lunes, febrero 20, 2006

Cantaleta Histórica

En el mundo entero los hombres se quejan de la costumbre que tienen las mujeres de echar cantaleta a toda hora. Claro que nosotros no reconocemos que también jodemos mucho y renegamos por todo, pero definitivamente hay unas viejas que son campeonas en eso de cantaletiar. Para los hijos es mortificante escuchar a sus padres peleando a toda hora, y estas situaciones son las que van minando un matrimonio y lo que es peor, la armonía que debe reinar en el hogar. La mujer de la región paisa ha sido de armas tomar, no se deja ensillar fácilmente y se le mide a lo que sea, pero tiene fama de ser muy fregada.

La mayoría de las veces tienen toda la razón, porque los maridos son infieles en cuanta oportunidad se les presenta, viven jartando trago, no entran a la casa sino a poner pereque y a exigir que les tengan todo a pedir de boca. Las expresiones utilizadas por las mujeres son comunes y fue precisamente una fémina paisa, quien me envió un correo muy curioso donde expone la reacción que habría tenido la esposa de Cristóbal Colón si hubiera sido originaria de estas tierras –mejor dicho, si misiá Felipa no hubiera sido Moñiz sino Muñoz-, cuando el hombre llegó a la casa con el cuentito del viaje que iba a emprender. Seguramente le habría dicho cosas como estas:

No me vas a salir Cristóbal con el cuento que al fin te pararon bolas y te van a dar la plata para que llevés a cabo esa enguanda que se te metió en la cabeza desde hace años. Yo no me explico por qué tenés que ser vos el que se meta en semejante embeleco, pudiendo mandar a otro; p’ a eso los reyes tienen harta gente que trabaja p’ a ellos, pero conociéndote no me cabe duda que te lagartiates ese nombramiento, porque cuando se te mete una idea en esa mula no hay poder humano que te la saque. Es que yo sí soy muy salada, habiendo tantos cristianos en este mundo y preciso a vos se te tenía que ocurrir esa pendejada que dizque la tierra es redonda.

Tampoco me gusta nada eso de que la reina empeñó las joyas p’ a darte la plata; no vaya a ser que ustedes anden enredaos, porque por muy de dedo parao que sea la vieja esa, a mí no me va a quitar el marido. Y para rematar, ahora me salís con que no tenés ni idea de cuanto se va a demorar el tal descubrimiento; no me crea tan pendeja mijo que usted le está echando lápiz a esa vaina desde hace mucho para que ahora salga a decir que no sabe algo tan sencillo. Lo único que falta es que se envolaten por allá y me dejés viuda y bien fregada, p’a criar yo sola a este culicagao de Diego que todos los días está más rebelde.

Lo que más piedra me da es que creás que soy boba. Ahora me salís con el cuento que van solo hombres. Mamola. Si fuera así, no habría problema en llevarnos al niño y a mí. Vea que ese zambo sale ahora a vacaciones y yo me encarto p’ a buscarle programa todos los días. Y te digo una cosa, que no es que yo sea maliciosa ni celosa, pero se rumora por ahí en la calle que ustedes van en busca es de unas indias. Dios te libre Cristóbal de salirme con una vaina de esas porque soy capaz de ahorcarte. Otra cosa que te advierto y que quede bien clarito: me dejás plata para todos los gastos porque aparte de que me tengo que quedar íngrima, no faltaba sino que me toque saltar matones.

Mire, y preciso el viaje tiene que ser en el puente de octubre, cuando mi hermana nos invitó para la finca; una todo el año encerrada en esta casa lavando calzoncillos y fregando pisos, y cuando le resulta un paseito bien sabroso, ahora sale el señor con que no puede ir. Pues yo si me largo con el pelao, y te dejo las llaves en el quinqué de la entrada por si te tenés que devolver o llegás antes de lo previsto. Porque pensándolo bien, después me voy unos días p’ a donde mi mamá y así no debo quedarme encerrada mientras usted se va dizque de conquistador.

Es que me muero de la ira. Tan tranquilos que estábamos y se te mete a vos semejante idea. Ahora no falta sino que regresés famoso y ahí sí no volvés a entrar a la casa ni a deshacer los pasos; si tratando de vender esa idea has recorrido medio mundo y le has echado el cuento a todo el que te entable conversa, no quiero ni imaginar la perdida que te metés si llegás con buenas noticias del viaje. Porque estoy segura que no vamos a ver peso de semejante odisea, y lo único que te vas a ganar son malos entendidos y desplantes. Yo te he dicho mil veces que esos ricos, y más cuando son de la nobleza, hacen todo es por interés y después te dan una patada en el fundillo. Pero claro, es que una es muy mal pensada y pesimista, pero te acordarás de mis palabras…

jueves, febrero 09, 2006

Le Quedó Faltando

Hace unas noches apareció de nuevo en mis sueños, oníricos claro está, la mujer a quien entrevisté sobre la prostitución en nuestro medio, y me hizo el reclamo que ella no alcanzó a contarme más detalles y anécdotas que recordó después de la charla anterior. Acepté de inmediato, porque de verdad la vieja es graciosa y por cierto muy descriptiva. Volví a recordarle que ojo con el vocabulario, porque es muy boquisucia y nos escandaliza con su jerga y expresiones que hacen poner colorado a cualquiera. Bastó una sola pregunta para que la fulana se derramara en prosa. Solamente alcancé a preguntarle el nombre y arrancó:

No mi querido, nosotras nunca lo damos, digo, el nombre, porque queda una al descubierto y quienes la distinguen van a enterarse de sus andanzas. Inventamos alguno, aunque en esta profesión lo primero que sucede es que algún vergajo le zampa un apodo por cualquier característica que tenga. A mí me dicen La Peluda, y no pregunte por qué p´a evitanos regaños. En todo caso puedo asegurale, que aunque ahora estoy un poquito jamona y dentrada en años, fue mucho el ésito que tuve durante mi juventú; tenía fama de pisporeta; bailarina de tango, milonga y fox; amable con los clientes y lo más importante, decían que muy buen catre. Porque a una la valoran es por su experiencia y dedicación en lo que hace.

Lo triste de este destino es que con los años se pierde el sesapil y tiene que empezar a medísele a unos personajes muy desagradables. Si a usted antes la buscaban los sardinos caribonitos y los clientes de plata, ahora toca lograr lo que caiga. Imagínese que los coteros no fallan echarse su polvacho cada que hacen un trabajo, y llega un lungo de´sos todo sudao después de descargar un camionao de papa, con tierra hasta en las orejas y p´a pior que tienen unas energías que descaderan una vaca; y si no les para el chorro, se quedan ahí trepaos hasta que no tengan ni con qué pegar una estampilla. Yo sufro de reumatís y me dan asficias por el asma -la trasnochadera jode a cualesquiera-, y cuando arranca el julepe empieza a soname el pecho y los indios creen que es de puro entusiasmo.

En cambio en mis años mozos me buscaban era p´a mimar a los clientes platudos, porque en aquellas épocas esos viejos no fallaban varias visitas a la semana; y no crea que siempre venían a ejercer, no señor, la mayoría de las veces se sentaban a jartar trago y a jugar dao corrido o tute, mientras una se les sentaba en las piernas, les hacía cosquillitas y les mantenía el traguito servido. Y qué propinas, ¿oiga? También me buscaban los que llaman ahora gomelos, que en un dos por tres quedaban despachados porque eran muy arrechitos y a muchos se les estornudaba afuera; pero como pagaban por adelantao...

Puedo decirle que recorrí los negocios más famosos de la época. Trabajé con misiá Ligia Cardona; onde Carlina Ruiz; saliendo p´a Arauca en la conocida Curva de la Nena; y onde doña Otilia, en las famosas Pereiranas. También en Las Muñecas, en la carrera 22 con calle 25. Allá solo era permitido abejorriala a una y el negocio consistía en poner al cliente a comprar. Asegún el consumo le daban fichas. Usté por ejemplo le metía media de ron y recibía 5 fichas, 4 por media de guaro, y si lograba sacale un ron con singer -o yinyer, o como se diga-, 2 y por un brande... -no me corrija que usté entiende-, 3 fichas. Debíamos vestir pintas bien provocativas y dejarnos meter mano, pero de aquellito nada. Al dueño le gustaba rotar el personal y al amanecer le liquidaban las fichas, y si te he visto no me acuerdo. Nada de contrato, seguro social y demás arandelas... sueñe mijo.

Recuerdo una boba que llegó a la casa dándoselas de mucho chuzo, quisque porque dominaba esa vaina de la educación sedsual; así decía porque hablaba sopitas. Fíjese que ella por ejemplo al terminar el servicio, siempre le preguntaba al cliente: ¨El caballero desea repetid, o me puedo subid los cadzones...¨ Otro día llegó con el cuento que un dotor iba a hablanos de sexo oral. Hubo curiosidad por ver qué nos podía enseñar a nosotras un tipo estudiao, pero se trataba era de una conferencia sobre cuidaos para evitar enfermedades; qué tal, ella pensó que por ser hablao, lo llamaban así.

Pero el mejor cacharro sucedió cuando trabajé en el gril Los Picapiedra, por el teatro Manizales echando p´a la galemba. Resulta de que un viejo convenció a la madán, como dicen en las películas, de hacerle publicidá al negocio y ofrecer gabelitas y vainas así. Entonces repartían unos volantes onde presentaban el clud y que asegún el consumo, daban una picada gratis. Resulta que esa vaina la armaba un pendejo que ni sabía escribir y un día se le fue una hache de más en la palabra picada, pero un amigo le dijo que tranquilo, que esa letra quisque no suena; que es muda. Ni se imagina usté al otro día la fila de chinches, zorreros, emboladores, terciadores, verduleros y montañeros, esperando con paciencia y el volante en la mano, porque la letra quedó preciso después de la ce.

jueves, enero 26, 2006

No Me Inviten

Una señal inconfundible de que a uno le están entrando los años, es que no le provoca salir de noche a nada. Sin embargo hay algunos que por tener cierto grado de lagartería, no se pierden ningún tipo de ágape o espectáculo nocturno. Se le miden a cuanta inauguración, homenaje, coctel, celebración o concierto; y persiguen con denuedo al fotógrafo del evento a ver si logran mojar página social. Para mí es un sacrificio tener que salir de noche, excepto a partir del viernes y que le revuelvan traguito a la reunión. El fin de semana me pego para cuanta finca me inviten, a calentar los huesos y darle rienda suelta a la lengua.

Aunque trabajo en casa y no debo madrugar, evito tomar trago en semana. Me encanta que vengan los amigos para que hagamos tertulia un rato y luego a dormir. Una invitación a la hora del almuerzo tampoco es llamativa, porque uno se envicia a la siesta y el día que no puede disfrutarla es una tortura. Acude a un restaurante a cumplir un compromiso y seguro sirven el almuerzo una hora más tarde de lo acostumbrado; debe recibir dos o tres tragos, los cuales lo dejan como un zombi el resto de la tarde.

Desde que existe la forma de ver películas en casa no volví a cine, y menos de noche. Sale uno entelerido de frío, con soroche, se le pasa la hora de acostarse y seguro no pega el ojo. Además, le toca abrir la puerta del garaje porque el portero ya está dormido. A los conciertos tampoco le jalo, porque si los que están parados no alcanzan a ver al artista, qué voy a disfrutar yo aplastado en mi silla de ruedas teniendo como único panorama el fundillo de los de adelante. Llega a haber una asonada y ahí quedo arreglado, y me toca gritar como el mocho que estaba en el circo y se soltó un tigre: ¡No corran que es peor!

Ni hablar de los matrimonios. La mujer pone pirinola desde que faltan 2 meses para la boda mientras resuelve qué se pone de lo que le prestan las amigas, y uno con el problema de conseguir un esmoquin que le sirva; y pilas con quemarlo o echarse una copa de vino encima, porque le figura pagarlo. A no ser que la rumba sea campestre, con orquesta, buena comida y caldo de menudencias al amanecer.

Complicado trasnochar para quienes tienen niños en la casa, porque la madrugada al otro día es fatal. No importa si cuentan con empleada, ya que los menores quieren llamar la atención de sus papás a como de lugar. Mientras uno duerme hasta medio día, a ellos les toca preparar el primer tetero al ratico de llegar de la fiesta; porque eso sí, no es sino que usted vaya con buenas intenciones para que seguro se le pegue la aguja. Y si consigue quién se los invite a dormir esa noche, puede aceptarle si los devuelve mínimo a la hora de almuerzo, porque de lo contrario el favor queda a medias. Claro que con imaginación hay formas de apañarse para entretener los zambos.

