisten 6 meses o un año, otros llevan más tiempo por allá y aprovechan la oportunidad para recorrer mundo, conocer culturas y experimentar costumbres.

Un día de trabajo en un aeropuerto es muy variado, porque no faltan los personajes curiosos, sucesos inesperados, asuntos delicados, casos de policía y una cantidad de problemas como para enloquecer al más tranquilo. Es una prueba a la paciencia. Porque en un invierno bien espantoso, con una neblina que no deja ver a diez metros, y llega un pasajero a preguntar por la salida de su vuelo que lleva varias horas de retraso. Cuando se le responde que no hay forma de darle un estimativo, se sale de la ropa y le dice a uno que haga algo, que no se quede ahí parado mirando el horizonte.

Al llegar los tripulantes iban de inmediato a mi oficina a ver qué chisme les tenía, a echar cuentos, a mamar gallo, mostrarme una pasajera muy buena que venía en el avión y tomarse un tintico. Cada uno tenía su forma de comportarse, algunos eran señores muy serios, y al enterarme de los tripulantes que estaban por llegar, ya sabía con quien debía tratar. Por ejemplo el capitán Luís Carlos Escobar siempre llegaba por la puerta de atrás de mi oficina, que era metálica, y la abría en una forma brusca y escandalosa para asustarme. En esas llevábamos mucho tiempo y yo pensaba en la forma de salirle adelante, hasta que vi en un pequeño almacén que había en el aeropuerto unas bromas de esas que les encantan a los niños. Me llamó la atención un paquete de unas piolitas que tienen un diminuto explosivo que se activa al jalar los extremos de la cuerda, y ahí fue que se me ocurrió la tan esperada venganza. Cuando supe que el hombre venía en un vuelo, cogí los artefactos, todos a la vez, y amarré los extremos de las piolas de la puerta y del marco respectivamente, y dejé apenas ajustado. Como siempre, Luís Carlos llegó y le metió una patada a la puerta, y puedo asegurar que casi le da un infarto. Esa vaina empezó a reventar y él salió en cuatro patas a buscar dónde esconderse del tiroteo. Hasta ese día le duró la maña.

El capitán Ernesto Angulo no veía la hora de venir a Manizales para hacerme alguna maldad. Un día cogió un marcador y escribió en la puerta que daba hacia la sala de pasajeros: “Pablo Mejía tiene SIDA”. Yo no encontré más solución que agregar a renglón seguido: “El capitán Ernesto Angulo me lo contagió”. Al hombre no le quedó sino darle una propina a un muchacho de mantenimiento para que borrara el letrero como fuera. Como a este también había que ponerle su tatequieto, no dejé pasar la oportunidad que me dio el destino.

La Aerocivil es muy estricta con el comportamiento de los aviadores, y cierto día Ernesto le cantó la tabla a un piloto de jet que quería marraniarlo porque él andaba en un pequeño Twin Otter. Era de esperarse que los citaran a ambos a presentar descargos. Entonces fui a la torre de control y solicité al funcionario encargado que me redactara un mensaje bien preocupante, utilizando el lenguaje propio del medio. En mi oficina había un télex en el cual primero se escribía el texto y este quedaba grabado en una delgada cinta de papel llena de agujeros. Luego se metía la cinta y a los pocos minutos empezaba a aparecer el mensaje en una hoja. Cuando calculé que el hombre estaba por entrar, accioné el aparato y seguí con mi trabajo. Como buen sapo y metido, se arrimó de inmediato a ver qué mensaje estaba llegando, y hay que ver la cara que puso el tipo, y cómo cambiaba de color a medida que iba leyendo. Todo el día lo dejamos en ascuas y cuando se enteró de la broma, poco le faltó para ahorcarme.

lunes, julio 17, 2006

Nueva Escuela

Siempre que nos referimos a la filosofía no podemos dejar a un lado los grandes pensadores de la Grecia antigua. La historia los presenta como unos hombres letrados, inteligentes e inquietos, que recorrían las calles seguidos por sus alumnos y utilizaban un palito para escribir en la arena del piso y así poder ser más explícitos. Las escuelas filosóficas dejan muchas enseñanzas y basta con saber que después de unos dos mil quinientos años, siguen tan vigentes como en su propio momento. Durante todo ese tiempo muchos personajes le han reventado cacumen a los vericuetos de la existencia, pero ninguno ha podido desbancar a Sócrates, Platón o Aristóteles.

Pero como nunca es tarde y la peor diligencia es la que no se hace, he pensado en lanzarme a crear una nueva escuela filosófica. Lo que busca mi teoría, es que el ser humano deje de amargarse la vida por vainas que no tienen solución o que le incumben solo a los demás. Dejarse agobiar por la realidad que vivimos es buscarse problemas, ya que nada soluciona uno estresándose porque pusieron una bomba o un huracán destruyó una ciudad. Claro que debemos sentir repudio y solidaridad con los afectados, pero de ahí a tenerse que tomar una pastilla para calmar la ansiedad hay mucho trecho. Si la persona deja que la invada la angustia existencial, con seguridad va a terminar colgada de una viga o enchiquerada en una clínica siquiátrica.

Por fortuna con los años uno se vuelve más sangriliviano y aprende a distinguir los asuntos que de verdad son preocupantes. Porque sin duda son muchos los que buscan problemas, compran angustias y arriendan traumas ajenos. Personas que lo tienen todo y sin embargo son presas de la ansiedad y la depresión; no se les ocurre al menos comparar con la situación de sus semejantes, o simplemente mirar hacia abajo y enterarse de cómo viven los que de verdad pasan trabajos durante su existencia.

De manera que invito a quien quiera pertenecer a la nueva corriente filosófica, la cual por cierto quiero bautizar con una sigla muy usada por economistas y estadísticos: IPC. Cualquiera puede pensar que se trata del índice de precios al consumidor, pero no, me refiero al “importaunculismo”. Por respeto al lector busqué otra palabra para definir esa situación cuando algo nos preocupa muy poco, como cuando decimos que nos importa un bledo, un chorizo, un pepino, un carajo, un rábano o un pito; es que no me parece sonoro el nombre de “importaunpepinísmo”, o “importaunbledismo” para el movimiento que propongo.

Tan bueno que es que a uno le importe un…, bueno, mejor dicho, que lo tengan sin cuidado la vanidad y la moda. Es mucho el billete que puede ahorrar sin comprar chiros, sin visitar la peluquería, sin gastar en lociones y cremas para mejorar el aspecto, evitando la visita al quirófano para que le pongan la cara en orden, le eliminen las llantas o le desaparezcan la papada. Qué delicia no tener que mirarse en el espejo para ver si le han salido canas, una espinilla en la nariz o algunas arrugas en la frente.

En caso de estar barrigón y un poco pasado de kilos, no debe amargarse la vida y caer en la esclavitud de las dietas. Que no puede comer fritos, ni harinas, mucho menos tomar trago y las porciones ingeridas deben ser precisas. Cómo es que la dietista recomienda que por ejemplo en un sancocho, debemos escoger una sola harina y desechar el resto; que tal: cómase la papa pero no pruebe la yuca, el plátano, el arrocito, la arepa y ni hablar del hogao. Hay gente que se pasa la vida comiendo como un conejo, puras hortalizas y verduras, solo escogen alimentos dietéticos, exentos de grasa y con suplementos vitamínicos. Con semejante esfuerzo logran vivir 80 años en vez de 75; como si la idea fuera durar lo máximo posible, pero pasando bien maluco. Gente que muere sin conocer el placer de tragarse un chorizo.

Qué maravilla no tener una ambición desmedida que convierte la existencia en una obsesión por conseguir plata, atesorar propiedades, detentar poder y dedicarse a lagartear en los cocteles. Claro que es necesario ser ambicioso y fijarse metas en la vida, pero dejar que esa situación se imponga en el diario vivir, es el peor error que comente el hombre. Qué se gana un tipo que tiene la sartén por el mango a los 50 años, pero debido al exceso de trabajo sufre un infarto que lo deja jodido; dedica su existencia a amasar fortuna para retirarse cuando alcance la tercera edad, pero ya no puede viajar por quebrantos de salud, el trago y la comida le hacen daño, ni riesgos de salir de noche porque se constipa con el chiflón y no se le para ni el reloj.

Por qué será que muchos no entienden que al momento de morir, se pueden llevar solo lo que tienen puesto. En dicha instancia todos los mortales quedan en el mismo nivel y nadie tiene preferencias por el poder que ostentó o la plata que consiguió. Lo que sucede en casi todos los casos, es que los yernos se dan un banquete con la herencia recibida. Por último, los invito a seguir mi movimiento y seguro que van a vivir relajados y contentos.

miércoles, julio 05, 2006

Si No Lo Reenvia...

Con la tecnología de las comunicaciones y la cibernética, las cuales avanzan a pasos agigantados, ya no existen distancias para intercambiar mensajes o enviar correspondencia. Poder escribir un correo electrónico y saber que en instantes será recibido por el destinatario, o comunicarse en tiempo real con otra persona, sin importar dónde se encuentre, por medio de la escritura o a viva voz, y todo ello a un costo muy bajo, es algo maravilloso. Si hace unos años usted tenía un familiar en Singapur cada llamada telefónica le costaba una fortuna, y lo que es peor, debía hablar a los berridos para que le oyeran. Entonces la mayoría de la gente recurría a la tradicional carta, con el inconveniente que se demoraba semanas en llegar y corría el riesgo de envolatarse. Lo mismo sucedió con el télex, el marconigrama, el fax y otros tantos inventos que en su momento fueron la sensación, pero que quedaron archivados ante la tecnología actual. Sin embargo es triste verlos desaparecer ya que por ejemplo la práctica epistolar es hermosa, y por andar pegado todo el día a un aparato de estos se olvida uno hasta de escribir una breve nota. Debe hacerlo concentrado para que al menos le entiendan la letra.

El correo electrónico es sin duda el mejor invento y bien aprovechado nos mantiene informados, vemos cosas curiosas, intercambiamos inquietudes con los demás, recuperamos viejas amistades, hacemos nuevas, agilizamos el envío de documentos, le damos gusto al ojo, nos reímos a carcajadas y mil ventajas más. Lo que pasa es que como toda regla, tiene sus excepciones. Porque la mayoría de la gente reenvía todo lo que le llega, sin detenerse a pensar a quienes puede interesar. Correos muy pesados con mensajes religiosos, de auto superación, filosóficos o científicos; y digo pesados en el sentido que van acompañados de fotografías, postales y dibujos que son demorados de bajar, sobre todo para quienes no tiene el servicio de banda ancha. Entonces la línea telefónica queda ocupada horas enteras, para enterarnos después que lo recibido no tiene ninguna importancia. Comentarios personales, fotos familiares o asuntos privados, solo deben ser enviados a quien le interesen.