Mi hermana Mónica hacía fiesticas en la casa cuando sus hijos estaban pequeños, y dejaba sobre el nochero un paquete de galletas de soda abierto y el control remoto del televisor. Cuando empezaban los chinos a las seis de la mañana a pedir desayuno y a abrirle los ojos a las malas, ella señalaba las galletas y les sintonizaba el canal preferido. Claro que a media mañana estaban los mocosos con hipo diciéndole que por favor les diera aunque fuera agüita.

Por fortuna cuando pasamos por esa etapa con nuestro hijo, estrenábamos la primera antena parabólica que hubo en la ciudad, en el condominio El Torrear, y a ese muchacho no era sino sintonizarle el canal de Disney y quedaba hipnotizado. A un amigo le gusta tomarse unas cervezas para aliviar el guayabo el domingo y después de almuerzo lo ataca un sueño irresistible. Cuando se acomoda para la siesta, se arrima el culimbo y le dice que vayan a jugar béisbol al parque. El hombre se niega, pero cuando el niño insiste no queda sino acceder. Y tire la pelota y el chino trate de darle; como es de complicado batear, que hasta a Rentería o Cabrera les da trabajo.

Pero el mejor cuento, omito el nombre del personaje porque todavía tiene guayabo moral, fue el papá que asistió solo a una fiesta el viernes en la noche, y prometió no demorarse porque la mujer debía trabajar a las 7 de la mañana del sábado y la empleada tenía libre. Preciso: el hombre se amaneció y llegó quince minutos tarde y como una billetera. La mujer se puso como una tatacoa (tan zalamera) y le advirtió que ahí quedaba el niño de dos años, y que no se podía dormir. En semejante rasca logró quitarse la piyama, prendió el televisor y se arriesgó a dormir un minutico. El muchachito sintió hambre, abrió la nevera y cogió el pote de arequipe y una cuchara. Cuando el papá abrió el ojo a medio día, estaba la cama completamente untada de arequipe y tenía la tapa pegada de su espalda. Yo me corto las venas, del remordimiento y del enmelote.

martes, diciembre 20, 2005

No Me Crucifiquen

Desde hace años, cuando el médico pediatra Miguel Arango Soto inició una campaña contra la manipulación de pólvora por parte de los niños, la sociedad y los medios de comunicación se comprometieron con ella hasta llegar a la unanimidad. Yo mismo, en mis escritos y durante once años en la radio, he puesto todo el empeño para ayudar a difundir el mensaje.

Ahora no digan que me deschaveté, que estoy desvariando, que soy un voltiarepas, irresponsable, que si me embobé y me voy a tirar en tanto trabajo adelantado, y lo único que pido es que lean mis razones, las analicen y luego pueden decir si tengo razón o definitivamente soy una mula. La idea es que no me crucifiquen sin terminar siquiera de leer el articulito, que harto tiempo hay que dedicarle para que quede siquiera legible.

Resulta que después de tanto tiempo, tengo que desembuchar un entripao que mantengo contenido contra toda mi voluntad: Reconozco públicamente que me hace mucha falta la polvorita para celebrar las fiestas de fin de año. Espere, espere, no se salga de la ropa querido lector. Recuerde que tengo 50 años y dejé de ser niño hace poquito. Ya puedo decir que soy un adulto, no mayor, advierto, pero dejar las tradiciones es muy tenaz. Además, los niños no leen periódicos y menos las pendejadas que yo escribo, aunque algunos papás a veces les transmiten mensajes que envío para que los mocosos tomen conciencia y aterricen en la realidad. Espero, en todo caso, que nadie vaya a comentar delante de infantes que este humilde escribidor está promoviendo la tragedia de ver niños en el pabellón de quemados del Hospitalito. Con los que habrá el año entrante en las elecciones parlamentarias es suficiente, y sobra.

Empiezo por decir que nuestros mayores deben reconocer –sin desconocer que ellos fueron criados de igual manera y por lo tanto si hay que echarle la culpa a alguien no queda sino escarbar en el pasado hasta encontrar el responsable-, que entregarle una gruesa de papeletas, una de buscanigüas, cuatro pliegos llenos de totes y tres silvadores a cada mocoso mayor de siete años para que los quemara a su gusto durante la noche de celebración, es un proceder que ahora no le cabe en la cabeza a nadie. No mas la prendida del hisopo bañado en ACPM -elemento indispensable para echar los globos-, era un peligro, y peor aun la apagada que era dándole contra el pasto y pisándolo. Ni hablemos de los diablitos que hacíamos al desenvolver las velitas romanas, que eran pitillos rellenos de pólvora forrados en papel navideño, y hacer caminitos con el peligroso elemento para después prenderlo por un extremo y disfrutar de la llamarada resultante. Hago énfasis en que eso sí era una irresponsabilidad.

Lo que pasa es que los recuerdos de aquellos momentos inolvidables, de esas navidades tan auténticas y tradicionales, de la unión familiar y sobre todo del olor a marrano chamuscado y de pólvora quemada, quedó grabado en nuestra mente y al menos yo, no he podido borrarlo. Ahora es impajaritable para nosotros hacer un muñeco de año viejo al que le metemos una buena carga de pólvora. Porque no nos digamos mentiras, pero ese monigote sin el peligroso elemento es como un jardín sin flores, o como un hombre sin cachos. Compramos los elementos necesarios, conseguimos ropa vieja que no sirva ni para regalar, y la carga detonante se hace utilizando guantes de carnaza especiales, una sola persona y con todas las medidas de seguridad.

Vea hombre, es que entregarle pólvora a un niño es inconcebible, pero igual es prestarle el cuchillo de la cocina, darle un frasco de baygón para que se entretenga, o pedirle que baje una olla con agua hirviendo del fogón. Se trata de sentido común. Lo de ahora es muy distinto y un castillo o un lanza bengalas, por ejemplo, es un espectáculo muy bello para que los menores lo observen desde una distancia prudente. Y si los voladores los echa una sola persona, con mucho cuidado y sin tragos, son el resumen de toda nuestra cultura navideña y fiestera. Ni hablar de la culebra de papeletas a media noche.

Pero es que todo el mundo no tiene la misma responsabilidad y se emborrachan y olvidan las reglas, van a enrostrarme muchos. Es cierto, pero igual manejan rascaos y con toda la familia entre el carro, hacen tiros al aire o se dan machete, y no los controla nadie. Lo que pretendo es que vendan pólvora a los adultos, como el licor y los cigarrillos, que el comprador llene un formulario controlado por la ley donde pueda comprobarse que es una persona responsable y con cierto nivel cultural, y de ser necesario, que firme un compromiso ante un juez y si se quema un zambo en la casa, lo enchiqueren un año por bruto o descuidado. Si cambian las leyes para otras vainas, pues que le metan el diente a esta humilde proposición.

La pólvora es costosa y la gente ignorante gasta la plata del mercado comprándola, y una solución es que la administración municipal mande a cada comuna un espectáculo bien bonito para que lo disfruten todos. No tiene que ser nada suntuoso, sino una echada de pólvora como la de cualquier vecino, pero bien tabliada.

viernes, diciembre 16, 2005

EL KIT COMPLETO

Ahora anda todo el mundo, al menos los que tienen modo, pensando qué les van a dar de Niño Dios a los hijos. Porque al regalito para fulano, el cual casi siempre es por compromiso, toca echarle cabeza pero casi siempre es por salir del paso. A los chinos de ahora hay que hacerlos aterrizar porque aspiran a unos regalos desproporcionados para el presupuesto familiar, y es una oportunidad para que entiendan de una vez por todas que la cosa no es tan simple como escribirle una carta al Niño Dios, que es como prefiero llamarlo porque es el nuestro tradicional.

Los muchachitos sueñan con los juegos de video, un computador personal, algún aditamento para ese PC, un reproductor de música, teléfono celular, televisor de pantalla de plasma, o cualquier otro aparato bien sofisticado y sobre todo venenoso de costoso. Nada de balones, patines, triciclo o juguetes en general.

Pues fíjense que yo tengo una propuesta bien novedosa y sobre todo económica, para revivir el espíritu navideño y enseñarle a los pequeños a divertirse sanamente, y de una vez contribuir a mantener vivas nuestras tradiciones. Y lo mejor, el costo es mínimo y vamos a divertirnos todos al recordar aquellos juegos de antaño que aparte de ser maravillosos, no cuestan nada a comparación de lo que vale cualquier cacharro electrónico. Seguramente a los chinos les va a parecer una ridiculez y se van a salir de los chiros cuando se encuentren con ese mundo de mugre, pero con unos pocos que se interesen en el asunto, basta.

Pongan pues cuidado: La idea consiste en redactar un pequeño manual con instrucciones y anexarle cada uno de los materiales para desarrollar los diferentes juegos. Lo mejor, es que va a ser el papá o el abuelo el encargado de instruir al menor, porque estas cosas no las recuerda sino quien tenga unos 40 años o más. Empecemos por uno bien simple. Basta con una bola de caucho, o de tenis usada, y explicar cómo se juega aquello de hacerla rebotar contra una pared mientras cumplimos ciertas paradas como: Con una mano, con la otra, sin mirar, en una pata, en la otra, media vuelta, vuelta entera, etc.

Pasemos al trompo. Aquí se requiere de por lo menos 4 elementos: Uno bailarín estilizado y liviano, el tradicional y una marrana o trompo puchador, para cuando usted pierde y los demás tratan de sacarlo del círculo de juego a los golpes; o hasta a llegar a partirlo con el herrón. Me falta la piola, que es indispensable. Otra entretención es el balero o coca, que consiste en una esfera de madera con un agujero, amarrado a un palito de donde se coge para tratar de ensartarlo por el hueco; es cuestión de pura práctica. También está el yoyo con todo tipo de piruetas: Ponerlo a patinar, hacer el perrito, el columpio, media vuelta, la vuelta al mundo y lo que quiera innovar.

Sigo con el jazz. Una bolita y varias fichas, parecidas a la cruceta de un carro, y consiste en hacer rebotar la bola para recoger primero una ficha del piso y atrapar la bolita antes de que toque el suelo; luego 2 fichas, 3, 4 y hasta donde la habilidad lo permita; eso sí, solo con una mano.

Ahora que a los muchachitos les gusta bailar, conseguimos unas mangueras plásticas y hacemos los ula ula; a mover la cintura para sostenerlo y cuando le coja el tirito, hacerlo subir y bajar. Unas tiras de pica pica de colores, instrucciones para su tejido y cómo hacer llaveros, fuetes, etc. Elementos necesarios para fabricar cometas, usando sin excepción engrudo y palitos de guadua pulidos a mano. Un trozo de lana anudado en los extremos para hacer figuras ensartándolo entre los dedos de las dos manos, separadas unos 30 centímetros.

Una docena de canicas, o bolas de cristal, para jugar pipo y cuarta, al hoyito y a los cinco hoyos (recordar frases como esconda el mocho, becao y hacer la 17 sin usar el 5). Cómo armar una marrana con un carrete de hilo de madera, un palo de bombón, un trozo de vela y un cauchito; y no olviden hacerle muescas a los bordes del carrete, para que la marrana tenga tracción. Conseguir un recorte de tubo delgado de aluminio, explicar cómo se hace el zeppelín y a disparar con los popos o bodoqueras. Los zeppelines también sirven para empacar minisicuí, que se elabora revolviendo sal de frutas con azúcar. Indispensable también enseñar a preparar tiraos, bananos congelados, a disfrutar de una comitiva o un paseo de río.

Y que no falte la fabricación del carro de balineras; basta con una tabla, varios listones, puntillas, 5 rodamientos usados (uno para que gire el timón) y un pedazo de piola. Reglas y condiciones para jugar cuclí, guerra libertadores, chucha y otros esparcimientos de entonces.

Por último, si un mocoso se rompe el fundillo practicando una de estas entretenciones, no me llamen a ponerme quejas. Y si el zambo no quiere saber nada de ese mundo de chucherías, que se friegue. Imaginen a los adultos al otro día cerveciando mientras gozan en una competencia de trompo, balero y yoyo, al tiempo que las señoras ensayan a sostener el ula ula al ritmo de una buena música.

miércoles, diciembre 07, 2005

La Satisfacción de Compartir

Siempre con la misma cantaleta, pero me impuse como obligación tratar de tocar el corazón de tantos que aunque tienen con qué pasar unas fiestas generosas, sin faltarles nada, se olvidan de que la mayoría de sus conciudadanos sufren y no saben lo que es un momento de solaz o esperanza. Porque muchos necesitan este recorderis para decidirse a hacer algo por el prójimo, pero siempre lo dejan para mañana y cuando se acuerdan, ya estamos a mediados de enero; claro que una ayuda siempre será bienvenida, pero alegrarle la cara a un niño, a un viejo o a cualquiera, así sea por una noche de fiesta y jolgorio, con cualquier paquetico para abrir a la hora de la llegada del Niño Dios, es un momento ideal para sentirse muy bien mientras disfrutamos esa noche tan especial con nuestros allegados. ¿Y qué tal brindarle a una familia pobre una buena cena con todos los adornos y arandelas?

Miren en los escaparates y la ropa que no se ponen hace 6 meses es porque ya no les gusta; ¿y de esos pares de zapatos cuántos utiliza?... recuerden que muchos no tienen con qué cubrirse los pies. Los mocosos de ahora son resabiados y solo utilizan sus prendas preferidas, y el arrume de mudas sin estrenar puede servir de regalo para un niño de escasos recursos. Y qué decir de la avalancha de juguetes que adornan las estanterías de la habitación, y los que están guardados porque ya no hay espacio, y el triciclo que se quedó pequeño, y los patines que pasaron de moda... Escojan, siempre con la ayuda y consentimiento de sus hijos, organicen y limpien el juguete hasta que parezca nuevo, empáquenlo con mucho cariño y vayan a entregarlo a quien corresponda.

Puede ser en el Hospitalito, una obra social, para los hijos de uno de sus empleados. No importa quién lo reciba, pero que sea alguien sin recursos que de verdad lo necesite. Basta con dedicar un sábado para entre todos hacer una "policía", como dice mi mamá, y esculcar a ver qué puede servirle a los demás; seguro que van a llenar varios talegos con cosas que a alguien le parecerán maravillosas.

Somos muchos los que por una u otra razón no vemos televisión en las horas de la mañana, y mucho menos si se trata de un programa presentado por Jota Mario, pero se pierde uno de cosas buenas como el corto espacio que tiene un manizaleño que nos dicta cátedra acerca de la generosidad y la entrega al prójimo: Jaime Eduardo Jaramillo, conocido en el mundo entero por rescatar los niños de la calle que viven en las alcantarillas. Papá Jaime le dicen, y ahora dedica casi todo su tiempo a dar conferencias y charlas en diferentes países, mientras mantiene sus ojos alerta para que la Fundación Niños de los Andes, su gran obra, funcione como debe ser.

Es bueno reconocer, además, la labor que cumple su hermano menor Alberto aquí en Manizales, quien a pesar de no recibir ni un solo peso de la sede principal, ha dedicado más de 15 años a sacar la obra adelante, con la ayuda de manizaleños pudientes que prefieren el anonimato pero que siempre están dispuestos a compartir y colaborar. Mientras tanto Fernando, el odontólogo, atiende los cientos de niños y muchachos que pasan por la Fundación con un cariño y una entrega total. Me gustaría preguntarle a don Jaime y a misiá Clementina con qué alimentaron esos muchachos de chiquitos, para que hubieran salido con semejante corazón.

En una de sus intervenciones televisivas Jaime Eduardo tocó el tema de los cuartos de San Alejo, los cuales no deben existir. Un mundo de chécheres estorbando mientras alguien puede darles el uso adecuado. Entonces llamó una señora a decir que tenía una silla de ruedas destinada a una mujercita que hizo la solicitud, para una niña de doce años que la requería. Ella solo quería donarla pero Jaime insistió que lo acompañara a entregarla, para que sintiera en carne propia la satisfacción de ayudar y compartir. Después de muchas disculpas, al fin la convenció y salieron para el barrio más lejano de Ciudad Bolívar.

Al llegar al tugurio, por unas calles sin alcantarillas y olores nauseabundos, encontraron a una muchachita de doce años que se arrastraba por el piso como una culebra, lo que le tenía destrozada su pequeña figura. Jaime la levantó, la acomodó en la silla y propuso que la llevaran a dar una vuelta y aprovecharan la mañana soleada. Al salir, la pequeña empezó a gritar como loca y aunque pensaron que era retrasada mental, la mamá les informó que era de felicidad porque hacía por lo menos 8 años que no salía al aire libre.

La dama que hizo la donación empezó a llorar desconsoladamente y Papá Jaime le dijo que suponía que esas lágrimas eran de satisfacción. Pero la señora respondió que de ninguna manera, que sentía un dolor indescriptible de pensar que esa silla estuvo tantos años en el garaje de su casa acumulando polvo, mientras esa niña se arrastraba por un piso de tierra como cualquier animalito.

Ahí les dejo esa historia para que nadie eche en saco roto la promesa de esculcar a ver qué podemos compartir en esta navidad.

Una Trampa Mortal

Para los menores no existe una diversión, entretenimiento, juguete o cualquier otro programa mejor que bañarse en una piscina. Unos más que otros, pero es difícil encontrar alguno que no le jale a ese programa. En cambio para los adultos la piscina es el mejor adorno, es refrescante a la vista, sitio ideal para que las señoras se tiendan a broncearse, fenomenal para sentarse a su alrededor a tomar trago y chismosear con los amigos; claro que tiene el inconveniente que las damas se acuestan a leer una revistas de farándula o se tapan la cara con una visera, y cada dos minutos alguna de ellas solicita a los señores que repitan el cuento que acaban de tratar. Después de escucharlo, el resto, pero una por una, hacen la misma petición. Y a diferencia de los infantes, a los adultos poco les gusta ingresar en el agua, a no ser que haga un calor infernal o que un mocoso lo haga meter para jugar con él. Quien la utiliza para hacer deporte la aprovecha mejor, porque definitivamente es un adorno y juguete cuyo mantenimiento es costoso y no deja de presentar varios tipos de inconvenientes.

Los muchachitos pensarán que las piscinas han existido siempre y que en cualquier finca tiene que haber, así sea pequeña, porque hay que ver la desilusión que sienten cuando llegan y no la encuentran. Es bueno que sepan que ese lujo es reciente, porque cuando yo estaba pequeño la metida a la piscina era muy esporádica; en las fincas y haciendas ni pensaban en tenerlas, ya que dichos predios eran lugares para producir plata y explotar sus potenciales, pero poco interés tenían sus dueños en hacer ese tipo de inversión. Para que se entretuvieran los mocosos ahí estaba el cafetal donde podíamos jugar guerra o escondite, árboles para construir casas, caballos para montar, las caucheras para tirarle piedras a lo que se moviera, alguna quebrada para pescar bagresapos o sabaletas y otro millón de entretenimientos a los que no había que hacerles mantenimiento ni invertirles un solo peso.

Como los niños siempre han sentido una fuerte atracción por jugar con agua, en aquellas viejas fincas había algunas opciones muy llamativas. Lo primero, es que casi siempre la casona estaba construida muy cerca de un río o una quebrada; la gente le preguntaba a los viejos por qué teniendo en sus predios unos morros con una vista espectacular como para haber levantado la construcción allí, preferían un roto donde no había ninguna panorámica; ellos, con su filosofía ancestral, respondían que era mejor subir a mirar que bajar a beber. Porque recordemos que entonces no había motobombas ni nada parecido para subir el agua hasta una altura considerable; en el río hacían una improvisada bocatoma que recogía el líquido para llevarla hasta la casa por gravedad. Y lo más raro, es que a nadie le hacía daño esa agua y solo la hervían para preparar los teteros.

De manera que el baño era en el río, siempre supervisado por un adulto, y si la finca era cafetera contaba con un estanque donde se almacenaba el agua para el lavado del café, sitio ideal para disfrutar de un buen baño; poco nos importaba que dicho estanque estuviera lleno de renacuajos y malezas, porque lo único importante era tener dónde chapalear. Los más acomodados construían en el patio una alberca, que es la misma piscina pero sin enchape de baldosa, ni andenes de granito alrededor y mucho menos planta de purificación; por lo tanto había que echarle una buena lavada con cepillos y bastante jabón antes de llenarla y ese programa era mejor que el mismo baño posterior. Luego, como novedad, empezaron a llegar las piscinitas de inflar donde nos entregaban una manguera con un buen chorro de agua helada, y no había mejor entretención que esa para la tropa de muchachitos.

En cambio en las haciendas ganaderas había un peligro inminente que causó muchos accidentes mortales, y era el famoso baño de garrapaticida que consistía en un corral con un embudo, en el cual construían un estanque lleno de agua con veterina o los químicos necesarios para que la res pasara nadando y así quedaba impregnada. Pero en cualquier descuido, un pequeño se arrimaba a jugar con el agua y al caer al pozo, se ahogaba inexorablemente porque el piso estaba lleno de lama y no había de donde prenderse para ponerse a salvo.

Ahora los inconvenientes. Los papá del niño que no sabe nadar deben estar a toda hora echándole ojo y después de una noche de trago y parranda, muy madrugados salen a perseguir al muchachito para que no se arrime al agua; en las fincas yo abro el ojo a las diez de la mañana y cuando me levanto, los veo más aburridos que el diablo bostezando y ojerosos. Los progenitores deben almorzar por turnos porque mientras el uno bolea cuchara, el otro debe supervisar la piscina. Nada más jarto que un culicagao gritando cada segundo para que vean la maroma que aprendió a hacer, y el peligro que representa cuando empiezan a tirarse dando vueltacanelas y saltos mortales, porque la cabeza les pasa a centímetros del borde. Como contraprestación, no existe mejor solución para que a los zambos les dé hambre y duerman como angelitos.

Malicioso Que Es Uno

Los medios de comunicación y quienes trabajan en el oficio de la televisión, protestan con toda energía contra la medida que proponen para el Tratado de libre comercio, donde esperan que más de la mitad de la programación de los canales de televisión abierta, en el horario estelar, se componga de enlatados gringos. Lo que faltaba. Aquí se producen programas de excelente calidad y para gran parte de la población esa es la mayor entretención, sobre todo los que no tienen la opción de recibir televisión por cable. De la grabación de una sola telenovela viven 60 familias. Nuestra identidad cultural también se vería afectada ante semejante despropósito y debemos unirnos para impedir que nos metan ese gol.

Nosotros nos criamos viendo enlatados gringos y no puedo negar que disfrutamos mucho de ciertos personajes. Lo que pasa es que uno pequeño goza con todo y el ratico que nos sentábamos frente a la caja embrutecedora era a divertirnos con Giligan o el Super agente 86, para hacer un homenaje de una vez a esos dos actores recientemente fallecidos. Puede comprobarse dicha tesis porque ahora vemos una pendejada de esas y a pocas le encontramos alguna gracia. Además, empieza a echarles cabeza a muchos cabos sueltos que nunca nos cuestionamos, pero que ahora nos ponen a hacer conjeturas.

Claro que con los años uno es más corrompido, malicioso y suspicaz, y hace poco resolví hacerme unas preguntas que ruego a quien tenga la respuesta, o pruebas de que mis sospechas son infundadas o maliciosas, me lo haga saber. Empecemos con los investigadores privados de entonces, tema que ocupaba la mayor parte de la programación. El tal Bareta, que después resultó acusado de pasar al papayo a la mujer (muchos quisieran hacerlo pero pocos lo consuman), debía ser más mariguanero que un embolador; una prueba a mis sospechas, es que la cacatúa actuaba de una forma muy extraña, diciendo pendejadas y colgándose de las patas, lo que debía ser provocado porque esa pieza vivía llena del humo que desprenden los cachos de bareta. Lo que llaman una japonesa.

Sigamos con Magnum. Ese tipo era un conchudo y abusivo, porque después de que un millonario amigo lo dejaba ocupar una pieza en semejante quinta, el baboso sacaba el Ferrari del garaje y se iba a levantar viejas. No me explico a qué horas resolvía los casos, porque si no andaba de flirteo estaba en su cuarto beneficiando a la damisela de turno. Y el inglés flemático y zalamero que hacía las veces de administrador de la mansión, acompañado de un par de perros, no hacía más que echarle vainas y reclamarle por su comportamiento disoluto. Para mí que el tipo era marica, porque de lo contrario hubiera puesto la condición al inquilino que él comía callado si le llevaba una hembrita para participar en la rumba. Magnum, con esa pinta, podía llenar una buseta en media hora.