Pero sin duda lo peor son las famosas cadenas, donde al final amenazan al lector de los males que le caerán encima si no procede a compartir el dichoso mensaje con al menos 10 contactos. Quiero decirles que yo NUNCA he acatado tal recomendación; mensaje de ese tipo que llega a mi pantalla, mensaje que desaparece. Y qué tal la paranoia que generan en ciertas personas, que por creer en todo lo que leen, amargan su existencia y viven intranquilas.

Alguna vez circuló un mensaje donde advertían que el uso de desodorantes puede causar cáncer en los ganglios de las axilas, y por ello muchos andan ahora con una “chucha” de esas que se suben por un espejo. Y que tal la tragedia que enfrentan al retirar plata de un cajero automático, porque a diario les llega un cuento macabro al respecto. La bebida cola más reconocida en el mundo ha perdido muchos adeptos, porque en la red advierten que sirve para aflojar tornillos, quitar el óxido y despercudir inodoros; como quien dice, al ácido sulfúrico se quedó en palotes.

Si reciben una llamada telefónica y existe alguna duda, rápidamente cuelgan para que no les clonen el número y después llegue la cuenta con llamadas a todos los rincones del planeta. No pueden ver un sujeto que vende perfumes, fuma un cigarrillo u ofrece algún producto, porque no dudan que los va a drogar para desplumarlos. Si viajan en servicio público nunca se sientan porque pueden contraer alguna enfermedad y tampoco van a cine para no sentarse en una jeringa infectada de SIDA.

La compra del mercado se convierte en paseo de día entero, porque deben leer la etiqueta de todos los productos para evitar los colorantes, edulcorantes, ahumados, preservativos y demás aditivos, porque dichos elementos pueden producir desde “pecueca” hasta infarto fulminante. Mucho menos comprar alimentos enlatados, ya que un ratón puede haberse orinado en la tapa y el consumidor queda contagiado; no sirve lavar la lata con jabón o límpido porque esa vaina dizque es peligrosísima. Tampoco comen hamburguesas pues aseguran que las hacen con carne de lombriz.

Tampoco falta el iluso que se deja enternecer al ver la foto de una niña que requiere de un trasplante urgente, y procede sin dudas a consignar algunos dólares en la cuenta sugerida. O el que vive pendiente del correo, a ver cuándo le llega el cheque por 25 mil dólares que le enviarán de Microsoft por hacer circular ciertos mensajes. También recomiendan no salir mucho a la calle, porque está de moda que lo agarren, anestesien y le saquen los riñones, las córneas, el hígado o cualquier otra presa que esté cotizada en el mercado; es lo mismo que desguazar un carro. A otro lo buscan la CIA y el FBI acusado de terrorista, por firmar una carta que rechaza la guerra en Irak.

Yo no creo en estas pendejadas pero quien no reenvíe este correo a 200 contactos, se le torean las hemorroides, le ponen los cachos, pierde la casa, le prohíben el trago y además no puede volverse a bañar con agua caliente.

Que Despiste Tan...

Quienes son estudiados en el tema de la genética humana, deben buscar la razón por la cual las mujeres, sobre todo las de cierta edad y determinado estado civil (señoras que llaman), son más despistadas que sus congéneres masculinos. En muchos casos, y después de analizar dicho comportamiento, podemos deducir que se hacen las bobas para eludir responsabilidades. Y cuando uno cree que la mujer es caída del zarzo, ella debe reírse del iluso que procede a solucionar el asunto sin sospechar la táctica utilizada. Pueden ser cosas mías, pero no recuerdo haber visto un marido que embolate las llaves, pierda las gafas o empiece a revolotear cuando timbra el celular. Aquí van algunos casos verídicos que confirman mis hipótesis.

Dos amigas iban en el carro, acompañadas de la hija adolescente de una de ellas. La charla no daba tregua y en algún momento Olguita necesitaba explicarle a su amiga una distancia determinada, y optó por mostrarle una valla que había a media cuadra: mire, es como de aquí a donde está esa foto de Higuita. Mencha, como le decimos cariñosamente a Carmenza, le dijo que no fuera bruta, que ese era Leonel. Entonces la muchachita con cierto desespero las interrumpió para corregirlas:
- Mami, por dios, ese no es ninguno de los dos. ¿No ven que es el Pibe Valderrama promocionando papas fritas?

La hermana mayor de Mencha está construyendo casa y le recomendaron una firma manizaleña, “Aristócrata”, para realizar los trabajos de la cocina integral. Cierto día estaban las hermanas en su almacén de telas y una amiga le preguntó a Ángela quién le iba a hacer la cocina, y ella respondió que Aristóteles; por cierto, un error aceptable porque ella no los conocía de antemano. Carmenza estaba ahí y metió la cucharada para decir:
- Ángela, no es Aristóteles, es Sócrates.

Yo voy con un amigo en carro y aunque no dejemos de conversar, ambos sabemos exactamente dónde estamos, para dónde vamos y además disfrutamos del paisaje y somos concientes de lo que sucede a nuestro alrededor. En cambio las señoras no saben, y lo que es peor, tampoco les importa. Dorita Robledo iba para Cali con una amiga y al salir de Pereira, llegaron a la glorieta que ofrece la opción de seguir hacia Cartago, ingresar al barrio Cuba o devolverse para la ciudad. Ellas le dieron la vuelta completa a la rotonda y cuando media hora después alcanzaban el alto de Boquerón, la compañera comentó:
- Oíste querida… ¿nosotras no pasamos ya por aquí?

En cambio mi mujer es más despistada. Un amigo tiene una finca en Neira y otra en Palestina y hace unos meses nos invitó de fin de semana. Yo preferí Neira, pero él propuso que con el invierno era mejor la otra opción porque es clima caliente. Anita oyó la conversación, pero sin escuchar; y advierto que hemos visitado ambas parcelas muchas veces. Viajé con mi hermano y los niños en un campero, y en otro carro iban las dos señoras. Pasamos por Chinchiná, siempre con ellas en el retrovisor, seguimos hacia Palestina y luego cogimos una carretera de penetración que lleva a la finca, pero por prevención decidimos dejar el carro en una casa para evitar el tramo más deteriorado por las constantes lluvias. Al llegar al sitio escogido, Laura le preguntó a Anita si reconocía el lugar, y mientras buscaba una fonda y una gallera que recordaba cerca de la finca de Neira, respondió que sí pero que eso estaba como muy cambiado. Al percatarme del despiste comenté que era el colmo de la desorientación, sobre todo después de pasar por Chinchiná. Entonces ella reviró muy segura:
- Pues mijito, me da mucha pena pero nosotras no pasamos por ese pueblo.

Cómo irá a ser cuando le sumen la demencia senil y el Alzheimer. Claro que nosotros también estamos expuestos a sufrir dichos males, y doy ejemplos. Es común que los hombres digamos que eso le pasa a las señoras por andar viendo telenovelas y programas de farándula a toda hora, en vez de ver algo más interesante o hacer otra actividad productiva como leer un libro. Ángela es casada con Pablo Robledo, quien le echa cantaleta porque no se pierde ni una novela, pero ella insiste que él se hace el que lee pero que con disimulo mira la pantalla por un lado del libro. Pablo nunca aceptó dicha acusación hasta un día que la mujer estaba en la cocina, y el hombre olvidó su posición y le gritó a voz en cuello
- ¡Mona, Mona, venga rápido que le quitaron el niño a Lorena!

El papá de un amigo trabajaba hace muchos años en un banco en Pereira, cuando todos los empleados ocupaban un mismo salón y tenían sus respectivos escritorios. Entonces el pago se hacía en efectivo, metido en un sobre, y el gerente empezó a llamarlos uno por uno para que recibieran el salario y firmaran la nómina. ¡Bonilla!, y el tipo procedía a cobrar; ¡Marulanda!, y vuelve y juega, hasta que gritó: ¡Mejía! Como nadie respondía el jefe preguntó si el sujeto no había ido a trabajar, hasta que alguno se acercó con prudencia y le dijo: doctor, Mejía es usted. El viejo se hizo el pendejo y atinó a decir:
- Ah sí, claro. Entonces prosigamos: ¡López!

jueves, mayo 25, 2006

La "Cosa" Política

La “cosa”. Otra de las formas de llamar la marihuana en tiempos de nuestra juventud, y sinónimo de maracachafa, bareta, chirosa, marusca y muchos otros apelativos por el estilo. Por cierto, los candidatos presidenciales dieron sus opiniones acerca de la dosis personal, como si el problema fuera que un cliente se meta su cachito cuando le provoque. Sobre todo porque dicha dosis no sirve para comercializar –ya que se trata de un simple “moño” y no de varias arrobas de yerba-, y al que le gusta, pues le sabe. Porque meterse a un cafetal antes de la seis de la mañana a coger café, envuelto en plásticos para no lavarse desde tan temprano con las ramas enguachinadas y aguantar los moscos, el esfuerzo, y todo eso a palo seco, sin revolverle nada, no lo resiste ni el más varón. Los políticos del mundo entero aseguran que ni siquiera han probado una porquería de esas, pero si los someten a un detector de mentiras deben ser muy pocos los que ganan el examen. Que no sean drogadictos es una cosa, pero que no hayan ensayado aunque sea por curiosidad, es otra.

No veo la hora de que se realicen las elecciones presidenciales la semana entrante para que salgamos de esto. Y no es solo porque quiero que Uribe gane su reelección, si no que evitamos tener que seguir con esta pelotera hasta el próximo mes y esperar una segunda vuelta. Porque después de la insoportable campaña para el Congreso, con semejante cantidad de candidatos que nos dejaron empalagados con tal de conseguir su curul, seguir otros tantos meses en las mismas es algo que aburre al ciudadano. La única diferencia a favor en este caso, es que son pocos los aspirantes y por ello el bombardeo menos agobiante.

Y me gusta el Presidente porque hasta ahora son más las cosas buenas que puedo reconocerle, que las malas, sin ser un gobiernista furibundo que cree que todo avanza de maravilla. No soy iluso y me percato de muchas irregularidades que se cometen en nombre del poder, pero manejar semejante avispero sin meterle politiquería es prácticamente imposible. Basta compararlo con gobiernos anteriores, cuando aparte de la corrupción y el abuso de poder, los personajes eran antipáticos, ineptos, oportunistas y hasta desagradables al oído. Al menos yo, no había estado contento con un mandatario a unos pocos meses de finalizar su mandato, desde la época de Carlos Lleras Restrepo; y aclaro que en esos tiempos yo era un muchacho que no me interesaba en dichos asuntos.