El viejo Barnaby Jones contaba con la vitalidad de un muchacho, y una lucidez mental que envidiaría cualquiera. Había que verlo correr como una gacela y después ni siquiera jadeaba. Tampoco usaba pistola porque maniataba al bandido más alentado con una llave inglesa y lo dejaba fuera de combate. Ahora que recapacito, a lo mejor era canoso pero no tan viejo; porque cuando uno tiene 12 años un tipo de 50 le parece un anciano.

Nunca he sido celoso, pero debo confesar que la traga de mi mujer por el doctor Kildare (Richard Chamberlain) me mantenía como maluco. Después, cuando hizo el papel de cardenal en El pájaro loco... no, perdón, es El pájaro espino, ella quedó medio desmayada de la emoción. Y hable de ese jediondo, y compárelo con todos los hombres, y sueñe con verlo en cualquier revista. Por ello fue grande mi satisfacción cuando en una entrevista radial, estando el tipo ya viejo, reconoció que desde chiquitico sintió atracción por los hombres; como quien dice, que era más dañado que agua de florero o que era un pisco de ésos que compran un pandeyuca y se le comen el roto. Recuerdo que ella se puso furiosa ante semejante comentario pero después de corroborarlo con varias personas, no le quedó sino aceptar. De todas formas es divino, sentenció resignada.

No quiero dejar por fuera los personajes de las tiras cómicas. Por ejemplo Popeye deja muchas inquietudes. Para empezar, el mocoso Cocoliso está muy grande para arrastrarse por el piso como una culebra; ya debería siquiera gatear. Y nunca le han mostrado las piernitas, lo que hace suponer que es patitorcido o chapín. Además, nadie sabe de quién es hijo el zambo, porque el marino lo único que hace es darse trompadas con Brutus por gallinazo, pero a la langaruta ésa no le coge ni la mano. Tampoco es claro qué fuma en la cachimba que mantiene en la boca, que se parece más a un dispositivo para soplar basuco. El biógrafo de Popeye, después de años de estudio, asegura que el hombre no hace popó sino boñiga, por la comedera de espinacas, y hasta pudo descubrir a qué huele el miembro viril del sujeto. ¿Que a pescado?, no, a pesar de su profesión. ¿Que a jugo de espinaca?, tampoco. No señores, el pirulo de Popeye huele a aceite de Oliva.

¿Vida Fácil?

El oficio más antiguo de la historia del ser humano es la prostitución, y puedo asegurar que además no tiene cuándo acabarse. Siempre va a existir, en todos los rincones del planeta, y en diferentes formas y modalidades. Claro que lo que antes era actividad obligada de la mayoría de los hombres, visitar las casas de citas, con una clientela variada en capacidad económica y edad, ha perdido mucho auge porque con el libertinaje actual los muchachos no tienen que ir a "comprar cariño", ya que las sardinas lo aflojan desde que están púberes. Hace poco soñé que me encargaron un trabajo periodístico consistente en entrevistar una mujer dedicada a este oficio, y después de contactarla y advertirle que debía cuidarse con el vocabulario, empezamos nuestra charla.

Hice la primera pregunta y se despacha esa vieja en prosa, y no hubo quién la atajara. Lo primero fue indagar por qué les dicen mujeres de vida fácil. Esa mujer se fue encrespando y respondió: ¿Fácil dotor?, eso es lo más injusto que esiste. A quién le gustaría amanecer todos los días bailando, jartando trago sin ganas, metiendo vicio a las buenas o a las malas y arrancando p´a la pieza con todo el degenerado que aparezca. Puede ser feo, bonito, limpio, sucio, tarado, atarván, decente, oler a cañería, corrompido y usted no puede decir que no le agrada. Mientras tenga con qué pagar, figura atendelo porque de lo contrario la mandan a las patadas p´a la calle.

O será que es muy sencillo pasase una noche de frío en una esquina esperando que aparezca un marrano, y después tener que despachalo en el asiento de atrás de un Simca. Y los vergajos apenas se bajan la cremallera, pero a una le toca quitase hasta los aretes; y con ese frío tan espantoso. Lo pior es que los hombres con tragos no se vienen con facilidá y por eso dicen que tal cosa es más ademorada que polvo de borracho. Tampoco falta el día que en mitad del ajetreo aparece la tomba y ambos p´al calabozo.

Lo más injusto es que en las casas la dueña se queda con la mejor tajada, siendo que a una le toca poner toda la voluntá. Pero como el que tiene plata marranea, no queda de otra. Ella sentada jartando güisqui con los clientes jailosos mientras una bolea cintura, y toca dale participación, pagar la pieza, responder por los daños que haga el guache de turno -porque no falta el borracho que quiebra el acuario, se avienta en un sofá y le daña una pata o tumba una bandeja llena de vasos- y si le roban el rollo de papel de la pieza, la toballa o cualesquier otra cosa, por derechas se lo van descontando a una.

La gente cree que con ese oficio se consigue plata, pero qué va. Apenas alcanza p´a llevar algo a la casa cuando la dejan salir o cada mes que llega la regla y queda una fuera de servicio. El caso es que si se mama de que la esploten y logra ponerse al día con la doña, ensaya en la calle a ver cómo le va. Se acomoda en cualquier esquina y en menos de lo que canta un gallo aparece un vergajo a decir que esa manzana está ocupada y que si quiere trabajar, toca dale tajada a él por cliente atendido. Hágame el bendito favor. Chulos hijuemadres. Y ni modo de engañalo, porque tienen campaneros que la pistean y no le pierden paso, y onde trate de darle en la cabeza, el desgraciado la enciende a sopapos. A mí me tumbó varios dientes y si quiere le muestro el puente... la prósima vez me hago poner la chapa completa, aunque eso no puede notarse porque hay clientes muy corrompidos que apenas se enteran que una puede quitarse la dentadura, empiezan a inventar porquerías. Aunque una buena profesional no puede quitársele a nada y eso es como los aparatos que tienen los tacis, que según el tipo de servicio va marcando la tarifa.

Una vez me jui a trabajar a la costa porque quería conocer el mar y una amiga me dijo que en esos barcos llegan unos marineros más pispos que el diablo, monos y grandotes, que ni les interesa bailar porque no tienen idea, y que como traen una tupia de varias semanas, no demora nada el servicio. Y que no falta el que se encoñe con una y la saque a vivir juiciosa por allá en las estranjas. Luego viajé a Pasto, porque supe que es gente muy respetuosa y amable. Un día, llegó un zambito que había ahorrao para echarse el primero y me tocó a mí. Se quedó en pelota pero no quiso quitarse la ruana, y cuando le hablé del condón no entendía ni palabra. Entonces le expliqué que si se lo quitaba yo podía morime y el accedió de una. Como a los cuatro días apareció el cachetón ese con una cara de angustia... se cogía la barriga y los ojitos apenas le brillaban. Yo pensé que lo había pringao, pero el mocoso me preguntó:
- Oiga su mercé, no será que ya me puedo quitar ese cauchito, porque está que se me revienta la vejiga, pues.

Si será bruto e inorante ese montañero.

Promociones Engañosas

No hay derecho que en este país cualquiera haga trampa o se pase la ley por la galleta sin importar que perjudique a los demás. Nada más cierto que aquello que asegura que hecha la ley, hecha la trampa. Por ejemplo aquí recomiendan un contador por ser un mago tributarista y le inventa mil marrullas legales para que usted pague lo mínimo en impuestos; claro que como el contribuyente sabe que la mayoría de su aporte va a parar al bolsillo de los corruptos, prefiere hacer las piruetas para dejarlo mejor en el suyo.

Un asunto que se presta para meterle el dedo en la boca al consumidor, es con las promociones engañosas y la publicidad amañada. Parece mentira, por ejemplo, que al emitir una ley que ordena a quien publicite cualquier tipo de promoción, sea necesario obligarlo, en el mismo aviso, a advertir que la oferta aplica restricciones. Si es en televisión, el asterisco donde aclaran qué tipo de condiciones tiene la publicidad aparece al final, en una letra ilegible y no demora en la pantalla más de dos segundos. El que alcance a leerlas es un mago. Cuando se trata de folletos, desprendibles o cualquier medio escrito, lo acomodan en un rincón bien escondido, escrito en una letra de tamaño diminuto que a mi edad es necesario tener una lupa a mano para enterarse. Las gafas no alcanzan para leer el mensaje (los bancos son unos magos para este tipo de acomodos). Pero la peor burla es en la radio, donde locutores muy bien entrenados, porque no me explico cómo hacen, explican las restricciones a una velocidad que aunque dicen todo lo que les exigen, es imposible que alguien entienda una sola palabra. Inaudito que no exista una dependencia de control que evite este tipo de atropellos.

Escuché la queja de un señor que mientras veía televisión escuchó un comercial de una empresa de telefonía fija, donde promocionaban el minuto nacional a un precio muy favorable, pero el de la comunicación con el exterior estaba todavía más barato. Entonces resolvió que como él tiene algunos familiares y amigos en el exterior, iba a aprovechar la oferta para darles a todos una llamadita y reportarse. Hizo cuentas y hablar con España salía regalado, y a Estados Unidos aún mejor. Por fortuna recapacitó y decidió comunicarse primero para confirmar cómo es el cuento de las tarifas que ofrecen, y la vieja le dijo que en el comercial dicen las restricciones, y que la principal es que el cliente tiene que haber hablado como 300 minutos en el último mes para tener derecho a utilizar la promoción. El pobre tipo pudo haber quedado embarcado en una cuenta impagable. ¿Cómo no va a ser esa modalidad una sinvergüenzada?

Con regularidad sale en los periódicos del fin de semana una página llena de promociones de viajes a diferentes destinos, con unos precios que antojan a cualquiera. Usted hace cuentas y multiplica ese valor por dos, porque toca llevar a la mujer, y no ve la hora de que sea lunes para llamar a una agencia de viajes. Entonces allí la promotora le explica, con mucha sutileza, que debe advertirle algunos costos adicionales que van a subir un poco el valor del viaje.

Por ejemplo usted se antoja de ir a Punta Cana, en República Dominicana, y de lo primero que debe enterarse es que esa promoción tan atractiva es por solo tres noches y cuatro días, y en habitación cuádruple. Como ya hice ese curso, viajar un sábado para regresar el martes no vale la pena y entonces a pagar más para que la habitación sea doble y un buen billete por cada una de las noches adicionales, hasta completar las 7 de la semana. Segundo: ¿tienen pasaporte vigente? ¿no?; entonces a sacar el suyo y el de aquella; fotos, impuestos, etc. Luego hay que solicitar la visa, que incluye los trámites que hace la agencia, y siga sumando. ¿Tampoco tienen pasados judiciales?, bien pueda ir al DAS porque es requisito impajaritable.

Falta sumarle al valor del tiquete aéreo las tasas de aeropuerto, el sobrecargo del combustible ($60.000 si es nacional y 45 dólares internacional). El IVA: Nacional el 16% e internacional el 8%. Impuesto por salir del país unos 60 verdes cada uno, y de allá para acá es lo mismo; la bobadita de US$240. Sin tarjeta de seguro médico no pueden viajar y póngale que cueste unos 30 dolaretes por cabeza. Además, falta sumar el impuesto y el seguro hotelero. Y lleve de todo porque en el hotel no necesita ni un peso para comer y beber a gusto, pero si olvidó por ejemplo la crema dental, allá hay unos almacenes muy cucos, pero el tubo de pasta vale 8 o 10 de los verdes. Y la foto con dos guacamayas en la cabeza, otros 10. Y las propinas que reparte uno cuando está copetón.

En conclusión, cuando vea ese tipo de ofertas mire bien, porque siempre dice "a Punta Cana DESDE US$699". Y no se haga ilusiones hasta consultar en su agencia de viajes de confianza, porque con seguridad allá sí le van a advertir todas esas arandelas que los tramposos de marras omiten ante las narices de las autoridades, a quienes les importa un pito que engañen a la gente.

Infancia Precoz


INFANCIA PRECOZ.
Al paso que vamos los muchachitos van a nacer sabiendo inglés, comiendo solos, caminando y haciendo popó en el inodoro. Parece increíble lo que sirven los métodos de estimulación que reciben los bebés desde que están en la barriga de la madre, y ni hablar de la cantidad de vainas que les enseñan en las guarderías y jardines. No puedo imaginar a una mamá de nuestra época alumbrando con una linterna el vientre gestante, o poniéndole música clásica, porque como vivían embarazadas, qué tiempo iban a tener de ponerse en esas enguandas. Luego nacía el muchachito, lo envolvían en una cobija como un tabaco impidiéndole cualquier movimiento durante varios meses (antes no hay más tullidos) y así lo mantenían hasta que nacía el próximo, y defiéndase solo mijo que se le acabó el reinado.

Al colegio entrábamos a los 7 años, sin pasar por guardería, preescolar 1, 2 y 3, para luego hacer transición y así llegar a kinder, que es donde nosotros empezábamos. Claro que si hubiera sido por las mamás, hubieran zampado los mocosos desde los 2 añitos al colegio, pero tampoco había recursos económicos para semejante gasto que representa pagar tantos niveles escolares antes de que el zambo empiece en serio la primaria. En todo caso los muchachitos de ahora son impresionantes de avispados y entendidos, y hacen unos comentarios que lo dejan a uno con la boca abierta.

Mi hermano Daniel y su mujer adoptaron hace un poco más de 4 años a Pedro Luis, un niño muy bello y entendido. Con el paso del tiempo el pequeño presentó algunos comportamientos anormales y detectaron que se trata de un caso de autismo leve. Pero hay que ver lo que influye un diagnóstico a tiempo, el trabajo de los terapeutas que lo tratan, el compromiso del colegio y sobre todo, la paciencia y entrega de los papás para seguir las instrucciones de cómo manejar al muchacho. Hoy en día es otra persona y me parece que ya se está pasando de avispado y sociable. Hace poco estuvimos en una finca y ensillaron unos caballos para que montara quien quisiera. Entonces mi hermano le propuso a Pedro que fueran a dar una vuelta, y aunque el niño se mostró nervioso, sin pensarlo dos veces se encaramó en el animal. Durante el recorrido disfrutó como un enano y en cierto momento preguntó sobre la utilidad de esos lazos que llevaba el jinete en las manos. Cuando el papá le enseñó que se trataba de las riendas y que sirven para frenar el caballo, el mocoso miró por todas partes y volvió a indagar:
- ¿Papi, y dónde queda el clutch?

Yo tengo muchos años y nunca conocí a un muchachito más avispado y entendido que Felipe Escobar, el hijo de unos muy buenos amigos. Tiene 3 años y medio pero actúa y se comporta como si fuera de 7. Desde muy pequeño, cuando los papás salen de viaje lo dejan con la abuela materna en una casa campestre cerca de Cartago. Allí el niño ha desarrollado una personalidad arrolladora y el aprendizaje sobre las labores del campo es total; porque la abuela en vez de meloserías y mimos, le tiene asignada tareas definidas como alimentar las gallinas, recoger los huevos, encerrar los perros, darle comida a los peces y hay que verlo al caer la tarde persiguiendo los pollos y tirándose en paloma a cogerlos para encerrarlos. Además, le tranca y lo mantiene a raya, porque de lo contrario ese chino se la traga viva.

En su última estadía viajaron a Cali a visitar un pariente y en cierto momento Felipe alcanzó a ver el arma de dotación del encargado de la seguridad de la señora. El tipo la escondió rápidamente pero el mocoso ya tenía la curiosidad y le preguntó si esa pistola sirve para matar locos. Con mucha discreción el guardaespaldas le dijo que ni riesgos, y el zambo insistió en que si entonces sirve para matar ladrones. Tampoco, le respondió el empleado, y le dijo que era solo un requisito que él debía cumplir pero que nunca la había utilizado para nada de eso. El culicagao se queda mirando con cierta malicia y le comenta:
- Oiga Julio… ¿y no será que sirve contra las abuelitas regañonas?

En estos días mi mujer atendió el timbre de la puerta y se encontró con Felipe que venía a preguntar por mí. En ese momento yo estaba dormido porque me encontraba algo indispuesto y el niño le pidió que si lo dejaba entrar para poderme ver personalmente. Como un adulto discreto entró sin proferir palabra, me observó un momento y salió comentándole a la empleada que lo acompañaba que lo que sucede es que yo ando como enfermito. Mi relación con ese niño ha sido especial y nos tratamos de locos, chifloretos y patanes, lo que a veces hace que reciba regaños por parte de sus mayores. Llamé al papá a conversar alguna noche y el muchacho desesperado para que le pasaran el teléfono porque quería saludarme y cuando pasó, yo le dije de primerazo: “Quiubo careguatín”. El chino pensó una fracción de segundo y como no reconoció la palabra guatín, supuso lo peor y me respondió: “Quiubo carehijueputa”.

viernes, septiembre 09, 2005

En Caso de Emergencia ...

Solamente cuando a uno le suceden las cosas es que se da cuenta que en este mundo nadie está libre de nada. Para morir solo necesitamos estar vivos y a pocas personas se les ocurre por ejemplo que los puede matar un rayo, porque las posibilidades son tan remotas, que uno prefiere gastarse ese chepazo ganándose una lotería. Los peligros están ahí, acechando en todo instante, pero si el sujeto se obsesiona con ellos entonces no tiene paz en ningún momento. En lo que sí somos descuidadas la mayoría de las personas, es en estar preparadas para las emergencias y practicar con cierta regularidad las medidas que deben tomarse al respecto.

Claro que cuando hay un terremoto como el que nos zarandeó a los manizaleños en el año 79, ahí mismo en colegios, hospitales y demás instituciones se prenden las alarmas, ofrecen cursos de primeros auxilios, adelantan planes de evacuación, dictan conferencias y todo lo que quiera, pero al poco tiempo se enfría el tema y a todos se nos olvida. Recuerdo cuando se toreó el volcán Arenas que no se hablaba de otra cosa y todo el mundo andaba con las pilas puestas; mi mujer mantenía a la mano un radio, la linterna, las máscaras y un pito por si las moscas. Vaya que explote esa montaña otra vez sin previo aviso para que vea que nos coge a todos con los calzones abajo.

Cuando escuché la noticia del avión de Air France que se salió de la pista al aterrizar en Toronto y en 95 segundos fue desalojado por más de 300 personas, entre pasajeros y tripulantes, me quedé abismado. Antes de que el aparato hubiera caído en la zanja donde se incendió, el copiloto ya había activado el mecanismo que abre las puertas y despliega los deslizadores. En solo minuto y medio ya corrían todos como conejos por los alrededores y del avión solo quedaron ruinas calcinadas. Y pensar en la mamera que da a los pasajeros cuando el avión carretea y empieza la azafata con la misma cantaleta, mientras todos los presentes piensan que eso de los accidentes le toca es a otros.

En muy pocos hogares de nuestro país se tienen planes de evacuación, elementos para combatir un incendio o procedimientos a seguir en caso de emergencia. Máximo, tienen al lado del escusao un pequeño gabinete con puerta de vidrio y que en su interior contiene una tusa, con la indicación en grandes letras que en caso de necesidad rompa el vidrio. Es un chiste muy pendejo pero que ha hecho carrera en nuestra cultura. En los grandes edificios de oficinas están los gabinetes donde podemos ver un hacha y una larga manguera muy bien dispuesta, pero sería bueno saber cuántas personas saben darle el uso correcto a esos elementos.

Los controles para que en los edificios se mantengan los extintores cargados y operando son muy esporádicos, además que muy pocos porteros, inquilinos o administradores saben exactamente cómo operarlos y cuál es la forma correcta de atacar el fuego con un aparato de esos. Uno piensa que en su apartamento lo máximo que puede pasar es que se rompa una tubería en un baño y se inunde un poco el tapete, pero estoy seguro de que en caso de un conato de incendio a la mayoría nos traga la tierra. Ni hablar de quienes viven en un edificio alto, más arriba de un quinto piso, porque aunque nuestro cuerpo de bomberos tenga muy buena disposición, no creo que cuenten con los elementos necesarios para combatir una emergencia de esas características. Por ahí veo parqueado el carro de bomberos especial para ello que regaló la embajada de Japón al cuerpo de voluntarios, pero no ha habido forma de ponerlo a operar por algún impedimento de esos tan comunes en nuestro medio burocrático.

En los países desarrollados la gente llama al número de emergencias y de inmediato obtiene respuesta, además de asistencia; y llaman porque se metió un cocodrilo a la piscina, o se accidentaron, o escuchan ruidos extraños en la casa o para que calmen a los vecinos que se están dando en la jeta. En cambio por aquí sería bueno hacer un estudio al respecto para ver cuál es el resultado. Hace poco se asentó un panal de unos avispones poco comunes en un poste a todo el frente de nuestro edificio. Eran miles y miles de insectos revoloteando alrededor de la colonia principal y como ya habían puesto a correr a más de un transeúnte y se estaban metiendo a los apartamentos, resolví llamar a los bomberos a ver qué podían hacer. El tipo que contestó me dijo que ellos no se meten con esos animales y que me comunicara con el GER (Grupo especial de rescate). Entonces le pedí el teléfono y casi no dan con él.

En el GER no contestan sino por la tarde porque funciona en una tienda de videos y aunque me prometieron venir a revisar, tampoco hubo forma. Ya va el carro para allá, fue lo último que me prometieron, no sin antes advertir que eso es muy complicado, que necesitaban colaboración de la CHEC y no sé qué cosas más. Pero claro, por eso los llamé, porque es complicado. Si fuera fácil, lo hubiéramos hecho nosotros sin ponernos a rogarle a nadie.

viernes, septiembre 02, 2005

ENTRE MÁS LES DIGA…

Es increíble cómo la forma de comportarse de los seres humanos es definitivamente la misma. Varían las costumbres, las culturas, las creencias, etc., pero los sentimientos, los principios, las reglas morales podría decirse que son universales. El personaje “torcido” lo es porque no recibió ejemplo de sus mayores o porque las circunstancias de la vida lo obligaron a recorrer el camino equivocado, pero lo lógico es que un individuo con una infancia normal, bajo la tutela de personas rectas y responsables, va a comportarse de igual manera y con seguridad influirá en su prole para que lo imiten.

Lo que pasa es que la persona cambia su forma de comportarse según la edad que tenga y los demás deben aprender a soportar esos cambios, los cuales muchas veces son chocantes y difíciles de asimilar. El niño recién nacido es muy tierno, pero empieza a crecer y esa ternura se convierte en malicia e inquietud. Luego llega a la edad en que todo le parece maluco, se avergüenza de los papás, no se resiste los hermanos, y solo genera entre quienes lo rodean unas ganas de pellizcarlo incontrolables. Ni hablar de la pubertad y adolescencia, cuando son más comunes los encontrones y malos entendidos entre las diferentes generaciones.

A uno como padre de familia no le vale que le recuerden a toda hora que en nuestro momento fuimos igualiticos, con las diferencias lógicas que resultan de la evolución que presenta una sociedad moderna y un poco desbocada. Quién puede aspirar por ejemplo a que en esta época, una hija no lo “afloje” a los 17 o 18 años; o que el muchacho de la misma edad no aparezca un día a dormir porque se emborrachó y borró película en casa de un amigo; o que alguno de los dos haya ensayado bailar “trans” con una pepa de éxtasis en la cabeza, y haya aceptado pegarse unas chupadas cuando le pasaron un “bareto” en cualquier reunión.

Estas son actitudes normales en cualquier muchacho pero en ese momento es cuando afloran los principios morales y la educación recibida. Porque la gran mayoría experimenta este tipo de situaciones, pero de igual manera casi todos superan la etapa y a los pocos años han dejado atrás cualquier tipo de vicio. En cambio los que tuvieron una infancia infeliz, en un hogar lleno de conflictos y malos ejemplos, sobre todo cuando los padres son separados y generan en los hijos una cantidad de dudas y contradicciones, ese joven se convierte en terreno abonado para caer definitivamente en problemas delicados. No es sino pensar en los casos que uno conoce, y esto se corrobora casi como una constante.