Los opositores de Uribe, que son muchos y cada día se reproducen, decidieron sacarle los trapitos al sol después de cumplido el 90% del período presidencial. Unos por convicción y otros muchos por hacerse notar o sacarle jugo económico a la situación, aprovechan cualquier suceso para darle palo al Primer mandatario. “Polo” porque bogas y “polo” porque no bogas. Por ejemplo, qué tiene de malo o perjudicial para el país que el hombre sea sencillote, se ponga una ruana, un sombrero o un poncho, no acostumbre mezclarse con el jet set, utilice el lenguaje popular y su familia sea de bajo perfil. Al anterior lo criticaban porque viajaba por el mundo entero, y a este lo mantienen seco porque se presentó en España con un vestido de gala que le queda grande. Un finquero criado entre caballos y novillos no sabe ser refinado en el vestir; haga de cuenta un ingeniero civil. Lo acusan de populachero por recorrer el país y romper el protocolo para revolverse con el vulgo, pero si se queda encerrado en Palacio también le sacan peros. Lo que nadie puede negar es que trabaja sin descanso. Yo acepto las críticas serias y fundamentadas, pero me tiene sin cuidado que utilice diminutivos, que la mujer sea parca, que a los muchachos les guste la rumba y las viejas buenas (sin hacer escándalos públicos) o que acostumbre hacer yoga y tomar esencias florales.

El candidato Gaviria es un hombre afable, inteligente, con una hoja de vida muy completa y su aspecto físico es agradable. Lo que pasa es que esas cualidades no son suficientes para manejar esta leonera, porque recordemos que para poder gobernar es necesario mantener contento al Congreso, y todos sabemos cómo se logra ese cometido. Otra cosa que los colombianos le critican al Polo Democrático es que sus dirigentes critican, se oponen y todo les parece malo, pero pocas veces presentan soluciones para el asunto que critican. Prometer y hacer hipótesis es fácil, pero de ahí a realizarlo hay mucho trecho. Es como prometer para meter y después de haber metido, no cumplir lo prometido.

A Serpa no me lo trago y no es por partidismo o fanatismo. Así por encimita, puedo recordar cuando fue escudero de Samper y salió por televisión con el ministro Botero a mentirnos descaradamente. O decir que la campaña está “traquetizada” después de ser partícipe del proceso 8000. Y qué tal aceptar una embajada y luego venir a hacer oposición al gobierno que representó.

Imagino a los dirigentes de la campaña de Uribe haciendo fuerza para que el invierno dure hasta las elecciones, porque la prensa da prioridad a las tragedias, ojala con muertos, por encima de cualquier otra noticia. Además, porque un aguacero desbarata hasta una marcha sindical.

jueves, mayo 18, 2006

Servicios PÚBICOS

Con toda seguridad muchos van a relacionar el título de esta columna con los servicios que prestan ciertos personajes, de ambos sexos, que sí saben lo que es explotar el negocio. Pues fíjense que no, porque me refiero es a los servicios públicos. Y la analogía entre las dos palabras, que solo se diferencian en una letra, porque hasta la tilde es común, se debe a que a los colombianos nos tienen agarrados de las verijas con el pago de las facturas que aparecen cada mes, sin excepción, por debajo del portón. Si consultan el diccionario, podrán comprobar que pubis y verijas tienen mucho en común y es precisamente de ahí de donde nos tienen apretados.

Ahora la gente trabaja para pagar facturas. Lo que nuestros padres cancelaban con plata de bolsillo, hoy en día representa un alto porcentaje de los ingresos de cualquier asalariado. Lo preocupante es que si usted tiene archivadas las facturas del último año, puede notar que las tarifas suben como espuma y por más esfuerzos que haga para controlar el consumo, no hay poder humano que logre disminuir las cifras. El papá echa vainas a toda hora porque no apagan los bombillos innecesarios, se bañan muy largo, conversan por teléfono a toda hora y consumen sin medida, pero de nada sirve porque los costos no bajan ni a palo.

Es noticia diaria las quejas de los usuarios por errores en la facturación, y da tristeza ver una humilde mujer que acostumbra cancelar doce mil pesos mensuales por un determinado servicio, y cualquier día recibe una factura por medio millón. Nadie tiene duda de que se trata de un error, pero en este país del Sagrado Corazón el usuario debe cancelar primero y luego hacer el reclamo, y ahí radica el problema porque semejante monto no lo conocen ni en sueños la mayoría de nuestros conciudadanos.

Ojo a esta perla. Mi hermano vive solo en una casita campestre y cuando quiso revisar el consumo de energía eléctrica de los últimos seis meses, comprobó que en dos oportunidades la suma cobrada era exagerada. Vino el reclamo, con todas sus filas y talanqueras, y al fin resolvieron que tenía razón, e hicieron un promedio del consumo para así establecer el monto a cobrar. Llegó la nueva factura y el valor siguió muy alto, porque las bellezas de la CHEC sacaron el promedio con los dos meses que presentaban error a favor de ellos. Con caras gana la empresa y con sellos pierde usted.

Tenemos la mejor agua del mundo pero a precio de vino blanco. La recogida de basuras es venenosa de costosa y al menos en mi barrio, proceden con el trabajo a media noche y despiertan los vecinos, porque aunque no es culpa de los empleados, a esa hora un camión de semejante tamaño suena como un portaaviones, y ni hablar de la manipulación de las canecas. En la factura del teléfono cobran hasta los malos pensamientos y en la del celular se equivocan cada mes. Por lo único que nadie chilla es por el costo de la televisión por cable, porque sigue siendo la entretención más barata que existe.

Ahora lo que tiene a todo el mundo furioso y renegando es el asunto del gas. Cuando nos instalaron el servicio de gas natural lo vimos con buenos ojos porque aparte de que las primeras facturas llegaron muy baratas, evitamos el comprar los cilindros, sin contar que muchas veces se terminaba el gas en el preciso momento de la jabonada en la ducha. Como era de esperarse el costo del combustible empezó a subir, pero debemos reconocer que el servicio es excelente, porque nunca lo suspenden.

Lo que nos ha sacado la piedra a muchos, es que después de varios años de tener el servicio instalado por funcionarios de la empresa prestadora, vengan ahora a decir que hay muchas cosas que deben cambiarse o complementarse, y que en caso de no seguir las indicaciones por parte del usuario, simplemente le cancelan el servicio y lo dejan colgado de la brocha. Entonces empiezan a visitar su domicilio diferentes funcionarios -siempre a la hora del almuerzo, de la siesta o cuando usted está en el escusao-, para buscarle peros a sus gasodomésticos y a la instalación, la cual, repito, fue hecha por ellos mismos.

Que la chimenea no sirve, que marca muy alto el gas carbónico, que las tuberías deben cambiarse, que es mejor variar de sitio el calentador y otras tantas “recomendaciones”; proceden luego a pasar la cotización de los trabajos necesarios, no sin antes advertir que si lo hacen ellos, el costo será diferido a varios meses y cobrado en la factura. También informan que el trabajo lo puede hacer un particular, pero que un inspector debe dar el visto bueno a las obras. Muchas personas, por la pica, prefieren esta última opción para no darles la ganga de semejante negocio. En cambio otros escogen que sean ellos mismos quienes procedan con los remiendos para que después no vengan a joder. En todo caso ese “machete” tiene a los usuarios trinando de la ira.

Para completar, nos clavaron un nuevo impuesto dizque para la seguridad ciudadana. La única seguridad es que quedará institucionalizado por los siglos de los siglos. No le busque.

viernes, mayo 12, 2006

Destinos Ingratos

En este país donde conseguir trabajo es tan complicado, nadie puede darse el lujo de que la coloca sea de todo su agrado y no queda sino desempeñarla de la mejor manera posible. Siempre habrá oficios más malucos que el de uno. Destinos jartos como el de recolector de basuras, celador nocturno, aseador de baños públicos, cotero, ayudante del camión repartidor de carne, vendedor de semáforo y otros mil etcéteras. Hay otros de más estatus pero que son delicados de ejercer, como es el caso de los vendedores de cualquier producto. Porque si no es muy hábil en su oficio, le cogen pereza y nadie querrán atenderlo. Es común que en las empresas pasen la voz que llegó la vendedora de seguros, el que ofrece enciclopedias o cursos de inglés, y todo el mundo se hace el ocupado o se esconde.

En las ventas el más ingrato es el de ofrecer seguros exequiales y servicios de funeraria, porque la mayoría de la gente piensa que si ha pasado la vida saltando matones, qué va a preocuparse por lo que suceda después de que deje el vicio de respirar. Mínimo en una fosa común lo acomodan y puedo asegurar que nadie se ha quejado por incómodas o faltas de privacidad. En cambio los parques cementerios ofrecen un paisaje espectacular, tranquilidad absoluta, árboles y jardines, como si al finado le importara que pase la vía del tren por encima o la visual desde su lote no sea la mejor. Además, para qué árboles si termina uno fungiendo de abono. Y les ponen nombres como Jardines de la esperanza, como si todavía quedara alguna. Tampoco me gusta Los Olivos, porque las aceitunas son deliciosas, pero en vida. Existiendo nombres más folclóricos como "Salsipuedes" o El último polvo.

El pionero del negocio funerario en Manizales fue don Aparicio Días Cabal, personaje cívico que cuando empezaba el invierno y los deslizamientos de tierra abundaban, él donaba los cajones a los más necesitados. Siempre apoyó el deporte y como era poeta y artista, convirtió su casa en un verdadero museo. Era como un Louvre casero. Claro que sin obras de arte, pero con elementos tan valiosos como la cama donde durmió Carlos Arturo Rueda C. También le jalaba a la publicidad e inventó un eslogan que va a pasar a la historia: "Funeraria La Equitativa, cívica, cultural y deportiva". Una buena frase hace carrera y como a esos negocios les ponen nombres lúgubres y románticos, deberían revolverle creatividad al asunto. Que tal "Crematorio Torquemada, donde garantizamos una buena chamuscada". O este otro: "Si no quiere desprenderse de su ser querido, se lo entregamos término medio, tres cuartos o sofreído". Otro buen nombre puede ser "Crematorio El Fogón, si no tiene para el gas, se lo asamos al carbón"; o "Funeraria El ataúd, donde trabajamos pensando en Ud." También pueden ofrecer gabelas como "Atención diurna y nocturna, y le encimamos la urna".

Pero miren que la cosa tiende a cambiar. Inauguraron en Manizales un negocio con un nombre bien original, y en el periódico lo promocionaron durante una temporada. Se llama "Crematorio Juana de Arco". Ofrecen todos los servicios e imagino que reciben el fiambre ya listo o cuando todavía no ha expirado, pero ya anda con gallinazo al hombro y está generando muchos gastos; también se podrá escoger entre el horno tradicional o la quema en pira funeraria, como la valiente guerrera, con sambenito, llegada en burro, noveleros contratados y tal.

Para terminar relato lo que me sucedió. Y es completamente cierto. Al otro día de enviar mis papeles del Instituto Oncológico para su trámite en la EPS correspondiente, me llamó una vendedora a ofrecer un plan exequial. Empezó mal porque era la hora de la siesta y cuando le pregunté por qué me escogió, respondió que pura casualidad porque hace una lista al azar del directorio telefónico. Tenete y no corrás. El novio o un "comisionista" deben pasarle los datos del cliente potencial, cuando llega alguno con diagnóstico reservado. Le dije que no me interesaba. Insistió en que el velorio es muy importante, y respondí que mamola, que para que todo el mundo se reúna a hablar mal de mi y a tomar tinto, tiempo sobra. Y que el cajón qué. Dios me libre, porque no me gasto un peso en ese rubro para echarle candela al rato. La carroza fúnebre me parece muy lúgubre y algún amigo me lleva en la bodega del carro; y urna tampoco requiero, porque una caja de zapatos sirve igual para empacar el rescoldo.