Uno de los símbolos de rebeldía del adolescente varón es dejarse crecer el pelo, actitud que mortifica a muchos adultos. Claro que ahora se impuso la moda entre los sardinos también, y en vista de que sus papás son jóvenes y no les paran muchas bolas, los que no se resisten la vaina son los abuelos. Aparece entonces el famoso consejo que da todo el mundo a los papás que se mortifican con esta provocación, cuando les repiten que a los muchachos hay que dejarlos y que entre más les digan, menos posibilidad existe que visiten al peluquero.

Ahora recuerdo lo que discutí con mi papá en aquella época porque me gustaba mantener las mechas a la altura de los hombros; entonces era un poco crespo y ni siquiera me peinaba. En el colegio y en el grupo de amigos era la moda y había que ver las pintas tan estrafalarias que inventamos, sobre todo cuando los más crespos adoptaron aquello del “afrikan look”. Y si ahora se impusieron las manillas y a los mocosos ya no les caben más en las muñecas, nosotros nos colgábamos del cuello cadenas, dijes, collares y el infaltable signo de la paz; “peace brother”, le decíamos a quien pasaba mientras hacíamos el signo universal de la V con los dedos índice y anular.

Cuando mi hijo entró a la universidad resolvió dejarse crecer el pelo hasta llegar a tener cola de caballo. Le echamos vainas, lo jodimos, insistimos en que parecía un chinche, pero todo fue infructuoso. Entonces terminó la carrera y consiguió trabajo en Bogotá, pero a mi mujer le dio la obsesión de que si llegaba así a la oficina, lo iban a devolver por greñudo y mal presentado. Pero yo confié en la táctica de no volverle a decir nada al respecto, y el día antes de abandonar el nido el chino fue y se motiló como un soldado.

No se me olvida una vez que íbamos llegando a Cartagena de paseo y nos paró un policía de esos típicos que en la costa andan en busca del aguinaldo. Entonces mi primo Gabriel Arango, quien manejaba el carro, le entregó todos los documentos en regla, pero como aparecía en la foto del pase con el pelo muy largo, el tombo se empecinó en que esa licencia era de una mujer. Quién dijo que hubo poder humano de convencerlo de su equivocada apreciación, aunque Gabriel le mostró otros documentos con su nombre y número de cédula. Todavía se debe estar riendo de nosotros ese vergajo porque de la gana de llegar, nos tocó untarle la mano.

miércoles, agosto 31, 2005

Respuestas Oportunas

Siempre he pensado que no existe un arma más eficaz para calmar los ánimos, romper el hielo o sobreponerse a una situación embarazosa, que una respuesta genial y oportuna. El buen humor desarma a cualquiera y son pocos los que después de recibir una respuesta de estas no bajan la guardia y cambian de actitud. Sin embargo no todas las personas tienen esa cualidad, de decir la palabra correcta en el momento oportuno, y muchas veces resultan agresivos o cínicos. En todo caso no cabe duda de que un chispazo genial ayuda a sortear una situación difícil. Recuerdo algunas respuestas que me han parecido magistrales.

A diferencia de ahora, cuando la profesión de médico es mal remunerada, a los galenos les controlan el horario y son explotados por empresas prestadoras de salud que se metieron de intermediarias entre el médico y el paciente, los doctores de antes eran los chachos de la comunidad y repartían su tiempo como mejor les pareciera. Los especialistas eran escasos, la competencia mínima y para todos había trabajo. La mayoría de profesionales daban clase en la universidad, atendían su horario de trabajo en el hospital o en alguna clínica, tenían consultorio particular, prestaban sus servicios a las empresas y además terminaban la tarde haciendo visitas a domicilio. Claro que muchos de ellos llegaban a la casa como una “mica”, porque en todas partes les ofrecían un trago y al final del recorrido ya no sabían de quién eran vecinos.

Me cuenta el doctor Raúl Vallejo, gerente “vitalicio” del CAA de San Rafael, que su padre, quien se llamaba de igual forma, trabajaba 26 horas al día. En vista de que casi todas las labores las desarrollaban en el Hospital Universitario de Caldas, ya que entonces no existía esa proliferación de clínicas que hay ahora, los médicos cumplían con varios horarios al mismo tiempo porque en cada piso había una dependencia diferente. En uno estaba el Seguro Social, en otro los pacientes de caridad, en el siguiente la Caja de Previsión y en el quinto piso las habitaciones particulares. De manera que el doctor Vallejo trabajaba 8 horas para la Universidad de Caldas, 8 para la Beneficencia, 8 para el Seguro Social y dos horas para una empresa privada; además, tenía consultorio particular y llegaba a la casa temprano a revisar tareas y poner orden.

Hasta que cierta vez un organismo de control del estado empezó a investigar el horario de los médicos y todos ellos fueron visitados, y cuando llegaron al consultorio del doctor Manuel Venegas, eminente galeno recordado con cariño por los manizaleños, le presentaron documentos y pruebas que demostraban que él laboraba 25 horas al día. El funcionario de turno, muy envalentonado, le pidió que explicara cómo podía darse esa situación, y el doctor Venegas le respondió con ese acento bogotano que lo caracterizaba, y después de estudiar con detenimiento los papeles que le presentaron:
-Ala, te digo la verdad, me levanto una horita más temprano.

Compartir una velada con mi tío Eduardo Arango es una verdadera delicia, porque es magnífico conversador, tiene un humor maravilloso y es un mamagallista consumado. Claro que tiene la particularidad que no le gusta perder ni media. Alguna vez disfrutábamos de su compañía en la finca de su propiedad y mientras charlábamos al calor de unos tragos, se tocó el tema del gabinete que estaba conformando en ese momento un nuevo gobierno. Entonces todos estuvimos de acuerdo, menos don Eduardo, en que los ministros deben ser especialistas en el cargo que van a ejercer; médico el de salud, economista el de hacienda, ingeniero el de obras, etc. Sin embargo el tío, seguramente basado en que él ni siquiera terminó bachillerato y sin embargo ha sido un hombre de reconocida trayectoria, seguía en sus trece de que todos estábamos equivocados. El caso es que ante lo apabullante de las razones que le dimos acerca de que los tiempos han cambiado y ahora la tecnología se impone, el hombre comentó entre dientes:
-¡Hum!, de manera que estos son de los que creen que el cementerio lo debe administrar un muerto.

Y para rematar, esta perla de mi primo Pablo Ocampo. El hombre ha sido muy parrandero y un jueves llegó a la casa a las 6 de la mañana. La mujer se puso como una tatacoa y le dijo hasta misa, y le advirtió que en adelante dejaría la puerta con tranca para no dejarlo entrar. Él mostró arrepentimiento y juró que no se repetiría, pero esa noche se presentó un programa especial, y aunque pensaba demorarse poco, llegó a timbrar a la casa cuando despuntaba el día. Entonces la señora se arrimó a la puerta y le dijo sinvergüenza, que si no le daba pena con los niños, que respetara, y que de una vez le recordaba que no le iba a abrir. Pablo con voz de angustia le dijo que por favor lo dejara entrar porque estaba herido, a lo que ella accedió de inmediato y el muérgano se escabullo hacia su cuarto a acostarse. La señora lo miraba por todas partes y cuando le preguntó que dónde estaba herido, que ella no veía la sangre, el hombre le respondió:
-No mamita, estoy muy herido con lo que usted me dijo ayer.

jueves, agosto 11, 2005

Adios a las Armas

Así tituló el escritor norteamericano Ernest Hemingway una de sus más reconocidas novelas, basada en su experiencia como voluntario para manejar ambulancias en la guerra que sostuvieron italianos y austriacos en la región del Piamonte. El joven aventurero resultó herido por una bala de fusil, y seguramente durante la convalecencia encontró la inspiración para desarrollar el relato.

El mismo título puede llevar una campaña a nivel mundial para que, así suene a utopía, le digamos no más a todo tipo de armas. Desde una navaja o una cachiporra, hasta un submarino nuclear. Parece inaudito que desde su aparición en este planeta el ser humano haya buscado la forma de construir armas de cualquier tipo, aunque en un principio lo hicieron para cazar y defenderse de las fieras. El problema empezó cuando dos fulanos se cogieron ojeriza y descubrieron que los garrotes y las lanzas también servían para deshacerse de un enemigo.

No existe período de la historia que no esté plagado de guerras. Los imperios basaron su poderío en los ejércitos que manejaban; los romanos con sus legiones, los mongoles con las hordas de jinetes, los ingleses y su poderosa flota naval, los alemanes con toda una maquinaria de guerra y ahora los gringos, que no saben qué más inventar para acabar hasta con el tendido de la perra. Parece increíble que un artista como Leonardo da Vinci no pudiera convencer a los príncipes y mecenas a través de su arte, sino con bocetos de poderosas armas de guerra que los haría más fuertes y poderosos que sus vecinos. En busca de eliminar otros seres humanos fue que algún día inventaron el arco de flechas, la ballesta, la espada, la catapulta, el arcabuz, el mosquete, el cañón, el gas mostaza, el fusil, la bayoneta, el lanza llamas, el mortero, los aviones y barcos de guerra, los tanques, el helicóptero artillado, la navaja automática y el revólver, entre otros miles de armas mortíferas.

Ahora cualquier mocoso consigue un fierro y después de que se carga al primer parroquiano, por encargo, por robarle el carro o porque le sacó la lengua, el asunto se vuelve para él lo más intrascendente y ahí es cuando la vida de los ciudadanos del común no queda valiendo un rábano. El destino lo lleva a usted a enfrentar a un bandido de estos y en un segundo, lo que demora en accionar el gatillo, es suficiente para que lo mande a la otra vida; un ser humano con ilusiones, con familia, con el futuro por delante, y en un abrir y cerrar de ojos quedó frito, despachado con un pedazo de plomo de unos pocos gramos entre la cabeza.

En un documental dirigido por el cineasta norteamericano Michael Moore sobre una matanza de estudiantes en una escuela secundaria, perpetrada por dos jóvenes alumnos, demuestra el gusto de los gringos por las armas de fuego y los graves efectos que esto ha traído a esa sociedad. La organización “Amigos del rifle”, liderada por el actor Charlton Heston, defiende la tenencia de armas y el derecho a defenderse por su propia mano. Por ello a diario se presentan casos como el referido, o el de niños que por accidente matan a sus hermanitos o compañeros porque tienen a mano dichos artefactos. Y como allá usted llega a una tienda y con solo llenar un formato y mostrar la identificación puede adquirir un fusil de asalto, una pistola, un revólver de grueso calibre, una ametralladora o cualquier tipo de arma, la proliferación de estos mortales elementos es aterradora.

Pero el problema con los gringos no es por la cantidad de armas, sino porque se han vuelto paranoicos e intolerantes. La prueba la presenta el señor Moore en el programa al comparar con sus vecinos canadienses, donde existen mayor cantidad de armas debido a su gusto por la cacería, y las cifras de asesinatos son ínfimas. Ese año en los Estados Unidos hubo más de once mil asesinatos mientras en Canadá no llegaban a cien. En ese país indagó con el comisario de una ciudad del tamaño de Manizales cuántas muertes violentas hubo en el último año, y el tipo se puso a echar cabeza porque no recordaba cuántos años hacía que no ocurría un hecho de esta naturaleza. Parece mentiras que en nuestra ciudad maten dos o tres personas al día, en Caldas fueron 35 los asesinatos en un mes, en Cartago “quebraron” ocho en una semana, y en Colombia… ya ni llevamos la cuenta. Pero en Tokio, una metrópoli de 30 millones de habitantes, a junio de este año había ocurrido un solo asesinato. ¿Cómo puede ser posible?

Vuelvo con lo que pasa en Estados Unidos. Hace poco una pareja de amigos estuvieron de vacaciones en el estado de Carolina, y mandaron los niños a un campo de verano. Entonces me puse a conversar con los chinos para que me contaran qué tal es esa vaina, y el mayor, de doce años, me hizo un recuento de todas las actividades que desarrollaron en su estadía. Claro que fue enfático en que lo que más le gustó fue el polígono, y que de los tres tipos de armas que le enseñaron a disparar, su preferida fue la pistola de 9 milímetros. ¿Habrá derecho a que los gringos sean tan brutos?

miércoles, agosto 03, 2005

Qué Nombrecito

Todavía no me explico a quién se le ocurrió bautizar los padecimientos graves con el terrorífico nombre de enfermedades catastróficas. Esa vaina le tumba el carriel al más optimista. Pudieron llamarlas tipo A, de alto costo, de trato especial o simplemente graves, pero le zamparon el catastrófico como para dejar al paciente bien preocupado. Y lo triste es que las llaman así por el alto costo que representan los tratamientos que requieren, porque es una catástrofe para ellos un paciente con SIDA, cáncer o insuficiencia renal.