Entonces la mujer me dio el dato del costo de la simple cremación, el cual me pareció muy barato, a lo que ella comentó que si era pronto, había un descuento del 20%. Hace unos meses, cuando me referí en un escrito a mi "catastrófica" enfermedad, al día siguiente llamó otro a tantear el terreno. A ese le fue mejor porque habló con mi señora. Una última recomendación, es que llegado el momento me quiten hasta la piyama. Está muy trajinada, pero seguro a un viejito de un asilo puede servirle. A la larga él tampoco la va a usar por mucho tiempo. También ofrezco varios pares de zapatos que tengo como nuevos, porque hace 10 años utilizo una silla de ruedas para movilizarme y por eso tienen la suela cero kilómetros.

Les reitero que no estoy inventando ni una coma. Es mas, me someto a la maquina de la verdad

viernes, mayo 05, 2006

Un Asunto Complicado

Todos los días es más complicado para los padres de familia criar bien los hijos. Entre papá y mamá se presentan conflictos porque el uno piensa de una manera y el otro de otra, sobre todo cuando tiene que ver con las desmedidas peticiones que hacen los muchachitos. La sociedad de consumo se aprovecha de la facilidad para antojarse de los menores y atiborran los medios de comunicación con modas, artículos innecesarios, promociones, ofertas y tendencias. Un ejemplo patente es un huevo de chocolate que venden en todas partes, el cual trae en su interior un cachivache de plástico que viene en piezas para que el chino lo arme. Puedo asegurar que la fabricación en serie de esos cacharros no cuesta cien pesos, y todos los infantes se antojan del citado producto por darse el gusto de encontrar la sorpresa. Nunca juegan con el juguete, no lo disfrutan, les importa poco y muchas veces se tragan el chocolate sin ganas.

Lo peor que puede hacer un adulto es ir a comprar el mercado acompañado por los hijos. Se antojan de todo, quieren evitar los productos que no les gusta, secan a los papás para que les compren esto o aquello, lo que logran cuando ya los tienen al borde de la locura. Con tal de que el caguetas se calle, le dan lo que pida. Y muchos dejan de llevar remolacha, coliflor o brócoli, porque los pequeños odian esas cosas. Además arman una pataleta porque quieren un cereal nuevo que trae adentro un muñeco de colección, y la mamá juro a taco que no, que hasta que no acaben el que está empezado no les compra otro.

La competencia con los amiguitos de barrio y compañeros del colegio es dañina, porque los mocosos son muy corrompidos y empiezan a burlarse del que no tiene teléfono celular, equipo reproductor de MP3 o DVD en la habitación. Entonces el papá se cierra en la banda que la zamba está muy chiquita para andar pegada de un celular a toda hora, y la madre a interceder por ella porque todas las amiguitas tienen y además el aparato es muy práctico para saber en cualquier momento dónde está la muchachita o a qué hora hay que recogerla.

Otro dilema es que los padres piensan que bastante trabajan y se esfuerzan para lograr un estatus de vida bueno, y que si tienen manera de darle gusto a los hijos es un placer para ellos poderlo hacer. Eso está muy bien, pero una cosa es complacerlos en algunas de sus peticiones, cuidando que sean concientes de lo que tienen, que lo agradezcan y lo sepan utilizar, y otra muy diferente es comprarles lo que pidan sin medida ni control. Los papás no captan que la mayoría de las veces los hijos piden cosas para manipularlos, para ver hasta donde llega su poder de convicción y qué deben hacer para desesperarlos y alcanzar su cometido.

Y como los que son padres ahora vivieron su niñez en unas condiciones muy diferentes, les queda difícil asimilar los cambios que sufre la sociedad actualmente; los cuales por cierto son cada vez más acelerados. Por ello es común que los adultos estén a toda hora comparando cómo era antes y algunos pretenden instaurar dichas reglas en su casa, sin aceptar que ahora las cosas son a otro precio; ahí empiezan las discusiones con la mujer, que le dice que no sea iluso y que es mejor que aterrice de una vez.

Otro asunto es que los mayores se han vuelto muy aprensivos con los niños y por cualquier pendejada forman tremendo escándalo. Llaman del colegio a decir que el chino se golpeó jugando fútbol, y los papás salen disparados para llevarlo a la clínica. Y no falla: hay que ponerle un yeso porque tiene una fisura, o al menos para prevenir cualquier complicación posterior. En cambio nosotros, teníamos que llegar con fractura abierta para que nos pararan bolas; no se me olvida que mi hermano Ardilla se quebró el fémur en un carro de balineras, y así estuvo de viernes a lunes. Cada que chillaba porque le dolía mucho, mi mamá le metía un regaño y le decía que no fuera zalamero, que éso no era nada.

Hay que ver cómo cunde el pánico cuando un muchachito se rompe la cabeza o se corta un dedo; a buscar el mejor cirujano plástico para que no quede cicatriz, sobre todo si se trata de una niña. Los de mi generación estamos llenos de marcas y cicatrices en la cumbamba, las cejas, la cabeza, los codos, rodillas, etc., porque nos cosían a la guachapanda como remendando un costal. Y el papá insistía que esa vaina no valía la pena, que lo que pasa es que la sangre es muy escandalosa. Mi mamá nos llevaba donde el tío Guillermo, recién egresado como médico, y él nos raspaba el pelo cercano a la herida con una “Gillete” y luego a voliar aguja e hilo para cerrar la chamba.

A los púberes y adolescentes que tienen disputas con el papá porque quieren mantenerse a la moda y por lo tanto lucir el pelo largo, consigan una foto del cucho cuando tenía 16 años para que vean las mechas que lucía. Entonces todos andábamos con el pelo hasta el hombro y ni siquiera nos peinábamos.

viernes, abril 28, 2006

Gourmet Criollo

Me pierdo muchos programas de los que ofrece la televisión por cable, porque a diferencia de la mayoría de los hombres, no tengo el vicio de estar cambiando de canal. Me encarreto con un tema y de ahí no me muevo hasta que termine. En caso de que en los espacios científicos, deportivos o históricos no haya nada llamativo, o en muchos casos están repitiendo un tema ya visto, me instalo de inmediato en uno de los canales dedicados a la gastronomía y al turismo en general. Qué cosa más provocativa y entretenida es conocer las recetas y costumbres de los diferentes rincones del planeta.

A quienes no envidio es a los que presentan los programas desde los diferentes países, porque deben aferrarse a aquel aforismo que dice que a la tierra que fueres, has lo que vieres. En muchas partes les ofrecen unas viandas deliciosas y tradicionales, pero en infinidad de casos les toca echarse a la boca unas cochinadas que producen náuseas a larga distancia. Algunos de ellos son francos, y con prudencia para no ser groseros, hacen un comentario que deja muy claro que el bocado es una porquería. A Tony Bourdain, un chef de Nueva York que abandonó su restaurante para probar los diferentes sabores del mundo, le prepararon un plato bien especial en uno de sus recorridos. En Vietnam, una familia de campesinos preparó un pato de la siguiente manera: Después de torcerle el pescuezo al animal, lo embadurnan en barro hasta formar como un balón que meten en una fogata y luego tapan con madera y ramas; pero al pato no le quitan las plumas, ni las tripas. Al cabo de varias horas sacan el bloque de tierra y lo golpean fuerte para encontrar la carne, llena de plumones y sanguinolenta, la cual además queda mugrosa y desagradable. Por donde lo mire, esa vaina no puede ser apetitosa. Luego el hombre remató con uno de los platos más costoso que existe, sopa de nido de golondrinas, y quedó enfermo varios días por ocioso y novelero.

Es triste ver como en ese tipo de programas han recorrido muchas naciones y culturas, pero nuestro país sigue excluido. Ojalá esto cambie, porque en los últimos tiempos periódicos como el New York Times y el británico The Guardian, han publicado artículos favorables a nuestro país con recomendaciones y comentarios muy positivos. Además, la más importante guía mundial de viajes, “Lonely planet”, ubicó este año a Colombia como el noveno destino turístico del mundo. No me cabe duda de que el día que vuelva la tranquilidad a estos pagos, va a tocar desalojar para que quepan los millones de turistas.

Sintonizar el gourmet.com es una delicia, porque así sean muy pocas las preparaciones que son asequibles al común de la gente, se entretiene uno y hace hambre para comerse lo de siempre: arroz con huevo, arepa y un pintadito. La mayoría de las recetas llevan ingredientes costosos o difíciles de conseguir, y la experiencia que tienen los cocineros hace que parezca muy sencillo el trabajo. Semejante habilidad, los cuchillos y electrodomésticos que tienen a mano y el formato de los programas, convierten el espacio en un momento de esparcimiento y relajación.

Estos artistas de la cocina tienen el pero que se preocupan más de que el plato quede bonito antes que sabroso; y un defecto inmenso es que sirven porciones como para un pajarito. Sin nombrar que nunca acompañan las viandas con arroz blanco. Ahora se me ocurre proponerle a las directivas del canal que hagamos un programa desde estas tierras, pero para enseñar a preparar los platos típicos de nuestro terruño, con ingredientes sencillos y baratos. Como quien dice un gourmet criollo, donde los invitados sean aquellos personajes que dominan cada tema.

Sin duda el primer plato debe ser la bandeja paisa, advirtiendo que después de consumirla deben tomar sal de frutas o van a parar al hospital. Aparte de la opípara bandeja, se recomienda aguacate, un buen pique y arepa con hogao como acompañantes; y de remate, unas brevas con queso y si es tan alentado, mazamorra con panela rallada.

Desde El Espinal, Tolima, enseñaremos cómo preparar una lechona bien deliciosa. El tamal es diferente según la zona y son famosos los de nuestra región paisa; el de la costa conocido como ayaca o pastel; y el tolimense que viene con arroz incorporado y un huevo duro de un color como de cianótico. Desde Colombia los televidentes podrán conocer la receta de la sopa de mondongo, del sancocho de gallina valluno, los frijoles con pezuña, el ajiaco, las empanadas, los chorizos de cerdo, las arepas de huevo, el sudao, el chicharrón de siete carriles, los bocadillos de guayaba, los buñuelos, el dulce de natas, la cuajada con melao y platos sencillos como unas migas acompañadas de chocolate.