Por fortuna en este país la justicia defiende los pacientes y en la mayoría de casos las tutelas son falladas a su favor, lo que obliga a las entidades de salud a prestarle el servicio necesario. La gente se aterra que en Colombia necesitemos acudir al juez para recibir atención médica, pero desconocen que existe un POS (Plan obligatorio de salud) que en muchos casos no cubre los medicamentos indicados para ciertos tipos de tratamiento. Entonces al recibir el fallo de tutela, el gobierno, por medio del FOSYGA, debe reconocer a la entidad la diferencia del costo entre el medicamento que ofrece el POS y el que requiere el paciente. Así se curan en salud y es el estado el que corre con ese gasto extra, porque de lo contrario ya habrían quebrado todas las EPS.

Catastróficamente hablando yo padezco una enfermedad catastrófica. Hace un año mi primo Rafael Arango vino a decirme que el resultado de una biopsia que me hizo en la mejilla izquierda, resultó ser un melanoma. Como es común, siempre le tuve terror a la palabra cáncer y pensaba que a quien se lo diagnosticaran, de cualquier tipo, estaba despachado. Sin embargo, con el tratamiento recibido y el manejo de la enfermedad por parte de los médicos y demás personas comprometidas, uno aprende a convivir con el problema y a tornarse optimista y positivo. Claro que sin meterse mentiras ni desconocer la gravedad del asunto.

A usted le dicen que tiene cáncer y los primeros meses no piensa en otra cosa. Cuando se despierta es lo primero que recuerda y el resto del día se la pasa echándole cabeza a la cuestión e imaginándose lo peor. Por fortuna uno se acostumbra a todo y con el paso del tiempo se familiariza con la situación.

Por tratarse de un tumor maligno hay que actuar rápido y en el CAA de San Rafael mi amigo Raúl Vallejo me colaboró para gestionar una cantidad de exámenes que ordenaron. A los pocos días estaba en el quirófano, pero me sentía como en casa porque el anestesiólogo era mi primo Juan Bernardo Mejía, un tipo maravilloso, y la cirujana la doctora Cristina Ángel, a quien también considero como de mi familia y además tiene unas manos prodigiosas. Esta es la hora en que ya casi no se nota el machetazo que me tuvo que hacer en la mejilla.

Pero faltaba lo peor, porque a los dos meses apreció un ganglio inflamado en el cuello. Otro primo, Luis Alfonso Mejía, patólogo, me sacó una muestra con una jeringa y apareció un líquido como aceite quemado. Metástasis y el procedimiento a seguir fue vaciamiento del cuello al lado izquierdo. Otra vez para la Clínica de Villa Pilar y esta vez fue el doctor Andrés Chala, un as del bisturí, acompañado de nuevo por Juan B. Esa noche la pasé en cuidados intensivos, más trabado que un bulto de cachos a punta de morfina, y cuando desperté pensé que me habían arrancado la cabeza y me la habían vuelto a pegar. Con el cuello de la camisa la vaina no se nota pero es como si un tiburón me hubiera zampado un tarascazo en el pescuezo, porque para curarse en salud me sacaron hasta el apellido.

Luego vino la radioterapia en el Instituto Oncológico, ION, donde encuentra uno la gente más querida del mundo. Desde la gerente hasta la señora que reparte los tintos son de una amabilidad que le suben el ánimo a cualquiera; claro que la radiación mina el organismo y termina uno como Superman cuando le mostraban la criptonita. Ahora estoy en quimioterapia, con un medicamento más caro que el diablo; ni vendiendo hasta los calzoncillos hubiera tenido para pagar ese tratamiento. Y todo lo referido por cuenta del Seguro Social, o Rita Arango como se llama ahora, por lo que no me canso de agradecer a Dios haber estado afiliado a esa entidad. Además, porque todos sus funcionarios se han manejado como unos príncipes conmigo.

En estas encrucijadas de la vida es cuando se da uno cuenta de la clase de familia y de amigos que tiene, y eso reconforta. Muchos de ellos, para subirme el ánimo, hablan de un pariente o amigo que pasó por el mismo tratamiento, tuvo idéntica reacción pero al final le fue muy bien. Claro que al preguntar que cómo está el fulano, casi siempre dicen que ya viajó.

Sigo muy confiado en mi médico de ION, el doctor Juan Paulo Cardona, pero me tiene un poquito orejón que el hombre además de ser radio oncólogo, es especializado en tanatología (estudio de la muerte). De manera que debo estar pilas por si deja de tratarme con la primera especialización y pasa a la segunda, porque eso quiere decir que uno ya estoy oliendo maluco.

PRIMERO LO PRIMERO

Seguramente van a decir que soy muy ignorante y cachicerrado, pero no hay poder humano que me convenza de la utilidad que generan las investigaciones que hace el hombre en el espacio exterior. Mejor dicho, acepto que los resultados pueden ser beneficiosos para el futuro del hombre en la tierra y que es importante buscar nuevas fronteras para las generaciones venideras, pero lo que me parece absurdo es que mientras en este mundo exista tanta hambre, tanta necesidad y semejante desigualdad, se gasten esas millonadas en pendejadas que por ahora de nada nos sirven.

No encuentro razón para que inviertan 350 millones de dólares en un proyecto que consiste en abrirle un huraco a un cometa que vaga tranquilo por el universo, para tomar fotos del totazo y seguramente interesados en ver si en el interior de esa piedra hay petróleo, oro, diamantes o cualquier otra riqueza que pueda hacer a los colosos del norte todavía más poderosos. Toda esa plata que gastaron en semejante ociosidad es poca si la comparamos con el presupuesto destinado a los lanzamientos de los transbordadores, donde unos astronautas se dedican a investigar cómo se reproducen los ratones en un medio sin gravedad, cuánto se demora una semilla de maíz para germinar, y tomarle fotos a los huracanes y demás fenómenos climatológicos que suceden en nuestra atmósfera, lo cual se ve patentico desde allá. Repito que soy lego en la materia y esos piscos deben hacer unos experimentos muy importantes, pero de todas maneras me parece que lo primero es lo primero.

Antes de buscar por fuera, por qué no solucionar los innumerables problemas que enfrentamos en este sufrido planeta. De todos es bien sabido que la caridad empieza por casa y la pobreza en que viven miles de millones de seres humanos es aterradora. Sin irnos muy lejos, hace poco me enteré de una estadística que asegura que en nuestro país ocho de cada diez personas se acuestan con el estómago vacío. Eso quiere decir que cualquier día, mientras en compañía de mi mujer nos disponemos a comer, existen ocho compatriotas que están pasando física hambre. Así pierde el apetito cualquiera.

Pero cómo estarán de vaciados en los países del continente negro, que los ojos del mundo están puestos en la pobreza extrema que se vive por allá. Al menos los artistas se preocupan por la miseria de los demás, y es así como un grupo de músicos famosos organizó un concierto para buscar que los países más ricos le perdonen la deuda externa a algunas naciones africanas. Pero se pueden ir bajando de la nube, porque esos ricachones no dan puntada sin dedal. Ellos pensarán que si les aplican lo de borrón y cuenta nueva, se impone la cultura del no pago y ahí sí se les pone el dulce a mordiscos. Además, los demás países del tercer mundo vamos a mover cielo y tierra a ver si también nos meten en semejante beneficio.

Cómo es posible que en este mundo exista tanta desigualdad. Por qué los seres humanos permitimos que haya personas que derrochan dinero sin medida, mientras la mayoría no tiene siquiera para comprar un pan. Cuándo vamos a reaccionar ante las cifras que hablan de los millones de infantes que mueren cada año por falta de oportunidades, de medicinas, de comida. Qué ley natural permite que mientras algunos niños tienen derecho a disfrutar de una infancia feliz con todas las comodidades y facilidades, la gran mayoría deba trabajar desde sus primeros años para llevar ayuda económica a sus hogares; siempre que tocan el tema de los menores trabajadores en la televisión, muestran a unos muchachitos de diez o doce años que laboran en unas minas de carbón, aquí en nuestro país, y que se arrastran por unos socavones mientras jalan unos carros llenos de material, como si fueran animales de tiro. Eso parece el infierno de Dante.

Da tristeza ver cómo en los países desarrollados gastan inmensas fortunas en obras de infraestructura y a los pocos años les meten dinamita para levantar unas más modernas. Y la competencia por cuál construye el puente más largo, el edificio más alto o el estadio con mejores condiciones técnicas y de seguridad. Siempre que escucho el costo de cualquiera de esas mega construcciones no puedo dejar de calcular cuántas viviendas se podrían construir con tanto billete; o cuántos platos de comida se comprarían para que la gente al menos calme el hambre; y cuántos hospitales se lograrían abrir para que ningún ser humano muera por falta de recursos.

El derroche de la guerra sí que es absurdo. Soy vecino del batallón y casi todos los días hacen polígono desde muy temprano hasta la noche, y puedo asegurar que disparan un tiro por segundo. Calculen el costo de esa munición. Y aclaro que se trata solo de un entrenamiento, porque ni hablar del presupuesto necesario para sostener un ejército. Del otro lado los grupos insurgentes gastan miles de millones (mal habidos, por supuesto) en asolar los pueblos de los indígenas y de los campesinos pobres con bombardeos indiscriminados. Si invirtieran esa plata en llevarles mercados, medicinas y obras que les mejoren la calidad de vida, con seguridad ya se habrían tomado el poder; por eso nunca he podido entender la forma de proceder de nuestros revolucionarios.

jueves, julio 14, 2005

Cambios citadinos.

CAMBIOS CITADINOS.
A veces me pregunto cómo encontrara la ciudad de cambiada el manizaleño que salió de aquí con rumbo al exterior hace unos veinte o treinta años, y que por alguna circunstancia nunca ha regresado. Porque si yo que he vivido siempre aquí disfruto viendo el desarrollo y siempre estoy recordando cómo era antes un lugar determinado, para compararlo con la apariencia que presenta actualmente, entonces para alguien que se encuentra de sopetón con tantas novedades, obras públicas, edificios, urbanizaciones y demás cambios, tiene que ser muy sorprendente.

Una obra que le ha cambiado la cara a la ciudad es por ejemplo el Bulevar del Cable. Además, desde que le endilgaron el nombre de Zona Rosa a todo ese sector, la vida comercial se adueñó del espacio y cada vez son menos las residencias habitadas por familias; porque es más rentable alquilar la casa para cualquier tipo de negocio, o sacarle varios locales comerciales, y así obtener una renta más jugosa. Los muchachos de ahora pensarán que ese cuento de la zona rosa ha existido toda la vida, pero definitivamente es un concepto muy nuevo. Empezó en Bogotá y luego fue copiado por las principales ciudades, y hay que ver ahora que en cualquier pueblito tienen un lugar destinado a la rumba y al comercio.

Hoy la gente no tiene que ir al centro a nada, porque la proliferación de comercios le ofrece todos los servicios en una zona que anteriormente era netamente residencial. En épocas pasadas si usted necesitaba mandar a hacer una llave, comprar unas bolsas de plástico, conseguir un pliego de cartulina o mandar a arreglar un electrodoméstico, la única opción era visitar el centro de la ciudad. Claro que cuando eso las señoras parqueaban el carro donde les daba la gana y sin duda el tráfico era menos pesado que en la actualidad; tampoco había que pagarle a nadie para que le echara un ojo al carro, porque un automóvil con cinco mocosos adentro peleando y jodiendo no se lo roba nadie.

Cuando los muchachos queríamos beber o levantarnos unas viejas, teníamos que ir al centro. Esa era la zona rosa de entonces. Allá tomábamos el algo con los amigos, recorríamos la 23 mirando vitrinas y decíamos piropos a las muchachas que pasaban por el lugar, para terminar parados contra una fachada, con una pierna doblada contra la pared, hablando pendejadas y mamando gallo. Ya por la noche nos metíamos a tomar trago al Caracol Rojo, un café que había al frente del Banco de la República, a abejorrear a las coperas y a estar listos para salir disparados cuando se formaba la primera gresca, para no terminar encanados. Si la rumba duraba hasta el amanecer, porque entonces no existía la ley zanahoria, preferíamos desayunar antes de irnos para la casa y los sitios escogidos eran Mi saloncito, Sorrento o El Parnaso.