El otro día después de un delicioso almuerzo en la finca, de esos que lo dejan a uno con modorra y pesadez, el Negro Peláez procedió a preparar un café con todas las de la ley; quiero decir moliendo los granos tostados y siguiendo los pasos correspondientes. Mientras todos esperábamos en la mesa conversando, el Negro comenta que ojalá el tintico nos baje un poco la llenura, porque de lo contrario podríamos morir como Cristo: de “inritación”.

jueves, abril 06, 2006

Tribulaciones de un Mesero (2)

¿En qué íbamos? Ah sí, cuando me pillaron con las manos en la masa, o mejor en el desayuno ajeno, y me mandaron p´al carajo. Es que suspendí porque se estaba pasmando esa vieja y empezó a hacerme ojitos p´a que me moviera; pero frescos que ya le serví otro becao de güisqui y allá quedó bailando sobre la mesa. El caso es que cuando mi apá supo se salió de los chiros y me dijo que en la casa no tenían p´a sosteneme, entonces me vine p´acá y empecé a rebuscame. Al menos tenía ya una profesión definida y sabía por dónde empezar; porque hay unos que cuando les preguntan qué saben hacer, dicen que de todo p´a descretar al patrón. Un amigo respondió así y el cliente le dijo que si sabía hacer cualquier cosa, entonces consiguiera herramienta p´a que le fabricara un botellero y una registradora que necesitaba urgente. Lo dejó mamando.

Pero ahí fueron resultando trabajitos y uno va cogiéndole maña al asunto, porque en este oficio usté salta como un sapo de coloca en coloca. En cantinas, casas de mujeres, griles, discotecas, cafeterías y cafetines de mala muerte. Lo bueno fue que junté unos pesos y pude hacer un curso en el SENA, donde sí enseñan el oficio p´a poder trabajar donde sea. Al fin pude conseguir trabajo digno en varios restaurantes, luego en un club social y terminé camellando en estas fiestas privadas que son una belleza. Deje y verá yo les cuento cómo es la vaina en estos sitios.

En cada restaurante es distinto según la clase de clientela y como siempre, qué tan buena persona sea el patrón. En los de combate donde se sirve el almuerzo del día no hay que esmerarse mucho, porque eso es tan barato que el que regatee es porque es muy agonía; además no hay que pararles bolas. Ya en los restaurantes cachacos la cosa es a otro precio, porque el cliente es más esigente y refinado. Claro que no falta la caranga resucitada que por descrestar a la hembrita de turno, pide unas marcas de vino bien rebuscadas y en muy poquitos sitios encuentra usté tal variedad; por aquí no tenemos esos sótanos que llaman cuevas, o yo no se qué, donde apilan montañas de botellas llenas de telarañas. Uno ofrece las dos o tres marcas que hay y el vergajo huele el corcho, empieza a catar, a mirar esa vaina contra la luz y de pronto resuelve que no le gusta. Ríanse la emberriondada del patrón cuando le llega usted con esa botella descorchada y que quieren probar otra. Y digo que es pura jodentina, porque cuando me zampo los cunchos me saben todos igual.

Tampoco falta el chichipato que jode por vicio y no hay forma de darle gusto; que la carne está dura, que muy asada, que cruda, que era sin gordo, que las papas están flojas. Mejor dicho, como p´ahorcalo; porque la gente tiene derecho a esigir, pero que no la cojan contra el mesero ni lo humillen a uno. Ni hablemos de la piedra que da los culicagaos que piden de todo y se llenan a punta de papas fritas y dejan el resto zapotiao; y los chinos míos en la casa transidos del hambre. Por fortuna muchos patrones nos dejan empacar lo que sobre limpio y hay que ver los banquetes que cargo yo. Al otro día salen esos pelaos p´a la escuela más llenos que hijo de sirvienta.

Pero lo másimo son estas fiestas privadas. Basta con achicales trago a la lata y al rato puede hacer uno lo que le provoque; por ejemplo zampase uno doble cada que sirva una tanda. Siempre hay forma de tumbarse dos botellitas de trago fino p´a vendelas, y en la cocina las empleadas le empacan una buena ración de comida. Claro que los ricos comen muy raro y por descrestar a los demás, preparan unos platos bien rebuscaos. A ninguno se le ocurre servir tamales, sudao o bandeja paisa. Y al final todos bien rascaos empiezan a repartir propinas.

Vean les comparto un cacharro, pero cuenta comentan algo porque después me meto en un lío. Hace unos años trabajé en una cafetería del centro donde vendían comidas rápidas y esas vainas de ahora. El patrón vivía ahí al pie del cañón controlando todo y eso sí p´a que, es una bella persona con los empleados. Pero resulta de que tiene un vicio muy asqueroso, porque a eso de las once de la noche, cuando ya casi no hay clientela, dícense a dentrar muchachos a ese negocio y se metían a una pieza que el tipo tenía en la trastienda convertida en una especie de discoteca privada. Y los jedionditos se aprovechaban y no pedían sino fino: que güisky p´al uno, volka p´al otro, ginebra pa´l de más allá; y fumaban puro malboro y ken; ni hablemos de la metedera de vicio, que además les da la comelona y terminaba yo mantequiando toda la noche p´al batallón de mariquetas. Después de cierta hora tenía prohibido dentrar a la pieza, pero una noche todavía estaba temprano y fui a llevarles un hielo. No les digo sino que eso parecía la hora llegada y p´a resumiles les cuento que estaban como una fecha del fútbol profesional: ¡Ya había varios empatados!

jueves, marzo 30, 2006

Tribulaciones de un Mesero (1)

Siempre han existido ricos y pobres; los que mandan y los que obedecen; unos hacen el trabajo sucio y otros el más agradable. Por ejemplo el oficio de mesero, donde mientras los unos se sientan a que los atiendan, el empleado debe esmerarse en satisfacerlos. Los hay desde el maitre más cachaco, hasta la copera malgeniada. Nada más entretenido que poner un mesero a contar cuáles son las marrullas que ellos acostumbran y los cuentos que tienen de su periplo por la vida. Cierta vez en una fiesta cogimos al personaje ya medio copetón y lo pusimos a que soltara la lengua, y esto fue lo que relató:

No vayan a creer que yo estoy en este oficio desde hace poquito, porque lo que tengo es experiencia. Nací en un pueblo cafetero y desde los 13 años mi apá decidió sacame de la escuela p´a poneme a camellar; me mandó a coger café pero resulté muy manicagao p´a ese destino y entonces después de buscar me coloqué de ayudante en un café por los laos de la galemba. El viejo desgraciado dueño del chuzo dijo que no me pagaba salario sino que me podía quedar con las propinas, pero pueden imaginar lo que me daban esos borrachos habiendo unas coperas bien buenas que aparte de atendelos se les sientan en las piernas, además de otros beneficios; de manera que me las ingeniaba para darle en la cabeza o salía más pelao de lo que entraba.

Ese viejo me sacó la leche porque no podía verme quieto y algo se inventaba p´a poneme a revolotiar. Que a lavar loza mijo, que otra trapiaita, que limpie las mesas, que recoja envase, mejor dicho... no me lo sacaba. En semana siempre había boleito, pero desde el viernes hasta el amanecer del lunes eso se llenaba de lungos y yo sí le digo la camelladera tan berrionda. El cucho pegaba matas de plátano en las paredes y cubría el piso con aserrín, y el bailoteo era tieso y parejo. La idea del aserrín es una maravilla, porque cuando un vergajo vota la tapa, lleva uno la pala y el balde y la porquería recoge muy fácil. En cambio en semana, me tocaba a punta de trapiadora y el dueño me decía que le hiciera con el mismo trapo que limpiaba las mesas, y si yo reviraba, me decía que no fuera remilgao que nadies se iba a dar cuenta. Que lo juagara bien y eso quedaba limpio. Un día le dije que comprara un poquito de jabón fá y casi le da un soponcio.

Las coperas son muy corrompidas y como yo era un pipiolo, cuando estaba juagando vasos pasaban y me mandaban la mano al cacao; a veces del brinco que pegaba dejaba caer un vaso y ríanse el lío con el patrón. Y la cantaleta que mantenía p´a que fuera a recoger envase, pero a los piones les gusta dejarlo encima de la mesa p´a chicaniar con que han comprado mucho y dizque p´a poder contarlo cuando pasen la dolorosa. Y el uno que recoja y el otro que no me las toca, y yo ahí de trompo puchador.

Otra vaina bien verraca era que no faltaba en la puerta del café una pobre mujer con un mundo de culicagaos, haciéndole caras al marido p´a que se fuera p´a la casa o al menos les diera algo p´a poder mercar. Las viejas nunca dentran porque va y alguien las pilla saliendo de ahí, y hay que ver después el chisme que les arman. Entonces mandan al pelao mayorcito a que zamarré al papá a ver si logran algo. Porque yo sí les digo una cosa: esa gente trabada bebe como caballo asoliao; los ve usté salir abrazados con una vieja, que no dan paso de la rasca y piensa que ya van a caer, pero qué va, al rato aparecen con otra y siguen bogando como si nada.

Lo pior en ese chuzo era la aguantadera de hambre, y mi apá decía que a cuenta de qué me iban a llevar el porta, si con lo que ganaba podía comprame el almuerzo; y eso no alcanzaba ni p´a una empanada. Hasta que se me arregló el ficho, porque al patrón se le ocurrió arrendar un localito al lado p´a montar una cocina y vendele desayuno a los amanecidos. Bueno, cocina es un decir, porque montó un fogón de petrolio, consiguió loza de segunda, contrató una manteca y listo. Entonces cuando yo pasaba con el pedido, paraba un momentico y si eran huevos en perico o calentao de frijoles, me mandaba una o dos cucharadas de cada plato y acomodaba p´a que no se notara. A las cacerolas les sacaba con harto cuidao el quemaito, que es lo mejor. Y de cada taza de chocolate me tomaba don tragos y luego limpiaba el borde con los dedos. Eso sí quedaba con una pedorrera la berrionda pero por lo menos lleno. Pero hasta ahí me llegó la chanfa, porque un día el patrón se asomó a ver qué era la demora y me pilló boliando cuchara. No les digo sino que ese viejo casi me capa.

Aguarden yo doy una recogidita que la patrona me está mirando feo y ahorita les sigo contando...

Léxico Propio

Cada pueblo tiene su propia forma de expresarse, y aunque en países vecinos hay muchas coincidencias en cuanto al léxico utilizado, lógicamente cuando en ambos se habla la misma lengua, hay muchos dichos y expresiones que son únicos de una región específica. La tradición oral se encarga de que este lenguaje particular pase de generación en generación y así no sean palabras aceptadas como castizas, todo el mundo las entiende que a la larga es lo que importa. En nuestro medio los médicos se topan con unas definiciones y ciertas palabrejas para definir las enfermedades, que no dejan de causarles mucha gracia. Ellos conocen un lenguaje científico para definir todas las dolencias, pero de poco les sirve si los pacientes utilizan expresiones populares.

Aquí por ejemplo nadie dice que una persona tiene quebrantos de salud, sino que está maluco; si se trata de un bebé, preferimos comentar que el chino está malito. Para definir una molestia de esas que no tienen síntomas muy definidos utilizamos la palabra malestar o simplemente que el sujeto está indispuesto. Según el estrato social también varía la forma de definir los diferentes males y es así como una ricachona deprimida y a punto de suicidarse comenta que sufre un fuerte surmenaje. El mismo mal en un obrero de la construcción se define como una “malpa” la verrionda, una gusanera que le revuelca las tripas, un no sé qué no sé dónde y una gana la hijuemadre de tirarse a llevar.

Mientras a unos les da un sarpullido, con algo de prurito y molestias dermatológicas, a otros los ataca una rasquiña tenaz con ronchas y granos en carne viva. Sobra decir que en el primer caso la consulta es privada y el diagnóstico habla de una alergia al polen, mientras el otro paciente asiste con su carné del Sisbén y el mal queda definido como siete luchas, sarna o exceso de piojos.

Imagino que para cualquier galeno es difícil traducir enfermedades como el famoso dolor bajito que les da a ciertas mujeres, o el recurrente peso en el cerebro que produce como una vaina toda extraña. Otro llega donde el facultativo y le dice que le dio un patatús, que empezó a ver estrellas y de pronto se le fueron las luces. Los más pinchados prefieren definirlo como un soponcio y en definitiva es lo mismo que El Chavo llama la chiripiorca. A los ejecutivos les da estrés y esto produce nudos en la espalda y fuerte dolor en el cuello, que es lo mismo que sufren las empleadas del servicio y ellas definen como una neuralgia la más espantosa con un chuzo en la parte de arriba de las espaldas.

Una dolencia difícil de describir es el yeyo, que las personas experimentan cuando reciben una mala noticia, los engañan en un negocio o se les crispan los nervios por alguna causa. Para el paciente también es bien complicado describir algunas molestias que nadie sabe cómo explicar, y es el caso cuando se le abre una mano; es un dolorcito mamón que aunque no es delicado, lo friega a uno en el momento de querer abrir un frasco, amarrarse los cordones de los zapatos o lavarse los dientes.

Los gastroenterólogos deben tratar de traducir los síntomas propios de su especialidad, como cuando el enfermo dice que tiene como un roto en la boca del estómago, que le sube y le baja por el guargüero un ardor muy espantoso, que pasa hasta una semana sin poder dar del cuerpo y que de tanto hacer fuerza le salió como un racimo de uvas en el fundillo. Si come frijoles o lentejas queda empachado y los gases lo mortifican durante horas. Cualquier comida rara lo empalaga y el hígado de inmediato se torea produciendo cierto malestar acompañado de bilis, vértigo y rebote.

De igual manera los profesionales de la salud deben renunciar a sus conocimientos científicos para definir todo tipo de males, porque los pacientes les seguirán hablando del chichón, del fuego en el labio, del nacido en la nalga (aseguran que se produce por sentarse en un puesto del bus que acaban de desocupar y todavía está caliente), del orzuelo en un ojo, de un morado en un tobillo, de una cuerda que se saltó, del sereno, de las candelillas, la vena várice y otras tantas molestias del diario vivir.

La lógica del campesino es irrefutable y muchas veces nos dejan abismados ante su raciocinio. Mi amigo el doctor Francisco “Pacho” González atendió un viejo curtido en el campo y después del examen de rigor, le recetó unas pastillas que debía tomarse todos los días y cada ocho horas. Cuando el hombre volvió a control, resulta que no se había gastado ni la mitad del medicamento porque solo había tomado una pastilla diaria, lo que hizo que el galeno le llamara la atención por no haber seguido sus instrucciones. Entonces el montañero le hizo la siguiente reflexión:
- A ver dotor. Al menos p’a mí, el día es de 6 de la mañana a 6 de la tarde; con algunas variaciones, asegún la época del año. Eso son 12 horas y puede que yo no sea estudiao como usté, pero dígame una cosa: ¿cuántas veces cabe el 8 en el 12?

jueves, marzo 16, 2006

Los Encartes de Ahora

Parece mentira que algunas cosas que antes eran un lujo se hayan convertido en la actualidad en verdaderos encartes. La sociedad y las reglas de la convivencia han sufrido cambios significativos con el pasar de los años y el hombre se va acomodando a esas variaciones sin poder hacer nada más que aceptarlas. Quienes tenemos la edad suficiente para hacer la comparación de las variantes que se han presentado, no alcanzamos a entender algunos comportamientos que nos parecen inauditos.

Cómo es posible por ejemplo, que en la actualidad sea un encarte para padres de familia y estudiantes que se llegue la época de vacaciones. Porque aunque parezca increíble, a los muchachitos de ahora les gusta ir al colegio. Si, les parece eterna la temporada de asueto y no ven las santas horas de regresar a las aulas. Y los papás ni hablar, porque no saben qué camino coger con los mocosos a toda hora desprogramados y poniendo perinola. A diferencia de antes, cuando la mamá siempre estaba en casa para poner orden e inventar diferentes actividades para entretener a los hijos, las señoras de hoy en día son ejecutivas que laboran de sol a sol y no tienen tiempo sino de llamar a la casa para que les pongan quejas y los zambos se lamenten por la inactividad a la que están sometidos.

Y pensar que para nosotros no había un momento más esperado que el último día de clases. Tocaba sufrir con los benditos exámenes finales, no faltaban las materias perdidas y por ende los cursos remediales y las habilitaciones, lo cual siempre mortificaba e impedía disfrutar en pleno de las vacaciones, pero a pesar de que eran casi dos meses completos a fin de año, y un mes en la temporada de julio, nos parecía poquito y siempre estábamos añorando más tiempo libre. Que yo recuerde, nadie regresaba contento al estudio. Todo el mundo haciendo cara de mártir y pensando en cuanto tiempo faltaba para el próximo receso.

Si la familia tenía finca esperaban a asistir al acto público y recibir los boletines con las notas, para arrancar al otro día temprano e instalarse en el campo durante todo el período de descanso. Mientras las mamás se quedaban cuidando los hijos, los padres subían a la ciudad a trabajar y regresaban al atardecer. Y aunque no teníamos bicicletas, ni televisor, ni juegos de video y mucho menos computadores personales, nunca nos quejamos por falta de programa, y por el contrario el día no nos alcanzaba para tantas actividades que podíamos desarrollar.

Otro encarte moderno es el carro particular. Fabuloso para pasear o transitar por ciertas zonas de la ciudad, pero si usted necesita ir al centro a hacer una vuelta se pega la enredada del siglo para conseguir dónde parquear, aunque sea por corto tiempo. Es paradójico que mucha gente deba dejar el carro entre el garaje y buscar transporte público para dirigirse a su trabajo, ya que si consigue un espacio para acomodar el vehículo, el costo del parqueadero le sale por un ojo. Y como aquí en Manizales los genios de planeación permitieron en su momento la construcción de grandes edificios sin exigirles los parqueaderos, ahora es imposible encontrar en el centro un rinconcito disponible. Edificios como Seguros Atlas, Banco de Caldas o Banco del Comercio, que albergan gran cantidad de empleados en sus oficinas, no tienen espacio disponible para acomodar vehículos. Entonces los pocos edificios de parqueaderos que hay son un negocio maravilloso y conseguir un cupo allí es como ganarse la lotería.

Hay que ver en Bogotá lo que cuesta parquear un carro en sitio seguro. Si es en un centro comercial usted debe hacer alguna compra para que le tiren pasito al momento de salir, pero ni pregunte lo que cuesta visitar un paciente en uno de los hospitales o clínicas; vale más que la habitación del enfermo. Aunque parezca mentira, ahora la gente gasta más plata en parqueo que en gasolina.

El carro particular tampoco sirve para salir de noche, porque en buena hora se impusieron medidas para impedir los borrachos al timón. La mayoría de la gente prefiere llamar un taxi para sus salidas nocturnas, y así evitar accidentes y graves sanciones. En este punto sí podemos entrar a comparar con la época de nuestra juventud, cuando todo el mundo, inclusive los adultos, manejaba su carro jincho de la perra y muchas veces no entendía como había llegado hasta la casa y además haber metido el pichirilo al garaje.

Pero definitivamente el encarte más curioso de la actualidad es cuando uno escucha que fulanito está embollado porque vendió una propiedad y no sabe qué hacer con la plata. Bendito sea mi Dios, si todos tuviéramos ese tipo de inconvenientes… Porque los ricos no dan puntada sin dedal y saben que meter ese billete al banco genera unos gastos muy altos, y para ponerla a producir renta no es fácil encontrar dónde. Entonces recurren a las maromas para enviarla al exterior e invertirla en dólares, porque debido a la inseguridad son pocos los que resuelven adquirir predios rurales. Y si es de verdad que todos esos paracos se desmovilizaron y van a regresar a su estatus de civiles, ahí sí que se vuelve a complicar la situación para finqueros y hacendados.

lunes, marzo 13, 2006

Consejos Gratuitos

De puro metido, quiero compartir algunos consejitos que pueden mejorar la salud, si no física, al menos suben el ánimo que en muchos casos puede ser más importante. Me refiero a quienes como yo padecen una dolencia de esas complicadas y que por fortuna, al menos en mi caso, se convierte en rutina y a la larga vuelve a la persona más realista y tranquila para el momento (“…y el día esté lejano”, como dijo el poeta) de viajar al otro toldo. Pensándolo bien, no se trata de consejos sino de la forma como debe enfrentarse, lógicamente con el apoyo de la familia y los amigos, quienes son fundamentales para darnos ánimo y ayudar a soportar con optimismo la situación.

Lo primero es que desde el mismo momento que sale el diagnóstico, usted no vuelve a pensar en otra cosa diferente a su dolencia. Abre el ojo por la mañana y ¡taque!, ahí mismo recuerda: ¡Hijuemadre!, verdad que estoy frito. Durante el día repasa la lista de aquellos que a pesar de los buenos pronósticos ya están horizontalizados, como dicen los comentaristas deportivos. Pero si profundiza en el recuento, también aparecen muchos casos de personas que ahí siguen vivitas y coleando. Para lograr dormir es mejor solicitar al médico una pastica que ayude, porque la pensadera nocturna se alborota y ahí amanece en busca de acomodo.

Prenda el televisor y si están en el noticiero, no pasan dos minutos antes de que se refieran a su enfermedad; sintonice una película y sin falta es de un enfermo terminal que está viviendo horas extras; escoja entonces un programa científico y no falla: es sobre una nueva tecnología para combatirlo, y la desilusión es grande al enterarse de que dicho estudio está en pañales y que por aquí llegará para provecho de nuestros bisnietos. En cambio si lo que sintoniza es una emisora de radio, pueden estar hablando de política, farándula, sexo o deportes y en menos de lo que canta un gallo aparece el nombre de su dolencia. De manera que la solución es no pararle bolas a ese tipo de coincidencias, porque de lo contrario termina obsesionado y aterrado.

En el noticiero de medio día del canal RCN no pasa un solo día sin que hagan una nota sobre el cáncer. Será que el tema vende mucho, porque no falla. Aunque puedo jurar que semejantes pendejadas son inventadas por alguno de los redactores del informativo, porque si un día dicen que bañarse antes de las siete de la mañana aumenta el riesgo de contraer cáncer, al otro aseguran que nada como comer pepa de aguacate para combatirlo. La última noticia que me produjo mucha curiosidad, dice que el arte es un paliativo maravilloso contra el mal; de manera que hube de esperar un buen rato para ver cómo es el asunto, y salen con un grupo de pacientes haciendo muñequitos de barro, otros lijando tablas y algunos pintando. Para mí, la conclusión, es que igual el enfermo dura lo mismo, pero al menos está más entretenido.