Para levantar viejas no había como La Ronda, Dominó, Las torres del centro frente al hotel Las Colinas (que era sucursal de las Torres de Chipre y las del Cable), La Tuna, la Wiskería de Domo y otros metederos que ya teníamos bien analizados. Para comer bueno y barato sí que había lugares apropiados y a media tarde nos metíamos a tragar albóndigas y salchichas suizas a donde Mister Albóndiga, en el Parque Caldas, o empanadas con un pique delicioso en La Canoa, pasteles en La Suiza, y había que ver los algos que servían en la cafetería La Ecuatoriana, cuando salía uno con harta hambre de cine en el teatro Cumanday.

Hasta que empezaron a abrir negocios de comida por los lados del Cable y recuerdo que uno de los primeros donde ofrecieron hamburguesas y perros calientes se llamaba Casandra, y quedaba en un garaje al frente de la Universidad Católica; la especialidad del local era el perro en piyama, que consistía en envolver la salchicha con tocineta. En la avenida Santander con calle 50 hubo un sitio delicioso, Los pollitos dicen, donde vendían un chocolate espumoso con arepa, mantequilla y queso blanco; la arepa también podía pedirse con una carne asada delgaditica que sabía a gloria.

Don Juaco nació en un garaje y allí funcionó durante muchos años, y es tal vez el único negocio de esa época que no solo se mantiene, sino que cada día está mejor. Empezaron vendiendo empanadas y arepitas fritas y hay que ver ahora la delicia de carta que ofrecen. También recuerdo una venta de hamburguesas, las mejores del mundo, al frente del estadio y volteando como para la escuela Anexa, que se llamaba Pío Pío; hoy en día venden ahí unas empanadas de un tamaño como para calmar el hambre de los estudiantes. El mero guiso representa un seco.

Son pocos los negocios que perduran porque en Manizales hemos sido muy noveleros y recién abren un establecimiento todo el mundo quiere ser el primero en disfrutarlo, pero al poco tiempo se pasa la fiebre y por ello muchos deben cerrar. No se me olvida cuando inauguraron Donkin Donuts en el sector de Las Palmas, que la pelotera era tal que hasta el tráfico por la avenida se vio perjudicado. Y como así es para todo, terminamos haciendo el oso cuando inauguraron las escaleras eléctricas y todo el pueblo se fue a hacer fila para darse una palomita. pmejiama1@epm.net.co

jueves, junio 30, 2005

LAS LECHERAS.

Desde hace mucho tiempo se impuso la moda entre los muchachos que cursan el último año de bachillerato, de organizar un paseo a algún sitio turístico para celebrar todos juntos la finalización de esa etapa de la vida. Según el estrato de los estudiantes el viaje es al exterior, a San Andrés, a Cartagena o en un bus a disfrutar de la piscina con olas en Supía. Cuando los graduandos son de escasos recursos empiezan a hacer rifas, festivales, basares y cualquier otra actividad donde puedan recolectar fondos, los cuales muchas veces son destinados a colaborarle a ese compañero que no puede recibir la ayuda de los padres para financiar el paseo.

Pero hoy en día los jóvenes a esa edad ya han experimentado todo tipo de situaciones y un viaje sin chaperona no es ninguna novedad. En cambio en épocas anteriores, los que habían sido controlados en forma exagerada por sus padres, o eran muy zanahorios, aprovechaban el paseo para soltar la gata y dar rienda suelta a sus instintos. No faltaban las muchachitas que regresaban con la barriguita llena de huesos y los zambos que llegaban “pringados” con una enfermedad venérea, porque hasta la cachucha la dejaban por allá en cualquier cuchitril de mala muerte.

Ahora los sardinos aprovechan los puentes festivos y fines de semana para salir de paseo a alguna parte, lo que hacen en el carro que le prestan a algún miembro de la barra. Muy distinto al tipo de recreación que se acostumbraba en nuestra época, cuando el destino obligado era uno de los tantos sitios que había para realizar las excursiones de pesca. Claro que muchos aprovechaban lo de la pesca como una disculpa, porque en realidad lo que hacían era dedicarse a tomar trago, a fumar marihuana y a masturbarse sin temor a que los pillaran en la casa.

Recordé aquellos paseos cuando reparé que la leche de las fincas ganaderas ya no la recoge la tradicional “Lechera”, sino que lo realiza un pequeño carrotanque muy moderno, el cual hace la visita cada cierto tiempo porque en los hatos cuentan con tanques refrigerados para almacenar el precioso líquido. En cambio antes el vehículo encargado, casi siempre camiones, camionetas y camperos para los sitios más remotos, tenía que llegar muy temprano a las fincas, sin falta, porque de lo contrario la leche se dañaba.

Y ese era nuestro medio de transporte: las lecheras. El chofer nunca desechaba los pasajeros porque era un ingreso extra para él. Siempre viajábamos en la parte de atrás, donde el ayudante recibía las canecas con leche en cada parada, le metía un palo que tenía una medición, anotaban lo recibido y luego pasaba el palo por entre los dedos para escurrirlo. Ese procedimiento hacía saltar el líquido por todas partes y el tipo olía a diablo rodado, mientras en el piso del camión se formaba una porquería de barro y leche derramada.

Había que ver lo tenaz que era montarse en una camioneta de esas, casi siempre destapada, a las cuatro de la mañana para agarrar para la Laguna del Otún. El viaje duraba horas porque las paradas eran muchas y el frío que aguantábamos era impresionante. Además, entre más canecas recogían peor era la incomodidad y mayor el esfuerzo para que los morrales y la carpa no se impregnaran del pantano lechoso del piso.

Otro destino preferido por los muchachos de la época, aunque allá no había pesca, era “El salto del cacique”. Localizado en cercanías del aeropuerto de Santagueda, los fines de semana siempre había varios campamentos con excursionistas que disfrutaban de una caída de agua espectacular y de un clima maravilloso. Y como no había ninguna actividad para desarrollar diferente a bañarse en el charco y tirarse por la cascada, entonces la juventud aprovechaba para jalarle a todo tipo de vicio conocido.

Más delante de Arauca queda la quebrada Cambía que al desembocar en el río Cauca presenta un lugar muy bueno para tirar el anzuelo. En un extenso potrero se acomodaban los diferentes paseos, no sin antes “tirarle” cualquier cosa al agregado de la finca a la que pertenecía el terreno para que nos dejara instalar. Allá el programa era subir por el cauce de la quebrada con neumáticos y colchones de inflar, para tirarnos luego por la corriente desafiando los rápidos y las piedras. En el sector del kilómetro 41 también había muchos sitios perfectos para acampar, pero entonces la correría para llegar hasta allá era muy larga.

Respecto a la pesca recuerdo el cuento de un hermano de Berceo, quien tenía una barra de amigos aficionados a este deporte y hacían unos paseos espectaculares. Cierta vez les soplaron que por allá en el Chocó había un caño donde cundían las sabaletas y sin importar que debían coger avión y luego lancha río arriba, emprendieron la aventura. El sitio quedaba en los mismísimos infiernos y cuando al fin llegaron, uno de ellos se arrimó a la casita de un colono que vivía a la orilla del caño y le preguntó si era cierto que estaba lleno de sabaletas. La respuesta del tipo los dejó bien aburridos:

-Pues le digo mi don que debe estar lleno, porque es mucho el anzuelo que les han tirado y hasta ahora no han sacado la primera…

viernes, junio 24, 2005

Ver Televisión

Son alarmantes las cifras de lectura del pueblo colombiano, porque cada vez hay menos personas que se sientan a disfrutar de un buen libro. A este paso llegará el momento en que las librerías desaparezcan, porque la gente se gasta la plata en cualquier ociosidad menos en un libro. Claro que con los millones de pobres absolutos que tenemos, no podemos pretender que inviertan sus pocos recursos comprando literatura. Lo que muchos no saben es que existen otras opciones, como las bibliotecas públicas; o siempre habrá un amigo, compañero de trabajo o familiar que le preste unos libros.

Lo triste es que la costumbre de leer tiende a desaparecer en los jóvenes y por ejemplo los universitarios no leen nada diferente a lo que tiene que ver con la carrera que estudian. Mientras tanto en el colegio, los profesores de literatura obligan a los muchachos a leerse unos ladrillos que les acaba de quitar el poquito entusiasmo que puedan tener.

Si uno se considera un buen lector y se entera de lo que lee su padre y lo que leían los abuelos, se da cuenta de que no está ni tibio. No llega ni a aprendiz. De manera que la costumbre se ha ido perdiendo en forma paulatina, aunque muy acelerada en los últimos tiempos, y esto se debe a los avances tecnológicos que ofrecen muchas opciones a la sociedad moderna. Sin duda, la herramienta más apetecida en la actualidad es Internet y muchos creyeron que esa era la oportunidad para que los jóvenes se interesaran en investigar e ilustrarse con este fabuloso invento, pero qué va, se la pasan todo el tiempo bajando música, chateando con los amigos, recibiendo estupideces por el correo electrónico y dándose gusto con las páginas de pornografía.

Y me falta el peor enemigo de la lectura: la televisión. Aunque sea algo utópico, me pregunto en cuanto subirían los niveles de lectura si ese aparato embrutecedor desapareciera de los hogares durante un tiempo prolongado. El vicio de entrar a la habitación y de inmediato encenderlo, muchas veces sin interesarse siquiera en qué canal está sintonizado, es algo muy arraigado en la gente. Y llegan unos amigos de visita, y todos conversan mientras miran idiotizados la pantalla sin importar qué tipo de programación presenten.

Ahora con la televisión por cable al menos existen opciones que le ofrecen al televidente una distracción sana y educativa, lo que reduce un poco el remordimiento de dejar de leer por entretenerse con un programa cualquiera. Por ejemplo el canal de historia es una maravilla, porque además de infinidad de programas interesantes y llamativos, presentan unas series que satisfacen a cualquiera: Napoleón, Alejandro Magno, la vida de los Zares, Carlomagno y todo tipo de hechos y personajes que dejaron una marca en la historia.

O que tal saborearse al disfrutar del canal Gourmet, donde expertos cocineros preparan unas delicias que nos ponen a tragar saliva. Claro que son platos muy complicados que uno pocas veces querrá intentar, además que desperdician los ingredientes en una forma que dan ganas de llorar. Se interesa uno por cualquier receta y de pronto le zampan una jarra llena de crema de leche, cantidad que se gasta en un hogar en varios meses. Después fritan dos papas en un litro de aceite de oliva, hermosean un filete de salmón y botan más de la mitad, hacen una flor con la cáscara de un tomate y a la basura con el relleno, y preparan una masa para una torta y después de armarla, sobra como para hacer otras dos. Otra cosa es que los platos son muy sofisticados y solo la magia que tienen estos personajes en sus manos hacen posible que todos los trucos les salgan a las mil maravillas; pero vaya usted intente y se saca un ojo.

Recorrer el mundo y conocer la gastronomía de las regiones es otro programa delicioso que nos ofrece el canal viajero de Discovery, donde desfilan las diferentes culturas y las más provocativas opciones para el turismo. Los jóvenes que presentan un programa como Trotamundos, le enseñan al televidente la forma más segura y económica de viajar, porque registran los precios de todo cuanto consumen, las rutas más seguras e interesantes, y los lugares que no deben dejarse de conocer. Ni hablar de los otros canales de Discovery que son una verdadera fantasía.

La programación deportiva de este tipo de televisión por cable es muy variada, pero sin duda se presta para conflictos en el hogar porque si fuera por el marido, de esa franja no saldría nunca. Pasando de fútbol a golf, luego a un partido de béisbol, después carreras de carros, un torneo de tenis y para rematar más fútbol. Así se torea cualquier señora y los hombres debemos ser condescendientes para evitar encontrones innecesarios.

Los canales de películas tienen la particularidad que en semana pasan por la noche unas cintas buenísimas, pero la mayoría de la gente no puede trasnocharse viéndolas. En cambio el fin de semana, que sería todo un programa para la familia, hay que ver la programación tan lata que ofrecen. Y cuando hay un niño en casa hay que ver la fuerza que uno debe hacer, porque en todas se empelotan y se revuelcan en la cama así sea en horario familiar.