La ciencia habla muy claro de los pasos que debe recorrer el paciente antes de llegar a aceptar la situación, que empieza por la rabia, la pregunta de por qué a mí, un terror desmesurado, el reclamo al Santísimo por escogerlo como ganador de semejante rifa, un genio parejito (a toda hora como una fiera), y así hasta que reconozca que lo que debe hacer es jalarle al optimismo, seguir su vida normal, ser muy realista y confiar en que entre mi Dios y la ciencia lo sacan de semejante boyada. Porque la otra opción es acostarse a llorar, cerrar las cortinas, prohibir que cualquier persona se entere del asunto y hundirse en una depresión que antes de acabar con usted, destruye el núcleo familiar, amarga a sus amigos y genera una corriente de chismorreos y suposiciones que no solucionan nada. Porque si tapando se aliviara uno, hasta podría ensayarse.

Con mi Dios sí que debemos ser honestos y seguir la misma rutina de fe, porque no debe cambiarse un juego comenzado. Si nunca ha creído en sanadores, estatuas de la Virgen, los ángeles, o en ritos especiales, siga así. Tampoco sobra recordar que siempre habrá alguien más jodido que uno. Y aunque no he sido agorero –toco madera- lo único que solicito es que no me saquen en una lista que aparece en la página social de este diario, de personas recientemente fallecidas y otras que están en delicado estado de salud, para ofrecer una misa por ellos y que organiza una asociación de señoras. Es que empieza uno en el último renglón y arranca a subir hasta que deben borrarlo; y casi nunca es porque se alentó.

Hace días comenté a unos amigos que si alguien tenía una pequeña grabadora de bolsillo que no usara, me la prestara por unos días. Olguita Arango, gerente del Instituto Oncológico, dijo que con mucho gusto iba a buscarla y al otro día se apareció con un aparato nuevecito. Pero cuando me dijo que era un regalo ya que nunca la usaba, le propuse que como estábamos a finales de octubre, se la recibía como presente de amor y amistad, así la fecha hubiera pasado ya. Porque cómo les parece la gerente de ION dándole a uno el aguinaldo en octubre. ¡Bendito!

lunes, marzo 06, 2006

Útiles inútiles

Mi Dios sabe cómo hace sus cosas. Porque de solo pensar que en nuestra época entrar al colegio en enero hubiera tenido los costos de ahora, nos hubiéramos quedado sin estudio. La diferencia entre la cantidad de hijos en las familias en las diferentes épocas es muy marcada, y si hoy vemos a gatas a los padres de familia para cancelar la inaudita lista de útiles que le piden a uno o dos vástagos que apenas inician sus estudios, incluidos uniformes, materiales, elementos de aseo y otras tantas cosas, no entiende uno cómo hacían nuestros padres para mantener ocho o diez muchachos en el colegio.

No cabe duda de que la plata antes rendía más, y con seguridad los centros educativos eran más consecuentes, por lo que las listas de elementos necesarios para iniciar el año lectivo no tenían un costo muy alto y además los papás cogían cancha y compraban solo lo estrictamente necesario. Recuerdo que por ejemplo pedían un libro de filosofía y el papá insistía en que esperaran a ver si el profesor sí lo iba a utilizar, y la verdad es que en muchos casos tenían razón y finalizaba el año sin siquiera abrir el libro. Por fortuna los textos no eran de rellenar espacios, lo que lo hace útil para una sola persona, y cada temporada la gente se dedicaba a indagar entre familiares y amigos a ver si tenían alguno de los libros solicitados.

La frustración de cualquier estudiante era que le tocara un libro de segunda mano, y como los hermanos y primos éramos tantos, los textos iban pasando de mano en mano hasta terminar sin carátula, lleno de rayones y comentarios, y más manoseados que un billete de peso. También era común que en algunas librerías de la ciudad se moviera el mercado del usado, y esa era una buena opción para conseguir ciertos títulos.

Un noticiero de televisión se puso en la tarea de investigar las listas de elementos solicitadas a los alumnos en la actualidad, y pudieron comprobar el abuso que se comete con los padres de familia. El informe llevó el nombre de “útiles inútiles” y cada día presentó ejemplos que aparte de rabia, producen risa. De manera que ahora las instituciones educativas se aperan de los elementos de aseo que van a necesitar durante el año, y de esa forma se ahorran el costo que estos representan mensualmente. Imaginen si a cada párvulo le piden ocho rollos de papel higiénico –y tienen el descaro de exigir que sea doble hoja-, dónde diablos almacenan semejante cantidad de elementos.

Se supone que al pagar la mensualidad en el colegio, esta incluye todo lo que el educando consuma durante su estadía en el establecimiento. No hay derecho que en una lista de útiles pidan detergentes para los baños, elementos para limpiar pisos, los marcadores con que escriben los profesores en los tableros modernos, limpiavidrios y cuanto elemento sea necesario para mantener aseado el plantel. Entre las denuncias, una mamá se preguntó para qué necesitan los niños un litro de colbón; si hay veinte alumnos en el salón, en qué carajo se van a gastar veinte litros de pegante.

Otra ama de casa mostró ante las cámaras la lista de elementos que debía adquirir para que su bebé ingrese a una guardería. Después de averiguar precios y hacer una cotización, el costo total era de casi un millón de pesos. A otra niña de tres añitos le pidieron diez cajas de plastilina, una docena de lápices, cinco paquetes de pañitos húmedos –como si no fueran bien costosos- y una cantidad descomunal de cuadernos. Yo creo que una mocosa en esa etapa no se gasta un lápiz al año, ni utiliza medio cuaderno.

Ahora hablemos de los uniformes. De otra que se salvaron nuestros papás, ya que por fortuna en el colegio donde estudié, con cinco hermanos, no existía ese requisito. Para un niño que ingresó este enero al colegio, después de su paso de varios años por el jardín infantil, los papás debieron adquirir el uniforme que costó casi medio millón de pesos. Zapatos tradicionales y para deportes; uniforme de diario; pantalonetas, camisetas y medias para educación física; el saco representativo del plantel; y las infaltables sudaderas, las cuales deben ser siquiera dos, porque un muchachito de ese nivel llega todos los días con tierra hasta en las orejas. A lo mejor yo estoy muy desactualizado en lo que se refiere al precio de las cosas, pero no me explico cómo puede costar una sudadera para un petacón de esa edad la suma de cien mil pesos.

Y pensar que nosotros pasábamos el año con la maleta de cuero, un lápiz de dos colores, rojo y azul, un lápiz normal, una cajita de colores ordinarios; la regla, el transportador y la escuadra de plástico llenos de despicados; un borrador de rayitas azules y blancas; el frasco de goma; un lapicero de dos pesos; un compás oxidado y los libros reutilizados que ya mencioné. Los cuadernos “bolivariano” con los forros de plástico para protegerlos un poquito de la mugre y el desgaste.

La tapa de las peticiones denunciadas en la televisión fue a un chino que aparte de todo lo mencionado, le exigen llevar un pez ornamental. Y que ojalá sea una bailarina. Qué desfachatez.

Fe de Carbonero

Imagino que la mayoría de lectores sabrá de dónde viene este dicho, pero para quienes lo desconozcan ahí les va la explicación. Los carboneros son unos personajes que aparecen cuando se hacen talas de bosques y aprovechan las ramas menores que desechan quienes escogen la madera utilizable, para después quemarlas y al cabo de un tiempo determinado lograr el producto de su trabajo. El procedimiento es el siguiente: cavan un agujero de buen tamaño en la tierra, luego acomodan los retazos de madera con que disponen, le prenden candela a la pila y proceden a tapar el hueco con unas ramas y una buena cantidad de tierra. La idea es dejar solo un pequeño respiradero por donde sale humo durante varias semanas, lo que hace que la llama no se avive y la materia prima se consuma. Cumplido el plazo respectivo, el carbonero regresa a desenterrar el resultado de su labor, y la fe consiste en que ellos nunca se quedan vigilando para que el fuego no se apague, o por si una vaca les desbarata el montaje o cualquier otra eventualidad, sino que por el contrario regresan con la plena seguridad del éxito obtenido. Los carboneros son solitarios, calmados y persistentes.

En cualquier religión la fe es indispensable, porque son muchas las cosas que debemos creer sin tener pruebas tangibles. Ahora el Ministerio de educación volvió a instaurar la cátedra de religión en los establecimientos educativos, pero con la condición que si un alumno pertenece a otro credo no tiene obligación de asistir a la misma. Muy saludable la medida, porque cualquier persona debe creer en un ser superior y con la suspensión de esa materia los muchachitos se estaban levantando como unos perritos, y en la casa son muy pocos los papás que le dedican tiempo a filosofar sobre religión con sus hijos. Hay que abrir el ojo es con los profesores, porque no falta el cura retrógrado que les llena la cabeza de cucarachas a los educandos, o el maestro perezoso y mal preparado que sale del paso con cualquier pendejada.

Los muchachos de ahora no tragan entero y a diferencia de nuestra época cuando la palabra del cura era sagrada y el alumno no tenía derecho a una opinión propia, ellos cuestionan, discuten, indagan y analizan. Ese cuento de que esto o aquello es así porque yo lo digo, ya está mandado a recoger. La religión aprendida de memoria y bajo la amenaza de las llamas eternas para quien no la acatara, es historia patria. Cuántos niños de mi generación no pasaron las noches en vela convencidos que ya se les iba a aparecer el diablo o que por cualquier pilatuna cometida el castigo sería caer de cabezas a los profundos infiernos. A nosotros nos inculcaron la fe a punta de miedo y amenazas.

Y a rezar también nos enseñaron de memoria, repitiendo como loras sin detenerse a pensar siquiera un segundo en lo que se dice. El concepto de orar en una forma más sesuda, como entablar una conversación con el ser superior, es algo que se ha ido imponiendo y que muchas personas preferimos al rezo en comunidad. Yo no puedo creer que para mi Dios sea valedero algo como la repetición de los mil Jesuses, donde los rezanderos terminan es murmullando unos enredijos que nadie entiende. Tampoco es justo que los creyentes le dejen toda la responsabilidad al Patrón y crean que con ser buenos practicantes de la religión todos los problemas se les van a resolver.

La religión hay que manejarla con mesura e inteligencia. Porque no son pocos los que caen en el fanatismo y arruinan su vida y la de sus allegados, uniéndose a sectas e iglesias de garaje que los explotan y exprimen. En otras latitudes sí que se ven desmanes cometidos a nombre de la religión y la fe. Cada año en la peregrinación a La Meca se repite la misma tragedia sin que nadie pueda hacer nada al respecto. Cómo es posible que la gente se dedique a tirarle piedras a unas columnas que representan el diablo y en esos boleos se forman las asonadas y por ende los cientos de muertos.

Al conocer el diario de uno de los pilotos que estrellaron los aviones contra las Torres gemelas, puede verse claramente que todos los terroristas estaban absolutamente seguros de que lo que hacían sería premiado por Alá, y que de ahí salían derechito a disfrutar del paraíso. Por fortuna en nuestro credo no existe el fanatismo, porque es difícil aceptar que por unas caricaturas aparecidas en un periódico europeo, donde Mahoma es el protagonista principal, el mundo árabe se haya indignado de esa manera. Embajadas incendiadas, marchas de furibundos fieles reclamando justicia, amenazas de muerte, muertes, heridos y todo tipo de manifestaciones en contra de la publicación.

Hace un tiempo, al enterarme del nombre de cierto municipio antioqueño surgieron muchas preguntas sobre el curioso nombre que ostenta. Se trata de un pequeño pueblo llamado Peque. ¿Se imaginan ustedes cómo adelanta la labor apostólica un párroco en un lugar así? El solo nombre de la población da licencia de corso a sus habitantes para pecar sin restricciones. Y otro cuestionamiento que me hago: ¿el gentilicio de sus gentes es pequeños o pecadores? Averígüelo Vargas.

lunes, febrero 20, 2006

Cantaleta Histórica

En el mundo entero los hombres se quejan de la costumbre que tienen las mujeres de echar cantaleta a toda hora. Claro que nosotros no reconocemos que también jodemos mucho y renegamos por todo, pero definitivamente hay unas viejas que son campeonas en eso de cantaletiar. Para los hijos es mortificante escuchar a sus padres peleando a toda hora, y estas situaciones son las que van minando un matrimonio y lo que es peor, la armonía que debe reinar en el hogar. La mujer de la región paisa ha sido de armas tomar, no se deja ensillar fácilmente y se le mide a lo que sea, pero tiene fama de ser muy fregada.

La mayoría de las veces tienen toda la razón, porque los maridos son infieles en cuanta oportunidad se les presenta, viven jartando trago, no entran a la casa sino a poner pereque y a exigir que les tengan todo a pedir de boca. Las expresiones utilizadas por las mujeres son comunes y fue precisamente una fémina paisa, quien me envió un correo muy curioso donde expone la reacción que habría tenido la esposa de Cristóbal Colón si hubiera sido originaria de estas tierras –mejor dicho, si misiá Felipa no hubiera sido Moñiz sino Muñoz-, cuando el hombre llegó a la casa con el cuentito del viaje que iba a emprender. Seguramente le habría dicho cosas como estas:

No me vas a salir Cristóbal con el cuento que al fin te pararon bolas y te van a dar la plata para que llevés a cabo esa enguanda que se te metió en la cabeza desde hace años. Yo no me explico por qué tenés que ser vos el que se meta en semejante embeleco, pudiendo mandar a otro; p’ a eso los reyes tienen harta gente que trabaja p’ a ellos, pero conociéndote no me cabe duda que te lagartiates ese nombramiento, porque cuando se te mete una idea en esa mula no hay poder humano que te la saque. Es que yo sí soy muy salada, habiendo tantos cristianos en este mundo y preciso a vos se te tenía que ocurrir esa pendejada que dizque la tierra es redonda.

Tampoco me gusta nada eso de que la reina empeñó las joyas p’ a darte la plata; no vaya a ser que ustedes anden enredaos, porque por muy de dedo parao que sea la vieja esa, a mí no me va a quitar el marido. Y para rematar, ahora me salís con que no tenés ni idea de cuanto se va a demorar el tal descubrimiento; no me crea tan pendeja mijo que usted le está echando lápiz a esa vaina desde hace mucho para que ahora salga a decir que no sabe algo tan sencillo. Lo único que falta es que se envolaten por allá y me dejés viuda y bien fregada, p’a criar yo sola a este culicagao de Diego que todos los días está más rebelde.

Lo que más piedra me da es que creás que soy boba. Ahora me salís con el cuento que van solo hombres. Mamola. Si fuera así, no habría problema en llevarnos al niño y a mí. Vea que ese zambo sale ahora a vacaciones y yo me encarto p’ a buscarle programa todos los días. Y te digo una cosa, que no es que yo sea maliciosa ni celosa, pero se rumora por ahí en la calle que ustedes van en busca es de unas indias. Dios te libre Cristóbal de salirme con una vaina de esas porque soy capaz de ahorcarte. Otra cosa que te advierto y que quede bien clarito: me dejás plata para todos los gastos porque aparte de que me tengo que quedar íngrima, no faltaba sino que me toque saltar matones.

Mire, y preciso el viaje tiene que ser en el puente de octubre, cuando mi hermana nos invitó para la finca; una todo el año encerrada en esta casa lavando calzoncillos y fregando pisos, y cuando le resulta un paseito bien sabroso, ahora sale el señor con que no puede ir. Pues yo si me largo con el pelao, y te dejo las llaves en el quinqué de la entrada por si te tenés que devolver o llegás antes de lo previsto. Porque pensándolo bien, después me voy unos días p’ a donde mi mamá y así no debo quedarme encerrada mientras usted se va dizque de conquistador.

Es que me muero de la ira. Tan tranquilos que estábamos y se te mete a vos semejante idea. Ahora no falta sino que regresés famoso y ahí sí no volvés a entrar a la casa ni a deshacer los pasos; si tratando de vender esa idea has recorrido medio mundo y le has echado el cuento a todo el que te entable conversa, no quiero ni imaginar la perdida que te metés si llegás con buenas noticias del viaje. Porque estoy segura que no vamos a ver peso de semejante odisea, y lo único que te vas a ganar son malos entendidos y desplantes. Yo te he dicho mil veces que esos ricos, y más cuando son de la nobleza, hacen todo es por interés y después te dan una patada en el fundillo. Pero claro, es que una es muy mal pensada y pesimista, pero te acordarás de mis palabras…

jueves, febrero 09, 2006

Le Quedó Faltando

Hace unas noches apareció de nuevo en mis sueños, oníricos claro está, la mujer a quien entrevisté sobre la prostitución en nuestro medio, y me hizo el reclamo que ella no alcanzó a contarme más detalles y anécdotas que recordó después de la charla anterior. Acepté de inmediato, porque de verdad la vieja es graciosa y por cierto muy descriptiva. Volví a recordarle que ojo con el vocabulario, porque es muy boquisucia y nos escandaliza con su jerga y expresiones que hacen poner colorado a cualquiera. Bastó una sola pregunta para que la fulana se derramara en prosa. Solamente alcancé a preguntarle el nombre y arrancó:

No mi querido, nosotras nunca lo damos, digo, el nombre, porque queda una al descubierto y quienes la distinguen van a enterarse de sus andanzas. Inventamos alguno, aunque en esta profesión lo primero que sucede es que algún vergajo le zampa un apodo por cualquier característica que tenga. A mí me dicen La Peluda, y no pregunte por qué p´a evitanos regaños. En todo caso puedo asegurale, que aunque ahora estoy un poquito jamona y dentrada en años, fue mucho el ésito que tuve durante mi juventú; tenía fama de pisporeta; bailarina de tango, milonga y fox; amable con los clientes y lo más importante, decían que muy buen catre. Porque a una la valoran es por su experiencia y dedicación en lo que hace.

Lo triste de este destino es que con los años se pierde el sesapil y tiene que empezar a medísele a unos personajes muy desagradables. Si a usted antes la buscaban los sardinos caribonitos y los clientes de plata, ahora toca lograr lo que caiga. Imagínese que los coteros no fallan echarse su polvacho cada que hacen un trabajo, y llega un lungo de´sos todo sudao después de descargar un camionao de papa, con tierra hasta en las orejas y p´a pior que tienen unas energías que descaderan una vaca; y si no les para el chorro, se quedan ahí trepaos hasta que no tengan ni con qué pegar una estampilla. Yo sufro de reumatís y me dan asficias por el asma -la trasnochadera jode a cualesquiera-, y cuando arranca el julepe empieza a soname el pecho y los indios creen que es de puro entusiasmo.

En cambio en mis años mozos me buscaban era p´a mimar a los clientes platudos, porque en aquellas épocas esos viejos no fallaban varias visitas a la semana; y no crea que siempre venían a ejercer, no señor, la mayoría de las veces se sentaban a jartar trago y a jugar dao corrido o tute, mientras una se les sentaba en las piernas, les hacía cosquillitas y les mantenía el traguito servido. Y qué propinas, ¿oiga? También me buscaban los que llaman ahora gomelos, que en un dos por tres quedaban despachados porque eran muy arrechitos y a muchos se les estornudaba afuera; pero como pagaban por adelantao...

Puedo decirle que recorrí los negocios más famosos de la época. Trabajé con misiá Ligia Cardona; onde Carlina Ruiz; saliendo p´a Arauca en la conocida Curva de la Nena; y onde doña Otilia, en las famosas Pereiranas. También en Las Muñecas, en la carrera 22 con calle 25. Allá solo era permitido abejorriala a una y el negocio consistía en poner al cliente a comprar. Asegún el consumo le daban fichas. Usté por ejemplo le metía media de ron y recibía 5 fichas, 4 por media de guaro, y si lograba sacale un ron con singer -o yinyer, o como se diga-, 2 y por un brande... -no me corrija que usté entiende-, 3 fichas. Debíamos vestir pintas bien provocativas y dejarnos meter mano, pero de aquellito nada. Al dueño le gustaba rotar el personal y al amanecer le liquidaban las fichas, y si te he visto no me acuerdo. Nada de contrato, seguro social y demás arandelas... sueñe mijo.

Recuerdo una boba que llegó a la casa dándoselas de mucho chuzo, quisque porque dominaba esa vaina de la educación sedsual; así decía porque hablaba sopitas. Fíjese que ella por ejemplo al terminar el servicio, siempre le preguntaba al cliente: ¨El caballero desea repetid, o me puedo subid los cadzones...¨ Otro día llegó con el cuento que un dotor iba a hablanos de sexo oral. Hubo curiosidad por ver qué nos podía enseñar a nosotras un tipo estudiao, pero se trataba era de una conferencia sobre cuidaos para evitar enfermedades; qué tal, ella pensó que por ser hablao, lo llamaban así.

Pero el mejor cacharro sucedió cuando trabajé en el gril Los Picapiedra, por el teatro Manizales echando p´a la galemba. Resulta de que un viejo convenció a la madán, como dicen en las películas, de hacerle publicidá al negocio y ofrecer gabelitas y vainas así. Entonces repartían unos volantes onde presentaban el clud y que asegún el consumo, daban una picada gratis. Resulta que esa vaina la armaba un pendejo que ni sabía escribir y un día se le fue una hache de más en la palabra picada, pero un amigo le dijo que tranquilo, que esa letra quisque no suena; que es muda. Ni se imagina usté al otro día la fila de chinches, zorreros, emboladores, terciadores, verduleros y montañeros, esperando con paciencia y el volante en la mano, porque la letra quedó preciso después de la ce.